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Iraq: tras la batalla de Mosul más de 800.000 personas necesitan asistencia humanitaria.

Irak: Un año después, cientos de miles de personas sufren las consecuencias de la batalla de Mosul

AHMAD AL-RUBAYE/AFP/Getty Images

Coincidiendo con el primer aniversario del lanzamiento de la ofensiva de las fuerzas iraquíes y la coalición dirigida por Estados Unidos para recuperar el control de la ciudad de Mosul, en manos del grupo armado autodenominado Estado Islámico, Samah Hadid, directora de Campañas sobre Oriente Medio para Amnistía Internacional, ha dicho:

“La batalla de Mosul ha tenido consecuencias catastróficas para los habitantes de la ciudad. En los combates murieron familias enteras, y aún hay muchas personas enterradas bajo los escombros. Los contendientes dieron muy poco valor a las vidas civiles. Muchas de las personas que tuvieron la suerte de escapar viven ahora en condiciones insoportables en campamentos improvisados y tienen un futuro incierto.

 

 “La comunidad internacional no debe olvidarse de la gente de Mosul. Es urgente que se financie ayuda humanitaria para más de 800.000 personas que ahora viven en tiendas de campaña sin un acceso adecuado a atención médica, alimentos y agua.

“Ahora muchas de las personas desplazadas viven también atemorizadas. Aumentan las desapariciones forzadas a manos de fuerzas gubernamentales, junto con juicios apresurados y sin garantías, seguidos de ejecuciones llevadas a cabo a partir de confesiones extraídas bajo tortura. Instamos a las autoridades iraquíes a que garanticen que todos los juicios cumplen las normas internacionales sin recurrir a la pena de muerte.

“También es importante que el gobierno iraquí y la coalición dirigida por Estados Unidos reconozcan la grave pérdida de vidas civiles que provocó la operación de Mosul, así como su papel en ella. Deben garantizar que las violaciones denunciadas se investigan imparcialmente y que los responsables rinden cuentas. La población de Mosul merece saber que habrá justicia y reparación para las víctimas y sus familias. Y el mundo necesita ver que hemos aprendido las lecciones de la batalla de Mosul para que a la población civil atrapada en otras batallas se le ahorren consecuencias tan catastróficas.

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El Papa en la FAO de Roma. Crónica-comentario

“Guerras y cambios climáticos no son una enfermedad incurable”

El Papa a la FAO: los migrantes «no podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas». Regala una estatua del pequeño Aylan y critica a Trump sobre el acuerdo de París
AP

El Papa Francisco en la sede romana de la FAO

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Pubblicato il 16/10/2017
Ultima modifica il 16/10/2017 alle ore 11:50
IACOPO SCARAMUZZI
ROMA

«Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable». El Papa Francisco visita la sede de la FAO (Food and Agriculture Organization de la ONU) y, en un largo discurso en español, hace un llamado a una mejor distribución alimenticia en el mundo, subrayando que «reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente». Una estocada implícita del Papa a Donald Trump, en relación con el acuerdo del clima de París, del que «por desgracia, algunos se están alejando», y una exhortación a «buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático». Un fuerte llamado a favor de las personas que migran huyendo del hambre: «No podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas», dijo Francisco, quien pidió a la diplomacia no «atrincherarse detrás de sofismas lingüísticos que no hacen honor a la diplomacia, reduciéndola del “arte de lo posible” a un ejercicio estéril para justificar los egoísmos y la inactividad». Apoyando el pacto mundial promovido por la ONU para una migración segura, regular y ordenada, el Papa regaló a la sede romana de la FAO una estatua del pequeño refugiado sirio Aylan, que murió en una playa sin poder concluir su viaje hacia Europa. «¿Sería exagerado —se preguntó— introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia?»

 

« Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable», dijo Francisco acusando las «especulaciones» sobre los recursos alimenticios, que «favorecen los conflictos y el despilfarro» y hacen que aumente «el número de los últimos de la tierra que buscan un futuro lejos de sus territorios de origen. Ante esta situación podemos y debemos cambiar el rumbo. Frente al aumento de la demanda de alimentos es preciso que los frutos de la tierra estén a disposición de todos. Para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema; pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente».

