Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Paraguay: el Papa en un hospital infantil.

El Papa abrazó a los muchachos del hospital “Niños de Acosta Ñú”

2015-07-11 Radio Vaticana

(RV).- Emocionantes y tiernos los momentos que se vivieron este sábado en el hospital pediátrico “Niños de Acosta Ñú”, de la capital paraguaya, donde el Santo Padre Francisco saludó a los pequeños que viven allí, a sus familiares y a los miembros de personal. En el discurso, que había preparado con anterioridad y que fue entregado a los presentes, el Santo Padre les explicaba lo importante que son para Jesús los niños, por su alegría, confianza, fortaleza y su capacidad de aguante, “Son unos luchadores. Y cuanto uno tiene semejantes «guerreros» adelante, se siente orgulloso”.

A los familiares de los pequeños enfermos les aseguró que le alegra saber que se ayudan entre ellos, “saber que entre ustedes familias, se ayudan, estimulan, «palanquean» para salir adelante y atravesar este momento”.

(MZ-RV)

Discurso escrito del Papa entregado en el Hospital pediátrico:

Gracias por el recibimiento tan cálido con el que me han recibido. Gracias por este tiempo que me permiten estar con ustedes.

Queridos niños, quiero hacerles una pregunta, a ver si me ayudan. Me han dicho que son muy inteligentes, por eso me animo. ¿Jesús se enojó alguna vez?, ¿se acuerdan cuándo?. Sé que es una pregunta difícil, así que los voy a ayudar. Fue cuando no dejaron que los niños se acercaran a Él. Es la única vez en todo el evangelio de Marcos que usó esta expresión (10,13-15) Algo parecido a nuestra expresión: se llenó de bronca. ¿Alguna vez se enojaron? Bueno, de esa misma manera se puso Jesús, cuando no lo dejaron estar cerca de los niños, cerca de ustedes. Le vino mucha rabia. Los niños están dentro de los predilectos de Jesús. No es que no quiera a los grandes, pero se sentía feliz cuando podía estar con ellos. Disfrutaba mucho de su amistad y compañía. Pero no solo, quería tenerlos cerca, sino que aún más. Los ponía como ejemplo. Le dijo a los discípulos que si «no se hacen como niños, no podrán entrar en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3)

Los niños estaban alejados, los grandes no los dejaban acercarse, pero Jesús, los llamó, los abrazó y los puso en el medio para que todos aprendieramos a ser como ellos. Hoy nos diría lo mismo a nosotros. Nos mira y dice, aprendan de ellos.

Debemos aprender de ustedes, de su confianza, alegría, ternura. De su capacidad de lucha, de su fortaleza. De su incomparable capacidad de aguante. Son unos luchadores. Y cuanto uno tiene semejantes «guerreros» adelante, se siente orgulloso. ¿Verdad mamás? ¿Verdad padres y abuelos? Verlos a ustedes, nos da fuerza, nos da ánimo para tener confianza, para seguir adelante.

Mamás, papás, abuelos sé que no es nada fácil estar acá. Hay momentos de mucho dolor, incertidumbre. Hay momentos de una angustia fuerte que oprime el corazón y hay momentos de gran alegría. Los dos sentimientos conviven, están en nosotros. Pero no hay mejor remedio que la ternura de ustedes, que su cercanía. Y me alegra saber que entre ustedes familias, se ayudan, estimulan, «palanquean» para salir adelante y atravesar este momento.

Cuentan con el apoyo de los médicos, los enfermeros y de todo el personal de esta casa. Gracias por esta vocación de servicio, de ayudar no solo a curar sino a acompañar el dolor de sus hermanos.

No nos olvidemos, Jesús está cerca de sus hijos. Está bien cerca, en el corazón. No duden en pedirle, no duden en hablar con Él, en compartir sus preguntas, dolores. Él esta siempre, pero siempre, y no los dejará caer.

Y de algo estamos seguros y una vez más lo confirmo. Donde hay un hijo está la madre. Donde está Jesús está María, la Virgen de Caacupe. Pidamosle a ella, que los proteja con su manto, que interceda por ustedes y por su familias.

