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Nuevo arzobispo para Ciudad de Mexico.

México: Carlos Aguiar Retes es el nuevo cardenal primado

El Papa Francisco designó hoy al arzobispo de Tlalnepantla como nuevo arzobispo de la Ciudad de México. Se abre una nueva época en la Iglesia mexicana, que debe dejar atrás “respuestas del pasado” como advirtió, hace unos días, el nuncio apostólico Franco Coppola

México: Carlos Aguiar Retes es el nuevo cardenal primado

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Pubblicato il 07/12/2017
Ultima modifica il 07/12/2017 alle ore 11:42
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Carlos Aguiar Retes es el nuevo arzobispo de la Ciudad de México. Viejo conocido de Jorge Mario Bergoglio, guiará los destinos de una de las diócesis con mayor número de fieles católicos en Latinoamérica. Su nombramiento, oficializado este jueves por el Vaticano, abre una nueva época en la Iglesia del país. Se acaba así el largo episcopado de Norberto Rivera Carrera, un pastor que siempre despertó filias y fobias.

 

Finalmente, el Papa no concedió la ansiada prórroga al cardenal Rivera. Es común que, si el arzobispo saliente está bien de salud a los 75 años, se lo confirme en el cargo “donec aliter provideatur” (hasta que no se provea otra cosa). Una prerrogativa exclusiva del pontífice. En su momento, Benedicto XVI concedió al cardenal Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo emérito de Guadalajara, casi cuatro años más de permanencia.

 

Rivera Carrera cumplió 75 el pasado 6 de junio. Ese día entregó su carta de renuncia en la nunciatura de la Ciudad de México, como lo marca la ley fundamental de la Iglesia (el Código de Derecho Canónico). De inmediato se especuló con su salida, pero esos rumores no se confirmaron. Exactamente seis meses después, el Vaticano anunció el cambio con un boletín oficial, difundido al mediodía de este jueves.

 

El texto anunció, por un lado, la aceptación a la renuncia a Rivera y, por otro, el nombramiento de Aguiar Retes. Obispo de larga trayectoria. Fino diplomático y pastor con iniciativa, el nuevo arzobispo primado nació en Tepic, Nayarit, el 9 de enero de 1950. Desde muy pequeño ingresó a la vida religiosa. Estudió filosofía en el seminario de su diócesis y teología en Montezuma (Estados Unidos) primero, y Tula (México) después.

 

Ordenado sacerdote el 22 de abril de 1973, estudió sagradas escrituras en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Entre 1978 y 1991 se desempeñó como rector del Seminario de Tepic. Presidió la Organización de Seminarios Mexicanos. Tras pasar otro periodo en Roma, en 1997 fue designado por el Papa Juan Pablo II como el tercer obispo de Texcoco, diócesis ubicada en el Estado de México. El 23 de mayo del año 2000 sucedió a otro obispo mexicano, Felipe Arizmendi, como secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

 

Entonces inició una meteórica carrera eclesiástica, tanto en el máximo órgano de representación episcopal latinoamericano, cuanto en la Conferencia del Episcopado Mexicano. Entre 2003 y 2007 fungió como primer vicepresidente del Celam, como presidente del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo (2007-2011), y como presidente del Consejo entre 2011 y 2015.

 

Alternó esas responsabilidades con otros destacados puestos en la CEM. Fue secretario general (2004-2006) y presidente por dos periodos (2007-2009 y 2009-2012). Ya en 2007, Benedicto XVI lo había designado como miembro del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso del Vaticano y en 2009 como arzobispo de Tlalnepantla. Pero hacia el final del pontificado de Joseph Ratzinger su estrella pareció apagarse.

 

Como presidente de la CEM quedó en medio de un fuego cruzado por la postura de la Iglesia mexicana con respecto a una reforma constitucional sobre libertad religiosa. Una diferencia de posturas con el entonces todavía arzobispo de Guadalajara, Sandoval Iñiguez, afectó sus chances (que entonces eran reales) de convertirse en su sucesor en 2011. Algo similar ocurrió con la Arquidiócesis de Monterrey, cuyo relevo tuvo lugar el 3 de octubre de 2012. Aguiar Retes era considerado un fuerte candidato, pero el Papa finalmente designó a Rogelio Cabrera López.

