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La respuesta de los católicos chinos a la carta del Papa

China; tras el acuerdo los obispos y fieles rezan por el Papa

Así han reaccionado principalmente las comunidades católicas a las indicaciones contenidas en el mensaje que les dirigió Francisco. Están todas ellas listas para denunciar a quienes, fuera de China, «no se avergüenzan de utilizar a los mártires chinos para atacar al Sucesor de Pedro»
AP

Católicos chinos

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Pubblicato il 29/09/2018
Ultima modifica il 29/09/2018 alle ore 12:30
GIANNI VALENTE
ROMA

 

 

«El Papa está con nosotros y nosotros para él. Nosotros estamos con él y para él». Así es como rezan en estos días tantos católicos chinos, mientras se va difundiendo entre las comunidades desperdigadas por toda China el mensaje espiritual y pastoral que el Papa Francisco les envió después del acuerdo provisional suscrito por la Santa Sede y el gobierno de Pekín sobre los futuros nombramientos de los obispos chinos. La “cadena de oración” por el Papa también pasa por WeChat, la red social más utilizada por los chinos.

 

En las parroquias de Pekín y de muchas diócesis chinas, desde las misas del domingo pasado, los fieles se pusieron de pie y aplaudieron cuando los sacerdotes que celebraban pronunciaron la oración para agradecer por la firma del acuerdo, que se verificó un día antes. «Ahora», dice a Vatican Insider María Zhang, parroquiana pekinesa de la iglesia de San Salvador (Bei Tang), «estamos leyendo el mensaje que el Papa nos ha enviado. Nos conmueve el tono paternal con el que se dirigió a nosotros. Y por ello nos sacuden tanto las noticias sobre los que lo siguen atacando con furia precisamente en estos días y precisamente en la Iglesia. Rezamos por él. También rezamos por los que le agreden».

 

Obispos, sacerdotes, religiosas y laicos ofrecen misas y oraciones por el Papa Francisco y por la Iglesia en este tiempo que también todos ellos perciben como un momento de prueba. Agradecen por la nueva fase que ha comenzado en las relaciones entre China y la Santa Sede. Comienzan a verse los primeros gestos de comunión pública entre los miembros del clero “oficial” y los de las llamadas comunidades “clandestinas”, que todavía no cuentan con el registro de los aparatos políticos. Se ocupan desde hace décadas de los esfuerzos de quienes encuentran dificultades para salir de la desconfianza recíproca o del conflicto con los “hermanos separados” de la otra área eclesial; y están escandalizados por quienes, dentro de la Iglesia y fuera de China, no se avergüenzan de utilizar los sufrimientos y las dificultades del pasado y del presente que han vivido los católicos chinos para organizar ataques contra el Sucesor de Pedro.

 

La voz de los obispos, “oficiales” y “clandestinos”

 

Tiene 84 años y no ha sido reconocido por el gobierno; Pietro Lin Jiashan, obispo de Fuzhou, reunió a todos los sacerdotes cladestinos de la diócesis para reflexionar juntos sobre la noticia del acuerdo entre China y la Santa Sede, y sobre el mensaje del Papa a los católicos chinos. La indicación, para todos, fue la misma: vayamos juntos por la dirección que ha indicado el Papa, esperando a los que más les cuesta dar los primeros pasos hacia la reconciliación. «Aunque el contenido del acuerdo es reservado –declara a Vatican Insider el obispo Lin–, sabemos que trabajaron mucho tiempo en el acuerdo China-Vaticano, que representa un hecho muy importante para la Iglesia en China. Se puede comprender que haya preocupaciones sobre la aplicación del acuerdo. Pero estoy seguro de que la Iglesia es de Cristo. Es Cristo quien la guía mientras camina en el peregrinaje por este mundo terrenal hacia la plenitud de los tiempos. Por ello debemos aprender cómo seguir la voluntad del cielo, haciendo todo lo que podamos hacer como hombres. Hagamos lo que podemos hacer y después encomendémonos al Señor».

