Loiola XXI

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Conferencia de prensa del Papa en el vuelo de regreso a Roma.

“Les explico por qué celebré ese matrimonio en el vuelo”

La conferencia de prensa de Francisco durante el vuelo de regreso de Perú: «Habían hecho los cursos prematrimoniales, se habían confesado». El Papa pide perdón «si las víctimas de abusos se sintieron ofendidas» por las palabras que pronunció sobre el obispo Barros, pero insiste: «en su contra no hay evidencias». «Aprendí de Benedicto XVI la tolerancia cero»
AP

Papa Francisco conversando con los periodistas durante el vuelo de Lima a Roma

Pubblicato il 22/01/2018
Ultima modifica il 22/01/2018 alle ore 17:00
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO DESDE EL VUELO LIMA – ROMA

«Pido perdón si he herido a las víctimas de abusos con mis palabras sobre el caso Barros». El Papa Francisco, respondiendo a las preguntas de los periodistas durante el vuelo de regreso a Roma desde Lima admitió haberse equivocado a la hora de pronunciarse sobre el caso de Juan Barros, el obispo chileno de Osorno, criticado por grupos de fieles en su diócesis que consideran que sabía sobre los abusos sexuales cometidos por su mentor el padre Fernando Karadima y que los encubrió. Al margen de la misa que celebró el jueves pasado en Iquique, Francisco respondió a la pregunta de una periodista local, afirmando que estaba dispuesto a evaluar «pruebas» sobre Barros si se las presentan y que considera «calumnias» las acusaciones que se han hecho hasta ahora contra el obispo. Estas palabras provocaron fuertes reacciones por parte de las víctimas de abusos en Chile y una declaración de comprensión por parte del cardenal Sean O’Malley. Pero el Papa también se refirió al ya famoso matrimonio que bendijo durante el vuelo. Y defendió su decisión explicando que los dos esposos estaban bien preparados, que habían seguido los cursos prematrimoniales y que se habían acercado al sacramento de la penitencia. Francisco, además, dijo que el viaje que acaba de concluir había sido un viaje «pasteurizado», como la leche, porque se pasó del calor al frío, atravesando varios climas.

 

Usted, el primer día en Chile, lanzó un mensaje duro en contra de los abusos contra los menores de edad. Pero después hizo aquella declaración sobre el obispo Barros, refiriéndose a “calumnias”. ¿Por qué le cree más a Barros que a las víctimas?

 

Comprendo la pregunta perfecto. Sobre Barros hice una sola declaración. Yo hable en Chile, y eso fue en Iquique, al final. Hablé dos veces sobre los abusos, con muchas fuerzas, delante del gobierno, que era hablar delante de la patria, y en la catedral con los sacerdotes. Lo que dije a los sacerdotes es lo que yo siento más profundamente respecto a este caso. Saben que empezó el Papa Benedicto con tolerancia cero, y yo seguí con tolerancia cero. Después de 5 años de Pontificado, no he firmado un permiso de gracia. En los casos de quite de estado clerical, es definitiva la sentencia en primera instancia. La persona condenada, tiene derecho a apelar, al tribunal de segunda instancia. El tribunal sabe que si hay pruebas claras de abuso, no se puede apelar la sentencia, pero si el procedimeinto. Si el segundo tribunal es claro, a la persona le queda solo una instancia, apelar a la gracia del Papa. En cinco años, habré recibido 20 o 25 casos. Solamente en un caso, una apelación de sentencia. Me encontré con dos sentencias, una muy seria de la diócesis, y una del CDF, que era la mas dura. La de la diócesis era muy seria, y muy condicionada, que decía que con las condiciones, hay que ver, no cerrar el caso. Como hay que hacer en buena jurisprudencia, siempre a favor del reo. Y dejé aplicar la sentencia más suave, pero después de la prueba, dos años, apliqué la segunda.

 

En el caso del Obispo Barros, lo hice estudiar, investigar, lo hice trabajar mucho. No hay evidencia, la palabra de usted. Después voy a hablar de las pruebas. No hay evidencia de culpabilidad, parece que no se van a encontrar. Hay una coherencia en otro sentido. Yo espero una evidencia para cambiar de sentido. Si no aplico el principio jurídico de cualquier tribunal, ninguno es malo hasta que no se pruebe.

 

Y la palabra prueba me jugó la mala pasada. Yo dije, en español, por lo que recuerdo, estaba entrando, y una periodista de Iquique me pregunta: “En Chile tenemos el gran problema del obispo Barros, ¿qué piensa?”. Creo que las palabras que dije fueron estas. Primero pensé: “¿Respondo o no?”. Y dije que sí, porque había sido obispo de Iquique, y una feligresa me lo pregunta. Y dije, el día que tenga pruebas, voy a hablar. La respuesta fue dada: el día que yo tenga una prueba, hablaré. La palabra “prueba” es la que generó la conferencia. Yo hablaba de “evidencia”. Y claro, yo sé que hay mucha gente abusada y que no puede traer una prueba, no la tiene. Y que no puede, o a veces la tiene pero tiene vergüenza que lo tapa, y sufre en silencio. El drama de los abusados es tremendo. A mí me tocó atender, hace dos meses, a una mujer abusada hace 40 años. Casada, con tres hijos, esa mujer no recibía la comunión desde esa época, porque en la mano del cura veía la mano del abusador. No podía acercarse. Y era creyente. Era católica. Perdón que continúe en espñol, pero quiero ser preciso con los chilenos. La palabra “prueba” no era la mejor para acercarme a un corazón dolorido. El caso de Barros se estudió, se re-estudió y no hay evidencia. Es lo que quise decir. No tengo evidencias para condenarlo. Y si yo condenara sin evidencia o sin certeza moral, cometería yo un delito de mal juez.

