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Centroamérica: cosechas destruídas por eventos climáticos. Y ahora el hambre

El clima se llevó sus cosechas, y ahora pasan hambre

WFP/Francisco Fion
Los agricultores del Corredor Seco de Centroamérica han sufrido efectos devastadores. Foto: PMA/Francisco Fion

8 Agosto 2019

Los agricultores del Corredor Seco de Centroamérica se enfrentan una vez más a cosechas destruidas por eventos climáticos extremos como sequías e inundaciones. El Programa Mundial de Alimentos pide ayuda a la comunidad internacional para apoyar a los campesinos de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Por quinto año consecutivo, los patrones climáticos erráticos y extremos de sequía y lluvia prolongada han diezmado los cultivos de maíz y frijol en el Corredor Seco de América Central.

La destrucción de las cosechas significa hambre para los agricultores que luchan diariamente por alimentar a sus familias. Más de 2 millones de personas en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua han sido afectadas, y 1,4 millones necesitan ayuda urgente.

Según el Programa Mundial de Alimentos más del 25% de los hogares no tienen ingresos suficientes para cubrir el costo de la canasta básica de víveres, y el 8% indicó que iba a tener que migrar.

Hasta el 82% de las familias vendieron sus herramientas agrícolas y animales, cortaron u omitieron comidas y se alimentaron con productos menos nutritivos para hacer frente a su inseguridad alimentaria.

Los agricultores de subsistencia y sus familias en el Corredor Seco son especialmente vulnerables. Cuando pierden sus cultivos, intentan encontrar trabajo en las plantaciones locales y, a menudo, no tienen ingresos para comprar alimentos. Otros agricultores migran a ciudades, países vecinos o más lejos.

“Debido a la situación en la que no podíamos crecer lo suficiente, la tierra no cedía tanto como antes, así que eso me obligó a emigrar a Estados Unidos. Si continúa como está hoy, tendré que irme otra vez porque no hay trabajo aquí, uno no puede sobrevivir en El Salvador“, dice José Cirilo, un agricultor de la zona.

PMA/Rocío Franco
Esta microcuenca en el Corredor Seco de Honduras era mucho más pequeña hace años. El Corredor Seco no es un desierto, pero sufre frecuentes sequías, a veces muy graves. Gestionar el agua de la lluvia es importante y los bosques contribuyen a ello.

El PMA asegura que la migración no es una solución, sino que se debe invertir en los sistemas de seguridad alimentaria a largo plazo para apoyar a los agricultores.

“Se necesitan casi 5 años para recuperarse económicamente cuando una persona migra. Por lo tanto, la solución es trabajar todos juntos en sistemas de seguridad alimentaria a largo plazo que promuevan que estos agricultores puedan ser resistentes y participar en los mercados”, señala el director regional del PMA, Miguel Barreto.

Dada la situación actual, el PMA planea proporcionar asistencia alimentaria a más de 700.000 personas que viven en el Corredor Seco. En lo que va del año se ha asistido a más de 160.000 personas vulnerables. El trabajo del Programa se centra en sus necesidades inmediatas y en ayudarlos a adaptarse al cambio climático.

“Esto incluye la producción de diferentes frutas y verduras y darles acceso a los mercados y hemos visto que la inversión en estas actividades de resiliencia les ha dado la capacidad de enfrentar la tormenta de las sequías continuas”, expresa Andrew Stanhope, director del PMA en El Salvador.

La agencia necesita 72 millones de dólares para ayudar a estas personas con la distribución de alimentos a corto plazo y con intervenciones de fortalecimiento de capacidades a mediano y largo plazo para ayudarles a desarrollar resiliencia, adaptarse al cambio climático y mejorar los sistemas nacionales de protección social.