 

Las cosas cambiaron con la elección del Papa Francisco. Ambos se conocían de los trabajos vinculados al Celam. En 2007, cuando tuvo lugar la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, Brasil, el prelado mexicano era vicepresidente de ese organismo y Jorge Mario Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, fue elegido como presidente de la Comisión de Redacción del documento final.

 

Así, el 19 de noviembre de 2016, Francisco lo creó cardenal durante un Consistorio Ordinario Público. Lo eligió, incluso, por encima del arzobispo de Monterrey, una histórica sede cardenalicia. Ese mismo día, antes de la ceremonia en la Basílica de San Pedro, el Papa lo llamó para saludarle y le dijo, simplemente: “Es por todo lo que has hecho en la Iglesia”. Poco después lo integró a la Pontificia Comisión para América Latina.

 

El nombramiento de este día marca el ocaso del largo periodo de Norberto Rivera Carrera al frente de la Iglesia de la Ciudad de México. Nacido el 6 de junio de 1942 en el Estado de Durango, el 5 de noviembre de 1985 fue elegido como obispo de Tehuacán. Una década después, el 13 de junio de 1995, se convirtió en el arzobispo primado. En enero de 1998, Juan Pablo II lo creó cardenal.

 

Miembro de diversos organismos de la Curia Romana, entre otros las congregaciones para el Clero y para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, su figura generó encendidas polémicas. Recibió muchas críticas por su pública vinculación y defensa del fundador de los Legionarios de Cristo, culpable de abusos sexuales contra menores, de haber procreado hijos con varias mujeres y otros actos inmorales. En 2006, cuando el Vaticano condenó públicamente al retiro a Marcial Maciel Degollado, Rivera prefirió no pronunciarse.

 

Ha sido cuestionado (e incluso acusado ante la justicia) por su gestión a varios casos de abusos sexuales a menores. También recibió críticas por sus relaciones de amistad con empresarios y hombres del poder. Al mismo tiempo, cuenta con fervientes defensores entre el clero de su arquidiócesis, quienes responden con convicción las acusaciones y los señalamientos.

 

Su salida de escena marca definitivamente el fin de una Iglesia mexicana dividida por una “geometría” que se debatía entre el “club de Roma” y el “club de Ginebra”. Caricatura de una separación eclesiástica más propia de la década de los 90 del siglo pasado. Ahora, el desafío es adherir de lleno a una renovación, siguiendo el camino trazado por Francisco.

 

Pocos días atrás, durante su visita a Torreón, el nuncio apostólico Franco Coppola advirtió: “Hablar o apuntar el dedo hacia los que se portan mal es olvidarnos del fruto de lo que hemos hecho o no hemos hecho nosotros. La Iglesia aquí en México, se encuentra atrasada y ha seguido dando respuestas que eran válidas en el siglo pasado, sin darse cuenta que el tiempo ha caminado”.

 

Ya lo había dicho el Papa, durante su histórico discurso ante los obispos en la catedral de la Ciudad de México durante su viaje al país en febrero de 2016: “En las miradas de ustedes, el pueblo mexicano tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes han visto al señor. Esto es lo esencial. No pierdan tiempo y energías en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas, en vanos proyectos de carrera, en vacíos planes de hegemonía, en infecundos clubs de intereses o de consorterías. No se dejen arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias. Introduzcan a sus sacerdotes en esta comprensión del sagrado ministerio. A nosotros, ministros de Dios, basta la gracia de beber el cáliz del señor, el don de custodiar la parte de su heredad que se nos ha confiado, aunque seamos inexpertos administradores. Dejemos al padre asignarnos el puesto que nos tiene preparado”.

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Consejos del Papa a los nuevos obispos

“El obispo no es un padre-patrón, que se deje aconsejar por los demás”

El Papa recibió a 114 obispos recién nombrados: «No se dejen aprisionar por la nostalgia de tener una sola respuesta para todos los casos. Esto calma el ansia de prestación, pero deja “áridas” las vidas que necesitan la gracia»

El Papa Francisco con un grupo de obispos

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Pubblicato il 14/09/2017
Ultima modifica il 14/09/2017 alle ore 13:46
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«¿Este es el Concilio Vaticano III?». El Papa Francisco comenzó con una broma la audiencia en la Sala Clementina a los 114 obispos nombrados durante el último año, que concluyen hoy su peregrinaje en Roma. Después, entre metáforas y citas (de san Pablo y de Doroteo de Gaza, de Santo Tomás de Aquino y de San Agustín), les recordó las «responsabilidades» que este ministerio fundamental implica, poniéndolos en guardia frente a las tentaciones que afectan la «gracia» de ser llamados por Dios a guiar un rebaño.

