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Libertad religiosa: documento de la Comisión teológ. internacional.

Libertad religiosaLibertad religiosa  (Credits: Ayuda a la Iglesia Necesitada/ ACN)

Libertad religiosa: documento de la Comisión Teológica Internacional

El texto, publicado en el sitio web del organismo, reafirma que la libertad religiosa, en su dimensión individual y comunitaria, es el fundamento de todas las demás libertades y promueve no hegemonías o privilegios, sino el bien para todos.

Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano

Con la aprobación del Papa Francisco, ha sido publicado este 26 de abril, un nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI), titulado “Libertad religiosa para el bien de todos. Enfoque teológico de los desafíos contemporáneos”. El texto de 37 páginas propone, en primer lugar, una actualización razonada de la recepción de la Declaración Conciliar Dignitatis humanae (1965) sobre la libertad religiosa, “aprobada en un contexto histórico significativamente diferente del actual”.

Fundamentalismo y relativismo

En las sociedades secularizadas de hoy – observa el documento – “las diferentes formas de comunidad religiosa siguen siendo percibidas socialmente como factores relevantes de intermediación entre los individuos y el Estado”. Frente a ello, “la radicalización religiosa actual, denominada ‘fundamentalismo’ (…) no parece ser un mero regreso más ‘observador’ a la religiosidad tradicional”, sino que “se caracteriza a menudo por una reacción específica a la concepción liberal del Estado moderno, debido a su relativismo ético y a su indiferencia hacia la religión”.

Totalitarismo blando del Estado liberal

“Por otra parte, el Estado liberal parece estar abierto a la crítica también por la razón contraria: es decir, por el hecho de que su proclamada neutralidad no parece capaz de evitar la tendencia a considerar la fe profesada y la pertenencia religiosa como un obstáculo para la admisión de los individuos a la plena ciudadanía cultural y política. Una forma de ‘totalitarismo blando’, podría decirse, que nos hace particularmente vulnerables a la propagación del nihilismo ético en la esfera pública”.

Ideología de neutralidad que margina la fe

“La pretendida neutralidad ideológica de una cultura política que pretende querer construir sobre la formación de reglas de justicia meramente procesales, eliminando toda justificación ética y toda inspiración religiosa, muestra la tendencia a elaborar una ideología de neutralidad que, de hecho, impone la marginación, si no la exclusión, de la expresión religiosa de la esfera pública. Y por lo tanto, desde la plena libertad de participación hasta la formación de una ciudadanía democrática. De ahí la ambivalencia de una neutralidad de la esfera pública que sólo es aparente y de una libertad civil objetivamente discriminatoria. Una cultura civil que define su humanismo a través de la eliminación del componente religioso de lo humano, se ve obligada a eliminar incluso partes decisivas de su historia: su conocimiento, su tradición, su cohesión social. El resultado es la eliminación de partes cada vez más sustanciales de la humanidad y de la ciudadanía de la que se forma la propia sociedad. La reacción a la debilidad humanista del sistema incluso hace que parezca justificado que muchos (especialmente los jóvenes) lleguen a un fanatismo desesperado: ateo o incluso teocrático. La incomprensible atracción que ejercen las formas violentas y totalitarias de la ideología política, o de la militancia religiosa, que parecían ya relegadas al juicio de la razón y de la historia, debe cuestionarnos de una manera nueva y con mayor profundidad de análisis”.

Imitación secularista de la concepción teocrática

Se observa entonces que, cuando un estado tan “moralmente neutral” comienza a “controlar el campo de todos los juicios humanos”, comienza a tomar los rasgos de un estado “éticamente autoritario” que toma la forma de “una imitación secularista” de la concepción teocrática de la religión, que decide la ortodoxia y la herejía de la libertad en nombre de una visión político-salvífica de la sociedad ideal: decidiendo a priori su identidad perfectamente racional, perfectamente civilizada, perfectamente humana. El absolutismo y el relativismo de esta moral liberal se contraponen aquí, con efectos de exclusión antiliberal en la esfera pública, dentro de la pretendida neutralidad liberal del Estado”.

