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Iraq: los cristianos y el ISIS

Cruces destrozadas e iglesias profanadas; lo que queda de los cristianos en Irak

Después de las masacres del Estado Islámico, los fieles huyeron: «Ha habido una limpieza étnica». Ahora algunos vuelven: no se puede abandonar la tierra en donde están sepultados nuestros seres queridos

Cruces destrozadas e iglesias profanadas; lo que queda de los cristianos en Irak

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Pubblicato il 07/03/2017
Ultima modifica il 07/03/2017 alle ore 17:55
GIORDANO STABILE
ENVIADO BATNAYA (IRAK)

A la entrada de la canonjía de la iglesia de Mar Kriakhos, en Batnaya, hay una estatua de la Virgen decapitada. Los combatientes del Estado Islámico que la utilizaron como cuartel durante dos años y medio la abandonaron allí, acaso como advertencia. Dentro hay frases en árabe sobre los preceptos de El Corán y otras en alemán, de algún «foreign fighter» europeo: «Eclavos de mierda de la cruz, los vamos a matar a todos. Esta tierra es del Islam, no hay sitio para ustedes». Los cinco mil habitantes, cristianos caldeos, huyeron. Batnaya es una ciudad fantasma, ni siquiera hay perros callejeros. el padre Salar observa las pintas, mueve la cabeza: «Antes aquí todos eran cristianos, no sé cuándo volverán. Y cuántos. Muchas familias huyeron al extranjero. Hay que reconstruir desde cero».

 

Batnaya, una de las ciudades de la llanura de Nínive, es la que sufrió la mayor destrucción: el 95 por ciento de las casas fue derrumbado o gravemente dañado. Aquí es donde la limpieza étnica de los yihadistas contra los cristianos se muestra en toda su ferocidad. El vehículo avanza con dificultades entre los escombros, entre lo que queda de coches-bomba, muebles abandonados por las calles. Lo que no destruyeron los combatientes fue saqueado o quemado por los islamistas antes de irse. La línea del frente pasaba por aquí, a 20 kilómetros al norte de Mosul, y solamente a finales de enero volvió a ser segura. Por la ciudad solo hay peshmergas kurdos. Durante dos años y medio cayeron bombas, misiles, pero ahora el frente se encuentra en el sur, en el lado opuesto de la capital del EI en Irak. El ejército avanza desde el 19 de febrero, ayer tomó otro de los puentes de la ciudad y está por lanzar el asalto al barrio de los edificios gubernamentales, un bastión del EI.

 

La limpieza étnica

 

«Rabbi». El parroquiano que acompaña al padre Salar lo llama con el apelativo en lengua aramea, y no con el apelativo árabe de «abuna». Después señala la pared que está detrás del altar destruido, acribillado. «Los terroristas la utilizaban para entrenarse». La llanura de Nínive era la única zona iraquí con mayoría cristiana, alrededor de 150 mil personas. Los habitantes de esta zona, entre Batnaya y Al-Qosh, todavía hablan arameo, la lengua de la época de Jesús, porque aquí el cristianismo floreció con los hebreos deportados por Nabucodonosor después de la destrucción del Primer Templo de Jerusalén en el año 586 a.C. Pero los niños estudian en árabe en la escuela, o ahora algunos lo hacen en kurdo. La zona que se encuentra al noreste de Mosul ha sido defendida por los Peshmerga desde 2014, con un precio muy elevado: más de 1800 caídos. Y lo que una vez formaba parte de la provincia de Nínive ahora forma parte del Kurdistán iraquí, una región autónoma que avanza a pasos agigantados hacia la independencia. Para los cristianos de Kurdistán ha sido el único puerto seguro después de que el EI tomara Mosul. En realidad desde 2003, cuando la deposición de Saddam desencadenó la guerra sectaria entre sunitas y chiitas, y todos contra los cristianos.

 

«Hace quince años los cristianos en Irak eran un millón y medio. Hoy son 300 mil, y dos terceras partes viven en Kurdistán —confirma el obispo caldeo de Erbil, Bashar Warda. El EI solamente ha sido el golpe final, pero el éxodo comenzó antes. Primero las familias huyen a Jordania, Líbano, Turquía. Después buscan una nueva vida en Occidente, sobre todo en Australia, que ha demostrado ser la más acogedora». Seguramente más acogedora que los Estados Unidos de Trump. La primera orden ejecutiva que prohibía la entrada de ciudadanos de Irak obligó al obispo a postergar su viaje a Nueva York en febrero. Ahora la medida fue «corregida» y los ciudadanos iraquíes ya no están en la lista, pero la amargura permanece. Sin la ayuda de los Estados Unidos y de Europa, los cristianos de Oriente desaparecerán, y lo que ha sucedido en Irak describe una limpieza étnica sistemática.

