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El matrimonio en el discurso del Papa a la Rota romana.

“Se multiplican los matrimonios sin fe, se necesita más preparación”

En la audiencia a la Rota Romana, el Papa sugiere un «nuevo catecumenado» pre-matrimonial y una formación posterior: «Se necesita mucha valentía para casarse en el tiempo en el que vivimos»

“Se multiplican los matrimonios sin fe, se necesita más preparación”

Pubblicato il 21/01/2017
Ultima modifica il 21/01/2017 alle ore 13:55
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Un nuevo «catecumenado» antes del matrimonio, es decir «un adecuado camino de preparación dirigido a redescubrir el matrimonio y la familia según el diseño de Dios», que, como con el Bautismo, sea «parte integral de todo el procedimiento sacramental del matrimonio, como un antídoto que impida la multiplicación de celebraciones matrimoniales nulas o inconsistentes». Y después del matrimonio, un «proyecto de formación para los jóvenes esposos, con iniciativas encaminadas a una creciente consciencia del sacramento recibido». Son los dos «antídotos» que sugirió el Papa a los prelados oidores, oficiales, abogados y colaboradores del Tribunal de la Rota Romana, en la audiencia que les concedió en ocasión de la solemne inauguración del Año Judicial.

 

Jorge Mario Bergoglio comenzó reflexionando sobre la preocupación que el actual contexto, «carente de valores religiosos y de fe, no puede sino condicionar también el consenso matrimonial», puesto que una mentalidad muy extendida, que tiende a «oscurecer el acceso a las verdades eternas», «involucra de forma amplia y capilar, las actitudes y los comportamientos de los mismos cristianos». Francisco también añadió que está convencido de que «se necesita mucha valentía para casarse en los tiempos que vivimos», por lo que «todos los que tienen la fuerza y la alegría de cumplir este paso tan importante deben sentir junto a ellos el afecto y la cercanía concreta de la Iglesia».

 

«No podemos ocultarnos que una mentalidad difundida tiente a obscurecer el acceso a las verdades eternas», dijo el Papa después del saludo que pronunció el Decano de la Rota Romana, monseñor Pio Vito Pinto. «Una mentalidad que a menudo involucra de forma amplia y capilar, las actitudes y los comportamientos de los mismos cristianos –dijo Francisco citando su exhortación apostólica Evangelii gaudium– cuya fe viene debilitada y pierde la propia originalidad de criterio interpretativo y operativo para la existencia personal, familiar y social. Tal contexto, carente de valores religiosos y de fe, no puede sino condicionar también el consenso matrimonial». Las experiencias de fe que los que piden el matrimonio cristiano, constató el Pontífice argentino, «son muy diferentes. Algunos participan activamente en la vida de la parroquia; otros se acercan a la misma por primera vez; algunos tienen una vida de oración también intensa; otros en cambio están guiados por un sentimiento religioso más bien genérico; a veces son personas lejanas de la fe o carentes de fe. Frente a esta situación es necesario encontrar remedios válidos».

 

Un primer remedio es la «formación de los jóvenes, mediante un camino adecuado de preparación dirigido a redescubrir el matrimonio y la familia según el diseño de Dios», dijo Jorge Mario Bergoglio, recordando a la vez que «hoy, más que nunca, esta preparación se presenta como una verdadera ocasión de evangelización de los adultos y, a menudo, de los llamados alejados». En este sentido, «me gustaría insistir –dijo el Papa– en la necesidad de un “nuevo catecumenado” como preparación para el matrimonio. Acogiendo los deseos de los Padres del último Sínodo Ordinario, es urgente actuar concretamente lo ya propuesto en la Familiaris consortio, que, así como para el bautismo de los adultos el catecumenado es parte del proceso sacramental, así también la preparación al matrimonio se convierta en parte integral de todo el procedimiento sacramental del matrimonio, como un antídoto –insistió– que impida la multiplicación de celebraciones matrimoniales nulas o inconsistentes».

 

El segundo remedio es el de «ayudar a los recién casados a continuar el camino en la fe y en la Iglesia también después de la celebración del matrimonio. Es necesario identificar, con valentía y creatividad, un proyecto de formación para los jóvenes esposos, con iniciativas encaminadas a una creciente consciencia del sacramento recibido» La comunidad cristiana, indicó el Papa, «está llamada a acoger, acompañar y ayudar a las jóvenes parejas, ofreciendo ocasiones e instrumentos adecuados (empezando por la participación en la Misa dominical) para cuidar la vida espiritual tanto dentro de la vida familiar como en el ámbito de la programación pastoral en la parroquia o en las agregaciones. A menudo –subrayó Francisco–, los jóvenes esposos son abandonados a sí mismos, tal vez por el simple hecho de que se dejan ver menos en la parroquia; esto sucede sobre todo con el nacimiento de los hijos. Pero, es justamente en estos primeros momentos de la vida familiar cuando hay que garantizar mayor cercanía y un fuerte apoyo espiritual, incluso en la obra educativa de los hijos, frente a los cuales son los primeros testimonios y portadores del don de la fe».

