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Interesantes revelaciones de un exmayordomo de los últimos Papas

El mayordomo de tres Papas cuenta “un ‘milagro’ de Wojtyla”

El ayudante de cámara Angelo Gugel revela la oración de intercesión de san Juan Pablo II que ayudó a que naciera su cuarta hija. Y habla de aquel exorcismo en la Plaza San Pedro

El ayudante de cámara Angelo Gugel (izq.), durante una excursión con Juan Pablo II en los últimos años del Pontificado

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Pubblicato il 23/04/2018
Ultima modifica il 23/04/2018 alle ore 13:48
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Angelo Gugel, que está cerca de sus 83 años, comienza a contar algunos episodios de su larga vida al lado de los Papas. El discreto y reservado “ayudante de cámara”, que fue gendarme pontificio al final del Pontificado de Pío XII, trabajó en el Gobernatorado durante el Pontificado de Pablo VI y en 1978, sorpresivamente, comenzó a ser el “mayordomo” de Juan Pablo II. Desde entonces no ha abandonado el aposento pontificio, pues ha ofrecido sus servicios sin interrupción al Papa Luciani, a su sucesor Karol Wojtyla (durante 27 años), y, a pesar de haber alcanzado la edad para jubilarse, durante los primeros meses del Pontificado de Benedicto XVI. Su sucesor como mayordomo en la casa del Papa fue Paolo Gabriele, protagonista del primer caso “vatileaks”. Durante esos meses difíciles, muchos en el Vaticano habrían querido contar nuevamente con el estilo impecable de Gugel, que ahora concedió una larga entrevista al periódico italiano “Corriere della Sera”, en la que narra algunos episodios de su vida al lado de los Papas, empezando por una gracia que recibió gracias a la intercesión de Juan Pablo II, a quien Gugel sostuvo en el vehículo ese 13 de mayo de 1981 por la tarde, cuando los disparos de Alí Agca casi acabaron con la vida del Pontífice polaco.

 

El “milagro” recibido por Gugel tiene que ver con su esposa, Maria Luisa Dell’Arche, con la que se casó en 1964. «Nuestra primogénita nació muerta», cuenta el ayudante de cámara, por lo que prometieron ponerle «como segundo nombre María a todos los hijos que la Virgen nos concediera. Llegaron tres: Raffaella, Flaviana y Guido. La cuarta se llama Carla Luciana Maria, en honor de Karol y del Papa Luciani. Nació en 1980, por intercesión de Wojtyla». Durante este último embarazo, explica Gugel, «surgieron gravísimos problemas en el útero. Los ginecólogos del Hospital Gemelli, Bompiani, Forleo y Villani, excluían que pudiera proseguir el embarazo. Un día Juan Pablo II me dijo: “Hoy celebré la misa por su esposa”. El 9 de abril Maria Luisa fue conducida al quirófano para una cesárea. Al salir, el doctor Villani comentó: “Alguien debe haber rezado mucho”. En el acta de nacimiento escribió: “7.15 hrs.”, el instante en el que la misa matutina del Papa se levaba a cabo en el Sanctus. Durante el desayuno, sor Tobiana Sobotka, superiora de las religiosas que trabajaban en el Palacio Apostólico, informó al Pontífice que había nacido Carla Luciana Maria. “Deo gratias”, exclamó Wojtyla. Y el 27 de abril él quiso bautizarla en la capilla privada».

 

Gugel también recordó cómo fue elegido como “mayordomo” del Papa Luciani. «Había sido mi obispo en Vittorio Veneto. Conocía a mi mamá y a mi esposa. Había ordenado a mi cuñado don Mario Dall’Arhce. Durante el Concilio, fui su chofer en Roma y una vez fue a cenar a nuestra casa. Me despedí de él en la vigilia del Cónclave. Él bromeó: “¿Espera que me salve el alma?”». Pero Gugel no se imaginaba que el Patriarca de Venecia habría salido vestido de blanco de aquel Cónclave del verano de 1978. «Tan es así que el 26 de agosto (el día en el que fue elegido Juan Pablo I, ndr.) alcancé a mi familia que estaba de vacaciones en Miane. El 3 de septiembre las monjas del asilo recibieron una llamada de Camillo Cibin, el jefe de la Gendarmería: “Díganle a Gugel que vuelva inmediatamente a Roma con un traje negro”. Corrí a comprármelo en Farra di Solgio y me precipité al Vaticano. El Papa Luciani me recibió de esta manera: “Usted está a mi servicio. Si yo falleciese, usted volvería a ocupar el mismo puesto que tenía antes”».

