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Vaticano: nuevas búsquedas de los restos de Emmanuela Orlandi

Orlandi: ispezione ossari in Camposanto in Vaticano Inspección de los osarios del Cementerio Teutónico de la Ciudad del Vaticano  (ANSA)

Caso Orlandi: nuevas operaciones en el Cementerio Teutónico

En el centro de la nueva intervención de los expertos, dos osarios identificados en un área adyacente a las tumbas de las princesas Sophie von Hohenlohe y Carlotta Federica de Mecklenburgo, fallecidas en el siglo XIX. Los restos de los osarios fueron sacados a la luz y sometidos a una evaluación inicial

Ciudad del Vaticano

Estos exámenes siguen tras la apertura, del pasado 11 de julio, de dos tumbas del Cementerio Teutónico  que fueron encontradas vacías, durante la búsqueda del cuerpo de Emanuela Orlandi, la hija de un hujier del Vaticano desaparecida hace ya 36 años.

En una comunicación a los periodistas del Director “ad interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, sobre las operaciones en los osarios del Campo Teutónico se informa que las mismas iniciaron regularmente esta mañana a las 9.00 como estaba previsto y como parte de las tareas de investigación del caso Orlandi. Como se indica en el decreto del Promotor de Justicia del Estado de la Ciudad del Vaticano, las operaciones se refieren a dos osarios identificados en un área adyacente a las tumbas de la Princesa Sophie von Hohenlohe, fallecida en 1836, y de la Princesa Carlotta Federica de Mecklenburgo, fallecida en 1840.

“Los restos – afirmó el portavoz del Vaticano – son analizados y estudiados in situ ya en estas horas por el Profesor Giovanni Arcudi y su equipo – ante la presencia del experto de confianza designado por la Familia Orlandi – de acuerdo con los protocolos reconocidos internacionalmente”.

“Con esta nueva actividad de los expertos, después de las operaciones del pasado 11 de julio, se pone de relieve una vez más la disponibilidad de la Santa Sede hacia la familia Orlandi. Disponibilidad demostrada, desde el principio, al aceptar la solicitud de realizar verificaciones en el Campo Santo Teutónico incluso sobre la base de una mera señalización anónima”, explicó Alessandro Gisotti.

El sábado 27 de julio proseguirán las operaciones

A las 15.00 horas se completaron las operaciones  tal como informó Gisotti en una segunda comunicación a los periodistas. El Profesor Arcudi y su equipo “sacaron a la luz los restos de los osarios, que fueron sometidos a una primera evaluación”. “Según lo dispuesto por la Oficina del Promotor de Justicia del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano, las operaciones de peritaje continuarán el sábado 27 de julio a las 9.00 de la mañana, con un profundo análisis morfológico de los hallazgos contenidos en los osarios”, informó, en fin, el Director “ad interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

 

En el Campo Santo Teutónico trabajaron hoy, además del Profesor Arcudi y su equipo, el personal de la Fábrica de San Pedro para la apertura y cierre de los osarios y el personal del COS, es decir, del Centro Operativo de Seguridad de la Gendarmería Vaticana. Y todo esto ante la presencia del Promotor de Justicia del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano, el Profesor Gian Piero Milano, y su Adjunto, el Profesor Alessandro Diddi, además del abogado de la familia Orlandi y el Oficial a cargo de los servicios de policía judicial del Cuerpo de la Gendarmería.


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Vaticano. Sin resultado la búsqueda de los restos de Orlandi

Apertura de las tumbas en el Cementerio TeutónicoApertura de las tumbas en el Cementerio Teutónico  (Vatican Media)

En las tumbas del Cementerio Teutónico no hay nada

La apertura de los dos sepulcros, dispuestos para verificar la posible presencia de los restos de Emanuela Orlandi, no ha dado ningún resultado.

Andrea Tornielli – Ciudad del Vaticano

No hay restos humanos. Ni ataúdes, ni urnas, ni huesos. Las operaciones en el Cementerio Teutónico para verificar la hipótesis de la presencia de restos humanos atribuibles a la ciudadana vaticana Emanuela Orlandi, desaparecida hace 36 años, finalizaron a las 11.15 horas. Las investigaciones han dado resultados negativos. La cuidadosa inspección comenzó con la apertura de la tumba de la Princesa Sophie von Hohenlohe, que sacó a la luz un gran espacio subterráneo de unos 4 metros por 3,70, completamente vacío.

Posteriormente, se llevó a cabo la apertura de la segunda tumba-sarcófago, intitulada a la princesa Carlota Federica de Mecklemburgo. También en este caso, no se encontraron restos humanos en su interior. Los familiares de las dos princesas fueron informados rápidamente del resultado de las búsquedas.

A las investigaciones colaboraron el personal de la Fábrica de San Pietro, el profesor Giovanni Arcudi, asistido por su personal, en presencia de un experto de confianza nombrado por el abogado de la familia de Emanuela Orlandi. Estuvieron presentes la abogada de la familia Orlandi, Laura Sgrò, y el hermano de Emanuela, Pietro Orlandi. El Promotor de Justicia del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano, Gian Piero Milano, y su Adjunto Alessandro Diddi, junto con el Comandante del Cuerpo de Gendarmería del Vaticano, Domenico Giani, siguieron todas las fases de la operación.

