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Novedades en el Instituto sobre el matrimonio y la familia. Comentario

El Papa reforma el Instituto sobre el matrimonio y la familia que quiso Wojtyla

Con un “Motu proprio” Francisco creó el nuevo «Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II», extendiendo el espectro de sus competencias y actividades, siguiendo las huellas de su predecesor y con la mirada puesta en la «Amoris laetitia»

El Papa reforma el Instituto sobre el matrimonio y la familia que quiso Wojtyla

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Pubblicato il 19/09/2017
Ultima modifica il 19/09/2017 alle ore 14:18
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco, con una carta apostólica en forma de «Motu proprio» que lleva la fecha del 8 de septiembre de 2017 (y publicada hoy, 19 de septiembre), redundó el Instituto de estudios sobre el matrimonio y la familia que quiso Juan Pablo II, extendiendo su campo de acción. El documento, titulado «Summa familiae cura», recuerda que el Papa Wojtyla, después del Sínodo de los obispos de 1980 y de la exhortación «Familiaris consortio» de 1981, dio una forma estable al Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, que llevaba a cabo sus actividades en la Universidad Lateranense.

 

Ahora, después de otros dos Sínodos, de 2014 y 2015, dedicados a la familia, y después de la publicación de la exhortación «Amoris laetitia», la Iglesia ha llegado a «una renovada conciencia del Evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a ofrecer respuestas».

 

«La centralidad de la familia en los procesos de “conversión pastoral” de nuestras comunidades y de “transformación misionera de la Iglesia” —escribió Francisco— exige que, incluso a nivel de formación académica, en la reflexión sobre el matrimonio y sobre la familia nunca falten la perspectiva pastoral ni la atención a las heridas de la humanidad».

 

El Papa Bergoglio insistió en que el «bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia», y que es «saludable prestar atención a la realidad concreta» de la familia, debido al «cambio antropológico-cultural, que influye hoy a todos los aspectos de la vida y exige un enfoque analítico y diversificado» y «no nos permite limitarnos a prácticas de la pastoral y de la misión que reflejen formas y modelos del pasado».

 

«En el límpido propósito de permanecer fieles a la enseñanza de Cristo —escribió Francisco—, debemos, pues, ver, con el intelecto de amor y con sabio realismo, a la realidad de la familia, hoy, en toda su complejidad, en sus claroscuros. Por estas razones he considerado oportuno dar una nueva configuración jurídica al Instituto Juan Pablo II, para que la clarividente intuición de san Juan Pablo II, que fuertemente deseó esta institución académica, hoy pueda ser reconocida y apreciada mejor en su fecundidad y actualidad».

 

El nuevo Instituto teológico para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia, dedicado a Juan Pablo II, ampliará el campo de sus acciones y estudios, «tanto en orden a las nuevas dimensiones de la tarea pastoral y de la misión eclesial, como en referencia a los desarrollos de las ciencias humanas y de la cultura antropológica en un campo tan fundamental para la cultura de la vida».

 

El Papa Bergoglio precisó que el nuevo instituto deberá tener en cuenta la inspiración original con la que nació el anterior, «contribuyendo eficazmente a que corresponda plenamente a las exigencias actuales de la misión pastoral de la Iglesia». En los breves artículos, a los que seguirán nuevos estatutos, se subraya la «especial relación del nuevo Instituto Teológico con el ministerio y el magisterio de la Santa Sede», que será enriquecido con la «privilegiada relación» que establecerá con la Congregación para la Educación Católica, con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y con la Pontificia Academia para la Vida. Se precisa que el Instituto Teológico tendrá «la facultad de conferir “iure proprio” a sus estudiantes los siguientes grados académicos: el Doctorado en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; la Licenciatura en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; el Diploma en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia».

 

«Con esta decisión —explicó a Vatican Insider el arzobispo Vincenzo Paglia, Gran Canciller del Instituto—, el Papa extiende la perspectiva: de una concentrada solo en la teología moral y sacramental, a una bíblica, dogmática e histórica, que tiene en cuenta los desafíos contemporáneos. Francisco ha comprendido muy bien el papel histórico de la familia, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Y la familia no es un ideal abstracto, sino una realidad mayoritaria de la sociedad, que debe volver a descubrir su vocación en la historia».

 

La referencia a la continuidad con el Instituto anterior, «en sí misma cierra el camino —explicó Paglia— a una interpretación que pretenda atribuir a este autorizado acto de refundación un distanciarse de la inspiración de Juan Pablo II». El arzobispo hizo notar, para concluir, que el Papa ha indicado que las personas que componen el actual instituto sean «protagonistas del cambio y de la reestructuración que serán necesarios para conseguir los objetivos del nuevo sujeto», y que, por lo tanto, cuentan con la confianza del Pontífice.