El regreso de la religión en el tercer milenio

El documento destaca, por tanto, la negación de la “tesis clásica, que preveía la reducción de la religión como efecto inevitable de la modernización técnica y económica”: en cambio, hoy se habla del “regreso de la religión a la escena pública”. La correlación automática entre el progreso civil y la extinción de la religión, en realidad, se ha formulado sobre la base de un prejuicio ideológico, que considera la religión como la construcción mítica de una sociedad humana que aún no domina los instrumentos racionales capaces de producir la emancipación y el bienestar de la sociedad. Este sistema ha demostrado ser inadecuado”.  Al mismo tiempo – señala el texto – el llamado “retorno de la religión” también presenta aspectos de “regresión” cultivados “a raíz de la contaminación arbitraria entre la búsqueda del bienestar psicofísico y las construcciones pseudocientíficas de la cosmovisión”, por no hablar de la “áspera motivación religiosa de ciertas formas de fanatismo totalitario, que pretenden imponer, incluso dentro de las grandes tradiciones religiosas, la violencia terrorista”.

Desarrollos doctrinales

El documento explica el desarrollo doctrinal de la Declaración del Concilio, donde el Magisterio de la Iglesia condenó una vez la libertad de conciencia, en un “contexto histórico” en el que el cristianismo, que representaba “la religión del Estado y la religión dominante de facto en la sociedad occidental”, sufrió “la formulación agresiva de un laicismo de Estado”. Dignitatis humanae devuelve “a su evidencia fundamental la enseñanza del cristianismo, según la cual no se debe forzar la religión, porque esta fuerza no es digna de la naturaleza humana creada por Dios y no corresponde a la doctrina de la fe profesada por el cristianismo. Dios llama a cada hombre a sí mismo, pero no obliga a nadie a hacerlo. Por lo tanto, esta libertad se convierte en un derecho fundamental que el hombre puede reclamar en conciencia y responsabilidad ante el Estado”.

El Papa Wojtyla: libertad religiosa, fundamento de otras libertades

Recordamos, pues, a San Juan Pablo II cuando afirma que la libertad religiosa, fundamento de todas las demás libertades, es una exigencia indispensable de la dignidad de toda persona. No es un derecho entre otros, sino que constituye “la garantía de todas las libertades que garantizan el bien común de las personas y de los pueblos”.

Benedicto XVI: la libertad religiosa, un derecho no sólo de los creyentes

Para Benedicto XVI el derecho a la libertad religiosa tiene sus raíces en la dignidad de la persona humana como ser espiritual, relacional y abierto a lo trascendente. Por lo tanto, no es un derecho reservado sólo a los creyentes, sino a todos, porque es la síntesis y la cumbre de los demás derechos fundamentales”. En referencia a las relaciones con el Estado, el Papa Ratzinger habla de “laicismo positivo”, que es el principio que promueve la cooperación entre las esferas política y religiosa en la debida distinción de sus respectivas tareas. En este sentido, la dimensión no sólo individual sino también comunitaria de la religión favorece la construcción del bien común, más allá de cualquier tentación de hegemonía.

Francisco: libertad religiosa, baluarte contra el totalitarismo

El Papa Francisco subraya que la libertad religiosa no pretende preservar una “subcultura”, como quisiera “un cierto secularismo, sino que es un don precioso de Dios para todos, garantía básica de cualquier otra expresión de libertad, baluarte contra el totalitarismo y contribución decisiva a la fraternidad humana”. Por eso, “Francisco presta gran atención a los numerosos mártires de nuestro tiempo, víctimas de persecución y violencia por motivos religiosos, así como a las ideologías que excluyen a Dios de la vida de las personas y de las comunidades. Para el Pontífice, la religión auténtica, desde dentro, debe ser capaz de dar cuenta de la existencia del otro para fomentar un espacio común, un ambiente de colaboración con todos, en la determinación de caminar juntos, de orar juntos, de trabajar juntos, de ayudarnos juntos a establecer la paz.

Derecho a la objeción de conciencia

La Iglesia proclama la libertad religiosa para todos y espera también “que sus miembros vivan libremente su fe y que los derechos de su conciencia sean protegidos allí donde respeten los derechos de los demás”. Vivir la fe puede requerir a veces la objeción de conciencia. De hecho, las leyes civiles no obligan en conciencia cuando contradicen la ética natural y, por lo tanto, el Estado debe reconocer el derecho de las personas a la objeción de conciencia.

Violaciones de la libertad religiosa

“De hecho – dice el documento – en algunos países no hay libertad religiosa legal, mientras que en otros la libertad legal se limita drásticamente al ejercicio del culto comunitario o a prácticas estrictamente privadas. En estos países no se permite la expresión pública de una creencia religiosa, todas las formas de comunicación religiosa están generalmente prohibidas, y se reservan penas severas, incluida la pena de muerte, para quienes deseen convertirse o intenten convertir a otros. En los países dictatoriales donde prevalece el pensamiento ateo – y con la debida distinción, incluso en algunos países que se consideran democráticos – los miembros de las comunidades religiosas son a menudo perseguidos o sometidos a un trato desfavorable en el lugar de trabajo, son excluidos de los cargos públicos y se les niega el acceso a determinados niveles de asistencia social. Asimismo, las obras sociales nacidas de los cristianos (en los campos de la salud, la educación, etc.) están sujetas a limitaciones a nivel legislativo, financiero o comunicativo, lo que dificulta, si no imposibilita, su realización. En todas estas circunstancias no hay verdadera libertad de religión. Una verdadera libertad de religión sólo es posible si puede expresarse con diligencia”.