 

Es necesario hacer «inteligible y real» la «sinergía entre foedus y fides», es decir «pasar de una visión netamente jurídica y formal de la preparación de los futuros esposos, a una fundación sacramental ab initio, es decir a partir del camino hacia la plenitud de su foedus-consenso elevado por Cristo a sacramento», dijo el Papa. Concluyendo el discurso a la Rota, añadió: «Queridos hermanos, como he dicho varias veces, e necesita mucha valentía para casarse en los tiempos que vivimos. Y todos los que tienen la fuerza y la alegría de cumplir este paso tan importante deben sentir junto a ellos el afecto y la cercanía concreta de la Iglesia».

 

En junio del año pasado, durante un congreso de la diócesis de Roma en San Juan de Letrán, el Papa afrontó el tema que trató hoy ante el tribunal de la Rota Romana. Respondiendo a una pregunta sobre la «cultura de lo provisorio», Francisco explicó: «Un obispo, escuché decir hace algunos meses, al que se le presentó un chico que acababa de terminar los estudios universitarios, un buen joven, le dijo: “Yo me quiero volver sacerdote, pero por diez años”. Es la cultura de lo provisorio. Y esto sucede por todas partes, incluso en la vida sacerdotal, en la vida religiosa. Lo provisional. Y por ello, una gran mayoría de nuestros matrimonios sacramentales son nulos, porque los esposos dicen: “Sí, para toda la vida”, pero no saben lo que dicen, porque tienen otra cultura. Lo dicen y tienen la buena voluntad, pero no tienen la conciencia. Una señora, una vez, en Buenos Aires, me regañó: “Ustedes, los curas, son muy listos, porque para volverse cura estudian ocho años, y luego, si las cosas no funcionan y el cura encuentra a una chica que le gusta… al final le dan el permiso de que se case y que cree una familia. Y a nosotros, los laicos, que tenemos que hacer el sacramento para toda la vida e indisoluble, nos dan cuatro conferencias, ¡y esto es para toda la vida!”. Para mí, uno de los problemas es este: la preparación al matrimonio».


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El Papa sobre el nuevo proceso matrimonial un curso organizado por la Rota Romana.

El Papa a la Rota Romana: “Tribunales eclesiásticos, expresión tangible del servicio diaconal”

(RV).- “La Iglesia del Verbo Encarnado, se encarna en las vicisitudes tristes y dramáticas de la gente, se inclina hacia los pobres y hacia cuantos están lejos de la comunidad eclesial o se consideran fuera de ella a causa de su fracaso conyugal. Sin embargo, ellos son y siguen incorporados a Cristo en virtud del Bautismo”, lo dijo el Papa Francisco a los Obispos participantes en el curso sobre el nuevo proceso matrimonial, organizado por el Tribunal Apostólico de la Rota Romana.

En su discurso, el Santo Padre recordó que los Obispos en virtud de la ordenación episcopal son constituidos “maestros de la fe”, por ello tienen la necesidad de aprender continuamente. “Se trata de comprender las necesidades y los interrogantes del hombre de hoy y buscar las respuestas en la Palabra de Dios y en las verdades de fe, estudiadas y conocidas siempre mejor. El ejercicio del munus docendi está íntimamente relacionado con aquel sanctificandi y regendi. Mediante estas tres funciones se expresa el ministerio pastoral del Obispo, fundado en el designio de Cristo, con la asistencia del Espíritu Santo y finalizado a actualizar el mensaje de Jesús”. La inculturación del Evangelio, subrayó el Pontífice, se funda justamente en este principio que mantiene unidos la fidelidad del anuncio evangélico y su comprensión y traducción en el tiempo. Recordando la palabras del Beato Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, el Obispo de Roma señaló que, “es necesario evangelizar de modo concreto, poniéndose en la condición de cada persona, ya que la atención a la personas es el motivo teológico y eclesiológico que sustenta este curso de formación. Ya que la salud espiritual, la salus animarun de las personas a nosotros encomendadas constituye el fin de toda acción pastoral”.

