Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Formas peculiares de pastoral de la iglesia en China.

Los Congresos eucarísticos chinos, un “signo de los tiempos”

Muchas diócesis católicas en el gigante asiático celebran la eucaristía con eventos anuales o bienales, que han entrado a formar parte de la pastoral ordinaria. También la Santa Sede, en las negociaciones con Pekín, sigue el criterio de custodiar la naturaleza sacramental de la Iglesia, archivando las sospechas e incertidumbres sobre la eficacia de los sacramentos administrados en las comunidades católicas chinas

Los Congresos eucarísticos chinos, un “signo de los tiempos”

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Pubblicato il 12/07/2018
Ultima modifica il 12/07/2018 alle ore 14:15
GIANNI VALENTE
ROMA

 

Miles desfilaron por las calles de la ciudad, a pesar de las amenazas de una tormenta que, en cierto momento, se transformaron en una lluvia persistente. El domingo 8 de julio, vigilia de la conmemoración de los mártires chinos, los católicos de Fengxiang concluyeron de esta manera pública y solemne su Congreso Eucarístico diocesano. Para la ocasión, la catedral fue decorada de manera especial. La procesión eucarística, que comenzó después de la solemne liturgia, desfiló por más de una hora y media por las calles de la ciudad. Al frente de la procesión había cientos de niños, seguidos por los sacerdotes, religiosos, religiosas y la multitud de fieles jóvenes y adultos. Por las calles, en cambio, muchos curiosos se detenían para verla pasar. En Fengxiang, el Congreso eucarístico diocesano se organiza una vez cada dos años. Su singularidad paradójica consiste precisamente en que se ha convertido en una cita frecuente y casi ordinaria en el programa pastoral de esa Iglesia diocesana.

 

El “patriarca” Lucas Li

 

Quien impulsó la celebración tan frecuente del Congreso eucarístico en la diócesis de Shaanxi fue el obispo Lucas Li Jinfeng, que falleció en noviembre de 2017 a los 95 años. Lucas Li era uno de los “patriarcas” de la Iglesia católica en China durante las últimas décadas turbulentas. Su ordenación episcopal, en 1980, al principio no contaba con el reconocimiento de los aparatos del gobierno. Después, con el pasar del tiempo, su relación evolucionó: el gobierno lo reconoció como obispo y él entabló contactos públicamente con las autoridades civiles. El anciano obispo estaba muy entusiasmado con la “Carta” a los católicos chinos que publicó Benedicto XVI en 2007. En su opinión, ese documento indicaba «la única vía y la esperanza para cancelar la discordia y la falta de paz que existen en la Iglesia en China». El Papa Benedicto en 2005 también trató de invitar a Lucas Li y a otros tres obispos chinos al Sínodo de los obispos sobre la eucaristía (oportunidad negada por el gobierno chino).

 

Devoción contagiosa

 

La participación de tantas personas en el Congreso eucarístico diocesano de este año, el primero sin el obispo Lucas Li, es signo de que el fervor de los gestos comunitarios no ha perdido intensidad, ni siquiera tras su fallecimiento. Pero la práctica de los Congresos eucarísticos celebrados como citas frecuentes e intensas de la vida ordinaria de la Iglesia local no es patrimonio exclusivo de la diócesis de Fengxiang. En las últimas décadas sucede lo mismo en varias diócesis católicas chinas. En Taiyuán, capital de la provincia de Shanxi, el primer Congreso eucarístico diocesano que se celebró en la historia de la diócesis fue en junio de 2005. Desde entonces, ese evento ha asumido un ritmo anual en la programación de la pastoral diocesana. En la diócesis de Tianjin, miles de fieles participaron en el primer Congreso eucarístico, celebrado en la localidad de Xiao Ha Cun en mayo de 2012. Fue convocado para volver a encender en los sacerdotes, religiosos y laicos «la fe en Jesucristo presente en la Eucaristía, para poder ofrecer un testimonio con más valentía».

