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Hace cinco año la renuncia de Benedicto XVI. Cómo la vivió el P. Lombardi portavoz del Vaticano.

“La renuncia del Papa cumplió su objetivo, un nuevo impulso misionero”

El ex director de la sala de prensa de la Santa Sede y actual presidente de la Fundación Ratzinger, Federico Lombardi, repasa los días de la imprevista renuncia de Benedicto XVI, que vivió entre la sorpresa y la serenidad
ANSA

Ratzinger

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Pubblicato il 11/02/2018
Ultima modifica il 11/02/2018 alle ore 17:08
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Fue el rostro mediático de Benedicto XVI durante buena parte de su pontificado. Como portavoz papal y director de la sala de prensa del Vaticano, Federico Lombardi acompañó a Joseph Ratzinger en las buenas y en las malas. Con sutil habilidad supo responder a las crisis más caprichosas, desde el caso Ratisbona hasta el escándalo “vatileaks”. Para muchos vaticanistas, sus múltiples virtudes se expresaron de mejor manera en los días de la sorpresiva renuncia del Papa y la elección de Francisco, entre febrero y marzo de 2013. Exactamente cinco años atrás.

 

En un nuevo aniversario de la dimisión leída en latín por Benedicto, en una mañana gris de aquel 11 de febrero de 2013 en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico y ante un puñado de cardenales, el sacerdote jesuita repasó en esta entrevista (concedida para un documental de inminente publicación) sus vivencias esos días que sacudieron a la Iglesia católica y al mundo.

 

¿Cómo vivió aquellos días de la renuncia?

Los viví con mucha serenidad, fue una sorpresa naturalmente para el mundo. En cierto sentido fue una sorpresa también para mí, porque yo tampoco había recibido una información precisa con mucha anticipación de lo que el Papa iba a hacer aquel 11 de febrero. Al mismo tiempo, no consideraba esta alternativa absolutamente imposible porque él había ya hablado en el libro-entrevista “Luz del Mundo” (con el periodista Peter Seewald), eso yo no había olvidado. Todas las personas que trabajaban con él se daban cuenta que, aunque desarrollaba bastante bien su tarea, lo hacía con un empeño de sus fuerzas que había llegado ya al límite. Por ejemplo, el viaje a Líbano, su último viaje al extranjero había salido muy bien pero se veía que estábamos al límite de las fuerzas. Así también ocurría con las grandes celebraciones.

 

¿Usted lo consideraba posible, entonces?

No me tomó completamente por sorpresa. Fui avisado con la suficiente anticipación como para poder manejar la situación en lo que correspondía de mi parte, comunicando a los periodistas y explicándoles lo que el Papa había dicho aquella famosa mañana. El Papa Benedicto había llegado bastante al límite de sus fuerzas para el desempeño normal del ministerio.

 

¿Cómo se comunica una noticia tan importante para la historia de la Iglesia?

La presentación que debí hacer de la renuncia aquella mañana fue para mí muy desafiante, me di cuenta de la grandísima sorpresa y el grandísimo interés que esta noticia había suscitado, no sólo para la prensa sino también en el pueblo cristiano y en la opinión pública en general. Era muy importante dar una presentación serena y objetiva de las motivaciones. Para mí el texto de la renuncia fue absolutamente claro y completo, muy característico de Benedicto XVI en su seca claridad y sinceridad. Me encontré muy a gusto con este texto, llevé otros dos para comentarlo, uno era el libro-entrevista en el cual, algunos años antes, el Papa había comentado la eventualidad de una renuncia en un modo extremamente claro y el otro era el Código de Derecho Canónico que explica cómo ocurre una renuncia papal. Allí ya estaba considerada esa opción, no era una cosa imposible.

 

¿Y después, qué ocurrió?

El tiempo sucesivo fue un verdadero camino realizado junto a los colegas periodistas y a la opinión pública para cumplir, paso a paso, este tramo hasta el término efectivo del ministerio de Benedicto XVI al final del mes, la preparación del Cónclave y la elección del Papa sucesivo. En este tiempo hubo mucho para descubrir porque, de hecho, era una situación nueva, que no se verificaba desde hacía siglos y, por lo tanto, muchas soluciones a problemas y preguntas que se presentaban debían ser encontradas por las autoridades competentes. Existía un clima de admiración y gratitud a Benedicto XVI, por su valentía al tomar esta decisión, por su humildad en el reconocer él mismo ante Dios que sus fuerzas no eran ya proporcionales al empeño de gobierno de la Iglesia, que podía esperarle si hubiese continuado aún en su ministerio petrino.

 

¿Cómo vivió el Papa emérito ese tiempo?

Benedicto XVI continuó presidiendo las celebraciones, el famoso Miércoles de Ceniza, el encuentro con el clero romano, las audiencias generales y los ejercicios espirituales, fueron todos eventos que él vivió con gran serenidad y control espiritual, dándonos mensajes preciosos que nos ayudaron a vivir esta situación nueva con confianza, como una lectura espiritual de los acontecimientos hasta el día que dejó el Vaticano. Recordamos todos con conmoción este vuelo hacia Castel Gandolfo y el saludo que él dio desde el balcón de la villa pontificia explicando la actitud de retiro y oración en el cual entraba para prepararse, también, en la última etapa al encuentro con el señor.

 

¿Qué impacto cree que tuvo esta renuncia?

La decisión de Benedicto XVI alcanzó el objetivo que se proponía, es decir crear un espacio de gran libertad para el Colegio Cardenalicio para reflexionar y prepararse a la elección de un sucesor que pudiese dar ese impulso a la Iglesia del cual se sentía necesidad. Impulso en la situación del mundo, en la situación cultural, social, espiritual que vivimos y también en la situación de cierto cansancio, cierta dificultad que se podía sentir en la Curia Romana después de las dificultades que el Papa Benedicto había encontrado y que todos conocemos, a las cuales había hecho frente muy bien, con seriedad y con mucha fuerza. Esto efectivamente exigía un nuevo empuje para poder ser verdaderamente superadas, para ir más allá recuperando un camino dinámico, misionero, más lleno de entusiasmo y de perspectivas positivas.

 

¿Afectó de alguna manera en el Cónclave posterior el hecho de contar con un Papa retirado?

