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Empeora en el mundo la situación de la libertad religiosa.

Preocupante situación de la libertad religiosa en el mundo

Sabado 5 May 2018 | 08:00 am

Washington (Estados Unidos) (AICA): Según el informe de la Comisión para la Libertad Religiosa Internacional, las condiciones para la libertad religiosa empeoraron en todo el mundo en 2017. Las violaciones de la libertad religiosa fueron especialmente agudas bajo regímenes autoritarios en el hemisferio oriental. Con excepción de Cuba, los 28 países que la Comisión designó como los peores violadores de la libertad religiosa en 2017, se encuentran al este del meridiano de Greenwich.

Según el informe entregado por la Comisión para la Libertad Religiosa Internacional, las condiciones para la libertad religiosa empeoraron en todo el mundo en 2017.

Las violaciones de la libertad religiosa fueron especialmente agudas bajo regímenes autoritarios en el hemisferio oriental. Con la excepción de Cuba, los 28 países que la Comisión de los Estados Unidos sobre la Libertad Religiosa Internacional (Uscirf) designó como los peores violadores de la libertad religiosa en 2017, se encuentran al este del meridiano de Greenwich.

Los peores abusos contra la libertad religiosa incluyen genocidio, esclavitud, violación, encarcelamiento, forzado desplazamiento, conversiones forzadas, destrucción de propiedades y prohibición de educación religiosa a los niños.

La comisión recomendó que 16 países sean reconocidos por el Departamento de Estado como “País de Especial Preocupación” (CPC, por sus siglas en inglés), una etiqueta que identifica a los gobiernos extranjeros que participan o toleran violaciones de la libertad religiosa “sistemáticas, continuas y atroces”.

Recibir esta designación del Departamento de Estado abre la puerta a consecuencias que incluyen sanciones comerciales y de financiamiento.

Estos 16 son los mismos países recomendados por Uscirf el año pasado. El Departamento de Estado pasó a reconocer a 10 como CPC en diciembre de 2017 a Birmania, China, Eritrea, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudita, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Sudán.

La Uscirf precisa también que las violaciones de la libertad religiosa en Pakistán, Rusia, Siria, Nigeria, Vietnam y la República Centroafricana son tan graves que merecen la designación de CPC.

El caso de Pakistán
De estos seis países no reconocidos, el presidente de la Uscirf, Daniel Mark, está particularmente preocupado por el estado de la libertad religiosa en Pakistán. “Lo que hemos dicho durante muchos años es que Pakistán es el peor país del mundo que no está designado para el CPC. Pakistán es líder mundial en encarcelamientos y condenas, juicios por blasfemia y apostasía, y ese tipo de cosas”, afirmó Mark.

Según el informe, unas 40 personas condenadas bajo las leyes de blasfemia están esperando la pena de muerte o cumpliendo cadena perpetua, incluida Asia Bibi, una madre cristiana y trabajadora de campo.

En diciembre de 2017, atacantes suicidas afiliados al Estado Islámico atacaron una iglesia en Quetta, Pakistán, matando a nueve personas. Las próximas elecciones nacionales en julio de 2018 han exacerbado las tensiones religiosas en el país.

“Las condiciones en Pakistán no son solo malas según la ley, donde, por ejemplo, los ahmadis están fuera de la Constitución por considerárseles ciudadanos de segunda clase, sino también en la sociedad civil donde creció una cultura de impunidad”, dijo Mark, quien explicó que turbas de civiles vigilantes han estado atacando a personas sobre la base de acusaciones de blasfemia.

En lugar de la designación de CPC, Pakistán fue incluido en una “Lista de vigilancia especial” por el Departamento de Estado en diciembre de 2017. Esta lista es una categoría creada por las enmiendas de 2016 a la Ley de libertad religiosa internacional.

