Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Mexico: otro sacerdote asesinado.

P. Juan Miguel Contreras GarcíaP. Juan Miguel Contreras García 

Asesinado un sacerdote en México, dolor de los Obispos Mexicanos

Comunicado de prensa de los Obispos de México expresando su profundo dolor, tristeza y consternación, ante el asesinato del sacerdote, Juan Miguel Contreras García, de la Arquidiócesis de Guadalajara.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“A nuestras autoridades competentes, solicitamos con firmeza, una vez más, investigar exhaustivamente, hasta aclarar los hechos, para actuar conforme a la justicia, y no permitir que éste, ni los demás crímenes en nuestra nación, queden impunes”, lo escriben los Obispos de México en un Comunicado de prensa expresando su profundo dolor, tristeza y consternación, ante el asesinato del sacerdote, Juan Miguel Contreras García, de la Arquidiócesis de Guadalajara.

“Hacemos un urgente llamado – escriben los Obispos – para construir una cultura de paz y de reconciliación. Estos lamentables acontecimientos nos llaman a todos, a una conversión mucho más profunda y sincera. Es tiempo de mirar con honestidad nuestra cultura y sociedad, para preguntarnos por qué hemos perdido el respeto a la vida, y a lo sagrado”.

Además, los Prelados piden a los fieles católicos, acompañar a sus sacerdotes, con la oración, sobre todo, en el servicio pastoral de las comunidades que se les han encomendado. Asimismo, piden a aquellos que menosprecian y arrebatan la vida por cualquier causa, a dejarse mirar por el rostro bondadoso de Dios, para deponer no solo las armas, sino el odio, el rencor, la venganza, y todo sentimiento destructivo.

Finalmente, a la familia del Padre Juan Miguel, a la comunidad parroquial de San Pio de Pietrelcina, Hacienda Santa Fe, Tlajomulco, Jalisco, en la que servía, al Presbiterio, a los nuevos obispos de Guadalajara, a sus religiosos, así como a sus grupos y movimientos, los Obispos expresan su cercanía en la oración y la fraternidad.

Que Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de la Paz, nos auxilie y acompañe, para reconocernos todos hermanos y custodiemos la única familia, que todos formamos.

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Mexico: otro sacerdote asesinado

México: Asesinan a otro sacerdote dentro de una iglesia

Jueves 19 Abr 2018 | 12:11 pm

Sacerdote mexicano asesinado dentro de un templo ver más

Cuautitlán Izcalli (México) (AICA): El presbítero Rubén Alcántara Díaz, de 50 años, párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Cuautitlán Izcalli, México fue asesinado este m

El presbítero Rubén Alcántara Díaz, de 50 años, párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Cuautitlán Izcalli, México fue asesinado este miércoles 18 de abril, con un arma blanca por un hombre con el que discutió momentos antes de celebrar la misa.

El obispo de Izcalli, monseñor Francisco González Ramos, informó en el sitio web de la diócesis que “Con profunda tristeza comunicamos el asesinato del padre Rubén Alcántara Díaz, quien era vicario judicial de la diócesis de Izcalli”.

Por su parte, la fiscalía del Estado de México dijo que inició una investigación por “un homicidio registrado en el interior de una iglesia en la colonia Cumbria, en el municipio de Cuautitlán Izcalli”.

Testigos del lugar manifestaron que el agresor después de ver al religioso tirado en el suelo huyó del lugar.

Se detalló que los policías municipales organizaron un operativo para localizar al agresor, pero no tuvieron éxito. Feligreses de la parroquia se congregaron para rezar y llorar la muerte del sacerdote.

La policía informó que con los datos aportados por la secretaria del sacerdote, que vio al presunto homicida cuando se daba a la fuga, ya se iniciaron con las investigaciones correspondientes y confiaron en ubicarlo y detenerlo de un momento a otro.

Con ese asesinato ya son 22 los sacerdotes asesinados en México en los últimos años.+


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Misa del Papa para 550 misioneros de la misericordia.