Misión ad gentes y diálogo interreligioso

El diálogo interreligioso, fomentado por la libertad religiosa, camino hacia la paz “en la búsqueda del bien común junto con los representantes de otras religiones”, es “una dimensión inherente a la misión de la Iglesia”. Como tal, no es el fin de la evangelización, pero contribuye en gran medida a ella; por lo tanto, no debe ser entendida o puesta en práctica como una alternativa o en contradicción con la misión ad gentes”.

El martirio cristiano: un amor que supera al odio

El texto aborda también el tema del “martirio” como “el supremo testimonio no violento de la propia fidelidad a la fe, objeto de odios, intimidaciones y persecuciones específicas”. El martirio se convierte en “el símbolo extremo de la libertad de oponer el amor a la violencia y la paz al conflicto”. En muchos casos, la determinación personal del mártir de aceptar la muerte se ha convertido en una semilla de liberación religiosa y humana para una multitud de hombres y mujeres, hasta el punto de liberarlos de la violencia y superar el odio. La historia de la evangelización cristiana lo atestigua, también a través de la iniciación de procesos y cambios sociales de importancia universal. Estos testigos de la fe son motivos justos para la admiración y el seguimiento por parte de los creyentes, pero también para el respeto por parte de todos los hombres y mujeres que se preocupan por la libertad, la dignidad y la paz entre los pueblos. Los mártires resistieron la presión de las represalias, anulando el espíritu de venganza y violencia con la fuerza del perdón, el amor y la fraternidad”.

Martirio blanco

A veces, las personas no son asesinadas en nombre de su práctica religiosa y, sin embargo, deben sufrir actitudes profundamente ofensivas, que las mantienen al margen de la vida social: exclusión de los cargos públicos, prohibición indiscriminada de sus símbolos religiosos, exclusión de ciertos beneficios económicos y sociales…, en lo que se denomina “martirio blanco” como ejemplo de confesión de fe. Este testimonio sigue siendo una prueba de sí mismo en muchas partes del mundo: no debe atenuarse, como si fuera un simple efecto secundario de los conflictos por la supremacía étnica o por la conquista del poder. El esplendor de este testimonio debe ser bien entendido e interpretado. Nos instruye sobre el auténtico bien de la libertad religiosa de la manera más clara y eficaz. El martirio cristiano muestra a todos lo que sucede cuando la libertad religiosa de los inocentes es opuesta y asesinada: el martirio es el testimonio de una fe que permanece fiel a sí misma negándose a vengarse y matar hasta el último momento. En este sentido, el mártir de la fe cristiana no tiene nada que ver con el suicidio-homicidio en nombre de Dios: tal confusión es ya en sí misma una corrupción de la mente y una herida del alma”.

Iglesia respetuosa de la libertad individual y del bien común

“El cristianismo no cierra la historia de la salvación dentro de los confines de la historia de la Iglesia” porque toda la historia humana debe ser vista a la luz del amor de Dios, que “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2,4). “La forma misionera de la Iglesia, inscrita en la misma disposición de la fe, obedece a la lógica del don, es decir, de la gracia y de la libertad, no a la del contrato y de la imposición. La Iglesia es consciente de que, incluso con la mejor de las intenciones, esta lógica ha sido contradicha – y siempre corre el riesgo de serlo – por un comportamiento diferente e incoherente con la fe recibida”. La Iglesia tiene un estilo de testimonio de la fe que es “absolutamente respetuoso de la libertad individual y del bien común”. Este estilo, lejos de atenuar la fidelidad al acontecimiento salvífico, que es el tema del anuncio de la fe, debe hacer aún más transparente su alejamiento del espíritu de dominación, interesado en la conquista del poder por sí mismo”.

La libertad de aceptar el Evangelio

“El Reino de Dios – concluye el documento – ya está en acción en la historia, esperando el adviento del Señor, que nos introducirá en su cumplimiento. El Espíritu que dice “¡Ven!” (Ap 22,17), que recoge los gemidos de la creación (cf. Rm 8,22) y hace “nuevas” todas las cosas (Ap 21,5), trae al mundo el valor de la fe que sostiene (cf. Rm 8,1-27), en favor de todos, la belleza de la “razón [logos] de la esperanza” (1 P 3,15) que está en nosotros. Y la libertad, para todos, de escucharlo y seguirlo”.

