Loiola XXI

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Declaraciones del jesuita Cardenal Ladaria.

Mi papel es para defender la fe, pero no soy un inquisidor

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Monseñor Luis Ladaria; Jesuita y Prefecto de la Doctrina de la Fe, que recibirá la púrpura el 28 de junio explica ciertos temas de interés para la Iglesia

A casi un año exacto como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, el ex Santo Oficio, el jesuita Luis Ladaria Ferrer se prepara para recibir la púrpura el próximo jueves 28 de junio durante el Consistorio que presidirá el Papa Francisco. En estos meses como prefecto (un papel que sirve para «promover y defender la fe, y no para ser inquisidor», aclaró) el nuevo cardenal ha debido afrontar cuestiones espinosas como la comunión a los cónyuges protestantes planteada por el Episcopado alemán, o la del sacerdocio y del diaconato a las mujeres. Precisamente sobre estos temas Ladaria dialogó, con la naturalidad y sentido del humor que le caracterizan, con algunos periodistas durante un breve encuentro organizado por la Sala de Prensa vaticana, a 48 horas de la gran ceremonia en la Basílica de San Pedro.

Sobre la cuestión de la hospitalidad eucarística que ha provocado tantas discusiones, se tuvo la impresión de que su carta fue un “freno” con respecto a la posición anterior de la Santa Sede. ¿Cuásl es la perspectiva?

No era directamente un freno, sino una llamada a la reflexión, sobre todo a partir de la idea de que es una cuestión tan grave que una Conferencia Episcopal de un país debe actuar teniendo en cuenta a toda la Iglesia, para que se llegue a la solución, pero para toda la Iglesia. Es un punto central, si cada uno toma el proprio camino, se puede crear un poco de confusión. Entonces, no fue un freno, sino una invitación a la reflexión. Tratemos de reflexionar, porque se trata de un punto que no toca solamente a un país, no toca solamente a una diócesis, sino a la Iglesia universal. Y esta también era la preocupación del Santo Padre.

Usted también es presidente de la Comisión de estudio sobre el diaconato femenino…

Sí, indignamente fui nombrado presidente…

El camino del sacerdocio para las mujeres parece definitivamente cerrado. ¿A cuáles resultados se ha llegado sobre la cuestión de las llamadas diaconisas?

Es una materia que hemos estudiado y pasaremos dentro de poco nuestras conclusiones al Papa Francisco. Hay que decir que el Santo Padre no nos pidió que estudiáramos si las mujeres pueden ser o no diaconesas: no era esta la pregunta que el Papa nos hizo, sino la de tratar de decir claramente cuáles son los problemas, cuál era la situación en la Iglesia antigua sobre este punto del diaconato de las mujeres y así por el estilo. Sabemos que en la Iglesia antigua existían, efectivamente, las llamadas diaconesas: ¿qué quería decir esto? ¿Era lo mismo que con los diáconos, o no era lo mismo? ¿Era algo muy extendido o algo más bien local? Estas preguntas eran el objeto primario del encargo que hemos recibido del papa. Entonces, no es tarea nuestra decir: “Santo Padre, usted puede ordenar diaconesas”. No, no es eso lo que nos pidió el Papa.

Recordando su nombramiento cardenalicio, ¿cómo recibió la noticia?

Me encontraba celebrando la Fiesta de los Pueblos junto con todas las comunidades extranjeras de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán. Durante la misa se acercó un ceremoniero y me dijo que había escuchado en la radio que el Papa Francisco había convocado un Consistorio y que yo estaba en la lista de los nuevos cardenales. Lo supe así, y pensé: “Aceptemos lo que nos dice el Señor”. Y seguí celebrando la misa como si nada.

La púrpura es para servir la caridad, dijo el Papa Francisco en diferentes Consistorios. Usted añadió: para servir también a los fieles simples. ¿En qué sentido?

No lo dije yo, es una idea que retomé de Benedicto XVI, cuando era prefecto de la Congregación. Él decía que tenemos el deber de proteger la fe de las personas que no han tenido una gran formación teológica, que no han estudiado en facultades de teología. La fe de estas personas debe ser defendida para evitar que, mediante ciertas ideas, se pierda. Es lo que trato de hacer yo; de propio no pongo nada.