Creo que hubo la expectativa de siempre cuando uno espera un nuevo Papa. Es un momento histórico en la vida de la Iglesia y se vio cómo el mundo mire con atención a la Iglesia. Existe la expectativa de una persona que tenga la autoridad de guía moral y espiritual para la humanidad. Esta vez la situación era distinta, porque el Papa precedente no había fallecido. Ciertamente no hubo el aspecto litúrgico de las exequias del pontífice difunto, pero más allá de eso los cardenales sabían claramente que el pontificado precedente había terminado y que se trataba de elegir un nuevo Papa en la plenitud de su autoridad y de su responsabilidad.

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En el aniversario de la renuncia de Ratzinger. Cómo sucedió

Benedicto XVI dijo a Francisco: “Prometo mi total obediencia”

En el quinto aniversario de la renuncia, una anécdota del ex secretario Xuereb a Vatican News: una llamada telefónica con el nuevo Papa después de la cena

Francisco y Benedicto

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Pubblicato il 09/02/2018
Ultima modifica il 09/02/2018 alle ore 16:37
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Yo llevaba conmigo el portátil, llega esta llamada y le paso el teléfono al Papa Benedicto, y escucho que dice: “Santidad, desde ahora prometo mi total obediencia y mi oración”. Son momentos que no puedo olvidar…». Estas fueron las primeras palabras que dirigió el Papa emérito a su sucesor Francisco, el día de su elección. Las pronunció inmediatamente después de la cena, con un teléfono inalámbrico. Y Ratzinger pudo comunicar al nuevo Obispo de Roma, apenas elegido, las palabras que había pronunciado en el último encuentro con los cardenales antes de dejar la Sede Apostólica, cuando, sin saber quién habría sido su sucesor, les dijo: «Entre ustedes está también el futuro Papa, al cual prometo mi incondicional reverencia y obediencia».

 

El que reveló detalladamente lo que sucedió en Castel Gandolfo el 13 de marzo de 2013 por la noche fue monseñor Alfred Xuereb, ahora Secretario general de la Secretaría para la Economía, y entonces secretario particular de Benedicto XVI (2007-2013), y después durante los primeros meses de Francisco. Xuereb fue entrevistado por Alessandro Gisotti para Vatican News, el portal que engloba todos los medios de comunicación de la Santa Sede.

 

 

«¿Cuáles fueron los momentos más intensos? Obviamente –dijo Xuereb– los momentos relacionados con su renuncia. Sí, me acuerdo perfecto del 5 de febrero de 2013, cuando el Papa Benedicto me invitó a pasar a su estudio y me anunció la gran decisión de su renuncia. A mí, en esas, casi me salió espontáneo preguntarle: “Pero, ¿por qué no lo piensa un poco?”. Pero luego me detuve, porque estaba convencido de que ya había pensado mucho en ello. Es más, precisamente en ese momento me acordé de un detalle. Hubo un periodo, bastante largo, cuando él, en la sacristía, antes de empezar a celebrar la misa en la capilla privada, se quedaba largo tiempo en oración; y, a pesar de las campanadas del reloj, que anunciaba la hora de la misa, él las ignoraba y se quedaba recogido frente al crucifijo que está en la sacristía. Estaba convencido, entonces, de que estaba rezando por algo muy importante. Ese 5 de febrero, mientras escuchaba la gran decisión del Papa Benedicto, pensé: “¡Entonces, muy probablemente rezaba por esto!”. Luego, evidentemente, otro momento fuerte fue el anuncio público durante el Consistorio del 11 de febrero. Yo lloraba todo el tiempo y también durante el almuerzo él comprendió que yo estaba muy emocionado y le dije: “Santo Padre, pero, ¿ustede estaba tranquilo, sereno?”. Y él dijo con decisión: “Sí”, porque su trabajo ya lo había hecho. Él estaba sereno precisamente porque estaba seguro de haber considerado bien la cosa y que estaba en paz, ¡en la voluntad de Dios!».

 

«Un momento muy fuerte –dijo el prelado maltés en la entrevista– para mí fue el momento de su despedida, porque él me repitió: “Usted irá con el nuevo Papa”. Y entonces, cuando después fue elegido el Papa Francisco, le escribí una carta insistiendo en su disponibilidad de dejarme libre si tuviera necesidad de mí. Y cuando llegó el día de dejar Castel Gandolfo para irme con el Papa Francisco, desde la Secretaría de Estado me dijeron: “¡Apúrate, haz las maletas, porque el Papa Francisco está abriendo solo la correspondencia!”, yo entré al estudio del Papa Benedicto para anunciárselo y para pedirle, llorando, su bendición; él se levantó con mucha serenidad, yo estaba de rodillas, y me dio la bendición con la que me dejó ir».

 

Xuereb también cuenta que se reunió hace poco con el Papa emérito: «Me invitó para el día de mi cumpleaños (el 14 de octubre, ndr.), para celebrar la misa y desayunar. Me pareció encontrarle con una mente muy viva, preguntaba muchas cosas… Después, las miradas que me echaba durante el desayuno me hicieron pensar: “¡Pero, qué contento estoy de volver a verte!”. ¡Se acordaba perfectamente incluso de detalles de mi familia, de mi madre y hasta de los gatos de mi mamá! Obviamente, está muy frágil físicamente. Ya casi tiene 91 años. Mi madre, que “solo” tiene 82, ¡no tiene las condiciones físicas que tiene él!».

 

Sobre el gesto de la renuncia, Xuereb dijo que se trataba de algo «grandioso» y «heroico». «Él comprendió especialmente durante el vuelo a México que ya no estaba en condiciones de hacer viajes largos. Y poco después habría llegado la Jornada Mundial de la Juventud, en Brasil, y se daba cuenta de que ya no podía viajar, hacer todos esos esfuerzos… Hizo un acto heroico, según yo, porque pensaba más bien en la Iglesia, en el amor por la Iglesia, que era mucho más grande que el amor por sí mismo, por su ego. No le preocupaba lo que algunas personas o ambientes pudieran decir sobre él, que tal vez no tenía el valor para seguir adelante… Él siempre ha estado sereno; habiendo comprendido que Dios le había pedido que hiciera este acto de gobierno, amando más a la Iglesia que a sí mismo».

 

 

En relación con la relación cordial entre Benedicto XVI y su sucesor, Xuereb dijo: «Antes de que el Papa Francisco saliera ante el mundo, desde la Logia de la Basílica de San Pedro, él trató de llamar por teléfono al Papa Benedicto para saludarle. Nosotros estábamos en la sala de la televisión, en donde el teléfono siempre está silenciado, por lo que no escuchamos, y esto explica por qué el retraso del Papa Francisco para salir a la Logia. Después nos llamaron de nuevo durante la cena y preguntaron: “Pero, ¿dónde estaban?”. “¡Estábamos viendo la tele!”. “Les va a hablar el papa Francisco después de la cena”. Yo llevaba el portátil, llega esta llamada y le paso el teléfono al Papa Benedicto y escucho que dice: “Santidad, desde ahora prometo mi total obediencia y mi oración”. Son momentos que no puedo olvidar…».

