Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Matrimonio y familia en las palabras del Papa a los párrocos.

Sean compañeros de viaje de toda persona y en toda situación con su testimonio y apoyo, el Papa a los párrocos

2017-02-25 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco recibió en audiencia a los participantes en el curso de formación para párrocos, promovido por la Rota Romana, sobre el nuevo proceso matrimonial. El Santo Padre empezó recordándoles que lo que se ha discutido y propuesto en el Sínodo de los Obispos sobre el tema “Matrimonio y familia”, ha sido recibido e integrado de forma orgánica en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, constatando que es bueno que los párrocos, a través de estas iniciativas de estudio, profundicen en aquella materia, porque son sobre todo ellos a aplicarla concretamente en su contacto cotidiano con las familias.

En efecto, el Obispo de Roma notó que en la mayor parte de los casos ellos son los primeros interlocutores: “de los jóvenes que desean formar una nueva familia y unirse con el Sacramento del matrimonio. Ustedes son quienes están cerca de aquellos cónyuges que, a causa de serios problemas en su relación, tienen necesidad de reavivar la fe y volver a descubrir la gracia del Sacramento; y en ciertos casos piden indicaciones para iniciar un proceso de nulidad”.  “Por eso -constató Francisco-  nadie mejor que ustedes conoce y está en contacto con la realidad del tejido social en el territorio, experimentando su variada complejidad: uniones celebradas en Cristo, uniones de hecho, uniones civiles, uniones fracasadas, familias y jóvenes felices e infelices”. El Pontífice instó a los párrocos a ser “compañeros de viaje de toda persona y en toda situación” con su testimonio y apoyo.

Asimismo el Papa le deseó la “premura de testimoniar la gracia del Sacramento del matrimonio y el bien primordial de la familia”, célula vital de la Iglesia y de la sociedad, mediante la proclamación que el matrimonio entre un hombre y una mujer es signo de la unión esponsal entre Cristo y la Iglesia. “Tal testimonio lo realizan concretamente cuando preparan a los novios al matrimonio, haciéndolos conscientes del significado profundo del paso que están por cumplir. No dejen de recordar siempre a los esposos cristianos que en el Sacramento del matrimonio Dios, por así decir, se refleja en ellos, imprimiendo su imagen y el carácter indeleble de su amor”.

Al mismo tiempo, Francisco invitó a los párrocos a estar cerca, con el estilo propio del Evangelio, en el encuentro y en la acogida con aquellos jóvenes que prefieren convivir sin casarse. “Ellos, en el plano espiritual y moral, están entre los pobres y los pequeños, para los que Iglesia, sobre las huellas de su Maestro y Señor, quiere ser madre que no abandona sino que se acerca y por los que se preocupa”. “También estas personas son amadas por el corazón de Cristo. Tengan hacia ellos una mirada de ternura y de compasión,” puntualizó.


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Familia Habsburgo en audiencia con el Papa

2016-11-05 Radio Vaticana

(RV).- Con gran alegría el Papa Francisco recibió a cerca de 300 miembros de la familia de Habsburgo, llegados a Roma como peregrinos jubilares en familia.

El Santo Padre quiso destacar precisamente la importante actualidad del valor de la familia y evocó al Beato Carlos de Austria. Con el testimonio ejemplar de vida familiar, puso de relieve el compromiso del emperador austriaco, que se distinguió por su apoyo a los esfuerzos por la paz del Papa, Benedicto XV, alentando asimismo a impulsar también hoy la solidaridad y el anhelo de una casa común europea:

«Me complace recibirlos en ocasión de la peregrinación jubilar que han querido realizar como familia. Deseo subrayar este aspecto, porque el de la familia en sentido amplio, con la riqueza de sus lazos y de su variedad, es un valor que hay redescubrir en nuestros tiempos.

En esta feliz circunstancia, hacen memoria en especial del Beato Carlos de Austria, que hace cien años subía al trono. Su presencia espiritual entre ustedes hace que la familia Habsburgo no se dirija hoy al pasado de forma nostálgica, sino todo lo contrario, siga activamente presente en el hoy de la historia, con sus desafíos y necesidades. En efecto, algunos de ustedes desarrollan papeles de primer plano en organizaciones de solidaridad y promoción humana y cultural; así como en sostener el proyecto de Europa como casa común fundada sobre los valores humanos y cristianos».

