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Discurso del Papa a los sacerdotes de Valencia (España)

Pope Francis presides a Mass with Priestly OrdinationsPope Francis presides a Mass with Priestly Ordinations  (ANSA)

Discurso del Papa: El sacerdote, hombre obediente, de oración y libre en Cristo

El Papa recibió en Audiencia a miembros y sacerdotes de la Archidiócesis de Valencia, acompañados por el arzobispo, el cardenal Antonio Cañizares Llovera. En el discurso que les dirigió se centró en la figura del sacerdote, y los exhortó a ser hombres de oración, obedientes y libres en Cristo, así como enseñara san Vicente Ferrer

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco recibió en el mediodía del 21 de setiembre a un grupo de sacerdotes y miembros de la Curia de la Arquidiócesis de Valencia, acompañados por su Arzobispo, el cardenal Cañizares Llovera.

En su discurso el Papa Francisco recordó que este año Valencia celebra el jubileo de san Vicente Ferrer, quien trabajara y se empeñara por la unidad en la comunidad eclesial. Y se centró en tres propuestas del santo a los sacerdotes, “tres medios fundamentales”, para conservar la amistad y la unión con Jesucristo.

“El primero es la oración, como alimento de todo sacerdote; el segundo, la obediencia a la vocación de la predicación del Evangelio a toda criatura;  y el tercero, la libertad en Cristo, para poder así beber el cáliz del Señor en cualquier circunstancia (cf. Mt 20,22).”

El sacerdote hombre de oración

El sacerdote es hombre de oración, – dijo el Papa – porque la vida interior del sacerdote repercute en toda la iglesia, empezando por sus fieles. “Rezar es la primera tarea del obispo y del sacerdote. De esta relación de amistad con Dios se recibe la fuerza y la luz necesaria para afrontar cualquier apostolado y misión, pues el que ha sido llamado se va identificando cada vez más con los sentimientos del Señor y así sus palabras y hechos rezuman ese sabor puro de amor de Dios”.

Obediencia a la vocación de la predicación del Evangelio a toda criatura

Al hablar del segundo aspecto, el de la obediencia para predicar el evangelio a toda criatura, Francisco puntualizó a los sacerdotes que el Señor llama al ministerio para ser sus “testigos ante el mundo”. “No somos propietarios de la Buena Noticia, ni ‘empresarios’ de lo divino,- les advirtió – , sino custodios y dispensadores de lo que Dios nos confía a través de su Iglesia”. Y esto, añadió, “supone una gran responsabilidad, pues conlleva preparación y actualización de lo aprendido y asumido”.

La libertad en Cristo

El último punto que tocó el Papa fue el de la unión con Cristo: “el sacerdote es libre en cuanto está unido a Cristo, y de Él obtiene la fuerza para salir al encuentro de los demás”, dijo. Y tras recordar la imagen de San Vicente sobre la iglesia en salida, reiteró que la llamada al testimonio conlleva la “actitud” de salida “de ir al encuentro del hermano”, inclusive en el despacho de la curia.

Agradecimiento del Papa por la acogida a los migrantes

A la Archidiócesis de Valencia que recibió a los migrantes llegados por el mar mediterráneo, Francisco dio las gracias por el ejemplo y testimonio, dado muchas veces – reconoció el Pontífice- con escasez de medios y de ayudas, y los animó a seguir llevando la presencia de Dios a tantas personas que la necesitan.

“Este es uno de los desafíos del sacerdote hoy: permanezcan libres de toda mundanidad; esta nos va enredando a este mundo y nos va alejando de Dios y de los hermanos, haciéndonos esclavos; y de ahí viene gran parte del anti-testimonio”. “Podemos preguntarnos – concluyó-:¿Cuáles son nuestras verdaderas riquezas? ¿Dónde tenemos puesto el corazón? ¿Cómo buscamos colmar nuestro vacío interior? Respondan en su interior y pongan los medios para que siempre se reconozcan pobres de Cristo, necesitados de su misericordia, para dar testimonio ante el mundo de Jesús, que por nosotros se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza”.

