Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Mensaje del Papa a las Obras misionales pontificias.

El Papa a las Obras Misionales Pontificias: «Sostengan a las Iglesias Jóvenes»

El Santo Padre alienta, a través de un videomensaje, la misión evangelizadora de esta institución católica extendida por todo el mundo

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco lanza un videomensaje de aliento y gratitud a las Obras Misionales Pontificias (OMP), cuya labor fundamental para la misión de la Iglesia, es a menudo poco conocida.

El Santo Padre destaca el gran impulso que en el siglo diecinueve recibió el anuncio de Cristo expresado en la fundación de las Obras Misionales, “con el fin específico de rezar y actuar concretamente para sostener la evangelización en los nuevos territorios”.

La oración: primera obra misionera

Unas Obras, que tal y como recuerda Francisco, “fueron reconocidas como Pontificias por el Papa Pío XI, que de este modo quiso subrayar cómo la misión de la Iglesia hacia todos los pueblos es importante para el Sucesor de Pedro”.

Una misión que todavía perdura con el paso del tiempo, ya que las Obras Misionales Pontificias continúan hoy este importante servicio iniciado hace casi 200 años: están presentes en 120 países con Directores Nacionales, coordinados por Secretariados internacionales ante la Santa Sede.

Por otra parte, el Obispo de Roma explica que las OMP, son importantes ante todo porque “debemos rezar por los misioneros y las misioneras, por la acción evangelizadora de la Iglesia”, ya que la oración “es la primera obra misionera que todo cristiano puede y debe hacer, y es también aquella más eficaz, si bien esto no se pueda medir”.

El Espíritu Santo lleva adelante la evangelización

En segundo lugar, el Pontífice añade que estas obras garantizan en nombre del Papa una equitativa distribución de las ayudas, de modo que todas las Iglesias en el mundo tengan un mínimo de asistencia para la evangelización, para los sacramentos, para los propios sacerdotes, los seminarios, para el trabajo pastoral, para los catequistas: “sostén a los misioneros que evangelizan, y sostén sobre todo con la oración, para que el Espíritu Santo esté presente. Es Él que lleva adelante la evangelización”.

Sostener a las Iglesias jóvenes

El Papa se despide en su mensaje, alentando a todos “a colaborar en nuestra tarea común de anunciar el Evangelio y de sostener a las jóvenes Iglesias a través del trabajo de estas Obras Misionarias. De esta manera, en cada pueblo, la Iglesia continúa a abrirse a todos y proclamar con alegría la Buena Noticia de Jesucristo, Salvador del mundo”.

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Mensaje del Papa para la próxima jornada misional en octubre

Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de las Misiones 2018

Redacción ACI Prensa

Papa Francisco (2015) / Crédito: Vatican Media

Papa Francisco (2015) / Crédito: Vatican Media

Este sábado el Vaticano hizo público el Mensaje del Papa Francisco por la 92 Jornada Mundial de las Misiones a celebrarse el domingo 21 de octubre de 2018.

En el texto, el Santo Padre invita a todos los cristianos, especialmente a los jóvenes, a llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra, testimoniando el amor de Dios.

“Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía” explica el Papa.

A continuación, el texto completo del Mensaje del Papa Francisco:

Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos

Queridos jóvenes, deseo reflexionar con vosotros sobre la misión que Jesús nos ha confiado. Dirigiéndome a vosotros lo hago también a todos los cristianos que viven en la Iglesia la aventura de su existencia como hijos de Dios. Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía. «La misión refuerza la fe», escribía san Juan Pablo II (Carta enc. Redemptoris missio, 2), un Papa que tanto amaba a los jóvenes y que se dedicó mucho a ellos.

El Sínodo que celebraremos en Roma el próximo mes de octubre, mes misionero, nos ofrece la oportunidad de comprender mejor, a la luz de la fe, lo que el Señor Jesús os quiere decir a los jóvenes y, a través de vosotros, a las comunidades cristianas.

La vida es una misión

Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes perciben cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza en un futuro mejor. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra, nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).

Os anunciamos a Jesucristo

La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf. Mt 10,8; Hch 3,6), comparte con vosotros, jóvenes, el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida. Os lo digo por experiencia: gracias a la fe he encontrado el fundamento de mis anhelos y la fuerza para realizarlos. He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf. 1 Co 1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf. Jn 3,16). Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf. 2 Co 5,14). Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

Transmitir la fe hasta los confines de la tierra

También vosotros, jóvenes, por el Bautismo sois miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Vosotros estáis abriéndoos a la vida. Crecer en la gracia de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos, donde la sabiduría del que tiene experiencia se convierte en testimonio y aliento para quien se abre al futuro. Y la novedad de los jóvenes se convierte, a su vez, en apoyo y esperanza para quien está cerca de la meta de su camino. En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.

Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.

Los confines de la tierra, queridos jóvenes, son para vosotros hoy muy relativos y siempre fácilmente “navegables”. El mundo digital, las redes sociales que nos invaden y traspasan, difuminan fronteras, borran límites y distancias, reducen las diferencias. Parece todo al alcance de la mano, todo tan cercano e inmediato. Sin embargo, sin el don comprometido de nuestras vidas, podremos tener miles de contactos pero no estaremos nunca inmersos en una verdadera comunión de vida. La misión hasta los confines de la tierra exige el don de sí en la vocación que nos ha dado quien nos ha puesto en esta tierra (cf. Lc 9,23-25). Me atrevería a decir que, para un joven que quiere seguir a Cristo, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a la propia vocación.

Testimoniar el amor

Agradezco a todas las realidades eclesiales que os permiten encontrar personalmente a Cristo vivo en su Iglesia: las parroquias, asociaciones, movimientos, las comunidades religiosas, las distintas expresiones de servicio misionero. Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.

Las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente» (Encuentro con los jóvenes, Santuario de Maipú, 17 de enero de 2018).

Queridos jóvenes: el próximo octubre misionero, en el que se desarrollará el Sínodo que está dedicado a vosotros, será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra. A María, Reina de los Apóstoles, a los santos Francisco Javier y Teresa del Niño Jesús, al beato Pablo Manna, les pido que intercedan por todos nosotros y nos acompañen siempre.

FRANCISCUS


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Hoy, 3 de diciembre, fiesta de S.Fco.Javier

Hoy la Iglesia celebra a San Francisco Javier, el gigante de las misiones

San Francisco Javier

San Francisco Javier

 

ROMA, 03 Dic. 17 / 12:01 am (ACI).- Hoy 3 de diciembre la Iglesia celebra a San Francisco Javier, sacerdote jesuita considerado patrono de todos los misioneros y llamado “gigante de la historia de las misiones”, por las muchas conversiones que logró en el lejano oriente en tiempos muy difíciles.

San Francisco Javier nació en 1506, en el castillo de Javier de Navarra, cerca de Pamplona (España). A los 18 años fue a estudiar a la Universidad de París (Francia) y obtuvo el grado de licenciado. Tuvo como compañero de pensión al Beato jesuita Pedro Favre y conoció al entonces estudiante San Ignacio de Loyola, quien le solía repetir la frase de Cristo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?”

Poco a poco estas palabras fueron calando en su corazón. Gracias a los ejercicios espirituales de San Ignacio pudo comprender lo que su amigo le decía: “Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura eternamente”.

Se consagró al servicio de Dios con los jesuitas en 1534.  Años después fue ordenado sacerdote en Venecia. Más adelante, estando en Roma, San Francisco Javier ayudó a San Ignacio con la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús.

En la primera expedición misionera de la Compañía, parte el santo rumbo a la India. Hizo escala en Lisboa (Portugal), para encontrarse con el P. Rodríguez, quien también tenía la misión de acompañarlo. Pero el rey Juan III les tomó mucha estima por las obras caritativas que hacían y el P. Rodríguez tuvo que quedarse.

Antes de continuar su viaje a la India, el rey entrega al santo un “breve” de parte del Papa que lo nombraba Nuncio Apostólico en el oriente. Posteriormente, luego de una larga travesía, San Francisco Javier y otros dos compañeros llegan a Goa, colonia portuguesa.

Lamentablemente los desórdenes morales de los cristianos portugueses habían hecho que muchos se alejaran de la Fe. Una de estas contradicciones era que se usaba el Rosario para contar el número de azotes a los esclavos.

Entonces el santo emprendió una ardua tarea de catequesis. Atendía a los enfermos, celebraba la Misa con los leprosos, enseñaba a los esclavos y hasta adaptaba las verdades del cristianismo a la música popular. Poco después sus canciones se cantaban en las calles, casas, campos y talleres.

Comenzaron a darse tantas conversiones en la tribu de los paravas, que el santo escribió a sus hermanos en Europa que algunas veces con las justa podía mover los brazos, por lo fatigados que estaban al administrar un gran número de bautizos.

Sin embargo también fue testigo de los abusos que los portugueses y paganos cometían contra los nativos, algo que describió como “una espina que llevo constantemente en el corazón”. Posteriormente San Francisco Javier escribiría al rey de Portugal para denunciar el estado de la misión.

Luego continuó con su misión evangelizadora por diferentes ciudades, pueblos e islas. En 1549 partió de la India al Japón con la ayuda de dos hermanos de la Orden y dos japoneses que se habían convertido.  Al cabo de un año logró unas cien conversiones y las autoridades japonesas le prohibieron que continuara con su labor pastoral.

Se trasladó a otros pueblos, convirtiendo a muchos, y hasta pudo conseguir prestado un antiguo templo budista donde bautizó a un gran número de personas. Retornó a visitar a la comunidades de la India y luego se trasladó a Malaca, donde emprendería el viaje a la China, territorio inaccesible para los extranjeros.

Parte con una expedición y llega a la isla desierta de Sancián (Shang-Chawan), cerca a la costa y a cien kilómetros al sur de Hong Kong.  Sin embargo, San Francisco Javier cae enfermo y una fuerte fiebre lo va consumiendo. El 3 de diciembre de 1552 partió a la Casa del Padre pronunciando el nombre de Jesús.

Su féretro fue llenado de barro para que posteriormente pudiera ser trasladado. Después de diez semanas quitaron el barro y vieron que su cuerpo estaba incorrupto y que no había perdido el color.

El cuerpo del santo fue llevado a Malaca, donde todos salieron a recibirlo con alegría y finalmente fue trasladado a Goa, donde los médicos comprobaron su estado incorrupto. Ahí, en la Iglesia del Buen Jesús, reposan sus restos hasta hoy.

San Francisco Javier fue canonizado en 1622 junto a otro grandes santos como San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila, San Felipe Neri y San Isidro Labrador.


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China reconoce el heroísmo de unos misioneros cristianos

La Academia china de las Ciencias sociales exalta a los mártires de Zhengding

El «think tank» del gobierno hace un homenaje al obispo y a los nueve misioneros (europeos) quemados vivos porque protegían a las chicas que los soldados japoneses pretendían como «mujeres de consuelo». Un caso que suscitó el interés del mismo Xi Jinping
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Pubblicato il 11/11/2017
Ultima modifica il 11/11/2017 alle ore 19:23
GIANNI VALENTE
ROMA

La Academia china de las Ciencias Sociales encendió los reflectores sobre los misioneros católicos que desde lejanas tierras europeas llegaron a China para anunciar el Evangelio. Y no los describió como «quintas columnas» de los imperialismos occidentales. Al contrario, los exaltó como «amigos» del pueblo chino, dispuestos a dar la vida para proteger a mujeres y niños de la violencia de los invasores japoneses, cuando el ejército del Sol Levante trató de subyugar a China. Una constatación a la que no parece ajeno el interés demostrado por el mismo presidente Xi Jinping ante las narraciones sobre los misioneros mártires de los años treinta del siglo pasado.

 

El reconocimiento del bien que hicieron los misioneros católicos al pueblo chino surgió en una conferencia organizada a finales de octubre por el mayor centro de investigación histórica y social de la República Popular China, en ocasión del 80 aniversario del llamado «Masacre de la Iglesia de Zhengding», en donde, en 1937 ocho misioneros europeos que asistían a miles de prófugos fueron asesinados por los soldados japoneses. También la Agencia Fides, relacionada con la Congregación vaticana de Propaganda Fide, dio relieve al alcance y las consecuencias del congreso: De los académicos del “think tank” del gobierno de Pekín llega la constatación de que esos misioneros católicos fueron movidos a tal gesto de gratuita oblación de sí no por un vago sentimiento humanitario o por la decisión de querer convertirse en héroes, sino simplemente por su fe cristiana».

 

El martirio, la fe y Xi Jinping

 

El caso sobre el que reflexionó el simposio, organizado también gracias al Instituto cultural Faith, dirigido por el sacerdote católico John Baptist Zhang, representa uno de los testimonios más emblemáticos de la dedicación al pueblo chino manifestada por los misioneros católicos durante la segunda guerra sino-japonesa: es la historia del obispo holandés Frans Schraven y los ocho misioneros europeos que fueron asesinados por los soldados japoneses porque trataron de proteger a las 200 chicas chinas que los militares del ejército invasor pretendían reducir a esclavas sexuales. Los historiadores la recuerdan como «la masacre de la iglesia de Zhengding», perpetrada el 9 de octubre de 1937: el obispo Schraven, desde 1921 vicario apostólico de Zhengding (hoy Shi Jiang Zhuang), y sus compañeros de martirio fueron quemados vivos por las tropas de ocupación japonesas. Además de las 200 chicas que los soldados nipones reclamaban como «mujeres de consuelo», el obispo Frans y sus compañeros acogieron y defendieron de la violencia de los militares a otros miles de desplazados chinos, que encontraron refugio en la iglesia.

 

Los académicos, eclesiásticos, historiadores y representantes políticos que participaron en la conferencia, refiere la Agencia Fides, se mostraron de acuerdo en reconocer el aporte positivo que la Iglesia católica en China ofreció a la nación y a su población durante la guerra con los invasores japoneses. Algunas intervenciones incluso exaltaron en términos más generales la contribución de los misioneros católicos en el desarrollo de la sociedad china, sobre todo en los campos de la educación, cultural y sanitario. «Nuestra evaluación sobre los misioneros», subrayó el profesor Li Qiu Ling, de la Universidad del Pueblo de Pekín, «debe volver a considerar su identidad y condición misionera. La razón profunda por la que no se echaron para atrás, en ese trágico tiempo que China estaba afrontando, radica precisamente en su fe». El profesor Liu Guo Peng, investigador del Instituto de Estudios sobre el Cristianismo de la Academia y moderador de la Conferencia, indicó que en 2013, durante el trabajo de catalogación de los documentos conservados en el Archivo de Propaganda Fide, pudo estudiar los documentos que atestiguan el martirio del obispo Frans y sus compañeros.

 

Durante la conferencia también se indicó que el presidente Xi Jinping escuchó la historia sobre el sacrificio del obispo y de sus compañeros en China cuando se encontraba en Holanda en 2014, durante su visita oficial. Y se utilizaron también para los mártires de Zhengding las palabras de agradecimiento que el presidente chino ha dedicado en sus discursos oficiales a todos los que durante la Segunda Guerra Mundial «sacrificaron sus vidas por el país, por la nación y por la paz». En octubre de 2014, pocos meses después de la visita holandesa de Xi Jinping, el apoyo de los misioneros católicos a la población china durante la invasión japonesa fue el argumento de otro congreso organizado en el seminario de Hebéi con la participación de instituciones académicas y culturales como la Universidad Fudan de Shanghái y la Universidad Normal de Hebéi.

 

Una mirada objetiva sobre la obra de los misioneros en China

 

La obra de los misioneros católicos en China, que también fue considerada por la conferencia china de las Ciencias sociales, se convirtió en el pasado en terreno de polémicas e iniciativas controvertidas. En 2000 incluso muchos misioneros acabaron en la trituradora de la polémica china con el Vaticano, en ocasión de la canonización de los 120 mártires de China, elevados a la gloria de los altares por Juan Pablo II el primero de octubre de ese Año Jubilar. La fecha elegida para la canonización coincidía con el día de la fiesta nacional de la República Popular China. Y en todo el proceso de canonización se hizo notar el activismo de la Iglesia y de las instituciones de Taiwán (con el embajador taiwanés ante el Vaticano en primera fila durante la ceremonia de canonización). Estos detalles alimentaron la irritación del gobierno de Pekín, que atacó la canonización como una operación política, un «complot» anti-chino.En la polémica, misioneros y sacerdotes mártires fueron denigrada como agentes del colonialismo occidental, autores de «delitos» contra el pueblo chino.

 

Ahora, la conferencia sobre la masacre de la iglesia de Zhengding confirma que instituciones culturales chinas e instituciones eclesiásticas pueden confrontarse y tratar de compartir una mirada serena y objetiva incluso sobre la historia de las misiones católicas en China. Por lo demás, también la historiografía católica reconoce sin censuras que entre los siglos XIX y XX el fervor apostólico en China tuvo que afrontar las estrategias imperialistas de los países occidentales, que pretendían repartirse el botín de un imperio que estaba colapsando. En realidad, ya desde entonces los misioneros y los hombres de Iglesia más agudos no dejaban de denunciar cuán sofocante era, para la acción apostólica, la presión de las potencias imperialistas. Celso Constantini, que fue el primer delegado pontificio en China (y cuyo proceso de beatificación acaba de comenzar) en 1920 trazó un crudo balance de las décadas en las que la misión se convirtió para las potencias occidentales en un instrumento de expansión colonial: «Los chinos —reconoció Constantini— sufrieron la formidable serie de pérdidas y humillaciones por obra de las misiones cristianas, y vieron las misiones estrechamente conectadas con apolítica agresiva delas naciones extranjeras […]. Sucedió que los gobiernos europeos expulsaban a los religiosos del propio país, negándoles el derecho común a todos los ciudadanos, pero estuvieron muy preocupados por protegerlos en las misiones en China […]. En virtud de los tratados impuestos a China por la fuerza, y especialmente por la exención de los extranjeros de la jurisdicción china, las misiones acabaron constituyendo un “imperium” en imperio».


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Octubre 2019, será un mes misionero extraordinario.

Carta del Papa para convocar el mes misionero extraordinario de octubre de 2019

2017-10-22 Radio Vaticana

 

El Papa Francisco –  con una Carta al Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Card. Filoni, acogiendo la propuesta de este Dicasterio – convocó un mes misionero extraordinario en octubre de 2019,  año en que se cumple el centenario de la promulgación de la Carta apostólica Maximum illud, con la que Benedicto XV quiso dar un nuevo impulso al compromiso misionero de anunciar el Evangelio.

Respondiendo a «la perenne invitación de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). Cumplir con este mandato del Señor no es algo secundario para la Iglesia; es una «tarea ineludible», como recordó el Concilio Vaticano II», recuerda el Papa Francisco, que destaca asimismo que convoca este mes misionero extraordinario «con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral».

El Obispo de Roma añade que nos podremos disponer para ello, también durante el mes misionero de octubre de 2018, «para que todos los fieles lleven en su corazón el anuncio del Evangelio y la conversión misionera y evangelizadora de las propias comunidades; para que crezca el amor por la misión, que ‘es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo’»

La Carta pontificia recuerda que «corría el año 1919 cuando el Papa, tras un tremendo conflicto mundial que él mismo definió como una «matanza inútil», comprendió la necesidad de dar una impronta evangélica a la misión en el mundo, para purificarla de cualquier adherencia colonial y apartarla de aquellas miras nacionalistas y expansionistas que causaron tantos desastres».

El Papa Francisco escribe que desea proponer de nuevo la exhortación de San Juan Pablo II «a la Iglesia a un “renovado compromiso misionero”, convencido de que la misión “renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal”»

El Santo Padre encomienda la preparación del evento a la  Congregación para la Evangelización y a las Pontificias Obras Misioneras y fecha su Carta al Card. Filoni, el 22 de octubre de 2017, Domingo XXIX del tiempo ordinario, Memoria de San Juan Pablo II, Jornada Misionera Mundial.

(CdM)

 


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La jornada anual de las misiones este domingo

Una ventana al mundo, desde la clausura hasta la misión

Hace noventa años, Pío XI proclamó a Teresa de Lisieux «Patrona de los misioneros», título que comparte con Francisco Javier. En el futuro, la laica Pauline Marie Jaricot podría unirse a ellos en un inédito «triumvirato»

Una imagen de Pauline Jaricot

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Pubblicato il 21/10/2017
Ultima modifica il 21/10/2017 alle ore 18:57
PAOLO AFFATATO
CIUDAD DEL VATICANO

El vínculo entre la clausura y la misión es indivisible. Si el misionero es un «contemplativo en acción», como afirma la «Redemptoris missio» (de 1990), las monjas de clausura, suprema forma de vía consagrada, pueden ser definidas como «agentes pastorales en contemplación». Esta extraordinaria conexión se expresa plásticamente en la vida de Teresa de Lisieux, a quien, precisamente hace 90 años, el 14 de diciembre de 1927, Pío XI declaró «patrona especial de los misioneros, hombres y mujeres, que existen en el mundo». Este título ya había sido conferido al gran misionero Francisco Javier, que tres siglos antes surcó los océanos para llevar el Evangelio al Oriente.

 

Ryszard Szmydki es un misionero polaco de los Oblatos de María Inmaculada, que fue vicario general de su congregación, con experiencia misionera en África. Después del servicio como secretario general en la Pontificia Obra de Propagación de la fe (obra que en la actualidad apoya numerosos proyectos en tierras de misión), fue nombrado hace poco subsecretario de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos. Szmydki explica con una imagen a Vatican Insider la profunda e indisoluble relación que une a las clausurares, desperdigadas por los cinco continentes, con los hombres y las mujeres que parten el pan eucarístico, llevan el amor misericordioso de Dios, anuncian el Evangelio hasta los confines más extremos de la tierra. «Basta pensar en Teresa de Lisieux: ella deseaba ser “el amor en el corazón de la Iglesia”. Hoy las monjas de clausura son como un corazón que bombea sangre, es decir la caridad de Cristo, a todo el organismo de la Iglesia universal. Así, el amor llega a todas las misiones y a todos los misioneros, que son las manos que bautizan y los brazos que acogen a los pobres y a quienes sufren».

 

Su presencia orante y el don de la vida son esenciales, recuerda el subsecretario de Propaganda Fide: «El Papa Juan XXIII decía que las Pontificias Obras Misionales son como el sistema cardiovascular en el organismo humano, esa red que permite que el amor de Dios llegue a cada uno de los tejidos. Las monjas, con su oración y su sacrificio cotidiano, son su corazón latiente. Si el corazón no bombea sangre, el organismo muere. Así, si se interrumpiera la oblación cotidiana de las hermanas en los monasterios, todo el cuerpo de la Iglesia lo resentiría y los tejidos periféricos iniciarían a necrotizarse».

 

La Iglesia universal en la actualidad está llamada a volver a descubrir y a dar valor al aporte callado y oculto de las almas que se dedican a la contemplación. Su vida, en adoración frente a la Eucaristía, siempre es «una ventana abierta al mundo», refieren a Vatican Insider las monjas carmelitas del monasterio de Sutri (VT), en ocasión de la Jornada Misionera Mundial, que se celebra el 22 de octubre. No es un encerrarse por miedo o por desprecio del mundo, y mucho menos una fuga o un deseo de defenderse. Es la oferta total de una vida que, como dijo Juan Pablo II a Lisieux en 1980, «no solo anuncia lo absoluto de Dios, sino que posee también un maravilloso y misterioso poder de fecundidad espiritual».

 

Y si Francisco Javier comparte el título de protector de las misiones con la santa carmelita de Lisieux, hay otra figura que podría dentro de poco sumarse a ellos, para formar un «triumvirato» que no tiene ningún antecedente en la historia de la Iglesia: se trata de Pauline Marie Jaricot, laica francesa que vivió en el siglo XIX, en Lyon, obrera y fundadora de la Obra de Propagación de la Fe, que después se habría vuelto «pontificia». Es el deseo que expresó a Vatican Insider el cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, dicterio que se ocupa de más de mil diócesis en Asia, África y América Latina. Para Jaricot, que ya es venerable, ya ha comenzado el proceso de beatificación, y Filoni espera que «pueda un día ser celebrada como testimonio de la preocupación misionera expresa por laicos», precisamente al lado de Francisco Javier y Teresita del Niño Jesús.

 

El Prefecto de Propaganda Fide aprecia de Jaricot «el entusiasmo apostólico, innovador y creativo». «En cuanto laica, estaba a la vanguardia con respecto a la Iglesia de su época. Su corazón tendía a la obra de la evangelización, se proyectaba hacia tierras lejanas como China, el Pacífico, el Caribe. Jaricot contribuyó a crear en sus compañeras de trabajo, humildes obreras, la conciencia misionera, es decir la convicción de tener una responsabilidad en el anuncio del Evangelio. Así nacieron iniciativas como las colectas y la ayuda económica para los misioneros comprometidos en tierras alejadas, pero también la cadena de oración como el Rosario rezado por las misiones».

 

Esa lúcida conciencia de que cada uno de los creyentes es un misionero, en fuerza del Bautismo, se iría abriendo brecha posteriormente en la Iglesia, gracias incluso a apóstoles iluminados como Paolo Manna, sacerdote del Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras. Y poco a poco habría ido penetrando en el magisterio, a partir de la encíclica «Maximum Illud» d Benedicto XV, la primera de las encíclicas misioneras del siglo XX. Entonces el Pontífice llamó a toda la comunidad de los fieles a sentirse responsable de la misión, punto que habría sido retomado en el decreto conciliar «Ad gentes» y desarrollado en la exhortación apostólica «Evangelii nuntiandi» de Pablo VI, en la encíclica «Redemptoris missio» de Juan Pablo II y, finalmente, en la «Evangelii gaudium» del Papa Francisco.


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Ante la jornada misional el próximo 22 de octubre

OMP: El Domund 2016 recaudó 87 millones de euros y financió unos 4.000 proyectos misioneros.

Jueves 19 Oct 2017 | 12:18 pm

Madrid (España) (AICA):

Con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, más conocida como Domund, que se celebra en todo el mundo este domingo 22 de octubre, bajo el lema “Sé valiente, la misión te espera”, Obras Misionales Pontificias (OMP) dio a conocer los datos de la recaudación del año pasado.

En total, la Iglesia católica recaudó en 2016 algo más de 87 millones de euros con los que atendió más de 4.000 proyectos misioneros.

De ellos, la Iglesia española financió un total de 658 proyectos misioneros en 37 países gracias a lo recaudado en la colecta del Domund, que superaron los 12,2 millones de euros, lo que supone un 13 % del total recaudado por el Fondo Universal de Solidaridad de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe.

De los 658 proyectos en 37 países, 482 fueron en África, 118 en América, 42 en Asia y 16 en Oceanía.

En cuanto a la cantidad destinada; 9,1 millones de euros se enviaron a África; 1,5 a América, 1,2 a Asia y 310.000 euros a Oceanía. La República Democrática del Congo fue el país africano que más ayuda recibió de los fieles españoles -cerca de 1,5 millones de euros-.

De los 658 proyectos, 172 eran para gastos ordinarios de las diócesis, 92 para catequistas, 293 construcción y reforma de edificios, 11 para compra de vehículos y medios de locomoción, 25 para equipamientos de locales parroquiales, 16 para comunicación y 49 para pastoral.

Tal y como recordó el director de las OMP española, Anastasio Gil, los territorios de misión son los lugares donde el Evangelio ha llegado más recientemente y la Iglesia aún no está consolidada.

Se estima que el 21,56 % de los católicos viven en estos territorios, 1.113 en todo el mundo, de los cuales 509 están en África, 478 en Asia, 80 en América y 46 en Oceanía.

La OMP tiene un censo de 8.748 misioneros en activo y 2.273 regresados a España y en espera de nuevos destinos o colaborando en la “animación misionera”.

En América es donde más misioneros españoles trabajan -el 69,42 %- seguido de Europa -12,06 %-, África -12 %-, Asia -6,13 %- y Oceanía -0,37 %-.

Entre estos misioneros -el 7,39 % son laicos- se encuentra Belén Manrique, del Camino Neocatecumenal, que dejó su trabajo como periodista en España para irse a Etiopía, donde asiste a mujeres que ejercen la prostitución y que fallecen solas, frecuentemente enfermas de SIDA.+