Loiola XXI

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Programa de la visita del Papa a Myanmar y Bangladesh

Programa del Viaje Apostólico del Papa Francisco a Myanmar y Bangladesh

 

 

La Oficina de Prensa de la Santa Sede, publicó la mañana de este martes, 10 de octubre, el programa del Viaje Apostólico del Papa Francisco a Myanmar y Bangladesh a desarrollarse del 26 de noviembre al 2 de diciembre de 2017.

El Santo Padre partirá el domingo 26 de noviembre, poco antes de las 10.00 de la noche, del aeropuerto romano de Fiumicino rumbo a Myanmar. Su llegada al Aeropuerto Internacional de Yangon está prevista para el 27 de noviembre, a la 1.30, de la tarde (hora local), allí se desarrollará el recibimiento oficial. Al día siguiente, 28 de noviembre, el Papa Francisco se trasladará a la ciudad de Nay Pyi Taw, donde se realizará la ceremonia de bienvenida en el Palacio Presidencial. En esta ciudad, el Pontífice encontrará a las máximas Autoridades del Estado, el Presidente, el Consejero de Estado y el Ministro del Exterior; luego el Papa dirigirá discurso a las Autoridades, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático, para después regresar a Yangon, donde transcurrirá la noche.

La mañana del miércoles, 29 de noviembre, el Obispo de Roma, presidirá la Santa Misa en Kyaikkasan Ground de Yangon. Por la tarde, alrededor de las 4.15, está previsto el Encuentro con el Consejo Supremo “Sangha” de los Monjes Budistas; luego, seguirá el Encuentro con los Obispos de Myanmar, en un salón de la Catedral de St. Mary’s.

El jueves 30 de noviembre, el Papa Francisco celebrará la Santa Misa con los jóvenes en  la Catedral de St. Mary’s. Posteriormente, a la 1.05 de la tarde, el Pontífice partirá rumbo a Bangladesh. A su llegada, en el Aeropuerto Internacional de Dhaka, se realizará la Ceremonia de bienvenida. Sucesivamente, el Papa Francisco visitará el National Martyr’s Memorial de Savar, donde rendirá homenaje al Padre de la Nación en el Bangabandhu Memorial Museum. A las 6 de la tarde, después de haber realizado la visita al Presidente en el Palacio Presidencial, el Santo Padre dirigirá un discurso a las Autoridades, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático.

La jornada del viernes 1 de diciembre, la actividad del Obispo de Roma estará marcada por cuatro momentos fuertes: la Santa Misa con ordenación presbiteral, la visita a la Catedral, el Encuentro con los Obispos de Bangladesh y el Encuentro Interreligioso y Ecuménico por la paz.

El 2 de diciembre, último día de su Visita Apostólica, el Papa Francisco visitará la Casa Madre Teresa de Tejgaon; encontrará a los sacerdotes, religiosos, consagrados, seminaristas y novicios en la iglesia del santo Rosario; y finalmente, encontrará a los jóvenes en el Notre Dame College de Dhaka. La salida de Dhaka está prevista para las 5.05 de la tarde y la llegada al aeropuerto romano de Ciampino será alrededor de las 11.00 de la noche (hora local).

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

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Chile ante la próxima visita del Papa

La Iglesia Católica en pausa

coco

(Jorge Costadoat, SJ).-

La Iglesia Católica en Chile se prepara a la venida del Papa. ¿Será importante su visita? Suponemos que sí. Pero, ¿será decisiva? Es decir, ¿podrá marcar un antes y un después? Urge que así sea.

Vista la Iglesia a la distancia de los últimos sesenta años, distingo dos grandes etapas, y espero una tercera. Desde 1961 hasta 1991, su planteamiento pastoral puede ser denominado “Catolicismo Social”. Esta larga etapa, a su vez, tuvo dos períodos. El primero, antecedido por la atención que la jerarquía católica puso a la “cuestión social” desde el siglo XIX, cuyo difusor fue el Padre Hurtado, tuvo por hito el impulso de la reforma agraria. Precisamente el año 1961 el episcopado decidió motivarla con la cesión de las propiedades de las diócesis, iniciativa concretada de un modo emblemático por don Manuel Larraín y el Cardenal Silva Henríquez.

