Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Un amor verdadero, no hipócrita. Palabras del Papa.

“Pecado gravísimo” cerrar empresas y quitar trabajo

El Papa advirtió sobre el amor hipócrita: «Existe la falsa idea de que, si amamos, es porque somos buenos». Durante la Audiencia general algunos fieles chinos se arrodillaron ante Francisco. Llamado por los trabajadores de Sky Italia
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Papa Francisco saludando a los fieles de la Plaza San Pedro

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Pubblicato il 15/03/2017
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«Que la caridad no tenga ficciones». Papa Francisco comenzó su reflexión a partir de este pasaje de la Carta de San Pablo a los romanos, durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro, para advertir sobre «un amor vivido con hipocresía», «egoísmo disfrazado de amor», caridad hecha «para sentirnos satisfechos» o por «visibilidad». Todas estas actitudes esconden «una idea falsa, engañosa, es decir que, si amamos, es porque somos buenos». Mientras el amor es gracia de Dios, «que nos permite, incluso en nuestra pequeñez y pobreza, experimentar la compasión del Padre y celebrar las maravillas de su amor». Al final de la catequesis, Francisco hizo un llamado por los trabajadores de Sky Italia, subrayando que, en general, «quien por maniobras económicas, para hacer negocios no del todo claros, cierra fábricas, cierra empresas y le quita el trabajo a los hombres, comete un pecado gravísimo».

 

Al principio de la Audiencia, cuando Jorge Mario Bergoglio bajó del jeep blanco, después de su acostumbrada vuelta entre los fieles presentes en la plaza San Pedro, se encontró primero con un niño, luego con una señora, que pasó casi gateando entre las piernas de los guardias suizos, y un anciano chinos, que se arrodillaron frente al Papa para besarle las manos y pedirle que bendijera una estatua de una Virgen.

 

San Pablo, dijo Francisco, «nos pone en guardia: existe el riesgo que nuestra caridad sea hipócrita, que nuestro amor sea hipócrita. Entonces nos debemos preguntar: ¿Cuándo sucede esto, esta hipocresía? Y ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestro amor sea sincero, que nuestra caridad sea auténtica? ¿De no aparentar de hacer caridad o que nuestro amor no sea una telenovela? Amor sincero, fuerte. La hipocresía puede introducirse en todas partes, también en nuestro modo de amar. Esto se verifica cuando nuestro amor es un amor interesado, motivado por intereses personales; y cuantos amores interesados existen… cuando los servicios caritativos en los cuales parece que nos donamos son realizados para mostrarnos a nosotros mismos o para sentirnos satisfechos: “pero, qué bueno que soy”, ¿no?: esto es hipocresía; o aún más, cuando buscamos cosas que tienen “visibilidad” para hacer alarde de nuestra inteligencia o de nuestras capacidades. Detrás de todo esto existe una idea falsa, engañosa, es decir que, si amamos, es porque nosotros somos buenos; como si la caridad fuera una creación del hombre, un producto de nuestro corazón».

 

Por el contrario, la caridad «es sobre todo una gracia, un regalo; poder amar es un don de Dios, y debemos pedirlo. Y Él lo da gustoso, si nosotros se lo pedimos. La caridad es una gracia: no consiste en el hacer ver lo que nosotros somos, sino en aquello que el Señor nos dona y que nosotros libremente acogemos; y no se puede expresar en el encuentro con los demás si antes no es generada en el encuentro con el rostro humilde y misericordioso de Jesús. Pablo nos invita a reconocer que somos pecadores, y que también nuestro modo de amar está marcado por el pecado. Al mismo tiempo, pero, se hace mensajero de un anuncio nuevo, un anuncio de esperanza: el Señor abre ante nosotros una vía de liberación, una vía de salvación. Es la posibilidad de vivir también nosotros el gran mandamiento del amor, de convertirnos en instrumentos de la caridad de Dios. Y esto sucede cuando nos dejamos sanar y renovar el corazón por Cristo resucitado. El Señor resucitado que vive entre nosotros, que vive con nosotros es capaz de sanar nuestro corazón: lo hace, si nosotros lo pedimos. Es Él quien nos permite, a pesar de nuestra pequeñez y pobreza, experimentar la compasión del Padre y celebrar las maravillas de su amor. Y entonces se entiende que todo aquello que podemos vivir y hacer por los hermanos no es otra cosa que la respuesta a lo que Dios ha hecho y continúa a hacer por nosotros. Es más, es Dios mismo que, habitando en nuestro corazón y en nuestra vida, continúa a hacerse cercano y a servir a todos aquellos que encontramos cada día en nuestro camino, empezando por los últimos y los más necesitados en los cuales Él en primer lugar se reconoce».

