Loiola XXI

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Los lefebvrianos y la Congregación de la doctrina de la fe.

Los lefebvrianos se interrogan sobre la salida del cardenal Müller

Después de que una carta del ex Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe había sido interpretada por la Fraternidad como un paso hacia atrás en el diálogo con Roma

El cardenal Müller

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Pubblicato il 14/07/2017
Ultima modifica il 14/07/2017 alle ore 19:13
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Los lefebvrianos se interrogan sobre la decisión del Papa de no confirmar en su puesto al cardenal Gerhard Ludwig Müller como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Subrayan además que el purpurado alemán les había enviado recientemente una carta que parecía congelar el diálogo con la Santa Sede, y afirman que ahora esperan «los hechos» que podrá traer la nueva etapa.

 

Un artículo titulado “La carta del cardenal Müller y la falta de confirmación a la cabeza de la CDF”, publicado en estos días por el sitio de la fraternidad sacerdotal San Pío X, recuerda que el pasado 26 de junio el superior de los lefevbrianos, monseñor Bernard Fellay, recibió una carta (firmada el 6 de junio y para la cual el purpurado alemán precisaba contar con el previo visto bueno papal) en la que Müller «enunciaba las condiciones necesarias a una declaración doctrina, preliminar indispensable para cualquier reconocimiento canónico» de la Fraternidad. Entre tales condiciones, recuerda indica el artículo, estaban: la adhesión a la nueva fórmula de la “Professio fidei” de 1988, y no la de 1962, la aceptación explícita de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de las enseñanzas post-conciliares, reconociendo no solo su validez, sino «la legitimidad» del rito introducido con los libros litúrgicos promulgados después del Concilio.

 

Pocos días después de haber recibido la carta, el 30 de junio, Fellay la envió a todos los sacerdotes de la Fraternidad, con este comentario: «Nos encontramos en una situación parecida a la de 2012. Mientras monseñor Pozzo, Secretario de la comisión Ecclesia Dei, en marzo de este año tenía un lenguaje completamente diferente sobre los criterios de catolicidad que debían ser más o menos exigidos». Recordando los diferentes pasajes del diálogo de los últimos meses entre Roma y Econe, cuartel general de los lefebvrianos, el artículo indica que en el pasado monseñor Fellay había «subrayado una contradicción entre las afirmaciones del cardenal Müller y las de monseñor Pozzo». En cuanto al Papa, se recuerda que al volver de Fátima Francisco afirmó: «La “feria cuarta” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, su sesión (la llaman “feria cuarta” porque se hace los miércoles), ha estudiado un documento, y el documento todavía no me ha llegado». Por lo tanto, aclara el artículo, «una vez más es necesaria una declaración doctrinal, preliminarmente a cualquier reconocimiento canónico. Pero, ¿cuál debe ser el contenido exacto de esta declaración? ¿El que impone el cardenal Müller o el que propone monseñor Pozzo?».

 

Después de estas preguntas, la nota de los lefebvrianos prosigue recordando que «lo que fue una verdadera sorpresa fue la no confirmación del cardenal Müller en su encargo», el pasado 2 de julio. Para los lefebvrianos, sobre las hipótesis de las « razones de la partida del cardenal Müller, se puede constatar que el Papa no consideró necesario mantenerlo en su sitio para llevar a cabo la decisión de hacer que la Fraternidad sacerdotal San Pío X volviera a la declaración doctrinal de 2012. Después de esta constatación en el orden del truísmo, se pueden plantear algunas cuestiones: al manifestar abiertamente un punto de vista divergente con respecto al de su superior jerárquico, en relación con los “criterios de catolicidad”, ¿monseñor Pozzo actuaba “motu proprio” o sabía contar con un apoyo más alto que el cardenal Müller? ¿Cuál es su futuro en la comisión Ecclesia Dei? ¿Cuál será el papel de monseñor Ladaria (el nuevo prefecto de la Fe, ndr.), jesuita español con una personalidad mucho menos inquieta que la del cardenal alemán? Más propenso a la obediencia propia de la Compañía de Jesús, definiéndose como “conservador moderado, ¿tendrá una influencia moderadamente conservadora a la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe? Frente a estas preguntas –concluye la nota de la Fraternidad San Pío X–, los oráculos harán sus predicciones. Por nuestra parte, nos conformamos con esperar los hechos y ver sus efectos».