 

Se publicó una carta suya a los obispos chilenos en la que se hablaba de la posibilidad que Barros se tomara un año sabático…

 

Tengo que explicar bien esa carta, porque es a favor de la prudencia y sobre cómo se manejó el problema de Barros. Esa carta no es la narración de un hecho puntual, sino la narración más o menos de 10 o 12 meses. Cuando explotó el escándalo Karadima, todos conocemos este escándalo, se comenzó a ver cuántos sacerdotes que habían sido formados por Karadima habían sufrido abusos o se habían convertido en abusadores. En Chile hay tres obispos que Karadima mandó al seminario. Algunas personas de la Conferencia Episcopal sugirieron que renunciaran, que se tomaran un año sabático, para que se calmara la tormenta: son obispos buenos, como Barros, que tenía 20 años de episcopado y estaba concluyendo su mandato de ordinario militar. Se decía: “Hay que pedirles la renuncia”. Él fue a Roma y yo dije que no, porque esto significaba admitir una culpabilidad previa. Rechacé la renuncia. Después, cuando fue nombrado en Osorno, surgió este movimiento de protesta: me llegó por segunda vez su renuncia. Y dije: “No, ¡tú continúas!”. Se siguió indagando sobre Barros, pero no surgen evidencias. No puedo condenarlo, no cuento con evidencias, y me he convencido de que es inocente.

 

¿Y en relación con la reacción de las víctimas ante sus declaraciones?

 

Sobre lo que sienten los abusados, tengo que pedir perdón. La palabra “prueba” ha herido a muchos de ellos. Dicen: “¿Acaso tengo que ir a buscar un certificado?”. Les pido perdón si los herí sin darme cuenta, lo hice sin querer. Y me provoca mucho dolor, porque yo los recibo: en Chile hubo dos encuentros, que se saben. Otros fueron a escondidas. En cada viaje siempre existe la posibilidad de encontrarse con las víctimas, se publicó el encuentro de Filadelfia, otros casos no. ¡Escuchar que el Papa les dice: “Tráeme una carta con la prueba” es una bofetada! Me doy cuenta de que mi expresión no fue afortunada y comprendo, como escribe Pedro en una de sus cartas, que el incendio ha crecido. Es lo que puedo decir con toda sinceridad.

 

¿Por qué el testimonio de las víctimas no es una evidencia?

 

El testimonio de las víctimas siempre es una evidencia. En el caso de Barros no hay evidencia de abuso…

 

Pero no le acusan de haber abusado, sino de haber encubierto los abusos…

 

El caso empezó quizá con la mala decisión de la renuncia, y se lo emepezó a acusar. Pero de abuso no hay evidencias. Encubrir un abuso es abuso. No hay evidenica. Si honestamente creen que es así, aportar las evidencias rápido. Yo no creo que sea así, porque no las hay. Pero tengo el corazón abierto.

 

¿Qué le pareció la declaración del cardenal O’Malley, quien afirmó que sus palabras sobre las “calumnias” a propósito de Barros fueron fuente de dolor para las víctimas?

 

O’Malley dijo que el Papa siempre ha utilizado la “tolerancia cero”. Después está esa expresión poco afortunada, hablé de calumnia, para referirme a alguien que afirma algo con pertinacia sin tener la evidencia. Si dijo: “Usted ha robado”, y usted no ha robado, entonces estoy calumniando, porque no cuento con la evidencia. Era una expresión infeliz. Pero yo no he escuchado a ninguna víctima de Barros. No han venido, no se han presentado, no han ofrecido la evidencia en un juicio. Ha quedado todo en el aire. Es cierto que Barros estaba en el grupo de los jóvenes de Karadima. Pero debemos ser claros: si se acusa sin ninguna evidencia con pertinacia, esto es calumnia. Pero si llega una persona y me da evidencias, yo seré el primero que la escuche. La declaración de O’Malley fue muy justa. Le doy las gracias. Se refirió al dolor de las víctimas en general.

 

Los miembros de la comisión vaticana para la tutela de los menores han acabado su mandato. ¿Demuestra que no se trata de una prioridad?

 

La comisión fue nombrada por tres años. Al vencerse el plazo, se estudió la nueva comisión. La decisión fue renovar a una parte y nombrar nuevos miembros. Antes de que empezara este viaje llegó la lista definitiva con los nombres y ahora sigue el recorrido normal de la Curia. Se estudia el currículum de las personas nuevas, y había dos observaciones que había que aclarar. Pero no crean que no la vamos a hacer… son los tiempos normales.

 

¿Qué responde a los que dicen que su visita en Chile fue un fracaso, por la poca gente que había y porque la Iglesia está más dividida que antes?

 

Es la primera vez que lo escucho. Estoy contento del viaje a Chile, no me esperaba tanta gente por la calle, ¡y a esta gente no le pagaron para que fuera!

 

En Perú la clase política ha defraudado al pueblo con actos de corrupción y con indultos negociados (se refiere al indulto concedido por el actual presidente al ex presidente Alberto Fujimori, ndr.). ¿Qué piensa al respecto?

 

Sé que en algunos países de Europa hay corrupción. En Latinoamérica hay muchos focos de corrupción. Hoy esta de moda hablar de Odebrecht (una sociedad brasileña conocida por sus redes de corrupción no solo en Perú, ndr.), pero eso es un botón de muestra. El origen de la corrupción, yo diría es el pecado original que te lleva… Escribí un librito una vez, muy pequeño, que se llama “Pecado y corrupción”, y el lema que saco es: “pecador sí, corrupto no”. Todos somos pecadores, pero creo que todos los que estamos acá, yo hago la voluntad de mi parte, y pienso ustedes también, cuando estoy en “off side”, actué mal con un amigo, robé, me drogué… bien: tratar de no hacerlo. Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, que te va viciando el alma y el cuerpo. Un corrupto está tan seguro de sí mismo, que no puede volver atrás. Son como esos pantanos chupadizos, que querés volver atrás, y te chupo. Es una ciénaga. Sí, es la destrucción de la persona humana. El político tiene mucho poder. También el empresario tiene mucho poder. El empresario que le paga la mitad a sus obreros es un corrupto. Un ama de casa que está acostumbrada y cree que es lo más normal explotar a las mucamas con el sueldo o el modo de tratarlas, es corrupta. Recuerdo una conversación que tuve con una persona, un profesional, joven, 30 años, que me decía cómo llevaba la cosa. Y él me dijo que trabata al personal doméstico de una manera nada noble. Yo le dije: “Pero, usted no puede hacer eso, eso es pecado”. “Padre, me dice, no vamos a comprarar a esa gente conmigo, esa gente esta para eso”. Y es lo que piensa el tratante sexual, el tratante de trabajo esclavo: corruptos.

 

También en la Iglesia existe la corrupción. Pensemos en el caso del Sodalicio (movimiento laico fundado en Perú por Luis Figari, ahora reconocido culpable de abusos, ndr.).

