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ONU: conmemoración del genocidio contra los Tutsis en Ruanda.

La ONU honra a las víctimas del genocidio contra los tutsis llamando a rechazar la intolerancia

12 Abril 2019

“Insto a todos los líderes políticos, religiosos y de la sociedad civil a repeler el discurso de odio y la discriminación y a trabajar con energía para mitigar las causas que socavan la cohesión social y crean condiciones para el odio y la intolerancia”, dijo el Secretario General.

A 25 años del genocidio contra los tutsis en Rwanda, debemos analizar con rigor lo que ocurre en la actualidad y esforzarnos por erradicar las incitaciones al odio, al racismo y a la xenofobia para evitar que vuelva a ocurrir una atrocidad semejante, fue el mensaje de António Guterres en el acto de conmemoración de ese trágico evento este viernes en la Asamblea General de la ONU.

El Secretario General calificó ese crimen masivo como uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de la humanidad, recordando que en sólo tres meses fueron asesinadas sistemáticamente más de un millón de personas entre las que además de la gran mayoría tutsi se contaron hutus moderados y opositores a la masacre.

En el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio de 1994 contra los Tutsis en Rwanda, celebrado cada 7 de abril, fecha en que empezó la matanza, la ONU honra a las víctimas y reflexiona sobre el sufrimiento y la resiliencia de los sobrevivientes, señaló Guterres.

La jornada internacional se celebra desde abril de 2004, según una resolución de la Asamblea General de diciembre de 2003.

Analizar el presente

“Hoy expresamos nuestra solidaridad al pueblo de Rwanda, pero nuestra reflexión debe ir más allá de un país y un momento en la historia, debemos mirar el presente: mientras refrendamos nuestra decisión de evitar que ocurran esas atrocidades, vemos en muchas partes del mundo una peligrosa tendencia que escala la xenofobia, el racismo y la intolerancia.”

Es particularmente preocupante la proliferación del discurso de odio y las exhortaciones a la violencia porque contravienen nuestros principios y amenazan los derechos humanos, la estabilidad social y la paz, abundó el titular de la ONU.

Vemos en muchas partes del mundo una peligrosa tendencia que escala la xenofobia, el racismo y la intolerancia

Como ejemplo de este fenómeno, citó la reciente masacre en dos mezquitas en Nueva Zelanda e instó a levantar una vez más la voz contra el racismo, la xenofobia, la intolerancia, la discriminación étnica y social, la islamofobia y el antisemitismo.

“Llamo a todos los líderes políticos, religiosos y de la sociedad civil a repeler el discurso de odio y la discriminación y a trabajar con energía para mitigar las causas que socavan la cohesión social y crean condiciones para el odio y la intolerancia”, dijo.

El ejemplo de Rwanda

El Secretario General destacó, por otro lado, el espíritu de entendimiento, justicia y reconciliación de Rwanda y aseveró que esas virtudes son una de las grandes lecciones de la dolorosa experiencia de ese país.

En este contexto, lo felicitó por su papel ejemplar en la comunidad internacional, mencionando sus grandes contribuciones a las operaciones de pazsa de la ONU: “Es notable que una nación que ha afrontado las peores atrocidades arriesgue a sus soldados para garantizar que esas brutalidades no ocurran en ninguna otra parte”, recalcó.

Subrayó también la representación de las mujeres en el Parlamento de Rwanda, que alcanza el 60% de los escaños, un gran logro luego de que ese colectivo sufrió una violencia de género inimaginable.

Otro de los grandes avances del país africano, abundó Guterres, es su agenda ambiental, que lo ha convertido en una de las naciones más limpias del planeta.

En un cuarto de siglo, Rwanda se ha levantado de las más oscuras profundidades y es pionero del futuro sostenible

“La experiencia de Rwanda ofrece muchas lecciones para la humanidad. En un cuarto de siglo, el país se ha levantado desde las más oscuras profundidades para convertirse en pionero del futuro sostenible que todos intentamos alcanzar. En esta jornada de conmemoración, comprometámonos a trabajar Unidos para construir un futuro de armonía para toda la gente en todo el mundo. Ese es el mejor tributo a quienes perdieron la vida trágicamente en Rwanda hace 25 años”, concluyó Guterres.