El segundo período, desde 1973 hasta 1991, la jerarquía católica, los sacerdotes y las religiosas, laicos y laicas cristianos y creyentes en la parábola del buen samaritano, se abocaron a la defensa de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, personas ejecutadas, desaparecidas, torturadas, y al acompañamiento y cuidado de sus familiares. El ícono de estos años fue la Vicaría de la Solidaridad. La Iglesia Católica chilena interpretó el Evangelio como nunca lo había hecho en su historia. También por estos años, a instancias del obispo Juan Francisco Fresno, ella convocó al Acuerdo nacional que tuvo por objeto luchar para recuperar la democracia. En esta etapa, en sus dos períodos, la postura eclesiástica oficial fue bien acogida por unos, pero resistida por otros. Ya por estos años, sin embargo, se hizo sentir la resistencia de sectores conservadores a las reformas del Concilio Vaticano II. Progresivamente se le quitó el piso a las comunidades eclesiales de base en las que se dio mayor participación a los pobres en la Iglesia y, al mismo tiempo, se fortalecieron movimientos laicales de clase alta que pusieron mucho énfasis en temas de familia y de sexualidad.

Recuperada la democracia, desde 1991 hasta 2017, se abrió una nueva etapa pastoral que puede denominarse “Catolicismo sexual”. La inauguró la carta pastoral de Monseñor Oviedo titulada: “Moral, juventud y sociedad permisiva” (1991). En esta etapa los obispos han denunciado el deterioro de la moralidad en el campo de la sexualidad: se oponen a las experiencias sexuales fuera del matrimonio, a los anticonceptivos, a los preservativos para evitar el sida, a la “píldora del día después”, a la fertilidad asistida, a los textos de enseñanza de educación sexual en los colegios, a la ley de divorcio, a la ley de aborto, a la de ley de unión de parejas del mismo sexo y, ahora último, a la ley de matrimonio homosexual. El resultado de esta etapa es tristísimo. No se ve cómo la Iglesia jerárquica puede estar en contra de la ley de despenalización del aborto en tres causales y, al mismo tiempo, no aceptar la contracepción artificial. Pero nada ha sido peor que, tras haber declarado una crisis moral sexual en la sociedad, hayan salido a la luz pública graves casos de abusos sexuales del clero contra menores de edad y personas frágiles, constatándose a la vez desidia y gestiones de encubrimiento de parte de los superiores jerárquicos y haciendo oídos sordos a las demandas de justicia de las víctimas. Después de veinticinco años, la pérdida de credibilidad en nosotros los sacerdotes ha puesto en grave peligro la transmisión de la fe.

La visita del Papa Francisco, en enero próximo, pudiera marcar el comienzo de una tercera etapa. Esta podría llamarse “Catolicismo socio-ambiental”. Más que una posibilidad, es un deseo personal mío, pero que tiene una sólida base en Laudato si` (2015), la encíclica social más importante desde Rerum novarum (1891). El planeta enfrenta una situación dramática y, en el caso de los más pobres, inminentemente trágica. ¿Qué puede aportar la Iglesia? La encíclica es un cargamento de ideas. A mí parecer, la Iglesia chilena, jerarquía y laicado, debiera capacitarse y, antes de esto, convertirse al Dios de la creación. El país necesita una mística de amor a la tierra. Bien pudiera la Iglesia cultivarla, para luego iniciar a otros en ella. La tradición judeo-cristiano tiene un acervo milenario de experiencias, de intentos y de fracasos, de vías purgativas e iluminativas, de palabras e imágenes, de sentimiento y de arte, todo lo cual pudiera aprovecharse. Necesitamos una mística, es decir, una visión y convicción espiritual, una sensibilidad estética y un compromiso ético con la humanidad y todos los seres que nos hagan gozar con la creación y, en la medida de nuestras pocas fuerzas, cuidarla amorosamente.

Los cristianos no están preparados para esta batalla. En realidad, son parte del problema. Por esto, tendrán que conectarse espiritualmente con el medio ambiente humano y ecológico, reenfocar por completo la educación, generar nuevos estilos de vida y una nueva cultura. Deseo que en esta tercera etapa, la del “Catolicismo socio-ambiental”, los católicos, en humilde colaboración con los otros cristianos, con los fieles de otras religiones, con los seguidores de cualquier idea noble y humanista, anuncien al Jesús olvidado que hablaba de Dios con su experiencia de artesano y en metáforas.