 

El tesoro que hay que cuidar

 

A partir de las últimas décadas del siglo pasado, con la reapertura que impulsó Deng Xiaoping después de los años oscuros de la Revolución cultural, la vida eclesial en China volvió a tomar forma precisamente alrededor de los sacramentos y de las prácticas espirituales más ordinarias del pueblo cristiano. La posibilidad de acceder con mayor facilidad y sin obstáculos al tesoro de los sacramentos ha alimentado ordinariamente la fe de los católicos chinos a lo largo del camino (lleno de anomalías, dificultades y sufrimientos) durante los últimos lustros. Los informes que ha retomado la agencia Fides, de las Pontificias Obras Misionales, documentan la adhesión intensa de las diócesis y de las parroquias chinas a las invitaciones de los Papas para recordar la naturaleza sacramental de la Iglesia, como el Año de la Eucaristía y el Jubileo de la Misericordia, que provocó la “carrera” de los católicos chinos hacia las Puertas de la Misericordia y los confesionarios. Pero en la China Popular los bautizados también han podido experimentar el dinamismo sacramental que anima a la Iglesia principalmente en las prácticas de la pastoral ordinaria de las parroquias. O en iniciativas espontáneas como la “Adoración eucarística familiar”, un movimiento que hace algunos años se había difundido entre los católicos de Wenzhou y en la provincia de Zhejiang, involucrando núcleos familiares dispuestos a poner un altar eucarístico en las propias casas. Cada quien decidía el tiempo, que podía ir desde las 12 hasta las 24 horas. O bien los momentos de adoración eucarística programados con frecuencia en las cuatro iglesias centrales de Pekín.

 

Un tesoro en riesgo

 

Encomendarse a la gracia de los sacramentos ha dirigido y vuelto fecunda la pastoral ordinaria china durante estas décadas. Y representa un llamado precioso a la fuente apostólica y sacramental de la auténtica vida eclesial. Mucho más evidente debido a las circunstancias que precisamente en China pudieron haber alimentado sombras e incertidumbres alrededor de la eficacia y validez de los sacramentos administrados en tantas parroquias chinas. La laceración eclesial que en China ha dividido (y a menudo sigue dividiendo) comunidades “oficiales” y “clandestinas” ha producido entre sus frutos más venenosos precisamente las sospechas y las acusaciones que involucraban el tesoro de los sacramentos.

 

También en el camino de diálogo con el gobierno chino, la Santa Sede tiene como criterio guía hacer todo lo posible para que no se proyecten más sombras de incertidumbre sobre la legitimidad de la sucesión apostólica ni sobre la eficacia de los sacramentos administrados en cada iglesia, capilla o comunidad católica china. Para que la gracia de los sacramentos y de la oración pueda nutrir la vida de los fieles con mayor facilidad, sin que la enturbien sospechas, divisiones, reproches o recriminaciones.

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Cómo será la visita del Papa a Irlanda

En la Irlanda que espera al Papa, entre medidas de seguridad insólitas y entradas agotadas

El Santuario de Knock será el lugar donde Francisco pronunciará el Ángelus del 26 de agosto: se estima que serán 35 mil participantes, frente a los 400 mil que recibieron a Juan Pablo II en 1979. Las voces de quienes se preparan para la visita

El Santuario de Knock

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Pubblicato il 09/07/2018
Ultima modifica il 09/07/2018 alle ore 19:28
FRANCESCA LOZITO
DUBLÍN

Un helicóptero está sobrevolando para inspeccionar las áreas verdes que rodean el Santuario de Knock. Aquí, en el Condado de Mayo, nos encontramos en pleno campo. Dos personas lo ven y dicen: «Es para la seguridad por la visita del Papa». Desde hace algunos días también un coche de la policía, la Garda, se detiene al fondo de la calle principal que lleva al Santuario.

 

En el oeste de Irlanda la cuestión de la seguridad ha provocado que se reduzca el número de quienes participarán en el Ángelus del domingo 26 de agosto, dentro del Santuario: serán solamente 35 mil personas, frente a las 400 mil que recibieron en 1979 al Papa Juan Pablo II. Y precisamente la seguridad parece ser el argumento más extendido en estos días de espera. Las entradas para acompañar al Papa en el Santuario se agotaron en pocas horas, y por esta razón algunas personas, con tal de saludar a Francisco, han decidido afrontar el viaje y las colas para entrar al Phoenix Park de Dublín el domingo por la tarde. Se imprimieron medio millón de entradas para este evento.

 

Los irlandeses no están acostumbrados a las medidas de precaución: ni siquiera en los conciertos funcionan las medidas anti-terrorismo. Michael, que vende souvenirs en una callecita escondida, es un señor anciano y afable, que no se deja vencer por el pesimismo. «¿Usted cree que podrá ver al Papa?». Responde que sí, con una sonrisa conmovida.

 

El Santuario es un verdadero lugar de unión entre el Norte y el Sur: desde el Donegal hasta Cork, todos están aquí los domingos por al mañana. Cilan tiene 11 años y vino con su abuela Mary y otras 30 personas desde la ciudad del sur de Irlanda. Es la primera vez que viene al Santuario y, cuando le preguntamos qué es este lugar, no duda en contestar; «¡Es un lugar santo!», exclama con una sonrisa y con todo el entusiasmo de su edad.