“Las cuestiones relativas a Pakistán son muy delicadas por el hecho de que es socio nuestro en la lucha contra el terrorismo en el mundo y en la guerra de Afganistán. Pero, dado el aumento del extremismo en Pakistán realmente creemos que se debe mantener la presión, pese a la cooperación que nuestros países necesiten”, explicó Mark.

En Rusia
El presidente de Uscirf dijo que es preocupante que tanto Rusia como China hayan intensificado la violación de la libertad religiosa a lo largo de 2017.

El informe señala que Rusia es el único país que expandió sus políticas represivas a un territorio vecino mediante la invasión militar. Los musulmanes tártaros de Crimea son secuestrados, torturados y encarcelados en la Ucrania ocupada por Rusia.

“Rusia es un gran jugador en el escenario mundial. Es realmente importante que el mensaje se envíe con claridad”, dijo Mark refiriéndose a la libertad religiosa.

En China
El informe también menciona la persecución religiosa en China, incluida la persecución de los católicos, y señala que 2017 marcó los 60 años desde la creación de la Asociación Patriótica Católica China.

En 2017, China aumentó el control del gobierno sobre sus religiones reconocidas como parte de la campaña del presidente Xi Jinping para “manipular todos los aspectos de la fe en un molde socialista impregnado de ‘características chinas’”.

Dos regiones de China con importantes minorías étnicas y religiosas, Xinjiang y Tíbet, “se parecen cada vez más a estados policiales”, según el informe.

“Los monjes y las monjas que se niegan a denunciar al Dalai Lama o no prometen lealtad a Pekín son expulsados de sus monasterios, encarcelados y torturados”.

El informe también cita revelaciones recientes de autoridades chinas que torturan a presos por objetores conciencia y defensores de los derechos humanos para forzar confesiones y obligar a las personas a renunciar a su fe.

Otros países
En su informe de 2018, Uscirf también reconoció a 12 países adicionales con un estado de nivel 2 de violaciones a la libertad religiosa menos graves: Afganistán, Azerbaiyán, Bahrein, Cuba, Egipto, India, Indonesia, Irak, Kazajstán, Laos, Malasia y Turquía.

La Uscirf recomienda que el gobierno de los Estados Unidos priorice los esfuerzos para abogar por la liberación de los presos de conciencia.

El presidente de la Uscirf, Daniel Mark, señaló el reciente viaje del embajador en libertad religiosa internacional Sam Brownback a Turquía, en nombre del pastor cristiano encarcelado Andrew Brunson, como un buen ejemplo.

Mark también destacó que hubo algunas mejoras en los esfuerzos de libertad religiosa internacional durante el año pasado. Fue positivo ver que el 1 de enero de 2018 Dinamarca abrió una nueva oficina con un representante cubriendo este tema y esperamos ver que sigan más países”, dijo.+

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La libertad religiosa cada vez más amenazada en el mundo actual.

La alarma de la Santa Sede: la libertad religiosa cada vez más amenazada en el mundo

Discurso de monseñor Jurkovič a la ONU de Ginebra: en peligro también están la educación de los jóvenes, la objeción de conciencia y la identidad cultural de los pueblos

La alarma de la Santa Sede: la libertad religiosa está cada vez más en riesgo en el mundo

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Pubblicato il 03/03/2018
Ultima modifica il 03/03/2018 alle ore 15:49

 

Es una «actitud de rechazo frente a la libertad religiosa, de marginación e incluso de abierta persecución de las minorías» lo que el arzobispo Ivan Jurkovič, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU de Ginebra, adjudica a muchos Estados. Lo hizo ayer, durante la 37ª sesión del Consejo para los derechos humanos, en la que el religioso denunció con fuerza las violaciones de la libertad religiosa en el mundo de hoy.

 

En su intervención, según indicó Vatican News, el religioso recordó que «leyes o políticas que discriminan a las minorías religiosas y que limitan la libertad de religión y de credo (como las llamadas leyes sobre la blasfemia o anti-conversión) están, desgraciadamente, todavía presentes en nuestro mundo». Otros Estados no protegen a sus ciudadanos que pertenecen a minorías religiosas, cuando son el blanco de la violencia o bien «obstaculizando el acceso a la justicia o sin garantizarles procesos ecuos», añadió.

