Loiola XXI

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Ahora se sabe cómo fue el encuentro del Papa con los jesuitas en Myanmar

Francisco: “Non hay misión sin proximidad”

La conversación entre el Papa y un grupo de jesuitas durante el viaje en Myanmar. «El fundamentalismo cristiano niega la Encarnación»

Francisco: “Non hay misión sin proximidad”

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Pubblicato il 14/12/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Creo que no se puede pensar en una misión (lo digo no solo como jesuita, sino como cristiano) sin el misterio de la Encarnación». El Papa Francisco, al final del primer día de encuentros oficiales en Myanmar, dialogó con un grupo de jesuitas. La transcripción de lo que se dijeron fue publicada en la revista “La Civiltà Cattolica” y algunos fragmentos fueron anticipados en la edición de hoy del periódico italiano “Il Corriere della Sera”.

 

Francisco respondió de esta manera, con alusiones que no se limitan solo a la Compañía de Jesús, cuando le preguntaron qué esperaba el Papa de los jesuitas: «Creo que no se puede pensar en una misión (lo digo no solo como jesuita, sino como cristiano) sin el misterio de la Encarnación. El jesuita es aquel que siempre debe aproximarse, como se acercó el Verbo hecho carne. Los desafíos no están detrás, sino adelante. En esto, el beato Pablo VI ayudó mucho a la Compañía, y el 3 de diciembre de 1974 nos dirigió un discurso que sigue siendo plenamente actual. Dice, por ejemplo: “Por doquier, en las encrucijadas de la historia, están los jesuitas”. ¡Y para ir a las encrucijadas de la historia hay que rezar!». Es otra manera para decir y atestiguar la “projimidad” que es tan importante en el mensaje de Francisco.

 

Dobre los refugiados, el Papa Bergoglio dijo: «He visitado hasta ahora cuatro campos de refugiados. Tres enormes: Lampedusa, Lesbos y Bolonia. Y ahí el trabajo es de cercanía. A veces son verdaderos campos de concentración, cárceles. Yo trato de visitar, hablo claro, sobre todo con los países que cierran sus fronteras. Desgraciadamente en Europa hay países que han decidido cerrar las fronteras. Lo más doloroso es que para tomar esta decisión tuvieron que cerrar el corazón. Y nuestro trabajo misionero debe alcanzar también esos corazones que se han cerrado a la acogida de los otros. Estas cosas no llegan a los salones de nuestras grandes ciudades. Tenemos la obligación de denunciar y de hacer públicas las tragedias humanas que se tratan de callar».

 

 

A una pregunta sobre los musulmanes y el fundamentalismo, el Pontífice, después de haber recordado (como ya ha hecho en otras ocasiones que hay fundamentalistas en cada religión) respondió que el fundamentalismo «es una actitud del alma que se erige en juez de los demás y de los que comparten su religión. Es un ir a lo esencial (pretender ir a lo esencial) de la religión, pero a tal punto que se olvidan de lo que es esencial. Olvida las consecuencias. Las actitudes fundamentalistas adquieren diferentes formas, pero tienen como fondo común subrayar mucho lo esencial, negando lo existencial. El fundamentalista niega la historia, la persona. Y el fundamentalismo cristiano niega la Encarnación».

 

Después Francisco habló sobre los Rohinyá: «Jesucristo, hoy, se llama Rohinyá. Pienso en san Pedro Claver, a quien quiero mucho. Él trabajó con los esclavos de su tiempo. ¡Y pensar que algunos teólogos de entonces (no muchos, gracias a Dios) discutían sobre si tenían un alma o no! Su vida fue una profecía, y ayudó a sus hermanos y a sus hermanas que vivían en una condición vergonzosa. Pero esta vergüenza no ha acabado hoy. Hoy se discute mucho sobre cómo salvar los bancos. El problema es la salvación de los bancos. Pero, ¿quién salva la dignidad de los hombres y de las mujeres de hoy? La gente que se queda en la ruina no le interesa a nadie. Si tuviéramos un poco de sentido de la realidad, debería escandalizarnos. El escándalo mediático hoy tiene que ver con los bancos, no con las personas. Frente a todo esto, debemos pedir una gracia: la de llorar. El mundo ha perdido el don de las lágrimas. La desfachatez de nuestro mundo es tal que la única solución es rezar y pedir la gracia de las lágrimas. ¡Frente a esa pobre gente que he encontrado he sentido vergüenza! ¡He sentido vergüenza por mí mismo, por el mundo entero! Perdónenme, solo estoy tratando de compartir con ustedes mis sentimientos…».

 

Para concluir, el Papa explicó cuál es la mirada que motiva sus decisiones a la hora de nombrar a los nuevos cardenales. «Al nombrar a los cardenales, he tratado de ver a las pequeñas Iglesias. No para dar consolación, sino para lanzar un mensaje claro: las pequeñas Iglesias que crecen en periferias y no cuentan con antiguas tradiciones católicas hoy deben hablar a la Iglesia universal. Siento claramente que tienen algo que enseñarnos».

