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El caso Viganó y los ataques al Papa

El Papa, Viganò y la guerra de los dossiers: todos los detalles en un libro

Sale hoy en las librerías italianas “El Día del Juicio”, investigación de Tornielli y Valente sobre los conflictos y los enfrentamientos de poder que sacuden a la Iglesia

El Papa, Viganò y la guerra de los dossiers: todos los detalles en un libro

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Pubblicato il 06/11/2018
Ultima modifica il 06/11/2018 alle ore 12:31
ANDREA MALAGUTI

Dan ganas de revelar el final. Pero no se puede. Porque “El Día del Juicio”, el libro que escribieron Andrea Tornielli y Gianni Valente (para Piemme en Italia), no es una novela, sino una investigación periodística con el ritmo y las sorpresas de una novela policiaca, cuyo final, que todavía no ha sido escrito, podría sacudir los fundamentos milenarios de la solidez vaticana. Una investigación con muchísimos documentos exclusivos y testimonios inéditos, que retrata con precisión de cirujano el asalto al Pontificado del Papa Bergoglio por parte de fuerzas que se pueden identificar en una misma sensibilidad conservadora y que, después de seis años tramando en la sombra, ha decidido revelar la propia opinión sobre un cura argentino revolucionario capaz de volver a encender la fe en los corazones de millones de personas, dando su justo lugar a las ansias de las jerarquías eclesiásticas y concentrando su atención en los pobres, humildes y desheredados. El mensaje es más importante que el medio. Un llamado tremendo a los orígenes del cristianismo que atemoriza al poder consolidado.

 

Pero el poder no se deja atacar sin reaccionar. Y en este caso reacciona con una ferocidad tal que a veces da la impresión de que la Iglesia contemporánea se ha convertido más en «campo de batalla que en hospital de campo». El terreno elegido para el asalto es el más escabroso: la pederastia. Esa misma plaga que utilizó instrumentalmente y arrojó contra el Pontífice que más la ha ha combatido el arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio apostólico en Estados Unidos, en su informe.

 

Tornielli y Valente, dos de los vaticanistas más conocidos e informados a nivel internacional, escriben en la introducción a “El Día del Juicio”: «Lo que estamos presenciando no es solamente el surgimiento del “mysterium iniquitatis”, del misterio del mal y del pecado que la ataca desde dentro y que siempre ha existido. La novedad de nuestros tiempos es que falta, precisamente en la Iglesia y también en algunos de sus pastores, la conciencia de lo que es la Iglesia […] Es una mezcla auto-referencial y destructora. Las páginas siguientes pretenden ayudar al lector a que distinga entre la verdad, verdades a medias y la desinformación divulgada por varios autoproclamados “medios católicos”, acompañándolo en la comprensión de lo que verdaderamente está sucediendo». El viaje no solamente es emocionante. También es revelador.

 

Tornielli y Valente, titulares de una relación privilegiada con el mundo de Bergoglio, no se apoyan en sus sentimientos o convicciones personales. Se basan en los documentos. Utilizando como punto de partida precisamente ese “comunicado” de once páginas, titulado “Testimonios en los cuales el ex nuncio Viganò reconstruye el caso de Theodore McCarrick, cardenal y arzobispo de Washington de 2000 a 2006, acusado de abusos sexuales de seminaristas adultos y de un menor”. Viganò acusa a decenas de altos eclesiásticos por haber encubierto a McCarrick y apunta el índice contra el Papa Francisco para pedir su renuncia. Pero, ¿qué tan reales y con fundamento son las acusaciones?

 

Después de leer este espléndido libro-documento que critica también cierto mundo “Bergoglio-chic” acostumbrado a proyectar sobre el Papa la propia agenda y los propios deseos, parecería fácil responder: son completamente infundadas. Pero “El Día del Juicio” va mucho más allá. Describe las tramas, los protagonistas, los objetivos y las razones de todos los venenos, no solo para ordenar las cosas según sucedieron, sino también (y como sin pretenderlo) para devolver la dignidad a esos sacerdotes que, lejos de los complots, llevan a cabo coherente y sinceramente la propia labor.

 

Hay dos Iglesias aparentemente: una de las verdades y otra del diablo. Y tan es así que el 12 de septiembre el “Whashington Post” escribió: «Time is running out, Pope Francis». Se acaba el tiempo, Papa Francisco. ¿Es cierto? El conflicto actual es uno de los más delicados y peligrosos de siempre. Y podría provocar un cisma o el renacimiento de una Iglesia nueva y finalmente lista para recobrar el propio papel de auténtica guía de la cristiandad.

