Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Colombia: cómo será la visita del Papa.

El Papa en Colombia evitará toda instrumentalización política

Perspectivas de la visita apostólica del Papa Francisco a Colombia en voz del colombiano de más alto rango en la Curia Romana, José Octavio Ruíz Arenas
AFP

Colombia se prepara para recibir al Papa

42
0
Pubblicato il 05/09/2017
Ultima modifica il 05/09/2017 alle ore 13:18
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa no va a Colombia a bendecir el acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla. Ni pretende avalar a una facción política. Su visita mira más allá. Quiere impulsar a un pueblo atormentado por más de 50 años de conflicto, invitarlo a dar el primer paso hacia una verdadera reconciliación. Un proceso que lejos está de haber terminado y que, en realidad, apenas comienza. En entrevista con el Vatican Insider José Octavio Ruíz Arenas, secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, trazó algunas perspectivas de sobre la gira de Francisco por el país sudamericano, prevista del 6 al 11 de septiembre.

 

¿Cómo se prepara Colombia para la visita del Papa?

 

Sin duda alguna existe una expectativa grandísima, no sólo porque es el tercer Papa que nos visita sino por las situaciones que se están viviendo en relación con la guerrilla, el narcotráfico y la corrupción, que se ha ido descubriendo con escándalos terribles. La palabra del Papa va a animar un ambiente favorable a la esperanza de construir una patria mejor, de lograr una reconciliación y una paz verdaderas. Sabemos que se firmó un tratado de paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), pero este es solo un documento político en el que se inicia un proceso. El anhelo profundo en el corazón de todos los colombianos es por la reconciliación, pero esto no se logrará si entre todos no buscamos la erradicación de las causas que han llevado a la violencia y a una situación tan dura como la que se vivió durante 50 años o más. Debemos acabar con la mala distribución de los bienes, con tanta corrupción, erradicar el narcotráfico, hacer todo lo posible para que haya una mayor solidaridad y una mayor conciencia de la dignidad humana.

 

La agenda del Papa es amplia, con visitas a cuatro ciudades, ¿qué se puede esperar?

 

Sin duda es un viaje muy temático. La primera etapa en Bogotá tendrá un momento institucional y el gran encuentro con el pueblo de Dios, para reafirmar la dignidad de la vida humana y el respeto a ella. Luego, en Villavicencio, el Papa nos dirá que si queremos una reconciliación verdadera entre nosotros debemos iniciar por una reconciliación con la naturaleza. Villavicencio es la puerta del Llano, de la Orinoquia y de la Amazonía, allí nos va a decir que, si nos respetamos los bienes naturales, vamos a una destrucción. Luego el Papa va a encontrar a víctimas y victimarios. Villavicencio es la capital del Meta, uno de los departamentos donde hubo más violencia: Secuestros, extorsiones, muertos. En ese momento, encontrándose y viendo la necesidad de perdón, de reconciliación, abrazados por el Papa, ellos podrán tener esa esperanza de un cambio. Allí también se dará la beatificación de dos sacerdotes, un obispo y un párroco (Jesús Jaramillo y Pedro María Ramírez) que cayeron con el fruto de esa violencia política.

 

¿Y el resto de la agenda?

 

En Medellín se dará la cita con la realidad católica: sacerdotes, religiosos, seminaristas y grupos apostólicos. Es una región con un florecimiento importante de vocaciones, sacerdotes de allí no sólo han ayudado en Colombia, sino que han ido como misioneros a diversas partes del mundo. Finalmente, en Cartagena está previsto el gran encuentro con los pobres. El Papa visitará uno de los barrios más difíciles del país y rendirá honor a San Pedro Claver, “el siervo de los esclavos”, quien dignificó a los que perdieron todo, sobre todo su libertad y su dignidad humana.

 

Francisco llegará después de un proceso de negociación entre el gobierno y la guerrilla que fue muy tortuoso y cuestionado, ¿con qué se encontrará?