 

Para concluir, el ex Secretario del Papa Ratzinger subrayó que la decisión de «vivir una vida retirada» surgió «precisamente para poder prepararse al encuentro final con el Señor», pero, «mientras hace esto lo vive con profunda espiritualidad, ofreciendo oraciones y ofreciendo también la fragilidad de su condición de salud a favor de la Iglesia, por el papa y por la Iglesia».


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Benedicto XVI dirige un breve mensaje a un diario italiano.

Benedicto XVIBenedicto XVI 

Benedicto XVI: peregrino hacia Casa, gracias por acompañarme con amor

Con su inconfundible y dulce discreción y delicadeza, Benedicto XVI escribió unas líneas llenas de profunda gratitud a los lectores del diario italiano Corriere della Sera, que preguntan por su salud

Cecilia de Malak – Ciudad del Vaticano

Conmoción y agradecimiento en la oración por tanto amor y bondad

«Urgente a mano», la misiva fue llevada – desde el Monasterio Mater Ecclesiae, de los Jardines Vaticanos – a la sede romana del periódico y dirigida al periodista Massimo Franco:

«Querido Doctor Franco

me ha conmovido que tantos lectores de su diario deseen saber cómo transcurro este último periodo de mi vida. Sólo puedo decir al respecto que, en la lenta disminución de las fuerzas físicas, interiormente estoy en peregrinación hacia Casa.

Es una gran gracia para mí estar rodeado, en este último tramo de camino a veces algo fatigoso, por tal amor y bondad que nunca me hubiera podido imaginar. En este sentido considero también las preguntas de sus lectores como acompañamiento por un tramo.

Por ello, no puedo dejar de agradecer, asegurando de mi parte a todos ustedes mi oración.

Cordiales saludos

Benedicto XVI»


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El Papa atiende a una mujer policía caída del caballo.

Mujer policía cae de caballo y el Papa detiene el papamóvil para asistirla [VIDEO]

(ACI).- El Papa Francisco ordenó detener el papamóvil abierto en el que se desplazaba por las calles de Iquique en Chile para asistir a una mujer policía que se cayó del caballo en el que estaba montada.

Luego de celebrar una multitudinaria Misa, el Papa Francisco se dirigía por las calles de la ciudad chilena. A su paso, una mujer policía, de nombre Ana Belén Aguilera Casas, cayó del caballo en el que estaba montada y que se descontroló cuando pasaba el papamóvil con el que chocó.

Carabinera que cayó de caballo fue atendida por el Papa y el personal que resguardaba la seguridad en Iquique. El equino no la alcanzó a golpear en el hecho @24HorasTVN

La mujer, perteneciente al cuerpo de Carabineros, fue socorrida por varios de sus colegas y también por el Santo Padre, quien ordenó detener su vehículo.

Acompañado por varias personas de su comitiva como los miembros de su seguridad personal, el Pontífice se acercó a la mujer accidentada.

De inmediato y tras ver el accidente, llegó una ambulancia para atender a la mujer.


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Cómo se ve en Chile la próxima visita del Papa. Una opinión.

Francisco en Chile, una visita “difícil”

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(ROMA).-

Entre las muchas y variadas razones dos parecen determinantes: la precariedad autoreferencial de la Iglesia local y las muchas ambigüedades del gobierno saliente en el contexto de la cuestión boliviana…

Distintos sondeos y análisis demoscópicos dicen que en Chile, a solo 12 días de la visita del Papa Francisco a tres ciudades del país, la empatía por el evento es baja, es más, bajísima: 36%. Desde hace meses en la prensa varios observadores y comentaristas, chilenos y no chilenos, repiten casi con cansancio: “La gente es indiferente, lejana, ocupada en otras cosas… irritada con la jerarquía, y no es precisamente la llegada del Papa lo que más preocupa a los chilenos”. Por tanto muchos hablan de una “visita muy difícil, compleja e incierta, problemática”. Está fuera de duda que el Papa, querido y respetado, será bien acogido pero también está claro que casi ninguno se espera nada de particular. En estas horas algunos medios de prensa reconocen sentir alivio porque la visita será breve y eso puede ayudar a mantener el evento en su justa medida, en particular evitar las polémicas y posibles instrumentalizaciones.  

En resumen, la presunta indiferencia por esta visita sería una consecuencia directa e inmediata del relativamente bajo prestigio y de la limitada autoridad de la Iglesia chilena, en particular de la jerarquía, a la cual la opinión pública atribuye numerosos discutibles comportamientos, con las consecuentes críticas, a menudo feroces. Y no se trata solo de críticas provenientes del exterior de la comunidad eclesiástica.

Es importante recordar que hace algunos años el Papa Francisco recibió en el Vaticano una larga y articulada carta firmada por decenas de laicos católicos –algunos de ellos figuras nacionales importantes en distintos campos como las ciencias, la cultura, el arte– que subrayaban al Pontífice los puntos más delicados de la profunda crisis de la Iglesia chilena; crisis que de algún modo se arrastraba desde los tiempos de Papa Wojtyla y que tiene en el centro de su reflexión la calidad de los nuevos obispos nombrados en los años pasados.

Desde fuera, de hecho, la Iglesia chilena aparece sin proyecto, autorreferencial, a menudo a la defensiva y no especialmente entusiasta del magisterio del Papa Francisco, ni siquiera en los momentos y documentos que –como las encíclicas Lumen fidei y Laudato si’ o las exhortaciones Evangelii Gaudium o Amoris laetitita– han dado origen, en otras iglesias de la región, a grandes instancias de reflexión, análisis y discusiones. En el país a menudo sobre esta iglesia se usa la expresión “ensimismada”, es decir, “cerrada en sí misma”, justo lo contrario de lo que, desde hacia casi cinco años, pide y desea el Papa.

Sería un error creer o hipotizar que la chilena es una Iglesia contraria o crítica al magisterio de Jorge Mario Bergoglio. La situación no es para nada ésta y el problema tiene que ver con una suerte de estado de postración o convalecencia que parece hegemonizar la vida de esta comunidad eclesiástica que, siendo fuertemente clerical, termina por identificar toda la comunidad católica con la jerarquía. En Chile la comunidad eclesiástica en su verdadero y auténtico significado es extremadamente frágil. Existen solo los obispos y los sacerdotes, en especial los que se limitan a hacer de correa de transmisión a las directivas episcopales, sin márgenes legítimos y sensatos de autonomía, creatividad e iniciativa. En Chile sacerdotes de este tipo se arriesgan a quedar aislados y al ostracismo por vía del peso abrumador de un cierto tipo de autoridad episcopal que, a veces, no tiene nada que ver con el magisterio y el ministerio del obispo.