 

Por otra parte, en esos Estados que promueven una «ideología secular radical que niega los sentimientos religiosos de sus ciudadanos», se verifican «formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición contra los creyentes y contra los símbolos religiosos», especialmente «en la educación de los jóvenes y en relación con la objeción de conciencia», observó el delegado vaticano.

 

E insistió que «una sociedad basada en el respeto de la libertad de religión y de credo es más fuerte, y no más débil»: «respetar las convicciones más profundas de los miembros de cierta sociedad es, efectivamente, el prerrequisito sobre el que se puede construir una auténtica cultura de los derechos humanos». «Cada sociedad, en cuanto expresión de la persona y del conjunto de sus dimensiones constitutivas, debe vivir y organizarse para favorecer su apertura a la trascendencia. Precisamente por esto, las leyes y las instituciones de una sociedad no pueden ser configuradas ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos».

 

«Desafortunadamente –subrayó el observador ante la ONU de Ginebra–, esta actitud reductiva es a veces percibida también en algunos ambientes de agencias y organizaciones internacionales, cuando ideologías y nociones controvertidas que no están en línea con los instrumentos internacionales y ni con los sentimientos de la mayor parte de la humanidad son promovidas o incluso impuestas».

 

 

Citando las palabras del Papa Francisco, Jurkovič también recordó que puede existir «el peligro –en cierto sentido paradójico- de que, en nombre de los mismos derechos humanos, se trate de instaurar modernas formas de colonización ideológica de los más fuertes en detrimento de los más pobres y débiles. Tal postura, para nada rara, no puede sino debilitar estas instituciones, reduciendo a un estado de irrelevancia el sistema multilateral de los derechos humanos, que es ya bastantemente criticado».

 

En particular, el arzobispo expresó en nombre de la Santa Sede la «máxima preocupación» frente al uso, por parte del Relator especial de la ONU, de la expresión «Libertad “de” la religión»: concepto, explicó, que «no está contemplado en los instrumentos internacionales» y que «revela una idea paternalista de la religión, yendo más allá del mandato del Relator especial».

 

 

«La dimensión religiosa no es una subcultura», insistió el religioso; es «parte de la cultura de cada pueblo y de cada nación». Por ello, descuidar la importancia de las religiones o «negar o limitar arbitrariamente» la libertad religiosa significa «cultivar una visión reductiva de la persona humana», «hacer imposible una paz auténtica y duradera de toda la familia humana».


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Libertad religiosa y América, por Thomas Reese, jesuita

  Bishop Mclroy decries extremism on religious freedom, calls for solidarity in American politics

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Bishop Robert McElroy of San Diego walks away after greeting Pope Francis during his general audience in Paul VI hall at the Vatican Nov. 23 2016. (CNS/Paul Haring)

WASHINGTON — In an address at Georgetown University, Bishop Robert McElroy of San Diego criticized both extremes in the fight over religious freedom and called for public consensus based on solidarity to heal our nation in this hyper-partisan age.

McElroy is one of the most brilliant minds in the Catholic hierarchy today, with a doctorate in political science from Stanford University and a doctorate in moral theology from the Pontifical Gregorian University in Rome. Not surprisingly, the 63-year-old bishop is frequently spoken of as a possible successor to Cardinal Donald Wuerl in Washington, DC, who is past retirement age.

McElroy gave his speech on November 16 at a conference at the Berkley Center for Religion, Peace and World Affairs celebrating the 50th anniversary of the death of Rev. John Courtney Murray, the Jesuit who was one of the most influential American theologians of the 20th century. But McElroy was not interested in looking backwards. He wanted to talk about “the issues of the Church and our nation at this moment in our history.”