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Vaticano: reforma del instituto sobre el matrimonio y la familia.

Traducción en español (no oficial)
CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO
“SUMMA FAMILIAE CURA”
QUE INSTITUYE EL PONTIFICIO INSTITUTO TEOLÓGICO JUAN PABLO II
PARA LAS CIENCIA DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA Animado por  la  mayor atención a la familia, San Juan Pablo II, como seguimiento del Sínodo de los Obispos de 1980 sobre la familia y de la exhortación apostólica postsinodal Familiaris Consortio de 1981, con la Constitución apostólica Magnum Matrimonii sacramentum confirió una forma jurídica estable al   Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, que opera en la Universidad Pontificia Lateranense. Desde entonces, éste  ha desarrollado un proficuo trabajo de profundización teológica y de formación pastoral  tanto en su sede central de Roma, como en las secciones extraurbanas, presentes ya en todos los continentes.
Más recientemente, la Iglesia ha dado  un paso ulterior en el camino sinodal poniendo nuevamente en el centro de la atención  la realidad del matrimonio y la familia, en  primer lugar en la Asamblea  extraordinaria de 2014, dedicada a “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización” y, después, en la ordinaria de 2015 sobre “La vocación y la  misión de la familia en la Iglesia y en el mundo “. La culminación de este intenso recorrido ha sido la Exhortación apostólica  post-sinodal Amoris Laetitia , publicada el 19 de marzo de 2016.
Esta estación sinodal  ha llevado a la Iglesia a una renovada conciencia del Evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a responder. La centralidad de la familia en los caminos de “conversión pastoral” [1] de nuestras comunidades y de “transformación misionera de la Iglesia” [2] requiere que – incluso en el ámbito de la  formación académica – en la reflexión sobre el matrimonio y la familia no falten nunca la perspectiva pastoral y la  atención a las heridas de la humanidad. Si no se puede llevar a cabo  una fecunda profundización de la teología pastoral sin tener en cuenta el peculiar perfil eclesial de la familia [3], por otro lado, no escapa a la misma solicitud pastoral de la Iglesia el valioso aporte del pensamiento y de la  reflexión que indagan, del modo más profundo y riguroso, la verdad de la revelación y la sabiduría de la tradición de la fe, con el fin de su mayor inteligencia en el tiempo presente. “El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia. […]Es sano prestar atención a la realidad concreta, porque «las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia», a través de los cuales «la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia “. [4] El cambio antropológico y cultural, que influye hoy en  todos los aspectos de la vida y requiere un enfoque analítico y diversificado, no nos permite limitarnos a prácticas de la  pastoral y de  la misión que reflejan formas y modelos del pasado. Debemos ser intérpretes conscientes y apasionados de la sabiduría de la fe en un contexto en el que los individuos están  menos sostenidos que en el pasado por las estructuras sociales, en su vida afectiva y familiar. Con el límpido propósito de permanecer fieles a las enseñanzas de Cristo debemos, por lo tanto,  mirar con intelecto de amor y con sabio realismo, la realidad de la familia, hoy, en toda su complejidad, en sus luces y sombras. [5]
Por estas razones he considerado oportuno ofrecer un nuevo marco jurídico al Instituto Juan Pablo II, para que  “la intuición clarividente de San Juan Pablo II, que quiso firmemente esta institución académica, hoy [pueda] ser todavía mejor reconocida y apreciada en su fecundidad y actualidad” [6]. Por lo tanto, he tomado la decisión  de instituir un Instituto Teológico para  Ciencias  del Matrimonio y la Familia, ampliando su campo de interés, sea por las  nuevas dimensiones de la tarea pastoral y de la misión eclesial, sea en referencia al desarrollo de las ciencias humanas y de la cultura antropológica en un campo tan fundamental para la cultura de la vida. ART. 1  Con el presente Motu Proprio instituyo el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para Ciencias del Matrimonio y la Familia, que, vinculada a la Pontificia Universidad Lateranense, suceda, sustituyéndolo al   Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia , establecido por la Constitución apostólica Magnum Matrimonii sacramentum , que por lo tanto cesa. Será debido, sin embargo, que la inspiración original que dio origen al cesado  Instituto para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia siga fecundando  el campo más amplio de compromiso del nuevo Instituto Teológico, contribuyendo eficazmente a que sea plenamente compatible con las exigencias actuales de la misión pastoral de la Iglesia . ART. 2 El nuevo Instituto será, en el contexto de las instituciones pontificias, un centro académico de referencia, al servicio de la misión de la Iglesia universal, en el campo de  las ciencias relacionadas con el matrimonio y la familia y respecto a los  temas  asociados con la alianza fundamental del hombre y de  la mujer para el cuidado y la generación  de la creación.