Mandatario y sobrevivientes

La ceremonia de este año contó con la presencia del presidente de Rwanda, Paul Kagame, y de Esther Mujawayo-Keiner y Marcel Uwineza, sobrevivientes del genocidio de tutsis  dedicados a promover el entendimiento, la solidaridad y la tolerancia.

En su intervención, el mandatario rindió homenaje a los muertos, los sobrevivientes y a la valentía y unión que los rwandeses han mostrado para reconstruir su país.

“Recordar también es un acto de prevención. Cuando el genocidio está latente, se esconde con negación y trivialización. La negación es una de las bases ideológicas del genocidio. Es esencial contrarrestar la negación para romper el ciclo y evitar cualquier recurrencia”, sostuvo.

Cuando el genocidio está latente, se esconde con negación. La negación es una de las bases ideológicas del genocidio

Kagame explicó que fue con ese principio que su país solicitó cambiar el nombre del Día Internacional para especificar lo ocurrido, pese a que los hechos no dejan lugar a dudas.

“Pero los esfuerzos por reescribir la historia son implacablesy cada vez más convencionales. Las víctimas de un genocidio son asesinadas precisamente por ser quienes son, por su identidad, esto es una distinción fundamental de la definición de genocidio tanto moral como legalmente”, aclaró.

El presidente de Rwanda aseguró que este cambio de ninguna manera minimiza a las personas que murieron que no eran tutsis.

Asimismo, consideró que luego de 25 años de la tragedia en Rwanda, el mundo parece haber aprendido algunas lecciones, entre las que se refirió a la penalización en Francia, Italia, Luxemburgo, Polonia y Suiza de la negación del genocidio contra los tutsis. Añadió que otros países, como Bélgica han anunciado que se sumarán a esta decisión.

Francia y Canadá, por su parte, han designado el 7 de abril como una fecha de conmemoración. Kagame invitó a que otros países instituyan esa efeméride como una medida para crear conciencia.

Finalmente, el jefe de Estado agradeció la solidaridad internacional con Rwanda y abogó por un mundo en el que la memoria de atrocidades como la ocurrida en su país evite que esos crímenes se repitan.


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Creciente política de demonización hoy en el mundo. AMN.INT.

El auge global de la “política de demonización” refleja que el mundo no ha aprendido la lección del genocidio de Ruanda en 1994

AP Photo/Ben Curtis, File

La peligrosa tendencia global hacia políticas divisivas y cargadas de odio refleja que, colectivamente, los dirigentes mundiales han hecho caso omiso de las terribles lecciones del genocidio de Ruanda en 1994; así lo ha manifestado hoy Amnistía Internacional, cuando se cumple el 25 aniversario de aquellos hechos.

“Es lamentable ver que, con tanta frecuencia, sólo las atrocidades masivas sacuden la conciencia de los líderes mundiales; después, en cuanto la noticia caduca, políticos de todo el mundo vuelven inmediatamente a vender una retórica deshumanizadora y de odio que favorece hechos terroríficos como aquellos”, ha manifestado Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional.

En sólo 100 días, de abril a julio de 1994, más de 800.000 personas fueron asesinadas, la inmensa mayoría de las cuales eran tutsis que sufrieron ataques selectivos en un intento deliberado del gobierno de aniquilar su grupo étnico. Algunas personas hutus que se opusieron al genocidio también fueron blanco de ataques.

El genocidio fue planificado. El gobierno provisional que tomó el poder tras la muerte del presidente Juvenal Habyarimana, cuyo avión fue derribado cuando sobrevolaba la capital, Kigali, demonizó a propósito a la minoría tutsi. Decidieron manipular y exacerbar las tensiones existentes e instrumentalizaron el odio que habían sembrado en un mortífero intento de mantenerse en el poder.

“En este aniversario terrible queremos expresar nuestra solidaridad con las víctimas, sus familiares y todas las personas que sobrevivieron al genocidio, y acompañarlas en su dolor y su pena. Recordar lo que pasó debe servir para volver a despertar nuestra conciencia y nuestra humanidad común. Todos somos seres humanos, con los mismos derechos humanos y los mismos deseos de vivir sin abusos ni represión”, ha dicho Kumi Naidoo.