 

 

Después de haberse referido a la decisión de crear la FAO, el 16 de octubre de 1945, el Papa afirmó que hay que renovar ese compromiso que le dio nacimiento en la actualidad, porque «la realidad actual reclama una mayor responsabilidad a todos los niveles, no sólo para garantizar la producción necesaria o la equitativa distribución de los frutos de la tierra ―esto debería darse por descontado―, sino sobre todo para garantizar el derecho de todo ser humano a alimentarse según sus propias necesidades, tomando parte además en las decisiones que lo afectan y en la realización de las propias aspiraciones, sin tener que separarse de sus seres queridos». Y aunque ahora la cooperación está «cada vez más condicionada por compromisos parciales, llegando incluso a limitar las ayudas en las emergencias», es muy urgente «encontrar nuevos caminos para transformar las posibilidades de que disponemos en una garantía que permita a cada persona encarar el futuro con fundada confianza, y no sólo con alguna ilusión».

 

Así, el escenario «de las relaciones internacionales manifiesta una creciente capacidad de dar respuestas a las expectativas de la familia humana, también con la contribución de la ciencia y de la técnica, las cuales, estudiando los problemas, proponen soluciones adecuadas. Sin embargo, estos nuevos logros no consiguen eliminar la exclusión de gran parte de la población mundial: ¿cuántas son las víctimas de la desnutrición, de las guerras, de los cambios climáticos? ¿Cuántos carecen de trabajo o de los bienes básicos y se ven obligados a dejar su tierra, exponiéndose a muchas y terribles formas de explotación?».

 

«La relación entre el hambre y las migraciones —afirmó duramente el Papa— sólo se puede afrontar si vamos a la raíz del problema. A este respecto, los estudios realizados por las Naciones Unidas, como tantos otros llevados a cabo por Organizaciones de la sociedad civil, concuerdan en que son dos los principales obstáculos que hay que superar: los conflictos y los cambios climáticos».

 

«¿Cómo se pueden superarlos conflictos?», se preguntó Francisco. Antes que nada, respondió, refiriéndose, por ejemplo, a «poblaciones martirizadas por unas guerras que duran ya decenas de años, y que se podían haber evitado o al menos detenido, y sin embargo propagan efectos tan desastrosos y crueles como la inseguridad alimentaria y el desplazamiento forzoso de personas. Se necesita —indicó Jorge Mario Bergoglio— buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas, así como para remediar la funesta plaga del tráfico de armas. ¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?».

 

En relación con los cambios climáticos, afirmó el Papa, «vemos sus consecuencias todos los días. Gracias a los conocimientos científicos, sabemos cómo se han de afrontar los problemas; y la comunidad internacional ha ido elaborando también los instrumentos jurídicos necesarios, como, por ejemplo, el Acuerdo de París, del que, por desgracia, algunos se están alejando —dijo el Papa refiriéndose evidentemente al presidente de los Estados Unidos Donald Trump. Sin embargo, reaparece la negligencia hacia los delicados equilibrios de los ecosistemas, la presunción de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, la avidez del beneficio. Por tanto, es necesario esforzarse en favor de un consenso concreto y práctico si se quieren evitar los efectos más trágicos, que continuarán recayendo sobre las personas más pobres e indefensas. Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio. No podemos conformarnos con decir “otro lo hará”».

 

 

«Por eso —continuó—, me hago a mí mismo, y también a vosotros, una pregunta: ¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término «humanitario», tan usado en la actividad internacional. Amar a los hermanos, tomando la iniciativa, sin esperar a ser correspondidos, es el principio evangélico que encuentra también expresión en muchas culturas y religiones, convirtiéndose en principio de humanidad en el lenguaje de las relaciones internacionales. Es menester que la diplomacia y las instituciones multilaterales alimenten y organicen esta capacidad de amar, porque es la vía maestra que garantiza, no sólo la seguridad alimentaria, sino la seguridad humana en su aspecto global. No podemos actuar sólo si los demás lo hacen, ni limitarnos a tener piedad, porque la piedad se limita a las ayudas de emergencia, mientras que el amor inspira la justicia y es esencial para llevar a cabo un orden social justo entre realidades distintas que aspiran al encuentro recíproco. Amar significa contribuir a que cada país aumente la producción y llegue a una autosuficiencia alimentaria. Amar se traduce en pensar en nuevos modelos de desarrollo y de consumo, y en adoptar políticas que no empeoren la situación de las poblaciones menos avanzadas o su dependencia externa. Amar significa no seguir dividiendo a la familia humana entre los que gozan de lo superfluo y los que carecen de lo necesario».

