Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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La visita del Papa a la diócesis de Carpi.

Francisco visita el Seminario Diocesano de Carpi y almuerza con el Clero

(RV).- Tras rezar la oración mariana del Ángelus en la Plaza de los Mártires de la ciudad italiana de Carpi, afectada por los terremotos de 2012, el Papa Francisco se dirigió entorno a las 13.00 horas al Seminario de la Diócesis de Carpi para hacer una pausa de descanso y almorzar junto a los obispos de la región, sacerdotes ancianos residentes en la Casa del Clero y seminaristas.

Después de esta pausa, el Santo Padre, desde la Capilla del Seminario, se encontró con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas a quienes dirigió un discurso de manera espontánea. Discurso que será confidencial tal y cómo lo ha comunicado la Diócesis de Carpi en su página web: “Se comunica que el encuentro de Su Santidad Papa Francisco con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en el Seminario Diocesano, es estrechamente confidencial a las partes interesadas de la Diócesis de Carpi”, y concluye el comunicado: “No serán presentes periodistas ni fotógrafos acreditados”.

Una vez finalizado el encuentro con el Clero, Francisco recorrerá 23 kilómetros en coche para encontrarse con la Comunidad de Mirandola en la catedral de la localidad. Allí el Santo Padre dedicará unas palabras de ánimo a la población de Mirandola, cuyo centro histórico fue también fuertemente golpeado por el terremoto de mayo de 2012. Y terminará su visita con una ofrenda floral al monumento dedicado a las víctimas del seísmo, situado en la Parroquia de la localidad.

(Mireia Bonilla para RV)


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Almuerzo del Papa con los detenidos de un centro penitenciario de Milán.

El Papa encuentra a los detenidos del Centro Penitenciario San Vittore de Milán

2017-03-25 Radio Vaticana

(RV).- El Obispo de Roma, llegado a Milán “como sacerdote” tal como el mismo afirmó en su encuentro matutino con los residentes de las “Casas Blancas” del barrio periférico Forlanini, no deja la ciudad ambrosiana sin encontrar a los detenidos, “los descartados de la sociedad”.

De hecho, tras encontrarse con el clero en la Catedral de Milán, y de recitar el Ángelus en la Plaza junto a los fieles, el Papa Francisco se trasladó en coche al Centro Penitenciario San Vittore, cuya estructura hospeda en la actualidad a ochocientos noventa y tres detenidos, doscientos ochenta y cinco más de los que puede acoger, según las plazas disponibles.

San Vittore es una cárcel judicial, lo que significa que los reclusos están en fase de juicio y no están descontando una pena. Se trata de personas que, al estar siendo procesadas, “viven una situación emotiva muy intensa respecto a la de quien, a menudo, está moralmente resignado en otras cárceles, teniendo perspectivas de pena más largas”.

Es en ese clima que el Sucesor de Pedro, acompañado únicamente por el Cardenal Angelo Scola, Arzobispo de Milán, encontró a los detenidos y detenidas, y saludó y visitó de modo privado a algunos de ellos en sus celdas. Un encuentro que se sella con el almuerzo compartido en un clima fraterno con cien de ellos.

Una ulterior confirmación de la prioridad que tienen los detenidos y presos para el pontífice, quien en cada viaje apostólico visita una cárcel y tiene para con sus huéspedes palabras y gestos de ánimo y de esperanza. Recordamos a propósito de ello las palabras del Papa a los detenidos de la Cárcel de Padua la tarde 17 de diciembre de 2016, cuando junto con el capellán y voluntarios, los detenidos se conectaron con el pontífice vía Skype para saludarlo por su cumpleaños: “La esperanza no desilusiona”, les dijo entonces, y se los reiteró en una carta el pasado mes de enero: “tengan encendida la esperanza”, “ustedes son personas detenidas, siempre el sustantivo debe prevalecer sobre el adjetivo, siempre la dignidad humana debe preceder e iluminar las medidas de detención”. “En Dios, – escribió el pontífice – siempre hay un lugar para volver a empezar, para ser consolados y rehabilitados por la misericordia que perdona”.


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El Papa entra en Milán a través de un barrio periférico.