 

Antes que nada la tentación del «inmovilidad», del «siempre se ha hecho así» y del «tomemos tiempo». El «antídoto» a esta «rigidez» es un sano discernimiento, personal, espiritual, pastoral, porque ayuda a comprender que «las mismas soluciones no son válidas en todas partes» y que no hay que «resignarse a la repetición del pasado», sino «tener la valentía de preguntarse si las propuestas de ayer todavía son evangélicamente válidas». «No se dejen aprisionar por la nostalgia de poder tener una sola respuesta que aplicar a todos los casos. Esto tal vez calmaría nuestra ansia de prestación, pero dejaría relegadas a los márgenes y “áridas” las vidas que necesitan ser regadas por la gracia que custodiamos», advirtió Bergoglio.

 

Cada obispo, prosiguió, debe «vivir el propio discernimiento de pastor como miembro del pueblo de Dios, en una dinámica siempre eclesial, al servicio de la “koinonía”». El obispo, de hecho, «no es el “padre-patrón”». Y su «misión» no consiste en «aportar ideas y proyectos propios, ni soluciones abstractamente pensadas por quienes consideran a la Iglesia un huerto de su casa», sino ofrecer «humildemente, sin protagonismos o narcisismos», el propio testimonio concreto de «unión con Dios, sirviendo el Evangelio que debe ser cultivado y ayudado a que crezca en esa situación específica».

 

Por ello Francisco recomendó una «delicadeza especial con la cultura y la religiosidad del pueblo», que «no son algo que hay que tolerar, o meros instrumentos que manejar», ni mucho menos «una “cenicienta” que siempre hay que mantener oculta porque es indigna de acceder al salón noble de los conciertos y de las razones superiores de la fe». Por el contrario, hay que cuidarlas y dialogar con ellas, «porque, además de constituir un substrato que custodia la auto-comprensión de la gente, son un verdadero sujeto de evangelización, del cual vuestro discernimiento no puede prescindir».

 

Discernimiento que en lo concreto se traduce en «humildad y obediencia». «Humildad con respecto a los propios proyectos», explicó Bergoglio; «obediencia con respecto al Evangelio, criterio último; al Magisterio, que lo custodia; a las normas de la Iglesia universal, que lo sirven; y a la situación concreta de las personas, para las cuales no se quiere nada más que sacar del tesoro de la Iglesia lo que sea más fecundo para el hoy de su salvación».

 

En estos tiempos, paradójicamente marcados por un sentido de auto-referencialidad, que proclama terminado el tiempo de los maestros, el ser humano continúa «en la soledad» «gritando la necesidad de ser ayudado para afrontar las dramáticas cuestiones que lo asaltan, ser paternalmente guiado en el recorrido nada obvio de su desafío, ser iniciado en el misterio de la propia búsqueda de vida y de felicidad».

 

Pero «solamente quien es guiado por Dios tiene título y autoridad para ser propuesto como guía para los otros», afirmó el Pontífice. «Puede amaestrar y hacer crecer en el discernimiento solamente quien tiene confianza con este maestro interior que, como una brújula, ofrece los criterios para distinguir, para sí y para los otros, los tiempos de Dios y de su gracia».

 

Por ello, el obispo «no puede dar por descontada la posesión de un don tan alto y trascendental, como si fuera un derecho adquirido, sin decaer en un ministerio privo de fecundidad». El primer paso es aferrarse a la oración, instaurar una relación «íntima» con Dios: es necesario «implorarlo constantemente», dijo el Papa, como «condición primaria para iluminar cualquier sabiduría humana, existencial, psicológica, sociológica, moral de la que podamos servirnos en la tarea de discernir las vías de Dios para la salvación de aquellos que nos han sido encomendados». «Sin esta gracia no nos volveremos buenos meteorólogos de lo que se pueda apreciar “en el aspecto del cielo y de la tierra”, sino que tampoco seremos incapaces de “valorar el tiempo de Dios”».

 

Francisco recordó también que «el discernimiento del obispo siempre es una acción comunitaria que no prescinde de la riqueza de la opinión de sus presbíteros y diáconos, del pueblo de Dios y de todos los que puedan ofrecerle una contribución útil, incluso mediante aportes concretos y no meramente formales»: Como decía Doroteo de Gaza, «cuando no se tiene en cuenta al hermano y nos consideramos superiores, acabamos por enorgullecerse incluso contra Dios mismo».

