Loiola XXI

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Polémica sobre la bendición a las uniones homosexuales.

Bendecir uniones homosexuales

BENDECIR UNIONES HOMOSEXUALES

Jesús Martínez Gordo. [El Diario Vasco] Si se bendijeran las uniones homosexuales, se estaría cooperando con «un acto moralmente prohibido, sin importar cuán sinceras sean las personas que buscan la bendición». Como consecuencia de ello, «se minaría gravemente» el testimonio de la Iglesia «sobre la naturaleza del matrimonio y la familia», además de confundir y desorientar a los fieles. Por eso, los sacerdotes y diáconos tienen prohibido tomar parte, atestiguar u oficiar «cualquier tipo de unión civil de personas del mismo sexo» o «cualquier ceremonia religiosa» que busque bendecir tales uniones. Quien se manifiesta así de contundente es Charles Joseph Chaput, arzobispo de Filadelfia (EE UU). Con esta medida, concluye, no se rechaza a las personas, sino, simplemente, se sostiene «con claridad lo que sabemos que es cierto sobre la naturaleza del matrimonio, la familia y la dignidad de la sexualidad humana».

La singularidad de estas declaraciones no reside solo en la negativa y en la crítica argumentación que aportan, sino en sus interlocutores: los obispos alemanes. Éstos, como ya es sabido, defendieron en su Informe para el Sínodo de Obispos de 2015 que «la orientación sexual» era «una disposición inmutable y no una elección particular» y que, por eso, a la gran mayoría de los católicos alemanes les irritaba el discurso que entendía la condición, el comportamiento y la unión homosexual como intrínsecamente desordenados. Guste o no, sostuvieron los prelados alemanes en aquella ocasión, existe una diversidad de orientación sexual con fundamento en la naturaleza de cada persona. Esta realidad explica que aumente el número de los católicos alemanes que, sin igualarlas con el matrimonio, las acepten cordialmente. Ha llegado el momento de revisar, proponían algunos teólogos, la supuesta consistencia de la ley moral natural a la que se ha venido recurriendo hasta hoy en lo referente a las uniones homosexuales.

Pues bien, en coherencia con dicho posicionamiento, y prolongando la invitación del papa Francisco a que los homosexuales puedan «contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida» (“Amoris laetitia”), Franz-Josef Bode, obispo de Osnabrück y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Alemana, ha propuesto la conveniencia de pensar en una bendición de las uniones homosexuales, dejando bien claro, que no deben «confundirse con un enlace matrimonial». «El silencio y los tabúes» sobre este asunto ha argumentado, solo «crean confusión» y «no conducen a nada». El mismo cardenal Reinhard Marx, presidente de los obispos alemanes y miembro del llamado C-9 que asesora a Francisco en la reforma de la Iglesia, ha informado, más recientemente, de la creación de un grupo de trabajo al que se ha encomendado ‘preparar’ el oportuno debate sobre la posibilidad de bendecir dichas uniones. No existen al respecto, ‘reglas’ o ‘soluciones generales’ que aplicar mecánicamente, sino una decisión que ha de estar fundada en un ponderado discernimiento realizado entre los demandantes y el sacerdote o el diácono habilitado para ello. Hay que finiquitar -ha venido a sostener- la casuística que ha hecho correr ríos de tinta estos últimos siglos y dejar, en sintonía con el corazón del Evangelio, que el discernimiento (articulación de lucidez y entrañas de misericordia) tenga la entidad que presentaba en Jesús.

Éstos son los interlocutores (y argumentos) de los que se desmarca el arzobispo de Filadelfia. Por eso, una eventual decisión de la Conferencia Episcopal Alemana en este sentido, ha declarado, «resuena inevitablemente en (toda) la Iglesia y, por supuesto, aquí», es decir, en EE .UU. y en todas las partes del mundo. «Cualquier rito de ese tipo -finaliza, de manera tan grandilocuente y gratuita como crítica- iría en contra de la Palabra de Dios y de la constante enseñanza y creencia católica».

Vistos los debates y posicionamientos habidos al respecto en los Sínodos de 2014 y 2015, creo que no es un disparate sostener que una buena parte del episcopado estadounidense participa de esta crítica. Y con ellos, la gran mayoría de los obispos africanos, así como bastantes de los prelados de Europa del este; con Polonia al frente. Sospecho, y no pasa de ser una mera sospecha personal, que, muy probablemente, también la comparten no pocos de los obispos españoles, habida cuenta, por ejemplo, de los intentos de torpedear -por parte de su sector más beligerante- la Encíclica ‘Amoris laetitia’ y ante el silencio de la gran mayoría.

¡La de problemas que se podrían ahorrar los papas (y, con ellos, Francisco) si los católicos intervinieran, como sucede actualmente en la gran mayoría de las diócesis alemanas, en la elección de sus respectivos obispos! Seguro que así estarían más atentos a recoger lo que piensan los católicos sobre éste y otros asuntos. Y, como fruto de ello, su magisterio sería mucho más inculturado y gozaría de una mayor acogida.

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Matrimonio infantil ayer y hoy. Datos estadísticos. UNICEF

Foto de archivoFoto de archivo  (ANSA)

Cada año, 12 millones de niñas contraen matrimonio

Aunque el último informe de Unicef revela que el número de matrimonios infantiles ha disminuido, aun queda mucho por hacer

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Según el último informe de UNICEF, la expansión de los matrimonios precoces está disminuyendo a nivel mundial: son varios los países que han visto disminuir significativamente el número de matrimonios infantiles en los últimos años. Sin embargo, para finalizar con esta práctica en 2030, la meta establecida por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el progreso debe acelerarse en modo significativo, de otro modo, más de 150 millones de niñas se casarán antes de cumplir los 18 años antes del 2030.