26 abril 2019, 14:59


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Papa Francisco: la libertad religiosa

Audiencia a legisladores católicosAudiencia a legisladores católicos  (Vatican Media)

El Papa a legisladores católicos: contribuir a la libertad religiosa

En la mañana del 22 de agosto el Santo Padre recibió a cerca de 150 participantes en el Encuentro Internacional para Legisladores Católicos en el aula contigua al Aula Pablo VI

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“Hoy la libertad religiosa y de conciencia debe hacer las cuentas con dos ideologías opuestas pero igualmente peligrosas: el relativismo secularista y el radicalismo religioso  – en realidad pseudo-religioso”. Lo dijo el Papa Francisco al recibir en la mañana del 22 de agosto, antes de la Audiencia General, a los participantes en el Encuentro Internacional para Legisladores Católicos. El encuentro, organizado por el International Catholic Legislators Network, está centrado en el tema de la libertad religiosa y de conciencia.

En su discurso el Santo Padre destacó la importancia del tema en el centro de la reflexión de los participantes, que señaló como “fundamental y actual”.

Discriminación y persecución contra los cristianos y minorías

Tras hacer presente que el Concilio Vaticano II dedicó a este tema uno de sus documentos más importantes, a saber, la Declaración “Dignitates humanae”, recordó que entonces los Padres conciliares estaban preocupados principalmente por los regímenes, una situación que aún perdura en algunos países.

También evidenció la situación de los cristianos y de otras minorías religiosas, en regiones atravesadas por el fundamentalismo, en donde el agudizarse de posiciones intolerantes, agresivas y violentas, ha provocado – dijo -, y provoca discriminaciones, hostigamiento y persecuciones, que no siempre son perseguidas debidamente por la autoridad constituida.

Proponer proyectos de ley coherentes con la visión cristiana

A propósito del relativismo secularista y del radicalismo religioso el Pontífice indicó el peligro de combatir extremismo e intolerancia con igual extremismo e intolerancia, y recordó que como cristianos la vocación y misión es ser sal, luz y levadura en la determinada condición histórica en la que nos encontramos.

“En particular, – les dijo – quienes de ustedes han tomado el camino del compromiso político como una forma de servicio al bien común, pueden y deben contribuir también a la cuestión crucial de la libertad religiosa”. El Santo Padre advirtió, en este punto, que es normal que por este motivo encuentren formas de obstruccionismo, pero lejos de sentirse o mostrarse como héroe o víctima, el político cristiano está llamado a buscar con humildad y valentía ser testigos, y a proponer con competencia proyectos de ley coherentes con la visión cristiana del hombre y de la sociedad.

En la conclusión, luego de dispensar palabras de ánimo a los participantes, por intercesión del Beato Pablo VI invocó sobre ellos la bendición del Señor.


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La libertad religiosa es la base de los derechos humanos.

Simposio sulla liberta Religiosa - Pontificia Universita della Santa Croce 25 Giugno 2018Simposio sulla liberta Religiosa – Pontificia Universita della Santa Croce 25 Giugno 2018 

La libertad religiosa es la base de todos los derechos humanos

Esta mañana se llevó a cabo en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, un simposio sobre el tema: “Defender la libertad religiosa internacional”, organizado por la Embajada de los EEUU ante la Santa Sede, en colaboración con la Asociación Ayuda a la Iglesia que sufre y la Comunidad de San Egidio

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Entre los relatores estaban dos víctimas del ISIS, que fueron secuestrados y dieron sus testimonios. También habló Victoria Alvarado del Departamento de Estado americano del sector Libertad de religión Internacional, Mark Riedemann siempre del sector sobre la libertad religiosa de la asociación Ayuda a la Iglesia que sufre. También expuso el Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, el cardenal Leonardo Sandri quien nos dijo a qué punto está hoy día la libertad religiosa, y qué hay que hacer para alcanzarla, sobre todo cuando el terrorismo amenaza la libertad de religión amenaza en el mundo actual.

Libertad religiosa, cardenal Leonardo Sandri

En el simposio se promovió el derecho universal a la libertad religiosa y crear conciencia sobre la persecución religiosa, particularmente en Medio Oriente. También hubo mesas redondas, se discutió sobre la protección de las minorías religiosas en el Medio Oriente y la promoción de la libertad religiosa a través del diálogo interreligioso. Los participantes en el mismo eran diplomáticos acreditados por la Santa Sede, líderes religiosos, representantes de la sociedad civil, académicos y otros.

