Hoy desde Greenpeace nos sumamos con nuestro particular  #SelfieKontraGaroña a la iniciativa impulsada por la plataforma Garoñaren Kontrako Foroa, para decir alto y claro que queremos un futuro sin Garoña. Queremos poner en valor las voces de miles de personas que llevan más de 40 años en la lucha antinuclear.

#SelfieKontraGaroña

Ahora, con el nuevo Congreso, quizá esas voces no vuelvan a estar solas: representantes de todos los grupos parlamentarios, excepto el PP, enviaron el pasado martes 2 de febrero una carta al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) solicitando que no se tomara ninguna decisión respecto a Garoña hasta que no se formase nuevo gobierno. Un día después, el CSN decidía manterner el proceso de renovación de la central.

Pero si hablamos de la lucha contra Garoña, que se remonta 44 años atrás, hay que nombrar la misma gestación del movimiento ecologista en España, directamente vinculada a la movilización contra el denominado “plan eléctrico” de 1973-1975, que incluía 37 proyectos de reactores nucleares. Garoña fue una de las primeras centrales incluidas en “el pack nuclear del norte”, y la represión que se vivía en las manifestaciones llevó incluso a la muerte de una de las activistas, Gladys del Estal, tras un disparo de la guardia civil.

En los años 70, Mario Gaviria, histórico antinuclear navarro, junto con otras personas de distintas partes de la península, fue artífice de notables movilizaciones antinucleares que consiguieron grandes victorias contra los proyectos -hasta 37 centrales nucleares- que se diseñaron en la época franquista y en los primeros años de la Transición. Era el grupo autodenominado “Grupo de Cortes”.

También ha habido movilizaciones más recientes. El 9 de septiembre de 2012 se abrían las botellas de cava frente a la central nuclear de Garoña, y con cierto escepticismo, la gente brindaba celebrando su cierre definitivo anunciado por orden ministerial. Era el colofón de la marcha desde la localidad burgalesa de  Barcina del Barco, a la que año tras año asistían miles de personas convocadas por la Coordinadora contra Garoña y la entonces llamada Coordinadora Estatal Antinuclear (CEAN). Era la marcha número 33, y otros tantos años de cita ineludible para millares de personas que recorrían los tres kilómetros de recorrido.

Al brindis del 2012 hay que sumarle otros finales a la puerta de la central: el candado gigantesimbólico el año anterior con el accidente de Fukushima en el recuerdo, los simulacros de un temido accidente nuclear, y las lecturas de manifiestos altavoz en mano. Meses después caía como un jarro de agua fría la noticia de la aprobación de un Real Decreto que amparaba la posibilidad de una nueva solicitud de ampliación de vida para Garoña, ocasión que Nuclenor no desaprovechó para solicitar una licencia para operar hasta 2031.

Las marchas desde Barcina del Barco han sido cita ineludible para los contrarios a Garoña, pero no la única. Numerosas movilizaciones han tratado de dar el portazo definitivo a una central cuyo reactor es gemelo al de Fukushima, como las concentraciones frente a la torre de Iberdrola en Bilbao o las multitudinarias manifestaciones en la vecina Vitoria-Gasteiz.

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Unidos a estos movimientos sociales, Greenpeace no ha cesado en su lucha antinuclear poniendo el punto de mira sobre Garoña: el sobrevuelo con un globo aerostático con el mensaje “Garoña cierre ya”, el bloqueo de la entrada, la acción con 60 activistas y un contenedor de resistencia, el sobrevuelo en parapente denunciando la falta de seguridad, la proyección de mensajes como “peligro nuclear”, o la acción en la que simbólicamente Greenpeace desmantelaba Garoña.

Tres años después de aquel brindis de adiós a Garoña, y de la posterior parada de la central, el CSN yel gobierno en funciones del Partido Popular se han empeñado en continuar desoyendo las voces de la ciudadanía, e incluso del actual parlamento. Pero el movimiento por el cierre de Garoña no se ha rendido nunca, y no se rendirá ante esta nueva maniobra. Es hora de que se escuche a las personas y no a las empresas contaminantes. Es hora de que al fin, podamos celebrarlo con un brindis definitivo.

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