 

Gugel recuerda: «el primer domingo, después del Ángelus, le dije: “Santo Padre, ¿ha visto cuánta gente había en la Plaza San Pedro”. Y respondió: “Vienen porque el Papa es nuevo”. Pronunciaba discursos improvisando: “Es muy difícil hablar y escribir de manera simple”, me revelo». El fiel ayudante de cámara, que por la noche volvía a dormir con su familia, fuera del Vaticano, cuenta cómo se despidió del Papa el día que este falleció. Después de haberle servido la cena, «se despidió de mí a las 20.30: “Buenas noches, Angelo, nos vemos mañana”. Llegué al día siguiente después de las siete. Yacía en la cama. Me prostré para besarle las manos. El cuerpo todavía estaba tibio». Pero Gugel se dice triste al escuchar cuando se habla de complots y de homicidio: «Es una estupidez. Un día antes de su muerte, el Papa no se sentía bien. Yo mismo le llevé una pastilla antes de que se acostara. Comió muy poco en la cena. Recuerdo que habló en la mesa con sus secretarios sobre el “Preparación a la muerte”, el libro de San Alfonso María de Ligorio».

 

Inmediatamente después de la elección de Juan Pablo II, Gugel fue llamado nuevamente para servir al Papa.

 

Dos días después de la elección «el Sustituto de la Secretaría de Estado, Giuseppe Caprio, llamó a las 11.30 al Gobernatorado diciendo: “Que se presente el señor Gugel en el aposento privado del Papa, tal y como esté vestido”. Subí al último piso del Palacio Apostólico. Me temblaban las piernas. Solo había prelados polacos, yo era el único que hablaba italiano». Y precisamente esta característica transformó al mayordomo en ayudante de dicción para los primeros discursos papales. «Me quedé como estatua cuando, el 22 de octubre de 1978 por la mañana, antes de dirigirse a la Plaza San Pedro para el inicio solemne del Pontificado, el Santo padre me llamó a su estudio y me leyó la homilía que habría pronunciado poco después: “¡No tengan miedo! ¡Abran, es más abran de par en par las puertas a Cristo! ¡No tengan miedo! ¡Cristo sabe qué hay dentro del hombre, sólo Él lo sabe!”. Me pidió que le indicara cuándo pronunciaba mal y, con el lápiz, se apuntó dónde debía pronunciar los acentos. Dos meses después, al reunirse con mis ex colegas de la Gendarmería, salió con una frase que me dejó de piedra: “Si me equivoco con el acento de alguna palabra, el 50 por ciento es culpa de Angelo”, y me sonrió».

 

Gugel también describió su experiencia personal sobre el exorcismo que celebró Juan Pablo II durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro: «Yo también estaba. Una chica blasfemaba y babeaba. Su voz era cavernosa. Un obispo se escapó por el miedo. El Santo Padre rezaba en latín, sin descomponerse. Al final le tocó la cabeza e inmediatamente el rostro de la endemoniada se relajó en una expresión de paz. Lo vi cumplir un rito análogo en un saloncito del Aula Nervi, también después de una audiencia».

 

Con respecto a las veces en las que el Papa Wojtyla salía de incógnito, Gugel revela: «digamos que no todas acababan en los periódicos. El Santo Padre adoraba las montañas de Abruzzo. Cuando Sandro Petrini, en 1984, se unió a nosotros para una excursión en el Adamello, durante el vuelo a Villafranca, en el Trentino, descubrimos que tenía miedo del helicóptero. En el refugio, los comensales insistían en que el presidente pronunciara el nombre del plato que nos habían preparado: “machaca-curas”. No hubo manera; es más, se irritó. No le quería faltar el respeto al Papa». El fiel mayordomo también indica que nunca escuchó, en 27 años, que Juan Pablo II «pidiera algo» en la mesa, porque «comía lo que encontraba». Y confirmó que al Papa le encantaba ponerle parmesano a la ensalada.

 

 

El momento que quedó impreso con mayor fuerza en su memoria fue el de la muerte de san Juan Pablo II. «El 2 de abril de 2005 toda mi familia fue admitida para que se despidiera de Karol Wojtyla, que estaba muriendo. La última que llegó fue Carla Luciana Maria. Apenas entró a la habitación, el Papa se despertó del torpor, abrió los ojos y le sonrió. Como para decirle: “Te reconozco, sé quién eres”».