 

El Papa no va a ratificar, como tal, la firma del tratado con las FARC. Él va a impulsar la esperanza de que logremos la paz, nos va a reafirmar en la fe y en ese compromiso de que la paz es un don de Dios pero debemos construirlo con justicia, igualdad y solidaridad. Cada uno de nosotros debemos poner de nuestra parte. Él no va apoyar a los del sí o a los del no, va a encontrar al pueblo colombiano para decirle: “ustedes son cristianos, tienen que seguir a Cristo, él es el príncipe de la paz y sólo con él podemos lograrla”.

 

¿Existe alguna posibilidad de que el Papa tenga algún acercamiento con los guerrilleros de las FARC o del ELN (Ejército de Liberación Nacional)?

 

No, por el programa que nos han pasado no se tiene prevista ninguna reunión de este tipo, precisamente para evitar una polarización. Ellos, los excombatientes, estarán seguramente en alguno de los actos, pero no habrá una palabra especial para ellos o un encuentro personal. Habría que atender a tantísima otra gente también, por ejemplo, a las víctimas que son la parte fundamental dentro de todo este conflicto, a quienes hay que ayudar porque muchos de ellos están en situaciones terribles.

 

¿Qué puede pasar después del momento de algarabía temporal por la visita del Papa?

 

Lo importante es ver cuál será el mensaje del Papa y cómo ponerlo en práctica. Creo que ha habido una preparación espiritual muy grande en los últimos tres meses en Colombia. Esto permite que, habiendo reflexionado sobre los grandes valores que surgen del evangelio, luego se puedan retomar todos los discursos y homilías del santo padre, organizarlas y que la Iglesia continúe llevando adelante una concientización sobre la necesidad de poner en práctica este mensaje, no simplemente guardarlo como un lindo recuerdo de su visita. Muchas veces se dice: “Lástima que los mensajes de Pablo VI y de Juan Pablo II cayeron en el olvido”. Es posible, en sus viajes estábamos en una situación muy difícil. Ahora existen unas circunstancias distintas, hay tal expectativa de paz que es posible dar ese paso hacia la reconciliación, absolutamente necesario y que requiere la colaboración de todos.

 

¿Cuán difícil es la reconciliación?

 

En la reconciliación lo difícil es el perdón, pero es allí donde uno ve la grandeza de las víctimas. Oyendo algunos testimonios uno llega a la conclusión que eso de “perdonar lo imperdonable” solamente es fruto de la fe, de un coraje enorme por tratar de olvidar y salir adelante.

Anuncios


Deja un comentario

Colombia: el Papa Francisco y el proceso de paz.

La presencia de Francisco en la pacificación colombiana

Ni garante ni mediador sino un carisma que ha sostenido, impulsado, alentado

Preparativos…

43
0
Pubblicato il 04/09/2017
Ultima modifica il 04/09/2017 alle ore 09:19
LUIS BADILLA
CIUDAD DEL VATICANO

En cuatro importantes ciudades de Colombia, dentro de tres días entre el 6 y el 10 de septiembre, el Papa Francisco dirá a los colombianos, católicos y no católicos, algo que es fundamental para su futuro y que se puede resumir en una especie de axioma pastoral que ya ha explicado en varias oportunidades: la verdadera esperanza señala una sola vía posible y eficaz, la paz en la reconciliación, para curar todas las heridas y sanar los corazones. Las víctimas, más de 500.000, de los conflictos de los últimos 70 años deben ser el ícono y la advertencia del que – con Francisco a la cabeza – en toda Colombia será el grito más profundo, ansiado y esperado: ¡Nunca más!

 

La cercanía del Papa Francisco con Colombia y con su pueblo sufriente tiene raíces antiguas y probablemente ni siquiera él imaginó que, con el paso del tiempo, aquella “debilidad” por los colombianos podría ayudar al país como una verdadera ancla de salvación. Cuántas veces Jorge Mario Bergoglio, la última hace seis años, caminando por las calles de Bogotá habrá mirado el rostro sufrido de anónimos ciudadanos que pasaban a su lado. A cuántos de ellos el rostro del sacerdote con grandes anteojos no les habrá dicho nada. Sin embargo en el carisma de este sacerdote había una fuerza de pacificación inimaginable que Colombia estaba esperando desde hace décadas.

