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Hoy comienzan los ejercicios espirituales anuales de la Curia Vaticana.

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La Casa del Divino Maestro espera al Papa: las imágenes de Vatican News

La familia Paulina nos guía en el descubrimiento de la Casa que hospedará al Papa y a la Curia Romana para los ejercicios espirituales, predicados es este año por el sacerdote José Tolentino de Mendonça.

Ciudad del Vaticano

En la localidad de Ariccia, ubicada a las puertas de Roma todo ya está listo para la llegada del Papa Francisco y de la Curia Romana a la casa de los Paulinos llamada “Divino Maestro”, para los ejercicios espirituales, del 18 al 23 de febrero.

Recogimiento y oración

El clima es el mismo de todos los años: recogimiento, silencio y oración, como explica el padre Olinto Crespi, que conoce la Casa desde cuando era novicio. El religioso señala que, el Papa y la “familia vaticana” transcurrirán varios días en un lugar ideado por el beato Giacomo Alberigone, para poner al centro Cristo, “Camino, verdad y vida”. “Todo gira – agrega – alrededor de la capilla, centro de la casa, invitando a quien está aquí a la escucha exclusiva de la palabra de Dios”.

Tema de las meditaciones: “Elogio a la sed”

El programa de los ejercicios espirituales para este año estará centrado sobre el tema “Elogio a la sed”. El domingo 18 de febrero se realizará la introducción, la Adoración y la recita de las vísperas. Los días siguientes iniciaran con la celebración de la Santa Misa a las 7.30 de la mañana, enseguida la primera meditación a las 9.30 y luego la segunda meditación después de la reflexión personal y del almuerzo a las 4.00 de la tarde. La jornada conclusiva será el viernes 23 de febrero.

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Vaticano: la renuncia al cargo de los curiales. Comentario

El Papa frena la ‘jubilación automática’ para nuncios y obispos curiales

Nuevo “Motu proprio” de Francisco, “Aprender a despedirse”, que cancela el automatismo de la decadencia a los 75 años para los “embajadores”, los encargados de los dicasterios que no son cardenales y sus secretarios. La renuncia tendrá que ser aceptada y se podrá prorrogar

El Papa frena la ‘jubilación automática’ para nuncios y obispos curiales

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Pubblicato il 15/02/2018
Ultima modifica il 15/02/2018 alle ore 14:02
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

La Cuaresma ha traído una sorpresa para los nuncios apostólicos, los obispos de la Curia romana que no sean cardenales y los prelados secretarios: al cumplir 75 años de edad ya no dejarán sus puestos automáticamente, como sucedía hasta ahora. Su situación ahora será más parecida a la de los obispos residenciales y de los cardenales que dirigen dicasterios vaticanos. Deberán presentar la renuncia a la edad canónica prevista, pero el Papa podrá, si lo considerare oportuno, extender su mandato.

 

El final de este automatismo queda establecido por el nuevo “Motu Proprio” de Francisco, “Aprender a despedirse”, publicado hoy. Hasta ahora los nuncios apostólicos (los “embajadores” papales que representan a la Santa Sede ante los diferentes gobiernos de los países del mundo y que se encargan de dialogar con los episcopados y de reunir la información para las “provisiones” de las Iglesias, es decir nada que ver con los alimentos, sino con el proceso para llegar al nombramiento de nuevos obispos) se jubilaban automáticamente a los 75 años.

 

La regla del límite de edad, introducida por todos los obispos del Concilio Ecuménico Vaticano II, preveía una aplicación automática, salvo raras posibilidades discrecionales. Lo mismo valía para los prelados curiales que no fueran cardenales, como los obispos encargados de los dicasterios y los secretarios de las congregaciones vaticanas. También ellos, al cumplir los 75, se jubilaban.

 

En cambio, para los encargados de los dicasterios que son también cardenales, así como para todos los obispos residenciales de las diócesis del mundo, presentar la renuncia al llegar al límite de edad nunca ha significado el cese automático de sus funciones. En el Código de Derecho Canónico (401) se lee: «Al Obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias».

 

El Papa, a discreción, puede decidir extender su mandato uno, dos o hasta cinco años, como ha sucedido en el pasado y sigue sucediendo. Por ejemplo, obtuvo una extensión por cinco años como arzobispo de Perugia el actual presidente de la Conferencia Episcopal de Italia, el cardenal Gualterio Bassetti, que tomó las riendas del episcopado italiano cuando ya había cumplido 75 años de edad. La discrecionalidad se aplica también para los cardenales encargados de los dicasterios, como prevé el segundo párrafo del artículo 5 de la constitución apostólica “Pastor Bonus”, promlgada por Juan Pablo II en junio de 1988: «Se ruega a los cardenales dirigentes que, al cumplir los setenta y cinco años de edad, presenten su renuncia al Romano Pontífice, quien, bien pensada la cosa, proveerá». En la actualidad hay dos cardenales que se encargad de dicasterios curiales a punto de cumplir 80 años y siguen en servicio: el Prefecto de las Casuas de los Santos, Angelo Amato, y el presidente de los Textos legislativos, Francesco Coccopalmerio.

 

Sin embargo, esta discrecionalidad nunca se había previsto para los encargados de los dicasterios que no fueran cardenales, así como tampoco para los secretarios de los mismos ni para los nuncios apostólicos (comparados con los primeros por voluntad de Pablo VI con el “Motu Proprio” “Sollicitudo omnium Ecclesiarum” de 1969). El ya citado artículo de la “Pastor Bonus”, de hecho, también afirmaba: «Los otros dirigentes, y los secretarios, al cumplir los setenta y cinco años de edad, cesan en su cargo». Se jubilan y basta, automáticamente. A partir de ahora, con el nuevo “Motu Proprio”, también los nuncios apostólicos, los encargados de dicasterios que no sean cardenales y sus secretarios se aplicará lo previsto para cardenales y obispos diocesanos.