En la intervención del Cardenal recordó que mientras en el simposio se habla sobre este tema, y se hacen ver los informes del Departamento de Estado de los Estados Unidos o los de la Asociación Ayuda a la Iglesia que Sufre, debemos interrogarnos sobre cómo y en qué medida la libertad de religión, ese derecho inviolable de la persona humana está realmente garantizado y tutelado dentro de nuestros sistemas sociales y políticos, si no lo está arriesgamos de cometer los mismos errores que en decenios ha hecho el Occidente en Oriente Medio, cuando quiso exportar un modelo de democracia en esas tierras.

un poco de historia

La libertad religiosa se ve afectada por la violencia de los regímenes. Sobre todo cuando se habla de ISIS. Medio Oriente es una de las regiones con mayor diversidad étnica del mundo. Y dentro del Islam hay una gran división entre sunitas y chiitas (o shiitas). La separación empezó en 632, cuando murió Mahoma; antes de fallecer había designado como sucesor a su yerno Ali. Pero su muerte desató una guerra civil entre los “Shi’atu Ali” (“Partidarios de Ali”) o “Shia”, y los “tradicionalistas” o “Sunni”. Los sunitas ganaron y gobernaron el califato. Hoy un 10 o 15 por ciento de los musulmanes son shiitas y creen en el gobierno de los sucesores de Mahoma.

La sigla ISIS, o EIIL en español, corresponde a Estado Islámico de Irak y el Levante, pero ahora el grupo ha pasado a ser solo «Estado Islámico» (IS) para sus miembros, y se ha autoproclamado como un califato. Como tal, se adjudica la autoridad religiosa por sobre todos los musulmanes en todo el mundo y aspira a controlar políticamente a la mayoría de las regiones de Medio Oriente habitadas por musulmanes. ISIS es un grupo islamita suní, por lo que gran parte de su brutal violencia está dirigida a los miembros de la religión chiita. Además, naturalmente, adhiere a los principios de la yihad, que es básicamente el fundamentalismo islámico que apela a la violencia y al terrorismo en nombre de su religión.

En los territorios dominados por ISIS, también se ordenó la expulsión de todos los cristianos que se nieguen a convertirse al Islam, al mismo tiempo que se han denunciado decapitaciones masivas. Según informes oficiales, se sabe que los terroristas perpetraron asesinatos masivos contra cristianos, yazidis, musulmanes chiítas y otros, y también esclavizaron a mujeres y niños.

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Simposio sobre la libertad religiosa, Pontificia Universidad Santa Cruz, 25 de junio de 2018


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Empeora en el mundo la situación de la libertad religiosa.

Preocupante situación de la libertad religiosa en el mundo

Sabado 5 May 2018 | 08:00 am

Washington (Estados Unidos) (AICA): Según el informe de la Comisión para la Libertad Religiosa Internacional, las condiciones para la libertad religiosa empeoraron en todo el mundo en 2017. Las violaciones de la libertad religiosa fueron especialmente agudas bajo regímenes autoritarios en el hemisferio oriental. Con excepción de Cuba, los 28 países que la Comisión designó como los peores violadores de la libertad religiosa en 2017, se encuentran al este del meridiano de Greenwich.

Según el informe entregado por la Comisión para la Libertad Religiosa Internacional, las condiciones para la libertad religiosa empeoraron en todo el mundo en 2017.

Las violaciones de la libertad religiosa fueron especialmente agudas bajo regímenes autoritarios en el hemisferio oriental. Con la excepción de Cuba, los 28 países que la Comisión de los Estados Unidos sobre la Libertad Religiosa Internacional (Uscirf) designó como los peores violadores de la libertad religiosa en 2017, se encuentran al este del meridiano de Greenwich.

Los peores abusos contra la libertad religiosa incluyen genocidio, esclavitud, violación, encarcelamiento, forzado desplazamiento, conversiones forzadas, destrucción de propiedades y prohibición de educación religiosa a los niños.

La comisión recomendó que 16 países sean reconocidos por el Departamento de Estado como “País de Especial Preocupación” (CPC, por sus siglas en inglés), una etiqueta que identifica a los gobiernos extranjeros que participan o toleran violaciones de la libertad religiosa “sistemáticas, continuas y atroces”.

Recibir esta designación del Departamento de Estado abre la puerta a consecuencias que incluyen sanciones comerciales y de financiamiento.