ART. 3
La relación especial del nuevo Instituto Teológico con el ministerio y el magisterio de la Santa Sede se verá respaldada además por la relación privilegiada que establecerá, en las formas que serán mutuamente concordadas, con la Congregación para la Educación Católica, el Pontificio Consejo para los Laicos, la  Familia y la Vida y con la Pontificia Academia para la Vida.

ART 4
§ 1. El Pontificio Instituto Teológico, así renovado, adaptará sus estructuras y dispondrá de  las herramientas necesarias – cátedras, profesores, programas, personal administrativo – para realizar la  misión científica y eclesial que se le asigna.
§ 2. Las autoridades académicas del Instituto Teológico son el Gran Canciller, el Presidente y cl Consejo del Instituto.
§ 3. El Instituto Teológico tiene la facultad de conferir   iure proprio a sus alumnos los siguientes títulos académicos: Doctorado en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; la Licencia en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; el Diploma en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia.

ART. 5
Lo que establece el presente Motu proprio será profundizado y definido en sus propios estatutos aprobados por la Santa Sede. En particular, se identificarán las formas más adecuadas para promover la cooperación y la confrontación, en los ámbitos de la enseñanza y la investigación, entre las autoridades  del Instituto Teológico y las de la Pontificia Universidad Lateranense.

ART. 6
Hasta la aprobación de los nuevos Estatutos, el Instituto Teológico se regirá temporalmente por las normas estatutarias  hasta ahora vigentes en el Instituto Juan Pablo II para  Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, comprendidas la estructuración en secciones y las respectivas normas,  en la medida en que no se opongan  al presente Motu  proprio.
Todo lo deliberado con esta Carta apostólica en forma de Motu proprio, ordeno que se observe en todas sus partes, a pesar de cualquier disposición en contrario, aunque digna de mención especial, y establezco  que sea promulgado  mediante la publicación  en el diario L’Osservatore Romano, entrando  en vigor el día de la promulgación, y que se inserte sucesivamente en Acta Apostolicae Sedis.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María del año 2017, quinto de nuestro Pontificado


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Canada: una religiosa preside una ceremonia nupcial sin eucaristía.

Boda católica celebrada en Québec por una monja

Sor Pierrette Thiffault presidió la liturgia nupcial en Lorrainville, después de que el obispo hubiera obtenido la autorización de la Santa Sede. Una excepción prevista por el Código de Derecho Canónico

Sor Pierrette Thiffault

Pubblicato il 28/07/2017
Ultima modifica il 28/07/2017 alle ore 08:42
ANDREA TORNIELLI
ROMA

Se llama sor Pierrette Thiffault, es una religiosa acostumbrada a suplir lo mejor que puede debido a la falta de los sacerdotes en la región de Abitibi-Témiscamingue, en Québec. Pero hasta el pasado 22 de julio no le había tocado celebrar ninguna ceremonia nupcial. Lo hizo en Lorrainville, un pueblito de 1200 almas que se encuentra a más de 650 kilómetros de Móntreal, en donde unió en matrimonio a Cindy y a David dentro de la iglesia parroquial.

 

La presencia femenina en el altar, donde se celebró, obviamente solo la liturgia nupcial, y no la misa, causó polémicas. Pero se trata de una excepción prevista por el Código Canónico promulgado en 1983 por san Juan Pablo II.

 

El canon 1112 afirma, efectivamente: «Donde no haya sacerdotes ni diáconos, el Obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios». En el Código de Derecho Canónico la palabra «laico» no tiene ninguna connotación masculina, sino se refiere, por el principio de igualdad, tanto a hombres como a mujeres. Otra cosa es la orden sagrada, en sus tres grados de diaconado, presbiterato y episcopado, reservado a los varones. La monjas, a pesar de haber hecho votos de religiosa, es considerada «laica» en relación con la orden sacra.

 

Hay que recordar que en el matrimonio, el ministro que celebra el sacramento no es el sacerdote. Los ministros celebrantes son, efectivamente, los esposos. El sacerdote tiene, en el ámbito de la liturgia nupcial, la tarea de testimonio calificado. Por ello las normas canónicas prevén, excepcionalmente y en casos de demostrada necesidad, la posibilidad de que quien presida la liturgia sea un laico, previa autorización de la Santa Sede.