Jorge Costadoat, SJ


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El Papa a los artistas del espectáculo itinerante.

Aliento del Papa a artistas del espectáculo itinerante: sean mensajeros de la alegría de Dios

 

 

(RV).- El Papa Francisco destacó con gran aprecio el valor social del mundo del espectáculo itinerante, alentando a los representantes de la Asociación italiana que reúne a los que trabajan en este sector ANESV, con un pensamiento especial a los niños, a los ancianos y a los enfermos.

Conociendo las dificultades que afrontan los invitó a no desalentarse, a proseguir su camino, para que «nuestras ciudades no pierdan el gusto de la peculiar belleza de su arte y de su alegría», sin olvidar su fe y la importancia de la familia:

«El vuestro es un camino que, gracias a Dios, está iluminado por la fe, una fe que viven sobre todo en familia, y ello es muy importante: la familia en camino con Dios, animada por la confianza en la Providencia».

Tras desear que puedan encontrar siempre en los lugares a donde van parroquias acogedoras, el Santo Padre recordó su encuentro anterior, en junio de 2016. Y antes de su bendición y de encomendarlos al amparo de María, nuestra Madre, para que los acompañe siempre en su caminar y en los lugares donde se detienen,  reiterando que son «artesanos de la fiesta, de la maravilla y de lo bello…, llamados a alimentar sentimientos de esperanza y de confianza», el Papa aseguró que prefiere esta forma de arte y belleza artesanal a «la que producen las grandes potencias de la diversión, que resulta algo ‘aséptica’ y poco humana»:

«Les confieso que prefiero la de ustedes, que perfuma mayormente de estupor, de encanto y que sin embargo es fruto de horas y horas de duro trabajo. Un carrusel nunca acaba de maravillar, genera una alegría dulce, en los pequeños y en los grandes. También los grandes vuelven a encontrar la alegría de la infancia, vuelven a las raíces, a la memoria de la infancia.

En efecto, la vocación de vuestra vida y de vuestro trabajo es alegría. Pienso que, si nos remontamos al origen de vuestras ‘caravanas’, encontramos siempre a alguien – un abuelo, una abuela, un bisabuelo… –  que se apasionó a de ese tipo de espectáculo, y sintió una vocación alegre y por ello estuvo dispuesto a grandes sacrificios. Es una vocación que se vuelve enseguida misión: la misión de ofrecer a la gente, a los niños, pero también a los adultos y ancianos, ocasiones de diversión sana, limpia: diversión sana y limpia, sin necesidad de ir a lo bajo para buscar material de diversión.

Y en esta vocación y misión ¿cómo podría faltar la mano de Dios? Dios nos ama y quiere que seamos felices. Dondequiera que haya una alegría simple, limpia, está su huella.

Por ello, si sabrán conservar estos valores, esta genuinidad y sencillez, ustedes serán mensajeros de la alegría que le gusta a Dios y que viene de Él».


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Vaticano: en la audiencia general el Papa recuerda su viaje a Colombia.

“En Colombia el Maligno ha creado divisiones, pero no ha vencido”

En la audiencia general Francisco recuerda su viaje: «Yo, en continuidad, con Pablo VI y Juan Pablo II», «el testimonio del pueblo, alegre a aunque lacerado por la guerra, es una riqueza para la Iglesia». Se dijo cercano a los ciudadanos de Livorno afectados por el aluvión
AFP

El Papa Francisco durante la Audiencia general

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Pubblicato il 13/09/2017
Ultima modifica il 13/09/2017 alle ore 12:35
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD EL VATICANO

Pudo apreciar el «deseo de vida y de paz» en los ojos de los miles de jóvenes reunidos en la plaza de Bogotá. La beatificación de los dos mártires en Villavicencio, símbolo de todas las víctimas de violencia, y la celebración frente al Cristo de Bojayá, «sin brazos y sin piernas, mutilado como su pueblo». Después, los “Hogares” en Medellín, las Casas «en las que los niños y los chicos heridos por la vida pueden encontrar una nueva familia en la que son amados, acogidos, protegidos y acompañados». Y para concluir, la etapa en Cartagena, «la ciudad de Pedro Claver, apóstol de los esclavos», en donde en la que el punto principal fue «la promoción de la persona humana y de sus derechos fundamentales». Son los recuerdos de su viaje a Colombia que el Papa Francisco compartió durante la Audiencia General con los fieles que estaban en la Plaza San Pedro, resumidos en un «diario de a bordo».