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El escándalo del hambre hoy en el mundo. Comentario del observador del Vaticano en la FAO

"820 millones de personas continúan padeciendo hambre en el mundo".“820 millones de personas continúan padeciendo hambre en el mundo”.  (AFP or licensors)

Observador Permanente ante FAO: “las cifras del informe de la ONU son desalentadoras”

Entrevista al Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO tras la publicación del último informe de la ONU en el que se advierte que más de 820 millones de personas continúan padeciendo hambre en el mundo.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Según el último informe de la ONU “unos 820 millones de personas han carecido de alimentos suficientes para comer en 2018”, y mientras el hambre en el mundo “lleva tres años sin disminuir, la obesidad sigue creciendo”. Datos que ponen de relieve “que el hambre sigue siendo un flagelo que golpea muchas regiones, muchas personas” pero también “que no son simplemente frías estadísticas, sino historias y relatos de vidas truncadas, futuros que verdaderamente no se van a poder llevar a cabo porque muchos dejaran su vida en el camino” asegura el Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, Monseñor Fernando Chica Arellano.

Escucha la entrevista a Mons. Fernando Chica Arellano

El hambre lleva tres años sin disminuir y la obesidad sigue creciendo

El informe, que ha sido elaborado conjuntamente por los responsables de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha hecho públicas unas cifras que son “realmente desalentadoras” – señala Mons. Arellano – porque por una parte “son tres años en donde el hambre sigue creciendo” pero también pone de relieve otro horizonte, “otra problemática que está causando graves daños a la población: el sobrepeso y la obesidad” asegura el Observador Permanente. Y este último problema es fruto de “dietas erróneas, poco balanceadas, de comer alimentos saturados en grasas, ricos en azúcares y muy procesados” explica.

Queda una década para alcanzar el objetivo Hambre Cero

En sus declaraciones para Vatican News, Mons. Arellano puntualiza que estos números “indican que la humanidad sigue sufriendo la derrota del hambre” pero al mismo tiempo – dice – “es una llamada a la esperanza, al trabajo conjunto y a que pongan más voluntad los países en poder terminar de una vez por todas con esta serie de flagelos”. También explica que quedan prácticamente 10 años, una década para llegar al único número que vale con el hambre “que no es otro que el cero” y asegura que mientras haya un niño que vaya a la cama por la noche llorando con el estómago vacío, mientras haya un joven que no pueda comer, mientras haya una madre que no pueda alimentar a un hijo, “las lágrimas tendrán que ser nuestras compañeras”. “Con el hambre – subraya – no valen más estadísticas que la derrota por completo de una lacra como ésta que viene acompañando a la humanidad desde hace siglos”.

Pasos adelante en ciencia, pasos hacia atrás en la erradicación del hambre

Entre sus declaraciones no pasa desapercibida la crítica a la sociedad actual, en la que “la humanidad está dando pasos hermosos en tantos campos de la técnica y la ciencia – explica –  y sin embargo muchos hermanos nuestros que son como nosotros, de nuestra misma carne y hueso, parecen un fenómeno tan terrible como el hambre”. Hambre – continúa – que se debe “a problemas relacionados con conflictos, sobre todo en África que no se acaban, con grandes problemáticas climáticas, por crisis económicas prolongadas y agudas que llevar a injusticias y que impiden que el alimento llegue a todos, sobre todo a los más desfavorecidos”.

No es tolerable hablar de “hambre” en la actualidad

Por último, el Observador Permanente de la Santa Sede recuerda a la Comunidad Internacional que, está llamada – y aquí retoma las palabras del Papa Francisco – a cambiar de rumbo: “No podemos seguir hablando del hambre en presente, tendríamos ya hace muchos años que hablar del hambre sólo en pasado” y concluye “esto nos tiene que llevar al compromiso de acabar con la retórica y poner en práctica el gran desafío que hoy está interpelando el mundo: con el hambre el único número que vale es el cero”.


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Increíble: crece el hambre en el mundo.