 

La comunidad internacional, explicó Francisco, tiene consciencia sobre el peligro de las armas de destrucción masiva, pero «¿somos igualmente conscientes de los efectos de la pobreza y de la exclusión?», preguntó. «¿Cómo detener a personas dispuestas a arriesgarlo todo, a generaciones enteras que pueden desaparecer porque carecen del pan cotidiano, o son víctimas de la violencia o de los cambios climáticos? Se desplazan hacia donde ven una luz o perciben una esperanza de vida. No podrán ser detenidas —afirmó— por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas. Sólo una aplicación coherente del principio de humanidad lo puede conseguir. En cambio, vemos que se disminuye la ayuda pública al desarrollo y se limita la actividad de las Instituciones multilaterales, mientras se recurre a acuerdos bilaterales que subordinan la cooperación al cumplimiento de agendas y alianzas particulares o, sencillamente, a una momentánea tranquilidad. Por el contrario, la gestión de la movilidad humana requiere una acción intergubernamental coordinada y sistemática de acuerdo con las normas internacionales existentes, e impregnada de amor e inteligencia. Su objetivo es un encuentro de pueblos que enriquezca a todos y genere unión y diálogo, no exclusión ni vulnerabilidad».

 

 

«Aquí —añadió con énfasis el Pontífice— permitidme que me una al debate sobre la vulnerabilidad, que causa división a nivel internacional cuando se habla de inmigrantes. Vulnerable es el que está en situación de inferioridad y no puede defenderse, no tiene medios, es decir sufre una exclusión. Y lo está obligado por la violencia, por las situaciones naturales o, aún peor, por la indiferencia, la intolerancia e incluso por el odio. Ante esta situación, es justo identificar las causas para actuar con la competencia necesaria. Pero no es aceptable que, para evitar el compromiso, se tienda a atrincherarse detrás de sofismas lingüísticos que no hacen honor a la diplomacia, reduciéndola del “arte de lo posible” a un ejercicio estéril para justificar los egoísmos y la inactividad. Lo deseable es que todo esto se tenga en cuenta a la hora de elaborar el Pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada, que se está realizando actualmente en el seno de las Naciones Unidas».

 

«Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: “Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados”», dijo el Papa. «Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia. Es necesario que a todos los niveles se dialogue de manera amplia y sincera, para que se encuentren las mejores soluciones y se madure una nueva relación entre los diversos actores del escenario internacional, caracterizada por la responsabilidad recíproca, la solidaridad y la comunión. El yugo de la miseria generado por los desplazamientos muchas veces trágicos de los emigrantes puede ser eliminado mediante una prevención consistente en proyectos de desarrollo que creen trabajo y capacidad de respuesta a las crisis medioambientales. Es verdad, la prevención cuesta mucho menos que los efectos provocados por la degradación de las tierras o la contaminación de las aguas, flagelos que azotan las zonas neurálgicas del planeta, en donde la pobreza es la única ley, las enfermedades aumentan y la esperanza de vida disminuye».

 

El Papa concluyó expresando su deseo (que suscitó una ovación entre los que escuchaban su discurso), de que «cada uno descubra, en el silencio de la propia fe o de las propias convicciones, las motivaciones, los principios y las aportaciones para infundir en la FAO, y en las demás Instituciones intergubernamentales, el valor de mejorar y trabajar infatigablemente por el bien de la familia humana».

 

El Papa había visitado la FAO en 2014 y ahora volvió para participar en la Jornada Mundial de la Alimentación, dedicada en esta ocasión al tema: «Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimenticia y en el desarrollo rural». Francisco llegó poco antes de las 9 de la mañana, fue recibido por el director general de la FAO, el brasileño José Graziano da Silva, y volvió al Vaticano a las 10.15. Jorge Mario Bergoglio regaló a la sede romana de la FAO una escultura de mármol, del artista italiano Luigi Prevedel, que retrata a Aylan, el pequeño prófugo sirio que se ahogó frente a la playa de Bodrum en Turquía en octubre de 2015, imagen símbolo de la tragedia de las migraciones.


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El Papa en la FAO de Roma. Discurso.

Visita del Santo Padre Francisco a la sede de la FAO en Roma con motivo del Día Mundial de la Alimentación