 

El Pontífice insistió en su agradecimiento al pueblo colombiano: un pueblo, dijo, alegre en medio del sufrimiento, pero gozoso; un pueblo con esperanza». Confesó que le sorprendió mucho por las «multitudes» presentes en todas las ciudades, tan numerosas que provocaron incluso el pequeño accidente con el papamóvil, del que todavía lleva un moretón en el pómulo izquierdo. En particular, Francisco recordó «los papás y las mamás con los niños, que levantaban a los niños para que el Papa los bendijera, pero también con orgullo hacían ver a sus niños como diciendo: “Esto es nuestro orgullo, esta es nuestra esperanza”. Yo he pensado: un pueblo capaz de hacer niños y capaz de hacerlos ver con orgullo, con esperanza: este pueblo tiene futuro».

 

 

Bergoglio reveló haber «sentido la continuidad con los dos Papas que antes de mí han visitado Colombia: el Beato Pablo VI, en 1968, y San Pablo II, en 1986». Una continuidad «fuertemente animada por el Espíritu, que guía los pasos del pueblo de Dios por los caminos de la historia», y que impulsa a «dar el primer paso», como indicaba el lema del viaje apostólico, refiriéndose al proceso de reconciliación que Colombia está viviendo para salir de medio siglo de conflicto interno que «ha sembrado sufrimiento y enemistad, causando tantas heridas, difíciles de cicatrizar».

 

«Pero, con la ayuda de Dios, —recordó Francisco— el camino está ya iniciado. Con mi visita he querido bendecir el esfuerzo de este pueblo, confirmarlo en la fe y en la esperanza, y recibir su testimonio, que es una riqueza para mi ministerio y para toda la Iglesia. El testimonio de este pueblo es una riqueza para toda la Iglesia, ¡eh!». Además, en Colombia «son fuertes las raíces cristianas. Y si este hecho hace todavía más agudo el dolor por la tragedia de la guerra que lo ha desgarrado, al mismo tiempo constituye la garantía de la paz, el sólido fundamento de su reconstrucción, la linfa de su invencible esperanza. Es evidente que el Maligno ha querido dividir al pueblo para destruir la obra de Dios, pero es también evidente que el amor de Cristo, su infinita Misericordia es más fuerte que el pecado y que la muerte».

 

 

 

También es muy fuerte el deseo de «vida y de paz que rebosa del corazón de esta Nación: lo he podido ver en los ojos de los miles y miles de niños, jóvenes y muchachos que han llenado la Plaza de Bogotá y que he encontrado por todas partes; esa fuerza de vida que también la naturaleza misma proclama con su exuberancia y su biodiversidad».

 

Así como el ejemplo de «tantos testigos del amor, de la verdad, de la justicia, y también de mártires verdaderos, asesinados por la fe», como el obispo Jesús Emilio Jaramillo Monsalve y el sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, beatificados en la ciudad de Villavicencio. Es muy grande entre los colombianos la capacidad de perdonar, y hombres y mujeres hablaron «en nombre de tantos y tantos que, a partir de sus heridas, con la gracia de Cristo han salido de sí mismos y se han abierto al encuentro, al perdón, a la reconciliación». En sus palabras, dijo el Papa recobrando la vigilia de oración por la reconciliación nacional, en la que participaron tanto víctimas del conflicto como ex guerrilleros de las FARC y ex miembros de grupos paramilitares, encarnaron los versículos del Salmo 85: «Misericordia y verdad se encontraran, justicia y paz se besaran».

 

También recordó el Papa la etapa en Medellín, en donde pudo animar las vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada, «frutos, abundantes como racimos». Y al final su estancia en Cartagena, con el luminoso ejemplo de san Pedro Claver, que con otros santos como María Bernarda Bütler, «han dado la vida por los más pobres y marginados, y así han mostrado la vía de la verdadera revolución, aquella evangélica, no ideológica, que libera verdaderamente a las personas y las sociedades de las esclavitudes de ayer y, lamentablemente, también de hoy. En este sentido, “dar el primer paso” – el lema del Viaje – significa acercarse, inclinarse, tocar la carne del hermano herido y abandonado. Y hacerlo —subrayó el Papa— con Cristo, el Señor hecho esclavo por nosotros».

