Loiola XXI

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Comentario crítico a una carta de Mons. Ladaria a los obispos

Placuit Deo

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El nuevo Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe; monseñor Luis Ladaria Ferrer -teólogo jesuita- escribe una carta a los obispos católicos que merece nuestra atención porque es su carta de presentación  al encabezar este poderoso Dicasterio vaticano.

Primero, se debe celebrar la publicación de este escrito,  es un gesto de transparencia vaticana que vale la pena subrayar. Sin ser  de los destinatarios de este escrito, podemos aprovechar esta circunstancia  para conocer los enfoques de un pensamiento que  podrá orientar doctrinalmente a los obispos por adelante y opinar al respecto.

Algunos teólogos se alegraron del texto porque encuentran  lo expuesto en este documento en perfecta armonía con los pensamientos del mismo Papa Francisco que se refirió anteriormente a las dos mismas herejías de la Iglesia del siglo V. Esta carta no es larga  y resume la comprensión de la condición del hombre que Cristo  salva haciéndose hombre. Quiere  denunciar algunos  malentendidos actuales respecto a la Salvación divina.

El recuerdo de estas dos antiquísimas herejías coloca claramente los obispos destinatarios de esta carta  frente a  su tarea de vigilantes de la buena fe. Además  este alcance le permite equiparar los errores contemporáneos (simplificándolos mucho) con las deviaciones del principio del cristianismo. Acusa nuestras desviaciones modernas  de individualismo, subjetivismo, autorrealización, autosatisfacción… Así, presentada en negativo,  esta visión permite  orientar la conducción de la Iglesia.

La fundamentación dogmática utilizada tiene difícil de salir del vocabulario y de las nociones añejas para explicar el misterio central del Cristianismo. Don Luis, declara que la Iglesia está siempre reformándose y utiliza algunos conceptos originales pero en su exposición falta mucho para la transformación cultural de la Iglesia que queda tarea inconclusa después del Vaticano II.

El primer reparo que se puede hacer a la carta es el recurso al famoso concepto del  “pecado original”. Al referirse a esta situación humana, esta curiosa “culpabilidad inicial”, los discursos religiosos tartamudean. La teología tradicional y los catecismos no han sido capaces de dar una comprensión moderna de esta condición humana congénita y muchos se quedan con la “culpa  histórica de Adán”.

La “Salvación” no se puede entender sin precisar de qué se salva uno. Se declara que la Iglesia es el” lugar” de salvación, sus medios son “los sacramentos”. Este mismo concepto “Iglesia” molesta porque se le utiliza de repente como el designio de Cristo, otra vez como sacramento universal de salvación (pero se salvan también  los hombres de buena voluntad y  otros cristianos) otra vez  se refiere a ella como  institución eclesial, otra vez como la comunidad ( local o universal) visible de los católicos,  otra vez también designará “la voz autorizada que habla”. Poco se ve lo del “Lumen gentium” y del “Gaudium et Spes”.

Usar por ejemplo esta dicotomía  vetusta del “cuerpo y alma” sale como hablar “chino” para los hombres de hoy. Muchas de nuestras expresiones  tradicionales como la “Encarnación”,  “la Grace”, la “Carne”, les “sacramentos” suenan bastante esotéricas para los que no tuvieron una catequesis profundizada. Si en el tiempo pasado se utilizó la filosofía de la época para predicar el evangelio, ¿no se podría hoy día buscar hablar al unísono con  la(s) cultura(s) actual(es)? Existen ideologías de todo tipo pero  criticando algunos  filósofos actuales y utilizando otros más cristianos se podría inculturar mejor el cristianismo. Además existen estudios del psicoanálisis, de la sociología, de la antropología y de las ciencias en general que pueden facilitar hablar de la Salvación de Cristo a los hombres de hoy.

Son los obispos, los destinatarios titulares de esta carta y se supone que son a su vez teólogos, pero la teología que practican será la que llega a los catecismos, a las predicas y el cristiano de las bancas podrán entender el mensaje o dejar hablar a “los que saben”…Después, se les acusará de vivir la religión a su manera…

El que suscribe reconoce que no era destinatario de este escrito. Reconoce también el atrevimiento que significan estas líneas.

¡Que otros puedan decir las cosas mejor!

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

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Entrevista con Mons. Ladaria, jesuita prefecto de la doctrina de la fe.

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Mons. Ladaria: El Papa nos enseña a estar cerca del pueblo de Dios

En una entrevista exclusiva para Vatican News, Mons. Luis Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, habla sobre el significado y la importancia de su colaboración con el Papa Francisco

Ciudad del Vaticano

La misión pastoral de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la obediencia al Papa, la enseñanza y el ejemplo de Francisco: son algunos de los temas tocados por Mons. Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la entrevista concedida a nuestro colega Alessandro Gisotti.