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Bangla Desh: exhortación espontánea, improvisada del Papa a los religiosos y religiosas

“La cizaña destruye las comunidades, no al terrorismo de los chismes”

Francisco se reúne con los sacerdotes, las monjas y los seminaristas, y abandona el discurso preparado: «Cuando tengas ganas de hablar mal, mordéte la lengua. Qué bello ver monjas ancianas con los ojos que brillan de alegría después de una vida sirviendo»
AP

Francisco saludando a las  monjas de Bangladesh

Pubblicato il 02/12/2017
Ultima modifica il 02/12/2017 alle ore 07:46
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

 

El Papa Francisco quiso visitar la más pequeña de las casas de las que se ocupan las monjas de la Madre Teresa de Calcuta aquí en Dhaka. Construida en 1976, fue la residencia preferida de la pequeña monja albanesa que fue proclamada santa por Bergoglio en 2016. Se encuentra en el barrio de Tejagon, en el complejo parroquial de la Holy Rosary Church, y ofrece asistencia y curas a miles de huérfanos y personas con discapacidades mentales y físicas. El Papa saludó a muchos enfermos: una mujer en silla de ruedas estaba presente durante la visita de Juan Pablo II en 1986. Fuera de la estructura, Francisco fue recibido por algunas bailarinas con vestidos tradicionales y por un grupo de niños. El Papa agradeció a las monjas por su actividad caritativa y, como regalo, ofreció un cuadro de la Madre Teresa.

 

 

Desde aquí, Bergoglio se trasladó a la iglesia, que también es la catedral de la diócesis de Chittagong, una de las que confinan con Dhaka. Y se reunió con los sacerdotes, monjas, religiosos, seminaristas y noviias. El encuentro comenzó con algunos testimonios. Francisco dejó a un lado el discurso preparado para la ocasión: «de ocho páginas… “Pero nosotros venimos aquí a escuchar al Papa, no a aburrirnos”. Por eso, para no aburrirnos, le voy a dar este discurso al señor cardenal, el lo va hacer traducir al bengalí y yo les voy a decir lo que se me ocurre ahora. No sé si será mejor o peor, ¡pero les aseguro que va a ser menos aburrido!».

 

El Papa dijo que al entrar a la Casa recordó la Lectura de Isaías que será proclamada durante la misa del próximo martes. «En aquellos días surgirá un pequeño brote de la Casa de Israel. Isaías describe allí la grandeza y la pequeñeza de la vida del servicio a Dios, y esto les toca a ustedes, porque son hombres y mujeres de fe que sirven a Dios».

 

«Sí, brota lo que está adentro, lo que está adentro de la tierra. Y esa es la semilla, no es ni tuya, ni tuya ni mía. La semilla –explicó Begoglio– la siembra Dios, y es Dios el que da el crecimiento. Yo soy el brote, cada uno de nosotros puede decir. Sí, pero no por mérito tuyo: de la semilla que te hace crecer. Y yo qué tengo que hacer: regarla. Para que eso crezca y llegue a esa plenitud del espíritu que es lo que ustedes tienen que dar como testimonio».

 

«¿Cómo se puede regar esta semilla? Cuidándola y cuidando el brote que empieza a crecer. Cuidar la vocación que hemos recibido. Como se cuida a un niño, como se cuida a un enfermo, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana. Nuestras en comunidades, si en nuestros presbiterios falta esa dimensión de ternura humana, el brote queda chiquito, no crece, quizás se seque. Cuidar con ternura, porque cada hermano del presbiterio, cada hermano de la Conferencia episcopal, cada hermano o hermana de la comunidad religiosa, cada hermano seminarista, es una semilla de Dios, y Dios la mira con ternura de Padre».

 

«Es verdad –continuó– que de noche viene el enemigo y tira otra semilla, se corre el riesgo de que la buena semilla quede ahogada por la mala semilla. Qué fea que es la cizaña en los presbiterios, qué fea la cizaña en las conferencias episcopales, qué fea la cizaña en las comunidades religiosas y en los seminarios, cuidar el brote, el brote de la buena semilla. E ir viendo cómo crece, e ir viendo cómo se distingue de la mala semilla y de la mala yerba».

 

«Cuidar es discernir –añadió–, y darse cuenta de que la planta que crece, si va por este lado y la riego todos los días, crece bien; si va por este otro lado y la descuido, crece ma;, y darme cuenta cuándo está creciendo mal y cuándo hay compañías o personas o situaciones que amenazan el crecimiento. Discernir y solamente se discierne cuando uno tiene un corazón orante. Orar Cuidar es orar. Es pedirle a quien plantó la semilla que me enseña a regarla. Y si estoy en crisis o me quedo dormido, que la riegue un tiempito por mí. Orar es pedirle al Señor que nos cuide. Que nos dé la ternura que nosotros tenemos que dar a los demás».

 

«La segunda idea que me viene –prosiguió el Pontífice– es que en este jardín del Reino de Dios no hay solamente un brote: hay miles y miles de brotes, todos nosotros somos brotes. Y no es fácil hacer comunidad, no es fácil. Siempre las pasiones humanas, los defectos, las limitaciones, amenazan la vida comunitaria, amenazan la paz. La comunidad de la vida consagrada, la comunidad del seminario, la comunidad del presbiterio, y a comunidad de la conferencia episcopal tiene que saber defenderse de todo tipo de divisiones».