El hambre está creciendo paulatinamente y se han perdido años de avance a nivel mundial, mientras que la amenaza de no tener un plato de comida asegurado alcanza ya al 26,4% de la población mundial. El debilitamiento de la economía se encuentra entre las principales causas de estas tendencias. En América del Sur, el empeoramiento de los índices se debe principalmente a Venezuela.

En los últimos tres años, el número de personas que padecen hambre se ha incrementado lentamente, con más de 820 millones de personas, una de cada nueve en el mundo, que siguen padeciendo hambre en la actualidad. Este número supone un retroceso a los niveles de 2010, según el último informe sobre El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo publicado este lunes.

El hambre está aumentando en casi todas las subregiones africanas, lo que hace a África la región con la prevalencia de la subalimentación más elevada, situada en casi el 20% de la población, mientras en Asia alcanza al 11%.

La progresión de este flagelo también afecta a América Latina, aunque su prevalencia todavía se sitúa por debajo del 7%.

En países donde ha habido crecimiento económico, ese crecimiento no le llega a los más pobres.

El ritmo desigual de la recuperación económica socava los esfuerzos por terminar con el hambre y la malnutrición, con un aumento del hambre en muchos países donde la economía se ha ralentizado o contraído, sobre todo en países de ingresos medianos, destaca el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

“Los nuevos datos confirman que el hambre ha ido en aumento en muchos de los países cuya economía ha entrado en una fase de desaceleración o de contracción. La mayoría de los países (65 de 77) que experimentó un aumento de la subalimentación entre 2011 y 2017 padeció de forma simultánea episodios de desaceleración o de debilitamiento de la economía. Sorprendentemente, en la mayoría de los casos, no se trataba de países de ingresos bajos, sino de naciones de ingresos medios”, se lee en el documento.

La desaceleración y las desigualades, motores del aumento

“La desaceleración de la economía tiene efectos bastante nocivos, porque se ve reflejada en problemas de desempleo, en problemas de salarios, etc. Y eso llega a aminorar el poder adquisitivo de los hogares. Son los más pobres y los más vulnerables los que se ven menos preparados ante la eventualidad de los eventos económicos adversos”, asegura Marco Sánchez Castillo, experto de la FAO.

Sánchez destaca, además, otro aspecto del sistema económico actual que está causando el hambre, son las desigualdades: “las desigualdades en el ingreso y las desigualdades en el acceso a los activos productivos, como la tierra, el capital, los créditos, etc…y el acceso a los servicios básicos, como la salud. En países donde ha habido crecimiento económico, ese crecimiento no le llega a los más pobres para que puedan disminuir sus problemas de hambre e inseguridad alimentaria”.

Además, los conflictos y la violencia en muchas partes del mundo, la variabilidad del clima y la exposición a eventos climáticos extremos más complejos, frecuentes e intensos están mermando los logros alcanzados en la eliminación del hambre y la malnutrición

No tener asegurada la comida

Este año, el informe va un paso más allá de la observación de las personas que pasan hambre e informa, por primera vez, acerca de otro de los indicadores insertados en el seguimiento mundial de los Objetivos de Desarrollo Sosteniblela prevalencia de la inseguridad alimentaria.

Alrededor del 17,2% de la población mundial, unos 1300 millones de personas han experimentado niveles moderados de inseguridad alimentaria. Esto significa que no tienen acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes: aun cuando no necesariamente padezcan hambre, se encuentran en mayor riesgo de padecer varias formas de malnutrición y mala salud.

“Si se combinan los niveles moderado y grave de inseguridad alimentaria, la estimación asciende al 26,4% de la población mundial o a un total de alrededor de 2000 millones de personas”, señalan los expertos de la Organización.

Obesidad y anemia al alza

La inseguridad alimentaria que vemos hoy, además de contribuir a la desnutrición, también contribuye al sobrepeso y la obesidad, lo que explica en parte la coexistencia de estas formas de malnutrición en muchos países.

En 2017, el sobrepeso afectaba a más de 38 millones de niños menores de cinco años; África y Asia representaban el 25% y el 46% del total mundial, respectivamente.

