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El discurso del Papa a la agencia IFAD de la FAO

2019.02.14 Papa con participantes en Asamblea del FIDA2019.02.14 Papa con participantes en Asamblea del FIDA  (Vatican Media)

El Papa: El hombre no es propietario de la naturaleza es sólo su gerente

El Santo Padre partió esta mañana a la sede de la FAO al IV encuentro mundial del Foro de los pueblos Indígenas, que concluyó ayer su sesión, en la 42 Asamblea del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, FIDA, una agencia de las Naciones Unidas. Es la tercera vez que Francisco visita la FAO, las otras dos veces fueron el 20 de noviembre del 2014 y el 16 de octubre del 2017. El 13 de junio del 2016 visitó el PAM, Programa Mundial de Alimentos

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Coincidiendo con las sesiones del Consejo de Gobernadores, celebraron la cuarta reunión mundial del Foro de los pueblos indígenas, convocada por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). A los participantes del Foro, Francisco les recordó el tema de sus trabajos: “fomentar los conocimientos y las innovaciones de los pueblos originarios en pro de la resiliencia al cambio climático y el desarrollo sostenible”.

Como les dijo el Papa, el hecho de estar reunidos en este foro muestra que las cuestiones ambientales son de extrema importancia y “nos invita a dirigir nuevamente la mirada a nuestro planeta, herido en muchas regiones por la avidez humana, por conflictos bélicos que engendran un caudal de males y desgracias, así como por las catástrofes naturales que dejan a su paso penuria y devastación. No podemos seguir ignorando estos flagelos, respondiendo a ellos desde la indiferencia o la insolidaridad o posponiendo las medidas que eficazmente los afronten”.

Por el contrario, afirmó, solo un vigoroso sentido de fraternidad fortalecerá nuestras manos para socorrer hoy a quienes lo precisan y abrir la puerta del mañana a las generaciones que vienen detrás de nosotros. Además, Francisco recordó a los presentes, que Dios creó la tierra para beneficio de todos, para que fuera un espacio acogedor en el que nadie se sintiera excluido y todos pudiéramos encontrar un hogar.

El hombre es gerente de la Naturaleza

Nuestro planeta es rico en recursos naturales. Y los pueblos originarios, con su copiosa variedad de lenguas, culturas, tradiciones, conocimientos y métodos ancestrales, se convierten para todos en una llamada de atención que pone de relieve que el hombre no es propietario de la naturaleza, sino solo el gerente, aquel que tiene como vocación velar por ella con esmero, para que no se pierda su biodiversidad, y el agua pueda seguir siendo sana y cristalina, el aire puro, los bosques frondosos y el suelo fértil.

Los pueblos indígenas nos recuerdan el cuidado de la Casa Común

Los pueblos indígenas son un grito viviente a favor de la esperanza. El Papa nos dice que los pueblos indígenas nos recuerdan que los seres humanos tenemos una responsabilidad compartida en el cuidado de la “casa común”. Y si determinadas decisiones tomadas hasta ahora la han estropeado, nunca es demasiado tarde para aprender la lección y adquirir un nuevo estilo de vida. Se trata, dijo, de adoptar una manera de proceder que, dejando atrás planteamientos superficiales y hábitos nocivos y explotadores, supere el individualismo atroz, el consumismo convulsivo y el frío egoísmo.

“La tierra sufre y los pueblos originarios saben del diálogo con la tierra, saben lo que es escuchar la tierra, ver la tierra, tocar la tierra. Saben el arte del bien vivir en armonía con la tierra. Y eso lo tenemos que aprender quienes quizás estemos tentados en una suerte de ilusión progresista a costillas de la tierra. No olvidemos nunca el dicho de nuestros abuelos: “Dios perdona siempre, los hombres perdonamos algunas veces, la naturaleza no perdona nunca”. Y lo estamos viendo, por el maltrato y la explotación. A ustedes, que saben dialogar con la tierra, se les confía el transmitirnos esta sabiduría ancestral”.

El Papa alienta a  los presentes

El Santo Padre agradeció a los presentes por el tesón con que afirman que la tierra no está únicamente para explotarla sin miramiento alguno. Gracias, les dijo,  por alzar su voz para aseverar que el respeto debido al medio ambiente ha de ser siempre salvaguardado por encima de intereses exclusivamente económicos y financieros. La experiencia del FIDA, su competencia técnica, así como los medios de los que dispone, prestan un valioso servicio para roturar caminos que reconozcan que «un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso» (Carta enc. Laudato si’, 194).

“Y, en el imaginario colectivo nuestro, también hay un peligro: los pueblos así llamados civilizados “somos de primera” y los pueblos así llamados originarios o indígenas “somos de segunda”. No. Es el gran error de un progreso desarraigado, desmadrado de la tierra. Es necesario que ambos pueblos dialoguen. Hoy urge un “mestizaje cultural” donde la sabiduría de los pueblos originarios pueda dialogar al mismo nivel con la sabiduría de los pueblos más desarrollados, sin anular. “Mestizaje cultural” sería la meta hacia la cual tenemos que seguir con la misma dignidad.”

Y los animó a seguir adelante, suplicando a Dios que no deje de acompañar con sus bendiciones a sus comunidades y a quienes en el FIDA trabajan por tutelar a cuantos viven en las zonas rurales y más pobres del planeta. Si unimos fuerzas y, en espíritu constructivo, dijo por último, entablamos un diálogo paciente y generoso, acabaremos tomando mayor conciencia de que tenemos necesidad los unos de los otros; de que una actuación dañina con el entorno que nos rodea repercute negativamente también en la serenidad y fluidez de la convivencia; de que los indigentes no pueden seguir padeciendo injusticias y los jóvenes tienen derecho a un mundo mejor que el nuestro y aguardan de nosotros respuestas consecuentes y convincentes.