 

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El “no” a la ordenación sacerdotal de mujeres es doctrina definitiva. Comentario

El Prefecto de la Fe: el no a la ordenación de mujeres es “doctrina definitiva”

Un artículo del nuevo cardenal Ladaria responde a las objeciones y explica que la postura que tomó Juan Pablo II, de acuerdo con la tradición ininterrumpida de la Iglesia, no cambiará

El “neo-cardenal” Prefecto de la Fe, Ladaria

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Pubblicato il 29/05/2018
Ultima modifica il 29/05/2018 alle ore 20:05
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

El título del artículo no deja lugar a dudas: “El carácter definitivo de la doctrina de «Ordinatio sacerdotalis». Sobre algunas dudas”. Lo firmó en “L’Osservatore Romano” el nuevo cardenal Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En el texto explica que la preclusión al sacerdocio femenino para la Iglesia católica es una decisión que no cambiará.

 

Ladaria recuerda que «los sacerdotes están configurados a Cristo sacerdote, de manera tal que puedan actuar en nombre de Cristo, cabeza de la Iglesia», y que «Cristo quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos varones, que, a su vez, lo han comunicado a otros hombres». También explica que La Iglesia se ha reconocido «siempre vinculada a esta decisión del Señor, la cual excluye que el sacerdocio ministerial pueda ser válidamente conferido a las mujeres».

 

Juan Pablo II, en la carta apostólica “Ordinatio sacerdotalis”, del 22 de mayo de 1994, misma que llegó después de la decisión de la Iglesia anglicana de permitir el sacerdocio femenino, «enseñó», con el objetivo de eliminar «cualquier duda sobre una cuestión de tan gran importancia que tiene que ver con la misma divina constitución de la Iglesia» y «en virtud de [su] ministerio de confirmar a los hermanos», que «la Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad para conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y esta sentencia debe ser seguida definitivamente por todos los fieles de la Iglesia».

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en respuesta a una duda sobre la enseñanza del documento wojtyliano, «ha insistido en que se trata de una verdad que pertenece al depósito de la fe». «En esta luz –escribe el arzobispo Ladaria– suscita seria preocupación ver surgir una vez más en algunos países rumores que ponen en duda» lo definitivo de esta doctrina. «Para sostener que no es definitiva, se argumenta que no fue definida “ex cathedra” y que, por lo tanto, una decisión posterior de un futuro Papa o de un concilio podría revocarla. Sembrando dudas se crea gran confusión entre los fieles, no solo sobre el sacramento de la orden como parte de la constitución divina de la Iglesia, sino también sobre el magisterio ordinario que puede enseñar de manera infalible la doctrina católica».

 

El Prefecto para la Doctrina de la Fe recuerda que, en primer lugar, en relación con el «sacerdocio ministerial, la Iglesia reconoce que la imposibilidad de ordenar a mujeres pertenece a la sustancia del sacramento de la orden. La Iglesia no cuenta con la capacidad para cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, que es generada como Iglesia. No se trata solamente de un elemento disciplinar, sino doctrinal, puesto que se relaciona con la estructura de los sacramentos, que son lugar originario del encuentro con Cristo y de la transmisión de la fe».

 

En su artículo, Ladaria subraya que «la diferencia de funciones entre el hombre y la mujer no implica en sí ninguna subordinación, sino un enriquecimiento mutuo. Se recuerde que la figura cumplida de la Iglesia es María, la Madre del Señor, que no recibió el ministerio apostólico. Se ve así que lo masculino y lo femenino, lenguaje original que el Creador inscribió en el cuerpo humano, son asumidos en la obra de nuestra redención».

