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Nuevo arzobispo en Lima tras la jubilación de Cipriani

Lima, el Papa da golpe de timón y sustituye al cardenal Cipriani

Con una rapidez inusitada, Francisco acepta la renuncia presentada por el cardenal Juan Luis Cipriani y designa a un sacerdote diocesano como nuevo arzobispo primado del Perú

El cardenal Juan Luis Cipriani

Pubblicato il 25/01/2019
Ultima modifica il 25/01/2019 alle ore 12:59
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Un golpe de timón. Lima tiene nuevo arzobispo, un sacerdote diocesano. Se llama Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio y es el nuevo primado del Perú. El Papa aceptó hoy la renuncia (por límite de edad) presentada por el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, apenas 29 días atrás. Un cambio rapidísimo, fuera de todo protocolo y que esconde situaciones ajenas, por ejemplo, a la salud del purpurado. Con la llegada del nuevo pastor, se preanuncia un cambio de 180 grados en el estilo pastoral en la Iglesia limeña.

Nacido el 28 de febrero de 1950 en la capital peruana, el nuevo arzobispo recibió la ordenación sacerdotal el 15 de julio de 1984 de manos del cardenal Juan Landázuri Ricketts. Estudió sociología Universidad Nacional Mayor de San Marcos y cuenta con una licenciatura y un doctorado en teología, ambos por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Fue vicario parroquial en varios templos y responsable de las parroquias “Virgen medianera” (2002-2009) y San Lázaro (2010-2015). Se desempeñó como responsable arquidiocesano de la pastoral universitaria, vicario para la pastoral juvenil, organizador de la vicaría para la juventud y responsable de la pastoral vocacional, entre otras cosas.

En la actualidad, se desempeña como docente principal a tiempo completo en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), donde dicta los cursos Revelación de Dios en la historia, Teología 1 y Teología 2. Es autor, además, de algunos libros entre los cuales destacan: “Libres para creer: La conversión según Bartolomé de las Casas en la historia de las Indias” (1993), “Joven, a ti te digo: Levántate” (1996), “Teología de la regeneración” (2001, con edición en italiano) y “La Opción por los jóvenes en Aparecida” (2009).

La noticia del cambio de estafeta se había filtrado en las últimas horas y, en Perú, los principales medios de comunicación hacían notar el evidente cambio de tono en la arquidiócesis primada. Destacan, sobre todo, las diferencias de Castillo Mattasoglio con Cipriani, quien sale de escena tras 20 años de guiar a la Iglesia en Lima.

Este último innegable figura del episcopado peruano, miembro de la prelatura del “Opus Dei” e integrante del Consejo de Economía del Vaticano, se convirtió en primado gracias al nombramiento que recibió del Papa Juan Pablo II el 9 de enero de 1999. Antes había sido, primero, obispo auxiliar de Ayacucho (1988) y, luego, arzobispo titular en esa diócesis, a partir de 1991. El mismo pontífice polaco lo creó cardenal, el 21 de enero de 2001.

Es recordado como una figura mediática por varias de sus intervenciones públicas. Entre ellas su participación como mediador en el asalto perpetrado por la organización terrorista Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) a la embajada de Japón en Perú. Un episodio ocurrido en diciembre de 1996 y relatado en su libro “Doy fe” (2012). Seguido y cuestionado por igual, se caracterizó por ser un obispo incómodo. Duramente criticado por su cercanía con el ex presidente Alberto Fujimori (aún preso por corrupción), a quien defendió en varias ocasiones.

No obstante su protagonismo, lejos estuvo de “hegemonizar” la Conferencia del Episcopado Peruano, como algunos órganos informativos cercanos al Vaticano escribieron en las últimas horas en Roma. Nunca fue presidente de ese cuerpo episcopal. Fueron notables sus desavenencias con algunos de sus responsables, como el jesuita Luis Bambarén Gastelumendi y Miguel Cabrejos Vidarte.

Como arzobispo promovió una exitosa “Marcha por la Vida”, una manifestación que se repite cada año y que llegó a convocar más de 500 mil personas. Durante buena parte de su episcopado afrontó el conflicto en la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP), cuyos directivos se rebelaron a su autoridad y terminaron siendo desconocidos por la Santa Sede, que les prohibió el uso de los títulos de “pontificia” y “católica”. Una controversia civil y canónica durada años, que se solucionó sólo con la llegada al papado de Jorge Mario Bergoglio, quien ordenó dar marcha atrás con la prohibición y envió a Giuseppe Versaldi para encontrar una salida.

La crisis en la PUCP y otras situaciones explosivas, entre ellas su cercanía con el Sodalicio de Vida Cristiana (cuyo fundador, Luis Fernando Figari, cometió abusos de todo tipo), desgastaron la imagen pública del cardenal. En el punto más álgido del conflicto con la universidad, Cipriani revocó los permisos para impartir teología a todos los docentes, entre ellos a su sucesor Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio. La posterior intervención vaticana devolvió esas licencias y quitó a la casa de estudios del ámbito de influencia del arzobispado limeño.

El cambio de marcha en la arquidiócesis primada del Perú parecía inevitable y consolida una tendencia en las designaciones episcopales realizadas por el Papa argentino. Ejemplos sobran: Bolonia, Chicago, Madrid, Ciudad de México, La Plata. Todas estas son demarcaciones eclesiásticas clave, de gran extensión y peso. En todas ellas, Francisco ha colocado hombres con un perfil y con una misión muy precisos: exponentes de la “Iglesia en salida”, que él mismo predica. Ellos han sustituido a notables obispos “conservadores”. Además, sus transiciones no han sido sencillas, y han generado numerosas resistencias. Situación que, previsiblemente, se repetirá en Lima.

Jorge Mario Bergoglio cuenta con hombres de confianza en el episcopado peruano, capaces de sugerirle y orientarle a la hora de elegir obispos. El más destacado de ellos es Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo, a quien el propio pontífice elevó a la dignidad de cardenal.

Lo verdaderamente llamativo es la velocidad con la cual el Papa Francisco aceptó la renuncia de Cipriani. Considerando que no tiene problemas de salud, la tradición establece una espera prudencial de -cuanto menos- varios meses. Otros cardenales han permanecido en sus puestos incluso durante años antes que el Pontífice ratificase sus dimisiones. Un ejemplo reciente es el del cardenal Norberto Rivera Carrera, cuya renuncia como arzobispo de la Ciudad de México fue aceptada seis meses después de su presentación y fue tachada como rápida por acreditados observadores del Vaticano.

En el caso del arzobispo limeño saliente, apenas pasaron 29 días desde que envió a Roma su carta de salida el 28 de diciembre pasado, cuando cumplió los 75 años. Según la ley fundamental de la Iglesia católica, el Código de Derecho Canónico, a esa edad todos los obispos deben presentar sus renuncias y esperar lo que determine el pontífice. Pero, para elegir a un sucesor, se requiere de un proceso de consulta que dura de cuatro a seis meses, como mínimo.

Resulta sugestivo que el cambio para Lima no haya sido precipitado y que llevase semanas de preparación. La última vez que Cipriani estuvo en Roma fue en noviembre de 2018, justo en los mismos días en que tuvo lugar una ceremonia convocada para condecorarlo “por su destacado servicio en defensa de la vida”. En su lugar, asistió a la premiación el obispo auxiliar de Lima, Adriano Tomasi. Aunque no fue incluida en las agendas papales públicas de esos días, varias fuentes confirmaron al Vatican Insider que el cardenal fue recibido -entonces- por el Pontífice en privado. El motivo de aquella reunión permanece por ahora desconocido, pero nadie puede descartar que pronto se conozcan detalles. Quizás de la mano de una bomba informativa.

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La dimisión de un obispo argentino. Dudas sobre los motivos-

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Piazza san PietroPiazza san Pietro 

Mons. Zanchetta. Gisotti risponde ai giornalisti

“Non è stato rimosso dalla diocesi di Oran. Fu lui a dimettersi”: lo ha affermato il Direttore “ad interim” della Sala Stampa vaticana a proposito del vescovo emerito di Oran in Argentina, poi Assessore all’Apsa

In merito alle notizie di stampa relative al vescovo argentino Gustavo Oscar Zanchetta, che il Papa aveva nominato nel dicembre scorso come assessore dell’Amministrazione del Patrimonio della Sede Apostolica,  il Direttore “ad interim” della Sala Stampa della Santa Sede, Alessandro Gisotti, rispondendo ai giornalisti ha affermato che il presule “non è stato rimosso dalla diocesi di Oran”, ma “fu lui a dimettersi”.

“La ragione delle sue dimissioni” ha precisato Gisotti “è legata alla sua difficoltà nel gestire i rapporti con il clero diocesano e in rapporti molto tesi con i sacerdoti della diocesi. Al momento delle sue dimissioni vi erano state contro di lui accuse di autoritarismo, ma non vi era stata contro di lui alcuna accusa di abuso sessuale. Il problema emerso allora era legato alla incapacità di governare il clero”.

Nel ripercorrere l’iter del presule argentino,  il Direttore “ad interim” ha affermato che “dopo il periodo in Spagna, in considerazione della sua capacità gestionale amministrativa” mons. Zanchetta “è stato nominato assessore dell’Apsa (incarico che non prevede comunque responsabilità di governo del Dicastero). Nessuna accusa di abuso sessuale era emersa al momento della nomina ad assessore. Le accuse di abuso sessuale risalgono infatti a questo autunno”.

“Sulla base di queste accuse e delle notizie emerse di recente sui media” ha sottolineato Alessandro Gisotti “il vescovo di Oran ha già raccolto alcune testimonianze che devono ancora arrivare alla Congregazione per i Vescovi. Qualora venissero confermati gli elementi per procedere, il caso sarà rimesso alla commissione speciale per i vescovi. Durante l’investigazione previa, mons. Zanchetta, si asterrà dal lavoro”.


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El cese del obispo auxiliar de Los Angeles (USA)

El Papa FranciscoEl Papa Francisco 

El Papa acepta la renuncia del Obispo Auxiliar de Los Ángeles

Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede y Carta del Arzobispo de Los Ángeles sobre la renuncia al oficio de Auxiliar de esta Arquidiócesis presentada por Mons. Alexander Salazar.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer este miércoles, 19 de diciembre que, el Papa Francisco ha aceptado la renuncia al oficio de Auxiliar de la Arquidiócesis de Los Ángeles (U.S.A.) presentada por Mons. Alexander Salazar.

Carta del Arzobispo de Los Ángeles

Por su parte, Mons. José H. Gomez, Arzobispo de Los Ángeles publicó una Carta en la que da a conocer la decisión del Santo Padre sobre la renuncia del Obispo Auxiliar Alexander Salazar, quien recientemente se desempeñó como Vicario de la Oficina de Ministerios Étnicos de la Arquidiócesis de Los Ángeles.

En la misiva, Mons. José H. Gomez explica que en el 2005, un año después de haber sido ordenado Obispo, la Arquidiócesis tuvo conocimiento de una denuncia contra el Obispo Salazar por conducta indebida con un menor. Pese a que la acusación nunca se reportó directamente a la Arquidiócesis, fue investigada por la policía en el 2002 y el Fiscal de Distrito no procesó.

Proceso e investigación

Asimismo, el Arzobispo de Los Ángeles señala en la Carta, los diferentes momentos del proceso de investigación de la acusación contra el Obispo Salazar por una supuesta conducta indebida que se dice ocurrió en la década de 1990, antes de ser ordenado Obispo, cuando estaba sirviendo como sacerdote de una iglesia.

“Desde que se presentó la acusación por primera vez – precisa Mons. José H. Gomez, después de haber remitido el asunto a la Congregación para la Doctrina de la Fe – el Obispo Salazar ha negado consistentemente cualquier acto inmoral. En aras del debido proceso, solicité y recibí permiso de la Congregación para los Obispos de la Santa Sede para presentar la acusación ante el Comité de Supervisión de Mala Conducta del Clero, una junta independiente de la Arquidiócesis. El Comité encontró que la acusación era creíble y presenté sus conclusiones y recomendaciones junto con mi propio voto a la Santa Sede para que se tomara una decisión final sobre el estado del Obispo Salazar”.

Sanación y reconciliación de las víctimas

Finalmente, Mons. José H. Gomez expresa su gratitud al Santo Padre por su amorosa preocupación por la familia de Dios en la Arquidiócesis de Los Ángeles. “Estas decisiones se han tomado debido a la profunda preocupación por la sanación y la reconciliación de las víctimas de abuso y por el bien de la misión de la Iglesia. Sigamos manteniéndonos cerca de las víctimas-sobrevivientes de abuso – concluye el Arzobispo – a través de nuestra oración y nuestras acciones”.


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Aclaración sobre el obispo auxiliar de Astana, muy crítico con el Papa

Schneider desmiente la falsa noticia sobre su arresto domiciliario

El auxiliar de Astana no recibió ninguna «prohibición para viajar», como habrían escrito algunos medios de comunicación anti-papales. «La Santa Sede me pidió que limitara el tiempo de mis salidas a no más de un mes al año; esto vale para cada obispo»

El obispo Athanasius Schneider

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Pubblicato il 12/11/2018
Ultima modifica il 12/11/2018 alle ore 13:41
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

«Me entristece que tales noticias se estén difundiendo. No he recibido ninguna prohibición para viajar». Con estas palabras el obispo auxiliar de Astana, Athanasius Schneider, aclaró y desmintió las noticias puestas en circulación por el circuito mediático anti-papal que en Italia llegó a hablar del obispo en “arresto domiciliario”, que no podría recurrir a la decisión y víctima de una especie de «clima de Corea del Norte».

 

Schneider es el obispo que más ha criticado el actual Pontificado y el magisterio del actual Pontífice, e incluso tiene posiciones muy cercanas a las de los lefebvrianos o lefebvristas. Está acostumbrado a dictar conferencias y a presidir celebraciones en todo el mundo. La presunta noticia de su “arresto” fue divulgada en estos términos: «una instrucción verbal del Vaticano que le pide reducir la frecuencia de sus viajes al extranjero» habría sido comunicada por el nuncio apostólico en nombre del Secretario de Estado, pero sin «nada escrito, ningún documento con base en el cual el obispo pudiera emprender una iniciativa legal» para «apelar las decisiones de las autoridades que considerara injustas». Se ha escrito que no se ofrecieron «motivaciones» a Schneider para «explicar esta extraordinaria petición».

 

El mismo obispo Schneider tuvo que intervenir para tratar de aplacar la indignación de sus más fervientes seguidores, que ya lo comenzaban a retratar como un mártir, puesto que sería una de las «pocas voces libres en un régimen en el que se habla de diálogo, pero en el que las críticas son temidas». El obispo ha dado su justa dimensión a la noticia. «Me entristece que tales noticias se estén difundiendo», dijo a “LifeSitenews”. Y añadió: «Se me pidió, en nombre de la Santa Sede, que redujera la frecuencia de mis viajes fuera de mi diócesis, para que su duración no superara los límites indicados por el Derecho Canónico (es decir 30 días). Por lo tanto, no hay ninguna prohibición para viajar». Nada de “arresto domiciliario”, ninguna limitación, ninguna instrucción escrita, sino simplemente una invitación verbal para respetar las normas establecidas para cualquier obispo católico.

 

El obispo auxiliar de Astana se refiere al canon 410 del Código, que dice así: «El Obispo coadjutor y el Obispo auxiliar, lo mismo que el Obispo diocesano, tienen el deber de residir en la diócesis, de la que no deben ausentarse si no es por poco tiempo, excepto cuando hayan de cumplir un oficio fuera de la diócesis o en vacaciones, que no deben prolongarse más de un mes». La norma, pues, establece que, salvo las vacaciones, las ausencias por motivos de salud y los viajes relacionados con un “oficio” que cumplir fuera de la diócesis (como puede ser la participación en un Sínodo, en las sesiones de trabajo de un dicterio o la visita a misiones extranjeras de la propia diócesis, etc.) el tiempo que pueden pasar fuera no debe exceder las cuatro semanas de ausencia, por razones propias como pueden ser conferencias o invitaciones para celebraciones (estas últimas, si son públicas, siempre exigen el consenso del ordinario de la diócesis en la que se llevan a cabo).


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Chile: dos obispos destituídos por el Papa

VATICAN- Papa FranciscoVATICAN-Papa Francisco  

El Papa dimite a Mons. Francisco Cox, arzobispo chileno

El Santo Padre ha dimitido del estado clerical a Mons. Francisco José Cox Huneeus, arzobispo emérito de La Serena (Chile), miembro del Instituto de los Padres de Schoenstatt, y a Mons. Marco Antonio Órdenes Fernández, obispo emérito de Iquique (Chile)

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

En un comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede se explica que en “ambos casos” se ha aplicado el artículo 21 § 2, 2° del motu proprio “Sacramentorum Sanctitatis Tutela”, como consecuencia de actos manifiestos de abusos a menores.

El Papa tomó esta decisión el pasado jueves y “no admite recurso”.  La Congregación para la Doctrina de la Fe lo ha notificado ya a los interesados, a través de sus respectivos superiores, en sus respectivas residencias. Francisco José Cox Huneeus continuará formando parte del Instituto de los Padres de Schoenstatt.


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El Cardenal Wuerl explica su renuncia a la archidiócesis de Washington

Cardinal Donald W. Wuerl waits for Pope Francis’ arrival at Andrews Air Force Base in Maryland on Sept. 22, 2015. (CNS photo/Paul Haring) 

Pope Francis has accepted the resignation of Cardinal Donald Wuerl, the archbishop of Washington, D.C., the Vatican announced at noon (Rome time), Oct. 12. At the same time, the Archdiocese of Washington released a letter from the pope to the cardinal in which he asked him to remain as “apostolic administrator” of the archdiocese until his successor is appointed. It also made public a statement from the cardinal as he stepped down.

In a two page-letter, Pope Francis made clear not only his personal esteem for the cardinal but also that he stands by him, and the reasons for this.

He recalled that on Sept. 21 the cardinal requested that the pope accept his resignation, a request which Pope Francis said “rests on two pillars that have marked and continue to mark your ministry: to seek in all things the glory of God and to procure the good of the people entrusted to your care.”

He told him, “the shepherd knows that the well-being and unity of the People of God are precious gifts that the Lord implored and for which he gave his life. He paid a heavy price for this unity and our mission is to take care that the people not only remain united, but become witnesses of the Gospel.”

Pope Francis said he recognized in the cardinal’s request “the heart of the shepherd who, by widening his vision to recognize a greater good that can benefit the whole body, prioritizes actions that support, stimulate and make the unity and the mission of the church grow above every kind of sterile division sown by the father of lies who, trying to hurt the shepherd, wants nothing more than the sheep to be dispersed (cf. Matt. 26-31).”

Then in what appears to be a reference to the Pennsylvania grand jury report that faulted Wuerl’s handling of some abuse cases when he was bishop of Pittsburgh (1988-2006),  Pope Francis told the cardinal “you have sufficient elements to ‘justify’ your actions and distinguish between what it means to cover up crimes or not to deal with problems, and to commit some mistakes.”

In other words, Pope Francis made clear that he considers the cardinal’s actions then as “mistakes,” not a cover-up or neglecting to deal with problems of abuse, and acknowledged that the cardinal could have defended himself in this field.

He warmly commended the cardinal for not engaging in self-defense and said, “Your nobility has led you not to choose the way of defense. Of this, I am proud and thank you.”

He told the cardinal, “In this way, you make clear the intent to put God’s project first, before any kind of personal project, including what could be considered as for the good of the church” and added, “Your renunciation is a sign of your availability and docility to the Spirit who continues to act in the church.”

Pope Francis concluded his letter by entrusting the cardinal to the care of the Virgin Mary and prayed that the Holy Spirit “may give you the grace to know how to continue to serve him in this new time that the Lord gives you.”

Cardinal Wuerl issued a brief statement in response to the letter from the pope, which said:

Our Holy Father, Pope Francis, has accepted the resignation first offered on November 12, 2015, when I reached my 75th birthday. I am profoundly grateful for his devoted commitment to the wellbeing of the Archdiocese of Washington and also deeply touched by his gracious words of understanding.

The Holy Father’s decision to provide new leadership to the Archdiocese can allow all of the faithful, clergy, religious and lay, to focus on healing and the future. It permits this local Church to move forward. Once again for any past errors in judgment I apologize and ask for pardon. My resignation is one way to express my great and abiding love for you the people of the Church of Washington.

The pope has asked Cardinal Wuerl to serve as administrator, that is caretaker of the diocese until the appointment of a new archbishop, which sources say should not take too long.

“The Holy Father’s decision…can allow all of the faithful, clergy, religious and lay, to focus on healing and the future.”

For many years now, Cardinal Wuerl has exercised great influence in the U.S. bishops’ conference and the church in the United States, as well as in the Vatican, where he was considered a moderate and not a cultural warrior. Born in Pittsburg on Nov. 12, 1940, he studied at The Catholic University of America and at the Gregorian University in Rome. He was ordained as a priest in 1966 and served as the secretary to the bishop of Pittsburgh, John Wright, who was later called to work in the Vatican and made a cardinal in 1969. Cardinal Wuerl worked with him in Rome until his death in 1979, and as a young priest, Cardinal Wuerl participated in the 1978 conclave that elected John Paul II, where he was assistant to Cardinal Wright, who had just come through surgery.

[Explore America’s in-depth coverage of sexual abuse and the Catholic Church.]

St. John Paul II ordained Cardinal Wuerl a bishop in St. Peter’s Basilica in 1985 and sent him first as auxiliary to the Seattle Archdiocese and in 1988 appointed him bishop of Pittsburgh. He fought with the Vatican to remove a priest from the ministry while in Pittsburg. Bishop Wuerl played an important role in the drafting of the U.S. bishops’ “Charter for the Protection of Children and Young People,” known as the Dallas Charter, and in those years was among the leaders in the U.S. hierarchy in the fight against sexual abuse of minors by priests.

In May 2006, Benedict XVI named him the archbishop of Washington, D.C., in succession to Archbishop Theodore McCarrick, and in 2010 made him a cardinal. Pope Benedict appointed him to various Vatican congregations and gave him the important role of relator general (chief rapporteur) at the 2012 synod on the new evangelization. He voted in the 2013 conclave that elected Pope Francis. Since then, he has made significant contributions to the universal church as a member of the Congregation for the Doctrine of the Faith and the Congregation for Bishops, and much else. He welcomed Benedict XVI in 2008 and Francis in 2015 to Washington and accompanied them to the White House to meet the then president, George W. Bush and Barack Obama.

Cardinal Wuerl has exercised great influence in the U.S. church as well as in the Vatican.

Cardinal Wuerl’s resignation comes in the wake of three events that raised questions regarding how he dealt with cases of abuse: the case of his predecessor Archbishop McCarrick that first came to light in June and his subsequent removal from the College of Cardinals in July; the Pennsylvania grand jury report on Aug. 14; and the first letter from the former nuncio to the United States, Carlo Maria Viganò, on Aug. 25.

The Pennsylvania grand jury report faulted the cardinal for his handling of some abuse cases in the Pittsburgh diocese where he was bishop from 1988 to 2006 but at the same time recognized that he had done much to combat sex abuse. At first, Cardinal Wuerl sought to defend his own record in Pittsburgh, pointing to the fact that there he confronted allegations of child abuse against 32 priests, 13 of whom were either dead or removed from the ministry before he arrived. He subsequently removed 18 priests from the ministry and allowed one back to the ministry because the accusation against him was deemed not credible. Indeed, in 1988 he was one of the first bishops in the United States to meet victims and was ahead of most of his brother bishops in fighting against abuse. He established a child protection review board in 1988 to review all cases of child abuse, created a survivor advocate position in 1993 to assist survivors and cooperated with law enforcement agencies and other professionals in this field. But he also acknowledged that he had not handled some causes well—made what he called “errors of judgment,” when viewed by the standards of today. He has asked forgiveness for these shortcomings in today’s statement.

The McCarrick case, the grand jury report and the Viganò letter created “a perfect storm,” and Cardinal Wuerl was caught in its midst.

Eleven days after the Pennsylvania report, Archbishop Viganò, the former nuncio to the United States, published a long written testimony accusing senior Vatican officials as well as Pope Francis of covering up the abuse of seminarians by Archbishop McCarrick, Cardinal Wuerl’s predecessor in Washington. Viganò also alleged that he had informed Wuerl about it but the cardinal took no action. Wuerl had flatly denied Viganò’s allegation and affirmed that he never knew of McCarrick’s abuse of seminarians before the case became public earlier in the summer, but not everyone believed him.

These three events—the McCarrick case, the grand jury report and the Viganò letter—created what one U.S. prelate described to me as “a perfect storm,” and Cardinal Wuerl was caught in its midst. Survivors of abuse and their advocates called for his resignation, accusing him of cover-up. His adversaries on the political, economic and theological front, who were already heavily critical of his total support for Pope Francis’ teaching on the family in “Amoris Laetitia” and on the environment in the encyclical “Laudato Si’,” also saw their opportunity and joined the fray, seeking his resignation, too.

Cardinal Wuerl, who will be 78 on Nov. 12, first handed in his letter of resignation, as all bishops are required to do, on reaching the age of 75. As the storm increased in force and calls for his resignation multiplied, he traveled to Rome at the end of August to ask the pope to accept his resignation, but Francis advised him to first consult with his clergy and discern with them the best path ahead. He did so on Sept. 3, when many supported him, but others felt it would be in the best interests of the archdiocese for him to resign. The cardinal concluded that his position as archbishop was untenable, so he returned to Rome in late September to report back to the pope and to press him to accept his resignation. Francis did so; hence today’s announcement.


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Egipto: asesinado un obispo copto.

Egipto, homicidio en monasterio. Asesinado el obispo copto Epifanio

La Iglesia copta ortodoxa habla de “incertidumbres en las circunstancias de la muerte” del abad de San Macario, discípulo de Matta el Meskin, fallecido mientras se dirigía a preparar las oraciones de la mañana. Una muerte con tratos de martirio

Anba Epifanio, obispo copto ortodoxo y abad del monasterio de San Macario el grande

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Pubblicato il 30/07/2018
Ultima modifica il 30/07/2018 alle ore 18:14
GIANNI VALENTE
ROMA

Era un hombre de oración y comunión Anba Epifanio, obispo copto ortodoxo y abad del monasterio de San Macario el grande. Celebraba el martirio cristiano como imitación de Cristo y experiencia de victoria, señal de una fe que no se cansaba de pedir al Espíritu Santo el don de la plena comunión “entre nosotros los cristianos”. Ha sido asesinado en su monasterio, al alba, mientras se dirigía a la iglesia para recitar con los demás monjes las oraciones de la mañana. Y su muerte aparece connotada por un rasgo martirial. Todavía más si a asesinarlo no han sido los yihadistas o algún ladrón llegado desde fuera sino alguien –hipótesis inquietante que por el momento no se excluye– que participaba en la vida ordinaria de su comunidad monástica.

 

La Iglesia copta ortodoxa, a través de su portavoz, ha hablado de “incertidumbres entorno a las circunstancias de la muerte de Anba Epifanio”. Su cuerpo ha sido encontrado en un pozo de sangre al alba del domingo 29 de julio, a lo largo del itinerario que esa misma lo debería haber conducido de su dormitorio a la iglesia. Según las reconstrucciones de los medios locales, el obispo habría sido golpeado en la cabeza con un objeto pesado y puntiagudo. En las investigaciones dispuestas por las autoridades judiciales han sido interrogados los miembros de su comunidad monástica para encontrar indicios que ayuden a individuar al autor y el motivo del homicidio. Mientras el Patriarca copto ortodoxo Tawadros II sigue a través de algunos enviados personales el desarrollo del trágico suceso ocurrido en una comunidad monástica que es muy querida por él por tantos motivos.

 

En la historia reciente de la cristiandad copta, el monasterio de San Macario el grande (Dayr Anba Maqar), en la región de Wadi Natrun, no es un lugar cualquiera. A partir de finales de los años sesenta del siglo pasado, ese monasterio se convirtió en el centro de irradiación de la obra espiritual de Matta el-Meskin, una de las figuras más luminosas del renacimiento del monaquismo copo en la segunda mitad del siglo XX, a través de la línea que perpetua la tradición de los ’Padres del Desierto’. Sus relaciones con la jerarquía de la Iglesia copta y sobre todo con el Patriarca Shenuda III fueron complicadas y a momentos conflictivas, precisamente en los años en los que el renacimiento del movimiento monástico en Egipto se convertía en un instrumento para descubrir el tesoro de la fe, salvaguardado durante siglos de la dominación musulmana.

 

Desde su llegada a Dayr Anba Maqar, Matta el-Meskin había sabido dar vida de nuevo al monasterio, había atraído numerosos discípulos. El monje –como ha recordado el estudioso Alberto Elli en su intervención durante el Convenio de la Comunidad de Bose dedicado a Matta el Meskin en mayo de 2016– “había comenzado a conducir una propia acción ecuménica desligada de la del patriarca Shenuda III. Por ejemplo, Matta el-Meskin había adoptado una actitud conciliadora sobre la cuestión del Filioque”. En consecuencia, papa Shenuda había prohibido vender en las librerias parroquiales las obras de Matta el-Meskin.

 

También Epifanio –como el actual patriarca Tawadros II– había sido influenciado durante su formación por la figura de Matta el Meskin. En ciertas resistencias suscitadas por el magisterio espiritual de Tawadros se encuentra todavía rastro de los contrastes que opusieron Matta el Meskin al patriarca Shenuda. 64 años, nacido en Tanta, licenciado en Medicina, Anba Epifanio entró en el monasterio en 1984 y fue ordenado sacerdote en 2002. Los monjes del monasterio lo eligieron como abate en febrero de 2013, menos de tres meses después de que Tawadros II se convirtiera en patriarca. Del nuevo patriarca, Epifanio había recibido la petición de continuar la obra para llevar el monasterio de San Macario a su antiguo esplendor.

 

Su mensaje durante el Convenio ecuménico de espiritualidad ortodoxa organizado por la Comunidad monástica de Bose sobre “Martirio y comunión”, en septiembre de 2017, había ofrecido una contribución importante para desmarcarse de los malentendidos difundidos a propósito, de manera cada vez más vergonzosa, sobre la naturaleza y las dinámicas propias e incomparables del martirio cristiano: “El martirio en la Iglesia copta –recordó Anba Epifanio– es una realidad viva que nunca se ha interrumpido en el curso de la historia. Pensábamos que, con el progreso tecnológico, la globalización de los medios modernos de comunicación, la lucha de los pueblos y las naciones por una vida mejor y la difusión de los derechos humanos, el fenómeno del martirio desaparecería y quedaría relegado al pasado. Sin embargo nuestra Iglesia continúa ofreciendo nuevos mártires todos