 

«Ayer agradecimos a Dios por el ejemplo que da Bangladesh en el diálogo interreligioso», dijo Francisco, citando entre los aplausos la frase que pronunció el cardenal Jean-Louis Tauran, quien en 2010 definió a este país como el mejor ejemplo de armonía en el diálogo interreligioso. «¿Vamos a hacer lo contrario, en el diálogo dentro de nuestra fe, de nuestra confesión católica, de nuestras comunidades? Ahí también Bangladesh tiene que ser el ejemplo de armonía. Hay muchos enemigos de la armonía, hay muchos. A mí me gusta mencionar uno, que basta como ejemplo. Quizás alguno me puede criticar porque soy repetitivo en esto, pero para mí es fundamental. El enemigo de la armonía en una comunidad religiosa, en un presbiterio, en un episcopado, en un seminario, es el espíritu del chisme».

«Y esto no es novedad mía –afirmó. Hace 2000 años lo dijo un tal Santiago en una carta que les escribió a la Iglesia. La lengua, hermanos y hermanas, la lengua. Lo que destruye una comunidad es el hablar mal de otros. El subrayar los defectos del otro. Pero no decírselo a él, decírselo a otro, y así crear un ambiente de desconfianza, un ambiente de recelo, un ambiente en el que no hay paz y en el que hay divisiones. Y una cosa que me gusta decirla como imagen de lo que es el espíritu del chisme, es terrorismo. Porque el que va a hablar mal de otro no lo dice públicamente, el que es terrorista no dice públicamente soy terrorista, el que va a hablar mal de otro, va a escondidas, habla con uno, tira la bomba y se va. Y la bomba destruye y él se va lo más tranquilo, lo más tranquila a tirar otra bomba. Querida hermana, querido hermano, cuando tengas ganas de hablar mal de otro, mordéte la lengua, lo más probable es que se te hinche, pero no harás mal a tu hermano o a tu hermana».

 

Para concluir, el Papa se refirió a otra idea: pedir el espíritu de la alegría, porque, explicó, sin alegría no es posible servir a Dios, y da mucha pena encontrar sacerdotes, religiosos, monjas, seminaristas, obispos amargados, con una cara triste: «¿Qué tomaste? ¿Vinagre? Cara de vinagre. O esa amargura del corazón –insistió Francisco–, cuando viene la semilla mala y dice: “Ah, mirá a este le hicieron superior, a esta la hicieron superior, a este obispo, y a mí me dejan de lado”. Ahí no hay alegría».

 

Citando a santa Teresa de Jesús, «la grande», Bergoglio explicó: «tiene… es una maldición, una frase que es una maldición. Se la dice a sus monjas: ¡ay de la monja que dice “hiciéronme sinrazón”! Usa una palabra castellana “sinrazón”, es decir algo que no es razonable. Cuando ella decía, se encontraba monjas que estaban lamentándose, no me dieron o que me debían dar, no me hicieron monja. Pobre monja, va camino abajo. Alegría. Esa alegría que no puede ser risa porque hay mucho dolor es paz». Y después, refiriéndose a la otra santa Teresa, «la pequeña», continuó: «Teresa del Niño Jesús, ella tenía que acompañar todas las noches al refertorio a una monja vieja inaguantable de mal genio, muy enferma, pobrecita, que se quejaba de todo. Una noche, mientras la acompañaba por el claustro, escuchó de un palacio vecino, seguramente, la música de una fiesta. La música de gente que se divertía bien. Gente buena. Como ella lo había hecho y lo había visto hacer a sus hermanas. Y se imaginó la gente que bailaba. Y ella dijo: “Mi gran alegría es esta y no la cambio por aquella”. Aún en los momentos de prueba, de dificultad de tener que soportar a un superior superiora un poquito raros. Aún en esos momentos decir “Contento, Señor”, como decía Alberto hurtado: “La alegría del corazón”».

 

«Les aseguro –concluyó– que a mí me da mucha ternura cuando me encuentro con sacerdotes, obispos o monjas ancianos, que han vivido con plenitud la vida. Los ojos son indescriptibles están llenos de alegría y de paz. Los que no vivieron así la vida, Idos es bueno Dios los cuida, pero les falta ese brillo en los ojos que tienen los que fueron alegres en la vida. Traten de buscar, sobre todo se ve más en las mujeres. Traten de buscar en las monjas viejas, esas monjitas que toda su vida estuvieron sirviendo, con alegría y paz, tienen unos ojos pícaros, brillantes, porque tienen la sabiduría del Espíritu Santo. El pequeño brote, en esos viejos y en esas viejas, se hizo la plenitud de los siete dones del Espíritu Santo. Acuérdense de esto el martes, cuando escuchen la lectura en la misa, y pregúntense a sí mismos ¿cuido el brote, rego el brote? ¿Cuido el brote en los demás? ¿Tengo miedo de ser terrorista y por lo tanto no hablo nunca mal de los demás y me abro al don de la alegría? A todos ustedes les deseo que cuando el buen vino de la vida los madure los ojos brillen de picardía, de alegría y de plenitud en del Espíritu Santo. Recen por mí y que Dios los bendiga».

 

El encuentro finalizó con la lectura de una oración mariana compuesta por el padre Mintu Palma, en la que se reza especialmente por el Papa: «Te pedimos, Señor, que conserves a nuestro Santo Padre el Papa Francisco, con amoroso cuidado, para que, gozando de buena salud, pueda guiar al pueblo de Dios por los senderos de la salvación, y que siga promoviendo la paz y la armonía en el mundo».


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El Papa con los obispos de Bangladesh en Dhaka.

