Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Canada: una religiosa preside una ceremonia nupcial sin eucaristía.

Boda católica celebrada en Québec por una monja

Sor Pierrette Thiffault presidió la liturgia nupcial en Lorrainville, después de que el obispo hubiera obtenido la autorización de la Santa Sede. Una excepción prevista por el Código de Derecho Canónico

Sor Pierrette Thiffault

Pubblicato il 28/07/2017
Ultima modifica il 28/07/2017 alle ore 08:42
ANDREA TORNIELLI
ROMA

Se llama sor Pierrette Thiffault, es una religiosa acostumbrada a suplir lo mejor que puede debido a la falta de los sacerdotes en la región de Abitibi-Témiscamingue, en Québec. Pero hasta el pasado 22 de julio no le había tocado celebrar ninguna ceremonia nupcial. Lo hizo en Lorrainville, un pueblito de 1200 almas que se encuentra a más de 650 kilómetros de Móntreal, en donde unió en matrimonio a Cindy y a David dentro de la iglesia parroquial.

 

La presencia femenina en el altar, donde se celebró, obviamente solo la liturgia nupcial, y no la misa, causó polémicas. Pero se trata de una excepción prevista por el Código Canónico promulgado en 1983 por san Juan Pablo II.

 

El canon 1112 afirma, efectivamente: «Donde no haya sacerdotes ni diáconos, el Obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios». En el Código de Derecho Canónico la palabra «laico» no tiene ninguna connotación masculina, sino se refiere, por el principio de igualdad, tanto a hombres como a mujeres. Otra cosa es la orden sagrada, en sus tres grados de diaconado, presbiterato y episcopado, reservado a los varones. La monjas, a pesar de haber hecho votos de religiosa, es considerada «laica» en relación con la orden sacra.

 

Hay que recordar que en el matrimonio, el ministro que celebra el sacramento no es el sacerdote. Los ministros celebrantes son, efectivamente, los esposos. El sacerdote tiene, en el ámbito de la liturgia nupcial, la tarea de testimonio calificado. Por ello las normas canónicas prevén, excepcionalmente y en casos de demostrada necesidad, la posibilidad de que quien presida la liturgia sea un laico, previa autorización de la Santa Sede.

 

Lorrainville pertenece a la diócesis de Rouyn-Noranda, en donde el clero escasea tanto que hay sacerdotes que tienen que ocuparse de 7 u 8 parroquias. Por ello el obispo llamó a sor Pierrette Thiffault, religiosa de las Hermanas de la Providencia, para la celebración del matrimonio. La monja quiso recordar a la prensa local que no había sido ordenada, por lo que no podía ejercer ninguna función sacerdotal. La que la autorizó, con una carta del 23 de mayo de 2017, fue la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presidida por el cardenal Robert Sarah. El vicario general de la diócesis canadiense declaró: «En la Iglesia católica, esta es una presidencia que se encomienda solo a un cura, pero puede haber alguna excepción, y lo que sucedió hoy es una de ellas».

 

Sor Pierrette Thiffault se encarga desde hace años de la pastoral en la parroquia de Moffet, cerca de Lorainville, y le enseñó el catecismo a David, el esposo, cuando era chico. Fue el obispo quien pidió que pudiera presidir el matrimonio.


Deja un comentario

Los divorciados vueltos a casar y la comunión.

 

Un artículo sobre el teólogo Marcial Vidal acerca de la cuestión de los divorciados reesposados. Véase en el siguiente enlace:

 

http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2017/05/05/marciano-vidal-los-divorciados-vueltos-a-casar-pueden-comulgar-iglesia-religion-dios-jesus-papa-dubia-cardenales-amoris-laetitia.shtml


Deja un comentario

Los sacerdotes lefebrvianos y el sacramento del matrimonio. Comentario

La convalidación del Papa para los matrimonios celebrados por lefebvrianos

El paso de Francisco: con una carta firmada por el cardenal Müller y monseñor Pozzo, autoriza a los obispos ha reconocer las bodas celebradas por los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X

La convalidación del Papa para los matrimonios celebrados por lefebvrianos

36
0
Pubblicato il 04/04/2017
Ultima modifica il 04/04/2017 alle ore 18:30
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Después de la concesión de la facultad para confesar lícitamente que Francisco extendió más allá del Jubileo de la Misericordia a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, Roma da un nuevo paso para tratar de acercarse a los lefebvrianos. Con una carta aprobada por el Papa se autoriza a los obispos de las diócesis en las que está presente la Fraternidad a delegar a un sacerdote para que presencie el momento del consenso en el rito del matrimonio de los fieles lefebvrianos. Si es necesario, el obispo también podrá delegar directamente al sacerdote de la Fraternidad que celebra la boda.