 

En Baghdad, confirma el obispo, «es cada vez más difícil vivir». Él mismo tuvo que mudarse a Erbil, para seguir a la mayor parte de su rebaño, y por razones de seguridad. Los cristianos están en el blanco. «Amenazas, cartas con proyectiles, tiendas destrozadas». Y sobre todo secuestros. «La familia paga, 10 mil dólares, y después se va al extranjero». Y ahora la violencia de los islamistas sunitas se suma a la hostilidad de las milicias chiitas. En Kurdistán, en cambio, aumentan los cristianos. Han llegado desde la llanura de Nínive alrededor de 125 mil. La Iglesia caldea es autónoma y cuenta con su patriarca, Raphael Saco, pero está en comunión con la de Roma y cuenta con un gran apoyo internacional. La diócesis de Erbil ofreció 1400 casas para albergar a los prófugos, y gasta más de un millón de dólares al mes para cubrir los alquileres, además de 700 mil en comida. «Queríamos crear pequeñas comunidades —explica el obispo—, para evitar la dispersión y la fuga. Y hemos construido 14 nuevas iglesias».

 

EUn esfuerzo enorme para evitar la aniquilación. Erbil se encuentra a una hora de coche de las localidades de la llanura de Nínive y la esperanza es poder volver a casa con por lo menos una parte de las familias. «Conozco a mi gente —explica el padre Salar. Antes que nada quiere la dignidad. No aceptarán acampar. Hay que traer agua, electricidad, reconstruir las casas. De lo contrario no volverán». Desde 2003 el EI ha sido solo la última encarnación del mal. «No hemos tenido paz, bajo Saddam éramos pobres, escaseaban los servicios, pero no nos veíamos obligados a escapar, la vida de la comunidad era intensa». A diez kilómetros al norte de Baghdad, en Tellesqef, los esfuerzos comienzan a dar frutos. Han vuelto doscientas familias, se abrió un pequeño ambulatorio en una casa de un ciudadano pudiente, que también escapó a Australia.

 

El regreso

 

No había muchas opciones frente al EI. «Convertirse, escapar o morir». En la misma calle está la casita de dos pisos de Abu Nataq. Delante de la puerta hay un refrigerador todavía nuevo, comprado «con la ayuda de la iglesia». Abu Nataq, que tiene dos hijos y dos hijas, fue el último que huyó, a Dahok, a 70 kilómetros a noroeste. «Eran las 22 del 6 de agosto de 2014», recuerda, sentado en su salón recién amueblado, con su «jilaba» gris. Detrás de él hay un cuadrito de San José. «Yo fui el primero que regresó. Agradezco al Señor: ninguno de nosotros fue asesinado o herido. Aquí cerca había una familia yazidi de ocho personas. Los mataron a todos». Abu Nataq, de 65 años, tiene que volver a empezar desde cero, pero no abandonará Irak, porque «la tierra en la que están sepultados tus seres queridos vale más que cualquier cosa». El EI se ensañó también con el cementerio, pero las tumbas de los familiares de Abu Nataq todavía están. Hoy irá a dejar un ramo de gardenias blancas, símbolo del renacimiento y de la primavera.


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Problemas internos en algunas comunidades cristianas de Medio Oriente.

 