 

El Papa mismo explica en los motivos del nuevo “Motu Proprio”: «“Aprender a despedirse” es lo que pedí, comentando una lectura de las Actas de los Apóstoles, en una oración por los Pastores». Era la Misa matutina en la Casa Santa Marta del 30 de mayo de 2017. La conclusión de una encomienda eclesial «debe ser considerada como parte integral del servicio mismo en cuanto exige una nueva forma de disponibilidad». Esta actitud interior es necesaria «tanto cuando, por razones de edad, hay que prepararse para dejar el propio encargo, como cuando se pida continuar ese servicio por un periodo más largo, a pesar de haber llegado a la edad de setenta y cinco años». Quien se prepara para presentar su renuncia necesita prepararse «adecuadamente frente a Dios, despojándose de los deseos de poder y de la pretensión de ser indispensable. Este permitirá atravesar con paz y confianza tal momento, que, de lo contrario, podría ser doloroso y conflictivo». De la misma manera, quien asume «en la verdad esta necesidad de despedirse, debe discernir en la oración cómo vivir la etapa que está por comenzar, elaborando un nuevo proyecto de vida, marcado, en la medida de lo posible, por la austeridad, la humildad, la oración de intercesión, el tiempo dedicado a la lectura y la disponibilidad para ofrecer simples servicios pastorales».

 

Por otra parte, si excepcionalmente se pide que continúe con su servicio por un periodo más largo, implica «abandonar, con generosidad el propio nuevo proyecto personal. Sin embargo, esta situación no debe ser considerada un privilegio o un triunfo personal, o un favor debido a presuntas obligaciones derivadas de la amistad o de la cercanía, ni como agradecimiento por la eficacia de los servicios ofrecidos». Cualquier eventual prórroga «se puede comprender solamente –precisó el Papa en el documento– por algunos motivos relacionados con el bien común eclesial».

 

Esta decisión Pontificia no es un acto «automático, sino un acto de gobierno; como consecuencia, implica la virtud de la prudencia que ayudará, mediante un adecuado discernimiento, a tomar la decisión apropiada».

 

Francisco cita, «solo como ejemplo, algunas de las posibles razones: la importancia de completar adecuadamente un proyecto muy proficuo para la Iglesia; la conveniencia de asegurar la continuidad de obras importantes; algunas dificultades vinculadas con la composición del Dicasterio en un periodo de transición; la importancia de la contribución que tal persona puede aportar a la aplicación de directivas recientemente emitidas por la Santa Sede o a la recepción de nuevas orientaciones magisteriales».


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Personal Vaticano: cómo se hace la renuncia a los 75 años.

Vaticano, promulgato Motu Proprio del Papa Vaticano, promulgato Motu Proprio del Papa  

Motu Proprio del Papa sulla rinuncia: “Non un atto automatico ma di governo”

Promulgato un Motu Proprio di Papa Francesco sulla rinuncia, a motivo di età, dei titolari di alcuni uffici di nomina pontificia. L’incarico non decade ipso facto a 75 anni ma solo dopo la decisione del Pontefice a cui bisogna presentare la rinuncia. Una decisione che dunque può arrivare oltre i tre mesi stabiliti dall’articolo 3 del canone 189 di diritto canonico.

Benedetta Capelli – Città del Vaticano

Porta la data del 12 febbraio, il Motu Proprio di Papa Francesco “Imparare a congedarsi” con il quale si regola la rinuncia a 75 anni ad un ufficio ecclesiale “che – scrive il Pontefice – deve essere considerata parte integrante del servizio stesso, in quanto richiede una nuova forma di disponibilità”.

Un nuovo atteggiamento interiore

Francesco sottolinea l’importanza di prepararsi alla rinuncia “spogliandosi dei desideri di potere e della pretesa di essere indispensabile”, affrontando tale momento con “pace e fiducia” perché altrimenti potrebbe risultare “doloroso e conflittuale”. E’ nella preghiera che si avvia il discernimento per una nuova fase della vita, segnata per quanto possibile da “austerità, umiltà, preghiera di intercessione, tempo dedicato alla lettura e disponibilità a fornire semplici servizi pastorali”.

Continuare nell’ufficio non è un trionfo personale

Il proseguimento del proprio compito va considerato nell’ambito del “bene comune ecclesiale” e non deve essere considerato “un privilegio, o un trionfo personale, o un favore dovuto a presunti obblighi derivati dall’amicizia o dalla vicinanza, né come gratitudine per l’efficacia dei servizi forniti”. “Questa decisione pontificia – evidenzia il Papa –  non è un atto automatico ma un atto di governo; di conseguenza implica la virtù della prudenza che aiuterà, attraverso un adeguato discernimento, a prendere la decisione appropriata”.

A 75 anni il compito non cessa ipso facto

Con questo Motu Proprio, che integra l’articolo 2 del “Rescriptum ex audentia” sulla rinuncia dei vescovi diocesani e dei titolari di uffici di nomina pontificia del 3 novembre 2014 (art. 2 “La rinuncia ai predetti uffici pastorali produce effetti soltanto dal momento in cui sia accettata da parte della legittima autorità), il Papa stabilisce dunque che al compimento dei 75 anni,  i vescovi diocesani ed eparchiali come pure i vescovi coadiutori e ausiliari o titolari con speciali incarichi pastorali, sono invitati a presentare la rinuncia al loro ufficio pastorale. Lo stesso vale per i capi dicastero della Curia Romana non cardinali, i prelati superiori della Curia Romana e i vescovi che svolgono altri uffici alle dipendenze della Santa Sede, i rappresentanti pontifici che però così non cessano ipso facto dal loro ufficio.

Il Papa decide sulla rinuncia anche oltre i tre mesi dalla sua presentazione

Papa Francesco dunque stabilisce che la rinuncia va accettata e che “l’ufficio è considerato prorogato fino a quando non sia comunicata all’interessato l’accettazione della rinuncia o la proroga, per un tempo determinato o indeterminato”. Vengono così modificati i canoni 189 § 3 CIC e 970 § 1 CCEO che recitavano: “la rinuncia che necessita di accettazione, se non sia accettata entro tre mesi, manca di ogni valore; quella che non ha bisogno di accettazione sortisce l’effetto con la comunicazione del rinunciante fatta a norma del diritto”.


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Vaticano: nuevos nombramientos.

Dicasterios vaticanos; el Papa asigna nuevos encargos a cardenales

La mayor parte designada al Desarrollo Humano Integral. Zenari a las Iglesias orientales, Cupich a la Educación católica
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Pubblicato il 24/12/2017
Ultima modifica il 24/12/2017 alle ore 10:50
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

El que “padronea” es el Desarrollo Humano Integral. El Papa Francisco asignó a algunos cardenales nuevos encargos en diferentes Dicasterios de la Curia, principalmente en el “ministerio” que guía Peter Kodwo Appiah Turkson. Zenari, nuncio apostólico en Siria va a las Iglesias Orientales, Cupich a la Educación Católica.