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El Papa en la FAO (FIDA): alimentación y agricultura

Papa Francisco en la sede de la FAO en Roma. Papa Francisco en la sede de la FAO en Roma.  

Papa al personal de FIDA: tengan entusiasmo, busquen los rostros, amen

El Papa Francisco agradece al personal del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola de la ONU por la labor que realizan y asegura que quien ama “tiene la imaginación para encontrar soluciones donde otros sólo ven problemas”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

En la sede de la FAO en Roma el Papa Francisco se reúne con el personal de FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola de la ONU) y les agradece por “ir contracorriente” en una época en la que se ve una desaceleración en la reducción de la pobreza extrema y un aumento en la concentración de la riqueza en manos de unos pocos: “Pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco. Muchos no tienen comida y se van a la deriva, mientras que unos pocos se ahogan en lo superfluo” y asegura que esta corriente perversa de desigualdad “es desastrosa para el futuro de la humanidad”.

Un discurso en el que también quiso agradecer a los trabajadores de dicha institución que lucha contra el hambre y la miseria en el mundo por su trabajo silencioso, “a menudo oculto” – señaló el Papa – “como las raíces de un árbol, no se ven, pero de ahí viene la savia que nutre toda la planta” puntualizó.

El secreto está en mantener altas motivaciones

El Santo Padre también les incentivó a “ir adelante”, y explicó que eso significa “continuar su trabajo con un compromiso renovado, sin cansarse, sin perder la esperanza, sin rendirse a la resignación pensando que es sólo una gota en el mar” y les mostró que el secreto para superar los peligros del pesimismo, la mediocridad y la habitabilidad está en “mantener y alimentar altas motivaciones”. De esta manera – subrayó – “uno pone entusiasmo en lo que hace día a día”. Un entusiasmo que puede ser entendido como “poner a Dios en lo que hacemos” subrayó.

Dios es la clave para no cansarse

El Pontífice, hablando de las experiencias personales, recordó a los trabajadores de la FIDA que cada uno de nosotros muchas veces hemos comenzado de nuevo en nuestras vidas al igual que Dios, quien “no se cansa de empezar de nuevo”, “no se cansa de hacer el bien” y “no se cansa de dar esperanza”, asegurando que Él “es la clave para no cansarse”.

Creyentes y no creyentes: todos pueden hacer y desear el bien

Seguidamente, invitó a rezar “a aquellos que pueden rezar” especificó – ya que “ayuda a recargar las baterías con energía limpia”. Y la persona que no puede rezar porque no es creyente – puntualizó – “debe agrandar su corazón y desear el bien”.

Ponerse en los zapatos del otro es fundamental para entender su situación

Entre sus palabras, no faltaron algunos consejos para realizar bien este tipo de servicio, asegurando que “se necesita combinar a la competencia, una particular sensibilidad humana”. “Deben cultivar siempre la vida interior y los sentimientos que dilatan el corazón y ennoblecen a las personas y pueblos” – señaló – pues “son tesoros que valen más que cualquier bien material”. Así mismo les invitó a buscar en cada documento con el que trabajan, “un rostro” y “ponerse en sus zapatos” para entender mejor su situación.

Para avanzar necesitamos amar

Por último, Francisco quiso recordar las palabras de San Juan de la Cruz cuando dijo “El alma que camina en el amor no aburre a los demás, ni se cansa a sí misma” para asegurar ante los presentes que “para avanzar necesitamos amar”, pues quien ama – finalizó el Papa – “tiene la imaginación para encontrar soluciones donde otros sólo ven problemas”.


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Haití, Guatemala y Colombia en un plan conjunto contra el hambre y el subdesarrollo agrícola en América Latina.

Haití, Guatemala y Colombia, clave para reducir el hambre en América Latina

Maria Fleischmann/World Bank
Tres mujeres siembran en una granja de Chimaltenango, Guatemala.

4 Agosto 2018

Tres agencias de la ONU se han unido para desarrollar acciones conjuntas en estos países para erradicar la pobreza y el hambre, promover el desarrollo rural y agrícola, y prevenir y gestionar los desastres de origen natural.

El Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) anunciaron que profundizarán su colaboración en América Latina y el Caribe, con un énfasis especial en Haití, Guatemala y Colombia.

El acuerdo regional responde a un acuerdo global entre las agencias de multiplicar esfuerzos para intensificar las acciones de superación de la pobreza y el hambre en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La alianza busca mejorar la eficacia en el trabajo de las tres agencias, dando una respuesta de mayor calidad a los países y ahorrando los escasos recursos que muchas veces se aplican en gastos duplicados.

“Un tema importante de trabajo es la pobreza rural y el cambio climático. Lamentablemente las comunidades más golpeadas por las consecuencias del cambio climático como inundaciones, sequías, huracanes o incendios están en las zonas más pobres, las zonas de montaña o las comunidades costeras. Entonces necesitamos redoblar los esfuerzos, canalizar más recursos y territorios, repensar las políticas públicas, repensar la institucionalidad y generar nuevas alianzas para llegar con más intensidad a estos territorios”, explica Adoniram Sanches, coordinador regional de programas de la FAO.

ONU/Logan Abassi
Mujer preparando comida en Haití.

¿Por qué Haití, Guatemala y Colombia?