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Entrevista con el Patriarca ortodoxo Kyrill de Moscú.

“Con nuestro encuentro rompimos el silencio sobre los cristianos perseguidos”

Entrevista con el Patriarca de Moscú Kyrill: la cumbre en La Habana y la nueva fase de las relaciones entre católicos y ortodoxos rusos: hoy no hay que «la Iglesia como un museo de ideas medievales»

El Patriarca de Moscú y de todas las Rusias

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Pubblicato il 18/05/2017
Ultima modifica il 18/05/2017 alle ore 07:47
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A MOSCÚ

«Hasta nuestro encuentro con el Papa Francisco la condición “monstruosa” de los cristianos en el Medio Oriente era casi invisible. Después la situación cambió sustancialmente». Su Santidad Kyrill, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, habla lentamente. Recuerda el histórico encuentro que se verificó en el aeropuerto de la capital cubana en febrero de 2016. Y en esta entrevista con Vatican Insider explicó que hoy se necesita «narrar la Iglesia no como un museo de ideas medievales, o como una reserva de fracasados incapaces de insertarse en la vida moderna, sino como fuente de “agua viva”».

 

Santidad, ha pasado poco más de un año desde el abrazo en Cuba con el Papa Francisco. ¿Qué queda de aquel encuentro?

 

El encuentro no debería ser juzgado solo en el contexto de las relaciones bilaterales entre el catolicismo y la ortodoxia ruda. El argumento principal de la discusión fue, efectivamente, la “monstruosa” condición de los cristianos en el Medio Oriente y en el norte de África, un tema mucho más amplio que una agenda bilateral. Es un argumento de dimensiones globales. Es increíble que un auténtico genocidio de cristianos pueda suceder ahora, en el “civilizado” siglo XXI. A nuestros hermanos no solo les quitan el techo, los bienes y los medios para subsistir, sino la vida misma, solo porque creen en Jesucristo. Y el mayor de los resultados de nuestro encuentro con el Pontífice es el reconocimiento, por parte de todo el mundo, de este desafío para toda la humanidad, cuyos pasado, presente y futuro son imposibles sin el cristianismo.

 

¿Existe la conciencia sobre lo que le está pasando a los cristianos en el mundo?

 

Hasta nuestro encuentro con el Papa Francisco este argumento era casi invisible en los medios de comunicación internacionales, y hemos encontrado la indiferencia de muchas organizaciones internacionales. Después, la situación cambió sustancialmente. Espero que al reconocimiento de la gravedad del problema sigan también pasos concretos para resolverlo. Por ahora, obviamente, los progresos no son tan rápidos como nos gustaría: basta recordar los hechos recientes en Egipto y en Siria. Pero yo no pierdo la esperanza y rezo por que el destino de los perseguidos sea aliviado. Seguiremos elevando nuestra voz, acompañando a nuestras palabras, cuando sea posible, una ayuda concreta a los cristianos perseguidos. Hoy, nosotros los cristianos, independientemente de la confesión a la que pertenezcamos, nos encontramos frente a un grave desafío sistémico. No se trata solo de la violencia explícita de la que acabo de hablar. Se trata también de los viejos problemas de la civilización europea, que han madurado: la destrucción de la familia, la ideología del trans-humanismo y muchos otros. Lograr, juntos, hacer que sea actual el Evangelio de Cristo es una tarea de extraordinaria dificultad, y de extrema actualidad. Este fue otro de los argumentos importantes que afrontamos en el encuentro de La Habana.

 

¿Cuál es, en la actualidad, la relación entre las dos Iglesias? ¿Cuáles resultados ha producido su encuentro?