 

Estos son todos los nombramientos, comunicados por la Sala de Prensa vaticana.

 

En la Congregación para las Iglesias Orientales, el cardenal italiano Mario Zenari.

 

En la Congregación para los Obispos, el cardenal Jusn José Omella Omella, arzobispo de Barcelona (España), que también va al Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.

 

En la Congregación para la Educación Católica Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid (España) y Blase Joseph Cupich, arzobispo de Chicago (Estados Unidos).

 

En el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida: Baltazar Enrique Porras Cardozo, arzobispo de Mérida (Venezuela), Jozef De Kesel, arzobispo de Menchelen-Brussel (Bélgica) y Jean Zerbo, arzbispo de Bamako (Malí).

 

En el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral: Patrick D’Rozario, arzobispo de Dhaka (Bangladesh); Maurice Piat, obispo de Port-Louis (Mauricio); John Ribat, arzobispo de Port Moresby (Papúa Nueva Guinea); Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico di Paksé (Laos); Gregorio Rosa Chávez, auxiliar de San Salvadir (El Salvador).

 

En el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos: Anders Arborelius, O.C.D., obispo de Estocolmo (Suecia).

 

En la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, Kevin Joseph Farrell, prefecto del Dicastero para los Laicos, la Familia y la Vida.


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Discurso navideño del Papa a la Curia Vaticana. Texto oficial.

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCESCO

Sala Clementina
Jueves, 21 de diciembre de 2017

[Multimedia]

Queridos hermanos y hermanas:

La Navidad es la fiesta de la fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre para devolverle al hombre la dignidad filial que había perdido por culpa del pecado y la desobediencia. La Navidad es la fiesta de la fe en los corazones que se convierten en un pesebre para recibirlo, en las almas que dejan que del tronco de su pobreza Dios haga germinar el brote de la esperanza, de la caridad y de la fe.

Hoy tenemos una nueva ocasión para intercambiarnos nuestra felicitación navideña y también para desearos a todos, a vuestros colaboradores, a los Representantes pontificios, a todas las personas que prestan servicio en la Curia y a vuestros seres queridos una santa y alegre Navidad y un feliz Año Nuevo. Que esta Navidad nos haga abrir los ojos y abandonar lo que es superfluo, lo falso, la malicia y lo engañoso, para ver lo que es esencial, lo verdadero, lo bueno y auténtico. Muchas felicidades, de verdad.

Queridos hermanos:

Después de haber hablado en otras ocasiones sobre la Curia romana ad intra, este año quiero compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la realidad de la Curia ad extra, es decir, sobre la relación de la Curia con las naciones, con las Iglesias particulares, con las Iglesias orientales, con el diálogo ecuménico, con el Judaísmo, con el Islam y las demás religiones, es decir, con el mundo exterior.

Mis reflexiones se apoyan ciertamente sobre los principios básicos y canónicos de la Curia, sobre la misma historia de la Curia, pero también sobre la visión personal que he procurado compartir con vosotros en los discursos de los últimos años, en el contexto de la reforma que se está realizando.

Con respecto a la reforma me viene a la mente la simpática y significativa expresión de Mons. Frédéric-François-Xavier De Mérode: «Hacer la reforma en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes»[1]. Se pone de manifiesto cuánta paciencia, dedicación y delicadeza se necesitan para alcanzar ese objetivo, ya que la Curia es una institución antigua, compleja, venerable, compuesta de hombres que provienen de muy distintas culturas, lenguas y construcciones mentales y que, de una manera estructural y desde siempre, está ligada a la función primacial del Obispo de Roma en la Iglesia, esto es, al oficio «sacro» querido por el mismo Cristo Señor en bien del cuerpo de la Iglesia en su conjunto (ad bonum totius corporis)[2].

Así pues, la universalidad del servicio de la Curia proviene y brota de la catolicidad del Ministerio petrino. Una Curia encerrada en sí misma traicionaría el objetivo de su existencia y caería en la autorreferencialidad, que la condenaría a la autodestrucción. La Curia, ex natura, está proyectada ad extra en cuanto y mientras está ligada al Ministerio petrino, al servicio de la Palabra y del anuncio de la Buena Noticia: el Dios Enmanuel, que nace entre los hombres, que se hace hombre para mostrar a todos los hombres su entrañable cercanía, su amor sin límites y su deseo divino de que todos los hombres se salven y lleguen a gozar de la bienaventuranza celestial (cf. 1 Tm 2,4); el Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos (cf. Mt 5,45); el Dios que no ha venido para que le sirvan sino para servir (cf. Mt 20,28); el Dios que ha constituido a la Iglesia para que esté en el mundo, pero no del mundo, y para ser instrumento de salvación y de servicio.

Cuando saludé recientemente a los Padres y Jefes de las Iglesias Católicas orientales[3], y pensando precisamente sobre esta finalidad ministerial, petrina y curial, es decir, de servicio, utilicé la expresión de un «primado diaconal», remitiendo inmediatamente a la amada imagen de san Gregorio Magno del Servus servorum Dei. Esta definición, en su dimensión cristológica, es sobre todo expresión de la firme voluntad de imitar a Cristo, quien asumió la forma de siervo (cf. Flp 2,7). Benedicto XVI, cuando habló de ello, dijo que esta frase en los labios de Gregorio no era «una fórmula piadosa, sino la verdadera manifestación de su modo de vivir y actuar. Estaba profundamente impresionado por la humildad de Dios, que en Cristo se hizo nuestro servidor, nos lavó y nos lava los pies sucios»[4].

Esa misma actitud diaconal ha de caracterizar también a todos los que, de varias maneras, trabajan en el ámbito de la Curia romana, que, como recuerda el Código de Derecho Canónico, actuando en nombre y con la autoridad del Sumo Pontífice, «realiza su función […] para el bien y servicio de las Iglesias» (can. 360; cf. CCEO can. 46).

Primado diaconal «con relación al Papa»[5] e igualmente diaconal, por consiguiente, es el trabajo que se realiza dentro de la Curia romana ad intra y hacia el exterior ad extra. Este tema de la diaconía ministerial y curial, me lleva a un antiguo texto presente en la Didascalia Apostolorum donde se afirma: el «diácono sea el oído y la boca del Obispo, su corazón y alma»[6], puesto que la comunión, la armonía y la paz en la Iglesia está unida a esta concordia, ya que el diácono es el custodio del servicio en la Iglesia.[7] Pienso que no es casualidad que el oído sea el órgano para oír sino también para el equilibrio; y la boca el órgano para saborear y para hablar.