 

 

Francisco concluyó encomendando al país a la Virgen de Chiquinquirá, venerada en la catedral de Bogotá: «Con la ayuda de María, todo colombiano pueda dar cada día el primer paso hacia el hermano y la hermana, y así construir juntos, día a día, la paz en el amor, en la justicia y en la verdad». AL final de la Audiencia general, al saludar a los peregrinos en diferentes lenguas, expresó su cercanía a la población de Livorno, fuertemente afectada por los aluviones de los últimos días: «Recemos —dijo— por los muertos, los heridos, por los respectivos familiares y por todos los que están en la prueba».


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El Papa sobre Venezuela desde Cartagena en Colombia.

“Basta violencia en la vida política de Venezuela”

El llamado del Papa durante el Ángelus recitado desde la ciudad colombiana de Cartagena. El papa pidió encontrar «una solución a la grave crisis que se está viviendo y afecta a todos, especialmente a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad»
REUTERS

El Papa Francisco en Cartagena

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Pubblicato il 10/09/2017
Ultima modifica il 10/09/2017 alle ore 20:43
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A CARTAGENA

Es una frase significativa y de alguna manera muy esperada la que el Papa Francisco pronunció al final del Ángelus recitado frente a la Iglesia de San Pedro Claver en Cartagena. Una frase sobre la trágica situación de Venezuela y que ahora pronunció, a tres días del encuentro entre el Pontífice y algunos obispos venezolanos, después de la misa en el parque Bolívar de Bogotá. Esa foto en la que se ve a Francisco entre los dos cardenales venezolanos sirvió para dejar claro que el Papa y los obispos del país, muy críticos ante el presidente Nicolás Maduro, están unidos y que el obispo de Roma está cerca de los sufrimientos de los venezolanos.

 

«Desde este lugar –dijo el Papa–, quiero asegurar mi oración por cada uno de los países de Latinoamérica, y de manera especial por la vecina Venezuela. Expreso mi cercanía a cada uno de los hijos e hijas de esa amada nación, como también a los que han encontrado en esta tierra colombiana un lugar de acogida. Desde esta ciudad, sede de los derechos humanos, hago un llamamiento para que se rechace todo tipo de violencia en la vida política y se encuentre una solución a la grave crisis que se está viviendo y afecta a todos, especialmente a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad».

 

El Papa llegó por la mañana a Cartagena de Indias, la antigua y colorida ciudad colonial colombiana que se encuentra a orillas del Caribe, fortificada por los españoles para defenderla de los piratas. Después de haber bendecido la primera piedra de una casa de acogida para personas que viven en la calle fue a visitar a Lorenza Pérez, anciana mujer que desde hace más de medio siglo trabaja como voluntaria en un comedor para pobres. «Estos encuentros –explicó el Papa– me han hecho mucho bien porque allí se puede comprobar cómo el amor de Dios se hace concreto, se hace cotidiano».

 

El Papa posteriormente se dirigió a la Iglesia monasterio San Piestro Claver. Allí lo estaban esperando alrededor de 300 exponentes de la comunidad afroamericana de la que se ocupan los jesuitas. EL Papa se detuvo en oración silenciosa frente a las reliquias de San Pedro Claver, que aquí vivió los últimos años de su vida.

 

Durante el Ángelus, Francisco presentó dos ejemplos. El de la Virgen de Chiquinquirá, una imagen que durante mucho tiempo quedó abandonada, perdió el color y estaba rota. «Era tratada como un trozo de saco viejo, usándola sin ningún respeto hasta que acabaron desechándola. Fue entonces cuando una mujer sencilla, la primera devota de la Virgen de Chiquinquirá, que según la tradición se llamaba María Ramos, vio en esa tela algo diferente. Tuvo el valor y la fe de colocar esa imagen borrosa y rajada en un lugar destacado, devolviéndole su dignidad perdida. Supo encontrar y honrar a María, que sostenía a su Hijo en sus brazos, precisamente en lo que para los demás era despreciable e inútil».