Dentro de algunos días cumplirá un año como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿Cómo interpreta este encargo, como un mediador o como un inquisidor?

No, inquisidor no. La inquisición se ha acabado, ya no existe. Como está escrito en los documentos oficiales y como decía hace pobo, debemos promover y proteger la fe. Primero promover, con diferentes empeños y diferentes actividades, tratar de que la fe sea cada vez más conocida y proclamada. Defender también quiere decir actuar si en algún momento hay que decir alguna palabra de aclaración. Pero estas intervenciones tratamos de hacerlas siempre con el diálogo, de manera discreta, de manera que no se dañe la buena fama de las personas. Esto es muy importante. 

Salvatore Cernuzio  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

Prefecto Luis Ladaria; No más encubrimientos ante los abusos

“El hecho de que estos casos se estudien, se traten y se castigue debidamente a quien ha cometido este crimen es algo que nos interesa mucho también para la prevención y para que se vea que hay conciencia de este problema y que no se quiere cubrir”, ha señalado Monseñor Luis Ladaria.

A este respecto, ha reconocido que “hubo un tiempo en que se tendía a cubrir” pero ha defendido que esta actitud debe ser erradicada “porque eso es favorecer que estos abusos continúen”. Ladaria ha señalado que recibirá el birrete cardenalicio “como una responsabilidad”, pero también como “un acto de confianza” por parte del Pontífice. “Siento que el Papa habrá pensado que mi actuación en nueve años como secretario de esta Congregación pues no le habrá parecido demasiado mal y me nombró prefecto”, ha declarado a algunos periodistas en la sala de prensa del Vaticano.

Para el arzobispo español, su trabajo “sustancialmente no va cambiar” pero ha reconocido que “es cierto que se hace de otra manera, con una mayor responsabilidad”, a pesar de que “las competencias del prefecto de una congregación no dependen directamente de ser un cardenal”.

Preguntado sobre si las mujeres podrán ser algún día sacerdotes, Ladaria ha señalado que Juan Pablo II dejó ese tema cerrado y ha alertado de caer “en el error de pensar que el papel de la mujer en la Iglesia es solamente el problema de si tiene o no tiene funciones ministeriales de orden sagrado”.  En este sentido, considera una “reducción” ligar en exclusiva el papel femenino en la Iglesia al sacerdocio porque “la Iglesia es mucho más rica”.

“Desde hace tres semanas tenemos en la Congregación de la Fe tres consultoras, lo cual nunca había ocurrido. Y en la Comisión Teológica hay seis mujeres. Tantas no había habido nunca. En la Comisión Bíblica, nunca había habido una mujer y ahora hay tres. Todo esto significa que hay una presencia de la mujer en la Iglesia. Es empobrecer la visión ver nada más el problema del ministerio”, ha reivindicado.

Luis La

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Mons. Luis Ladaria ante su nombramiento como Cardenal

Card. Ladaria: “con mayor responsabilidad al servicio de la fe y de la Iglesia”

A vísperas del Consistorio Ordinario Público para la creación de nuevos Cardenales, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresa su sentir ante el nombramiento que le ha conferido el Papa Francisco.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Ciertamente que ser Cardenal es una mayor responsabilidad, me pone más en contacto con los problemas no solamente de nuestra Congregación, sino con todos los problemas de la Iglesia”, lo dijo el neo Cardenal Luis Francisco Ladaria Ferrer, S.J., Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ante los micrófonos de nuestra colega Patricia Ynestroza, a vísperas de la celebración del Consistorio Ordinario Público para la creación de nuevos Cardenales convocado por el Papa Francisco para este 28 de junio de 2018.

Signo de la universalidad de la Iglesia

El domingo 20 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco anunció la celebración de un Consistorio para la creación de 14 nuevos Cardenales. “Su procedencia – señalaba el Pontífice – expresa la universalidad de la Iglesia que continúa anunciando el amor misericordioso de Dios a todos los hombres de la tierra”. La inserción de los nuevos Cardenales en la diócesis de Roma, precisaba el Santo Padre, manifiesta el vínculo inseparable entre la sede de Pedro y las Iglesias particulares difundidas en el mundo.