La Iglesia chilena es una Iglesia herida. Sus muchas llagas, sufrimientos, forman parte de un largo elenco: de las difíciles relaciones con el gobierno saliente de la Sra. Bachelet (despenalización del aborto, reforma educacional, derechos civiles, cuestión ‘Mapuche’, solo por citar algunos), a los graves problemas de pedofilia, en especial los casos de encubrimiento (que involucraron también a algunos obispos), el suceso del obispo de Osorno, monseñor Juan Barros (nombrado por Francisco y muy impopular para una parte de los fieles), una prensa en general hostil y muy crítica con los tres cardenales del país (Ezzati, arzobispo de Santiago en régimen prorogado, Errázuriz y Medina) y la percepción generalizada que la chilena es una Iglesia fuera de su tiempo e incluso fuera de las últimas dinámicas de la comunidad eclesiástica universal.

Las ambigüedades del gobierno chileno en su relación con el Vaticano y la cuestión boliviana 

Es cierto que desde hace meses el gobierno saliente de la señora Bachelet trabaja con generosidad por el éxito de la visita del Papa, pero también es cierto que hasta hace poco tiempo la visita de Bergoglio no era deseada. La verdadera, oficial y formal invitación (trámite una carta firmada por el presidente) del gobierno chileno al Papa Francisco para una visita llegó al Vaticano los primeros días del pasado mes de junio (hace seis o siete meses). Antes se había hablado verbalmente de una posibilidad parecida, una modalidad diplomática no suficiente para concretizar una visita apostólica. El gobierno, en dos diversas circunstancias, hizo llegar a la Conferencia episcopal chilena, a través de emisarios especiales, la sugerencia de convencer al Papa Francisco de desistir del propósito de visitar Chile (en aquellas circunstancias la hipótesis era un viaje en Uruguay, Chile y Argentina). Los obispos quedaron perplejos y avergonzados porque habían invitado ya al Papa, incluso por escrito y varias veces, y consideraban que el gobierno estaba de acuerdo.

En resumen, por un lado se hablaba de una visita con palabras de bienvenida pero de manera confidencial pero oficial se intentaban desalentar los propósitos del Papa. ¿Por qué? Porque en la política interna y entre los partidos, todos en crisis de credibilidad, en el centro de críticas durísimas por razones relacionadas con la corrupción y otras malas costumbres, había regresado el “gusano boliviano”, es decir, la muy larga controversia entre Santiago y La Paz con respecto a la solicitud de esta última de una salida al Pacífico.

Es bien conocido que Evo Morales, presidente de Bolivia, como todos sus predecesores, ha hecho esta solicitud un caballo de batalla también en vista de una tercera reelección y en este contexto, hace tiempo, por sorpresa, puso la cuestión bajo un arbitraje del Tribunal de la Haya. Chile, que considera que tiene razón, aceptó de inmediato. Llegados a un cierto punto sin embargo, por razones no del todo claras (y quizá relacionadas con hechos internos de los partidos y ambiciones personales) desde Chile ha comenzado una especie de campaña que “acusaba” al Papa Francisco de ser filo-boliviano, demasiado cercano a Evo Morales y por tanto, indirectamente, “hostil” al pueblo chileno. Así viene presentado por diversas partes y para ser convincentes por estos acusadores, a menudo escondidos por el anonimato, han atribuido al Papa palabras que él nunca ha pronunciado.

El discurso del Papa en La Paz durante el Encuentro de los movimientos populares en julio de 2015 ha servido, en manos de los políticos de los dos países, para afirmar numerosas inexactitudes y dar vida a no pocas mentiras: se ha creado por tanto la imagen falsa del “Pontífice argentino más amigo de los bolivianos que de los chilenos”. Al respecto ha ayudado seguramente mucho la astucia de Evo Morales, que desde hace años no se cansa de atribuir al Papa frases y pensamientos que lo presentan como partidario y patrocinador de la causa boliviana, algo que es falso y sin fundamento.

Frente a todo esto queda poco que añadir. La visita y su desarrollo está en manos del Papa Francisco que, estamos seguros, consciente de cada realidad sabrá como hacer llegar su mensaje de cercanía y afecto para la Iglesia y todo el pueblo de Chile.  

Luis Badilla  /  Francesco Gagliano   –   ROMA

Il Sismografo   –   Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

    Diverse sondaggi e analisi demoscopiche dicono che in Cile, a soli 12 giorni dalla visita di Papa Francesco a tre città del Paese, l’empatia per l’evento è bassa, anzi, bassissima: 36%. Da mesi sulla stampa vari osservatori e commentatori, cileni e non, ripetono quasi con stanchezza: «La gente è indifferente, lontana, indaffarata in altre cose… irritata con la gerarchia, e non è proprio l’arrivo del Papa ciò che sta in cima ai pensieri dei cileni». Perciò in molti parlano di una «visita molto difficile, complessa e incerta, problematica». È fuori dubbio che il Papa, ben voluto e rispettato, sarà ben accolto e benvenuto, ma è anche chiaro che quasi nessuno si aspetta nulla di particolare. In queste ore alcuni organi di stampa riconoscono di provar sollievo poiché la visita sarà breve e ciò può aiutare a mantenere l’evento nei giusti binari, in particolare evitare le polemiche e possibili strumentalizzazioni.

In questi mesi si sono date, da più parti, diverse spiegazioni più o meno plausibili e ben argomentate a questa tiepida attesa che sembra dominare gli animi in Cile. L’ultima, molto ricorrente in queste ore anche se non nuova, è il «costo economico» per il Paese. Si parla di 10 milioni di pesos (40% a carico della Chiesa locale e il resto a carico dello Stato). Tale fastidio, minimo, si aggiungerebbe però a tanti altri che si trascinano da molti anni e che, in realtà, parlano ed evidenziano una chiesa locale in crisi. Ed è questa la vera questione cilena nel contesto del pellegrinaggio di Francesco, 30 anni dopo di quello di san Giovanni Paolo II.

