Loiola XXI

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La humanidad contra las armas nucleares. (editorial)

Un levantamiento moral contra las armas nucleares

El desarrollo del Magisterio de la Iglesia sobre la trágica realidad de la guerra, a la luz de la devastación del ataque nuclear contra Hiroshima y Nagasaki.

Alessandro Gisotti – Ciudad del Vaticano

Hay un antes y un después de Hiroshima y Nagasaki en la historia de la humanidad. Hay también un antes y un después del devastador bombardeo atómico sobre las ciudades japonesas en la manera en que la Iglesia, en primer lugar a través del Magisterio de los Papas, mira la trágica experiencia de la guerra. La devastación aniquiladora causada por las armas nucleares también obliga a la Iglesia a reconsiderar el tema del conflicto bélico con una nueva mentalidad.

De hecho, nunca en la historia los hombres han tenido a su disposición un arma potencialmente capaz de borrar todos los rastros humanos sobre la faz de la tierra. Esta situación sin precedentes pesa de modo angustioso en el corazón de Pío XII que, en el Mensaje radial del 24 de agosto de 1939, advertía proféticamente: “Nada se pierde con la paz. Todo puede ser así con la guerra”. En el agosto de seis años después, al final de un conflicto que trastornó al planeta, esas palabras del Papa Pacelli adquirieron un nuevo y trágico significado. En realidad, como lo demuestra lo ocurrido con el bombardeo nuclear estadounidense de Hiroshima y Nagasaki, “todo puede perderse con la guerra”.

 

Pasaron tres años y, mientras el mundo se dividía de nuevo en dos bloques armados el uno contra el otro, Pío XII confió que un pensamiento “pesa constantemente en nuestra alma, como en la de aquellos que tienen un verdadero sentido de humanidad”. Fue el 8 de febrero de 1948, cuando el Papa recibió a los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias. A ellos y, en el mejor de los casos, a los científicos de todo el mundo, se dirige una pregunta que nunca nos abandonó después de aquella mañana del 6 de agosto de 1945: “¿Cuáles desgracias deberá esperar la humanidad de un futuro conflicto, si resulta imposible detener o frenar el uso de los siempre nuevos y cada vez más sorprendentes inventos científicos?

La sombra de las desgracias evocadas por Pío XII parece oscuramente perfilarse en octubre de 1962 cuando, durante la crisis de misiles de Cuba, Moscú y Washington parecen estar a un paso del uso de la bomba atómica. Tomaría 13 días muy largos, dejando a la humanidad sin aliento, encontrar una solución negociada. El presidente estadounidense Kennedy y su homólogo ruso Krusciov se detienen un paso antes del abismo. Si lo hacen, es también gracias a Juan XXIII que utiliza todos los medios a su alcance, desde la oración hasta la diplomacia, para abrir nuevos espacios de diálogo. El futuro Santo utiliza la Radio del Vaticano para que su palabra de paz llegue lo más lejos posible, para que se escuche en la Casa Blanca y en el Kremlin.

En el Mensaje de Radio del 25 de octubre exhortó a los líderes de las naciones a evitar “los horrores de la guerra” para el mundo. Un conflicto del cual, precisamente a causa de las armas nucleares, “nadie puede predecir las terribles consecuencias”. La impresión causada por esa crisis tendrá un fuerte impacto en el Papa Roncalli, quien madura la convicción de la necesidad de profundizar y desarrollar la doctrina católica sobre el tema de la guerra y la paz. En abril de 1963, Juan XXIII publicará pues la Pacem in Terris. Una encíclica dirigida no sólo a los creyentes, sino también, como se lee en la portada del texto; “a todos los hombres de buena voluntad”. La fuerza del documento reside precisamente en la capacidad de argumentación que incluso un no creyente puede reconocer y acoger. En la era atómica -observa Juan XXIII- es alienum a ratione, “ajeno a la razón” pensar que la guerra puede ser utilizada “como instrumento de justicia”. Y precisamente por eso, la detención de la carrera armamentista y el “desarme integral” son, en cambio, un objetivo “exigido por la recta razón “.

Pablo VI retoma el testimonio de su predecesor. Dirigió y concluyó el Concilio Vaticano II e hizo suyo el compromiso para que nunca más la humanidad volviera a sufrir la destrucción de Hiroshima y Nagasaki. Precisamente en uno de los documentos fundamentales del Consejo conciliar, Gaudium et Spes, se constata que las acciones militares realizadas con armas nucleares superan “los límites de la legítima defensa”. Incluso, una vez más, recurriendo a la razón, se observa que, si se utilizaran plenamente los arsenales atómicos en posesión de las Grandes Potencias, “se produciría la destrucción casi total de las partes contendientes”. De ahí la advertencia del Papa y de los Padres conciliares de que definan “crimen contra Dios y contra la humanidad misma” cualquier guerra que “tenga por objeto indiscriminadamente la destrucción de ciudades enteras o de vastas regiones y de sus habitantes”.

El llamamiento que el Papa Montini hizo a la Asamblea General de las Naciones Unidas en su histórico discurso del 4 de octubre de 1965 fue apremiante. “Si queréis ser hermanos-afirma el futuro Santo- dejen caer las armas de vuestras manos (…) Las armas, sobre todo las terribles, que la ciencia moderna os ha dado, incluso antes de producir víctimas y ruinas, generan malos sueños, alimentan malos sentimientos, crean pesadillas, desconfianza y tristes propósitos”. Y, como ya lo había hecho con ocasión de su visita apostólica a la India el año anterior, pidió a los líderes del mundo reunidos en el Palacio de Cristal que “donaran en beneficio de los países en vías de desarrollo al menos una parte de las economías que se pueden lograr reduciendo los armamentos”.

Sin embargo, no se trata solo de llamamientos. Al igual que Juan XXIII, Pablo VI también pone la diplomacia vaticana al servicio de la causa de la paz y del desarme nuclear. Particularmente significativo en este ámbito es el papel de Agostino Casaroli, que en 1971 voló a Moscú para depositar el documento de adhesión de la Santa Sede al Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares. El futuro Cardenal Secretario de Estado también habló en la Asamblea Especial de las Naciones Unidas sobre Desarme en 1978, leyendo el mensaje enviado por Pablo VI.

“La cuestión de la guerra y la paz -recuerda Montini- se plantea hoy en día en términos nuevos, porque por primera vez los hombres tienen a su disposición “un potencial ampliamente capaz de aniquilar toda la vida del planeta”. Por esta razón, el desarme se convierte en un imperativo moral.

Como sus predecesores, Juan Pablo II se dirige a los científicos con particular predilección, recordándoles la primacía del espíritu sobre la materia, el valor del progreso tecnológico que es verdaderamente tal, si está a favor del hombre y no en su contra. Así, en el discurso pronunciado en la sede de la UNESCO en París el 2 de junio de 1980, Karol Wojtyla hizo un llamamiento apasionado invitando a los científicos a mostrarse más poderosos que los poderosos de la Tierra. “Hombres de ciencia -fue su exhortación- comprometan toda su autoridad moral para salvar a la humanidad de la destrucción nuclear”. Al año siguiente, el Papa “llegado de un país lejano” fue a Extremo Oriente y el 25 de febrero de 1981 visitó el Memorial de la Paz en Hiroshima. Aquí, en un lugar que como Auschwitz es una advertencia eterna para la humanidad, dirigió un memorable discurso en el que subraya que, si recordar el pasado es “comprometerse con el futuro”, “recordar Hiroshima es aborrecer la guerra nuclear”.