Estos 16 son los mismos países recomendados por Uscirf el año pasado. El Departamento de Estado pasó a reconocer a 10 como CPC en diciembre de 2017 a Birmania, China, Eritrea, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudita, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Sudán.

La Uscirf precisa también que las violaciones de la libertad religiosa en Pakistán, Rusia, Siria, Nigeria, Vietnam y la República Centroafricana son tan graves que merecen la designación de CPC.

El caso de Pakistán
De estos seis países no reconocidos, el presidente de la Uscirf, Daniel Mark, está particularmente preocupado por el estado de la libertad religiosa en Pakistán. “Lo que hemos dicho durante muchos años es que Pakistán es el peor país del mundo que no está designado para el CPC. Pakistán es líder mundial en encarcelamientos y condenas, juicios por blasfemia y apostasía, y ese tipo de cosas”, afirmó Mark.

Según el informe, unas 40 personas condenadas bajo las leyes de blasfemia están esperando la pena de muerte o cumpliendo cadena perpetua, incluida Asia Bibi, una madre cristiana y trabajadora de campo.

En diciembre de 2017, atacantes suicidas afiliados al Estado Islámico atacaron una iglesia en Quetta, Pakistán, matando a nueve personas. Las próximas elecciones nacionales en julio de 2018 han exacerbado las tensiones religiosas en el país.

“Las condiciones en Pakistán no son solo malas según la ley, donde, por ejemplo, los ahmadis están fuera de la Constitución por considerárseles ciudadanos de segunda clase, sino también en la sociedad civil donde creció una cultura de impunidad”, dijo Mark, quien explicó que turbas de civiles vigilantes han estado atacando a personas sobre la base de acusaciones de blasfemia.

En lugar de la designación de CPC, Pakistán fue incluido en una “Lista de vigilancia especial” por el Departamento de Estado en diciembre de 2017. Esta lista es una categoría creada por las enmiendas de 2016 a la Ley de libertad religiosa internacional.

“Las cuestiones relativas a Pakistán son muy delicadas por el hecho de que es socio nuestro en la lucha contra el terrorismo en el mundo y en la guerra de Afganistán. Pero, dado el aumento del extremismo en Pakistán realmente creemos que se debe mantener la presión, pese a la cooperación que nuestros países necesiten”, explicó Mark.

En Rusia
El presidente de Uscirf dijo que es preocupante que tanto Rusia como China hayan intensificado la violación de la libertad religiosa a lo largo de 2017.

El informe señala que Rusia es el único país que expandió sus políticas represivas a un territorio vecino mediante la invasión militar. Los musulmanes tártaros de Crimea son secuestrados, torturados y encarcelados en la Ucrania ocupada por Rusia.

“Rusia es un gran jugador en el escenario mundial. Es realmente importante que el mensaje se envíe con claridad”, dijo Mark refiriéndose a la libertad religiosa.

En China
El informe también menciona la persecución religiosa en China, incluida la persecución de los católicos, y señala que 2017 marcó los 60 años desde la creación de la Asociación Patriótica Católica China.

En 2017, China aumentó el control del gobierno sobre sus religiones reconocidas como parte de la campaña del presidente Xi Jinping para “manipular todos los aspectos de la fe en un molde socialista impregnado de ‘características chinas’”.

Dos regiones de China con importantes minorías étnicas y religiosas, Xinjiang y Tíbet, “se parecen cada vez más a estados policiales”, según el informe.

“Los monjes y las monjas que se niegan a denunciar al Dalai Lama o no prometen lealtad a Pekín son expulsados de sus monasterios, encarcelados y torturados”.

El informe también cita revelaciones recientes de autoridades chinas que torturan a presos por objetores conciencia y defensores de los derechos humanos para forzar confesiones y obligar a las personas a renunciar a su fe.

Otros países
En su informe de 2018, Uscirf también reconoció a 12 países adicionales con un estado de nivel 2 de violaciones a la libertad religiosa menos graves: Afganistán, Azerbaiyán, Bahrein, Cuba, Egipto, India, Indonesia, Irak, Kazajstán, Laos, Malasia y Turquía.

La Uscirf recomienda que el gobierno de los Estados Unidos priorice los esfuerzos para abogar por la liberación de los presos de conciencia.

El presidente de la Uscirf, Daniel Mark, señaló el reciente viaje del embajador en libertad religiosa internacional Sam Brownback a Turquía, en nombre del pastor cristiano encarcelado Andrew Brunson, como un buen ejemplo.