Otro texto antiguo añade que los diáconos están llamados a ser como los ojos del Obispo[8]. El ojo mira para transmitir las imágenes a la mente, ayudándola a tomar las decisiones y a dirigir bien a todo el cuerpo.

De estas imágenes se puede sacar la relación de comunión de filial obediencia para el servicio al pueblo santo de Dios. No hay duda, pues, que esta es la que existe también entre todos los que trabajan en la Curia romana, desde los Jefes de Dicasterio y Superiores, a los oficiales y a todos. La comunión con Pedro refuerza y da nuevo vigor a la comunión entre todos los miembros.

Desde este punto de vista, el recurso a la imagen de los sentidos del organismo humano nos ayuda a tener el sentido de la extroversión, de la atención hacia lo que está fuera. En el organismo humano, de hecho, los sentidos son nuestro primer contacto con el mundo ad extra, son como un puente hacia él; son nuestra posibilidad de relacionarnos. Los sentidos nos ayudan a captar la realidad e igualmente a colocarnos en la realidad. Por eso san Ignacio de Loyola recurría a los sentidos para contemplar los Misterios de Cristo y de la verdad[9].

Esto es muy importante si se quiere superar la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos que en realidad representan —a pesar de sus justificaciones y buenas intenciones— un cáncer que lleva a la autorreferencialidad, que se infiltra también en los organismos eclesiásticos en cuanto tales y, en particular, en las personas que trabajan en ellos. Cuando sucede esto, entonces se pierde la alegría del Evangelio, la alegría de comunicar a Cristo y de estar en comunión con él; se pierde la generosidad de nuestra consagración (cf. Hch 20,35 y 2 Co 9,7).

Permitidme que diga dos palabras sobre otro peligro, que es el de los traidores de la confianza o los que se aprovechan de la maternidad de la Iglesia, es decir de las personas que han sido seleccionadas con cuidado para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma, pero —al no comprender la importancia de sus responsabilidades— se dejan corromper por la ambición o la vanagloria, y cuando son delicadamente apartadas se auto-declaran equivocadamente mártires del sistema, del «Papa desinformado», de la «vieja guardia»…, en vez de entonar el «mea culpa». Junto a estas personas hay otras que siguen trabajando en la Curia, a las que se les da el tiempo para retomar el justo camino, con la esperanza de que encuentren en la paciencia de la Iglesia una ocasión para convertirse y no para aprovecharse. Esto ciertamente sin olvidar la inmensa mayoría de personas fieles que allí trabajan con admirable compromiso, fidelidad, competencia, dedicación y también con tanta santidad.

Parece oportuno, entonces, volviendo a la imagen del cuerpo, poner de relieve que estos «sentidos institucionales», a los que podemos comparar en cierto modo los Dicasterios de la Curia romana, deben trabajar de manera conforme a su naturaleza y finalidad: en el nombre y con la autoridad del Sumo Pontífice y siempre por el bien y al servicio de las Iglesias[10]. Ellos están llamados a ser en la Iglesia como unas fieles antenas sensibles: emisoras y receptoras.

Antenas emisoras en cuanto habilitadas para transmitir fielmente la voluntad del Papa y de los Superiores. La palabra «fidelidad»[11], para todos los que trabajan en la Santa Sede, «adquiere un carácter particular, desde el momento que ellos ponen al servicio del Sucesor de Pedro buena parte de sus propias energías, su tiempo y su ministerio cotidiano. Se trata de una grave responsabilidad, pero también de un don especial, que con el tiempo va desarrollando un vínculo afectivo con el Papa, de confianza interior, un idem sentire natural, que se expresa justamente con la palabra “fidelidad”»[12].

La imagen de la antena remite también a otro movimiento, este contrario, es decir el del receptor. Se trata de percibir las instancias, las cuestiones, las preguntas, los gritos, las alegrías y las lágrimas de las Iglesias y del mundo para transmitirlas al Obispo de Roma y permitirle que pueda llevar a cabo con más eficacia su tarea y su misión de «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión»[13]. Con semejante receptividad, que es más importante que el aspecto preceptivo, los Dicasterios de la Curia romana entran generosamente en ese proceso de escucha y de sinodalidad del que ya he hablado[14].

Queridos hermanos y hermanas:

He recurrido a la expresión «primado diaconal», a la imagen del cuerpo, de los sentidos y de la antena para explicar la necesidad más bien indispensable, de practicar el discernimiento de los signos de los tiempos[15], la comunión en el servicio, la caridad en la verdad, la docilidad al Espíritu y la obediencia confiada a los superiores, precisamente para alcanzar los espacios donde el Espíritu habla a las Iglesias (es decir, la historia) y para conseguir el objetivo de trabajar (por la salus animarum).

Quizá sea útil recordar aquí que los mismos nombres de los diversos Dicasterios y de las Oficinas de la Curia romana dan a entender cuáles son las realidades a favor de las cuales deben trabajar. Es decir, se trata de acciones fundamentales e importantes para toda la Iglesia y diría que para todo el mundo.

Al tener la Curia una tarea realmente muy amplia, me limitaré en esta ocasión a hablar genéricamente de la Curia ad extra, es decir, de algunos aspectos fundamentales, seleccionados, a partir de los cuales será fácil, en un futuro próximo, enumerar y profundizar los otros campos de actuación de la Curia.

La Curia y la relación con las Naciones

En este sector juega un papel fundamental la Diplomacia Vaticana que busca sincera y constantemente el que la Santa Sede sea un constructor de puentes, de paz y de diálogo entre las naciones. Y siendo una Diplomacia al servicio de la humanidad y del hombre, de mano tendida y de puerta abierta, se compromete a escuchar, a comprender, a ayudar, a plantear y a intervenir rápida y respetuosamente en cualquier situación para acortar distancias y para entablar confianza. El único interés de la Diplomacia Vaticana es estar libre de cualquier interés mundano o material.

La Santa Sede está presente en la escena mundial para colaborar con todas las personas y las naciones de buena voluntad y para repetir constantemente la importancia de proteger nuestra casa común frente a cualquier egoísmo destructivo; para afirmar que las guerras traen sólo muerte y destrucción; para sacar del pasado las lecciones necesarias que nos ayudan a vivir mejor el presente, a construir sólidamente el futuro y salvaguardarlo para las nuevas generaciones.