Recibiendo con alegría la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada de algunos miembros de la familia de Habsburgo, y reiterando que la familia cristiana es el primer terreno en el que las semillas de las vocaciones – «¡empezando por la conyugal, que es una verdadera vocación!» – pueden germinar y desarrollarse, el Papa Francisco volvió a evocar a Carlos de Austria e invitó a rezarle para que interceda en favor de la paz para toda la familia humana:

«Carlos de Austria fue ante todo un buen padre de familia, y como tal un servidor de la vida y de la paz. Había conocido la guerra, siendo un simple soldado al comenzar la Primera Guerra Mundial. Tras asumir el reino en 1916, sensible a la voz del Papa Benedicto XV, se prodigó con todas sus fuerzas por la paz, a costa de incomprensiones y burlas. También en ello él nos ofrece un ejemplo actual y podemos invocarlo como intercesor para obtener de Dios la paz para la humanidad».


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Matrimonio y familia en crisis? Exhortación de Papa Francisco.

Francisco: no más ideas abstractas sobre el matrimonio, la Iglesia está cerca de todos

Audiencia al Instituto Juan Pablo II con sus nuevos dirigentes: es desconcertante constatar la tendencia a cancelar la diferencia sexual; se requiere una especial inteligencia de amor con la familia
ANSA

La celebración de un matrimonio en San Pedro

27/10/2016
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Es «desconcertante constatar» una «tendencia a cancelar la diferencia» sexual. Por el contrario, «cuando las cosas van bien entre hombre y mujer, también el mundo y la historia van bien», y, «en caso contrario, el mundo se vuelve inhóspito y la historia se detiene». Lo dijo Papa Francisco en su discurso al Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, cuya cúpula acaba de renovar. El Papa se concentró sobre la necesidad de «desarrollar (a nivel doctrinal y pastoral) nuestra capacidad de leer e interpretar, para nuestro tiempo, la verdad y la belleza» de la familia, recordando que mucho más decisiva que la «lejanía de muchos del ideal y de la práctica de la verdad cristiana» es la «cercanía de la Iglesia», y también por las «situaciones de debilidad humana, para que la gracia pueda rescatarlas, reanimarlas y curarlas».

En agosto de este año, Francisco nombró a monseñor Vincenzo Paglia Gran canciller del Pontificio Instituto, además de presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y al teólogo milanés Pierangelo Sequeri presidente del Instituto.

«En la coyuntura actual, los vínculos conyugales y familiares son puestos a prueba de muchas maneras», dijo el Papa. «La afirmación de una cultura que exalta el individualismo narcisista, una concepción de la libertad desvinculada de la responsabilidad por el otro, el crecimiento de la indiferencia por el bien común, la imposición de ideologías que agreden directamente el proyecto familiar, así como el aumento de la pobreza que amenaza el futuro de muchas familias, son otras tantas razones de crisis para la familia contemporánea».

En una cultura en donde se corre el peligro de que prevalezca «cada vez más el “yo” sobre el “nosotros”, el individuo sobre la sociedad», dijo Papa Francisco, «es imposible negar el aporte de la cultura moderna al re descubrimiento de la dignidad de la diferencia sexual, Por ello, es también muy desconcertante constatar que esta cultura parece bloqueada por una tendencia a cancelar la diferencia en lugar de resolver los problemas que la mortifican». Por el contrario, cuando «las cosas van bien entre hombre y mujer, también el mundo y la historia van bien. De lo contrario, el mundo se vuelve inhóspito y la historia se detiene».