Tal como expresara Anju Malhotra, principal experto en género de UNICEF, cuando una niña se ve obligada a casarse de niña, enfrenta consecuencias inmediatas y a largo plazo. Sus posibilidades de terminar la escuela disminuyen, mientras que aumentan los abusos por parte de su esposo y sufren más complicaciones durante el embarazo. También hay enormes consecuencias sociales y un mayor riesgo de ciclos intergeneracionales de pobreza.

“Dadas las consecuencias que el matrimonio precoz tiene en la vida de las jóvenes, – expresa – la reducción del fenómeno es una buena noticia, pero aún hay un largo camino por recorrer”.

Unicef estima que actualmente unas 650 millones de las mujeres que viven en el mundo se casaron siendo niñas.


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Matrimonios infantiles. Qué hacer para impedirlos.

Durante la última década se impidieron veinticinco millones de matrimonios infantiles

UNFPA/David Brunetti
Sabreen fue obligada a contraer matrimonio infantil cuando llegó al campo de Domiz en la región iraquí de Kurdistán.

6 Marzo 2018

UNICEF recuerda que esta práctica impide desarrollar el potencial de las niñas e hizo un llamado mundial a redoblar los esfuerzos para evitarla y que millones de niñas pierdan su infancia.

El número de matrimonios infantiles ha disminuido un 15% durante la última década y pasó de afectar a una de cada cuatro menores a, aproximadamente, una de cada cinco.

De acuerdo con los datos que presentó este martes, el Fondo de la ONU para la Infancia estima que actualmente se casan al año un total de doce millones de niñas y que en los últimos diez años se habrían impedido veinticinco millones de matrimonios infantiles debido a los esfuerzos para abolir esta práctica.

Pese a ese significativo avance, conseguir eliminar el matrimonio infantil antes del año 2030, tal y como lo establecen los Objetivos de Desarrollo Sosteniblese prevé una tarea difícil a menos que se produzcan considerables progresos.

En caso de no lograrse estas mejoras, UNICEF calcula que más de ciento cincuenta millones de niñas se habrán casado para el año 2030.  En la actualidad, se estima que a nivel global 650 millones de mujeres contrajeron matrimonio cuando eran menores de dieciocho años.

“Obligar a una niña a casarse tan joven produce unas consecuencias que duran para el resto de su vida”, afirma Anju Malhotra, Asesora principal de género.

“Las probabilidades de terminar la escuela disminuyen al tiempo que aumentan las posibilidades de ser objeto de abusos por parte de su marido y sufrir complicaciones durante el embarazo. Además, hay grandes repercusiones sociales y aumenta el riesgo de perpetuar los ciclos intergeneracionales de pobreza”, asegura.

El matrimonio infantil disminuye en Asia meridional, pero crece en África subsahariana.

Por regiones, la mayor reducción de matrimonio infantil en los últimos diez años se produjo en Asia meridional donde el porcentaje de niñas que se casó cayó más de un tercio, especialmente por los progresos que tuvieron lugar en la India.

Esta transformación se debió a una mayor educación de las menores, la puesta en marcha de medidas gubernamentales en favor de las adolescentes y las campañas de concienciación sobre la ilegalidad del matrimonio infantil y los daños que produce a las chicas.

Sin embargo, en el lado opuesto, UNICEF advirtió que el mayor aumento se produce en el África Subsahariana donde afecta a una de cada tres menores cuando una década atrás la proporción era solo de una de cada cinco.


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Conferencia de prensa del Papa en el vuelo de regreso a Roma.

“Les explico por qué celebré ese matrimonio en el vuelo”

La conferencia de prensa de Francisco durante el vuelo de regreso de Perú: «Habían hecho los cursos prematrimoniales, se habían confesado». El Papa pide perdón «si las víctimas de abusos se sintieron ofendidas» por las palabras que pronunció sobre el obispo Barros, pero insiste: «en su contra no hay evidencias». «Aprendí de Benedicto XVI la tolerancia cero»
AP

Papa Francisco conversando con los periodistas durante el vuelo de Lima a Roma

Pubblicato il 22/01/2018
Ultima modifica il 22/01/2018 alle ore 17:00
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO DESDE EL VUELO LIMA – ROMA

«Pido perdón si he herido a las víctimas de abusos con mis palabras sobre el caso Barros». El Papa Francisco, respondiendo a las preguntas de los periodistas durante el vuelo de regreso a Roma desde Lima admitió haberse equivocado a la hora de pronunciarse sobre el caso de Juan Barros, el obispo chileno de Osorno, criticado por grupos de fieles en su diócesis que consideran que sabía sobre los abusos sexuales cometidos por su mentor el padre Fernando Karadima y que los encubrió. Al margen de la misa que celebró el jueves pasado en Iquique, Francisco respondió a la pregunta de una periodista local, afirmando que estaba dispuesto a evaluar «pruebas» sobre Barros si se las presentan y que considera «calumnias» las acusaciones que se han hecho hasta ahora contra el obispo. Estas palabras provocaron fuertes reacciones por parte de las víctimas de abusos en Chile y una declaración de comprensión por parte del cardenal Sean O’Malley. Pero el Papa también se refirió al ya famoso matrimonio que bendijo durante el vuelo. Y defendió su decisión explicando que los dos esposos estaban bien preparados, que habían seguido los cursos prematrimoniales y que se habían acercado al sacramento de la penitencia. Francisco, además, dijo que el viaje que acaba de concluir había sido un viaje «pasteurizado», como la leche, porque se pasó del calor al frío, atravesando varios climas.