“Hay un tema que unifica a los tres países. Aunque Haití es la nación que tiene mayores índices de hambre y pobreza en la región, al igual que Guatemala y Colombia, tiene algunos territorios donde existe un núcleo duro de hambre que predomina”, asegura Sanches.

Un informe de la FAO y la Organización Mundial de la Salud reveló el año pasado que después de varios años de mejoras progresivas, el hambre en América Latina aumentó en un 6%.

La peor situación en términos de prevalencia de subalimentación la representa Haití, donde casi el 47% de la población, es decir cinco millones de personas, sufren hambre. Es por ello por lo que el país es un foco importante de las agencias de la ONU, que buscan fortalecer los sistemas de protección social, la agricultura y la resistencia a los desastres naturales.

Aunque la cifra de personas con inseguridad alimentaria es la mitad que en Haití (2,5 millones), Guatemala también hace parte de los 44 países a nivel mundial que se encuentran en la escala “grave” de hambre, conforme al último estudio de índices globales.

En el país centroamericano existen causas estructurales que afectan la seguridad alimentaria, tales como el aumento de la pobreza, los problemas de tenencia de tierra y el cambio climático, que ha impactado a más de 300.000 familias desde 2014.

FAO entra con toda la asistencia técnica para producir los alimentos, el PMA con todo el tema de logística, el FIDA financiando proyectos.

El año pasado, el país aprobó una ley de Alimentación Escolar que beneficia actualmente a más de 2,2 millones de niños y niñas de 33.000 centros educativos. La legislación promueve la compra de alimentos de productores locales y fomenta la agricultura familiar.  El nuevo acuerdo busca reforzar el apoyo en su implementación.

“FAO entra con toda la asistencia técnica para producir los alimentos, el PMA con todo el tema de logística, el FIDA financiando proyectos y así se van creando circuitos cortos de alimentos frescos y saludables fomentando el crecimiento económico”, explica Sanches.

Por su parte Colombia, aunque no hace parte de la lista “crítica” de países con inseguridad alimentaria grave, también presenta varios desafíos, especialmente en el marco del proceso de paz entre el Gobierno y las FARC-EP.

“Colombia es distinto a Guatemala y Haití, en cuanto a su perfil político y los llamados territorios de paz. Las familias que estaban involucradas en las guerrillas eran y son agricultores. Entonces se trata de retomar con procesos productivos a los territorios que estaban rezagados por mucho tiempo, un desafío bastante interesante tanto como para el Gobierno como para las tres agencias del acuerdo”, asegura el coordinador de programas de la FAO, agregando que jefes de Estado de la región se han comprometido en varias ocasiones a apoyar con todas las medidas posibles el acuerdo de paz de Colombia. “La paz es un valor global. Colombia está en el radar de la ONU y es un país prioritario”.

Adoniram Sanches explica que existe otro elemento que une a los tres países además de los focos de hambre. Se trata de la falta de coordinación institucional.

Es insuficiente. Los ministerios, las fundaciones, los institutos trabajan de manera aislada, fragmentada. Cuando se mezcla por ejemplo cambio climático con el hambre, es necesario un enfoque interinstitucional. Que el Ministerio de Agricultura hable con el de Alimentación, y con el Ministerio del Desarrollo Social y el del Medio Ambiente, y puedan coordinar una respuesta focalizada”, dice.

FAO
Plantación de café cerca de Manizales, Colombia.

Los avances que se esperan

El acuerdo entre FAO, FIDA y PMA busca lograr avances específicos en tres frentes. El primero se trata de mantener un sistema de protección social “potente y funcional a favor de los más pobres”, asegura Sanches.

“Si logramos rebajar el hambre por tantos años consecutivos es porque el Estado funcionó bien, se focalizaron las políticas y se incrementó el gasto público llegando a los núcleos duros de la pobreza. A pesar de las cuestiones económicas no se puede bajar la guardia y se debe mantener el foco en la pobreza”, explica.

Si logramos rebajar el hambre por tantos años consecutivos es porque el Estado funcionó bien, se focalizaron las políticas y se incrementó el gasto público llegando a los núcleos duros de la pobreza.

Un segundo frente se trata de la ya mencionada institucionalidad: “tiene que rediseñarse, los desafíos son nuevos y distintos, algunas estructuras funcionales que tenemos en los Gobiernos hoy en día vienen de los años 70 y 80 y necesitan revisadas, teniendo en cuenta los factores ambientales, económicos y sociales”.

Finalmente, asegura el representante de la FAO, se debe poner énfasis a crear sistemas de producción más resilientes en las zonas rurales.

Hay que estar más preparados para absorber los shocks externos del cambio climático que estarán presentes en la región por mucho tiempo. Debemos crear una nueva perspectiva para administrar los recursos naturales. La crisis no es temporal, es permanente y duradera y tenemos que adaptar a las familias a convivir con estos fenómenos manteniendo el crecimiento y la productividad”.

Si todos estos objetivos se logran, y se reduce la pobreza y el hambre en Guatemala, Haití y Colombia, se dará un paso adelante en América Latina

Si tratamos ese grupo de tres países podremos volver a reducir ese 6% de personas con inseguridad alimentaria en la región”.


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La agricultura y el cambio climático. FAO

FAO: El cambio climático causa malnutricion e inseguridad alimentaria a millones de personas

Niño recibiendo tratamiento para la desnutrición aguda en un hospital de Hajjah, en Yemen. Foto: PMA/Abeer Etefa.

14 de noviembre, 2017 — Al menos una quinta parte de las emisiones totales de gases de efecto invernadero se puede atribuir a los sectores agrícolas, advirtió hoy el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP 23).