Cardenal: mayor responsabilidad al servicio de la Iglesia

Al respecto, Mons. Luis Ladaria dijo que, su trabajo como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe fundamental no ha cambiado, y seguirá adelante como lo viene haciendo ya desde hace un año. “Ciertamente que ser Cardenal – precisó el Prefecto – es una mayor responsabilidad, me pone más en contacto con los problemas no solamente de nuestra Congregación, sino con todos los problemas de la Iglesia, tendré que asistir probablemente a más encuentros y a más reuniones, es decir que será un trabajo que, si, aumenta, sustancialmente pues creo que será el mismo”.

Asimismo, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe precisó que, su nombramiento “es un acto de confianza del Santo Padre y un acto de responsabilidad también de su parte. Pues hay que aceptar esta realidad y vivirlo con gozo y con paz – agregó – y tratar de hacer lo que el Señor nos pide en cada momento”.


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El “no” a la ordenación sacerdotal de mujeres es doctrina definitiva. Comentario

El Prefecto de la Fe: el no a la ordenación de mujeres es “doctrina definitiva”

Un artículo del nuevo cardenal Ladaria responde a las objeciones y explica que la postura que tomó Juan Pablo II, de acuerdo con la tradición ininterrumpida de la Iglesia, no cambiará

El “neo-cardenal” Prefecto de la Fe, Ladaria

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Pubblicato il 29/05/2018
Ultima modifica il 29/05/2018 alle ore 20:05
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

El título del artículo no deja lugar a dudas: “El carácter definitivo de la doctrina de «Ordinatio sacerdotalis». Sobre algunas dudas”. Lo firmó en “L’Osservatore Romano” el nuevo cardenal Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En el texto explica que la preclusión al sacerdocio femenino para la Iglesia católica es una decisión que no cambiará.

 

Ladaria recuerda que «los sacerdotes están configurados a Cristo sacerdote, de manera tal que puedan actuar en nombre de Cristo, cabeza de la Iglesia», y que «Cristo quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos varones, que, a su vez, lo han comunicado a otros hombres». También explica que La Iglesia se ha reconocido «siempre vinculada a esta decisión del Señor, la cual excluye que el sacerdocio ministerial pueda ser válidamente conferido a las mujeres».

 

Juan Pablo II, en la carta apostólica “Ordinatio sacerdotalis”, del 22 de mayo de 1994, misma que llegó después de la decisión de la Iglesia anglicana de permitir el sacerdocio femenino, «enseñó», con el objetivo de eliminar «cualquier duda sobre una cuestión de tan gran importancia que tiene que ver con la misma divina constitución de la Iglesia» y «en virtud de [su] ministerio de confirmar a los hermanos», que «la Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad para conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y esta sentencia debe ser seguida definitivamente por todos los fieles de la Iglesia».

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en respuesta a una duda sobre la enseñanza del documento wojtyliano, «ha insistido en que se trata de una verdad que pertenece al depósito de la fe». «En esta luz –escribe el arzobispo Ladaria– suscita seria preocupación ver surgir una vez más en algunos países rumores que ponen en duda» lo definitivo de esta doctrina. «Para sostener que no es definitiva, se argumenta que no fue definida “ex cathedra” y que, por lo tanto, una decisión posterior de un futuro Papa o de un concilio podría revocarla. Sembrando dudas se crea gran confusión entre los fieles, no solo sobre el sacramento de la orden como parte de la constitución divina de la Iglesia, sino también sobre el magisterio ordinario que puede enseñar de manera infalible la doctrina católica».

 

El Prefecto para la Doctrina de la Fe recuerda que, en primer lugar, en relación con el «sacerdocio ministerial, la Iglesia reconoce que la imposibilidad de ordenar a mujeres pertenece a la sustancia del sacramento de la orden. La Iglesia no cuenta con la capacidad para cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, que es generada como Iglesia. No se trata solamente de un elemento disciplinar, sino doctrinal, puesto que se relaciona con la estructura de los sacramentos, que son lugar originario del encuentro con Cristo y de la transmisión de la fe».