 

«No obstante – se puede leer en la carta – que la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente ilegítima– el Santo Padre, a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad, según las siguientes indicaciones. Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad».

 

«Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes – afirma la carta – el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado».

 

«Este Dicasterio – el documento concluye – confía en Su colaboración con la convicción de que con estas indicaciones no sólo se podrán remover los escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX y la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio, sino que al mismo tiempo, se avanzará hacia la plena regularización institucional».

 

La «Carta de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei sobre la licencia para celebrar los matrimonios de los fieles de la Fraternidad San Pío X», dada a conocer este 4 de abril de 2017, lleva las firmas del cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, y del Secretario de la Comisión Ecclesia Dei, el arzobispo Guido Pozzo. La misiva fue aprobada por Francisco. Se trata de un documento que, siguiendo las huellas de la decisión sobre las confesiones, tiene en cuenta las exigencias de los fieles y resuelve el problema que ha existido hasta ahora sobre los matrimonios celebrados por los sacerdotes de la Fraternidad.

 

Para que un matrimonio sea válido y lícito, no es suficiente la ordenación del ministro que asiste al rito (cuyos celebrantes son los esposos), se necesita también la jurisdicción. Para que el consenso que pronuncian los esposos frente al ministro asistente este último debe haber recibido la autorización del obispo o, con mayor frecuencia, del párroco del lugar en el que se celebra el matrimonio. Ni siquiera un cardenal o un nuncio apostólico pueden bendecir el matrimonio de una pareja de esposos sin esta autorización. Es famoso el caso del nuncio apostólico Federico Tedeschini (que después fue creado cardenal por Pío XI), quien durante los años veinte bendijo en España muchos matrimoniossin haber recibido la autorización ni del obispo ni del párroco. Todos esos matrimonios fueron declarados nulos por la Sacra Rota por defecto de forma canónica.

 

Sin la autorización del ordinario diocesano o del párroco del lugar, el matrimonio es nulo por defecto de forma canónica, aunque la nulidad deba ser demostrada en una sede judicial. Esto, obviamente, no quiere decir que todos los matrimonios celebrados hasta ahora por los fieles de la Fraternidad sean nulos: siempre ha existido la posibilidad de pedir una autorización o una «sanatio» (una sanatoria «ex post») después del matrimonio. Pero ahora esta dificultad ya no existirá, puesto que, gracias a la carta publicada hoy, se supera cualquier duda jurídica: cualquier obispo diocesano está autorizado, expresamente, por voluntad del Papa a conceder la autorización y, por lo tanto, permitir que los matrimonios celebrados por los sacerdotes lefebvrianos también sean válidos y lícitos.

 

En el rito preconciliar, según el misal de 1962 promulgado por Juan XXIII (que es el que utiliza la Fraternidad San Pío X), el sacramento del matrimonio es celebrado antes de la misa. Es decir que no está incorporado en la celebración eucarística como sucede normalmente en el rito de la forma post-conciliar, aunque exista la posibilidad de celebrarlo fuera de la misa. El obispo ahora cuenta con la autorización para nombrar a un sacerdote como su delegado para recibir el consenso de los esposos cuando el matrimonio sea celebrado por un sacerdote de la Fraternidad y puede decidir delegar directamente al sacerdote lefebvriano. Después de la publicación del documento de hoy, el obispo ya no puede aducir como motivación para negar el consenso ni la autorización el hecho de que los sacerdotes de la Fraternidad no cuenten con un estatus jurídico en la Iglesia católica.

 

El gesto de Francisco, pues, representa un paso más de atención y benevolencia para con la Fraternidad, con la esperanza, declarada en el texto de la carta, de que se pueda llegar dentro de poco a la plena reconciliación. Como se sabe, la Santa Sede le propuso hace algunos meses al superior de la San Pío X, el obispo Bernard Fellay, una nueva versión de la declaración doctrinal que deben firmar, y que se concentra prácticamente en la «Professio fidei», la profesión de fe católica. Cuando la Fraternidad la haya aceptado, se afinará en breve tiempo la concesión del estatus jurídico para los obispos y sacerdotes lefebvrianos. La fórmula elegida desde hace tiempo es la de la prelatura personal, que depende directamente de la Santa Sede.


Deja un comentario

Diálogo sobre “Amoris laetitia” entre un Cardenal y un filósofo.