 

Todos, continuó Papa Bergoglio, «tenemos la experiencia de no vivir a plenitud o como deberíamos el mandamiento del amor. Pero también esta es una gracia, porque nos hace comprender que por nosotros mismos no somos capaces de amar verdaderamente: tenemos necesidad de que el Señor renueve continuamente este don en nuestro corazón, a través de la experiencia de su infinita misericordia. Y entonces sí que volveremos a apreciar las cosas pequeñas, las cosas sencillas, ordinarias; que volveremos a apreciar todas estas cosas pequeñas de todos los días y seremos capaces de amar a los demás como los ama Dios, queriendo su bien, es decir, que sean santos, amigos de Dios; y estaremos contentos por la posibilidad de hacernos cercanos a quien es pobre y humilde, como Jesús hace con cada uno de nosotros cuando nos alejamos de Él, de inclinarnos a los pies de los hermanos, como Él, Buen Samaritano, hace con cada uno de nosotros, con su compasión y su perdón».

 

Al final de la catequesis, el Papa saludó, entre otros, a las personas que participaron en el congreso promovido por el Movimiento de los Focolares, en ocasión del 50 aniversario de su fundación, y los exhortó a ofrecer testimonio de la belleza de las familias nuevas, guiadas por la paz y por el amor de Cristo.

 

Francisco dirigió un «pensamiento especial» a los trabajadores de Sky Italia, que en una nota habían anunciado la presencia de un contingente de unos cien empleados para denunciar la situación «dramática de alrededor de 600 personas y sus familias», después de que la empresa revelara el plan de recortes y transferencias. «Espero –dijo el Papa– que su situación laboral pueda encontrar una solución rápida, en el respeto de los derechos de todos, especialmente de las familias». Francisco añadió: «El trabajo nos da dignidad y los responsables de los pueblos, los dirigentes, tienen la obligación de hacer todo lo posible para que cada hombre y cada mujer pueda trabajar, para tener la frente en alto, ver a la cara a los demás, con dignidad. Quienes, por maniobras económicas, para hacer negocios no del todo claros, cierra fábricas, cierra empresas y le quita el trabajo a los hombres, esta persona comete un pecado gravísimo».


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Emotivo encuentro del Papa con los familiares de la masacre de Dacca (Bangladesh)

Cómo se siembra la paz- El encuentro con los familiares de las víctimas de la masacre de Dacca (Bangladesh)

2017-02-22 L’Osservatore Romano

«No os habéis quedado en la rabia, en la amargura y en las ganas de venganza sino que habéis emprendido, con el dolor dentro, el camino del amor para construir y ayudar a la gente de Bangladesh, sobre todo a los jóvenes para que puedan estudiar: esto es sembrar paz y os doy las gracias, para mí es un ejemplo». Es con estas palabras que el Papa Francisco abrazó a treinta y tres familiares de seis de las nueve víctimas italianas de la masacre que tuvo lugar en Dacca, en Bangladesh, en la noche del 1 al 2 de julio de 2016: Marco Tondat, Christian Rossi, Maria Riboli, Vincezo D’Allestro, Claudio Cappelli y Simona Monti. El encuentro tuvo lugar el miércoles por la mañana, a las 9.10, en el aula junto al Aula Pablo VI, justo antes de la audiencia general en la plaza de San Pedro. «Es fácil tomar el camino que del amor lleva al odio — indicó el Pontífice — mientras que es difícil hacer lo contrario: de la amargura y del odio ir hacia el amor».

Para acompañar al grupo — del que formaban parte seis niños — estaba monseñor Valentino Di Cerbo, obispo de Alife-Caiazzo. «Vincenzo, una de las víctimas — explicó el prelado al Papa al inicio del encuentro — era de Piedimonte Matese, un pueblo de mi diócesis». El obispo presentó a Francisco el perfil de las víctimas: «Eran buenas personas, que fueron a Bangladesh para trabajar pero no para explotar a ese pueblo: es más, se esforzaban mucho para ayudar a los más pobres colaborando con la comunidad católica local». Y para confirmar este estilo solidario, «de la tragedia continúan floreciendo iniciativas concretas para la gente de Bangladesh» señaló el prelado al Papa. Precisamente para hacer evidente «el compromiso para testimoniar un mensaje de paz», le entregaron a Francisco nueve plantas de olivo con los nombres — escritos en pequeñas imágenes de palomas blancas — de las personas asesinadas.