 

Este niño tiene razón: en 1879 toda la familia Byrne, que vivía en esta zona vio a la Virgen con San José y San Juan el Evangelista. Sobre una roca estaban el cordero y una Cruz. Llamaron a los habitantes del pueblo y todos pudieron ver la aparición: cincuenta personas fueron testigos de lo sucedido y no se mojaron a pesar de la lluvia insistente. Un trabajo fácil para las dos comisiones de investigación, que vio y no tuvo dudas.

 

 

La particularidad que distingue a Knock de cualquier otro lugar de apariciones es que todo sucedió en el silencio: los testigos no recibieron ningún mensaje verbal. El rector de Knock, el padre Richard Gibbons, explica que «en esto radica la complejidad de Knock: el silencio alude a la Palabra de Dios, atestiguada no solo por la presencia de la Virgen (que aquí como en Loreto, Fátima o Lourdes tiene un papel central). Sino también por San Juan el Evangelista, símbolo de la Palabra, y San José, papá de la Iglesia. El cordero es la Eucaristía en el centro».

 

Un santuario para todos, en donde se suele decir que «no existen extraños, solo otros peregrinos». Y, con una especial atención por la familia. Como la de Michael y Sharon, que vienen de Donegal con sus dos hijas. Mientras las pequeñas juegan alrededor de la fuente de la nueva Basílica, dicen que es la primera vez que Sharon viene, mientras Michael lo ha hecho varias veces. «Hemos venido por ellas –dicen vigilándolas mientras tratan de mojarse en un insólito día de canícula irlandesa. Aunque sean pequeñas, se acordarán de haber venido».

 

Alrededor de la Basílica hay varios pilares: 32 de ellos están hechos con las piedras de cada condado. Una manera para recordar que este lugar es fundamental para todos los irlandeses. Gracias al Santuario se construyó, en 1985, el aeropuerto en el que aterrizará el Papa. La historia es narrada dentro del Museo. Monseñor Horan, cuyo rostro sonriente campea en una gigantografía dentro del aeropuerto, creyó en él a pesar de tener a todos en su contra: el gobierno no quería construirlo, eran los años de la crisis, el financiamiento tardaba en llegar: «¿Qué creen que estamos haciendo?», respondió a un periodista en un documental de RTE, «estamos construyendo un aeropuerto. No tenemos ni el dinero ni el permiso, pero seguimos adelante».

 

 

Nació de esta manera un singular caso de “fundrasing” qu esigue en pie: los que parten desde el West Airport dejan un impuesto de cinco euros, si es ciudadano irlandés, o de diez, si es extranjero. Nadie se queja: esta estructura conecta el oeste de Irlanda con España, Gran Bretaña, Lourdes y Medjugorje. «Si no existiera, estaríamos aislados de todo y nos veríamos obligados a una hora y media de viaje cada vez para ir hasta Dublín», dicen todos en el aeropuerto. La frase de monseñor Horan que se lee en el mural de la empresa es: «Y decían que no se podía hacer». Por estos lugares, los desafíos imposibles no dan miedo.


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Ahora se sabe cómo fue el encuentro del Papa con los jesuitas en Myanmar

Francisco: “Non hay misión sin proximidad”

La conversación entre el Papa y un grupo de jesuitas durante el viaje en Myanmar. «El fundamentalismo cristiano niega la Encarnación»

Francisco: “Non hay misión sin proximidad”

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Pubblicato il 14/12/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Creo que no se puede pensar en una misión (lo digo no solo como jesuita, sino como cristiano) sin el misterio de la Encarnación». El Papa Francisco, al final del primer día de encuentros oficiales en Myanmar, dialogó con un grupo de jesuitas. La transcripción de lo que se dijeron fue publicada en la revista “La Civiltà Cattolica” y algunos fragmentos fueron anticipados en la edición de hoy del periódico italiano “Il Corriere della Sera”.

 

Francisco respondió de esta manera, con alusiones que no se limitan solo a la Compañía de Jesús, cuando le preguntaron qué esperaba el Papa de los jesuitas: «Creo que no se puede pensar en una misión (lo digo no solo como jesuita, sino como cristiano) sin el misterio de la Encarnación. El jesuita es aquel que siempre debe aproximarse, como se acercó el Verbo hecho carne. Los desafíos no están detrás, sino adelante. En esto, el beato Pablo VI ayudó mucho a la Compañía, y el 3 de diciembre de 1974 nos dirigió un discurso que sigue siendo plenamente actual. Dice, por ejemplo: “Por doquier, en las encrucijadas de la historia, están los jesuitas”. ¡Y para ir a las encrucijadas de la historia hay que rezar!». Es otra manera para decir y atestiguar la “projimidad” que es tan importante en el mensaje de Francisco.