Mark también destacó que hubo algunas mejoras en los esfuerzos de libertad religiosa internacional durante el año pasado. Fue positivo ver que el 1 de enero de 2018 Dinamarca abrió una nueva oficina con un representante cubriendo este tema y esperamos ver que sigan más países”, dijo.+


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La libertad religiosa cada vez más amenazada en el mundo actual.

La alarma de la Santa Sede: la libertad religiosa cada vez más amenazada en el mundo

Discurso de monseñor Jurkovič a la ONU de Ginebra: en peligro también están la educación de los jóvenes, la objeción de conciencia y la identidad cultural de los pueblos

La alarma de la Santa Sede: la libertad religiosa está cada vez más en riesgo en el mundo

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Pubblicato il 03/03/2018
Ultima modifica il 03/03/2018 alle ore 15:49

 

Es una «actitud de rechazo frente a la libertad religiosa, de marginación e incluso de abierta persecución de las minorías» lo que el arzobispo Ivan Jurkovič, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU de Ginebra, adjudica a muchos Estados. Lo hizo ayer, durante la 37ª sesión del Consejo para los derechos humanos, en la que el religioso denunció con fuerza las violaciones de la libertad religiosa en el mundo de hoy.

 

En su intervención, según indicó Vatican News, el religioso recordó que «leyes o políticas que discriminan a las minorías religiosas y que limitan la libertad de religión y de credo (como las llamadas leyes sobre la blasfemia o anti-conversión) están, desgraciadamente, todavía presentes en nuestro mundo». Otros Estados no protegen a sus ciudadanos que pertenecen a minorías religiosas, cuando son el blanco de la violencia o bien «obstaculizando el acceso a la justicia o sin garantizarles procesos ecuos», añadió.

 

Por otra parte, en esos Estados que promueven una «ideología secular radical que niega los sentimientos religiosos de sus ciudadanos», se verifican «formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición contra los creyentes y contra los símbolos religiosos», especialmente «en la educación de los jóvenes y en relación con la objeción de conciencia», observó el delegado vaticano.

 

E insistió que «una sociedad basada en el respeto de la libertad de religión y de credo es más fuerte, y no más débil»: «respetar las convicciones más profundas de los miembros de cierta sociedad es, efectivamente, el prerrequisito sobre el que se puede construir una auténtica cultura de los derechos humanos». «Cada sociedad, en cuanto expresión de la persona y del conjunto de sus dimensiones constitutivas, debe vivir y organizarse para favorecer su apertura a la trascendencia. Precisamente por esto, las leyes y las instituciones de una sociedad no pueden ser configuradas ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos».

 

«Desafortunadamente –subrayó el observador ante la ONU de Ginebra–, esta actitud reductiva es a veces percibida también en algunos ambientes de agencias y organizaciones internacionales, cuando ideologías y nociones controvertidas que no están en línea con los instrumentos internacionales y ni con los sentimientos de la mayor parte de la humanidad son promovidas o incluso impuestas».

 

 

Citando las palabras del Papa Francisco, Jurkovič también recordó que puede existir «el peligro –en cierto sentido paradójico- de que, en nombre de los mismos derechos humanos, se trate de instaurar modernas formas de colonización ideológica de los más fuertes en detrimento de los más pobres y débiles. Tal postura, para nada rara, no puede sino debilitar estas instituciones, reduciendo a un estado de irrelevancia el sistema multilateral de los derechos humanos, que es ya bastantemente criticado».

 

En particular, el arzobispo expresó en nombre de la Santa Sede la «máxima preocupación» frente al uso, por parte del Relator especial de la ONU, de la expresión «Libertad “de” la religión»: concepto, explicó, que «no está contemplado en los instrumentos internacionales» y que «revela una idea paternalista de la religión, yendo más allá del mandato del Relator especial».

 

 

«La dimensión religiosa no es una subcultura», insistió el religioso; es «parte de la cultura de cada pueblo y de cada nación». Por ello, descuidar la importancia de las religiones o «negar o limitar arbitrariamente» la libertad religiosa significa «cultivar una visión reductiva de la persona humana», «hacer imposible una paz auténtica y duradera de toda la familia humana».


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Libertad religiosa y América, por Thomas Reese, jesuita

  Bishop Mclroy decries extremism on religious freedom, calls for solidarity in American politics

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Bishop Robert McElroy of San Diego walks away after greeting Pope Francis during his general audience in Paul VI hall at the Vatican Nov. 23 2016. (CNS/Paul Haring)

WASHINGTON — In an address at Georgetown University, Bishop Robert McElroy of San Diego criticized both extremes in the fight over religious freedom and called for public consensus based on solidarity to heal our nation in this hyper-partisan age.