La anemia en las mujeres y la obesidad en adultos también están aumentando a nivel mundial: una de cada tres mujeres en edad reproductiva padece anemia y más de uno de cada ocho adultos, o más de 672 millones, son obesos.

El problema de la obesidad es más significativo en América Septentrional, pero resulta preocupante que incluso África y Asia, que siguen presentando las tasas de obesidad más bajas, también estén mostrando una tendencia ascendente. Además, el sobrepeso y la obesidad están aumentando el riesgo de enfermedades no transmisibles, tales como diabetes de tipo 2, hipertensión, ataques cardíacos y algunas formas de cáncer.

Más inseguridad entre las mujeres

OCHA/Meridith Kohut
Una madre alimenta a su hijo desnutrido en una clínica de Médicos Sin Fronteras en un campo de refugiados en Dadaab, en Kenya.

En todos los continentes, la prevalencia de la inseguridad alimentaria es ligeramente más elevada entre las mujeres que entre los hombres.

Las perturbaciones económicas también han prolongado y empeorado los efectos de los conflictos y los fenómenos climáticos en la inseguridad alimentaria aguda y requirieron asistencia humanitaria urgente en los países sujetos a crisis alimentarias.

El informe insta a adoptar medidas en dos frentes: el primero, salvaguardar la seguridad alimentaria y la nutrición por medio de políticas económicas y sociales que ayuden a contrarrestar los efectos de las desaceleraciones y los debilitamientos de la economía, tales como garantizar los fondos para las redes de la seguridad social y garantizar el acceso universal a la salud y la educación; y, el segundo, hacer frente a las desigualdades existentes en todos los niveles por medio de políticas multisectoriales que permitan lograr formas sostenibles de escapar de la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

La situación en América Latina agravada por Venezuela

Alrededor de 42,5 millones de pesonas están subalimentadas en la región, lo que representa un 6,5% de la población, aunque en el Caribe se dispara a un 16,5%.

Las tasas de subalimentación han aumentado en los últimos años, en gran parte como consecuencia de la situación en América del Sur, donde el porcentaje de personas con hambre aumentó del 4,6% en 2013 al 5,5% en 2018.

El aumento significativo del hambre en Venezuela en los últimos años coincide con el período de recesión del país.

América del Sur alberga la mayoría (55%) de las personas subalimentadas de la región, y el aumento observado en los últimos años se debe sobre todo al deterioro de la seguridad alimentaria en la República Bolivariana de Venezuela, donde la prevalencia de la subalimentación aumentó casi cuatro veces, del 6,4% en 2012-2014 al 21,2% en 2016-2018.

“El aumento significativo del hambre en Venezuela en los últimos años coincide con el período de recesión del país, cuando la inflación alcanzó aproximadamente un 10.000.000% y el crecimiento del PIB real empeoró, pasando de –3,9% en 2014 a un estimado de –25% en 2018″, se lee en el informe.

En contraste, el porcentaje de subalimentación en América Central, que es del 6,1%, y del Caribe, de un 18,4%, han estado disminuyendo desde 2013, a pesar de ser más alto que en América del Sur, del ya mencionado 5,5%.

“Durante los primeros 15 años de este siglo, América Latina y el Caribe redujo la subalimentación a la mitad. Pero desde 2014 el hambre ha ido aumentando”, dijo el Representante Regional de la FAO, Julio Berdegué.

“Tenemos que rescatar, en promedio, a más de 3,5 millones de personas del hambre cada año desde ahora hasta 2030 si queremos alcanzar la meta de hambre cero” recogida en el Objetivo número 2 de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, agregó.

El amenaza del hambre, la inseguridad alimentaria grave, ha visto un notable aumento desde 2014, cuando se situaba en el 7,6%, hasta 2017, cuando alcanzó un 9,8%, una de las subidas más importantes a nivel mundial.