Comentando un pasaje de la Primera Carta de Pedro, el Pontífice indicó que, ahí encontramos un punto de referencia fundamental para el oficio episcopal. “Esta exhortación ilumina la entera misión del Obispo, presentando la potestad espiritual como un servicio para la salvación de los hombres. En esta perspectiva, es necesario eliminar con decisión todo impedimento de carácter mundano que hace difícil a muchos fieles el acceso a los tribunales eclesiásticos. Cuestiones de tipo económico y organizativo no pueden constituir un obstáculo para el examen canónico sobre la validad de un matrimonio”.

Las leyes de la Iglesia, precisó el Papa Francisco, en la óptica de una sana relación entre justicia y caridad, no puede prescindir del principio fundamental de la salus animarum. “Por lo tanto, los tribunales eclesiásticos están llamados a ser expresión tangible de un servicio diaconal del derecho en relación a este fin primordial. Éste es oportunamente puesto como palabra final del Código de Derecho Canónico, porque lo supera como ley suprema y como valor que supera el derecho mismo, indicando así el horizonte de la misericordia”.

En esta perspectiva, afirmó el Pontífice, la Iglesia camina siempre como madre que acoge y ama, siguiendo el ejemplo de Jesús Buen Samaritano. “La Iglesia del Verbo Encarnado, se encarna en las vicisitudes tristes y dramáticas de la gente, se inclina hacia los pobres y hacia cuantos están lejos de la comunidad eclesial o se consideran fuera de ella a causa de su fracaso conyugal. Sin embargo, ellos son y siguen incorporados a Cristo en virtud del Bautismo. Por lo tanto, a nosotros corresponde la grave responsabilidad de ejercitar el munus, recibido de Jesús divino Pastor, médico y juez de las almas, para no considerarlos jamás extraños al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia”.

A los Obispos participantes, provenientes de diversos países del mundo, el Santo Padre los animó a dar respuestas adecuadas a las diferentes interrogantes que surgen en el ámbito de la pastoral matrimonial en cada una de sus diócesis, teniendo en cuenta un sólido sustento jurídico, teológico y pastoral. “Regresaran a sus diócesis enriquecidos de nociones y de sugerencias útiles para desarrollar con mayor eficacia su ministerio, especialmente en orden al nuevo proceso matrimonial. Esto representa una ayuda importante para hacer crecer en la grey a ustedes confiada la medida de la estatura de Cristo Buen Pastor, de quien debemos cada día aprender la sabia búsqueda del unum necessarium: la salus animarum”.

Finalmente, el Papa Francisco exhortó a los Obispos a confiar en la asistencia indefectible del Espíritu Santo, que conduce indivisiblemente pero realmente la Iglesia. Asimismo, les dijo, oremos para que nos ayude y ayude también al Sucesor de Pedro para responder, con disponibilidad y humildad, al grito de ayuda de tantos hermanos nuestros que tienen necesidad de encontrar la verdad sobre su propio matrimonio y sobre el camino de sus vidas.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


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Matrimonio y familia en crisis? Exhortación de Papa Francisco.

Francisco: no más ideas abstractas sobre el matrimonio, la Iglesia está cerca de todos

Audiencia al Instituto Juan Pablo II con sus nuevos dirigentes: es desconcertante constatar la tendencia a cancelar la diferencia sexual; se requiere una especial inteligencia de amor con la familia
ANSA

La celebración de un matrimonio en San Pedro

27/10/2016
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Es «desconcertante constatar» una «tendencia a cancelar la diferencia» sexual. Por el contrario, «cuando las cosas van bien entre hombre y mujer, también el mundo y la historia van bien», y, «en caso contrario, el mundo se vuelve inhóspito y la historia se detiene». Lo dijo Papa Francisco en su discurso al Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, cuya cúpula acaba de renovar. El Papa se concentró sobre la necesidad de «desarrollar (a nivel doctrinal y pastoral) nuestra capacidad de leer e interpretar, para nuestro tiempo, la verdad y la belleza» de la familia, recordando que mucho más decisiva que la «lejanía de muchos del ideal y de la práctica de la verdad cristiana» es la «cercanía de la Iglesia», y también por las «situaciones de debilidad humana, para que la gracia pueda rescatarlas, reanimarlas y curarlas».

En agosto de este año, Francisco nombró a monseñor Vincenzo Paglia Gran canciller del Pontificio Instituto, además de presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y al teólogo milanés Pierangelo Sequeri presidente del Instituto.

«En la coyuntura actual, los vínculos conyugales y familiares son puestos a prueba de muchas maneras», dijo el Papa. «La afirmación de una cultura que exalta el individualismo narcisista, una concepción de la libertad desvinculada de la responsabilidad por el otro, el crecimiento de la indiferencia por el bien común, la imposición de ideologías que agreden directamente el proyecto familiar, así como el aumento de la pobreza que amenaza el futuro de muchas familias, son otras tantas razones de crisis para la familia contemporánea».