P.- ¿Cuál es el significado más importante de ser Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Pontificado del Papa Francisco?

R.- Para mí es una cuestión, simplemente, de obediencia. El Santo Padre me lo pidió y yo pensé que si el Santo Padre me lo pedía, pues tenía que aceptar. Y no lo pensé más, de verdad, no. No hice otras consideraciones.

P.-  Usted es jesuita como el Santo Padre, ¿esto es importante para comprender y colaborar con el Papa Francisco?

R.- Ciertamente es una ayuda, porque puede haber una sintonía en muchos aspectos y una formación, que no diré común porque no lo ha sido, pero siempre los mismos valores, insistiendo en los mismos problemas, en las mismas cuestiones. Y sí, puede haber una mayor sintonía, una mayor comprensión, una mayor facilidad para la colaboración. Pero quiero añadir que esto es accidental. El Papa es el Papa, antes que ser un jesuita, es el Papa. Entonces, pues, es colaborar con el Papa.

P.- En el encuentro con la Congregación para la Doctrina de la Fe en el mes de enero, Francisco subrayó la misión con un rostro eminentemente pastoral de su Congregación de la teología.  ¿Cuánto es importante este elemento eminentemente pastoral de la teología?

R.- El Papa tiene mucha razón, porque si nosotros tenemos como función promover y defender la fe pues, evidentemente, la promoción de la fe tiene que ver con el anuncio, es algo eminentemente pastoral. Defender también la fe, porque si en algún momento la fe está amenazada por una razón o por otra, también defenderla es algo eminentemente pastoral.

La fe es algo que nos lleva a la salvación, ¿verdad? Y por consiguiente todo lo que sea promover, defender la fe, es eminentemente pastoral. Sin olvidar que nosotros tenemos una responsabilidad en el campo disciplinar. Y también aquí, no es indiferente para la vida de la Iglesia, que estos casos muchas veces tristes, con los cuales nos encontramos, sean tratados también con justicia y sean tratados teniendo muy presente que también esto incide muy profundamente en la vida de fe de las personas.

P.- Como sabemos bien, uno de los puntos claves del pontificado de Francisco es la reforma de la Curia. ¿Cuánto este proceso, iniciado por el Papa Francisco, es importante, impacta en vida de la Congregación para la Doctrina de la Fe?

R.- Ciertamente este proceso para el Papa es muy importante. A nosotros todavía no nos han dado ninguna indicación concreta. En el momento en que nos la hagan ciertamente vamos a cooperar con todo lo que nos digan y colaboraremos con toda lealtad, como siempre hacemos, con el Papa Francisco.

P.- Estamos cerca del quinto aniversario de la elección de Francisco a la Cátedra de Pedro. ¿Cuál es el don más importante que le está ofreciendo este pontificado, la figura del Papa Francisco a usted como sacerdote, como obispo y como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe?

R.- Volvemos a la frase anterior: un rostro eminentemente pastoral que tiene que tener la Congregación, que tenemos que tener todos nosotros.

“ Como sacerdotes, tenemos que estar siempre a la escucha de lo que nos dice el pueblo de Dios, escuchar siempre sus inquietudes y vivir cerca de ellos ”

Y ésta es la lección que nos da el Papa Francisco con su insistencia muy fuerte: “los pastores tienen que estar cerca de las ovejas”, en esta metáfora que viene del Evangelio y que tiene que ser bien entendida. Estar siempre con esa “cercanía” que es lo que el Papa nos pide y de la cual nos da ejemplo. Y creo que esto es algo que nos ayuda a todos a vivir más pastoralmente.


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Comentario al documento “Placuit Deo” de la Doctrina de la fe.

“Jesús único salvador de todo el hombre, no al pelagianismo ni al gnosticismo”

La carta “Placuit Deo” reafirma la enseñanza de la fe cristiana frente a las visiones de quienes solamente confían en las propias fuerzas y en las propias estrategias. Y toma también distancia de quienes creen en la salvación interior y rechazan la carne de Cristo y a la comunidad

“Jesús único salvador de todo el hombre, no al pelagianismo ni al gnosticismo”

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Pubblicato il 01/03/2018
Ultima modifica il 01/03/2018 alle ore 12:24
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal» del hombre y de todos los hombres. «El lugar donde recibimos la salvación traída por Jesús es la Iglesia», cuya intermediación salvífica «nos asegura que la salvación no consiste en la autorrealización del individuo aislado, ni tampoco en su fusión interior con el divino, sino en la incorporación en una comunión de personas que participa en la comunión de la Trinidad». Lo afirma la carta “Placuit Deo” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida a los obispos de la Iglesia católica y dedicada a algunos «aspectos de la salvación cristiana». El objetivo es «resaltar, en el surco de la gran tradición de la fe y con particular referencia a la enseñanza del Papa Francisco, algunos aspectos de la salvación cristiana que hoy pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales».