 

En su artículo, Ladaria subraya que «la diferencia de funciones entre el hombre y la mujer no implica en sí ninguna subordinación, sino un enriquecimiento mutuo. Se recuerde que la figura cumplida de la Iglesia es María, la Madre del Señor, que no recibió el ministerio apostólico. Se ve así que lo masculino y lo femenino, lenguaje original que el Creador inscribió en el cuerpo humano, son asumidos en la obra de nuestra redención».

 

«Precisamente la fidelidad al plan de Cristo sobre el sacerdocio ministerial –explica el Prefecto– permite, entonces, profundizar y promover cada vez más el papel específico de las mujeres en la Iglesia, puesto que, “en el Señor, ni el hombre es sin la mujer ni la mujer es sin el hombre” (1, Corintios, 11, 11). Además, se puede arrojar así una luz sobre nuestra cultura, a la que le cuesta comprender el significado y la bondad de la diferencia entre el hombre y la mujer, que toca también su misión complementaria en la sociedad».

 

Pero Ladaria observa también que las dudas planteadas sobre lo definitivo de “Ordinatio sacerdotalis” tienen «consecuencias graves también en la manera de comprender el magisterio de la Iglesia. Es importante insistir en que la infalibilidad no tiene que ver solo con pronunciamientos solemnes de un Concilio o del Sumo Pontífice cuando habla “ex cathedra”, sino también la enseñanza ordinaria y universal de los obispos esparcidos por el mundo, cuando se proponen, en comunión entre ellos y con el Papa, la doctrina católica que seguir definitivamente. A esta infalibilidad se refirió Juan Pablo II en “Ordinatio sacerdotalis”. Así él no declaró un nuevo dogma, sino, con la autoridad que le fue conferida como sucesor de Pedro, confirmó formalmente e hizo explícito, con el fin de eliminar toda duda, lo que el magisterio ordinario y universal ha considerado a lo largo de toda la historia de la Iglesia como perteneciente al depósito de la fe».

 

El Papa Wojtyla no actuó solo al redactar el documento. Había examinado la cuestión y había consultado previamente a los presidentes de las Conferencias Episcopales «que estaban seriamente interesadas en tal problemática. Todos, sin excepción, han declarado, con plena convicción, por la obediencia de la Iglesia al Señor –escribe Ladaria– que esta no posee la facultad para conferir a la mujer la ordenación sacerdotal».

 

El Prefecto de la Fe también recordó que sobre esta enseñanza «también insistió Benedicto XVI» y que el Papa Francisco ha vuelto a reflexionar sobre el argumento: «él, en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, ha reafirmado que no se pone en discusión “el sacerdocio reservado a los hombres, como signo de Cristo esposo que se entrega en la Eucaristía”, y ha invitado a no interpretar esta doctrina como expresión de poder sino de servicio, para que se perciba mejor la igual dignidad de hombres y mujeres en el único cuerpo de Cristo».

 

En la conferencia de prensa, durante el vuelo de regreso de su viaje apostólico a Suecia, el primero de noviembre de 2016, el Papa Francisco insistió en que «sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia católica, la última palabra la ha dado Juan Pablo II, y esta permanece».

 


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El cardenal Ladaria excluye la posibilidad de la ordenación sacerdotal femenina

El Prefecto de la Fe: el no a la ordenación de mujeres es “doctrina definitiva”

Un artículo del nuevo cardenal Ladaria responde a las objeciones y explica que la postura que tomó Juan Pablo II, de acuerdo con la tradición ininterrumpida de la Iglesia, no cambiará

El “neo-cardenal” Prefecto de la Fe, Ladaria

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Pubblicato il 29/05/2018
Ultima modifica il 29/05/2018 alle ore 20:05
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

El título del artículo no deja lugar a dudas: “El carácter definitivo de la doctrina de «Ordinatio sacerdotalis». Sobre algunas dudas”. Lo firmó en “L’Osservatore Romano” el nuevo cardenal Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En el texto explica que la preclusión al sacerdocio femenino para la Iglesia católica es una decisión que no cambiará.