En una cultura en donde se corre el peligro de que prevalezca «cada vez más el “yo” sobre el “nosotros”, el individuo sobre la sociedad», dijo Papa Francisco, «es imposible negar el aporte de la cultura moderna al re descubrimiento de la dignidad de la diferencia sexual, Por ello, es también muy desconcertante constatar que esta cultura parece bloqueada por una tendencia a cancelar la diferencia en lugar de resolver los problemas que la mortifican». Por el contrario, cuando «las cosas van bien entre hombre y mujer, también el mundo y la historia van bien. De lo contrario, el mundo se vuelve inhóspito y la historia se detiene».

Pero «la caridad de la Iglesia se compromete por lo tanto a desarrollar (a nivel doctrinal y pastoral) nuestra capacidad de leer e interpretar, para nuestro tiempo, la verdad y la belleza del plan creador de Dios. La irradiación de este proyecto divino, en la complejidad de la condición de hoy, exige una especial inteligencia de amor. Y también una fuerte dedicación evangélica, animada por gran compasión y misericordia por la vulnerabilidad y la falibilidad del amor entre los seres humanos». Las «dinámicas de la relación entre Dios, el hombre y la mujer, y sus hijos, son la llave de oro para comprender el mundo y la historia, con todo lo que contienen. Y, en fin, para comprender algo profundo que se encuentra en el amor de Dios mismo. ¿Podemos pensar tan “en grande” en esta revelación? ¿Estamos convencidos de la potencia de vida que este proyecto de Dios lleva en el amor del mundo? ¿Sabemos arrancar a las nuevas generaciones de la resignación y reconquistar la audacia de este proyecto?».

Hay que reconocer, prosiguió el Papa citando su «Amoris laetitia», que a veces «hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, alejado de la situación concreta y de las efectivas posibilidades de las familias tal y como son. Esta idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha provocado más que el matrimonio ya no sea tan deseable ni atractivo, sino todo lo contrario». Y, por el contrario, «la gracia existe, así como también el pecado».

El doble Sínodo sobre la familia de 2014-2015 manifestó al unísono «la necesidad de ampliar la comprensión y el cuidado de la Iglesia por este misterio de amor humano en el que se abre camino el amor de Dios por todos», y la «Amoris laetitia» «atesora esta ampliación y solicita al entero pueblo de Dios que haga más visible y eficaz la dimensión familiar de la Iglesia», dijo Bergoglio, que insistió: «el tema pastoral de hoy no es solo el de la lejanía de muchos del ideal y de la práctica de la verdad cristiana del matrimonio y de la familia; más decisivo se vuelve el tema de la cercanía de la Iglesia, cercanía a las nuevas generaciones de esposos, para que la bendición de su vínculo los convenza cada vez más y los acompañe, y también cercanía para las situaciones de debilidad humana, para que la gracia pueda rescatarlas, reanimarlas y curarlas».

El Instituto «está llamado a sostener la necesaria apertura de la inteligencia de la fe al servicio de la preocupación pastoral del Sucesor de Pedro», dijo el Papa. Y recordó que «también los buenos teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle y, con su reflexión, derraman aceite y vino sobre las heridas de los hombres». Teología y pastoral van de la mano. Esta tarea requiere «estar arraigado en la alegría de la fe y en la unidad de un alegre servicio a la Iglesia viva en la que vivimos, la Iglesia bella a la que pertenecemos, la Iglesia del único Señor y del único Espíritu al cual nos entregamos como “siervos inútiles”, que ofrecen sus mejores dones. La Iglesia que amamos, para que todos puedan amarla. La Iglesia en la que nos sentimos amados más allá de nuestros méritos y por la cual estamos listos para hacer sacrificios, en perfecta alegría».


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Importantes modificaciones del Derecho Canónico.

Francisco modifica el D° Canónico para permitir a laicos celebrar matrimonios

franciscanosseglares

(Jesús Bastante).- “Donde no hay sacerdotes y diáconos, el Obispo diocesano , previa aprobación de la Conferencia Episcopal y obtenida la licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios”. El Papa Francisco acaba de publicar una carta apostólica, en forma de Motu Proprio, en el que modifica varios artículos del Código de Derecho Canónico.

Lo más relevante, sin duda, es esta puerta abierta a que, en determinados casos, fieles laicos puedan impartir el sacramento del matrimonio, algo vedado hasta la fecha.

En “De concordia inter Codices”, Bergoglio modifica hasta once artículos del Código de Derecho Canónico, en un trabajo llevado a cabo por una comisión formada por una treintena expertos, dependiente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos. El objetivo, subraya el texto papal, es el de“armonizar” algunas normas del CDC imcompatibles con los cánones de las Iglesias orientales, y una mejora de las relaciones intereclesiales, especialmente en América.