 

Lorrainville pertenece a la diócesis de Rouyn-Noranda, en donde el clero escasea tanto que hay sacerdotes que tienen que ocuparse de 7 u 8 parroquias. Por ello el obispo llamó a sor Pierrette Thiffault, religiosa de las Hermanas de la Providencia, para la celebración del matrimonio. La monja quiso recordar a la prensa local que no había sido ordenada, por lo que no podía ejercer ninguna función sacerdotal. La que la autorizó, con una carta del 23 de mayo de 2017, fue la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presidida por el cardenal Robert Sarah. El vicario general de la diócesis canadiense declaró: «En la Iglesia católica, esta es una presidencia que se encomienda solo a un cura, pero puede haber alguna excepción, y lo que sucedió hoy es una de ellas».

 

Sor Pierrette Thiffault se encarga desde hace años de la pastoral en la parroquia de Moffet, cerca de Lorainville, y le enseñó el catecismo a David, el esposo, cuando era chico. Fue el obispo quien pidió que pudiera presidir el matrimonio.


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Los divorciados vueltos a casar y la comunión.

 

Un artículo sobre el teólogo Marcial Vidal acerca de la cuestión de los divorciados reesposados. Véase en el siguiente enlace:

 

http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2017/05/05/marciano-vidal-los-divorciados-vueltos-a-casar-pueden-comulgar-iglesia-religion-dios-jesus-papa-dubia-cardenales-amoris-laetitia.shtml


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Los sacerdotes lefebrvianos y el sacramento del matrimonio. Comentario

La convalidación del Papa para los matrimonios celebrados por lefebvrianos

El paso de Francisco: con una carta firmada por el cardenal Müller y monseñor Pozzo, autoriza a los obispos ha reconocer las bodas celebradas por los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X

La convalidación del Papa para los matrimonios celebrados por lefebvrianos

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Pubblicato il 04/04/2017
Ultima modifica il 04/04/2017 alle ore 18:30
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Después de la concesión de la facultad para confesar lícitamente que Francisco extendió más allá del Jubileo de la Misericordia a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, Roma da un nuevo paso para tratar de acercarse a los lefebvrianos. Con una carta aprobada por el Papa se autoriza a los obispos de las diócesis en las que está presente la Fraternidad a delegar a un sacerdote para que presencie el momento del consenso en el rito del matrimonio de los fieles lefebvrianos. Si es necesario, el obispo también podrá delegar directamente al sacerdote de la Fraternidad que celebra la boda.

 

«No obstante – se puede leer en la carta – que la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente ilegítima– el Santo Padre, a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad, según las siguientes indicaciones. Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad».

 

«Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes – afirma la carta – el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado».

 

«Este Dicasterio – el documento concluye – confía en Su colaboración con la convicción de que con estas indicaciones no sólo se podrán remover los escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX y la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio, sino que al mismo tiempo, se avanzará hacia la plena regularización institucional».

 

La «Carta de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei sobre la licencia para celebrar los matrimonios de los fieles de la Fraternidad San Pío X», dada a conocer este 4 de abril de 2017, lleva las firmas del cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, y del Secretario de la Comisión Ecclesia Dei, el arzobispo Guido Pozzo. La misiva fue aprobada por Francisco. Se trata de un documento que, siguiendo las huellas de la decisión sobre las confesiones, tiene en cuenta las exigencias de los fieles y resuelve el problema que ha existido hasta ahora sobre los matrimonios celebrados por los sacerdotes de la Fraternidad.

 

Para que un matrimonio sea válido y lícito, no es suficiente la ordenación del ministro que asiste al rito (cuyos celebrantes son los esposos), se necesita también la jurisdicción. Para que el consenso que pronuncian los esposos frente al ministro asistente este último debe haber recibido la autorización del obispo o, con mayor frecuencia, del párroco del lugar en el que se celebra el matrimonio. Ni siquiera un cardenal o un nuncio apostólico pueden bendecir el matrimonio de una pareja de esposos sin esta autorización. Es famoso el caso del nuncio apostólico Federico Tedeschini (que después fue creado cardenal por Pío XI), quien durante los años veinte bendijo en España muchos matrimoniossin haber recibido la autorización ni del obispo ni del párroco. Todos esos matrimonios fueron declarados nulos por la Sacra Rota por defecto de forma canónica.