Pero «la caridad de la Iglesia se compromete por lo tanto a desarrollar (a nivel doctrinal y pastoral) nuestra capacidad de leer e interpretar, para nuestro tiempo, la verdad y la belleza del plan creador de Dios. La irradiación de este proyecto divino, en la complejidad de la condición de hoy, exige una especial inteligencia de amor. Y también una fuerte dedicación evangélica, animada por gran compasión y misericordia por la vulnerabilidad y la falibilidad del amor entre los seres humanos». Las «dinámicas de la relación entre Dios, el hombre y la mujer, y sus hijos, son la llave de oro para comprender el mundo y la historia, con todo lo que contienen. Y, en fin, para comprender algo profundo que se encuentra en el amor de Dios mismo. ¿Podemos pensar tan “en grande” en esta revelación? ¿Estamos convencidos de la potencia de vida que este proyecto de Dios lleva en el amor del mundo? ¿Sabemos arrancar a las nuevas generaciones de la resignación y reconquistar la audacia de este proyecto?».

Hay que reconocer, prosiguió el Papa citando su «Amoris laetitia», que a veces «hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, alejado de la situación concreta y de las efectivas posibilidades de las familias tal y como son. Esta idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha provocado más que el matrimonio ya no sea tan deseable ni atractivo, sino todo lo contrario». Y, por el contrario, «la gracia existe, así como también el pecado».

El doble Sínodo sobre la familia de 2014-2015 manifestó al unísono «la necesidad de ampliar la comprensión y el cuidado de la Iglesia por este misterio de amor humano en el que se abre camino el amor de Dios por todos», y la «Amoris laetitia» «atesora esta ampliación y solicita al entero pueblo de Dios que haga más visible y eficaz la dimensión familiar de la Iglesia», dijo Bergoglio, que insistió: «el tema pastoral de hoy no es solo el de la lejanía de muchos del ideal y de la práctica de la verdad cristiana del matrimonio y de la familia; más decisivo se vuelve el tema de la cercanía de la Iglesia, cercanía a las nuevas generaciones de esposos, para que la bendición de su vínculo los convenza cada vez más y los acompañe, y también cercanía para las situaciones de debilidad humana, para que la gracia pueda rescatarlas, reanimarlas y curarlas».

El Instituto «está llamado a sostener la necesaria apertura de la inteligencia de la fe al servicio de la preocupación pastoral del Sucesor de Pedro», dijo el Papa. Y recordó que «también los buenos teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle y, con su reflexión, derraman aceite y vino sobre las heridas de los hombres». Teología y pastoral van de la mano. Esta tarea requiere «estar arraigado en la alegría de la fe y en la unidad de un alegre servicio a la Iglesia viva en la que vivimos, la Iglesia bella a la que pertenecemos, la Iglesia del único Señor y del único Espíritu al cual nos entregamos como “siervos inútiles”, que ofrecen sus mejores dones. La Iglesia que amamos, para que todos puedan amarla. La Iglesia en la que nos sentimos amados más allá de nuestros méritos y por la cual estamos listos para hacer sacrificios, en perfecta alegría».


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En defensa de la Amoris Laetitia de Papa Francisco.

jyx1JOS-“Amoris Laetitia” y las críticas infundadas contra Francisco

Un filósofo mexicano especialista en Juan Pablo II exhibe los límites de quienes critican la exhortación apostólica de Francisco y demuestra la plena sintonía entre las enseñanzas de ambos Papas, incluso en los aspectos más delicados.
LAPRESSE

Amoris Laetitia

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22/07/2016
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO
Francisco no cambia la doctrina esencial de la Iglesia. No está en contradicción con sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Su enseñanza, incluida en la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, implica un nuevo paso adelante en el pensamiento cristiano. Por eso resulta extraño encontrar resistencias a su magisterio. Críticas injustas e infundadas. Son palabras del filósofo mexicano Rodrigo Guerra, especialista en Karol Wojtyla y director del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV). Desde las columnas del diario vaticano, él sumó su voz a la de Rocco Buttiglione, el famoso pensador italiano y uno de los hombres de consulta permanente para el Papa polaco.

Con un largo artículo publicado en “L’Osservatore Romano”, Guerra evidenció los límites de quienes, en las últimas semanas, han pretendido contraponer las enseñanzas de Francisco con las de Juan Pablo II, especialmente en materia de matrimonio y divorcio. Y fue claro en demostrar que el documento “Amoris laetitia” no comporta “ruptura o discontinuidad con el evangelio”.