Y no se olviden, de rezar por mí. Estoy seguro que sus oraciones, llegan al cielo.


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La misa del Papa en Guayaquil (Ecuador)

“María es madre”, hizo repetir el Papa a miles de fieles en Guayaquil

2015-07-06 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco durante su homilía de la Santa Misa dedicada a la familia, en el Parque de Los Samanes de Guayaquil, reflexionó sobre la importancia que tiene el rezar con nuestro familiares, “la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente cercano el amor de Dios”.

Ante un recinto completamente lleno de fieles entusiasmados, el Santo Padre profundizó sobre el significado del pasaje del Evangelio de Juan que habla de las bodas de Caná, y honró el hecho de que la Virgen María le dijera a Jesús que ya no tenían más vino para la celebración, es decir, se preocupó por la organización del evento, y así añadió Francisco “No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace ‘ser hacia’ los otros”. “María es simplemente madre”, dijo, “María es madre, “María es madre”, hizo repetir a los presentes.

El Pontífice invitó a pensar que en esta ocasión el vino sería como una metáfora de diferentes situaciones de nuestra vida cotidiana como puede ser el estar enfermo, tener problemas con la familia, la falta de trabajo, etc. Por esto aseguró que “Rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, en sus zapatos” y añadió que la familia es una escuela donde se nos recuerda que nuestro prójimo vive bajo el mismo techo y comparte nuestra vida.

Así, el Papa Bergoglio recordó que en pocos meses la Iglesia celebra el Sínodo Ordinario de los Obispos que estará dedicado a la familia y a encontrar soluciones de los desafíos con los que encuentra la sociedad de hoy.

El Papa terminó animando a los más necesitados, “el mejor vino está por venir para cada persona que se arriesga al amor (…) Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino”, y esto insiste se lo debemos susurrar a los desesperados o a los desenamorados.

(MZ-RV)

Texto completo de la homilía del Papa en la Misa por las familias

El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el primer signo portentoso que se realiza en la narración del Evangelio de Juan. La preocupación de María, convertida en súplica a Jesús: «No tienen vino» – le dijo –  y la referencia a «la hora» se comprenderá después, en los relatos de la Pasión.

Y está bien que sea así, porque eso nos permite ver el afán de Jesús por enseñar, acompañar, sanar y alegrar desde ese clamor de su madre: «No tienen vino».

Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, en amores fecundos, en amores alegres. Demos un lugar a María, «la madre» como lo dice el evangelista. Y hagamos con ella ahora el itinerario de Caná.

María está atenta, está atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros. Tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar la mala preparación de las bodas. Y como está atenta, con su discreción, se da cuenta de que falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. También la carencia de ese vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, de las enfermedades, situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan. María no es una madre «reclamadora», tampoco es una suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, de nuestros errores o desatenciones. ¡María, simplemente, es madre!: Ahí está, atenta y solícita. ¡Es lindo escuchar esto! ¡María es madre! ¿Se animan a decirlo todos juntos conmigo? ¡Vamos! ¡María es madre! ¡Otra vez! ¡María es madre! ¡Otra vez! ¡María es madre!

Pero María, en ese momento que se percata que falta el vino, acude con confianza a Jesús: esto significa que María reza. Va a Jesús, reza. No va al mayordomo; directamente le presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: “¿Y qué podemos hacer tú y yo?” Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). Pero, entre tanto, ya ha dejado el problema en las manos de Dios. Su apuro por las necesidades de los demás apresura la «hora» de Jesús. Y María es parte de esa hora, desde el pesebre a la cruz. Ella que supo «transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» (Evangelii gaudium, 286) y nos recibió como hijos cuando una espada le atravesaba el corazón a su hijo. Ella nos enseña a dejar nuestras familias en manos de Dios; nos enseña a rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios.

Y rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, a ponernos en sus zapatos. La familia es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: que vive bajo el mismo techo, que comparte la vida y está necesitado.