 

El nuevo documento representa una puntualización doctrinal para contrarrestar, en el actual contexto que acepta «no sin dificultades la confesión de fe cristiana», el individualismo que tiene a ver al hombre como ser cuya realización «depende de sus propias fuerzas».  Jesucristo, en esta visión, se convierte en un modelo que hay que imitar, pues «transforma la condición humana, incorporándonos en una nueva existencia reconciliada con el Padre y entre nosotros a través del Espíritu». Otro de los riesgos presentes en la actualidad es la de «una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios, pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado».

 

Esta segunda visión no logra apreciar el sentido de la encarnación de Cristo, que asumió «nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación». Estas dos tendencias, recuerda la carta del ex Santo Oficio firmada por el Prefecto, el arzobispo Luis Ladaria Ferrer (y aprobada por el Papa Francisco), a menudo aparecen en las meditaciones de Francisco, quien las asocia a dos «antiguas herejías: el pelagianismo y el gnosticismo». En el pelagianismo, el hombre pretende salvarse a sí mismo, con sus fuerzas (y tal vez confiando demasiado en sus estructuras y estrategias), sin reconoce que depende de Dios y que necesita constantemente su ayuda, además de la relación con los demás. En el neo-gnosticismo, la salvación se convierte en algo «meramente interior, encerrada en el subjetivismo», exaltando el intelecto más allá de la «carne de Jesús».

 

«Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo –afirma el documento– deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal. ¿Cómo podría Cristo mediar en la Alianza de toda la familia humana, si el hombre fuera un individuo aislado, que se autorrealiza con sus propias fuerzas, como lo propone el neo-pelagianismo? ¿Y cómo podría llegar la salvación a través de la Encarnación de Jesús, su vida, muerte y resurrección en su verdadero cuerpo, si lo que importa solamente es liberar la interioridad del hombre de las limitaciones del cuerpo y la materia, según la nueva visión neo-gnóstica?».

 

E insiste en que «la salvación consiste en nuestra unión con Cristo», quien, «con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo». Frente a las aspiraciones a la salvación, a la eternidad, a la plena y feliz realización de sí, «la fe en Cristo nos enseña, rechazando cualquier pretensión de autorrealización, que solo se pueden realizar plenamente si Dios mismo lo hace posible, atrayéndonos hacia Él mismo. La salvación completa de la persona no consiste en las cosas que el hombre podría obtener por sí mismo, como la posesión o el bienestar material, la ciencia o la técnica, el poder o la influencia sobre los demás, la buena reputación o la autocomplacencia».

 

Nada de lo que ha sido creado «puede satisfacer al hombre por completo, porque Dios nos ha destinado a la comunión con Él y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él». El documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe recuerda también que, «de acuerdo con la fe bíblica, el origen del mal no se encuentra en el mundo material y corpóreo, experimentada como un límite o como una prisión de la que debemos ser salvados. Por el contrario, la fe proclama que todo el cosmos es bueno, en cuanto creado por Dios, y que el mal que más daña al hombre es el que procede de su corazón. Pecando, el hombre ha abandonado la fuente del amor y se ha perdido en formas espurias de amor, que lo encierran cada vez más en sí mismo».

 

Después de haber recordado que, según el Evangelio, la salvación para todos los pueblos comienza con la aceptación de Jesús y que «la buena noticia de la salvación tienen nombre y rostro: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador», el documento explica «la falta de fundamento de la perspectiva individualista», porque «testimonia la primacía absoluta de la acción gratuita de Dios; la humildad para recibir los dones de Dios, antes de cualquier acción nuestra, es esencial para poder responder a su amor salvífico». Y muestra que «por la acción humana plenamente de su Hijo, el Padre ha querido regenerar nuestras acciones, de modo que, asimilados a Cristo, podamos hacer “buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos”». Al mismo tiempo, «está claro, además, que la salvación que Jesús ha traído en su propia persona no ocurre solo de manera interior. De hecho, para poder comunicar a cada persona la comunión salvífica con Dios, el Hijo se ha hecho carne. Es precisamente asumiendo la carne, naciendo de una mujer, que “se hizo el Hijo de Dios Hijo del Hombre” y nuestro hermano».