 

La fase final, decisiva, para alcanzar la paz en Colombia coincidió – “una verdadera gracia”, dijo el Presidente Santos – con el pontificado de un latinoamericano llamado Jorge Mario Bergoglio. Un misterio imponderable de la historia.

 

Decir – como se está diciendo – que Francisco fue un “garante” del proceso de paz entre el gobierno de Manuel Santos y las Farc, no es correcto. No corresponde a los hechos. El Papa nunca participó en esas negociaciones como actor. Nunca se presentó una solicitud en este sentido a la Santa Sede. En el Vaticano se entregaron muchas cartas, de las Farc y también de otras personalidades e instituciones, donde se pedía a Francisco que apoyara las negociaciones que se estaban realizando en La Habana, pero nunca nadie le pidió que desempeñara un rol institucional en las tratativas. Decir lo contrario, no es exacto. Además, afirmar que el Papa fue un “garante” significa involucrarlo de alguna manera en un proceso político en el cual el único actor fue y sigue siendo el pueblo colombiano. Francisco puede, tal como hizo, implorar y predicar la paz, pero no puede ser el garante de la misma. No tiene medios para hacerlo y sobre todo esa no es su misión ni su ministerio. Los únicos verdaderos garantes de esta paz y de esta reconciliación, que todavía hay que empezar a construir, son los los colombianos y sus clases dirigentes.

 

El rol y la figura del Papa en Colombia tiene poco en común con el proceso de negociación entre Cuba y Estados Unidos. En el caso de la búsqueda de acuerdos para una pacificación consensuada entre el Gobierno de Santos y las Farc, el Papa Francisco actuó de motu propio, sin haber recibido pedidos específicos, intermediarios o sugeridores. Su pensamiento y su trabajo, discretos y durante mucho tiempo reservadísimos, sobre todo entre marzo y noviembre de 2013, para favorecer, alentar y hacer más eficaces las negociaciones que se desarrollaban en La Habana, fueron materia exclusiva entre él y sus más estrechos colaboradores de la Secretaría de Estado y del aparato diplomático. En esta fase, y así siguió siendo hasta el final, el Papa Francisco obviamente pudo contar con la obra eficaz y tempestiva, clarividente y generosa, del Episcopado colombiano y del Nuncio, monseñor Balestrero, las únicas correas de transmisión que hubo. Es más, en muchos momentos ellos fueron las valiosas manos del artesano. El proceso colombiano, y su relación con Francisco, en diversos momentos demuestra la veracidad de la afirmación que recuerda que, en la media en que lo deseen, todos y cada uno pueden ser “artesanos de la paz”, “una cantera abierta a todos” y no solo a expertos o estrategas.

 

Los que intuyeron lo que estaba ocurriendo en el contexto de las negociaciones entre Santos y las Farc trataron de ofrecer su aporte desde fuera, siempre bien recibido y respetado, pero irrelevante. Cuando se lo pidieron, el gobierno de Cuba, sede de la etapa final de las negociaciones que comenzaron hace años en Noruega, comunicó sus impresiones sobre los progresos de las tratativas, las dificultades del momento y el complejo dinamismo del proceso. La Habana siempre observó un comportamiento respetuoso de las dos partes, y si no se lo pedían, se abstuvo siempre de hacer comentarios. Obviamente Cuba y los países “garantes” querían ayudar y no sumar medallas. El trabajo en favor de una paz verdadera, justa y duradera en Colombia tenía una exigencia fundamental: que la presencia del Pontífice y de la diplomacia vaticana fuera siempre la expresión tangible de una “discreta, amorosa y seria amistad, sin pretensiones protagónicas o mediáticas”. Esa discreción y ese método llevaron al Papa a rechazar el pedido del gobierno colombiano y de las Farc, cuando concluyó la negociación, para que nombrara dos de los 20 jueces que debían constituir la Corte especial que se ocupará de juzgar a los autores de los crímenes más graves perpetrados por las partes durante el conflicto.

