Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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El Papa visitará la comunidad greco-romana ukraniana.

Papa Francisco saluda a Su Eminencia Sviatoslav Shevchuk en el Vaticano.El Pontífice saluda a Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk en el Vaticano. 

El Papa visitará la Basilica de Santa Sofía en Roma

La oficina de prensa de la Santa Sede confirma que el Santo Padre se reunirá allí con la comunidad greco-romana ucraniana.

La mañana del viernes 12 de enero, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke, ha comunicado que el Papa Francisco ha aceptado la invitación de Su Beatitud Sviatoslav Shevchuck, Arzobispo Mayor de Kyiv-Haly de los ucranianos, y visitará la Basílica de Santa Sofía en Roma, el domingo 28 de enero a las 16:00 horas donde se encontrará con la comunidad greco- católica ucraniana.

Visita del Papa a la Basílica de Santa Sofía

La Iglesia greco-católica ucraniana es una de las 24 iglesias ‘sui iuris’ (de propio derecho) de rito oriental en comunión con la Santa Sede. Su origen se sitúa en la cristianización de la Rus de Kiev en el año 988.

Actualmente cuenta con aproximadamente un 10 por ciento de fieles y es una de las más importantes en el país por detrás de las Iglesias ortodoxas vinculadas al Patriarcado de Moscú y al de Kiev.

Según las estadísticas, en las 33 jurisdicciones que la conforman hay unos 40 obispos, cerca de 4.000 parroquias y más de 3.000 sacerdotes.

Por su parte, la comunidad presente en Roma ha expresa su entuasiasmo ante el inminente encuentro con el Santo Padre que sin duda es un gesto más que refuerza los buenos lazos ya existentes entre ambas comunidades.


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Saludo del Papa al Patriarca Bartolomé en la fiesta anual de S. Andrés.

 

Mensaje del Santo Padre Francisco a Su Santidad Bartolomé I, Patriarca Ecuménico, en la festividad de San Andrés