La crisis constante en el Patriarcado greco-melequita
El desmentido de los rumores de la renuncia del Patriarca Grègoire III Laham. Mientras tanto hay quienes hablan de una carta ya enviada a Roma. Un caso emblemático de las dificultades «internas» que viven la jerarquía y el clero de muchas comunidades cristianas del Medio Oriente
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Pubblicato il 06/03/2017
Ultima modifica il 06/03/2017 alle ore 18:11
GIANNI VALENTE
A pesar de las declaraciones rituales para tranquilizar y sobre el espíritu de «renovada comunión», siguen soplando vientos de crisis sobre las relaciones entre el Patriarca greco-melequita Grègoire III Laham y una gran parte del episcopado de esa Iglesia católica oriental. El Patriarcado acaba de difundir un comunicado para insistir en que el Patriarca permanecerá en su sitio, guiando el Patriarcado, y en que se está preparando para «nuevos proyectos», con la intención de redoblar los propios esfuerzos, «tanto a nivel local como a nivel internacional», para «aliviar los sufrimientos de la población en la crisis actual, sobre todo en Siria, Irak y Palestina». Pero el comunicado, como una especie de «excusatio non petita», ha confirmado las tensiones que existen desde hace tiempo dentro del Sínodo melequita. En Damasco, mientras tanto, se difunden rumores que hablan de una carta de renuncia del Patriarca ya enviada a Roma.
La primera y clamorosa manifestación del malestar reinante en el Sínodo melequita surgió en junio de 2016. En esa época el Sínodo de la Iglesia Católica greco-melequita, después comenzar el 20 de junio en el seminario de Ain Traz, al sureste de Beirut, fue interrumpido pues un buen número de obispos no se presentaron a la asamblea sinodal, con lo que no hubo el quórum necesario para que esta continuara. De los 22 obispos melequitas entonces en sus puestos, solamente 11 participaron en la asamblea inaugural. Desde entonces, las tensiones y los malos humores cobraban cuerpo con la petición de la renuncia del Patriarca Grègorie III, apoyada por un grupo de por lo menos 10 obispos, y la elección de un nuevo Patriarca. Las causas de estos malestares también se relacionaban con algunas cuestiones financiero-administrativas: algunos acusaban al Patriarca de haber acabado con el patrimonio de la Iglesia. En una declaración después de que se fijara una nueva fecha para el Sínodo, Grègorio III, subrayó que el derecho canónico oriental no contempla la posibilidad de imponer al Patriarca la renuncia en contra de su voluntad, y que todas las eventuales controversias debían ser afrontadas dentro de la Asamblea sinodal. El Patriarca citaba en esa ocasión algunas disposiciones propuestas por la Congregación vaticana para las Iglesias orientales.

Del 21 al 23 de febrero de este año, el Sínodo del Patriarcado melequita volvió a reunirse en la sede patriarcal de Raboué, en Líbano. Lo que hizo posible el éxito de la asamblea sinodal fue la obra de persuasión que llevaron a cabo los Nuncios apostólicos en Siria y en el Líbano, el cardenal Mario Zenari y el arzobispo Garbiele Caccia, ambos excepcionalmente presentes durante las sesiones de trabajo sinodal. Al final de la Asamblea se difundió un comunicado con tonos alentadores, en el que los participantes dieron gracias al Señor por haberles dado el «espíritu de reconciliación fraterna» para restablecer la paz en la Iglesia y «retomar el camino de comunión». En el comunicado se aludía al tono «inconveniente» que utilizaron algunos obispos en las polémicas y también a los «errores de gestión, con toda probabilidad involuntarios» que indicaron algunos obispos en la administración del patrimonio. También se estableció la fecha para la próxima Asamblea sinodal, que será del 19 al 24 de junio de 2017, y se subrayó que, mientras tanto, los nuevos miembros permanentes del Sínodo patriarcal, que deben ser nombrados, habrían «asistido» al Patriarca en sus funciones. En realidad, desde Damasco algunas fuentes cercanas al Patriarcado sostienen que durante la Asamblea sinodal de febrero el Patriarca, bajo las presiones de la mayor parte de los obispos, habría firmado una carta para renunciar al propio ministerio patriarcal. La carta ya habría sido enviada a Roma, pero todavía no habría ninguna respuesta. Según algunos observadores, las indicaciones de la Santa Sede podrían llegar después de la Cuaresma y de la celebración de la Pascua. Pero hay quienes creen que el Patriarca no quiera renunciar verdaderamente: habría que leer con esta clave de interpretación el comunicado que acaba de difundir el la oficina para las comunicaciones del Patriarcado. El texto se refiere explícitamente a algunos artículos publicados por algunos medios locales en los que se alude a la posible renuncia del Patriarca, y también invita a los que trabajan en los medios a publicar noticias cuya veracidad haya sido confirmada.

Más allá de las indiscreciones, el estado de malestar en la Iglesia melequita es una de las señales más elocuentes de las dificultades «internas» que viven las jerarquías y el clero de muchas comunidades cristianas del Medio Oriente, desveladas por las convulsiones causadas por los conflictos y las contraposiciones sectarias. Hace algunos días, el arzobispo Samir Nassar, que guía la archieparquía de Damasco de los maronitas, en su carta cuaresmal indicó entre las primeras causas de los sufrimientos que acechan a las Iglesias en Siria la hemorragia de sacerdotes que han huido de Damasco durante los años de la guerra civil, dejando a los fieles sin consuelo pastoral. El Patriarca caldeo Louis Raphael I Sako ha llevado a cabo una larga batalla para denunciar el éxodo de sacerdotes y religiosos que han abandonado su patria y que se han mudado (sin el consenso de sus obispos) al Occidente. Mientras el tejido eclesial local parece disiparse en muchas zonas, aumenta el número de agentes eclesiales comprometidos por completo en operaciones de colectas de fondos y en la gestión de recursos para favorecer a los «cristianos perseguidos».


