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La larga presidencia de Kagame en Ruanda. Análisis

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En Rwanda Kagame casi obtiene el 100%

A pesar de las dudas sobre sus métodos para-dictatoriales, Paul Kagame gana su tercer mandato con un plebiscito. El país, sacudido hace 27 años por el genocidio, vive una nueva estación de paz y estabilidad. Habla Philippe Rukamba, obispo de Butare y Presidente de la Conferencia Episcopal, testigo, en 1994, de gravísimos episodios

Elecciones en Rwanda

Pubblicato il 12/08/2017
Ultima modifica il 12/08/2017 alle ore 13:01
LUCA ATTANASIO
ROMA

 

En las siete rondas electorales que se han llevado a cabo en Rwanda desde 2003, la participación de la población nunca ha estado por debajo del 96%, mientras que las preferencias por Paul Kagame, indiscutible presidente, nunca han bajado del 96%. En las últimas votaciones, del pasado 4 de agosto, el Presidente incluso obtuvo el 99% de los votos, actualizando la expresión “voto búlgaro” con “rwandés”. Kagame, que está en el poder prácticamente desde hace 27 años (de 1994 a 2000 como líder del ejército y presidente de facto, y regularmente electo en 2000, ndr.), llamó a un referéndum constitucional en 2015, gracias al cual, con más del 98% de los votos, introdujo cambios a la Constitución que le permitieron volver a presentarse como candidato y que podrían abrirle el camino para permanecer en el poder hasta 2034.

 

Pero el control prácticamente total conquistado a fuerza de votos y raramente contestado, sobre todo por sus dimensiones, convierte a Kagama en una especie de monarca absoluto con el vicio, según muchos observadores, de métodos al límite de la dictadura. Diferentes organizaciones no gubernamentales, entre las que está Amnistía Internacional, hablan de «clima de terror» y denuncian constantes homicidios, torturas y desapariciones. La libertad de prensa y de opinión han sufrido drásticas disminuciones, mientras la vida de los movimientos de la oposición es muy dura: de los once partidos que obtuvieron el permiso para participar en las elecciones, nueve son grupos políticos aliados del Frente Patriótico Rwandés (el partido del Presidente).

 

Pero Paul Kagame cuenta con una serie de datos positivos indiscutibles. Gracias a un crecimiento constante del Producto Interno Bruto, estable en el 7% durante los últimos años, y al dinamismo económico que han logrado aprovechar de la mejor manera la industria agrícola y la de las exportaciones de minerales, Rwanda es uno de los países famosos por su desarrollo económico y por el repunte social. La poca tolerancia del presidente ante los métodos democráticos no ha opacado el récord mundial de presencia femenina en el Parlamento: más del 63%.

 

Pero tal vez lo que ha convertido a este político de etnia Tutsi en un presidente amado por el pueblo ha sido la capacidad de sacar a un país del terrible pantano del genocidio y volverlo lo más unido y libre posible de las increíbles presiones étnicas que provocaron en cien días (de abril a julio de 1994) casi un millón de muertos.

 

Monseñor Philippe Rukamba, obispo de Butare y Presidente de la Conferencia Episcopal de Rwanda, habló con Vatican Insider sobre esta nueva fase que vive el país africano, sobre el papel de la Iglesia católica en los meses del terror y en el proceso de reconciliación y desarrollo.

 

«Cuando un país es sacudido por un genocidio, las heridas del pueblo permanecen abiertas durante muchos años. Creo que el Estado ha tenido un papel muy útil para que la gente comprendiera que vivir juntos y en paz es lo mejor para todos. Después fueron instituidas comisiones que se ocupan de las víctimas del genocidio, que ayudan a los niños huérfanos, a los inválidos y que luchan en contra de la ideología de la masacre. Todo esto nos permite vivir en cierta armonía. Podemos decir que el balance hasta el momento del gobierno Kagame es muy positivo; ha hecho todo lo que podía, en una situación muy, muy compleja. De cualquier manera, podemos decir que ahora hay paz plena y cuando hay paz todo va mejor.

 

¿Cuáles son los pasos clave para cerrar el capítulo del genocidio?

 

Se comenzó a partir de las raíces comunes, de la historia que hemos tenido. Kagame quiso extirpar todo lo que aludía al concepto de etnia, ya no se puede ni siquiera pronunciar “hutu” o “tutsi”. Luego, en el trabajo, se cancelaron las discriminaciones y las asunciones ya no tienen base étnica. El trabajo de la Comisión para la Paz y la Convivencia ha sido capilar: entraba a las aldeas y se encontraba con la gente, tratando de convencerla sobre la paz.

 

¿Cuáles son los problemas principales que debe afrontar el país en la actualidad?

 

El primero de los problemas sigue siendo la paz: es necesario que haya paz entre nosotros y los países vecinos, y hacer todo lo posible para mantenerla. Después de un genocidio basta muy poco para anular todos los esfuerzos hechos. También existe un grave problema económico, la gente debe salir de la pobreza y también aquí los subsidios que el Estado eroga están ayudando, sobre todo en algunas zonas rurales. Por suerte no hay episodios de violencia, ni enfrentamientos étnicos visibles; si los hay, están arraigados los corazones, y tenemos que hacer lo que sea para extirparlos. Con respecto a los derechos humanos, no logramos tener conciencia de lo que sucede realmente: escuchamos de vez en cuando que hay violaciones, pero no somos capaces de verificarlo directamente.

 

En marzo de este año, el Papa, al recibir al Presidente Kagame, pidió perdón en nombre de la Iglesia por el genocidio. ¿Qué le parece el papel de la Iglesia durante ese periodo y a 27 años de distancia?

 

La Iglesia fue acusada de contubernio, tuvo una parte activa en las masacres. Nos acusaron de no haber frenado el genocidio. Pero un genocidio es una cosa demasiado grande, no sé si habríamos tenido verdaderamente el poder para detenerlo. De cualquier manera, el encuentro entre el Papa y el Presidente fue muy útil. Se aclaró que hubo gravísimos actos por parte de sacerdotes, monjas, religiosos o laicos, pero que no se trataba de un plan preestablecido. Claro, fue espantoso. Desde entonces, nos hemos responsabilizado de la sensibilización, para explicar y convencer, y lo hacemos todos los domingos. Hemos tratado de ayudar a las víctimas del genocidio o de la rabia del post-genocidio. Hemos instituido el concepto de Iglesia como familia sin distinciones. Con nuestra comisión Justicia y Paz trabajamos para crear reconciliación.

 

Usted fue testigo de actos muy graves…

 

Sí, era párroco de Kibungo, en el este de Rwanda. El obispo creó un centro en el que se refugió mucha gente. Un día rodearon ese lugar y mataron a todos. Ante mis ojos tomaron y mataron a más de 1200 personas, una cosa que nunca podré olvidar. La paz que ahora vivimos tiene verdaderamente un valor inmenso.

 

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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