El cardenal y el filósofo dialogan sobre “Amoris laetitia”

Ennio Antonelli y Rocco Buttiglione firman un libro y se muestran de acuerdo en relación con «algunas orientaciones para la praxis» que hay que seguir con los divorciados que se han vuelto a casar, «que parecen equilibradas y prudentes»

El cardenal y el filósofo dialogan sobre “Amoris laetitia”

23
0
Pubblicato il 15/03/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Un cardenal y un filósofo. Ennio Antonelli y Rocco Buttiglione se sentaron a dialogar sobre “Amoris laetitia” y su aplicación. El purpurado fue secretario de la Conferencia Episcopal de Italia, además de arzobispo de Florencia y presidente del Pontificio Consejo para la Familia por voluntad de Benedicto XVI. El filósofo es uno de los mayores conocedores del pensamiento de Juan Pablo II. De su conversación nació un denso y eficaz librito de 100 páginas firmado por ambos (“Terapia del amor herido en «Amoris laetitia»”, Ares, Roma, 104 pp.), en el que los autores presentan, con diferentes textos, sus consideraciones y una lectura atenta del documento de Papa Francisco. Después de las indicaciones del cardenal Vicario de Roma Agostino Vallini, y del reciente texto de la Conferencia Episcopal de Campania (Italia), se trata de un nuevo y significativo paso para una mejor comprensión de la exhortación fuera de los opuestos extremos y de lecturas simplistas tanto de todos los que afirman que nada ha cambiado como de los de dicen que todo ha cambiado en relación con la disciplina de los sacramentos para las personas que viven en las llamadas situaciones «irregulares».

 

Situaciones de fragilidad

 

En el breve prefacio firmado por el cardenal y el filósofo, sobre las «situaciones de fragilidad» de las parejas se lee: «El Papa reconoce que en el reciente Sínodo sobre la familia surgieron múltiples puntos de vista y preocupaciones pastorales, que él compara con todos los matices de un “precioso poliedro”. Esta imagen geométrica sugiere que las diferentes perspectivas, en la medida en la que corresponden a la realidad, se pueden armonizar entre sí. Lo hemos experimentado nosotros mismos, confrontando nuestras interpretaciones de la exhortación apostólica post-sinodal sobre el amor en la familia. Confirmando que los que afrontan el tema de quienes conviven sin matrimonio sacramental se basan en la distinción entre el orden ético objetivo y la responsabilidad personal subjetiva, hemos podido aclarar algunas afirmaciones que son objeto de discusión en el mundo eclesial y encontrar la convergencia en relación con algunas orientaciones para la praxis, que nos parecen equilibradas y prudentes».

 

La novedad de “Amoris laetitia”

 

Antonelli, afirma en su texto, un análisis sistemático, que «la atención pastoral por la formación de la conciencia y por la responsabilidad personal constituye la principal novedad» del documento. En relación con la responsabilidad de las personas «se afirma repetidamente una gradualidad, que incide mucho en la evaluación y en la manera de afrontar el tema de las convivencias extra-matrimoniales… Una cosa es un comportamiento objetivo gravemente desordenado y otra un pecado mortal personal. El pecado, efectivamente, además del “grave desorden objetivo”, implica también la “plena advertencia” y el “deliberado consenso”. Cuando los condicionamientos internos o externos atenúan o anulan la responsabilidad subjetiva, puede darse que una persona siga viviendo en gracia de Dios incluso en una situación objetiva marcada por el error y por el grave desorden moral». El cardenal recuerda que «fuera de la Iglesia católica y más generalmente fuera del cristianismo, en medio de muchos errores teóricos y prácticos, se puede vivir el amor auténtico y pueden florecer incluso santos heroicos y grandes místicos. De manera análoga, en la sociedad secularizada de hoy, en la que están bastante difundidas la ignorancia y la inmadurez en el campo ético-espiritual, se puede verificar la insensibilidad a algunos valores morales y la incapacidad de apreciarlos y realizarlos, sin que, debido al condicionamiento cultural, exista la plena culpabilidad personal».

 

Contexto social y condicionamientos

 

«Debemos darnos cuenta –escribe Antonelli– de que el contexto social y cultural influye profundamente a la conciencia subjetiva de las personas y que ahora la sociedad y la cultura del Occidente están ampliamente descristianizadas y necesitan una nueva, valiente y paciente evangelización. La jerarquía de los valores interiorizada en los corezones a menudo no corresponde con la verdad objetiva del bien y del mal, ni siquiera entre muchos cristianos practicantes. Por lo tanto, la prioridad pastoral, según “Amoris laetitia”, es cuidad, sanar, reconstruir la mentalidad, la afectividad, los criterios de juicio y de acción para que estén cada vez más en sintonía con la razón y la fe». Se trata de un camino de maduración «que exige un compromiso fatigoso y difícil».