Insomma, la presunta indifferenza per questa visita sarebbe una conseguenza diretta e immediata del relativamente basso prestigio e della limitata autorevolezza della Chiesa cilena, in particolare della sua gerarchia, alla quale l’opinione pubblica ormai attribuisce numerosi discutibili comportamenti, con conseguenti critiche, spesso feroci. E non si tratta soltanto di critiche provenienti dall’esterno della comunità ecclesiale.

È importante ricordare che qualche anno fa Papa Francesco ricevette in Vaticano un lunga e articolata lettera firmata da decine di laici cattolici – alcuni di loro figure nazionali di rilievo in diversi campi della scienza, cultura, arte – che sottolineava al Pontefice i punti più delicati della profonda crisi della chiesa cilena; crisi che in un qualche modo si trascina dai tempi di Papa Wojtyla e che ha al centro della sua riflessione la qualità dei nuovi vescovi nominati negli anni passati.

Dall’esterno, infatti, la Chiesa cilena appare senza progetto, autoreferenziale, spesso sulla difensiva e non particolarmente entusiasta del magistero di Papa Francesco, neanche dei momenti e documenti che – come le encicliche Lumen fidei e Laudato si’ oppure e le esortazioni Evangelii Gaudium o Amoris laetitia – hanno dato origine, in altre chiese della regione, a grandi istanze di riflessioni, analisi e discussioni. Nel Paese spesso su questa chiesa si usa l’espressione «ensimismada», e cioè «chiusa in se stessa», proprio il contrario di quanto, da quasi cinque anni, chiede e desidera il Papa.

Sarebbe un errore credere o ipotizzare che quella cilena è una chiesa contraria o critica al magistero di Jorge Mario Bergoglio. La situazione non è affatto questa e il problema riguarda una sorta di stato di prostrazione o convalescenza che sembra egemonizzare la vita di questa comunità ecclesiale che, essendo fortemente clericale, finisce per identificare la comunità cattolica tutta con la gerarchia. In Cile la comunità ecclesiale nel suo vero e autentico significato è estremamente fragile. Esistono solo i vescovi e i sacerdoti, in particolare quelli che si limitano a fare da cinghia di trasmissione alle direttive episcopali, senza margini legittimi e sensati di autonomia, creatività e iniziativa. In Cile sacerdoti di questo tipo rischiano l’isolamento e l’ostracismo per via del peso schiacciante di un certo tipo di autorità episcopale che, a volte, non ha nulla a che fare con il magistero e il ministero del vescovo.

La Chiesa cilena è una Chiesa ferita. Le sue molteplici piaghe, sofferenze, patimenti, fanno parte di un elenco lungo: dai difficili rapporti con il governo uscente della signora Bachelet (depenalizzazione dell’aborto, riforma educazionale, diritti civili, questione “Mapuche”, solo per citarne alcuni), ai gravissimi problemi di pedofilia, con particolare riferimento a casi di occultamento o copertura (che coinvolgerebbero anche alcuni vescovi), la vicenda del vescovo di Osorno, monsignor Juan Barros (nominato da Francesco e molto inviso a una parte dei fedeli), una stampa in generale piuttosto ostile e molto critica dei tre cardinali del Paese (Ezzati, arcivescovo di Santiago in regime prorogato, Errázuriz e Medina) e la percezione generalizzata che quella cilena è una Chiesa fuori dal tempo e addirittura fuori dalle dinamiche ultime della comunità ecclesiale universale.

Le ambiguità del governo cileno nel suo rapporto con il Vaticano e la questione boliviana 

È vero che da mesi il governo uscente della signora Bachelet lavora alacremente, e con generosità, per il successo della visita del Papa, ma è anche vero che fino a poco tempo fa la visita di Bergoglio non era desiderata. Il vero, ufficiale e formale invito (tramite una lettera firmata dal presidente) del governo cileno a Papa Francesco per una visita è arrivato in Vaticano i primi giorni del giugno scorso (sei/sette mesi fa). Prima si era sempre parlato verbalmente di una simile possibilità, una modalità diplomatica non sufficiente per concretizzare una visita apostolica. Il governo, in due diverse circostanze, fece pervenire alla Conferenza episcopale cilena, tramite speciali emissari, il suggerimento di convincere Papa Francesco a desistere dal proposito di visitare il Cile (in quelle circostanze l’ipotesi era un viaggio a Uruguay, Cile e Argentina). I vescovi, sono rimasti perplessi e imbarazzati, perché avevano già invitato il Papa, anche per scritto e a più riprese, e ritenevano che il governo fosse d’accordo.

Insomma, da un lato si parlava di una visita con parole di benvenuto ma, in via del tutto confidenziale ma ufficiale, si cercava di scoraggiare i propositi del Papa. Perché? Perchè nella politica interna e fra i partiti, tutti in crisi di credibilità, al centro di critiche durissime per ragioni legate alla corruzione e altri malcostumi, era tornato il carsico «tarlo boliviano», vale a dire la lunghissima controversia fra Santiago e La Paz in merito alla richiesta di quest’ultima di uno sbocco sul Pacifico.

È ben noto che Evo Morales, presidente della Bolivia, come tutti i suoi predecessori ha fatto di questa richiesta un cavallo di battaglia anche in vista di terza rielezione e in questo contesto tempo fa, a sorpresa, ha posto la questione sotto un arbitrato del Tribunale dell’Aia. Il Cile, che ritiene di avere ragioni, ha accettato subito. Ad un certo punto però, per ragioni non del tutto chiare (e forse legate a vicende partitiche interne e ad ambizioni personali), dal Cile è partita una sorta di campagna subdola che “accusava” Papa Francesco di essere filo-boliviano, troppo vicino a Evo Morales e dunque, indirettamente, “ostile” al popolo cileno. Così venne presentato da più parti e per essere convincenti questi accusatori, spesso dietro a coperture anonime, hanno attribuito al Papa parole da lui mai pronunciate.

Il discorso tenuto dal Papa a La Paz, nell’Incontro dei movimenti Popolari nel luglio del 2015, è servito, nelle mani di politici dei due Paesi, per affermare numerose inesattezze e dar vita a non poche bugie: si è quindi creata l’immagine falsa del «Pontefice argentino più amico dei boliviani che dei cileni». Al riguardo ha certamente molto aiutato l’astuzia di Evo Morales, che da anni non si stanca di attribuire al Papa frasi e pensieri che lo presentano come un sostenitore e sponsor della causa boliviana, cosa invece falsa e senza alcun fondamento.