 

Según el anciano obispo de Fuzhou se equivocan los pesimistas: «El Papa Francisco –añade Pietro Lin– aprobó el acuerdo entre China y la Santa Sede para obtener lo mejor para toda la Iglesia en China. Él y sus colaboradores llevaron a cabo un atento discernimiento para dejarse guiar por la voluntad de Dios y evaluar objetiva y razonablemente todos los pros y los contras». Hay muchos puntos que exigen mayor estudio y una confrontación sincera. Por ejemplo, cómo afrontar con equilibrio los problemas entre las comunidades “oficiales” y las llamadas “clandestinas” (sometidas en algunas áreas a la prepotencia de los aparatos de seguridad local que pretenden una “regularización” veloz). O cómo llevar a cabo la obra pastoral en la fidelidad a los criterios doctrinales que la deben inspirar. «La aplicación del acuerdo a la luz de la fe –concluye Lin– es una santa tarea, que exige paciencia. Primero hay que rezar juntos, para que, con la ayuda del Espíritu Santo y con la aportación de todos, el acuerdo pueda convertirse en una nueva piedra de toque en el camino hacia la plena unidad de la Iglesia en China y su plena comunión con la Iglesia universal».

 

Obispos en acción

 

«Finalmente han llegado las noticias que esperábamos desde hace tanto tiempo», revela a Vatican Insider Giuseppe Pietro Xu Honggen, obispo católico de Suzhou. «Lo que nos preocupaba no eran las indiscreciones sobre la inminencia del acuerdo, sino que se anunciaba pero tardaba en llegar». Xu Honggen tiene 56 años. No vivió la persecución de la época de la Revolución cultural, pero tuvo que esperar siete años para superar las dificultades que los aparatos locales ponían para su ordenación episcopal, de 2006. Y ahora dice a Vatican Insider que el acuerdo entre China y el Vaticano podrá «producir un resultado “win-win”, que sea positivo para ambas partes». Y cree que serán pocos los que tomarán una posición extrema de rechazo del acuerdo.

 

También Giuseppe Han Zhihai, obispo católico “ex-clandestino” de Lanzhou (ordenado en 2003, pero reconocido como obispo por el gobierno hasta noviembre de 2017) expresa consideraciones positivas sobre el acuerdo entre China y el Vaticano, «que fue esperado por diferentes Papas, mucho antes del Papa Francisco». Han se imagina que gracias al acuerdo se podrá archivar el prejuicio erróneo «que presenta la fe católica en china como una “religión extranjera”». Poco a poco, sanando las heridas, según el obispo de Lanzhou se podrán superar las divisiones en la comunidad eclesial que en las últimas décadas ha frenado la misión de anunciar el Evangelio. Y también el «clericalismo cerrado» que ahora quiere presentar el acuerdo como un compromiso destinado al fracaso: en ciertas situaciones «las cosas perfectas y sin defectos no existen», reconoce el obispo Han, «pero nosotros nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, que nos lleva siempre adelante».

 

La Iglesia en China y “la operación Viganò”

 

También otros obispos “clandestinos”, como Giuseppe Wei Jingyi, se están poniendo al corriente con las indicaciones pastorales contenidas en el mensaje del Papa Francisco a los católicos chinos y se las propusieron a los curas de la diócesis como la brújula útil y necesaria para orientar los pasos en el futuro. Todos han tomado nota de la preocupación pastoral del mensaje papal por los que, ante el acuerdo con el gobierno chino, «tienen la sensación de haber sido abandonados por la Santa Sede y se interrogan sobre el valor de los sufrimientos afrontados para vivir en la fidelidad al Sucesor de Pedro».

 

Mientras tanto, todos se dan cuenta de que las críticas y las acusaciones contra el Papa y la Santa Sede en relación con el desarrollo del diálogo sino-vaticano llegan de Estados Unidos, Hong Kong y de círculos que, fuera de China y durante décadas, han pretendido hablar en nombre de las comunidades católicas y, especialmente, de las llamadas comunidades “clandestinas”. Lo que más escandaliza a tantos católicos en China son los aparatos mediáticos que tratan de explotar incluso la sangre de los mártires chinos con tal de acusar (y acaso lograr que renuncie) el actual Sucesor de Pedro. «Es posible comprender los instrumentos de algunos que se sienten “excluidos” con el acuerdo entre China y la Santa Sede», comenta a Vatican Insider Paul Han Qingping, también conocido como el “sacerdote-bloguero”, «pero no se puede aceptar la actitud de organizaciones e individuos que se muestran preocupados por la Iglesia en China, cuando en realidad se están aprovechando de la situación para sacar adelante su agenda “oculta”».

