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El ingreso de la Santa Sede en el SEPA de la UE

Europa aprueba que el Vaticano use el IBAN

Con la decisión las instituciones financieras de la Santa Sede entrarán al circuito bancario SEPA: la operatividad en la Unión Europea será cada vez más simple y directa

La Sede del IOR

Pubblicato il 30/11/2018
Ultima modifica il 30/11/2018 alle ore 12:52
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

La Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano entrarán en el circuito bancario europeo SEPA, con la posibilidad de efectuar operaciones bancarias más simples, directas y menos complicadas. La decisión, informó un comunicado, fue tomada por el consejo del EPC (European Payments Council) que acaba de extender la zona geográfica para la área única de los pagos en euros (SEPA), incluyendo al Vaticano.

 

La entrada al circuito entrará en vigor a partir del mes de marzo de 2019, y, con los siguientes pasos se irán sumando al SEPA las instituciones financieras del Estado de la Ciudad del Vaticano. La entrada al circuito involucrará en primer lugar al IOR (el Instituto para las Obras de Religión) y a la APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica), que no solo se ocupa de la gestión de los bienes inmuebles del vaticano, sino que cuenta también con un importante portafolio financiero.

 

Con esta decisión de la semana pasada, las realidades que pertenecen al circuito SEPA serán 36, incluidos Liechtenstein, Suiza, Mónaco, San Marino, el Principado de Andorra y el Vaticano. De esta manera, los pagos electrónicos en euros serán unificados en toda Europa, para permitir que se hagan y reciban depósitos en los países de la UE con las mismas reglas a las que se aplican en análogas operaciones en las respectivas naciones.

 

Se utilizará, pues, un código IBAN (International Account Bank Number) específico para la Santa Sede y el Estado vaticano. Será posible que en el futuro se sumen otros entes de la Santa Sede a este circuito. «La adhesión al SEPA es una señal muy positiva —declaró René Bruelhart, presidente de la AIF. Contribuye a facilitar los pagos y a armonizar tales servicios. Además, demuestra los esfuerzos de la Santa Sede para mejorar la transparencia financiera- EL paso de hoy debe ser comprendido en el lento y largo camino que comenzó en 2011 con la decisión de Benedicto XVI y con el desarrollo de su sucesor».

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El documento del Vaticano sobre el actual sistema económico y financiero. Análisis de Manfred Nolte

Cuestiones económicas y pecuniarias

CUESTIONES ECONÓMICAS Y PECUNIARIAS

Manfred Nolte. El 17 de mayo pasado ha tenido lugar la presentación en Roma por parte de los dicasterios vaticanos de doctrina de la fe y de desarrollo humano, del documento titulado ‘Oeconomicae et pecuniariae quaestiones: Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero’.

A diferencia de la mayoría de las naciones cuyos ordenamientos jurídicos establecen una clara jerarquía normativa que sitúa en el más alto lugar a la Constitución del país respectivo, para ir reduciendo luego el rango de las normas hasta meras circulares administrativas, el Estado Vaticano no tiene establecida una clara graduación en las suyas, aunque se reserve un lugar destacado a los propios escritos del pontífice, muy especialmente cuando habla de fe y costumbres en forma de encíclicas y exhortaciones papales. No obstante lo cual, y como consta en el último párrafo del escrito, el Sumo Pontífice Francisco, ha aprobado las ‘Consideraciones’ y ha ordenado su publicación. O sea, que si no es la voz personal y directa del Papa, es algo que se le acerca mucho y puede incluirse sin violencia en las tesis del evangelio social de Francisco I.

En esta ocasión, el título del documento es explicativo por si mismo: la Iglesia propone unas consideraciones para interpretar y en su caso mejorar el funcionamiento y finalidad del sistema económico y financiero de mercado, operante en la actualidad en la inmensa mayoría de pueblos del planeta.

Como establece su preámbulo, la creciente influencia de los mercados sobre el bienestar material de la mayor parte de la humanidad exige, por un lado, una regulación adecuada de sus dinámicas y, por otro, un fundamento ético claro que garantice al bienestar alcanzado esa calidad humana de relaciones que los mecanismos económicos, por sí solos, no pueden producir. Es preciso un vínculo entre el conocimiento técnico y la sabiduría humana, sin el cual todo acto humano termina deteriorándose. Y en este recordatorio ético y moral, el documento, como en otros redactados por la Iglesia que abordan el tratamiento de la realidad económica, aporta perspectiva, centralidad en el ser humano, solidaridad y remisión repetida al bien común.

Para el economista de profesión, resulta muy importante al interpretar la doctrina social del papa, distinguir entre la moralidad de los mecanismos del mercado, en abstracto y la moralidad de las conductas corruptas, inmorales e ilegales en la utilización de los mecanismos de mercado. Respecto al primer aspecto, el escrito es razonable: el dinero –se afirma en el texto- es en sí mismo un instrumento bueno, la competencia estimulante, el beneficio necesario, el mercado como mecanismo de asignación de los recursos insustituible. Es en la perversión, inmoralidad e ilegalidad en el uso de dichos mecanismos donde se alza la voz de la Iglesia de Bergoglio. Y así debe ser. En ello coincide con la voz de los clásicos, padres de la economía, que junto a sus ingenuas propuestas acerca de manos invisibles y de mercados autocorrectores eficientes, ya advertían que la maquinaria económica solo funcionaría en ausencia de posiciones dominantes de mercado.

Dicho esto, y aunque asistimos a un conjunto de ‘consideraciones’ propositivas, el documento relata vulnerabilidades y lacras de los mercados financieros que son mayoritariamente reconocidos en la mayoría de los ámbitos políticos, académicos y prudenciales y que, además, en varias ocasiones se remiten a hechos ya pasados, en particular a sucesos relacionados con el estallido de la crisis de Wall Street en 2007 y que se hallan asumidos y en su mayoría acotados de cara a posibles episodios futuros.