 

Las aperturas sobre los divorciados que se han vuelto a casar

 

En relación con los divorciados que viven en segunda unión, el purpurado reconoce que «Amoris laetitia» parece querer abrir una nueva espiral. Antonelli observa que el lenguaje utilizado en el documento «es prudente y parece sugerir una puesta en práctica también prudente. En algunos casos es posible que en una situación objetiva de grave desorden moral, como en la unión en adulterio, falte la plena responsabilidad subjetiva y, por lo tanto, el pecado mortal. Me parece que esta indicación, muy sobria y poco delineada, requiere mayores precisaciones y motivaciones». Después de haber recordado que «solo Dios ve el corazón de las personas» y «su interioridad espiritual», y que «la Iglesia evalúa sobre todo su manera exterior de vivir y su compatibilidad con la eucaristía», el cardenal sugiere que «en algunos casos particulares, por motivos verdadeeramente importantes», se pueden «hacer excepciones, de manera análoga a lo que ya se hace con los cristianos no católicos». Aunque, de hecho, «la comunión eucarística, en línea de principio, exija la plena comunión eclesial y su coherente expresión visible, incluso los cristianos no católicos, especialmente los ortodoxos, que se encuentran en comunión incompleta con la Iglesia católica, pueden ser admitidos excepcionalmente y a ciertas condiciones. La misma praxis pastoral, por analogía, puede aplicarse a los que viven en una situación de desorden moral objetivo».

 

Posibilidad, no reivindicación de derechos

 

«Amoris laetitia», sostiene el cardenal Antonelli, «no concede al cristiano que convive derechos que reivindicar y no da al sacerdote órdenes que ejecutar. Solamente habla de posibilidades. La decisión que hay que tomar debe ser encomendada al discernimiento prudente y a la caridad pastoral, sapientemente iluminada, del sacerdote. De cualquier manera, sin ninguna excepción posible, antes de admitir a la eucaristía, el sacerdote debe discernir si existen por lo menos las disposiciones subjetivas convenientes. Sobre ellas debe haber una probabilidad bastante sólida que pueda ser considerada una certeza prudencial». La conciencia del penitente, añadió el cardenal, «podría ser recta, aunque, debido a objetivas dificultades, no logre todavía observar la norma (por ejemplo practicando la continencia sexual), pero trate de hacer lo posible para superar las dificultades». En presencia de estas «disposiciones subjetivas, el sacerdote puede conceder la absolución sacramental y la comunión eucarística, estando consciente, además, de que se trata de una excepción que no debe transformarse en práctica ordinaria». Para evitar los escándalos, precisa el purpurado, «la admisión a los sacramentos debe darse con reserva (por ejemplo donde no haya conocidos). Concediendo la comunión eucarística solo en casos excepcionales, por importantes motivos y con discreción, no se dañan la indisolubilidad del matrimonio ni la necesaria totalidad de la comunión eclesial, ni se aprueban las convivencias extra-matrimoniales».

 

Guía para perplejos

 

El profesor Rocco Buttiglione, que ha intervenido en diferentes ocasiones sobre el argumento, tanto comentando el documento como respondiendo a las “dudas” de los cuatro cardenales o recordando el desarrollo del pensamiento de Papa Wojtyla, en su texto decidió responder puntualmente a 22 objeciones que han surgido en el debate tras la publicación del documento. Por ejemplo, a la pregunta sobre si es lícito en algunos casos «dar la absolución a personas que, a pesar de estar vinculadas en un matrimonio anterior, convivan “more uxorio” y tengan relaciones sexuales entre sí», respondió: «Parece que, a la luz de “Amoris laetitia”, pero también de los principios generales de la teología moral, la respuesta debe ser positiva, por lo menos en algunos casos. Hay que distinguir claramente entre el acto, que es materia de grave pecado, y el agente, que puede encontrarse en condiciones que limiten su responsabilidad por el acto o, en algunos casos particulares, que pudieran incluso anularla». Buttiglione propone el ejemplo de una mujer que vive en condiciones de absoluta dependencia económica y psicológica y a la cual las relaciones sexuales sean impuestas en contra de su voluntad. «Aquí faltan las condiciones subjetivas del pecado (plena advertencia y deliberado consenso)». Y a la objeción que para recibir la absolución es necesario el propósito de ya no volver a pecar, el filósofo responde: «El penitente debe tener el deseo de salir de su situación irregular y comprometerse a llevar a cabo actos que le permitan salir efectivamente de ella. Pero es posible que no sea capaz de llevar a cabo esta distancia ni reconquistar la propia soberanía sobre sí mismo inmediatamente. Es importante aquí el concepro de “situación de pecado”, ilustrado por Juan Pablo II. No se puede creíblemente prometer que ya no se cometerá cierto pecado si se vive en una sitiación que expone a la tentación irresistible de cometerlo. Hay que comprometerse, para poder mantener el propósito, a salir de la situación de pecado».