 

Dobre los refugiados, el Papa Bergoglio dijo: «He visitado hasta ahora cuatro campos de refugiados. Tres enormes: Lampedusa, Lesbos y Bolonia. Y ahí el trabajo es de cercanía. A veces son verdaderos campos de concentración, cárceles. Yo trato de visitar, hablo claro, sobre todo con los países que cierran sus fronteras. Desgraciadamente en Europa hay países que han decidido cerrar las fronteras. Lo más doloroso es que para tomar esta decisión tuvieron que cerrar el corazón. Y nuestro trabajo misionero debe alcanzar también esos corazones que se han cerrado a la acogida de los otros. Estas cosas no llegan a los salones de nuestras grandes ciudades. Tenemos la obligación de denunciar y de hacer públicas las tragedias humanas que se tratan de callar».

 

 

A una pregunta sobre los musulmanes y el fundamentalismo, el Pontífice, después de haber recordado (como ya ha hecho en otras ocasiones que hay fundamentalistas en cada religión) respondió que el fundamentalismo «es una actitud del alma que se erige en juez de los demás y de los que comparten su religión. Es un ir a lo esencial (pretender ir a lo esencial) de la religión, pero a tal punto que se olvidan de lo que es esencial. Olvida las consecuencias. Las actitudes fundamentalistas adquieren diferentes formas, pero tienen como fondo común subrayar mucho lo esencial, negando lo existencial. El fundamentalista niega la historia, la persona. Y el fundamentalismo cristiano niega la Encarnación».

 

Después Francisco habló sobre los Rohinyá: «Jesucristo, hoy, se llama Rohinyá. Pienso en san Pedro Claver, a quien quiero mucho. Él trabajó con los esclavos de su tiempo. ¡Y pensar que algunos teólogos de entonces (no muchos, gracias a Dios) discutían sobre si tenían un alma o no! Su vida fue una profecía, y ayudó a sus hermanos y a sus hermanas que vivían en una condición vergonzosa. Pero esta vergüenza no ha acabado hoy. Hoy se discute mucho sobre cómo salvar los bancos. El problema es la salvación de los bancos. Pero, ¿quién salva la dignidad de los hombres y de las mujeres de hoy? La gente que se queda en la ruina no le interesa a nadie. Si tuviéramos un poco de sentido de la realidad, debería escandalizarnos. El escándalo mediático hoy tiene que ver con los bancos, no con las personas. Frente a todo esto, debemos pedir una gracia: la de llorar. El mundo ha perdido el don de las lágrimas. La desfachatez de nuestro mundo es tal que la única solución es rezar y pedir la gracia de las lágrimas. ¡Frente a esa pobre gente que he encontrado he sentido vergüenza! ¡He sentido vergüenza por mí mismo, por el mundo entero! Perdónenme, solo estoy tratando de compartir con ustedes mis sentimientos…».

 

Para concluir, el Papa explicó cuál es la mirada que motiva sus decisiones a la hora de nombrar a los nuevos cardenales. «Al nombrar a los cardenales, he tratado de ver a las pequeñas Iglesias. No para dar consolación, sino para lanzar un mensaje claro: las pequeñas Iglesias que crecen en periferias y no cuentan con antiguas tradiciones católicas hoy deben hablar a la Iglesia universal. Siento claramente que tienen algo que enseñarnos».


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Bangla Desh: exhortación espontánea, improvisada del Papa a los religiosos y religiosas

“La cizaña destruye las comunidades, no al terrorismo de los chismes”

Francisco se reúne con los sacerdotes, las monjas y los seminaristas, y abandona el discurso preparado: «Cuando tengas ganas de hablar mal, mordéte la lengua. Qué bello ver monjas ancianas con los ojos que brillan de alegría después de una vida sirviendo»
AP

Francisco saludando a las  monjas de Bangladesh

Pubblicato il 02/12/2017
Ultima modifica il 02/12/2017 alle ore 07:46
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

 

El Papa Francisco quiso visitar la más pequeña de las casas de las que se ocupan las monjas de la Madre Teresa de Calcuta aquí en Dhaka. Construida en 1976, fue la residencia preferida de la pequeña monja albanesa que fue proclamada santa por Bergoglio en 2016. Se encuentra en el barrio de Tejagon, en el complejo parroquial de la Holy Rosary Church, y ofrece asistencia y curas a miles de huérfanos y personas con discapacidades mentales y físicas. El Papa saludó a muchos enfermos: una mujer en silla de ruedas estaba presente durante la visita de Juan Pablo II en 1986. Fuera de la estructura, Francisco fue recibido por algunas bailarinas con vestidos tradicionales y por un grupo de niños. El Papa agradeció a las monjas por su actividad caritativa y, como regalo, ofreció un cuadro de la Madre Teresa.

