Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Donativo del Papa para Africa oriental.

Donación del Papa a la FAO para ayudar a la población de África oriental afectada por la sequía

 

 

(RV).- En apoyo de las personas que se enfrentan a la inseguridad alimentaria y la hambruna en África oriental, en una medida sin precedentes, el Papa Francisco realizó una donación simbólica de 25,000 euros a los esfuerzos de la FAO.

“El gesto del Santo Padre deriva de una promesa que realizó en un mensaje a la Conferencia de la FAO, el 3 de julio de 2017 y está inspirado también por el deseo de alentar a los gobiernos, explica Mons. Fernando Chica Arellano, Observador Permanente de la Santa Sede ante los Organismos de las Naciones Unidas en Roma, en una carta dirigida al Director General de la FAO, José Graziano da Silva.

“El Pontífice – señaló Mons. Chica Arellano – aseguró que los fondos son una contribución simbólica a un programa de la FAO que proporciona semillas a las familias rurales en las zonas afectadas por el impacto combinado de los conflictos y la sequía”.

El pasado febrero se declaró la situación de hambruna en algunas zonas de Sudán del Sur, y aunque la situación ha mejorado tras una notable ampliación de la respuesta humanitaria, unos 6 millones de personas en el país luchan todavía por conseguir a diario los alimentos que necesitan. Mientras tanto, el número de personas necesitadas de ayuda humanitaria en otros cinco países del África oriental – Somalia, Etiopía, Kenia, Tanzania y Uganda – se estima actualmente en unos 16 millones, lo que supone un aumento de cerca del 30 por ciento desde finales de 2016.

Asimismo recordamos que el Papa Francisco, que ha hecho de la solidaridad una cuestión prioritaria de su pontificado, visitará la Sede de la FAO, el 16 de octubre para conmemorar el Día Mundial de la Alimentación. Este año el evento se celebra bajo el tema: “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”.


Deja un comentario

Eritrea: hambre y dictadura.

Eritrea; el hambre de un pueblo

Dramática situación en el país africano rehén de un régimen desde 1993. Las Hijas de Santa Ana, que piden una cercanía concreta, traen a este lugar el Evangelio y la esperanza

Eritrea; el hambre de un pueblo

16
0
Pubblicato il 17/07/2017
Ultima modifica il 17/07/2017 alle ore 15:43
LUCIANO ZANARDINI
ASMARA

La Unesco acaba de declarar Asmara, capital de Eritrea, Patrimonio de la Humanidad. Pero tal vez los eritreos necesitarían muy otras atenciones por parte de la comunidad internacional. Basta ver los números de las personas (alrededor del 20% de quienes llegan a Italia) que huyen para comprender que la situación del país del Cuerno de África ha empeorado desde hace tiempo. Normalmente muchos en Europa se preocupan más por el problema de las gestión de los desembarcos en lugar de pensar en qué sucede al otro lado del Mediterráneo y, específicamente, afrontar la situación de una nación en la que el miedo está a la orden del día. La democracia fue suspendida por un gobierno autoritario que tiene a su disposición campos de trabajo forzado para los que tienen la “mala idea” de criticar al poder político en funciones (desde 1993 comanda en el país el dictador Isaías Aferwerki) y que impone un servicio militar obligatorio potencialmente ilimitado tanto para hombres como mujeres de 17 años.

 

Las sanciones económicas impuestas por la ONU en 2009 (la acusación fue que daban armas al terrorismo islámico en Somalia) tuvieron como resultado principal el aumento de la pobreza de una comunidad ya de rodillas. El hambre y la carestía están al orden del día en un país bañado por el Mar Rojo. La Iglesia también aquí, a pesar de todo, lleva el Evangelio a los hombres en un territorio principalmente musulmán. En particular las Hijas de Santa Ana trabajan aquí desde hace 125 años; su carisma las lleva a comprometerse a ser «ministras de la misericordia del Padre». Su espiritualidad se puede resumir en tres palabras: fe, esperanza y caridad.