También en Hiroshima – después de su visita al Memorial y su encuentro con los Hibakusha, los sobrevivientes del ataque atómico – el Papa Wojtyla se dirigió una vez más a los científicos y subrayó la cuestión moral planteada por la existencia misma de armas capaces de destruir a la humanidad. Habla de “crisis moral” después de los bombardeos atómicos. Denuncia enérgicamente la carrera armamentista preguntándose si es “moral que la familia humana siga en esta dirección”. El Papa lanzó entonces un “gran desafío” a las mentes y líderes más brillantes del mundo. Un reto que, en sus palabras, “consiste en armonizar los valores de la ciencia y los valores de la conciencia”. “Nuestro futuro en este planeta, expuesto al riesgo de aniquilación nuclear – advierte Juan Pablo II – depende de un solo factor: la humanidad debe llevar a cabo un levantamiento moral”. Durante su largo pontificado, el Papa Wojtyla volerá varias veces a denunciar el horror y la insensatez de una guerra con armas de destrucción masiva. Alentará implacablemente los esfuerzos de desarme, desempeñando un papel históricamente reconocido en el final de la Guerra Fría y el “equilibrio del terror” basado precisamente en la disuasión nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Incluso Benedicto XVI no deja de recordar la profunda herida infligida a toda la humanidad por los bombardeos atómicos. Apoya el compromiso de las Naciones Unidas con el desarme progresivo y la creación de zonas libres de armas nucleares. Particularmente significativo es lo que escribe en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006 donde define como “desastrosa” y “falaz” la perspectiva adoptada por aquellos gobiernos que “dependen de las armas nucleares para garantizar la seguridad de sus países”. “En una guerra nuclear, de hecho – observa Joseph Ratzinger – no habría ganadores, sino sólo víctimas”. Cuatro años más tarde, en el 65º bombardeo atómico, Benedicto XVI recibió al nuevo embajador japonés ante la Santa Sede, Hidekazu Yamaguchi. “Esta tragedia -afirma- nos recuerda insistentemente la necesidad de perseverar en nuestros esfuerzos a favor de la no proliferación de las armas nucleares y el desarme”.

Esfuerzos que son reanudados e intensificados por el Papa Francisco para evitar lo que él llama “un suicidio” de la humanidad. El Pontífice no escatima energía y, en la estela trazada por sus predecesores, promueve también iniciativas concretas. Este es el caso de la Conferencia en el Vaticano, en noviembre de 2017, que pone en la misma mesa a políticos, ganadores del Premio Nobel y científicos para buscar nuevas formas de liberar al mundo de las armas nucleares. Un acontecimiento de particular importancia también para el momento en que se produce: la escalada de tensión entre dos potencias atómicas, los Estados Unidos y Corea del Norte. “Las armas nucleares – declaró en la apertura de la conferencia – no sólo son inmorales, sino que también deben considerarse un instrumento ilegítimo de guerra”.

Durante su Pontificado, Jorge Mario Bergoglio profundizó su reflexión sobre el tema, llegando a la convicción -expresada en varias ocasiones y más recientemente en el mensaje en vídeo dirigido al pueblo japonés en vísperas del viaje apostólico- de que el uso de las armas nucleares es inmoral. Ya un mes después del Convenio en el Vaticano sobre el Desarme, volvió a abordar la cuestión, en la conferencia de prensa en avión a su regreso de su viaje a Bangladesh, y declaró que “estamos en el límite de la licitud de tener y utilizar armas nucleares”. Esto, subraya el Pontífice, porque hoy, “con un arsenal nuclear tan sofisticado, existe un riesgo de destrucción de la humanidad, o al menos de una gran parte de la humanidad”. Con palabras que parecen hacer eco de las de Wojtyla en Hiroshima, Francisco se pregunta si es “lícito mantener los arsenales nucleares así como están” o más bien sería necesario “volver hacia atrás”.

La imagen más evocadora de este compromiso del Papa Francisco con el desarme, a la espera de una visita a los Memoriales de la Paz en Hiroshima y Nagasaki, está sin duda ligada a la foto del niño que lleva a su hermano pequeño sobre la espalda, quien murió en el bombardeo nuclear. Una instantánea que conmueve profundamente al Santo Padre que la ha reproducido en una tarjeta y la ha distribuido a los periodistas que lo acompañaron en su viaje a Chile, en enero del año pasado. “Una imagen así -confió- conmueve más que mil palabras”. Una imagen que, más de mil palabras, cuestiona las conciencias y representa una advertencia imperativa de que la humanidad nunca más debe experimentar la devastación de un ataque atómico.


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Nagasaki: el Papa sobre la paz

Francisco en Nagasaki: “Un mundo sin armas nucleares es posible y necesario”

Mensaje de Francisco sobre las armas nucleares ante el hipocentro de la explosión de la bomba atómica en el parque de la paz. El Papa recuerda que uno de los anhelos más profundos del corazón humano es el deseo de paz y estabilidad y la posesión de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva no son la respuesta más acertada a este deseo; es más, parecen continuamente ponerlo a prueba.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Mensaje de Francisco sobre las armas nucleares ante el hipocentro de la explosión de la bomba atómica en el parque de la paz. El Papa se dirige a los gobernantes del mundo: “un mundo sin armas nucleares es posible y necesario”.  Es con estas palabras con las que el Papa dedica a los presentes en el hipocentro de la explosión de la bomba atómica que cayó sobre Nagasaki el 9 de Agosto, de 1945, donde se encuentra en el interior el Parque de la Paz. Lo recuerda una estrella en mármol negro con los nombres de las víctimas.

Un parque que ha sido preparado en el 1955 para hacer memoria del trágico evento: recuerda los horrores de la guerra, pero al mismo tiempo intenta difundir una esperanza de paz. En efecto, como dijo Francisco, este lugar nos hace más conscientes del dolor y del horror que los seres humanos somos capaces de infringirnos.

“Con el convencimiento de que un mundo sin armas nucleares es posible y necesario, pido a los líderes políticos que no se olviden de que las mismas no nos defienden de las amenazas a la seguridad nacional e internacional de nuestro tiempo. Es necesario considerar el impacto catastrófico de un uso desde el punto de vista humanitario y ambiental, renunciando al fortalecimiento de un clima de miedo, desconfianza y hostilidad, impulsado por doctrinas nucleares”.

El estado actual de nuestro planeta reclama, por su parte, dijo, una reflexión seria sobre cómo todos esos recursos podrían ser utilizados, con referencia a la compleja y difícil implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y alcanzar así objetivos como el desarrollo humano integral. “Así lo sugirió ya, en 1964, el Papa san Pablo VI, cuando propuso ayudar a los más desheredados a través de un Fondo Mundial, alimentado con una parte de los gastos militares”.

Crear herramientas que aseguren confianza y desarrollo mutuo

El Papa dijo que es crucial crear herramientas que aseguren la confianza y el desarrollo mutuo, y contar con líderes que estén a la altura de las circunstancias. Tarea que nos involucra y reclama a todos.

“Nadie puede ser indiferente ante el dolor sufriente de millones de hombres y mujeres que hoy siguen golpeando a nuestras conciencias; nadie puede ser sordo ante el grito del hermano que desde su herida llama; nadie puede ser ciego ante las ruinas de una cultura incapaz de dialogar”.