Di fronte a tutto ciò ormai c’è poco da aggiungere. La visita e il suo svolgimento è tutto nelle mani di Papa Francesco che, ne siamo certi, consapevole di ogni realtà saprà far passare il suo messaggio di vicinanza e affetto per la Chiesa e tutto il popolo del Cile.  

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Entrevista de Vatican Insider con la presidenta de los focolares.

“No será la actitud de un Papa a destruir la Iglesia”

María Voce a 360 grados. Entrevista con la presidente del Movimiento de los Focolares sobre la actualidad eclesiástica, el pontificado del Papa Francisco, el rol de la mujer en la Iglesia y los movimientos

La presidente del Movimiento de los Focolares, Maria Voce (© CSC Audiovisivi )

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Pubblicato il 18/12/2017
Ultima modifica il 18/12/2017 alle ore 13:54
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

La actitud de un Papa no destruirá a la Iglesia. Francisco puede ser malinterpretado, pero su relación con los fieles jamás será falseada. Él propone una radicalidad evangélica y eso sacude conciencias. Las críticas son buenas, pero existe un límite: el respeto al pontífice. Muchas de esas críticas derivan de una falta de fe y, la mayoría, son temporales. Pasarán. Las mujeres que pretenden la ordenación sacerdotal a toda costa sufren una “enfermedad psicológica”. El mundo exige un mensaje serio, ante tanto vacío espiritual. Son definiciones de María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares.

 

Abogada italiana, de trato afable y sonrisa perenne, Emaús (como la conocen sus compañeros) guía desde 2008 los destinos de uno de los movimientos católicos más numerosos del mundo. En entrevista con el Vatican Insider repasa los principales temas de la actualidad eclesial. Con realismo, pero siempre optimista.

 

El Papa Francisco ha convocado una gran reforma para la Iglesia, sobre todo espiritual, y ha indicado nuevas prioridades, ¿su mensaje los ha puesto en crisis?

«No es que nos haya puesto en crisis, porque nosotros inmediatamente encontramos con el Papa una gran sintonía, en todo lo que él ha hecho, en cada gesto y cada palabra que ha dicho nos sentimos profundamente interpretados. Seguramente el suyo es siempre un llamado a vida más evangélica, más sobria, más correspondiente a la del carisma que Chiara, Chiara Lubich, nos ha transmitido. Esto seguramente, en este sentido es una crisis positiva, es decir llamarnos continuamente a ser lo que debemos ser, a ser aquellos que el carisma nos pide ser, no una cosa nueva: aquella. Pero con más integralidad».

 

El rol de los movimientos en la Iglesia

 

En tiempos de Juan Pablo II, los movimientos eclesiales vivieron un boom pero también un deseo de hacer las cosas en grande. Francisco, en cambio, llama a lo esencial. ¿Llegó el momento de dejar las grandes manifestaciones y el triunfalismo? ¿Usted lo percibe así?

«Sí, sí, pero no me sorprende, me da gusto porque digo: quizás es el momento en el cual no es posible tanto extenderse sino ir en profundidad. Este ir más en profundidad, según yo, es el principio para ir a un nuevo tipo de extensión. El Papa nos empuja en esta dirección».

 

¿No es renunciar a la misión?

«Para nada, absolutamente. ¡Al contrario! Es una invitación a actuar de manera distinta».

 

Francisco apuesta mucho por los laicos en la Iglesia, pero también advierte contra la tendencia de ellos mismos a ser “clericalizados” o confundir su misión. ¿Cuán enraizadas están estas ciertas malas costumbres?

«Es una pregunta difícil. Yo siento que el Papa se preocupa mucho de las relaciones, cuando valora a los laicos no desvalora al clero, porque considera que la Iglesia está formada por los laicos y por el clero, pero cada uno respetando las funciones del otro. Me parece que, para él, es más importante que el laico sea laico, que no se vuelva el “factótum” en la Iglesia, y que el clero siga siendo clero, que sea verdaderamente pastor, ministro, que sirva al pueblo de Dios, pero que sea también capaz de dar al pueblo de Dios la posibilidad de sentirse Iglesia junto a ellos».

 

Parece que cuando el Papa habla por ejemplo del clero, quiere dar bastonazos a unos y justificar a otros. Usted asegura que no es así. ¿Por qué se da esa percepción, entonces?

«No lo sé. Pienso que es justo que los medios pongan el acento sobre lo que el Papa hace o dice, porque cada vez más es una autoridad que debe ser escuchada por todos. Lo que me parece un poco exagerado a veces, de parte de los medios, es ver estas cosas como una absoluta novedad. Este ver la historia de la Iglesia entre: eso antes se hacía así y ahora no se hace más así. Es verdad en un cierto sentido, hay cosas que no se hacen como antes, ¿pero por qué? Porque cambió la sociedad, cambió el recurso humano al cual la Iglesia debe servir. Por lo tanto, el Papa de hoy capta las necesidades y los desafíos de la humanidad de hoy. Me parece bien resaltarlo, pero también es justo decir que es un camino en la historia de la Iglesia».

 

Es exagerada esta ansia de discontinuidad…

«Esta ansia de novedad, de querer encontrar siempre una discontinuidad».

 

¿Esto puede falsear la imagen del Papa?

«Sí, sin duda».

 

¿Puede falsear también el mensaje o la imagen que llega del Papa a los fieles?

«Creo que la relación del Papa con los fieles no está falseada. Quizás pueda estar distorsionada en relación con los medios, o con las instituciones, pero Francisco sabe llegar al corazón de los fieles. Sabe saltar los obstáculos».

 

¿Puede que el Papa haya sido muchas veces malinterpretado?

«Ciertamente».

 

¿Perciben ustedes preocupación en personas que escuchan estos mensajes y se agitan, aunque después se dan cuenta que no necesariamente son verdaderos?

«Esto puede pasar. Pero yo no puedo decir que escuché preocupaciones entre la gente que frecuento hacia lo que el Papa hace o dice. Al contrario, he sentido siempre un gran aprecio, una apertura máxima hacia él».

 

Las críticas al Papa

 

La elección de Francisco ha provocado una sacudida en la Iglesia, ¿cómo la valora?

«Me parece que se trata de una sacudida de regreso a una Iglesia de los orígenes. En la Iglesia como institución, en el pueblo, se puede sentir este terremoto. Pero es saludable. Damos gracias a Dios por esta sacudida, salvo en algunos casos que evidentemente están demasiado enraizados en su situación como para estar listos para la novedad que existe y no se puede esconder. Pero es un retorno a los orígenes acorde el día de hoy. De ahí la novedad que puede dar miedo, incomodar».