 


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Tercer escrito de Mons Vigano. Comentario de Vatican Insider

Viganò admite que no había sanciones contra McCarrick

Nuevo comunicado del ex nuncio que responde a Ouellet: ya no pide la renuncia del Papa Francisco, pero sigue acusándolo de haber encubierto al cardenal estadounidense

El ex nuncio Carlo Maria Viganò

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Pubblicato il 19/10/2018
Ultima modifica il 19/10/2018 alle ore 18:08
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Es un comunicado de tonos parcialmente diferentes con respecto a las invectivas anteriores, signo de que la dura respuesta del cardenal Marc Ouellet, a quien el ex nuncio Carlo Maria Viganò responde ahora a casi tres semanas de distancia, dio en el clavo. Viganò, que con su “dossier” del 26 de agosto pasado (publicado por una red mediática anti-papal mientras Francisco celebraba la misa final del Encuentro Mundial de las Familias en Irlanda) pedía la renuncia del Pontífice, parece cambiar el tono ligeramente.

 

En el nuevo documento, divulgado en Italia por el periodista Marco Tosatti (estrecho colaborador del ex nuncio para la edición del primer “comunicado”), refiriéndose a la evidente acusación de deslealtad hacia el Papa que hizo Ouellet, Viganò responde: «No me sorprende que al llamar la atención sobre estas plagas, yo haya sido acusado de deslealtad hacia el Santo padre y de fomentar una rebelión abierta y escandalosa. Pero la rebelión implicaría impulsar a los demás a hacer caer el Papado. Yo no estoy exhortando a nada de eso». Viganò y quien lo ayudó en la edición, así como toda la red mediática anti-papal que lo ha apoyado, no recuerdan que ese “dossier” del 26 de agosto concluía precisamente con la petición de la renuncia de Francisco.

 

Ahora, en cambio, el ex nuncio indica: «Rezo cada día por el Papa Francisco, más de lo que hubiera hecho por los otros Papas. Pido, es más deseo ardientemente que el Santo Padre afronte los empeños que ha asumido. Al aceptar ser el Sucesor de Pedro, ha tomado sobre sí la misión de confirmar a us hermanos y la responsabilidad de guiar a todas las almas siguiendo a Cristo, en el combate espiritual, por la vía de la Cruz. Que admita sus errores, se arrepienta, demuestre querer seguir el mandato dado a Pedro y que confirme a sus hermanos».

 

Viganò repite la acusación contra Bergoglio, pues, en su opinión, habría encomendado al cardenal Theodore McCarrick «nuevas e importantes responsabilidades y misiones». Pero no indica cuáles son, puesto que McCarrick, con ya más de ochenta años cuando fue elegido Francisco, viajaba libremente alrededor del mundo tanto durante el Pontificado de Benedicto XVI como durante el de su sucesor, hasta que, frente a una nueva denuncia que por primera vez se refería a un caso de pederastia, precisamente Bergoglio sancionó duramente por primera vez al purpurado anciano.

 

Es interesante que el ex nuncio admita que las que estableció Benedicto XVI contra McCarrick no eran y nunca fueron «sanciones». En su primer “dossier”, Viganò escribió que el Papa Benedicto había impuesto al cardenal McCarrick «sanciones semejantes a las que ahora le inflige el Papa Francisco». Circunstancia absolutamente falsa, puesto que Francisco ordenó públicamente que el cardenal llevara una vida recluido y después le quitó la púrpura. Las del Papa Ratzinger, en cambio, eran, usando las palabras de Ouellet, «fuertes recomendaciones». Ahora Viganò reconoce que se trataba de «instrucciones» y, como ya habían hecho sus secuaces para tratar de disminuir la importancia de la carta de Ouellet, afirma que «sanciones» o «instrucciones» son parecidas, por lo que se trataría de detalles y nimiedades: «Disquisir si eran sanciones o medidas u otra cosa es puro legalismo. Bajo el perfil pastoral es exactamente lo mismo». Pero no es del todo cierto. Lo demuestra que McCarrick durante el Pontificado de Benedicto XVI continuara haciendo lo que hacía antes sin tener en cuenta las «instrucciones» recibidas. Y no le pasaba nada. Ni siquiera el mismo Viganò se esforzaba para que las respetara, mostrándose a su lado en varias ocasiones públicas como si no sucediera nada, según demuestran diferentes videos.