 

Con Benedicto XVI Gugel permaneció como ayudante de cámara durante otros nueve meses, y después, de tanto en tanto, lo llamaban nuevamente. «Ya había cumplido 70 años. En el Vaticano es la edad de la jubilación. Me llamaban de nuevo en ocasiones particulares. Estuve con el Santo Padre en Castel Gandolfo durante todo el mes de agosto de 2010. Al final, le dije que había sentido como en familia. Respondió: “¡Pero si usted siempre está en familia!”». Sobre su sucesor como mayordomo, Paolo Garbiele, protagonista del primer caso “vatileaks” y quien fotocopió y filtró una enorme cantidad de documentos del escritorio del Papa, Gugel dice: «Me lo esperaba. Me habían pedido que lo entrenara. Pero no me parecía interesado en aprender».

 

Al final, el fiel y reservado mayordomo papal cuenta que ha vuelto a visitar al Papa Ratzinger: «Lo he encontrado muy lúcido. Solamente tiene problemas con las piernas. Se ve obligado a celebrar la misa sentado».

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Benedicto XVI cumple hoy 91 años

“Feliz cumpleaños Benedicto XVI”, el Papa de la dulzura

Hoy, 16 de abril, Joseph Ratzinger, Papa emérito cumple 91 años, y lo celebrará en un clima de serenidad y tranquilidad en el monasterio “Mater Ecclesiae” del Vaticano.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

El Papa emérito, Benedicto XVI cumple hoy 91 años, nació el 16 de abril de 1927 en Marktl, en Alemania. Fue elegido como Sucesor de Pedro el 19 de abril de 2005. Renunció al ministerio petrino el 11 de febrero de 2013, y es Papa emérito desde el 28 de febrero de 2013.

El 17 de abril del año pasado, en su residencia, en el convento “Mater Ecclesiae” en el Vaticano, se tuvo una fiesta típica de la región alemana de Baviera para festejar sus 90 años. Un cumpleaños marcado por las costumbres de esta región con vestimentas típicas y folclóricas, acompañado por la música del grupo Schützen y la degustación de la cerveza típica bretzel. Antes de concluir la celebración, el Papa Benedicto XVI agradeció por haberlo hecho regresar – aunque sea por un momento – a su “bellísima tierra”.

“Feliz cumpleaños Benedicto XVI, el Papa de la dulzura”


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Cuál debe ser el perfil del Papa, según Ratzinger.

El perfil del Papa según Ratzinger: ni gran erudito ni gran diplomático, sino hombre de Dios

Las palabras que pronunció el entonces arzobispo de Múnich en un viaje a Ecuador: se tiene que ver «que rece, que crea, que encarne la santidad»

Benedicto XVI

Pubblicato il 15/03/2018
Ultima modifica il 15/03/2018 alle ore 14:14
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa no debe ser un gran erudito, ni un gran diplomático, sino simplemente un hombre de Dios. La «primera cualidad» para ser Papa no es diferente de la que se necesita para ser sacerdote: no la «superioridad intelectual» o la «capacidad organizativa», sino una «huella de santidad».

 

En los últimos días se está discutiendo y polemizando sobre la carta con la que Benedicto XVI desmintió el «prejuicio insensato» que lo pinta solo como un «teórico» y a su sucesor como carente de formación teológica. Vale la pena recuperar algunas perlas olvidadas del magisterio de Joseph Ratzinger, que nos devuelven su auténtico pensamiento, tan alejado de algunos “clichés” en los que él mismo ha sido disminuido, tanto por ciertos sectores progresistas como por ciertos autoproclamados “ratzingerianos”.

 

 

El iluminadora la lectura de algunas páginas del volumen XII de la “Opera Omnia” de Joseph Ratzinger, editada por la Librería Editrice Vaticana en 2013. Se titula “Anunciadores de la Palabra y servidores de vuestra alegría”. Se trata de un discurso que pronunció en septiembre de 1978 el entonces cardenal arzobispo de Múnich y Frisinga durante un encuentro con los sacerdotes de Ecuador, a donde el futuro Papa viajó para participar como delegado pontificio para el Congreso Mariano Nacional de Guayaquil. Precisamente allí, en Ecuador, Ratzinger se enteró de la noticia de la muerte del Papa Luciani.

 

El cardenal recordó en esa ocasión, refiriéndose al Cónclave que se había llevado a cabo durante el mes de agosto con el que fue elegido, a la velocidad de la luz, Juan Pablo II, que «antes de la elección del Papa fue singular el hecho que con quien se hablara, religiosos o laicos, creyentes o no creyentes, católicos o no católicos, todos subrayaban lo mismo: elijan sobre todo a un hombre de Dios».

 

«El Papa –continuó Ratzinger esbozando un perfil basado en la simple tradición de la Iglesia– no debe ser un genio, no debe ser un gran diplomático, ni un gran erudito, sino un hombre de Dios: un hombre que se vea que rece, que crea; un hombre que encarne la santidad».