 

Es ya bien sabido que desde el principio del pontificado Francisco ofreció su apoyo, claro y constante, a las negociaciones de paz, sobre todo en los momentos más delicados. Las referencias a “los esfuerzos del pueblo colombiano para superar los conflictos del pasado y lograr la tan ansiada paz” son una constante en casi la totalidad de los discursos al Cuerpo Diplomático así como en los Mensajes Urbi et Orbi.

 

Un apoyo que también ofreció, en reiteradas oportunidades, al presidente Manuel Santos. En diferentes y discretos modos, la diplomacia vaticana también apoyó estas negociaciones. Hace tiempo el Santo Padre se despidió del presidente Santos diciendo: “Si firman la paz, iré a Colombia”. Cuando le informaron que se había firmado el primer acuerdo global preliminar el 23 de junio de 2016, el Papa exclamó: “¡Me hace muy feliz!”. “En este momento – había dicho en septiembre de 2015 en Cuba – me siento en el deber de dirigir mi pensamiento a la querida tierra de Colombia, consciente de la importancia crucial del momento presente, en el que, con esfuerzo renovado y movidos por la esperanza, sus hijos están buscando construir una sociedad en paz. Que la sangre vertida por miles de inocentes durante tantas décadas de conflicto armado, unida a aquella del Señor Jesucristo en la Cruz – agregó -, sostenga todos los esfuerzos que se están haciendo, incluso en esta bella Isla, para una definitiva reconciliación”.


Deja un comentario

Los tradicionalistas y sus especulaciones sobre la renuncia de Benedicto XVI.

Negri: “Motivos muy graves detrás de la renuncia de Benedicto XVI”

El arzobispo emérito de Ferrara acredita la hipótesis del presunto complot internacional y dentro del Vaticano para que renunciara Ratzinger

El arzobispo emérito de Ferrara, Luigi Negri

35
0
Pubblicato il 07/03/2017
Ultima modifica il 07/03/2017 alle ore 18:38
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Es la primera vez que un arzobispo da crédito a la idea de un complot, de presiones y de un chantaje detrás de la renuncia de Benedicto XVI, dando a entender sin medias tintas que Papa Ratzinger no se fue por su voluntad. Una tesis que hasta ahora ha circulado en ciertas reconstrucciones mediáticas, corroborada y sostenida por quienes no se resignan a que el ex Pontífice alemán ya no esté en el trono ni a que el ministerio petrino haya pasado a su legítimo sucesor. Luigi Negri, de 75 años, arzobispo emérito de Ferrara también es autor de ensayos sobre la historia de la Iglesia y por ello sus incandescentes declaraciones harán mucho ruido.

 

El prelado concedió una entrevista al periódico en línea Riminiduepuntozero. Quiso recordar e insistir, como había hecho hace algunos meses durante un encuentro público en Milán, en su relación de «fuerte amistad» con Benedicto XVI, indicando que lo había visitado varias veces e incluso recientemente. «En estos últimos cuatro años he encontrado varias veces a Benedicto XVI. Fue él quien me pidió que guiara la diócesis de Ferrara, porque estaba muy preocupado por la situación en la que estaba la diócesis. Con Benedicto nació una relación de fuerte amistad. Siempre me he dirigido a él en los momentos más importantes para discutir sobre las decisiones que había que tomar y nunca me negó su parecer, siempre en espíritu de amistad».