Entre los puntos más destacados, se subraya la modificación del canon 111, en virtud del cual “cualquier bautizado que haya cumplido 14 años de edad puede elegir libremente bautizarse en la Iglesia latina u otra Iglesia ‘sui iuris’”, aunque la decisión anterior de alguno de los progenitores (especialmente en el caso de matrimonios mixtos), haya sido la contraria.

La nota también modifica el código 1111, afirmando que los obispos “pueden delegar asacerdotes y diáconos, la facultad para ayudar a los matrimonios dentro de los confines de su territorio“. En el párrafo siguiente, se lee que “donde no hay sacerdotes y diáconos, el Obispo diocesano, previa aprobación de la Conferencia Episcopal y obtenida la licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios”.

Del mismo modo, y en otra sugerente novedad, el Motu Proprio indica que el obispo puede dar a cualquier sacerdote “la facultad de bendecir el matrimonio de fieles cristianos de las Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesiacatólica si éstos lo piden espontáneamente, y siempre que no haya objeciones a la celebración válida y lícita del matrimonio”.

Junto a esta modificación, el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos ha consignado la “correcta interpretación” de una parte del canon 1041, referente a los que están impedidos para recibir las sagradas órdenes. Según el escrito, firmado por el cardenal Coccopalmeiro y el secretario Juan Ignacio Arrieta, amplía la prohibición de ordenar sacerdotes a los asesinos y quienes hayan procurado abortos o intentado suicidarse. La aclaración apunta que esto también incluye a los “no católicos” (se entiende que se refiere a los conversos que deseen acceder al sacerdocio).

Jesús Bastante  –  Madrid


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La cuestión de los divorciados reesposados y su acceso a los sacramentos.

Justos los criterios para integrar a divorciados en nueva unión, dijo el Papa a los obispos argentinos

2016-09-13 Radio Vaticana

(RV).- “Es precisamente la caridad pastoral la que nos mueve a salir para encontrar a los alejados. Y, una vez encontrados, a iniciar un camino de acogida, acompañamiento, discernimiento e integración en la comunidad eclesial”. Gira entorno a esta premisa la carta que el Papa Francisco envió, el pasado 5 de setiembre, a los obispos de la región pastoral de Buenos Aires, dirigiéndola a su delegado monseñor Sergio Alfredo Fenoy, en respuesta al documento “Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de Amoris laetitia”.

En la misiva Francisco expresa su aprecio por el trabajo realizado por los prelados: “El escrito es muy bueno – asegura – y explicita cabalmente el sentido del capítulo VIII de Amoris laetitia. No hay otras interpretaciones. Y estoy seguro de que hará mucho bien”. El Papa los felicita “por el trabajo que se han tomado”, ya que se trata de “un verdadero ejemplo de acompañamiento a los sacerdotes” y remarca “cuanto es necesaria esta cercanía del obispo con su clero y del clero con el obispo”. En efecto escribe: “El prójimo ‘más prójimo’ del obispo es el sacerdote, y el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo comienza, para nosotros obispos, precisamente con nuestros curas”.

El Santo Padre reconoce que la caridad pastoral entendida como búsqueda continua de los alejados es fatigosa, ya que se trata de una pastoral  “cuerpo a cuerpo” que no puede reducirse a “mediaciones programáticas, organizativas o legales, si bien necesarias”. Y señala que de las cuatro actitudes pastorales: acoger, acompañar, discernir, integrar, la menos practicada es el discernimiento.

Considero urgente – afirma el Papa –  la formación en el discernimiento, personal y comunitario, en nuestros Seminarios y Presbiterios”.

Finalmente, Francisco recuerda que “Amoris laetitia fue el fruto del trabajo y la oración de toda la Iglesia, con la mediación de dos Sínodos y del Papa” y por lo tanto, recomienda “una catequesis completa de la Exhortación que ciertamente ayudará al crecimiento, consolidación y santidad de la familia”.

El documento de los obispos argentinos se concentra en el capítulo VIII de la exhortación apostólica que hace referencia a las orientaciones de los obispos en orden a discernir el posible acceso a los sacramentos de algunos “divorciados en nueva unión” y recuerda que “no conviene hablar de ‘permisos’ para acceder a los sacramentos, sino de un proceso de discernimiento acompañado por un pastor. Es un discernimiento personal y pastoral”, ya que “el acompañamiento pastoral es un ejercicio de la “via caritatis”.