«Para una ulterior profundización – informa el director ad interim de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti – se están llevando a cabo verificaciones documentales sobre las intervenciones estructurales que tuvieron lugar en la zona del Camposanto Teutónico, en una primera fase a finales del ochocientos y en una segunda fase más reciente entre los años sesenta y setenta del siglo pasado». Al final de las operaciones, añadió Gisotti, «queremos reiterar que la Santa Sede siempre ha mostrado atención y cercanía al sufrimiento de la Familia Orlandi y en particular a la madre de Emanuela. Atención demostrada también en esta ocasión al acoger la petición específica de la familia de hacer verificaciones en el Cementerio Teutónico».


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Huesos humanos en la nunciatura del Vaticano en Roma. Hipótesis

Huesos humanos en un sótano de la nunciatura de Vía Po

El hallazgo se verificó durante la restauración de la embajada vaticana ante Italia. La Procuraduría de Roma investiga por homicidio. La Santa Sede entregó los restos a la policía forense

En recuerdo de Emanuela Orlandi

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Pubblicato il 31/10/2018
Ultima modifica il 31/10/2018 alle ore 11:36
ANDREA TORNIELLI – GRAZIA LONGO
CIUDAD DEL VATICANO

 

El lunes 29 de octubre de 2018 por la tarde fueron hallados algunos huesos en un edificio de propiedad de la Santa Sede, fuera del Estado de la Ciudad del Vaticano, pero protegido por la extraterritorialidad. El hallazgo ha sido relacionado con la posibilidad (considerada por ahora remota) de que se trate de los restos de Emanuela Orlandi, la hija de quince años de un empleado pontificio que vivía con su familia en el Vaticano y que desapareció sin dejar rastros en junio de 1983. El secuestro de la chica, ciudadana vaticana, representa uno de los misterios más oscuros de las últimas décadas. La Procuraduría de Roma, bajo la dirección de Giuseppe Pignatone, abrió una investigación en contra de desconocidos con la hipótesis de un delito de homicidio.

 

Los restos humanos fueron hallados durante la restauración del sótano de un edificio en el barrio Salario, en pleno centro de Roma. Se trata de la Villa Giorgina, en vía Po número 27, es decir la nunciatura apostólica ante Italia, en donde actualmente viven el arzobispo Paul Emil Tscherrig y el personal diplomático. El edificio fue donado al Vaticano en 1949 por el empresario (y senador del Reino de Italia) Abramo Giacobbe Isaia Levi, y está dedicado a su hija que falleció en tierna edad. Se trató de un don al Papa para agradecerle por lo que había hecho cuando acogió a los hebreos perseguidos en los conventos de la capital italiana.

 

Según Vatican Insider ha podido corroborar, se estaba escavando a alrededor de medio metro de profundidad en el sótano cuando fueron hallados los huesos. Villa Giorgina fue construida a principios del siglo XX y no cuenta con fundamentos en todo el perímetro, sino solamente en las esquinas, por lo que es posible que los restos hayan sido enterrados mucho tiempo antes, así como existe la posibilidad de que se encuentren más.

 

Por el momento no se ha identificado ni el sexo ni la edad de la persona a la que pertenecían, ni la época en la que los huesos fueron enterrados. Tampoco se sabe todavía si los huesos hallados pertenecen a una sola persona, por lo que cualquier relación con el caso Orlandi parece absolutamente prematuro.

 

«Durante algunos trabajos de restauración de un local anexo a la nunciatura apostólica en Italia», se lee en un documento de la Sala de Prensa vaticana publicado ayer, 30 de octubre, por la tarde, «fueron hallados algunos fragmentos óseos humanos. El cuerpo de la Gendarmería intervino inmediatamente en el lugar, informando a los superiores de la Santa Sede que, a su vez, informaron a las autoridades italianas para las oportunas investigaciones y para la necesaria colaboración en el caso». El Procurador en jefe de Roma, Giuseppe Pignatone, refiere la nota, «ha delegado a la Policía científica y a el Equipo móvil de la Policía de Roma que establezcan la edad, el sexo y la fecha de la muerte».

 

En el pasado se han verificado otros episodios semejantes. Efectivamente, en una de las propiedades del Vaticano, también durante la restauración del edificio, se encontraron algunos huesos, y la Santa Sede se dirigió a los investigadores italianos. Los restos hallados en fueron inmediatamente entregados a los expertos forenses para que sean analizados en el laboratorio. Así se podrá determinar en poco tiempo si los huesos son compatibles con el ADN de Emanuela Orlandi o con el de Mirella Gregori, otra menor de edad que desapareció un mes antes de Orlandi. Ambos casos, en cierto momento, fueron relacionados, pero esa investigación no concluyó resultados significativos.

 

La comparación del ADN de los huesos con los que contiene la base de datos sobre las personas desaparecidas debería concluir dentro de pocos días. Por el contrario, se necesitará más tiempo para efectuar un análisis con “carbono 14” con el objetivo de datar los restos humanos que fueron hallados en el sótano de la nunciatura.