Los párrafos de la declaración recorren episodios repudiados no solo por la doctrina social de la Iglesia o por la filosofía moral, sino por los órganos reguladores y supervisores multilaterales y en muchos casos por las diversas judicaturas nacionales. Todavía hoy, diez años después de la quiebra de Lehman Brothers, los jueces aplican multas estratosféricas a los banqueros yanquis que engañaron sistemáticamente a la clientela con la paquetización y venta de las hipotecas ‘subprime’ o a los que más recientemente manipularon el Euribor, referencia generalizada de múltiples productos de consumo financiero. En otro pasaje se advierte que el bienestar debe evaluarse con criterios mucho más amplios que el PIB, aspecto sobre el cual el estado del arte económico ha lanzado decenas de alternativas teóricas, que no logran sin embargo inutilizar el pragmatismo del viejo índice. Alude asimismo –como condenable- a la comercialización asimétrica de algunos productos financieros aprovechando lagunas informativas o la ignorancia del comprador, conducta que nos remite a ejemplos como la comercialización de preferentes, donde la venta en sí misma lícita ha utilizado el engaño, aspecto reconocido y castigado en su momento, como lo han sido algunas ampliaciones de capital bancario mal informadas y otros delitos similares. Una vez más el engaño y el fraude es el que resulta reprobado. Y así debe ser.

Junto a estos pasajes asumibles hay en la presentación de las declaraciones una reiterada condena de la especulación sin distinguir si se realiza con fondos propios o ajenos. La especulación no es mala ya que solo activa expectativas. Todos vivimos en un constante proceso diario de especulación. Solo es ilícita cuando arriesga capitales ajenos y también –siendo legal- debe ser combatida con políticas contraespeculativas del gobierno en circunstancias excepcionales. La referencia a tipos de interés de usura que también se condena se remite evidentemente a zonas geográficas distintas de las economías centrales. Todos los partidos asumen hoy en día la recomendación vaticana acerca de “la impelente necesidad de una adecuada regulación”. Dicha regulación y la vigorosa presencia del estado en la economía es la norma de la actuación política actual. Sugiere atinadamente el escrito la creación de una autoridad bancaria global, aunque comprende su dificultad. En ese contexto avanza la Unión bancaria europea, y los esfuerzos normativos del Consejo de Estabilidad Bancaria, el Comité de Basilea y otros organismos sectoriales multilaterales. La separación sugerida en los bancos de las carteras de inversión y otras más arriesgadas de ‘negociación’ está implantada en los bancos desde hace décadas y la no subordinación  por parte del Banco de la concesión de un préstamo “a la simultánea subscripción de otros productos financieros quizás no favorables al cliente” es una prescripción recientemente introducida por la normativa MIFFID.

Una propuesta interesante del escrito vaticano es el establecimiento de comités éticos para apoyar a los consejos de administración, todo ello para ayudar a los bancos, no sólo a preservar sus balances de las consecuencias de sufrimientos y pérdidas y a mantener una coherencia efectiva entre la misión fiduciaria y la praxis financiera, sino también a apoyar adecuadamente la economía real. Tal recomendación recuerda en parte a las comisiones de control operantes dentro de las normativas de las antiguas cajas de ahorro, hoy desgraciadamente extinguidas. La preocupación por regular los mercados de derivados es compartida por los reguladores bancarios que han avanzado en muchos de los puntos sugeridos en las Recomendaciones.

La carta contiene una decidida denuncia a una doble lacra de nuestra economía de mercado, y en ello hay una oportunidad de reflexión para denunciar la gigantesca falta de omisión cometida por la Comunidad de Naciones: la permisividad de esas cloacas financieras llamadas eufemísticamente ‘Paraísos fiscales’ y la impotencia para frenar la riada de la ‘elusión’ de las empresas multinacionales a través de sus precios de transferencia en beneficio de su centro ultimo de tributación. No queda aquí sino alzar la voz de la indignación y expresar la perplejidad por esta injustificable tolerancia.

El documento se desmarca de aquella condena generalista de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium de 2013 en la que se denunciaba al sistema económico como perverso en sus raíces (‘esta economía mata’) pero mantiene un vívido recordatorio de algunas cosas sabidas y aun corregidas junto a la acusación de otras que se perpetúan y no deberían tener cabida en nuestra sociedad.

Insustituible en el documento es el recordatorio de la hipertrofia (idolatría) del valor absoluto del dinero, el permanente riesgo del descarte de amplias masas sociales (la globalización de la indiferencia) y la sordera al grito de los pobres y de la tierra, de la inversión en una economía finalista que no advierte los daños colaterales de sus acciones y precisa de ingentes inversiones para reparar esos mismos daños que produce.

La economía de Jorge Mario Bergoglio se basa en el rearme moral, en la referencia constante al vínculo indisoluble entre una ética respetuosa del bien común y la funcionalidad real de todo sistema económico-financiero.

Un importante recordatorio que nos hace conscientes del largo camino que falta por recorrer.


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Comentario al discurso del Papa a la Centesimus annus.

El Papa: trágica y falsa la dicotomía entre la ética de las religiones y los intereses de la finanza

Audiencia a la Fundación “Centesimus Annus pro Pontifice”, al final de la conferencia internacional sobre “Nuevas políticas y estilos de vida en la era digital”

El Papa Francisco

Pubblicato il 26/05/2018
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

 

El egoísmo y la exclusión, la crisis económica y la falta de empleo, las amenazas contra las familias y la indiferencia hacia los jóvenes, los pobres y los migrantes. La “cultura del descarte”. El Papa Francisco reflexiona sobre los desafíos que hacen que este mundo de hoy sea incierto y, durante la audiencia a la Fundación “Centesimus Annus pro Pontifice” (al final de la conferencia internacional sobre las “Nuevas políticas y estilos de vida en la era digital”), invocó «una cultura global de justicia económica, de igualdad y de inclusión» a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

En la Sala Regia, a pocos metros de la Biblioteca en la que esta mañana recibió a su “hermano” Bartolomé, quien inauguró las sesiones de trabajo de la conferencia, el papa Bergoglio habló con los miembros de la “Centesimus Annus” sobre las «actuales dificultades y crisis en el sistema económico» que «tienen una innegable dimensión ética: se relacionan con una mentalidad de egoísmo y de exclusión que ha generado en los hechos una cultura del descarte, ciega frente a la dignidad humana de los más vulnerables».

 

No son hipótesis, sino datos que ha dejado a la luz el aumento de la «globalización de la indiferencia» frente a los «evidentes desafíos morales que la familia humana está llamada a afrontar». En particular, el Papa se refirió a los «obstáculos al desarrollo humano integral de muchos de nuestros hermanos y hermanas, no solo en los países materialmente más pobres, sino cada vez más en medio de la opulencia del mundo desarrollado». «Pienso también –añadió el Papa– en las urgentes cuestiones éticas relacionadas con los movimientos migratorios mundiales».