 

La Congregación fue fundada en 1886 por Rosa Gattorno (1831-1900), beatificada por Juan Pablo II en 2000. «El secreto de su camino de santidad, del dinamismo de su caridad y de la fuerza de ánimo con la que supo afrontar con fe robusta todos los obstáculos –dijo el Papa en la homilía– consistía en la constante unión con Dios y en el abandono confiado a Él, en la atención y docilidad a los impulsos del Espíritu, en la íntima y amorosa participación en la pasión de Cristo, en la incesante súplica para la conversión de los pecadores. Puro y simple instrumento en las manos del Artífice soberano, llevó a cabo el anhelo inculcado a sus hijas: vivir por Dios, morir por Él, gastar la vida por amor».

 

Su mensaje se difundió inmediatamente en Bolivia, Chile, Perú, Eritrea, Francis y España. Este Instituto envía a Italia y al mundo poco menos de 1400 religiosas, y 175 de ellas están en Eritrea, en donde los campos para que intervengan son múltiples: están activas en la asistencia sanitaria con cinco consultorios y un hospital; impulsan el desarrollo de las mujeres con 14 centros de trabajo; se ocupan del ámbito educativo con 26 escuelas maternas, seis primarias y tres secundarias; siguen tres casas para huérfanos y se ocupan de la pastoral con 22 centros.

 

En particular, durante estos últimos años han tratado de mejorar la alimentación para los más pequeños. La deforestación y las pocas lluvias han afectado mucho la agricultura local, única forma de sustento para las familias. El desierto sigue creciendo. Solo se cultivan cereales, no hay legumbres, verdura ni fruta. Las religiosas, gracias a la asociación italiana “Cuore Amico”, pusieron en marcha un proyecto. Se necesita verdaderamente poco para dar un kilo de lentejas, un litro de aceite de oliva y leche. Las monjas Hijas de Santa Ana, que por razones de seguridad prefieren no hablar, necesitan que no las abandonen; los eritreos, que han vivido en primera persona el colonialismo, las guerras fratricidas con la vecina Etiopía y ahora la dictadura militar, necesitan democracia y, sobre todo, poder soñar el propio futuro.


Deja un comentario

El mensaje del Papa a la FAO: comentario.

El Papa a la FAO: las guerras, el terrorismo y las migraciones no son fatalidades

El 16 de octubre intervendrá personalmente en la Jornada Mundial de la Alimentación dedicada este año al tema «Cambiar el futuro de la migración»

El Papa a la FAO: las guerras el terrorismo y las migraciones no son fatalidades

15
0
Pubblicato il 03/07/2017
Ultima modifica il 03/07/2017 alle ore 13:10
IACOPO SCARAMUZZI
ROMA

«Las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad, sino más bien consecuencia de decisiones concretas». Lo denunció el Papa en el mensaje que leyó el cardenal Pietro Parolin en su nombre hoy, 3 de julio de 2017, durante la sesión inaugural de la 40a Conferencia general de la FAO, en Roma. En el mensaje el Pontífice subrayó que las ayudas a los países pobres «siguen mermando día con día» a pesar de los «reiterados llamamientos», y afirmó que el hambre y la desnutrición son la consecuencia de una condición de subdesarrollo «causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos».

 

Jorge Mario Bergoglio quiso contribuir en las sesiones de trabajo de la agencia de las Naciones Unidas con un aporte para el programa con el objetivo de dar semillas a las familias rurales que viven en las zonas afectadas por conflictos y la sequía. El próximo 16 de octubre, anunció el Secretario de Estado Vaticano, Francisco intervendrá personalmente en la FAO en ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación, dedicada este año al tema «Cambiar el futuro de la migración».