El auge de la política de demonización, documentado por Amnistía Internacional, continúa erosionando gravemente los derechos humanos. Políticos que buscan ganar votos a toda costa han intentado cínica y sistemáticamente usar a determinadas personas como chivos expiatorios por algún aspecto de su identidad —religión, raza, origen étnico o sexualidad—, a menudo en un intento de desviar la atención del hecho de que los gobiernos no cumplen disposiciones básicas de derechos humanos que garantizarían la seguridad económica y social.

Como consecuencia, destacados líderes mundiales esgrimen discursos peligrosos de “nosotros contra ellos“, infundiendo miedo y represión donde debería existir unión en la humanidad y respeto a los derechos humanos.

En los 25 años transcurridos desde el genocidio, el mundo ha presenciado incontables crímenes de derecho internacional y violaciones de derechos humanos, a menudo impulsados por las mismas tácticas de exclusión y demonización empleadas en 1994 por el gobierno ruandés en el periodo previo al genocidio.

En Myanmar, en 2017, tras décadas de discriminación y persecución de la comunidad rohingya, mayoritariamente musulmana, por parte del Estado, más de 700.000 personas se vieron obligadas a huir al vecino Bangladesh tras una cruel campaña de limpieza étnica llevada a cabo por los militares.

Amnistía Internacional y otras organizaciones han documentado el asesinato de miles de personas rohingyas, y que la violación, la tortura y otros abusos formaban parte de un ataque generalizado y sistemático contra esta comunidad. Afortunadamente, la ONU ha solicitado en un informe que se investigue a oficiales de alta graduación del ejército y se los procese por crímenes contra la humanidad y genocidio. Asimismo, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional está llevando a cabo una investigación preliminar.

Ante los diversos procesos electorales previstos para este año —entre ellos los de India y la UE—, que suelen ser momentos críticos para la política de demonización, los dirigentes mundiales deben comprometerse a hacer política de otra manera.

“Tras el genocidio de Ruanda se alcanzó el consenso internacional de no volver a permitir que arraigara la política del odio y la división. Pero, una y otra vez, volvemos a ver con mortificado espanto la comisión de atrocidades masivas. Deberíamos aprender de estas tragedias, como aparentemente está haciendo Nueva Zelanda, practicando una política más amable que promueve nuestra humanidad común y nos permite valorar nuestras diferencias”, ha señalado Kumi Naidoo.

Información complementaria

El 7 de abril comienzan en Ruanda los 100 días de conmemoración del 25 aniversario del genocidio perpetrado en 1994 en el país.

En sólo 100 días, de abril a julio de 1994, unas 800.000 personas fueron masacradas en una campaña organizada para aniquilar al grupo étnico tutsi.

Más de dos millones de personas fueron juzgadas ante los tribunales comunitarios del sistema gacaca tras el genocidio. El Tribunal Penal Internacional para Ruanda declaró culpables a 62 personas, incluidos altos cargos gubernamentales y otros que participaron como autores intelectuales del genocidio.


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Genocidio y reconciliación en Ruanda

Publicado: Jueves, 21 Marzo 2019

Genocidio y reconciliación en Ruanda a los 25 años

El 7 de abril de 1994 se desató un cruel genocidio en Ruanda, que constituye un punto de inflexión en la historia de África y del mundo. Alrededor de un millón de personas fueron asesinadas de una población de 8 millones en una exacerbación de la confrontación entre hutus y tutsis.

A los 25 años, el Seminario de Investigación para la Paz ha convocado una sesión centrada en las semillas reales de reconciliación en Ruanda de la mano del libro editado por el Grupo de Comunicación Loyola “Ruanda se reconcilia. Historias de paz y perdón”, del que son autores María Prieto, Ángela Ordóñez, Pilar Úcer y José García de Castro, todos de la Universidad Pontificia Comillas.

Jesús María Alemany presentó el acto en torno a Ruanda en el marco del proyecto general sobre reconciliación de los Centros de la Compañía de Jesús en España y José García de Castro expuso la relación fundacional e histórica entre los jesuitas y la reconciliación.

La intervención central corrió a cargo de la autora principal de la investigación, María Prieto Usúa, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad Comillas, una de cuyas líneas de trabajo es la psicología del perdón. La primera parte de su intervención se centró en la dinámica psicológica de la reconciliación y del perdón. Una segunda parte nos aproximó a lo que pasó en Ruanda, una larga historia hasta la explosión final. En la última parte se narraron con nombres propios historias de perdón y reconciliación que hubieran parecido imposibles después de un genocidio y que la autora pudo comprobar personalmente en su trabajo de campo. Afirmó en conclusión que si nos admira la maldad que puede anidar en el corazón humano, debemos estar dispuestos a sorprendernos por la bondad que está escondida y que surge mejor con el apoyo mutuo.