 

Espero que continúe en el intercambio de experiencias, en la identificación de nuevos puntos de interacción, en el debate sobre las formas que el testimonio cristiano debe asumir en este nuevo contexto. Por ello podemos hablar de la existencia de una perspectiva de desarrollo en nuestras relaciones bilaterales, en esa nueva fase que comenzó en los años sesenta del siglo pasado. Tuve ocasión de participar personalmente en numerosas iniciativas de diálogo que han involucrado durante décadas a las jerarquías católica y ortodoxa. Apreciamos la experiencia adquirida, que no tiene precedentes con respecto a la historia de la división de la cristiandad de Oriente y de Occidente. El encuentro en La Habana fue un evento de enorme importancia en nuestra larga interacción, a pesar de las divergencias teológicas que persisten. El encuentro con el Papa Francisco demuestra nuestra disponibilidad para defender juntos el futuro de las comunidades cristianas en el mundo moderno, y a contribuir en la instauración de una paz sólida y justa en los lugares en los que hoy vemos sangre derramada.

 

Hoy el mundo está viviendo esa que Francisco llama “tercera guerra mundial en pedacitos”. ¿Cómo se puede detener?

 

Antes que nada, en la sincera oración por la paz al Creador: “Benditos los agentes de paz porque serán llamados hijos de Dios”. Sabemos bien que el arma principal del cristiano es precisamente la oración. Respondiendo a una oración sincera, nacida de la fe, el Señor hace milagros que superan la lógica común y las leyes de la política. La fe sin las obras está muerta, y cada oración debe ir acompañada por la acción. No debemos participar en esa que es definida “guerra en pedazos”, que nace del odio y del egoísmo que se apoderan de nosotros. Expulsémolos de nuestro corazón, de nuestra familia, de nuestra comunidad, y el conflicto no nos tocará. La elección a favor de la verdad, del amor y de la caridad es el camino más breve hacia la paz. No hay nada que acerque al hombre y a la humanidad a los conflictos como la preocupación exclusivamente por las propias comodidades, por la satisfacción de las propias pasiones, por el crecimiento irrefrenable del consumo. Actuando en esta dirección nosotros perdemos inmediatamente la batalla contra el enemigo del género humano.

 

¿Cuál es el mayor aporte de los cristianos a la paz?

 

El cristianismo no está contenido solo en las palabras, sino en la presencia de Dios en nuestras obras. Por ello, la tarea principal de los cristianos es permanecer fieles a Cristo, conservar la paz como un estado particular del espíritu. Las palabras de Serafino de Sarov, un santo ruso honrado en todo el mundo cristiano, son una máxima genial de la vida cristiana: “Conquista el espíritu de la paz y alrededor de ti se salvarán miles”. Esta es nuestra respuesta como agentes de la paz. El cristianismo libera al hombre del miedo, e incluso del sufrimiento y de la muerte. Lo importante es permanecer con Cristo en la oración y en las obras de amor, y entonces ni siquiera las circunstancias más adversas nos harán vacilar por el camino hacia la salvación, en nombre de la que recorremos nuestro camino terrenal.

 

Para el camino ecuménico ¿podemos tomar como ejemplo el primer milenio, durante el cual los católicos y los ortodoxos eran una única Iglesia?

 

La historia no conoce el condicional. No es posible seguir adelante con la cabeza hacia atrás. Cualquier intento de trasladar mecánicamente algo de los siglos pasados a la modernidad está condenado al fracaso. Pero esto no significa que podamos olvidar las lecciones de la historia ni la experiencia de la Iglesia sin división durante el primer milenio.

 

¿Qué es lo que se aprende de este pasado?

 

La división de los cristianos fue dictada, en buena medida, por el desplazamiento de las prioridades espirituales, de la observación rigurosa del Evangelio, al intento de trazar y fijar los confines terrenos de la influencia y del poder de la Iglesia. Como consecuencia, también la mejoría de nuestras relaciones debe basarse no en la cancelación o en el ocultamiento de las diferencias entre la ortodoxia y el catolicismo que se han formado en los siglos, sino su aspiración unánime a vivir según el Evangelio en el mundo contemporáneo.

 

¿Cuál es hoy la tarea de los cristianos de las diferentes confesiones?