Los encuentros con los Jefes de las naciones y con las diversas delegaciones, junto a los Viajes apostólicos tienen el mismo sentido y objetivo.

Por eso se creó la Tercera Sección de la Secretaría de Estado, con la finalidad de manifestar la atención y la cercanía del Papa y de los superiores de la Secretaría de Estado al personal diplomático y también a los religiosos y a las religiosas, a los laicos y a las laicas que prestan trabajo en las Representaciones Pontificias. Una Sección que se ocupa de las cuestiones relativas a las personas que trabajan en el servicio diplomático de la Santa Sede, o que se preparan para ello, en estrecha colaboración con la Sección de Asuntos Generales y con la Sección para las Relaciones con los Estados[16].

Esta particular atención se basa en la doble dimensión del servicio del personal diplomático: pastores y diplomáticos, al servicio de las Iglesias particulares y de las naciones donde trabajan.

La Curia y las Iglesias particulares

La relación que une la Curia a las diócesis y a las eparquías es de máxima importancia. Estas encuentran en la Curia romana el apoyo y el soporte necesario. Es una relación que se basa en la colaboración, la confianza y nunca en la superioridad o el contraste. La fuente de esta relación está en el Decreto conciliar sobre el ministerio pastoral de los Obispos, en el que se explica más ampliamente que el trabajo de la Curia es «para bien de las Iglesias y al servicio de los sagrados Pastores»[17].

El punto de referencia de la Curia romana, de hecho, no es sólo el Obispo de Roma, del que le viene la autoridad, sino también las Iglesias particulares y sus Pastores en todo el mundo, para cuyo bien obra y actúa.

A esta característica de «servicio al Papa y a los obispos, a la Iglesia universal y a las Iglesias particulares» y al mundo entero, hice referencia en el primero de nuestros encuentros anuales, cuando subrayé que «en la Curia romana se aprende, “se respira” de un modo especial esta doble dimensión de la Iglesia, esta compenetración entre lo universal y lo particular; y me parece que ésta es una de las más bellas experiencias de quien vive y trabaja en Roma»[18].

Las visitas ad limina Apostolorum, en este sentido, representan una gran oportunidad de encuentro, diálogo y enriquecimiento mutuo. Por eso, en el encuentro con los obispos, he preferido tener un diálogo de escucha mutua, libre, reservado, sincero que va más allá de los esquemas protocolarios y el habitual intercambio de discursos y recomendaciones. También es importante el diálogo entre los Obispos y los distintos Dicasterios. Al retomar este año las visitas ad limina, después del año jubilar, los obispos me han confiado que han sido bien acogidos y escuchados por todos los Dicasterios. Esto me alegra mucho, y agradezco a los Jefes de los Dicasterios que están aquí presentes.

Permítanme también aquí, en este momento singular de la vida de la Iglesia, llamar vuestra atención sobre la próxima XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada bajo el tema: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Llamar a la Curia, a los Obispos y a toda la Iglesia a que presten una especial atención a los jóvenes, no quiere decir mirar sólo a ellos, sino también dirigir la mirada a un tema crucial para un gran número de relaciones y de urgencias: las relaciones intergeneracionales, la familia, los ámbitos de la pastoral, la vida social… Lo anuncia claramente el Documento preparatorio en su introducción: «La Iglesia ha decidido interrogarse sobre cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia. A través de los jóvenes, la Iglesia podrá percibir la voz del Señor que resuena también hoy. Como en otro tiempo Samuel (cf. 1 S 3,1-21) y Jeremías (cf. Jr 1,4-10), hay jóvenes que saben distinguir los signos de nuestro tiempo que el Espíritu señala. Escuchando sus aspiraciones podemos entrever el mundo del mañana que se aproxima y las vías que la Iglesia está llamada a recorrer»[19].

La Curia y las Iglesias orientales

La unidad y la comunión que existe en la relación entre la Iglesia de Roma y las Iglesias orientales representa un ejemplo concreto de riqueza en la diversidad para toda la Iglesia. Ellas, en la fidelidad a sus propias tradiciones de dos mil años y en la comunión eclesial experimentan y realizan la oración sacerdotal de Cristo (cf. Jn 17)[20].

En este sentido, en el último encuentro con los Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias orientales, hablando del «primado diaconal», señalé también la importancia de profundizar y revisar la delicada cuestión de la elección de los nuevos obispos y eparcas que debe corresponder, por una parte, a la autonomía de las Iglesias orientales y, al mismo tiempo, al espíritu de responsabilidad evangélica y al deseo de reforzar cada vez más la unidad con la Iglesia Católica. «El todo, en la más convencida aplicación de la auténtica praxis sinodal, que es característica de las Iglesias de Oriente»[21]. La elección de cada obispo debe reflejar y reforzar la unidad y la comunión entre el Sucesor de Pedro y todo el colegio episcopal[22].

La relación entre Roma y Oriente es de mutuo enriquecimiento espiritual y litúrgico. En realidad, la Iglesia de Roma no sería realmente católica sin las inestimables riquezas de las Iglesias orientales y sin el testimonio heroico de tantos hermanos y hermanas nuestros orientales que purifican la Iglesia aceptando el martirio y ofreciendo su vida para no negar a Cristo[23].

La Curia y el diálogo ecuménico

Nos quedan todavía los ámbitos en los que la Iglesia Católica está particularmente comprometida, especialmente después del Concilio Vaticano II. Entre estos, la unidad entre los cristianos que «es una exigencia esencial de nuestra fe, una exigencia que brota desde lo íntimo de nuestro ser creyentes en Jesucristo»[24]. Se trata de un verdadero «camino», pero, como muchas veces han repetido también mis Predecesores, es un camino irreversible y sin vuelta atrás. «La unidad se hace caminando, para recordar que cuando caminamos juntos, es decir, cuando nos encontramos como hermanos, rezamos juntos, trabajamos juntos en el anuncio del Evangelio y en el servicio a los últimos, ya estamos unidos. Todas las diferencias teológicas y eclesiológicas que todavía dividen a los cristianos serán superadas sólo por esta vía, sin que nosotros sepamos cómo y cuándo, pero esto sucederá según lo que el Espíritu Santo quiera sugerir para el bien de la Iglesia»[25].