Tanto los hechos reales como la capacidad de comunicarlos de María Prieto dejaron una honda impresión con asistencia de unas 75 personas, que a continuación participaron en un diálogo intenso y hasta vehemente.


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Recordando Ruanda: caben otros genocidios?

Se necesita valentía para evitar que el genocidio de Rwanda se repita en otro lugar

UNICEF
Un niño de catorce años del pueblo de Nyamata en Rwanda fue fotografiado en junio de 1994 después de sobrevivir la masacre al esconderse debajo de cadáveres por dos días.

6 Abril 2018

Este sábado se conmemora el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio contra los Tutsis en Rwanda. Hace veinticuatro años, más de 800.000 personas fueron asesinadas sistemáticamente en ese país.

“Hoy recordamos a todos los que fueron asesinados y reflexionamos sobre el sufrimiento de los sobrevivientes, que han demostrado que la reconciliación es posible, incluso después de una tragedia de proporciones tan monumentales”, dice el Secretario General de la ONU en su mensaje oficial.

António Guterres expresó que Rwanda ha aprendido de su tragedia, así como lo ha hecho la comunidad internacional, y recordó que los Estados tienen la responsabilidad fundamental de proteger a sus poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad.

“Es imperativo que nos unamos para evitar que ocurran tales atrocidades, y que la comunidad internacional envíe a un fuerte mensaje a los perpetradores de que tendrán que rendir cuentas”, aseguró.

Guterres reiteró su preocupación por el aumento del racismo, el discurso de odio y la xenofobia alrededor del mundo, y citó la difícil situación de los musulmanes rohingyás en Myanmar, quienes ha sido sistemáticamente asesinados, torturados, violados, quemados vivos y humillados. Más de 671.000 han tenido que huir en busca de seguridad a Bangladesh.

“Estas manifestaciones básicas de la crueldad humana proporcionan el caldo de cultivo para muchos actos aún más malvados. Las personas siguen siendo asesinadas, desplazadas y sus derechos humanos son objeto de abusos en muchas partes del mundo debido a su fe o etnia”, dijo.

Este año se cumplen setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. El titular de la ONU instó a los Estados Miembros que aún no se han unido a que se hagan partes en la Convención, e hizo un llamamiento a todos los Estados para que respalden sus compromisos con medidas.

“Para salvar a las personas en riesgo, debemos ir más allá de las palabras. Debemos alimentar la valentía y la determinación de actuar. Solo al enfrentar estos desafíos podemos honrar a las víctimas y sobrevivientes del genocidio y asegurar que lo que sucedió en Rwanda nunca se repita, en ningún lado, nunca más”.

El 26 de enero de 2018, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó un proyecto de resolución por el que se designa el 7 de abril como el Día Internacional de Reflexión sobre el genocidio de 1994 contra los tutsis en Rwanda. La nueva resolución modifica el título del Día internacional, que fue establecido originalmente el 23 de diciembre de 2003 como el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en 1994 en Rwanda.


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Genocidio de Ruanda: 23 aniversario.

Evitar que se repita un genocidio, la mejor manera de honrar a las víctimas de Rwanda

Cruces de madera en un cementerio en el pueblo de Nyanza en una zona rural de Kigali, la capital de Rwanda. Durante el genocidio en 1994, más de 10.000 personas fueron quemadas vivas cuando trataban de huir a Burundi. Foto: UNICEF/Giacomo Pirozzi

07 de abril, 2017 — Este 7 de abril se conmemoran 23 años del genocidio en Rwanda. En 1994, 800.000 personas fueron asesinadas de forma sistemática en todo ese país. En su gran mayoría, los fallecidos eran de etnia tutsi, junto con hutus moderados, twas y otros.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha emitido un mensaje por la fecha.

El titular de la ONU consideró que la resistencia de los supervivientes y su capacidad de reconciliación constituyen hoy una fuente de inspiración para todos.

Consideró que la única manera de honrar verdaderamente la memoria de quienes murieron en el país africano es asegurando que esos hechos no vuelvan a ocurrir.