Y finalmente, María actúa. Las palabras «Hagan lo que Él les diga» (v. 5), dirigidas a los que servían, son una invitación también a nosotros, a ponernos a disposición de Jesús, que vino a servir y no a ser servido. El servicio es el criterio del verdadero amor. El que ama sirve, se pone al servicio de los demás. Y esto se aprende especialmente en la familia, donde nos hacemos por amor servidores unos de otros. En el seno de la familia, nadie es descartado; todos valen lo mismo.

Me acuerdo que una vez a mi mamá le preguntaron a cuál de sus cinco hijos – nosotros somos cinco hermanos – a cuál de sus cinco hijos quería más. Y ella dijo: como los dedos, si me pinchan éste me duele lo mismo que si me pinchan éste. Una madre quiere a sus hijos como son. Y en una familia los hermanos se quieren como son. Nadie es descartado.

Allí en la familia «se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir “gracias” como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y allí se aprende también a pedir perdón cuando hacemos algún daño, cuando nos peleamos. Porque en toda familia hay peleas. El problema es después pedir perdón. Estos pequeños gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de la vida compartida y del respeto a lo que nos rodea» (Laudato si’, 213). La familia es el hospital más cercano, cuando uno está enfermo lo cuidan ahí mientras se puede. La familia es la primera escuela de los niños, es el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, es el mejor asilo para los ancianos. La familia constituye la gran «riqueza social», que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a sus los ciudadanos. En efecto, estos servicios que la sociedad presta a los ciudadanos no son una forma de limosna, sino una verdadera «deuda social» respecto a la institución familiar, que es la base y la que tanto aporta al bien común de todos.

La familia también forma una pequeña Iglesia, la llamamos «Iglesia doméstica» que, junto con la vida, encauza la ternura y la misericordia divina. En la familia la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente más cercano el amor de Dios.

Y en la familia, y de esto todos somos testigos, los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano… y muchas veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que «debería ser». Hay un detalle que nos tiene que hacer pensar: el vino nuevo, ese vino tan bueno que dice el mayordomo en las bodas de Caná nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado… Nacen de lo ‘peorcito’ porque «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). Y en la familia de cada uno de nosotros y en la familia común que formamos todos, nada se descarta, nada es inútil. Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar. Los invito a intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro, como el agua de las tinajas nos escandalice o nos espante, Dios –haciéndolo pasar por su «hora»– lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro.

Y toda… y toda esta historia comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir. Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día. El mejor de los vinos está en esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor. Y en la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a amar. Y el mejor de los vinos está por venir, aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario. El mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir, murmúrenselo cada uno en su corazón, el mejor vino está por venir y susúrrenselo a los desesperados o a los desamorados. ‘Tené paciencia, tené esperanza, hacé como María: rezá, actuá, abrí tu corazón, porque el mejor de los vinos va a venir’. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas.

Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga». Hagan lo que Él les diga. Y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de ser  la familia, el gozo de vivir en familia. Que así sea.


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Ban Ki-moon aplaude matrimono homosexual en USA

Ban Ki-moon acogió consideró histórico el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos. Foto de archivo: ONUSIDA

l26 de junio, 2015 — El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, acogió con beneplácito la decisión de hoy de la Corte Suprema de Estados Unidos de reconocer en todo el país el matrimonio homosexual y consideró que se trata de un paso enorme en la arena de los derechos humanos.

El portavoz de la ONU, Farhan Haq afirmó que Ban cree firmemente en la igualdad y dignidad de las personas lesbianas, gays, bisexuales y trangénero.

En este contexto, Ban calificó el fallo como histórico y subrayó que abre el camino para que se reconozcan legalmente las uniones de las lesbianas y gays estadounidenses, independientemente del lugar del país en que vivan.

Agregó que negar a estas parejas el derecho al matrimonio propicia la discriminación generalizada y apuntó que la decisión ayudará a combatir esa inequidad y supondrá un gran avance para los derechos humanos en Estados Unidos.