Esta mañana, el Santo Padre Francesco realizó una visita a la sede de la FAO en Roma con motivo del Día Mundial de la Alimentación este año dedicada al tema: Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural.
Al llegar a las 8:50 a.m., el Papa fue recibido por el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, y por el Observador Permanente de la Santa Sede en las Organizaciones y Organismos de las Naciones Unidas para la Alimentación y la  Agricultura (FAO, FIDA, PMA),  el Rev. Mons. Fernando Chica Arellano.
En el vestíbulo se descubrió la escultura que el Santo Padre  ha regalado a  la FAO.
Después, el Papa mantuvo un  breve encuentro en la Sala de China con el Director General, con el Director General Adjunto , Daniel Gustafson, y con el Jefe del Gabinete, Mario Lubetkin. Al final, firmó en el Libro de Honor. El Papa fue al segundo piso del edificio, donde  saludó en la Sala del Caribe al Presidente de Madagascar y al  ministro de Asuntos Exteriores de Madagascar, así como a los ministros de Agricultura de Madagascar, Italia,  Canadá,  Francia y Estados Unidos, al subsecretario de Medio Ambiente de Gran Bretaña,  al secretario de Agricultura de Alemania,  al Comisario Europeo de Agricultura , al Comisario de Agricultura de la Unión Africana, al Ministro de Exteriores de México, al Embajador de Japón en la FAO, al Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y al Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos.
A las 9.15 horas, en el Salón de Plenos, después de la apertura de la sesión por el Sr. Enrique Yeves, la proyección de  un vídeo sobre el tema del Día Mundial de la Alimentación y las palabras de apertura del Director General, José Graziano da Silva , el Papa pronunció  su discurso. Al final, el moderador declaró  suspendida la sesión y  el Santo Padre Francesco salió de la sala. Luego se despidió de la sede de la FAO y a las 10.15 regresó al Vaticano.
Sigue el discurso pronunciado por el Santo Padre Francisco durante la apertura del encuentro en el Salón de Plenos:

Discurso del Santo Padre
Señor Director General,
Distinguidas autoridades
Señoras y Señores:
Agradezco la invitación y las palabras de bienvenida que me ha dirigido el Director General, profesor José Graziano da Silva, y saludo con afecto a las autoridades que nos acompañan, así como a los Representantes de los Estados Miembros y a cuantos tienen la posibilidad de seguirnos desde las sedes de la FAO en el mundo.
Dirijo un saludo particular a los Ministros de agricultura del G7 aquí presentes, que han finalizado su Cumbre, en la que se han discutido cuestiones que exigen una responsabilidad no sólo en relación al desarrollo y a la producción, sino también con respecto a la Comunidad internacional en su conjunto.
1.     La celebración de esta Jornada Mundial de la Alimentación nos reúne en el recuerdo de aquel 16 de octubre del año 1945 cuando los gobiernos, decididos a eliminar el hambre en el mundo mediante el desarrollo del sector agrícola, instituyeron la FAO. Era aquel un período de grave inseguridad alimentaria y de grandes desplazamientos de la población, con millones de personas buscando un lugar para poder sobrevivir a las miserias y adversidades causadas por la guerra.
A la luz de esto, reflexionar sobre los efectos de la seguridad alimentaria en la movilidad humana significa volver al compromiso del que nació la FAO, para renovarlo. La realidad actual reclama una mayor responsabilidad a todos los niveles, no sólo para garantizar la producción necesaria o la equitativa distribución de los frutos de la tierra ―esto debería darse por descontado―, sino sobre todo para garantizar el derecho de todo ser humano a alimentarse según sus propias necesidades, tomando parte además en las decisiones que lo afectan y en la realización de las propias aspiraciones, sin tener que separarse de sus seres queridos.
Ante un objetivo de tal envergadura lo que está en juego es la credibilidad de todo el sistema internacional. Sabemos que la cooperación está cada vez más condicionada por compromisos parciales, llegando incluso a limitar las ayudas en las emergencias. También las muertes a causa del hambre o el abandono de la propia tierra son una noticia habitual, con el peligro de provocar indiferencia. Nos urge pues, encontrar nuevos caminos para transformar las posibilidades de que disponemos en una garantía que permita a cada persona encarar el futuro con fundada confianza, y no sólo con alguna ilusión.
El escenario de las relaciones internacionales manifiesta una creciente capacidad de dar respuestas a las expectativas de la familia humana, también con la contribución de la ciencia y de la técnica, las cuales, estudiando los problemas, proponen soluciones adecuadas. Sin embargo, estos nuevos logros no consiguen eliminar la exclusión de gran parte de la población mundial: cuántas son las víctimas de la desnutrición, de las guerras, de los cambios climáticos. Cuántos carecen de trabajo o de los bienes básicos y se ven obligados a dejar su tierra, exponiéndose a muchas y terribles formas de explotación. Valorizar la tecnología al servicio del desarrollo es ciertamente un camino a recorrer, a condición de que se lleguen a concretar acciones eficaces para disminuir el número de los que pasan hambre o para controlar el fenómeno de las migraciones forzosas.
2.     La relación entre el hambre y las migraciones sólo se puede afrontar si vamos a la raíz del problema. A este respecto, los estudios realizados por las Naciones Unidas, como tantos otros llevados a cabo por Organizaciones de la sociedad civil, concuerdan en que son dos los principales obstáculos que hay que superar: los conflictos y los cambios climáticos.
¿Cómo se pueden superar los conflictos? El derecho internacional nos indica los medios para prevenirlos o resolverlos rápidamente, evitando que se prolonguen y produzcan carestías y la destrucción del tejido social. Pensemos en las poblaciones martirizadas por unas guerras que duran ya decenas de años, y que se podían haber evitado o al menos detenido, y sin embargo propagan efectos tan desastrosos y crueles como la inseguridad alimentaria y el desplazamiento forzoso de personas. Se necesita buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas, así como para remediar la funesta plaga del tráfico de armas. ¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?
En cuanto a los cambios climáticos, vemos sus consecuencias todos los días. Gracias a los conocimientos científicos, sabemos cómo se han de afrontar los problemas; y la comunidad internacional ha ido elaborando también los instrumentos jurídicos necesarios, como, por ejemplo, el Acuerdo de París, del que, por desgracia, algunos se están alejando. Sin embargo, reaparece la negligencia hacia los delicados equilibrios de los ecosistemas, la presunción de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, la avidez del beneficio. Por tanto, es necesario esforzarse en favor de un consenso concreto y práctico si se quieren evitar los efectos más trágicos, que continuarán recayendo sobre las personas más pobres e indefensas. Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio. No podemos conformarnos con decir «otro lo hará».
Pienso que estos son los presupuestos de cualquier discurso serio sobre la seguridad alimentaria relacionada con el fenómeno de las migraciones. Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable. Las recientes previsiones formuladas por vuestros expertos contemplan un aumento de la producción global de cereales, hasta niveles que permiten dar mayor consistencia a las reservas mundiales. Este dato nos da esperanza y nos enseña que, si se trabaja prestando atención a las necesidades y al margen de las especulaciones, los resultados llegan. En efecto, los recursos alimentarios están frecuentemente expuestos a la especulación, que los mide solamente en función del beneficio económico de los grandes productores o en relación a las estimaciones de consumo, y no a las reales exigencias de las personas. De esta manera, se favorecen los conflictos y el despilfarro, y aumenta el número de los últimos de la tierra que buscan un futuro lejos de sus territorios de origen.
3.     Ante esta situación podemos y debemos cambiar el rumbo (cf. Enc. Laudato si’, 53; 61; 163; 202). Frente al aumento de la demanda de alimentos es preciso que los frutos de la tierra estén a disposición de todos. Para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema; pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente.