 

Hasta ahora, a pesar de todas las investigaciones que se han llevado a cabo, no se ha establecido ninguna certeza sobre el destino de la chica, ciudadana vaticana, cuyo secuestro se ha transformado en un caso internacional, con despistes, emisarios de todo tipo, cartas anónimas y llamadas a la familia Orlandi. Como telón de fondo existía la intención de presionar a Juan Pablo II. No hay que olvidar el contexto de esos años: la llegada del primer Papa del este europeo, que con sus viajes a Polonia comenzó a minar los cimientos del coloso comunista y que sufrió el atentado del 13 de mayo de 1981, los negocios del IOR, el “banco” vaticano y las relaciones con la banca rota del Banco Ambrosiano y la muerte de Roberto Calvi. El papel de la mafia y del famoso grupo de criminales “La Banda della Magliana”.

 

Se llegó incluso a pedir la liberación del atentador que dos años antes le había disparado al Papa, Alí Agca, en cambio de la vida de Emanuela. Pero no existen pruebas ciertas sobre el hecho de que la chica haya permanecido con vida después de haber sido secuestrada al salir de una lección de música. Fueron buscados en vano sus restos en la tumba del “boss” de la Banda della Magliana, Renato De Pedis, sepulto en la Basílica de San Apollinare, al lado de la escuela de música a la que asistía Orlandi. El rector de la basílica en esa época, monseñor Piero Vergari es el eclesiástico que obtuvo el permiso del Vicariato de Roma para sepultar a De Pedís en la cripta, y, hasta ahora, sigue siendo el único prelado involucrado en las investigaciones sobre el caso Orlandi. Muchos criminales arrepentidos o embusteros han contribuido con sus testimonios para enturbiar cada vez más todo el caso.


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De nuevo en el Vaticano el caso Orlandi.

El caso Orlandi y la investigación del padre Lombardi

En febrero de 2012 “Chi l’ha visto?” dio a conocer algunos pasajes de un apunte interno del director de la Sala de prensa vaticana. En las semanas que siguieron llevó a cabo una pequeña “pesquisa” sobre el caso y su resultado fue publicado el 14 de abril de ese año

San Pedro (foto: Chris Helgren – Reuters)

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Pubblicato il 27/09/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El 22 de febrero de 2012, con la presencia de Pietro Orlandi (hermano de Emanuela) en el estudio, el programa televisivo italiano “Chi l’ha visto?” resumía en un reportaje el contenido de uno de los apuntes que el padre Federico Lombardi, entonces director de la Sala de Prensa vaticana, envió a uno de sus superiores o, como sea, a alguien de peso. Se trata de una nota reservada, en la que el jesuita responsable de los medios de comunicación vaticanos sintetiza datos ciertos y cuestiones abiertas sobre el caso del secuestro de la joven Emanuela. Ese texto fue escrito pocas semanas antes, el 9 de enero. Estaban comenzando los “Vatileaks”, la primera gran fuga de documentos reservados (del escritorio del Papa) fotocopiados por el mayordomo y ayudante de cámara Paolo Gabriele que, después de la publicación del libro “Su Santidad” de Gianluigi Nuzzi, fue arrestado.

Ese 22 de febrero el libro de Nuzzi todavía no había sido publicado y entre los documentos que comenzaban a filtrarse a algunos periódicos, la nota de Lombardi no estaba. No es difícil pensar que ese documento, un texto enviado por correo electrónico por el vocero vaticano a Georg Gänswein, el secretario particular de Benedicto XVI, haya sido entregado a Pietro Orlandi por el mismo Paolo Gabriele, puesto que se conocían y frecuentaban. El texto completo del documento nunca ha sido publicado.

 

Al leerlo íntegramente se comprende que no era un informe sobre el secuestro, sino la reseña de un libro, la lectura guiada y aderezada con varias consideraciones de un texto que acababa de ser publicado (firmado por Pietro Orlandi y un periodista italiano del diario “Il Corriere della Sera”). De hecho, era suficiente ver el título del documento para comprender su naturaleza: «Sobre el libro de Fabrizio Peronaci y Pietro Orlandi: “Mi hermana Emanuela” (Apunte P.Lombardi, 27.12.2011, actualizado el 9.1.2012)».

 

Lombardi informó a su interlocutor, el secretario del Pontífice, sobre el contenido del volumen, que le parece «bastante confiable en las informaciones que da sobre hechos y documentos». Recuerda también las diferentes pistas citadas e el libro y observa: «Efectivamente se percibe que la tragedia de la familia no es solo la de una hija desaparecida, sino también la de la tortura prolungada de mensajes, reivindicaciones, informaciones contradictorias, que siempre mantienen las dudas y vuelven a despertar la cuestión hasta nuestros días con presuntos nuevos elementos (como las declaraciones bastante recientes de Sabrina Minardi, amante del “boss” de la Banda della Magliana, Renatino De Pedis)». Se refiere a la última investigación basada en las declaraciones de la «arrepentida» Minardi, que después concluyó sin ninguna novedad.

 

«Pietro Orlandi –escribe Lombardi– parece una persona que efectivamente busca la verdad, manifiesta la capacidad de rechazar algunas hipótesis que le parecen completamente infundadas. Positivos, en este sentido, son su no dar crédito a las acusaciones infamantes contra Marcinkus (bello también el testimonio de su mamá a favor de Marcinkus), o la presentación cordial que hace de Luigi Mennini».