“Es extraño encontrar resistencias en el momento en que el pensamiento cristiano da un nuevo paso hacia delante. Estas resistencias, por lo general, argumentan falta de fidelidad a la herencia recibida, el usar un lenguaje renovado que se considera ambiguo y los muchos riesgos que pueden venir si se adopta tal o cual iniciativa a partir del nuevo enfoque adoptado”, escribió.

“Francisco no cambia la doctrina esencial de la Iglesia. No lo hace porque sabe bien que el depósito de la fe no es una invención arbitraria que pueda transformarse con ocurrencias más o menos afortunadas. El depósito de la fe es un don que es preciso custodiar. Pero esta custodia no consiste en colocarlo en un refrigerador para que hiberne y se suspenda su metabolismo”, agregó.

Más adelante Guerra defendió el “dinamismo” de un “Dios vivo que se entromete y compromete” con la historia de los seres humanos para redimirla y cuya manifestación está en la Iglesia, en especial en el ministerio del sucesor de Pedro. Aseguró que “Amoris laetitia” es un verdadero acto de magisterio pontificio y calificó como “teológicamente inexacto” insinuar que la exhortación apostólica es “una suerte de opinión personal, un tanto privada”.

Se refirió al capítulo 8, dedicado en buena parte a los divorciados vueltos a casar. Integró a ese apartado dentro de la llamada “hermenéutica de la continuidad”, consagrada por Benedicto XVI en diciembre de 2005. Aseguró que nada ha cambiado en la doctrina sobre la naturaleza del sacramento del matrimonio y de la eucaristía. Pero precisó que esta doctrina, “verdadera e inmutable a la que se debe prestar obediencia”, requiere ser profundizada y expuesta de acuerdo a las exigencias del cambio de época.

De ahí, el filósofo mexicano tomó el título de su nota: “Un desarrollo orgánico con fidelidad creativa”. Afirmó que la exhortación de Francisco es profundamente fiel al pensamiento de santo Tomás de Aquino y la tradición de la Iglesia, que permite encontrar una ruta para atender, más allá de las teorías, el drama de las personas reales en sus circunstancias concretas.

Al mismo tiempo advirtió que algunos intelectuales pretenden introducir a Francisco en una “hermenéutica de la ruptura”. Quienes lo hacen –agregó- manifiestan una deficiente interpretación de santo Tomás, de Juan Pablo II y del propio Benedicto XVI.

“Simplemente señalo que no es conforme a la verdad interpretar a Benedicto como una suerte de justificación pontificia para afirmar el rigorismo. Algunos quisieran hacer aparecer al obispo emérito de Roma como un apasionado defensor de valores inamovibles en contraste con Francisco. Esto no es así. Francisco se encuentra en continuidad con Benedicto XVI”, insistió.

Estableció que sólo desde esta “fidelidad creativa” es posible vivir la paciencia con los lastimados y heridos, acompañarlos sin escandalizarse de sus miserias y de las propias, descubriendo al mismo tiempo que en la Iglesia, verdadera presencia de Jesucristo en la historia, existe un camino lleno de ternura para la reconstrucción de la vida, para la sanación de todas las heridas, aun de las más profundas.

Resulta significativa esta intervención de Guerra, entre otras cosas miembro de la Pontificia Academia Pro Vita y del Pontificio Consejo Justicia y Paz, ambos organismos de la Santa Sede. Un mensaje que llegó después del esclarecedor artículo del pensador italiano Rocco Buttiglione, integrante de la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales y hombre de histórica cercanía a Juan Pablo II, también publicado esta semana en L’Osservatore Romano.

En su nota constató que Francisco no ha cambiado la doctrina de la Iglesia, que el pueblo cristiano lo reconoció inmediatamente como pastor pero que a algunos eruditos les cuesta trabajo entenderlo, lo critican y lo sitúan en el lado opuesto de la tradición de la Iglesia y del predecesor Wojtyla. “Parecen desconcertados por el hecho de no leer en su texto (“Amoris laetitia”) la confirmación de sus teorías y no tienen ganas de salir de sus esquemas mentales para escuchar la novedad sorprendente de su mensaje”, señaló.

Afirmó que esa exhortación apostólica no dice que los divorciados vueltos a casar pueden recibir tranquilamente la comunión sino que los invita a interrogarse en su conciencia, a dejarse ayudar por un director espiritual, a ir al confesionario para exponer su situación, a iniciar un camino de discernimiento espiritual.