 

«De ese modo –añadió Bergoglio–, se hizo paradigma de todos aquellos que, de diversas maneras, buscan recuperar la dignidad del hermano caído por el dolor de las heridas de la vida, de aquellos que no se conforman y trabajan por construirles una habitación digna, por atender sus necesidades perentorias y, sobre todo, rezan con perseverancia para que puedan recuperar el esplendor de hijos de Dios que les ha sido arrebatado».

 

El Papa Francisco recordó que «el Señor nos enseña a través del ejemplo de los humildes y de los que no cuentan. Si a María Ramos, una mujer sencilla, le concedió la gracia de acoger la imagen de la Virgen en la pobreza de esa tela rota, a Isabel, una mujer indígena, y a su hijo Miguel, les dio la capacidad de ser los primeros en ver trasformada y renovada esa tela de la Virgen».

 

Francisco después se refirió a la figura de san Pedro Claver, «el “esclavo de los negros para siempre”, como se hizo llamar desde el día de su profesión solemne», que esperaba las naves que llegaban desde África al principal mercado de esclavos en el mundo. Muchas veces los recibía solamente con gestos evangelizadores, por la imposibilidad de comunicarse, por la diversidad de los idiomas. Sin embargo, Pedro Claver sabía que el lenguaje de la caridad y de la misericordia era comprendido por todos. De hecho, la caridad ayuda a comprender la verdad y la verdad reclama gestos de caridad. Cuando sentía repugnancia hacia ellos, besaba sus llagas».

 

Francisco recordó que el santo, «austero y caritativo hasta el heroísmo, después de haber confortado la soledad de centenares de miles de personas, transcurrió los últimos cuatro años de su vida enfermo y en su celda, en un espantoso estado de abandono». San Pedro Claver ofreció testimonio «en modo formidable la responsabilidad y el interés que cada uno de nosotros debe tener por sus hermanos. Este santo fue, por lo demás, acusado injustamente de ser indiscreto por su celo y debió enfrentar duras críticas y una pertinaz oposición por parte de quienes temían que su ministerio socavase el lucrativo comercio de los esclavos».

 

El Papa concluyó diciendo que «todavía hoy, en Colombia y en el mundo, millones de personas son vendidas como esclavos, o bien mendigan un poco de humanidad, un momento de ternura, se hacen a la mar o emprenden el camino porque lo han perdido todo, empezando por su dignidad y por sus propios derechos. María de Chiquinquirá y Pedro Claver nos invitan a trabajar por la dignidad de todos nuestros hermanos, en especial por los pobres y descartados de la sociedad, por aquellos que son abandonados, por los emigrantes, por los que sufren la violencia y la trata».


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Colombia: primer discurso del Papa en Bogotá ante la clase política.

Colombia

El Papa a los políticos de Colombia: esta es la vía para la paz

La reconciliación, después de más de medio siglo de violencia, pasa a través de leyes justas, participación, inclusión y lucha contra la pobreza. No a venganzas ni intereses particulares. El llamado a las familias de la oligarquía que gobierna el país
AP
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Pubblicato il 07/09/2017
Ultima modifica il 07/09/2017 alle ore 17:34
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A BOGOTÁ

«Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo». El Papa Francisco pronunció su primer discurso oficial público en Colombia, frente a las autoridades políticas y a los representantes de la sociedad civil, reunidos en la Plaza de Armas del Palacio presidencial de Bogotá. Y a pesar de usar un lenguaje abierto y comprensivo, no se dejó instrumentalizar por las facciones contrapuestas que están polarizando el país; llamó claramente a las élites que gobiernan Colombia a sus responsabilidades, pidiendo leyes justas, inclusión y lucha contra la pobreza.

 

Francisco, el tercer Papa que visita Colombia, después de Pablo VI (1968) y Juan Pablo II (1986), llegó para ayudar a que se prosiga con el proceso de paz emprendido y que todavía es muy frágil, puesto que los acuerdos entre el gobierno del presidente Manuel Santos (Premio Nobel de la Paz que está por concluir su mandato) y los guerrilleros de las FARC fueron reprobados con un referéndum popular. El país está viviendo grandes tensiones entre la mayoría y la oposición, hay muchas incógnitas sobre el futuro y como telón de fondo se puede ver sin dificultades la contraposición entre las pocas familias (unas 300) que gobiernan Colombia desde hace 70 años y el resto de la población, mitad de la cual vive bajo el umbral de la pobreza.