 

«Precisamente la fidelidad al plan de Cristo sobre el sacerdocio ministerial –explica el Prefecto– permite, entonces, profundizar y promover cada vez más el papel específico de las mujeres en la Iglesia, puesto que, “en el Señor, ni el hombre es sin la mujer ni la mujer es sin el hombre” (1, Corintios, 11, 11). Además, se puede arrojar así una luz sobre nuestra cultura, a la que le cuesta comprender el significado y la bondad de la diferencia entre el hombre y la mujer, que toca también su misión complementaria en la sociedad».

 

Pero Ladaria observa también que las dudas planteadas sobre lo definitivo de “Ordinatio sacerdotalis” tienen «consecuencias graves también en la manera de comprender el magisterio de la Iglesia. Es importante insistir en que la infalibilidad no tiene que ver solo con pronunciamientos solemnes de un Concilio o del Sumo Pontífice cuando habla “ex cathedra”, sino también la enseñanza ordinaria y universal de los obispos esparcidos por el mundo, cuando se proponen, en comunión entre ellos y con el Papa, la doctrina católica que seguir definitivamente. A esta infalibilidad se refirió Juan Pablo II en “Ordinatio sacerdotalis”. Así él no declaró un nuevo dogma, sino, con la autoridad que le fue conferida como sucesor de Pedro, confirmó formalmente e hizo explícito, con el fin de eliminar toda duda, lo que el magisterio ordinario y universal ha considerado a lo largo de toda la historia de la Iglesia como perteneciente al depósito de la fe».

 

El Papa Wojtyla no actuó solo al redactar el documento. Había examinado la cuestión y había consultado previamente a los presidentes de las Conferencias Episcopales «que estaban seriamente interesadas en tal problemática. Todos, sin excepción, han declarado, con plena convicción, por la obediencia de la Iglesia al Señor –escribe Ladaria– que esta no posee la facultad para conferir a la mujer la ordenación sacerdotal».

 

El Prefecto de la Fe también recordó que sobre esta enseñanza «también insistió Benedicto XVI» y que el Papa Francisco ha vuelto a reflexionar sobre el argumento: «él, en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, ha reafirmado que no se pone en discusión “el sacerdocio reservado a los hombres, como signo de Cristo esposo que se entrega en la Eucaristía”, y ha invitado a no interpretar esta doctrina como expresión de poder sino de servicio, para que se perciba mejor la igual dignidad de hombres y mujeres en el único cuerpo de Cristo».

 

En la conferencia de prensa, durante el vuelo de regreso de su viaje apostólico a Suecia, el primero de noviembre de 2016, el Papa Francisco insistió en que «sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia católica, la última palabra la ha dado Juan Pablo II, y esta permanece».

 


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El cardenal Ladaria excluye la posibilidad de la ordenación sacerdotal femenina

El Prefecto de la Fe: el no a la ordenación de mujeres es “doctrina definitiva”

Un artículo del nuevo cardenal Ladaria responde a las objeciones y explica que la postura que tomó Juan Pablo II, de acuerdo con la tradición ininterrumpida de la Iglesia, no cambiará

El “neo-cardenal” Prefecto de la Fe, Ladaria

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Pubblicato il 29/05/2018
Ultima modifica il 29/05/2018 alle ore 20:05
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

El título del artículo no deja lugar a dudas: “El carácter definitivo de la doctrina de «Ordinatio sacerdotalis». Sobre algunas dudas”. Lo firmó en “L’Osservatore Romano” el nuevo cardenal Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En el texto explica que la preclusión al sacerdocio femenino para la Iglesia católica es una decisión que no cambiará.

 

Ladaria recuerda que «los sacerdotes están configurados a Cristo sacerdote, de manera tal que puedan actuar en nombre de Cristo, cabeza de la Iglesia», y que «Cristo quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos varones, que, a su vez, lo han comunicado a otros hombres». También explica que La Iglesia se ha reconocido «siempre vinculada a esta decisión del Señor, la cual excluye que el sacerdocio ministerial pueda ser válidamente conferido a las mujeres».