 

El documento, ante el reduccionismo individualista pelagiano y el neo-gnosticismo que promete una liberación solamente interior, recuerda la manera en la que Jesús es Salvador: «No se ha limitado a mostrarnos el camino para encontrar a Dios, un camino que podríamos seguir por nuestra cuenta, obedeciendo sus palabras e imitando su ejemplo. Cristo, más bien, para abrirnos la puerta de la liberación, se ha convertido Él mismo en el camino». Y la «salvación consiste en incorporarnos a nosotros mismos en su vida, recibiendo su Espíritu». Él es, «al mismo tiempo, el Salvador y la Salvación». Además, la carta afirma que «el lugar donde recibimos la salvación traída por Jesús es la Iglesia, comunidad de aquellos que, habiendo sido incorporados al nuevo orden de relaciones inaugurado por Cristo, pueden recibir la plenitud del Espíritu de Cristo».

 

La salvación que «Dios nos ofrece, de hecho, no se consigue sólo con las fuerzas individuales, como indica el neo- pelagianismo, sino a través de las relaciones que surgen del Hijo de Dios encarnado y que forman la comunión de la Iglesia. Además, dado que la gracia que Cristo nos da no es, como pretende la visión neo-gnóstica, una salvación puramente interior, sino que nos introduce en las relaciones concretas que Él mismo vivió, la Iglesia es una comunidad visible: en ella tocamos la carne de Jesús, singularmente en los hermanos más pobres y más sufridos».

 

Es decir, «la mediación salvífica de la Iglesia, “sacramento universal de salvación”, nos asegura que la salvación no consiste en la autorrealización del individuo aislado, ni tampoco en su fusión interior con el divino, sino en la incorporación en una comunión de personas que participa en la comunión de la Trinidad». Y la participación, en la Iglesia, «al nuevo orden de relaciones inaugurado por Jesús sucede a través de los sacramentos, entre los cuales el bautismo es la puerta, y la Eucaristía, la fuente y cumbre». Gracias a los sacramentos, «los cristianos pueden vivir en fidelidad a la carne de Cristo y, en consecuencia, en fidelidad al orden concreto de relaciones que Él nos ha dado. Este orden de relaciones requiere, de manera especial, el cuidado de la humanidad sufriente de todos los hombres, a través de las obras de misericordia corporales y espirituales».

 

La carta concluye afirmando que «la conciencia de la vida plena en la que Jesús Salvador nos introduce empuja a los cristianos a la misión, para anunciar a todos los hombres el gozo y la luz del Evangelio». Pero, ¿qué sucede con las relaciones con las demás religiones? «En este esfuerzo», los cristianos «también estarán listos para establecer un diálogo sincero y constructivo con creyentes de otras religiones, en la confianza de que Dios puede conducir a la salvación en Cristo a “todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia”», como se lee en la Constitución conciliar “Gaudium et spes”.


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Documento de la Doctrina de la fe, sobre la salvación cristiana.

Mons. Luis Francisco LADARIA FERRERMons. Luis Francisco LADARIA FERRER 

“Placuit Deo”: La salvación no se reduce a una praxis, gnosis o sentimiento

Publicada la mañana de este jueves, 1 de marzo, la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “Placuit Deo”, dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Se espera que con esta Carta se pueda ayudar a los fieles para que tomen mayor conciencia de su dignidad de hijos de Dios. La salvación no puede reducirse simplemente a un mensaje, a una praxis, o a una gnosis ni siquiera a un sentimiento interior”, lo dijo Mons. Luis Francisco Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la presentación de la Carta de este Dicasterio titulada, “Placuit Deo y dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, la mañana de este jueves, 1 de marzo en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

En su intervención, el Prefecto recordaba que, después de la publicación de la Declaración “Dominus Iesus”, en el año 2000, diversos teólogos pidieron a la Congregación para la Doctrina de la Fe profundizar algunos aspectos ya enunciados en esta Declaración, sobre el tema de la salvación cristiana. En este sentido, afirma Mons. Ladaria, después de haber estudiado y profundizado la temática con algunos Consultores de la Congregación, hoy es presentada la Carta “Placuit Deo”, sobre algunos aspectos de la salvación cristiana.

Dos tendencias en el mundo contemporáneo

El Documento, señala el Prefecto, “pretende resaltar, en el surco de la gran tradición de la fe y con particular referencia a la enseñanza del Papa Francisco, algunos aspectos de la salvación cristiana que hoy pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales”.