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Problemas internos de los cristianos en medio Oriente.

Seis obispos contra el patriarca sirio-ortodoxo: “ha traicionado la fe”

Algunos Metropolitanos de esta Iglesia lanzan condenas doctrinales contra Ignatius Aphrem II, acusado de haber tomado El Corán y elevarlo como signo de respeto. Las convulsiones provocadas por guerras y sectarismo ponen a la prueba a las Iglesias de Oriente, marcadas por conflictos «internos», ambiciones clericales y juegos de poder

Ignatius Aphrem II con Papa Francisco                      AP

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Pubblicato il 15/02/2017
Ultima modifica il 15/02/2017 alle ore 08:30
GIANNI VALENTE

Es un «serio problema interno» el que ha explotado dentro de la Iglesia sirio-ortodoxa. Lo reconoció el mismo Mor Ignatius Aphrem II, Patriarca de Antioquía de los sirio-ortodoxos, al dirigirse el domingo pasado a los fieles que estaban presentes en la catedral de San Jorge en Bab Tuma, en la ciudad vieja de Damasco. El «problema serio» se relaciona justamente con él, el Primado de esa cristiandad antigua y pre-calcedoniana, que también es un Sucesor de Pedro, puesto que el príncipe de los apóstoles, antes de sufrir el martirio en Roma, también guió la Iglesia de Antioquía: seis metropolitanos sirio-ortodoxos lo han acusado públicamente de «traición a la fe», y desencadenaron una tormenta de ataques en contra del Patriarca mediante algunos blog y en las redes sociales.

 

Las turbulencias entre el Patriarca y algunos obispos de su Iglesia comienzan con tramas complejas. Pero, oficialmente, las acusaciones más fuertes contra Mor Ignatius Aphrem II asume tonos doctrinales. Sus detractores lo acusan de «traición a la fe» porque tomó El Corán y lo elevó como signo de respeto y porque utilizó la expresión «Profeta Mohamed», refiriéndose a Mahoma, en ocasión de encuentros de carácter interreligioso. «Cristo ama a todos, y nos llama a ser constructores de paz con todos», replica el Patriarca a sus detractores. Repite que haber elevado El Corán fue solo una manera para demostrar su respeto por los cientos de millones de creyentes musulmanes que hay en el mundo. Y justamente, quienes instrumentalizan estos gestos y estas palabras para dividir a la Iglesia, «cuerpo de Cristo», son los que ofenden y reniegan de la fe de los apóstoles, «que llegó hasta nosotros al precio de la sangre de los mártires».

 

Los seis obispos que están contra el Patriarca salieron al descubierto con una declaración que fue difundida el pasado 8 de febrero, en la que sostienen que el Primado de la Iglesia ya no merece el título de «defensor fidei», puesto que, según ellos, habría sembrado dudas y sospechas en los corazones de los creyentes, con declaraciones y gestos que van «en contra de las enseñanzas de Jesucristo, según su Santo Evangelio». También amenazaron con ordenar obispos en todo el mundo, si el Patriarca sigue «perseverando en sus errores». Pero estas críticas de los seis obispos en contra del Patriarca también provocaron la respuesta compacta de los demás 30 obispos sirio-ortodoxos, que representan a la mayoría del Sínodo. En un comunicado, fechado el 10 de febrero, los 30 obispos indicaron que las acusaciones contra el Patriarca eran una «rebelión contra la Iglesia». Declararon, como medida preventiva, que todas las ordenaciones sacerdotales y demás actos episcopales serían inválidos sin contar con el consenso del Patriarca. También invitaron a los seis obispos «rebeldes» a arrepentirse y a volver al recto camino, mientras confirmaron la absoluta comunión con el «legítimo Sucesor de Pedro», reconociendo los rasgos paternos de su conducta, «mediante su constante presencia en medio del pueblo, sobre todo durante los tiempos difíciles».