José Graziano da Silva dijo que las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera por parte de los sectores agrícolas aumentarán en el futuro, a menos que el mundo adopte formas sostenibles de producción y consumo de alimentos.

El perjuicio que supone el cambio climático “arrastra a millones de personas en un círculo vicioso de inseguridad alimentaria, malnutrición y pobreza”, destacó Da Silva.

El director general de la FAO señaló que para disminuir y adaptarse al cambio climático se ha de integrar a todo el sistema alimentario: de la producción al transporte, de la elaboración al consumo de alimentos y tanto en las zonas rurales como en las urbanas.

Entre las soluciones propuestas para abordar el problema del hambre y la sostenibilidad, Graziano destacó que es necesario reducir la deforestación, recuperar las tierras y los bosques degradados, acabar con el desperdicio de alimentos y criar ganado con bajas emisiones de carbono.


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El Papa en la FAO de Roma. Crónica-comentario

“Guerras y cambios climáticos no son una enfermedad incurable”

El Papa a la FAO: los migrantes «no podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas». Regala una estatua del pequeño Aylan y critica a Trump sobre el acuerdo de París
AP

El Papa Francisco en la sede romana de la FAO

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Pubblicato il 16/10/2017
Ultima modifica il 16/10/2017 alle ore 11:50
IACOPO SCARAMUZZI
ROMA

«Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable». El Papa Francisco visita la sede de la FAO (Food and Agriculture Organization de la ONU) y, en un largo discurso en español, hace un llamado a una mejor distribución alimenticia en el mundo, subrayando que «reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente». Una estocada implícita del Papa a Donald Trump, en relación con el acuerdo del clima de París, del que «por desgracia, algunos se están alejando», y una exhortación a «buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático». Un fuerte llamado a favor de las personas que migran huyendo del hambre: «No podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas», dijo Francisco, quien pidió a la diplomacia no «atrincherarse detrás de sofismas lingüísticos que no hacen honor a la diplomacia, reduciéndola del “arte de lo posible” a un ejercicio estéril para justificar los egoísmos y la inactividad». Apoyando el pacto mundial promovido por la ONU para una migración segura, regular y ordenada, el Papa regaló a la sede romana de la FAO una estatua del pequeño refugiado sirio Aylan, que murió en una playa sin poder concluir su viaje hacia Europa. «¿Sería exagerado —se preguntó— introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia?»

 

« Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable», dijo Francisco acusando las «especulaciones» sobre los recursos alimenticios, que «favorecen los conflictos y el despilfarro» y hacen que aumente «el número de los últimos de la tierra que buscan un futuro lejos de sus territorios de origen. Ante esta situación podemos y debemos cambiar el rumbo. Frente al aumento de la demanda de alimentos es preciso que los frutos de la tierra estén a disposición de todos. Para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema; pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente».

 

 

Después de haberse referido a la decisión de crear la FAO, el 16 de octubre de 1945, el Papa afirmó que hay que renovar ese compromiso que le dio nacimiento en la actualidad, porque «la realidad actual reclama una mayor responsabilidad a todos los niveles, no sólo para garantizar la producción necesaria o la equitativa distribución de los frutos de la tierra ―esto debería darse por descontado―, sino sobre todo para garantizar el derecho de todo ser humano a alimentarse según sus propias necesidades, tomando parte además en las decisiones que lo afectan y en la realización de las propias aspiraciones, sin tener que separarse de sus seres queridos». Y aunque ahora la cooperación está «cada vez más condicionada por compromisos parciales, llegando incluso a limitar las ayudas en las emergencias», es muy urgente «encontrar nuevos caminos para transformar las posibilidades de que disponemos en una garantía que permita a cada persona encarar el futuro con fundada confianza, y no sólo con alguna ilusión».

 

Así, el escenario «de las relaciones internacionales manifiesta una creciente capacidad de dar respuestas a las expectativas de la familia humana, también con la contribución de la ciencia y de la técnica, las cuales, estudiando los problemas, proponen soluciones adecuadas. Sin embargo, estos nuevos logros no consiguen eliminar la exclusión de gran parte de la población mundial: ¿cuántas son las víctimas de la desnutrición, de las guerras, de los cambios climáticos? ¿Cuántos carecen de trabajo o de los bienes básicos y se ven obligados a dejar su tierra, exponiéndose a muchas y terribles formas de explotación?».

 

«La relación entre el hambre y las migraciones —afirmó duramente el Papa— sólo se puede afrontar si vamos a la raíz del problema. A este respecto, los estudios realizados por las Naciones Unidas, como tantos otros llevados a cabo por Organizaciones de la sociedad civil, concuerdan en que son dos los principales obstáculos que hay que superar: los conflictos y los cambios climáticos».

 

«¿Cómo se pueden superarlos conflictos?», se preguntó Francisco. Antes que nada, respondió, refiriéndose, por ejemplo, a «poblaciones martirizadas por unas guerras que duran ya decenas de años, y que se podían haber evitado o al menos detenido, y sin embargo propagan efectos tan desastrosos y crueles como la inseguridad alimentaria y el desplazamiento forzoso de personas. Se necesita —indicó Jorge Mario Bergoglio— buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas, así como para remediar la funesta plaga del tráfico de armas. ¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?».