Con el fallo de la Corte Suprema, los estados ven anulada su potestad para prohibir los matrimonios del mismo sexo, además de que convierten estas uniones en un derecho constitucional.


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Encuentro mundial de las familias sept. 2015 Filadelfia

Presentación del VIII Encuentro Mundial de las Familias

Ciudad del Vaticano, 25 de junio de 2015 (Vis).-Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha tenido lugar la presentación del VIII Encuentro Mundial de las Familias que se celebrará en Filadelfia (Estados Unidos) del 22 al 27 septiembre próximo, sobre el tema: ”El amor es nuestra misión: La familia plenamente viva”. Han intervenido el arzobispo Vincenzo Paglia, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, el arzobispo de Filadelfia, Charles Joseph Chaput, O.F.M. Cap, con el obispo auxiliar John J. McIntyre y los cónyuges Jerry y Lucille Francesco, de la misma arquidiócesis, casados desde hace cincuenta años.

En su intervención el arzobispo Paglia destacó que el Encuentro Mundial de las Familias es una valiosa oportunidad para situarlas en el centro de la Iglesia y de la sociedad civil . ”Es un deber”, subrayó, explicando que el encuentro es sobre y para las familias, que son sus protagonistas y sus principales destinatarias. ”La familia -observó- coedifica la iglesia y sostiene la sociedad. Y en los días de la conferencia, se presentarán los resultados de algunos estudios científicos internacionales que han estudiado su influencia positiva. La familia, incesantemente, pide ayuda y apoyo a toda la comunidad eclesial – y en los próximos días -anunció- voy a escribir a todos los monasterios del mundo para pedir que acompañen con su oración estos días tan importantes- y a la sociedad civil que no puede permanecer indiferente ante tanta belleza y bondad, eficaz y vital”.

Acto seguido el prelado hizo hincapié en el carácter mundial del evento y en el deseo de que sea visto y narrado en todo el mundo porque ”la familia es patrimonio de toda la humanidad, en cualquier latitud, en cualquier cultura y ha sido bendecida por toda religión. Por eso habrá una importante presencia de otras confesiones cristianas y de diversas grandes tradiciones religiosas. Estamos trabajando para contar con la presencia de delegaciones de todo el mundo y especialmente de las iglesias locales más pobres. Filadelfia será una gran fiesta de las familias: en ese espectáculo podremos vislumbrar y tendremos que mostrar la belleza y la posibilidad de que toda la humanidad se convierta en una única familia de pueblos. Es el sueño de la paz, es el sueño de Dios”.

Esa universalidad se reflejará en el acto final del encuentro, como reveló monseñor Paglio, cuando el Papa Francisco, al final de la misa del domingo, 27 de septiembre, entregará el Evangelio de Lucas, ”la buena noticia de la misericordia de Dios, que es Jesús, a las familias de grandes ciudades de los cinco continentes: Kinshasa (África), La Habana (América), Hanói (Asia), Sydney (Australia) y Marsella (Europa). Es un gesto simbólico que anunciará el envío de un millón de copias del libro a esas capitales, Queremos que el Evangelio de la Misericordia se anuncie en las grandes ciudades del mundo, especialmente en los barrios más pobres y periféricos. Queremos proporcionar el alimento del Evangelio a las familias del mundo para construir lazos de amor entre ellas, en la Iglesia y en la sociedad”.

Por su parte el arzobispo de Filadelfia facilitó algunos datos del Encuentro, para el que se prevé la asistencia de un millón de personas y al que ya se han inscrito representantes de más de cien naciones. Hasta la fecha se han registrado 6.100 voluntarios para prestar ayuda de diverso tipo y, los organizadores del evento, cuentan con poner a disposición de los participantes más de 5.000 autobuses y más de 1.600 personas se han adherido al programa ”Da hospitalidad a una familia”.

Para más información y actualización de los eventos unidos al Encuentro: http://www.worldmeeting2015.org/


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Comentario al instrumento de trabajo del próximo Sínodo.