 

«Una mirada a la situación actual del mundo no nos ofrece imágenes consoladoras», escribió el Papa en el mensaje leído por Parolin ante los ministros de agricultura de los países miembros de la FAO. « No podemos, sin embargo, permanecer únicamente preocupados o acaso solo resignados. Este momento de evidente dificultad —recordó el Pontífice— debe hacernos también más conscientes de que el hambre y la malnutrición no son solamente fenómenos naturales o estructurales de determinadas áreas geográficas, sino que son el resultado de una más compleja condición de subdesarrollo, causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos. Las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad —denunció Francisco—, sino más bien consecuencia de decisiones concretas. Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más vulnerables, excluidas no solo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida. Como también están determinados por decisiones tomadas en plena libertad y conciencia los datos relativos a las ayudas a los Países pobres, que siguen mermando cada día, no obstante los reiterados llamamientos ante las situaciones de crisis cada vez más destructoras que se manifiestan en diferentes áreas del planeta. Hay que ser conscientes de que en estos casos la libertad de elección de cada uno se conjuga con la solidaridad hacia todos, en relación con las necesidades, cumpliendo de buena fe los compromisos asumidos o anunciados».

 

Al respecto, «animado también por el deseo de alentar a los Gobiernos, quisiera unirme con una contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía. Este gesto se suma al trabajo que la Iglesia viene realizando, según su vocación de estar de parte de los pobres de la tierra y acompañar el compromiso eficaz de todos en favor suyo». Este compromiso «nos lo pide hoy la Agenda para el Desarrollo 2030, cuando reitera el concepto de seguridad alimentaria como objetivo impostergable. Pero solo un esfuerzo de auténtica solidaridad será capaz de eliminar el número de personas desnutridas y privadas de lo necesario para vivir. Es un desafío muy grande para la FAO y para todas las Instituciones de la Comunidad internacional. Un reto en el que también la Iglesia se siente comprometida en primera línea».

 

Todos, subrayó el Papa, «todos somos conscientes de que no basta la intención de asegurar a todos el pan cotidiano, sino que es necesario reconocer que todos tienen derecho a él y que deben por tanto beneficiarse del mismo. Si los continuos objetivos propuestos quedan todavía lejos, depende mucho de la falta de una cultura de la solidaridad que no logra abrirse paso en medio de las actividades internacionales, que permanecen a menudo ligadas solo al pragmatismo de las estadísticas o al deseo de una eficacia carente de la idea de compartir». Cuando un país no es capaz de dar respuestas adecuadas «porque no lo permita su grado de desarrollo, sus condiciones de pobreza, los cambios climáticos o las situaciones de inseguridad», según el Papa, «es necesario que la FAO y las demás Instituciones intergubernamentales puedan tener la capacidad de intervenir específicamente para emprender una adecuada acción solidaria».

 

Al final de la lectura del mensaje papal, el cardenal Parolin anunció oficialmente que el próximo 16 de octubre, con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación, cuyo tema para 2017 es «Cambiar el futuro de la migración», el Papa visitará la sede de la FAO aceptando la invitación que le hizo el Director general, el profesor José Graziano da Silva.


Deja un comentario

Aumenta el hambre en el mundo según FAO

El número de personas hambrientas ha aumentado en los últimos dos años, advierte la FAO

Pesado de un niño en un centro terapéutico de Balaka, en Malawi, apoyado por UNICEF. Foto: UNICEF / Sebastian Rich

03 de julio, 2017 — La cantidad de personas que sufren hambre en el mundo se ha incrementado desde 2015, alertó hoy el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

José Graziano da Silva inauguró la conferencia bienal de esa agencia, que en esta ocasión se centra en el desarrollo sostenible de las áreas rurales para fortalecer la respuesta alimentaria a los conflictos, el cambio climático y la migración.

Graziano de Silva advirtió a los participantes en la conferencia sobre los retrocesos en la lucha contra el hambre y señaló que cerca del 60% de las personas que sufren ese flagelo viven en países afectados por conflictos o por fenómenos agudizados por el cambio climático, como sequías o inundaciones.

Se refirió también a las hambrunas declaradas este año en algunas zonas de Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen y subrayó lo que esto significa.