 

En relación con los cambios climáticos, afirmó el Papa, «vemos sus consecuencias todos los días. Gracias a los conocimientos científicos, sabemos cómo se han de afrontar los problemas; y la comunidad internacional ha ido elaborando también los instrumentos jurídicos necesarios, como, por ejemplo, el Acuerdo de París, del que, por desgracia, algunos se están alejando —dijo el Papa refiriéndose evidentemente al presidente de los Estados Unidos Donald Trump. Sin embargo, reaparece la negligencia hacia los delicados equilibrios de los ecosistemas, la presunción de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, la avidez del beneficio. Por tanto, es necesario esforzarse en favor de un consenso concreto y práctico si se quieren evitar los efectos más trágicos, que continuarán recayendo sobre las personas más pobres e indefensas. Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio. No podemos conformarnos con decir “otro lo hará”».

 

 

«Por eso —continuó—, me hago a mí mismo, y también a vosotros, una pregunta: ¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término «humanitario», tan usado en la actividad internacional. Amar a los hermanos, tomando la iniciativa, sin esperar a ser correspondidos, es el principio evangélico que encuentra también expresión en muchas culturas y religiones, convirtiéndose en principio de humanidad en el lenguaje de las relaciones internacionales. Es menester que la diplomacia y las instituciones multilaterales alimenten y organicen esta capacidad de amar, porque es la vía maestra que garantiza, no sólo la seguridad alimentaria, sino la seguridad humana en su aspecto global. No podemos actuar sólo si los demás lo hacen, ni limitarnos a tener piedad, porque la piedad se limita a las ayudas de emergencia, mientras que el amor inspira la justicia y es esencial para llevar a cabo un orden social justo entre realidades distintas que aspiran al encuentro recíproco. Amar significa contribuir a que cada país aumente la producción y llegue a una autosuficiencia alimentaria. Amar se traduce en pensar en nuevos modelos de desarrollo y de consumo, y en adoptar políticas que no empeoren la situación de las poblaciones menos avanzadas o su dependencia externa. Amar significa no seguir dividiendo a la familia humana entre los que gozan de lo superfluo y los que carecen de lo necesario».

 

La comunidad internacional, explicó Francisco, tiene consciencia sobre el peligro de las armas de destrucción masiva, pero «¿somos igualmente conscientes de los efectos de la pobreza y de la exclusión?», preguntó. «¿Cómo detener a personas dispuestas a arriesgarlo todo, a generaciones enteras que pueden desaparecer porque carecen del pan cotidiano, o son víctimas de la violencia o de los cambios climáticos? Se desplazan hacia donde ven una luz o perciben una esperanza de vida. No podrán ser detenidas —afirmó— por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas. Sólo una aplicación coherente del principio de humanidad lo puede conseguir. En cambio, vemos que se disminuye la ayuda pública al desarrollo y se limita la actividad de las Instituciones multilaterales, mientras se recurre a acuerdos bilaterales que subordinan la cooperación al cumplimiento de agendas y alianzas particulares o, sencillamente, a una momentánea tranquilidad. Por el contrario, la gestión de la movilidad humana requiere una acción intergubernamental coordinada y sistemática de acuerdo con las normas internacionales existentes, e impregnada de amor e inteligencia. Su objetivo es un encuentro de pueblos que enriquezca a todos y genere unión y diálogo, no exclusión ni vulnerabilidad».

 

 

«Aquí —añadió con énfasis el Pontífice— permitidme que me una al debate sobre la vulnerabilidad, que causa división a nivel internacional cuando se habla de inmigrantes. Vulnerable es el que está en situación de inferioridad y no puede defenderse, no tiene medios, es decir sufre una exclusión. Y lo está obligado por la violencia, por las situaciones naturales o, aún peor, por la indiferencia, la intolerancia e incluso por el odio. Ante esta situación, es justo identificar las causas para actuar con la competencia necesaria. Pero no es aceptable que, para evitar el compromiso, se tienda a atrincherarse detrás de sofismas lingüísticos que no hacen honor a la diplomacia, reduciéndola del “arte de lo posible” a un ejercicio estéril para justificar los egoísmos y la inactividad. Lo deseable es que todo esto se tenga en cuenta a la hora de elaborar el Pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada, que se está realizando actualmente en el seno de las Naciones Unidas».

 

«Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: “Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados”», dijo el Papa. «Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia. Es necesario que a todos los niveles se dialogue de manera amplia y sincera, para que se encuentren las mejores soluciones y se madure una nueva relación entre los diversos actores del escenario internacional, caracterizada por la responsabilidad recíproca, la solidaridad y la comunión. El yugo de la miseria generado por los desplazamientos muchas veces trágicos de los emigrantes puede ser eliminado mediante una prevención consistente en proyectos de desarrollo que creen trabajo y capacidad de respuesta a las crisis medioambientales. Es verdad, la prevención cuesta mucho menos que los efectos provocados por la degradación de las tierras o la contaminación de las aguas, flagelos que azotan las zonas neurálgicas del planeta, en donde la pobreza es la única ley, las enfermedades aumentan y la esperanza de vida disminuye».

 

El Papa concluyó expresando su deseo (que suscitó una ovación entre los que escuchaban su discurso), de que «cada uno descubra, en el silencio de la propia fe o de las propias convicciones, las motivaciones, los principios y las aportaciones para infundir en la FAO, y en las demás Instituciones intergubernamentales, el valor de mejorar y trabajar infatigablemente por el bien de la familia humana».

 

El Papa había visitado la FAO en 2014 y ahora volvió para participar en la Jornada Mundial de la Alimentación, dedicada en esta ocasión al tema: «Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimenticia y en el desarrollo rural». Francisco llegó poco antes de las 9 de la mañana, fue recibido por el director general de la FAO, el brasileño José Graziano da Silva, y volvió al Vaticano a las 10.15. Jorge Mario Bergoglio regaló a la sede romana de la FAO una escultura de mármol, del artista italiano Luigi Prevedel, que retrata a Aylan, el pequeño prófugo sirio que se ahogó frente a la playa de Bodrum en Turquía en octubre de 2015, imagen símbolo de la tragedia de las migraciones.