Vaticanocupula

Comentario al instrumento de trabajo para el Sínodo sobre la familia que concluirá en Octubre próximo.

La agencia Vatican Insider publica un comentario sobre el documento presentado esta mañana en el Vaticano.

Véase en el siguiente enlace:

http://vaticaninsider.lastampa.it/es/vaticano/dettagliospain/articolo/sinodo-famiglia-41948/


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Sínodo sobre la familia: presentado el documento de trabajo.

Instrumentum Laboris del Sínodo: Vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo

El Papa Francisco en la Misa para el Sínodo extraordinario sobre la Familia, el 5 de octubre de 2014 – L’Osservatore Romano

23/06/2015 12:52
(RV).- Los desafíos, la vocación y la misión de la familia: son éstas las líneas guía del Intrumentum Laboris del décimo cuarto Sínodo General ordinario sobre la familia que tendrá lugar el próximo octubre en el Vaticano. El documento de trabajo, publicado este martes, presenta enteramente la Relatio Synodi – el texto conclusivo del precedente Sínodo sobre la familia, desarrollado en el 2014 – integrado con la síntesis de las respuestas al cuestionario propuesto, en el curso del año, por la Secretaría sinodal a todas la Iglesias del mundo.

La Relatio Synodi

No se recomienza de cero, y esto es claro: el Intrumentum Laboris, en efecto, presenta integralmente todos los párrafos de la Relatio Synodi del 2014, ampliados gracias a las contribuciones de las Conferencias Episcopales, de las familias, de las universidades y las instituciones académicas. El documento se subdivide en tres partes: la escucha de los desafíos sobre la familia, el discernimiento de la vocación familiar y la misión de la familia hoy.

No a la anulación de la diferencia sexual

Con respecto al primer punto, se sacan a la luz las “contradicciones culturales” de nuestra época en la cual se dice que “la identidad personal y la intimidad afectiva deben afirmarse en una dimensión radicalmente desvinculada de la diversidad biológica entre varón y mujer” o en la cual se quiere reconocer la “titularidad matrimonial” a parejas instituidas independientemente de la diversidad sexual. De aquí, el llamado a una “mejor profundización humana y cultural, no sólo biológica, de la diferencia entre los sexos” porque su anulación  “es el problema, no la solución”.

Familia, pilar fundamental de la sociedad

El Intrumentum Laboris señala  las “contradicciones sociales” que llevan a la disolución de la familia: guerra, migraciones, pobreza, usura, cultura del descarte, coyuntura económica “desfavorable y ambigua”, mientras las instituciones son incapaces de sostener a los núcleos familiares. Las familias, en cambio, “pilares fundamentales e irrenunciables del vivir social”, necesitan de “políticas adecuadas” que tengan en cuenta su “acción compensativa” en relación al bienestar.

Dignidad para los ancianos y personas diversamente hábiles. Pastoral específica para familias migrantes

Por esto, el Instrumentum Laboris resalta la importancia de la familia como instrumento de inclusión, sobre todo de categorías frágiles como los viudos, los ancianos, los discapacitados que deben ser acompañados para hacer frente a “las formas despiadadas de estigma y prejuicio”. Se espera una pastoral específica para las familias en migración porque, sobre todo, donde no hay “auténtica acogida y respeto de los derechos de todos”, se pueden alimentar “fenómenos de fundamentalismo”. Y el drama crece cuando la migración es ilegal, sostenida por “circuitos internacionales de la trata de seres humanos”.

El Instrumentum Laboris se detiene además en el papel de las mujeres y recuerda que en los países en vías de desarrollo, a la explotación y a la violencia se agregan el aborto y esterilizaciones forzadas, entre otros fenómenos, pero espera también una “mayor valorización en la Iglesia”.