“La prevención del genocidio y de otros crímenes monstruosos es una responsabilidad común y un deber fundamental de las Naciones Unidas”, subrayó.

El titular de la ONU consideró que el mundo debe estar siempre atento ante las señales de alerta de genocidio y actuar de manera rápida y pronta contra esa amenaza. Recordó que la historia está llena de trágicos capítulos de odio, inacción e indiferencia, un ciclo que ha dado lugar a actos de violencia, detenciones y campos de exterminio.

Guterres instó a aprender las lecciones de Ruanda y a trabajar juntos para construir un futuro en el que reinen la dignidad, la tolerancia y el respeto por los derechos humanos de todas las personas.

Como parte de la observación de la fecha, este viernes se hará una vigilia y se observará un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas. A la ceremonia anual asistirá el Secretario General, se escuchará el testimonio de un sobreviviente y se realizará lectura de poesía, entre otras presentaciones.


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El Papa recibe al presidente de Ruanda y recuerda el genocidio contra los Tutsis

El Papa: el genocidio de Ruanda ha deformado el rostro de la Iglesia

Con el presidente Kagame, Francisco implora el perdón a Dios por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, como los sacerdotes y religiosos que cedieron al odio y a la violencia
AFP

Papa Francisco con el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y su esposa

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Pubblicato il 20/03/2017
Ultima modifica il 20/03/2017 alle ore 14:54
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Con el presidente de Ruanda, Paul Kagame, que fue recibido hoy en el Vaticano, el Papa «ha manifestado su profundo dolor, el de la Santa Sede y el de la Iglesia por el genocidio contra los Tutsis, ha expresado solidaridad con las víctimas y con los que siguen sufriendo las consecuencias de aquellos acontecimientos trágicos» e imploró el perdón de Dios «por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre los cuales sacerdotes, religiosos y religiosas que cedieron al odio y a la violencia traicionando su misión evangélica», subrayando que las «faltas cometidas en aquella circunstancia» han «deformado el rostro de la Iglesia». Francisco también expresó su deseo de que su gesto contribuya a «purificar la memoria» y promover un «futuro de paz».

 

Durante el encuentro cordial, refirió la sala de prensa de la Santa Sede, «se ha apreciado el notable camino recorrido para recuperar la estabilidad social, económica y política del país. Se ha evidenciado la colaboración entre el Estado y la Iglesia local en la obra de reconciliación nacional y de consolidación de la paz en beneficio de toda la Nación. En este contexto, el Papa ha manifestado su profundo dolor, el de la Santa Sede y el de la Iglesia por el genocidio contra los Tutsis, ha expresado solidaridad con las víctimas y con los que siguen sufriendo las consecuencias de aquellos acontecimientos trágicos y, en línea con el gesto efectuado por San Juan Pablo II durante el Gran Jubileo del año 2000, ha renovado la imploración de perdón a Dios por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre los cuales sacerdotes, religiosos y religiosas que cedieron al odio y a la violencia traicionando su misión evangélica. El Papa ha expresado también la esperanza de que este humilde reconocimiento de las faltas cometidas en aquella circunstancia que, por desgracia, han desfigurado el rostro de la Iglesia, contribuyan, también a la luz del reciente Año Santo de la Misericordia y del Comunicado publicado por el episcopado de Ruanda en ocasión de la clausura del mismo, a “purificar la memoria” y a promover, con esperanza y confianza renovadas, un futuro de paz, dando testimonio de que es concretamente posible vivir y trabajar juntos cuando se pone en el centro la dignidad de la persona humana y el bien común».

 

La Igelsia católica de Ruanda muchas veces ha sido acusada por su cercanía con el régimen durante el genocidio de 1994. En noviembre del año pasado, en ocasión del final del Jubileo de la Misericordia, en todas las parroquias de país se leyó una carta en la que los obispos pedían perdón por los pecados cometidos durante el genocidio por parte de los católicos, y no de la Iglesia en cuanto institución. El gobierno consideró que no era suficiente el “mea culpa”. Kagame en persona evocó la oportunidad de que el Papa pidiera disculpas en nombre de toda la Iglesia. En Ruanda, el 49,5% de la población es católico, el 39,4% protestante y los musulmanes representan el 1,8%.