Por eso, me hago a mí mismo, y también a vosotros, una pregunta: ¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término «humanitario», tan usado en la actividad internacional. Amar a los hermanos, tomando la iniciativa, sin esperar a ser correspondidos, es el principio evangélico que encuentra también expresión en muchas culturas y religiones, convirtiéndose en principio de humanidad en el lenguaje de las relaciones internacionales. Es menester que la diplomacia y las instituciones multilaterales alimenten y organicen esta capacidad de amar, porque es la vía maestra que garantiza, no sólo la seguridad alimentaria, sino la seguridad humana en su aspecto global. No podemos actuar sólo si los demás lo hacen, ni limitarnos a tener piedad, porque la piedad se limita a las ayudas de emergencia, mientras que el amor inspira la justicia y es esencial para llevar a cabo un orden social justo entre realidades distintas que aspiran al encuentro recíproco. Amar significa contribuir a que cada país aumente la producción y llegue a una autosuficiencia alimentaria. Amar se traduce en pensar en nuevos modelos de desarrollo y de consumo, y en adoptar políticas que no empeoren la situación de las poblaciones menos avanzadas o su dependencia externa. Amar significa no seguir dividiendo a la familia humana entre los que gozan de lo superfluo y los que carecen de lo necesario.
El compromiso de la diplomacia nos ha demostrado, también en recientes acontecimientos, que es posible detener el recurso a las armas de destrucción masiva. Todos somos conscientes de la capacidad de destrucción de tales instrumentos. Pero, ¿somos igualmente conscientes de los efectos de la pobreza y de la exclusión? ¿Cómo detener a personas dispuestas a arriesgarlo todo, a generaciones enteras que pueden desaparecer porque carecen del pan cotidiano, o son víctimas de la violencia o de los cambios climáticos? Se desplazan hacia donde ven una luz o perciben una esperanza de vida. No podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas. Sólo una aplicación coherente del principio de humanidad lo puede conseguir. En cambio, vemos que se disminuye la ayuda pública al desarrollo y se limita la actividad de las Instituciones multilaterales, mientras se recurre a acuerdos bilaterales que subordinan la cooperación al cumplimiento de agendas y alianzas particulares o, sencillamente, a una momentánea tranquilidad. Por el contrario, la gestión de la movilidad humana requiere una acción intergubernamental coordinada y sistemática de acuerdo con las normas internacionales existentes, e impregnada de amor e inteligencia. Su objetivo es un encuentro de pueblos que enriquezca a todos y genere unión y diálogo, no exclusión ni vulnerabilidad.
Aquí permitidme que me una al debate sobre la vulnerabilidad, que causa división a nivel internacional cuando se habla de inmigrantes. Vulnerable es el que está en situación de inferioridad y no puede defenderse, no tiene medios, es decir sufre una exclusión. Y lo está obligado por la violencia, por las situaciones naturales o, aún peor, por la indiferencia, la intolerancia e incluso por el odio. Ante esta situación, es justo identificar las causas para actuar con la competencia necesaria. Pero no es aceptable que, para evitar el compromiso, se tienda a atrincherarse detrás de sofismas lingüísticos que no hacen honor a la diplomacia, reduciéndola del «arte de lo posible» a un ejercicio estéril para justificar los egoísmos y la inactividad.
Lo deseable es que todo esto se tenga en cuenta a la hora de elaborar el Pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada, que se está realizando actualmente en el seno de las Naciones Unidas.
4. Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: «Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados». Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia. Es necesario que a todos los niveles se dialogue de manera amplia y sincera, para que se encuentren las mejores soluciones y se madure una nueva relación entre los diversos actores del escenario internacional, caracterizada por la responsabilidad recíproca, la solidaridad y la comunión.
El yugo de la miseria generado por los desplazamientos muchas veces trágicos de los emigrantes puede ser eliminado mediante una prevención consistente en proyectos de desarrollo que creen trabajo y capacidad de respuesta a las crisis medioambientales. Es verdad, la prevención cuesta mucho menos que los efectos provocados por la degradación de las tierras o la contaminación de las aguas, flagelos que azotan las zonas neurálgicas del planeta, en donde la pobreza es la única ley, las enfermedades aumentan y la esperanza de vida disminuye.
Son muchas y dignas de alabanza las iniciativas que se están poniendo en marcha. Sin embargo, no bastan, urge la necesidad de seguir impulsando nuevas acciones y financiando programas que combatan el hambre y la miseria estructural con más eficacia y esperanzas de éxito. Pero si el objetivo es el de favorecer una agricultura diversificada y productiva, que tenga en cuenta las exigencias efectivas de un país, entonces no es lícito sustraer las tierras cultivables a la población, dejando que el land grabbing (acaparamiento de tierras) siga realizando sus intereses, a veces con la complicidad de quien debería defender los intereses del pueblo. Es necesario alejar la tentación de actuar en favor de grupos reducidos de la población, como también de utilizar las ayudas externas de modo inadecuado, favoreciendo la corrupción, o la ausencia de legalidad.
La Iglesia Católica, con sus instituciones, teniendo directo y concreto conocimiento de las situaciones que se deben afrontar o de las necesidades a satisfacer, quiere participar directamente en este esfuerzo en virtud de su misión, que la lleva a amar a todos y le obliga también a recordar, a cuantos tienen responsabilidad nacional o internacional, el gran deber de afrontar las necesidades de los más pobres.
Deseo que cada uno descubra, en el silencio de la propia fe o de las propias convicciones, las motivaciones, los principios y las aportaciones para infundir en la FAO, y en las demás Instituciones intergubernamentales, el valor de mejorar y trabajar infatigablemente por el bien de la familia humana.
Muchas gracias.