Y al Pontífice se le presentaron algunos proyectos solidarios concretos. Así don Luca Monti, hermano de Simona — una de las víctimas, tenía treinta y tres años y esperando a dar a luz un niño — contó al Papa que precisamente anoche regresaba a Dacca: a través de la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada. De hecho, la familia Monti ha hecho construir la iglesia de San Miguel en Harintana, pequeña ciudad en el sur del país, en la diócesis de Khulna. «Los primeros fondos los recogimos en el funeral de mi hermana» explicó don Luca que es párroco de Santa Lucía de Serino, en el Avellino. «Los ciento veinticinco católicos de Harintana — cuenta — hasta ahora estaban obligados a atravesar dos ríos para alcanzar una pequeña iglesia de madera, dañada y demasiado pequeña para acoger a toda la comunidad». Y así, «el viernes, después de cinco meses de trabajo, la iglesia será consagrada».

Para presentar al Papa las iniciativas promovidas por las asociaciones “En viaje con Vincenzo” y “Amigos de Carlotta” estaba María Gaudio, mujer de Vincenzo. «Queremos garantizar becas a los jóvenes de Bangladesh y esta es la mejor forma para recordar a nuestros seres queridos que ya habían dado vida a iniciativas para los más pobres, sobre todo para los niños» dice la mujer. Para cada uno de los familiares, el Pontífice tuvo una palabra de consuelo y un abrazo. Y escuchó, conmovido, sus recuerdos personales. «Todas palabras de serenidad y de paz» quiso remarcar monseñor Di Cerbo.


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Exhortación del Papa a Caritas.

Brille la caridad y la justicia en el mundo: sigan llevando el mensaje del Evangelio, aliento del Papa a Caritas

Testimonien el ministerio de la caridad con coraje evangélico, impulsen la acogida de los migrantes, la paz entre los pueblos y los creyentes

(RV).- Es «fundamental» la misión de las Caritas nacionales así como su papel específico en la Iglesia, señaló el Papa Francisco – en un discurso que entregó – al recibir a los miembros del Consejo de Representación y al personal de Caritas Internacional, encabezados por su Presidente, el Cardenal Antonio Tagle.

Haciendo hincapié en que «no son agencias sociales, sino organismos eclesiales que comparten la misión de la Iglesia» y en que están llamados, según sus estatutos, a «asistir al Papa y a los Obispos en su ministerio de la caridad» (art.14), el Papa Francisco, evocando a San Juan Pablo II, reiteró que «las urgencias sociales de hoy» requieren que se ponga en marcha una «nueva fantasía de la caridad» (Novo milenio ineunte, 50):

«Ella se vuelve concreta no sólo en la eficacia de las ayudas brindadas, sino sobre todo en la capacidad de hacerse prójimo, acompañando a los más necesitados con la actitud fraterna del compartir. Se trata de hacer resplandecer la caridad y la justicia en el mundo, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia, implicando a los mismos pobres, para que sean los verdaderos protagonistas de su desarrollo».

El Papa agradeció, también en nombre de la Iglesia, la misión de Caritas y destacó que, con el poder del Evangelio, podemos ayudar a cambiar y mejorar el mundo: el hambre y la pobreza «no son una fatalidad»:

«Les agradezco tanto, en nombre de toda la Iglesia, por lo que hacen por los últimos. Los aliento a proseguir en esta misión, que hace sentir a la Iglesia como verdadera compañera de viaje, cercana al corazón y a las esperanzas de os hombres y de las mujeres de este mundo. Sigan llevando el mensaje del Evangelio de la alegría, sobre todo a los marginados, pero también a los que tienen el poder de cambiar las cosas, porque es posible cambiar. La pobreza, el hambre, las enfermedades, la opresión no son una fatalidad y no pueden representar situaciones permanentes. Con fiando en el poder del Evangelio, podemos contribuir verdaderamente a cambiar las cosas o al menos a mejorarlas. Podemos reafirmar la dignidad de cuantos esperan una señal de nuestro amor y proteger y construir juntos ‘nuestra casa común’».