Francisco: “No a sacerdotes exaltados, sino simples, mansos y equilibrados”

El papa celebra la misa en la Basílica vaticana con 550 Misioneros de la Misericordia: «Tengan un estilo de vida “contagioso” hacia el exterior», «que la unidad prevalezca sobre las divisiones»
ANSA

El Papa en la Basílica de San Pedro

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Pubblicato il 10/04/2018
Ultima modifica il 10/04/2018 alle ore 14:29
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

 

A los 550 Misioneros de la Misericordia que llenan la Basílica vaticana para la misa de hoy con el Papa, este último recordó la importancia de su ministerio, instituido durante el Jubileo de 2016, con la concesión de remitir incluso los pecados graves normalmente reservados a la Sede Apostólica, pero con un importante consejo: «cuidado», dijo, con no transformarse en «sacerdotes exaltados, como si fueran despositarios de algún carisma extraordinario».

 

Sí, es cierto que «el Evangelio recuerda que quien está llamado a dar testimonio de la Resurrección de Cristo debe, él mismo, en persona, “nacer desde lo alto”», pero lo que se necesita son «sacerdotes normales, simples, mansos, equilibrados, capaces de dejarse regenerar constantemente por el Espíritu, dóciles a su fuerza, interiormente libres, principalmente de sí mismos –porque son movidos por el “viento” del Espíritu que sopla donde quiere», subrayó Bergoglio durante la misa al final del segundo encuentro en Roma de los Misioneros organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evnagelización, del 8 al 11 de abril.

 

 

El Papa recibió hoy por la mañana, en el Palacio Apostólico, a los sacerdotes de cinco continentes en una audiencia privada. Al reunirse nuevamente con ellos en la basílica, recordó «dos aspectos inseparables» de esta especie de misión que les encomendó hace dos años y prorrogada tras la conclusión del Jubileo: «el renacimiento personal y la vida de la comunidad». Es decir, ponerse «al servicio de las personas, para que “renazcan desde lo alto”», y «al servicio de las comunidades, para que vivan con alegría y coherencia el mandamiento del amor»: en estas dos direcciones debe moverse el ministerio de estos agentes de la misericordia.

 

En relación con el primer punto, el Pontífice advirtió que no deben volverse como «Nicodemo que, a pesar de ser maestro en Israel, no comprendía las palabras de Jesús cuando decía que para “ver el reino de Dios” hay que “desde lo alto”, nacer “de agua y Espíritu”. Nicodemo –recordó el Papa– no comprendía la lógica de Dios, que es la lógica de la gracia, de la misericordia, por la que quien se hace pequeño es grande, quien se vuelve el último es el primero, quien se reconoce malvado es curado. Esto significa dejar verdaderamente el primado al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo en nuestra vida».

 

Desde esta conciencia nace la segunda indicación de Francisco en relación con el servicio a la comunidad: «Ser sacerdotes capaces de “elevar” en el “desierto” del mundo el signo de la salvación, es decir la Cruz de Cristo, como fuente de conversión y de renovación para toda la comunidad y para el mundo mismo». «El Señor muerto y resucitado es la fuerza que crea la comunión en la Iglesia y, mediante la Iglesia, en la humanidad entera». También recordó que «esta fuerza de comunión» se había manifestado siglos antes en la comunidad de Jerusalén en donde los creyentes vivían con «un corazón solo y un alma sola», compartiendo los bienes y nunca abandonando a nadie necesitado.

 

Un estilo de vida que era «contagioso hacia el exterior», observó el Papa: «la presencia viva del Señor Resucitado produce una fuerza de atracción que, mediante el testimonio de la Iglesia y a través de las diferentes formas de anuncio de la Buena Noticia, tiene a alcanzar a todos, sin exclusión». Debe incluirse en esta dinámica el ministerio específico de los Misioneros de la Misericordia, porque, insistió Francisco, «tanto la Iglesia como el mundo de hoy tienen particular necesidad de la Misericordia, para que la unidad querida por Dios en Cristo prevalezca sobre la acción negativa del maligno que aprovecha muchos medios actuales, en sí buenos, pero que, utilizados mal, en lugar de unir, dividen».

 

«Nosotros –concluyó el Papa citando su “Evangelii gaudium” – estamos convencidos de que “la unidad es superior al conflicto”, pero sabemos que sin la Misericordia este principio no tiene la fuerza para hacerse concreto en la vida y en la historia».