 

«Tratan al Papa con sospechas»

 

Después de haber puntualmente examinado y respondido a las 22 objeciones, Buttiglione ofrece al lector algunas reflexiones finales sobre los que critican «Amoris laetita». «Se nota a veces una actitud de desconfianza a priori, una disponibilidad a creer cualquier acusación, un deseo de buscar significados ocultos detrás de palabras cuyo sentido es evidente y fácilmente comprensible. Se acusa al Papa de negar todas las verdades de la fe católica que él no reafirma explícitamente en este texto, en lugar de situarlo en el contexto general de la tradición y de la enseñanza de la Iglesia». Se trata al Papa, continúa el filósofo, «no como a un maestro de la fe, sino como un sospechoso que debe justificarse». En otras ocasiones, explica Buttiglione, «no se comprende el género literario eligido por el Pontífice. Papa Francisco decidió escribir un texto homilético/pastoral, familiar e incluso poético. Pedir un nivel de precisión apropiado para un texto jurídico está fuera de lugar. Significa meterse en una longitud de onda que no es la suya y hacerle pregunras a las cuales no pretende responder. Otras veces no se comprenden las claves fundamentales del texto».

 

Dos errores simétricos

 

Según el filósofo, estas son las dos claves de lectura fundamentales para comprender «Amoris laetitia»: «La primera es la misericordia. El texto se dirige a pecadores y les ofrece misericordia. Muchas cosas que no pueden darse a quienes las reivindican como justicia o derecho pueden ser concedidas a quienes las reivindican como misericordia. Sorprende ver que falte, en algunos eminentes estudiosos que han expresado posiciones críticas, la dimensión de la gradualidad (en el bien y en el mal) y, como consecuencia, la comprensión de toda la temática de las condiciones subjetivas del pecado (plena advertencia y deliberado consenso). Falta todo el tema de las circunstancias atenuantes que no justifican nunca la acción pero disminuyen y a veces anulan la culpa de quien la comete». Cada vez que el Papa reconoce una circunstancia atenuante que disminuye la culpa, observa Buttiglione, «algunos críticos ven una plena justificiación que transforma en una buena acción una acción mala. Falta la noción (fundamental) de pecado venial. Es el error simétrico y opuesto al error de la ética de la intención. Esa que considera que la intención del agente decide la cualificación moral del acto. La ética objetivista cree, por el contrario, que el lado subjetivo de la acción escompletamente irrelevante».

 

La perspectiva clásica y la historia

 

Según el filósofo, la ética católica nos demuestra, en cambio, «que existe una materia de la acción que nos dice si el acto es bueno o malo y un lado subjetivo de la acción que nos dice cuál es el nivel de responsabilidad del sujeto por esa acción. Los críticos no consideran nunca esta perspectiva, que es, además, completamente clásica y también es la perspectiva de san Juan Pablo II». La segunda clave de lectura, según Buttiglione, es la historia. «El Papa nos ha advertido desde el inicio: el tiempo vale más que el espacio. En lugar de cubrir espacios es importante activar procesos. Los críticos siempre consideran situaciones estáticas, para decir si corresponden a la regla o no. El Papa, en cambio, siempre considera situaciones dinámicas, en vía de evolución, y se hace siempre la pregunta: “¿Hacia qué dirección va el cambio? ¿Hacia una aceptación cada vez más plena del amor (y de la ley) de Dios, o hacia su abandono?”. No se puede juzgar a la persona concreta si no se le considera en su desarrollo histórico».


Deja un comentario

Matrimonio y familia en las palabras del Papa a los párrocos.

Sean compañeros de viaje de toda persona y en toda situación con su testimonio y apoyo, el Papa a los párrocos

2017-02-25 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco recibió en audiencia a los participantes en el curso de formación para párrocos, promovido por la Rota Romana, sobre el nuevo proceso matrimonial. El Santo Padre empezó recordándoles que lo que se ha discutido y propuesto en el Sínodo de los Obispos sobre el tema “Matrimonio y familia”, ha sido recibido e integrado de forma orgánica en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, constatando que es bueno que los párrocos, a través de estas iniciativas de estudio, profundicen en aquella materia, porque son sobre todo ellos a aplicarla concretamente en su contacto cotidiano con las familias.