 

Ladaria recuerda que «los sacerdotes están configurados a Cristo sacerdote, de manera tal que puedan actuar en nombre de Cristo, cabeza de la Iglesia», y que «Cristo quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos varones, que, a su vez, lo han comunicado a otros hombres». También explica que La Iglesia se ha reconocido «siempre vinculada a esta decisión del Señor, la cual excluye que el sacerdocio ministerial pueda ser válidamente conferido a las mujeres».

 

Juan Pablo II, en la carta apostólica “Ordinatio sacerdotalis”, del 22 de mayo de 1994, misma que llegó después de la decisión de la Iglesia anglicana de permitir el sacerdocio femenino, «enseñó», con el objetivo de eliminar «cualquier duda sobre una cuestión de tan gran importancia que tiene que ver con la misma divina constitución de la Iglesia» y «en virtud de [su] ministerio de confirmar a los hermanos», que «la Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad para conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y esta sentencia debe ser seguida definitivamente por todos los fieles de la Iglesia».

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en respuesta a una duda sobre la enseñanza del documento wojtyliano, «ha insistido en que se trata de una verdad que pertenece al depósito de la fe». «En esta luz –escribe el arzobispo Ladaria– suscita seria preocupación ver surgir una vez más en algunos países rumores que ponen en duda» lo definitivo de esta doctrina. «Para sostener que no es definitiva, se argumenta que no fue definida “ex cathedra” y que, por lo tanto, una decisión posterior de un futuro Papa o de un concilio podría revocarla. Sembrando dudas se crea gran confusión entre los fieles, no solo sobre el sacramento de la orden como parte de la constitución divina de la Iglesia, sino también sobre el magisterio ordinario que puede enseñar de manera infalible la doctrina católica».

 

El Prefecto para la Doctrina de la Fe recuerda que, en primer lugar, en relación con el «sacerdocio ministerial, la Iglesia reconoce que la imposibilidad de ordenar a mujeres pertenece a la sustancia del sacramento de la orden. La Iglesia no cuenta con la capacidad para cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, que es generada como Iglesia. No se trata solamente de un elemento disciplinar, sino doctrinal, puesto que se relaciona con la estructura de los sacramentos, que son lugar originario del encuentro con Cristo y de la transmisión de la fe».

 

En su artículo, Ladaria subraya que «la diferencia de funciones entre el hombre y la mujer no implica en sí ninguna subordinación, sino un enriquecimiento mutuo. Se recuerde que la figura cumplida de la Iglesia es María, la Madre del Señor, que no recibió el ministerio apostólico. Se ve así que lo masculino y lo femenino, lenguaje original que el Creador inscribió en el cuerpo humano, son asumidos en la obra de nuestra redención».

 

«Precisamente la fidelidad al plan de Cristo sobre el sacerdocio ministerial –explica el Prefecto– permite, entonces, profundizar y promover cada vez más el papel específico de las mujeres en la Iglesia, puesto que, “en el Señor, ni el hombre es sin la mujer ni la mujer es sin el hombre” (1, Corintios, 11, 11). Además, se puede arrojar así una luz sobre nuestra cultura, a la que le cuesta comprender el significado y la bondad de la diferencia entre el hombre y la mujer, que toca también su misión complementaria en la sociedad».

 

Pero Ladaria observa también que las dudas planteadas sobre lo definitivo de “Ordinatio sacerdotalis” tienen «consecuencias graves también en la manera de comprender el magisterio de la Iglesia. Es importante insistir en que la infalibilidad no tiene que ver solo con pronunciamientos solemnes de un Concilio o del Sumo Pontífice cuando habla “ex cathedra”, sino también la enseñanza ordinaria y universal de los obispos esparcidos por el mundo, cuando se proponen, en comunión entre ellos y con el Papa, la doctrina católica que seguir definitivamente. A esta infalibilidad se refirió Juan Pablo II en “Ordinatio sacerdotalis”. Así él no declaró un nuevo dogma, sino, con la autoridad que le fue conferida como sucesor de Pedro, confirmó formalmente e hizo explícito, con el fin de eliminar toda duda, lo que el magisterio ordinario y universal ha considerado a lo largo de toda la historia de la Iglesia como perteneciente al depósito de la fe».