 

Sí, hay casos de corrpución en la Iglesia. Siempre los hubo. Hombres y mujeres de Iglesia entraron en el juego de la corrupción. Y esto me sirve de puente para lo del sodalicio. Lo del sodalicio empezó con el caso de una persona que parecía de mucha virtud, murió e, investigando la vida, se descrubrió que tenía doble vida. Es el primer caso del sodalicio que yo conozco, pero de esto hace ya 20 años atrás. Y después una denuncia de abuso, no solo sexual, sino de manipulación de conciencia para con el fundador. El proceso del fundador entró en la Santa Sede, se le dio una condena, no se lo expulsó del sodalicio, sino que vive solo. Una persona lo atiende. Él se declara inocente de las pruebas que hubo en el juicio y apeló a la signatura apostólica, la Suprema corte de justicia del Vaticano. La causa esta en apelación, y por los datos que tengo, va a salir en menos de un mes. Llevó un año. Pero ese juicio fue gatillo para que otras víctimas de esa persona hicieran juicios civil y eclesiástico. Si la signatura apostólica pone fin a este jucio, a favor, en contra, ya no tiene sentido, porque ya se acumulan muchos casos, más graves. E intervino la justicia civil, y en estos casos es necesario, es un derecho. No estoy muy informado, pero la cosa es desfavorable al fundador. Por otro lado, no era una cosa personal, había cosas no claras. Hace casi dos años, mandé un visitador, en la persona del Cardenal Tobin, de Newark. Hace la visita, descubre cosas que no entienden, y no están claras, y nombra dos veedores económicos. Y este es el tercer abuso, que también tocaba al fundador. Y después de un estudio, recomienda comisariar el sodalicio. Hace 4 semanas mando la carta, y hace dos se nombró. Un caso parecido, en los procedimeintos, al de los Legionarios, por el Papa Benedicto XVI. Y en eso estuvo muy fuerte. No toleraba esas cosas, y yo aprendí de él a no tolerarlas. El estado jurídico es comisariamiento, y continúa la visita apostólica.

 

Después del matrimonio de los sobrecargos durante el vuelo, ¿qué le diría a los párrocos que se encuentran con prometidos que quieren casarse en aviones o naves?

 

¿Usted se imagina cruceros con el matrimonio? Uno de ustedes me dijo que estoy loco cuando hago estas cosas. La cosa fue simple. El señor (Carlos Ciuffardi, ndr.) había estado en el vuelo del día antes. Ella (Paula Podest, ndr.) no estaba. Él me habló. Me di cuenta de que me estaba sondeando… fue una buena plática. Al día siguiente estaban los dos y cuando nos tomamos las fotografías me dijeron que se habían casado por lo civil y que ocho años antes se estaban por casar en la parroquia, pero la iglesia se derrumbó por el terremoto un día antes de la boda. Y así no hubo matrimonio. Decían: “Lo hacemos mañana, pasado mañana…”. Y luego la vida sigue adelante: llega una niña, después otra. Yo los interrogué y me dijeron que habían hecho los cursos prematrimoniales. Me pareció que estaban preparados. Los sacramentos son para los hombres, todas las condiciones estaban muy claras. ¿Por qué no hacer hoy lo que se puede hacer? Esperar a mañana tal vez habría significado esperar otros diez años. Ambos se habían preparado ante el Señor con el sacramento de la penitencia. Me dijeron que les habían dicho a algunos de ustedes esta intención: “Vamos a pedirle al Papa que nos case”. No sé si sea cierto. Hay que decirle a los párrocos que el Papa los interrogó bien, era una situación regular.

 

Usted en la Amazonia habló sobre la “perversión” de ciertas políticas que promueven la conservación de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano. ¿Cree que exista un ambientalismo que acaba estando en contra del hombre?

 

Sí, creo que sí. El caso específico al que me refería tiene que ver con esa zona de la Amazonia: para proteger la selva, algunas tribus fueron echadas. La misma selva acabó siendo explotada. Hay estadísticas. Algunas tribus se quedaron fuera del progreso real.

 

Uno de los objetivos de la Iglesia es luchar contra la pobreza: Chile ha logrado disminuir la pobreza del 40 al 11 por ciento, y es el resultado de una política liberal. ¿Hay cosas buenas en el liberalismo?

 

Debemos estudiar bien los casos de las políticas liberales. Algunos países de América Latina han puesto en marcha políticas liberales que los han llevado a la mayor pobreza. No sabría qué responder, pero en general una política liberal que no involucre a todo el pueblo es selectiva y te lleva hacia abajo. El caso de Chile no lo conozco, pero en otros países la cosa lleva hacia abajo.

 

Salió una noticia sobre el cardenal Óscar Andrés Rodriguez Maradiaga, que habría tomado dinero de la universidad católica de Honduras. ¿Qué piensa?

 

El cardenal Maradiaga hizo una declaración sobre esto en la televisión, y yo repito lo que él dijo.

 

¿Qué se lleva consigo de este viaje a Perú?

 

Me llevo la impresión de un pueblo creyente, que pasa muchas dificultades y las pasó históricamente, pero una fe que me impresiona, no solo en Turjillo, donde la piedad popular es muy rica y muy fuerte. Sino también la fe de las calles, y no solo en Lima, donde evidentemente se nota. También en Puerto Maldonado, donde pensaba tener el acto en un lugar como este, pero estaba lleno, y también en las calles. Un pueblo que salió a expresar su alegría y su fe. Es verdad que ustedes son una tierra ensantada. Son el pueblo de Latinoamérica que tiene más santos, y santos de alto nivel. Toribio, Rosa, Martín, Juan. De alto nivel. Creo que la fe la tienen muy calada dentro. Yo me llevo de Perú una impresión de alegría, de fe, de esperanza, de volver a andar y, sobre todo, muchos chicos. Volví a ver esa imagen que vi en Filipinas y Colombia, los papás y las mamás a mi paso levantando a los chicos, y eso dice futuro, dice esperanza, porque nadie trae hijo al mundo si no tiene espernaza. Lo único que les pido es que cuiden la riqueza. No solo la de las iglesias y los museos, que las obras de arte son geniales, y no solo de los sufrimientos, que los han enriquecido mucho, sino la riqueza que yo vi en estos días también.