El Sacramento del matrimonio es indisoluble

La segunda parte reafirma la indisolubilidad del matrimonio sacramental y, al mismo tiempo, recuerda que la Iglesia debe ‘acompañar’ los momentos de sufrimiento conyugal, con una óptica de misericordia, que no le quita nada a la verdad de la fe. Todos tienen necesidad de dar y de recibir misericordia, se lee luego en la tercera parte, y algunos piden que también la Iglesia demuestre una actitud análoga hacia los que han roto la unión. El Instrumentum recuerda también un punto clave de la Relatio Synodi, es decir, el de los casos de nulidad matrimonial. En lo que se refiere a la gratuidad de los procedimientos de reconocimiento de la misma nulidad, se registra un amplio consenso. Sobre la doble sentencia conforme, hay amplia convergencia sobre su superación, al tiempo que no recibe un consenso unánime la idea de un procedimiento administrativo, bajo la responsabilidad de un Obispo diocesano.

Repensar las formas se exclusión litúrgico-pastorales de los divorciados vueltos a casar

En lo que se refiere, en particular, a los divorciados vueltos a casar se desea una reflexión sobre la oportunidad de dejar caer  las formas de exclusión, que se practican en la actualidad, en ámbito litúrgico-pastoral, educativo y caritativo, porque estos fieles no están fuera de la Iglesia. Sin embargo, se señala que los caminos de integración pastoral deben estar precedidos por un discernimiento oportuno y se deben realizar según una ley de gradualidad, en el respeto de la maduración de las conciencias. Sobre el acceder a la Eucaristía para los divorciados vueltos a casar, el Instrumentum evidencia común acuerdo sobre la hipótesis de un camino penitencial, bajo la responsabilidad de un Obispo. Quedando firme la posición de la Iglesia, contraria al matrimonio entre personas con tendencias homosexuales, se reitera que toda persona, independientemente de su tendencia sexual debe ser respetada en su dignidad y acogida con respeto y delicadeza, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que se desean proyectos pastorales específicos para personas homosexuales y sus familias.

La educación de los hijos se base sobre diferencia sexual

Invitando a valorizar la importancia de la adopción y de la custodia, el documento afirma que la educación de un hijo se debe basar en la diferencia sexual, así como la procreación, porque también ésta se fundamenta en el amor conyugal entre hombre y mujer. El documento culmina recordando el Jubileo extraordinario de la Misericordia, que dará comienzo el 8 de diciembre de 2015, a la luz del cual se coloca el próximo Sínodo. La Asamblea episcopal será del 4 al 25 de octubre, sobe el tema «La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo».


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El noviazgo según Papa Francisco.

El noviazgo es el tiempo en que los novios deben trabajar sobre el amor como artesanos, el Papa en su catequesis

2015-05-27 Radio Vaticana

La Iglesia sabe que el amor no se compra

(RV).- En su catequesis de la audiencia general – celebrada el último miércoles de mayo en la Plaza de San Pedro y ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países – el Papa Francisco, prosiguió sus reflexiones sobre la familia y la vida real, centrándose, en esta ocasión, en el noviazgo, llamado a poner las bases de un proyecto de amor común asumido con plena conciencia.

Hablando en italiano el Santo Padre explicó que la misma palabra “noviazgo”, tiene que ver con la confianza, la confidencia y la fiabilidad. Confidencia con la vocación que Dios da – dijo también Francisco – porque el matrimonio es, ante todo, el descubrimiento de una llamada de Dios.

Tras destacar que es una cosa bella que hoy los jóvenes puedan elegir casarse basándose en el amor recíproco, el Papa afirmó que precisamente la libertad del vínculo requiere una consciente armonía de la decisión, y no sólo una relación basada en la atracción o el sentimiento. Porque como explicó el Obispo de Roma, el matrimonio, como vocación, establece una alianza tan sólida y duradera, que hace de dos vidas una sola, un auténtico milagro de la libertad humana y de la gracia de Dios.

El Papa también recordó que semejante alianza no se improvisa. De ahí que el noviazgo cree las condiciones favorables para que el hombre y la mujer se conozcan a fondo, para que maduren la decisión responsable por algo tan grande, que no se puede comprar ni vender. Mientras la cultura consumista del “usar y tirar” y del “todo y enseguida”, imperante en nuestra sociedad suele tender a convertir el amor en un objeto de consumo, que no puede constituir el fundamento de un compromiso vital.