“El camino que el Papa propone a los divorciados vueltos a casar es exactamente el mismo que la Iglesia propone a todos los pecadores: ve a confesarte y tu confesor, cuando haya examinado las circunstancias, decidirá si darte la absolución y admitirte en la eucaristía o si no debe hacerlo”, siguió.

Al mismo tiempo estableció que Juan Pablo II siempre tuvo en claro la diferencia entre un hecho intrínsecamente malo y la responsabilidad moral de quien lo realiza, que puede aumentar o disminuir por diversas condiciones. Es más, recordó que fue justamente Karol Wojtyla quien le quitó la excomunión a los divorciados y vueltos a casar, pena que se aplicaba antes de la exhortación “Familiares Consortio” de 1981. Una “decisión muy valiente” que “rompió con una tradición secular”.

Y sobre las enseñanzas de ambos pontífices, fue contundente: “San Juan Pablo II y el Papa Francisco no dicen por supuesto lo mismo, pero no se contradicen respecto a la teología del matrimonio. Usan de manera diferente y en situaciones diferentes el poder de deshacer y de unir lo que Dios ha confiado al sucesor de Pedro”.


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Catequesis del Papa el miércoles 8 de junio

“Las bodas de Caná, una Alianza nueva y definitiva”, el Papa en la catequesis

2016-06-08 Radio Vaticana

(RV).- “Transformando en vino el agua de las tinajas destinadas a los ritos de purificación de los Judíos, Jesús realiza un signo elocuente: transforma la Ley de Moisés en Evangelio, portador de alegría”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del segundo miércoles de junio, el significado del primer signo de la misericordia que realizó Jesús.

Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma después de haber comentado algunas parábolas de la misericordia, reflexionó sobre uno de los primeros milagros de Jesús, que el evangelista Juan llama “signos”, porque Jesús no los hizo para suscitar maravilla, señaló el Papa, sino para revelar el amor del Padre. El primero de estos signos prodigiosos es narrado justamente por el evangelista Juan (2,1-11) y se cumplió en Caná de Galilea. Se trata de una especie de “puerta de ingreso”, agregó el Pontífice, en el cual se han esculpido palabras y expresiones que iluminan el entero misterio de Cristo y abren el corazón de los discípulos a la fe.

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Antes de comenzar la catequesis, quisiera saludar a un grupo de parejas – ahí al final – que celebran cincuenta años de matrimonio. ¡Aquello sí que es el vino bueno de la familia! El suyo es un testimonio que los nuevos esposos – que saludare después – y los jóvenes deben aprender. Es un bello testimonio. Gracias por su testimonio. Después de haber comentado algunas parábolas de la misericordia, hoy  nos detenemos en uno de los primeros milagros de Jesús, que el evangelista Juan llama “signos”, porque Jesús no los hizo para suscitar maravilla, sino para revelar el amor del Padre. El primero de estos signos prodigiosos es narrado justamente por Juan (2,1-11) y se cumplió en Caná de Galilea. Se trata de una especie de “puerta de ingreso”, en la cual se han esculpido palabras y expresiones que iluminan el entero misterio de Cristo y abren el corazón de los discípulos a la fe. Veamos algunos.

En la introducción encontramos la expresión «Jesús también fue invitado con sus discípulos» (v. 2). A aquellos que Jesús ha llamado a seguirlo, los ha ligado a sí en una comunidad y ahora, como una única familia, son invitados todos a la boda. Dando inicio a su ministerio público en las bodas de Caná, Jesús se manifiesta como el esposo del pueblo de Dios, anunciado por los profetas, y nos revela la profundidad de la relación que nos une a Él: es una nueva Alianza de amor. ¿Qué cosa hay en el fundamento de nuestra fe? Un acto de misericordia con el cual Jesús nos ha ligado a sí. Y la vida cristiana es la respuesta a este amor, es como la historia de dos enamorados. Dios y el hombre se encuentran, se buscan, se hallan, se celebran y se aman: exactamente como el amado y la amada del Cantar de los Cantares. Todo lo demás viene como consecuencia de esta relación. La Iglesia es la familia de Jesús en el cual se vierte su amor; es este amor que la Iglesia cuida y quiere donar a todos.