“Se trata de un itinerario – escriben los obispos – que necesita de la caridad pastoral del sacerdote que acoge al penitente, lo escucha atentamente y le muestra el rostro materno de la Iglesia, a la vez que acepta su recta intención y su buen propósito de colocar la vida entera a la luz del Evangelio y de practicar la caridad”. “Este camino – advierten – no termina necesariamente en los sacramentos sino que puede orientarse a otras formas de integrarse más en la vida de la Iglesia: una mayor presencia en la comunidad, la participación en grupos de oración o reflexión, el compromiso en diversos servicios eclesiales”.

A continuación, el texto completo del documento de los Obispos argentinos:

Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de Amoris laetitia

Estimados sacerdotes:

Recibimos con alegría la exhortación Amoris laetitia, que nos llama ante todo a hacer crecer el amor de los esposos y a motivar a los jóvenes para que opten por el matrimonio y la familia. Esos son los grandes temas que nunca deberían descuidarse ni quedar opacados por otras cuestiones. Francisco ha abierto varias puertas en la pastoral familiar y estamos llamados a aprovechar este tiempo de misericordia, para asumir como Iglesia peregrina la riqueza que nos brinda la Exhortación Apostólica en sus distintos capítulos.

Ahora nos detendremos sólo en el capítulo VIII, dado que hace referencia a “orientaciones del Obispo” (300) en orden a discernir sobre el posible acceso a los sacramentos de algunos “divorciados en nueva unión”. Creemos conveniente, como Obispos de una misma Región pastoral, acordar algunos criterios mínimos. Los ofrecemos sin perjuicio de la autoridad que cada Obispo tiene en su propia Diócesis para precisarlos, completarlos o acotarlos.

1) En primer lugar recordamos que no conviene hablar de “permisos” para acceder a los sacramentos, sino de un proceso de discernimiento acompañado por un pastor. Es un discernimiento “personal y pastoral” (300).

2) En este camino, el pastor debería acentuar el anuncio fundamental, el kerygma, que estimule o renueve el encuentro personal con Jesucristo vivo (cf. 58).

3) El acompañamiento pastoral es un ejercicio de la “via caritatis”. Es una invitación a seguir “el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración” (296). Este itinerario reclama la caridad pastoral del sacerdote que acoge al penitente, lo escucha atentamente y le muestra el rostro materno de la Iglesia, a la vez que acepta su recta intención y su buen propósito de colocar la vida entera a la luz del Evangelio y de practicar la caridad (cf. 306).

4) Este camino no acaba necesariamente en los sacramentos, sino que puede orientarse a otras formas de integrarse más en la vida de la Iglesia: una mayor presencia en la comunidad, la participación en grupos de oración o reflexión, el compromiso en diversos servicios eclesiales, etc. (cf. 299).

5) Cuando las circunstancias concretas de una pareja lo hagan factible, especialmente cuando ambos sean cristianos con un camino de fe, se puede proponer el empeño de vivir en continencia. Amoris laetitia no ignora las dificultades de esta opción (cf. nota 329) y deja abierta la posibilidad de acceder al sacramento de la Reconciliación cuando se falle en ese propósito (cf. nota 364, según la enseñanza de san Juan Pablo II al Cardenal W. Baum, del 22/03/1996).

6) En otras circunstancias más complejas, y cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción mencionada puede no ser de hecho factible. No obstante, igualmente es posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía (cf. notas 336 y 351). Estos a su vez disponen a la persona a seguir madurando y creciendo con la fuerza de la gracia.

7) Pero hay que evitar entender esta posibilidad como un acceso irrestricto a los sacramentos, o como si cualquier situación lo justificara. Lo que se propone es un discernimiento que distinga adecuadamente cada caso. Por ejemplo, especial cuidado requiere “una nueva unión que viene de un reciente divorcio” o “la situación de alguien que reiteradamente ha fallado a sus compromisos familiares” (298). También cuando hay una suerte de apología o de ostentación de la propia situación “como si fuese parte del ideal cristiano” (297). En estos casos más difíciles, los pastores debemos acompañar con paciencia procurando algún camino de integración (cf. 297, 299).

8) Siempre es importante orientar a las personas a ponerse con su conciencia ante Dios, y para ello es útil el “examen de conciencia” que propone Amoris laetitia 300, especialmente en lo que se refiere a “cómo se han comportado con sus hijos” o con el cónyuge abandonado. Cuando hubo injusticias no resueltas, el acceso a los sacramentos es particularmente escandaloso.

9) Puede ser conveniente que un eventual acceso a los sacramentos se realice de manera reservada, sobre todo cuando se prevean situaciones conflictivas. Pero al mismo tiempo no hay que dejar de acompañar a la comunidad para que crezca en un espíritu de comprensión y de acogida, sin que ello implique crear confusiones en la enseñanza de la Iglesia acerca del matrimonio indisoluble. La comunidad es instrumento de la misericordia que es “inmerecida, incondicional y gratuita” (297).

10) El discernimiento no se cierra, porque “es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena” (303), según la “ley de gradualidad” (295) y confiando en la ayuda de la gracia.

Somos ante todo pastores. Por eso queremos acoger estas palabras del Papa: “Invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia” (312).

Con afecto en Cristo.

Los Obispos de la Región

05 de septiembre de 2016

 


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En defensa de la Amoris Laetitia de Papa Francisco.

jyx1JOS-“Amoris Laetitia” y las críticas infundadas contra Francisco

Un filósofo mexicano especialista en Juan Pablo II exhibe los límites de quienes critican la exhortación apostólica de Francisco y demuestra la plena sintonía entre las enseñanzas de ambos Papas, incluso en los aspectos más delicados.
LAPRESSE

Amoris Laetitia

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22/07/2016
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO
Francisco no cambia la doctrina esencial de la Iglesia. No está en contradicción con sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Su enseñanza, incluida en la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, implica un nuevo paso adelante en el pensamiento cristiano. Por eso resulta extraño encontrar resistencias a su magisterio. Críticas injustas e infundadas. Son palabras del filósofo mexicano Rodrigo Guerra, especialista en Karol Wojtyla y director del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV). Desde las columnas del diario vaticano, él sumó su voz a la de Rocco Buttiglione, el famoso pensador italiano y uno de los hombres de consulta permanente para el Papa polaco.

Con un largo artículo publicado en “L’Osservatore Romano”, Guerra evidenció los límites de quienes, en las últimas semanas, han pretendido contraponer las enseñanzas de Francisco con las de Juan Pablo II, especialmente en materia de matrimonio y divorcio. Y fue claro en demostrar que el documento “Amoris laetitia” no comporta “ruptura o discontinuidad con el evangelio”.

“Es extraño encontrar resistencias en el momento en que el pensamiento cristiano da un nuevo paso hacia delante. Estas resistencias, por lo general, argumentan falta de fidelidad a la herencia recibida, el usar un lenguaje renovado que se considera ambiguo y los muchos riesgos que pueden venir si se adopta tal o cual iniciativa a partir del nuevo enfoque adoptado”, escribió.

“Francisco no cambia la doctrina esencial de la Iglesia. No lo hace porque sabe bien que el depósito de la fe no es una invención arbitraria que pueda transformarse con ocurrencias más o menos afortunadas. El depósito de la fe es un don que es preciso custodiar. Pero esta custodia no consiste en colocarlo en un refrigerador para que hiberne y se suspenda su metabolismo”, agregó.

Más adelante Guerra defendió el “dinamismo” de un “Dios vivo que se entromete y compromete” con la historia de los seres humanos para redimirla y cuya manifestación está en la Iglesia, en especial en el ministerio del sucesor de Pedro. Aseguró que “Amoris laetitia” es un verdadero acto de magisterio pontificio y calificó como “teológicamente inexacto” insinuar que la exhortación apostólica es “una suerte de opinión personal, un tanto privada”.

Se refirió al capítulo 8, dedicado en buena parte a los divorciados vueltos a casar. Integró a ese apartado dentro de la llamada “hermenéutica de la continuidad”, consagrada por Benedicto XVI en diciembre de 2005. Aseguró que nada ha cambiado en la doctrina sobre la naturaleza del sacramento del matrimonio y de la eucaristía. Pero precisó que esta doctrina, “verdadera e inmutable a la que se debe prestar obediencia”, requiere ser profundizada y expuesta de acuerdo a las exigencias del cambio de época.

De ahí, el filósofo mexicano tomó el título de su nota: “Un desarrollo orgánico con fidelidad creativa”. Afirmó que la exhortación de Francisco es profundamente fiel al pensamiento de santo Tomás de Aquino y la tradición de la Iglesia, que permite encontrar una ruta para atender, más allá de las teorías, el drama de las personas reales en sus circunstancias concretas.

Al mismo tiempo advirtió que algunos intelectuales pretenden introducir a Francisco en una “hermenéutica de la ruptura”. Quienes lo hacen –agregó- manifiestan una deficiente interpretación de santo Tomás, de Juan Pablo II y del propio Benedicto XVI.

“Simplemente señalo que no es conforme a la verdad interpretar a Benedicto como una suerte de justificación pontificia para afirmar el rigorismo. Algunos quisieran hacer aparecer al obispo emérito de Roma como un apasionado defensor de valores inamovibles en contraste con Francisco. Esto no es así. Francisco se encuentra en continuidad con Benedicto XVI”, insistió.