En efecto, el Obispo de Roma notó que en la mayor parte de los casos ellos son los primeros interlocutores: “de los jóvenes que desean formar una nueva familia y unirse con el Sacramento del matrimonio. Ustedes son quienes están cerca de aquellos cónyuges que, a causa de serios problemas en su relación, tienen necesidad de reavivar la fe y volver a descubrir la gracia del Sacramento; y en ciertos casos piden indicaciones para iniciar un proceso de nulidad”.  “Por eso -constató Francisco-  nadie mejor que ustedes conoce y está en contacto con la realidad del tejido social en el territorio, experimentando su variada complejidad: uniones celebradas en Cristo, uniones de hecho, uniones civiles, uniones fracasadas, familias y jóvenes felices e infelices”. El Pontífice instó a los párrocos a ser “compañeros de viaje de toda persona y en toda situación” con su testimonio y apoyo.

Asimismo el Papa le deseó la “premura de testimoniar la gracia del Sacramento del matrimonio y el bien primordial de la familia”, célula vital de la Iglesia y de la sociedad, mediante la proclamación que el matrimonio entre un hombre y una mujer es signo de la unión esponsal entre Cristo y la Iglesia. “Tal testimonio lo realizan concretamente cuando preparan a los novios al matrimonio, haciéndolos conscientes del significado profundo del paso que están por cumplir. No dejen de recordar siempre a los esposos cristianos que en el Sacramento del matrimonio Dios, por así decir, se refleja en ellos, imprimiendo su imagen y el carácter indeleble de su amor”.

Al mismo tiempo, Francisco invitó a los párrocos a estar cerca, con el estilo propio del Evangelio, en el encuentro y en la acogida con aquellos jóvenes que prefieren convivir sin casarse. “Ellos, en el plano espiritual y moral, están entre los pobres y los pequeños, para los que Iglesia, sobre las huellas de su Maestro y Señor, quiere ser madre que no abandona sino que se acerca y por los que se preocupa”. “También estas personas son amadas por el corazón de Cristo. Tengan hacia ellos una mirada de ternura y de compasión,” puntualizó.


Deja un comentario

El matrimonio en el discurso del Papa a la Rota romana.

“Se multiplican los matrimonios sin fe, se necesita más preparación”

En la audiencia a la Rota Romana, el Papa sugiere un «nuevo catecumenado» pre-matrimonial y una formación posterior: «Se necesita mucha valentía para casarse en el tiempo en el que vivimos»

“Se multiplican los matrimonios sin fe, se necesita más preparación”

Pubblicato il 21/01/2017
Ultima modifica il 21/01/2017 alle ore 13:55
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Un nuevo «catecumenado» antes del matrimonio, es decir «un adecuado camino de preparación dirigido a redescubrir el matrimonio y la familia según el diseño de Dios», que, como con el Bautismo, sea «parte integral de todo el procedimiento sacramental del matrimonio, como un antídoto que impida la multiplicación de celebraciones matrimoniales nulas o inconsistentes». Y después del matrimonio, un «proyecto de formación para los jóvenes esposos, con iniciativas encaminadas a una creciente consciencia del sacramento recibido». Son los dos «antídotos» que sugirió el Papa a los prelados oidores, oficiales, abogados y colaboradores del Tribunal de la Rota Romana, en la audiencia que les concedió en ocasión de la solemne inauguración del Año Judicial.

 

Jorge Mario Bergoglio comenzó reflexionando sobre la preocupación que el actual contexto, «carente de valores religiosos y de fe, no puede sino condicionar también el consenso matrimonial», puesto que una mentalidad muy extendida, que tiende a «oscurecer el acceso a las verdades eternas», «involucra de forma amplia y capilar, las actitudes y los comportamientos de los mismos cristianos». Francisco también añadió que está convencido de que «se necesita mucha valentía para casarse en los tiempos que vivimos», por lo que «todos los que tienen la fuerza y la alegría de cumplir este paso tan importante deben sentir junto a ellos el afecto y la cercanía concreta de la Iglesia».

 

«No podemos ocultarnos que una mentalidad difundida tiente a obscurecer el acceso a las verdades eternas», dijo el Papa después del saludo que pronunció el Decano de la Rota Romana, monseñor Pio Vito Pinto. «Una mentalidad que a menudo involucra de forma amplia y capilar, las actitudes y los comportamientos de los mismos cristianos –dijo Francisco citando su exhortación apostólica Evangelii gaudium– cuya fe viene debilitada y pierde la propia originalidad de criterio interpretativo y operativo para la existencia personal, familiar y social. Tal contexto, carente de valores religiosos y de fe, no puede sino condicionar también el consenso matrimonial». Las experiencias de fe que los que piden el matrimonio cristiano, constató el Pontífice argentino, «son muy diferentes. Algunos participan activamente en la vida de la parroquia; otros se acercan a la misma por primera vez; algunos tienen una vida de oración también intensa; otros en cambio están guiados por un sentimiento religioso más bien genérico; a veces son personas lejanas de la fe o carentes de fe. Frente a esta situación es necesario encontrar remedios válidos».