En el contexto de la Alianza se comprende también la observación de la Virgen: «No tienen vino» (v. 3). ¿Cómo es posible celebrar las bodas y hacer fiesta si falta aquello que los profetas indicaban como un elemento típico del banquete mesiánico (Cfr. Am 9,13-14; Jo 2,24; Is 25,6)? El agua es necesaria para vivir, pero el vino expresa la abundancia del banquete y la alegría de la fiesta. Es una fiesta de bodas en la cual falta el vino; los nuevos esposos pasan vergüenza, sienten vergüenza y se avergüenzan de esto. Pero imaginen terminar una fiesta de bodas bebiendo te; sería una vergüenza. El vino es necesario para la fiesta. Transformando en vino el agua de las tinajas destinadas «a los ritos de purificación de los Judíos» (v. 6), Jesús realiza un signo elocuente: transforma la Ley de Moisés en Evangelio, portador de alegría. Como dice en otro pasaje el mismo Juan: «La Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo» (1,17).

Las palabras que María dirige a los sirvientes coronan el cuadro nupcial de Caná: «Hagan todo lo que él les diga» (v. 5). Es curioso: son sus últimas palabras reportadas en los Evangelio: son la herencia que nos entrega a todos nosotros. También hoy la Virgen nos dice a todos nosotros: «Hagan todo lo que él les diga». Es la herencia que nos ha dejado: ¡es bello! Se trata de una expresión que evoca la fórmula de fe utilizada por el pueblo de Israel en el Sinaí como respuesta a las promesas de la alianza: «Estamos decididos a poner en práctica todo lo que ha dicho el Señor» (Ex 19,8). Y en efecto en Caná los sirvientes obedecen. «Jesús dijo a los sirvientes: Llenen de agua estas tinajas. Y las llenaron hasta el borde. Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete. Así lo hicieron» (vv. 7-8). En estas bodas, de verdad viene estipulada una Nueva Alianza y a los servidores del Señor, es decir a toda la Iglesia, le es confiada la nueva misión: «Hagan todo lo que él les diga». Servir al Señor significa escuchar y poner en práctica su Palabra. Es la recomendación simple pero esencial de la Madre de Jesús y es el programa de vida del cristiano. Para cada uno de nosotros, sacar de las tinajas equivale a confiar en la Palabra de Dios para experimentar su eficacia en la vida. Entonces, junto al encargado del banquete que ha probado el agua convertida en vino, también nosotros podemos exclamar: «Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento» (v. 10). Si, el Señor continúa reservando aquel vino bueno para nuestra salvación, así como continua brotando del costado atravesado del Señor.

La conclusión de la narración suena como una sentencia: «Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él» (v. 11). Las bodas de Caná son mucho más que una simple narración del primer milagro de Jesús. Como en un cofre, Él cuida el secreto de su persona y el fin de su venida: el esperado Esposo da inicio a las bodas que se cumplen en el Misterio pascual. En estas bodas Jesús liga a sí a sus discípulos con una alianza nueva y definitiva. En Caná los discípulos de Jesús se convierten en su familia y en Caná nace la fe de la Iglesia. ¡A estas bodas todos nosotros estamos invitados, porque el vino nuevo no faltará más! Gracias.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)


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La cuestión de los divorciados reesposados en el documento postsinodal.

Divorciados que se han vuelto a casar: integración y discernimiento caso por caso

El octavo capítulo de «Amoris laetitita» se ocupa de la actitud pastoral hacia quienes viven en segundas nupcias: ninguna regla general sobre el acceso a los sacramentos, pero hay una puerta abierta a mayor espacio para recorridos que tengan en cuenta las diferentes situaciones personales. «No es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada ‘irregular’ viven en una situación de pecado mortal»

Divorciados que se han vuelto a casar: integración y discernimiento caso por caso

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08/04/2016
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Los párrafos 296 – 312 del octavo capítulo de la exhortación apostólica «Amoris laetitia» están dedicados al discernimiento de las situaciones «irregulares». Contienen tres palabras clave: «acompañar», «discernir» e «integrar». Nunca se nombra explícitamente la admisión a la eucaristía en el texto, aunque en una nota se haga referencia a los «sacramentos». Se explica que no son posibles reglas canónicas generales, válidas para todos, por lo que el camino es el del discernimiento caso por caso.