Para el hombre de hoy, subraya Mons. Ladaria, la comprensión del anuncio cristiano que proclama a Jesús como el único Salvador de todo el hombre y de toda la humanidad, es percibida con dificultad por dos tendencias en el mundo contemporáneo. Por un lado, el individualismo centrado en el sujeto autónomo tiende a ver al hombre como un ser cuya realización depende únicamente de su fuerza. Por otro lado, se extiende la visión de una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios, pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado.

Desde esta perspectiva, afirma el Prefecto, se hace difícil comprender el significado de la Encarnación del Verbo, por la cual se convirtió miembro de la familia humana, asumiendo nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación.

Pelagianismo y gnosticismo

El Santo Padre, en su Magisterio ordinario, evidencia Mons. Ladaria, muchas veces hace referencia a estas dos tendencias que se asemejan, en algunos aspectos, a dos antiguas herejías: el pelagianismo y el gnosticismo. “En nuestros tiempos, prolifera una especia de neo-pelagianismo para el cual el individuo, radicalmente autónomo, pretende salvarse a sí mismo, sin reconocer que depende, en lo más profundo de su ser, de Dios y de los demás. La salvación es entonces confiada a las fuerzas del individuo, o las estructuras puramente humanas, incapaces de acoger la novedad del Espíritu de Dios”. Y también, un cierto neo-gnosticismo, por su parte, presenta una salvación meramente interior, encerrada en el subjetivismo, que consiste en elevarse «con el intelecto hasta los misterios de la divinidad desconocida».

La salvación consiste en nuestra unión con Cristo

Frente a estas tendencias, precisa el Prefecto, “la presente Carta desea reafirmar que la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos» (Rom 8, 29)”.

Servicio sobre la Carta “Placuit Deo”

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Rueda de Prensa de presentación de la Carta “Placuit Deo”

01 marzo 2018, 11:28


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Intervención en un acto académico del nuevo prefecto de la doctrina de la fe.

Ladaria cita a Ratzinger: el sujeto de la teología es Dios

En la Gregoriana, durante la presentación de un libro sobre el Papa Francisco, fue la primera aparición pública del jesuita que es el nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

La primera aparición en público de monseñor Ladaria como nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

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Pubblicato il 14/12/2017
Ultima modifica il 14/12/2017 alle ore 15:11
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DE VATICANO

 

El jesuita Luis Francisco Ladaria eligió la Pontificia Universidad Gregoriana, en donde enseñó teología antes de que le llamaran al Vaticano, para su primera aparición en público como nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. «Desgraciadamente», confesó con una sonrisa, todos los compromisos le impiden ocuparse de sus antiguos estudios. Pero, durante un poco menos de media hora, el arzobispo español volvió a la cátedra, durante la presentación del libro sobre la “Teología fundamental del Papa Francisco”, en la que tradujo, al final de su discurso, un texto en latín de Joseph Ratzinger: «el teólogo no es el sujeto de la teología, Dios es el sujeto. Quien quiera considerar a Dios como objeto, nunca podrá conocer la verdad».

 

El libro “Del clavo a la clave. La teología fundamental del Papa Francisco” (Libreria Editrice Vaticana, 160 pp.) fue editado por Michelina Tenace, con la aportación de nueve profesores del departamento de Teología Fundamental de la Gregoriana. Estaban en primera fila escuchando a monseñor Ladaria y al director de la LEV, fray Giulio Cesareo, el rector del Ateneo Pontificio de los jesuitas y monseñor Giacomo Morandi, nuevo secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

Al presentar a Ladaria, la profesora Tenace recordó que en el aula en la que se llevó a cabo la presentación del volumen el nuevo prefecto de la Doctrina de la Fe había enseñado y, bromeando, dijo que muchos estudiantes habían ido para «verificar que Ladaria fuera una persona real y no solo el manual de Teología con el que estudian». El mismo jesuita hizo un gesto con las manos, para pedir moderación, cuando la profesora presentó «a una persona tan conocida como el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe».

 