 

«Los católicos chinos –prosigue Paulus Han– se han enterado de que fuera de China hay quien instrumentaliza sus sufrimientos, quien no se avergüenza de utilizar a los mártires chinos para atacar al Papa, para construir polémicas y calumnias en su contra, como hacen el ex nuncio Viganò y las fuerzas que le apoyan. Son personas que no saben nada de la Iglesia en China, y no tienen ningún interés sincero por los católicos chinos. Esto es algo que les provoca dolor en estos momentos».

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Importancia de la memoria cristiana en la vida de fe

El Papa: la fe no llega por correo, hay que volver a las raíces

Francisco en Santa Marta: los cristianos «desmemoriados» no encuentran a Dios, han perdido «el sabor de la vida»; para salir adelante es fundamental recordar «quién nos ha transmitido la ley del amor»
AFP

El Papa: la fe no llega por correo, hay que volver a las raíces

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Pubblicato il 07/06/2018
Ultima modifica il 07/06/2018 alle ore 15:24
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

Los cristianos “desmemoriados” no encuentran a Jesús. La memoria cristiana es la sal de la vida: hay que recordad y contemplar los primeros momentos en los que tuvimos que ver con Jesús. Es fundamental volver a las propias raíces para alimentar la fe, que no llega «por correo». El Papa Francisco lo dijo en la homilía de la misa de hoy, 7 de junio de 2018, por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta.

 

Sin memoria, afirmó el Pontífice, según indicó Vatican News, “no podemos salir adelante”. Es un volver atrás con la memoria para encontrar a Cristo, explica el Papa, “para encontrar fuerzas y poder caminar hacia adelante. La memoria cristiana es siempre un encuentro con Jesucristo”. Cuando encontramos “cristianos ‘desmemoriados’, inmediatamente vemos que han perdido el sabor de la vida cristiana y terminaron siendo personas que cumplen los mandamientos pero sin mística, sin encontrar a Jesucristo. Y a Jesucristo lo debemos encontrar en la vida”, añade.

 

Son tres las situaciones, aclara Francisco, “en las cuales podemos encontrar a Jesucristo: en los primeros momentos, en nuestros antepasados y en la ley”. La Carta a los Hebreos nos indica cómo hacer: “recuerden los primeros tiempos, cuando apenas habían sido iluminados”, que eran tan fervientes… “Cada uno de nosotros tiene tiempos de encuentro con Jesús”. En nuestra vida los hubo, prosigue el Pontífice, “uno, dos, tres momentos, en los cuales Jesús se acercó, se manifestó. No olviden estos momentos: debemos volver atrás y retomarlos porque son momentos de inspiración, donde nosotros encontramos a Jesucristo”.

 

“Cada uno de nosotros tiene momentos así: cuando ha encontrado a Jesucristo, cuando ha cambiado vida, cuando el Señor le ha hecho ver la propia vocación, cuando el Señor lo visitó en un momento difícil… Nosotros en el corazón tenemos estos momentos. Busquémoslos. Contemplemos estos momentos. Memoria de aquellos momentos en los cuales yo he encontrado a Jesucristo. Memoria de aquellos momentos en los cuales Jesucristo me ha encontrado. Son la fuente del camino cristiano, la fuente que me dará las fuerzas”. “¿Recuerdo aquellos momentos?”, se pregunta Francisco. “¿Momentos de encuentro con Jesús cuando me cambió la vida, cuando me prometió algo?” Si no los recordamos, busquémoslos. Cada uno de nosotros los tiene.

 

El segundo encuentro con Jesús, prosigue el Papa, sucede a través de la memoria de los antepasados, que la Carta a los Hebreos llama “vuestros ancianos, aquellos que les han dado la fe”. También Pablo, siempre en la segunda carta a Timoteo, lo exhorta así: “Acuérdate de tu madre y de tu abuela que te han transmitido la fe”. “Nosotros la fe no la hemos recibido por correo”, recuerda el Papa, sino “hombres y mujeres nos han transmitido la fe” y dice la Carta a los Hebreos: “Miren a ellos que son una multitud de testigos y tomen fuerza de ellos, ellos que han sufrido el martirio”.

 

Siempre cuando el agua de la vida se vuelve turbia, aclara el Papa, “es importante ir a la fuente y encontrar en la fuente la fuerza para seguir adelante. Podemos preguntarnos: ¿yo evoco la memoria de nuestros ancianos, de nuestros antepasados? ¿Yo soy un hombre, una mujer con raíces? ¿O me he vuelto desarraigado y desarraigada? ¿Solamente vivo el presente? Si es así, pedir rápido la gracia de volver a las raíces”, a aquellas personas que nos han transmitido la fe.