“Estén más cerca de los laicos, valórenlos. Y ayuden a los pobres”

El encuentro de Francisco con los obispos en el arzobispado de Dhaka: «La comunidad católica en Bangladesh puede estar orgullosa de su historia de servicio a los pobres», pero con la crisis de los refugiados «vemos lo mucho que queda aún por hacer»
REUTERS

Francisco con los obispos de Bangladesh

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Pubblicato il 01/12/2017
Ultima modifica il 01/12/2017 alle ore 12:40
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

«La comunidad católica en Bangladesh puede estar orgullosa de su historia de servicio a los pobres […] Sin embargo, especialmente a la luz de la actual crisis de refugiados, vemos lo mucho que queda aún por hacer». Es el llamado del Papa a los obispos bangladesíes, con quienes se reunió en la casa para sacerdotes ancianos que se encuentra al lado de la catedral de Dhaka, en este penúltimo día de su viaje al Extremo Oriente.

 

En su discurso, el Papa pidió a los pastores que demuestren una mayor cercanía a los sacerdotes, y que demuestren «una cercanía también más grande hacia los fieles laicos». «Es necesario promover su participación efectiva en la vida de sus Iglesias particulares –explicó–, a través de las estructuras canónicas que permiten escuchar sus voces y apreciar sus experiencias. Reconozcan y valoren los carismas de los laicos y laicas, y anímenlos a poner sus dones al servicio de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto». Bergoglio citó como ejemplo a los «numerosos y entregados catequistas de este país, cuyo apostolado es esencial para el crecimiento de la fe y para la formación cristiana de las nuevas generaciones. Son verdaderos misioneros».

 

Francisco después subrayó la importancia de la preparación de los candidatos al sacerdocio, y se refirió también a la actividad social de la Iglesia en Bangladesh, que «está dirigida a la asistencia de las familias y, de manera específica, al compromiso por la promoción de la mujer. Las personas de este país se distinguen por su amor a la familia, su sentido de la hospitalidad, el respeto que muestran hacia los padres y abuelos, y la atención que le dan a los ancianos, los enfermos y los desamparados».

 

El Papa recordó el objetivo central del plan pastoral de la Iglesia del país, el de la opción por los pobres: «La comunidad católica en Bangladesh puede estar orgullosa de su historia de servicio a los pobres, especialmente en las zonas más remotas y en las comunidades tribales. Lleva adelante este servicio cotidianamente a través de sus apostolados de educación, de sus hospitales, clínicas y centros de salud, y de sus múltiples obras de caridad. Sin embargo, especialmente a la luz de la actual crisis de refugiados, vemos lo mucho que queda aún por hacer».

 

Bergoglio expresó el deseo de que la inspiración para las obras de asistencia a los necesitados sea «siempre esa caridad pastoral que sabe reconocer en seguida las heridas humanas y que responde con generosidad a cada uno personalmente». Para concluir, el Pontífice recordó la importancia de la común denuncia de los líderes de las religiones frente a los que fomentan el enfrentamiento: «Cuando los líderes religiosos se pronuncian con una sola voz contra la violencia, que pretende hacerse pasar por religión, y tratan de reemplazar la cultura del conflicto con la cultura del encuentro, acuden a las raíces espirituales más profundas de sus diversas tradiciones». El Papa también se refirió a la vida consagrada como una «tercera vía en la Iglesia». E indicó que en el mundo solamente la mitad de las diócesis cuenta con asesores económicos y legales. Añadió que los laicos deben ser involucrados como consejeros. Al final Francisco pidió aumentar los contactos entre los seminaristas y los sacerdotes ancianos.

 

Antes de llegar a la catedral, Francisco recibió en la nunciatura la visita de la Primera ministra de Bangladesh, Shekh Hasina, hija del “padre de la nación”, Sheikh Mujibur Rahman, que se salvó de la masacre en la que perdió la vida gran parte de su familia a manos del ejército rebelde en 1975, puesto que se encontraba con su hermana visitando Alemania. Es Primera ministra sin interrupción desde 1996.


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El Papa y las minorías étnicas en Myanmar. Análisis de Thomas Reese. Muy recomendable.

Pope Francis, diplomatic prophet in Myanmar

Pope Francis meets with Myanmar’s leader, Aung San Suu Kyi, in Naypyitaw, Myanmar, on Nov. 28, 2017. (RNS/Pool/AP/Max Rossi)

It is hard to be both a diplomat and a prophet, but Pope Francis pulls it off better than anyone else.

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Prior to visiting Myanmar, the pope was urged by human rights activists to condemn the murder, rape and ethnic cleansing of Rohingya Muslims by the Myanmar military. Hundreds of villages in Rakhine state were burned by the military, and over half a million Rohingya fled as refugees to Bangladesh.

But Myanmar’s cardinal, Archbishop Charles Bo, asked the pope not to use the word “Rohingya” because he feared the small Catholic minority would be attacked by the Buddhist majority who see the Rohingya as illegal aliens who are a threat to their nation. The military denies any persecution is taking place, even though the evidence collected by journalists and human rights organizations is overwhelming.

Thus, Pope Francis was faced with a terrible dilemma: Be prophetic and put at risk Christians in Myanmar, or be silent and compromise his moral authority.