 

«Demasiado a menudo una trágica y falsa dicotomía (semejante a la artificial fractura entre la ciencia y la fe) se ha desarrollado entre la doctrina ética de nuestras tradiciones religiosas y los intereses prácticos de la actual comunidad de negocios», afirmó. «Pero hay una natural circularidad entre las ganancias y la responsabilidad social. Hay, efectivamente, u “nexo indisoluble entre una ética que respete a las personas y el bien común y el real funcionamiento de cada sistema económico y financiero”», añadió citando el reciente documento vaticano “Oeconomicae et pecuniariae quaestiones” sobre el discernimiento ético en el sistema económico.

 

«La dimensión ética de las relaciones sociales y económicas» no puede ser importada «a la vida y a las actividades sociales desde fuera, sino que debe surgir desde dentro», insistió Bergoglio. Este es un objetivo a largo plazo «que exige el compromiso de cada persona y de cada institución en el seno de la sociedad».

 

En cuanto al tema elegido para la conferencia de este año: «Nuevas políticas y nuevos estilos de vida en la era digital», el Santo Padre subrayó uno de los retos relacionados con esta temática: las amenazas que las familias están afrontando a causa de la escasez de oportunidades laborales estables y el impacto de la revolución de la cultura digital.

 

El Pontífice resaltó, que tal y como ha puesto en evidencia, el recorrido de preparación para el Sínodo de este año, dedicado a los jóvenes, «es un área crucial en la cual la solidaridad de la Iglesia es efectivamente necesaria».

 

«La contribución de todos ustedes es una expresión privilegiada de la atención de la Iglesia hacia el futuro de los jóvenes y las familias», observó Francisco, recordando que, por otra parte, se trata de una actividad en la que lacooperación ecuménica es de especial importancia y la presencia del Patriarca Bartolomé de Constantinopla en su conferencia, «es un signo elocuente de esta responsabilidad común».

 

«Queridos amigos, al compartir su conocimiento y experiencia, y al transmitir la riqueza de la doctrina social de la Iglesia, ustedes buscan formar las conciencias de líderes en el campo político, social y económico. Les animo a perseverar en este esfuerzo, que ayuda a construir una cultura global de la justiciaeconómica, la igualdad y la inclusión», concluyó el Pontífice, expresando su gratitud y aprecio «por todo lo que ya han logrado, confiando su futuro compromiso a la providencia de Dios en oración».


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Informe ONU sobre economía mundial. Luces y sombras.

Las tensiones comerciales amenazan el crecimiento de la economía mundial

Organización Marítima Internacional
Felixtowe, el mayor puerto de contenedores del Reino Unido.

17 Mayo 2018

Las presiones también pueden verse reflejadas en América Latina y el Caribe, pese a que se prevé un incremento positivo en la región superior al 2 % durante el 2018 y el 2019. La excepción será Venezuela, que continuará en recesión.

El aumento de las tensiones comerciales, las dudas respecto a las políticas monetarias, los niveles de endeudamiento y las tensiones geopolíticas amenazan las positivas perspectivas de crecimiento de la economía mundial, según  las estimaciones de un estudio presentado este jueves en Nueva York.

El informe de las Naciones Unidas sobre Situación y Perspectivas de la Economía Mundial indica que el crecimiento global de la economía será del 3,2 % durante este año y el próximo, una revisión al alza del 0,2 % y el 0,1 % respectivamente.

Esta situación comportaría una mejora del crecimiento en los países desarrollados debido a la aceleración de la subida de los salarios, un escenario beneficioso para las inversiones y las consecuencias a corto plazo fruto del plan de estímulo fiscal en Estados Unidos, señala el estudio.

“Aunque el aumento moderado de los precios para los productos básicos a nivel mundial supondrá una presión al alza en la inflación de muchos países”, el informe destaca que las “presiones inflacionarias” están bajo control en casi todas las regiones desarrolladas y en desarrollo.

Por otro lado, destaca también el aumento de los desafíos como las amenazas al sistema de comercio multilateral, el alto grado de desigualdad y el incremento de las emisiones de carbono.

El economista jefe de las Naciones Unidas, Elliot Harris, destacó que el alza de la economía global supone una buena noticia para avanzar hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero manifestó que “es absolutamente necesario no darse por satisfechos ante las positivas cifras de crecimiento”.

Las expectativas de crecimiento del PIB se han revisado al alza en casi el 40% de los países desde la última actualización el pasado mes de diciembre. Se prevé que este disminuya en el centro y el sur de África y las estimaciones para 2018 se revisaron a la baja en las economías en transición y los países menos desarrollados.

La desigualdad de ingresos persiste elevada en muchos países pese a los indicios de mejora en algunos países en desarrollo tanto debido a factores cíclicos temporales como a algunos cambios estructurales.

El estudio destaca los avances en materia de disminución de la desigualdad en América Latina y el Caribe durante los últimos 15 a 20 años debido a políticas relacionadas con el salario mínimo, la educación y las transferencias de con fondos públicos.

América Latina también crece

El dato positivo para la economía mundial también se reflejará en América Latina y el Caribe con un crecimiento estimado de un 2,1 % durante el 2018 y un 2,5 % el 2019, con la excepción de Venezuela que entró en su quito año de recesión.

El repunte del crecimiento se verá impulsado por el fortalecimiento de la demanda del sector privado, especialmente en los países exportadores de materias primas de América del Sur.

El consumo privado y la inversión contará con el apoyo de modestas presiones inflacionistas, tipos de interés bajos y, en algunos casos, una mayor confianza.

El mercado laboral sigue mejorando ya que muchos países redujeron su tasa de desempleo durante el último año y apunta una recuperación en el sector de las manufacturas.

Pese a la proyección positiva de la economía en la región durante los dos próximos años, esta dista de alcanzar el 3,2% logrado durante el periodo 1991-2012.

Asimismo, la débil recuperación de las inversiones y la productividad durante los últimos años produjeron una disminución en el crecimiento que podría obstaculizar el alcance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El estudio destaca que una escalada en las tensiones comerciales globales afectarías negativamente a los exportadores de productos básicos de América del Sur y los países de América Central y el Caribe con estrechos vínculos con los Estados Unidos.

Además, la dilatada incertidumbre sobre las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte podría debilitar las perspectivas para la economía de México.