El vocero vaticano también considera que es «excesiva la seguridad con la que se identifica la sigla “Phoenix” con los servicios secretos italianos», uno de los elementos de novedad del libro que analiza los diferentes despistes en el todavía oscuro y misterioso caso. Se definen como «infundadas y fantásticas» las afirmaciones sobre «el coronel Esterman, sus contactos con la Stasi y los demás servicios de inteligencia, y su intención de huir de Roma». Después se concentra en la actitud de Pietro Orlandi, quien «considera como verdadero que la hermana haya sido secuestrada porque era ciudadana vaticana, en conexión con el atentado a JPII (Juan Pablo II, ndr.), y a quien le gustaría que este hecho fuera reconocido y declarado públicamente. Sobre esta conexión parecería que se habrían expresado –acreditándola– también JPII y el card. Casaroli (esto es posible, pero esto lo dice P.Orlandi y yo no tengo la certeza absoluta, al no tratarse de declaraciones públicas documentadas)… Efectivamente, los mensajes que pedían un intercambio Agca – Emanuela fueron muchos e insistentes».

 

Lombardi habla del «interés» y del «compromiso», «muy grandes», del Papa Wojtyla, y después se refiere a algunas de las afirmaciones de Pietro Orlandi con respecto a que su familia no hubiera recibido avisos sobre el riesgo de los secuestros por parte de las autoridades vaticanas (después de una indicación de los servicios franceses, el Vaticano advirtió a las familias del ayudante de cámara Angelo Gugele y del jefe de los gendarmes Camilo Cibin, que también tenían hijas). El hermano de Emanuela, recuerda Lombardi en su apunte, «también considera que el Vaticano no informó lo suficiente a su familia (por ejemplo de los contactos que tuvo con los secuestradores, mediante una línea telefónica reservada) y que no colaboró lo necesario con los investigadores italianos (así como sostienen los investigadores italianos, como Malerba y, sobre todo, el juez Priore: porque algunos prelados se rechazaron a testificar)».

 

De esta «falta de colaboración y transparencia» citada en el libro, nace la idea de una «pista interna» que «habría sido encubierta por el Vaticano mismo y que podría llevar a los verdaderos (o a algunos verdaderos) mandantes del plan del atentado en contra del Papa y del consecuente secuestro de Emanuela. Los hechos de informaciones y circunstancias inquietantes, “inexplicables” sin “topos” y espías internos, confirmarían esta pista y su encubrimiento. (Nota: de algunas de estas circunstancias me parece efectivamente que circularon rumores que, por lo que me resulta, nunca fueron verdaderamente desmentidos)».

 

«De cualquier manera –escribe el padre Lombardi en su nota dirigida al secretario del Pontífice–, en el libro de Orlandi –Peronaci se pueden reconocer algunos claros indicios sobre el compromiso vaticano para tratar de colaborar en la solución del secuestro (la línea telefónica directa para los contactos con los secuestradores: la cita con el juez Sica para el contacto con los secuestradores, aunque haya fracasado, el contacto de monseñor Stanislao con los carabineros para desenmascarar el fraude del turco Sufurler…). En cambio, no se ven verdaderas pruebas de querer ocultar algo. Por ejemplo, la interceptación de una llamada telefónica de Bonarelli (gendarme vaticano que debía ser escuchado por los magistrados en relación con el caso de Mirella Gregori, otra chica que desapareció algunas semanas antes que Emanuela, ndr.), no me parece que demuestra demasiado, cuando no una bastante y normal invitación a la prudencia (por parte de Cibin, creo) en la deposición que deberá hacer. O bien, el comportamiento de monseñor Stanislao» con quienes querían aprovecharse de la situación y crear un fraude, gracias al cual «se llegó rápidamente» a desenmascararlos, «y sería exagerado hablar de una “negociación”» a espaldas de la familia Orlandi.

 

«Sin embargo, hay –reconoce Lombardi– algunos aspectos de comportamiento humano y cristiano probablemente criticables o imprudentes, que han contribuido a la actitud negativa de Pietro». El portavoz cita tres ejemplos: la «reacción irritada de Castillo Lara (cardenal, ndr.) a la primera entrevista de Pietro Orlandi». La «entrevista de Oddi (otro cardenal, ndr.) sobre hipótesis nada honrosas para Emanuela» (se refiere a que el purpurado afirmó haber escuchado que Emanuela había vuelto al Vaticano en coche, acreditando la pista de un escándalo de naturaleza sexual o de trata de blancas). Y también «la ausencia de autoridades vaticanas en el funeral de Ercole Orlandi (por lo menos es lo que se afirma en el libro)».

 

En su conjunto, escribe el padre Lombardi, «me parece evidente que la hipótesis de una “pista interna” vaticana de autores intelectuales eclesiásticos de alto nivel del atentado del Papa o del secuestro es una infamia increíble, a la que no hay que dar la más mínima credibilidad». Sin embargo, el portavoz añade una lista de «puntos sobre los que no es fácil dar hoy una respuesta definitiva ni documentable».

 

«Por ejemplo:

– El hecho que hubiera habido una advertencia sobre el peligro de secuestros (por parte de los servicios franceses) y que se hubieran tomado medidas de prevención (Gugel, Cibin…).

– Si la no colaboración con las autoridades italianas (por lo menos en algunas de las formas requeridas – rogatorias, desposición de Bonarelli) es una normal y justificada afirmación de soberanía vaticana o si efectivamente se mantuvieron reservadas algunas circunstancias que habrían podido ayudar a aclarar algo.