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Congo. Graves problemas de desnutrición en la provincia de Ituri

El PMA triplica la asistencia alimentaria en la provincia congoleña de Ituri

UNICEF/MADJIANGAR
La violencia inter étnica ha causado grandes desplazamientos en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo.

2 Julio 2019

La República Democrática del Congo sufre niveles de hambre sólo superados por Yemen. Según los datos del Programa Mundial de Alimentos 13 millones de personas no tienen víveres suficientes y cinco millones de niños padecen desnutrición aguda. La convulsionada provincia de Ituri es la más afectada.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) anunció que aumentará sus operaciones en la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo, para triplicar la distribución de víveres a una población que vive la segunda peor crisis de hambre en el mundo, sólo detrás de Yemen.

Por si la emergencia alimentaria fuera poco, las comunidades del noreste de ese país también afrontan un brote de ébola y son afectadas por enfrentamientos interétnicos que causaron al menos 117 muertes entre el 10 y el 13 de junio, de acuerdo con datos de la ONU.

El propósito del PMA es asistir a 5,2 millones de congoleses en los próximos seis meses, para lo cual precisa de 155 millones de dólares, 35 millones de los cuales se destinarían a contener el brote de ébola.

El portavoz del PMA advirtió este martes en Ginebra que “la gente está muriendo de hambre;, la desnutrición es tanta que están muriendo”.

Herve Verhoosel indicó que, aunque no se cuenta con cifras precisas de los decesos a causa del hambre en Ituri, 13 millones de personas sufren escasez de alimentos a nivel nacional y cinco millones de niños padecen desnutrición aguda.

Violencia inter étnica

La situación ha empeorado debido a un incremento de la violencia entre los pastores de la etnia Hema y los granjeros Lendu, que ha acarreado el desplazamiento de los habitantes de la zona junto con el alza del precio de la comida y la falta de ingreso. Además, las cosechas han sido dañadas por plagas de insectos y la población a debido enfrentar enfermedades epidémicas.

“Esta crueldad sin sentido llega justo en el momento de la cosecha, cuando los nuevos desplazados han debido huir de sus hogares en las aldeas rurales con muy poco o nada”, dijo Verhoosel.

“Muchas víctimas de esta escalada de violencia están desnutridas y han sido forzadas a desplazarse varias veces. Buscan seguridad en centros urbanos y en los arbustos”, explicó el portavoz.

De acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la violencia interétnica ha obligado a 300.000 personas a desplazarse a partir de junio, mientras que 7.500 congoleses han cruzado a Uganda a través del lago Albert.

Ituri encara el peor brote del virus del Ébola junto con la provincia de Kivu del Norte. Parte del trabajo del PMA se centra en contenerlo dando asistencia a la gente infectada y a sus familias y amigos.

Las autoridades congoleñas informaron recientemente que, desde que comenzó el brote el 1 de agosto de 2018, se han registrado 2.338 infectados de ébola, incluidos 2.244 casos confirmados y 94 probables. De estos casos, 1.571 murieron y 653 se recuperaron.


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El Papa a la FAO reunida en asamblea extraordinaria.

Papa a FAO: “el problema de un país es problema de todos”

El Papa recibe a los participantes de la 41ª Conferencia General de la FAO, felicita al nuevo Director General Qu Dongyu y expresa los puntos clave para combatir la falta de alimento y de agua potable en el mundo.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Espero que con la ayuda de todos podamos seguir trabajando conjuntamente para profundizar e incrementar, con responsabilidad y determinación, los esfuerzos dirigidos a alcanzar los objetivos 1 y 2 de la Agenda 2030 y así erradicar con mayor rapidez y fuerza los complejos, graves e inaceptables flagelos del hambre y de la inseguridad alimentaria”. Con este fuerte deseo el Papa Francisco comenzó esta mañana su discurso a los más de 500 participantes que se encuentran reunidos desde el pasado 22 de junio en la sede de la FAO en Roma para celebrar su 41ª Conferencia General. El Papa además, aprovechó este encuentro para felicitar al nuevo Director General, Su Excelencia el señor Qu Dongyu, elegido el pasado 23 de junio con 108 votos a favor de un total de 191.