Los niveles de deuda en América Latina también aumentaron de manera notable, pasando, por ejemplo, en Brasil del 125 al 145% y en México del 56 al 77%. En muchas de estas economías, una parte significativa del aumento de la deuda se orientó hacia activos inmobiliarios y financieros en lugar de hacia capital productivo.

FAO/Giulio Napolitano
Etiquetado de cajas y botes en una productora de comida gourmet en Manzini, Suazilandia.

 

Guerra comercial

El comercio mundial se ralentizará en 2018, pero se mantendrá robusto en 3,8%, bien entendido que no suban las tensiones comerciales.

Sin embargo, en caso de un incremento brusco de las trabas comerciales y de las disputas se podría ralentizar considerablemente el comercio y la inversión a corto plazo, y obstaculizar el crecimiento mundial a mediano plazo, particularmente debido a los estrechos vínculos entre el comercio, la inversión y el aumento de la productividad.

Los efectos directos de las medidas que se han introducido y propuesto en los últimos meses, como los aranceles propuestos sobre las exportaciones desde China y desde los Estados Unidos por valor de 50.000 millones de dólares (equivalentes a una cifra entre el 0,2% y el 0,4% del PIB en cada país), seraán de momento relativamente modestos a nivel macroeconómico.

Volatilidad de los mercados

Si bien las condiciones financieras mundiales continúan siendo relativamente propicias para la inversión, durante los últimos años también se han acumulado riesgos financieros. El prolongado período de abundante liquidez mundial y los bajos costos de los préstamos no se han traducido en una recuperación sostenida, generalizada y robusta de la inversión. Por el contrario, ha fomentado, en especial, la emisión de títulos de deuda, las estrategias de fusiones y adquisiciones y el aumento de las readquisiciones empresariales.

A principios de 2018 aumentó la volatilidad de los mercados bursátiles mundiales, una situación que nos recuerda que las vulnerabilidades que se acumularon en muchas economías emergentes las expuso a picos de aversión al riesgo, a un descontrolado ajuste de las condiciones de liquidez mundiales y a una repentina retirada de capital.

Deuda Elevada

Los niveles de deuda pública y privada se mantienen en niveles históricamente altos en muchas economías desarrolladas, y tanto el déficit de los hogares como la de las empresas, es mayor que antes de la crisis financiera mundial.

En las economías emergentes, la proporción entre la deuda y el PIB ha aumentado del 139% en 2010 a casi el 200% en 2017. La deuda del sector no financiero en China aumentó del 180 a más del 250% del PIB


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Necesidad de una profunda reforma del actual sistema económico. Declaraciones de una religiosa profesora.

La monja profesora de Economía política: “Se necesita «biodiversidad» también en las finanzas”

Sor Alessandra Smerilli explica de qué manera los fondos éticos pueden orientar el mercado y cambiarlo. «Es decisivo incidir sobre cómo se produce la riqueza»

Sor Alessandra Smerilli

Pubblicato il 17/05/2018

 ¿La economía sostenible? «Yo la llamaría “economía de futuro”, porque tiene que ver con el porvenir del planeta y de nuestros hijos»; por lo demás, «las finanzas, como todos los instrumentos, pueden ser utilizadas para fines diferentes, quien da poder a las finanzas somos nosotros. Es posible tener utilidades aún poniendo a la persona en el centro del desarrollo», por ello es tan importante hacer que crezcan «los fondos éticos», es decir esas formas de inversión que tienen en cuenta determinados parámetros sociales y ambientales, excluyendo, por ejemplo, sectores como el juego de azar, la explotación minera o los títulos petrolíferos, y eligiendo, por el contrario «fondos “descarbonizados”». Si la “biodiversidad” le hace bien al medio ambiente, lo mismo vale para las finanzas, en las que hay que afirmar una pluralidad de sujetos económicos y de inversiones capaces de limitar los intereses especulativos que hoy dominan. Un concepto que ha sido retomado incluso en el Documento sobre la ética y las finanzas que difundió hoy el Vaticano; en relación con todos estos temas, la Doctrina social de la Iglesia puede jugar un papel importante.

 

Es lo que explica a Vatican Insider sor Alessandra Smerilli de las Hijas de María Auxiliadora, que enseña Economía política en la Pontificia Facultad de Ciencias de la educación “Auxilium” de Roma, además de formar parte de numerosos organismos comprometidos en la promoción de las finanzas éticas. Recientemente a publicado el volumen “Píldoras de economía civil y del buen vivir”, editado por Laura Baldracchi y con un prefacio de Stefano Zamagni (ediciones Ecra). La tutela del medio ambiente, el respeto de los derechos humanos y sociales «en las empresas y en los Estados» en donde se llevan a cabo inversiones, una “governance” que impida la concentración de poder en pocas manos y que favorezca la presencia femenina en las cúpulas: estos son algunos de los principales puntos de referencia para una tendencia como esta. Y las cosas están cambiando, aunque estas opciones reduzcan la cantidad de los títulos en los que es posible invertir, porque «hoy se está poniendo de moda ser seleccionados por alguno de estos fondos éticos, se convierte en un factor de promoción empresarial».

 

Profesora Smerilli, ¿no hay también una carrera de grupos financieros, grandes bancos, para acaparar los recursos naturales que serán indispensables en el futuro próximo, como el agua?

 

Hay grandes empresas transnacionales que trabajan en el campo de los recursos hídricos y lo hacen con una óptica de sostenibilidad ambiental, una actitud que es premiada por los inversores. Entonces, a pesar de que estas decisiones se tomen tal vez por conveniencia, se está empezando a seguir este camino.

 

Cuidado con el modelo de “governance”, con los derechos, con el medio ambiente: ¿existe, entonces, la posibilidad de una economía sostenible? ¿Cómo la definiría usted?

 

Yo hablaría más bien de una economía de futuro. Si queremos un futuro para nuestro planeta hay que darse cuenta de que hay que pasar por este tipo de decisiones. Todo esto es posible, porque los inversores y la sociedad que hacen finanzas han comenzado a comprender. Por ello cual, además de quienes se ocupan de ahorro y se ocupan de la finanza ética, el núcleo de la propia “misión”, muchas sociedades están abriendo repartos éticos, los consumidores y los ahorradores se están volviendo cada vez más exigentes; en Italia, sin embargo, se va un poco lento, porque todavía la educación financiera sobre estos temas no está muy extendida; se debería aumentar la conciencia de quienes deben comprar esos productos sin estar fijándose en el “cero coma por ciento” del rendimiento. Es decir, hay que darse cuenta de qué quiere decir, incluso para uno mismo, hacer inversiones de cierto tipo; qué quiere decir para los propios hijos.