 

Juan Pablo II, en la carta apostólica “Ordinatio sacerdotalis”, del 22 de mayo de 1994, misma que llegó después de la decisión de la Iglesia anglicana de permitir el sacerdocio femenino, «enseñó», con el objetivo de eliminar «cualquier duda sobre una cuestión de tan gran importancia que tiene que ver con la misma divina constitución de la Iglesia» y «en virtud de [su] ministerio de confirmar a los hermanos», que «la Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad para conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y esta sentencia debe ser seguida definitivamente por todos los fieles de la Iglesia».

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en respuesta a una duda sobre la enseñanza del documento wojtyliano, «ha insistido en que se trata de una verdad que pertenece al depósito de la fe». «En esta luz –escribe el arzobispo Ladaria– suscita seria preocupación ver surgir una vez más en algunos países rumores que ponen en duda» lo definitivo de esta doctrina. «Para sostener que no es definitiva, se argumenta que no fue definida “ex cathedra” y que, por lo tanto, una decisión posterior de un futuro Papa o de un concilio podría revocarla. Sembrando dudas se crea gran confusión entre los fieles, no solo sobre el sacramento de la orden como parte de la constitución divina de la Iglesia, sino también sobre el magisterio ordinario que puede enseñar de manera infalible la doctrina católica».

 

El Prefecto para la Doctrina de la Fe recuerda que, en primer lugar, en relación con el «sacerdocio ministerial, la Iglesia reconoce que la imposibilidad de ordenar a mujeres pertenece a la sustancia del sacramento de la orden. La Iglesia no cuenta con la capacidad para cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, que es generada como Iglesia. No se trata solamente de un elemento disciplinar, sino doctrinal, puesto que se relaciona con la estructura de los sacramentos, que son lugar originario del encuentro con Cristo y de la transmisión de la fe».

 

En su artículo, Ladaria subraya que «la diferencia de funciones entre el hombre y la mujer no implica en sí ninguna subordinación, sino un enriquecimiento mutuo. Se recuerde que la figura cumplida de la Iglesia es María, la Madre del Señor, que no recibió el ministerio apostólico. Se ve así que lo masculino y lo femenino, lenguaje original que el Creador inscribió en el cuerpo humano, son asumidos en la obra de nuestra redención».

 

«Precisamente la fidelidad al plan de Cristo sobre el sacerdocio ministerial –explica el Prefecto– permite, entonces, profundizar y promover cada vez más el papel específico de las mujeres en la Iglesia, puesto que, “en el Señor, ni el hombre es sin la mujer ni la mujer es sin el hombre” (1, Corintios, 11, 11). Además, se puede arrojar así una luz sobre nuestra cultura, a la que le cuesta comprender el significado y la bondad de la diferencia entre el hombre y la mujer, que toca también su misión complementaria en la sociedad».

 

Pero Ladaria observa también que las dudas planteadas sobre lo definitivo de “Ordinatio sacerdotalis” tienen «consecuencias graves también en la manera de comprender el magisterio de la Iglesia. Es importante insistir en que la infalibilidad no tiene que ver solo con pronunciamientos solemnes de un Concilio o del Sumo Pontífice cuando habla “ex cathedra”, sino también la enseñanza ordinaria y universal de los obispos esparcidos por el mundo, cuando se proponen, en comunión entre ellos y con el Papa, la doctrina católica que seguir definitivamente. A esta infalibilidad se refirió Juan Pablo II en “Ordinatio sacerdotalis”. Así él no declaró un nuevo dogma, sino, con la autoridad que le fue conferida como sucesor de Pedro, confirmó formalmente e hizo explícito, con el fin de eliminar toda duda, lo que el magisterio ordinario y universal ha considerado a lo largo de toda la historia de la Iglesia como perteneciente al depósito de la fe».

 

El Papa Wojtyla no actuó solo al redactar el documento. Había examinado la cuestión y había consultado previamente a los presidentes de las Conferencias Episcopales «que estaban seriamente interesadas en tal problemática. Todos, sin excepción, han declarado, con plena convicción, por la obediencia de la Iglesia al Señor –escribe Ladaria– que esta no posee la facultad para conferir a la mujer la ordenación sacerdotal».