La Curia trabaja en este campo para favorecer el encuentro con el hermano, para deshacer los nudos de las incomprensiones y las hostilidades, y para combatir los prejuicios y el miedo del otro, que han impedido ver la riqueza de y en la diversidad y la profundidad del misterio de Cristo y de la Iglesia que permanece siempre más grande que cualquier expresión humana.

Los encuentros mantenidos con los Papas, los Patriarcas y los Jefes de las diversas Iglesias y Comunidades siempre me han llenado de alegría y gratitud.

La Curia y el Judaísmo, el Islam y las otras religiones

La relación de la Curia Romana con las otras religiones se basa en la enseñanza del Concilio Vaticano II y en la necesidad del diálogo. «Porque la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro»[26]. El diálogo está construido sobre tres orientaciones fundamentales: «El deber de la identidad, porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valentía de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación»[27].

Los encuentros con las autoridades religiosas en varios viajes apostólicos y los encuentros en el Vaticano, son verdadera prueba de ello.

Estos son sólo algunos aspectos, importantes pero no exclusivos, del trabajo de la Curia ad extra. Hoy he elegido estos aspectos, vinculados al tema del «primado diaconal», los «sentidos institucionales» y «fieles antenas emisoras y receptoras».

Queridos hermanos:

Comencé este nuestro encuentro hablando de la Navidad como la fiesta de la fe, ahora quisiera concluirlo evidenciando que la Navidad nos recuerda que una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos interroga es una fe sobre la cual debemos preguntarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe estar animada; una fe que no nos conmueve es una fe que debe ser sacudida. En realidad, una fe solamente intelectual o tibia es sólo una propuesta de fe que para llegar a realizarse tendría que implicar al corazón, al alma, al espíritu y a todo nuestro ser, cuando se deje que Dios nazca y renazca en el pesebre del corazón, cuando permitimos que la estrella de Belén nos guíe hacia el lugar donde yace el Hijo de Dios, no entre los reyes y el lujo, sino entre los pobres y los humildes.

Ángel Silesio, en su Peregrino querúbico, escribió: «Depende sólo de ti: Ah si pudiera tu corazón ser un pesebre, Dios nacería niño de nuevo en la tierra»[28].

Con estas reflexiones renuevo mis más fervientes deseos de Feliz Navidad para vosotros y vuestros seres queridos.

Gracias.

Quisiera, como regalo de Navidad, dejaros esta versión italiana de la obra del beato Padre María Eugenio del Niño Jesús, Je veux voir DieuQuiero ver a Dios. Es una obra de teología espiritual; nos hará bien a todos. Quizás se puede leer no de seguido, sino buscando en el índice el punto que más interesa o que más necesito. Espero que nos aproveche a todos.

Y, además, el Cardenal Piacenza ha sido tan generoso que, con el trabajo de la Penitenciaría, y junto con Mons. Nykiel, ha realizado este libro: La fiesta del perdón, como fruto del Jubileo de la Misericordia; y ha querido también regalarlo. Damos las gracias al Cardenal Piacenza y a la Penitenciaría Apostólica. Os lo entregarán a todos a la salida.

¡Gracias!

[Bendición]

Y, por favor, rezad por mí.

 

[1] Cf. Giuseppe Dalla Torre, Sopra una storia della Gendarmeria Pontificia (19 octubre 2017).

[2] «Para apacentar el Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios, ordenados al bien de todo el Cuerpo» » (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium18).

[3] Cf. Saludo a los Padres y Arzobispos Mayores (9 octubre 2017).

[4] Catequesis en la Audiencia general (4 junio 2008).

[5] Cf. Juan Pablo II, Discurso en la reunión plenaria del Sacro Colegio de Cardenales (21 noviembre 1985), 4.

[6] 2,44: Funk, 138-166; cf. W. Rordorf, Liturgie et eschatologie, en Augustinianum 18 (1978), 153-161; Id., Que savons-nous des lieux de culte chrétiens de l’époque préconstantinienne?, en L’Orient Syrien 9 (1964), 39-60.

[7] Cf. Encuentro con los sacerdotes y los consagrados, Catedral de Milán (25 marzo 2017).

[8] «En cuanto a los diáconos de la Iglesia, que sean como los ojos del obispo, que saben ver todo lo que hay a su alrededor, escrutando las acciones de cada uno en la Iglesia, por si alguno se encuentra en peligro de pecar: de este modo, advertido por la amonestación del que preside, tal vez no llevará a cabo su pecado» (Carta de Clemente a Santiago, 12: Rehm 14-15, en Enrico Cattaneo, I Ministeri nella Chiesa Antica, Testi patristici dei primi tre secoli, ed. Paulinas, 1997, p. 696).

[9] Cf. Ejercicios Espirituales, n. 121: «La quinta contemplación será traer los cinco sentidos sobre la primera y la segunda contemplación».

[10] En el comentario de san Jerónimo al Evangelio de san Mateo se encuentra una curiosa comparación entre los cinco sentidos del organismo humano y las vírgenes de la parábola evangélica, las cuales se convierten en necias cuando no obran ya según el fin que se les ha asignado (cf. Comm. in Mt XXVPL 26, 184).

[11] El concepto de fidelidad es fuerte y elocuente porque subraya también la duración en el tiempo del compromiso asumido, remite a una virtud que, como dijo Benedicto XVI, «expresa muy bien el vínculo especial entre el Papa y sus directos colaboradores, tanto en la Curia Romana como en las Representaciones Pontificias» (Discurso a la Pontificia Academia Eclesiástica, 11 junio 2012).

[12] Ibíd.

[13] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, 18.

[14] «Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar “es más que oír”. Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Jn 14,17), para conocer lo que él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7)» (Discurso en el 50 aniversario del Sínodo de los Obispos, 17 octubre 2015).

[15] Cf. Lc 12,54-59; Mt 16,1-4; Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 11: «El Pueblo de Dios, movido por la fe, por la cual cree que es guiado por el Espíritu del Señor, que llena el orbe de la tierra, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos que comparte con sus contemporáneos, cuáles son los signos verdaderos de la presencia o del designio de Dios. Pues la fe ilumina todo con una luz nueva y manifiesta el plan divino sobre la vocación integral del hombre, y por ello dirige la mente hacia soluciones plenamente humanas».

[16] Cf. Carta Pontificia (18 octubre 2017); Comunicación de la Secretaría de Estado (21 noviembre 2017).

[17] Christus Dominus, 9.