Milán; el Papa en las “Casas Blancas”: “Entro como sacerdote”

Primera etapa en una zona periférica, marcada por la inmigración y el abandono, peo también por al solidaridad. Visita a tres familias y después saluda a los fieles en la Plaza: “Déjense restaurar por Dios”
LAPRESSE

Papa Francisco en la periferia de Milán

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Pubblicato il 25/03/2017
Ultima modifica il 25/03/2017 alle ore 11:18
DOMENICO AGASSO JR.
MILÁN

También en la capital lombarda, Papa Francisco eligió como vía privilegiada la de los «últimos» de los pobres, de los necesitados. Es el barrio de Forlanini, al este de Milán, conocido también con el nombre de “Casas Blancas”: un complejo que nació en 1977 y que cuenta con más de 1000 residentes. Hay muchos migrantes y personas que viven malestar social, pero también hay mucha solidaridad. Esta es la primera etapa del viaje del Papa a Milán, que llegó «como sacerdote» en su visita de hoy, 25 de marzo de 2017. Al Obispo de Roma le regalaron una imagen de la Virgen: «cómo era antes y cómo es ahora después de la restauración». Fue restaurada, «así como la Iglesia siempre necesita ser restaurada, porque está hecha por nosotros, que somos pecadores». Po rello hay que dejarse «restaurar por Dios».

 

Recibieron al obispo de Roma las casas populares de la calle Salomone, parroquia de San Galdino guiada por Augusto Bonora. El Papa llegó a las 8.30 de la mañana a este lugar en el que se aprecian a primera vista el abandono, los problemas sociales, pero también la ayuda recíproca. Hace algunos años, durante su visita pastoral de 2014, el arzobispo cardenal Angelo Scola se vio obligado a usar las escaleras para visitar el número 30 porque el ascensor no servía. Es una zona que habría debido ser un nuevo lugar en el que habrían podido vivir con dignidad las personas. Pero ahora se encuentra en un perenne estado de abandono. .Entre los diferentes problemas que lo caracterizan está el de la cohesión social, pus viven allí jóvenes y ancianos, italianos y extranjeros, empleados y desempleados, pobres y menos pobres.

 

En este lugar, en esta mañana primaveril extraña, con un poco de la característica niebla de Milán que deja espacio al sol por momentos, Francisco no se dirigió a una iglesia (demasiado pequeña como para poder recibir a todos), sino que se reunió con las personas (representantes de los residentes, inmigrantes, gitanos, musulmanes) en la plaza que se encuentra entre las Casas Blancas y el parque Galli, en donde había alrededor de 7 mil personas reunidas. Pero antes el Papa entró a las descuidadas habitaciones de las Casas Blancas: fue a visitar a tres familias, que viven en el sufrimiento. En una de estas viviendas hay una mamá que se ocupa de un familiar gravemente enfermo; en otra habría debido encontrarse con una pareja de ancianos gravemente enfermos, pero solo estaba el esposo, porque ella se encuentra hospitalizada; en la última, visitó a una familia musulmana con sus hijos.

 

Mientras tanto, en la plaza, hay una animación general, marcada por tres imágenes: las periferias, el Pueblo de Dios y la esperanza en la Virgen. Después, la lectura del Evangelio y el discurso de Francisco. Después de visitar las tres viviendas, el Pontífice llegó a la plaza con el cardenal Angelo Scola. Fue a uno de los baños públicos montados en la plaza para la ocasión y después subió al palco en el que había una estatua de la Virgen de Lourdes, tan venerada en Milán desde hace décadas. Tres niños le entregaron al Papa tres regalos: una estola cocida por una cooperativa social, “El hilo colorado de San Vincenzo”, que nació en San Galdino justamente durante el Jubileo Extraordinario de la Misericordia; un cuaderno con textos de los residentes de las Casas Blancas; la foto de otra Virgen, la de las “Casas mínimas”, los edificios que estaban antes en la misma zona de las Casas Blancas y que fueron construidas durante la época del fascismo. La estatua de la Virgen se encuentra ahora en la parroquia.

 

El Papa agradeció por «su acogida. Tan calurosa. ¡Muchas gracias! Sonustedes los que me acogen a la entrada de Milán, y este es un gran don para mí: entrar a la ciudad encontrando rostros, familias, una comunidad». Francisco expresó su agradecimiento en particular «por los dos dones particulares que me han ofrecido». El primero es una «estola, un signo típicamente sacerdotal, que me llega particularmente porque me recuerda que yo vengo aquí, entre ustedes, como sacerdote, entro a Milán como sacerdote. Esta estola no la compraron ya hecha, la hicieron ustedes aquí, fue tejida por algunos de ustedes artesanalmente. Esto la hace preciosa; y recuerda que el sacerdote cristiano es elegido por el pueblo y que está al servicio del pueblo». Es su «sacerdocio, como el del párroco y de los demás curas que trabajan aquí, es el don de Cristo, pero fue “tejido” por ustedes, por nuestra gente, con su fe, con sus fatigas, sus oraciones, sus lágrimas… Esto es lo que veo en el signo de la estola. Sacerdocio, don de Cristo, pero tejido por ustedes».