 

 

Desde aquí, Bergoglio se trasladó a la iglesia, que también es la catedral de la diócesis de Chittagong, una de las que confinan con Dhaka. Y se reunió con los sacerdotes, monjas, religiosos, seminaristas y noviias. El encuentro comenzó con algunos testimonios. Francisco dejó a un lado el discurso preparado para la ocasión: «de ocho páginas… “Pero nosotros venimos aquí a escuchar al Papa, no a aburrirnos”. Por eso, para no aburrirnos, le voy a dar este discurso al señor cardenal, el lo va hacer traducir al bengalí y yo les voy a decir lo que se me ocurre ahora. No sé si será mejor o peor, ¡pero les aseguro que va a ser menos aburrido!».

 

El Papa dijo que al entrar a la Casa recordó la Lectura de Isaías que será proclamada durante la misa del próximo martes. «En aquellos días surgirá un pequeño brote de la Casa de Israel. Isaías describe allí la grandeza y la pequeñeza de la vida del servicio a Dios, y esto les toca a ustedes, porque son hombres y mujeres de fe que sirven a Dios».

 

«Sí, brota lo que está adentro, lo que está adentro de la tierra. Y esa es la semilla, no es ni tuya, ni tuya ni mía. La semilla –explicó Begoglio– la siembra Dios, y es Dios el que da el crecimiento. Yo soy el brote, cada uno de nosotros puede decir. Sí, pero no por mérito tuyo: de la semilla que te hace crecer. Y yo qué tengo que hacer: regarla. Para que eso crezca y llegue a esa plenitud del espíritu que es lo que ustedes tienen que dar como testimonio».

 

«¿Cómo se puede regar esta semilla? Cuidándola y cuidando el brote que empieza a crecer. Cuidar la vocación que hemos recibido. Como se cuida a un niño, como se cuida a un enfermo, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana. Nuestras en comunidades, si en nuestros presbiterios falta esa dimensión de ternura humana, el brote queda chiquito, no crece, quizás se seque. Cuidar con ternura, porque cada hermano del presbiterio, cada hermano de la Conferencia episcopal, cada hermano o hermana de la comunidad religiosa, cada hermano seminarista, es una semilla de Dios, y Dios la mira con ternura de Padre».

 

«Es verdad –continuó– que de noche viene el enemigo y tira otra semilla, se corre el riesgo de que la buena semilla quede ahogada por la mala semilla. Qué fea que es la cizaña en los presbiterios, qué fea la cizaña en las conferencias episcopales, qué fea la cizaña en las comunidades religiosas y en los seminarios, cuidar el brote, el brote de la buena semilla. E ir viendo cómo crece, e ir viendo cómo se distingue de la mala semilla y de la mala yerba».

 

«Cuidar es discernir –añadió–, y darse cuenta de que la planta que crece, si va por este lado y la riego todos los días, crece bien; si va por este otro lado y la descuido, crece ma;, y darme cuenta cuándo está creciendo mal y cuándo hay compañías o personas o situaciones que amenazan el crecimiento. Discernir y solamente se discierne cuando uno tiene un corazón orante. Orar Cuidar es orar. Es pedirle a quien plantó la semilla que me enseña a regarla. Y si estoy en crisis o me quedo dormido, que la riegue un tiempito por mí. Orar es pedirle al Señor que nos cuide. Que nos dé la ternura que nosotros tenemos que dar a los demás».

 

«La segunda idea que me viene –prosiguió el Pontífice– es que en este jardín del Reino de Dios no hay solamente un brote: hay miles y miles de brotes, todos nosotros somos brotes. Y no es fácil hacer comunidad, no es fácil. Siempre las pasiones humanas, los defectos, las limitaciones, amenazan la vida comunitaria, amenazan la paz. La comunidad de la vida consagrada, la comunidad del seminario, la comunidad del presbiterio, y a comunidad de la conferencia episcopal tiene que saber defenderse de todo tipo de divisiones».