 

Finalmente, la ley que Jesús nos hace recordar en el Evangelio de Marcos. El primer mandamiento es: “Escucha Israel, al Señor nuestro Dios”. “La memoria de la ley. La ley –explica– es un gesto de amor que ha hecho el Señor con nosotros porque nos ha señalado el camino, nos ha dicho: por este camino no te equivocarás. Evocar la memoria de la ley. No la ley fría, aquella que parece simplemente jurídica, no. La ley del amor, la ley que el Señor ha puesto en nuestros corazones”.

 

“¿Yo soy fiel a la ley, recuerdo la ley, repito la ley? – se pregunta el Papa. Algunas veces nosotros cristianos, también consagrados, tenemos dificultad en repetir a memoria los mandamientos: ‘Sí, sí, los recuerdo’, pero después a un cierto punto me equivoco, no recuerdo”.

 

“Acordarse de Jesucristo”, concluye Francisco, significa tener la mirada fija en el Señor”, en los momentos de mi vida en los cuales lo he encontrado, momentos de prueba, en mis antepasados y en la ley. Y la memoria “no es solamente un ir hacia atrás. Es ir hacia atrás para ir adelante. Memoria y esperanza van siempre juntas. Son complementarias, y se completan. “Acuérdate de Jesucristo, el Señor que ha venido, ha pagado por mí y que vendrá. El Señor de la memoria, el Señor de la esperanza”.

 

Cada uno de nosotros, invita finalmente el Papa, “puede hoy tomar algunos minutos para preguntarse” cómo va la memoria de los momentos en los cuales he encontrado al Señor, la memoria de mis antepasados, la memoria de la ley. Y luego, “como va mi esperanza, en qué espera. Que el Señor nos ayude en este trabajo de memoria y de esperanza”.


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Hoy la Virgen de She Shan patrona de los católicos chinos.

En la fiesta de la Virgen de She Shan, el Papa ha invitado con un tuit a unirse en oración al pueblo chinoEn la fiesta de la Virgen de She Shan, el Papa ha invitado con un tuit a unirse en oración al pueblo chino 

Virgen de She Shan. El Papa: nos unimos en oración a los hermanos católicos de China

Francisco reitera en un tuit su cercanía y su oración por los fieles católicos que en China que festejan a su Patrona, venerada en el Santuario de She Shan

Gabriella Ceraso – Ciudad del Vaticano

“Hoy nos unimos en oración a los hermanos católicos de China, en el día de Santa María Auxilio de los Cristianos de She Shan”. Con este tuit, el Papa Francisco vuelve hoy 24 de mayo, con el pensamiento y con la oración, a los fieles católicos chinos, en el día de la celebración de la amada Virgen de She Shan, custodiada en la Basílica del XIX siglo, santuario nacional, situada en la cima de una colina cerca de Shanghái y cada año, meta de peregrinación para miles de personas.

Virgen protectora de los cristianos

Patrona del país, es la Virgen más amada y venerada por los católicos en China, especialmente en el mes de mayo. A Ella se le atribuyen milagros y apariciones, en particular, en los periodos oscuros de la guerra del siglo pasado en protección de los cristianos, relata el padre Paolo Kong, coordinador nacional de la pastoral de los católicos chinos en Italia. En el 2008, el Papa Benedicto XVI compuso la oración a la Virgen de She Shan encomendándole el futuro de la Iglesia en China y un año antes, le confió, también a Ella, la China católica en una carta, pidiendo que el 24 de mayo se transformase en todo el mundo en jornada de unión y oración para la Iglesia del país.

Testimonio, fe y caridad

“Desde hace casi diez años – recuerda padre Kong – y en este día, misas y oraciones caracterizan los encuentros de tantas comunidades de católicos chinos también en Italia. El Papa Francisco ha recordado siempre esta fiesta pidiendo a María – que en la representación de She Shan sostiene y muestra a su Hijo al mundo – la fuerza del testimonio para los fieles chinos”. Lo hizo también ayer. Al término de la audiencia general, invitó a la oración por los “queridos discípulos del Señor en China” para que puedan “vivir la fe con generosidad y serenidad” y “sepan cumplir gestos concretos de fraternidad, concordia y reconciliación, en plena comunión con el Sucesor de Pedro”.