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El Papa casa a una pareja en pleno vuelo

El Papa celebra en el avión la boda de una pareja de azafatos de vuelo

A bordo del avión que lleva al Pontífice desde Santiago de Chile a Iquique, Francisco ha casado por sorpresa a una pareja de tripulantes de cabina de la compañía aérea Latam
AP

Carlos Ciuffardi y Paula Podest Ruiz

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Pubblicato il 18/01/2018
Ultima modifica il 18/01/2018 alle ore 14:56
ANDREA TORNIELLI
A BORDO DEL VUELO SANTIAGO-IQUIQUE

“Este sacramento significa mucho…”. Carlos y Paula tienen todavía las lágrimas en los ojos. Hasta hace pocos minutos han servido bocadillos y bebidas a los pasajeros del vuelo Santiago-Iquique. Son dos de los tripulantes de cabina.

 

Se debían casar por la iglesia en 2010 pero el terremoto destruyó su parroquia en Santiago de Chile, y tuvieron que casarse solo civilmente. Pero ahora ya son marido y mujer para la Iglesia católica porque, por primera vez, un Papa ha celebrado un matrimonio a bordo de un avión.

 

Cuando fueron a hacerse una foto con Francisco, le pidieron una bendición. El Papa les preguntó si estaban casados y ellos respondieron que sí, pero civilmente a causa del terremoto. Entonces Bergoglio les propuso casarlos en el momento.

 

El propietario de la compañía aérea Latam, Igncio Cueto, ha sido el primer testigo; el segundo ha sido monseñor Mauricio Rueda. El Pontífice ha celebrado el rito mientras el Airbus viajaba a 36.000 pies de altura. Y ha dicho: “Esperemos que lo que ustedes han hecho sirva de inspiración para otras parejas en el mundo”.

 

“Antes de declararnos marido y mujer –cuenta Carlos, que tiene orígenes italianos– el Papa me ha preguntado sonriendo: ¿pero estás seguro de verdad?”.

Carlos Ciuffardi y Paula Podest Ruiz tienen dos hijas, Rafaella, de 6 años, e Isabella, de 4. Con alegría han dado la noticia a los compañeros y a los periodistas. La primera boda celebrada por un Papa en el cielo.


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Papel del obispo en la crisis matrimonial. Discurso del Papa

Nulidad matrimonial; el Papa: el obispo, único juez en el proceso breve

Audiencia a los que participan en el curso de la Rota Romana sobre la nueva reforma, en la que pidió cercanía «a los sufrimientos de los fieles que esperan de la justicia eclesial la ayuda para volver a encontrar la paz de las conciencias y la voluntad de Dios sobre la admisión a la Eucaristía»

El Papa con la Rota Romana

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Pubblicato il 25/11/2017
Ultima modifica il 25/11/2017 alle ore 16:15
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Ustedes están llamados a ser próximos en la soledad y en el sufrimiento de los fieles que esperan de la justicia eclesial la ayuda competente y factual para poder encontrar la paz de sus conciencias y la voluntad de Dios sobre la readmisión a la Eucaristía». El Papa Francisco dialogó con los jueces canónicos que participaron en el curso de formación promovido por el Tribunal Apostólico de la Rota Romana, sobre el tema: “El nuevo proceso matrimonial y el procedimiento Super Rato”. Y aprovechó para aclarar, «definitivamente», algunos aspectos fundamentales de los dos “Motu prorpio” para la nulidad matrimonial, “Mitis Iudex Dominus Iesus” y “Mitis et misericors Iesus”, en particular sobre el papel del obispo «como juez personal y único» en el proceso breve.

 

Antes que nada, Francisco recordó que los dos textos fueron fruto de los dos Sínodos sobre la familia, por lo tanto, «expresión de un método sinodal» y «meta de un serio camino sinodal» que pretendía «estudiar las situaciones y el desarrollo de la familia en el mundo de hoy, la preparación al matrimonio, las maneras para socorrer a los que sufren debido al fracaso de su matrimonio, la educación de los hijos y otras temáticas». Después invitó a los jueces, precisamente en continuidad con las dos Asambleas, a que se esfuercen para ser en sus comunidades «misioneros y testimonios del espíritu sinodal», además de la «consolación pastoral» que, subrayó, «es el fin de esta nueva normativa matrimonial». Con esta actitud, exhortó, «cada uno de ustedes debe ser leal colaborador del propio Obispo, al cual las nuevas normas reconocen un papel determinante, sobre todo en el proceso breve, en cuanto él es el “juez nato” de la Iglesia particular».

 

Al respecto, el Papa, para que la aplicación de la nueva ley sobre el proceso matrimonial (a dos años de su promulgación) «sea causa y motivo de salvación y paz para el gran número de fieles heridos en su situación matrimonial», establece algunos puntos-clave «determinantes y exclusivos» sobre el ejercicio personal del obispo como «juez personal y único en el proceso “breviore”», para que tal principio nunca sea interpretado como «hecho excluyente», «delegando casi todo a los Tribunales».

 

El obispo juez, afirmó el Papa en los primeros dos puntos, es «arquitrabe, principio constitutivo y elemento discriminante de todo el proceso breviore», para cuya validez se exigen dos condiciones inseparables: el episcopado y estar a la cabeza de una comunidad diocesana de fieles. Recordando que la competencia exclusiva y personal del pastor proviene directamente del Vaticano II; explicó que el proceso breve no es una «opción» que el obispo puede elegir, sino una «obligación» de la cual él es «componente exclusivo en las tres frases»: la instancia, la intstructoria (que siempre debe llevar a cabo «el Vicario judicial o por otro instructor, también laico, por el asesor, y siempre presente el defensor del vínculo») y la decisión («pronunciada coram Domino, es siempre y solo del Obispo diocesano»), que siempre es prerrogativa del obispo diocesano.

 

«Encomendar todo el proceso breviore al tribunal interdiocesano (tanto del más próximo como de más diócesis) –advirtió el Pontífice– llevaría a desnaturalizar y reducir la figura del Obispo padre, cabeza y juez de sus fieles a mero firmante de la sentencia».