 

Y después, «me han regalado esta imagen de su Virgen: cómo era antes y cómo es ahora después de la restauración». Papa Bergoglio sabe que «en Milán me acoge la Virgen, sobre el Duomo; pero gracias a su regalo la Virgen me acoge ya desde aquí, a la entrada. Y esto es importante». Porque le «recuerda la premura de maría, que corre a encontrar a Isabel. Es la premura, la preocupación de la Iglesia, que no se queda esperando en el centro, sino que sale al encuentro de todos, en las periferias, sale al encuentro también de nosotros los cristianos, también de nosotros los creyentes… Y a todos les lleva a Jesús, que es el amor de Dios hecho carne, que da sentido a nuestra vida y la salva del mal». La Virgen «sale al encuentro no para hacer proselitismo –añadió sin leer el discurso preparado–, sino para acompañarnos en el camino de nuestra vida. Y que sea la Virgen la que me acoge aquí en Milán me ha hecho recordar cuando, de niños, volvíamos del colegio y a la puerta estaba la mamá esperándonos. Eh, la Virgen es Madre, y siempre va primero, primerea, va antes para recibirnos, para esperarnos».

 

Y es «significativo el hecho de la restauración: esta su Virgen ha sido restaurada, así como la Iglesia que siempre necesita ser restaurada, porque está hecha por nosotros, que somos pecadores. Todos. Somos pecadores». Entonces, invitó, «dejémonos restaurar por Dios, por su misericordia. Dejémonos limpiar el corazón, especialmente en este tiempo de Cuaresma. La Virgen está libre de pecado. Ella no necesita restauraciones, pero su estatua sí, y así, como Madre, nos enseña a dejarnos limpiar por la misericordia de Dios, para ofrecer testimonio de la santidad de Jesús». Hablando «fraternalmente –dijo–, una confesión le hace bien a todos. Pero tambi’en le pido a los confesores que sean misericordiosos».


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Es posible la esperanza? El Papa al pueblo de Milán en la misa.

“Se especula sobre el trabajo, familia, pobres, migrantes y jóvenes”

El Papa en Monza: las «claves» para afrontar estos tiempos no como «espectadores que esperan que “deje de llover”» son «memoria, pertenencia a Dios y la posibilidad de lo imposible»
AFP

Papa Francisco en el parque de Monza

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Pubblicato il 25/03/2017
Ultima modifica il 25/03/2017 alle ore 17:33
DOMENICO AGASSO JR
ENVIADO A MILÁN

Mientras el dolor «toca a muchas puertas, en muchos jóvenes crece la insatisfacción por la falta de oportunidades reales, la especulación abunda por doquier». De hecho, «se especula sobre el trabajo, sobre la familia, sobre los pobres, sobre los migrantes, sobre los jóvenes». Estos son tiempos en los que todo «parece reducirse a cifras, dejando que la vida de muchas familias se tiña de precariedad». Fue la denuncia que lanzó Papa Francisco en la homilía de la Misa que presidió hoy por la tarde en el Parque de Monza, durante su visita a la arquidiócesis de Milán de hoy, 25 de marzo de 2017. Sin embargo, el Pontífice subrayó también cuáles son las «claves» para afrontar estos tiempos no como «espectadores que esperan que “deje de llover”»: son «memoria, pertenencia al Pueblo de Dios y la posibilidad de lo imposible», y nos las indica el Ángel para superar «nuestros extravíos».

 

A su llegada, el Obispo de Roma atravesó en coche todas las zonas en las que se dividió el área del parque, saludando a los fieles, que eran alrededor de un millón de personas.

 

El Papa basó su predicación en el anuncio «más importante de nuestra historia: la anunciación de María». Es «un pasaje denso, lleno de vida y que me gusta leer a la luz de otro anuncio: el del nacimiento de Juan Bautista. Dos anuncios que se suceden y que están unidos; dos anuncios que, comparados entre sí, nos demuestran lo que Dios nos da en Su Hijo».