 

En la respuesta, Viganò sostiene que la carta de Ouellet confirma todo lo que él había afirmado antes. Pero no dice nada sobre la operación político-mediática ni sobre la intención de hacer que renuncie el único Papa que ha sancionado duramente a McCarrick. Además, el ex nuncio afirma en su nuevo documento que: «hay un punto sobre el que debo desmentir lo que el cardenal Ouellet escribe. El cardenal afirma que la Santa Sede estaba enterada solamente de simples “rumores”, no suficientes para poder tomar medidas disciplinarias en contra de McCarrick».

 

«Por el contrario —continúa Viganò—, yo afirmo que la Santa Sede estaba enterada de múltiples hechos concretos y estaba en posesión de documentos probatorios, y que, a pesar de ello, las personas responsables prefirieron no intervenir o se les impidió que lo hicieran. Las indemnizaciones a las víctimas de los abusos sexuales de McCarrick en la arquidiócesis de Newark y de la diócesis de Metuchen, las cartas del P. Ramsey, de los nuncios Montalvo en 2000 y Sambi en 2006, del Dr. Sipe en 2008, mis dos Apuntes al respecto para los superiores de la Secretaría de Estado que describían detalladamente las acusaciones concretas contra McCarrick, ¿son solamente rumores? Son correspondencia oficial, no chismes de sacristía. Los delitos denunciados eran muy graves, también estaban los de la absolución de cómplices en actos turbios, con sucesiva celebración sacrílega de la Misa. Estos documentos especifican la identidad de los perpetradores, la de sus protectores y la secuencia cronológica de los hechos. Se encuentran en los archivos apropiados; no se necesita ninguna investigación extraordinaria para recuperarlos».


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El caso Viganó y la necesidad de una adecuada respuesta por parte del Vaticano. Thomas Reese..

Columns • Opinion • Thomas Reese: Signs of the Times

Doubts about Viganò’s accusations aside, Pope Francis needs a better response

Archbishop Carlo Maria Viganò listens to remarks at the United States Conference of Catholic Bishops’ annual fall meeting on Nov. 16, 2015, in Baltimore. (AP Photo/Patrick Semansky)

(RNS) — It is hard to know what to think of the bombshell dropped by Archbishop Carlo Maria Viganò, who released a scalding letter on Sunday (Aug. 26) calling on Pope Francis to resign. Viganò, the former Vatican ambassador to the United States, claims in the letter that Pope Francis knew that recently resigned Cardinal Theodore McCarrick abused seminarians when he was a bishop in New Jersey but nonetheless didn’t punish the cardinal.

The 7,000-word document also accuses about a dozen Vatican cardinals who served in the papacies of John Paul, Benedict and Francis of being part of the coverup.

It might be easy to write Viganò off as a disgruntled employee. He was denied the job he sought under Pope Benedict XVI — president of the governorate of the Vatican City State — and was sent to the United States as papal nuncio, or representative to the U.S. government and the American church. In a 2012 memo to Pope Benedict, which was leaked to the media, Viganò complained that he was being exiled because he had made enemies trying to reform Vatican finances.

Nuncio to the United States is no minor job, but the head of the Vatican government normally becomes a cardinal.

Viganò became even more unhappy with his job as nuncio after the election of Pope Francis, who ignored his recommendations in the appointment of bishops. And although most nuncios to the U.S. later become cardinals, it became clear that he was never going to get a red hat.

It is worth noting that many of the people Viganò accuses are the same people with whom he had conflicts in the Vatican.

Nor is this the first time Viganò has criticized the pope. He joined Cardinal Raymond Burke and others in criticizing the pope’s document on the family, “Amoris Laetitia,” because they thought it diverged from orthodoxy.

Disgruntled employee? Yes. But many whistleblowers are disgruntled employees.

What is more damning are questions about Viganò’s own record regarding the American sex abuse scandal. During legal proceedings against the Archdiocese of St. Paul and Minneapolis, a 2014 letter from Viganò was uncovered in which he told an auxiliary bishop to limit an investigation against the local archbishop and to destroy evidence.

Viganò was certainly not known for transparency and accountability while he was nuncio from 2011 to 2016, but now he presents himself as a born-again defender of the abused.

In the letter, Viganò goes after many former and current officials in the Vatican, including the three most recent secretaries of state: cardinals Angelo Sodano, Tarcisio Bertone and Pietro Parolin. Other Vatican cardinals he alleges knew about McCarrick’s abuse include William Levada, Giovanni Battista Re, Marc Ouellet, Leonardo Sandri, Fernando Filoni, Angelo Becciu, Giovanni Lajolo and Dominique Mamberti.