 

Hoy, como nunca antes, es importante encontrar un lenguaje para ofrecer un testimonio vivo de Cristo, narrar la Iglesia no como un museo de ideas medievales, o una reserva de fracasados incapaces de insertarse en la vida moderna, sino como “fuente de agua viva”, alrededor de la que pasan multitudes atormentadas por la sed, sin darse cuenta de que su salvación está a pocos pasos. En este sentido, la situación de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, no se distingue mucho del cristianismo de los primeros siglos. ¿Qué tienen en común la Iglesia antigua y la Iglesia actual, la cristiandad oriental y la cristiandad occidental, qué es lo que no ha cambiado durante los milenios transcurridos? No es “algo”, es un “Quién”: el Fundador y Guía de la Iglesia, Cristo, Aquel que “es el mismo ayer, hoy y eternamente”. En Él debemos buscar el ejemplo en cada momento de nuestras vidas.

 

 

Una versión reducida de esta entrevista fue publicada hoy por el periódico italiano “La Stampa”.


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El Papa a un congreso católico-protestante sobre Lutero.

El Papa al congreso sobre Lutero: “Mirar la historia sin rencores”

Francisco alienta un estudio “libre de prejuicios y polémicas ideológicas” sobre la figura del teólogo alemán, 500 años después del inicio de la reforma protestante

El Papa

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Pubblicato il 31/03/2017
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Un estudio “atento y riguroso”, “libre de prejuicios y polémicas ideológicas”. Tomar distancia de los “errores, exageraciones y fracasos, reconociendo los pecados que llevaron a la división”. Solo así se podrá asumir aquellos elementos “positivos y legítimos” de la reforma protestante. Son palabas de Francisco a los participantes de un congreso inédito sobre la figura de Martín Lutero. El Papa instó a mirar la historia con ojos distintos, cinco siglos después de las famosas tesis del teólogo alemán que desencadenaron la ruptura con Roma.

 

“Lutero 500 años después. Una relectura de la reforma luterana en su contexto histórico y eclesial”. Ese fue el título del encuentro convocado por el Pontificio Comité de Ciencias Históricas y que abordó, con aportaciones de católicos y luteranos, todo el entorno que influyó en la reforma.

 

Originalmente no estaba prevista una audiencia con el Papa, pero a último momento Bergoglio quiso intervenir. Saludando a los asistentes confesó sentir “gratitud a Dios” y “cierto estupor” por la reunión, considerando que “mucho tiempo atrás habría sido totalmente impensable”.

 

Destacó que abordar la figura de Lutero, católicos y protestantes juntos, por iniciativa de un organismo de la Santa Sede, es “como tocar con las manos los frutos de la acción del espíritu santo”, que “supera toda barrera y transforma los conflictos en ocasión de crecimiento en la comunión”.

 

Aseguró que los estudios serios sobre ese personaje y la crítica que lanzó contra la Iglesia de su tiempo y el papado, contribuyen a superar el clima de mutua desconfianza y rivalidad que “por demasiado tiempo” caracterizó por años las relaciones entre los católicos y los protestantes. Aunque reconoció que todos están muy conscientes que “el pasado no puede ser cambiado”.

 

“Hoy, tras 50 años de diálogo ecuménico entre católicos y protestantes, es posible cumplir una purificación de la memoria, que no consiste en realizar la imposible corrección de lo ocurrido 500 años atrás, más bien relatar esta historia de modo distinto, sin más huellas de aquel rencor por las heridas sufridas que deforman la visión que tenemos los unos de los otros”, estableció.

 

“Hoy, como cristianos, estamos todos llamados a liberarnos de prejuicios hacia la fe que los otros profesan, con un acento y un lenguaje diverso, a intercambiarnos mutuamente el perdón por las culpas cometidas por nuestros padres e invocar juntos de Dios el don de la reconciliación y la unidad”, añadió.

 

Este viernes se llevaron a cabo las sesiones conclusivas del congreso, que inició el miércoles 29. No todas las conferencias se centraron en la persona del fraile agustino. También se abordó el concepto de “reforma católica”, así como las historias de otros obispos reformadores y de la reforma en las órdenes religiosas. Hubo espacio, también, para analizar el equilibrio de fuerzas políticas en la Europa de la época.

 

“Hay que preguntarse cuáles son los elementos no teológicos que llevaron a la ruptura, entre ellos los políticos. No olvidemos que en Alemania había tensiones entre los príncipes españoles y los emperadores”, explicó Bernard Ardura, presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas.