Ladaria, que además vive en la comunidad de los jesuitas de la Gregoriana, advirtió al auditorio, al tomar la palabra, de que no se esperaran una verdadera conferencia: «Mis compromisos actuales –dijo– no me permiten dedicarme como en el pasado a la Teología, mi pasión: ¡desgraciadamente me debo ocupar de otras cosas! Además, un problema de salud en estos meses ha limitado mis actividades. No he podido hacer mucho. Pero quiero agradecer a los profesores que han participado en esta obra sobre la teología del Papa Francisco. Hay, sin duda, originalidad en la obra. Todos conocemos los escritos del Papa sobre la familia, la moral, la evangelización, pero no sobre la teología fundamental. Este denso volumen, aunque breve, afronta algunas cuestiones clásicas de la teología fundamental a partir del magisterio del Papa Francisco. No voy a revelar, como no lo hizo tampoco el director de la LEV, el contenido de este libro, porque también yo, como él, ¡quiero que se venda! Las nueve aportaciones de esta obra son sobre la fe, la palabra, la Iglesia, el magisterio… temas de siempre estudiados con un nuevo impulso. Como dice el Papa Francisco, la teología no es un pensamiento completo y acabado. San Agustín escribía “Deus Semper maior”, aunque nosotros nos volvamos más grandes, Dios será siempre mayor, por lo que habrá que profundizar más, y entre más conozcamos al Señor, más conoceremos su salvación, más nos acercaremos al misterio, porque Dios nos parecerá siempre misterioso. Este conocimiento no será tal si no nace en la relación con Dios en la oración y en la comunión con los demás. El Papa Francisco ha recordado que la teología se hace “de rodillas”. Y el título de esta obra expresa bien la preocupación del Papa Francisco. De hecho, si la teología fundamental, si toda la teología tiene sentido, es porque nos permite entrar en el corazón de Dios, en el corazón de Jesús, nos ayuda a abrirnos al prójimo y a la caridad. Hay un hermoso texto en el que san Bernardo habla sobre “Arcana Cordis per foramina corporis”, llegamos al corazón mediante el costado de Jesús, el hueco del cuerpo nos hace entrar al corazón. En esto es interesante el método del Papa Francisco, porque su pensamiento es intuitivo, más que argumentativo, lo cual –subrayó Ladaria– no significa que no tenga un pensamiento, a veces se crea confusión. Y estoy seguro de que los profesores que escribieron este libro no han solamente ofrecido una contribución académica, puesto que entrar en contacto con el pensamiento del Papa Francisco habrá abierto un camino que después será continuado».

 

«De cualquier manera –prosiguió el jesuita con una sonrisa– tiene poco sentido que ahora yo hable sobre Teología, prefiero citar a teólogos como Santo Tomás de Aquino, según el cual la Teología y la Filosofía tienen el mismo sujeto de estudio, pero la Teología se mueve bajo la luz de la divina revelación. Dios es “subjectum”, es el objeto de la teología pero es también su sujeto. En esto Santo Tomás tenía otra perspectiva con respecto a San Agustín, es la perspectiva de la Teología que escucha lo que Dios ha dicho, la obediencia de la fe citada por San Pablo. Y, como subrayó la comisión teológica internacional en 2012, en el documento “La teología hoy: perspectivas, principios y criterios”, la Teología se hace en la Iglesia, con la Iglesia y para la Iglesia. Les leo ahora un texto de Joseph Ratzinger, traduciéndolo del latín: “Dios no es el objeto, sino el sujeto. El teólogo no es el sujeto de la teología, Dios es el sujeto. Quien quiera considerar a Dios como objeto nunca podrá conocer su verdad. Por ello, la teología, en sentido estricto, es solamente la escritura sagrada, la Palabra de Dios, y el maestro de la teología es oidor de la palabra, que no pone su inteligencia y sabiduría en primer plano, sino que da lugar a Dios que habla. El verdadero teólogo no habla sobre sí mismo, su noble ministerio es abrir las orejas interiores para que se pueda escuchar que Dios habla”. Sería hermoso que los teólogos hicieran oír a los demás cómo Dios habla, como si fueran altavoces de Dios que habla. El Papa Francisco ha relacionado este conocimiento con el amor. En la encíclica “Lumen fidei”, en el número 36, escribió que la Teología cristiana nace del deseo de “conocer mejor lo que amamos”. Es el amor de Dios, el amor de Cristo, el amor de la Iglesia, el amor del hombre. Es, pues, imposible, una Teología sin fe, la Teología pertenece al movimiento mismo de la fe que busca el momento más profundo de la iluminación de Dios que culminó en Cristo. Los grandes doctores y teólogos medievales escribían que la Teología es ciencia de la fe y participación del conocimiento que Dios tiene de sí. Forma parte de la Teología la humanidad que se deja tocar por Dios, reconoce los propios límites frente al misterio. Y la Teología comparte la forma eclesial de la fe, porque la Iglesia custodia la fe de todos, sobre todo de los más simples. El magisterio, en este sentido, ofrece la certeza de acudir a la palabra de Cristo en su integridad. Pues eso –concluyó Ladaria suscitando un gran aplauso–, preferí citar textos infinitamente más ricos de lo que yo habría podido concebir».