 

A su llegada, el pequeño coche papal fue escoltado por guardias a caballo y después de una ceremonia con himnos (una de las más largas que se recuerden), el Papa al lado del presidente y su esposa vestida de blanco entraron a la Plaza de Armas. Allí, y también es una novedad para estos encuentros protocolarios con las autoridades institucionales, Francisco fue rodeado por algunos niños y chicos discapacitados. Los abrazó y se detuvo a saludarlos, de la misma manera que abrazó a decenas de niños y niñas que detrás del palco acompañaban la ceremonia, agitando pañuelos blancos.

 

En su discurso de saludo, el Presidente afirmó: «Gracias por haber venido a acompañarnos en este momento único de la historia de nuestro país…. Para invitarnos a ser defensores de la vida y operadores de paz». Santos reivindicó que «Colombia es el único país del mundo en el que hoy las armas se convierten en palabras, se han evitado miles de víctimas. Pero nos falta el paso hacia la reconciliación, no sirve a nada silenciar los fusiles si estamos armados en nuestros corazones, si nos vemos unos a otros como enemigos. Necesitamos vencer el odio, ser capaces de perdonar y de pedir perdón. Confiamos en que su visita abra la mente y el corazón de los colombianos a la paz, que es un don de Dios. Queremos reconciliarnos y aceptar al otro no como un peso, sino como un don».

 

El Papa vino a hablar sobre la paz y sobre la reconciliación, pero no para apoyar explícitamente el acuerdo que todavía causa controversia. Durante el encuentro con los políticos, el Pontífice argentino no dejó de indicar qué es lo que Colombia necesita.

 

Después referirse al «don de la fe, que tan fuertemente arraigó en estas tierras, y la esperanza que palpita en el corazón de todos», Bergoglio recordó que Colombia es una «nación bendita», debido a su naturaleza extraordinaria (es el segundo país del mundo por biodiversidad), su cultura y la riqueza de «la calidad humana de sus gentes». Francisco también expresó su «aprecio por los esfuerzos que se hacen, a lo largo de las últimas décadas, para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación». También se refirió implícitamente a los acuerdos de 2016, al afirmar que «en el último año ciertamente se ha avanzado de modo particular; los pasos dados hacen crecer la esperanza, en la convicción de que la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos». Después explicó que este trabajo «nos pide no decaer en el esfuerzo por construir la unidad de la nación y, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, persistir en la lucha por favorecer la «cultura del encuentro» que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común».

 

«Que este esfuerzo —añadió Francisco— nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo. Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente». Se pueden fácilmente interpretar tras estas palabras, a contraluz, tanto el riesgo siempre presente de que la violencia no acabe como la invitación a las fuerzas políticas a pensar verdaderamente en el bien del país y a salir de ópticas mesiánicas o de parte. El Papa citó el lema de Colombia: «Libertad y Orden», y recordó que «los ciudadanos deben ser valorados en su libertad y protegidos por un orden estable. No es la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley, la que es aprobada por todos, quien rige la convivencia pacífica». Es por ello, pues, que se requieren « leyes justas que puedan garantizar esa armonía y ayudar a superar los conflictos que han desgarrado esta Nación por décadas; leyes que no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia… Sólo así se sana de una enfermedad que vuelve frágil e indigna a la sociedad y la deja siempre a las puertas de nuevas crisis. No olvidemos que la iniquidad es la raíz de los males sociales».

 

Francisco invitó a los políticos a dirigir sus miradas hacia «todos aquellos que hoy son excluidos y marginados por la sociedad, aquellos que no cuentan para la mayoría y son postergados y arrinconados. Todos somos necesarios para crear y formar la sociedad. Ésta no se hace sólo con algunos de “pura sangre”, sino con todos. Y aquí radica la grandeza y belleza de un país, en que todos tienen cabida y todos son importantes». Una invitación a posar los ojos «en los más débiles, en los que son explotados y maltratados, aquellos que no tienen voz porque se les ha privado de ella o no se les ha dado, o no se le reconoce». «Les pido —exhortó— que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes».

 

Después, el Papa invitó también a no olvidar a las mujeres, «su aporte, su talento, su ser “madre” en las múltiples tareas». Recordando que la misión de la Iglesia comprometida con la paz y la construcción del bien común, Francisco citó «el respeto sagrado a la vida humana, sobre todo la más débil e indefensa, es una piedra angular en la construcción de una sociedad libre de violencias». También se refirió a la «importancia social de la familia».