El padre Kong explica que el culto a la Virgen de She Shan “nació hace aproximadamente 100 años y está vinculado sobre todo a los milagros acaecidos en tiempos de guerra y a las tantas apariciones de la Virgen. Hay también otro santuario mariano – puntualiza – pero el de She Shan es para nosotros el más famoso y los milagros relacionados con este lugar son tan importantes como aquellos de Lourdes o Fátima y todos los chinos católicos lo conocen”.


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Semana santa-Pascua y revisión de vida. Reflexión.

Esta semana tan especial

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Cada año, esta semana que llamamos “santa” viene a alterar el curso normal de un año laboral casi recién estrenado. No voy a referirme a la distorsión casi carnavalesca que afecta a estos días con los panoramas para un fin de semana largo o las ofertas de “vacaciones de semana santa”, sino que me referiré a la profunda alteración que significan estos días que los cristianos celebramos.

Con la entrada de Jesús en Jerusalén -que celebramos hoy, en el llamado “Domingo de Ramos”- se levanta el telón del drama humano, del drama de la vida de cada persona y de todas las personas. Y Dios no es ajeno a este drama, sino que El mismo lo vive en Jesucristo, sometido hasta la muerte.

Es el drama del mal (“pecado” lo llama el Señor Jesús) que parece ejercer impunemente su dominio en los intereses torcidos de quienes buscan la muerte de Jesús, en la dureza y mentiras de los fariseos, en las complicidades de los poderosos, en los silencios culpables, en la traición de un amigo y en las negaciones de otro, en las burlas de un reyezuelo y su corte de aduladores, en la autoridad que se lava las manos, en la cobardía de los amigos que se esconden… Es el drama del inocente condenado y abandonado.

Cambian los tiempos, cambian los personajes y sus nombres, pero el drama está allí, tejiendo su trama de injusticia, de mentiras, traición, oportunismo, corrupción, envidias, silencios cómplices, cobardías, indiferencias, abandonos, etc…

La causa del drama sigue siendo la misma: el pecado de los hombres. Y en Jesús, Dios mismo se somete a este drama para vencerlo en su propio terreno.

El centro de la celebración pascual de estos días es que el drama humano del pecado no tiene la última palabra, sino que ésta pertenece a Dios. Esta última palabra es la resurrección del Señor Jesús, vencedor del pecado y de la muerte. Esta es la esperanza que nos anima y es el centro de nuestra celebración de estos días: en el Señor Jesús y con El, Dios nos hace vencedores en el drama humano.

Por eso, al celebrar Semana Santa, hacemos memoria de los acontecimientos ocurridos con el Señor Jesús hace veinte siglos en Jerusalén, pero nuestra celebración va del recuerdo de lo sucedido a la presencia viva y actuante del Señor Jesús que nos invita a entrar con El a ese Jerusalén de hoy que es nuestra vida y nuestro mundo. Nos invita a reconocer los roles que hoy representamos en el drama humano del pecado, nos invita a morir con El al pecado para participar de esa vida nueva que sólo Dios puede dar, así nos invita a ser testigos y constructores de una vida nueva y de un mundo nuevo.

Creer en la resurrección del Señor Jesús es aceptar lo que parece imposible como programa de vida, es descubrir que lo imposible forma parte de lo real y, por tanto, es no aceptar que el mundo siga adelante de la misma manera y reproduciendo impunemente el drama humano del pecado. Entonces, lo que ocurre es que el Señor Jesús en su muerte y resurrección viene a alterar profundamente la vida de las personas, viene a cambiarlo todo, viene a hacer nuevas todas las cosas.

En estos días, entonces, no se trata de una rápida incursión en el panorama religioso para luego volver a la vida “normal”, o dedicarse a unas prácticas no excesivamente comprometedoras para, luego, volver a las adormecedoras esclavitudes de siempre.

No es posible celebrar la Pascua si no estamos dispuestos a revisar y cambiar nuestra escala de valores y estilo de vida: esta es la alteración que el Señor Jesús trae a la vida de los hombres y mujeres con su muerte y resurrección.