 

Es por ello que es bueno instaurar un «diálogo sereno», sin el «miedo de compartir, y a veces modificar, el propio discernimiento con los demás». Con los hermanos en el episcopado, a los cuales el obispo está unido «sacramentalmente»; con los propios sacerdotes, de los cuales «es garante de esa unidad que no se impone con la fuerza, sino que se entreteje con la paciencia y la sabiduría de un artesano»; con los fieles laicos, porque «ellos conservan el “olfato” de la verdadera infalibilidad de la fe que reside en la Iglesia».

 

Este es el camino que hay que seguir, y la historia lo demuestra mediante la experiencia de grandes pastores que «han sabido dialogar con tal depósito presente en el corazón y en la conciencia de los fieles y que no raramente, han sido sostenidos por ellos». Porque, sin este intercambio, «la fe de los más cultos puede degenerar en indiferencia y la de los más humildes en superstición», advirtió el Papa.

 

Bergoglio los invitó a todos a «cultivar una actitud de escucha, creciendo den la libertad de renunciar al propio punto de vista (cuando se revela parcial e insuficiente), para asumir el de Dios». Y también a no «dejarse condicionar por ojos ajenos», sino más bien comprometerse «para conocer con ojos propios los lugares y a las personas, la “tradición” espiritual y cultural de la diócesis que les han encomendado».

 

«Acuérdense —dijo el Papa Francisco— de que Dios ya estaba presente en sus diócesis cuando ustedes llegaron y seguirá estando cuando ustedes se hayan ido. Y, al final, todos seremos medidos no con respecto a la contabilidad de nuestras obras, sino con el crecimiento de la obra de Dios en el corazón del rebaño que custodiamos en nombre del “Pastor y custodio de nuestras almas”».

 

El Pontífice concluyó exhortando a los obispos recién nombrados a «crecer en un discernimiento encarnado e incluyente», porque «la actividad de discernir no está reservada a los sabios, a los perspicaces y a los perfectos», sino que debe ponerse en diálogo «con el conocimiento de los fiele» pues «debe ser formada y no sustituida», «en un proceso de acompañamiento paciente y valiente». Trasmitir la «verdad de Dios» a los fieles no es proclamar obviedades, sino introducir «a la experiencia de Dios que salva sosteniendo y guiando los pasos posibles que hay que dar», explicó el Papa.

 

El objetivo es hacer que madure «la capacidad de cada uno: fieles, familias, presbíteros, comunidades y sociedades»: todos están «llamados a progresar en la libertad de elegir y realizar el bien que Dios quiere», afirmó Bergoglio, en un proceso «siempre abierto y necesario, que puede ser completado y enriquecido» y que «no se reduce a la repetición de fórmulas que “como las nubes altas que mandan poca lluvia” al hombre concreto, que a menudo está inmerso en una realidad irreducible a lo blanco o negro».

 

Una vez más, el obispo de Roma pidió a los pastores que penetren «en los pliegues de lo real y tener en cuenta sus matices para hacer que surja todo lo que Dios quiere realizar en cada momento». Hay que «educarse a la paciencia de Dios y a sus tiempos, que nunca son los nuestros», recomendó. «A nosotros nos espera, cotidianamente, acoger de Dios la esperanza que nos salva de cualquier abstracción, porque nos permite descubrir la gracia oculta en el presente sin perder de vista» su «plan de amor». Plan que es mucho más grande que nosotros.


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Entrevista con el Card. Cupich de Chicago (USA)

Face to faith with Chicago Cardinal Blase Cupich

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Chicago Cardinal Blase Cupich leads Mass in Italy in November 2016. (Photo courtesy of Catholic Extension Society/Rich Kalonick)

The first time he had an opportunity to reshape the Catholic hierarchy in the United States, Pope Francis turned to an obscure bishop in Spokane, Wash., and in 2014 made him archbishop of Chicago, the third-largest diocese in the country, with about 2.3 million Catholics.

Francis famously said that he was looking for shepherds who smell like their sheep, and he found that in Blase Cupich.

In a recent “Face to Faith” podcast interview with Cupich, we get a window into the mind of the man that Pope Francis made a cardinal in 2016. (Excerpts that follow have been edited for length and clarity.)