 

Para concluir, el Papa Francisco citó al «gran compatriota» Gabriel García Márquez para referirse al valor y la fuerza de la vida. Es posible, afirmó el escritor cuando recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982, «una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra». «Es mucho el tiempo pasado —concluyó el Papa— en el odio y la venganza… la soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años; no queremos que cualquier tipo de violencia restrinja o anule ni una vida más. Y quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso; este viaje quiere ser un aliciente para ustedes, un aporte que en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz».


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Colombia: la llegada del Papa Francisco a Bogotá.

El Papa en la nunciatura de Bogotá: “hasta los más chicos pueden ser héroes”

Primeros breves encuentros entre los fieles colombianos y el Pontífice argentino, que saludó al hijo de una mujer secuestrada por las FARC

Francisco con un grupo de jóvenes frente a la Nunciatura de Bogotá

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Pubblicato il 07/09/2017
Ultima modifica il 07/09/2017 alle ore 11:36
PABLO LOMBÓ

«No se dejen robar la valentía, no se dejen robar la alegría ni la esperanza, y que nadie los engañe». De esta manera se dirigió el Papa Francisco a los jóvenes de diferentes grupos que lo estaban esperando a su llegada a la Nunciatura de Bogotá, en donde se alojará durante su estancia en la capital de Colombia.

 

Minutos antes, tras aterrizar en la zona militar del aeropuerto de la capital colombiana, el Papa tuvo su primer apretón de manos con el presidente de la República Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz en 2016, que iba en compañía de su esposa, María Clemencia Rodríguez de Santos. Después saludó a Emmanuel, que nació en la selva mientras su madre, Clara Rojas se encontraba secuestrada por las FARC. También saludó a otras víctimas del conflicto armado que ha ensangrentado el país durante décadas. Como símbolo de paz, Emmanuel entregó al Pontífice una paloma de porcelana blanca, creada por una escultora y fotógrafa bogotana, Ana González Rojas.

 

Después de recorrer las calles de la capital, Francisco fue recibido en la Nunciatura a ritmo de “cumbia-hip-hop-salsa”, desde donde exhortó a los jóvenes a no perder la esperanza, y les agradeció «por la alegría que tienen y por el camino que han elegido, y eso se llama heroísmo. ¡Sigan adelante, sigan adelante, así! No se dejen vencer —los exhortó—, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa, ¡sigan así!».

 

«Hasta los más chicos pueden ser héroes los más jóvenes, cuando vienen engañados o se equivocan, se levantan y son héroes y van adelante», recordó en su breve encuentro con grupos colombianos de asistencia y apostolado. El primero de ellos fue el IDIPRON (Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud), que mediante un modelo pedagógico de inclusión social, que parte del afecto y un profundo respeto por la libertad e individualidad de cada uno de sus muchachos, desarrolla acciones que promueven su protección integral y los habilita para construir un proyecto de vida que les permita incluirse satisfactoriamente en la sociedad. También estaban presentes representantes de Famas (Familias de la Misericordia), grupo de laicos y sacerdotes católicos que llevan a cabo misiones con familias en dificultad y necesitadas de misericordia, además de ofrecer a los laicos un espacio para ponerse al servicio del Evangelio, para donar sus energías, su tiempo y sus capacidades sirviendo a la Iglesia en las periferias.

 

El Papa Francisco recibió como regalos una Ruana, «auténtica tradición colombiana para defenderse del frío»; «para nosotros —dijeron los jóvenes de IDIPRON— significa toda la laboriosidad de nuestros artesanos, que las han tejido con sus propias manos. Con este detalle queremos hacerle sentir el calor de Colombia que lo acoge, este su “parche” que le da la bienvenida». También recibió un velo y un vitral. Después el Papa insistió: «Muchas gracias por la valentía y por el coraje, no se dejen robar la alegría ¿Qué es lo que no se tienen que dejar robar?», a lo que los jóvenes frente a la Nunciatura respondieron: «¡La alegría!». Y Francisco continuó: «Que nadie se las robe, que nadie los engañe, no se dejen robar la esperanza». Después impartió la bendición a los presentes, pidió que rezaran por él y se fue a descansar. Mañana le espera su primer día completo en este viaje tan intenso.