He began by looking at religious freedom, the issue which made Murray famous. Murray was silenced by the church for writing about religious freedom but later he became one of the main authors of “Dignitatis Humane,” the document on religious liberty at the Second Vatican Council.

“During the past decade, the issue of religious liberty has become deeply enmeshed in the bitter divide which grips our nation and corrupts political and moral dialogue,” asserts McElroy.

Of the two contending forces, “The first seeks to minimize the scope of religious liberty, and specifically reduce the freedom of religious communities to the freedom of worship,” he said. “The second seeks to maximize the exercise of religious conscience in society, undercutting the legitimate role that government has in advancing the common good.”

The Catholic tradition rejects both approaches, he said.

In response to minimalists who deliberately undermine the freedom of the church by reducing religious expression to worship, he says, “The Church must emphasize that a robust appreciation for the specifically religiously inspired works of faith communities in health care, social service and advocacy for the marginalized lie at the core of the Gospel imperative, and any realistic notion of religious liberty in the United States.”

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On the other hand, the maximalists “seek to undermine the legitimate authority of the state by endorsing an ever expanding notion of individual rights of conscience in the public sphere without due regard for the governmental pursuit of the common good.”

“This, too,” he says, “is a distortion of the Catholic doctrine of religious liberty.” The church must reject both extremes.

McElroy finds support in Murray’s position that “The right to conscience in public expression is ultimately rooted in the dignity of the human person and the pursuit of the common good. And the public order, that part of the common good which falls to government, is a wholly legitimate pursuit of government even when that common good necessitates restrictions upon the public actions of believers acting in the light of their conscience.”

The church “must defend absolutely the rights of conscience to internal belief, point to the moral warrants for the robust freedom of religious communities, and outline the nuanced Catholic teaching on the rights of believers to act upon their beliefs in society,” says McElroy. “But the Church must be equally dedicated to defending the corresponding governmental right to — at times — restrict conscience-driven actions in pursuit of a genuine common good.”

This balanced position by the church is especially needed in the toxic atmosphere of American politics.

McElroy notes that Murray’s writings about the nature of American society in the 20th century focused on the concept of the public consensus which lay at the heart of American political life.

“For Murray, the key element of the concept was its foundation in concepts of natural law which undergirded American society in fundamental ways, and provided a linkage between the history of American politics and Catholic thought,” explains McElroy.

According to Murray, this consensus “was the glue which held America together, through common moral and spiritual values rather than ties of blood or nationalism,” reports McElroy. “Murray wrote that there was a continual need for reconversion to the public consensus in American society in order to embrace anew the principles of freedom, civic unity, truth, civil conversation, and support for the fundamental institutions of American governance.”

Without this conversion, “Murray argued, the United States would confront a spiritual crisis in the temporal realm, a hollowness in American society and culture, an emptiness of the soul,” says McElroy. “We are living in just such a spiritual crisis; for our national soul has truly been hollowed out.”

McElroy calls for a renewed public consensus based the principle of solidarity. The principle of solidarity is the recognition “that we are all debtors of the society of which we are a part.”

A commitment to solidarity “will demand a rejection of the tribal element of politics which sees voting as the opportunity to advance the well-being of our race, our class, our religious community at the expense of others,” says McElroy. “It will entail a purging of the inherent human tendency to allow anger and wedge issues to destroy our ties as Americans. A spiritual conversion to solidarity among citizens demands that we reject the increasing habit in our political culture of attributing all differences of opinion to ignorance or malice.”

This renewal of public consensus requires three norms:

  •                 We must become a people which treasures civil dialogue and seeks shared truth.
  •                 We must turn from political warfare to governance.
  •                 We must build up rather than destroy the institutions which are necessary for our political life.

“The sickness in the political soul of our nation will only be healed if society undertakes a massive regeneration of the political ties which unite us as a people and begins to see these ties as more important than the divisions which tear us apart,” says McElroy.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for Religion News Service and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]

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El caso Pagola y los obispos vascos.

