Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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La mujer hoy en la sociedad y en la iglesia. Opinión del P. General de los jesuitas.

                                                                                                                  La mujer hoy en la iglesia y en la sociedad.

El Padre General se unió a mujeres y varones de todas las partes del mundo para Voces de la Fe, un evento anual celebrado en el Vaticano para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, el pasado 8 de marzo. Dando el discurso de apertura del encuentro, el Padre General dijo a los reunidos: “si somos honestos, debemos reconocer que la plena participación de la mujer en la Iglesia, no ha llegado todavía”. El Padre General animó a satisfacer la necesidad de que voces de mujeres sean oídas en el mundo y en la Iglesia, observando: “Nadie hay con más capacidad de resistencia que las mujeres, para edificar y mantener la Iglesia en las partes más pobres de nuestro mundo”. El P. Sosa afirmó que la participación de la mujer es también necesaria en posiciones de liderazgo, especialmente en áreas en conflicto, como la República Centro Africana, el Sudán del Sur y la Colombia. Mientras que es duro imaginar la paz, “¿podemos tener la audacia de soñar que mujeres y varones trabajando juntos puedan traer la paz a esos países?”, preguntó. Organizado por Voces de la Fe, el Servicio Jesuita a los Refugiados y la Fundación Fidel Gotz, el tema del encuentro era “Agitando las aguas: Haciendo posible lo imposible”.


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Violencia y acoso laboral a la mujer en el mundo. OIT

La violencia laboral hacia las mujeres es un problema universal, advierte la OIT

Mujeres camboyanas trabajar en una fábrica. Foto: ONU Mujeres Camboya/ Charlex Fox

16 de marzo, 2017 — Las mujeres tienen el derecho fundamental de trabajar sin miedo. Ese es el principal mensaje de una reunión apoyada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), celebrada en el marco de la 61º sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social en Nueva York.

Representantes y activistas de varios países discutieron sobre las consecuencias de la violencia y acoso laboral hacia a la mujer. Manuela Tomei, Directora del Programa de Condiciones de Trabajo y Empleo de la OIT, fue la encargada de abrir la sesión.

“Este es un problema universal y afecta a todas las mujeres, sin importar su educación ni donde trabajan. ¿Por qué nos importa? Porque es una violación de derechos humanos, es una amenaza a la dignidad, a su seguridad salarial y a su salud y bienestar”, subrayó.

Tomei, resaltó que la violencia va en contra del empoderamiento económico de la mujer pero también en contra de la economía en general. Este flagelo causa ausentismo y pérdidas para las empresas así como afecta su reputación.

La OIT comenzó recientemente el proceso de creación de nuevos estándares para afrontar el problema de la violencia y abuso laboral que deben ser concluidos en 2019. La agencia se ha reunido con expertos, empleadores y gobiernos con este fin y ha generado recomendaciones preliminares.

“Hay que mirar a la violencia y el acoso como una continuación de malos comportamientos en el lugar de trabajo. Por ejemplo, hay una tendencia a no dar importancia a chistes sexistas, algo que después puede convertirse en algo más grave,”, agregó Tomei.

La representante de la OIT también recalcó que había que redefinir la idea del “lugar de trabajo” ya que los abusos no ocurren solamente entre las paredes de una oficina, sino también por fuera, durante entrenamientos, reuniones, medios de transporte o incluso en la propia casa, en el caso de las empleadas domésticas y de quienes trabajan a distancia


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La mujer en la Iglesia. Comentario de Costadoat.

Crítica participación de la mujer en la Iglesia

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(Jorge Costadoat, SJ).-

El Papa Francisco ha abierto un ciclo de sínodos para auscultar lo que ocurre en la Iglesia. Terminó el sínodo de la familia. Comienza dentro de poco el de los jóvenes… ¡Extraordinario! Me pregunto: ¿no podría convocar un sínodo de la mujer?

No un sínodo “sobre” o “para” la mujer, sino uno “de” la mujer: organizado y llevado a efecto por las mismas mujeres. Uno “sobre” o “para” la mujer no se necesita. Terminaría en esos florilegios a las mujeres que, en vez atender a sus necesidades, las ensalzan tal cual son para que sigan haciéndolo tan bien como hasta ahora. Sí se necesita, en cambio, un sínodo “de” la mujer: urge oír a las mujeres.