 

¿Le sorprende esta incomodidad manifiesta en algunos sectores de la Iglesia?

«No me sorprende, pienso que es parte de este camino y que pasará. La historia dirá que hubo un período en el cual las novedades del Papa fueron debatidas, quizás a veces criticadas, pero que al final obtuvo aquello por lo cual impulsaba estas novedades. La historia juzgará positivamente».

 

Se habla demasiado de los críticos del Papa porque el disenso es noticia, ¿qué actitud cree que deberían tener los fieles de a pie ante este debate?

«El pueblo cristiano debe pensar que es Cristo quien lleva adelante la historia de la Iglesia, que por lo tanto no será la actitud de un Papa a destruir la Iglesia. Esto no es posible: Cristo no deja destruir la Iglesia ni siquiera a un Papa. Si Cristo lleva adelante su Iglesia, el Papa de hoy dará los pasos necesarios para ello. Si somos cristianos deberíamos razonar así».

 

Entonces, ¿las preocupaciones excesivas sobre las cosas temporales que hace el Papa pueden demostrar una cierta falta de fe?

«Sí, pienso que fundamentalmente derive de esto, de no estar radicados en la fe, seguros que Dios mandó a Cristo a fundar la Iglesia y que él cumplirá su plan a lo largo de la historia mediante personas que se podrán a su disposición. Esta es la fe necesaria para juzgar a cualquier persona y cualquier advenimiento, no sólo al Papa».

 

¿Se les da demasiada importancia a esas críticas?

«La función crítica de la humanidad existe y tampoco es errada, porque se debe saber valorar las situaciones. También con Benedicto XVI había muchos contrarios, y con Juan Pablo II».

 

¿Cuál es el límite a la crítica? La historia está llena de personas que acusan a los Papas de herejes, no es novedad, ¿cuál es la frontera de la libre opinión en la Iglesia?

«El respeto por el Papa. La fe en el magisterio. En la doctrina católica el magisterio tiene una importancia tan grande como la tradición y la revelación. Por lo tanto, hay que tener fe en esta gracia del magisterio para interpretar los signos de los tiempos y dar las respuestas adecuadas. Si años atrás alguien hubiese dicho que las personas en nueva unión pertenecen a la Iglesia, habría generado escándalo. Hoy sería un escándalo que no se diga esto, porque se diría: “El Papa limita la Iglesia sólo a aquellas personas que están correctamente casadas, buenas, que no van en contra de los sacramentos…”. Así como evoluciona la situación histórica de la sociedad, lógicamente evoluciona también la respuesta que, en la tradición de la Iglesia, el magisterio encuentra para estas nuevas heridas. Debemos estar seguros que el magisterio de la Iglesia no traiciona la revelación, sino que la interpreta aplicándola a las necesidades de hoy».

 

El rol de la mujer en la Iglesia

 

¿Cómo recibe la reflexión de Francisco sobre el rol de las mujeres en la Iglesia?

«Como decía antes el Papa destaca, sobre todo, las relaciones. Por lo tanto no eleva a la mujer para rebajar al hombre, los dos son importantes en la Iglesia porque lo son en el diseño de Dios. Rescatar esta complementariedad es lo que más le importa al Papa. De aquí el reconocer que sin el aporte del “genio femenino” en la Iglesia falta algo, como faltaría si no estuviese el “genio masculino”. Pero el “genio masculino” no falta, hasta ahora ha sido siempre preponderante en la Iglesia. Ha faltado el aporte del “genio femenino”, aunque nunca del todo porque siempre existieron consejeras de los Papas, pero no ha sido suficientemente valorizado, digamos».

 

A las santas parece que las cosas le costaban el doble, ¿también hoy es así?

«Sí, puede ser. Tener la paridad no es querer tener los mismos roles sino ver reconocida la misma dignidad de poder colaborar con los hombres. Mujeres, clero y non clero, laicos, todos, colaborar en la realización del plan de Dios para la Iglesia, un proyecto que es de conjunto, todos juntos».

 

Pero la opinión pública exige signos concretos, sin cargos parece que no existe valoración. ¿Cómo llegar a esa valoración sin afectar el diseño original de la Iglesia?

«También se necesitan los cargos, no digo que las mujeres no deban tener cargos para ser apreciadas».

 

Me refiero a la ordenación sacerdotal, usted sabe que existen grupos de mujeres que desde hace años trabajan sólo con ese objetivo…

«Se vuelve obsesivo. ¡Para mi es una enfermedad psicológica querer por fuerza ser ordenada sacerdote cuando eres una mujer!».

 

¿Ustedes hablan mucho de este tema?

«No mucho, lo vivimos simplemente. Por estatuto, en el Movimiento la presidente será siempre una mujer. Así fue aprobado por la Iglesia. Pero en el Movimiento existen también muchos hombres que hacen su parte junto a esta presidente mujer. En todas las responsabilidades la autoridad reside siempre en la relación entre un hombre y una mujer. Ciertamente es una mujer que manifiesta la unidad del Movimiento entero, que evidencia la importancia del perfil mariano en la Iglesia. No solo por el aspecto de la benevolencia, sino por el carácter generativo que es peculiar de la mujer y que debe trasvasar en la Iglesia, sin sofocar al hombre. La madre a menudo prefiere a los hijos varones porque existe complementariedad entre los sexos, y ellos no se sienten sofocados por ella, sino valorizados. Así debería ser en la Iglesia, que un sexo valoriza al otro, uno y otro la sirven».

 

La actualidad del Movimiento de los Focolares

 

¿Cuál es el estado de salud del Movimiento de los Focolares?

«Podría decir: “¡Está bien, gracias!”. Aunque esto es cierto, también resiente una cierta crisis, digamos. Una especie de cansancio después de un tiempo, el darse cuenta que las personas que lo comenzaron ya no son jóvenes y que si bien un recambio generacional existe, no es suficiente desde el punto de vista numérico. Esto no afecta la profundad del Movimiento, la expansión de su espiritualidad continua y la encontramos allí donde ni siquiera lo imaginábamos. Vemos que, no obstante las dificultades y los conflictos que se afrontan en el mundo, las personas del Movimiento, más allá de posibles divergencias de opiniones, hacen de todo para permanecer unidas en el amor y en el respeto recíproco, en una unidad profunda, auténtica, fundada en la fe en Dios y en la fraternidad que su paternidad nos regala. Esto es lo más importante».

 

¿Cuáles son los desafíos que identifica por delante?

