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El Papa a obispos de territorios de misión hoy en el mundo.

El Papa a obispos de territorios de misión: “Están en la primera línea de la evangelización”

Viernes 9 Sep 2016 | 10:48 am

Ciudad del Vaticano (AICA):

“Cada uno de ustedes tiene el gran privilegio y al mismo tiempo la responsabilidad de estar en primera línea de la evangelización”, dijo hoy el papa Francisco a los prelados que participan en el seminario de actualización para los obispos de los territorios de misión organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

“Viniendo a Roma en este Año Santo de la Misericordia se han unido a tantos peregrinos de todo el mundo. Es una experiencia que nos hace bien nos hace sentir que todos somos peregrinos de misericordia, todos necesitamos la gracia de Cristo para ser misericordiosos como el Padre. Cada obispo experimenta en primera persona esta realidad y, como vicario del ‘Pastor grande de las ovejas’, está llamado a manifestar con su vida y su ministerio episcopal ‘la paternidad de Dios, la bondad, la solicitud, la misericordia, la dulzura y, al mismo tiempo, la autoridad de Cristo, venido para dar la vida y para hacer de todos los hombres una sola familia, reconciliada en el amor del Padre’”, subrayó.

El Santo Padre recordó que los lugares de procedencia de los obispos, diferentes y distantes entre sí, pertenecían a la gran constelación denominada “territorios de misión” y dado su estar en la primera línea de la evangelización, fueron enviados, como el Buen Pastor, a “cuidar del rebaño e ir en busca de las ovejas, especialmente de las alejadas o perdidas, a buscar también nuevas modalidades del anuncio, para salir al encuentro de las personas; a ayudar a los que han recibido el don del bautismo a crecer en la fe para que los creyentes, incluso los ‘tibios’ o los no practicantes, descubran de nuevo la alegría de la fe y una fecundidad evangelizadora”.

Por eso, Francisco los animó a “encontrar incluso a las ovejas que aún no pertenecen al redil de Cristo. Efectivamente, la evangelización está esencialmente conectada con el anuncio del Evangelio a los que no conocen a Jesucristo o que siempre lo han rechazado”.

Tras señalarles que pueden sumar laicos a su obra misional y exhortarlos a prestarle atención a la formación de los sacerdotes, les pidió que no se olviden que “el prójimo más prójimo del obispo es el presbítero”.

Francisco los instó a prestar mucha atención a que todo cuanto se hace por la evangelización al igual que las diversas actividades pastorales no se vea perjudicado o minimizado por las divisiones que existen ya o por las que se pueden crear.

“Hay retos difíciles de resolver, pero con la gracia de Dios, con la oración, con la penitencia, se puede”, reconoció y sostuvo: “La Iglesia está llamada a situarse siempre por encima de las connotaciones tribales-culturales y el obispo, principio visible de unidad, tiene la tarea de edificar incesantemente la Iglesia particular, en la comunión de todos sus miembros”.

“Cuiden al pueblo de Dios que se les ha confiado, cuidan de los presbíteros, cuidan de los seminaristas. Esta es su tarea”, finalizó invocando la ayuda de la Virgen María y pidiéndoles que recen por él.+


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Jornadas de estudio para obispos misioneros.

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Los obispos nombrados en los últimos dos años en las circunscripciones eclesiásticas dependientes de la Congregación Misionera, que participarán en un seminario de estudio celebrado para ellos por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos son 94 en total. De ellos, los obispos de África son 42, procedentes de 19 naciones; otros 36 llegan desde Asia a Roma, de 9 países diferentes; de América son 12 los obispos provenientes de 9 países; por último, de Oceanía son 4, procedentes de dos naciones.
El Seminario de estudio, iniciado en 1994, quiere ofrecer a todos los obispos nombrados recientemente para la guía de las diócesis en territorios de misión, un período de tiempo, al comienzo de su misión, para reflexionar, profundizar en la vida y ministerio episcopal, dialogar y orar. Para ello, los relatores son personalidades eclesiásticas prestigiosas.
El calendario prevé tres conferencias diarios, seguidas de debates y trabajos en grupo. El domingo 4 de septiembre, los obispos llegarán al Colegio Pontificio de San Pablo apóstol, sede del seminario. El primer día, el lunes 5 de septiembre, se inaugurara con una celebración eucarística presidia por el Card. Fernando Filoni, Prefecto del Dicasterio Misionero, y de su saludo a los participantes. Le seguirá la intervención “El obispo como Siervo del Evangelio”, de Su Exc. Mons. Savio Hon Tai Fai, Secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Por la tarde el Card. Robert Sarah tendrá una ponencia sobre “La actualidad de la Misión ad gentes en la realidad del mundo”. El martes 6 Su Exc. Mons. Protase Rugambwa, secretario-adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de le Obras Misionales Pontificias (OMP), ilustrará la estructura, competencias y actividades de las OMP.
El programa del Seminario contará con las intervenciones de los Cardenales: Kurt Koch (Diálogo ecuménico en los territorios de misión), Angelo Amato (Espiritualidad del obispo), Peter Turkson (Doctrina social de la iglesia y evangelización), Lorenzo Baldisseri (Sínodo de los obispos y comunión episcopal), Marc Ouellet (El Papa y los obispos: comunión y misión), Beniamino Stella (Paternidad hacia los presbíteros y formación del clero), George Pell (Servicio administrativo del obispo).
Además tomarán la palabra los arzobispos y obispos: Paul Richard Gallagher (La Santa Sede y las relaciones con los estados), Juan I. Arrieta (Programas pastorales y estructuras diocesanas de colaboración/Motu proprio Mitis iudex Dominus Jesus),Vincenzo Paglia (Formación de los laicos), Angelo V. Zani (Iniciativas educativas), José Rodriguez Carballo (Cuidado de la vida consagrada), Charles Jude Scicluna (Celibato del clero y de eclesiásticos acusados de abuso sexual), Luis Francisco Ladaria (Ejercicio del munus docendi), Artur Roche (Liturgia y santificación de la iglesia), Miguel Ayuso Guixot (Diálogo interreligioso en los territorios de misión).
Tambiçen están en programa las ponencias del p. Joseph Koonamparampil y del prof. Frank Elias (Vademécum para los obispos), Mons. Giampietro Dal Toso (El servicio de la caridad), p. Hans Zollner (Proteción de menores y de adultos vulnerables), Mons. Giampaolo Montini (Administración de la justicia), p. Peter Gonsalves (Uso de los medios de comunicación en la evangelización).
El viernes 9 tendrá lugar la audiencia del Santo Padre y el domingo 11 de septiembre los obispos se dirigirán en peregrinación a Asís. El Seminario terminará el sábado 17 de septiembre, con la Concelebración Eucarística en la tumba del Apóstol Pedro, y la última ponencia. (SL) (Agencia Fides 2/09/2016)


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Mensaje del Papa para la Jornada mundial de las misiones 2016.

Mundo

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES
2016

 

Iglesia misionera, testigo de misericordia

 

Queridos hermanos y hermanas:

El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella «tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio» (Bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, «no sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica» (Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. BulaMisericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.

Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.

En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13.7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor.

Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera, como he señalado también en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20).

En este Año jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el Papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieron que fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensachemos para que abarque a toda la humanidad.

Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos.

Vaticano, 15 de mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés

Francisco


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China y los jesuitas misioneros. Libro.

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El papel de los jesuitas en China ha sido, sin desmerecer a otras órdenes religiosas que también han hecho una gran contribución, de una influencia enorme tanto para China como para Occidente a muy distintos niveles. La famosa controversia de si los chinos bautizados podían seguir dando culto a sus ancestros entre jesuitas y dominicos dio lugar, por ejemplo, una categoría filosófica que hoy damos por supuesta en cualquier actividad misionera: la inculturación. Las dificultades con las que se enfrentó Francisco Javier en Japón, donde los nativos no aceptaban la doctrina cristiana entre otras razones porque pensaban que si era tan buena los chinos, cuya civilización era la referencia para ellos en aquel tiempo, ya la habrían adoptado hizo que se replanteara por completo la manera de evangelizar. A diferencia de lo que sucedió en América Latina o Filipinas donde en mayor o menor grado se reprodujo un modelo de cristiandad.

Otro de los factores que propició la “política de la adaptación”, lo que hoy conocemos como inculturación, fue la dificultad de traducir la fe a un idioma y una cultura como la japonesa. Había términos similares a “Dios” pero que no se correspondían exactamente con lo que los cristianos entendían por Dios. Esto le dio muchos dolores de cabeza a Francisco Javier quien pensaba que el asentimiento de la voluntad a la verdad revelada era condición necesaria para la salvación, y esa imprecisión terminológica impedía la salvación de los conversos. A consecuencia de esto Alejandro Valignano y Mateo Ricci tuvieron que plantearse un nuevo modo de evangelización. Era necesario adentrarse en la historia y la cultura china para poder así recuperar o recrear una terminología religiosa que sirviera de caldo de cultivo para una futura cristiandad. Esto llevó a que la misión de China adquieriese unas características únicas en comparación con otras. Los jesuitas tenían que adiestrarse no sólo en la lengua china sino también en música, caligrafía, literatura, filosofía o etiqueta. Esto hizo de los jesuitas adoptaran tanto los ropajes del lugar como la lengua china como lengua de la misión. En Japón y en otros lugares del mundo la lengua de la misión era la lengua de procedencia. La evangelización se hacía por medio de catequistas locales que aprendían los rudimentos de la fe y de la lengua de los misioneros.
Sin embargo, la misión de china no sólo introdujo la ciencia o la filosofía occidental en China sino también fue una ventana para dar a conocer China a occidente. Muchos intelectuales occidentales tenían noticia de una civilización que había inventado la pólvora y la imprenta mucho antes que los europeos por medio de los jesuitas. El más conocido de ellos fue, sin duda, el filósofo y matemático Leibniz.
La presencia de jesuitas españoles en China ha sido comparativamente inferior a la de otras naciones por razones obvias: España ha tendido a concentrar su presencia misionera en América Latina. Sin embargo, entre esa pléyade de intelectuales y misioneros jesuitas también hay un hueco para algunos jesuitas españoles que entregaron generosamente sus vidas por el pueblo chino. El libro de “Jesuitas Españoles en China” es precisamente un homenaje a todos esos misioneros.
El libro está dividió en dos partes. La primera parte con las tres generaciones de jesuitas que se corresponden con la llegada de la primera generación de jesuitas, con Mateo Ricci a la cabeza, y se cierra con la prohibición y posterior expulsión de los misioneros por edicto del emperador Yongzheng en 1724. La segunda generación se abre en 1842 con la invasión de China por parte de las fuerzas extranjeras hasta la llegada del partido comunista al poder en 1949 y la tercera de 1949 a esta parte. La segunda parte se compone de algunos artículos monográficos sobre las obras y los jesuitas españoles en China.
De la primera generación destaca sin duda el madrileño Diego de Pantoja, natural de Valdemoro. Fue el sucesor de Mateo Ricci como superior de la misión de China en Pekín. Tanto el conocimiento de la lengua como de la cultura china fue superior al de Ricci, si bien su contribución se ha visto oscurecida por la mitificación de la figura de Ricci. Es una figura que está todavía por estudiar si bien hay algunos estudios en chino sobre él. En el aspecto de inculturación también hay otras figuras como el P. Carmelo Elorduy, que escribió varios libros sobre filosofía china, o el P. Fernando Mateos quien, junto al P. Ignacio Arrizabalaga y el P. Miguel Otegui escribieron el Diccionario Chino-Español.
Hay otros muchos jesuitas españoles que dieron una gran contribución en otras áreas. Así el P. Luis Ruiz, fallecido hace unos años, trabajó muchos años en las calles de Macao ayudando a los chinos que salían de la China comunista sin nada. En China continental también abrió numerosos leprosorios. En el apostolado social también cabe destacar el P. José Ellacuría quien inició el movimiento sindical en Taiwán creando la institución Rerum Novarum que hoy se dedica a la atención de trabajadores inmigrantes.
Los hermanos jesuitas también han jugado un papel fundamental en la misión. En China continental a principios del siglo pasado atendiendo a numerosos enfermos en los dispensarios de la misión de Anking y Wuhu. Y tras la expulsión de China abrieron en Hsinpu, Taiwán, uno de los primeros colegios técnicos del país donde se han formado muchísimos jóvenes de etniahakka o aborígenes taiwaneses. Muchos de estos aborígenes eran enviados de las montañas de Hsinchu donde había un equipo de jesuitas españoles trabajando con ellos


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Las misioneras de la Caridad y el asesinato del Yemen

Homenaje a las mujeres misioneras- La fiesta del 8 de marzo tras la masacre de Aden

2016-03-08 L’Osservatore Romano

«Seguimos rezando juntas por la hermana que sobrevivió y por el padre salesiano de quien no se tienen más noticias». La hermana Cyrene, provincial para Italia de las misioneras de la caridad conoció hace diez años a la hermana Marguerite, originaria de Ruanda, una de las cuatro religiosas horriblemente asesinadas el viernes pasado junto con otras doce personas en un centro de acogida para los ancianos y discapacitados cerca de la ciudad yemení de Aden.

La religiosa está aún comprensiblemente conmocionada por los acontecimientos y todas las palabras que emplea en una breve conversación telefónica con «L’Osservatore Romano» son para explicar sentido de la misión heredada de la madre Teresa de Calcuta y la tenacidad con la que en todos los rincones del planeta las misioneras del sari blanco tratan de permanecer fieles incluso ante las dificultades, el miedo, y hasta cuando todo aconseja abandonar y huir. «Nosotras no dejamos a los pobres. Es impensable», dice la religiosa que en cada frase recuerda la lección recibida de la fundadora. «La Madre siempre nos ha enseñado esto. Si estamos solas y no tenemos personas a las que cuidar, ante el peligro, cambiamos de lugar, vamos a otra parte. Pero si tenemos a los pobres, los enfermos, los paralíticos… ¿cómo podríamos? La Madre siempre lo ha hecho así, aún la recuerdo en Beirut con los niños bajo los bombardeos. Así lo hicimos hace años en Liberia. Así lo hacemos en Siria. Y así lo hacemos también en Yemen, donde, no lo olvidemos, tenemos otras casas». Lo que realmente «hace daño», añade, es «la indiferencia en el corazón de tanta gente por las condiciones y la suerte que corren los pobres y los últimos».


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Misioneras de la caridad asesinadas en Yemen por un grupo terrorista.

Conmoción del Papa por el atentado en Yemen donde han muerto Misioneras de la Caridad

2016-03-05 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco ha mostrado su profunda tristeza por el asesinato de cuatro Misioneras de la Caridad en Yemen, junto con otras 12 personas, en un ataque terrorista.

En un telegrama enviado a través del Secretario del Estado Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, el Pontífice ha asegurado sus oraciones por las familias de las víctimas de este acto de “violencia sin sentido y diabólica”.

El Papa reza para que esta masacre “despierte las consciencias y guíe hacia un cambio de los corazones e inspire a todas las partes a dejar las armas y tomar el camino del diálogo”. En nombre de Dios Francisco pide a todos “renunciar a la violencia, renovar el compromiso con el pueblo de Yemen, en particular con los más necesitados” a los que las misioneras de Madre Teresa “trataron de servir”. El Papa imparte su bendición apostólica a cuantos sufren a causa de la violencia y en particular a las Misioneras de la Caridad.


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Iglesia misionera hoy. Palabras del Papa.

El Papa recuerda a los tantos anónimos buenos samaritanos que trabajan en las misiones

(RV).- Al recibir a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para laEvangelización de los Pueblos, el primer jueves de diciembre, que analizaron el futuro de la misión “ad gentes”, el Papa Francisco los saludó recordando lo que él mismo pudo ver durante su reciente viaje apostólico al continente africano:

“Estoy de regreso de mi primer viaje apostólico a África, donde he tocado con las manos el dinamismo espiritual y pastoral de tantas jóvenes Iglesias de aquel continente, como también las graves dificultades en que vive buena parte de la población. He podido constatar que, allí donde hay necesidades, casi siempre hay una presencia de la Iglesia dispuesta a curar las heridas de los más necesitados, en los que reconoce el cuerpo llagado y crucificado del Señor Jesús. ¡Cuántas obras de caridad, de promoción humana! ¡Cuántos anónimos buenos samaritanos trabajan cada día en las misiones!”.

Tras destacar que la Iglesia es evangelizadora por su misma naturaleza y aludir al Decreto conciliar Ad gentes y a la Encíclica Redemptoris missio, de San Juan Pablo II, documentos inspiradores de esta Plenaria, el Papa Bergoglio se refirió a la investigación que este Dicasterio llevó a cabo en los meses pasados acerca de la vitalidad de las Iglesias jóvenes, para comprender cómo hacer más eficaz la obra de esta misión “ad gentes”, teniendo en cuenta también la ambigüedad a la que hoy suele estar expuesta la experiencia de la fe.

Por esta razón el Pontífice afirmó que el mundo secularizado, incluso cuando se muestra acogedor hacia los valores evangélicos del amor, de la justicia, de la paz y de la sobriedad, no muestra la misma disponibilidad hacia la persona de Jesús, a quien no lo considera Mesías ni Hijo de Dios, sino al máximo, “un hombre iluminado”. Y agregó que es vital que en el momento presente la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, “sin demora, sin repulsiones y sin miedo” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 23).

“En efecto, la misión es una fuerza capaz de transformar a la Iglesia en su propio interior antes que la vida de los pueblos y de las culturas. Por tanto, que cada parroquia haga propio el estilo de la missio ad gentes. De este modo, el Espíritu Santo transformará a los fieles rutinarios en discípulos, los discípulos desapegados en misioneros, sacándolos de los miedos y de las cerrazones y proyectándolos hacia cada dirección, hasta los confines de la tierra  (Cfr.Hch 1,8)”.

Después de destacar que los primeros evangelizadores, como los apóstoles Pablo y Bernabé no disponían de un Dicasterio misionero como ahora, el Papa Francisco les agradeció la labor que realizan diciendo textualmente:

“Les agradezco su trabajo de animación y cooperación misionera, con el que recuerdan a toda las Iglesias que, si están constreñidas en sus propios horizontes, corren el riesgo de atrofiarse y apagarse. La Iglesia vive y crece “en salida”, tomando la iniciativa y haciéndose prójimo. Por eso ustedes animan a las comunidades a ser generosas también en los momentos de crisis vocacional”.

Además el Papa les recordó que “la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana”, dando nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones” (Redemptoris missio, 2).

“En los tantos senderos de la missio ad gentes ya es visible el alba del nuevo día, como lo demuestra el hecho de que las jóvenes Iglesias saben dar, y ni sólo recibir”.

El Santo Padre Francisco al final de su alocución los invitó a rezar y a trabajar para que la Iglesia se asemeje cada vez más al modelo de los Hecho de los Apóstoles, dejándose impulsar por la fuerza del Evangelio y del Espíritu Santo. Y se despidió con estas palabras:

“Que María Santísima, Madre de Dios, san Francisco Javier y santa Teresita del Niño Jesús, patronos de las misiones, iluminen nuestros pasos en el servicio al Evangelio del Señor Jesús. Los acompaño con la bendición apostólica y les pido, por favor, que recen por mí”.