“Cuando se declara una situación de hambruna es porque miles de personas ya han muerto de hambre. Estimamos que hay casi 20 millones de personas afectadas gravemente en esos países. Y esto está pasando menos de dos años después de que acordáramos erradicar el hambre para el 2030”, apuntó Graziano da Silva.

En este contexto, aseveró que si bien un compromiso político firme es fundamental para erradicar el hambre, no es suficiente.

Sólo podremos vencer el hambre si los países transforman sus declaraciones en acciones, sobre todo a nivel nacional y local, puntualizó el director general de la FAO.


Deja un comentario

Mensaje del Papa a la FAO sobre el hambre y la malnutrición en el mundo

Mensaje del Papa a la FAO: ante egoísmo e inercia, urge una cultura de la solidaridad para la real erradicación del hambre en el mundo

2017-07-03 Radio Vaticana

 

(RV).- El Papa Francisco hizo llegar un Mensaje de estímulo y apoyo a los participantes en la 40 Conferencia General de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. El mensaje pontificio fue leído por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, que anunció que, invitado por el director general, Graziano da Silva, el Obispo de Roma visitará la sede de la FAOel 16 de octubre, con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación, cuyo tema para 2017 es «Cambiar el futuro de la migración».

«La Santa Sede sigue con mucha atención la actividad internacional y quiere cooperar a orientarla para favorecer no un simple progreso u objetivos teóricos de desarrollo, sino una real erradicación del hambre y de la malnutrición», recuerda el Papa, en su mensaje, leído por el Card. Parolin, destacando la urgencia de impulsar una cultura de la solidaridad:

«Cuando un País no sea capaz de ofrecer respuestas adecuadas porque no lo permita su grado de desarrollo, sus condiciones de pobreza, los cambios climáticos o las situaciones de inseguridad, es necesario que la FAO y las demás Instituciones intergubernamentales puedan tener la capacidad de intervenir específicamente para emprender una adecuada acción solidaria. A partir de la conciencia de que los bienes que nos ha entregado Dios Creador son para todosse requiere urgentemente que la solidaridad sea el criterio inspirador de cualquier forma de cooperación en las relaciones internacionales».

Con una mirada a la situación actual del mundo que «no nos ofrece imágenes consoladoras», el Papa señala que  «no podemos permanecer únicamente preocupados o acaso solo resignados». Y alentando a «tomar consciencia de que el hambre y la malnutrición no son solamente fenómenos naturales o estructurales de determinadas áreas geográficas, sino que son el resultado de una más compleja condición de subdesarrollo, causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos», el Obispo de Roma señala que las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad, sino más bien consecuencia de decisiones concretas. Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más vulnerables, excluidas no solo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida».

El Papa lamenta la disminución de «las ayudas a los Países pobres, que siguen mermando cada día, no obstante los reiterados llamamientos ante las situaciones de crisis cada vez más destructoras que se manifiestan en diferentes áreas del planeta».

uniéndose con una «contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía», el Sucesor de Pedro añade que «este gesto se suma al trabajo que la Iglesia viene realizando, según su vocación de estar de parte de los pobres de la tierra y acompañar el compromiso eficaz de todos en favor suyo».

El Papa renueva asimismo su apoyo y el compromiso de toda la Iglesia para el buen logro de «la Agenda para el Desarrollo 2030, cuando reitera el concepto de seguridad alimentaria como objetivo impostergable».

(CdM-RV)

Mensaje completo del Papa Francisco

Señor Presidente:

Me complace dirigirle mi deferente y cordial saludo, así como a cada uno de ustedes, Representantes de los Estados miembros de la FAO, reunidos para la cuadragésima Conferencia de la Organización.

Extiendo también mi saludo al Director General de la FAO y a los Responsables de los otros Organismos internacionales presentes en esta reunión, que está llamada a dar respuestas precisas al sector agrícola y alimentario, de las que dependen las expectativas de millones de personas.