 

 

La profesora Tenace contó con sentido del humor cómo nació la idea del título de la obra: «El clavo sirve para cerrar, la clave para abrir, abrir al misterio de Dios. La palabra “clavo” fue usada por el Papa Francisco durante la audiencia a la Pontificia Universidad Gregoriana. Al momento de saludar a cada director, el Papa decía: “qué bella la teología bíblica”, “qué bella la teología dogmática”. Cuando llegué yo, me vio casi con compasión, y dijo: “¡la teología fundamental es un clavo que chupar!”. No hay que sacar las expresiones del Papa fuera del contexto en el que las pronunció: acababa de concluir su discurso, una especie de exhortación a verificar si la Teología que cierra, que deja estériles, acostumbra a los creyentes a cerrar las puertas. El Papa, en cambio, indicó la vía de una Teología capaz de abrirse, de encontrar vías de esperanza».

 

El nuevo director de la Librería Editrica Vaticana, el franciscano Giulio Cesareo, que refirió los saludos del prefecto de la Secretaría para la Comunicación, monseñor Dario Viganò, subrayó que la tarea de la LEV es «promover el catolicismo como vida y pensamiento, orgánicamente, proponer la Teología en sentido católico, integral, que no exprese ideas sobre Dios, sino a ese Dios que es vida de su Iglesia». Al comenzar su discurso, Ladaria recordó, como hizo antes que él el padre Dariusz Kowalczyk, decano de la Facultad de Teología de la Gregoriana, la extraordinaria figura del padre René Latourelle, teólogo del Ateneo que falleció el pasado 16 de noviembre a la edad de 99 años.


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Quién es Luis Ladaria, nuevo prefecto de la Doctrina de la Fe

Quién es Luis Ladaria, el nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

2017-07-04
El cardenal Joseph Ratzinger se fiaba de él y nombró a Luis Ladaria “secretario” de la Comisión Teológica Internacional, es decir, su coordinador general.Cuatro años más tarde, como Papa, Benedicto lo hizo número dos de la que había sido durante años “su” Congregación para la Doctrina de la Fe.
Ahora Francisco ha dejado en sus manos este mismo departamento. Una congregación que conoce a la perfección y en la que es muy querido.
En esta entrevista de julio de 2008 habló del trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe, y recordó que se dedica por este orden a “promover y tutelar” la doctrina católica.
LUIS LADARIA
Prefecto, Congregación para la Doctrina de la Fe
“‘Promover’ quiere decir que la fe sea conocida, que la fe sea vivida; y ‘tutelar’ quiere decir evitar que se produzcan desviaciones. Yo creo que lo que se pretende es promover y tutelar. Y en primer lugar, promover. A veces se crean unos clichés que no responden a la realidad”.
Es español, tiene 73 años y en 1966 entró en la Compañía de Jesús. Estudió Derecho y Teología. Recuerda con cariño sus años en esta universidad, la Gregoriana de Roma.
LUIS LADARIA
Prefecto, Congregación para la Doctrina de la Fe
“Aquí me he dedicado a enseñar diferentes materias de la Dogmática, la Antropología Teológica y la Teología Trinitaria. La enseñanza en la Gregoriana es muy bonita, porque aquí tenemos alumnos de más de 120-130 países, una variedad enorme; y esta internacionalidad es un aliciente impresionante: los diferentes puntos de vista y diferentes mentalidades que esto significa, siempre en unión de la Fe, y la unión de la Iglesia. Y esto para mí ha sido siempre una experiencia muy agradable”.
Los observadores dicen que el nombramiento de Luis Ladaria como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe es el segundo más importante del pontificado de Francisco, después del de Pietro Parolin como secretario de Estado.
Una apuesta por un profesor discreto, dialogante y trabajador, que se convierte en uno de los puntos de referencia del Vaticano de Francisco.


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Prefectos en la doctrina de la fe del Vaticano. Comentario

Francis replaces Cardinal Muller with deputy Ladaria as head of doctrinal congregation

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Pope Francis has decided not to renew the expiring term of Vatican doctrinal chief Cardinal Gerhard Muller, choosing instead to replace the German prelate with his deputy, a Spanish Jesuit theologian known for keeping a relatively low public profile.The pontiff has appointed Archbishop Luis Ladaria, 73, as the new prefect for the Congregation for the Doctrine of the Faith. He had previously served as the office’s secretary.

A Vatican statement announcing the appointment Saturday did not say whether Muller would be receiving a new role. At 69 years old he is six years away from the traditional retirement age for bishops. It is unusual for a cardinal of that age not to have an official posting.

The Vatican statement simply said the pope thanked Muller for his service at the conclusion of his five-year term as prefect, which began with his appointment by former Pope Benedict XVI on July 2, 2012.