McElroy is one of the most brilliant minds in the Catholic hierarchy today, with a doctorate in political science from Stanford University and a doctorate in moral theology from the Pontifical Gregorian University in Rome. Not surprisingly, the 63-year-old bishop is frequently spoken of as a possible successor to Cardinal Donald Wuerl in Washington, DC, who is past retirement age.

McElroy gave his speech on November 16 at a conference at the Berkley Center for Religion, Peace and World Affairs celebrating the 50th anniversary of the death of Rev. John Courtney Murray, the Jesuit who was one of the most influential American theologians of the 20th century. But McElroy was not interested in looking backwards. He wanted to talk about “the issues of the Church and our nation at this moment in our history.”

He began by looking at religious freedom, the issue which made Murray famous. Murray was silenced by the church for writing about religious freedom but later he became one of the main authors of “Dignitatis Humane,” the document on religious liberty at the Second Vatican Council.

“During the past decade, the issue of religious liberty has become deeply enmeshed in the bitter divide which grips our nation and corrupts political and moral dialogue,” asserts McElroy.

Of the two contending forces, “The first seeks to minimize the scope of religious liberty, and specifically reduce the freedom of religious communities to the freedom of worship,” he said. “The second seeks to maximize the exercise of religious conscience in society, undercutting the legitimate role that government has in advancing the common good.”

The Catholic tradition rejects both approaches, he said.

In response to minimalists who deliberately undermine the freedom of the church by reducing religious expression to worship, he says, “The Church must emphasize that a robust appreciation for the specifically religiously inspired works of faith communities in health care, social service and advocacy for the marginalized lie at the core of the Gospel imperative, and any realistic notion of religious liberty in the United States.”

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On the other hand, the maximalists “seek to undermine the legitimate authority of the state by endorsing an ever expanding notion of individual rights of conscience in the public sphere without due regard for the governmental pursuit of the common good.”

“This, too,” he says, “is a distortion of the Catholic doctrine of religious liberty.” The church must reject both extremes.

McElroy finds support in Murray’s position that “The right to conscience in public expression is ultimately rooted in the dignity of the human person and the pursuit of the common good. And the public order, that part of the common good which falls to government, is a wholly legitimate pursuit of government even when that common good necessitates restrictions upon the public actions of believers acting in the light of their conscience.”

The church “must defend absolutely the rights of conscience to internal belief, point to the moral warrants for the robust freedom of religious communities, and outline the nuanced Catholic teaching on the rights of believers to act upon their beliefs in society,” says McElroy. “But the Church must be equally dedicated to defending the corresponding governmental right to — at times — restrict conscience-driven actions in pursuit of a genuine common good.”

This balanced position by the church is especially needed in the toxic atmosphere of American politics.

McElroy notes that Murray’s writings about the nature of American society in the 20th century focused on the concept of the public consensus which lay at the heart of American political life.

“For Murray, the key element of the concept was its foundation in concepts of natural law which undergirded American society in fundamental ways, and provided a linkage between the history of American politics and Catholic thought,” explains McElroy.

According to Murray, this consensus “was the glue which held America together, through common moral and spiritual values rather than ties of blood or nationalism,” reports McElroy. “Murray wrote that there was a continual need for reconversion to the public consensus in American society in order to embrace anew the principles of freedom, civic unity, truth, civil conversation, and support for the fundamental institutions of American governance.”

Without this conversion, “Murray argued, the United States would confront a spiritual crisis in the temporal realm, a hollowness in American society and culture, an emptiness of the soul,” says McElroy. “We are living in just such a spiritual crisis; for our national soul has truly been hollowed out.”

McElroy calls for a renewed public consensus based the principle of solidarity. The principle of solidarity is the recognition “that we are all debtors of the society of which we are a part.”

A commitment to solidarity “will demand a rejection of the tribal element of politics which sees voting as the opportunity to advance the well-being of our race, our class, our religious community at the expense of others,” says McElroy. “It will entail a purging of the inherent human tendency to allow anger and wedge issues to destroy our ties as Americans. A spiritual conversion to solidarity among citizens demands that we reject the increasing habit in our political culture of attributing all differences of opinion to ignorance or malice.”

This renewal of public consensus requires three norms:

  •                 We must become a people which treasures civil dialogue and seeks shared truth.
  •                 We must turn from political warfare to governance.
  •                 We must build up rather than destroy the institutions which are necessary for our political life.

“The sickness in the political soul of our nation will only be healed if society undertakes a massive regeneration of the political ties which unite us as a people and begins to see these ties as more important than the divisions which tear us apart,” says McElroy.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for Religion News Service and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]

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