 

Recordó Francisco: «La anunciación de Juan Bautista sucede cuando Zacarías, sacerdote listo para comenzar la acción litúrgica, entra al Santuario del Templo, mientras toda la asamblea está fuera esperando. La anunciación de Jesús, en cambio, sucede en un lugar perdido de Galilea, en una ciudad periférica y con una fama no particularmente buena, en el anonimato de la casa de una joven que llamada María».

 

Este es un contraste «que nos indica que el nuevo encuentro de Dios con su Pueblo tendrá lugar en sitios que normalmente no nos esperamos, en los márgenes», en las periferias.

 

El Pontífice insistió: «Dios mismo es Aquel que toma la iniciativa y elige entrar, como hizo con María, en nuestras casas, en nuestras luchas cotidianas, colmas de ansias y también de deseos».

 

Es justamente en las ciudades, escuelas y universidades, plazas y hospitales, se cumple «el anuncio más bello que podamos escuchar: “Alégrate, ¡el Señor está contigo!”. Una alegría que genera vida, esperanza, que se hace carne en la manera en la que vemos el mañana, en la actitud con la que vemos a los demás. Una alegría que se convierte en solidaridad, hospitalidad, misericordia hacia todos».

 

El Papa se dirigió después a las mujeres y a los hombres de todos los tiempos y de todo el mundo, porque «al par de María, también nosotros podemos ser presa del extravío. “¿Cómo sucederá esto?”, en tiempos llenos de especulación. Se especula sobre la vida, sobre el trabajo, sobre la familia. Se especula sobre los pobres y sobre los migrantes; se especula sobre los jóvenes y sobre su futuro. Todo parece reducirse a cifras –denunció el Pontífice–, dejando, por otra parte, que la vida cotidiana de muchas familias se tiña de precariedad y de inseguridad. Mientras el dolor toca a muchas puertas, mientras en muchos jóvenes aumenta la insatisfacción por falta de oportunidades reales, la especulación abunda por doquier».

 

Seguramente, el ritmo «vertiginoso al que estamos sometidos parecería robarnos la esperanza y la alegría. Las personas y la impotencia frente a muchas situaciones parecerían volvernos árida el alma y hacernos insensibles frente a los numerosos desafíos. Y paradójicamente cuando todo se acelera para construir (en teoría) una sociedad mejor, al final no se tiene tiempo para nada y para nadie».

 

Así se pierde «el tiempo para la familia, para la comunidad, perdemos el tiempo para la amistad, para la solidaridad y para la memoria».

 

Según Francisco, habría que preguntarse: ¿cómo es posible «vivir el Evangelio hoy dentro de nuestras ciudades? ¿Es posible la esperanza cristiana en esta situación, aquí y ahora?».

 

Y el Papa pronunció su exhortación: «Si siguen siendo posibles la alegría y la esperanza cristiana no podemos, no queremos permanecer frente a tantas situaciones dolorosas como meros espectadores que ven hacia el cielo esperando que “deje de llover”». Todo lo que sucede «exige de nosotros que veamos el presente con audacia, con la audacia de quien sabe que la alegría de la salvación toma forma en la vida cotidiana de la casa de una joven de Nazaret». Así, «frente al extravío de María, frente a nuestros extravíos, tres son las claves que el Ángel nos ofrece para ayudarnos a aceptar la misión que nos es encomendada».

 

Lo primero que «el Ángel hace es evocar la memoria, abriendo así el presente de María a toda la historia de la Salvación. Evoca la promesa hecha a David como fruto de la alianza con Jacob. María es la hija de la Alianza». Y nosotros «hoy estamos invitados a hacer memoria, a ver nuestro pasado para no olvidar de dónde venimos. Para no olvidarnos de nuestros antepasados, de nuestros abuelos y de todo lo que han debido pasar para llegar a donde estamos hoy. Esta tierra y su gente han conocido el dolor de las dos Guerras Mundiales; y, a veces, han visto su merecida fama de laboriosidad y de civilización contaminada por ambiciones sin freno». La memoria ayuda a no volverse «prisioneros de los discursos que siembran fracturas y divisiones como única vía para resolver los conflictos».

 

Después, recordó, «¡nos hará bien recordar que somos miembros del Pueblo de Dios! Un pueblo de mil rostros, historias y orígenes, un pueblo multicultural y multiétnico. Esta es una de nuestras riquezas. Es un pueblo llamado a acoger las diferencias, a integrarlas con respeto y creatividad, y a celebrar la novedad que proviene de los demás». Y no hay que olvidar que es «un pueblo que no tiene miedo de abrazar los confines, las fronteras; es un pueblo que no tiene miedo de acoger a los que lo necesitan, porque sabe que allí está su Señor».