– La cuestión de la ayuda económica a Solidarnosc. No creo que haya sido aclarado nunca verdaderamente (para el público exterior no), y vuelve a complicar también esta cuestión (por lo menos según la hipótesis del juez Priore sobre la responsabilidad de la Banda della Magliana en el secuestro).

– Las circunstancias “inexplicables” que hacen pensar en informantes dentro del Vaticano».

 

Lombardi cita al final las «presuntas interrogantes relacionadas con la tumba del “boss” de la Banda della Magliana, “Renatino”, en Sant’Apollinare, y, como me parece que por parte de la Iglesia el cardenal Vicario haya declarado la disponibilidad a dejar abrir tal tumba, no comprendo por qué esto no se ha dado todavía» (también esta verificación no habría producido ning’un resultado poco tiempo después).

 

El mensaje de Lombardi a monseñor Gänswein termina con una pregunta: «¿Tiene sentido profundizar todavía la cuestión con algún testigo autorizado que ocupaba en esa época algún cargo de responsabilidad y que sea capaz de dar una información o una opinión informada para un juicio más seguro y adecuado sobre el caso?». No contamos con una respuesta, escrita o verbal. Pero, teniendo en cuenta lo que sucedió posteriormente, podría ser que el secretario de Benedicto XVI, después de haber presumiblemente informado al Papa, hubiera respondido afirmativamente, autorizando nuevas investigaciones por parte del vocero vaticano. No hay que olvidar que casi todos los que en 1983 ocupaban cargos de responsabilidad en el Vaticano ya no están vivos y se percibe que ni el padre Lombardi ni sus interlocutores conocen informaciones decisivas.

 

El resultado de esta personal “investigación” fue el comunicado que firmó el padre Federico Lombardi, y que sigue siendo en la actualidad el documento oficial más largo, articulado, puntual, confiable y actualizado sobre el caso Orlandi. La estatura moral y la preparación del entonces vocero vaticano están fuera de discusión: lo que escribió en la nota difundida el 14 de abril de 2012 fue fruto de su investigación personal y de los diálogos que tuvo con quienes pudieran tener algún conocimiento sobre los hechos.

 

«Puesto que ha pasado un tiempo considerable desde los hechos en cuestión (el secuestro fue el 22 de junio de 1983, hace casi 30 años) y puesto que buena parte de las personas entonces en cargos de responsabilidad han desaparecido, no es naturalmente posible pensar en un nuevo análisis detallado de los eventos. A pesar de ello, es posible, gracias a algunos testimonios particularmente confiables y a una relectura de la documentación disponible, verificar en sustancia con cuáles criterios y actitudes procedieron los responsables vaticanos para afrontar esa situación». Se comprende que entre los testimonios «particularmente confiables» esta el del cardenal Giovanni Battista Re.

 

Para responder a las preguntas sobre el compromiso de las autoridades vaticanas de la época para «afrontar verdaderamente la situación», sobre su colaboración con las autoridades italianas y si existen «elementos nuevos, no revelados pero conocidos por alguien en el Vaticano, que pudieran ser útiles para conocer la verdad», Lombardi recuerda principalmente el compromiso personal de Juan Pablo II y sus ocho llamados por la liberación de Emanuela, su visita a la familia de la chica y el puesto de trabajo garantizado a su hermano en el IOR. «A este compromiso personal del Papa es natural que correspondiera el compromiso de sus colaboradores».

 

«El cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado y, por lo tanto primer colaborador del Papa –escribe Lombardi– siguió personalmente el caso, tanto que, como se sabe, se puso a disposición para los contactos con los secuestradores mediante una línea telefónica particular. Como demostró en el pasado y sigue haciéndolo el cardenal Giovanni Battista Re (entonces asesor de la Secretaría de Estado y hoy principal y más confiable testimonio de esa época), no solo la Secretaría de Estado misma, sino también el Gobernatorado estuvieron comprometidos haciendo lo posible para afrontar la dolorosa situación con la necesaria colaboración con las autoridades italianas investigadoras, a las que tocaban la competencia y la responsabilidad de las investigaciones, puesto que el secuestro se verificó en Italia».

 

Para demostrar esta «plena disponibilidad a la colaboración», la nota cita, por ejemplo, la posibilidad que tuvieron los investigadores, «y sobre todo el SISDE (Servicio para la Información y la Seguridad Democrática)», para acceder «a la central telefónica del Vaticano para escuchar posibles llamadas de los secuestradores, y también después en algunas ocasiones autoridades vaticanas recurrieron a la colaboración con autoridades italianas para desenmascarar formas de fraudes por parte de presuntos informantes».

 

«Corresponde, entonces,a la pura verdad –continúa la nota—cuanto se afirmó con nota verbal de la Secretaría de Estado N. 187.168, del 4 de marzo de 1987, en respuesta a una llamada vaticana a la primera petición formal de información presentada por la magistratura italiana investigadora en la fecha del 13 de noviembre de 1986, cuando se dice que “las noticias relacionadas con el caso […] fueron transmitidas en su momento al PM doctor Sica”. Como todas las cartas e indicaciones que llegaron al Vaticano fueron enviadas rápidamente al Doctor Domenico Sica y al Inspectorado de P.S. en el Vaticano, se presume que se encuentren custodiadas en las competentes oficinas judiciales italianas».