Uno de los anhelos más profundos del corazón humano es el deseo de paz y estabilidad. La posesión de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva no son la respuesta más acertada a este deseo; es más, afirmó, parecen continuamente ponerlo a prueba.  “La cruz bombardeada y la estatua de Nuestra Señora, recientemente descubiertas en la Catedral de Nagasaki, nos recuerdan una vez más el indescriptible horror sufrido en su propia carne por las víctimas y sus familias”.

Ante un mundo que “vive la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza”, el Papa dijo que con esta manera de vivir se termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible diálogo.

La paz y la estabilidad son incompatibles si se fundan en el miedo

“La paz y la estabilidad internacional son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucción o sobre una amenaza de aniquilación total, el Papa dijo que sólo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de mañana.

Y Francisco afirma que en Nagasaki, la ciudad que es testigo de las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales de un ataque nuclear, serán siempre pocos todos los intentos de alzar nuestra voz contra la carrera armamentista.

Esta carrera desperdicia recursos valiosos que podrían, en cambio, utilizarse en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para la protección del ambiente natural. En el mundo de hoy, señaló el Papa, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero que se gasta y las fortunas que se ganan en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo.

La aspiración de la humanidad es vivir en un mundo en paz, libre de armas nucleares, y convertir este ideal en realidad requiere la participación de todos. Nuestra respuesta a la amenaza de las armas nucleares debe ser colectiva y concertada, dijo el Pontífice, basada en la construcción ardua pero constante de una confianza mutua que rompa la dinámica de desconfianza actualmente prevaleciente.

Tras recordar la Encíclica Pacem in terris, de San Juan XXIII, en donde solicitaba la prohibición de las armas atómicas: «una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca», Francisco dijo que es necesario romper la dinámica de desconfianza que prevale actualmente, y que hace correr el riesgo de conducir al desmantelamiento de la arquitectura internacional de control de las armas.

Oremos por la paz y la conversión de las conciencias

La Iglesia Católica, está irrevocablemente comprometida con la decisión de promover la paz entre los pueblos y las naciones. Es un deber al que se siente obligada ante Dios y ante todos los hombres y mujeres de esta tierra. Señaló, por último, que nunca podemos cansarnos de trabajar e insistir con celeridad en apoyo a los principales instrumentos jurídicos internacionales de desarme y no proliferación nuclear, incluido el Tratado sobre la prohibición de armas nucleares.

“En julio pasado, los obispos de Japón lanzaron un llamado para la abolición de las armas nucleares, y cada agosto la Iglesia nipona celebra un encuentro de oración de diez días por la paz. Que la oración, la búsqueda infatigable en la promoción de acuerdos, la insistencia en el diálogo, sean las “armas” en las que pongamos nuestra confianza y también la fuente de inspiración de los esfuerzos para construir un mundo de justicia y solidaridad que brinde garantías reales para la paz”.

Pidió unirse en oraciones cada día por la conversión de las conciencias y por el triunfo de una cultura de la vida, de la reconciliación y de la fraternidad. Una fraternidad que sepa reconocer y garantizar las diferencias en la búsqueda de un destino común. Y lo hizo rezando la oración por la paz de San Francisco de Asís. “

En este lugar de memoria, que nos sobrecoge y no puede dejarnos indiferentes, es aún más significativo confiar en Dios, para que nos enseñe a ser instrumentos efectivos de paz y a trabajar también para no cometer los mismos errores del pasado”.

Mensaje del Santo Padre sobre las armas nucleares
Mensaje del Papa sobre las armas nucleares

24 noviembre 2019, 02:37


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Armas atómicas. Editorial. La condena del Papa

Imagen de la Virgen María hallada tras la explosión de la bomba atómica en Nagasaki.Imagen de la Virgen María hallada tras la explosión de la bomba atómica en Nagasaki.  (ANSA)EDITORIAL

El silencio de Hiroshima y el grito del Papa

Francisco ha definido el dinero gastado en la construcción de armas atómicas como un “atentado que clama al cielo”.

ANDREA TORNIELLI

Fue un grito que rompió el gran silencio en memoria de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. La condena decisiva no sólo del uso sino también de la posesión de armas atómicas que Francisco pronunció desde los dos lugares que simbolizan el holocausto nuclear de la Segunda Guerra Mundial marca un paso más en el magisterio social de la Iglesia.

En Nagasaki, en el Parque Hipocentro de la bomba atómica, el Papa afirmó que la paz y la estabilidad internacional son incompatibles con cualquier intento de construir sobre el miedo a la destrucción mutua o sobre la amenaza de aniquilación total. Llamó al dinero gastado y a las fortunas ganadas para fabricar, modernizar, mantener y vender las armas cada vez más destructivas en el mundo de hoy, “millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas “, un “atentado continuo que clama al cielo “. Y denunció la erosión del enfoque multilateral, un fenómeno aún más grave ante el desarrollo de nuevas tecnologías armamentísticas que nos está llevando hacia la Tercera Guerra Mundial, aunque por el momento se combate “por partes”, como recuerda a menudo el mismo Francisco.

En Hiroshima, última etapa de la larga jornada japonesa, el Papa quiso reiterar que “el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común. El uso de la energía atómica con fines bélicos es inmoral. Seremos juzgados por esto”. Pero también añadió, tras un discurso pronunciado en noviembre de 2017 en el Vaticano, que no es sólo el uso de armas atómicas lo que es inmoral. También lo es su posesión y acumulación, que hacen que el mundo esté diariamente en riesgo de autodestrucción. La verdadera paz, concluyó Francisco, sólo puede ser una paz desarmada, fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, de la atención a nuestra casa común y de la promoción del bien común. Aprendiendo de las enseñanzas de la historia que el abismo del dolor experimentado en Hiroshima y Nagasaki siguen testimoniándonos. Ese abismo de dolor bien reflejado en el rostro de la Virgen de madera resurgida de las ruinas de Nagasaki, que acompañó con su cercanía y su admonición la celebración de la Misa de Francisco.


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Hiroshima: el Papa condena la posesión y el uso de armas nucleares.

El Papa en Hiroshima: el uso de la energía atómica con fines de guerra es un crimen

“En una sola súplica abierta a Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en nombre de todas las víctimas de los bombardeos y experimentos atómicos, y de todos los conflictos, elevemos conjuntamente un grito: ¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento!”. El Papa en el Memorial de la Paz de Hiroshima

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Llegó, en el Memorial de la Paz de Hiroshima, la exhortación apremiante y profundamente sentida del Papa Francisco por la paz mundial: en este “lugar símbolo” de sufrimiento a causa de la guerra, el Romano Pontífice evocó la memoria de los tantos hombres y mujeres que cayeron en el abismo de silencio provocado por el fragor ensordecedor de la bomba atómica que arrasó la ciudad en aquella mañana del 6 de agosto de 1945. En este lugar, el Papa invocó la venida del Señor, Príncipe de la Paz.

Aún hoy se siente el fuerte grito de los que ya no están

Desde ese abismo de silencio, todavía hoy se sigue escuchando fuerte el grito de los que ya no están. Venían de diferentes lugares, tenían nombres distintos, algunos de ellos hablaban lenguas diversas. Todos quedaron unidos por un mismo destino, en una hora tremenda que marcó para siempre, no sólo la historia de este país sino el rostro de la humanidad.

El Santo Padre quiso hacer memoria de las víctimas, pero también inclinarse “ante la fuerza y la dignidad” de los sobrevivientes, que soportaron en sus cuerpos “los sufrimientos más agudos”, y en sus mentes, “los gérmenes de la muerte que seguían consumiendo su energía vital”.