[18] Discurso a la Curia romana (21 diciembre 2013); Cf. Pablo VI, Homilía por el 80 cumpleaños (16 octubre 1977): «Sí, Roma he amado, en continua inquietud de meditar y comprender el trascendente secreto, incapaz ciertamente de penetrarlo y vivirlo, pero apasionado siempre, como todavía lo son, de descubrir cómo y porqué “Cristo es Romano” (Cf. Dante, La Divina Comedia, Purgatorio, XXXII, 102) [] vuestra “conciencia romana”, haya de ella, al origen, la nativa ciudadanía de esta Urbe llena de presagios, o la permanencia de domicilio o la hospitalidad allí gozada; “conciencia romana” que aquí tiene virtud de infundir a quien sepa respirarte el sentido del humanismo universal» (Insegnamenti di Paolo VI, XV [1977], 1957).

[19] Sínodo de Obispos, Asamblea General Ordinaria XVLos jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, Introducción.

[20] Por una parte, la unidad que responde al don del Espíritu, encuentra su expresión natural y cargada de significado en la «unión indefectible con el Obispo de Roma» (Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Ecclesia in Medio Oriente, 40). Y por otra parte, estar incorporados en la comunión de todo el Cuerpo de Cristo, nos hace conscientes de tener que reforzar la unión y la solidaridad dentro de los varios Sínodos patriarcales, ‎‎«privilegiando en ellos el acuerdo en cuestiones de gran importancia para la Iglesia, con vistas a una acción colegial y unitaria» (ibíd.)‎.

[21] Discurso en el encuentro con los Patriarcas de las Iglesias Orientales y los Arzobispos Mayores (21 noviembre 2013).

[22] Junto a los Jefes y Padres, los Arzobispos y los Obispos orientales, en comunión ‎con el Papa, con la Curia y entre ellos, todos estamos llamados «a buscar siempre la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia y la mansedumbre» (cf. 1 Tm 6,11); [a adquirir] un estilo de vida sobrio a imagen de Cristo, que se despojó para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9); …  [a la] transparencia en la gestión de los bienes y atención por cada debilidad y necesidad» (Discurso en el encuentro con los Patriarcas de las Iglesias orientales católicas y los Arzobispos Mayores, Sala del Consistorio, 21 noviembre 2013).

[23] Nosotros «vemos a tantos de nuestros hermanos y hermanas cristianos de las Iglesias orientales experimentar persecuciones dramáticas y una diáspora cada vez más inquietante» (Homilía con ocasión del centenario de la Congregación para las Iglesias orientales y del Pontificio Instituto Oriental, Basílica de Santa María Mayor, 12 octubre 2017). «En estas situaciones nadie puede cerrar los ojos» (Mensaje en el centenario de fundación del Pontificio Instituto Oriental, 12 octubre 2017).

[24] Discurso a la Plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (10 noviembre 2016)‎.

[25] Ibíd.

[26] Discurso a los participantes en la Conferencia Internacional para la paz, Al-Azhar Conference Centre, El Cairo (28 abril 2017).

[27] Ibíd.

[28]«Es mangelt nur an dir: Ach, könnte nur dein Herz zu einer Krippe werden, Gott würde noch einmal ein Kind auf dieser Erden» (Ed. Paulinas, 1989, p. 170 [234-235])


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Felicitación del Papa a la Curia Vaticana

El Papa a la Curia pide superar la lógica de los complots y de los pequeños grupos

En el tradicional discurso de felicitaciones navideñas a sus colaboradores, Francisco reflexionó sobre la relación entre oficiales curiales y el mundo exterior: encerrados en sí mismos traicionarían el objetivo de su existencia

El Papa a la Curia pide superar la lógica de los complots y de los pequeños grupos

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Pubblicato il 21/12/2017
Ultima modifica il 21/12/2017 alle ore 12:54
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Hacer las reformas en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes», decía monseñor De Mérode, y Francisco, que llega a su quinto año de trabajo en las reformas y a su quinto discurso de felicitaciones navideñas a sus colaboradores romanos, explicó que «una Curia encerrada en sí misma estaría condenada a la auto-destrucción». Pidió que se superen las lógicas de los complots y de los pequeños círculos auto-referenciales, y no dejó de criticar a los «traidores de la confianza», es decir las personas seleccionadas para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma, pero que «se dejan corromper por la ambición o la vanagloria».

 

El Papa recordó que la Curia está, «estructuralmente y desde siempre, vinculada con la función primacial del Obispo de Roma en la Iglesia». Si permaneciera cerrada en sí misma, traicionaría, pues, el objetivo de su existencia y caería en la auto-referencialidad. La Curia fue proyectada desde su origen “ad extra”, expresión de un «primado diaconal», el del siervo de los siervos de Dios.

 

Precisamente esta naturaleza que impulsa a salir de sí es «muy importante para superar la desequilibrada y degenerada lógica de los complots y de los pequeños grupos que en realidad representan (a pesar de todas sus justificaciones y buenas intenciones) un cáncer que lleva a la auto-referencialidad, que se infiltra incluso en los organismos eclesiales en cuanto tales y, particularmente, en las personas que trabajan en la Curia romana». Después el Papa recordó con duras palabras la actitud, es más el «peligro» que representan los «traidores de la confianza» o «aprovechados de la maternidad de la Iglesia». ¿Quiénes son? Bergoglio parece tener algunos casos muy claros: dijo que son «personas que son seleccionadas cuidadosamente para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma, pero (sin comprender la altura de su responsabilidad), se dejan corromper por la ambición o por la vanagloria, y cuando son alejadas delicadamente se auto-declaran equivocadamente mártires del sistema, del “Papa poco informado”, de la “vieja guardia”… en lugar de recitar el “mea culpa”».

 

«Al lado de estas personas –afirmó Francisco– hay también otras que todavía trabajan en ella, a las que se da todo el tiempo para retomar la justa vía, con al esperanza de que encuentren en la paciencia de la Iglesia una oportunidad para convertirse y no para aprovecharse. Ello, claramente, sin olvidar a la mayor parte de las personas fieles que trabajan en ella con alabable empeño, fidelidad, competencia, dedicación y también tanta santidad».

 

El Papa explicó que la Curia debe funcionar como una antena y debe captar las instancias, las preguntas, las peticiones, los gritos, las alegrías y las lágrimas de las Iglesias del mundo para transmitirlas al Obispo de Roma. E indicó algunos ámbitos de trabajo, empezando por la relación con las naciones. La Santa Sede es una constructora de puentes y, estando su diplomacia a su servicio, «se compromete en escuchar, comprender, ayudar, levantar e intervenir con prontitud y respeto en cualquier situación para acercar las distancias y para que se intensifique la confianza. El único interés de la diplomacia vaticana es el de ser libre de cualquier interés mundano o material».