 

Mediante las redes sociales, sacerdotes y comunidades sirio-ortodoxas desperdigadas por el mundo expresaron su cercanía y su solidaridad al Patriarca. Pero este episodio es solo el último de los incidentes que se han registrado recientemente dentro de muchas comunidades eclesiales del Medio Oriente y del mundo árabe. Las convulsiones que han provocado los conflictos y las contraposiciones sectarias en la región han hecho más evidentes las fragilidades y las miserias dentro de las Iglesias locales, canalizando nuevas divisiones. En junio del año pasado, el Sínodo de la Iglesia católica greco-melequita fue interrumpido debido a que anularon su participación algunos de los obispos, por lo que no se alcanzó el número legar exigido para que se llevara a cabo, quienes también pidieron la renuncia del Patriarca Grégoire III y la elección de un Patriarca nuevo. Pero también el Patriarca caldeo Louis Raphael I Saco ha debido sacar adelante una dura batalla para denunciar el éxodo de sacerdotes y religiosos que escaparon de su patria y migraron hacia el Occidente sin el consenso de sus obispos. El Patriarca sirio-católico, Ignace Youssif Younan, en diciembre del año pasado, suspendió «a divinis» a tres sacerdotes que habían enviado una carta al Papa pidiendo la renuncia de Yohanna Bedros Mouché, obispo sirio-católico de Mosul.

 

Los contrastes que viven las Iglesias en Medio Oriente también son un síntoma desolador de la distancia que muchos clérigos han marcado de los sufrimientos y de las tribulaciones que viven en estos tiempos muchos bautizados. Los intercambios de acusaciones doctrinales funcionan a menudo como pretextos para encubrir motivos mucho más prosaicos, mientras va aumentando el número de obispos, sacerdotes y religiosos que se han convertido en agentes financieros, enrolados en operaciones para reunir fondos, bajo la insignia del apoyo a los «cristianos que sufren». Estos procesos, a la larga, para el futuro de las Iglesias de Oriente, podrían revelarse más terribles que la violencia yihadista.


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Los cristianos en Israel.

ISRAEL – 170 mil cristianos en Israel: tasa de crecimiento más baja comparada con la de hebreos y musulmanes

jueves, 22 diciembre 2016iglesias locales   demografía   minorías religiosas  

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Jerusalén (Agencia Fides) – En la víspera de Navidad, la Oficina Central de Estadísticas de Israel ha proporcionado los datos sobre los ciudadanos israelíes de fe cristiana que contribuyen de forma significativa al crecimiento de las comunidades cristianas en el Estado Hebreo. En la actualidad – refieren las fuentes oficiales consultadas por la Agencia Fides – según los datos actualizados a finales de 2015, los ciudadanos cristianos de Israel son 170.000, es decir el 2% de la población.
El 78,9% de los ciudadanos cristianos en Israel son árabes. Los demás son cristianos que emigraron a Israel con sus familiares en años anteriores, y que han sido reconocidos como ciudadanos israelíes gracias a la “Ley del Retorno”. Gran parte de este último grupo está representado por inmigrantes que llegaron a Israel desde la ex Unión Soviética, durante los años noventa del siglo pasado.
En comparación con los datos publicados anteriormente, el crecimiento de la población cristiana en su conjunto es igual a 1,5% y es inferior al crecimiento registrado en la población judía (1,9%) y musulmana (2,4%). La composición por edades de la población cristiana también denota una tendencia al envejecimiento: entre la población cristiana, el porcentaje de los jóvenes hasta 19 años es del 28,2%, inferior a la registrada entre la población judía (34,3% ) y a la población musulmana (46,9%). Entre los cristianos, el porcentaje de personas mayores de 65 años ha alcanzado el 11,0%, frente al 13,0% que existe entre los judíos y el 3,8% registrados entre los musulmanes.
Entre los hombres cristianos, la edad media del primer matrimonio en 2014 fue de 29,4 años, mientras que entre las mujeres cristianas fue de 25,2 años. En el año 2015 las mujeres cristianas dieron a luz a 2.669 niños (de los cuales aproximadamente el 74% hijos de mujeres árabes cristianas). Entre las familias cristianas el número medio de hijos hasta los 17 años es de 1,9, cifra inferior a los que se registra entre las familias judías (2.3) y entre las familias musulmanas (2.8). La ciudad en la que, según datos de finales de 2015, se ha producido una mayor presencia del número de cristianos son Nazareth (alrededor de 22.300), Haifa (15.300) y Jerusalén (12.400). (GV) (Agencia Fides 22/12/216).