Escucha el discurso del Papa Francisco pronunciado en español

Falta de alimento y agua: un problema de todos, no sólo de los países pobres

El Papa ha querido contribuir en las sesiones de trabajo de la FAO con un aporte para combatir la falta de alimento y de acceso al agua potable en el mundo, asegurando que para ello es necesario “actuar sobre las causas que las provocan”, pues – ha puntualizado – “en el origen de este drama se halla sobre todo la falta de compasión, el desinterés de muchos y una escasa voluntad social y política a la hora de responder a las obligaciones internacionales”.

“La falta de alimento y de agua no es un asunto interno y exclusivo de los países más pobres y frágiles – ha asegurado – sino que concierne a cada uno de nosotros” y ha hecho hincapié en la importancia de nuestra actitud frente a este problema, explicando que dependiendo de ella podemos “favorecer o frenar” el sufrimiento de muchos hermanos nuestros. Es por ello – ha exhortado el Papa – que todos estamos llamados a “escuchar el grito desesperado de nuestros hermanos y a poner los medios para que puedan vivir, viendo respetados sus derechos más básicos”.

Está en nuestras manos: no derrochar, si concienciar

Entre las palabras del Papa, destaca también su invitación a “reducir el derroche de alimentos y de agua” y para ello – dice  Francisco – hay que educar y sensibilizar, de modo que las “nuevas generaciones” pasen este testigo “a las futuras”, sabiendo que este drama social “no puede ser tolerado por más tiempo” ha dicho el Santo Padre.

En este sentido, ha pedido pararse un momento a pensar en el aumento del número de refugiados en el mundo durante los últimos años, el cual nos ha demostrado – ha dicho Francisco – “que el problema de un país es el problema de toda la familia humana”. Y para que este drama no se produzca, el Papa asegura que es necesario “promover un desarrollo agrícola en las regiones más vulnerables fortaleciendo la resiliencia y la sostenibilidad del territorio” pero debe ir de la mano de “inversión y desarrollo en tecnologías” y por supuesto, de “políticas innovadoras y solidarias para el desarrollo”.

La Santa Sede se compromete a cooperar con la FAO

Antes de concluir su discurso, el Pontífice ha expresado el compromiso de la Santa Sede a cooperar con la FAO, “apoyando el esfuerzo internacional hacia la eliminación del hambre en el mundo y garantizando un futuro mejor para nuestro planeta y para la humanidad entera”.


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Sudán: sigue la necesidad de la ayuda humanitaria

La crisis económica en Sudán acrecienta las necesidades de la ayuda humanitaria

OCHA/Sari Omer
El Programa Mundial de Alimentos distrubuye comida entre desplazados en asentamiento de Murta, en la localidad sudanesa de Kadugli.

17 Abril 2019

De momento, los recientes acontecimientos políticos en Sudán, que incluyen la renuncia del presidente Omar al-Bashir, han tenido un impacto limitado en las operaciones humanitarias, pero el número de personas que no tienen asegurado el acceso a la comida ha crecido en dos millones en el último año. Además, la actual situación tiene implicaciones que van más allá del país y afectan a la región.

La secretaria general adjunta para Asuntos Humanitarios, Ursula Mueller, ha informado este miércoles al Consejo de Seguridad sobre la situación humanitaria en Sudán de la que ha afirmado que estaba empeorando “mucho antes de los últimos acontecimientos” en el país africano, debido principalmente al agravamiento de la crisis humanitaria.