1.      No pudiendo esta vez estar con ustedes, según la consolidada tradición que se remonta al inicio de esta sede de la FAO en Roma, he pedido al Señor Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, llevar mi palabra de estímulo y apoyo, y manifestarles toda mi estima y consideración por la ardua tarea que deben realizar.

La Santa Sede sigue con mucha atención la actividad internacional y quiere cooperar a orientarla para favorecer no un simple progreso u objetivos teóricos de desarrollo, sino una real erradicación del hambre y de la malnutrición. Todos somos conscientes de que no basta la intención de asegurar a todos el pan cotidiano, sino que es necesario reconocer que todos tienen derecho a él y que deben por tanto beneficiarse del mismo. Si los continuos objetivos propuestos quedan todavía lejos, depende mucho de la falta de una cultura de la solidaridad que no logra abrirse paso en medio de las actividades internacionales, que permanecen a menudo ligadas solo al pragmatismo de las estadísticas o al deseo de una eficacia carente de la idea de compartir.

El compromiso de cada País por aumentar el propio nivel de nutrición, por mejorar la actividad agrícola y las condiciones de las poblaciones rurales, se concreta en el impulso del sector agrícola, en el incremento de la producción o en la promoción de una distribución efectiva de los alimentos. Pero esto no basta. En efecto, dichos objetivos lo que están pidiendo es que se considere cada día que el derecho de cada persona a ser liberada de la pobreza y del hambre depende del deber que tiene toda la familia humana de ayudar de forma concreta a los necesitados.

Entonces, cuando un País no sea capaz de ofrecer respuestas adecuadas porque no lo permita su grado de desarrollo, sus condiciones de pobreza, los cambios climáticos o las situaciones de inseguridad, es necesario que la FAO y las demás Instituciones intergubernamentales puedan tener la capacidad de intervenir específicamente para emprender una adecuada acción solidaria. A partir de la conciencia de que los bienes que nos ha entregado Dios Creador son para todos, se requiere urgentemente que la solidaridad sea el criterio inspirador de cualquier forma de cooperación en las relaciones internacionales.

2.      Una mirada a la situación actual del mundo no nos ofrece imágenes consoladoras. No podemos, sin embargo, permanecer únicamente preocupados o acaso solo resignados. Este momento de evidente dificultad debe hacernos también más conscientes de que el hambre y la malnutrición no son solamente fenómenos naturales o estructurales de determinadas áreas geográficas, sino que son el resultado de una más compleja condición de subdesarrollo, causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos. Las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad, sino más bien consecuencia de decisiones concretas. Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más vulnerables, excluidas no solo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida. Como también están determinados por decisiones tomadas en plena libertad y conciencia los datos relativos a las ayudas a los Países pobres, que siguen mermando cada día, no obstante los reiterados llamamientos ante las situaciones de crisis cada vez más destructoras que se manifiestan en diferentes áreas del planeta.

Hay que ser conscientes de que en estos casos la libertad de elección de cada uno se conjuga con la solidaridad hacia todos, en relación con las necesidades, cumpliendo de buena fe los compromisos asumidos o anunciados. A este respecto, animado también por el deseo de alentar a los Gobiernos, quisiera unirme con una contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía. Este gesto se suma al trabajo que la Iglesia viene realizando, según su vocación de estar de parte de los pobres de la tierra y acompañar el compromiso eficaz de todos en favor suyo.

Este compromiso nos lo pide hoy la Agenda para el Desarrollo 2030, cuando reitera el concepto de seguridad alimentaria como objetivo impostergable. Pero solo un esfuerzo de auténtica solidaridad será capaz de eliminar el número de personas malnutridas y privadas de lo necesario para vivir. Es un desafío muy grande para la FAO y para todas las Instituciones de la Comunidad internacional. Un reto en el que también la Iglesia se siente comprometida en primera línea.