 

El tercer elemento deriva de la respuesta del Ángel a María: «Nada es imposible para Dios». Según Francisco, cuando «creemos que todo depende exclusivamente de nosotros, quedamos presos de nuestras capacidades, de nuestras fuerzas, de nuestros horizontes miopes». Por el contrario, si «nos disponemos a dejarnos ayudar, a dejarnos aconsejas, cuando nos abrimos a la gracia, parece que lo imposible comienza a volverse realidad».

 

Al final de la Misa, el cardenal arzobispo de Milán, Angelo Scola, saludó al Papa y le aseguró, conmovido, «nuestra oración cotidiana. Le pediremos a la Virgencita que, cuando este cielo de Lombardia esté despejado (como dijo Manzoni) y se vea desde cualquier punto de la diócesis, que extienda siempre su manto de protección al Sucesor de Pedro. Gracias, Santidad».


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El Papa con el clero en Milán (Italia)

“Los desafíos nos ayudan para que nuestra fe no se vuelva ideológica”

El Papa a los sacerdotes, a los religiosos y a las monjas de Milán: «Nos salvan de un pensamiento cerrado y definido, y nos abren a una comprensión más amplia del dato revelado»
REUTERS

Papa Francisco con el cardenal Angelo Scola en la Catedral de Milán

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Pubblicato il 25/03/2017
Ultima modifica il 25/03/2017 alle ore 14:39
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A MILÁN

«Debemos temer una fe sin desafíos, una fe que se considere completa, todo hecho… Esta fe no sirve. Los desafíos nos ayudan a que nuestra fe no se vuelva ideológica». El Duomo de Milán está lleno de sacerdotes, monjas y religiosos. Hay muchos sacerdotes enfermos, en sillas de ruedas. Entre ellos también está el cardenal Dionigi Tettamanzi, a quien Francisco saluda con gran afecto. Es un momento central de la visita del Pontífice a la diócesis ambrosiana: el diálogo con los sacerdotes y monjas. Además de algunos representantes de otras confesiones cristianas, está presenta una pequeña delegación musulmana. Francisco, que conocía ya las preguntas que le habrían hecho, preparó unos apuntes escritos, pero fue completándolos añadiendo reflexiones espontáneas.

 

Libres de los resultados

 

Al responder a una pregunta de don Gabriele Gioia, dijo: «Tú sabes que la evangelización no siempre es sinónimo de pescar peces. Salir a alta mar, dar testimonio. Después está el Señor, Él pesca peces, cuándo y cómo, no lo sabemos. Nosotros somos instrumentos inútiles». El papa después invitó a «no perder la alegría de evangelizar, porque evangelizar es una alegría. Debemos pedir la gracia de no perderla. No está bien ser tristes, un evangelizador triste es como si no estuviera convencido de que Jesús es alegría, te da la alegría, y cuando te llama te cambia la vida y de da nueva alegría. También en la cruz, pero en alegría».

 

Los desafíos ayudan la fe

 

«Cada época histórica, desde los primeros tiempos del cristianismo, ha estado sometida constantemente a múltiples desafíos», explicó Francisco. «No debemos temer los desafíos, hay que tomarlos como el buey, ¡por los cuernos! ¡No los teman! Es bueno que existan, porque nos hacen crecer, son signo de fe viva, de una comunidad que busca a su Señor y que tiene los ojos y los corazones abiertos». El papa añadió: «Debemos más bien temer una fe sin desafíos, una fe que se considera completa, todo hecho, como si todo ya se hubiera dicho y hecho. Esta fe no sirve. Los desafíos nos ayudan para que nuestra fe no se vuelva ideológica. Siempre las ideologías crecen y germinan cuando uno cree que tiene la fe ya completa». Los desafíos «nos salvan de un pensamiento cerrado y definido, y nos abren a una comprensión más amplia del hecho revelado».

 

Por una cultura de la diversidad

 

«Creo que la iglesia –dijo el Papa–, en el arco de toda su historia, tiene mucho que enseñarnos y para ayudarnos para una cultura de la diversidad. El Espíritu Santo es el Maestro de la diversidad. La Iglesia, a pesar de ser una, es multiforme. La Tradición eclesial tiene una gran experiencia sobre cómo “administrar” lo múltiple dentro de su historia y de su vida. Hemos visto y vemos muchas riquezas y muchos horrores/errores». Francisco invitó a ver el mundo «sin condenarlo y sin santificarlo, reconociendo los aspectos luminosos y los aspectos oscuros. Así como ayudándonos a discernir los excesos de uniformidad o de relativismo». No hay que confundir, continuó, «unidad con uniformidad», ni «pluralidad con pluralismo». Lo que se trata de hacer es «reducir la tensión y cancelar el conflicto o la ambivalencia a la que somos sometidos en cuanto seres humanos», pero «tratar de eliminar uno de los polos de la tensión es eliminar la manera en la que Dios quiso revelarse en la humanidad de Su Hijo».