 

 

Like any good journalist, interviewer Bob Herguth attempted to get the cardinal on the record on controversial issues like how many parishes and schools was he going to close, what he thinks of President Trump and how was he going to deal with the Chicago political machine.

What comes across in the interviews is a calm, happy and open person who is not trying to impose his views on others but wants to listen and work with people of various views.

“I take time to be with people,” he said, “and I learn a lot.” This appears to come naturally to him. “I enjoy people,” he concluded. “I like what I do.”

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Season 2 of our podcast is here! Listen to the current episode

When asked about parish closings, he said that the decisions were not going to be made simply on the basis of finances or personnel, although those would have to be part of the mix.

“For me, the real goal is how do we make vibrant and vital faith communities that are sustainable for the long run.” He wants people and parishes focused on the threefold task of “making disciples, building communities and inspiring witness so people live their faith in the world.”

But there is no prearranged plan; rather, he is asking the parishes to consider the situation and come up with a plan that he would have to approve. This may involve parishes cooperating in ways that they have not before. He is looking for new approaches, not simply preserving the status quo.

In talking about people who don’t go to church anymore, he was not condemnatory but acknowledged that people have “many more options with their free time. A lot of people are exhausted from having one or two jobs and caring for children.” He noted that participation in all volunteer organizations is down.

“At the same time, people do have faith issues. Do the communities that have been a part of their own family history continue to nourish them today?” He continued: “People are looking for a way in which their spiritual life can be deepened. They are finding it in some of our Catholic parishes and sometimes not in others, and that opens the door for them to go elsewhere.”

In response to a question about Trump, he diplomatically responded, “I like to talk about issues rather than people.”

“We live in a democracy, and we get the leaders we deserve, because we elect them,” he said. Rather than complaining about leaders, he would like to see people get involved in the process. “We still have very low voter turnout, very low participation in the political realm by people. If people don’t like their leaders, they should become involved in the process.”

With regard to local politicians, he wants to help people trust and talk to each other. “We see a polarization, not just here in Chicago, but nationwide among the population, not just politicians.” He wants to be an instrument for bringing people together. “I want to be a partner with business, labor, civic leaders, foundations, other churches so that we can work together. … If I can talk to all of these people and have something in common, maybe I can get them to see that they also have something in common with each other when we come together.”

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Chicago Archbishop Blase Cupich, shown with Pope Francis in Rome on Sept. 2, 2015, has called for tough gun control laws. (Photo courtesy of Catholic Extension Society/Rich Kalonick)

When asked about Springfield Bishop Thomas Paprocki’s decree banning funerals for those involved in gay marriage, Cupich said that was not the policy in Chicago.

What about Mafia funerals, asked Herguth. Cupich explained that funerals are not about honoring the deceased but about comforting the families of the departed. For a notorious person who has done great harm to the community, the proper response could be a simple, private ceremony that did not glorify his life. But “comforting those who mourn is an important work of the church,” he said.

When asked if he missed parish work, he described walking to work every day. “I don’t think a day goes by that somebody doesn’t stop me in the street and say hello, ask me to pray for them. I take time to talk to them,” he said. “So, while I don’t have a given parish with boundaries, I do have a parish in terms of the people that I meet through my own pastoral ministry.”

He spoke of a young woman he met the day before who was having trouble getting through her last year at Loyola University. He encouraged her, “The Lord’s grace has gotten you to this point; he is not going to abandon you now.” On the other hand, “Sometimes people just want a selfie, and that’s fine too.”

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Cardinal Blase Cupich led the Good Friday Walk for Peace on April 14 through Chicago’s Englewood neighborhood, a community that has been scarred by gun violence. (RNS photo by Emily McFarlan Miller)

Cupich’s response to the last question was perhaps most revelatory. “What do you say to people who have doubts about the existence of God or whatever it is?”

Since he sees faith as a gift from God, “when people are struggling or feel they have no faith at all, I shouldn’t say, ‘Well, it is their fault.’” Rather, what he says to them is: “There is still a hunger in your life for more. There always is. Be in touch with that, and be the best person you can be.”

He went on to recall that “some of the greatest Christians I know are people who don’t actually have a faith system that they believe in, but in their activity, in the way they conduct themselves, there is a goodness there.” What he tries to do is encourage that. “How God allows that to mature with his own way, that is up to God. I learn from people who say they don’t believe and yet are very good people.”

Yes, this is a man who likes people and enjoys his work.