Las armas no pueden garantizar un futuro de paz

He venido a este lugar lleno de memoria y de futuro trayendo el grito de los pobres, que son siempre las víctimas más indefensas del odio y de los conflictos.

El pontífice viene a este lugar “como peregrino de paz”, no sólo para orar y recordar a las víctimas, pues en su corazón están también las “súplicas y anhelos” de quienes “desean la paz, trabajan por la paz, se sacrifican por la paz”.

Francisco quiere también ser la voz de aquellos “cuya voz no es escuchada”: la voz de quienes “miran con inquietud y angustia las crecientes tensiones que atraviesan nuestro tiempo”, de quienes miran las “inaceptables desigualdades” y las “injusticias” que amenazan la convivencia humana.

Y Francisco desde Hiroshima alza su voz para señalar “la grave incapacidad de cuidar nuestra casa común”, y el recurso “continuo y espasmódico” a las armas”, como si estas “pudieran garantizar un futuro de paz”.

Es inmoral la posesión de armas atómicas

Con convicción, reitera que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca “un crimen”: un crimen “no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común”.

El uso de la energía atómica con fines de guerra es inmoral. Como asimismo es inmoral la posesión de las armas atómicas“. “Seremos juzgados por esto”, advierte. Y son “las nuevas generaciones”, las que “se levantarán como jueces de nuestra derrota si hemos hablado de la paz, pero no la hemos realizado con nuestras acciones entre los pueblos de la tierra”.

¿Cómo podemos hablar de paz mientras construimos nuevas y formidables armas de guerra? ¿Cómo podemos hablar de paz mientras justificamos determinadas acciones espurias con discursos de discriminación y de odio?

Comunidades políticas están llamadas a trabajar por el progreso común

Y siempre con convicción, el Papa se apoya en las palabras de su amado predecesor, el Papa Juan XXIII, para reiterar que “la paz no es más que un ‘sonido de palabras’, si no se funda en la verdad, si no se construye de acuerdo con la justicia, si no está vivificada y completada por la caridad, y si no se realiza en la libertad”.

La verdadera paz sólo puede ser una paz desarmada

¿Cómo podemos proponer la paz si frecuentamos la intimidación bélica nuclear como recurso legítimo para la resolución de los conflictos?

Desde una ética racional el Pontífice cuestiona a los líderes del mundo entero, poniendo en sus manos el instrumento que contrasta la lógica de las armas: el ejercicio del diálogo, el ejercicio del “perpetuo quehacer”, porque “la paz no es la mera ausencia de la guerra”, sino que es “fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia”.

Francisco les recuerda que las armas “antes incluso de causar víctimas y ruinas, tienen la capacidad de provocar pesadillas, exigen enormes gastos, detienen los proyectos de solidaridad y de trabajo útil, alteran la psicología de los pueblos”.

Si realmente queremos construir una sociedad más justa y segura, debemos dejar que las armas caigan de nuestras manos: «No es posible amar con armas ofensivas en las manos» (S. PABLO VI, Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965, 10).

Memoria viva para decir siempre: ¡nunca más!

Para abrir un auténtico camino de paz, hay tres imperativos “morales”, dice Francisco: “recordar, caminar juntos, proteger”.

Esto porque no se puede permitir “que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido”, porque ello es “garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno”.

Una memoria que es capaz de “despertar las conciencias de todos los hombres y mujeres”, en especial, “de aquellos que hoy desempeñan un papel especial en el destino de las naciones”.

Memoria viva que nos ayude a decir de generación en generación: ¡nunca más!

Juntos, seamos instrumentos de paz y reconciliación

Y no es descontada la convocatoria reiterada más y más veces por el Romano Pontífice, a ser “instrumentos de paz y reconciliación”. Y no lo es porque en nuestro mundo interconectado reclama “más que en otras épocas la postergación de intereses exclusivos de determinados grupos o sectores, para alcanzar la grandeza de aquellos que luchan corresponsablemente para garantizar un futuro común”.

Estamos llamados a caminar juntos, con una mirada de comprensión y perdón, abriendo el horizonte a la esperanza y trayendo un rayo de luz en medio de las numerosas nubes que hoy ensombrecen el cielo.

¡Nunca más la guerra! ¡Ven Señor!

En una sola súplica abierta a Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en nombre de todas las víctimas de los bombardeos y experimentos atómicos, y de todos los conflictos, elevemos conjuntamente un grito: ¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento! Que venga la paz en nuestros días, en este mundo nuestro. Oh Dios, tú nos lo has prometido: «La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo».

“Ven Señor”, concluye el Pontífice: Francisco clama la venida del Padre al final de su intenso discurso, en la conclusión de un momento solemne que tiñó los cielos aún agrisados de Hiroshima a causa de la la guerra, con una luz de esperanza:

Ven, Señor, que es tarde, y donde sobreabundó la destrucción que también pueda hoy sobreabundar la esperanza, de que es posible escribir y realizar una historia diferente.

“ ¡Ven, Señor, Príncipe de la paz, haznos instrumentos y ecos de tu paz! ”


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Agosto 29: día int. contra los ensayos nucleares

Noticias ONU/Nargiz Shekinskaya
Amir Kairanov nació y creció cerca del sitio de ensayos de Semipalatinsk, en Kazajistán. Actualmente trabaja en le Centro Nacional Nuclear.

29 Agosto 2019

Después de la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos construyeron una ciudad secreta en la orilla del río Irtysh, en el noreste de Kazajistán.  Semipalatinsk era hogar y centro de trabajo de científicos soviéticos y miembros del ejército que realizaban pruebas nucleares.

La ONU celebra cada 29 de agosto el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares. Este año, la efeméride coincide con el 50 aniversario de la primera prueba de una bomba atómica en Semipalatinsk, un sitio de Kazajistán dedicado a esos ensayos. Noticias ONU viajó a ese centro en la víspera de la jornada que aboga por la eliminación de esas actividades.

Moscú-400, Semipalatinsk-21, Konechnaya, Kurchatov. Todos estos fueron los nombres de una ciudad secreta construida en la orilla del río Irtysh, en el noreste de Kazajistán, después de la Segunda Guerra Mundial. El sitio era hogar y centro de trabajo de científicos soviéticos y miembros del ejército que realizaban pruebas nucleares.

Kurchatov estaba rodeada por puestos de control y los amigos y familiares de sus habitantes tenían que esperar meses para obtener un permiso de entrada. Salir de los límites de la ciudad tampoco era fácil, pero la vida en ella era muy cómoda: se conseguían los mejores alimentos y mercancías y se crearon condiciones óptimas para el trabajo y la recreación de sus 50.000 pobladores.

En un periodo de cuarenta años, se realizaron 456 explosiones nucleares en el territorio de 18.500 kilómetros cuadrados y hace exactamente 70 años, el 29 de agosto de 1949, se elevó el primer “hongo nuclear” sobre el sitio de prueba cerca de Semipalatinsk.

Llegar de Kurchatov a la zona cero toma más de una hora por carretera. En la época soviética el camino era de concreto para soportar cargas pesadas, pero con el tiempo se deterioró y nunca fue reconstruido.