 

 

Formar al discernimiento

 

«La cultura de la abundancia a la que estamos sometidos –continuó el Papa– ofrece un horizonte de muchas posibilidades, presentando todas como válidas y buenas. Nuestros jóvenes están expuestos a un “zapping” constante». Francisco considera que está «bien enseñarles a discernis, para que tengan los instrumentos y los elementos que les ayuden a recorrer el camino de la vida sin que se extinga el Espíritu Santo que está en ellos». Cuando se es niño, continuó, «es fácil que el papá y la mamá digan lo que debemos hacer, y está bien. Pero mientras vamos creciendo, en medio de una multitud de voces en la que aparentemente todos tienen razón, el discernimiento de lo que nos conduce a la resurrección, a la vida y no a una cultura de muerte, es crucial».

 

Los diáconos no son «medios curas»

 

Respondiendo a la pregunta de un diácono permanente, el Papa advirtió que no hay que considerar «a los diáconos como “medio curas” y “medio laicos”. Este es un peligro, ¿eh? Al final no están ni aquí ni allá. Verlos así nos hace daño y les hace daño».

 

Existe el peligro del clericalismo, añadió Francisco, y «a veces parece casi que el diácono toma el sitio del sacerdote». La otra tentación «es la del funcionalismo, un chico que sirve para cien tareas. No, ustedes –añadió– tienen un carisma claro en la Iglesia y deben custodiarlo. El diaconato es una vocación específica, una vocación familiar que llama al servicio como uno de los dones característicos del pueblo de Dios». Los obispos, desde los tiempos de los apóstoles, tienen como tarea principal la de rezar y de anunciar la Palabra. Los diáconos siempre tienen como tarea el servicio «a Dios y a los hermanos. ¡Y cuánto camino hay que hacer en este sentido!». Además, observó Bergoglio, «no hay servicio en el altar, no hay liturgia que no se abra al servicio de los pobres, y no hay servicio a los pobres que no conduzca a la liturgia».

 

Pocos y anicanos, pero nunca resignados

 

Al final, Francisco respondió a la pregunta de una religiosa que habló sobre las dificultades por la falta de vocaciones: cada vez más pocos y cada vez más viejos. El Papa habló sobre el sentimiento de la resignación. «Sin darnos cuenta, cada vez que pensamos o constatamos que somos pocos, o en muchos casos ancianos, que experimentamos el peso, la fragilidad más que el esplendor, nuestro espíritu comienza a ser corroído por la resignación. Y la resignación después conduce a la pereza… Pocos sí, en minoría sí, ancianos sí, ¡resignados nunca!». El remedio que «restaura y da paz», añadió, es la misericordia de Dios. Cuando, por el contrario, uno se resigna o vive pensando en las glorias del pasado, «comienzan a ser pesadas las estructuras, ahora vacías, y nos dan ganas de venderlas para tener dinero para la vejez. Comienza a pesar el dinero que tenemos en el banco, y la pobreza, ¿a dónde va? Pero el Señor es bueno, cuando una congregación religiosa no va por la vía de la pobreza, normalmente el Señor envía a un ecónomo o a una ecónoma que derrumba todo, ¡y esta es una gracia!».

 

El «gracias» a Milán

 

Después el Papa salió al atrio de la Catedral para recitar el Ángelus con los fieles en la plaza. «Los saludo y les agradezco por esta calurosa acogida aquí en Milán –dijo Francisco–; la niebla ya se fue, las malas lenguas dicen que llegrá la lluvia, no lo sé, yo todavía no la vedo. Muchas gracias por su afecto y les pido que recen por mí para que pueda servir al Señor y hacer su voluntad».