 

Recientemente, en el ámbito de la presentación de la Fundación “Quadragesimo anno”, se lanzó la propuesta de una “certificación según la Doctrina Social de la Iglesia”, una especie de rating católico. ¿Qué le parece?

 

Puede ser una idea en la que se podría trabajar y me parece una idea importante. En el sentido de que la Doctrina Social de la Iglesia no es más que una serie de enseñanzas que ponen en el centro a la persona y al bien común, por lo que el desarrollo es visto en una óptica del bien común. La «Laudato si’» es muy apreciada no solo en ámbito católico, sino por parte de estudiosos de todo el mundo que reconocen la importancia de los temas afrontados en esta encíclica. Y entonces, el punto es (y se trata siempre de lo más difícil) pasar de los principios a la operatividad; estas certificaciones deberían partir de los principios e ir a encontrar los índices que corresponden a esos determinados principios dentro de las empresas, dentro de los Estados. Es una operación compleja, pero no imposible. Incluso porque tenemos ejemplos de algunas sociedades que ya trabajan en este sentido, por ejemplo, una con la que colaboro, “Etica Sgr”, utiliza 65 indicadores para elaborar la propia puntuación; hay n equipo de personas que trabaja monitoreando las empresas cada seis meses para evaluar el respeto de estos principios. No es, pues, imposible. Se puede hacer y sería una cosa útil.

 

¿A qué se refiere cuando habla de economía civil?

 

La economía civil es una tradición del pensamiento económico que tiene sus orígenes en la Ilustración y en el humanismo del Renacimiento; el objetivo es el de poner en el centro a la persona y afirmar que en la economía pueden ser importantes también la confianza, la gratuidad y la reciprocidad. Me refiero a gratuito no como las cosas “gratis”, sino como el espíritu que mueve a hacer las cosas. Otro aspecto fundamental en la perspectiva de la economía civil es decir que no existe solamente la dialéctica Estado-mercado, sino también una sociedad civil que puede ser importante también desde el punto de vista económico. En Italia, por ejemplo, lo que llamamos “tercer sector” en realidad es un “primer sector”, también por la mole de trabajo y las necesidades a las que responde. Por lo tanto, no se puede pensar el mundo simplemente diciendo: «El mercado crea “pasteles” y el Estado los distribuye». Hay una sociedad civil que, como se está dando en la finanza ética, contribuye a que los “pasteles” sean creados de cierta manera, poniendo atención en la manera en la que se crea la riqueza y no solo en la cantidad. Una economía que desde dentro puede crear un sistema sostenible.

 

Pero, ¿cómo se pueden encanalar las fuerzas de las finanzas internacionales hacia este camino?

 

Cuidado: que la finanza ética esté funcionando lo demuestra el hecho que uno de los mayores fondos de inversión a nivel mundial, “Black rock”, está comenzando a interesarse en temas de sostenibilidad. Y esto explica bien que incluso ellos están entendiendo, aunque no sea por razones intrínsecas, que hay que tomar este camino.

 

Entonces se necesita también una movilización de la opinión pública…

 

Exactamente, Se necesita que muchos se den cuenta de la situación y que se premien ciertas inversiones en detrimento de otras, porque esto impulsa a las empresas a moverse hacia determinadas direcciones.

 

Pero vivimos en la época en la que las finanzas gobiernan el mundo. Parece una fuerza primordial que se mueve según sus propios intereses…

 

Este tema se relaciona mucho con la cuestión de las desigualdades y de la concentración de la riqueza a nivel mundial. Gracias a los últimos informes de Oxfam sabemos que hay 8 personas en el mundo que poseen la riqueza de la mitad más pobre de la población del mundo: 3 mil seiscientos millones de personas. Está claro que estas situaciones son insostenibles, deben ser denunciadas. Y también aquí hay mucho por hacer. Por ejemplo, en Italia tenemos una tradición que es la de las “cajas rurales”, de las cooperativas de crédito que, según los estatutos (en el segundo artículo), siguen los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Se trata de bancos que tratan de invertir en el desarrollo del territorio y no en otras partes. Entonces, también la legislación debería comprender un poco todo esto, porque en este sentido lo que se necesita es también una “biodiversidad” bancaria; en los Estados Unidos existen cuatro formas, cuatro tipologías, de bancos. En Europa hay una legislación que quisiera agrupar todo bajo la forma de la Sociedad por Acciones. Preguntémonos si esto favorece verdaderamente el desarrollo o no. Nosotros sabemos que en la naturaleza, cuando se pierde la biodiversidad, los sistemas hacen implosión. Tal vez valdría la pena hacer una reflexión sobre la biodiversidad también en el ámbito de las finanzas y, por lo tanto, tutelar esas formas de organización que no pueden ser afectadas por exigencias y normas que solamente se aplican a los grandes grupos. Es necesario que haya sistemas, según la tipología de la empresa bancaria, que puedan sobrevivir en el mercado.

 

Tal vez esta sea una de las razones de la crisis en Europa, esta especie de “monocultivo” en el ámbito financiero…

 

Existe este riesgo y, en mi opinión, se necesita un movimiento de la opinión pública y de estudios serios que demuestren cómo están en realidad las coas. Tomemos la clásica frase: “Too big to fail”, demasiado grande para quebrar. Según este principio, hay que ser grandes forzosamente para poder resistir en este mundo. Pero esto no siempre es verdadero. Entonces, se necesita gente que estudie seriamente cuáles podrían ser las alternativas, y hay que cultivar una diferencia de pensamiento en este ámbito, porque no solo enriquecería sino favorecería el desarrollo.

 

El Papa, dirigiéndose al Parlamento de Estrasburgo, se refirió a los padrones desconocidos de los imperios financieros…

 

Exactamente, nosotros quisiéramos que se supiera quiénes son y que también fueran diferentes entre sí, que hubiera derecho de ciudadanía para todas las formas.


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Importante documento pontificio sobre el actual sistema económico-financiero.