 

Bergoglio indica algunos «criterios fundamentales»: «la proximidad y la gratuidad», dos «perlas» que necesitan los pobres, y la «misericordia» que exige que el obispo «actúe cuanto antes» el proceso breve; en el caso de que no se considere listo en el presente para actuarlo, «debe reenviar la causa el proceso ordinario, el cual de todos modos debe ser conducido con la debida solicitud».

 

Todo ello, insistió el Papa Francisco al final y con mucha claridad, «ocurre sin pedir el permiso o la autorización a otra Institución o a la Signatura Apostólica».


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Comentario al texto de Müller sobre la Amoris laetitia.

Lo que es tradicional: las posibilidades de los sacramentos a los “irregulares”

El cardenal Müller apoya las reflexiones del profesor Buttiglione sobre «Amoris Laetitia» y recuerda lo que enseña la teología a propósito de las circunstancias atenuantes

La exhortación aspotólica «Amoris Laetitia»

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Pubblicato il 30/10/2017
Ultima modifica il 30/10/2017 alle ore 07:55
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El amplio ensayo que escribió el cardenal Gerhard Ludwig Müller como prefacio para el libro que reúne los artículos y las reflexiones del profesor Rocco Buttiglione sobre la exhortación aspotólica «Amoris Laetitia» (ediciones Ares, que saldrá en las librerías italianas el 10 de noviembre de 2017) marca un paso importante en la discusión no siempre equilibrada que surgió con la publicación del documento papal. Como se lee en el largo fragmento anticipado por Vatican Insider, el purpurado alemán se aleja decididamente de los contenidos de la «correctio filialis» que atribuye al Pontífice presuntas «herejías» y responde a los cinco «dubia» que publicaron hace un año cuatro cardenales.

 

Antes que nada, Müller considera que Buttiglione, «como un auténtico católico de comprobada competencia en el campo de la teología moral», ofrece con sus recientes artículos y ensayos «una respuesta clara y convincente» a algunos pasajes del octavo capítulo de la «Amoris Laetitia». Las palabras que siguen son aún más esclarecedoras: «Con base en los criterios clásicos de la teología católica, ofrece una respuesta razonada y nada polémica a los cinco “dubia” de los cardenales» y demuestra que los reproches de quienes afirman que el Papa no presenta correctamente la doctrina no corresponden con la realidad».

 

El cardenal insiste en que existen «diferentes niveles de gravedad según el tipo de pecado». No siempre, añadimos nosotros, esta conciencia tiene cabida en quienes se han dedicado a hacerle exámenes de doctrina al Papa: basta recordar, por ejemplo, en esos pecados, citados en el Catecismo de san Pío X, que «claman venganza en presencia de Dios» (en el nuevo Catecismo de la Iglesia católica se dice que «claman hacia el cielo») y son: «el homicidio voluntario», el «pecado impuro contra el orden de la naturaleza»; «la opresión de los pobres» y el «defraudar la merced a los obreros» (o, en tiempos modernos, «la injusticia para con el salariado»)Müller nos recuerda, como útil advertencia para los que parecen «monomaníacos» con respecto a los pecados vinculados con la esfera sexual (y basta navegar por ciertos sitios en internet para darse cuenta), que «los pecados del espíritu pueden ser más graves que los pecados de la carne. El orgullo espiritual y la avaricia introducen en la vida religiosa y moral un desorden más profundo que la impureza que deriva de la debilidad humana». De la misma manera, con bastantes citas de santo Tomás, afirma que «el adulterio entre casados pesa más que el de los no casados y el adulterio de los fieles, que conocen la voluntad de Dios, pesa más que el de los infieles». Pero también recuerda que «para la imputabilidad de la culpa en el juicio de Dios hay que considerar los factores subjetivos como la plena conciencia y el deliberado consenso en la grave falta contra los mandamientos de Dios».

 

Esto no significa que «debido a circunstancias atenuantes, un acto objetivamente malo pueda volverse subjetivamente bueno»Significa, por el contrario (como ha recordado en varias ocasiones Buttuglione) que «en la valoración de la culpa, puede haber atenuantes y las circunstancias y elementos accesorios de una convivencia irregular semejante al matrimonio pueden ser presentadas también ante Dios en su valor ético en la valoración de conjunto del juicio (por ejemplo el cuidado de los hijos en común que es un deber que deriva del derecho natural)».

 

No se trata de caer en la casuística (es decir en la exacta definición de los casos y de las circunstancias en las que se podría dar la admisión a los sacramentos) y fijarla en manuales específicos, concebidos para descargar de la gran y fatigosa responsabilidad del discernimiento a la que están llamados, junto con los penitentes, sus confesores. Tampoco se trata de reivindicar la comunión como un derecho, la participación en la Eucaristía como algo debido, sin importar un camino de penitencia y si se cobra o menos conciencia del propio estado. En ninguna parte de «Amoris laetitia» se dice nada parecido a «todos son libres» de acercarse a la mesa eucarística como se quiera y cuando se quiera. 

 

Müller hace notar algo que parecen no ver los que han considerado inútiles los dos Sínodos sobre la familia, puesto que ya se había expresado sobre el mismo argumento san Juan Pablo II con la exhortación «Familiaris consortio» (si se hubiera hecho valer siempre esta argumentación que esgrimen algunos de los eclesiásticos que se oponen al Pontífice, no se comprendería por qué se habría tenido que celebrar el Concilio Vaticano II, puesto que ya se había llevado a cabo el Vaticano I, etc.). El cardenal cita el contexto en el que nos ha tocado vivir, que ha cambiado profundamente en las últimas décadas: «Las situaciones existenciales son muy diferentes y complejas, y la influencia de ideologías enemigas del matrimonio a menudo es prepotente». 

 

 

El libro de Rocco Buttiglione, “Respuestas amigables a los críticos de «Amoris laetitia»”.

 

 

Entonces, explica Müller, «el cristiano puede encontrarse sin su culpa en la dura crisis del ser abandonado y de no lograr encontrar ninguna otra vía de escape que encomendarse a una persona de buen corazón y el resultado son relaciones semejantes a las relaciones matrimonialesSe necesita una particular capacidad de discernimiento espiritual en el fuero interior por parte del confesor para encontrar un recorrido de conversión y de re-orientación hacia Cristo que sea adecuado para la persona, yendo más allá de una fácil adaptación al espíritu relativista del tiempo o de una fría aplicación de los preceptos dogmáticos y de las disposiciones canónicas, a la luz de la verdad del Evangelio y con la ayuda de la gracia antecedente». Ningún relativismo, nada de cosas fáciles. Pero tampoco esa «fría aplicación de los preceptos dogmáticos» (sic!) que tanto apasiona a los que hacen exámenes de doctrina, incluso al Papa, y que acaban por dejar de ser capaces de distinguir y discernir: las historias, las vidas de las personas no son todas iguales y difícilmente encajan con precisión matemática en las notas de los manuales de moral.