Actualmente, el “terreno de prueba” es una estepa inmensa y plana, como una tabla cubierta de hierba seca, sólo se observan diseminadas algunas estructuras triangulares que recuerdan el pasado. Hace 70 años, todo aquí era diferente: para estudiar los efectos de una explosión nuclear, los militares construyeron calles y puentes e incluso excavaron un metro en un área de 300 kilómetros cuadrados. En ese entonces se llevaron animales a la “zona de impacto” para experimentos. Esta sección del sitio era conocida como “campo de experimentación”.

ONU/Eskinder Debebe
Vista de la zona cero de Semipalatinsk en Kazajistán.Este sitio fue el centro de pruebas nucleares de la Unión Soviética.

Recuerdos y efectos de la radiación

Muchos lugareños narran sus recuerdos: algunos describen el “hongo horrible” con voz temblorosa, mientras que otros dicen que era “incluso hermoso”. Antes de cada prueba, los militares iban a las aldeas cercanas y les pedían a sus habitantes que salieran durante la explosión.

“Mi abuelo recuerda cómo detonaron una bomba de hidrógeno en 1955, cómo sintió la onda expansiva y vio destellar la luz”, dice Amir Kairanov, un joven empleado del Centro Nacional Nuclear que se abrió en Kurchatov después de que las pruebas habían cesado.

En aquel entonces no mucha gente se daba cuenta del peligro que representaba una explosión nuclear para todos los seres vivos. A pesar de que los científicos de Kazajistán se han dedicado a limpiar el terreno durante casi treinta años, el nivel de radiación todavía está por encima de lo normal y en las zonas aledañas siguen naciendo niños con mutaciones genéticas. Una Universidad Médica local cuenta con una colección de bebés con anomalías; sin embargo, nadie se atreve a decir que estos problemas estén directamente relacionados con el sitio de prueba. La ciencia busca la precisión y los científicos no tienen los datos a su disposición. Y esta carencia no sólo se refiere a las mutaciones.

“En el Semipalatinsk de la era soviética, uno oía hablar sobre suicidios todo el tiempo; la gente se quitaba la vida ahorcándose o saltando desde un puente”, relata Nurzhan Esenjolov, un empleado del Ayuntamiento de Semey. “No hay evidencia que pruebe una conexión directa entre esos incidentes y los ensayos en el sitio, pero la gente en las aldeas incluso se acostumbró a los suicidios, que ocurrían con bastante frecuencia.”

Tolkyn Bulezhenov, vicepresidente de la Universidad Médica de Semey, confirmó un aumento en la incidencia de cáncer. “En las zonas adyacentes al sitio de pruebas, los tumores malignos en la tiroides y la sangre son de 10 a 15% más frecuentes que en otras regiones de Kazajistán”, indica. Bulezhenov agrega que son precisamente estas enfermedades las que están conectadas a la exposición prolongada a la radiación y que todos los casos se rastrean meticulosamente.

Pero la información sobre la salud de las personas que estuvieron expuestas a la radiación directa durante los años de las pruebas en Semipalatinsk sigue siendo clasificada. Según Bulezhenov, en los años sesenta, se organizó una expedición médica, pero “los resultados del estudio siguen clasificados hasta hoy”. Los datos oficiales apuntan a un millón de personas expuestas a la radiación a lo largo de cuarenta años.

Noticias ONU/Nargiz Shekinskaya
Amir Kairanov narra los recuerdos de su abuelo sobre la explosión de una bomba de hidrógeno.

Limpieza del terreno

Cuando se cerró el sitio de prueba, Kazajistán se enfrentó a la pregunta de cómo descontaminar la tierra y qué hacer con el complejo militar-industrial de Semipalatinsk. Para resolver éste y otros problemas, se fundó el Centro Nacional Nuclear en la ciudad de Kurchatov. Los empleados del Centro realizan investigaciones y cultivan la tierra arando de tal manera que la capa superior del suelo contaminado termine en el fondo, y la tierra no contaminada, en la superficie.

Combatir la proliferación nuclear es una prioridad de Kazajistán, un país que vivió directamente el impacto de las pruebas nucleares y renunció voluntariamente al arsenal nuclear. También fue uno de los primeros Estados en unirse al Tratado de No Proliferación y al Tratado de Prohibición de Armas Nucleares

Kazajistán, además, fue el promotor en la Asamblea General de la ONU del Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, cuyo propósito es informar sobre las consecuencias de tales pruebas. El 29 de agosto no es sólo la fecha de la primera prueba en el sitio de prueba Semipalatinsk, sino que fue cuando, en 1991, el presidente Nursultan Nazarbayev firmó el decreto para cerrar sitio también conocido como el Polígono.

UN News/Nargiz Shekinskaya
En Kurchatov, Kazakhstán, el Centro Nacional Nuclear fue creado para realizar investigaciones sobre pruebas nucleares.

Secretario General

En su mensaje para la jornada, el Secretario General de la ONU dijo que este Día conmemora a todas las víctimas de los ensayos nucleares, dondequiera que éstos se hayan realizado. “Las comunidades afectadas aún no se han recuperado completamente de los daños ambientales, sanitarios y económicos. Para rendir homenaje a esas víctimas es necesario poner fin a los ensayos nucleares de forma permanente”, enfatizó António Guterres.

“El legado de los ensayos nucleares no es más que destrucción. El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares es vital para garantizar que no haya más víctimas y también es esencial para promover el desarme nuclear”, aseveró.

Guterres llamó una vez más a todos los Estados que aún no lo han hecho a firmar y ratificar el Tratado, “en particular aquellos cuya ratificación es necesaria para que el Tratado entre en vigor”.

“En un mundo donde las tensiones y las divisiones van en aumento, nuestra seguridad colectiva depende de ello”, puntualizó.

El Día Internacional contra los Ensayos Nucleares empezó a marcarse en 2010 luego de que la Asamblea General así lo estableciera en una resolución adoptada en 2009.


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Satisfacción ONU por vértice desnuclearización USA-Corea Norte

Guterres aplaude el encuentro Estados Unidos-Corea del Norte en favor de la desnuclearización

Casa Blanca//Shealah Craighead
El presidente estadounidense se encuentra con el líder de la República Democrática Popular de Corea en la zona desmilitarizada que la separa de Corea del Sur.

1 Julio 2019

El Secretario General de las Naciones Unidas expresó su satisfacción por la reunión celebrada este domingo entre el presidente de la República Popular de Corea, Kim Jong Un, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, donde acordaron el reinicio de las reuniones de trabajo sobre el proceso de desnuclearización del país asiático que mantiene enfrentado a ambos países.

En un comunicado emitido este domingo, António Guterres manifestó su pleno apoyo a los “continuos esfuerzos de las partes por entablar nuevas vías en pro de la paz y la seguridad sostenibles y la desnuclearización completa y verificable de la península de Corea.

Según informaciones de prensa, el presidente estadounidense y su homólogo norcoreano se reunieron este domingo en la zona desmilitarizada que separa a Corea del Norte de Corea del Sur y posteriormente se dirigieron a territorio norcoreano por un breve espacio de tiempo. De este modo, Donald Trump se convirtió en el primer mandatario estadounidense en pisar territorio norcoreano

De acuerdo a las mismas fuentes, los diálogos entre ambas partes se reanudarían “dentro de unas dos o tres semanas”.

El encuentro tuvo lugar tras la invitación que lanzó Trump a Kim Jong Un al finalizar sus reuniones en la Cumbre del G-20, que tuvo lugar en la ciudad japonesa de Osaka durante el 28 y 29 de junio.