“Sistemas económico-financieros omnipresentes. Pero podemos cambiar juntos”

Nuevo documento de la Doctrina de la Fe y del Dicasterio para el Desarrollo Integral propone reglas para los mercados, un impuesto mundial sobre las transacciones “offshore” y dar valor a las experiencias positivas desde abajo

“Sistemas económico-financieros omnipresentes. Pero podemos cambiar juntos”

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Pubblicato il 17/05/2018
Ultima modifica il 17/05/2018 alle ore 17:41
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Frente a la inmensidad y omnipresencia de los actuales sistemas económico-financieros, nos podemos sentir tentados a resignarnos al cinismo y a pensar que, con nuestras pobres fuerzas, no podemos hacer mucho. En realidad, cada uno de nosotros puede hacer mucho, especialmente si no se queda solo». Es la conclusión del documento “Oeconomicae et pecuniariae quaestiones”, aprobado por el Papa Francisco y redactado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y por el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral, que propone «consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero». El texto identifica riesgos, injusticias e inmoralidades en el actual sistema. Pero sugiere también soluciones: pide mayores reglas para que todos tengan garantías, propone un impuesto mundial sobre las transacciones “offshore” (que podría resolver el problema del hambre en el mundo) e invita a llevar a cabo cambios estructurales para resolver el problema de la deuda pública de muchos países.

 

La primera parte del documento se ocupa de los fundamentos éticos. El orden ético, «arraigado en la sabiduría de Dios Creador», es «el fundamento indispensable para edificar una comunidad digna de los hombres, regulada por leyes inspiradas en la justicia real». Reconociendo que «el bienestar económico global», sin duda, «ha aumentado en la segunda mitad del siglo XX», se constata que «al mismo tiempo han aumentado las desigualdades entre los distintos países y dentro de ellos. El número de personas que viven en pobreza extrema sigue siendo enorme».

 

«La reciente crisis financiera –se lee en el texto– era una oportunidad para desarrollar una nueva economía más atenta a los principios éticos y a la nueva regulación de la actividad financiera»; sin embargo, a pesar de algunos esfuerzos positivos, «no ha habido ninguna reacción que haya llevado a repensar los criterios obsoletos que continúan gobernando el mundo. Por el contrario, a veces parece volver a estar en auge un egoísmo miope y limitado a corto plazo». Por ello se necesita «una ética amiga de la persona», una visión del ser humano «entendido como sujeto constitutivamente incorporado en una trama de relaciones»: el progreso no puede ser medido «solo con parámetros de cantidad y eficacia en la obtención de beneficios, sino que tiene que ser evaluado también en base a la calidad de vida que produce». El bienestar no puede ser valorado solamente según el PIB, por lo que se requieren otros parámetros, como «la seguridad, la salud, el crecimiento del “capital humano”, la calidad de la vida social y del trabajo».

 

El documento indica que la libertad «de la que gozan, hoy en día, los agentes económicos, entendida en modo absoluto y separado de su intrínseca referencia a la verdad y al bien, tiende a generar centros de supremacía y a inclinarse hacia formas de oligarquía, que en última instancia perjudican la eficiencia misma del sistema económico». La política parece impotente ante las grandes redes económico-financieras supranacionales: «Esto hace hoy más que nunca urgente una alianza renovada entre los agentes económicos y políticos».

 

No es posible hacer finta de no ver que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos: «de hecho, estos no son capaces de generar los fundamentos que les permitan funcionar regularmente (cohesión social, honestidad, confianza, seguridad, leyes…), ni de corregir los efectos externos negativos (“diseconomy”) para la sociedad humana (desigualdades, asimetrías, degradación ambiental, inseguridad social, fraude…)»

 

Y no son suficientes las «buenas y correctas intenciones» de los agentes: no es posible «ignorar que en la actualidad la industria financiera, debido a su omnipresencia y a su inevitable capacidad de condicionar y, en cierto sentido, de dominar la economía real, es un lugar donde los egoísmos y los abusos tienen un potencial sin igual para causar daño a la comunidad». Hay muchos casos de «inmoralidad próxima», que generan «abusos y fraudes, especialmente en perjuicio de la contraparte en desventaja». Por ejemplo, «comercializar algunos productos financieros, en sí mismos lícitos, en situación de asimetría, aprovechando las lagunas informativas o la debilidad contractual de una de las partes», como a menudo sucede cuando el cliente suscribe productos financieros sin estar al corriente de sus riesgos reales.

 

También la “financialización” del mundo de la empresa, «en sí mismo un hecho positivo», «implica hoy el riesgo de provocar una mala financiación de la economía, haciendo que la riqueza virtual, concentrándose principalmente en transacciones marcadas por un mero intento especulativo», que atraen «excesivas cantidades de capitales, sustrayéndolas al mismo tiempo a los circuitos virtuosos de la economía real». El rendimiento del capital «asecha de cerca y amenaza con suplantar la renta del trabajo, confinado a menudo al margen de los principales intereses del sistema económico».

 

El documento recuerda «la función social insustituible del crédito» y deplora la aplicación de tasas de interés «excesivamente altas» que contaminan el sistema económico y representan, en los hechos, prácticas de usura. En cambio, son positivas y deben ser favorecidas «realidades como el crédito cooperativo, el microcrédito, así como el crédito público al servicio de las familias, las empresas, las comunidades locales y el crédito para la ayuda a los países en desarrollo». Por el contrario, es inaceptable lucrar a expensas de los demás o perturbando el bienestar colectivo, como desgraciadamente sucede «cuando unos pocos –por ejemplo, importantes fondos de inversión– intentan obtener beneficios, mediante una especulación encaminada a provocar disminuciones artificiales de los precios de los títulos de la deuda pública, sin preocuparse de afectar negativamente o agravar la situación económica de países enteros». En relación con las enormes deudas públicas que han acumulado diferentes naciones, se afirma que «los Estados están llamados a revertir la situación con una adecuada gestión del sistema público, mediante sabias reformas estructurales».

 

Por ello, hay que apostar por la «salud del sistema económico internacional», evitando las contaminaciones de «instrumentos económico-financieros poco confiables». Es necesario «introducir una certificación de las autoridades públicas para todos los productos que provienen de la innovación financiera», y es urgente «una coordinación supranacional entre las diferentes arquitecturas de los sistemas financieros locales». La salud del sistema depende de su “biodiversidad”, que garantiza «a los mercados la presencia de una pluralidad de sujetos e instrumentos sanos, con riqueza y diversidad de caracteres».