 

Es por ello que el cardenal demuestra que «en la situación global, en la que prácticamente ya no hay ambientes homogéneamente cristianos», se plantea seriamente el problema (que ya había indicado con fuerza Benedicto XVI) de la validez del primer matrimonio, al que tal vez le faltaba alguno de sus elementos constitutivos, circunstancia que se verifica con bastante difusión en nuestra época. Precisamente estas consideraciones llevaron a Francisco a reformar, simplificándola, la normativa para obtener la declaración de nulidad matrimonial.

 

«En el caso de una conversión en edad madura (de un católico que sea tal solo en el certificado de Bautismo) se puede dar el caso —escribe claramente Müller en el prefacio del libro de Buttiglione— de que un cristiano esté convencido en conciencia de que su primer vínculo, aunque se haya dado en la forma de un matrimonio por la Iglesia, no era válido como sacramento y de que su actual vínculo semejante al matrimonio, alegrado con hijos y con una convivencia madurada en el tiempo con su pareja actual, es un auténtico matrimonio frente a Dios».

 

Y añade: «tal vez esto no pueda ser demostrado canónicamente debido al contexto material o por la cultura propia de la mentalidad dominante. Es posible que la tensión que aquí se verifique entre el estatus público-objetivo del “segundo” matrimonio y la culpa subjetiva pueda abrir, en las condiciones descritas, la vía al sacramento de la penitencia y a la Santa Comunión, pasando a través de un discernimiento pastoral en el fuero interior».

 

En relación con la famosa nota 351 del párrafo 305 de «Amoris Laetitia» (en donde se afirma, refiriéndose a las circunstancias atenuantes para los «irregulares», que «en ciertos casos» podría existir «también la ayuda de los Sacramentos»), Müller explica que «si el segundo vínculo fuera válido frente a Dios», como se indicaba en el ejemplo anterior, «las relaciones matrimoniales de los dos compañeros no constituirían ningún pecado grave, sino más bien una transgresión contra el orden público eclesiástico por haber violado de manera irresponsable las reglas canónicas y, por lo tanto, un pecado leve».

 

Para concluir, el cardenal recuerda que a menudo no se comprenden «todo el significado pastoral» de «Amoris Laetitia» ni las dificultades para «aplicar en la práctica con tacto y discreción, es la ley de la gradualidad». Es evidente que aquí «no se trata de un pecador empedernido, que quiere hacer valer frente a Dios derechos que no tiene. Dios está particularmente cerca del hombre que se sigue el camino de la conversión, que, por ejemplo, se asume la responsabilidad por los hijos de una mujer que no es su legítima esposa y no descuida tampoco el deber de cuidar de ella. Esto también vale en el caso en el que él, por su debilidad humana y no por la voluntad de oponerse a la gracia, que ayuda a observar los mandamientos, no sea todavía capaz de satisfacer todas las exigencias de la ley moral».

 

En este caso, recuerda el purpurado, «una acción en sí pecaminosa no se convierte por ello en legítima y ni siquiera agradable a Dios. Pero su imputabilidad como culpa puede ser disminuida cuando el pecador se dirige a la misericordia de Dios con corazón humilde y reza “Señor, ten piedad de mí, pecador”Aquí, el acompañamiento pastoral y la práctica de la virtud de la penitencia como introducción al sacramento de la penitencia tiene una importancia particular».

 

 

El libro

 

Estará disponible en las librerías italianas a partir del 10 de noviembre el volumen de Rocco Buttiglione “Respuestas amigables a los críticos de «Amoris laetitia»” (ediciones Ares, 208 pp.): el filósofo responde a las críticas dirigidas al Papa Francisco, a los “dubia” y a la “correctio filialis”. El libro comienza con un articulado ensayo introductorio del cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 


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Novedades en el Instituto sobre el matrimonio y la familia. Comentario

El Papa reforma el Instituto sobre el matrimonio y la familia que quiso Wojtyla

Con un “Motu proprio” Francisco creó el nuevo «Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II», extendiendo el espectro de sus competencias y actividades, siguiendo las huellas de su predecesor y con la mirada puesta en la «Amoris laetitia»

El Papa reforma el Instituto sobre el matrimonio y la familia que quiso Wojtyla

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Pubblicato il 19/09/2017
Ultima modifica il 19/09/2017 alle ore 14:18
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco, con una carta apostólica en forma de «Motu proprio» que lleva la fecha del 8 de septiembre de 2017 (y publicada hoy, 19 de septiembre), redundó el Instituto de estudios sobre el matrimonio y la familia que quiso Juan Pablo II, extendiendo su campo de acción. El documento, titulado «Summa familiae cura», recuerda que el Papa Wojtyla, después del Sínodo de los obispos de 1980 y de la exhortación «Familiaris consortio» de 1981, dio una forma estable al Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, que llevaba a cabo sus actividades en la Universidad Lateranense.

 

Ahora, después de otros dos Sínodos, de 2014 y 2015, dedicados a la familia, y después de la publicación de la exhortación «Amoris laetitia», la Iglesia ha llegado a «una renovada conciencia del Evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a ofrecer respuestas».

 

«La centralidad de la familia en los procesos de “conversión pastoral” de nuestras comunidades y de “transformación misionera de la Iglesia” —escribió Francisco— exige que, incluso a nivel de formación académica, en la reflexión sobre el matrimonio y sobre la familia nunca falten la perspectiva pastoral ni la atención a las heridas de la humanidad».

 

El Papa Bergoglio insistió en que el «bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia», y que es «saludable prestar atención a la realidad concreta» de la familia, debido al «cambio antropológico-cultural, que influye hoy a todos los aspectos de la vida y exige un enfoque analítico y diversificado» y «no nos permite limitarnos a prácticas de la pastoral y de la misión que reflejen formas y modelos del pasado».