 

Usted, el primer día en Chile, lanzó un mensaje duro en contra de los abusos contra los menores de edad. Pero después hizo aquella declaración sobre el obispo Barros, refiriéndose a “calumnias”. ¿Por qué le cree más a Barros que a las víctimas?

 

Comprendo la pregunta perfecto. Sobre Barros hice una sola declaración. Yo hable en Chile, y eso fue en Iquique, al final. Hablé dos veces sobre los abusos, con muchas fuerzas, delante del gobierno, que era hablar delante de la patria, y en la catedral con los sacerdotes. Lo que dije a los sacerdotes es lo que yo siento más profundamente respecto a este caso. Saben que empezó el Papa Benedicto con tolerancia cero, y yo seguí con tolerancia cero. Después de 5 años de Pontificado, no he firmado un permiso de gracia. En los casos de quite de estado clerical, es definitiva la sentencia en primera instancia. La persona condenada, tiene derecho a apelar, al tribunal de segunda instancia. El tribunal sabe que si hay pruebas claras de abuso, no se puede apelar la sentencia, pero si el procedimeinto. Si el segundo tribunal es claro, a la persona le queda solo una instancia, apelar a la gracia del Papa. En cinco años, habré recibido 20 o 25 casos. Solamente en un caso, una apelación de sentencia. Me encontré con dos sentencias, una muy seria de la diócesis, y una del CDF, que era la mas dura. La de la diócesis era muy seria, y muy condicionada, que decía que con las condiciones, hay que ver, no cerrar el caso. Como hay que hacer en buena jurisprudencia, siempre a favor del reo. Y dejé aplicar la sentencia más suave, pero después de la prueba, dos años, apliqué la segunda.

 

En el caso del Obispo Barros, lo hice estudiar, investigar, lo hice trabajar mucho. No hay evidencia, la palabra de usted. Después voy a hablar de las pruebas. No hay evidencia de culpabilidad, parece que no se van a encontrar. Hay una coherencia en otro sentido. Yo espero una evidencia para cambiar de sentido. Si no aplico el principio jurídico de cualquier tribunal, ninguno es malo hasta que no se pruebe.

 

Y la palabra prueba me jugó la mala pasada. Yo dije, en español, por lo que recuerdo, estaba entrando, y una periodista de Iquique me pregunta: “En Chile tenemos el gran problema del obispo Barros, ¿qué piensa?”. Creo que las palabras que dije fueron estas. Primero pensé: “¿Respondo o no?”. Y dije que sí, porque había sido obispo de Iquique, y una feligresa me lo pregunta. Y dije, el día que tenga pruebas, voy a hablar. La respuesta fue dada: el día que yo tenga una prueba, hablaré. La palabra “prueba” es la que generó la conferencia. Yo hablaba de “evidencia”. Y claro, yo sé que hay mucha gente abusada y que no puede traer una prueba, no la tiene. Y que no puede, o a veces la tiene pero tiene vergüenza que lo tapa, y sufre en silencio. El drama de los abusados es tremendo. A mí me tocó atender, hace dos meses, a una mujer abusada hace 40 años. Casada, con tres hijos, esa mujer no recibía la comunión desde esa época, porque en la mano del cura veía la mano del abusador. No podía acercarse. Y era creyente. Era católica. Perdón que continúe en espñol, pero quiero ser preciso con los chilenos. La palabra “prueba” no era la mejor para acercarme a un corazón dolorido. El caso de Barros se estudió, se re-estudió y no hay evidencia. Es lo que quise decir. No tengo evidencias para condenarlo. Y si yo condenara sin evidencia o sin certeza moral, cometería yo un delito de mal juez.

 

Se publicó una carta suya a los obispos chilenos en la que se hablaba de la posibilidad que Barros se tomara un año sabático…

 

Tengo que explicar bien esa carta, porque es a favor de la prudencia y sobre cómo se manejó el problema de Barros. Esa carta no es la narración de un hecho puntual, sino la narración más o menos de 10 o 12 meses. Cuando explotó el escándalo Karadima, todos conocemos este escándalo, se comenzó a ver cuántos sacerdotes que habían sido formados por Karadima habían sufrido abusos o se habían convertido en abusadores. En Chile hay tres obispos que Karadima mandó al seminario. Algunas personas de la Conferencia Episcopal sugirieron que renunciaran, que se tomaran un año sabático, para que se calmara la tormenta: son obispos buenos, como Barros, que tenía 20 años de episcopado y estaba concluyendo su mandato de ordinario militar. Se decía: “Hay que pedirles la renuncia”. Él fue a Roma y yo dije que no, porque esto significaba admitir una culpabilidad previa. Rechacé la renuncia. Después, cuando fue nombrado en Osorno, surgió este movimiento de protesta: me llegó por segunda vez su renuncia. Y dije: “No, ¡tú continúas!”. Se siguió indagando sobre Barros, pero no surgen evidencias. No puedo condenarlo, no cuento con evidencias, y me he convencido de que es inocente.

 

¿Y en relación con la reacción de las víctimas ante sus declaraciones?

 

Sobre lo que sienten los abusados, tengo que pedir perdón. La palabra “prueba” ha herido a muchos de ellos. Dicen: “¿Acaso tengo que ir a buscar un certificado?”. Les pido perdón si los herí sin darme cuenta, lo hice sin querer. Y me provoca mucho dolor, porque yo los recibo: en Chile hubo dos encuentros, que se saben. Otros fueron a escondidas. En cada viaje siempre existe la posibilidad de encontrarse con las víctimas, se publicó el encuentro de Filadelfia, otros casos no. ¡Escuchar que el Papa les dice: “Tráeme una carta con la prueba” es una bofetada! Me doy cuenta de que mi expresión no fue afortunada y comprendo, como escribe Pedro en una de sus cartas, que el incendio ha crecido. Es lo que puedo decir con toda sinceridad.