 

«Lo que vale para el Papa –afirmó el futuro Benedicto XVI, nuevamente volviendo a proponer los elementos fundamentales de la tradición–, vale fundamentalmente para cada sacerdote. La primera cualidad que se espera de él no es la capacidad organizativa o la superioridad intelectual, sino una huella de santidad».

 

Ratzinger observó en esa ocasión que «a la larga se puede desempeñar este ministerio solamente si se está profundamente arraigado en Dios, solamente si se vive interiormente en constante relación con el Señor. Por ello, la oración, incluso la oración contemplativa, es importante».

 

En otro pasaje del mismo discurso, el entonces arzobispo de Múnich de Baviera, propuso reflexiones que se reflejarían en su misma biografía y en su ser “Papa emérito”. Al referirse al sacerdote, afirmó: «Tampoco puede ser un trabajo a tiempo determinado: la grandeza del trabajo sacerdotal radica en que ofrece, a cada edad, una específica oportunidad. El sacerdote nunca es un fierro viejo… Cada edad tiene su específica importancia: el fervor de los jóvenes es importante cuanto la madurez de los ancianos. Precisamente la sabiduría, la calma, el sufrimiento de estos últimos son un verdadero aporte, que demuestra que el trabajo del sacerdote siempre es significativo y capaz de empeñar al hombre hasta el final».

 

 


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Cómo celebra el Papa su quinto aniversario.

Monseñor Becciu: nada de fiestas particulares, el Papa trabaja sereno

En el quinto aniversario del Pontificado, el Sustituto de la Secretaría de Estado durante la presentación del libro “Francisco el rebelde”: sufre cuando le acusan de traicionar la doctrina, pero sigue adelante

Monseñor Becciu

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Pubblicato il 13/03/2018
Ultima modifica il 13/03/2018 alle ore 18:36
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Es un hombre «y, por lo tanto, sufre» cuando «hay ciertas críticas gratuitas, ciertas críticas que le llegan al punto más esencial de su ser, el de traicionar la doctrina de la Iglesia», pero el Papa Francisco procede «sereno». En el quinto aniversario del Pontificado, monseñor Angelo Becciu, Sustituto de la Secretaría de Estado intervino durante la presentación del libro del padre Enzo Fortunato “Francisco el rebelde” (Mondadori). Al margen del evento respondió a algunas preguntas de los periodistas. Benedicto XVI «ha amado, desde el primer momento, al Papa Francisco». Y, si la reforma de la Curia, para utilizar una frase de Jorge Mario Bergoglio, es como limpiar una esfinge con un cepillo de dientes, «cepillo de dientes, sí, pero con determinación», comentó Becciu. Ayer por la tarde el Sustituto se encontró con el Pontífice argentino e indicó que se encontraba «sereno y contento». En relación con el quinto aniversario del Cónclave, «nada de fiestas particulares, es más, tenía la tabla de marcha y de encuentros, y seguía como si nada».

 

«Ayer estábamos juntos», dijo monseñor Becciu, «lo felicité y le prometí que hoy habríamos dado gracias a Dios por el don que nos hizo al dárnoslo como Papa. Estaba sereno. Y dijo que también él agradecía por el don de la Iglesia que está guiando; entonces, estaba sereno y contento. Pero nada de fiestas particulares, es más, tenía la tabla de marcha y de encuentros, y seguía como si nada».

 

Hoy también hubo críticas contra el Pontificado de Francisco por parte de algunos católicos. ¿Cómo las vive él estas críticas?

 

Está sereno, sabe afrontar según la máxima jesuita del tercer grado de ascética que hay que ser indiferentes a las cosas. Pero es un hombre y, por lo tanto, sufre también cuando hay ciertas críticas gratuitas, ciertas críticas que le llegan al punto más esencial de su ser, el de traicionar la doctrina de la Iglesia. Esto no, no lo acepta y es la acusación más grave que uno pueda hacerle. Él siempre se ha proclamado hijo fiel de la Iglesia, listo para dar la vida con tal de defender la pureza de la doctrina. Por lo demás, trata de estar alejado y seguir adelante. Es un ejemplo también para nosotros: a veces nosotros vamos a contarle nuestras cosas, por alguna crítica que hemos recibido, y nos dice: “¡Y ustedes de qué se quejan!”. Es un ejemplo de fortaleza, serenidad y valor.

 

Ayer el Papa Benedicto XVI lo defendió con la carta que envió por la publicación de una colección de libros sobre la teología del Papa.