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Cardinal Blase Cupich speaks at the announcement of an anti-violence initiative led by the Archdiocese of Chicago on April 4. (RNS photo by Tom Gallagher)

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for Religion News Service and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]

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Camerún: profanación de la tumba de un Obispo

  CAMERÚN – Profanan la tumba de Mons. Bala en la catedral de Bafia

Yaoundé – “Se ha producido un claro acto de profanación en la Catedral de Bafia en la noche entre el domingo 27 y el lunes 28 de agosto. Se han encontrado rastros de sangre en la catedral”, ha afirmado Su Exc. Mons. Sosthène Léopold Bayemi Matjei, obispo de la cercana diócesis de Obala, que ha sido enviado al lugar por Su Exc. Kome Abraham, obispo de Bafang y Administrador Apostólico de Bafia.
Los restos de sangre estaban sobre la tumba de Su Exc. Mons. Jean Marie Benoît Bala, obispo de Bafia, cuyo cuerpo fue hallado son vida en el río Sanaga, el 2 de junio. Según la Conferencia Episcopal local Mons. Bala fue asesinado mientras que las autoridades afirman que se ha tratado de un suicidio .Después de la profanación, se ha decidido cerrar la catedral de San Sebastián al público, que sólo será reabierta después de la purificación del lugar. “La catedral está cerrada al culto público hasta que se celebre un rito penitencial según lo prescrito por el Código y el rito litúrgico”, ha declarado Mons. Sosthène Bayemi.


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Mons. Romero. Editorial de L’Osservatore Romano.

Editorial – Un obispo y un Papa- Centenario del nacimiento de Óscar Romero

2017-08-10 L’Osservatore Romano

En el día de la Asunción se conmemora el centenario del nacimiento de uno de los cristianos más conocidos de nuestro tiempo, Óscar Romero. El arzobispo de San Salvador fue asesinado en 1980 a los sesenta y tres años mientras celebraba la misa, por haber denunciado la injusticia y la violencia que flagelaban al pequeño país centroamericano: tomas de posición claras en nombre del Evangelio. Ante su tumba en 1983 rezó Juan Pablo II, que en 1997 autorizó la apertura de su causa de canonización, pero no fue hasta 2012 que se retomó, por decisión de Benedicto XVI y luego de Francisco, hasta que llegó su beatificación en 2015 como mártir.

Pero importante para Romero fue sobre todo Pablo vi, el Papa que le nombró en 1970 obispo auxiliar de San Salvador, en 1974 obispo de Santa María y en 1977 arzobispo de la capital. El joven clérigo había estado en Roma, donde había estudiado en la Gregoriana entre finales de los años treinta e inicios de los años cuarenta, ya en plena Guerra. Será precisamente esta formación romana, que le dejó una huella tradicional, la que le permita seguir una veintena de años más tarde el periodo conciliar con confianza en el magisterio. Y precisamente la visión abierta de Papa Montini, que guía con valor y sabiduría el Vaticano ii, es la que el sacerdote salvadoreño inicia a acoger.

En un artículo publicado a principios de 1965 Romero escribe: «Para no caer en el ridículo de una acrítica afición a lo viejo y para no caer en el ridículo de hacerse aventureros de “sueños artificiosos” de novedad es mejor vivir hoy más que nunca ese clásico axioma: “sentir con la Iglesia” que concretamente significa incondicionado apego a la jerarquía», de matriz ignaciana, será elegida cinco años después por el nuevo auxiliar de San Salvador como su lema episcopal.

Obispo en un país cruelmente oprimido por las oligarquías y por los militares, preocupado por las tendencias políticas que se manifiestan en la teología de la liberación, progresivamente llega a compartir el concepto de la centralidad de los pobres, que en 1968 había sido reiterado por la conferencia de Medellín en la cual había participado Pablo vi, primer Papa que pisó América Latina. Y precisamente un documento de Montini, la Evangelii nuntiandi, recordado más de una vez con admiración por su actual sucesor, da aliento a monseñor Romero. Que precisamente por su posición moderada es elegido como arzobispo de San Salvador, mientras la situación se hace cada vez más difícil y la violencia represiva aumenta.

La primera homilía del obispo es precisamente para un amigo fraterno, el jesuita Rutilio Grande, asesinado por los escuadrones de la muerte con dos fieles, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, mientras iba a celebrar por la novena de san José, casi una anticipación de su propia muerte: «Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama, y es significativo que mientras el padre Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camina a su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos, no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor».