Given how the crimes of Rev. Marcial Maciel Degollado, founder of the Legionairies of Christ, were ignored during the papacy of Pope John Paul II, some of what Viganò says sounds possible. But no evidence is presented.

Interestingly, John Paul escapes Viganò’s criticism. Viganò implies that McCarrick’s appointment to Washington and as a cardinal was the work of Sodano “when John Paul II was already very ill.” Yet McCarrick was appointed archbishop of Washington in 2000, five years before John Paul died. Was John Paul a puppet during his last five years in office? And if McCarrick’s abuse of seminarians was so widely known in John Paul’s curia, it is hard to believe that Cardinal Joseph Ratzinger did not know. Did he tell John Paul?

Viganò claims that Re told him that, sometime between 2009 and 2010, Pope Benedict told McCarrick to stop living at a seminary, saying Mass in public, traveling and lecturing.

But there is no evidence to support the claim that McCarrick was sanctioned by Pope Benedict. McCarrick continued to celebrate Mass, travel and lecture throughout the papacy of Benedict. And on his many visits to Rome, he stayed at the North American College, the residence for U.S. seminarians. Anyone who thinks Benedict would tolerate such disobedience doesn’t know Benedict.

Pope Francis, flanked by Vatican spokesperson Greg Burke, listens to a journalist’s question Aug. 26, 2018, during a news conference aboard the flight to Rome at the end of his two-day visit to Ireland. (AP Photo/Gregorio Borgia, Pool)

Viganò claims that he told Pope Francis on June 23, 2013: “Holy Father, I don’t know if you know Cardinal McCarrick, but if you ask the Congregation for Bishops there is a dossier this thick about him. He corrupted generations of seminarians and priests, and Pope Benedict ordered him to withdraw to a life of prayer and penance.” Since Pope Francis allegedly did not listen to him then, Viganò thinks he should resign.

Viganò released his letter as Pope Francis was wrapping up his visit to Ireland. Journalists asked the pope about it during the press conference on the plane headed back to Rome.

“I will not say one word on this,” the pope said, according to a New York Times video. “I think this statement speaks for itself, and you have sufficient journalistic capacity to reach your own conclusions.”

“When time will pass and you’ll draw the conclusions, maybe I will speak,” said Francis. “But I’d like that you do this job in a professional way.”

Of course, many headlines read: “Pope refuses to respond to accusations of coverup.”

The pope was correct to encourage journalists to examine the Viganò document to see what is true and what is not. The press conference was not the place to do a line-by-line critique of the document. Many reporters have in fact examined the document and found its claims wanting.

But what about Viganò’s claim that he told the pope about McCarrick?

Since the pope is the only other witness to this encounter, only he can verify or deny what Viganò said, and refusing to answer that question does not enhance his credibility. The pope’s media advisers should have told him so immediately after the press conference and responded to the reporters with a clarification before they filed their stories.

The answer could have been, “No, he did not say that to the pope.” Or, it could have been: “Yes, he did say that to the pope, but there is no record of the alleged sanctions by Benedict. The pope disregarded the accusations because Viganò had a history of unsubstantiated accusations. And remember, it was Francis who told McCarrick to spend the rest of his life in prayer and penance and took away his red hat.”

Reporters, like most people, like the pope, but they also have a job to do. The Vatican should not make it difficult.

Just as every diocese in the United States needs to do a full and transparent account of clerical sex abuse and each diocese’s response, so too the Vatican must disclose what it knew, when it knew and what it did or did not do. Nothing less will begin the restoration of credibility to the Catholic Church.

(The views expressed in this commentary do not necessarily represent those of Religion News Service.)


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Comentario de la revista America a la carta del Card. Ouellet a Viganó.

Pope Francis greets then-Cardinal Theodore E. McCarrick during his general audience in St. Peter’s Square at the Vatican June 19, 2013. (CNS photo/Paul Haring)

Cardinal Marc Ouellet, prefect of the Congregation for bishops, in an open letter to Archbishop Carlo Maria Viganò, has released a detailed and devastating response to former nuncio’s accusations against Pope Francis regarding the case of Archbishop Theodore McCarrick, charging him with “blasphemy” for calling into question the faith of the pope and calling on him to repent.

The Vatican released the letter in the original French, accompanied by an Italian translation, around 10:30 on Sunday morning (Rome time), Oct. 7.

The Canadian cardinal begins the letter by recalling that Archbishop Viganò, in his second letter released a week ago “denounced Pope Francis and the Roman Curia” and appealed to him “to speak the truth” about “the facts that you interpret as an endemic corruption that invaded the hierarchy of the church up to the highest level.”