En el ámbito del  intercambio tradicional de delegaciones por las respectivas fiestas patronales – 29 de junio en Roma para la celebración de los Santos Pedro y Pablo y 30 de noviembre en Estambul para la celebración de San Andrés – el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, encabeza  la delegación de la Santa Sede en  la fiesta del Patriarcado Ecuménico. Acompañan al purpurado el obispo Brian Farrell, secretario del mismo  dicasterio, y monseñor Andrea Palmieri, subsecretario. En Estambul se ha unido a la delegación el arzobispo Paul F. Russell, nuncio apostólico en Turquía. La delegación de la Santa Sede  ha participado en la solemne Liturgia Divina presidida por Su Santidad Bartolomé en la iglesia patriarcal de San Jorge en El  Fanar y se ha encontrado  con el Patriarca y  con la comisión sinodal encargada de las  relaciones con la Iglesia Católica.
El Cardenal Koch ha entregado al Patriarca Ecuménico un mensaje escrito por  Santo Padre, que se leyó  al concluir la Divina Liturgia. Mensaje del Santo Padre
A Su Santidad Bartolomé Arzobispo de Constantinopla Patriarca ecuménico Aunque lejos de Roma en mi visita pastoral a Myanmar y Bangladesh, deseo expresar mis mejores deseos fraternos a Su Santidad y a los miembros del Santo Sínodo, al clero, los monjes y todos los fieles reunidos para la Divina Liturgia en el Iglesia Patriarcal de San Jorge en la conmemoración litúrgica de San Andrés apóstol, hermano de Simón Pedro y primer llamado de los apóstoles, patrono de la Iglesia de Constantinopla y del Patriarcado Ecuménico. Cuando el diácono invite a los reunidos durante la Divina Liturgia a orar “por aquellos que viajan por tierra, mar y aire”, les pido, por favor, que oren también por mí. La delegación que he enviado es un signo de mi solidaridad espiritual con su oración de acción de gracias y alabanza por todo lo que nuestro Dios Todopoderoso y Misericordioso ha logrado a través del testimonio del apóstol Andrés. De la misma manera, la delegación del Patriarcado Ecuménico, recibida en Roma el pasado junio, demostró su cercanía espiritual con nosotros al celebrar las maravillosas obras que Dios, fuente de todo bien, realizó a través de los apóstoles Pedro y Pablo, santos patronos de la Iglesia de Roma. Los apóstoles proclamaron hasta los confines de la tierra, a través de sus palabras y el sacrificio de sus vidas, lo que ellos mismos habían visto, escuchado y experimentado: la Palabra de Vida, nuestro Señor Jesucristo, que murió y resucitó por nuestra salvación. Hacer nuestra  su proclamación nos permite entrar en comunión con el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu Santo, que es el fundamento mismo de la comunión que une a los bautizados en el nombre de la Santísima Trinidad (véase 1 Jn 1). : 1-3). Los católicos y ortodoxos,  por  profesar juntos los dogmas de los primeros siete Concilios Ecuménicos, creyendo en la eficacia de la Eucaristía y en los demás sacramentos y preservando  la sucesión apostólica del ministerio de los obispos, experimentan ya una profunda cercanía ( cf. Unitatis Redintegratio , 15). Hoy, en agradecimiento al Dios de amor, en obediencia a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo y en fidelidad a la enseñanza de los apóstoles, reconocemos la  urgencia de crecer hacia una comunión plena y visible. Es motivo de alegría saber que en la víspera de la festividad de San Andrés, durante una reunión a la que asistió Su Santidad, se conmemoró el cincuentenario de la visita del Papa Pablo VI a El Fanar el 25 de julio de 1967. Ese momento histórico de comunión entre los pastores de la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla trae a la mente las palabras del Patriarca Atenágoras al dar la bienvenida al Papa Pablo VI a la Iglesia Patriarcal de San Jorge, donde estáis reunidos hoy. Creo que estas palabras pueden seguir inspirando el diálogo entre nuestras Iglesias: ” «unir lo que está dividido, con mutuas acciones eclesiásticas, allí donde quiera que ello sea posible, afirmando los puntos comunes de fe y de gobierno, orientando así el diálogo teológico hacia el inicio de una comunidad sana, sobre los fundamentos de la fe y de la libertad de pensamiento teológico inspiradas por nuestros Padres comunes y presentes en las diversas tradiciones locales, como fue favorecido por la Iglesia desde el principio “(Tomos Agapis, Vatican-Phanar (1958-1970), pp. 382-383). Mi más sincero agradecimiento a Su Santidad por la generosa y cálida hospitalidad brindada por la Metrópolis de  Leros del Patriarcado Ecuménico, bajo el cuidado pastoral de Su Eminencia Paisios, a los miembros del Comité Coordinador de la Comisión Internacional Conjunta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Deseo alentar de nuevo este diálogo teológico. El consenso alcanzado por católicos y ortodoxos sobre ciertos principios teológicos fundamentales que regulan la relación entre la primacía y la sinodalidad en la vida de la Iglesia en el primer milenio puede servir para evaluar, incluso críticamente, algunas categorías teológicas y prácticas que evolucionaron durante el segundo milenio en conformidad con esos principios. Tal consenso puede permitirnos imaginar una forma común de entender el ejercicio del ministerio del Obispo de Roma, en el contexto de la sinodalidad y al servicio de la comunión de la Iglesia en el contexto actual. Esta delicada tarea debe llevarse a cabo en una atmósfera de apertura mutua y, sobre todo, en obediencia a las demandas que el Espíritu Santo hace de la Iglesia. Su Santidad, amado hermano en Cristo, en los últimos meses he seguido con gran interés su participación en importantes eventos internacionales celebrados en todo el mundo sobre el cuidado de la creación, la convivencia pacífica entre pueblos de diferentes culturas y tradiciones religiosas, y la presencia de  los cristianos en el Medio Oriente. El compromiso de Su Santidad es una fuente de inspiración, apoyo y estímulo para mí personalmente porque,  como bien sabe, compartimos estas mismas preocupaciones. Es mi ferviente esperanza que los católicos y ortodoxos puedan promover iniciativas conjuntas a nivel local con respecto a estos temas, ya que hay muchos contextos en los que ortodoxos y católicos ya pueden trabajar juntos sin esperar el día de la comunión plena y visible.
Con el  seguridad de mi continuo recuerdo en la oración y  con sentimientos de cálido afecto  intercambio con Su Santidad un abrazo fraterno de paz.