Por eso Francisco dijo que la Iglesia, en su sabiduría, precisamente para proteger la profundidad del sacramento ha preservado la distinción entre el noviazgo y el matrimonio. Y, de hecho, los cursos prematrimoniales constituyen una expresión de su solicitud por la preparación de los esposos.

El Santo Padre concluyó afirmando que el tiempo del noviazgo puede llegar a ser un tiempo de iniciación a la sorpresa de los dones espirituales con los que el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto de la catequesis del Papa Francisco sobre el noviazgo (con agregados)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuando con estas catequesis sobre la familia, hoy quisiera hablar del noviazgo. El noviazgo tiene que ver con la confianza, la familiaridad, la confiabilidad. Confianza con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es, antes que nada, el descubrimiento de una llamada de Dios.

Ciertamente es algo bello que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco. Pero la libertad del vínculo requiere una armonía consciente de la decisión, no sólo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve… requiere un camino.

El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo bello sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va en profundidad. Se descubre poco a poco el uno al otro, es decir,  el hombre ‘aprende’ acerca de la mujer de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca del hombre de este hombre, su novio. No subestimemos la importancia de este aprendizaje: es un compromiso bello, y el mismo amor lo solicita, porque no es solamente una felicidad despreocupada, una emoción encantada…

La narración bíblica habla de la creación entera como un trabajo bello del amor de Dios; el libro del Génesis dice que: «Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. (Gen 1,31). Solamente al final, Dios ‘descansó’. De esta imagen entendemos que el amor de Dios, que dio origen al mundo, no fue una decisión improvisada. ¡No! Fue un trabajo bello. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a durar.

La alianza de amor entre el hombre y la mujer, alianza para la vida, no se improvisa, no se hace de un día al otro. No existe el matrimonio ‘express’ es necesario trabajar sobre el amor, es necesario caminar. La alianza del amor del hombre y de la mujer se aprende y se refina. Me permito decir que es una alianza artesanal. Hacer de dos vidas una vida sola, es también casi un milagro, un milagro de la libertad y del corazón, confiado a la fe.

Debemos quizá comprometernos más sobre este punto, porque nuestras ‘coordenadas sentimentales’ se han ido confundiendo un poco. Quien pretende querer todo e inmediatamente, después sede también sobre todo – y de inmediato – en la primera dificultad (o en la primera ocasión). No hay esperanza para la confianza y la fidelidad de la donación de sí mismo, si prevalece el hábito a consumir el amor como una especie de ‘suplemento alimenticio’ del bienestar psico-físico. ¡El amor no es esto!

El noviazgo se centra en la voluntad de cuidar juntos algo que nunca deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por más tentadora que pueda ser la propuesta. Pero también Dios, cuando habla de alianza con su pueblo, lo hace algunas veces en términos de noviazgo. El libro de Jeremías, hablando al pueblo que se había alejado de Él, le recuerda cuando el pueblo era la ‘novia’ de Dios y dice así: «Me recuerdo de ti, del afecto de tu juventud, del amor al tiempo de tu noviazgo» (2, 2).

Y Dios ha hecho este recorrido del noviazgo; después hace también una promesa: lo hemos escuchado al inicio de la audiencia, en el libro de Oseas: «Te haré mi esposa para siempre, te haré mi esposa en la justicia y en el derecho, en el amor y en la benevolencia. Te haré mi esposa en la fidelidad y tu conocerás al Señor» (2, 21-22). Es una larga vía la que el Señor recorre con su pueblo en este camino de noviazgo. Al final, Dios se casa con su pueblo en Jesucristo: esposa de Jesús la Iglesia. El Pueblo de Dios es la esposa de Jesús. ¡Pero cuánto camino!