Pope Francis chose neither. Instead he carefully threaded the needle by being both prophetic and diplomatic. He told Myanmar’s leaders that the country’s people have suffered “from civil conflict and hostilities that have lasted for too long” and called for “peace based on respect for the dignity and rights of each member of society, respect for each ethnic group and its identity,” without using the word Rohingya.

No one misunderstood his message. Although the media noted his not using the word Rohingya, they also knew and reported that in his speech he was referring to the persecution of religious and ethnic minorities in Myanmar, especially the Rohingya Muslims.

Rohingya activists and human rights activists were not satisfied. They wanted him to specifically and publicly criticize the military and the government for its treatment of the Rohingya. I certainly understand and sympathize with their view.

On the other hand, it is one thing to be prophetic and personally suffer the consequences; it is another thing to put others at risk by your statements.

I have no doubt that Pope Francis would have been willing to put his own life at risk, but to put other lives at risk would be reckless, especially when it is unlikely that his words would have had any effect on the military, which continues to deny that any discrimination or ethnic cleansing is going on.

Were the pope and the Myanmar cardinal being overly cautious about the possibility of a blowback? Not at all. Christians are already being persecuted in Myanmar — also known as Burma — as has been clearly documented by the U.S. Commission on International Religious Freedom in its report “Hidden Plight: Christian Minorities in Burma.”

(Although I am a USCIRF commissioner, the views expressed here are my own and do not necessarily represent the views of the commission.)

Radical Buddhist monks are working arm in arm with the military in demonizing religious and ethnic minorities. Religious services have been disrupted, churches have been burned, ministers have been killed, and discrimination is rampant. Even getting a government ID is very difficult for non-Buddhists. In the minds of the military and most of the Buddhist population, you cannot be a Myanmar citizen unless you are a Buddhist, even though Catholics have lived there for over 500 years.

Some experts fear that the anti-Muslim violence in Rakhine state, which led to the refugee crisis, will spread to other parts of Myanmar.

Granted the terrible situation in Myanmar, has the pope’s visit had any effect?

It clearly has not made matters worse, which goes for progress in Myanmar. The trip certainly gave encouragement to the Catholics of Myanmar who rejoiced in the pope’s visit. He also gave encouragement to those who are working for interreligious reconciliation and dialogue.

[Updated Dec. 1] His trip to Bangladesh continued to keep the focus on the horrendous plight of Rohingya refugees. Not only did he thank the Bangladesh people and government for welcoming refugees from Rakhine state and called on the international community to do more to help them, he also used the word Rohingya when he met with 16 refugees while in Bangladesh.

Pope Francis recalled the Islamic creation story where God “at the beginning took a bit of salt, put it in water and created the souls of all people.” Speaking of the Rohingya, he said, “These brothers and sisters carry the salt of God within them.” Then he surprised all present by adding, “The presence of God today is also called Rohingya.”

Thus, Pope Francis played the diplomatic prophet in Myanmar, but became more forceful in Bangladesh.

So, I would judge the visit to be a net positive but no miraculous accomplishments. But then, we should not expect miracles from the pope. He can’t walk on water.


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El Papa en Bangladesh: encuentro con las autoridades y primer discurso.

Viaje apostólico del Santo Padre Francisco a Myanmar y Bangladesh (26 noviembre – 2 diciembre 2017) – Visita di cortesía al Presidente de la República de Bangladesh.- Encuentro con las autoridades, con el cuerpo diplomático y con la sociedad civil en

Visita di cortesía al Presidente de la República de Bangladesh
A las 17.30 hora local (12.30 hora di Roma) ha tenido lugar la visita de cortesía  al Presidente de la República de Bangladesh, Sr. Abdul Hamid.
El Papa ha sido recibido a su llegada por el Secretario Militar que lo ha acompañado a la entrada de honor donde lo esperaba el Presidente.
En la Credentials Hall se ha desarrollado el encuentro privado, concluido con la presentación de los familiares del presidente y el intercambio de regalos.
Al final, el Papa y el  Presidente se han trasladado a la sala donde ha tenido lugar el encuentro con las autoridades.

Encuentro  con las autoridades, con el cuerpo diplomático  y con la sociedad  civil en el Palacio  Presidencial de Dhaka
A las  18.00 hora local  (13.00 hora de Roma), en el Palacio Presidencial  de Dhaka, el Santo Padre ha encontrado a las autoridades políticas y religiosas, a los miembros del cuerpo diplomático y a los representantes de la sociedad civil.
Después de la intervención del  Presidente de la República, Sr. Abdul Hamid, el Papa ha pronunciado  su discurso.
Al final, el Santo Padre y el  Presidente regresaron a la Credentials Hall para la firma en el libro de honor. Después de los saludos, el Papa se ha trasladado en automóvil a la nunciatura apostólica de Dhaka.
Publicamos a continuación el discurso pronunciado por el Santo Padre:
Discurso del Santo Padre
Señor Presidente,
distinguidas autoridades del Estado y autoridades civiles,
señor Cardenal,
hermanos Obispos,
miembros del Cuerpo Diplomático,
señoras y señores:
Al comienzo de mi estancia en Bangladesh, quisiera darle las gracias, señor Presidente, por la amable invitación a visitar este país y por sus cordiales palabras de bienvenida. Vengo siguiendo los pasos de dos de mis predecesores, el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II, para orar con mis hermanos y hermanas católicos y ofrecerles un mensaje de afecto y aliento. Bangladesh es un estado joven, sin embargo siempre ha ocupado un lugar especial en el corazón de los Papas, quienes desde el principio han mostrado su solidaridad con este pueblo, acompañándolo en la superación de las adversidades iniciales, y lo han apoyado en la exigente tarea de construir una nación y su desarrollo. Agradezco la oportunidad que se me concede para dirigirme a esta asamblea, que reúne a hombres y mujeres que tienen una responsabilidad concreta en ir dando forma al futuro de la sociedad de Bangladesh.
Durante el vuelo que me ha traído hasta aquí, me han recordado que Bangladesh ―« Golden Bengal »― es un país unido por una vasta red de ríos y canales, grandes y pequeños. Esta belleza natural es, me parece, un símbolo de su identidad particular como pueblo. Bangladesh es una nación que se esfuerza por conseguir una unidad de lengua y de cultura, respetando las diferentes tradiciones y comunidades que fluyen como arroyos de agua que enriquecen continuamente el gran cauce de la vida política y social del país.
En el mundo de hoy, ninguna comunidad, nación o estado puede sobrevivir y progresar aisladamente. Como miembros de la única familia humana, nos necesitamos unos a otros y somos dependientes unos de otros. El Presidente Sheikh Mujibur Rahman comprendió y buscó incorporar este principio en la Constitución nacional. Él imaginó una sociedad moderna, plural e inclusiva en la que cada persona y comunidad pudiese vivir en libertad, paz y seguridad, respetando la innata dignidad y la igualdad de derechos para todos. El futuro de esta joven democracia y el tener una vida política sana están esencialmente vinculados a la fidelidad a esa visión fundante. En efecto, sólo a través del diálogo sincero y el respeto por la diversidad legítima, puede un pueblo reconciliar las divisiones, superar perspectivas unilaterales y reconocer la validez de los puntos de vista divergentes. Porque el verdadero diálogo mira hacia el futuro, construye la unidad en el servicio del bien común y se preocupa por las necesidades de todos los ciudadanos, especialmente de los pobres, los desfavorecidos y los que no tienen voz.
En los últimos meses, el espíritu de generosidad y solidaridad, que es un signo distintivo de la sociedad de Bangladesh, se ha manifestado con más fuerza en el impulso humanitario con el que han atendido a los refugiados llegados en masa del Estado de Rakhine, dándoles refugio temporal y lo necesario para la vida. Esto se ha realizado con no poco sacrificio. Y todo el mundo lo ha podido contemplar. Ninguno de nosotros puede ignorar la gravedad de la situación, el inmenso costo en términos de sufrimiento humano y de la precaria condición de vida de tantos de nuestros hermanos y hermanas, la mayoría de los cuales son mujeres y niños, hacinados en los campos de refugiados. Es necesario que la comunidad internacional tome medidas decisivas para hacer frente a esta grave crisis, no sólo trabajando para resolver los problemas políticos que han provocado el desplazamiento masivo de personas, sino también ofreciendo asistencia material inmediata a Bangladesh en su esfuerzo por responder eficazmente a las urgentes necesidades humanas.
Aunque mi visita esté dirigida principalmente a la comunidad católica de Bangladesh, mi encuentro de mañana en Ramna con líderes ecuménicos e interreligiosos será un momento privilegiado. Juntos oraremos por la paz y reafirmaremos nuestro compromiso de trabajar por ella. Bangladesh es conocido por la armonía que tradicionalmente ha existido entre los seguidores de las diversas religiones. Esta atmósfera de respeto mutuo y un creciente clima de diálogo interreligioso, permite a los creyentes expresar libremente sus convicciones más profundas sobre el significado y la finalidad de la vida. De esta manera, ellos pueden contribuir a promover los valores espirituales que son la base segura para una sociedad justa y pacífica. En un mundo en el que la religión a menudo se usa ―escandalosamente― para fomentar la división, el testimonio de su poder reconciliador y unificador es muy necesario. Esto se ha manifestado de manera particularmente elocuente en la reacción unánime de indignación que siguió al brutal ataque terrorista del año pasado aquí en Dhaka, y en el claro mensaje que las autoridades religiosas de la nación han enviado de que el santísimo nombre de Dios nunca se puede invocar para justificar el odio y la violencia contra otros seres humanos, nuestros semejantes.
Los católicos de Bangladesh, aunque son relativamente pocos, intentan desempeñar un papel constructivo en el desarrollo de la nación, especialmente a través de sus escuelas, clínicas y dispensarios. La Iglesia aprecia la libertad que goza toda la nación de practicar su propia fe y realizar sus obras de caridad, entre ellas la de proporcionar a los jóvenes, que representan el futuro de la sociedad, una educación de calidad y una formación en sólidos valores éticos y humanos. En sus escuelas, la Iglesia busca promover una cultura del encuentro que permita a los estudiantes asumir sus responsabilidades en la vida de la sociedad. De hecho, la gran mayoría de los estudiantes en estas escuelas y muchos de los maestros no son cristianos, sino que provienen de otras tradiciones religiosas. Estoy convencido de que, en sintonía con la letra y el espíritu de la Constitución nacional, la comunidad católica seguirá disfrutando de la libertad de llevar a cabo estas buenas obras como expresión de su compromiso por el bien común.
Señor Presidente, queridos amigos:
Les agradezco su atención y les aseguro mis oraciones para que, en sus altas responsabilidades, estén siempre inspirados por los nobles ideales de justicia y de servicio a sus conciudadanos. Sobre ustedes, y sobre todo el pueblo de Bangladesh, invoco del Todopoderoso las bendiciones de armonía y paz.


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El Papa en Bangladesh: crónica de Radio Vaticano.

Papa Francesco \ Viaggi e Visite

Papa in Bangladesh: risolvere questioni politiche su rifugiati da Rakhine

Il Papa e il presidente Abdul Hamid - REUTERS

Il Papa e il presidente Abdul Hamid – REUTERS

30/11/2017 13:20

di Giada Aquilino

E’ ai rifugiati affluiti “in massa” in Bangladesh e provenienti dallo Stato di Rakhine, nel Myanmar occidentale, che va il pensiero del Papa nel primo discorso ufficiale pronunciato a Dhaka nell’incontro con le autorità, il corpo diplomatico e la società civile. Francesco non nasconde la “gravità” della loro situazione e invoca misure internazionali “efficaci”. In una terra che poco prima il Presidente della Repubblica Abdul Hamid aveva definito di “armonia religiosa, pace e umanità”, il Pontefice ricorda che tali popolazioni hanno trovato un riparo temporaneo e necessità primarie per la vita, con “non poco sacrificio” da parte del Paese. Un’azione compiuta “sotto gli occhi del mondo intero”.

“Nessuno di noi può mancare di essere consapevole – osserva – della gravità della situazione, dell’immenso costo richiesto di umane sofferenze e delle precarie condizioni di vita di così tanti nostri fratelli e sorelle, la maggioranza dei quali sono donne e bambini, ammassati nei campi-profughi. È necessario – prosegue – che la comunità internazionale attui misure efficaci nei confronti di questa grave crisi, non solo lavorando per risolvere le questioni politiche che hanno condotto allo spostamento massivo di persone, ma anche offrendo immediata assistenza materiale al Bangladesh nel suo sforzo di rispondere fattivamente agli urgenti bisogni umani”.

Dopo la visita di cortesia al Presidente e i ringraziamenti per l’invito a visitare il Paese asiatico, dove già si recarono Papa Paolo VI San Giovanni Paolo II, il Pontefice ricorda gli sforzi del Bangladesh per “raggiungere un’unità di linguaggio e di cultura nel rispetto per le diverse tradizioni e comunità”. Nessuna singola comunità, nazione o Stato, nota infatti Francesco, “può sopravvivere e progredire nell’isolamento”. In quanto membri dell’unica famiglia umana, “abbiamo bisogno l’uno dell’altro e siamo dipendenti l’uno dall’altro”. Ricorda quindi il primo capo di Stato dopo l’indipendenza dal Pakistan, Sheikh Mujibur Rahman, che immaginò una società “moderna, pluralistica e inclusiva, in cui ogni persona e ogni comunità potesse vivere in libertà, pace e sicurezza, nel rispetto dell’innata dignità e uguaglianza di diritti di tutti”.

“Solo attraverso un dialogo sincero e il rispetto della legittima diversità un popolo può riconciliare le divisioni, superare prospettive unilaterali e riconoscere la validità di punti di vista differenti. Perché il vero dialogo guarda al futuro, costruisce unità nel servizio del bene comune ed è attento ai bisogni di tutti i cittadini, specialmente dei poveri, degli svantaggiati e di coloro che non hanno voce”.

Francesco preannuncia l’incontro a Ramna con i responsabili ecumenici e interreligiosi per pregare per la pace, riaffermando il comune impegno per essa. Parla di “atmosfera di mutuo rispetto” e “crescente clima di dialogo interreligioso” che consentono ai credenti di “esprimere liberamente le loro più profonde convinzioni sul significato e sullo scopo della vita”, promuovendo valori spirituali che sono “la base sicura per una società giusta e pacifica”.

“In un mondo dove la religione è spesso – scandalosamente – mal utilizzata al fine di fomentare divisione, questa testimonianza della sua forza di riconciliazione e di unione è quanto mai necessaria. Ciò si è manifestato in modo particolarmente eloquente nella comune reazione di indignazione che ha seguito il brutale attacco terroristico dell’anno scorso qui a Dhaka, e nel chiaro messaggio inviato dalle autorità religiose della nazione per cui il santissimo nome di Dio non può mai essere invocato per giustificare l’odio e la violenza contro altri esseri umani nostri simili”.

Lo sguardo del Papa si sofferma poi sui cattolici del Bangladesh, “pochi di numero” – dice – ma che tuttavia cercano di svolgere un ruolo “costruttivo”nello sviluppo del Paese, specialmente attraverso scuole, cliniche e dispensari.

“La Chiesa – assicura – apprezza la libertà, di cui beneficia l’intera nazione, di praticare la propria fede e di realizzare le proprie opere caritative, tra cui quella di offrire ai giovani, che rappresentano il futuro della società, un’educazione di qualità e un esercizio di sani valori etici e umani”.

Nelle sue scuole la Chiesa, ricorda, cerca di promuovere una cultura dell’incontro che – auspica – renda capaci gli studenti “di assumersi le proprie responsabilità nella vita della società”. Si tratta di studenti che, assieme a molti insegnanti, “non sono cristiani, ma provengono da altre tradizioni religiose”. Il Pontefice si augura dunque che, “in accordo con la lettera e lo spirito della Costituzione nazionale”, la comunità cattolica locale possa continuare a godere “la libertà di portare avanti” tali opere per il bene comune.

Ascolta e scarica il servizio con la voce del Papa:


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Myanmar: encuentro del Papa con los obispos. Discurso.

El Papa a los Obispos de Myanmar: “Pastores constructores de paz y unidad”

2017-11-29 Radio Vaticana

 

“Los animo a crecer cada día en la oración y en la experiencia del amor reconciliador de Dios, porque es la base de su identidad sacerdotal, la garantía de la solidez de su predicación y la fuente de la caridad pastoral con la que conducen al Pueblo de Dios por senderos de santidad y de verdad”, con estas palabras el Papa Francisco alentó a los Obispos de Myanmar, durante el Encuentro con los Pastores en la sede del Arzobispado de Rangún, este miércoles 29 de noviembre, en el marco de su Visita Apostólica a este país.

En su discurso, el Santo Padre resaltó la intensa y gozosa jornada que transcurrieron celebrando la Eucaristía junto a los fieles provenientes de todos los rincones del País y encontrando a los líderes de la comunidad budista mayoritaria. “Me gustaría que nuestro encuentro de esta tarde – precisó el Pontífice – fuera un momento de serena gratitud por estas bendiciones y de reflexión tranquila sobre las alegrías y los desafíos de vuestro ministerio de Pastores de la grey de Cristo en este País”.

Refiriéndose a las alegrías y desafíos del ministerio pastoral en Myanmar, el Obispo de Roma les propuso tres palabras claves para su reflexión: sanación, acompañamiento y profecía.

Sanación

“La primera – subrayó el Papa – sanación. El Evangelio que predicamos es sobre todo un mensaje de sanación, reconciliación y paz. Mediante la sangre de Cristo en la cruz, Dios ha reconciliado el mundo consigo y nos ha invitado a ser mensajeros de esta gracia sanadora”. Aquí en Myanmar, agregó el Santo Padre, este mensaje tiene un eco particular, puesto que el País está trabajando para superar divisiones profundamente enraizadas y para construir la unidad nacional. “La unidad que compartimos y celebramos – señaló el Pontífice – nace de la diversidad. Esta valora las diferencias entre las personas como fuente de enriquecimiento mutuo y de crecimiento; los llama a vivir unidos en una cultura del encuentro y la solidaridad”.

En este sentido, el Papa Francisco precisó que, el ministerio de sanación encuentra una expresión particular en el compromiso con el diálogo ecuménico y la colaboración interreligiosa. “Pido para que vuestros esfuerzos continuos en la construcción de puentes de diálogo y en la unión con los seguidores de otras religiones, a fin de tejer una red de relaciones pacíficas, produzcan frutos abundantes para la reconciliación de la vida del País”.

Acompañamiento

La segunda palabra que les propongo esta tarde, dijo el Papa, es acompañamiento. Un buen pastor está constantemente presente ante su grey, conduciéndola mientras camina junto a ella. Como me gusta decir, agregó el Pontífice, el pastor debería oler a oveja. “En estos tiempos estamos llamados a ser una ‘Iglesia en salida’ para llevar la luz de Cristo a cada periferia. En cuanto Obispos, sus vidas y su ministerio están llamados a conformarse a este espíritu de compromiso misionero, sobre todo a través de visitas pastorales regulares a las parroquias y las comunidades que forman vuestras Iglesias locales”.

Por gracia de Dios, señaló el Papa Francisco, la Iglesia en Myanmar ha heredado de quienes trajeron el Evangelio a esta tierra una fe sólida y un ferviente afán misionero. Sobre estos firmes fundamentos, sigan inculcando al laicado el espíritu de un auténtico discipulado misionero, especialmente en los jóvenes, a quienes está dedicado el próximo Sínodo de los Obispos. “Una de las grandes bendiciones de la Iglesia de Myanmar es su juventud y, en particular, el número de seminaristas y de jóvenes religiosos. Siguiendo el espíritu del Sínodo, por favor, involúcrenlos y sosténganlos en su camino de fe, porque están llamados, a través de su idealismo y entusiasmo, a ser evangelizadores alegres y convincentes de sus coetáneos”.

Profecía

Finalmente, mi tercera palabra para ustedes dijo el Papa, es profecía. La Iglesia de Myanmar, agregó, testimonia cotidianamente el Evangelio gracias a sus obras educativas y caritativas, su defensa de los derechos humanos, su respaldo a los principios democráticos. “Pongan a la comunidad católica en condiciones de seguir teniendo un papel constructivo en la vida de la sociedad, haciendo escuchar vuestra voz en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables”.

Antes de terminar su discurso, el Papa Francisco alentó a los Obispos de Myanmar a seguir adelante en el compromiso de ser pastores fieles y servidores de la grey que Cristo les ha confiado. “Los exhorto a mantener el equilibrio en la salud física sin olvidar la espiritual, en preocuparos de modo paternal por la salud de vuestros sacerdotes. Sobre todo, os animo a crecer cada día en la oración y en la experiencia del amor reconciliador de Dios, porque es la base de vuestra identidad sacerdotal, la garantía de la solidez de vuestra predicación y la fuente de la caridad pastoral con la que conducís al Pueblo de Dios por senderos de santidad y de verdad”.

Renato Martinez – SpC

(from Vatican Radio)