¿Obispos castigadores solo en el País Vasco?

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Nos envían esta valiosa reflexión desde Vitoria, de su lectura se desprenden varias interrogantes: ¿Ciertas jerarquías, sinceramente, están en la línea de la Iglesia dialogante y participativa que promueve desde Roma, Papa Francisco? ¿Acaso esta dolorosa realidad no se vive también en diversas Diócesis de Latinoamérica? El lector juzgue, en conciencia, lo que se vive en sus respectivos lugares de misión y praxis eclesial. (N de la R).

Franciscanear: dícese de quienes “hacen como si” estuvieran identificados y en sintonía con el actual papa Francisco. De fachada e imagen pública van de “franciscanos”, pero, en realidad, viven con desagrado y en desacuerdo interior y práctico con los gestos, la orientación pastoral y el modelo de Iglesia del actual Obispo de Roma. Esperan a que se cierre el tiempo del papa Francisco a fin de volver a la situación eclesial que le precedió. Francisco, para algunos, particularmente obispos, es un mal sueño, un paréntesis del que esperan liberarse cuanto antes. La renovación de la Iglesia que quiere el papa Francisco está amortiguada, silenciada, boicoteada en muchos niveles. Las Diócesis vascas caminan sin aliento renovador, “castradas” por unos obispos que se aferran al pasado, a un pasado nada sinodal, corresponsable, como proclama y desea el papa. Y es que no pueden dar aquello de lo que carecen. Para muestra he aquí un “botón”, acaecido entre nosotros y claro exponente de lo que digo.

La Facultad de Teología de Vitoria celebra este año el 50º Aniversario de su apertura en 1967. Con este motivo, el Consejo de Facultad se ha venido reuniendo en diversos momentos para decidir los diferentes actos que se organizarán a lo largo de este año. Hace ya algunos meses, este Consejo, presidido por el Obispo de la diócesis alavesa, Juan Carlos Elizalde, trató de la posible concesión del título de Doctor Honoris Causa de la Facultad. Después de considerar diversos nombres, la mayoría se decantó, por razones diversas, por proponer la persona de D. José Antonio Pagola. Propuesta que no pareció agradar en absoluto al Obispo Elizalde. Por eso, se consideró oportuno madurar más la decisión y tratarla en la siguiente cita.

Esta reunión se celebró el 6 de marzo. Desde el comienzo, sin esperar a ninguna otra consideración, el Obispo manifestó su decisión. Después de consultar, según dijo, al Obispo de San Sebastián y al de Bilbao y a algún otro miembro de la jerarquía, expuso que el nombramiento del teólogo Pagola como Doctor Honoris Causa provocaría graves tensiones que no estaba dispuesto a asumir. Por ello, descartado Pagola, propuso el nombre de D. Saturnino Gamarra, profesor emérito de la Facultad, en la que ha sido profesor desde sus comienzos y director de la revista sacerdotal “Surge” durante muchos años.

El debate que siguió a continuación fue muy vivo y se prolongó más de lo esperado. ¿Qué tensiones podía provocar la propuesta de D. José Antonio? ¿Por parte de quiénes? La Congregación romana de Doctrina de la Fe se ha pronunciado afirmando que la obra de Pagola no contiene ninguna doctrina herética contraria a la fe. ¿Qué es lo que puede molestar ahora? ¿La decisión de la Facultad de Vitoria o la sentencia de Roma? ¿Qué se oculta detrás de esa objeción al teólogo guipuzcoano?