«Lo más importante es continuar caminando con fidelidad a ese carisma que Chiara (Lubich, la fundadora) nos dejó. Es un carisma de unidad como respuesta a las divisiones del mundo. Estas no son las mismas que en 1943, por eso es fundamental encarnar ese carisma y convertirlo en respuesta concreta a las necesidades de la sociedad y de la Iglesia. Pensamos que en el futuro habrá un gran desarrollo de los diálogos en todos los niveles, no sólo ecuménico e interreligioso, sino también del diálogo con la cultura y entre las generaciones».

 

¿Hacia qué zonas del mundo piensan enfocar sus esfuerzos?

«En este momento, por primera vez, estamos haciendo una “geopolítica” de nuestro movimiento. Tratamos de identificar los lugares donde existe una gran necesidad de fraternidad, como Medio Oriente, aunque no solo. El Papa convocó un Sínodo sobre la Amazonia, allí en Brasil estamos llevando adelante un proyecto de evangelización para los pueblos en torno al río. También pensamos en India, Asia entera nos interpela mucho. La presencia puede ser estable o temporal».

 

Los desafíos del mundo de hoy

 

Mientras la Iglesia sigue proponiendo su mensaje, el mundo va en otra dirección. Los fieles, inmersos en esa realidad, parecen terminar cayendo en una especie de “doble vida”. ¿Cómo afrontar esta paradoja?

«Este es un gran problema. Los valores antes estaban mucho más difundidos porque se conocían en la familia, en la parroquia y ahora ya no se oyen. Me parece que exista un gran vacío en la humanidad, un vacío de sentido, y esto se ve en los resultados: la violencia que aumenta, los suicidios, los jóvenes que se abandonan a vicios antes desconocidos».

 

Un panorama sombrío…

«Me gusta ver esto como una oportunidad en lugar de una dificultad, este vacío reclama un mensaje serio. Los cristianos debemos estar atentos en el tomar en serio este vacío y dar un mensaje vivido, no tanto de palabra. Por desgracia, a veces parece que hay que negociar, ¿por qué? Para mantener el puesto, para hacer carrera… No son motivos de cristianos, por tanto que no se negocie. La radicalidad evangélica, a la cual llama continuamente el Papa, es un mensaje claro que hoy puede tener el máximo impacto en un mundo que no tiene ningún mensaje claro para dar, sólo el vacío. Ante esta falta de sentido, quien tenga un mensaje claro y lo sepa transmitir con una integridad de vida, tiene una buenísima posibilidad de encontrar un terreno fecundo. Quiero ver este vacío como un tiempo que Dios nos da para decir: “¡Cristianos, despierten!”. No es el mensaje cristiano el que ya no vale, son los cristianos que no vivimos su mensaje auténticamente y, por lo tanto, debemos convertirnos. Creo que sea una llamada a la conversión».


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Más católicos que el Papa. La Iglesia hoy. Comentario del jesuita Thomas Reese.

More Catholic than the pope

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Pope Francis gestures as he talks during a pastoral visit in Cesena, Italy, Oct. 1. (CNS/Reuters/Alberto Lingria)

“More Catholic than the pope” used to be a joking reference to conservative Catholics, but these days there truly are some people who think they are more Catholic than the pope.

Four cardinals (two of whom have recently gone to their eternal reward) criticized the pope publicly in 2016 by issuing what they called a “dubia,” asking the pope to clarify what they considered his straying from the true faith. Last month, several dozen theologians accused the pope of spreading heresy.

Joy-of-the-Family-Guide.jpgExplore Pope Francis’ apostolic exhortation on the family. Download our free study guide.

The fuss is over the pope’s willingness to open the door to the possibility of divorced and remarried Catholics receiving Communion, even if they do not have a church annulment. But it raises a larger question:  Who has the right to challenge the pope’s teachings in the Catholic Church?

These criticisms of Pope Francis put progressive Catholics in an awkward position. Progressives are big fans of Francis, but it would be somewhat hypocritical of them to suddenly become papal absolutists when they clearly had disagreements with Pope John Paul II and Pope Benedict XVI. On the other hand, conservatives who are now critical of Francis accused progressives of being “cafeteria Catholics” when they disagreed with John Paul or Benedict.

All I can say is, “Welcome to the cafeteria.”

The truth is all Catholics are cafeteria Catholics. Conservative Catholics were quite willing to ignore John Paul’s and Benedict’s strong statements on justice and peace, and progressive Catholics are happy to ignore Francis’ opposition to women priests.

Disagreeing with the pope was not welcomed during the papacies of John Paul and Benedict. Bishops, priests, theologians, and Catholic publications were expected to unreservedly cheer any statement that came out of Rome. Priests were silenced, seminary professors were removed, and magazine editors were fired if they strayed from the party line. The open debate that occurred during the Second Vatican Council was closed down. Candidates for the episcopacy were chosen based on loyalty to Rome rather than on intelligence or pastoral abilities.

The atmosphere has changed under Francis. Bishops are being chosen because of their pastoral abilities and identification with the poor. Theologians are free to speak and write what they please. Catholic publications are not subject to censorship. And cardinals and theologians are publicly criticizing the pope, something that would never have been allowed in earlier papacies.

Francis can only blame himself for this. He asked for it. At the beginning of the 2016 synod on the family, he told the bishops to “Speak clearly. Let no one say, ‘This can’t be said, they will think this or that about me.’ Everything we feel must be said, with ‘parrhesia’ (boldness).”

The Greek word “parrhesia” comes from the Acts of the Apostles where Paul takes on Peter, the first pope, in arguing that the Gentile Christians need not be circumcised. Paul won that argument.

Francis remembers how when he was a cardinal at an earlier synod, officials from the Roman Curia told him what subjects could not be brought up. Although the purpose of the Synod of Bishops is to advise the pope, most bishops at earlier synods spent most of their time quoting the pope to himself. It was a silly exercise.

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Pope Francis arrives to celebrate the closing Mass of the Synod of Bishops on the family in St. Peter’s Basilica at the Vatican October 2015. (CNS/Paul Haring)

Francis is not afraid of open discussion in the church. “Open and fraternal debate makes theological and pastoral thought grow,” he said. “That doesn’t frighten me. What’s more, I look for it.”

Well, he got it. Some people would like to see him crack down on those dissenting from his teaching, but I rather admire him for his patience and willingness to let people speak their minds. He trusts that the Spirit will guide the church in the right direction.

Catholics need to grow up and learn to live in a church where arguments take place, but we should not let disagreements break up the family. We need to understand that people have different viewpoints and that we can learn from one another by having dialogue. Rather than dividing into partisan factions, we need to model what it means to be a community.