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Concluye el año de conmemoración de la reforma luterana. Balance.

Declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos al finalizar el 31 de octubre de 2017, el año de conmemoración común de la Reforma

El 31 de octubre de 2017, último día del año de conmemoración ecuménica común de la Reforma, estamos muy agradecidos por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, conmemoración que compartimos juntos y con nuestros asociados ecuménicos del mundo entero. Asimismo, pedimos perdón por nuestros fracasos, las formas en que los cristianos han herido el Cuerpo del Señor y se han ofendido unos a otros durante los 500 años transcurridos desde el inicio de la Reforma hasta hoy.
Nosotros, luteranos y católicos, estamos profundamente agradecidos por el camino ecuménico que hemos recorrido juntos en los últimos 50 años. Esa peregrinación, sostenida por nuestra oración común, el culto y el diálogo ecuménico, redundó en la eliminación de prejuicios, una mayor comprensión mutua y la identificación de decisivos acuerdos teológicos. Frente a tantas bendiciones a lo largo del camino, elevamos nuestros corazones en alabanza al Dios Trino por la misericordia recibida.
En este día damos una mirada retrospectiva a un año de notables eventos ecuménicos que comenzó el 31 de octubre de 2016 con la oración común luterano-católico romana en Lund, Suecia, en presencia de nuestros asociados ecuménicos. Durante la presidencia de ese servicio, el papa Francisco y el obispo Munib A. Younan, entonces presidente de la Federación Luterana Mundial, firmaron una declaración conjunta que recoge el compromiso de seguir recorriendo juntos el camino ecuménico hacia la unidad por la que oraba Cristo (cf. Juan 17.21). Ese mismo día, nuestro servicio conjunto a quienes necesitan nuestra ayuda y solidaridad también se vio fortalecido por una declaración de intención entre Caritas Internationalis y la Federación Luterana Mundial – Servicio Mundial.
El papa Francisco y el presidente Younan declararon juntos: “Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de quienes comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y la sed espirituales de nuestro pueblo de de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que también progresen mediante la renovación de nuestro compromiso con el diálogo teológico.”
Las bendiciones de este año de conmemoración incluyen el hecho de que por primera vez, luteranos y católicos hayan considerado la Reforma desde una perspectiva ecuménica, lo que dio lugar a un nuevo enfoque de los acontecimientos del siglo XVI que llevaron a nuestra separación. Reconocemos que si bien el pasado no se puede cambiar, su influencia sobre nosotros hoy en día se puede transformar para que sea un estímulo al crecimiento de la comunión y un signo de esperanza a fin de que el mundo supere la división y la fragmentación. Una vez más, resultó claro que lo que tenemos en común es mucho más que aquello que nos divide.
Nos alegra que la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación , firmada en un acto solemne por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999, también fuera firmada en 2006 por el Consejo Metodista Mundial y por la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas en este año de conmemoración. Además, hoy mismo será acogida y recibida por la Comunión Anglicana en una ceremonia solemne en la abadía de Westminster. Sobre esta base nuestras comuniones cristianas pueden construir un vínculo más estrecho de consenso espiritual y testimonio común en el servicio del evangelio.
Reconocemos con gratitud, los numerosos eventos de oración y culto comunes que luteranos y católicos celebraron junto con sus asociados ecuménicos en distintas partes del mundo, los encuentros teológicos y las publicaciones significativas que dieron sustancia a este año de conmemoración.
De cara al futuro, nos comprometemos a seguir nuestro camino común, guiados por el Espíritu de Dios, hacia la mayor unidad de acuerdo a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo. Con ayuda de Dios, pretendemos discernir a través de la oración nuestra comprensión de la Iglesia, la Eucaristía y el Ministerio, buscando un consenso sustancial que permita superar las restantes diferencias que existen entre nosotros. Con profunda alegría y gratitud, confiamos en “que el que comenzó en [nosotros] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1.6).