 

A veinte años del genocidio, en 2014, el Papa entregó a los obispos del país, que fueron al Vaticano para su visita “ad limina apostolorum”, un discurso en el que recordó «el espantoso genocidio que ha provocado tanto sufrimiento y heridas, muy lejos todavía de haberse curado». Y uniéndose personalmente «al luto nacional», aseguró sus oraciones por las comunidades «a menudo laceradas, por todas las víctimas y sus familias, por el pueblo entero, sin distinción de religión, de etnia o de opción política». El Papa subrayó que «la Iglesia tiene un sitio importante en la reconstrucción de una sociedad reconciliada», y exhortó a los obispos a seguir adelante con resolución «ofreciendo testimonio de la vedad». También recordó en aquella ocasión que, a veinte años de «aquellos trágicos eventos, la reconciliación y la cura de las heridas siguen siendo la prioridad de la Iglesia en Ruanda», y subrayó la necesidad de «reforzar las relaciones de confianza entre la Iglesia y el Estado», porque «un diálogo constructivo y auténtico con las autoridades no podrá sino favorecer la obra común de reconciliación y de reconstrucción de la sociedad alrededor de los valores de la dignidad humana, de la justicia y de la paz».

 

El pasado sábado 18 de marzo, el Papa nombró como nuncio apostólico en Ruanda (sede diplomática vacante desde junio de 2016) al sacerdote polaco Andrzej Józwowicz. La noticia de la audiencia de hoy en el Vaticano fue anunciada oficialmente por la presidencia del país, que, a través de Twitter, informó que el Presidente había llegado ayer por la noche a Roma «bajo invitación de Su Santidad Papa Francisco», para un encuentro «sobre las relaciones bilaterales entre Ruanda y el Vaticano».

 

Después de la audiencia, el Presidente se encontró con el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, a quien acompañaba el Secretario para las Relaciones con los Estados, Mons. Paul Richard Gallagher. Durante las cordiales conversaciones se han recordado las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Ruanda. Se ha apreciado el notable camino recorrido para recuperar la estabilidad social, económica y política del país.

 

El próximo jueves 23 de marzo el Papa recibirá al presidente de Camerún, Paul Biya.


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Africa: el caso de Victoire Ingabire en Ruanda.

Entre las paredes de la dictadura

Por Elena Sánchez Novoa

 

[Fotografía superior: Victoire Ingabire consulta al equipo legal, antes de que el juicio sea suspendido en la Corte Suprema de Kigali / Graham Holliday]

 

El 16 de marzo el derecho internacional tiene una cita en la Corte Africana: su misión será velar por que Victoire Ingabire tenga un juicio justo. Desde la cárcel, Ingabire ha escrito Entre las cuatro paredes de la 1930, autobiografía en la que narra sus vivencias desde 2010 hasta 2013.

A veces, los que están llamados a ser hijos de la historia sacuden los pilares de la tiranía y se atreven a cuestionar la incontestabilidad de lo establecido. Son espíritus nobles que entregan su vida a una causa; no buscan fama ni gloria, sino más bien al contrario, ya que saltan a la arena pública renunciando a la comodidad del anonimato. Se convierten en líderes muy a su pesar, cargando sobre sus hombros la losa de una responsabilidad que sienten ineludible.

Después de 16 años de exilio, Victoire Ingabire, presidenta de las Fuerzas Democráticas Unificadas (FDU Ikingi), regresó a Ruanda en 2010 con la intención de inscribir a su partido y participar en unas elecciones democráticas. Su propósito era cambiar el sistema político de su país, que considera dictatorial. “Vengo para lograr la paz y es la paz la que guiará mi acción política para erradicar la injusticia y para romper todas las cadenas que nos aprisionan” aseguró a su llegada. Ingabire pretendía movilizar a una sociedad silenciada en la que el miedo se ha convertido en un elemento cotidiano: “Despertad, renunciad al miedo y liberémonos pacíficamente”. Para Victoire, Ruanda solo puede reconstruirse a través de la reconciliación y de la unión de todos; la acción pacífica es la única salida para una tierra en la que no hay persona que no haya conocido el sufrimiento.