Con los últimos acontecimientos, Mueller se refería a las recientes protestas sociales que han surgido en el país y a los acontecimientos políticos  vividos en las últimas semanas y que incluyen la dimisión del presidente sudanés, Omar Al-Bashir, que llevaba casi 30 años en el poder y está acusado de crímenes de guerra y contra la humanidad por la Corte Penal Internacional.

“El impacto directo de esos acontecimientos en las operaciones humanitarias han sido limitados y las operaciones continúan de forma regular, incluida una campaña de vacunación infantil contra la polio y el sarampión en el sur de la región de Darfur. Sin embargo, la comunidad humanitaria está observando la situación muy de cerca”, dijo Mueller.

Además, existe una preocupación por la protección de los civiles, particularmente en Darfur, donde continúa las escaramuzas y otros enfrentamientos.

El impacto humanitario de la crisis economía

La funcionaria dibujó un duro escenario económico y aseguró que, con la devaluación de la moneda, la inflación rampante, especialmente de la comida y los medicamentos, el declive del poder adquisitivo y los cortes intermitentes en los suministros de pan y combustible, la crisis “ha tenido un impacto importante en las necesidades en las operaciones humanitarias, incluidas las de Darfur.

Según el Programa Mundial de Alimentosel precio del sorgo ha subido un 70% en comparación con el mismo período del año pasado, lo que afecta el poder adquisitivo sobre un alimento básico.

Actualmente 5,8 millones de personas padecen inseguridad alimentaria, en comparación con los 3,8 millones del año anterior. Entre ellas, se encuentran 1,9 millones de personas en Darfur. Se espera que la situación se agrave en los próximos meses.

Por ese motivo, se necesitan nuevos recursos financieros que van más allá de los 26,5 millones de dólares que ha dispuesto el Fondo Central de la ONU para la Acción en Casos de Emergencia, y los 20 del Fondo Humanitario Sudanés.

Implicaciones más allá del país

“La situación en Sudán tiene  implicaciones para la región”, advirtió la alta funcionaria, que recordó la generosidad del Gobierno sudanés al acoger a numerosos refugiados, entre ellos cerca de 150.000 sursudaneses en Darfur.

Sin embargo, asegurar que las personas más vulnerables reciben ayuda requiere un acceso humanitario continuo, por lo que Mueller pidió al Gobierno sudanés que tome más medidas para facilitarlo.

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Morir de hambre en el mundo actual. Es posible? Cifras dramáticas de la ONU

Más de cien millones de personas pueden morir de hambre

OCHA/Giles Clarke
Fawaz, que sufre desnutrición aguda, y su madre en el hospital de Adén, en Yemen, en noviembre de 2018.

2 Abril 2019

Por tercer año consecutivo, más de cien millones de personas sufrían la forma más grave de hambre, según datos relativos a 2018. Además, otros 143 millones de personas en el mundo estaban a un paso de ese destino. El clima y los desastres naturales condujeron a 29 millones de personas a esta situación. En América Latina, 4,2 millones de personas no tienen qué comer. El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, los países que forman el llamado corredor seco, albergan 1,6 millones.

El Informe mundial sobre las crisis alimentarias 2019, presentado este martes conjuntamente por la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Programa Mundial de Alimentos, concluye que “alrededor de 113 millones de personas en 53 países experimentaron  inseguridad alimentaria aguda en 2018”.

Técnicamente, el término “inseguridad alimentaria aguda” se produce cuando “la incapacidad de una persona para consumir alimentos adecuados pone en peligro inmediato su vida o sus medios de subsistencia. Se basa en medidas internacionalmente aceptadas de hambre extrema, como la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases y el Cadre Harmonisé.

Aunque la cifra de 113 millones es ligeramente inferior a los 124 millones que se registraron en 2017, se trata del tercer año consecutivo que esta categoría máxima de la crisis alimentaria se sitúa por encima de los cien millones de personas y los altos niveles de desnutrición aguda en los niños que viven en situaciones de emergencia “continúa siendo de grave preocupación”, señala el informe.