 

Una carta magnífica. Y no podía ser de otra manera. El Papa Benedicto siempre ha amado, desde el primer momento, al Papa Francisco, y lo ha sentido como su sucesor, como aquel que rige a la Iglesia y a quien hay que manifestar obediencia y devoción.

 

La reforma de la Curia, mientras tanto, ¿procede como si se limpiara «una esfinge con un cepillo de dientes»?

 

Fue una buena ocurrencia esa del cepillo de dientes, ¡y ha hecho sonreír un poco a todos! Pero él tiene valentía y fuerza, y también esto sigue adelante. Como ustedes han visto, algunas reformas y algunos cambios ya han sido puestos en marcha. Pero no es fácil, no es fácil porque no es que se puede cambiar de un momento a otro una estructura tan compleja en la que valen las normas civiles, las normas canónicas, está también el aspecto doctrinal y hay que hacer que coincidan los diferentes aspectos. Cepillo de dientes, sí, pero con determinación.

 

¿Qué tan importante es para ello el ejemplo de San Francisco?

 

El Papa dio un mensaje desde el principio al elegir el nombre de Francisco. Ha demostrado gran predilección por el santo de Asís. Pero, sobre todo, al vivir su estilo de Papa se manifiesta el deseo de ser radical, como lo fue Francisco al vivir el Evangelio.

 

¿Un santo rebelde y un Papa rebelde?

 

Pocos días después de su elección, me dijo: “Pero, ¿estoy rompiendo el protocolo? ¿Estoy dando fastidio?”. “Pues, Santo Padre…”. Desde los primeros días su decisión de querer ir más allá de ciertas reglas modificables fue clara, y él las modificó inmediatamente. El protocolo no debe ser una cárcel, sino que debe servir para manifestar mejor el ejercicio del ministerio.

 

 

Participaron en la presentación del libro en el Instituto Struzo, hoy por la tarde, el director del periódico italiano “L’Espresso”, Marco Damilano, el padre Mauro Gambetti y Angelo Chiorazzo. Estaban presentes el cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario del Sínodo de los Obispos, el presidente de la Comunità di SantÈgidio, Marco Impagliazzo, y el comandante de la Gendarmería vaticana Domenico Giani.


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El Card. Parolín sobre los cinco años de pontificado

S.E. Cardenal Pietro Parolin, en una foto de archivoS.E. Cardenal Pietro Parolin, en una foto de archivo  (Vatican Media)

Cardenal Parolin: el del Papa Francisco, pontificado de la Alegría

Entrevistado por Vatican News, el Cardenal Secretario de Estado destaca la característica del pontificado de Francisco: la alegría

Luca Collodi – Ciudad del Vaticano

Es el colaborador más cercano del Papa: el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin. Nos encontramos con él en ocasión de los cinco años de pontificado de Francisco, preguntándole ante todo, cuales son, en su opinión, las características más sobresalientes de su magisterio:

R. – Ya han pasado cinco años; han pasado muy, muy rápido, al ritmo de muchos eventos felices y tristes. Sigue siendo cierto que la elección de un Papa y su Ministerio son siempre un don para la Iglesia y para la humanidad, cuya importancia espiritual y eclesial debe ser considerada, evaluada, leída a la luz de la fe y de la acción de la Providencia. Este aniversario nos hace pensar un poco a todos sobre cuáles son las características del Magisterio y de la acción del Papa Francisco. Meditanto en ello, tuve un pensamiento que albergaba desde hace tiempo: me impresionó que todos los documentos, o al menos, los de mayor importancia – hablo de la Evangelii Gaudium, que ha sido un poco el documento programático de su pontificado, luego la Amoris Laetitia, y también, aunque indirectamente, la Laudato Si’ – siempre aluden a la alegría: Evangelii Gaudim, Amoris laetitia, Laudato Si, la alabanza que nace de la alegría de un espíritu lleno de leticia. Y entonces, tal vez, yo diría que la característica fundamental de este pontificado es precisamente la alegría, una alegría que no nace de la despreocupación, sino del hecho de saberse amados por el Señor. He aquí, entonces, la otra línea del Pontificado: la misericordia, es decir, un amor personal y total que Dios tiene para cada uno de sus criaturas, y por otra parte, la alegría de comunicar a los demás, la Buena Noticia del Evangelio; el hecho de anunciar, de llevar a otros el anuncio de la salvación de Jesús, se convierte en fuente de alegría para quien  lo recibe, pero también para quien lo proclama. Es una alegría compartida. Entonces, la tercera línea me parece la de la evangelización, la de la Iglesia en salida que debe llevar el Evangelio a todas las criaturas. Me parece que estas son, en pocas palabras, al menos para mí, las características fundamentales de este Pontificado.