Las conversaciones bilaterales estaban atascadas tras finalizar sin ningún acuerdo la Cumbre sobre desnuclearización celebrada entre ambos mandatarios en la ciudad vietnamita de Hanoi el pasado 27 de febrero.

Las negociaciones entre ambos países para la desnuclearización de la península de Corea se iniciaron en Singapur en junio del año pasado, donde los dos mandatarios firmaron una declaración conjunta en favor de ese proceso.

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La catástrofe de Chernobyl hace 33 años.

Chernobyl archivoChernobyl archivo 

33 aniversario de la explosión de Chernobyl un desastre humano y ecológico

Hoy hace 33 años la explosión de Chernobyl, en la entonces Unión Soviética, sacudía al mundo entero. En el considerado el peor accidente industrial y medioambiental de la historia. La explosión del reactor nuclear, ocurrida un 26 de abril de 1986, causó la muerte instantánea de 50 personas, pero miles de habitantes del este de Europa están desde entonces afectados de cánceres causados por exposición a la radiación

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de nueve mil personas en todo el mundo morirán, eventualmente, de cánceres causados por la radiación de Chernobyl.

Según Nacho Narváez, de PastoralSJ, ese día, sacudió la explosión a los “50 mil habitantes de Prípiat, construida en 1970, nació junto a la central nuclear ‘Lenin’ para albergar a los constructores, trabajadores e ingenieros de ésta. Era una ciudad joven: la edad media era de 26 años. La natalidad era altísima, casi 1000 niños nacían cada año. La ciudad contaba entonces con un cine, un hotel, gimnasios, piscinas y varios restaurantes, un verdadero lujo para cualquier ciudad soviética de la época. Todo limpio, ordenado, moderno, joven, eficiente. La central nuclear y la ciudad: un éxito socialista”.

Esa noche, fueron sacudidos todos por el reactor número 4 de la central nuclear, que saltaba por los aires. “La radiación equivalente a 500 bombas de Hiroshima estaba convirtiendo el aire en puro veneno. A la 1:24 de la madrugada lo que pretendía ser una sencilla prueba de seguridad provocó una explosión que destapó la cubierta de uno de los reactores de la central. Pocos minutos después comenzaron a llegar bomberos de toda la región para frenar el desastre. Había que intentar parar el fuego para que el reactor nº 3 no estallara también. Horas después consiguieron apagar el fuego. Algunos bomberos comentaban extrañados que «el aire sabía a metal». Muchos murieron días después. El resto falleció a lo largo de dos semanas debido a las enormes dosis de radiación recibidas. Las entonces autoridades soviéticas, tardaron 36 horas en evacuar a la población de Prípiat. Hasta tres días y medio duró la evacuación. Mientras tanto, la población recibía dosis de radiación tremendamente elevadas.

“Seguidamente, el gobierno de la URSS convocó a miles de personas para ayudar a paliar las consecuencias del accidente. Fueron 600.000 personas. Los llamaron ‘liquidadores’.  Esa multitud estaba en su mayoría compuesta de soldados, pero también había muchísimos voluntarios: médicos, trabajadores, científicos, campesinos, mineros –miles–, estudiantes, policías, etc. Muchos de ellos iban con la esperanza de recibir alguna compensación económica o laboral. Otros, la gran mayoría, llegaron desde toda la Unión Soviética con el único objetivo de salvar a su país de la catástrofe nuclear. Aseguraron el edificio del reactor 4, limpiaron el área de basura radiactiva y construyeron el sarcófago que aún cubre gran parte de la central. Realizaron un trabajo mortal: hoy día se discute el número de víctimas, pero se calcula que de las 600.000 personas antes mencionadas, 60.000 murieron, mientras que 160.000 quedaron inválidas para siempre”.

Juan Pablo II:  el cierre de Chernobyl «un signo de esperanza»

Catorce años después de ese desastre humano y ecológico, el gobierno ucraniano decidió cerrar la central, en virtud de los compromisos internacionales asumidos en conformidad con el Memorándum de Ottawa en 1995. Con este motivo, San Juan Pablo II envió un mensaje al presidente de Ucrania, Leonid Kuchma, en donde le escribió que es “alentador que su país haya dado un paso significativo hacia la paz, ofreciendo así a sus conciudadanos del mundo entero un signo de esperanza para un mundo más seguro y fraterno”.

Según Zenit, Se han atribuido 3,4 millones de muertes desde 1986 a las radiaciones, aunque es casi imposible de calcular el número real de víctimas, pues hay que considerar las «muertes invisibles», dijo en Roma el día de la noticia, la embajadora de Ucrania ante la Santa Sede, Nina Kovalska. «Decenas de miles de personas han caído enfermas tras los efectos de las radiaciones –añadió–. En el caso de los adultos, se han establecido estas consecuencias, pero después los niños han sufrido las consecuencias. En Ucrania se experimenta una elevada mortalidad infantil».

El Papa Francisco en el Viernes Santo del pasado año dijo que «a pesar de todas las miserias, las injusticias y la monstruosidad existentes sobre la tierra, en Jesús se ha inaugurado ya el orden definitivo del mundo».  Como dijo Naváez, la imagen de los ‘liquidadores’, con su escasa protección, luchando sin descanso contra la radiación en un acto casi suicida nos recuerda que, 2000 años después, el amor y la vida siguen siendo mucho más fuertes que la muerte.


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Posibilidad de una guerra nuclear?Perspectivas cada vez más preocupantes.

La perspectiva de una guerra nuclear es la “más alta en generaciones”

ONU//Rick Bajornas
Vista de la escultura de San Jorge derrotanto al diablo expuesta en la sede de las Naciones Unidas y que fue un regalo de la Unión Soviética. El dragón está fabricado con restos de misiles soviéticos y estadounidenses destruidos bajo un acuerdo alcanzado en 1987.

2 Abril 2019

El uso de armas nucleares, ya sea intencionalmente, por accidente o por error de cálculo, es una de las mayores amenazas actuales para la paz y la seguridad internacionales. Las posibles consecuencias de una guerra nuclear serían globales y afectarán a todos los Estados. La revisión del Tratado de No Proliferación es una oportunidad de oro para garantizar una seguridad colectiva.

En un mundo definido más por la competencia que por la cooperación y por la adquisición de armas más que por la diplomacia, la amenaza del uso del arma nuclear es “la más alta de lo que ha habido en generaciones”, advirtió este martes la alta representante para Asuntos de Desarme al Consejo de Seguridad.

Durante una reunión en apoyo al Tratado de No Proliferación, Izumi Nakamitsu explicó que el uso de armas nucleares, “ya sea intencionalmente, por accidente o por error de cálculo”, es una de las mayores amenazas actuales para la paz y la seguridad internacionales.

Añadió que “las posibles consecuencias de una guerra nuclear serían globales y afectarían a todos los Estados”.

El Tratado de No Proliferación (TNP), que entró en vigor en 1970 y será sometido a una revisión histórica durante una Conferencia que se celebrará en 2020, representa el único compromiso multilateral y vinculante con el desarme de los Estados que oficialmente almacenan armas nucleares.

Su objetivo es prevenir la propagación de las armas nucleares, fomentar la cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear y promover el desarme en general y el nuclear, en particular.

Según Nakamitsu, el Tratado es ampliamente reconocido como “la piedra angular del régimen internacional de no proliferación y el fundamento esencial del desarme nuclear”. Su papel como “pilar de nuestra seguridad colectiva es también un hecho aceptado “.