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El Papa invita a participar los días 23 y 24 en “24 horas para el Señor”

24 horas para el Señor y nuevo apremiante llamamiento del Papa ante tragedia de refugiados

(RV).- El Papa Francisco invitó a los fieles del mundo a participar en la iniciativa  “24 horas para el Señor”, que se celebra el viernes y sábado que anteceden el IV Domingo de Cuaresma, como pidió él mismo en la Bula Misericordiae Vultus (n.17), convocando el Jubileo de la Misericordia, para hacer redescubrir el Sacramento de la Reconciliación:

«Invito a todas las comunidades a vivir con fe la cita del 23 y 24 de marzo, para redescubrir el sacramento de la reconciliación: “24 horas para el Señor”. Anhelo, que también este año, este momento privilegiado de gracia del camino cuaresmal se viva en tantas iglesias del mundo para experimentar el encuentro alegre con la misericordia del Padre, que a todos acoge y perdona».

En su audiencia general de la tercera semana de la Cuaresma 2017, el Obispo de Roma, hizo hincapié en que en especial en el camino cuaresmal «estamos llamados a estar disponibles siempre, con una sonrisa y la mano tendida a los que están en dificultad, volviéndonos así sembradores de esperanza».

Y, una vez más el Papa Francisco recordó la tragedia de los refugiados y alentó la acogida de los que buscan refugio huyendo de violencias y hambre:

«Saludo a los participantes en el encuentro para directores Migrantes y los aliento a proseguir en su compromiso para impulsar la acogida y la hospitalidad de los refugiados, favoreciendo su integración, teniendo en cuenta los derechos y deberes recíprocos para el que acoge y el que es acogido. No olvidemos que esta tragedia de los refugiados, de los emigrantes es la tragedia más grande después de la Segunda Mundial».

En su bienvenida a los peregrinos de lengua inglesa, el Papa recordó el Día Mundial del Agua y el de los Bosques:

«Dirijo mi cordial saludo a los participantes en la Conferencia “Watershed: Replenishing Water Values for a Thirsty World”, promovida por el Pontificio Consejo para la Cultura y por el Capítulo Argentino del Club de Roma. Justo hoy se celebra el Día Mundial del Agua, instituido hace 25 años por Naciones Unidas, y ayer se celebró el Día Internacional de los Bosques. Me alegro por este encuentro, que marca una nueva etapa en el compromiso conjunto de varias instituciones para sensibilizar sobre la necesidad de tutelar el agua como bien de todos, valorizando también sus significados culturales y religiosos. Aliento en especial vuestro esfuerzo en el campo de la educación, con propuestas dirigidas a los niños y a los jóvenes ¡Gracias por lo que hacen y que Dios los bendiga»

«La Cuaresma nos llama a la conversión y a la penitencia: nos indica el ayuno, la oración y la limosna como caminos de trasformación; nos alienta al examen de conciencia y a admitir humildemente nuestras culpas y la confesión de nuestros pecados», reiteró luego el Santo Padre, en su cordial saludo a los peregrinos polacos:

«Como dijo San Juan Pablo II “aprendan a llamar blanco lo que es blanco y negro lo que es negro, mal al mal y bien al bien. Aprendan a llamar pecado al pecado y no lo llamen liberación y progreso” (A los universitarios, 26 de marzo de 1981). Llenos de confianza en el poder de la Palabra de Dios, abramos nuestros corazones al don de su misericordia y de su perdón. Alabado sea Jesucristo».

En sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa Francisco destacó la Solemnidad en la que la Iglesia universal celebra el ‘sí’ de la Madre de Dios:

«El próximo sábado celebraremos la Solemnidad de la Anunciación del Señor a la Virgen María. Queridos jóvenes, sepan ponerse a la escucha de la voluntad de Dios, como María; queridos enfermos, no se desalienten en los momentos más difíciles, sabiendo que el Señor no da una cruz superior a las propias fuerzas; y ustedes, queridos recién casados, edifiquen su vida matrimonial sobre la roca firme de la Palabra de Dios».

(CdM – RV)


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Milán: el Papa entrará en la ciudad por la periferia. Comentario

Milán; por qué el Papa comienza desde la periferia

La visita de Francisco comenzará en las “Casas Blancas” de la calle Salomone: « a medida que vamos saliendo del centro vamos descubriendo más cosas». La raíz evangélica de una decisión

Milán; por qué el Papa comienza desde la periferia

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Pubblicato il 22/03/2017
Ultima modifica il 22/03/2017 alle ore 16:20
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«La realidad se ve mejor desde la periferia que desde el centro», dijo Francisco en una entrevista que concedió a un periódico parroquial de Villa la Cárcova,en la periferia de Buenos Aires: «Normalmente nosotros nos movemos en espacios que de alguna manera controlamos. Ése es el centro. Pero a medida que vamos saliendo del centro vamos descubriendo más cosas». Que muchas decisiones del Papa estén motivadas por esta conciencia se puede apreciar al ver las metas que ha elegido para sus viajes y en los programas de los mismos. Incluidos los viajes italianos, que comenzaron sorpresivamente en julio de 2013 con el viaje relámpago a Lampedusa.