El Papa: el confesor no debe ser inquisidor o hacer que se avergüence quien se arrepiente

Francisco recordó a los Misioneros de la Misericordia que «el hijo pródigo no tuvo que pasar por la aduana». Siria, la depresión y las dudas sobre el abandono de Dios: «Su amor derrota cualquier soledad»
ANSA

El Papa con los misioneros de la misericordia

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Pubblicato il 10/04/2018
Ultima modifica il 10/04/2018 alle ore 18:24
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

 

No es necesario «hacer que siente vergüenza» a quien sabe que se ha equivocado; tampoco es necesario ser inquisidores cuando la gracia del Padre ya ha intervenido porque «no se permite violar el espacio sacro de una persona en su relacionarse con Dios». El Papa Francisco recibió a los Misioneros de la Misericordia y volvió a explicar el sentido profundo del «sacramento de la reconciliación» (confesionario), indicando el ejemplo de dos grandes confesores de Buenos Aires y de un cardenal del Vaticano («Hablamos tan mal de la Curia romana, pero aquí adentro también hay santos»).

 

El «hijo pródigo» de la parábola evangélica «no tuvo que pasar por la aduana», recordó Francisco, e insistió en que la Iglesia no debe «crear ninguna barrera o dificultad que obstaculice el acceso al perdón del Padre», así como tampoco descuidar «los pasos que una persona está dando día a día» para «defender la integridad del ideal evangélico». Frente a dramas que «hacen surgir en muchos la duda sobre el abandono de Dios», desde la situación de estos días en Siria hasta los problemas personales como la depresión, el Pontífice argentino subraya que «la misericordia toma de la mano e infunde la certeza de que el amor con el que Dios ama derrota cualquier forma de soledad y abandono».

 

Los Misioneros de la Misericordia, reunidos en estos días en el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, guiado por monseñor Rino Fisichella, son una figura de confesores que habrían debido llevar a cabo su tarea por el mundo no solo en el periodo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia (del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016). Pero, dijo el Papa a 550 de ellos, con quienes después celebró una misa en San Pedro, «reflexionando sobre el gran servicio que han dado a la Iglesia, y sobre cuánto bien han hecho y ofrecido a muchos creyentes con su predicación y, sobre todo, con la celebración del sacramento de la Reconciliación, me ha parecido oportuno que su mandato» se extienda un poco más, puesto que «he recibido muchos testimonios de conversiones que se han realizado mediante el servicio de ustedes».

 

 

«Siempre debemos insistir, pero sobre todo, en relación con el sacramento de la Reconciliación, en que la primera iniciativa es del Señor; es Él quien nos precede en el amor, pero no de manera universal, sino caso por caso», subrayó Francisco, quien recordó también un neologismo español muy importante para él, el del verbo “primerear”, «para expresar precisamente la dinámica del primer acto con el que Dios viene a nuestro encuentro». Por este motivo, «cuando se acerca a nosotros un penitente, es importante y consolador reconocer que tenemos ante nosotros el primer fruto del encuentro ya acaecido con el amor de Dios, que con su gracia ha abierto su corazón y lo ha vuelto disponible a la conversión», insistió el Papa. «Nuestra tarea (y este es un segundo paso) consiste en no hacer vana la acción de la gracia de Dios, sino sostenerla y permitir que llegue a cumplirse. A veces, desgraciadamente, puede suceder que un sacerdote, con su comportamiento, en lugar de acercar al penitente lo aleja. Por ejemplo –subrayó– para defender la integridad del ideal evangélico se descuidan los pasos que una persona está dando día a día. No es así que se alimenta la gracia de Dios. Reconocer el arrepentimiento del pecador equivale a acogerlo con los brazos abiertos de par en par, para imitar al padre de la parábola que acoge al hijo cuando vuelve a casa, significa no dejar ni siquiera que termine de hablar».