 

¿Por qué el testimonio de las víctimas no es una evidencia?

 

El testimonio de las víctimas siempre es una evidencia. En el caso de Barros no hay evidencia de abuso…

 

Pero no le acusan de haber abusado, sino de haber encubierto los abusos…

 

El caso empezó quizá con la mala decisión de la renuncia, y se lo emepezó a acusar. Pero de abuso no hay evidencias. Encubrir un abuso es abuso. No hay evidenica. Si honestamente creen que es así, aportar las evidencias rápido. Yo no creo que sea así, porque no las hay. Pero tengo el corazón abierto.

 

¿Qué le pareció la declaración del cardenal O’Malley, quien afirmó que sus palabras sobre las “calumnias” a propósito de Barros fueron fuente de dolor para las víctimas?

 

O’Malley dijo que el Papa siempre ha utilizado la “tolerancia cero”. Después está esa expresión poco afortunada, hablé de calumnia, para referirme a alguien que afirma algo con pertinacia sin tener la evidencia. Si dijo: “Usted ha robado”, y usted no ha robado, entonces estoy calumniando, porque no cuento con la evidencia. Era una expresión infeliz. Pero yo no he escuchado a ninguna víctima de Barros. No han venido, no se han presentado, no han ofrecido la evidencia en un juicio. Ha quedado todo en el aire. Es cierto que Barros estaba en el grupo de los jóvenes de Karadima. Pero debemos ser claros: si se acusa sin ninguna evidencia con pertinacia, esto es calumnia. Pero si llega una persona y me da evidencias, yo seré el primero que la escuche. La declaración de O’Malley fue muy justa. Le doy las gracias. Se refirió al dolor de las víctimas en general.

 

Los miembros de la comisión vaticana para la tutela de los menores han acabado su mandato. ¿Demuestra que no se trata de una prioridad?

 

La comisión fue nombrada por tres años. Al vencerse el plazo, se estudió la nueva comisión. La decisión fue renovar a una parte y nombrar nuevos miembros. Antes de que empezara este viaje llegó la lista definitiva con los nombres y ahora sigue el recorrido normal de la Curia. Se estudia el currículum de las personas nuevas, y había dos observaciones que había que aclarar. Pero no crean que no la vamos a hacer… son los tiempos normales.

 

¿Qué responde a los que dicen que su visita en Chile fue un fracaso, por la poca gente que había y porque la Iglesia está más dividida que antes?

 

Es la primera vez que lo escucho. Estoy contento del viaje a Chile, no me esperaba tanta gente por la calle, ¡y a esta gente no le pagaron para que fuera!

 

En Perú la clase política ha defraudado al pueblo con actos de corrupción y con indultos negociados (se refiere al indulto concedido por el actual presidente al ex presidente Alberto Fujimori, ndr.). ¿Qué piensa al respecto?

 

Sé que en algunos países de Europa hay corrupción. En Latinoamérica hay muchos focos de corrupción. Hoy esta de moda hablar de Odebrecht (una sociedad brasileña conocida por sus redes de corrupción no solo en Perú, ndr.), pero eso es un botón de muestra. El origen de la corrupción, yo diría es el pecado original que te lleva… Escribí un librito una vez, muy pequeño, que se llama “Pecado y corrupción”, y el lema que saco es: “pecador sí, corrupto no”. Todos somos pecadores, pero creo que todos los que estamos acá, yo hago la voluntad de mi parte, y pienso ustedes también, cuando estoy en “off side”, actué mal con un amigo, robé, me drogué… bien: tratar de no hacerlo. Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, que te va viciando el alma y el cuerpo. Un corrupto está tan seguro de sí mismo, que no puede volver atrás. Son como esos pantanos chupadizos, que querés volver atrás, y te chupo. Es una ciénaga. Sí, es la destrucción de la persona humana. El político tiene mucho poder. También el empresario tiene mucho poder. El empresario que le paga la mitad a sus obreros es un corrupto. Un ama de casa que está acostumbrada y cree que es lo más normal explotar a las mucamas con el sueldo o el modo de tratarlas, es corrupta. Recuerdo una conversación que tuve con una persona, un profesional, joven, 30 años, que me decía cómo llevaba la cosa. Y él me dijo que trabata al personal doméstico de una manera nada noble. Yo le dije: “Pero, usted no puede hacer eso, eso es pecado”. “Padre, me dice, no vamos a comprarar a esa gente conmigo, esa gente esta para eso”. Y es lo que piensa el tratante sexual, el tratante de trabajo esclavo: corruptos.

 

También en la Iglesia existe la corrupción. Pensemos en el caso del Sodalicio (movimiento laico fundado en Perú por Luis Figari, ahora reconocido culpable de abusos, ndr.).