Estableció que sólo desde esta “fidelidad creativa” es posible vivir la paciencia con los lastimados y heridos, acompañarlos sin escandalizarse de sus miserias y de las propias, descubriendo al mismo tiempo que en la Iglesia, verdadera presencia de Jesucristo en la historia, existe un camino lleno de ternura para la reconstrucción de la vida, para la sanación de todas las heridas, aun de las más profundas.

Resulta significativa esta intervención de Guerra, entre otras cosas miembro de la Pontificia Academia Pro Vita y del Pontificio Consejo Justicia y Paz, ambos organismos de la Santa Sede. Un mensaje que llegó después del esclarecedor artículo del pensador italiano Rocco Buttiglione, integrante de la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales y hombre de histórica cercanía a Juan Pablo II, también publicado esta semana en L’Osservatore Romano.

En su nota constató que Francisco no ha cambiado la doctrina de la Iglesia, que el pueblo cristiano lo reconoció inmediatamente como pastor pero que a algunos eruditos les cuesta trabajo entenderlo, lo critican y lo sitúan en el lado opuesto de la tradición de la Iglesia y del predecesor Wojtyla. “Parecen desconcertados por el hecho de no leer en su texto (“Amoris laetitia”) la confirmación de sus teorías y no tienen ganas de salir de sus esquemas mentales para escuchar la novedad sorprendente de su mensaje”, señaló.

Afirmó que esa exhortación apostólica no dice que los divorciados vueltos a casar pueden recibir tranquilamente la comunión sino que los invita a interrogarse en su conciencia, a dejarse ayudar por un director espiritual, a ir al confesionario para exponer su situación, a iniciar un camino de discernimiento espiritual.

“El camino que el Papa propone a los divorciados vueltos a casar es exactamente el mismo que la Iglesia propone a todos los pecadores: ve a confesarte y tu confesor, cuando haya examinado las circunstancias, decidirá si darte la absolución y admitirte en la eucaristía o si no debe hacerlo”, siguió.

Al mismo tiempo estableció que Juan Pablo II siempre tuvo en claro la diferencia entre un hecho intrínsecamente malo y la responsabilidad moral de quien lo realiza, que puede aumentar o disminuir por diversas condiciones. Es más, recordó que fue justamente Karol Wojtyla quien le quitó la excomunión a los divorciados y vueltos a casar, pena que se aplicaba antes de la exhortación “Familiares Consortio” de 1981. Una “decisión muy valiente” que “rompió con una tradición secular”.

Y sobre las enseñanzas de ambos pontífices, fue contundente: “San Juan Pablo II y el Papa Francisco no dicen por supuesto lo mismo, pero no se contradicen respecto a la teología del matrimonio. Usan de manera diferente y en situaciones diferentes el poder de deshacer y de unir lo que Dios ha confiado al sucesor de Pedro”.


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Qué ha dicho el Papa sobre los matrimonios nulos?

 

Papa trono

A pedido del Papa, Vaticano aclara dichos de Francisco sobre matrimonios nulos

VATICANO, 17 Jun. 16 / 01:41 pm (ACI).- Por pedido del Papa Francisco, el Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, aclaró este viernes los dichos del Pontífice sobre los matrimonios nulos, expresados ayer 16 de junio durante el Congreso de la Diócesis de Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán.

En declaraciones difundidas por el blog Il Sismografo, el vocero vaticano señaló que “se me ha hecho una pregunta a propósito de la conversación del Papa en el Congreso de la Diócesis de Roma”.
“Después de la tercera pregunta –hecha por un laico–, el Papa, en la respuesta dada ‘de manera improvisada’ sobre la ‘cultura de lo provisorio’, dijo oralmente: ‘por esto una gran mayoría de nuestros matrimonios sacramentales son nulos’ (así aparece en la grabación), mientras que el texto de la Sala de Prensa de hoy señala: ‘una parte de nuestros matrimonios sacramentales son nulos’”, indicó.

“¿Por qué este cambio? ¿Es una manipulación del Papa?”, expresó el P. Lombardi.

“La respuesta es que –explicó–, cuando el Papa habla ‘de manera improvisada’, espontáneamente, el texto transcrito es siempre objeto de una revisión por parte de quien es responsable del cuidado de los textos del Papa, para verificar la lengua o eventuales inexactitudes o puntos particulares que sea justo precisar. Cuando se tocan temas de un cierto relieve, el texto revisado es siempre sometido al Papa mismo”.

En ese sentido, “esto es lo que ha sucedido en este caso, por tanto el texto publicado fue aprobado expresamente por el Papa”.