Y ustedes italianos, en su literatura tienen una obra de arte sobre el noviazgo. Es necesario que los jóvenes lo conozcan, que lo lean; es una obra de arte en donde se dice la historia de los novios que han padecido tanto dolor, han recorrido un camino lleno de tantas dificultades hasta llegar al final, al matrimonio. No dejen a un lado esta obra de arte sobre el noviazgo que la literatura italiana les ofrece. Vayan hacia adelante, léanlo y verán la belleza, el sufrimiento, pero también la fidelidad de los novios.

La Iglesia, en su sabiduría, cuida la distinción entre el ser novios y el ser esposos, – no es lo mismo – sobre todo en vista de la delicadeza y profundidad de esta evaluación. Estemos atentos a no despreciar con un corazón ligero esta enseñanza sabia, que se nutre también de la experiencia del amor conyugal felizmente vivido. Los símbolos fuertes del cuerpo conservan las claves del alma: no podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna duradera en el espíritu (1 Cor 6, 15-20).

Es verdad, la cultura y la sociedad de hoy se han vuelto, más bien, indiferentes a la delicadeza y a la seriedad de este paso. Y por otro lado, no se puede decir que sean generosos con los jóvenes que tienen serias intenciones de formar una familia y a ¡traer al mundo hijos! Es más, a menudo ponen mil obstáculos, mentales y prácticos. El noviazgo es un camino de vida que debe madurar como la fruta, es un camino de madurez en el amor, hasta el momento en que se convierte en matrimonio.

Los cursos prematrimoniales son una expresión especial de la preparación. Y nosotros vemos tantas parejas, que quizá llegan al curso un poco ‘sin quererlo’, “pero estos sacerdotes que nos hacen hacer un curso” Pero ¿por qué? ¡No sabemos! Y van a regañadientes. Pero después están contentos y agradecen, porque de hecho han encontrado allí la ocasión – ¡A menudo la única! – para reflexionar sobre su experiencia en términos no banales. Sí, muchas parejas están juntas tanto tiempo, quizá también en la intimidad, a veces conviviendo, pero no se conocen verdaderamente. Parece extraño, pero la experiencia demuestra que es así. Por eso, va revalorizado el noviazgo como tiempo de conocimiento recíproco y de compartir de un proyecto.

El camino de preparación al matrimonio viene configurado en esta perspectiva, valiéndose también del testimonio simple pero intenso de cónyuges cristianos. Y dirigiéndose también a lo esencial: la Biblia, de redescubrir juntos, en forma consciente; la oración en su dimensión litúrgica, pero también en aquella ‘oración doméstica’, para vivir en familia, los sacramentos, la vida sacramental, la Confesión, en la cual el Señor viene a demorar en los novios y los prepara para recibirse verdaderamente el uno al otro ‘con la gracia de Cristo’; y la fraternidad con los pobres, con los necesitados, que nos provocan la sobriedad y el compartir. Los novios que se comprometen en esto crecen los dos y todo esto lleva a preparar una linda celebración del Matrimonio en forma distinta, ¡No mundano sino en modo cristiano!

Pensemos en estas palabras de Dios que hemos escuchado cuando Él habla a su pueblo como el novio a la novia: «Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor» (Os 2, 21-22). Cada pareja de novios piense en esto y diga el uno al otro: “Te haré mi esposa, te haré mi esposa”. Esperaré aquel momento; es un momento, es un recorrido que va lentamente hacia adelante, pero es un camino de maduración. Las etapas del camino no deben ser quemadas. La maduración se hace así, paso a paso.

El tiempo del noviazgo puede convertirse de verdad en un tiempo de iniciación, ¿A qué? A la sorpresa de los dones espirituales con los cuales el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición. Ahora les invito a rezar a la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, José y María. Recen para que la familia realice este camino de preparación; recen por los novios. Recemos a la Virgen todos juntos, un Ave María para todos los novios, para que puedan entender la belleza de este camino hacia el Matrimonio. [Ave María….]. Y a los novios que están en la plaza: “¡Buen camino de noviazgo!”.

(Traducción del italiano de Mercedes De La Torre  – RV).

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