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El Papa en la FAO de Roma. Discurso.

Visita del Santo Padre Francisco a la sede de la FAO en Roma con motivo del Día Mundial de la Alimentación

Esta mañana, el Santo Padre Francesco realizó una visita a la sede de la FAO en Roma con motivo del Día Mundial de la Alimentación este año dedicada al tema: Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural.
Al llegar a las 8:50 a.m., el Papa fue recibido por el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, y por el Observador Permanente de la Santa Sede en las Organizaciones y Organismos de las Naciones Unidas para la Alimentación y la  Agricultura (FAO, FIDA, PMA),  el Rev. Mons. Fernando Chica Arellano.
En el vestíbulo se descubrió la escultura que el Santo Padre  ha regalado a  la FAO.
Después, el Papa mantuvo un  breve encuentro en la Sala de China con el Director General, con el Director General Adjunto , Daniel Gustafson, y con el Jefe del Gabinete, Mario Lubetkin. Al final, firmó en el Libro de Honor. El Papa fue al segundo piso del edificio, donde  saludó en la Sala del Caribe al Presidente de Madagascar y al  ministro de Asuntos Exteriores de Madagascar, así como a los ministros de Agricultura de Madagascar, Italia,  Canadá,  Francia y Estados Unidos, al subsecretario de Medio Ambiente de Gran Bretaña,  al secretario de Agricultura de Alemania,  al Comisario Europeo de Agricultura , al Comisario de Agricultura de la Unión Africana, al Ministro de Exteriores de México, al Embajador de Japón en la FAO, al Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y al Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos.
A las 9.15 horas, en el Salón de Plenos, después de la apertura de la sesión por el Sr. Enrique Yeves, la proyección de  un vídeo sobre el tema del Día Mundial de la Alimentación y las palabras de apertura del Director General, José Graziano da Silva , el Papa pronunció  su discurso. Al final, el moderador declaró  suspendida la sesión y  el Santo Padre Francesco salió de la sala. Luego se despidió de la sede de la FAO y a las 10.15 regresó al Vaticano.
Sigue el discurso pronunciado por el Santo Padre Francisco durante la apertura del encuentro en el Salón de Plenos:

Discurso del Santo Padre
Señor Director General,
Distinguidas autoridades
Señoras y Señores:
Agradezco la invitación y las palabras de bienvenida que me ha dirigido el Director General, profesor José Graziano da Silva, y saludo con afecto a las autoridades que nos acompañan, así como a los Representantes de los Estados Miembros y a cuantos tienen la posibilidad de seguirnos desde las sedes de la FAO en el mundo.
Dirijo un saludo particular a los Ministros de agricultura del G7 aquí presentes, que han finalizado su Cumbre, en la que se han discutido cuestiones que exigen una responsabilidad no sólo en relación al desarrollo y a la producción, sino también con respecto a la Comunidad internacional en su conjunto.
1.     La celebración de esta Jornada Mundial de la Alimentación nos reúne en el recuerdo de aquel 16 de octubre del año 1945 cuando los gobiernos, decididos a eliminar el hambre en el mundo mediante el desarrollo del sector agrícola, instituyeron la FAO. Era aquel un período de grave inseguridad alimentaria y de grandes desplazamientos de la población, con millones de personas buscando un lugar para poder sobrevivir a las miserias y adversidades causadas por la guerra.
A la luz de esto, reflexionar sobre los efectos de la seguridad alimentaria en la movilidad humana significa volver al compromiso del que nació la FAO, para renovarlo. La realidad actual reclama una mayor responsabilidad a todos los niveles, no sólo para garantizar la producción necesaria o la equitativa distribución de los frutos de la tierra ―esto debería darse por descontado―, sino sobre todo para garantizar el derecho de todo ser humano a alimentarse según sus propias necesidades, tomando parte además en las decisiones que lo afectan y en la realización de las propias aspiraciones, sin tener que separarse de sus seres queridos.
Ante un objetivo de tal envergadura lo que está en juego es la credibilidad de todo el sistema internacional. Sabemos que la cooperación está cada vez más condicionada por compromisos parciales, llegando incluso a limitar las ayudas en las emergencias. También las muertes a causa del hambre o el abandono de la propia tierra son una noticia habitual, con el peligro de provocar indiferencia. Nos urge pues, encontrar nuevos caminos para transformar las posibilidades de que disponemos en una garantía que permita a cada persona encarar el futuro con fundada confianza, y no sólo con alguna ilusión.
El escenario de las relaciones internacionales manifiesta una creciente capacidad de dar respuestas a las expectativas de la familia humana, también con la contribución de la ciencia y de la técnica, las cuales, estudiando los problemas, proponen soluciones adecuadas. Sin embargo, estos nuevos logros no consiguen eliminar la exclusión de gran parte de la población mundial: cuántas son las víctimas de la desnutrición, de las guerras, de los cambios climáticos. Cuántos carecen de trabajo o de los bienes básicos y se ven obligados a dejar su tierra, exponiéndose a muchas y terribles formas de explotación. Valorizar la tecnología al servicio del desarrollo es ciertamente un camino a recorrer, a condición de que se lleguen a concretar acciones eficaces para disminuir el número de los que pasan hambre o para controlar el fenómeno de las migraciones forzosas.
2.     La relación entre el hambre y las migraciones sólo se puede afrontar si vamos a la raíz del problema. A este respecto, los estudios realizados por las Naciones Unidas, como tantos otros llevados a cabo por Organizaciones de la sociedad civil, concuerdan en que son dos los principales obstáculos que hay que superar: los conflictos y los cambios climáticos.
¿Cómo se pueden superar los conflictos? El derecho internacional nos indica los medios para prevenirlos o resolverlos rápidamente, evitando que se prolonguen y produzcan carestías y la destrucción del tejido social. Pensemos en las poblaciones martirizadas por unas guerras que duran ya decenas de años, y que se podían haber evitado o al menos detenido, y sin embargo propagan efectos tan desastrosos y crueles como la inseguridad alimentaria y el desplazamiento forzoso de personas. Se necesita buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas, así como para remediar la funesta plaga del tráfico de armas. ¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?
En cuanto a los cambios climáticos, vemos sus consecuencias todos los días. Gracias a los conocimientos científicos, sabemos cómo se han de afrontar los problemas; y la comunidad internacional ha ido elaborando también los instrumentos jurídicos necesarios, como, por ejemplo, el Acuerdo de París, del que, por desgracia, algunos se están alejando. Sin embargo, reaparece la negligencia hacia los delicados equilibrios de los ecosistemas, la presunción de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, la avidez del beneficio. Por tanto, es necesario esforzarse en favor de un consenso concreto y práctico si se quieren evitar los efectos más trágicos, que continuarán recayendo sobre las personas más pobres e indefensas. Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio. No podemos conformarnos con decir «otro lo hará».
Pienso que estos son los presupuestos de cualquier discurso serio sobre la seguridad alimentaria relacionada con el fenómeno de las migraciones. Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable. Las recientes previsiones formuladas por vuestros expertos contemplan un aumento de la producción global de cereales, hasta niveles que permiten dar mayor consistencia a las reservas mundiales. Este dato nos da esperanza y nos enseña que, si se trabaja prestando atención a las necesidades y al margen de las especulaciones, los resultados llegan. En efecto, los recursos alimentarios están frecuentemente expuestos a la especulación, que los mide solamente en función del beneficio económico de los grandes productores o en relación a las estimaciones de consumo, y no a las reales exigencias de las personas. De esta manera, se favorecen los conflictos y el despilfarro, y aumenta el número de los últimos de la tierra que buscan un futuro lejos de sus territorios de origen.
3.     Ante esta situación podemos y debemos cambiar el rumbo (cf. Enc. Laudato si’, 53; 61; 163; 202). Frente al aumento de la demanda de alimentos es preciso que los frutos de la tierra estén a disposición de todos. Para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema; pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente.
Por eso, me hago a mí mismo, y también a vosotros, una pregunta: ¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término «humanitario», tan usado en la actividad internacional. Amar a los hermanos, tomando la iniciativa, sin esperar a ser correspondidos, es el principio evangélico que encuentra también expresión en muchas culturas y religiones, convirtiéndose en principio de humanidad en el lenguaje de las relaciones internacionales. Es menester que la diplomacia y las instituciones multilaterales alimenten y organicen esta capacidad de amar, porque es la vía maestra que garantiza, no sólo la seguridad alimentaria, sino la seguridad humana en su aspecto global. No podemos actuar sólo si los demás lo hacen, ni limitarnos a tener piedad, porque la piedad se limita a las ayudas de emergencia, mientras que el amor inspira la justicia y es esencial para llevar a cabo un orden social justo entre realidades distintas que aspiran al encuentro recíproco. Amar significa contribuir a que cada país aumente la producción y llegue a una autosuficiencia alimentaria. Amar se traduce en pensar en nuevos modelos de desarrollo y de consumo, y en adoptar políticas que no empeoren la situación de las poblaciones menos avanzadas o su dependencia externa. Amar significa no seguir dividiendo a la familia humana entre los que gozan de lo superfluo y los que carecen de lo necesario.
El compromiso de la diplomacia nos ha demostrado, también en recientes acontecimientos, que es posible detener el recurso a las armas de destrucción masiva. Todos somos conscientes de la capacidad de destrucción de tales instrumentos. Pero, ¿somos igualmente conscientes de los efectos de la pobreza y de la exclusión? ¿Cómo detener a personas dispuestas a arriesgarlo todo, a generaciones enteras que pueden desaparecer porque carecen del pan cotidiano, o son víctimas de la violencia o de los cambios climáticos? Se desplazan hacia donde ven una luz o perciben una esperanza de vida. No podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas. Sólo una aplicación coherente del principio de humanidad lo puede conseguir. En cambio, vemos que se disminuye la ayuda pública al desarrollo y se limita la actividad de las Instituciones multilaterales, mientras se recurre a acuerdos bilaterales que subordinan la cooperación al cumplimiento de agendas y alianzas particulares o, sencillamente, a una momentánea tranquilidad. Por el contrario, la gestión de la movilidad humana requiere una acción intergubernamental coordinada y sistemática de acuerdo con las normas internacionales existentes, e impregnada de amor e inteligencia. Su objetivo es un encuentro de pueblos que enriquezca a todos y genere unión y diálogo, no exclusión ni vulnerabilidad.
Aquí permitidme que me una al debate sobre la vulnerabilidad, que causa división a nivel internacional cuando se habla de inmigrantes. Vulnerable es el que está en situación de inferioridad y no puede defenderse, no tiene medios, es decir sufre una exclusión. Y lo está obligado por la violencia, por las situaciones naturales o, aún peor, por la indiferencia, la intolerancia e incluso por el odio. Ante esta situación, es justo identificar las causas para actuar con la competencia necesaria. Pero no es aceptable que, para evitar el compromiso, se tienda a atrincherarse detrás de sofismas lingüísticos que no hacen honor a la diplomacia, reduciéndola del «arte de lo posible» a un ejercicio estéril para justificar los egoísmos y la inactividad.
Lo deseable es que todo esto se tenga en cuenta a la hora de elaborar el Pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada, que se está realizando actualmente en el seno de las Naciones Unidas.
4. Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: «Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados». Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia. Es necesario que a todos los niveles se dialogue de manera amplia y sincera, para que se encuentren las mejores soluciones y se madure una nueva relación entre los diversos actores del escenario internacional, caracterizada por la responsabilidad recíproca, la solidaridad y la comunión.
El yugo de la miseria generado por los desplazamientos muchas veces trágicos de los emigrantes puede ser eliminado mediante una prevención consistente en proyectos de desarrollo que creen trabajo y capacidad de respuesta a las crisis medioambientales. Es verdad, la prevención cuesta mucho menos que los efectos provocados por la degradación de las tierras o la contaminación de las aguas, flagelos que azotan las zonas neurálgicas del planeta, en donde la pobreza es la única ley, las enfermedades aumentan y la esperanza de vida disminuye.
Son muchas y dignas de alabanza las iniciativas que se están poniendo en marcha. Sin embargo, no bastan, urge la necesidad de seguir impulsando nuevas acciones y financiando programas que combatan el hambre y la miseria estructural con más eficacia y esperanzas de éxito. Pero si el objetivo es el de favorecer una agricultura diversificada y productiva, que tenga en cuenta las exigencias efectivas de un país, entonces no es lícito sustraer las tierras cultivables a la población, dejando que el land grabbing (acaparamiento de tierras) siga realizando sus intereses, a veces con la complicidad de quien debería defender los intereses del pueblo. Es necesario alejar la tentación de actuar en favor de grupos reducidos de la población, como también de utilizar las ayudas externas de modo inadecuado, favoreciendo la corrupción, o la ausencia de legalidad.
La Iglesia Católica, con sus instituciones, teniendo directo y concreto conocimiento de las situaciones que se deben afrontar o de las necesidades a satisfacer, quiere participar directamente en este esfuerzo en virtud de su misión, que la lleva a amar a todos y le obliga también a recordar, a cuantos tienen responsabilidad nacional o internacional, el gran deber de afrontar las necesidades de los más pobres.
Deseo que cada uno descubra, en el silencio de la propia fe o de las propias convicciones, las motivaciones, los principios y las aportaciones para infundir en la FAO, y en las demás Instituciones intergubernamentales, el valor de mejorar y trabajar infatigablemente por el bien de la familia humana.
Muchas gracias.