 

Sí, hay casos de corrpución en la Iglesia. Siempre los hubo. Hombres y mujeres de Iglesia entraron en el juego de la corrupción. Y esto me sirve de puente para lo del sodalicio. Lo del sodalicio empezó con el caso de una persona que parecía de mucha virtud, murió e, investigando la vida, se descrubrió que tenía doble vida. Es el primer caso del sodalicio que yo conozco, pero de esto hace ya 20 años atrás. Y después una denuncia de abuso, no solo sexual, sino de manipulación de conciencia para con el fundador. El proceso del fundador entró en la Santa Sede, se le dio una condena, no se lo expulsó del sodalicio, sino que vive solo. Una persona lo atiende. Él se declara inocente de las pruebas que hubo en el juicio y apeló a la signatura apostólica, la Suprema corte de justicia del Vaticano. La causa esta en apelación, y por los datos que tengo, va a salir en menos de un mes. Llevó un año. Pero ese juicio fue gatillo para que otras víctimas de esa persona hicieran juicios civil y eclesiástico. Si la signatura apostólica pone fin a este jucio, a favor, en contra, ya no tiene sentido, porque ya se acumulan muchos casos, más graves. E intervino la justicia civil, y en estos casos es necesario, es un derecho. No estoy muy informado, pero la cosa es desfavorable al fundador. Por otro lado, no era una cosa personal, había cosas no claras. Hace casi dos años, mandé un visitador, en la persona del Cardenal Tobin, de Newark. Hace la visita, descubre cosas que no entienden, y no están claras, y nombra dos veedores económicos. Y este es el tercer abuso, que también tocaba al fundador. Y después de un estudio, recomienda comisariar el sodalicio. Hace 4 semanas mando la carta, y hace dos se nombró. Un caso parecido, en los procedimeintos, al de los Legionarios, por el Papa Benedicto XVI. Y en eso estuvo muy fuerte. No toleraba esas cosas, y yo aprendí de él a no tolerarlas. El estado jurídico es comisariamiento, y continúa la visita apostólica.

 

Después del matrimonio de los sobrecargos durante el vuelo, ¿qué le diría a los párrocos que se encuentran con prometidos que quieren casarse en aviones o naves?

 

¿Usted se imagina cruceros con el matrimonio? Uno de ustedes me dijo que estoy loco cuando hago estas cosas. La cosa fue simple. El señor (Carlos Ciuffardi, ndr.) había estado en el vuelo del día antes. Ella (Paula Podest, ndr.) no estaba. Él me habló. Me di cuenta de que me estaba sondeando… fue una buena plática. Al día siguiente estaban los dos y cuando nos tomamos las fotografías me dijeron que se habían casado por lo civil y que ocho años antes se estaban por casar en la parroquia, pero la iglesia se derrumbó por el terremoto un día antes de la boda. Y así no hubo matrimonio. Decían: “Lo hacemos mañana, pasado mañana…”. Y luego la vida sigue adelante: llega una niña, después otra. Yo los interrogué y me dijeron que habían hecho los cursos prematrimoniales. Me pareció que estaban preparados. Los sacramentos son para los hombres, todas las condiciones estaban muy claras. ¿Por qué no hacer hoy lo que se puede hacer? Esperar a mañana tal vez habría significado esperar otros diez años. Ambos se habían preparado ante el Señor con el sacramento de la penitencia. Me dijeron que les habían dicho a algunos de ustedes esta intención: “Vamos a pedirle al Papa que nos case”. No sé si sea cierto. Hay que decirle a los párrocos que el Papa los interrogó bien, era una situación regular.

 

Usted en la Amazonia habló sobre la “perversión” de ciertas políticas que promueven la conservación de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano. ¿Cree que exista un ambientalismo que acaba estando en contra del hombre?

 

Sí, creo que sí. El caso específico al que me refería tiene que ver con esa zona de la Amazonia: para proteger la selva, algunas tribus fueron echadas. La misma selva acabó siendo explotada. Hay estadísticas. Algunas tribus se quedaron fuera del progreso real.

 

Uno de los objetivos de la Iglesia es luchar contra la pobreza: Chile ha logrado disminuir la pobreza del 40 al 11 por ciento, y es el resultado de una política liberal. ¿Hay cosas buenas en el liberalismo?

 

Debemos estudiar bien los casos de las políticas liberales. Algunos países de América Latina han puesto en marcha políticas liberales que los han llevado a la mayor pobreza. No sabría qué responder, pero en general una política liberal que no involucre a todo el pueblo es selectiva y te lleva hacia abajo. El caso de Chile no lo conozco, pero en otros países la cosa lleva hacia abajo.

 

Salió una noticia sobre el cardenal Óscar Andrés Rodriguez Maradiaga, que habría tomado dinero de la universidad católica de Honduras. ¿Qué piensa?

 

El cardenal Maradiaga hizo una declaración sobre esto en la televisión, y yo repito lo que él dijo.

 

¿Qué se lleva consigo de este viaje a Perú?

 

Me llevo la impresión de un pueblo creyente, que pasa muchas dificultades y las pasó históricamente, pero una fe que me impresiona, no solo en Turjillo, donde la piedad popular es muy rica y muy fuerte. Sino también la fe de las calles, y no solo en Lima, donde evidentemente se nota. También en Puerto Maldonado, donde pensaba tener el acto en un lugar como este, pero estaba lleno, y también en las calles. Un pueblo que salió a expresar su alegría y su fe. Es verdad que ustedes son una tierra ensantada. Son el pueblo de Latinoamérica que tiene más santos, y santos de alto nivel. Toribio, Rosa, Martín, Juan. De alto nivel. Creo que la fe la tienen muy calada dentro. Yo me llevo de Perú una impresión de alegría, de fe, de esperanza, de volver a andar y, sobre todo, muchos chicos. Volví a ver esa imagen que vi en Filipinas y Colombia, los papás y las mamás a mi paso levantando a los chicos, y eso dice futuro, dice esperanza, porque nadie trae hijo al mundo si no tiene espernaza. Lo único que les pido es que cuiden la riqueza. No solo la de las iglesias y los museos, que las obras de arte son geniales, y no solo de los sufrimientos, que los han enriquecido mucho, sino la riqueza que yo vi en estos días también.