 

«Nadie está condenado para siempre»

«Nadie puede ser condenado para siempre —escribe el Papa—, ¡porque esa no es la lógica del Evangelio!». «Obviamente —añade—, si alguien ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar, y en ese sentido hay algo que lo separa de la comunidad». Es decir, no se trata de reivindicar derechos, ni de auto-justificaciones públicas.

 

Diferentes circunstancias

Bergoglio recuerda que los divorciados que han centrado nuevas nupcias «pueden encontrarse en situaciones muy diferentes», que no pueden ser clasificadas en «afirmaciones demasiado rígidas». Una cosa, por ejemplo, es un segundo matrimonio consolidado en el tiempo, con nuevos hijos, «con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas». La Iglesia, observa el Papa, reconoce situaciones en las que el hombre y la mujer, por serios motivos, como la educación de los hijos, no pueden satisfacer la obligación de la separación. Y también están todos los que han hecho «grandes esfuerzos» para salvar el primer matrimonio y han sufrido un abandono injusto, o el caso de quienes se han casado de nuevo «en vista de la educación de los hijos» y, tal vez, en conciencia y seguros de que el matrimonio anterior, «irreparablemente destruido, no había sido nunca válido». Un caso completamente diferente sería, por ejemplo, un nueva unión que llega después de un divorcio reciente, con todas las consecuencias de sufrimiento y de confusión que afectan a los hijos y a las familias, o la situación de quienes han faltado reiteradamente «a sus compromisos familiares». Que quede claro, observa Francisco: «este no es el ideal que el Evangelio propone para el matrimonio y la familia».

 

Distinguir las situaciones

El Papa retoma las conclusiones de los padres sinodales y afirma que el discernimiento debe ser hecho, siempre, «distinguiendo adecuadamente» las situaciones, puesto que no existen «simples recetas». Hay que integrar a los divorciados que se han vuelto a casar, que no están excomulgados, en las comunidades cristianas, «evitando toda ocasión de escándalo». El Papa afirma que hay que evaluar cuáles «formas de exclusión» deben ser superadas (por ejemplo no pueden ser padrinos o madrinas de bautismos o leer las lecturas), pero no toma decisiones al respecto.

 

Ninguna normativa general

No hay que esperar de esta exhortación «una una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos». En cambio, solo es posible «un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares». Y, puesto que «el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos, las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas». Los sacerdotes tienen la tarea de acompañar a las personas por esta vía, según la «enseñanza de la Iglesia y las orientaciones del obispo».

 

Examen de conciencia para los divorciados que se han vuelto a casar

El Papa sugiere un examen de conciencia mediante momentos de «reflexión y de arrepentimiento». Los divorciados que se han vuelto a casar «deberían preguntarse cómo se han comportado con sus hijos cuando la unión conyugal entró en crisis; si hubo intentos de reconciliación; cómo es la situación del cónyuge abandonado; qué consecuencias tiene la nueva relación sobre el resto de la familia y la comunidad de los fieles».

 

No a una doble moral

El coloquio con el sacerdote, «en el fuero interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre lo que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia». Francisco aclara que «este discernimiento no podrá jamás prescindir de las exigencias de verdad y de caridad del Evangelio propuesto por la Iglesia». Por lo que deben ser garantizadas «las condiciones necesarias de humildad, reserva, amor a la Iglesia y a su enseñanza». Estas actitudes son fundamentales para evitar el peligro de «mensajes equivocados, como la idea de que algún sacerdote puede conceder rápidamente ‘excepciones’, o de que existen personas que pueden obtener privilegios sacramentales a cambio de favores». La responsabilidad y la discreción, sin la pretensión de «poner sus deseos por encima del bien común de la Iglesia», permiten evitar el peligro de «pensar que la Iglesia sostiene una doble moral».