 

El Prefecto de la Fe también recordó que sobre esta enseñanza «también insistió Benedicto XVI» y que el Papa Francisco ha vuelto a reflexionar sobre el argumento: «él, en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, ha reafirmado que no se pone en discusión “el sacerdocio reservado a los hombres, como signo de Cristo esposo que se entrega en la Eucaristía”, y ha invitado a no interpretar esta doctrina como expresión de poder sino de servicio, para que se perciba mejor la igual dignidad de hombres y mujeres en el único cuerpo de Cristo».

 

En la conferencia de prensa, durante el vuelo de regreso de su viaje apostólico a Suecia, el primero de noviembre de 2016, el Papa Francisco insistió en que «sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia católica, la última palabra la ha dado Juan Pablo II, y esta permanece».


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El Papa a la Unión apostólica del clero (UAC)

El Papa a la UAC: “Sean ministros dóciles a la acción del Espíritu, al servicio de la propia Iglesia l

 

“Se convierte en ministros para servir a la propia Iglesia particular, en la docilidad al Espíritu Santo y al propio Obispo y en colaboración con los demás presbíteros, pero con la conciencia de ser parte de la Iglesia universal, que va más allá de los límites de la propia diócesis”, lo dijo el Papa Francisco a los participantes en la Asamblea Internacional de la Confederación Unión Apostólica del Clero (UAC), a quienes recibió en audiencia, la mañana del 16 de noviembre en la Sala del Consistorio del Vaticano.

En su discurso, el Santo Padre animó y alentó a los miembros de la Unión Apostólica del Clero, a seguir el ejemplo de Cristo, Buen Pastor en el servicio al Evangelio. “En esta Asamblea están reflexionando sobre el ministerio ordenado ‘en, para y con la comunidad diocesana’. En continuidad con los encuentros anteriores, buscan focalizar el rol de los pastores en la Iglesia particular; y en esta relectura, la clave hermenéutica es la espiritualidad diocesana, que es espiritualidad de comunión según el modo de la comunión Trinitaria”.

El Obispo de Roma, citando la Carta Apostólica Novo millenium ineunte, recordó que, el gran desafío de este milenio es hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión y para ello, es necesario promover una espiritualidad de comunión. “Se convierte en experto de espiritualidad de comunión sobre todo gracias a la conversión a Cristo, a la dócil apertura a la acción de su Espíritu, y a la acogida de los hermanos. Sabemos muy bien que, la fecundidad del apostolado no depende sólo de la actividad y de los esfuerzos organizativos, que son necesarios, pero en primer lugar depende de la acción divina”.

Así mismo, el Pontífice señaló que, igual que en el pasado los santos son los más eficaces evangelizadores y puso en guardia a los ministros de no caer en la mundanidad espiritual. “La Jornada Mundial de oración para la santificación del Clero, que se celebra cada año en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, constituye una ocasión propicia para implorar del Señor el don de diligentes y santos ministros para su Iglesia. Para realizar este ideal de santidad, todo ministro ordenado está llamado a seguir el ejemplo del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas”.

Además, el Papa Francisco precisó que, unido al camino de la espiritualidad está el empeño en la acción pastoral al servicio del pueblo de Dios, visible en el hoy y en lo concreto de la Iglesia local, como lo delinea el Decreto Conciliar Presbyterorum Ordinis, en el numeral 12. “Una Iglesia particular tiene un rostro, ritmos y opciones concretas; va servida con dedicación cada día, testimoniando la sintonía y la unidad que se vive y se desarrollada con el Obispo. El camino pastoral de la comunidad local tiene como punto de referencia imprescindible el plan pastoral de la diócesis, el cual se antepone a los programas de las asociaciones, de los movimientos y de cualquier grupo particular”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco animó a los ministros a cultivar la comunión y la misión como dinámicas correlativas, dinámicas que los ministros deben tener presente en el servicio a su propia Iglesia particular, al propio Obispo y en colaboración con los demás presbíteros. “Si la misión es una propiedad esencial de la Iglesia, lo es sobre todo por aquel que, ordenado, está llamado a ejercitar el ministerio en una comunidad por su naturaleza misionera, y a ser educador en el mundo, no en la mundanidad, sino en el mundo. La misión, de hecho, no es una elección individual, debido a una generosidad individual o quizás a una desilusión pastoral, sino es una opción de la Iglesia particular que se hace protagonista en la comunión del Evangelio a todas las gentes”.