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El Papa casa a una pareja en pleno vuelo

El Papa celebra en el avión la boda de una pareja de azafatos de vuelo

A bordo del avión que lleva al Pontífice desde Santiago de Chile a Iquique, Francisco ha casado por sorpresa a una pareja de tripulantes de cabina de la compañía aérea Latam
AP

Carlos Ciuffardi y Paula Podest Ruiz

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Pubblicato il 18/01/2018
Ultima modifica il 18/01/2018 alle ore 14:56
ANDREA TORNIELLI
A BORDO DEL VUELO SANTIAGO-IQUIQUE

“Este sacramento significa mucho…”. Carlos y Paula tienen todavía las lágrimas en los ojos. Hasta hace pocos minutos han servido bocadillos y bebidas a los pasajeros del vuelo Santiago-Iquique. Son dos de los tripulantes de cabina.

 

Se debían casar por la iglesia en 2010 pero el terremoto destruyó su parroquia en Santiago de Chile, y tuvieron que casarse solo civilmente. Pero ahora ya son marido y mujer para la Iglesia católica porque, por primera vez, un Papa ha celebrado un matrimonio a bordo de un avión.

 

Cuando fueron a hacerse una foto con Francisco, le pidieron una bendición. El Papa les preguntó si estaban casados y ellos respondieron que sí, pero civilmente a causa del terremoto. Entonces Bergoglio les propuso casarlos en el momento.

 

El propietario de la compañía aérea Latam, Igncio Cueto, ha sido el primer testigo; el segundo ha sido monseñor Mauricio Rueda. El Pontífice ha celebrado el rito mientras el Airbus viajaba a 36.000 pies de altura. Y ha dicho: “Esperemos que lo que ustedes han hecho sirva de inspiración para otras parejas en el mundo”.

 

“Antes de declararnos marido y mujer –cuenta Carlos, que tiene orígenes italianos– el Papa me ha preguntado sonriendo: ¿pero estás seguro de verdad?”.

Carlos Ciuffardi y Paula Podest Ruiz tienen dos hijas, Rafaella, de 6 años, e Isabella, de 4. Con alegría han dado la noticia a los compañeros y a los periodistas. La primera boda celebrada por un Papa en el cielo.


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Papel del obispo en la crisis matrimonial. Discurso del Papa

Nulidad matrimonial; el Papa: el obispo, único juez en el proceso breve

Audiencia a los que participan en el curso de la Rota Romana sobre la nueva reforma, en la que pidió cercanía «a los sufrimientos de los fieles que esperan de la justicia eclesial la ayuda para volver a encontrar la paz de las conciencias y la voluntad de Dios sobre la admisión a la Eucaristía»

El Papa con la Rota Romana

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Pubblicato il 25/11/2017
Ultima modifica il 25/11/2017 alle ore 16:15
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Ustedes están llamados a ser próximos en la soledad y en el sufrimiento de los fieles que esperan de la justicia eclesial la ayuda competente y factual para poder encontrar la paz de sus conciencias y la voluntad de Dios sobre la readmisión a la Eucaristía». El Papa Francisco dialogó con los jueces canónicos que participaron en el curso de formación promovido por el Tribunal Apostólico de la Rota Romana, sobre el tema: “El nuevo proceso matrimonial y el procedimiento Super Rato”. Y aprovechó para aclarar, «definitivamente», algunos aspectos fundamentales de los dos “Motu prorpio” para la nulidad matrimonial, “Mitis Iudex Dominus Iesus” y “Mitis et misericors Iesus”, en particular sobre el papel del obispo «como juez personal y único» en el proceso breve.

 

Antes que nada, Francisco recordó que los dos textos fueron fruto de los dos Sínodos sobre la familia, por lo tanto, «expresión de un método sinodal» y «meta de un serio camino sinodal» que pretendía «estudiar las situaciones y el desarrollo de la familia en el mundo de hoy, la preparación al matrimonio, las maneras para socorrer a los que sufren debido al fracaso de su matrimonio, la educación de los hijos y otras temáticas». Después invitó a los jueces, precisamente en continuidad con las dos Asambleas, a que se esfuercen para ser en sus comunidades «misioneros y testimonios del espíritu sinodal», además de la «consolación pastoral» que, subrayó, «es el fin de esta nueva normativa matrimonial». Con esta actitud, exhortó, «cada uno de ustedes debe ser leal colaborador del propio Obispo, al cual las nuevas normas reconocen un papel determinante, sobre todo en el proceso breve, en cuanto él es el “juez nato” de la Iglesia particular».

 

Al respecto, el Papa, para que la aplicación de la nueva ley sobre el proceso matrimonial (a dos años de su promulgación) «sea causa y motivo de salvación y paz para el gran número de fieles heridos en su situación matrimonial», establece algunos puntos-clave «determinantes y exclusivos» sobre el ejercicio personal del obispo como «juez personal y único en el proceso “breviore”», para que tal principio nunca sea interpretado como «hecho excluyente», «delegando casi todo a los Tribunales».

 

El obispo juez, afirmó el Papa en los primeros dos puntos, es «arquitrabe, principio constitutivo y elemento discriminante de todo el proceso breviore», para cuya validez se exigen dos condiciones inseparables: el episcopado y estar a la cabeza de una comunidad diocesana de fieles. Recordando que la competencia exclusiva y personal del pastor proviene directamente del Vaticano II; explicó que el proceso breve no es una «opción» que el obispo puede elegir, sino una «obligación» de la cual él es «componente exclusivo en las tres frases»: la instancia, la intstructoria (que siempre debe llevar a cabo «el Vicario judicial o por otro instructor, también laico, por el asesor, y siempre presente el defensor del vínculo») y la decisión («pronunciada coram Domino, es siempre y solo del Obispo diocesano»), que siempre es prerrogativa del obispo diocesano.