 

Sin la autorización del ordinario diocesano o del párroco del lugar, el matrimonio es nulo por defecto de forma canónica, aunque la nulidad deba ser demostrada en una sede judicial. Esto, obviamente, no quiere decir que todos los matrimonios celebrados hasta ahora por los fieles de la Fraternidad sean nulos: siempre ha existido la posibilidad de pedir una autorización o una «sanatio» (una sanatoria «ex post») después del matrimonio. Pero ahora esta dificultad ya no existirá, puesto que, gracias a la carta publicada hoy, se supera cualquier duda jurídica: cualquier obispo diocesano está autorizado, expresamente, por voluntad del Papa a conceder la autorización y, por lo tanto, permitir que los matrimonios celebrados por los sacerdotes lefebvrianos también sean válidos y lícitos.

 

En el rito preconciliar, según el misal de 1962 promulgado por Juan XXIII (que es el que utiliza la Fraternidad San Pío X), el sacramento del matrimonio es celebrado antes de la misa. Es decir que no está incorporado en la celebración eucarística como sucede normalmente en el rito de la forma post-conciliar, aunque exista la posibilidad de celebrarlo fuera de la misa. El obispo ahora cuenta con la autorización para nombrar a un sacerdote como su delegado para recibir el consenso de los esposos cuando el matrimonio sea celebrado por un sacerdote de la Fraternidad y puede decidir delegar directamente al sacerdote lefebvriano. Después de la publicación del documento de hoy, el obispo ya no puede aducir como motivación para negar el consenso ni la autorización el hecho de que los sacerdotes de la Fraternidad no cuenten con un estatus jurídico en la Iglesia católica.

 

El gesto de Francisco, pues, representa un paso más de atención y benevolencia para con la Fraternidad, con la esperanza, declarada en el texto de la carta, de que se pueda llegar dentro de poco a la plena reconciliación. Como se sabe, la Santa Sede le propuso hace algunos meses al superior de la San Pío X, el obispo Bernard Fellay, una nueva versión de la declaración doctrinal que deben firmar, y que se concentra prácticamente en la «Professio fidei», la profesión de fe católica. Cuando la Fraternidad la haya aceptado, se afinará en breve tiempo la concesión del estatus jurídico para los obispos y sacerdotes lefebvrianos. La fórmula elegida desde hace tiempo es la de la prelatura personal, que depende directamente de la Santa Sede.


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Diálogo sobre “Amoris laetitia” entre un Cardenal y un filósofo.

El cardenal y el filósofo dialogan sobre “Amoris laetitia”

Ennio Antonelli y Rocco Buttiglione firman un libro y se muestran de acuerdo en relación con «algunas orientaciones para la praxis» que hay que seguir con los divorciados que se han vuelto a casar, «que parecen equilibradas y prudentes»

El cardenal y el filósofo dialogan sobre “Amoris laetitia”

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Pubblicato il 15/03/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Un cardenal y un filósofo. Ennio Antonelli y Rocco Buttiglione se sentaron a dialogar sobre “Amoris laetitia” y su aplicación. El purpurado fue secretario de la Conferencia Episcopal de Italia, además de arzobispo de Florencia y presidente del Pontificio Consejo para la Familia por voluntad de Benedicto XVI. El filósofo es uno de los mayores conocedores del pensamiento de Juan Pablo II. De su conversación nació un denso y eficaz librito de 100 páginas firmado por ambos (“Terapia del amor herido en «Amoris laetitia»”, Ares, Roma, 104 pp.), en el que los autores presentan, con diferentes textos, sus consideraciones y una lectura atenta del documento de Papa Francisco. Después de las indicaciones del cardenal Vicario de Roma Agostino Vallini, y del reciente texto de la Conferencia Episcopal de Campania (Italia), se trata de un nuevo y significativo paso para una mejor comprensión de la exhortación fuera de los opuestos extremos y de lecturas simplistas tanto de todos los que afirman que nada ha cambiado como de los de dicen que todo ha cambiado en relación con la disciplina de los sacramentos para las personas que viven en las llamadas situaciones «irregulares».

 

Situaciones de fragilidad

 

En el breve prefacio firmado por el cardenal y el filósofo, sobre las «situaciones de fragilidad» de las parejas se lee: «El Papa reconoce que en el reciente Sínodo sobre la familia surgieron múltiples puntos de vista y preocupaciones pastorales, que él compara con todos los matices de un “precioso poliedro”. Esta imagen geométrica sugiere que las diferentes perspectivas, en la medida en la que corresponden a la realidad, se pueden armonizar entre sí. Lo hemos experimentado nosotros mismos, confrontando nuestras interpretaciones de la exhortación apostólica post-sinodal sobre el amor en la familia. Confirmando que los que afrontan el tema de quienes conviven sin matrimonio sacramental se basan en la distinción entre el orden ético objetivo y la responsabilidad personal subjetiva, hemos podido aclarar algunas afirmaciones que son objeto de discusión en el mundo eclesial y encontrar la convergencia en relación con algunas orientaciones para la praxis, que nos parecen equilibradas y prudentes».