Se volvieron a presentar de nuevo los motivos para la propuesta a favor de D. José Antonio Pagola: su largos años de profesor de Cristología en la Facultad, sus incontables cursillos y cursos opcionales sobre Jesús, sus intervenciones abiertas a todo el público de la ciudad de Vitoria-Gasteiz siempre que se le ha llamado… Se señaló también su proyección internacional con motivo de su libro Jesús. Aproximación histórica, traducido ya a una docena de lenguas, entre otras al inglés, japonés, chino y ruso, y se recordó también el maltrato recibido en importantes sectores de la Iglesia española. Al parecer el debate fue muy fuerte y se llegó a hablar de la falta de audacia para defender la propuesta del teólogo donostiarra. Por último se decidió no conceder e nadie el título de Doctor Honoris Causa.

Esto es lo ocurrido. Estoy convencido que estos Obispos, si pudieran o se atrevieran, corregirían al propio papa Francisco pues, efectivamente, escuchándole con asiduidad y atención, da la impresión de que se ha podido inspirar en alguna obra de D. José Antonio Pagola o que, por lo menos, presenta en sus mensajes muchas similitudes con su obra acerca de Jesús.

Sinceramente, si reconocer los indiscutibles méritos de D. José Antonio Pagola en nuestras Iglesias puede ser, según estos Obispos, motivo de tensión, exigiría, a quien se sienta tensionado por ello, que lo diga abiertamente. Por otro lado, si la obra de Pagola, todavía hoy, se les indigesta a los Obispos de San Sebastián, Bilbao y Vitoria, quiere decir lo lejos que están del papa Francisco y qué lejos están del Pueblo de Dios a ellos encomendado. Y en esa lejanía del jerarca que no sintoniza con su pueblo cuánto sufrimiento, abandono y pérdida de tiempo originan en nuestras iglesias. Es de pena y escandaloso. Me parece que más que un problema de fe o eclesial nos encontramos, incluso, ante un déficit de calidad humana. ¿Qué talla humana demuestran tener quienes no son capaces de agradecer el ingente trabajo teológico y pastoral que D. José Antonio Pagola ha desarrollado durante su ministerio?

Ciertamente, todos podemos “franciscanear”. Pero lo de los obispos es mucho más grave. Si un obispo no sintoniza ni con su pueblo ni con aquel que es en este momento el que preside la Iglesia Universal, ¿qué pinta? ¿Qué credibilidad puede tener ante su Diócesis?

P. Xavier Larramendi  –  Guipuzkoa

Foro de Curas de Bizkaia


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India: los obispos piden respeto y libertad religiosa.

Los obispos indios exigen el derecho de todos a adorar libremente y sin temor

Viernes 21 Abr 2017 | 09:26 am

Nueva Delhi (India) (AICA):

La Conferencia de Obispos Católicos de la India (CBCI) “expresa angustia y sufrimiento” por lo que sucedió el Viernes Santo en Sogandi, en Tamil Nadu, donde la policía interrumpió la misa que estaban celebrando los cristianos dalit e impidió a los fieles subir a la colina adyacente para poder realizar el Vía Crucis.

“Pedimos a nuestro Primer Ministro, al Ministro del Interior y a los líderes políticos de todos los partidos que aseguren que cada persona continúe sintiéndose segura y disfrutando del derecho básico de adorar libremente y sin temor”, expresó monseñor Theodore Mascarenhas, secretario general de la CBCI

Monseñor Mascarehnas lamenta que a “la pequeña comunidad dalit de cristianos no sólo les fue impedido honrar el día santo y sagrado para los cristianos de todo el mundo, sino que la ceremonia fue interrumpida en modo forzado y violento por la policía guiada por las autoridades locales.

El incidente sucedió en el área de Thirukazhukundram, famosa por un templo dedicado al dios Shiva. Monseñor Neethinathan, obispo de Chingleput, explicó a AsiaNews que la parroquia de Sogandi pertenece a su diócesis. Fue erigida en 2007 y está dedicada a Santa Teresa del Niño Jesús. En la iglesia se reúnen unas 125 familias. Para desarrollar su devoción espiritual, el párroco erigió en la ladera de la colina una estatua de la Virgen María, colocada dentro de una gruta”.