Asimismo, en las palabras del Papa, un especial aliento a Caritas Internacional en lo que se refiere al tema de las migraciones, invitando a perseverar en «el coraje evangélico, a rechazar todo lo que humilla al hombre y toda forma de explotación que lo degrada», e impulsando la paz:

«Me alegra mucho saber que Caritas Internacional llevará adelante una campaña sobre el tema de la migración. Espero que esta bella iniciativa abra los corazones de tantos a la acogida de los refugiados y de los migrantes, para que realmente puedan sentirse “en casa” en nuestras comunidades. Impulsen con esmero y renovado compromiso los procesos de desarrollo y los caminos de la paz en los países de los que estos hermanos y hermanas huyen o dejan buscando un futuro mejor».

Impulsen la paz para toda la humanidad, luchen contra la pobreza y aprendan de los pobres, fue también la exhortación del Obispo de Roma:

«Sean artesanos de paz y de reconciliación entre los pueblos, entre las comunidades, entre los creyentes. Pongan en marcha todas sus energías, su compromiso, para trabajar en sinergia con las otras comunidades de fe, que como ustedes, centran su atención en la dignidad de la persona. Luchen contra la pobreza y, al mismo tiempo, aprendan de los pobres. Déjense inspirar y guiar por su vida sencilla y esencial, por sus valores, por su sentido de solidaridad y su compartir, su capacidad de levantarse en las dificultades, y, sobre todo, por su experiencia vivida del Cristo sufriente, Él que es el único Señor y Salvador. Aprendan, por lo tanto también de su vida de oración y de su confianza en Dios»


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Enfermos y encarcelados en la catequesis del Papa.

Papa: Visitar a los enfermos y a los encarcelados

(RV).-  Durante la audiencia general del segundo miércoles de noviembre – celebrada en la Plaza de San Pedro y en la que participaron varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países –  el Papa prosiguió sus reflexiones sobre las obras de misericordia. En efecto, tras el Jubileo de los presidiarios, Francisco abordó en su catequesis el hecho de visitar a los enfermos y a los encarcelados. Y lo hizo con la introducción de un pasaje del Evangelio de San Marcos (Mc 1, 30-34), que relata que curó a la suegra de Simón, además de haber curado a numerosos enfermos, que sufrían de diversos males y de quienes también expulsó a muchos demonios.

Hablando en italiano, el Obispo de Roma comenzó destacando cuántas páginas de los Evangelios narran estos encuentros: con el paralítico, el ciego, el leproso, el endemoniado, el epiléptico, y con numerosos enfermos de todo tipo. Y afirmó que Jesús ha estado cerca de cada uno de ellos a quienes ha curado con su presencia y con el poder de su fuerza sanadora. Por lo tanto – añadió –no puede faltar entre las obras de misericordia, la de visitar y asistir a las personas enfermas, sin olvidar a quienes se encuentran en prisión.

El Papa Bergoglio hizo hincapié en el común denominador de los enfermos y de los encarcelados, cuya libertad está limitada. Libertad que, precisamente cuando nos falta – exclamó – hace que nos demos cuenta de lo preciosa que es. Mientras Jesús no ha dado la posibilidad de que seamos libres a pesar de los límites de la enfermedad y de las restricciones, puesto que nos ofrece la libertad que proviene del encuentro con Él y del sentido nuevo que este encuentro da a nuestra condición personal.

De ahí que el Sucesor de Pedro haya afirmado que con estas obras de misericordia el Señor nos invita a realizar un gesto di gran humanidad, como es la participación que se expresa a través de gestos sencillos como son los contenidos en una visita, una sonrisa o una caricia para hacer sentir al otro que no está solo ni abandonado.

Tras recordar que también Jesús y los Apóstoles experimentaron la prisión, el Santo Padreconcluyó su catequesis afirmando que estas obras de misericordia son tan antiguas como actuales. Por eso invitó a no caer en la indiferencia, sino a convertirnos en instrumentos de la misericordia de Dios, para devolver alegría y dignidad a quien la ha perdido.

(María Fernanda Bernasconi – RV).


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Las misioneras de la Caridad y el asesinato del Yemen

Homenaje a las mujeres misioneras- La fiesta del 8 de marzo tras la masacre de Aden

2016-03-08 L’Osservatore Romano

«Seguimos rezando juntas por la hermana que sobrevivió y por el padre salesiano de quien no se tienen más noticias». La hermana Cyrene, provincial para Italia de las misioneras de la caridad conoció hace diez años a la hermana Marguerite, originaria de Ruanda, una de las cuatro religiosas horriblemente asesinadas el viernes pasado junto con otras doce personas en un centro de acogida para los ancianos y discapacitados cerca de la ciudad yemení de Aden.