 

El entrevistador le pidió después su opinión sobre la renuncia al papado. Y esto es lo que respondió el arzobispo emérito de Ferrara: «Se trató de un gesto inaudito. En los últimos encuentros lo encontré más frágil físicamente, pero muy lúcido de pensamiento. Conozco poco (por fortuna) los hechos de la Curia romana, pero estoy seguro de que un día surgirán graves responsabilidades dentro y fuera del Vaticano. Benedicto XVI sufrió presiones enormes. No es casualidad que en Estados Unidos, incluso con base en lo que ha publicado Wikileaks, algunos grupos católicos hayan pedido al presidente Trump que abra una comisión de investigación para averiguar si la administración de Barack Obama ejerció presiones sobre Benedicto. Por ahora sigue siendo un misterio muy grave, pero estoy seguro de que las responsabilidades saltarán fuera. Se acerca mi personal “fin del mundo” y la primera pregunta que le haré a San Pedro será justamente sobre esta historia».

 

Negri, pues, está seguro de que Benedicto abandonó su ministerio porque fue sometido a fuertes presiones y de que hay personas responsables de su decisión, evidentemente considerada involuntaria por el arzobispo. Exactamente como repiten los complotistas, que ven justamente en estas presiones un condicionamiento que invalidaría la renuncia misma. Es lo que permite que una galaxia de grupos y grupúsculos pseudo-tradicionalistas considere todavía a Ratzinger como el «verdadero Papa», aunque el arzobispo de Ferrara no haya llegado a estas conclusiones en la entrevista citada.

 

Esta lectura de los hechos, pues, presenta al Papa emérito como víctima de presiones y también como alguien incapaz de resistir a las mismas. En el libro-entrevista «Últimas conversaciones» con Peter Seewald, el periodista alemán le hizo una pregunta explícita a Ratzinger sobre los periódicos que hablaban de «chantajes y conspiraciones». «Son todas absurdidades», respondió perentoriamente el Papa emérito «muy lúcido de pensamiento», sin dar lugar a estas elucubraciones. «Debo decir —añadió— que el hecho de que un hombre, por cualquier razón, se haya imaginado deber provocar un escándalo para purificar a la Iglesia es una historia insignificante. Pero nadie ha tratado de chantajearme. No lo habría ni siquiera permitido. Si hubieran intentado hacerlo, no me habría ido, porque no hay que abandonar cuando uno está bajo presión. Y tampoco es verdadero que yo estuviera desilusionado o cosas semejantes. Es más, gracias a Dios, estaba en el estado de ánimo pacífico de quien ha superado las dificultades. El estado de ánimo en el que se puede pasar tranquilamente el timón a quien viene después».

 

Hay que notar que Benedicto XVI quiso subrayar lo siguiente: «Si hubieran tratado de hacerlo no me habría ido, porque no hay que abandonar cuando uno está bajo presión». Después de la publicación del libro-entrevista, así como del coloquio con el que termina el hermoso libro biográfico de Elio Guerriero, que además de explicar los motivos de la renuncia contiene también palabras de aprecio por su sucesor, los teóricos del complot reaccionaron diciendo que Ratzinger era un mentiroso: habría renunciado porque estaba bajo fuertes presiones, pero, obviamente, no sería capaz de confirmarlo, porque lo habrían obligado a decir en público lo contrario.

 

Este «fanta-thriller» va por el mismo camino de otras afirmaciones todavía más graves: las teorías sobre el «Papado compartido» y sobre el «ministerio petrino» en co-gestión. Teorías que en los últimos años se han granjeado algunos patrocinadores, poniendo en discusión, y esta vez de verdad, la tradición de la Iglesia y su divina constitución. Sigue pendiente la pregunta sobre el peso que algunas decisiones personales, nunca puestas por escrito, de Benedicto XVI (como la de mantener el hábito blanco y el nombre papal, así como la decisión de la figura del Papa emérito), han tenido para alimentar, involuntariamente, a los seguidores de la teoría de los dos Papas que después habría degenerado en la teoría del Papa que renunció por chantajes. También queda abierta la pregunta sobre esos visitantes que han ido a ver frecuentemente a Benedicto y después utilizan sus visitas para afirmar exactamente lo opuesto de lo que el mismo Ratzinger ha dicho públicamente.