Además, otros 142 millones en todo el mundo están en la antesala de igual destino. En total, 821 millones de personas sufrían hambre de forma crónica en 2018.

El ligero descenso registrado en 2018 se vincula al cambio en el clima, ya que pese a que un número alto de países no experimentó la intensidad de los fenómenos meteorológicos relacionados con El Niño que se registraron en 2017, 29 millones de personas padecieron el hambre aguda debido a las condiciones climáticas adversas.

Ocho países, los más afectados

No obstante, las guerras son la principal causa del hambre extrema.

Dos tercios de las personas que padecen hambre aguda viven en 21 países donde se desarrolla un conflicto armado, aunque casi la mayoría se concentran en sólo ocho naciones: Afganistán, Etiopía, Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen. En otros 17 países, el hambre aguda se mantuvo igual o aumentó.

Por regiones, la más afectada es África, ya que más de la mitad de las personas que padecen hambre aguda se encuentran en 33 países africanos.

A los conflictos, los desastres naturales y el cambio climático se añade la situación económica como una de las principales causas del hambre aguda. Las crisis económicas condujeron a esta situación a 10,2 millones de personas, principalmente en Burundi, Sudán del Sur y Zimbabwe.

América Latina, un riesgo creciente

Solo un cuatro por ciento de las personas que sufren hambre aguda, unos 4,2 millones, se encuentra en América Latina. Sin embargo, el informe advierte que la región tiene un alto número de personas, 5,6 millones, en siete países, que han entrado en la fase dos de la inseguridad alimentaria, en la que los hogares tienen un consumo mínimo adecuado de comida, pero no pueden asumir otros gastos sin poner su alimentación en peligro.

“Estas poblaciones requieren apoyo para reducir los riesgos de desastres y proteger sus medios de vida, y para evitar que sigan deslizándose hacia niveles más severos de inseguridad alimentaria aguda cuando se produzcan crisis debidas al clima o la economía”, destaca el reporte.

De los 4,2 millones cuya vida está peligro, más de la mitad están en Haití y 1,6 millones en el llamado corredor seco de América Central, integrado por El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. El resto son 400.000 migrantes y refugiados venezolanos repartidos por América del Sur.

El informe no incluye cifras de Venezuela porque no hay datos oficiales recientes, pero sí señala que se espera que en 2019 el número los que abandonan el país siga aumentando si persiste la crisis política y económica.

También se espera que el fenómeno “El Niño” impacte en la agricultura y el precio de los alimentos en Latinoamérica y el Caribe.

Medidas para eliminar el hambre

Las conclusiones del informe suponen un llamamiento enérgico a reforzar la  cooperación para vincular la prevención, la preparación y la respuesta para abordar las necesidades humanitarias urgentes y las causas profundas del hambre, entre las que se incluyen el cambio climático, crisis económicas, conflictos y desplazamientos de población.

Como dijo el comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo, Neven Mimica, al presentar el informe, “la inseguridad alimentaria sigue siendo un reto global” y “subraya la necesidad de fortalecer la cooperación” entre el personal dedicado a la ayuda humanitaria, quienes se dedican al desarrollo sostenible y los que trabajan en favor de la paz “para revertir y prevenir las crisis alimentarias”.

Ese es el motivo, explicó, por el que la Unión Europea habrá destinado, entre 2014 y 2020, cerca de 9000 millones de eurosa iniciativas sobre seguridad alimentaria y nutricional y agricultura sostenible en más de 60 países.

“Y algo que necesitamos que hagan también los dirigentes mundiales es que estén a la altura de las circunstancias y ayudar a resolver estos conflictos, ahora mismo”, añadió el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, David Beasley.

El director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura, José Graziano Da Silva, coincidió en que “se debe actuar a gran escala, vinculando el desarrollo humanitario y la paz para aumentar la resiliencia de las poblaciones vulnerables afectadas. Para salvar vidas, tenemos también que salvaguardar los medios de subsistencia”.