(Renato Martinez – SpC)


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Vaticano: la formación de los sacerdotes a examen.

El Papa discute sobre formación de sacerdotes con los encargados de los dicasterios

En la reunión se habló sobre el documento “El don de la vocación presbiterial” y se insistió en la preparación «humana integral» y no solo en la preparación académica. La importancia del discernimiento
AFP

La reunión “interdicasterial”

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Pubblicato il 13/11/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Formación «humana integral» y atención al discernimiento. Se habló sobre vocaciones, formación en los seminarios y permanente del clero a las 9.30 de hoy, 13 de noviembre de 2017, en la Sala Boloña del Palacio Apostólico, en donde el Papa Francisco presidió una reunión entre los encargados de los dicasterios de la Curia romana. Es la llamada reunión “interdicasterial”, que se lleva a cabo por lo menos dos veces al año, con los cardenales, obispos y prelados que guían las Congregaciones y Pontificios Consejos.

 

El tema del día fue la formación de los nuevos sacerdotes, a partir de la “Ratio fundamentalis Institutionis Sacerdotalis”, el documento guía publicado por la Congregación del Clero en diciembre de 2016. Un texto que toma en cuenta el magisterio del Pontífice e insiste, precisamente, en la importancia de la formación humana integral y no solo la de la formación acacdémica. En las tres fases de la pastoral vocacional, de la formación de los seminaristas y de la permanente dirigida a quien ya es sacerdote, es importante «ser discípulos misioneros y pastores». El discipulado y la misión involucran a todos los bautizados, mientras ser pastores es específico del sacerdocio. Es importante, se subrayó, la formación humana integral y, por ende, también la formación afectiva para formar pastores capaces de vivir en medio de la gente y de compartir esperanzas, alegrías y heridas.

 

El documento, siguiendo el magisterio de Francisco (y en particular de la gran responsabilidad que la exhortación “Amoris laetitia” pone sobre los hombros de los sacerdotes, especialmente a la hora de acompañar las cada vez más frecuentes situaciones matrimoniales difíciles), insiste en la importancia del discernimiento y de la formación al discernimiento. Hace falta, efectivamente, una preparación adecuada a este acompañamiento hacia las personas casadas y los formadores de los futuros sacerdotes deben verificar si los seminaristas son capaces de asumir estas responsabilidades, que no prevén nunca soluciones de manuales o instrucciones, sino que exigen compromiso, compartir, capacidad para ensimismarse en las situaciones tan diferentes entre sí.

 

Se lee en el párrafo 120 del documento que discutieron hoy el Papa y sus colaboradores: «La llamada a ser pastores del pueblo de Dios exige una formación que convierta a los futuros sacerdotes en expertos en el arte del discernimiento pastoral, es decir capaces de una escucha de las situaciones realies y de un buen juicio en las decisiones y elecciones. Para llevar a cabo el discernimiento pastoral hay que poner en el centro el estilo evangélico de la escucha, que libera al pastor de la tentación de la abstracción, del protagonismo, de la excesiva seguridad en sí mismo y de esa frialdad que lo convertirían en un “contador” del espíritu, en lugar de un “buen samaritano”».