 

El padre Federico Lombardi añadió: «También en la segunda fase de la investigación (años después) las tres rogatorias enviadas a las autoridades vaticanas por los investigadores italianos (una en 1994 y dos en 1995) encontraron respuesta (notas verbales de la Secretaría de Estado N. 346.491, del 3 de mayo 1994; N. 369.354, del 27 de abril de 1995; N. 372.117, del 21 de junio de 1995). Como pidieron los investigadores, el Sr. Ercole Orlandi (papá de Emanuela), el Com. Camillo Cibin (entonces Comandante de la vigilancia vaticana), el Card. Agostino Casaroli (que fue Secretario de Estado), S.E. Mons. Eduardo Martínez Somalo (que fue Sustituto de la Secretaría de Estado), Mons. Giovanni Battista Re (entonces asesor de la Secretaría de Estado), S.E. Mons. Dino Monduzzi (entonces Prefecto de la Casa Pontificia), Mons. Claudio Maria Celli (que fue Subsecretario de la Sección para las relaciones con los Estados de la secretaría de Estado), entregaron a los jueces del Tribunal Vaticano sus deposiciones sobre las preguntas hechas por los investigadores y la documentación fue enviada, mediante la embajada de Italia ante la Santa Sede, a las autoridades que la pedían. Los fascículos relativos existen todavía y siguen estando a disposición de los investigadores».

 

Lombardi revela que «en la época del secuestro de Emanuela, las autoridades vaticanas, en espíritu de verdadera colaboración, concedieron a los investigadores italianos y al SISDE la autorización para tener bajo vigilancia el teléfono vaticano de la familia Orlandi y para acceder libremente al Vaticano para ir a la vivienda de los mismos Orlandi, sin ninguna intermediación de funcionarios vaticanos». El vocero concluye: «No es, pues, fundado acusar al Vaticano de haber rechazado colaborar con las autoridades italianas encargadas de las investigaciones.

 

¿Por qué, entonces, los magistrados italianos titulares de las diferentes investigaciones sobre el caso no ocultaron nunca que consideraban poco suficiente la colaboración de las autoridades vaticanas? Lo que es cierto es que influyó en este juicio que el Vaticano hubiera respondido a las rogatorias internacionales enviando las preguntas por escrito a los testigos para después transmitir las respuestas a los magistrados italianos, sin que tuvieran la posibilidad para interrogar directamente a los protagonistas.

 

«Que en las deposiciones en cuestión no estuviera presente un magistrado italiano, sino que se pidiera a la parte italiana que formulara con precisión las preguntas que hacer –observa Lombardi en el comunicado– forma parte de la praxis ordinaria internacional en la cooperación judicial y no debe, pues, sorprender, ni mucho menos crear sospechas (véase el art. 4 de la Convención Europea de asistencia judicial en materia penal, del 20 de abril de 1959». Verdadero y jurídicamente incontestable. Pero no se pueden comparar respuestas por escrito con un coloquio personal. Las reacciones de los magistrados son, pues, completamente comprensibles.

 

«La sustancia de la cuestión –afirma Lombardi– es que, desgraciadamente no se tuvo en el Vaticano ningún elemento útil concreto para la solución del caso que ofrecer a los investigadores. En ese momento, las autoridades vaticanas, con base en los mensajes recibidos que se referían a Alí Agca (que, como periodo, coincidieron prácticamente con la instructoria sobre el atentado al Papa), compartieron la opinión difundida de que el secuestro fuera utilizado por una oscura organización criminal para enviar mensajes y presionar en relación con el encarcelamiento y los interrogatorios al atentador del Papa».

 

«No se tuvo –añadió el vocero vaticano– ningún motivo para pensar en otras posibles razones para el secuestro. La atribución de conocimiento de secretos relacionados con el secuestro mismo por parte de personas pertenecientes a las instituciones vaticanas, sin indicar ningún nombre, no corresponde, pues, a ninguna información confiable ni fundada: a veces parece casi una coartada frente a la desilusión y a la frustración por no haber logrado encontrar la verdad».

 

La nota de Lombardi concluye afirmando «con decisión» estos puntos: «Todas las autoridades vaticanas colaboraron con compromiso y transparencia con las autoridades italianas para afrontar la situación del secuestro en la primera fase y, después, también en las investigaciones posteriores». Además, «no resulta que se haya ocultado nada, ni que existan en el Vaticano “secretos” sobre el tema. Seguir afirmándolo es completamente injustificado, incluso porque, se insiste una vez más, todo el material hallado en el Vaticano fue entregado, en su momento, al P.M. investigador y a las autoridades de Policía; además, el SISDE, la Cuestura de Roma y los Carabineros tuvieron acceso directo a la familia Orlandi y a la documentación útil para las investigaciones».

 

En resumen, el padre Lombardi, después de haber escuchado nuevamente a los testigos que seguían con vida, aseguró que no hay secretos que revelar ni inconfesables «pistas internas». Poco más de una semana antes de que se difundiera la nota de Lombardi, en la Basílica de San Pedro el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, utilizó palabras muy fuertes en la homilía del Viernes Santo, y que se podían aplicar al caso Orlandi: «¡Cuántos delitos atroces que han quedado, en los últimos tiempos, sin culpable; cuántos casos sin resolver! No se lleven con ustedes el secreto a la tumba». Según lo que afirma la articulada declaración vaticana que hizo Lombardi, no habría habido nunca secretos en el Vaticano en relación con el caso Orlandi.