Saturday’s announcement had been highly anticipated over the past day, as rumors began to circulate that Muller would be leaving his position following a meeting the cardinal had Friday with Francis.

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The pope’s choice of Ladaria, who has served at the doctrinal congregation since his own appointment by Benedict in 2008, seems to signify that Francis did not want a radical shake-up at the Vatican office, but simply a change in personnel.

Prior to his appointment at the Vatican, Ladaria had taught at the Pontifical Gregorian University and served as its vice-rector. From 2004-2009 he was the secretary general of the International Theological Commission.

The archbishop is also the president of the new papal commission studying the possibility of women deacons in the church, having been appointed to that role by Francis last August.

Before becoming the head of the doctrinal congregation, Muller had served for ten years as the bishop of the southeastern German diocese of Regensburg. He is known to be close to Benedict, who studied and taught at the University of Regensburg prior to becoming a bishop.

But Muller and Francis never appeared to develop an especially warm relationship. Most recently, the cardinal has been inconsistent about his position regarding the teaching authority of Francis’ exhortation on family life, Amoris Laetitia (“The Joy of Love.”)

After four cardinals publicly challenged Francis last November to answer questions about what they see as inconsistencies in the document, Muller said in January that the exhortation was “very clear” and that cardinals should not challenge the pope publicly.

But the cardinal appeared to contradict Francis’ teaching in the document in a May interview with EWTN. Asked about the possibility of the church giving Communion to those who have remarried without first receiving annulments, the cardinal stated: “We don’t accept polygamy.”

In Amoris Laetitia Francis asked pastors to use pastoral discernment in such cases and said that in some instances such discernment “can include the help of the sacraments.” The pope has also praised a set of guidelines issued by Argentine bishops that said divorced and civilly remarried couples might eventually be allowed to receive Communion.

Muller was also publicly questioned in recent months over his willingness to implement recommendations of the new papal commission on clergy sexual abuse, even in instances when Francis had approved them.

When Irish abuse survivor Marie Collins resigned March 1 from the Pontifical Commission for the Protection of Minors, she noted in a statement to NCR that Francis’ order for the creation of a new Vatican tribunal to judge bishops who mishandled abuse cases was found by Muller’s congregation to have “legal” difficulties and was never created.

Collins also noted that an order approved by Francis requiring all Vatican offices to respond to letters from abuse victims was not implemented by at least one congregation.

In a March 5 interview, Muller appeared to admit that his congregation was among those that ignored that papal order, saying that if the Vatican responded to victims’ letters it would not respect the role of diocesan bishops in such matters.

Muller also appears not to agree with Francis’ decision to create the commission studying the possibility of women deacons. He said in the May EWTN interview that it is “not possible” for women to be ordained to the diaconate and that female deacons “will not come.”

Francis made Muller a cardinal in February 2014, as part of the first group of 19 cardinals appointed by the then-new pontiff.

The doctrinal congregation is tasked with promoting correct interpretations of Catholic doctrine and theology. The office also handles investigations of clergy accused of abusing minors.

As part of his new role, Francis also appointed Ladaria Saturday to lead the Pontifical Commission Ecclesia Dei, the Pontifical Biblical Commission, and the International Theological Commission.

The archbishop graduated from the University of Madrid with a degree in civil law. He earned a doctorate in theology at the Gregorian with a dissertation on “The Holy Spirit in St. Hillary of Poitiers.”

Ladaria is the sixth prefect of the doctrinal office since the end of the Second Vatican Council in 1965. Besides Muller, he follows Cardinals Afredo Ottaviani, Franjo Seper, Joseph Ratzinger (future pope Benedict), and William Levada.

Muller’s tenure as prefect is the shortest of that group. U.S. Cardinal Levada’s is the next shortest, with him having served seven years in the role. Croatian Cardinal Seper, with 13 years, and Ratzinger, with nearly 24, served the longest terms.

John Paul II replaced Seper as prefect in 1981, three years after he had been elected as pontiff in 1978. But Seper had turned 75 at that point and would die the month following his replacement.

Ladaria’s appointment immediately appears as one of Francis’ most significant among the Vatican’s highest-level roles since his election as pontiff in March 2013.

In terms of the city-state’s most prominent offices, the pope has only appointed two other such leaders: Italian Cardinal Pietro Parolin as Secretary of State and Guinean Cardinal Robert Sarah as the prefect for the Congregation of Divine Worship and the Discipline of the Sacraments.

[Joshua J. McElwee is NCR Vatican correspondent. His email address is jmcelwee@ncronline.org. Follow him on Twitter: @joshjmac.]