He said that, with the “necessary permission” of Pope Francis, he now gives “my personal testimony as prefect of the congregation of bishops, about the matters regarding the emeritus archbishop of Washington, Theodore McCarrick, and his presumed links with Pope Francis, that constitute the object of your clamorous public denunciation as well as your demand that the Holy Father resign.”

“Your present position appears to me as incomprehensible and extremely reprehensible, not only because of the confusion that it sows in the People of God but also because of the accusations that seriously damage the good name of the Successors of the Apostles.”

He said that he writes “on the basis of my personal contacts and of the documents in the archives” of the congregation of bishops “that are currently the object of a study to throw light on this sad case.”

Addressing him “in full sincerity, by reason of the good relation of collaboration that existed between us when you were nuncio in Washington,” the cardinal tells Archbishop Viganò, “your present position appears to me an incomprehensible and extremely reprehensible, not only because of the confusion that it sows in the People of God, but also because of the accusations that seriously damage the good name of the Successors of the Apostles.” It is noteworthy that the cardinal uses the word “successors” because the former nuncio’s letter has not only called Francis into question, but also Benedict XVI, John Paul II and also many bishops.

Then addressing the specific accusations, the cardinal recalled that Archbishop Viganò claims he told Pope Francis, in a private audience, on June 23 about the case of Archbishop McCarrick, and said “I imagine that because of the enormous quantity of verbal and written information that he had received on many persons and situations” when he met all the nuncios from the different countries in the Vatican two days earlier, “I strongly doubt that [Archbishop] McCarrick would have interested him to the point that you wish to make [people] believe.” He recalls that Archbishop McCarrick was then 82 years old and an emeritus archbishop for seven years.

Cardinal Ouellet then says that “the written instructions prepared for you by the congregation for bishops at the beginning of your service [as nuncio] in 2011, say nothing about [Archbishop] McCarrick.” But, he acknowledges that in a private conversation with Archbishop Viganò, “I told you about the situation of the emeritus bishop who had to obey to certain conditions and restrictions because of the rumors about his behavior in the past.”

Significantly, the cardinal adds that since he took over as prefect of the congregation for bishops on June 30, 2010, “I never brought the [Archbishop] McCarrick case to an audience with Pope Benedict XVI or Pope Francis, except in these last days after his leaving the college of cardinals.”

“I never brought the McCarrick case to an audience with Pope Benedict XVI or Pope Francis, except in these last days after his leaving the college of cardinals.”

He said that the former cardinal, who went into retirement in May 2006, “was strongly exhorted not to travel and not to appear in public, so as not to provoke rumors in his regard. It is false to present the measures taken against him as ‘sanctions’ that were decreed by Pope Benedict XVI and annulled by Pope Francis.”

Moreover, he said, that an “examination of the archives” shows “that there are no documents in this regard signed by one or other pope, nor notes of an audience with my predecessor, Cardinal Giovanni-Battista Re, that gave the emeritus-archbishop McCarrick an order obliging him to silence and to the private life, with the rigor of penal sanctions.”

He explained that “the reason was they there was not then, unlike today, sufficient proof of his presumed guilt.”

He said this explains “the position inspired by prudence” of the congregation and “the letters of my predecessor and me that reaffirmed, through the apostolic nuncio Pietro Sambi, and then also through you, the exhortation to a discreet style of life of prayer and penance for his own good and that of the church.”

Cardinal Ouellet said that “his case would have been the object of new disciplinary measures if the nunciature in Washington or any other source had provided us with recent and decisive information regarding his behavior.”

He said he hopes, “as do many others, out of respect for the victims and for the demands of justice, that the investigation underway in the United States and in the Roman Curia will finally offer us a comprehensive critical vision of the procedures and of the circumstances of this painful case, so that such fact may never be repeated in the future.”

The cardinal expresses his own astonishment that “a man of the church, whose incoherence is known today, could be promoted at various times, even to being given the highest functions of the archbishop of Washington and cardinal.” He admits “the defects of the system” in the selection of Archbishop McCarrick and adds that “without going into those details, it should be understood that the Supreme Pontiff depends on the information at his disposal in that precise moment and this information constitutes the object of a prudential judgment that is not infallible.”

“The investigation underway in the United States and in the Roman Curia will finally offer us a comprehensive critical vision of the procedures and of the circumstances of this painful case.”

Cardinal Ouellet tells Archbishop Viganò that he considers it “unjust to conclude that the persons charged with making the advance discernment are corrupt, also if, some indications, provided by testimonies, should have been further examined.”