 

Hay que ver con esta clave la decisión del Pontífice de entrar a Milán atravesando el umbral de tres viviendas populares en un barrio periférico con problemas sociales. Entrará a las casas de tres familias que viven el problema de la enfermedad o de la falta de trabajo. Una manera para manifestar su concreta cercanía para los que son descartados y que a menudo quedan fuera de la atención de las instituciones. La decisión de Francisco de incluir siempre en sus viajes encuentros con detenidos y visitas a los barrios más pobres no nace, pues, de estrategias de mercadeo, sino de la urgencia evangélica de «tocar la carne de Cristo» en la humanidad herida.

 

Las periferias tienen un significado decisivo en la Biblia. La misma tierra de Israel es una gran periferia en esa zona geográfica, casi siempre dominada por otros. Los hebreos están en la periferia de los grandes sistemas políticos, un pueblo alejado del centro del poder de entonces, el de la Roma imperial. La misma Galilea era, a su vez, una periferia de Israel en la época de Jesús, además de una encrucijada de diferentes etnias. Es esa la periferia que en los Evangelios se convierte en un centro para la predicación del Nazareno: es allí que se abre su vida pública. Jesús la recorre como un profeta itinerante sin un hogar fijo, acercándose a las personas que viven allí, cuyas fragilidades conoce y frente a las cuales se conmueve, considerándolas «ovejas sin pastor». Y fue allí, después de la resurrección, donde Jesús precedió a los suyos. El Evangelio parte, pues, de la periferia para abrazar a Israel y al mundo entero.

 

En realidad, Jesús mismo se identifica con los «periféricos», como recordó Andrea Riccardi en su último libro “Periferias. Crisis y novedad para la Iglesia” (Jaka Books). «Tenía hambre y me dieron de comer…». «Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí». Los pobres son los periféricos de la vida y Jesús se identifica con ellos, como nunca en ningún otro hombre o mujer. «Es un hecho extraordinario en los Evangelios –observó Riccardi–, que funda el vínculo permanente entre los cristianos y los periféricos».

 

En la homilía de la misa de la Epifanía del 6 de enero de 2017, Francisco recordó, hablando sobre los Reyes Magos, que llegaron al palacio de Herodes buscando al nuevo rey que debía ser adorado. «Fue precisamente ahí –dijo Bergoglio– donde comenzó el camino más largo que tuvieron que andar esos hombres venidos de lejos. Ahí comenzó la osadía más difícil y complicada. Descubrir que lo que ellos buscaban no estaba en el palacio sino que se encontraba en otro lugar, no sólo geográfico sino existencial». Descubrieron que Dios «ha querido nacer allí donde no lo esperamos, donde quizá no lo queremos. O donde tantas veces lo negamos. Descubrir que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos, los cansados, los maltratados, abandonados: que su fuerza y su poder se llama misericordia».

 

Francisco añadió en esa ocasión: «el creyente “nostalgioso” busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera el Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar».

 

San Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia, comentó de esta manera el pasaje evangélico de los Reyes Magos: «Si ellos hicieron un viaje tan grande para ver al Niño, ¿qué justificación tendrías tú que no vas ni siquiera a un callejón para visitarlo, cuando está enfermo y encarcelado?».

 

Entonces, explicó Papa Francisco, se va hacia los pobres, se va hacia las periferias, no tanto para llevar algo, sino para buscar y descubrir el rostro de Dios, tocando su carne. Se sale y se va a las periferias para encontrar a Jesús, descubrirlo e el rostro de los necesitados. Papa Bergoglio, con su testimonio personal indica a los cristianos la exigencia de salir hacia las periferias geográficas y existenciales (ya sean la República Centroafricana olvidada o el vecino solo y en dificultades) para encontrar allí el rostro de Cristo y tocar su carne. Es decir para dejarse evangelizar y para dejarse “herir” por la realidad, viéndola desde una perspectiva diferente. Para llorar con quien llora y alegrarse con quien se alegra, como se lee en la constitución conciliar “Gaudium et spes”, mostrando el rostro misericordioso de Dios y su ternura.