 

Es más que nunca necesaria una reglamentación debido a la dimensión «supranacional del sistema económico» que permite «burlar fácilmente las reglas establecidas por los distintos países». Por ello, el documento espera que haya y se mantenga «una coordinación estable, clara y eficaz entre las diversas autoridades nacionales de regulación de los mercados», y recuerda que en donde «se ha practicado una desregulación masiva» se han verificado «burbujas especulativas», «repentinos colapsos ruinosos» y crisis sistémicas.

 

Para evitar estas crisis, sugiere la Santa Sede, habría que «establecer, para los intermediarios bancarios de crédito, una clara definición y la separación de la gestión de cartera de créditos comerciales y aquel destinado a la inversión o a la negociación de cartera propia». Cada inversor debería saber por anticipado si «si los propios capitales son usados con fines especulativos o no».

 

El documento indica que son moralmente criticables «los excesivos movimientos del portafolio de títulos, con el propósito principal de incrementar los ingresos generados por las comisiones del intermediario», sobre todo cuando se piensa en las ganancias y no en las exigencias del cliente. Por ello es necesario invertir esta tendencia y, en este sentido, sería más que pertinente instituir «Comités éticos, que funcionasen junto a los Consejos de Administración». El documento alude a ejemplos negativos, como los «títulos de crédito de alto riesgo», que enriquecen a los intermediarios pero crean «fácilmente insolvencia», generando (como en el caso de la titulación de hipotecas “subprime”) «intoxicación en amplios sectores y dificultades potencialmente sistémicas». Es urgente, pues, «una regulación y evaluación pública “super partes” del comportamiento de las agencias de rating del crédito».

 

El documento también se refiere a los “credit default swap” (CDS), que al transferir el riesgo de crédito apuestan por el fracaso de las empresas, que han favorecido el «crecimiento de una finanza de riesgo y de apuestas sobre la quiebra de terceros», provocando «grandes daños a países enteros y a millones de familias» con acciones «sumamente inmorales»., lo que resulta inaceptable desde el punto de visto ético.

 

Se subraya también la importancia de que los bancos cuenten con «órganos internos que garanticen el adecuado control de conformidad (“compliance”)» y con normas que declaren «ilegítimos, con la consiguiente responsabilidad patrimonial de todos los sujetos imputables, aquellos actos cuyo propósito sea principalmente la elusión de la normativa vigente». Entre otros, se cita como ejemplo negativo «la concesión de préstamos por parte de un intermediario bancario, subordinada a la simultánea subscripción de otros productos financieros quizás no favorables al cliente». Una referencia a la historia reciente, tristemente conocida, de varios institutos bancarios que han dejado en la calle a muchos pequeños ahorradores.

 

Además, el documento invita a no ignorar los sistemas bancarios colaterales (“Shadow banking system”), que «han determinado de hecho una pérdida de control sobre el sistema por parte de diversas autoridades de vigilancia nacionales». Es importante el pasaje del documento dedicado a los grandes sujetos del comercio mundial «que reducen drásticamente su carga fiscal transfiriendo los ingresos de un lugar a otro, dependiendo de lo que les convenga, transfiriendo los beneficios a los paraísos fiscales y los costos a los países con altos impuestos». Estas actividades han restado recursos fundamentales a al economía real y han generado sistemas económicos basados en la desigualdad.

 

No es posible ignorar que esas sedes “offshore”, en varias ocasiones, se han convertido en lugares «de lavado de dinero “sucio”, es decir, fruto de ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, asociación criminal, mafia, botín de guerra…)». De cualquier manera, «precisamente la elusión fiscal de los principales actores que se mueven en los mercados, especialmente los grandes intermediarios financieros, lo que representa una abominable sustracción de recursos a la economía real y un daño para toda la sociedad civil».

 

La propuesta concreta que plantea el documento es la siguiente: «se ha calculado que bastaría un impuesto mínimo sobre las transacciones offshore para resolver gran parte del problema del hambre en el mundo: ¿por qué no hacerlo con valentía?». El sistema “offshore”, «en los países con economías menos desarrolladas», «ha empeorado la deuda pública», frente a las riquezas acumuladas en los paraísos fiscales por sujetos privados que «tienden a buscar la socialización de las pérdidas, frecuentemente, con la connivencia de los políticos».

 

Para concluir, el documento juzga positivamente todo lo que se mueve “desde abajo”, como las redes de consumidores o la posibilidad de «votar con la cartera», y orientándose para elegir «bienes de consumo detrás de los cuales hay un proceso éticamente digno». Se trata, pues, de «votar diariamente en el mercado a favor de lo que ayuda al verdadero bienestar de todos nosotros y rechazar lo que lo perjudica». Y lo mismo vale para el ahorro, que debería dirigirse hacia las «empresas que operan con criterios claros, inspirados en una ética respetuosa del hombre entero y de todos los hombres y en un horizonte de responsabilidad social».

 

No hay que resignarse a la “omnipresencia” del actual sistema económico-financiero, porque «cada uno de nosotros puede hacer mucho, especialmente si no se queda solo […] Hoy más que nunca, todos estamos llamados a vigilar como centinelas de la vida buena y a hacernos intérpretes de un nuevo protagonismo social». Con esta exigencia de establecer nuevas reglas para tutelar principalmente a los más débiles, para llevar a cabo reformas estructurales y dar valor a las experiencias positivas existentes, el documento, que provocará discusiones entre los fanáticos de la “des-regularización” y de los mercados que se “auto-gobiernan”, forma parte de un proceso nuevo, para llevar a cabo “desde abajo” un eco-sistema económico-financiero en el cual el impacto social y el bien común no sean solamente palabras vacías o elementos publicitarios. Hace pocos días se anunció el nacimiento de la Fundación “Quadragesimo anno”, durante un congreso en la Universidad Lateranense: pretende crear un sistema de certificación para inversiones y para empresas según los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia.