 

Jorge Mario Bergoglio reflexionó en varias ocasiones en su dircurso sobre la parábola evangélica del del “hijo pródigo” acogido a pesar de sus errores por el «padre misericordioso». «El hijo pródigo no tuvo que pasar por la aduana: fue acogido por el Padre, sin obstáculos», dijo Francisco invitando a los Misioneros de la Misericordia a ser «signo concreto de que la Iglesia no puede, no debe y no quiere crear ninguna barrera o dificultad que obstaculice el acceso al perdón del Padre». En la parábola, «el papá ni siquiera lo dejó terminar de hablar, lo abrazó. Él ya tenía el discurso preparado, pero (el padre) lo abrazó. Significa no dejar ni siquiera que termine las palabras que ya había preparado para pedir perdón, porque el confesor ya ha comprendido cada cosa, seguro de la experiencia de ser también él un pecador. No hay que hacer que sienta vergüenza quien ha ya reconocido su pecado y sabe que se ha equivocado, no es necesario ser inquisidor (esos confesores que pregunta, preguntan diez, veinte, treinta, cuarenta minutos… “Y, ¿cómo fue hecho? ¿Y cómo?…”; no es necesario inquirir en donde la gracia del Padre ya ha intervenido, no está permitido violar el espacio sacro de una persona en su relacionarse con Dios».

 

Al respecto, el Papa latinoamericano puso un «ejemplo de la Curia romana», al que ya se había referido en el pasado: «Hablamos tan mal de la Curia romana, pero aquí adentro hay santos. Un cardenal, prefecto de una Congregación, tiene la costumbre de ir a confesar a Santo Spirito, en Sassia, dos, tres veces a la semana (tiene su horario fijo), y él, un día, explicando, dijo: cuando me doy cuenta de que una persona comienza a fatigar al decir, y yo ya he comprendido de qué se trata, digo: “He comprendido, sigue adelante”. Y esa persona “respira”. Es un buen consejo: cuando se sabe de qué se trata, “he comprendido, sigue adelante”».

 

Bergoglio también se detuvo para reflexionar sobre las consecuencias del perdón que nace de la misericordia divina. «Dios libra del miedo, de la angustia, de la vergüenza, de la violencia. El perdón es verdaderamente una forma de liberación para devolver la alegría y el sentido de la vida», dijo. «La misericordia, liberando, restituye la dignidad», insistió.

 

Esto significa, explicó el Papa, que el perdón y la misericordia permiten mirar de nuevo la vida con confianza y empeño; Francisco también citó al fundador de los jesuitas, san Ignacio de Loyola («permítanme un poco de publicidad de familia»), y recordó el concepto de «consolación» interna que «aplasta cualquier turbación y atraer interiormente al amor del Señor», que corre el riesgo de perder con una «espiritualidad de las quejas».

 

Recordando las palabras de Jesús en la cruz, «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», el Papa indicó que «las palabras del Crucificado parecen resonar en el vacío, porque este silencio del Padre por el Hijo es el precio que hay que pagar para que nadie se sienta abandonado por Dios. El Dios que ha amado al mundo hasta el punto de dar a su Hijo, hasta el punto de abandonarlo en la cruz, nunca podrá abandonar a nadie: su amor estará siempre allí, cerca, más grande y más fiel que cualquier abandono». «La misericordia toma por la mano e infunde la certeza de que el amor con el que Dios derrota cualquier tipo de soledad y abandono».

 

«De esta experiencia», continuó Francisco, pidiendo perdón por lo largo de su discurso, «los Misioneros de la Misericordia están llamados a ser intérpretes y testigos». Por ello los exhortó a nunca ponerse «por encima de los demás, como si fueran jueces ante los hermanos pecadores», a tener «un estilo de vida coherente con la misión que hemos recibido», y, a los que han sido nombrados obispos mientras tanto, deseó «que no hayan perdido la capacidad de “misericordiar”».

 

Antes de concluir el discurso, el Papa recordó, como ejemplo, a dos grandes confesores (a quienes ha ya citado antes durante su Pontificado), al padre José Aristi, al que le “robó” la cruz del Rosario, y el padre Luis Dri, que, ante el escrúpulo de conceder demasiadas absoluciones, dice ante el crucifijo: «Señor, perdóname, hoy he perdonado demasiado. Perdóname… Pero fuiste tú el que me dio el mal ejemplo».

 


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El asesinato de un sacerdote en jueves santo en El Salvador y la petición de los obispos.

La Iglesia exige justicia sobre el asesinato de un sacerdote en Jueves Santo

Martes 3 Abr 2018 | 11:59 am

San Salvador (El Salvador) (AICA):

 El arzobispo de San Salvador y presidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador, monseñor José Luis Escobar Alas, exigió a las autoridades justicia y esclarecimiento sobre el asesinato del sacerdote Walter Osmín Vásquez a manos de pandilleros en Lolotique el pasado Jueves Santo.