 

Discernimiento especial

El Papa también reflexiona sobre las razones que permiten un «discernimiento especial» en ciertas situaciones, pero sin reducir nunca «las exigencias del Evangelio». Se trata de evaluar «condicionamientos» y «circunstancias atenuantes». «Ya no es posible decir —afirma el Papa— que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada ‘irregular’ viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante». Y los límites no dependen simplemente de una «eventual ignorancia de la norma». Hay quienes, efectivamente, podrían encontrarse en condiciones «concretas que no les permitan actuar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa». Es decir: puede haber «factores que limitan la capacidad de decisión».

 

Situación objetiva e imputabilidad

El Catecismo de la Iglesia católica (n. 1735) afirma, con respecto a estos condicionamientos, que «a imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales». Por ello, un «juicio negativo sobre una situación objetiva no implica un juicio sobre la imputabilidad o la culpabilidad de la persona involucrada». Por lo tanto, continúa Francisco, «la conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia». Hay que «alentar la maduración de una conciencia iluminada», pero a veces también se puede reconocer cuál es «por el momento» «la respuesta géneros que se puede ofrecer a Dios», aunque «todavía no sea plenamente el ideal objetivo». Francisco escribe que «es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general». E invita a recordar que santo Tomás de Aquino afirma: «cuanto más se desciende a lo particular, tanto más aumenta la indeterminación».

 

No a la «casuística»

Las normas generales «presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar», pero «en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares». Al mismo tiempo, precisa Bergoglio, hay que decir que «lo que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma». Porque esto daría lugar a una «casuística insoportable», poniendo en peligro «los valores que se deben preservar con especial cuidado».

 

Las leyes morales no son piedras

Un pastor «no puede sentirse satisfecho aplicando solamente leyes morales a quienes viven en situaciones ‘irregulares’, como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas». Francisco recuerda lo que afirmó la Comisión Teológica Internacional: «La ley natural no debería ser presentada como un conjunto ya constituido de reglas que se imponen a priori al sujeto moral, sino que es más bien una fuente de inspiración objetiva para su proceso, eminentemente personal, de toma de decisión».

 

Recibir ayuda de la Iglesia

«A causa de los condicionamientos o de los factores atenuantes —escribe el Papa— es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia». Se precisa significativamente en la nota número 351 que «en ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos». Al creer que «todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento, y desalentamos caminos de santificación». A todos los que «tienen dificultades para vivir plenamente la ley divina, debe resonar la invitación a recorrer» la vía de las obras de misericordia.

 

Nunca renunciar a proponer lo ideal

El Papa después insiste, para evitar «cualquier interpretación desviada», que «de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza». Cualquier «forma de relativismo» al respecto sería una «falta de fidelidad al Evangelio».

 

Posibles etapas de crecimiento

Sin embargo, añade Francisco, «de nuestra conciencia del peso de las circunstancias atenuantes» deriva que «sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas». El Papa comprende a quienes «prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna». Pero afirma creer sinceramente que «Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad». Los pastores que «proponen a los fieles el ideal pleno del Evangelio y la doctrina de la Iglesia, deben ayudarles también a asumir la lógica de la compasión con los frágiles y a evitar persecuciones o juicios demasiado duros o impacientes».

 

Dar espacio al amor de Dios

La enseñanza de la teología moral «no debería dejar de incorporar estas consideraciones», observa Francisco, explicando que «a veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios». Y es muy significativa la nota que completa este pasaje, en la que el Papa escribe: «algunos sacerdotes exigen a los penitentes un propósito de enmienda sin sombra alguna, con lo cual la misericordia se esfuma debajo de la búsqueda de una justicia supuestamente pura. Por ello, vale la pena recordar la enseñanza de san Juan Pablo II», quien, en una carta al cardenal William Baum, «afirmaba que la previsibilidad de una nueva caída ‘no prejuzga la autenticidad del propósito’».

 

La lógica del perdón

En la Iglesia «debe prevalecer» la lógica que siempre lleva a «comprender, a perdonar, a acompañar», y, sobre todo, «a integrar». Francisco invita a los fieles que viven en «situaciones complejas» a acercarse «con confianza» a dialogar con sus pastores. No siempre «encontrarán en ellos una con afirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz». Y también invita a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, «con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista».

 

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