Además el obispo refiere que en el período entre Navidad y Fin de Año del año pasado más de 500 policías llegaron al lugar para demoler las estatuas y las cruces diseminadas en la colina. “El pretexto –agrega el prelado- era una presunta ocupación ilegal del terreno. Hasta ahora la parroquia no logró todavía colocar nuevamente las estatuas”.

Esto es preocupante, continúa el obispo, “ya que en el mes de febrero todas las piedras de la colina fueron marcadas con un símbolo hindú. La paradoja es que del otro lado de la colina está invadido en modo ilegal por varios templos y casas en construcción de pueblos vecinos que difieren de los dalit católicos de Sogandi ya sea por afiliación religiosa como por la identidad de casta”.

A la luz de los hechos de violencia realizados contra los cristianos en el día de la Pasión de Cristo, monseñor Neethinathan denuncia: “Es claro que el fundamentalismo anticristiano del Hindutva y el fanatismo de casta antidalit obran en modo sistemático a través de estas movidas planificadas y hacen una presión no debida sobre los departamentos de policía para agredir a los católicos locales”.

“Como protesta contra esta violación del derecho fundamental a la libertad religiosa y de expresión, -señaló el obispo- la diócesis está organizando una manifestación en gran escala y un ayuno de protesta, con el apoyo y la participación de todas las fuerzas laicas sin distinción de casta, credo o lengua”.

Mons. Mascarenhas concluyó explicando que “estamos orgullosos de nuestro país y de su tradición laica de la mayoría de la comunidad hindú, que siempre nos han tratado con respeto y benevolencia. Pero en los últimos tiempos algunas fuerzas fundamentalistas están trabajando para disturbar la tradicional paz y armonía. Muchos de nuestros hermanos y hermanas han expresado preocupación por la creciente intolerancia promovida por estas franjas extremistas”. +


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La libertad religiosa en el mundo. Pasado y presente. Análisis. Muy recomendable

Religious freedom in crisis around the world

 |  Faith and Justice
The nearly unanimous conclusion of people following the situation of religious freedom around the world is that matters have been getting worse, not better.

This is not happy news for me as I begin my second two-year term as a member of the U.S. Commission on International Religious Freedom, a bipartisan commission that reports on the state of religious freedom abroad and makes recommendations to the president, Congress, and the State Department. The views expressed in this column do not necessarily represent the views of the U.S. Commission on International Religious Freedom.

But the conclusion is well-founded. More and more people have been killed, persecuted, or forced to flee their homes because of their beliefs. The situation is bleak in many places in the world.

The U.S. Commission on International Religious Freedom and the U.S. State Department have designated Burma, China, Eritrea, Iran, North Korea, Saudi Arabia, Sudan, Turkmenistan, andUzbekistan as “countries of particular concern,” a legalese way of saying these countries “engage in or tolerate particularly severe violations of religious freedom that are systematic, ongoing and egregious.”

To this group, the religious freedom commission adds eight more that it believes the State Department should also classify as countries of particular concern: Central African Republic, Egypt, Iraq, Nigeria,Pakistan, Syria, Tajikistan, and Vietnam.

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Our vision of religious persecution goes back to the Roman Empire, when Christians were thrown to the lions because they would not worship the Roman gods or the emperor. But post-Reformation Europe also saw Catholics and Protestants persecuting each other and going to war over religious differences. Meanwhile, Jews were persecuted by all sides.

It was the hope for religious freedom that brought many believers to America, and tolerance and religious freedom, however imperfectly practiced, have been important ideals from the founding of our republic.

John Adams in a letter to Thomas Jefferson opined that religious freedom must be respected even if it meant that Jesuits would run free in the United States. “Shall we not have regular swarms of them here, in as many disguises as only a king of the gypsies can assume, dressed as painters, publishers, writers, and schoolmasters?” he wrote. “If ever there was a body of men who merited eternal damnation on earth and in hell it is this Society of Loyola’s.”