Para la Iglesia la escucha de la palabra de Dios en los acontecimientos históricos tiene una obligatoriedad parecida a la de dejarse orientar por la Sagrada Escritura. Si Dios tiene algo que comunicar en nuestra época, la Iglesia ha de discernir entre las muchas voces que oye aquella que, gracias a los criterios que le suministra su tradición histórica, es imperioso reconocer, oír y poner en práctica. Pues bien, sin duda la voz de los movimientos feministas de hace ya más de cien años constituye una palabra de Dios a la que la Iglesia debe poner atención. No toda propuesta feminista puede ser “palabra” de Dios, pero excluir que Dios quiera liberar a las mujeres ha llegado a ser, en teología, una especie de herejía; y, en la práctica, un tipo de pecado.

¿Qué habría la Iglesia de oír de la mujer como signo de los tiempos? El derecho de la mujer a ser mujer, entiendo, se expresa en dos tipos de movimientos (A. Touraine: 2016). El movimiento “feminista”, en términos generales, ha luchado para que la mujer tenga iguales derechos cívicos y políticos que los hombres. Este movimiento se replica en el campo eclesiástico en las demandas por participación de las mujeres en las instancias de gobierno, pastorales y sacramentales. La causa emblemática es la de la ordenación sacerdotal. Pero hay otro movimiento que es más profundo y más crítico, y que constituye el fundamento de derechos jurídicamente exigibles. A saber, el movimiento “femenino” que tiene por objeto la liberación “de” la mujer “por” la mujer de las funciones, categorizaciones y servicios que se le han impuesto a lo largo de la historia. Me refiero a la liberación interior que algunas mujeres han logrado alcanzar, desprendiéndose del patriarcalismo y androcentrismo que les ha sido inoculado desde el día de su nacimiento.

La Iglesia institucional en el mundo de las democracias occidentales ha llegado tan tarde a luchar por los derechos de las mujeres; es más, ha sido tan sorda a sus clamores de comprensión y de dignidad, que tiene poca autoridad para hablar de ellas. La misma exclusión de las mujeres en las tomas de decisión eclesiales es prueba de un interés insincero o acomodaticio por ellas. Acaba de terminar un sínodo sobre la familia en el que no votó ninguna madre…

Es verdad que ha habido algún espacio en la Iglesia para una liberación femenina. Siempre ha sido posible el encuentro persona a persona entre Dios y la mujer –ocurrida, por ejemplo, en ejercicios espirituales y en la vida religiosa. Este encuentro ha hecho a las mujeres más mujeres. En estas ocasiones el amor de Dios ha podido sostener la lucha de una “hija de Dios” contra la “sirvienta” del marido, de su hijos, de su padre y de su propia madre (“machista”). Pero, ¿han sido estos encuentros suficientemente significativos como para decir que la Iglesia se interese por la mujer? ¿Quiere realmente la Iglesia que sean ellas personas libres y dignas, capaces de recrearse y recrear la Iglesia con su diferencia? ¿Interesa al colegio episcopal acogerlas, es decir, está dispuesto a considerarlas realmente protagonistas y no actores secundarios de la evangelización? Hoy muchas mujeres piensan que el estamento eclesiástico las sacraliza para sacrificarlas.

La mujer hoy levanta la cabeza. Ya no aguanta que se aprovechen de su indulgencia. Me decía una señora de clase alta: “Dejé a mi ex marido cuando descubrí que me hacía sentir culpable por no tolerar sus violaciones”. Dos años después dejó la Iglesia.

La Iglesia necesita un sínodo de la mujer.

¿Cómo habría de hacerse? No dará lo mismo el cómo. En este sínodo tendrían que participar especialmente las mujeres que están haciendo la experiencia espiritual de haber sido liberadas por Dios del “hombre” que, personal, cultural o institucionalmente considerado las ha precarizado. Ayudarían las muchas teólogas de calidad que existen. Las he leído. Poco tendrían que aportar, por el contrario, mujeres asustadas con su propia libertad. ¿Pudieran participar en él algunos hombres? Sería indispensable. El descubrimiento de la mujer por la mujer necesita de la mediación de su “opresor”.

Hablo de algo grave. La actual condición de la mujer en la Iglesia, a estas alturas, no es un descuido. Es un pecado. La apuesta cristiana es esta: el Evangelio ayuda a que las mujeres lleguen a su plenitud; el anuncio del Evangelio si no se encamina a desplegar integralmente a las mujeres, no es evangélico.