 

«Encomendar todo el proceso breviore al tribunal interdiocesano (tanto del más próximo como de más diócesis) –advirtió el Pontífice– llevaría a desnaturalizar y reducir la figura del Obispo padre, cabeza y juez de sus fieles a mero firmante de la sentencia».

 

Bergoglio indica algunos «criterios fundamentales»: «la proximidad y la gratuidad», dos «perlas» que necesitan los pobres, y la «misericordia» que exige que el obispo «actúe cuanto antes» el proceso breve; en el caso de que no se considere listo en el presente para actuarlo, «debe reenviar la causa el proceso ordinario, el cual de todos modos debe ser conducido con la debida solicitud».

 

Todo ello, insistió el Papa Francisco al final y con mucha claridad, «ocurre sin pedir el permiso o la autorización a otra Institución o a la Signatura Apostólica».


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Comentario al texto de Müller sobre la Amoris laetitia.

Lo que es tradicional: las posibilidades de los sacramentos a los “irregulares”

El cardenal Müller apoya las reflexiones del profesor Buttiglione sobre «Amoris Laetitia» y recuerda lo que enseña la teología a propósito de las circunstancias atenuantes

La exhortación aspotólica «Amoris Laetitia»

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Pubblicato il 30/10/2017
Ultima modifica il 30/10/2017 alle ore 07:55
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El amplio ensayo que escribió el cardenal Gerhard Ludwig Müller como prefacio para el libro que reúne los artículos y las reflexiones del profesor Rocco Buttiglione sobre la exhortación aspotólica «Amoris Laetitia» (ediciones Ares, que saldrá en las librerías italianas el 10 de noviembre de 2017) marca un paso importante en la discusión no siempre equilibrada que surgió con la publicación del documento papal. Como se lee en el largo fragmento anticipado por Vatican Insider, el purpurado alemán se aleja decididamente de los contenidos de la «correctio filialis» que atribuye al Pontífice presuntas «herejías» y responde a los cinco «dubia» que publicaron hace un año cuatro cardenales.

 

Antes que nada, Müller considera que Buttiglione, «como un auténtico católico de comprobada competencia en el campo de la teología moral», ofrece con sus recientes artículos y ensayos «una respuesta clara y convincente» a algunos pasajes del octavo capítulo de la «Amoris Laetitia». Las palabras que siguen son aún más esclarecedoras: «Con base en los criterios clásicos de la teología católica, ofrece una respuesta razonada y nada polémica a los cinco “dubia” de los cardenales» y demuestra que los reproches de quienes afirman que el Papa no presenta correctamente la doctrina no corresponden con la realidad».

 

El cardenal insiste en que existen «diferentes niveles de gravedad según el tipo de pecado». No siempre, añadimos nosotros, esta conciencia tiene cabida en quienes se han dedicado a hacerle exámenes de doctrina al Papa: basta recordar, por ejemplo, en esos pecados, citados en el Catecismo de san Pío X, que «claman venganza en presencia de Dios» (en el nuevo Catecismo de la Iglesia católica se dice que «claman hacia el cielo») y son: «el homicidio voluntario», el «pecado impuro contra el orden de la naturaleza»; «la opresión de los pobres» y el «defraudar la merced a los obreros» (o, en tiempos modernos, «la injusticia para con el salariado»)Müller nos recuerda, como útil advertencia para los que parecen «monomaníacos» con respecto a los pecados vinculados con la esfera sexual (y basta navegar por ciertos sitios en internet para darse cuenta), que «los pecados del espíritu pueden ser más graves que los pecados de la carne. El orgullo espiritual y la avaricia introducen en la vida religiosa y moral un desorden más profundo que la impureza que deriva de la debilidad humana». De la misma manera, con bastantes citas de santo Tomás, afirma que «el adulterio entre casados pesa más que el de los no casados y el adulterio de los fieles, que conocen la voluntad de Dios, pesa más que el de los infieles». Pero también recuerda que «para la imputabilidad de la culpa en el juicio de Dios hay que considerar los factores subjetivos como la plena conciencia y el deliberado consenso en la grave falta contra los mandamientos de Dios».

 

Esto no significa que «debido a circunstancias atenuantes, un acto objetivamente malo pueda volverse subjetivamente bueno»Significa, por el contrario (como ha recordado en varias ocasiones Buttuglione) que «en la valoración de la culpa, puede haber atenuantes y las circunstancias y elementos accesorios de una convivencia irregular semejante al matrimonio pueden ser presentadas también ante Dios en su valor ético en la valoración de conjunto del juicio (por ejemplo el cuidado de los hijos en común que es un deber que deriva del derecho natural)».

 

No se trata de caer en la casuística (es decir en la exacta definición de los casos y de las circunstancias en las que se podría dar la admisión a los sacramentos) y fijarla en manuales específicos, concebidos para descargar de la gran y fatigosa responsabilidad del discernimiento a la que están llamados, junto con los penitentes, sus confesores. Tampoco se trata de reivindicar la comunión como un derecho, la participación en la Eucaristía como algo debido, sin importar un camino de penitencia y si se cobra o menos conciencia del propio estado. En ninguna parte de «Amoris laetitia» se dice nada parecido a «todos son libres» de acercarse a la mesa eucarística como se quiera y cuando se quiera. 