Del desarme a una peligrosa retórica

La encargada de la ONU para asuntos de desarme describió los dos pilares del Tratado, el desarme y la no proliferación, como “dos caras de la misma moneda” y agregó que “el retroceso en uno dará como resultado el retroceso en el otro”.

Desafortunadamente, Nakamitsu citó varias amenazas a ese Tratado al comentar que existe una “retórica peligrosa” sobre el uso de armas nucleares. También comentó que existe una mayor dependencia de las bombas atómicas en las doctrinas de seguridad y que se han emprendido programas de modernización para hacer que las armas nucleares sean más rápidas, sigilosas y precisas.

La continuidad del TNP, que tiene una vigencia de casi medio siglo, no se puede dar por sentada y actualmente no hay ninguna reglamentación que reemplace el marco de desarme y control de armas que ha sido fundamental para la era posterior a la Guerra Fría.

Como el Tratado está bajo un mayor cuestionamiento un importante debate , la próxima Conferencia de Revisión en 2020 será un “momento decisivo”, según la alta representante que indicó que la reunión puede, o bien resaltar las divisiones entre los Estados y plantear preguntas sobre su disposición a buscar la seguridad colectiva, o presentar “una oportunidad de oro”para obtener unos beneficios prácticos que aseguren la continuidad del Tratado.

Mayor cantidad de material nuclear en circulación

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Yukiya Amano, también informó al Consejo de Seguridad, recordando a los miembros el papel que desempeña ese organismo en la implementación del TNP y en la creación de un ambiente “propicio para la cooperación nuclear”.

También en cómo ayudar a los países en desarrollo a utilizar la energía nuclear con fines pacíficos.

Sin embargo, Amano dijo que el OIEA se enfrenta a varios desafíos, entre ellos el aumento constante de la cantidad de material nuclear en circulación, el número de instalaciones nucleares bajo las salvaguardias del OIEA (el sistema de inspección y verificación de los usos pacíficos de los materiales nucleares), y la continua presión sobre el presupuesto de la Agencia.

Amano informó al Consejo de que la supervisión de los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, conocida oficialmente como la República Popular Democrática de Corea, se encuentra entre los principales temas de la agenda del OIEA.

Sobre Irán, señaló que está cumpliendo sus compromisos bajo el Plan Integral de Acción Conjunto, que cuentea con el respaldo de la ONU y cuyo futuro ha sido puesto en duda por la decisión de la administración de los Estados Unidos de retirarse del acuerdo.

Después de 2009, declaró, no ha habido “indicaciones creíbles” de que Irán lleve a cabo actividades que sean relevantes para el desarrollo de un dispositivo explosivo nuclear.

En cuanto a Corea del Norte, dijo que su programa nuclear se ha expandido significativamente durante la última década, realizando pruebas nucleares en cinco ocasiones distintas desde 2009, aunque desde hace poco no ha llevado a cabo ninguno.

Destacó que, sin inspectores dentro del país, el OIEA monitorea la situación utilizando herramientas como información de código abierto e imágenes satelitales.

El Consejo de Seguridad reafirma su apoyo al Tratado

En una declaración emitida después de la reunión, el Consejo de Seguridad reafirmó al Tratado de No Proliferación y el compromiso de avanzar en sus metas.

El Consejo señaló que sigue siendo “la piedra angular del régimen de no proliferación nuclear y el fundamento en la búsqueda del desarme nuclear y los usos pacíficos de la energía nuclear “.

Los miembros del Consejo acordaron que la Conferencia de Revisión del TNP de 2020 brindará una oportunidad para reafirmar inequívocamente el compromiso con el Tratado, una conmemoración de sus logros históricos y el fortalecimiento del régimen de desarme nuclear y no proliferación.


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Energía nuclear hoy en el mundo. Fuente ONU

Energía atómica

Foto OIEA
Material radiactivo

La ONU y la era nuclear nacieron casi simultáneamente. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial culminaron en las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, lo que puso de relieve la necesidad de abordar el problema nuclear. Ya en su primera resolución, la Asamblea General estableció la Comisión de Energía Atómica de las Naciones Unidas con el objetivo de tratar los problemas surgidos a raíz del descubrimiento de la energía nuclear. Elemblemático discurso «Átomos para la Paz», pronunciado por el Presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower en 1953, condujo a la creación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en 1957.

 

Organismo Internacional de Energía Atómica

El Organismo Internacional de Energía Atómica trabaja junto a sus Estados Miembros y diferentes asociados de todo el mundo para impulsar un uso seguro y pacífico de las tecnologías nucleares. La relación del OIEA con las Naciones Unidas encuentra su guía en un acuerdo que ambas partes firmaron en 1957 (INFCIRC/11). En él se estipula que «el Organismo se compromete a realizar sus actividades con arreglo a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas para impulsar la paz y la cooperación internacional, en conformidad con las políticas de las Naciones Unidas para profundizar en el establecimiento de un desarme controlado a nivel mundial y en conformidad con todo acuerdo internacional concertado en aplicación de dicha política».

La energía nuclear en cifras

A diciembre de 2018, 30 países generan energía eléctrica mediante 454 reactores nucleares y hay 54 centrales nucleares en construcción. Las centrales nucleares generaron el 10,9 % de la producción eléctrica mundial en el año 2012. En 2014, 13 países dependieron de la energía nuclear para generar, al menos, la cuarta parte de toda su electricidad.

Reactores de energía nuclear en todo el mundoSeguridad Nuclear

La seguridad nuclear es responsabilidad de toda nación que emplea tecnología nuclear. El OIEA, mediante el Departamento de Seguridad Nuclear, trabaja para proporcionar un marco de seguridad fuerte, sostenible y visible centrado en la protección de las personas, sociedades y el medio ambiente. Dicho marco proporciona un desarrollo y una aplicación armonizada de las normas, orientaciones y requisitos de seguridad y protección, aunque carece del mandato para hacer cumplir las normas de seguridad dentro de un país.

Chernóbil

En 1986, el accidente de la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, fue el resultado de un diseño defectuoso del reactor en el que trabajaba personal que no estaba debidamente cualificado.

Durante los cuatro años posteriores a ese accidente, las autoridades soviéticas decidieron enfrentarse a las consecuencias de la explosión a un nivel principalmente nacional. Sin contar con apoyo soviético, las Naciones Unidas y sus asociados buscaron formas de proporcionar ayuda de emergencia, las cuales incluían una evaluación de la seguridad nuclear y de las condiciones medioambientales de la zona contaminada, y un diagnóstico de los diferentes problemas médicos derivados del accidente.

Después del accidente en 1986 de la central nuclear de Chernóbil, se intensificó la cooperación internacional en el ámbito de la seguridad nuclear: se desarrollaron y adoptaron cuatro convenciones internacionales de seguridad, dos Códigos de Conducta, unos principios fundamentales de seguridad y una serie de Normas de Seguridad del OIEA reconocidas a nivel mundial. Las Normas de Seguridad del OIEA reflejan un consenso internacional en el que se establece qué es un nivel alto de protección para las personas y el medio ambiente contra los efectos nocivos de la radiación ionizante.

Fukushima

En marzo de 2011, la central nuclear Fukushima sufrió graves daños debido a un fallo en el equipamiento tras el gran terremoto en el Japón oriental de magnitud 9,0 y el posterior sunami. Fue el mayor accidente nuclear a nivel civil desde el accidente de Chernóbil en 1986. La central dañada vertió material nuclear y decenas de miles de personas tuvieron que ser evacuadas. Se activó de inmediato y a pleno rendimiento el Centro de Respuesta a Incidentes y Emergencias de la OIEA, que reunió a un equipo de expertos en seguridad nuclear, en respuesta de emergencia y en protección radiológica. El Centro recogió y analizó datos e informó con regularidad a los Estados Miembros de la OIEA, a las organizaciones internacionales, a los medios de comunicación y al público en general.