Pensé que la carta del Concilio Vaticano II a las mujeres tendría algo que aportar sobre este tema. Nada. Todo lo contrario. Confirma el problema: “La Iglesia está orgullosa, vosotras lo sabéis, de haber elevado y liberado a la mujer, de haber hecho resplandecer, en el curso de los siglos, dentro de la diversidad de los caracteres, su innata igualdad con el hombre”. Sigue: “Esposas, madres de familia, primeras educadores del género humano en el secreto de los hogares, transmitid a vuestros hijos y a vuestras hijas las tradiciones de vuestros padres, al mismo tiempo que los preparáis para el porvenir insondable. Acordaos siempre de que una madre pertenece, por sus hijos, a ese porvenir que ella no verá probablemente” (año 1965). La mujer es alabada y postergada.

El Concilio no abordó el tema de la mujer. Esta carta fue un saludo a la bandera.

Se necesita un sínodo que, al menos, devuelva a las mujeres la importancia que tuvieron en las comunidades cristianas de siglo I. Un sínodo, y mejor un concilio, que ponga en práctica al Cristo liberador de las más diversas esclavitudes y auspiciador de la dignidad de los seres humanos sin exclusión.


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A favor de una joven mexicana. Campaña de Amn. Int.

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Verónica Razo ©Privado

Ignacio, te quiero presentar a Verónica, con quien he podido hablar en una visita a la prisión de Morelos, México, en febrero.

La vida de Verónica sufrió un revés brutal el 8 de junio de 2011 cuando, de camino al colegio a recoger a sus hijos, un grupo de hombres armados la secuestró y la llevó a un almacén de la Policía Federal. Durante las 24 horas que estuvo retenida, la torturaron, la violaron repetidamente, la asfixiaron y aplicaron descargas eléctricas…hasta que accedió a firmar una confesión en la que se declaraba culpable de un secuestro. Entonces, entró en prisión.

Pero Verónica es inocente y tiene que ser puesta en libertad

Verónica ha pasado seis de sus 38 años en prisión preventiva, a miles de kilómetros de su familia. En este tiempo, su madre ha tenido que vender lo poco que tenía para hacerse cargo de su nieto y su nieta y costear las necesidades de Verónica en prisión. Mientras, nadie ha investigado lo ocurrido y Verónica ni siquiera ha conocido a su abogado, con quien sólo ha hablado por Skype.

La situación es desesperada, pero por fin tenemos motivos para creer que esto puede cambiar. El ministro de gobernación, con quien también pude reunirme en México, se ha comprometido a trasladar a Verónica a otro centro más cercano al domicilio familiar. También ha dicho que revisará su expediente.

Ignacio, estamos muy cerca de conseguir la libertad de Verónica y por eso es importante que mantengamos la presión. Súmate tú también y alza tu voz. Verónica es inocente y merece justicia.

Gracias por no callarte ante las injusticias.

Esteban Beltrán
Director de Amnistía Internacional-Sección Española


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El escándalo de la brecha salarial entre hombres y mujeres. ONU

ONU Mujeres afirma que la brecha salarial del 23% entre mujeres y hombres es un robo

La directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, durante la apertura de la 61 sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Foto: ONU/Rick Bajornas

14 de marzo, 2017 — La actriz estadounidense Patricia Arquette, ganadora de un Oscar de la Academia, junto con la dos veces campeona olímpica y superestrella de fútbol, la estadounidense Abby Wambach; además de otros líderes de gobiernos, la sociedad civil, el sector privado, artistas y cinematógrafos se unieron esta semana a la nueva Plataforma de Campeones por la Igualdad en el Salario.

En un evento en el marco de la 61 sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW 61), que tiene lugar en la sede de la ONU en Nueva York, esas figuras públicas llamaron a acabar con la brecha salarial que actualmente a nivel global es del 23% por el mismo empleo.

El encuentro en la sede de Naciones Unidas estuvo organizado por ONU Mujeres, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con el auspicio de las Misiones ante la ONU de Islandia, Sudáfrica y Suiza.
“Las mujeres luchan todos los días, incluso sufren el impacto negativo de la brecha salarial aquellas con estudios de alto nivel.

Sacaron los mismos préstamos que los hombres para ir a la universidad e invirtieron el mismo tiempo de estudio. No existe razón para ser disminuidas debido al género y además a su raza”, dijo Arquette en una entrevista concedida al servicio de Noticias ONU.