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Disfunciones de la economía mundial. Nueva fundación del Vaticano

“Indicaciones concretas para la economía y las finanzas desde la Doctrina social y el magisterio del Papa”

El 3 de mayo será presentado en la Lateranense el proyecto de la Fundación “Quadragesimo annoˮ, que propondrá orientaciones para un sistema de certificación de acuerdo con la enseñanza social de la Iglesia. Entre los expertos están Sachs, Zamagni, Becchetti y Magatti. El presidente honorífico es el cardenal Vegliò

“Indicaciones concretas para la economía y las finanzas desde la Doctrina social y el magisterio del Papa”

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Pubblicato il 28/04/2018
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Una Fundación que toma el nombre de la encíclica de Pío XI “Quadragesimo anno” y se dedicará a la creación de un sistema de certificación para inversiones en sintonía con la doctrina social de la Iglesia: este es el proyecto que será presentado el próximo 3 de mayo en la Pontificia Universidad Lateranense, durante un congreso titulado “Invertir por el bien común. El «rating» católico de las inversiones”, organizado por Valore srl, en colaboración con Vatican Insider y Core Values (para mayor información: info@valoresrl.it).

 

«Salta a los ojos de todos, en primer lugar, que en nuestros tiempos no sólo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos, que la mayor parte de las veces no son dueños, sino sólo custodios y administradores de una riqueza en depósito, que ellos manejan a su voluntad y arbitrio. Dominio ejercido de la manera más tiránica por aquellos que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan también de las finanzas y señorean sobre el crédito, y por esta razón administran, diríase, la sangre de que vive toda la economía y tienen en sus manos así como el alma de la misma, de tal modo que nadie puede ni aun respirar contra su voluntad». Son las palabras de la encíclica “Quadragesimo anno” de Pío XI, escrita en 1931, después de la crisis de Wall Street. El Papa Ratti, en este teto olvidado, observó proféticamente que «esta acumulación de poder y de recursos, nota casi característica de la economía contemporánea, es el fruto natural de la limitada libertad de los competidores, de la que han sobrevivido sólo los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y los más desprovistos de conciencia».

 

Estas palabras, leídas a casi noventa años, muestran una excepcional carga profética. El Pontífice, efectivamente, indicó los procesos de transformación de la economía y de las finanzas entonces en marcha, cuyas consecuencias son evidentes en la actualidad. También los Pontífices sucesores de Pío XI afrontaron en sus encíclicas temas sociales y ahora el papa Francisco, con su magisterio social, está volviendo a descubrir páginas olvidadas de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Desde que comenzó su Pontificado, con la exhortación “Evangelii gaudium”, ha planteado el problema de una «economía que mata», sugiriendo un cambio de ritmo estructural.

 

Tomando en serio estas indicaciones, con el aliento del mismo Pontífice, en las últimas semanas se constituyó el Comité Promotor que dentro de poco creará la Funcación “Quadragesimo anno”, organización sin ánimo de lucro que, gracias a la aportación de académicos, expertos, estudiosos de diferentes disciplinas y profesionistas de todo el mundo, contribuirá con la elaboración de directrices operativas para «eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial» y para «apostar por cambiar las reglas del juego del sistema económico-social», replanteando los modelos de desarrollo según las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia y el magisterio del Papa Francisco. La principal finalidad de la Fundación, como resumió el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin en una carta fechada el 5 de noviembre de 2017, es «tratar de traducir los contenidos de la Doctrina Social de la Iglesia en indicaciones concretas para el mundo de las finanzas».

 

Se han sumado a esta iniciativa y al trabajo que se propone, además de algunos bancos e instituciones financieras, el estadounidense Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la Columbia University; los académicos y economistas italianos Stefano Zamagni, profesor de Economía política en la Universidad de Bolonia; Leonardo Becchetti, profesor de Economía política en la Universidad de Roma Tor Vergata; Mauro Magatti, profesor de Sociología general en la Universidad Católica de Milán. El presidente honorífico del comité y de la futura Fundación es el cardenal Antonio Maria Vegliò, que fue nuncio y Presidente del Pontificio Consejo para los Migrantes. En cambio, del mundo de las cooperativas de ahorro y crédito, se ha sumado el director general de Federcasse, Sergio Gatti.

 

La idea que representa el fundamento del proyecto, indican los promotores, es «tomar seriamente las indicaciones de la Doctrina Social de la Iglesia, del magisterio de Francisco y de su llamado a replantear el sistema económico-financiero. No es posible no ver, efectivamente, que el actual sistema económico es bastante poco “liberal”, puesto que las levas del poder se pueden siempre identificar en pocas personas. Al mismo tiempo, el acceso al crédito es garantizado solo a quienes ya tienen mucho, haciendo difícil y a menudo imposible que quien no tiene nada obtenga dinero prestado». ¿Cómo traducir las palabras de la Doctrina social en indicaciones concretas sobre, por ejemplo, las inversiones financieras? ¿Cómo incidir en el sistema proponiendo orientaciones a todos los que deseen invertir teniendo en cuenta la ética y un sistema de valores que derivan de la visión cristiana de la realidad? ¿Cuáles indicaciones se podrían ofrecer para ayudar en la transformación del sistema económico favoreciendo las buenas prácticas, la sostenibilidad, el impacto social?

 

El trabajo de la Fundación se propone responder concretamente a estas preguntas, con indicaciones sobre la sintonía de las diferentes «iniciativas financieras, económicas, del mundo del trabajo, con los principios de la Doctrina social. El mundo empresarial no es simple –reconocen los promotores de la Fundación– porque es más fácil enunciar los principios que traducirlos a la realidad, pero se procurará hacerlo, conscientes de las dificultades, con la gracia de Dios y con la colaboración de todos».

 

La Fundación “Quadragesimo anno” se propone, pues, convertirse en «punto de referencia para todos los que invierten y obran en el mundo económico, y pretenden actuar teniendo presentes la Doctrina Social y el magisterio del Papa llegando a la creación de un verdadero sistema de certificación conforme con la Doctrina Social de la Iglesia para el sistema financiero y económico en general».

 

Los promotores están convencidos de que un resultado inicial podría obtenerse «planteando esta exigencia, que hasta ahora no cuenta con respuestas adecuadas, para constituirse como un punto de referencia para el mundo católico empezando por todas las organizaciones sociales, financieras y económicas que ven en la Doctrina social de la Iglesia un faro y un valor que hay que preservar y hacer que crezca». Por ello, una sección especial de Vatican Insider, el sitio web del periódico italiano “La Stampa” dedicado a la información religiosa, será utilizada como un fórum permanente para discutir sobre resultados de la Fundación, presentar las iniciativas más interesantes que se mueven en la galaxia de las finanzas éticas y de crédito, y de la economía social, tratando de promover, al mismo tiempo, el encuentro y el debate entre los creyentes y no creyentes que trabajan en ámbito económico-financiero.