 

Un primer remedio es la «formación de los jóvenes, mediante un camino adecuado de preparación dirigido a redescubrir el matrimonio y la familia según el diseño de Dios», dijo Jorge Mario Bergoglio, recordando a la vez que «hoy, más que nunca, esta preparación se presenta como una verdadera ocasión de evangelización de los adultos y, a menudo, de los llamados alejados». En este sentido, «me gustaría insistir –dijo el Papa– en la necesidad de un “nuevo catecumenado” como preparación para el matrimonio. Acogiendo los deseos de los Padres del último Sínodo Ordinario, es urgente actuar concretamente lo ya propuesto en la Familiaris consortio, que, así como para el bautismo de los adultos el catecumenado es parte del proceso sacramental, así también la preparación al matrimonio se convierta en parte integral de todo el procedimiento sacramental del matrimonio, como un antídoto –insistió– que impida la multiplicación de celebraciones matrimoniales nulas o inconsistentes».

 

El segundo remedio es el de «ayudar a los recién casados a continuar el camino en la fe y en la Iglesia también después de la celebración del matrimonio. Es necesario identificar, con valentía y creatividad, un proyecto de formación para los jóvenes esposos, con iniciativas encaminadas a una creciente consciencia del sacramento recibido» La comunidad cristiana, indicó el Papa, «está llamada a acoger, acompañar y ayudar a las jóvenes parejas, ofreciendo ocasiones e instrumentos adecuados (empezando por la participación en la Misa dominical) para cuidar la vida espiritual tanto dentro de la vida familiar como en el ámbito de la programación pastoral en la parroquia o en las agregaciones. A menudo –subrayó Francisco–, los jóvenes esposos son abandonados a sí mismos, tal vez por el simple hecho de que se dejan ver menos en la parroquia; esto sucede sobre todo con el nacimiento de los hijos. Pero, es justamente en estos primeros momentos de la vida familiar cuando hay que garantizar mayor cercanía y un fuerte apoyo espiritual, incluso en la obra educativa de los hijos, frente a los cuales son los primeros testimonios y portadores del don de la fe».

 

Es necesario hacer «inteligible y real» la «sinergía entre foedus y fides», es decir «pasar de una visión netamente jurídica y formal de la preparación de los futuros esposos, a una fundación sacramental ab initio, es decir a partir del camino hacia la plenitud de su foedus-consenso elevado por Cristo a sacramento», dijo el Papa. Concluyendo el discurso a la Rota, añadió: «Queridos hermanos, como he dicho varias veces, e necesita mucha valentía para casarse en los tiempos que vivimos. Y todos los que tienen la fuerza y la alegría de cumplir este paso tan importante deben sentir junto a ellos el afecto y la cercanía concreta de la Iglesia».

 

En junio del año pasado, durante un congreso de la diócesis de Roma en San Juan de Letrán, el Papa afrontó el tema que trató hoy ante el tribunal de la Rota Romana. Respondiendo a una pregunta sobre la «cultura de lo provisorio», Francisco explicó: «Un obispo, escuché decir hace algunos meses, al que se le presentó un chico que acababa de terminar los estudios universitarios, un buen joven, le dijo: “Yo me quiero volver sacerdote, pero por diez años”. Es la cultura de lo provisorio. Y esto sucede por todas partes, incluso en la vida sacerdotal, en la vida religiosa. Lo provisional. Y por ello, una gran mayoría de nuestros matrimonios sacramentales son nulos, porque los esposos dicen: “Sí, para toda la vida”, pero no saben lo que dicen, porque tienen otra cultura. Lo dicen y tienen la buena voluntad, pero no tienen la conciencia. Una señora, una vez, en Buenos Aires, me regañó: “Ustedes, los curas, son muy listos, porque para volverse cura estudian ocho años, y luego, si las cosas no funcionan y el cura encuentra a una chica que le gusta… al final le dan el permiso de que se case y que cree una familia. Y a nosotros, los laicos, que tenemos que hacer el sacramento para toda la vida e indisoluble, nos dan cuatro conferencias, ¡y esto es para toda la vida!”. Para mí, uno de los problemas es este: la preparación al matrimonio».


Deja un comentario

El Papa sobre el nuevo proceso matrimonial un curso organizado por la Rota Romana.