P.- Cardenal Parolin, con el Papa Francisco podemos hablar de una Iglesia en camino, en todos sus componentes. Sin embargo, dentro y fuera del pueblo de Dios, a veces hay pareceres contradictorios. ¿Cómo se puede responder a las críticas?

R. – Ciertamente una de las características – también un poco para retomar la primera pregunta – del pontificado de Papa Francisco es la dimensión de una Iglesia en salida, una Iglesia en movimiento, por lo que la invitación apremiante que el Papa ha hecho desde el principio, de no quedarse detenidos, de no echar mano al principio del “siempre se hizo así”, – lo dice explícitamente en la Evangelii gaudium -para no dar ningún paso adelante. Naturalmente, sabemos bien hacia dónde conduce este camino; este camino conduce a una mayor fidelidad de la Iglesia a su naturaleza de pueblo de Dios y cuerpo de Cristo, y a una mayor eficacia en su misión evangelizadora. Así que, probablemente, sin juzgar a nadie, precisamente este impulso, este dinamismo que el Papa ha imprimido y que quiere imprimir en la Iglesia, puede ser causa de diferentes juicios, contrastantes y a veces inclusive opuestos.

En cierto sentido, es normal, creo, el hecho de que todos los pontificados hayan estado sujetos a críticas. Luego, en lo que respecta a las críticas, yo distinguiría entre críticas destructivas, agresivas, verdaderamente malas -usamos esta palabra- y aquellas que son en cambio críticas constructivas. Y entonces probablemente existe un modo diferente de reaccionar y responder a estos dos tipos de críticas. En cuanto a las críticas agresivas y destructivas, no queda más que aceptarlas en cruz y considerarlas como parte de la corona de espinas que todos debemos llevar, sobre todo los que tienen responsabilidades en la Iglesia y que, por lo tanto, también tienen un rol público. Así que no hay nada que hacer. Pienso que no se agotarán, siempre habrá. En cuanto a las críticas constructivas, creo que deben tenerse en cuenta porque pueden ayudar, pueden ser una ayuda para una mejora e inclusive para un perfeccionamiento también del propio servicio. Pienso que las críticas constructivas son las críticas que nacen de una actitud fundamentalmente de amor y que tienen en la mira la construcción de la comunión en la Iglesia. Me parece que este es un criterio fundamental; apuntan a la comunión en la Iglesia y quieren ayudar también al Papa a ejercer mejor su Magisterio y su ministerio a favor de toda la Iglesia.

P. – Cardenal Parolin, ¿cuál es su deseo para el Papa Francisco?

R.- Creo que el deseo que le hacen muchas personas, tanto dentro como fuera de la Iglesia, muchas personas que ven al Papa Francisco como una figura importante y significativa en el mundo contemporáneo, sea éste: el deseo que el Señor le dé vida, salud, fortaleza, coraje para seguir guiando la Iglesia. Entonces, concluimos con las palabras de la antigua oración: “Deus conservet eum et vivificet eum” – “Dios lo conserve y le dé siempre fuerza y vigor”. Le deseamos al Santo Padre todo lo mejor. ¡Ad multos annos, Santo Padre!

Entrevista a S.E. Card. Pietro Parolin, Secretario de Estado

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Cinco años de pontificado del Papa Francisco

13 marzo 2018, 11:27


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Hace cinco años la elección del Papa Francisco

2018-03-13 Anniversario Pontificato Papa FrancescoPrimer saludo del Papa Francisco a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro poco después de su elección 

Cinco años con Francisco entre las sorpresas del Espíritu

El Pontificado de Francisco cumple cinco años. Su programa va adelante: pide una Iglesia misionera, con las puertas abiertas que sepa anunciar la alegría del Evangelio

Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano

Hace cinco años, el 13 de marzo del 2013, era elegido el Papa Francisco. Dos Encíclicas (Lumen fidei, sobre la fe, que continúa lo escrito por Benedicto XVI, y Laudato sí, sobre el cuidado de la casa común, cuidar la Creación no es de los verdes sino de los cristianos), dos Exhortaciones apostólicas (Evangelii gaudium, texto programático del Pontificado para una Iglesia “en salida”, misionera, y Amoris Laetitia sobre el amor en la familia), 23 Motu Propios(reforma de la Curia Romana, gestión y transparencia económica, reforma del proceso de nulidad matrimonial, traducción de textos litúrgicos, con indicaciones para un mayor descentramiento y más poderes a las Conferencias Episcopales), dos Sínodos sobre la familia, un Jubileo dedicado a la Misericordia, 22 viajes internacionales con más de 30 países visitados y 17 visitas pastorales en Italia, 8 ciclos de catequesis en la audiencia general de los miércoles (Profesión de fe, Sacramentos, Dones del Espíritu Santo, la Iglesia, la familia, la misericordia, la esperanza cristiana, la Santa Misa). Y casi 600 homilías espontáneas en las misas en Santa Marta, más de 46 millones de seguidores en Twiter y más de 5 millones en Instagram. Sin contar los innumerables discursos, mensajes y cartas y los millones de hombres, mujeres y niños de todo el mundo encontrados, abrazados, acariciados.