P. Marcos Buvinic


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Cómo entendemos la fe en Dios. Reflexión de J.Arregui

Dios más allá de unidad y dualidad

DIOS MÁS ALLÁ DE UNIDAD Y DUALIDAD

Voces. Joxe Arregi. [Deia] NO quiero renunciar a la palabra Dios para decir el Misterio más hondo de todo lo real, aunque entiendo muy bien a quienes renuncian a ella por ser tan equívoca, la más equívoca de todo el diccionario. Tanto, que si alguien me pregunta: ¿Tú crees en Dios?, no le respondo ni que sí ni que no, sino que depende, y le pregunto a mi vez: ¿Qué entiendes por Dios? Y lo hago por respeto al Misterio, que habita, sí, en la palabra, pero abriéndola al Infinito más allá de los significados de todas las palabras.

El Dios que imaginas, ciertamente no existe. Y aun cuando asientas al dogma de su existencia y de que es el Creador del mundo y único y trino a la vez, puedes estar seguro: ese Dios en quien piensas no existe. No digo que Dios no sea, sino que el Dios de tu mente no existe. Lo dijo San Agustín: “Si comprendes, no es Dios”. El Dios en quien piensas es siempre un objeto creado por tu mente.

Y si alguien me pregunta: ¿Dios es personal?, le vuelvo a preguntar: ¿Qué significa personal para ti? Si personal expresa la singularidad de cada individuo, lo que a cada uno le hace único y distinto de todo otro individuo de su especie o de otra, entonces ciertamente Dios no es personal. Si personal significa relación de alteridad hecha de emociones positivas y negativas, de amores y desamores, de heridas y perdones, propias del ego humano, Dios no es personal. Dios no es una persona en relación con otras personas. Es el Misterio de la Relación y de la compasión universal. No es el Tú de un yo, ni el Yo de un tú. Es Amor creador. Es respiro. Es Alma de todo.

Dios no es Alguien. No es un sujeto contrapuesto a un objeto, algo, ni a un sujeto, alguien. Dios no es un ente entre otros entes, ni el Ente Primero. Si Dios fuera Alguien, se opondría a otro alguien o a otro algo, no sería la Realidad Absoluta. Pero Dios no se suma con nada, ni se contrapone a nada, ni se cuenta dentro ni fuera de una serie. Dios no se suma ni resta, no tiene número ni género. ES.

Por eso escribía el joven teólogo Bonhöffer en una cárcel nazi donde fue ahorcado en 1945: “Un Dios que hay no lo hay”. Otros grandes teólogos de la misma época como Tillich y Robinson enseñaron lo mismo, aunque su camino, desgraciadamente, no fue seguido. Declararon el fin no de Dios, sino del viejo teísmo nacido hace 5.000 años en la imaginación y en los panteones indoeuropeos y semitas. No hay Dios como hay un sofá en el salón, una prímula o flor de San José en la orilla sombreada del camino, unos ánades reales nadando en el río. Así lo vieron los místicos de las distintas filosofías sabidurías, religiosas o no. Dios no es otro de nada, ni de ti, ni de mí, ni de la prímula del camino. Dios no es Lo Otro de nada, es Lo no-Otro, escribió en el siglo XV el teólogo, filósofo y místico, y además cardenal, Nicolás de Cusa. Dios y yo no somos dos. Dios y mundo no son dos. No hay dualidad.

No-dualidad no significa unidad. Dios y mundo tampoco son uno. Dios no es la parte de un todo ni la suma de todas las partes, sino el Todo en cada parte. No es un ente, sino el Ser de todo ente, el fuego creador que arde en lo profundo de todos los seres, más allá de la forma, del uno y del dos, que pertenecen a lo que se puede contar. Invócalo si quieres como Tú, pero trasciende esa imagen, trasciéndete en ti, en todo.

Una poderosa corriente espiritual de la no-dualidad, tan antigua y universal como la mística, religiosa o no, recorre hoy el mundo, y creo que es su única salvación. Es también la única salvación de las tradiciones religiosas, liberadas de sus creencias y de sus dioses hechos a imagen humana. La ciencia nos brinda un conocimiento dual de las partes del Todo por el análisis y la medida. La necesitamos. Pero necesitamos aun más la mirada o la conciencia espiritual expandida que nos permite admirar, amar y encarnar el Misterio más hondo de todos los seres, más íntimo y Real que toda identidad y diferencia. Ese Misterio es lo que somos o podemos llegar a ser. Es el Bien Común verdadero de todos los seres, y solo nos salvaremos si lo sabemos y si buscamos darle una forma también política, hacia un Horizonte que trasciende todas las formas.