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FAO: importancia de las zonas rurales.

Las zonas rurales son clave para el crecimiento económico de los países en desarrollo, dice la FAO.

Agricultores en la República Democrática del Congo. Foto: FAO/Olivier Asselin

09 de octubre, 2017 — Las áreas rurales tienen un gran potencial de crecimiento económico vinculado a la producción alimentaria en los países en desarrollo y los jóvenes no deberían tener que salir del campo para obtener empleo, asegura un nuevo informe de la FAO.

El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2017revela que entre 2015 y 2030 el número de personas entre 15 y 24 años aumentará unos 100 millones, principalmente en África subsahariana.

Sin embargo, en muchos países en desarrollo, el crecimiento de los sectores industriales y de servicios se ha quedado rezagado, y éstos serán incapaces de absorber a los nuevos demandantes de empleo que van a incorporarse al mercado laboral.

Es por ello que la FAO asegura que se necesita una profunda transformación del sector rural para aprovechar su potencial, no sólo de proveer alimentos para una población creciente, pero también para generar empleo.

“Se está reduciendo la proporción de la población empleada en la agricultura y mucha gente se está moviendo hacia los empleos informales de baja calificación en el sector de los servicios. La capacidad de crear empleo es limitada, de manera que el empleo no representa una oportunidad de salir de la pobreza para muchos”, asegura Marco Sanchez Cantillo, director adjunto de la División de Economía del Desarrollo Agrícola de la FAO.

Cantillo asegura que cada vez más habitantes de las zonas rurales se trasladarán a las ciudades y correrán el riesgo de sumarse a la población urbana pobre, en lugar de hallar un futuro mejor. Sin embargo, si se invierte en el sector de la agricultura, la urbanización puede convertirse una oportunidad.

“La urbanización representa una gran oportunidad para las áreas rurales, el 70% de los alimentos producidos en el mundo se consumen en las zonas urbanas del mundo. Para muchos agricultores la creciente demanda de alimentos podría resultar una gran oportunidad, quizá más importante que las exportaciones. Vincular a estos productores con estos nuevos mercados domésticos que van a tener a crecer, va a ser crucial para la reducción de la pobreza”, agregó.

El estudio de la FAO establece tres líneas de acción para transformar el sector agrícola positivamente, que abarcan desde políticas públicas hasta la inversión en infraestructura que conecte los sectores rurales y urbanos de una manera más eficaz.

“La clave está en invertir en las áreas rurales pero teniendo en cuenta como estas áreas están conectadas o como debería estarlo en caso de que no lo estén, con los centros urbanos aledaños. En el reporte se propone una combinación balanceada de desarrollo de infraestructura con intervenciones de política a través del espectro urbano-rural. Está claro que se necesita infraestructura tanto para la cadena de valor alimentaria como para conectar las ciudades rurales con los pueblos aledaños”, dijo Cantillo.