Deseo, por tanto, que las sesiones de esta Conferencia puedan dar un nuevo impulso a la actividad de la Organización y ofrecer aquellos instrumentos deseados y esperados por millones de hermanos nuestros que ven en la acción de la FAO no sólo una contribución técnica para aumentar los recursos y para distribuir los frutos de la producción, sino también el signo concreto, a veces único, de una fraternidad que les permite confiar en el futuro.

Que la bendición de Dios todopoderoso, rico en misericordia, descienda sobre ustedes y sus trabajos y les dé la fuerza necesaria para contribuir a un auténtico progreso de la familia humana.

 

Vaticano, 3 de julio de 2017


Deja un comentario

Unos 20 millones de personas pueden morir de hambre próximamente

Unos 20 millones personas podrían morir de hambre en los próximos seis meses, advierte la FAO

Una nña desnutrida es atendida por un médico en Yemen. Foto: UNICEF/Almang

24 de abril, 2017 — Hasta 20 millones de personas podrían morir de hambre en los próximos seis meses en el noreste de Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen si no se toman medidas urgentes, advirtió hoy el director general de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

José Graziano da Silva destacó en la apertura del Consejo de la FAO en Roma que la hambruna en esos países “no solamente mata personas, sino que prolonga la inestabilidad social y perpetúa los ciclos de pobreza y dependencia de la ayuda humanitaria durante décadas”.

En la reunión de esta semana en la capital italiana, los miembros del Consejo recibirán información sobre las diversas crisis relacionadas con el hambre y debatirán las acciones necesarias para prevenirlas.

Además, se aprobarán el Plan de Trabajo y el presupuesto para el bienio 2018-19, que priorizarán las partidas que contribuyen a que los países miembros alcancen los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Entre los temas que dominan los planes para los dos próximos años se cuentan la mitigación y adaptación al cambio climático, la producción agrícola sostenible, la gestión de la escasez de agua y la resiliencia de los agricultores familiares pobres.

El Consejo de la FAO está compuesto por 49 países y tiene el objetivo de emitir recomendaciones y supervisar cuestiones programáticas y presupuestarias.


Deja un comentario

Fuerte crecimiento del hambre en el mundo en un año.

El número de personas que pasan hambre creció en 30 millones en un año

Una famila en Terekeka, Sudán del Sur. Foto: FAO/ Albert González Farran

31 de marzo, 2017 — A pesar de los esfuerzos frente al hambre a nivel internacional, cerca de 108 millones de personas padecieron inseguridad alimentaria severa en el mundo en 2016, con un drástico aumento en comparación con los 80 millones de 2015. Así lo afirma un nuevo informe mundial sobre crisis alimentarias publicado en Bruselas.

El documento se elaboró con datos ofrecidos por la FAO, el PMA y UNICEF, la Unión Europea, Estados Unidos e instituciones regionales.

El informe señala que el fuerte incremento refleja los problema que la población enfrenta para producir y acceder a los alimentos debido a los conflictos, los precios récord en los mercados locales y los a eventos meteorológicas extremos causados por El Niño.

Luca Russo, asesor principal de la FAO sobre estrategias de resiliencia, afirmó que uno de los mensajes principales del documento es que las crisis alimentarias se están tornando más prolongadas y complejas.

“Este año, los conflictos fueron el factor determinante en 10 de las 13 peores crisis humanitarias mundiales, lo que pone de relieve el estrecho vínculo existente entre paz y seguridad alimentaria”, dijo el experto.

Russo añadió que según el informe, la demanda de ayuda humanitaria y para la creación de resiliencia se intensificará este año, ya que Sudán del Sur, Somalia, Yemen y el noreste de Nigeria corren el riesgo de sufrir hambrunas:

Otros países que requieren asistencia a gran escala debido a la inseguridad alimentaria generalizada son Iraq, Siria (incluyendo a los refugiados en países vecinos) Malawi y Zimbabwe.

Los 108 millones de personas que según el informe están en situación de inseguridad alimentaria severa en 2016 representan a aquellas que sufren un nivel de malnutrición aguda mayor de lo habitual y una falta generalizada de alimentos mínimamente adecuados, incluso con ayuda externa.