La anhelada reconciliación de Ruanda ha de pasar necesariamente por el reconocimiento de todos los crímenes cometidos en el país, sin ningún tabú, por “la necesidad de que todos los ruandeses vean de frente la verdad”. En el Memorial del Genocidio de Kigali, en Gisozi, Ingabire denunció que solo sean reconocidas las víctimas del genocidio tutsi y pidió honrar la memoria de los hutus asesinados en Ruanda y en el este de la República Democrática del Congo: “Debemos mostrar empatía con los sufrimientos de todos.” Su ideología fue acusada de divisionismo, de hacer apología del genocidio y de minimizar la masacre.

 

Presentación del libro ‘Entre las cuatro paredes de la 1930’, de Victoire Ingabire / Fotografía: Elena Sánchez Novoa

 

Después de un proceso plagado de irregularidades y carente de las mínimas garantías, como denunciaron en su momento diversas organizaciones como Amnistía Internacional, en octubre de 2010 la presidenta de las FDU Ikingi entró en prisión. A pesar de las presiones para que se declarase culpable, Ingabire, desde el primer momento, ha negado todos los cargos que se le imputan: “Yo lucho por la democracia y la reconciliación y no estoy dispuesta a arrodillarme por crímenes que no he cometido”. En un primer momento fue condenada a 8 años y, después de presentar un recurso, se amplió su pena a 15 años.

Desde la cárcel, Ingabire ha escrito Entre las cuatro paredes de la 1930, autobiografía en la que narra sus vivencias desde 2010 hasta 2013. El libro fue presentado en Madrid, en la Residencia de los Jesuitas, y contó con las intervenciones de Paloma García Varela, miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) y de Ramón Arozarena Sanzberro, excooperante en Ruanda y campos de refugiados de Goma (RDC).

Al finalizar el proceso en Ruanda, Victoire se dirigió a la Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, para recurrir la decisión del Gobierno ruandés. Paloma García recuerda los cuatro principios fundamentales que vertebran el recurso de Victoire: igualdad ante la ley, presunción de inocencia, independencia de los tribunales y libertad de opinión y expresión.

Recientemente se ha conocido la nueva fecha en la que tendrá lugar el juicio público: el próximo 16 de marzo. Desde octubre de 2014 hasta ahora se ha ido obstaculizando, de manera reiterada, el proceso en la Corte Africana. El año pasado, pocos días antes de la fecha inicial del proceso, Ruanda abandonó la Corte Africana, retirando el protocolo que permitía a cualquier ciudadano ruandés acudir a esta institución en busca de justicia.

En la presentación, Paloma García cuenta qué se ha hecho desde España a nivel jurídico. En primer lugar, se hizo llegar a todos los jueces de la Corte Africana un manifiesto de juristas, en el que se argumentaba por qué la retirada de ese protocolo no podía tener ningún efecto en el caso de Victoire. También se trató de presentar un amicus curiae, un informe de expertos juristas externos que fundamentara según el derecho internacional y los derechos humanos por qué, en este caso,  Victoire Ingabire debería ser absuelta, pero la Corte Africana no lo admitió.

 

Presentación del libro ‘Entre las cuatro paredes de la 1930’, de Victoire Ingabire / Fotografía: Elena Sánchez Novoa

 

La representante de la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) hace hincapié en la importancia que tiene la presión internacional y la necesidad de visibilizar el caso de Victoire, de enorme peso político, ante la inminente celebración del juicio. Para que el proceso se desarrolle con las mayores garantías, es fundamental que sea observado y que los jueces sientan la presión de instituciones internacionales. Paloma García detalla qué acciones se están llevando a cabo en estos momentos. Su organización se ha puesto en contacto con el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y con observadores europeos para solicitar su asistencia al juicio de Ingabire. Al nivel de la sociedad civil también están en marcha iniciativas con un conjunto de colegios de abogados de Europa y África, europarlamentarios y diversas ONGs.

Ramón Arozarena asegura que “la única salida a la situación que atraviesa el país es el respeto a los derechos humanos, la democracia y la reconciliación.” De los últimos párrafos del libro de Victoire se desprende optimismo. Ingabire exhorta a sus compañeros a entrenar su paciencia y a mostrar una voluntad y determinación inquebrantables que materialicen el advenimiento de una nueva etapa. Victoire es consciente de los obstáculos y el largo recorrido que queda por delante, sin embargo, asegura: “Nada detendrá el viento del cambio, la marcha hacia la democracia está está en camino.”