 

«En el límpido propósito de permanecer fieles a la enseñanza de Cristo —escribió Francisco—, debemos, pues, ver, con el intelecto de amor y con sabio realismo, a la realidad de la familia, hoy, en toda su complejidad, en sus claroscuros. Por estas razones he considerado oportuno dar una nueva configuración jurídica al Instituto Juan Pablo II, para que la clarividente intuición de san Juan Pablo II, que fuertemente deseó esta institución académica, hoy pueda ser reconocida y apreciada mejor en su fecundidad y actualidad».

 

El nuevo Instituto teológico para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia, dedicado a Juan Pablo II, ampliará el campo de sus acciones y estudios, «tanto en orden a las nuevas dimensiones de la tarea pastoral y de la misión eclesial, como en referencia a los desarrollos de las ciencias humanas y de la cultura antropológica en un campo tan fundamental para la cultura de la vida».

 

El Papa Bergoglio precisó que el nuevo instituto deberá tener en cuenta la inspiración original con la que nació el anterior, «contribuyendo eficazmente a que corresponda plenamente a las exigencias actuales de la misión pastoral de la Iglesia». En los breves artículos, a los que seguirán nuevos estatutos, se subraya la «especial relación del nuevo Instituto Teológico con el ministerio y el magisterio de la Santa Sede», que será enriquecido con la «privilegiada relación» que establecerá con la Congregación para la Educación Católica, con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y con la Pontificia Academia para la Vida. Se precisa que el Instituto Teológico tendrá «la facultad de conferir “iure proprio” a sus estudiantes los siguientes grados académicos: el Doctorado en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; la Licenciatura en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; el Diploma en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia».

 

«Con esta decisión —explicó a Vatican Insider el arzobispo Vincenzo Paglia, Gran Canciller del Instituto—, el Papa extiende la perspectiva: de una concentrada solo en la teología moral y sacramental, a una bíblica, dogmática e histórica, que tiene en cuenta los desafíos contemporáneos. Francisco ha comprendido muy bien el papel histórico de la familia, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Y la familia no es un ideal abstracto, sino una realidad mayoritaria de la sociedad, que debe volver a descubrir su vocación en la historia».

 

La referencia a la continuidad con el Instituto anterior, «en sí misma cierra el camino —explicó Paglia— a una interpretación que pretenda atribuir a este autorizado acto de refundación un distanciarse de la inspiración de Juan Pablo II». El arzobispo hizo notar, para concluir, que el Papa ha indicado que las personas que componen el actual instituto sean «protagonistas del cambio y de la reestructuración que serán necesarios para conseguir los objetivos del nuevo sujeto», y que, por lo tanto, cuentan con la confianza del Pontífice.


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Vaticano: reforma del instituto sobre el matrimonio y la familia.

Traducción en español (no oficial)
CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO
“SUMMA FAMILIAE CURA”
QUE INSTITUYE EL PONTIFICIO INSTITUTO TEOLÓGICO JUAN PABLO II
PARA LAS CIENCIA DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA Animado por  la  mayor atención a la familia, San Juan Pablo II, como seguimiento del Sínodo de los Obispos de 1980 sobre la familia y de la exhortación apostólica postsinodal Familiaris Consortio de 1981, con la Constitución apostólica Magnum Matrimonii sacramentum confirió una forma jurídica estable al   Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, que opera en la Universidad Pontificia Lateranense. Desde entonces, éste  ha desarrollado un proficuo trabajo de profundización teológica y de formación pastoral  tanto en su sede central de Roma, como en las secciones extraurbanas, presentes ya en todos los continentes.
Más recientemente, la Iglesia ha dado  un paso ulterior en el camino sinodal poniendo nuevamente en el centro de la atención  la realidad del matrimonio y la familia, en  primer lugar en la Asamblea  extraordinaria de 2014, dedicada a “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización” y, después, en la ordinaria de 2015 sobre “La vocación y la  misión de la familia en la Iglesia y en el mundo “. La culminación de este intenso recorrido ha sido la Exhortación apostólica  post-sinodal Amoris Laetitia , publicada el 19 de marzo de 2016.
Esta estación sinodal  ha llevado a la Iglesia a una renovada conciencia del Evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a responder. La centralidad de la familia en los caminos de “conversión pastoral” [1] de nuestras comunidades y de “transformación misionera de la Iglesia” [2] requiere que – incluso en el ámbito de la  formación académica – en la reflexión sobre el matrimonio y la familia no falten nunca la perspectiva pastoral y la  atención a las heridas de la humanidad. Si no se puede llevar a cabo  una fecunda profundización de la teología pastoral sin tener en cuenta el peculiar perfil eclesial de la familia [3], por otro lado, no escapa a la misma solicitud pastoral de la Iglesia el valioso aporte del pensamiento y de la  reflexión que indagan, del modo más profundo y riguroso, la verdad de la revelación y la sabiduría de la tradición de la fe, con el fin de su mayor inteligencia en el tiempo presente. “El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia. […]Es sano prestar atención a la realidad concreta, porque «las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia», a través de los cuales «la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia “. [4] El cambio antropológico y cultural, que influye hoy en  todos los aspectos de la vida y requiere un enfoque analítico y diversificado, no nos permite limitarnos a prácticas de la  pastoral y de  la misión que reflejan formas y modelos del pasado. Debemos ser intérpretes conscientes y apasionados de la sabiduría de la fe en un contexto en el que los individuos están  menos sostenidos que en el pasado por las estructuras sociales, en su vida afectiva y familiar. Con el límpido propósito de permanecer fieles a las enseñanzas de Cristo debemos, por lo tanto,  mirar con intelecto de amor y con sabio realismo, la realidad de la familia, hoy, en toda su complejidad, en sus luces y sombras. [5]
Por estas razones he considerado oportuno ofrecer un nuevo marco jurídico al Instituto Juan Pablo II, para que  “la intuición clarividente de San Juan Pablo II, que quiso firmemente esta institución académica, hoy [pueda] ser todavía mejor reconocida y apreciada en su fecundidad y actualidad” [6]. Por lo tanto, he tomado la decisión  de instituir un Instituto Teológico para  Ciencias  del Matrimonio y la Familia, ampliando su campo de interés, sea por las  nuevas dimensiones de la tarea pastoral y de la misión eclesial, sea en referencia al desarrollo de las ciencias humanas y de la cultura antropológica en un campo tan fundamental para la cultura de la vida. ART. 1  Con el presente Motu Proprio instituyo el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para Ciencias del Matrimonio y la Familia, que, vinculada a la Pontificia Universidad Lateranense, suceda, sustituyéndolo al   Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia , establecido por la Constitución apostólica Magnum Matrimonii sacramentum , que por lo tanto cesa. Será debido, sin embargo, que la inspiración original que dio origen al cesado  Instituto para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia siga fecundando  el campo más amplio de compromiso del nuevo Instituto Teológico, contribuyendo eficazmente a que sea plenamente compatible con las exigencias actuales de la misión pastoral de la Iglesia . ART. 2 El nuevo Instituto será, en el contexto de las instituciones pontificias, un centro académico de referencia, al servicio de la misión de la Iglesia universal, en el campo de  las ciencias relacionadas con el matrimonio y la familia y respecto a los  temas  asociados con la alianza fundamental del hombre y de  la mujer para el cuidado y la generación  de la creación.