La Iglesia de puertas abiertas de Francisco

Francisco es el primer Papa jesuita, primero procedente de América latina, primero con el nombre del Pobrecito de Asís, 265 Sucesor de Pedro, que desea una Iglesia de puertas abiertas que anuncia a todos la alegría y la frescura del Evangelio. Una Iglesia acogedora, “donde hay lugar para cada uno con su vida difícil”, no una aduana que controle la gracia en cambio de facilitarla. Una Iglesia que se arriesgue a ser “accidentada, herida y sucia” con tal de alcanzar y estar en medio de la gente, más bien que una “Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de agarrarse a las propias seguridades”. Francisco pide que se abandone un estilo defensivo y negativo, de pura condena, para proponer la belleza de la fe, que es encontrar a Dios.

El Espíritu Santo trastorna

La suya es una invitación a dejarse sorprender por el Espíritu Santo, el verdadero protagonista de la Iglesia, que continúa a hablar y a decirnos cosas nuevas. El Espíritu Santo “desbarajusta” porque “agita, hace caminar, empuja la Iglesia a ir adelante,” mientras es mucho más fácil y seguro “acomodarse en las propias posiciones estáticas e inmutables”, decía Francisco en Estambul en noviembre del 2014. Es mucho más tranquilizador creer que la verdad sea “poseer” un paquete de doctrinas bien confeccionado, que podemos administrar bien, más bien que pertenecer nosotros mismos a la Verdad: es el Espíritu que nos guía a la verdad toda entera. El cristiano tiene todavía tanto que aprender porque Dios se revela siempre más. Es así que Francisco puede decir que tiene tantas dudas, “en sentido positivo” – asegura – “son un signo que queremos conocer mejor a Jesús y el misterio de su amor hacia nosotros”. “Estas dudas hacen crecer” decía en la audiencia general del 23 de noviembre de 2016. También Pedro ante los paganos ha podido decir: “Estoy dándome cuenta de que Dios no hace preferencias entre las personas, sino que quien le teme y pone en práctica la justicia, independientemente del pueblo al que pertenezca, es aceptado por él”. Aumenta la inteligencia de la fe.

¿Es un Papa de derecha o de izquierda?

Inicialmente todos o casi todos hablaban bien de Francisco. Sin embargo, poco a poco comenzaron a llegar las críticas. Se trata de una buena noticia teniendo en cuenta lo que dijo Jesús: “Ay de ustedes cuando todos hablarán bien de ustedes”. Desde la derecha se acusa al Papa de ser comunista, porque ataca el actual sistema económico liberal: “Es injusto desde la raíz”, “esta economía mata”, hace prevalecer la “ley del más fuerte” que “se come al más débil”.  Y habla demasiado de los migrantes y de los pobres: hoy “los excluidos no son explotados, sino desechos, sobras”. Desde la izquierda se acusa al Papa de estar detenido en las cuestiones éticas: defiende con fuerza la vida, contra el aborto y la eutanasia: “No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”, dice.

Defiende la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, condena la ideología de género, “equivocación de la mente humana”, la dictadura del pensamiento único y las colonizaciones ideológicas, incluso en las escuelas, que hacen que se corra el riesgo de convertirse en campos de reeducación. Advierte ante estos temas acerca de la disminución del derecho a la objeción de conciencia. Observa la proliferación de los derechos individuales, “individualistas” dice, pero sin preocuparnos por los deberes, y mientras se habla de nuevos derechos – afirma – está quien padece aún el hambre.

Críticas internas

También aumentaron las críticas dentro de la Iglesia. Hay quien incluso califica al Papa de “hereje”, quien dice que rompe con la tradición secular de la Iglesia, quien se enfada porque “aporrea” a los cercanos y acaricia a los alejados, quien lo contrapone a los Papas precedentes. Y sin embargo, Benedicto XVI ya había invitado a reflexionar sobre el discernimiento en la cuestión de la Comunión a los divorciados vueltos a casar en ciertos casos especiales. También Juan Pablo II ya había respondido a Monseñor Lefebvre – hace cuarenta años – explicando el verdadero significado de la Tradición que “encuentra su origen en los Apóstoles y progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo”.