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El hambre en el mundo. Consideraciones del Observador permanente de la Santa Sede en la FAO.

El Observador permanente de la Santa Sede ante la FAO sobre el reto HAMBRE CERO 2030: “Tenemos que invertir en paz”

2017-10-16 Radio Vaticana

Hoy, 16 de octubre, el Papa Francisco ha visitado la Sede romana de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, convirtiéndose en su segunda visita desde que está en el Pontificado. Y lo hace en el día en el que se celebra la Jornada Mundial de la Alimentación. Con ocasión de esta visita del Papa, en Radio Vaticana entrevistamos a Monseñor Fernando Chica Arellano, el Observador permanente de la Santa Sede ante la FAO.

Monseñor Fernando Chica habla acerca del reto del HAMBRE CERO, una iniciativa de la FAO que pretende para el 2030 erradicar el hambre en el mundo, asegurando que: “este reto últimamente se está complicando”. El 15 de septiembre pasado tras el conocimiento de unos “datos alarmantes” el Observador permanente afirma que “el hambre está repuntando en el mundo”.

“Llevábamos tres lustros en descenso y ahora estamos en 815 millones de hambrientos, esto quiere decir que hemos crecido 38 millones de hambrientos más en pocos meses, lo cual nos está informando que si no cambiamos el rumbo y las cifras se invierten, será bastante complicado alcanzar este reto de HAMBRE CERO para 2030″ explica en los micrófonos de Radio Vaticana.

Además, Monseñor Fernando Chica cita las claves para que entre todos podamos ayudar a que este reto se cumpla, considerando que en primer lugar debemos “convencernos”: “todos podemos ayudar, nadie sobra ni nadie puede darse por evadido a la hora de plantarle cara al hambre”. También invita a conjugar el verbo “querer”: “Esta lacra no es cuestión de que la erradiquen los Gobiernos y las Organizaciones Internacionales” asegura, si no que “es entre todos que podemos derrotar el hambre y para ello basta querer”. Por último invita a conjugar el verbo “compartir”. No desperdiciar alimentos, aumentar lo que dedicamos a la solidaridad para con los más pobres o no tirar nada de lo que hay en la mesa son otras de las iniciativas a las que nos empuja para ayudar a alcanzar el hambre cero en 2030.

La Jornada Mundial de la Alimentación coincide este año 2017 con el momento en el que más personas han sido forzadas a huir de sus hogares desde la II Guerra Mundial debido al aumento de los conflictos y la inestabilidad política que en muchas partes del mundo se está viviendo. Fernando Chica asegura en los micrófonos de Radio Vaticana que “nadie quiere dejar su tierra por gusto”, y es por ello que el aumento de la violencia, de los conflictos, sobre todo el incremento de los desastres naturales “aumenta el hambre y con el hambre se aumentan las grandes bolsas de migración forzada”. Además, continúa, si queremos derrotar el hambre “tenemos que invertir en paz”.

Asimismo, en relación a una afirmación hecha por la FAO en la que se lee que “hoy día hay suficientes alimentos en el mundo para que cada ser humano lleve una vida sana y productiva” , Monseñor explica cuáles son los problemas que dificultan que esos alimentos lleguen a las manos de todos: “La paradoja es realmente triste, hay comida para todos pero no todos pueden comer”, y continúa: “podemos acabar con el hambre si invertimos más en justicia, en igualdad, si facilitamos que en el hemisferio sur los alimentos no se pierdan”. “Los alimentos se producen, pero por falta de infraestructuras, de locales donde almacenarlos, de carreteras viables, estos alimentos no llegan a la mesa del consumidor”. Aunque no se trata únicamente del hemisferio sur, ya que en el hemisferio norte los alimentos “tampoco llegan como se debiera”, porque muchas veces en el hemisferio norte “hay un lujo, un desperdicio, un despilfarro que hace que los alimentos se queden rescindidos a unas pocas bocas y haya muchas que no tengan el alimento que precisan cada día” concluye.

(Mireia Bonilla – Radio Vaticano)


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La llegada del invierno amenaza la supervivencia de 4 millones de refugiados en Medio Oriente.

La llegada del invierno amenaza la supervivencia de hasta 4 millones de refugiados en el Medio Oriente

Familia desplazada viviendo en el asentamiento de Khamir, en Yemen. Foto: OCHA/Giles

03 de octubre, 2017 — Sólo una cuarta parte de las familias refugiadas en el Medio Oriente recibirá el apoyo necesario para prepararse para el próximo invierno, aseguró la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

“Hay casi 15 millones de refugiados y desplazados internos sirios e iraquíes dispersos por la región. Estimamos que hasta cuatro millones de personas están en riesgo extremo y necesitan ayuda oportuna y sustancial para prepararse adecuadamente”, declaró el portavoz de ACNUR, Andrej Mahecic, este martes ante la prensa en Ginebra.

El plan regional para asistencia de invierno de la agencia humanitaria, dirigido a cubrir las necesidades de millones de refugiados y desplazados sirios, turcos, iraquíes, libaneses, jordanos y egipcios, hasta el momento sólo ha sido financiado en un 26%.