 

El Papa Wojtyla no actuó solo al redactar el documento. Había examinado la cuestión y había consultado previamente a los presidentes de las Conferencias Episcopales «que estaban seriamente interesadas en tal problemática. Todos, sin excepción, han declarado, con plena convicción, por la obediencia de la Iglesia al Señor –escribe Ladaria– que esta no posee la facultad para conferir a la mujer la ordenación sacerdotal».

 

El Prefecto de la Fe también recordó que sobre esta enseñanza «también insistió Benedicto XVI» y que el Papa Francisco ha vuelto a reflexionar sobre el argumento: «él, en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, ha reafirmado que no se pone en discusión “el sacerdocio reservado a los hombres, como signo de Cristo esposo que se entrega en la Eucaristía”, y ha invitado a no interpretar esta doctrina como expresión de poder sino de servicio, para que se perciba mejor la igual dignidad de hombres y mujeres en el único cuerpo de Cristo».

 

En la conferencia de prensa, durante el vuelo de regreso de su viaje apostólico a Suecia, el primero de noviembre de 2016, el Papa Francisco insistió en que «sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia católica, la última palabra la ha dado Juan Pablo II, y esta permanece».


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Quién es Luis Ladaria, jesuita, próximo cardenal

Biografía

Cursó Bachillerato en el Colegio Nuestra Señora de Montesión de Palma de Mallorca. Estudió en la Universidad de Madrid, donde se graduó con una licenciatura en Derecho en 1966. Entró en la Compañía de Jesús el 17 de octubre de 1966. Asistió a la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, y a la Facultad de Filosofía y Teología Sankt Georgen en Fráncfort del Meno, Alemania.

Sacerdote

Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973.

En 1975 obtuvo el doctorado en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, con una tesis titulada El Espíritu Santo en San Hilario de Poitiers, y se convirtió en profesor de teología dogmática de la Universidad Pontificia de Comillas. En 1984, asumió el mismo cargo en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, donde fue vicerrector entre 1986 y 1994.

El papa Juan Pablo II le nombró miembro de la Comisión Teológica Internacional en 1992 y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1995. En marzo de 2004 fue nombrado Secretario General de la Comisión Teológica Internacional y condujo la evaluación de la Comisión sobre el concepto del Limbo a partir de 2006. La Comisión concluyó que hay caminos más apropiados para afrontar la cuestión del destino de los niños muertos antes del bautismo y que, para estos niños, no puede excluirse la esperanza de la salvación.

Arzobispo

El 9 de julio de 2008 es nombrado por el papa Benedicto XVI Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe asignándole la Sede titular de Thibica con dignidad arzobispal. Recibió la consagración episcopal de manos del Cardenal Tarcisio Bertone el 26 de julio del mismo año en la Basílica de San Pedro.

El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado consultor de la Congregación para los Obispos. El 31 de enero de 2009 consultor del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. El 22 de abril de 2009 es sucedido por Charles Morerod, OP, como Secretario General de la Comisión Teológica Internacional. Fue designado consultor del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud el 5 de enero de 2011.

Prefecto Mons. Ladaria

Ladaria es considerado teológicamente conservador, y se adhiere a un retorno a las fuentes anteriores, las tradiciones y símbolos de la Iglesia. También tiene una predilección por la patrología y la cristología. Aunque el teólogo José María Iraburu le acusó en un artículo1​ de que su definición sobre el pecado original está muy alejada de la ortodoxia católica. Es un miembro del equipo de la Santa Sede encargado del diálogo con la Hermandad Sacerdotal San Pío X, que comenzó el 26 de octubre de 2009.

El 19 de mayo de 2014 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Pontificia de Salamanca.

El 2 de octubre de 2014 fue investido “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, al tiempo que se presentó su libro homenaje titulado La unción de la gloria: en el Espíritu, por Cristo, al Padre.

El 1 de julio de 2017 fue nombrado por el Papa Francisco prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica en sustitución del cardenal alemán Gerhard Müller crítico a algunas de las reformas emprendidas por el papa, entre ellas con la metodología empleada en el Sínodo de la Familia convocado por el pontífice.23

El 20 de mayo de 2018 el Papa Francisco anunció que sería nombrado cardenal el 29 de junio.4


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Comentario crítico a una carta de Mons. Ladaria a los obispos

Placuit Deo

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El nuevo Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe; monseñor Luis Ladaria Ferrer -teólogo jesuita- escribe una carta a los obispos católicos que merece nuestra atención porque es su carta de presentación  al encabezar este poderoso Dicasterio vaticano.