Tres meses después, la OIEA convocó una Conferencia Ministerial sobre Seguridad Nuclear. Se allanó así el camino para conseguir un apoyo unánime al Plan de Acción sobre Seguridad Nuclear de la OIEA, redactado por los Estados Miembros de la OIEA en septiembre de 2011, y que ha fomentado desde entonces la colaboración internacional para mejorar la seguridad nuclear a nivel mundial.

Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP)

En el marco del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) de 1968, la OIEA lleva a cabo inspecciones in situ para garantizar que los materiales nucleares se usan únicamente con fines pacíficos. Antes de la guerra de Iraq de 2003, los inspectores tuvieron un papel clave en el descubrimiento y eliminación de los programas de armas prohibidas y capacidades de Iraq. En 2005, la organización y su Director General, Mohamed El Baradei, recibieron el Premio Nobel de la Paz «por sus esfuerzos para evitar que la energía nuclear se utilice con fines militares y para asegurar que la energía nuclear con fines pacíficos se emplee de la manera más segura posible».

Click on the image to read how the IAEA Will Contribute to the Sustainable Development Goals

Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas

La Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas, el único foro de negociación multilateral sobre desarme, elaboró el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, que se adoptó en 1996. La Oficina de Asuntos de Desarme impulsa el desarme nuclear y la no proliferación. La Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos creó los Principios Pertinentes a la Utilización de Fuentes de Energía Nuclear en el Espacio Ultraterrestre en 1992. El Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas informa sobre los niveles y los efectos de la exposición a la radiación ionizante, con lo que suministra la base científica para las normas de seguridad y protección de todo el mundo.

Terrorismo nuclear

Para tratar el peligro que supone el terrorismo nuclear, las Naciones Unidas elaboraron la Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares (Viena, 1980), así como el Convenio Internacional para la Represión de los Actos de Terrorismo Nuclear (2005).

Zonas Libres de Armas Nucleares

El establecimiento de Zonas Libres de Armas Nucleares (ZLAN) es un enfoque regional para reforzar la no proliferación nuclear y las normas de desarme a nivel mundial, así como para consolidar los esfuerzos internacionales para conseguir paz y seguridad. El artículo VII del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) estipula que «ninguna disposición de este Tratado menoscabará el derecho de cualquier grupo de Estados a concertar tratados regionales a fin de asegurar la ausencia total de armas nucleares en sus respectivos territorios».

Tratados relacionados con las zonas libres de armas nucleares

Los siguientes tratados son la base para los ZLAN ya existentes:

Acuerdos bilaterales y multilaterales sobre el desarme nuclear y la regulación de armamento

Recursos

 


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ONU: el programa nuclear de Irán en el Cons. de Seguridad. División de opiniones.

El Consejo de Seguridad, dividido con respecto al acuerdo sobre el programa nuclear de Irán

Foto ONU/Manuel Elias
El Consejo de Seguridad de la ONU celebró una sesión de alto nivel sobre no proliferación de armas de destrucción masiva.

26 Septiembre 2018

El Consejo de Seguridad celebró este miércoles una sesión de alto nivel que reveló la profundidad de la brecha entre las posiciones de los Estados miembros en cuanto al acuerdo internacional con Irán sobre su programa nuclear.

La reunión sobre no proliferación de armas de destrucción masiva fue presidida por el mandatario estadounidense, Donald Trump, quien urgió a los otros miembros del Consejo a trabajar con Estados Unidos para evitar que Irán llegue a poseer una bomba nuclear, pronunciándose por reinstaurar las sanciones al gobierno iraní debido a la conducta “maligna” de ese país, al que acusó de patrocinar el terrorismo y alimentar los conflictos en Medio Oriente.

Los otros miembros permanentes del órgano de seguridad -Francia, China, el Reino Unido y Rusia-, en cambio, manifestaron su apoyo al acuerdo internacional y afirmaron que se trata de la mejor herramienta para garantizar que el programa nuclear iraní no tenga fines balísticos.

El gobierno de Trump abandonó el pacto firmado con Irán en 2015, que levantó las sanciones a cambio de que este país adoptara medidas que demostraran que no estaba desarrollando armas nucleares.

“Este horrible acuerdo unilateral permitió a Irán seguir adelante para obtener una bomba [nuclear] y le dio al régimen dinero que le sirvió de salvavidas cuando más lo necesitaba. Estaba en problemas grandes, grandes. Necesitaba dinero y se lo dimos”, apuntó.

Agregó que el gobierno iraní usó esos recursos para aumentar sus agresiones, apoyar el terrorismo, construir misiles y fomentar el caos.

Nuevas sanciones

Trump anunció que buscará imponer nuevas sanciones y advirtió que éstas serían “más duras que nunca”, además de asegurar que cualquier individuo o entidad que no las cumpla enfrentará “graves consecuencias”.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, fue el segundo orador de la sesión, que contó con la presencia de jefes y subjefes de Estado y de Gobierno, cancilleres y el Secretario General de la ONU, quien estuvo en calidad de observador.

Macron recordó que el acuerdo con Irán fue respaldado por los miembros del Consejo de Seguridad en 2015 y sostuvo que, pese a la reimposición de sanciones por parte de Estados Unidos, Irán continúa respetando sus obligaciones.

Si bien el acuerdo está funcionando, añadió, no se puede mantener indefinidamente.

“Considero que juntos debemos elaborar una estrategia de largo plazo para gestionar esta crisis, que no se puede reducir a una política de sanciones y contención”, dijo.

El mandatario galo afirmó que el régimen de no proliferación es la columna vertebral del sistema de seguridad colectivo y alertó que para seguir siéndolo precisa de la responsabilidad y unidad de los integrantes del Consejo de Seguridad.

Control de los recursos naturales

Evo Morales, presidente de Bolivia, sostuvo que Estados Unidos asedia a Irán porque éste ha retomado el control de sus recursos naturales y recordó la política estadounidense hacia Medio Oriente, una región rica en recursos que ha sido víctima de “tres de las más grandes agresiones del siglo XXI”.

“La primera agresión es la ilegal invasión a Iraq, basada en una mentira: que ese país poseía armas de destrucción masiva. Esa invasión produjo más de un millón de muertos”, acotó.

La segunda fue el derrocamiento de Libia con excusas humanitarias y la tercera es la guerra civil en Siria, producto de la injerencia externa y el financiamiento de grupos armados y terroristas enfrentados al gobierno sirio, continuó Morales.

Según el boliviano, la motivación de Estados Unidos no es la democracia, la justicia ni el respeto a los derechos humanos, sino su afán por el control geopolítico y la apropiación de los recursos naturales.

El ministro del Exterior de China, Wang Yi, se refirió al acuerdo con Irán como viable y pidió seguir adelante con él, reiterando el apoyo de su país a ese plan de acción aprobado por el Consejo de Seguridad.

Sergei Lavrov, canciller de Rusia, respaldó el acuerdo e indicó que la retirada unilateral de Estados Unidos supone una amenaza a la no proliferación, advirtiendo que no mantenerlo aumentaría las tensiones en Medio Oriente.

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