He says that Archbishop McCarrick “knew how to defend himself with great skill from the doubts raised in his regard.” On the other hand, he says, “the fact that there can be persons in the Vatican that practice and sustain behavior contrary to the values of the Gospel in matters of sexual morality does not authorize us to generalize and to declare as unworthy and accomplice of this one or that or even of the Holy Father.” He said “it should not happen above all that the ministers of truth should have to protect themselves from calumny and defamation.”

He then told Archbishop Viganò frankly that “to accuse Pope Francis of having covered up with full knowledge of the case of this presumed sexual predator and to be therefore an accomplice of the corruption that is spread in the church, to the point of holding him unworthy to continue his reform as first pastor of the church, is for me incredible and unbelievable from all points of view.”

The cardinal said “I cannot understand how you could have allowed yourself to be convinced of this monstrous accusation that does not stand up.” He recalls that Pope Francis “had nothing to do with the promotions of Archbishop McCarrick to New York, Metuchen, Newark and Washington.” But it was he “who removed him from the dignity of cardinal when credible evidence that he had abused a minor was presented [to him].”

Archbishop Viganò had accused the pope of taking Archbishop McCarrick as his “great advisor,” but the cardinal said Francis had never alluded to this, “even though he does not hide the trust he gives to some prelates.”

He said he understood that these prelates are “not those of your preference, nor of the friends that sustain you in your interpretation of facts.”

“I cannot understand how you could have allowed yourself to be convinced of this monstrous accusation that does not stand up.”

Cardinal Ouellet told Archbishop Viganò, “I find it totally aberrant that you take profit from this clamorous scandal of the sexual abuses in the United States to hit at the moral authority of your superior, the Supreme Pontiff, with an unheard of an unmerited blow.”

Cardinal Ouellet said that he meets Pope Francis every week regarding the nomination of bishops and problems governing the church worldwide, and added, “I know well how he treats people and problems: with great charity, mercy, attention and seriousness, as you yourself have experienced.”

Then in an extraordinary indictment, the cardinal told the former nuncio, “reading how you conclude your last message, apparently very spiritual, making fun of him and casting doubt on his faith, seems to me to be truly too sarcastic, even blasphemous. This cannot come from the Holy Spirit!”

The cardinal then, implying that Archbishop Viganò had put himself outside the church, said he wished “to help you to find again communion with him who is the visible guarantor of the communion of the Catholic Church.”

He said he understood the “bitternesses and disappointments” that have marked his path in service of the Holy See, but said “you cannot conclude your priestly life in open and scandalous rebellion that inflicts a very serious wound” on the church “which you pretend to serve better by aggravating division and distress in the people of God.”

Cardinal Ouellet calls on Archbishop Viganò: “Come out of your clandestinity, repent of your revolt and return to better sentiments to the Holy Father, instead of aggravating hostility against him.”

He asked the archbishop: “how can you celebrate the Holy Eucharist and pronounce his name in the canon of the Mass? How can you pray the holy Rosary, and to St. Michael the Archangel and the Mother of God, when you condemn him whom She protects and accompanies every day in his heavy and courageous ministry?”

Cardinal Ouellet concludes his letter with these words: “In response your unjust and unjustifiable attack, dear [Archbishop] Viganò, I conclude that the accusation is a political setup devoid of real foundation that could incriminate the pope, and I repeat that it has profoundly wounded the communion of the church.”

He added, “May it please God that this injustice is rapidly repaired and that Pope Francis continues to be recognized for what he is: a distinguished pastor, a compassionate and firm father, a prophetic charismatic for the church and the world. May he continue with joy and full trust his missionary reform, comforted by the prayer of the people of God and the renewed solidarity of the whole church together with Mary, the Queen of the holy rosary.”


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Posible respuesta del Vaticano a Viganó

El Papa Francisco asiste a una reunión con nuevos obispos de los territorios de la misión en el Vaticano el 8 de septiembre. (CNS photo / Vatican Media)El Papa Francisco asiste a una reunión con nuevos obispos de los territorios de la misión en el Vaticano el 8 de septiembre. (CNS photo / Vatican Media)

El Consejo de Asesores Cardenal emitió una declaración el 10 de septiembre en la que expresa su “plena solidaridad con el Papa Francisco ante lo sucedido en estas últimas semanas”, es decir, el ataque contra él del Arzobispo Carlo Maria Viganò, el ex nuncio de los Estados Unidos. Estados. Agregaron que sabían que la Santa Sede está preparando “las eventuales y necesarias aclaraciones” en respuesta a las graves acusaciones que el Arzobispo Viganò hizo en agosto .