 

Este documento, que debe ser leído teniendo en cuenta la nota interna que envió Lombardi a Gänswein, parecería querer cerrar definitivamente un caso de secuestro y desaparición que se verificó fuera de las murallas de la Ciudad del Vaticano, pero que involucró a una ciudadana vaticana, hija de un empleado del pequeño Estado.

 

¿Qué aporta al caso el nuevo documento, claramente falso y probablemente escrito para pasar como tal, publicado en el libro de Emiliano Fittipaldi titulado “Impostores”? Lo que da valor a ese texto (escrito por una mente refinada y hábil) es que se encontraba en el archivo que monseñor Lucio Vallejo Balda hizo durante el periodo en el que fue Secreario de la COSEA, la Comisión encargada de vigilar la situación económico-administrativa de los dicasterios y de las oficinas vaticanas, y de proponer reformas. Formaba parte de esa comisión Francesca Immacolata Chaouqui, quien se refirió por primera vez al documento (un presunto informe de gastos que la Santa Sede habría hecho para mantener a Emanuela Orlandi oculta en el extranjero), en un libro publicado en febrero de 2017. Y, como Vallejo Balda, quien habló sobre el documento con varias personas, parecía creer en su contenido.

 

¿Es posible que ese texto contenga pedazos de informaciones verdaderas, es decir, por ejemplo, notas de los gastos para investigar sobre el caso Orlandi? Es difícil decirlo, puesto que faltan documentos y testimonios atendibles al respecto. Lo que es cierto es que nos encontramos a la vigilia de un nuevo “Vatileaks”, con la publicación de nuevos documentos reservados (probablemente en parte provenientes todavía del archivo de monseñor Vallejo Balda). Y también el caso de Emanuela Orlandi, que desapareció una tarde de junio en el centro de Roma, sobre cuyo destino no se ha sabido nada, acaba en este revoltijo de venenos, mensajes cruzados y chantajes.


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Falsas informaciones en torno a la desaparición en 1983 de Emmanuela Orlandi

“Vatileaks” y el “recibo de gastos” vaticano para el secuestro de Orlandi

Los periódicos italianos «Repubblica» y «Corriere della Sera» divulgaron un documento que parece confeccionado a propósito, que contiene las cuentas de los casi 500 mil millones de liras que la Santa Sede habría gastado para ocuparse de la permanencia en el extranjero de Emanuela. El portavoz Greg Burke: «Reconstrucción falsa y ridícula»

Emanuela Orlandi

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Pubblicato il 18/09/2017
Ultima modifica il 18/09/2017 alle ore 15:30
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Que el caso de Emanuela Orlandi, la joven hija de un empleado vaticano que desapareció misteriosamente en el centro de Roma en junio de 1983, es un misterio nunca aclarado y entretejido con chantajes y despistes, es un hecho objetivo y bien documentado. Que entre las personas, en diferentes grados involucradas en esta triste y oscura historia (que se ha transformado en un caso internacional en el que se han interesado los servicios de inteligencia de medio mundo, con presuntas conexiones con el atentado a Papa Wojtyla y el caso IOR-Ambrosiano), hay quienes no han dicho la verdad, también es cierto. Ahora la historia se enriquece con un nuevo capítulo, con un documento que aumentará la confusión y las insidias.

 

Lo publicaron contemporáneamente los periódicos italianos «Repubblica» en línea (como anticipación de un nuevo libro del periodista de la revista «L’Espresso» Emiliano Fittipaldi) e «Il Corriere della Sera» en papel, con artículos en los que se admite que se podría tratar de un documento falso creado para despistar. Se trata de un documento escrito en papel normal, sin membretes oficiales, sellos o firmas manuscritas, compuesto por cinco páginas y que lleva la fecha de marzo de 1988. Se titula: «Informe sumario sobre los gastos sostenidos por el Estado de la Ciudad del Vaticano para las actividades relativas a la ciudadana Emanuela Orlandi (Roma, 14 de enero de 1968)». Quien lo habría redactado (y enviado al entonces Sustituto de la Secretaría de Estado, Giovanni Battista Re, y para conocimiento del entonces «ministro del Exterior» Jean-Louis Tauran), habría sido el cardenal italiano Lorenzo Antonetti, que fue desde 1995 hasta 1998 Presidente de la APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que funge como ente de los pagos vaticanos).

 

Además de la carta, se habrían enviado 197 páginas de facturas y justificantes (que ya no están presentes), con el inquietante informe de los gastos que el Vaticano habría sostenido para ocuparse del secuestro de Emanuela Orlandi y su permanencia en el extranjero, en varios convites, además de los gastos pagados para un declarado «despiste» (¡sic!), para las investigaciones privadas y no mejor especificadas (y millonarias) actividades llevadas a cabo por el entonces Secretario de Estado Agostino Casaroli y por el entonces Vicario de Roma Ugo Poletti.