Pocos días después Romero viaja a Roma para buscar el apoyo que ya no tiene del nuncio, y el Papa le recibe enseguida, como había acaecido tres años antes, y como sucederá un año después, precisamente en el aniversario de la elección de Montini. El recuerdo detallado de esta última audiencia está en el diario del arzobispo. «Pablo VI me ha estrechado la mano derecha y la ha sostenido durante largo rato entre sus dos manos y yo también he estrechado con mis dos manos la mano del Papa» que le habla extensamente: «Comprendo su difícil trabajo. Es un trabajo que puede ser incomprendido y precisa mucha paciencia y fortaleza. Sé bien que no todos piensan como usted; es difícil, en las circunstancias de su país, tener tal unanimidad de pensamiento; pero siga adelante con valor, con paciencia, con fuerza, con esperanza». Un mes y medio más tarde Montini expiraba. Menos de dos años después Romero era asesinado.


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Argentina: aniversario del asesinato de Mons. Angelelli

  ARGENTINA – Un 4 de agosto fue asesinado Mons. Enrique Angelelli, el obispo de los pobres

La Rioja – El 4 de agosto de 1976, el padre Arturo Pinto y Mons. Angelelli mientras regresaban de una celebración en honor de dos sacerdotes asesinados. A lo largo de la carretera hacia Córdoba, dos coches se acercaron chocando contra ellos. El padre Pinto, único testigo de lo sucedido, comunicó que, al despertarse, encontró al obispo asesinado con varios disparos en la cabeza. Durante años, la muerte de Angelelli fue enmascarada como un accidente automovilístico. Solo en el 2009 las cosas cambiaron porque ese año se reabrió el caso.
41 años después de su muerte, la comunidad recuerda sus palabras: “hay que tener el oído atento, siempre puesto a lo que dice el Evangelio y a lo que dice el pueblo”.Mons. Enrique Angelelli , obispo de la diócesis de La Rioja, era uno de los obispos más conocidos del País, contrario a la dictadura. Murió en un accidente de automóvil simulado, poco después de instaurarse la dictadura militar. Tras 38 años, el 4 de julio de 2014, fueron condenados a cadena perpetua dos altos mandos del ejercito por el homicidio del obispo. Durante décadas las autoridades sostuvieron que su muerte fue un accidente. En 2015 se abrió la fase diocesana de su causa de beatificación .


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Mexico: el caso Rivera y las elecciones de obispos en la iglesia.

México: La sucesión de Rivera tomará su tiempo

Detalles sobre el proceso de selección del próximo arzobispo de la Ciudad de México, una de las diócesis más populosas y católicas del mundo

Fieles en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Ciudad de México

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Pubblicato il 04/08/2017
Ultima modifica il 04/08/2017 alle ore 10:24
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Es una de las Arquidiócesis con más fieles católicos del mundo. Su titular es el primado de México y custodio de la Virgen de Guadalupe, cuyo santuario es el más visitado del planeta, incluso por encima del Vaticano. Su arzobispo y cardenal, Norberto Rivera Carrera, ya cumplió los 75 años y presentó su renuncia, según lo establece el protocolo. Pero su salida no será inmediata. Pese a la gran expectativa creada por saber quién guiará en el futuro a esa porción de la grey mexicana, las consultas de rigor aún tomarán su tiempo. En un proceso que podría extenderse hasta la Pascua de 2018.

 

Nacido en 1942, el pasado 6 de junio Rivera alcanzó la edad establecida por la ley de la Iglesia como límite a la misión episcopal. Como todos los obispos en activo, a los 75 años presentó su carta de dimisión dirigida al pontífice. Pero eso no quiere decir que cesó automáticamente de su puesto, como llegó a filtrarse en las redes sociales. El arzobispo de la Ciudad de México mantendrá su ministerio en tanto el Papa le acepte la renuncia y le nombre un sucesor. Cuando esto ocurra, será comunicado de manera oficial por el Vaticano y por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

 

El cardenal no es un personaje que pase desapercibido. Tiene seguidores y detractores por igual. No le faltan defensores a ultranza y encarnizados críticos, tras 22 años de episcopado en la urbe. De ahí la enorme expectativa por su sucesión. Aunque diversos observadores apostaban a una aceptación inmediata de su renuncia, advirtiendo “diferencias” con Francisco y otras motivaciones, el proceso podría tomar más de lo esperado y todo depende del nuncio apostólico en la capital mexicana.