 

«Ayer agradecimos a Dios por el ejemplo que da Bangladesh en el diálogo interreligioso», dijo Francisco, citando entre los aplausos la frase que pronunció el cardenal Jean-Louis Tauran, quien en 2010 definió a este país como el mejor ejemplo de armonía en el diálogo interreligioso. «¿Vamos a hacer lo contrario, en el diálogo dentro de nuestra fe, de nuestra confesión católica, de nuestras comunidades? Ahí también Bangladesh tiene que ser el ejemplo de armonía. Hay muchos enemigos de la armonía, hay muchos. A mí me gusta mencionar uno, que basta como ejemplo. Quizás alguno me puede criticar porque soy repetitivo en esto, pero para mí es fundamental. El enemigo de la armonía en una comunidad religiosa, en un presbiterio, en un episcopado, en un seminario, es el espíritu del chisme».

«Y esto no es novedad mía –afirmó. Hace 2000 años lo dijo un tal Santiago en una carta que les escribió a la Iglesia. La lengua, hermanos y hermanas, la lengua. Lo que destruye una comunidad es el hablar mal de otros. El subrayar los defectos del otro. Pero no decírselo a él, decírselo a otro, y así crear un ambiente de desconfianza, un ambiente de recelo, un ambiente en el que no hay paz y en el que hay divisiones. Y una cosa que me gusta decirla como imagen de lo que es el espíritu del chisme, es terrorismo. Porque el que va a hablar mal de otro no lo dice públicamente, el que es terrorista no dice públicamente soy terrorista, el que va a hablar mal de otro, va a escondidas, habla con uno, tira la bomba y se va. Y la bomba destruye y él se va lo más tranquilo, lo más tranquila a tirar otra bomba. Querida hermana, querido hermano, cuando tengas ganas de hablar mal de otro, mordéte la lengua, lo más probable es que se te hinche, pero no harás mal a tu hermano o a tu hermana».

 

Para concluir, el Papa se refirió a otra idea: pedir el espíritu de la alegría, porque, explicó, sin alegría no es posible servir a Dios, y da mucha pena encontrar sacerdotes, religiosos, monjas, seminaristas, obispos amargados, con una cara triste: «¿Qué tomaste? ¿Vinagre? Cara de vinagre. O esa amargura del corazón –insistió Francisco–, cuando viene la semilla mala y dice: “Ah, mirá a este le hicieron superior, a esta la hicieron superior, a este obispo, y a mí me dejan de lado”. Ahí no hay alegría».

 

Citando a santa Teresa de Jesús, «la grande», Bergoglio explicó: «tiene… es una maldición, una frase que es una maldición. Se la dice a sus monjas: ¡ay de la monja que dice “hiciéronme sinrazón”! Usa una palabra castellana “sinrazón”, es decir algo que no es razonable. Cuando ella decía, se encontraba monjas que estaban lamentándose, no me dieron o que me debían dar, no me hicieron monja. Pobre monja, va camino abajo. Alegría. Esa alegría que no puede ser risa porque hay mucho dolor es paz». Y después, refiriéndose a la otra santa Teresa, «la pequeña», continuó: «Teresa del Niño Jesús, ella tenía que acompañar todas las noches al refertorio a una monja vieja inaguantable de mal genio, muy enferma, pobrecita, que se quejaba de todo. Una noche, mientras la acompañaba por el claustro, escuchó de un palacio vecino, seguramente, la música de una fiesta. La música de gente que se divertía bien. Gente buena. Como ella lo había hecho y lo había visto hacer a sus hermanas. Y se imaginó la gente que bailaba. Y ella dijo: “Mi gran alegría es esta y no la cambio por aquella”. Aún en los momentos de prueba, de dificultad de tener que soportar a un superior superiora un poquito raros. Aún en esos momentos decir “Contento, Señor”, como decía Alberto hurtado: “La alegría del corazón”».

 

«Les aseguro –concluyó– que a mí me da mucha ternura cuando me encuentro con sacerdotes, obispos o monjas ancianos, que han vivido con plenitud la vida. Los ojos son indescriptibles están llenos de alegría y de paz. Los que no vivieron así la vida, Idos es bueno Dios los cuida, pero les falta ese brillo en los ojos que tienen los que fueron alegres en la vida. Traten de buscar, sobre todo se ve más en las mujeres. Traten de buscar en las monjas viejas, esas monjitas que toda su vida estuvieron sirviendo, con alegría y paz, tienen unos ojos pícaros, brillantes, porque tienen la sabiduría del Espíritu Santo. El pequeño brote, en esos viejos y en esas viejas, se hizo la plenitud de los siete dones del Espíritu Santo. Acuérdense de esto el martes, cuando escuchen la lectura en la misa, y pregúntense a sí mismos ¿cuido el brote, rego el brote? ¿Cuido el brote en los demás? ¿Tengo miedo de ser terrorista y por lo tanto no hablo nunca mal de los demás y me abro al don de la alegría? A todos ustedes les deseo que cuando el buen vino de la vida los madure los ojos brillen de picardía, de alegría y de plenitud en del Espíritu Santo. Recen por mí y que Dios los bendiga».