 

La novedad de “Amoris laetitia”

 

Antonelli, afirma en su texto, un análisis sistemático, que «la atención pastoral por la formación de la conciencia y por la responsabilidad personal constituye la principal novedad» del documento. En relación con la responsabilidad de las personas «se afirma repetidamente una gradualidad, que incide mucho en la evaluación y en la manera de afrontar el tema de las convivencias extra-matrimoniales… Una cosa es un comportamiento objetivo gravemente desordenado y otra un pecado mortal personal. El pecado, efectivamente, además del “grave desorden objetivo”, implica también la “plena advertencia” y el “deliberado consenso”. Cuando los condicionamientos internos o externos atenúan o anulan la responsabilidad subjetiva, puede darse que una persona siga viviendo en gracia de Dios incluso en una situación objetiva marcada por el error y por el grave desorden moral». El cardenal recuerda que «fuera de la Iglesia católica y más generalmente fuera del cristianismo, en medio de muchos errores teóricos y prácticos, se puede vivir el amor auténtico y pueden florecer incluso santos heroicos y grandes místicos. De manera análoga, en la sociedad secularizada de hoy, en la que están bastante difundidas la ignorancia y la inmadurez en el campo ético-espiritual, se puede verificar la insensibilidad a algunos valores morales y la incapacidad de apreciarlos y realizarlos, sin que, debido al condicionamiento cultural, exista la plena culpabilidad personal».

 

Contexto social y condicionamientos

 

«Debemos darnos cuenta –escribe Antonelli– de que el contexto social y cultural influye profundamente a la conciencia subjetiva de las personas y que ahora la sociedad y la cultura del Occidente están ampliamente descristianizadas y necesitan una nueva, valiente y paciente evangelización. La jerarquía de los valores interiorizada en los corezones a menudo no corresponde con la verdad objetiva del bien y del mal, ni siquiera entre muchos cristianos practicantes. Por lo tanto, la prioridad pastoral, según “Amoris laetitia”, es cuidad, sanar, reconstruir la mentalidad, la afectividad, los criterios de juicio y de acción para que estén cada vez más en sintonía con la razón y la fe». Se trata de un camino de maduración «que exige un compromiso fatigoso y difícil».

 

Las aperturas sobre los divorciados que se han vuelto a casar

 

En relación con los divorciados que viven en segunda unión, el purpurado reconoce que «Amoris laetitia» parece querer abrir una nueva espiral. Antonelli observa que el lenguaje utilizado en el documento «es prudente y parece sugerir una puesta en práctica también prudente. En algunos casos es posible que en una situación objetiva de grave desorden moral, como en la unión en adulterio, falte la plena responsabilidad subjetiva y, por lo tanto, el pecado mortal. Me parece que esta indicación, muy sobria y poco delineada, requiere mayores precisaciones y motivaciones». Después de haber recordado que «solo Dios ve el corazón de las personas» y «su interioridad espiritual», y que «la Iglesia evalúa sobre todo su manera exterior de vivir y su compatibilidad con la eucaristía», el cardenal sugiere que «en algunos casos particulares, por motivos verdadeeramente importantes», se pueden «hacer excepciones, de manera análoga a lo que ya se hace con los cristianos no católicos». Aunque, de hecho, «la comunión eucarística, en línea de principio, exija la plena comunión eclesial y su coherente expresión visible, incluso los cristianos no católicos, especialmente los ortodoxos, que se encuentran en comunión incompleta con la Iglesia católica, pueden ser admitidos excepcionalmente y a ciertas condiciones. La misma praxis pastoral, por analogía, puede aplicarse a los que viven en una situación de desorden moral objetivo».