El Papa a la Rota Romana: “Tribunales eclesiásticos, expresión tangible del servicio diaconal”

(RV).- “La Iglesia del Verbo Encarnado, se encarna en las vicisitudes tristes y dramáticas de la gente, se inclina hacia los pobres y hacia cuantos están lejos de la comunidad eclesial o se consideran fuera de ella a causa de su fracaso conyugal. Sin embargo, ellos son y siguen incorporados a Cristo en virtud del Bautismo”, lo dijo el Papa Francisco a los Obispos participantes en el curso sobre el nuevo proceso matrimonial, organizado por el Tribunal Apostólico de la Rota Romana.

En su discurso, el Santo Padre recordó que los Obispos en virtud de la ordenación episcopal son constituidos “maestros de la fe”, por ello tienen la necesidad de aprender continuamente. “Se trata de comprender las necesidades y los interrogantes del hombre de hoy y buscar las respuestas en la Palabra de Dios y en las verdades de fe, estudiadas y conocidas siempre mejor. El ejercicio del munus docendi está íntimamente relacionado con aquel sanctificandi y regendi. Mediante estas tres funciones se expresa el ministerio pastoral del Obispo, fundado en el designio de Cristo, con la asistencia del Espíritu Santo y finalizado a actualizar el mensaje de Jesús”. La inculturación del Evangelio, subrayó el Pontífice, se funda justamente en este principio que mantiene unidos la fidelidad del anuncio evangélico y su comprensión y traducción en el tiempo. Recordando la palabras del Beato Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, el Obispo de Roma señaló que, “es necesario evangelizar de modo concreto, poniéndose en la condición de cada persona, ya que la atención a la personas es el motivo teológico y eclesiológico que sustenta este curso de formación. Ya que la salud espiritual, la salus animarun de las personas a nosotros encomendadas constituye el fin de toda acción pastoral”.

Comentando un pasaje de la Primera Carta de Pedro, el Pontífice indicó que, ahí encontramos un punto de referencia fundamental para el oficio episcopal. “Esta exhortación ilumina la entera misión del Obispo, presentando la potestad espiritual como un servicio para la salvación de los hombres. En esta perspectiva, es necesario eliminar con decisión todo impedimento de carácter mundano que hace difícil a muchos fieles el acceso a los tribunales eclesiásticos. Cuestiones de tipo económico y organizativo no pueden constituir un obstáculo para el examen canónico sobre la validad de un matrimonio”.

Las leyes de la Iglesia, precisó el Papa Francisco, en la óptica de una sana relación entre justicia y caridad, no puede prescindir del principio fundamental de la salus animarum. “Por lo tanto, los tribunales eclesiásticos están llamados a ser expresión tangible de un servicio diaconal del derecho en relación a este fin primordial. Éste es oportunamente puesto como palabra final del Código de Derecho Canónico, porque lo supera como ley suprema y como valor que supera el derecho mismo, indicando así el horizonte de la misericordia”.

En esta perspectiva, afirmó el Pontífice, la Iglesia camina siempre como madre que acoge y ama, siguiendo el ejemplo de Jesús Buen Samaritano. “La Iglesia del Verbo Encarnado, se encarna en las vicisitudes tristes y dramáticas de la gente, se inclina hacia los pobres y hacia cuantos están lejos de la comunidad eclesial o se consideran fuera de ella a causa de su fracaso conyugal. Sin embargo, ellos son y siguen incorporados a Cristo en virtud del Bautismo. Por lo tanto, a nosotros corresponde la grave responsabilidad de ejercitar el munus, recibido de Jesús divino Pastor, médico y juez de las almas, para no considerarlos jamás extraños al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia”.

A los Obispos participantes, provenientes de diversos países del mundo, el Santo Padre los animó a dar respuestas adecuadas a las diferentes interrogantes que surgen en el ámbito de la pastoral matrimonial en cada una de sus diócesis, teniendo en cuenta un sólido sustento jurídico, teológico y pastoral. “Regresaran a sus diócesis enriquecidos de nociones y de sugerencias útiles para desarrollar con mayor eficacia su ministerio, especialmente en orden al nuevo proceso matrimonial. Esto representa una ayuda importante para hacer crecer en la grey a ustedes confiada la medida de la estatura de Cristo Buen Pastor, de quien debemos cada día aprender la sabia búsqueda del unum necessarium: la salus animarum”.

Finalmente, el Papa Francisco exhortó a los Obispos a confiar en la asistencia indefectible del Espíritu Santo, que conduce indivisiblemente pero realmente la Iglesia. Asimismo, les dijo, oremos para que nos ayude y ayude también al Sucesor de Pedro para responder, con disponibilidad y humildad, al grito de ayuda de tantos hermanos nuestros que tienen necesidad de encontrar la verdad sobre su propio matrimonio y sobre el camino de sus vidas.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)