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Ser sacerdotes hoy. El Papa al clero en Cesena (Italia)

El Papa: que la economía no cierre la relación entre padres e hijos

Francisco se reunió con el clero de Cesena. Los sacerdotes deben ser alegres, a los que siempre están tristes les preguntaría: «¿Tomaron vinagre en el desayuno?». La denuncia del Pontífice: esta «situación socio-económica» obstaculiza el «bello» vínculo entre papás y mamás con sus propios niños; por el contrario deben tener tiempo para jugar juntos
REUTERS

El Papa en la catedral de Cesena

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Pubblicato il 01/10/2017
Ultima modifica il 01/10/2017 alle ore 10:49
DOMENICO AGASSO JR.
ENVIADO A CESENA

Los sacerdotes deben volver a descubrir siempre «la alegría de ser sacerdotes». A los que siempre están tristes «les preguntaría: ¿tomaron vinagre en el desayuno?». El Papa Francisco en su visita a Cesena se reunió con el clero, con los consagrados, los consejos pastorales, la curia y los representantes de las Parroquias en la catedral. Y desde allí lanzó una denuncia: la «situación socio-económica» de hoy obstaculiza la «bella relación» entre padres e hijos, que, en cambio, deberían tener tiempo para jugar juntos.

 

El Papa Bergoglio recordó que para la evangelización «corresponsabilidad es una palabra clave». Y cuando «el amor en Cristo es puesto por encina de todo, incluso de legítimas exigencias particulares, entonces nos volvemos capaces de salir de nosotros mismos, de descentrarnos tanto a nivel personal como de grupo y, siempre en Cristo, salir al encuentro de los hermanos».

 

Las llagas de «Jesús permanecen visibles en muchos hombres y mujeres que viven en los márgenes de la sociedad: marcados por el surgimiento, por el malestar, por el abandono y la pobreza. Personas heridas por las duras pruebas de la vida, que son humilladas, que se encuentran en las cárceles o en los hospitales». Por ello, «acercándose y curando con ternura estas llagas, a menudo no solo corporales sino también espirituales, somos purificados y transformados por la misericordia de Dios».

 

Al Papa le gusta recordar, con respecto a este primer deber de la diaconía con los pobres, el ejemplo de san Vincenzo de Paoli, que hace 400 años comenzó una verdadera “revolución” de la caridad en Francia: «También a nosotros se nos pide hoy adentrarnos con ardor apostólico en el mar abierto de las pobrezas de nuestro tiempo, pero conscientes de que solos no podemos hacer nada».

 

Por lo tanto, es necesario «reservar un adecuado espacio a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios: la oración es la fuerza de nuestra misión –como recientemente nos ha demostrado también Santa Teresa de Calcuta».

 

Francisco advirtió de un peligro: «Hoy se pueden ver muchos rostros mediante los medios de comunicación, pero existe el peligro de ver cada vez menos a los ojos a los demás». Por el contrario, «viendo con respeto y amor a las personas» «también nosotros podemos hacer la revolución de la ternura».

 

Entre los que tienen mayores necesidades de «experimentar este amor de Jesús, están los jóvenes. Gracias a Dios, son parte viva de la Iglesia (la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos los involucra directamente) y pueden comunicar a sus coetáneos su testimonio: jóvenes apóstoles de los jóvenes, como escribió el beato Pablo VI en la exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi”». La Iglesia «cuenta mucho con ellos y está consciente de sus grandes recursos, de su actitud hacia el bien, lo bello, hacia la libertad auténtica y hacia la justicia. Necesitan ser ayudados para volver a descubrir los dones que el Señor les ha dado, animados a no temer frente a los grandes desafíos del momento presente». Por ello, Jorge Mario Bergoglio animó a «encontrarlos, escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor». En el Evangelio y en el «coherente testimonio de la Iglesia pueden encontrar esa perspectiva de vida que les ayude a superar los condicionamientos de una cultura subjetivista que exalta el yo hasta idolatrarlo, y que los abra, en cambio, a propósitos y proyectos de solidaridad».