“Para muchos refugiados sirios, este será el séptimo invierno consecutivo en desplazamiento. Resistir el frío extremo, la nieve y las fuertes lluvias se ha convertido en una batalla anual y de supervivencia para millones de desplazados que viven en refugios improvisados en lugares como el Valle de Bekaa en el Líbano y en el norte de Iraq”, agregó Mahecic.

Las necesidades de los refugiados y desplazados internos son significativamente más altas durante el invierno y las mujeres y los niños se ven especialmente afectados. Sin la ayuda apropiada muchas familias se ven obligadas a tomar medidas desesperadas para sobrevivir y son forzadas a endeudarse aún más.

Durante el otoño el ACNUR tiene previsto prestar asistencia en efectivo, distribuir artículos de invierno e invertir en la preparación de los campamentos.


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Aumenta el hambre en el mundo

Unos 815 millones de personas en el mundo sufren hambre, revela informe de la ONU

Pesado de un niño en un centro terapéutico de Balaka, en Malawi, apoyado por UNICEF. Foto: UNICEF / Sebastian Rich

15 de septiembre, 2017 — Unos 815 millones de personas en el mundo sufren hambre, lo que representa el 11% de la población del planeta y la cifra más alta en la última década, informaron este viernes cinco agencias de Naciones Unidas.

La ONU reveló su informe anual sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición mundial, en el que se resalta que factores como la proliferación de conflictos violentos y el cambio climático intensificaron el hambre durante 2016.

“Es evidente que la tendencia observada en los últimos diez años no sólo es que ha crecido el número de conflictos, sino que además son conflictos que se han tornado más complejos y difíciles de resolver, entonces estamos viendo que la mayoría de las personas que sufren de hambre y desnutrición precisamente viven en países que están experimentando conflictos”, declaró Marco Sánchez Cantillo, director adjunto de la División de Economía del Desarrollo Agrícola de la FAO.

El estudio, realizado por la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS), revela que múltiples formas de malnutrición amenazan la salud de millones de personas a nivel mundial.

Unos 155 millones de niños menores de cinco años tienen retraso en el crecimiento mientras que 52 millones están por debajo del peso recomendado para una buena salud. Enfermedades como la anemia entre las mujeres y la obesidad adulta son también motivo de preocupación, según el reporte.

El informe es la primera evaluación global de la ONU sobre seguridad alimentaria y nutrición que se publica tras la adopción de la Agenda 2030.

“No se va eliminar el hambre en el año 2030, si no se atienden todos los factores que afectan a la seguridad alimentaria. El reporte enfatiza la necesidad de esfuerzos renovados y de nuevas formas de trabajar, entonces será fundamental que haya un compromiso político, pero eso no será suficiente por sí solo. Los países van a tener que convertir sus promesas en acciones concretas”, agregó Sánchez Cantillo.


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Donativo del Papa para Africa oriental.

Donación del Papa a la FAO para ayudar a la población de África oriental afectada por la sequía

 

 

(RV).- En apoyo de las personas que se enfrentan a la inseguridad alimentaria y la hambruna en África oriental, en una medida sin precedentes, el Papa Francisco realizó una donación simbólica de 25,000 euros a los esfuerzos de la FAO.

“El gesto del Santo Padre deriva de una promesa que realizó en un mensaje a la Conferencia de la FAO, el 3 de julio de 2017 y está inspirado también por el deseo de alentar a los gobiernos, explica Mons. Fernando Chica Arellano, Observador Permanente de la Santa Sede ante los Organismos de las Naciones Unidas en Roma, en una carta dirigida al Director General de la FAO, José Graziano da Silva.

“El Pontífice – señaló Mons. Chica Arellano – aseguró que los fondos son una contribución simbólica a un programa de la FAO que proporciona semillas a las familias rurales en las zonas afectadas por el impacto combinado de los conflictos y la sequía”.

El pasado febrero se declaró la situación de hambruna en algunas zonas de Sudán del Sur, y aunque la situación ha mejorado tras una notable ampliación de la respuesta humanitaria, unos 6 millones de personas en el país luchan todavía por conseguir a diario los alimentos que necesitan. Mientras tanto, el número de personas necesitadas de ayuda humanitaria en otros cinco países del África oriental – Somalia, Etiopía, Kenia, Tanzania y Uganda – se estima actualmente en unos 16 millones, lo que supone un aumento de cerca del 30 por ciento desde finales de 2016.

Asimismo recordamos que el Papa Francisco, que ha hecho de la solidaridad una cuestión prioritaria de su pontificado, visitará la Sede de la FAO, el 16 de octubre para conmemorar el Día Mundial de la Alimentación. Este año el evento se celebra bajo el tema: “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”.