El arzobispo Viganò había acusado al Papa de encubrir los abusos cometidos por el arzobispo Theodore McCarrick y de levantar las sanciones que cree que el Papa Benedicto XVI impuso al ex cardenal de Washington. También acusó a muchos funcionarios del Vaticano durante los dos pontificados anteriores del mismo encubrimiento. El arzobispo sorprendió al mundo católico al pedir la renuncia de Francisco.

Los miembros del Consejo Cardenal dijeron en su declaración que estaban conscientes de que “en la discusión actual” la Santa Sede “está formulando las aclaraciones eventuales y necesarias” para estos eventos. De esta manera, confirmaron la noticia que circuló en los medios italianos en los últimos días que el Vaticano está preparando una respuesta a lo que el arzobispo Viganò declaró en su carta, cuyo contenido se ha convertido en una fuente de escándalo y división en la iglesia, particularmente en los Estados Unidos, y un ataque directo contra el Papa y su autoridad moral.

Los miembros del consejo cardinal dijeron que sabían que la Santa Sede “está formulando las eventuales y necesarias aclaraciones” a los documentos de Viganò, entre otros eventos recientes.

En otra parte de la declaración, los cardenales expresaron “satisfacción” por “el buen resultado” del Encuentro Mundial de las Familias que se celebró en Dublín a fines de agosto. Había sido organizado por el cardenal Kevin Farrell, jefe del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y el arzobispo Diarmuid Martin de Dublín.

También revelaron que en su reunión, que comenzó el 10 de septiembre y concluye el 13 de septiembre, presentaron al Papa Francisco “la propuesta para la reforma de la Curia Romana” que se ha estado desarrollando durante los últimos cinco años.

El Papa Francisco estableció el Consejo de Consejeros Cardinales, informalmente conocido como C9, poco después de su elección. Él se encargó de aconsejarlo sobre el gobierno de la iglesia universal y la reforma de la Curia Romana.

El consejo ha dedicado gran parte de su tiempo en los últimos cinco años a la redacción de un proyecto de reforma para la Curia Romana. Ese trabajo está casi terminado, pero hay muchas otras cosas por abordar, particularmente en relación con la iglesia universal.

La sesión de septiembre del consejo fue la primera desde que se divulgó a fines de junio una investigación que encontró alegatos creíbles de abuso sexual contra el entonces Cardenal McCarrick, desde el lanzamiento a mediados de agosto del gran jurado de Pensilvania sobre cómo seis diócesis manejaban acusaciones de abuso y abuso. desde la publicación, a fines de agosto, de un documento del Arzobispo Viganò, ex nuncio de los Estados Unidos, que alega que el Papa Francisco conocía la conducta sexual inapropiada del Cardenal McCarrick pero que le permitió continuar en el ministerio activo.

Los nueve consejeros principales designados por el Papa provienen de Europa, Asia, América Latina, Estados Unidos, África, Asia y Oceanía, pero solo hubo seis presentes en la reunión de hoy: Pietro Parolin, secretario de estado del Vaticano; Óscar Rodríguez Maradiaga de Tegucigalpa, Honduras; Seán P. O’Malley de Boston; Oswald Gracias de Mumbai, India; Reinhard Marx de Munich y Freising, Alemania; y Giuseppe Bertello, presidente de la comisión que gobierna el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Los tres ausentes fueron: el cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, de 85 años, arzobispo retirado de Santiago, Chile, que enfrenta un interrogatorio judicial por su manejo de acusaciones de abuso; El cardenal Laurent Monsengwo Pasinya de Kinshasa, Congo, que cumple 79 años a principios de octubre y se encuentra en un país marcado por la crisis política y el conflicto armado; y el cardenal australiano de 77 años George Pell, quien actualmente se enfrenta a dos juicios por jurado en Australia por cargos de abuso sexual.

En su declaración de hoy, los seis cardenales le pidieron al Papa Francisco que brinde “una reflexión sobre el trabajo, la estructura y la composición” del Consejo de Asesores del Cardenal, “teniendo en cuenta la edad avanzada de algunos de los miembros”.

Esta última observación parece confirmar lo que se rumorea en Roma desde hace algún tiempo, a saber, que el Papa Francisco pretende cambiar la membresía del consejo y reemplazar a algunos de sus miembros, incluidos el cardenal Errázuriz Ossa, el cardenal Pell y el cardenal Monsengwo Pasinya. Se espera que el Papa Francisco haga los cambios antes de fin de año.