En promedio, las mujeres ganan 77 centavos por cada dólar que hacen los hombres. En algunos países esa brecha es aún mayor. Por ejemplo, las mujeres en Suecia y Francia ganan 31% menos que los hombres. En Alemania esa diferencia es del 49% y en Turquía del 75%.

A este paso, tomará 70 años cerrar esa brecha, advirtió hoy ONU Mujeres, que presentó, a su vez, otra iniciativa para acabar con este problema. Lanzó la campaña “23% es un robo” para generar más conciencia sobre la disparidad y llamar a la igualdad y el fortalecimiento de la mujer en el mercado
laboral.


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El trabajo de la mujer en el hogar pide una revisión profunda.

                                                                                    Mujeres guatemaltecas. Foto: PMA

13 de marzo, 2017 — La sociedad no podría funcionar sin este tipo de empleo; sin embargo, las personas que lo desempeñan, en su gran mayoría mujeres, no reciben un salario.

Se trata del trabajo de cuidado no remunerado. Este aspecto de la participación de las mujeres en el mercado laboral es uno de los temas que discutirá desde este lunes y hasta el 24 de marzo, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW).

Cuidar de los niños, de un pariente enfermo, limpiar la casa, preparar la comida, son todas tareas que recaen desproporcionalmente sobre las mujeres. El 75% de ellas hace este trabajo no remunerado.

A menudo, ellas ocupan más del doble de su tiempo en estas labores que lo hombres, y además deben salir a trabajar.

La directora para América de ONU Mujeres, Luiza Carvalho, explicó que la distribución desigual de este trabajo entre mujeres y hombres es una de las principales causas por las cuales ellas siguen en desventaja en el mercado laboral en la región.

“En muchos casos, esa división desigual del trabajo tiene lugar a expensas de la educación de la mujer, de las niñas y de sus posibilidades de obtener un trabajo remunerado, de hacer deportes o desempeñarse como líderes cívicas o políticas”, dijo.

El trabajo de cuidado no remunerado es un pilar de las economías. En ocasiones reemplaza la falta de servicios públicos como las guarderías y la protección social para los enfermos y ancianos.

ONU Mujeres sostiene que esta tarea, si fuera cotizada, valdría entre el 10% y el 40% del Producto Interno Bruto de los países.

Esto significa, más o tanto como lo que genera el sector manufacturero, el comercio o el transporte.

Uno de los principales problemas para cambiar la situación tiene sus raíces en la cultura. Empieza desde temprano en la crianza que reciben las niñas y los varones en la casa.

Para modificarlo todos deben asumir su responsabilidad, nos señaló Luiza Carvalho.

“Tienen responsabilidad las familias, los hombres principalmente, de aportar una atención y una dedicación igual que la mujer, como también el Estado de proveer sistemas y políticas. También la empresa y el sector privado. Garantizar que las mujeres que trabajan no sean discriminadas o no se les impida tener acceso a oportunidades porque son madres que tienen responsabilidades”, acotó.

La directora regional de ONU Mujeres animó a derribar los prejuicios tradicionales sobre el papel de la mujer y el hombre en la sociedad, que impiden que las mujeres desarrollen todo su potencial.

“Los ajustes deben darse en la crianza, en los programas de estudio, en los ámbitos educativos, en los canales y programas que transmiten los estereotipos cotidianos”, puntualizó.


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El empleo de la mujer en América Latina.

Sólo un 53% de las mujeres de América Latina trabaja

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL. Foto de archivo: ONU

08 de marzo, 2017 — En América Latina y el Caribe, la participación de las mujeres en el mercado laboral es del 53% y el 78% de las que tienen un empleo están en sectores de baja productividad, con salarios bajos, sin seguridad social y fuera de los sectores de tecnologías e innovación.

Estas son cifras dadas a conocer por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el marco del Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo.

Otros datos llamativos señalan que las tasas de desempleo de las mujeres siguen siendo mayores que la de los hombres.

Según estadísticas recabadas por la CEPAL, en 2015 la tasa de desempleo fue del 7,4%. Las mujeres fueron las más perjudicadas con 8,6% del porcentaje de desempleo frente al 6,6% para los hombres.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, subrayó que los indicadores laborales en la región siguen exhibiendo grandes brechas de género.

Destacó que esas desigualdades tienen origen en un sistema social que reproduce estereotipos y conserva una división sexual del trabajo que limita la inserción laboral de las mujeres.