 

El encuentro finalizó con la lectura de una oración mariana compuesta por el padre Mintu Palma, en la que se reza especialmente por el Papa: «Te pedimos, Señor, que conserves a nuestro Santo Padre el Papa Francisco, con amoroso cuidado, para que, gozando de buena salud, pueda guiar al pueblo de Dios por los senderos de la salvación, y que siga promoviendo la paz y la armonía en el mundo».


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El Papa con los obispos de Bangladesh en Dhaka.

“Estén más cerca de los laicos, valórenlos. Y ayuden a los pobres”

El encuentro de Francisco con los obispos en el arzobispado de Dhaka: «La comunidad católica en Bangladesh puede estar orgullosa de su historia de servicio a los pobres», pero con la crisis de los refugiados «vemos lo mucho que queda aún por hacer»
REUTERS

Francisco con los obispos de Bangladesh

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Pubblicato il 01/12/2017
Ultima modifica il 01/12/2017 alle ore 12:40
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

«La comunidad católica en Bangladesh puede estar orgullosa de su historia de servicio a los pobres […] Sin embargo, especialmente a la luz de la actual crisis de refugiados, vemos lo mucho que queda aún por hacer». Es el llamado del Papa a los obispos bangladesíes, con quienes se reunió en la casa para sacerdotes ancianos que se encuentra al lado de la catedral de Dhaka, en este penúltimo día de su viaje al Extremo Oriente.

 

En su discurso, el Papa pidió a los pastores que demuestren una mayor cercanía a los sacerdotes, y que demuestren «una cercanía también más grande hacia los fieles laicos». «Es necesario promover su participación efectiva en la vida de sus Iglesias particulares –explicó–, a través de las estructuras canónicas que permiten escuchar sus voces y apreciar sus experiencias. Reconozcan y valoren los carismas de los laicos y laicas, y anímenlos a poner sus dones al servicio de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto». Bergoglio citó como ejemplo a los «numerosos y entregados catequistas de este país, cuyo apostolado es esencial para el crecimiento de la fe y para la formación cristiana de las nuevas generaciones. Son verdaderos misioneros».

 

Francisco después subrayó la importancia de la preparación de los candidatos al sacerdocio, y se refirió también a la actividad social de la Iglesia en Bangladesh, que «está dirigida a la asistencia de las familias y, de manera específica, al compromiso por la promoción de la mujer. Las personas de este país se distinguen por su amor a la familia, su sentido de la hospitalidad, el respeto que muestran hacia los padres y abuelos, y la atención que le dan a los ancianos, los enfermos y los desamparados».

 

El Papa recordó el objetivo central del plan pastoral de la Iglesia del país, el de la opción por los pobres: «La comunidad católica en Bangladesh puede estar orgullosa de su historia de servicio a los pobres, especialmente en las zonas más remotas y en las comunidades tribales. Lleva adelante este servicio cotidianamente a través de sus apostolados de educación, de sus hospitales, clínicas y centros de salud, y de sus múltiples obras de caridad. Sin embargo, especialmente a la luz de la actual crisis de refugiados, vemos lo mucho que queda aún por hacer».

 

Bergoglio expresó el deseo de que la inspiración para las obras de asistencia a los necesitados sea «siempre esa caridad pastoral que sabe reconocer en seguida las heridas humanas y que responde con generosidad a cada uno personalmente». Para concluir, el Pontífice recordó la importancia de la común denuncia de los líderes de las religiones frente a los que fomentan el enfrentamiento: «Cuando los líderes religiosos se pronuncian con una sola voz contra la violencia, que pretende hacerse pasar por religión, y tratan de reemplazar la cultura del conflicto con la cultura del encuentro, acuden a las raíces espirituales más profundas de sus diversas tradiciones». El Papa también se refirió a la vida consagrada como una «tercera vía en la Iglesia». E indicó que en el mundo solamente la mitad de las diócesis cuenta con asesores económicos y legales. Añadió que los laicos deben ser involucrados como consejeros. Al final Francisco pidió aumentar los contactos entre los seminaristas y los sacerdotes ancianos.