En efecto, “la comprensión, tanto de las cosas cuanto de las palabras transmitidas, crece (…) con la reflexión y el estudio de los creyentes”. Pero es “sobre todo contradictoria” – afirmaba San Juan Pablo II – “una noción de Tradición que se opone al Magisterio universal de la Iglesia, de la que es poseedor el Obispo de Roma y el Cuerpo de los Obispos. No se puede permanecer fieles a la Tradición rompiendo el vínculo eclesial con aquel al que el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, ha encomendado el ministerio de la unidad en su Iglesia”. “La autodestrucción o el fuego de los conmilitones – afirma el Papa Francisco –  es el peligro más solapado. Es el mal que perjudica desde dentro; y, como dice Cristo, todo reino dividido en sí mismo cae en ruinas”. El Papa Francisco cita con frecuencia al diablo: Es el que trata de destruir a la Iglesia. La suya “es una guerra sucia” y “nosotros, ingenuos, estamos a su juego”.

Obras abiertas

Dos acciones que Francisco ha aprobado con fuerza están aún en camino: la primera es la reforma de la Curia, por la complejidad de reorganizar una institución secular (“hacer reformas en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes – dijo el Papa citando a Monseñor de Mérode –. Y también los escándalos, como “Vatileaks2”, no detienen al Papa Bergoglio. La segunda acción es la lucha contra los abusos sexuales en la Iglesia. De la Pontificia Comisión para la tutela de los menores,  – creada por Francisco – han renunciado algunos miembros, denunciando resistencias y retrasos. Pero el Papa reafirma la “tolerancia cero” porque “no hay lugar en el ministerio para aquellos que abusan de los menores”. Y Francisco va adelante.

Diplomacia de la paz

Francisco promueve la cultura del encuentro en ámbito ecuménico, interreligioso, social y político, sin olvidar la dimensión humana. Se mueve hacia la unidad, pero sin borrar las diferencias y las identidades. Es importante su rol en el deshielo entre Estados Unidos y Cuba y en el proceso de paz en Colombia y en la República Centroafricana. Ataca a los que fabrican y venden armas. Al mismo tiempo, denuncia con firmeza las persecuciones contra los cristianos, quizás hoy más graves que ayer, en el «silencio cómplice de tantas potencias», que pueden detenerlas. Lanza llamamientos contra la trata de seres humanos «nueva forma de esclavitud».

Tiempo de la misericordia, pero hasta cierto punto

Sin duda, la palabra central de este Pontificado es «misericordia»: es el sentido de la Encarnación del Verbo. Es una palabra que escandaliza. Francisco se da cuenta. Dios es excesivo en su amor a sus criaturas. Sin embargo, hay un límite: la corrupción. El corrupto es el que no sabe que lo es, el que rechaza la misericordia divina. Y Dios no se impone. Hay un juicio final. Por ello, el Papa propone siempre el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo: «Tuve hambre y me disteis de comer…». En el ocaso de la vida seremos juzgados sobre el amor.

Menos clericalismo en la Iglesia, más espacio a laicos, mujeres y jóvenes

Francisco se opone al clericalismo, porque el pastor debe «servir» y tener «olor a oveja». Afirma que los laicos deben descubrir cada vez más su propia identidad en la Iglesia: no deben permanecer al margen de las decisiones. Basta ya de «obispos pilotos». Relanza el rol de la mujer, pero mirando su misterio, no su funcionalidad: no se trata de una lucha por el poder o de reivindicaciones imposibles, como el sacerdocio. Se trata de reflexionar sobre la hermenéutica de la mujer porque – reitera – María es más importante que los Apóstoles. Invita a los jóvenes a tener mayor protagonismo y a incomodar a los pastores con su creatividad.

Evangelizadores con Espíritu

El Papa pide a todos los cristianos que sean «evangelizadores con Espíritu» para «anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, también a contracorriente», tocando «la carne de los que sufren», dando «razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que apuntan con el dedo y condenan». «Si logro ayudar a una persona a vivir mejor – afirma Francisco – con eso es suficiente para justificar el don de mi vida».


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Cinco años de pontificado.

Los cinco años de Pontificado de Francisco

Ha pasado un lustro desde el 13 de marzo 2013, cuando el Cardenal Jorge Mario Bergoglio fue elegido como Sucesor de Pedro. Revivimos las fases más significativas de estos años de Pontificado en las calles del mundo, para anunciar la alegría de Cristo