 

Antes que nada, considerando las indicaciones que se encuentran al inicio de las páginas del documento, se afirma que las actividades habrían comenzado en enero de 1983, es decir algunos meses antes de que desapareciera la joven: casi como si se admitiera que el Vaticano estaba involucrado en la organización de su secuestro. Se habla de millones de liras puestos a disposición de Teofilo Benotti para que se ocupara de las relaciones con la prensa que seguía el caso, de gastos por visitas ginecológicas, de viajes que el entonces jefe de los Gendarmes vaticanos, Camillo Cibin, habría hecho a Londres en compañía del médico personal del Papa Juan Pablo II, Renato Buzzonetti, por lo que se presume que habría viajado para verificar la salud de Orlandi. Al final, otro aspecto inquietante, los gastos finales, de 1997: «Actividad general y traslado al Estado de la Ciudad del Vaticano, con un relativo finiquito de prácticas finales: 21 millones de liras». Por lo que, se supondría, Emanuela habría vuelto al Vaticano en 1997 para no volver a salir nunca más.

 

¿De dónde proviene este texto? Del archivo de monseñor Lucio Vallejo Balda, el religioso español que fue nombrado secretario de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede y que se convirtió también en secretario de la comisión COSEA, que entre 2013 y 2014 hizo un monitoreo de las cuentas y la gestión administrativa de entes y dicasterios vaticanos. Vallejo Balda, que insistió para que Francesca Immacolata Chouqui estuviera a su lado en la comisión, fue protagonista con ella (e imputado) en el caso «Vatileaks 2», el proceso vaticano que siguió a la publicación de todos los documentos de la comisión en dos libros.

 

Según las fuentes consultadas por Vatican Insider, Balda conservaba ese documento y, después del extraño hurto en las oficinas de la Prefectura del 29 y del 30 de marzo de 2014, confió a varias personas que entre el material robado se encontraba un «dossier» sobre Emanuela Orlandi. Según lo que ha podido comprobar Vatican Insider, el «dossier» no estaba presente en el plico de documentos restituido a la Prefectura después del robo, mismos que Vallejo Balda volvió a poner en su sitio.

 

Hay que aclarar inmediatamente, para alejar equívocos, que si el contenido del «dossier» fuera verdadero, es decir si la cúpula de la Santa Sede hubiera verdaderamente jugado un papel determinante en el secuestro y en el encubrimiento de Emanuela, ocultando la verdad, el Vaticano debería no ser reformado, sino cerrado definitivamente: no se trata de nepotismo, de contratar a parientes, de negocios poco claros, de facturas infladas para reestructurar departamentos, de desviaciones sexuales (todas estas, claro está, prácticas execrables que deben ser condenadas y perseguidas). Se estaría hablando de delitos extremadamente graves, como si se tratara de la época de los Borgia.

 

 

Pero, si se analiza el documento, las cosas que no cuadran son muchas. Empezando por las primeras palabras: el cardenal Antonetti, veterano de la diplomacia curial y nuncio en París, se habría dirigido al arzobispo Re llamándolo «Su Reverenda Excelencia…». En el Vaticano, incluso los ujieres que acaban de ser contratados hace una semana saben que el hispano y vetusto código de los títulos episcopales prevé que uno se dirija a un obispo llamándolo «Su Excelencia Reverendísima». Además, el nombre propio de monseñor Tauran fue escrito incorrectamente: Jean Luis, en lugar de Jean-Louis (y esto es muy extraño por parte del encargado de un dicasterio que se dirige a un alto rango de la Secretaría de Estado: al ex nuncio en Francia se le habrá olvidado el francés).

 

Pero las dudas verdaderas tienen que ver más con el contenido. Admitamos por un instante que la sustancia de los hechos revelados sea verdadera. ¿Por cuál motivo en 1998, con una investigación de la magistratura romana todavía abierta, la cúpula de la Santa Sede involucrada (en este caso la Secretaría de Estado) habría pedido que la APSA hiciera un informe completo de los gastos de la operación, con facturas y sin usar nombres en código, aumentando de esta manera el número de las personas informadas sobre los hechos y las posibles fugas de noticias? Y aún más, suponiendo que la sustancia fuera verdadera, ¿por cuál razón la Secretaría de Estado se habría ocupado de una operación de este tipo utilizando la APSA como ente para pagar, y no echando mano de los fondos reservados (el Fondo Pablo VI) de los que dispone para emergencias?

 

Todo esto podría demostrar que el documento es falso (a menos que no se piense que el cardenal Antonetti lo haya fabricado voluntariamente con errores para que pasara como un documento falso). Lo que es cierto es que se encontraba en el archivo de monseñor Balda y que, por lo tanto, alguien lo concibió y se lo entregó a él. Obviamente, un texto de este tipo es fabricado para despistar o para chantajear, mezclando detalles verdaderos o verosímiles con otros inventados.

 

El cardenal Giovanni Battista Re, presunto destinatario de esas hojas, declaró al blog «Stanze Vaticane» del telediario italiano Tgcom24: «Nunca he visto ese documento publicado por Fittipaldi, nunca he recibido ningún informe sobre eventuales gastos efectuados para el caso de Emanuela Orlandi». Mientras tanto, el director de la Sala de Prensa vaticana, Greg Burke, dijo que la reconstrucción publicada como anticipación del libro de Fittipaldi en el periódico «Repubblica» era «falsa y ridícula».

 

Queda un hecho comprobado: a cinco años de la elección del Papa Francisco, después de un Cónclave que expresó la voluntad de acabar con los miasmas y las insidias curiales que habían surgido con el primer caso «Vatileaks», la estación de la fuga de documentos y de los despistes no parece haber concluido. Es más, se trata de actividades que florecen como nunca antes.