“Exigimos a las autoridades pertinentes se esclarezcan los hechos cuanto antes y se haga justicia, a la vez que expresamos nuestra sincera solidaridad a la diócesis de Santiago de María y a la familia del padre Vásquez” expresó el arzobispo en conferencia de prensa.

La iglesia salvadoreña calificó el crimen como “abominable” al igual que todos los crímenes que se cometen en el país. Asimismo, señaló que la situación “gravísima” de violencia que se vive en El Salvador debe ser combatida y superada mediante un mejor esfuerzo nacional.

“La situación de violencia es grave, no solo la muerte de nuestro hermano sacerdote nos conmueve, sino la de todos los salvadoreños que mueren, no hay derecho”, agregó monseñor Escobar y señaló que la lucha contra la violencia criminal no debe involucrar solo al gobierno, “sino que es un tema que nos compete a todos”.

Por su parte, el obispo auxiliar de San Salvador, cardenal Gregorio Rosa Chávez reflexionó sobre la necesidad de Iniciar una campaña de oración, sacudir la pereza y preguntarnos ¿Qué puedo hacer yo, para cambiar esta situación?”.

El Jueves Santo, 29 de marzo, presuntos pandilleros asesinaron al sacerdote Walter Osmir Vásquez, de 36 años, quien fue sepultado el pasado Domingo de Resurrección en la localidad de Lolotique (de donde era originario), tras una misa en la parroquia de esa localidad.

El asesinato del padre Vásquez –ultimado a balazos cuando se dirigía a participar de las celebraciones de la Semana Santa en la ciudad de Lolotique, a 130 kilómetros al este de San Salvador— llenó de estupor a los fieles de esta pequeña nación centroamericana que se apresta a celebrar la canonización del mártir Oscar Arnulfo Romero.

El padre Vásquez había sido ordenado el 13 de febrero de 2010 y designado como vicario en la parroquia Nuestra Señora de la Merced del municipio de Mercedes Umaña, perteneciente a la diócesis de Santiago de María. Hasta el momento no se tienen indicios del “móvil” del asesinato, toda vez que el sacerdote, tras sufrir el robo de sus pertenencias, fue “ejecutado” por los sicarios.

La diócesis de Santiago de María emitió un comunicado en el que condenó todo tipo de violencia, “de manera especial este hecho que sucede en el contexto de la Semana Santa, a pocas horas de que el padre Walter había renovado sus promesas sacerdotales” durante la Misa Crismal.

Asimismo, el obispo de la diócesis de Santiago de María, William Iraheta Rivera, agradeció “la disponibilidad de las autoridades ante tan sacrilegio hecho” y confió en que “se realizaran las diligencias respectivas para dar con los responsables del crimen y que se haga justicia”.

Según cifras oficiales en El Salvador, durante 2017, se registraron 3.962 homicidios, 60 por cada 100.000 habitantes, una de las tasas más altas del mundo. Los asesinatos, como el del sacerdote Vásquez, son atribuidos, principalmente, a las pandillas Mara Salvatrucha (MS13), Barrio 18 y otras menos conocidas pero igual de letales, que operan en todo el territorio salvadoreño.+


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Libro del Papa a los sacerdotes.

2018-03-29 Santa Messa del CrismaEl Papa preside la celebración de la Misa Crismal  (Vatican Media)

El Papa regala un libro de sugerencias a los sacerdotes

“Deseos y sugerencias” que “surgen espontáneamente del corazón cuando un Obispo habla con sus sacerdotes”. Lo afirma el Santo Padre al agradecer el libro del jesuita argentino Diego Fares, escritor de “La Civiltà Cattolica”, titulado: “Diez cosas que el Papa Francisco propone a los sacerdotes” y que el Pontífice regaló ayer a los concelebrantes y diáconos tras la Misa Crismal

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Ayer, Jueves Santo, al término de la Santa Misa Crismal, el Pontífice regaló a todos los concelebrantes y a los diáconos, una copia del libro del Padre Diego Fares titulado “Diez cosas que el Papa Francisco propone a los sacerdotes” (Editado en Milán por la editorial “Àncora”, que consta de 95 páginas,  mientras la traducción en lengua española se encuentra en las Publicaciones Claretianas de Madrid en la colección “Papa Francisco”).