 

Después de haberse referido a la recién nacida Tercera Sección de la Secretaría de Estado, Francisco recordó la relación que existe entre la Curia romana y las diócesis, basada en la «colaboración, en la confianza y nunca en la superioridad o la adversidad». El Papa también habló sobre el próximo Sínodo sobre los jóvenes y después se detuvo a reflexionar sobre las relaciones con las Iglesias Orientales, pidiendo «revisar la delicada cuestión de la elección de los nuevos obispos», e insistiendo en que el diálogo ecuménico es «un camino irreversible y no en reversa». Un camino que debe comenzar desde abajo, para caminar juntos sirviendo a los últimos. «La Curia opera en este campo para favorecer el encuentro con el hermano, para deshacer los nudos de las incomprensiones y de las hostilidades, y para contrarrestar los prejuicios y el miedo del otro».

 

Para concluir, Bergoglio habló sobre la relación de la Curia con el hebraísmo, el islam y las demás confesiones, basado en un diálogo construido sobre tres directrices: «el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones». Quien es «diferente de mí, cultural o religiosamente, no debe ser visto ni tratado como un enemigo, sino acogido como un compañero de camino». El Papa concluyó recordando que «una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos interroga es una fe sobre la que debemos interrogarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe ser animada; una fe que no se sacude es una fe que debe ser sacudida».


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Comisión de Cardenales y reforma de la Curia Vaticana. Nota oficial.

Briefing del Director de la Oficina de Prensa, Greg Burke, sobre la XXII reunión de los cardenales consejeros con el Santo Padre Francisco.

A las 13,00, el Director de la Oficina de Prensa, Greg Burke, ha informado  sobre la XXII reunión de los cardenales consejeros con el Santo Padre Francisco. El Consejo de Cardenales se ha reunido  durante tres días: el lunes 11, el martes 12 y el miércoles 13 de diciembre. Todos los miembros del Consejo estuvieron presentes, excepto Su Eminencia el cardenal George Pell, y Su Eminencia el cardenal Laurent Monsengwo Pasinya, que llegó el lunes por la tarde debido a la cancelación de su vuelo por el mal tiempo.
El Santo Padre estuvo presente en todas las reuniones, excepto la de esta mañana a causa de la audiencia general.
Ayer tarde  la reunión fue más breve de lo previsto para que los cardenales participasen en la santa misa presidida por el Papa con motivo de la festividad  litúrgica de la Santísima Virgen María de Guadalupe.
Las sesiones de trabajo se han llevado a cabo por  la mañana de 9.00 a 12.30 horas y por la tarde de 16.30 a 19.00 horas,  y  de  nuevo han estado dedicadas -en parte- a una reflexión sobre la Curia como instrumento de evangelización y de servicio al Papa y a las iglesias locales.
Además, los cardenales profundizaron cuestiones relacionadas con  cuatro dicasterios: el Clero, la Evangelización de los Pueblos, la Educación Católica y la Cultura.
Una parte importante de los  trabajos estuvo dedicada a los informes presentados por los Superiores del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida; de la Secretaría para la Comunicación y de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio  para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
S. E. el cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, ilustró la formación del nuevo dicasterio, instituido el 1 de septiembre de 2016, con una atención especial a la relación del dicasterio por los jóvenes.
Mons. Dario Edoardo Viganò, Prefecto de la Secretaría para Comunicación, presentó el último tramo del camino hacia la reforma. Se ilustró  la organización del dicasterio y de las diferentes direcciones , a partir de la cual se elaborará el organigrama  del nuevo dicasterio que se someterá a la aprobación de la Secretaría de Estado. Además, retomando el proyecto presentado al inicio de la reforma de los medios de comunicación vaticanos  se  explicó  cómo hasta la fecha  se han respetado las tareas: la timeline, la reducción de personal (en la medida de lo posible) y la reducción de costos. A continuación,  se ilustró el nuevo procedimiento de  producción multimedia y el nuevo  portal, que será presentado en los próximos días en versión Beta y que no es la reforma, pero es, sin duda,  una primera expresión visible y concreta de la misma. Además se dieron a conocer los nuevos logos que mostrarán la unidad en la diferencia.
Se reiteró que la Secretaría para la  Comunicación  no es una oficina sino un dicasterio de la Santa Sede y se abordaron algunos temas  relacionados con los aspectos económico-administrativos. Se ha confirmado  que a partir del 1 de enero de 2018 entrará a formar parte del dicasterio el grupo de la Tipografía  Vaticana, que incluye L’Osservatore Romano y el Servicio Fotográfico del Vaticano.
Los cardenales escucharon después al Padre M. Czerny S.J. y al padre Fabio Baggio C.C. , subsecretarios de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio  para el Servicio del  Desarrollo Humano Integral, El P. Czerny y  el P. Baggio explicaron el proceso de organización de la Sección colocada ad tempus bajo la guía del Santo Padre. El personal está formado ahora por  21 personas entre miembros a tiempo completo y voluntarios. Todas las actividades promovidas en 2017 son una emanación  de su misión dentro del Dicasterio  para el Servicio del  Desarrollo Humano Integral l, que consiste en ayudar a las Iglesias locales en el diseño y la realización de una respuesta pastoral eficaz y adecuada a los desafíos del mundo contemporáneo en relación con los migrantes , refugiados y víctimas de la trata. Entre las principales actividades: la recopilación y codificación de información sobre cuestiones migratorias directamente desde la base, la realización de varias campañas de social media a favor de una narrativa positiva sobre migrantes y refugiados, la producción de un documento (20 Action Points)  de cara a los    Global Compacts de 2018 sobre migrantes y refugiados y la elaboración de una estrategia mundial con los principales protagonistas católicos (Secretaría de Estado, conferencias episcopales, ONG católicas y congregaciones religiosas), y  la asistencia directa a algunas conferencias episcopales.
S.E. el  cardenal Sean Patrick O’Malley actualizó a los otros miembros del Consejo con respecto al trabajo de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, especialmente en relación con la labor de asistencia a las Iglesias locales.
La próxima reunión del Consejo de Cardenales tendrá lugar los días 26, 27 y 28 de febrero de 2018.