 

“Ciertas relecturas permiten descubrir que existieron malos entendidos. Con palabras distintas formas tenemos la misma fe, aunque después permanecen otros aspectos como la constitución de la Iglesia, los sacramentos, que están todavía pendientes”, agregó.

 

Explicó que el objetivo del congreso es promover “una historia neutra”, “honesta” y “sostenida por los documentos”, pero aceptó que se trata de una tarea difícil.

 

Y constató: “Al inicio, él quería hacer una reforma al interno de la Iglesia. Hubo una evolución, presiones de todo tipo, que desembocaron en la ruptura. Pero es claro que, al inicio, Lutero había buscado un camino espiritual. En los siglos pasados fue percibido como la encarnación del diablo, el que rompió la comunión y otras cosas. Hoy no se trata, para nosotros, de decir que lo que hizo fue algo bueno, pero podemos explicar cómo sucedió esto”.


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Logo del viaje del Papa a Egipto en abril

Logo del Viaje del Papa Francisco a Egipto: “Un Pontífice de paz en un País de paz”

(RV).- “El Papa de paz en Egipto de paz”, es el lema que acompañará el Viaje Apostólico del Papa Francisco en Egipto, en programa del 28 al 29 de abril próximo. Asimismo, la Iglesia católica egipcia ha dado a conocer el logo de la Visita del Santo Padre.

El logo de este Viaje presenta tres elementos principales: Egipto, el Papa y la paz que se encuentran también presentes en el lema de la Visita. Egipto está representado por el río Nilo, símbolo de la vida, junto a las pirámides y a la esfinge que simbolizan la historia de la civilización de este país. La Cruz y la Medialuna que resaltan al centro del logo, además, representan la coexistencia entre los diferentes componentes del pueblo egipcio.

En el logo, también está presente la paloma, que representa la paz, el don más alto al cual tiende todo ser humano y también el saludo de las religiones monoteístas. Finalmente, la paloma precede al Papa Francisco para anunciar su llegada como Pontífice de paz en un País de paz.


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Diálogo sobre Lutero entre católicos y protestantes.

Católicos y protestantes imploremos a Dios el don de la reconciliación y la unidad, aliento del Papa

(RV).- Con su cordial bienvenida a los participantes en el Encuentro «Lutero: 500 años después», organizado por el Pontificio Comité de Ciencias Históricas, el Papa Francisco destacó, en primer lugar, su alegría y gratitud a Dios, acompañada por cierto estupor, señalando que, hasta no hace mucho tiempo, «hubiera sido impensable» un encuentro así:

«Hablar de Lutero, católicos y protestantes juntos, por iniciativa de un organismo de la Santa Sede: tocamos con mano, verdaderamente los frutos de la acción del Espíritu Santo, que supera toda barrea y transforma los conflictos en oportunidades de crecimiento en la comunión».

Haciendo hincapié en que «Del conflicto a la comunión es precisamente el título del documento de la Comisión Luterano-Católico Romana sobre la Unidad», ante la conmemoración conjunta del V centenario del comienzo de la Reforma de Lutero, el Papa subrayó la importancia de enfocar juntos esos cinco siglos:

«Profundizar seriamente sobre la figura de Lutero y su crítica contra la Iglesia de su tiempo y el papado contribuye ciertamente a superar ese clima de mutua desconfianza y rivalidad, que caracterizó, durante demasiado tiempo en el pasado, las relaciones entre católicos y protestantes. El estudio atento y riguroso, libre de prejuicios y de polémicas ideológicas, permite a las Iglesias, hoy en diálogo, discernir y asumir todo lo positivo y legítimo que hubo en la Reforma, así como distanciarse de los errores, exageraciones y fracasos, reconociendo los pecados que llevaron a la división».

Conscientes de que el pasado no se puede cambiar, afianzados en los cincuenta años de diálogo ecuménico entre católicos y protestantes, el Papa Francisco reiteró su aliento y anhelo de impulsar el diálogo y de orar por la reconciliación y la unidad:

«Hoy, como cristianos, estamos llamados todos a liberarnos de prejuicios sobre la fe que los otros profesan, con un acento y un lenguaje distintos, a intercambiarnos mutuamente el perdón, por las culpas de quienes nos han precedido,  y a invocar juntos a Dios implorando el don de la reconciliación y la unidad».