Difundan alegría del Evangelio

En el texto el autor recoge y comenta diez recomendaciones prácticas y espirituales especialmente queridas por el Papa. Algunas de estas recomendaciones, explica el jesuita argentino, “se expresan mediante la fórmula ‘no pierdan’”, que representa un “modo de aconsejar en la perspectiva de la gracia, y no en la del debe ser”. Así por ejemplo, se parte del “pongan el corazón”, para llegar a “hablen al corazón de la gente” o “el buen sacerdote se reconoce por cómo es ungido su pueblo”.

Naturalmente el Santo Padre escribió una carta de agradecimiento al Padre Diego Fares en la que se lee:

“Querido Diego, gracias por tu libro ‘Diez cosas que el Papa Francisco propone a los sacerdotes’, en el que reflexionas sobre algunos de mis deseos y sugerencias, esos que surgen espontáneamente del corazón cuando un Obispo habla con sus sacerdotes. Siento que el libro es fruto de años de acompañamiento de tantos clérigos, en Argentina y aquí en Roma; años de escucha, de Ejercicios dados, de ayuda a discernir…

Me parece algo bueno que en el centro del ministerio sacerdotal se ponga el ‘no perder el celo apostólico’. Siempre he creído que es ésta la gran gracia que el Espíritu da a la Iglesia y a sus pastores: salir con coraje a la calle, a las periferias, donde tantos hermanos tienen necesidad de experimentar la alegría del Evangelio; que Dios es Padre misericordioso y que verdaderamente no quiere que se pierda ni siquiera uno solo de sus pequeños.

Que la Virgen y San José – que te protegen – te bendigan en tu misión en la ‘Civiltà Cattolica’ a fin  de que sigas ayudando a descubrir el rostro de Jesús en el rostro y en la vida de los más pobres, como a aquellos a quienes acompañabas en ‘El Hogar de San José’.

Que las ‘Diez cosas’ puedan hacer el bien y que el Señor las multiplique, suscitando nuevas vocaciones sacerdotales en medio de su pueblo, hambriento de pastores que cuiden de él y lo curen, lo alimenten, lo consuelen y lo guíen por los caminos del Espíritu.

No te olvides – concluye el Papa Francisco su carta – de rezar por mí”.

Escuchemos al Padre Diego Fares, autor del libro –  y a quien el Papa Bergoglio conoce desde la década del 70 – en la entrevista de nuestro colega Alessandro Gisotti:

Entrevista al Padre Diego Fares

 

30 marzo 2018, 13:01


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El sacerdote se comporta cercano a su pueblo. Palabras del Papa en el jueves santo.

“Cercanía es la clave del evangelizador; Jesús, predicador callejero”

Francisco celebra la Misa Crismal en San Pedro: el Señor ha optado «ser alguien cercano a su pueblo»
ANSA

La Misa Crismal de este Jueves Santo en San Pedro

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Pubblicato il 29/03/2018
Ultima modifica il 29/03/2018 alle ore 18:21
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

La «gran opción» de Dios es la de ser «alguien cercano a su pueblo». El Papa Francisco celebra la Misa Crismal con los sacerdotes de Roma en la Basílica de San Pedro. Es Jueves Santo, primer día del Triduo Pascual, y en esta liturgia se bendice el aceite que será utilizado durante el año para la administración de los sacramentos. El Papa aprovechó la ocasión para volver a reflexionar sobre la figura del sacerdote.

 

En la homilía, Francisco recordó que Jesús «habría podido perfectamente ser un escriba o un doctor de la ley, pero quiso ser un “evangelizador”, un predicador callejero». El papa subrayó esta opción de Dios, «alguien cercano a su pueblo. ¡Treinta años de vida oculta! Después comenzará a predicar. Es la pedagogía de la encarnación, de la inculturación; no solo en las culturas lejanas, también en la propia parroquia, en la nueva cultura de los jóvenes…».

 

Bergoglio explicó que la cercanía es «una actitud que involucra a la persona». Y recordó que, «cuando la gente dice de un sacerdote que “es cercano” suele resaltar dos cosas: la primera es que “siempre está” (contra el que “nunca está”: “Ya sé, padre, que usted está muy ocupado”, suelen decir). Y otra es que sabe encontrar una palabra para cada uno. “Habla con todos”, dice la gente: con los grandes, los chicos, los pobres, con los que no creen… Curas cercanos, que están, que hablan con todos… Curas callejeros».