 

Antes de llegar a la catedral, Francisco recibió en la nunciatura la visita de la Primera ministra de Bangladesh, Shekh Hasina, hija del “padre de la nación”, Sheikh Mujibur Rahman, que se salvó de la masacre en la que perdió la vida gran parte de su familia a manos del ejército rebelde en 1975, puesto que se encontraba con su hermana visitando Alemania. Es Primera ministra sin interrupción desde 1996.


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El Papa y las minorías étnicas en Myanmar. Análisis de Thomas Reese. Muy recomendable.

Pope Francis, diplomatic prophet in Myanmar

Pope Francis meets with Myanmar’s leader, Aung San Suu Kyi, in Naypyitaw, Myanmar, on Nov. 28, 2017. (RNS/Pool/AP/Max Rossi)

It is hard to be both a diplomat and a prophet, but Pope Francis pulls it off better than anyone else.

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Prior to visiting Myanmar, the pope was urged by human rights activists to condemn the murder, rape and ethnic cleansing of Rohingya Muslims by the Myanmar military. Hundreds of villages in Rakhine state were burned by the military, and over half a million Rohingya fled as refugees to Bangladesh.

But Myanmar’s cardinal, Archbishop Charles Bo, asked the pope not to use the word “Rohingya” because he feared the small Catholic minority would be attacked by the Buddhist majority who see the Rohingya as illegal aliens who are a threat to their nation. The military denies any persecution is taking place, even though the evidence collected by journalists and human rights organizations is overwhelming.

Thus, Pope Francis was faced with a terrible dilemma: Be prophetic and put at risk Christians in Myanmar, or be silent and compromise his moral authority.

Pope Francis chose neither. Instead he carefully threaded the needle by being both prophetic and diplomatic. He told Myanmar’s leaders that the country’s people have suffered “from civil conflict and hostilities that have lasted for too long” and called for “peace based on respect for the dignity and rights of each member of society, respect for each ethnic group and its identity,” without using the word Rohingya.

No one misunderstood his message. Although the media noted his not using the word Rohingya, they also knew and reported that in his speech he was referring to the persecution of religious and ethnic minorities in Myanmar, especially the Rohingya Muslims.

Rohingya activists and human rights activists were not satisfied. They wanted him to specifically and publicly criticize the military and the government for its treatment of the Rohingya. I certainly understand and sympathize with their view.

On the other hand, it is one thing to be prophetic and personally suffer the consequences; it is another thing to put others at risk by your statements.

I have no doubt that Pope Francis would have been willing to put his own life at risk, but to put other lives at risk would be reckless, especially when it is unlikely that his words would have had any effect on the military, which continues to deny that any discrimination or ethnic cleansing is going on.

Were the pope and the Myanmar cardinal being overly cautious about the possibility of a blowback? Not at all. Christians are already being persecuted in Myanmar — also known as Burma — as has been clearly documented by the U.S. Commission on International Religious Freedom in its report “Hidden Plight: Christian Minorities in Burma.”

(Although I am a USCIRF commissioner, the views expressed here are my own and do not necessarily represent the views of the commission.)

Radical Buddhist monks are working arm in arm with the military in demonizing religious and ethnic minorities. Religious services have been disrupted, churches have been burned, ministers have been killed, and discrimination is rampant. Even getting a government ID is very difficult for non-Buddhists. In the minds of the military and most of the Buddhist population, you cannot be a Myanmar citizen unless you are a Buddhist, even though Catholics have lived there for over 500 years.

Some experts fear that the anti-Muslim violence in Rakhine state, which led to the refugee crisis, will spread to other parts of Myanmar.

Granted the terrible situation in Myanmar, has the pope’s visit had any effect?

It clearly has not made matters worse, which goes for progress in Myanmar. The trip certainly gave encouragement to the Catholics of Myanmar who rejoiced in the pope’s visit. He also gave encouragement to those who are working for interreligious reconciliation and dialogue.

[Updated Dec. 1] His trip to Bangladesh continued to keep the focus on the horrendous plight of Rohingya refugees. Not only did he thank the Bangladesh people and government for welcoming refugees from Rakhine state and called on the international community to do more to help them, he also used the word Rohingya when he met with 16 refugees while in Bangladesh.

Pope Francis recalled the Islamic creation story where God “at the beginning took a bit of salt, put it in water and created the souls of all people.” Speaking of the Rohingya, he said, “These brothers and sisters carry the salt of God within them.” Then he surprised all present by adding, “The presence of God today is also called Rohingya.”

Thus, Pope Francis played the diplomatic prophet in Myanmar, but became more forceful in Bangladesh.

So, I would judge the visit to be a net positive but no miraculous accomplishments. But then, we should not expect miracles from the pope. He can’t walk on water.