ART. 3
La relación especial del nuevo Instituto Teológico con el ministerio y el magisterio de la Santa Sede se verá respaldada además por la relación privilegiada que establecerá, en las formas que serán mutuamente concordadas, con la Congregación para la Educación Católica, el Pontificio Consejo para los Laicos, la  Familia y la Vida y con la Pontificia Academia para la Vida.

ART 4
§ 1. El Pontificio Instituto Teológico, así renovado, adaptará sus estructuras y dispondrá de  las herramientas necesarias – cátedras, profesores, programas, personal administrativo – para realizar la  misión científica y eclesial que se le asigna.
§ 2. Las autoridades académicas del Instituto Teológico son el Gran Canciller, el Presidente y cl Consejo del Instituto.
§ 3. El Instituto Teológico tiene la facultad de conferir   iure proprio a sus alumnos los siguientes títulos académicos: Doctorado en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; la Licencia en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; el Diploma en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia.

ART. 5
Lo que establece el presente Motu proprio será profundizado y definido en sus propios estatutos aprobados por la Santa Sede. En particular, se identificarán las formas más adecuadas para promover la cooperación y la confrontación, en los ámbitos de la enseñanza y la investigación, entre las autoridades  del Instituto Teológico y las de la Pontificia Universidad Lateranense.

ART. 6
Hasta la aprobación de los nuevos Estatutos, el Instituto Teológico se regirá temporalmente por las normas estatutarias  hasta ahora vigentes en el Instituto Juan Pablo II para  Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, comprendidas la estructuración en secciones y las respectivas normas,  en la medida en que no se opongan  al presente Motu  proprio.
Todo lo deliberado con esta Carta apostólica en forma de Motu proprio, ordeno que se observe en todas sus partes, a pesar de cualquier disposición en contrario, aunque digna de mención especial, y establezco  que sea promulgado  mediante la publicación  en el diario L’Osservatore Romano, entrando  en vigor el día de la promulgación, y que se inserte sucesivamente en Acta Apostolicae Sedis.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María del año 2017, quinto de nuestro Pontificado


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Canada: una religiosa preside una ceremonia nupcial sin eucaristía.

Boda católica celebrada en Québec por una monja

Sor Pierrette Thiffault presidió la liturgia nupcial en Lorrainville, después de que el obispo hubiera obtenido la autorización de la Santa Sede. Una excepción prevista por el Código de Derecho Canónico

Sor Pierrette Thiffault

Pubblicato il 28/07/2017
Ultima modifica il 28/07/2017 alle ore 08:42
ANDREA TORNIELLI
ROMA

Se llama sor Pierrette Thiffault, es una religiosa acostumbrada a suplir lo mejor que puede debido a la falta de los sacerdotes en la región de Abitibi-Témiscamingue, en Québec. Pero hasta el pasado 22 de julio no le había tocado celebrar ninguna ceremonia nupcial. Lo hizo en Lorrainville, un pueblito de 1200 almas que se encuentra a más de 650 kilómetros de Móntreal, en donde unió en matrimonio a Cindy y a David dentro de la iglesia parroquial.

 

La presencia femenina en el altar, donde se celebró, obviamente solo la liturgia nupcial, y no la misa, causó polémicas. Pero se trata de una excepción prevista por el Código Canónico promulgado en 1983 por san Juan Pablo II.

 

El canon 1112 afirma, efectivamente: «Donde no haya sacerdotes ni diáconos, el Obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios». En el Código de Derecho Canónico la palabra «laico» no tiene ninguna connotación masculina, sino se refiere, por el principio de igualdad, tanto a hombres como a mujeres. Otra cosa es la orden sagrada, en sus tres grados de diaconado, presbiterato y episcopado, reservado a los varones. La monjas, a pesar de haber hecho votos de religiosa, es considerada «laica» en relación con la orden sacra.

 

Hay que recordar que en el matrimonio, el ministro que celebra el sacramento no es el sacerdote. Los ministros celebrantes son, efectivamente, los esposos. El sacerdote tiene, en el ámbito de la liturgia nupcial, la tarea de testimonio calificado. Por ello las normas canónicas prevén, excepcionalmente y en casos de demostrada necesidad, la posibilidad de que quien presida la liturgia sea un laico, previa autorización de la Santa Sede.

 

Lorrainville pertenece a la diócesis de Rouyn-Noranda, en donde el clero escasea tanto que hay sacerdotes que tienen que ocuparse de 7 u 8 parroquias. Por ello el obispo llamó a sor Pierrette Thiffault, religiosa de las Hermanas de la Providencia, para la celebración del matrimonio. La monja quiso recordar a la prensa local que no había sido ordenada, por lo que no podía ejercer ninguna función sacerdotal. La que la autorizó, con una carta del 23 de mayo de 2017, fue la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presidida por el cardenal Robert Sarah. El vicario general de la diócesis canadiense declaró: «En la Iglesia católica, esta es una presidencia que se encomienda solo a un cura, pero puede haber alguna excepción, y lo que sucedió hoy es una de ellas».

 

Sor Pierrette Thiffault se encarga desde hace años de la pastoral en la parroquia de Moffet, cerca de Lorainville, y le enseñó el catecismo a David, el esposo, cuando era chico. Fue el obispo quien pidió que pudiera presidir el matrimonio.