La religiosa está aún comprensiblemente conmocionada por los acontecimientos y todas las palabras que emplea en una breve conversación telefónica con «L’Osservatore Romano» son para explicar sentido de la misión heredada de la madre Teresa de Calcuta y la tenacidad con la que en todos los rincones del planeta las misioneras del sari blanco tratan de permanecer fieles incluso ante las dificultades, el miedo, y hasta cuando todo aconseja abandonar y huir. «Nosotras no dejamos a los pobres. Es impensable», dice la religiosa que en cada frase recuerda la lección recibida de la fundadora. «La Madre siempre nos ha enseñado esto. Si estamos solas y no tenemos personas a las que cuidar, ante el peligro, cambiamos de lugar, vamos a otra parte. Pero si tenemos a los pobres, los enfermos, los paralíticos… ¿cómo podríamos? La Madre siempre lo ha hecho así, aún la recuerdo en Beirut con los niños bajo los bombardeos. Así lo hicimos hace años en Liberia. Así lo hacemos en Siria. Y así lo hacemos también en Yemen, donde, no lo olvidemos, tenemos otras casas». Lo que realmente «hace daño», añade, es «la indiferencia en el corazón de tanta gente por las condiciones y la suerte que corren los pobres y los últimos».


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La caridad en la vida de la Iglesia

El corazón y la brújula – En el congreso promovido por Cor Unum el Papa habla de la caridad en la vida de la Iglesia

2016-02-26 L’Osservatore Romano

La caridad es el «corazón palpitante» de la vida de la Iglesia y la «brújula» que orienta nuestra vida: lo recordó el Papa Francisco en el discurso que dirigió, el viernes 26 de febrero por la mañana, a los participantes en el congreso internacional promovido por Cor Unum sobre la encíclica «Deus caritas est» de Benedicto xvi, en el décimo aniversario de su publicación.

«La historia de la Iglesia es, entre otras cosas, una historia de caridad» destacó el Pontífice, explicando que se trata de «una historia del amor que hemos recibido de Dios y debemos llevar al mundo». Precisamente «esta caridad recibida y dada es el fundamento de la historia de la Iglesia y de la historia de cada uno de nosotros». De ahí que el acto de caridad no pueda considerarse «sólo una limosna para limpiar la propia conciencia»; por el contrario este debe incluir «una atención de amor puesta en el otro, al que considera como uno consigo y desea compartir la amistad con Dios».

Destacando la estrecha relación entre caridad y misericordia, el Papa observó que «Dios no tiene simplemente el deseo o la capacidad de amar; Dios es caridad: la caridad es su esencia, su naturaleza». Él «no puede estar solo, no puede cerrarse en sí mismo, porque es comunión, es caridad, y la caridad por naturaleza se comunica, se difunde». Así, «Dios asocia al hombre a su vida de amor y, aunque el hombre se aleje de él, él no permanece distante sino que le sale al encuentro». En esto está su misericordia: «su modo de expresarse con nosotros, que somos pecadores, es su rostro que nos mira y vela por nosotros». Caridad y misericordia, por lo tanto, «están tan estrechamente vinculadas porque son el modo de ser y de actuar de Dios: su identidad y su nombre».

Cualquier forma de amor, de solidaridad, de compartir es sólo «un reflejo de la caridad que es Dios» y a la cual «debemos ver como la brújula que orienta nuestra vida, antes de encaminarnos en cualquier actividad: en ella encontramos la dirección, de ella aprendemos cómo mirar a los hermanos y al mundo». Una caridad que, para el Papa Francisco, debería reflejarse cada vez más en la vida de la Iglesia. «Cuánto desearía —expresó— que en la Iglesia cada fiel, cada institución, cada actividad revelara que Dios ama al hombre». La misión de los organismos caritativos eclesiales, de hecho, «es importante, porque acercan a muchas personas pobres a una vida más digna, más humana, y esto es algo muy necesario; es una misión importantísima porque, no con palabras, sino con el amor concreto puede hacer sentir a todo hombre que el Padre le ama, que es hijo suyo, destinado a la vida eterna con Dios». De ahí el agradecimiento del Pontífice a «a todos aquellos que trabajan diariamente en esta misión». Con la seguridad de que la Deus caritas est «conserva intacta la frescura de su mensaje, con el que indica la perspectiva siempre actual para el camino de la Iglesia».

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