 

Müller hace notar algo que parecen no ver los que han considerado inútiles los dos Sínodos sobre la familia, puesto que ya se había expresado sobre el mismo argumento san Juan Pablo II con la exhortación «Familiaris consortio» (si se hubiera hecho valer siempre esta argumentación que esgrimen algunos de los eclesiásticos que se oponen al Pontífice, no se comprendería por qué se habría tenido que celebrar el Concilio Vaticano II, puesto que ya se había llevado a cabo el Vaticano I, etc.). El cardenal cita el contexto en el que nos ha tocado vivir, que ha cambiado profundamente en las últimas décadas: «Las situaciones existenciales son muy diferentes y complejas, y la influencia de ideologías enemigas del matrimonio a menudo es prepotente». 

 

 

El libro de Rocco Buttiglione, “Respuestas amigables a los críticos de «Amoris laetitia»”.

 

 

Entonces, explica Müller, «el cristiano puede encontrarse sin su culpa en la dura crisis del ser abandonado y de no lograr encontrar ninguna otra vía de escape que encomendarse a una persona de buen corazón y el resultado son relaciones semejantes a las relaciones matrimonialesSe necesita una particular capacidad de discernimiento espiritual en el fuero interior por parte del confesor para encontrar un recorrido de conversión y de re-orientación hacia Cristo que sea adecuado para la persona, yendo más allá de una fácil adaptación al espíritu relativista del tiempo o de una fría aplicación de los preceptos dogmáticos y de las disposiciones canónicas, a la luz de la verdad del Evangelio y con la ayuda de la gracia antecedente». Ningún relativismo, nada de cosas fáciles. Pero tampoco esa «fría aplicación de los preceptos dogmáticos» (sic!) que tanto apasiona a los que hacen exámenes de doctrina, incluso al Papa, y que acaban por dejar de ser capaces de distinguir y discernir: las historias, las vidas de las personas no son todas iguales y difícilmente encajan con precisión matemática en las notas de los manuales de moral.

 

Es por ello que el cardenal demuestra que «en la situación global, en la que prácticamente ya no hay ambientes homogéneamente cristianos», se plantea seriamente el problema (que ya había indicado con fuerza Benedicto XVI) de la validez del primer matrimonio, al que tal vez le faltaba alguno de sus elementos constitutivos, circunstancia que se verifica con bastante difusión en nuestra época. Precisamente estas consideraciones llevaron a Francisco a reformar, simplificándola, la normativa para obtener la declaración de nulidad matrimonial.

 

«En el caso de una conversión en edad madura (de un católico que sea tal solo en el certificado de Bautismo) se puede dar el caso —escribe claramente Müller en el prefacio del libro de Buttiglione— de que un cristiano esté convencido en conciencia de que su primer vínculo, aunque se haya dado en la forma de un matrimonio por la Iglesia, no era válido como sacramento y de que su actual vínculo semejante al matrimonio, alegrado con hijos y con una convivencia madurada en el tiempo con su pareja actual, es un auténtico matrimonio frente a Dios».

 

Y añade: «tal vez esto no pueda ser demostrado canónicamente debido al contexto material o por la cultura propia de la mentalidad dominante. Es posible que la tensión que aquí se verifique entre el estatus público-objetivo del “segundo” matrimonio y la culpa subjetiva pueda abrir, en las condiciones descritas, la vía al sacramento de la penitencia y a la Santa Comunión, pasando a través de un discernimiento pastoral en el fuero interior».

 

En relación con la famosa nota 351 del párrafo 305 de «Amoris Laetitia» (en donde se afirma, refiriéndose a las circunstancias atenuantes para los «irregulares», que «en ciertos casos» podría existir «también la ayuda de los Sacramentos»), Müller explica que «si el segundo vínculo fuera válido frente a Dios», como se indicaba en el ejemplo anterior, «las relaciones matrimoniales de los dos compañeros no constituirían ningún pecado grave, sino más bien una transgresión contra el orden público eclesiástico por haber violado de manera irresponsable las reglas canónicas y, por lo tanto, un pecado leve».

 

Para concluir, el cardenal recuerda que a menudo no se comprenden «todo el significado pastoral» de «Amoris Laetitia» ni las dificultades para «aplicar en la práctica con tacto y discreción, es la ley de la gradualidad». Es evidente que aquí «no se trata de un pecador empedernido, que quiere hacer valer frente a Dios derechos que no tiene. Dios está particularmente cerca del hombre que se sigue el camino de la conversión, que, por ejemplo, se asume la responsabilidad por los hijos de una mujer que no es su legítima esposa y no descuida tampoco el deber de cuidar de ella. Esto también vale en el caso en el que él, por su debilidad humana y no por la voluntad de oponerse a la gracia, que ayuda a observar los mandamientos, no sea todavía capaz de satisfacer todas las exigencias de la ley moral».

 

En este caso, recuerda el purpurado, «una acción en sí pecaminosa no se convierte por ello en legítima y ni siquiera agradable a Dios. Pero su imputabilidad como culpa puede ser disminuida cuando el pecador se dirige a la misericordia de Dios con corazón humilde y reza “Señor, ten piedad de mí, pecador”Aquí, el acompañamiento pastoral y la práctica de la virtud de la penitencia como introducción al sacramento de la penitencia tiene una importancia particular».

 

 

El libro

 

Estará disponible en las librerías italianas a partir del 10 de noviembre el volumen de Rocco Buttiglione “Respuestas amigables a los críticos de «Amoris laetitia»” (ediciones Ares, 208 pp.): el filósofo responde a las críticas dirigidas al Papa Francisco, a los “dubia” y a la “correctio filialis”. El libro comienza con un articulado ensayo introductorio del cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe.