Loiola XXI

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Vigilia de Pentecostés. Rxhortación del Papa

El Papa: Pentecostés, ver y escuchar el grito de la ciudad, su esclavitud terminó

Homilía del Santo Padre en la Santa Misa en la Vigilia de Pentecostés, celebrada este sábado, 8 de junio, en la Plaza de San Pedro: “Dejémonos llevar de la mano del Espíritu e ir en medio del corazón de la ciudad para escuchar su grito”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Queridos amigos, para escuchar el grito de la ciudad de Roma, necesitamos también que el Señor nos lleve de la mano y nos haga descender entre los hermanos que viven en nuestra ciudad, para escuchar su necesidad de salvación, el grito que llega hasta Él y que normalmente no oímos. Se trata de abrir los ojos y los oídos, pero sobre todo el corazón, escuchando con el corazón. Entonces nos pondremos en camino. Entonces sentiremos dentro de nosotros el fuego de Pentecostés, que nos impulsa a gritar a los hombres y mujeres de esta ciudad que su esclavitud ha terminado y que Cristo es el camino que conduce a la ciudad del Cielo”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía, en la Misa en la Vigilia de Pentecostés, celebrada este sábado, 8 de junio, en la Plaza de San Pedro.

El río de agua viva, lava y fecunda a la Iglesia

En su homilía, el Santo Padre comentando el Evangelio de San Juan (7, 37-38) dijo que, también esta noche, la víspera del último día de Pascua, la fiesta de Pentecostés, Jesús está entre nosotros y proclama en voz alta: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba el que crea en mí. Como dice la Escritura, de su vientre brotarán ríos de agua viva”. “Es el río de agua viva del Espíritu Santo que brota del vientre de Jesús, de su costado atravesado por la lanza – señaló el Pontífice – y que lava y fecunda a la Iglesia, la esposa mística representada por María, la nueva Eva, al pie de la cruz”.

La Iglesia, madre de misericordia

El Espíritu Santo, precisó el Papa Francisco, brota del vientre de la misericordia de Jesús Resucitado, llena nuestro vientre con una “buena medida, suave, llena y desbordante” de misericordia y nos transforma en una Iglesia-madre de misericordia, es decir, en una “madre de corazón abierto” para todos. “Cuánto me gustaría que la gente que vive en Roma – señaló el Pontífice – reconociera a la Iglesia, que nos reconociera por esto más de misericordia, por esta más humanidad y ternura, de las que hay tanta necesidad. Uno se sentiría como en casa, en la casa materna, donde siempre se es bienvenido y donde siempre se puede volver”.

El Amor Divino es el Espíritu Santo

Este pensamiento sobre la maternidad de la Iglesia, precisó el Santo Padre, me recuerda que hace 75 años, el 11 de junio de 1944, el Papa Pío XII hizo un acto especial de acción de gracias y súplica a la Virgen María para la protección de la ciudad de Roma. Lo hizo en la iglesia de San Ignacio, donde había sido traída la venerada imagen de Nuestra Señora del Divino Amor. El Amor Divino es el Espíritu Santo, que brotan del Corazón de Cristo. Él es la “roca espiritual” que acompaña al pueblo de Dios en el desierto, para que, sacando de él agua viva, sacien su sed en el camino.

“En la zarza que no se consume, imagen de la Virgen María y Madre, está el Cristo resucitado que nos habla, nos comunica el fuego del Espíritu Santo, nos invita a descender entre la gente para escuchar el grito, nos envía a abrir el sendero a caminos de libertad que conducen a las tierras prometidas por Dios”

El hombre se ilusione por tocar el cielo

El Papa Francisco hablando de los proyectos humanos dijo que no son válidos si están centrados en nuestro “yo”, proyectos que no dejan lugar a Dios. “Son proyectos humanos, incluso nuestros proyectos, hechos al servicio de un yo cada vez mayor, hacia un cielo en el que ya no hay lugar para Dios. Dios nos deja hacerlo por un tiempo, para que podamos experimentar hasta qué punto del mal y de la tristeza podemos llegar sin Él”. Pero el Espíritu de Cristo, Señor de la historia, no puede esperar para tirarlo todo por la borda, para hacernos empezar de nuevo. Siempre somos un poco “cortos” de vista y de corazón; abandonados a nosotros mismos, acabamos perdiendo el horizonte; llegamos a convencernos de que lo hemos entendido todo, de que hemos tenido en cuenta todas las variables, de que hemos previsto lo que va a pasar y cómo va a pasar.

El gemido de la gente que vive en esta ciudad

El Santo Padre recordando la fiesta que celebramos hoy, dijo que celebramos la primacía del Espíritu, que nos deja boquiabiertos ante lo imprevisible del designio de Dios. “Y si tenemos en mente los dolores del parto, entendemos que nuestro gemido, el de la gente que vive en esta ciudad y el gemido de toda la creación no son más que el gemido mismo del Espíritu: es el nacimiento del nuevo mundo. Dios es el Padre y la madre, Dios es la partera, Dios es el gemido, Dios es el Hijo engendrado en el mundo y nosotros, la Iglesia, estamos al servicio de este nacimiento”.

“Si el orgullo y la presunta superioridad moral no ofuscan nuestro oído, nos daremos cuenta de que bajo el grito de tanta gente no hay nada más que un auténtico gemido del Espíritu Santo. Es el Espíritu quien nos impulsa una vez más a no contentarnos, a intentar volver a partir; es el Espíritu quien nos salvará de toda reorganización diocesana”

El Espíritu nos ayuda a escuchar el grito de la ciudad

Finalmente, el Papa Francisco invitó a dejarnos llevar de la mano del Espíritu e ir en medio del corazón de la ciudad para escuchar su grito, su gemido. Y recordando la misión de Moisés, el Santo Padre dijo que, Él ha escuchado el gemido de su pueblo, ha visto opresión y sufrimiento… Y Dios ha decidido intervenir enviando a Moisés a levantar y alimentar el sueño de libertad de los israelitas y a revelarle que este sueño es su propia voluntad. Pero para que Moisés pueda llevar a cabo su misión, Dios quiere que él “descienda” con él en medio de los israelitas. “El corazón de Moisés – concluyó el Papa – debe volverse como el de Dios, atento y sensible a los sufrimientos y sueños de los hombres, a lo que claman secretamente cuando levantan las manos al Cielo, porque ya no tienen ningún control sobre la tierra. Es el gemido del Espíritu, y Moisés debe escuchar con su corazón”.


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La celebración de San Jorge onomástico del Papa

Papa Francesco in preghieraUna imagen del Papa Francisco en oración  (Vatican Media)

El Papa donó seis mil rosarios en el día de su onomástico

A través de la Limosnería Apostólica, el Santo Padre regaló seis mil rosarios de la JMJ a los jóvenes de la Arquidiócesis de Milán, que esta mañana asistieron a la misa celebrada en la Basílica de San Pedro en la memoria litúrgica de San Jorge

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Este martes de la Octava de Pascua se celebra la memoria litúrgica de San Jorge, mártir, onomástico del Papa Bergoglio, quien fue bautizado con el nombre de Jorge Mario. Por esta razón Francisco ha recibido numerosos  saludos de todas partes del mundo.

Tal como informa en un comunicado Alessandro Gisotti, Director “ad interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, en el día de su onomástico, el Santo Padre donó – a través de la Limosnería Apostólica – seis mil rosarios de la Jornada Mundial de la Juventud a los jóvenes de la Arquidiócesis de Milán, que esta mañana participaron en la misa que presidió su Arzobispo, Monseñor Mario Delpini, en la Basílica de San Pedro.

“ Con este gesto, el Papa Francisco pide a los jóvenes que lo tengan presente en su oración, encomendándolo especialmente a la Virgen María ”

Con este gesto, el Papa Francisco pide a los jóvenes que lo tengan  presente en su oración, encomendándolo especialmente a la Virgen María, a pocos días del inicio del mes de mayo, dedicado a ella.

Mañana por la mañana, estos jóvenes milaneses asistirán a la Audiencia General que el Papa celebrará en la Plaza de San Pedro.

Una caricia de Francisco a los pobres de Roma

 

El año pasado – recordamos – el Papa Francisco celebró su onomástico entregando miles de helados a los pobres de Roma asistidos por Caritas y otras Instituciones. También en aquella ocasión se trató de un pequeño gesto que recibió el agradecimiento de muchas personas necesitadas.

“Una caricia del Papa Francisco a quienes se encuentran en necesidad”. Así definía entonces la Limosnería Apostólica esa iniciativa pontificia con quienes se congratulaban con el Obispo de Roma en la memoria litúrgica de San Jorge mártir.

Escuche el informe


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Benedicto XVI cumple mañana 92 años y hoy le visita el Papa Francisco. Nota en varios idiomas,

Vaticano

Sala stampa della Santa Sede

Vaticano – lunedì 15 aprile 2019 (foto Vatican Media)

All’inizio della Settimana Santa, Papa Francesco si è recato questo pomeriggio al Monastero Mater Ecclesiae per rivolgere a Benedetto XVI gli auguri di Pasqua. L’incontro ha offerto anche l’occasione al Santo Padre di porgere, con particolare affetto, gli auguri di compleanno al Papa emerito, che domani compirà 92 anni.
Traduzione in lingua inglese
This afternoon, at the beginning of Holy Week, Pope Francis went to Mater Ecclesiae Monastery to offer Benedict XVI his best wishes for Easter. The visit also offered the Pope the opportunity to extend his birthday wishes, with particular affection, to the Pope emeritus who turns 92 tomorrow.
Traduzione in lingua spagnola
Iniciando la Semana Santa, esta tarde el Papa Francisco se ha dirigido al Monasterio Mater Ecclesiae para saludar a Benedicto XVI por Pascuas. Este encuentro también ha permitido al Santo Padre expresar con especial afecto su saludo al Papa emérito, que mañana cumplirá 92 años.
Traduzione in lingua francese
En ce premier jour de la Semaine Sainte, le Pape François s’est rendu cet après-midi au monastère Mater Ecclesiae pour présenter ses voeux de Pâques à Benoît XVI. Cette visite a, par ailleurs, offert au Saint-Père l’occasion de souhaiter, avec une affection particulière, un joyeux anniversaire au Pape émérite qui fête demain ses 92 ans.


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Benedicto XVI cumple mañana 92 años y recibe la visita de Papa Francisco

Vaticano

Sala stampa della Santa Sede

Foto archivio

All’inizio della Settimana Santa, Papa Francesco si è recato questo pomeriggio al Monastero Mater Ecclesiae per rivolgere a Benedetto XVI gli auguri di Pasqua. L’incontro ha offerto anche l’occasione al Santo Padre di porgere, con particolare affetto, gli auguri di compleanno al Papa emerito, che domani compirà 92 anni.
Traduzione in lingua inglese
This afternoon, at the beginning of Holy Week, Pope Francis went to Mater Ecclesiae Monastery to offer Benedict XVI his best wishes for Easter. The visit also offered the Pope the opportunity to extend his birthday wishes, with particular affection, to the Pope emeritus who turns 92 tomorrow.
Traduzione in lingua spagnola
Iniciando la Semana Santa, esta tarde el Papa Francisco se ha dirigido al Monasterio Mater Ecclesiae para saludar a Benedicto XVI por Pascuas. Este encuentro también ha permitido al Santo Padre expresar con especial afecto su saludo al Papa emérito, que mañana cumplirá 92 años.
Traduzione in lingua francese
En ce premier jour de la Semaine Sainte, le Pape François s’est rendu cet après-midi au monastère Mater Ecclesiae pour présenter ses voeux de Pâques à Benoît XVI. Cette visite a, par ailleurs, offert au Saint-Père l’occasion de souhaiter, avec une affection particulière, un joyeux anniversaire au Pape émérite qui fête demain ses 92 ans.


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Revelaciones sobre el último cónclave. Cómo fue la elección de Bergoglio.

Cuando Scola dijo a los suyos: “Voten por Bergoglio”. Secretos del Cónclave que cambió la Iglesia

Los que apoyaban al entonces arzobispo argentino desmintieron los rumores sobre una presunta enfermedad y sobre su apoyo a la dictadura

Cuando Scola dijo a los suyos: “Voten por Bergoglio”. Secretos del Cónclave que cambió la Iglesia

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Pubblicato il 14/04/2019
Ultima modifica il 14/04/2019 alle ore 17:45
DOMENICO AGASSO JR
CIUDAD DEL VATICANO

Durante los frenéticos días después de la histórica e impresionante renuncia de Benedicto XVI, los pronósticos indicaban un duelo italo-brasileño entre los cardenales Scola y Scherer. Con el arzobispo de Milán favorito para la sucesión en la Cátedra de Pedro. En cambio, el resultado de la primera votación del Cónclave indicó que no habría sido así: el alumno italiano de Joseph Raztinger recibió 30 votos, pero no los cuarenta que muchos se esperaban. Lo seguía de cerca un cierto Bergoglio, “la sorpresa”, elegido por 26 purpurados. El tercero fue Marc Ouellet, con 22. El arzobispo de San Paolo obtuvo solo 4. Significa, antes que nada, que los italianos estaban divididos en relación con Scola, y que, como dice el cardenal Oswald Gracias, «el Espíritu Santo nos estaba guiando hacia una particular dirección». Revela todo Gerard O’Connell, vaticanista de “America”, la revista neoyorquina de los jesuitas, autor de una extraordinaria obra de 270 páginas: “The Election of Pope Francis: An Insider Account of the Conclave That Changed de History” (Orbis Books, 2019), que saldrá a la venta hoy. Entre otras cosas, O’Connell se ocupó se seguir el Cónclave también para Vatican Insider, el sitio del periódico italiano “La Stampa”, citado varias veces en el libro.

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Entonces, el resultado del primer escrutinio secreto, del 12 de marzo de 2013 por la noche: Angelo Scola, 30; Jorge Mario Bergoglio, 26; Marc Ouellet (canadiense, prefecto de la Congregación para los Obispos), 22; Sean Patrick O’Malley, 10; Odilo Pedro Scherer, 4. «Esa primera votación habría podido dar la impresión de incertidumbre –observa O’Connell–, pero los electores lo vieron bajo una luz muy diferente».

Ninguno alcanzó las dos terceras partes de la mayoría absoluta, es decir 77 votos, y por esta razón las boletas fueron quemadas, como indica la tradición, produciendo la “fumata nera”. El duelo se redefine: Scola-Bergoglio. Y comenzaron a apoyar al argentino Gracias, Walter Kasper, Laurent Monswengo Pasinya, Óscar Rodríguez Maradiaga, Jean-Louis Tauran y Peter Turkson.

El 13 de marzo por la mañana, los 115 electores volvieron a votar. El resultado fue: Bergoglio, 45 votos; Scola, 38; Ouelllet, 24. Ventaja. Se necesitaba una tercera votación, que llevó a Bergoglio a 56 votos y a Scola a 41. El segundo y el tercer escrutinio indican «la dirección que el Cónclave estaba tomando», indicó O’Connel: los cardenales están listos para «dirigir sus miradas más allá del océano para elegir al primer Papa del Nuevo Mundo».

A las 11,30 de la mañana, una nueva columna de humo negro salió de la Capilla Sixtina. Los purpurados volvieron a la Casa Santa Marta, su residencia durante la cúpula blindada. Pero no todos ellos. Scola se quedó con un grupo de cardenales italianos que lo apoyaban, entre los que estaban Angelo Bagnasco, Giuseppe Betori y Carlo Caffarra. El ya exfavorito «los exhortó a que votaran por Bergoglio, pero ellos no querían escuchar; no querían que arrojara la toalla». Esta petición de Scola fue una de las sorpresas que habrían cambiado todo.

Mientras tanto, el cubano Jaime Lucas Ortega y Alamino le pidió a Bergoglio el texto que había pronunciado algunos días antes durante las Congregaciones generales. El arzobispo de Buenos Aires se lo entregó y el cubano exclamó en voz alta, para que pudieran escuchar todos los demás: «¡Ahora tengo un texto del nuevo Papa!».

El viento soplaba sobre Buenos Aires. Pero también comenzó la contraofensiva de los que no querían al jesuita. Se difundió la noticia de que Bergoglio solamente tenía un pulmón. Entonces, indagaron todos sobre los presuntos problemas de salud Maradiaga y Santor Abril y Castelló, quien se dirigió directamente a Bergoglio para aclarar sus dudas. El arzobispo de Buenos Aires negó la noticia, explicando que «en 1957, cuando tenía como 21 años, se sometió a una operación para remover el lóbulo superior del pulmón derecho, en el que tenía tres quistes, pero que desde entonces su pulmón había funcionado sin problemas». Otro intento por frenar su elección: un purpurado fue a hablar con Karl Lehmann, tratando de plantar una conocida y desmentida “leyenda negra” sobre el pasado de Bergoglio: un supuesto acuerdo con la dictadura militar de su país (1976-1983). Lehmann se dirigió al brasileño Hummes para hablar al respecto y recibió una respuesta lapidaria: «¡Es todo falso!”».

Nada lograba frenar el impulso. El mismo Bergoglio, durante el almuerzo, se dio cuenta. Pero, a pesar de la presión a su alrededor, no se dejó apresar por el ansia. Estaba «en paz», e incluso logró echarse su acostumbrada siesta.

Los 115 “príncipes de la Iglesia” volvieron después a la Sixtina, conscientes de estar muy cerda de la elección histórica. Votaron de esta manera: Bergoglio, 67 votos; Scola, 32; Ouellet, 13. Hubo un pequeño incidente técnico: había 116 boletas porque uno de los cardenales metió a la urna por error una boleta en blanco. Una nueva votación.

Pero ya estaba clara «la voluntad del Espíritu Santo».

Durante el quinto conteo de los votos, cuando fue pronunciado el nombre «Bergoglio» setenta y siete veces, «hubo alegría y entusiasmo», contaron varios purpurados. Explotó un gran aplauso. Bergoglio, 85 votos; Scola, 20; Ouellet, 8, fue el resultado final. Bergoglio se levantó, fue a donde estaba Scola y lo abrazó. La emoción fue era muy fuerte. El nuevo Papa eligió el nombre de Francisco.

El mundo entero tenía la mirada puesta en el Estado más pequeño del mundo, sin saber lo que estaba pasando. Algo se intuía, con el escrutinio del día anterior, que habría podido indicar que por primera vez el Pontífice habría podido «no ser europeo».

Después llegaron la “fumata bianca” y el «Habemis Papam». Y desde la logia de la Basílica de San Pedro se asomó un argentino.


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Sobre las críticas al Papa. La opinión del P. Sosa general de los jesuitas.

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Con ocasión de su visita a España, en su paso por Cataluña, el Padre Arturo Sosa concedió una larga entrevista al semanario de información y cultura religiosa Catalunya Cristiana.

Después de una breve presentación de la vida del Superior General, los periodistas Jaime Aymar y Rosa María Jané Chueca señalan la variedad de temas que el P. Sosa pudo discutir con ellos. Lo describen como un hombre sencillo y cercano a la gente, que tiene en cuenta tanto a los laicos como a los miembros de la orden religiosa en su visión del futuro de la Compañía de Jesús. Según él, en el corazón de los jesuitas está el deseo de transmitir un mensaje de reconciliación y la justicia.

Gran parte de la discusión se concentró en la secularización, sobre la libertad y lo que ella misma pueda aportar en relación con la vida de los cristianos en la Iglesia. Igualmente, el Padre General retomó la expresión “la audacia de lo improbable y lo imposible”, tema que inspiró la última Congregación General durante la cual fue elegido como cabeza de los jesuitas. Subrayó también el lugar central de la oración en su manera de vivir el servicio, así como la llamada que hace a la Compañía de centrar en ella todo el proceso de discernimiento de las preferencias apostólicas para los años venideros.

Por otra parte, el título del artículo como se puede leer, retoma una breve parte de la entrevista en la que el Padre Sosa habla de la relación de los jesuitas con el Papa, especialmente con el Papa Francisco. “Los ataques al Papa se lanzan contra un modelo de Iglesia”. El General afirma, en efecto, que hay una campaña organizada contra el Papa Francisco. Viene, según él, de grupos que ven a la Iglesia como una institución que posee y defiende dogmas y principios intocables. La visión de la Iglesia del Papa Francisco, heredada del Vaticano II, es la de una Iglesia en el corazón del mundo, portadora de una fe que debe responder a las condiciones cambiantes de la humanidad en movimiento. Ésta visión, éste “modelo de Iglesia” del Papa, no es una casualidad, se basa de hecho en su experiencia pastoral en las periferias de la sociedad latinoamericana. Frente a esto, afirma el Padre General, los jesuitas se identifican con éste modelo, apoyándose en el discernimiento de las situaciones, ya sean las de las personas o las del mundo.


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Comienza el séptimo año de pontificado para el Papa Francisco. Reflexión de Vatican Insider

El misterio de Pedro

Comienza el séptimo año del Pontificado, mientras el Papa Francisco se convierte en blanco de las acusaciones de enemigos y “ex hinchas” y abraza plenamente el misterio vinculado con su ministerio: la tarea del sucesor del pescador crucificado de cabeza en la zona de la colina Vaticana

El Papa Francisco rezando en la tumba de Pedro

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Pubblicato il 13/03/2019
Ultima modifica il 14/03/2019 alle ore 00:42
GIANNI VALENTE
ROMA

El séptimo año del Pontificado del Papa Francisco comienza con el Obispo de Roma en el retiro cuaresmal de oración y penitencia, mientras el cardenal George Pell (por él elegido como estrecho colaborador en la obra de reforma de la Curia) es expuesto a la masa global con la transmisión en mundovisión de la condena a la cárcel por abusos sexuales. No se requiere demasiada fantasía para delinear el íncipit de un balance de todos oscuros y desastrosos. No hay que inventarse nada: la “narración” mediática se encuentra bien preparada para difundir el guión del “Failing Papacy”, del «papado que está por fracasar», como dicen al unísono en Estados Unidos tanto los liberales como las derechas clericales. Pero, bien visto, la trampa se había estado preparando desde hace años. La han estado organizando pedazo a pedazo, con presteza, no tanto los enemigos y los detractores del Papa reinante, sino algunos de los más desentonados “cantores” de sus hazañas. Los aedas de la “revoución bergoglista” que lo describían como el “Deus ex machina” de una “nueva” Iglesia, la llamada “Iglesia de Bergoglio”.

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Hoy la Iglesia podría parecer en determinados momentos como un boxeador noqueado. Como una Iglesia “castigada” por el mundo. Y no es la primera vez. Surgen reflejos condicionados muy humanos de auto-defensa, no sin razones, y los desahogos más dispares. Reacciones iguales y contrarias que surgen del mismo instinto apologético.

Algunos invocan contraofensivas en contra del espíritu del tiempo y nuevos enroques, aludiendo planes masónicos globales que pretenderían aniquilar la institución eclesiástica. Otros apuestan precisamente por los escándalos eclesiásticos y las sanciones seglares que la han golpeado como una ocasión para “reorganizar” a la Iglesia, para que esté a la altura de los tiempos con operaciones de ingeniería institucional (y acaso aprovechar algún Sínodo para redistribuir las cuotas de poder entre los partidos clericales).

El Papa Francisco, por su parte, no ha llamado a organizar estructuras fortificadas de defensa. Es más, no se defiende para nada. Mientras se rompe en pedazos el fetiche del “Bergoglio súper héroe”, tal circunstancia se convierte en un kairos liberador. Una ocasión propicia que la providencia le ha puesto delante para reconocer y sugerir a todos, de la manera más sugestiva y luminosa, los rasgos elementales y los factores de los que surge el misterio que hace que la Iglesia viva en la historia.

Con el estilo que le es propio, el Papa Francisco ha repetido desde el principio de su Pontificado la misma cosa: que la Iglesia no se auto-crea, no vive por fuerza propia, no se auto-plantea ni en la historia ni en el mundo como una entidad auto-suficiente, pre-constituida. Depende a cada paso del misterio de la gracia, se reconoce necesitada, en todo momento, del milagro del Espíritu de Cristo; y estos no son discursos de curas, sino las únicas realidades que pueden hacer que la Iglesia sea interesante para los hombres y las mujeres del tiempo.

También en su predicación más reciente, el Obispo de Roma ha recordado la «santa pasividad» que conviene tener frente a Jesús, porque «es Él quien hace las cosas». Ha recordado «qué sería nuestra vida sin Él, si de verdad Él cancelara para siempre su Rostro. Es la muerte, la desesperación, el infierno». Lo hizo el pasado 7 de marzo, reuniéndose con los párrocos de Roma, con palabras que han abrazado incluso el dolor por los abusos y los crímenes de los hombres de la Iglesia, que llenan los periódicos. «Es evidente», dijo en esa ocasión el Papa, «que el verdadero significado de lo que está sucediendo debe ser buscado en el espíritu del mal, en el Enemigo, que actúa con la pretensión de ser el padrón del mundo […] Sin embargo, no nos desanimemos. El Señor está purificando a su Esposa y nos está convirtiendo a todos a Sí. Está haciendo que experimentemos la prueba para que comprendamos que si Él somos polvo. Nos está salvando de la hipocresía, de la espiritualidad de las apariencias. Él está soplando su Espíritu para volver a dar belleza a su Esposa, sorprendida en flagrante adulterio».

Con esta mirada sobre las cosas del tiempo, mientras él mismo se convierte en objetivo de las acusaciones y de los insultos de enemigos y “ex hinchas”, el Papa Francisco abraza plenamente también el misterio propio de su ministerio: la tarea del sucesor de Pedro, el pescador pecador crucificado de cabeza en la zona de la colina Vaticana. Muchas veces, en la historia, las circunstancias se han encargado de evidenciar la insuficiencia, la inermidad y la impotencia de los Obispos de Roma, como cifra propia de su destino.

Siguiendo las huellas del príncipe de los Apóstoles, muchas veces sus sucesores han aprendido de sus pecados perdonados o de sus intenciones mortificadas a dejar todas las iniciativas de la acción al Señor. Tomando nota de que solo podían reconocer, seguir y servir lo que el Señor opera. «Que ninguna otra confianza nos sostenga», dijo Pablo VI al inaugurar la segunda sesión del Concilio Vaticano II, «sino la que acompaña, mediante la palabra de Él, nuestra desolada debilidad: “Et ecce Ego vobiscum sum omnibus diebus usque ad consummationem saeculi” [“He aquí, yo estoy con ustedes todos los días hasta el final del mundo” (Mt 28, 20)».

Quien ejerce el ministerio petrino experimenta a menudo en la propia vida que ningún Papa puede creer ser quien “salva” a la Iglesia. Y el único criterio apropiado para declarar “un fracaso” determinada época papal sería el de verificar si en ese determinado lapso de tiempo se ha mantenido viva o se ha diluido en la vivencia eclesial la percepción de que la Iglesia siempre necesita ser curada, siempre necesita el milagro. Condición por la cual ella solamente puede tender la mano a su Señor, como una mendiga.

En la época del Papa Bergoglio, incluso sus humanísimos errores (reconocidos a menudo públicamente y por los cuales él mismo muchas veces ha pedido perdón) demuestran el misterio del Sucesor de Pedro, signo del gran misterio de la Iglesia. Este es el único balance que el pueblo de Dios está interesado y que puede reconocer y aprobar, incluso a partir de los detalles que no aparecen iluminados por los reflectores mediáticos. Como la frecuencia con la que el Papa pide a sus interlocutores que reciten juntos, en las circunstancias públicas, un simple Ave María («Nos ha dicho muchas, oh Reina de los Apóstoles, hemos perdido el gusto por los discursos. Ya no tenemos altares sino los tuyos. No sabemos nada más que una simple oración». Charles Péguy, Prières dans la Cathédrale).