 

Franco Coppola, diplomático vaticano, es el personaje clave en el proceso. A él le tocará conducir las consultas con obispos y otros referentes de la Iglesia para alcanzar una lista de candidatos propuestos para la sucesión. Una terna para mandar a Roma. Cada nuncio tiene su método, pero es bastante común que el trámite se conduzca en dos fases: una verbal, más informal, y la otra por escrito, más específica.

 

Este camino aún está pendiente, según pudo confirmar el Vatican Insider. Y aunque podría empezar de un momento a otro, Coppola requiere una oportunidad para poder dialogar en persona, directamente y sin intermediarios, con cardenales, arzobispos y obispos. Esa alternativa se le presentará durante la próxima asamblea ordinaria de la CEM, prevista para el mes de noviembre.

 

Por eso, resultaría difícil que el caso se decida en este 2017 y, más bien, todo podría extenderse hasta después de la Pascua del próximo año. Esto gracias a la reconstrucción del tiempo que toma conducir una amplia consulta que incluye no pocos cuestionarios por escrito.

 

Según el protocolo pontificio, más allá del diálogo personal, el nuncio debe enviar a quienes considere interesados los respectivos módulos con preguntas. Todo se hace por escrito, nada de correos electrónicos ni mensajes que pueden perderse en el ciberespacio. Los cuestionarios son repartidos a los cardenales del país, a los arzobispos y a todos los obispos, incluidos muchos eméritos. Pero no sólo a ellos, también suelen ser tomados en cuenta superiores de congregaciones religiosas, líderes de movimientos y algunos sacerdotes con puestos de relevancia. Entre ellos se incluyen, claro, el propio renunciante, sus obispos auxiliares, los miembros del Consejo Presbiteral diocesano y otros colaboradores principales de la diócesis.

 

Cada uno de ellos está llamado a proponer tres nombres de posibles sucesores. Deben justificar su indicación respondiendo a dudas sobre los antecedentes, la labor pastoral e incluso el estado de salud del candidato propuesto. Las respuestas se envían, por correo postal, a la nunciatura. Todo un recorrido que podría tomar, en promedio, unos dos meses o más.

 

Ya con todas las respuestas, Coppola deberá compilar un largo informe. Centrará su reporte en los tres candidatos más votados, ofreciendo un repaso pormenorizado de toda la información disponible sobre ellos. La buena y la no tan buena. Dependiendo de la minuciosidad del nuncio, estos documentos pueden llegar a tener hasta 150 páginas s Entre otras cosas porque incluyen las respuestas por escrito de los consultados.

 

Ese volumen será enviado por valija diplomática a Roma, donde pasará el filtro de la Congregación para los Obispos. Sólo entonces el prefecto de esa oficina vaticana, el cardenal Marc Ouellet, someterá el caso a la consideración del Papa.

 

El líder católico casi nunca responde inmediatamente. En audiencia de trabajo recibe los expedientes de obispos por nombrar y los coloca sobre su escritorio. Luego los estudia con calma y precisión. Por su investidura tiene amplia libertad. Puede elegir uno de la terna, salirse de ella y nombrar a otro, quizás menos votado. Incluso podría llegar a decidirse por un desconocido, un “outsider”, como ha ocurrido en otras ocasiones.

 

Según la tradición, para un arzobispado grande e importante como la Ciudad de México, suele ser elegido un pastor que ya se desempeña como arzobispo. O, cuanto menos, como obispo. Cuando Norberto Rivera fue seleccionado, en 1995, formaba parte de la terna el entonces arzobispo de Puebla, Rosendo Huesca y Pacheco. Pero Juan Pablo II terminó inclinándose por el entonces joven obispo de Tehuacán. El Papa ha demostrado que puede llegar a sorprender, elevando al arzobispado a sacerdotes. Eso ya ha ocurrido.

 

Los tiempos pueden variar, porque no se trata de un sistema milimétrico ni automatizado. De todas maneras, Rivera Carrera ya está en tiempo de descuento. La identidad de su sucesor marcará los derroteros de la Iglesia mexicana en los próximos decenios. Con su salida de escena culminará definitivamente una era: aquella que dividía a los obispos en “el club de Roma” y el “club de Ginebra”. Al mismo tiempo, se abrirá un nuevo horizonte. La tónica la impondrá Francisco.