 

Posibilidad, no reivindicación de derechos

 

«Amoris laetitia», sostiene el cardenal Antonelli, «no concede al cristiano que convive derechos que reivindicar y no da al sacerdote órdenes que ejecutar. Solamente habla de posibilidades. La decisión que hay que tomar debe ser encomendada al discernimiento prudente y a la caridad pastoral, sapientemente iluminada, del sacerdote. De cualquier manera, sin ninguna excepción posible, antes de admitir a la eucaristía, el sacerdote debe discernir si existen por lo menos las disposiciones subjetivas convenientes. Sobre ellas debe haber una probabilidad bastante sólida que pueda ser considerada una certeza prudencial». La conciencia del penitente, añadió el cardenal, «podría ser recta, aunque, debido a objetivas dificultades, no logre todavía observar la norma (por ejemplo practicando la continencia sexual), pero trate de hacer lo posible para superar las dificultades». En presencia de estas «disposiciones subjetivas, el sacerdote puede conceder la absolución sacramental y la comunión eucarística, estando consciente, además, de que se trata de una excepción que no debe transformarse en práctica ordinaria». Para evitar los escándalos, precisa el purpurado, «la admisión a los sacramentos debe darse con reserva (por ejemplo donde no haya conocidos). Concediendo la comunión eucarística solo en casos excepcionales, por importantes motivos y con discreción, no se dañan la indisolubilidad del matrimonio ni la necesaria totalidad de la comunión eclesial, ni se aprueban las convivencias extra-matrimoniales».

 

Guía para perplejos

 

El profesor Rocco Buttiglione, que ha intervenido en diferentes ocasiones sobre el argumento, tanto comentando el documento como respondiendo a las “dudas” de los cuatro cardenales o recordando el desarrollo del pensamiento de Papa Wojtyla, en su texto decidió responder puntualmente a 22 objeciones que han surgido en el debate tras la publicación del documento. Por ejemplo, a la pregunta sobre si es lícito en algunos casos «dar la absolución a personas que, a pesar de estar vinculadas en un matrimonio anterior, convivan “more uxorio” y tengan relaciones sexuales entre sí», respondió: «Parece que, a la luz de “Amoris laetitia”, pero también de los principios generales de la teología moral, la respuesta debe ser positiva, por lo menos en algunos casos. Hay que distinguir claramente entre el acto, que es materia de grave pecado, y el agente, que puede encontrarse en condiciones que limiten su responsabilidad por el acto o, en algunos casos particulares, que pudieran incluso anularla». Buttiglione propone el ejemplo de una mujer que vive en condiciones de absoluta dependencia económica y psicológica y a la cual las relaciones sexuales sean impuestas en contra de su voluntad. «Aquí faltan las condiciones subjetivas del pecado (plena advertencia y deliberado consenso)». Y a la objeción que para recibir la absolución es necesario el propósito de ya no volver a pecar, el filósofo responde: «El penitente debe tener el deseo de salir de su situación irregular y comprometerse a llevar a cabo actos que le permitan salir efectivamente de ella. Pero es posible que no sea capaz de llevar a cabo esta distancia ni reconquistar la propia soberanía sobre sí mismo inmediatamente. Es importante aquí el concepro de “situación de pecado”, ilustrado por Juan Pablo II. No se puede creíblemente prometer que ya no se cometerá cierto pecado si se vive en una sitiación que expone a la tentación irresistible de cometerlo. Hay que comprometerse, para poder mantener el propósito, a salir de la situación de pecado».

 

«Tratan al Papa con sospechas»

 

Después de haber puntualmente examinado y respondido a las 22 objeciones, Buttiglione ofrece al lector algunas reflexiones finales sobre los que critican «Amoris laetita». «Se nota a veces una actitud de desconfianza a priori, una disponibilidad a creer cualquier acusación, un deseo de buscar significados ocultos detrás de palabras cuyo sentido es evidente y fácilmente comprensible. Se acusa al Papa de negar todas las verdades de la fe católica que él no reafirma explícitamente en este texto, en lugar de situarlo en el contexto general de la tradición y de la enseñanza de la Iglesia». Se trata al Papa, continúa el filósofo, «no como a un maestro de la fe, sino como un sospechoso que debe justificarse». En otras ocasiones, explica Buttiglione, «no se comprende el género literario eligido por el Pontífice. Papa Francisco decidió escribir un texto homilético/pastoral, familiar e incluso poético. Pedir un nivel de precisión apropiado para un texto jurídico está fuera de lugar. Significa meterse en una longitud de onda que no es la suya y hacerle pregunras a las cuales no pretende responder. Otras veces no se comprenden las claves fundamentales del texto».