Primero, se debe celebrar la publicación de este escrito,  es un gesto de transparencia vaticana que vale la pena subrayar. Sin ser  de los destinatarios de este escrito, podemos aprovechar esta circunstancia  para conocer los enfoques de un pensamiento que  podrá orientar doctrinalmente a los obispos por adelante y opinar al respecto.

Algunos teólogos se alegraron del texto porque encuentran  lo expuesto en este documento en perfecta armonía con los pensamientos del mismo Papa Francisco que se refirió anteriormente a las dos mismas herejías de la Iglesia del siglo V. Esta carta no es larga  y resume la comprensión de la condición del hombre que Cristo  salva haciéndose hombre. Quiere  denunciar algunos  malentendidos actuales respecto a la Salvación divina.

El recuerdo de estas dos antiquísimas herejías coloca claramente los obispos destinatarios de esta carta  frente a  su tarea de vigilantes de la buena fe. Además  este alcance le permite equiparar los errores contemporáneos (simplificándolos mucho) con las deviaciones del principio del cristianismo. Acusa nuestras desviaciones modernas  de individualismo, subjetivismo, autorrealización, autosatisfacción… Así, presentada en negativo,  esta visión permite  orientar la conducción de la Iglesia.

La fundamentación dogmática utilizada tiene difícil de salir del vocabulario y de las nociones añejas para explicar el misterio central del Cristianismo. Don Luis, declara que la Iglesia está siempre reformándose y utiliza algunos conceptos originales pero en su exposición falta mucho para la transformación cultural de la Iglesia que queda tarea inconclusa después del Vaticano II.

El primer reparo que se puede hacer a la carta es el recurso al famoso concepto del  “pecado original”. Al referirse a esta situación humana, esta curiosa “culpabilidad inicial”, los discursos religiosos tartamudean. La teología tradicional y los catecismos no han sido capaces de dar una comprensión moderna de esta condición humana congénita y muchos se quedan con la “culpa  histórica de Adán”.

La “Salvación” no se puede entender sin precisar de qué se salva uno. Se declara que la Iglesia es el” lugar” de salvación, sus medios son “los sacramentos”. Este mismo concepto “Iglesia” molesta porque se le utiliza de repente como el designio de Cristo, otra vez como sacramento universal de salvación (pero se salvan también  los hombres de buena voluntad y  otros cristianos) otra vez  se refiere a ella como  institución eclesial, otra vez como la comunidad ( local o universal) visible de los católicos,  otra vez también designará “la voz autorizada que habla”. Poco se ve lo del “Lumen gentium” y del “Gaudium et Spes”.

Usar por ejemplo esta dicotomía  vetusta del “cuerpo y alma” sale como hablar “chino” para los hombres de hoy. Muchas de nuestras expresiones  tradicionales como la “Encarnación”,  “la Grace”, la “Carne”, les “sacramentos” suenan bastante esotéricas para los que no tuvieron una catequesis profundizada. Si en el tiempo pasado se utilizó la filosofía de la época para predicar el evangelio, ¿no se podría hoy día buscar hablar al unísono con  la(s) cultura(s) actual(es)? Existen ideologías de todo tipo pero  criticando algunos  filósofos actuales y utilizando otros más cristianos se podría inculturar mejor el cristianismo. Además existen estudios del psicoanálisis, de la sociología, de la antropología y de las ciencias en general que pueden facilitar hablar de la Salvación de Cristo a los hombres de hoy.

Son los obispos, los destinatarios titulares de esta carta y se supone que son a su vez teólogos, pero la teología que practican será la que llega a los catecismos, a las predicas y el cristiano de las bancas podrán entender el mensaje o dejar hablar a “los que saben”…Después, se les acusará de vivir la religión a su manera…

El que suscribe reconoce que no era destinatario de este escrito. Reconoce también el atrevimiento que significan estas líneas.

¡Que otros puedan decir las cosas mejor!

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”