REUTERS

Sacerdotes en la Misa Crismal

 

Francisco indicó que «la cercanía es la clave del evangelizador porque es una actitud clave en el Evangelio». Y esta “projimidad” no es solamente la clave de la misericordia: «nos falta incorporar más el hecho de que la cercanía es también la clave de la verdad», porque la verdad «no es solo la definición que hace nombrar las situaciones y las cosas a distancia de concepto y de razonamiento lógico. No es solo eso. La verdad es también fidelidad (“emeth”), esa que te hace nombrar a las personas con su nombre propio, como las nombra el Señor, antes de ponerles una categoría o definir “su situación”».

 

El Pontífice advirtió sobre la tentación de «hacer ídolos con algunas verdades abstractas. Son ídolos cómodos que están a mano, que dan cierto prestigio y poder y son difíciles de discernir. Porque la “verdad-ídolo” se mimetiza, usa las palabras evangélicas como un vestido, pero no deja que le toquen el corazón. Y, lo que es mucho peor, aleja a la gente simple de la cercanía sanadora de la Palabra y de los sacramentos de Jesús».

 

Por ello sugirió dirigirse a María, «Madre de los sacerdotes. La podemos invocar como “Nuestra Señora de la Cercanía”», tratando de «estar allí donde “se cocinan” las cosas importantes, las de cada corazón, las de cada familia, las de cada cultura

 

El papa propuso tres ámbitos de cercanía sacerdotal: el del acompañamiento espiritual, el de la confesión y el de la predicación. El primero tiene como ícono a la Samaritana, pues «el Señor le enseña a discernir primero cómo adorar, en Espíritu y en verdad; luego, con delicadeza, la ayuda a poner nombre a su pecado y, por fin, se deja contagiar por su espíritu misionero y va con ella a evangelizar a su pueblo». El Señor «sabe hacer salir a la luz el pecado de la Samaritana sin que proyecte su sombra sobre su oración de adoradora ni ponga obstáculos a su vocación misionera».

 

AFP

El Papa bendiciendo el aceite durante la misa

 

La cercanía en la confesión tiene como ícono a la mujer adúltera: «allí se ve claro cómo la cercanía lo es todo porque las verdades de Jesús siempre acercan y se dicen (se pueden decir siempre) cara a cara. Mirando al otro a los ojos –como el Señor cuando se puso de pie después de haber estado de rodillas junto a la adúltera que querían apedrear, y puede decir: “Yo tampoco te condeno”–, no es ir contra la ley».

 

«Y se puede agregar –continuó el Papa con un énfasis importante– “En adelante no peques más”, no con un tono que pertenece al ámbito jurídico de la verdad-definición ―el tono de quien siente que tiene que determinar cuáles son los condicionamientos de la Misericordia divina― sino que es una frase que se dice en el ámbito de la verdad-fiel, que le permite al pecador mirar hacia adelante y no hacia atrás. El tono justo de este “no peques más” es el del confesor que lo dice dispuesto a repetirlo setenta veces siete». El último ámbito es el de la predicación: la homilía piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un pastor con su pueblo.

 

Francisco, para concluir, dijo a los sacerdotes: «Si te sientes lejos de Dios, acércate a su pueblo, que te sanará de las ideologías que te entibiaron el fervor. Los pequeños te enseñarán a mirar de otra manera a Jesús». Y, «si te sientes lejos de la gente, acércate al Señor, a su Palabra: en el Evangelio, Jesús te enseñará su modo de mirar a la gente, qué valioso es a sus ojos cada uno de aquellos por los que derramó su sangre en la Cruz. En la cercanía con Dios, la Palabra se hará carne en ti y te volverás un cura cercano a toda carne». La gente, por el sacerdote «cercano», «siente por él una cosa especial, algo que solo siente en presencia de Jesús. Por eso, no es una cosa más esto de “discernir nuestra cercanía”. En ella nos jugamos “hacer presente a Jesús en la vida de la humanidad” o dejar que se quede en el plano de las ideas, encerrado en letras de molde, encarnado a lo sumo en alguna buena costumbre que se va convirtiendo en rutina».