 

Dos errores simétricos

 

Según el filósofo, estas son las dos claves de lectura fundamentales para comprender «Amoris laetitia»: «La primera es la misericordia. El texto se dirige a pecadores y les ofrece misericordia. Muchas cosas que no pueden darse a quienes las reivindican como justicia o derecho pueden ser concedidas a quienes las reivindican como misericordia. Sorprende ver que falte, en algunos eminentes estudiosos que han expresado posiciones críticas, la dimensión de la gradualidad (en el bien y en el mal) y, como consecuencia, la comprensión de toda la temática de las condiciones subjetivas del pecado (plena advertencia y deliberado consenso). Falta todo el tema de las circunstancias atenuantes que no justifican nunca la acción pero disminuyen y a veces anulan la culpa de quien la comete». Cada vez que el Papa reconoce una circunstancia atenuante que disminuye la culpa, observa Buttiglione, «algunos críticos ven una plena justificiación que transforma en una buena acción una acción mala. Falta la noción (fundamental) de pecado venial. Es el error simétrico y opuesto al error de la ética de la intención. Esa que considera que la intención del agente decide la cualificación moral del acto. La ética objetivista cree, por el contrario, que el lado subjetivo de la acción escompletamente irrelevante».

 

La perspectiva clásica y la historia

 

Según el filósofo, la ética católica nos demuestra, en cambio, «que existe una materia de la acción que nos dice si el acto es bueno o malo y un lado subjetivo de la acción que nos dice cuál es el nivel de responsabilidad del sujeto por esa acción. Los críticos no consideran nunca esta perspectiva, que es, además, completamente clásica y también es la perspectiva de san Juan Pablo II». La segunda clave de lectura, según Buttiglione, es la historia. «El Papa nos ha advertido desde el inicio: el tiempo vale más que el espacio. En lugar de cubrir espacios es importante activar procesos. Los críticos siempre consideran situaciones estáticas, para decir si corresponden a la regla o no. El Papa, en cambio, siempre considera situaciones dinámicas, en vía de evolución, y se hace siempre la pregunta: “¿Hacia qué dirección va el cambio? ¿Hacia una aceptación cada vez más plena del amor (y de la ley) de Dios, o hacia su abandono?”. No se puede juzgar a la persona concreta si no se le considera en su desarrollo histórico».


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Matrimonio y familia en las palabras del Papa a los párrocos.

Sean compañeros de viaje de toda persona y en toda situación con su testimonio y apoyo, el Papa a los párrocos

2017-02-25 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco recibió en audiencia a los participantes en el curso de formación para párrocos, promovido por la Rota Romana, sobre el nuevo proceso matrimonial. El Santo Padre empezó recordándoles que lo que se ha discutido y propuesto en el Sínodo de los Obispos sobre el tema “Matrimonio y familia”, ha sido recibido e integrado de forma orgánica en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, constatando que es bueno que los párrocos, a través de estas iniciativas de estudio, profundicen en aquella materia, porque son sobre todo ellos a aplicarla concretamente en su contacto cotidiano con las familias.

En efecto, el Obispo de Roma notó que en la mayor parte de los casos ellos son los primeros interlocutores: “de los jóvenes que desean formar una nueva familia y unirse con el Sacramento del matrimonio. Ustedes son quienes están cerca de aquellos cónyuges que, a causa de serios problemas en su relación, tienen necesidad de reavivar la fe y volver a descubrir la gracia del Sacramento; y en ciertos casos piden indicaciones para iniciar un proceso de nulidad”.  “Por eso -constató Francisco-  nadie mejor que ustedes conoce y está en contacto con la realidad del tejido social en el territorio, experimentando su variada complejidad: uniones celebradas en Cristo, uniones de hecho, uniones civiles, uniones fracasadas, familias y jóvenes felices e infelices”. El Pontífice instó a los párrocos a ser “compañeros de viaje de toda persona y en toda situación” con su testimonio y apoyo.

Asimismo el Papa le deseó la “premura de testimoniar la gracia del Sacramento del matrimonio y el bien primordial de la familia”, célula vital de la Iglesia y de la sociedad, mediante la proclamación que el matrimonio entre un hombre y una mujer es signo de la unión esponsal entre Cristo y la Iglesia. “Tal testimonio lo realizan concretamente cuando preparan a los novios al matrimonio, haciéndolos conscientes del significado profundo del paso que están por cumplir. No dejen de recordar siempre a los esposos cristianos que en el Sacramento del matrimonio Dios, por así decir, se refleja en ellos, imprimiendo su imagen y el carácter indeleble de su amor”.

Al mismo tiempo, Francisco invitó a los párrocos a estar cerca, con el estilo propio del Evangelio, en el encuentro y en la acogida con aquellos jóvenes que prefieren convivir sin casarse. “Ellos, en el plano espiritual y moral, están entre los pobres y los pequeños, para los que Iglesia, sobre las huellas de su Maestro y Señor, quiere ser madre que no abandona sino que se acerca y por los que se preocupa”. “También estas personas son amadas por el corazón de Cristo. Tengan hacia ellos una mirada de ternura y de compasión,” puntualizó.