 

Una Iglesia atenta a los jóvenes es una Iglesia «familia de familias. Los animo en su trabajo con las familias y para las familias. Es un trabajo que el Señor nos pide que hagamos particularmente en este tiempo, que es un tiempo difícil tanto para la familia como institución y célula-base de la sociedad, como para las familias concretas, que soportan buena parte del peso de la crisis socio-económica sin recibir a cambio un adecuado apoyo». Pero, justamente cuando la situación es difícil, Dios «hace sentir su cercanía, su gracia, la fuerza profética de su Palabra. Y nosotros estamos llamados a ser testimonios, mediadores de esa cercanía a las familias y de esta fuerza profética para la familia»: Después el Papa contó una escena que había narrado en otra ocasión: «Cuando yo confieso y viene una mujer o un hombre joven y me dice que está cansado, que pierde la paciencia con los hijos porque tiene muchas cosas que hacer, yo primero le pregunto cuántos hijos tiene, después les hago otra pregunta: ¿usted juega con sus hijos? Muchas veces he escuchado una respuesta, sobre todo de los papás: “Cuando salgo de casa todavía duermen, y cuando regreso ya están en la cama”». Francisco denunció: «Esta situación socio-económica cierra la bella relación entre padres e hijos. Hay que trabajar para que esto no suceda. Los padres deben poder perder tiempo con sus hijos, poder jugar con ellos», exclamó.

 

Francisco prosiguió: «Queridos sacerdotes», pero se detuvo para bromear con ellos. «Pero ustedes no tienen hijos, ¿eh? (risas de todos los presentes, ndr.). Sí, allá hay un greco-católico que tiene hijos (más risas, ndr.)».

 

A los sacerdotes se les ha encomendado, continuó, «el ministerio del encuentro con Cristo; y esto presupone su encuentro cotidiano con Él, su estar en Él. Les deseo que puedan volver a descubrir continuamente, en las diferentes etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de ser llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia». Francisco afirmó: «Muchas veces veo a sacerdotes tristes y me pongo a pensar: pero, “¿qué tomaste para desayunar, café con leche o vinagre?”». Los sacerdotes deben contagiar a todos «con la alegría de acabar el día cansados, de no necesitar pastillas para dormir».

 

El Papa después se dirigió en coche al helipuerto y partió hacia la ciudad de Bolonia.


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Colombia: asesinato de un joven sacerdote.

Asesinado en Colombia joven sacerdote. Comunicado del Obispo de la diócesis de Santa Rosa de Osos

2017-07-29 Radio Vaticana

 

“Con profundo dolor y con sentimientos cristianos en la esperanza de la resurrección”, la Iglesia de Colombia expresa la propia conmoción por la muerte del padre Diomer Eliver Chavarría Pérez, asesinado dentro de la parroquia “en el ejercicio de su misión”, en la noche entre el 27 y 28 de julio, en el corregimiento de Puerto Valdivia, norte de Antioquia. Lo escribe en un comunicado, publicado en el sitio web de la Conferencia Episcopal Colombiana, el Obispo de la diócesis de Santa Rosa de Osos, Mons. Jorge Alberto Ossa Soto.

En el documento la Conferencia Episcopal de Colombia y la diócesis de Santa Rosa de Osos, expresan su rechazo “a toda forma de violencia que atente contra la vida y la dignidad de las personas”, pide por la “conversión de sus asesinos” y eleva al Señor oraciones para que el padre Chavarría Pérez “sea acogido en la casa del Padre”.

Nacido en Gómez Plata el 27 de julio de 1986, el padre Diomer Eliver fue ordenado sacerdote el 19 de marzo del 2012 por Mons. Jorge Alberto Ossa Soto. Durante los cinco años sacerdocio, el padre Chavarría Pérez ejerció su ministerio como Vicario Parroquial en Vegachí, Párroco del Aro, Vicario Parroquial de San Pedro de los Milagros y Animador Parroquial de Raudal.