America’s conviction on the importance of religious freedom as well as our positive experience with it has made the U.S. a proponent of religious freedom around the world.

Early in the last century, the persecution of religion by fascists and communists alerted believers to these dangerous movements long before the public at large understood them. Today we understand that any regime that persecutes religion is not going to respect other human rights. We also understand how discrimination and persecution can escalate into genocide when the “other” is dehumanized and demonized.

Catholics and Protestants are no longer killing each other in Europe, although antisemitism is still alive and well. To antisemitism has been added Islamophobia, the fear of the new stranger in our midst.

Meanwhile in the Middle East we see fights between Sunnis and Shiite that are just as bloody as the fights between Catholics and Protestants centuries earlier. Christians in the Middle East have been caught in the crossfire and been targeted by Islamic radicals, especially the Islamic State group.

And in Africa, Christians and Muslims are in conflicts that have escalated out of control in places like the Central African Republic.

Religious conflicts are rarely purely theological. Often they are also fights over resources and political power by tribal or ethnic groups. What begins as a political fight or a dispute over water, land, oil, or other resources can explode beyond control if the disputants are from different religious groups. Political leaders who add religion to the mix are pouring gasoline onto a fire that had already been started.

In the past, we normally saw religious freedom under attack by states that through laws and police imposed their religious views on unbelievers. This is still true in countries like Saudi Arabia.

Other countries, like Cuba, Russia, Vietnam, and China, promoted atheism but are now more interested in political domination. Their governments fear independent organizations, including religious groups that they do not control. They are usually happy to let groups worship as they please as long as they support the regime. But if a religious group wants to be independent or if it promotes democracy and human rights, the government will smash any resistance.

Today, religious liberty is under attack in many places, not so much by the state as by factions within the nation that the state is incapable or unwilling to control. This is especially true in failed states, like Eritrea, Syria, and Sudan, but also in countries like Nigeria, where the government is not persecuting believers but its criminal justice system is so corrupt and incompetent that the rule of law fails to preserve the peace. If victims cannot get justice from the state, they turn to vigilantism and retaliation, which only escalates the conflict.

Likewise, in India, the government is reluctant to crack down on violence against Muslims and Christians by Hindu nationalists who are a key constituency of the ruling party. Nor is the government of Myanmar (Burma) willing to protect Muslims from militant Buddhists.

This is why the U.S. Commission on International Religious Freedom is concerned not just about countries that engage in bad behavior but also countries that tolerate it.

Proponents of religious freedom need to understand the complexity of each country if they want to effectively support religious freedom. In many countries, the best way of fostering religious freedom may be through encouraging the rule of law and discouraging corruption. Treating all citizens fairly is essential to avoiding violent reactions from groups who feel they are being mistreated. Proponents of religious liberty should support those promoting the rule of law and an end to corruption.

On the other hand, proponents of religious freedom need to recognize that capitalism did not bring democracy and religious freedom to China as promised, although improvements in religious freedom have occurred in Vietnam and Cuba.

Nor does getting rid of tyrants necessarily mean better relations between religious groups. Sadly, we have seen that when strongmen like Josip Tito, Saddam Hussein, Hosni Mubarak, and Muammar Gaddafi are removed, religious conflicts can increase.

Believers also have a responsibility to break down the walls between their communities through interreligious dialogue and understanding. This cannot just be a conversation between elites; it must reach down to neighborhood mosques and churches. This is important because it is harder to stereotype or demonize people when you know them personally. But this groundwork needs to be done before conflicts occur. Once the fighting starts, it is very hard to put things right.

The struggle for religious freedom will not be easy. It may take generations, which is why the U.S. Commission on International Religious Freedom has led an effort to improve how various religions are described in textbooks, especially in Muslim countries like Turkey, Saudi Arabia, and Pakistan. Poisoning the minds of children guarantees problems in the future.

Religious freedom and interreligious harmony go hand in hand. It is very easy to destroy understanding and trust. Restoring it is hard.