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El caso Viganó: nuevas informaciones sobre el cardenal McCarrick

McCarrick; la primera petición (no sanción) de Benedicto fue en 2007

Una fuente en Estados Unidos revela que a finales de ese año el nuncio recomendó al cardenal molestador que mantuviera un «perfil bajo» y que se retirara a vivir en oración. Sambi se lo pidió varias veces al purpurado, pero sin dar órdenes formales

El ex cardenal McCarrick

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Pubblicato il 10/09/2018
Ultima modifica il 10/09/2018 alle ore 20:20
SALVATORE CERNUZIO – ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

 

La de Benedicto XVI no fue una “sanción” contra Theodore McCarrick, ni mucho menos una orden formal: era una petición, un consejo de una autoridad que con toda probabilidad fue comunicada al interesado en nombre del Papa afínales de 2007. McCarrick se tardó un año para seguir la recomendación del Papa Ratzinger y mudarse del seminario Redemptoris Mater de Washington, pero nunca tomó en serio la recomendación de mantener un «perfil bajo» y de que llevara una vida de oración. Lo que es cierto es que el nuncio Pietro Sambi, fiel ejecutor de la voluntad papal (además de ejemplo de diplomático obediente), trató en varias ocasiones de convencer a McCarrick, pero nunca logró convencerlo de que siguiera la voluntad del Pontífice. Es lo que se deduce de las palabras de una nueva fuente que conoció directamente los hechos que se verificaron entre 2007 y 2011 en Washington.

 

El affaire Viganò, que destapó la mala gestión del caso McCarrick durante los últimos veinte años, se está aclarando poco a poco: es evidente que el ex nuncio en los Estados Unidos citó fechas y documentos que están en su poder (o que pudo consultar) sobre los que no existen motivos para dudar. Pero es también evidente (y esto ha quedado comprobado) que el autor del “comunicado” despliega una memoria selectiva. Cuando, efectivamente, Viganò organiza sus recuerdos, estos parecen formulados unilateralmente para dañar a Francisco, descargando sobre él todas las responsabilidades, incluso afirmando que san Juan Pablo II era un Papa incapaz de razonar desde 2000, o la falta de sanciones en contra de McCarrick por parte de Benedicto XVI debido a su carácter manso.

 

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Que el carácter acusatorio del “memorial” del ex nuncio tiene claros defectos en este sentido, mediante el uso instrumental de medias verdades y calculadas dosis de omisiones, es un hecho comprobado. Dos ejemplos claros de ellos: según el “comunicado” de Viganò habría habido “sanciones” de Benedicto XVI en contra del cardenal estadounidense, que después habrían caído con la llegada del Pontificado del Papa Francisco. Al haberse demostrado la falsedad del asunto (McCarrick no cambió su estilo de vida; solo lo hizo al principio, haciendo finta de que estaba modificando su actitud, y después siguió viajando e incluso se reunió en varias ocasiones con el papa Ratzinger en Roma), Viganò se vio obligado a corregir su versión: las sanciones de Benedicto XVI habrían existido, pero McCarrick no obedeció y el Papa no pidió que fueran respetadas. Todo da a entender que no se trataba de sanciones, por lo que Francisco no quitó absolutamente nada.

 

El segundo ejemplo se relaciona con el famoso y primer breve encuentro entre el entonces nuncio en Estados Unidos con el nuevo Papa, el 21 de junio de 2013. Viganò escribió que Francisco no lo dejó ni siquiera presentarse y que se demostró agresivo con él. Sin embargo, el prelado no recuerda bien y es desmentido por las imágenes televisivas. La pregunta es: si Viganò tiene recuerdos imprecisos y unilateralmente dirigidos en contra del actual Pontífice en los dos casos antes mencionados, ¿puede ser considerado confiable por completo cuando describe la conversación que tuvo con Francisco durante la primera audiencia, el 23 de junio de 2013? ¿Las palabras utilizadas son las que Viganò refirió o, como en los dos casos anteriores, fueron un poco exageradas por el ex nuncio?

 

Volvamos a la petición de Benedicto XVI. En su “comunicado”, Viganò dijo que, hipotéticamente, se habría verificado entre 2009 y 2010, puesto que, al no haberse enterado de ella en calidad de Delegado para las representaciones Pontificias, presume que estas decisiones hayan sido asumidas (con inexplicable retraso) solamente después de su traslado de la Secretaría de Estado a la Gobernación del Vaticano. En realidad un nuevo testigo (que pide el anonimato) reveló a Vatican Insider que la primera comunicación que recibió a McCarrick sobre la invitación a mudarse del seminario Redemptoris Mater y la recomendación de que viviera retirado en oración llegó en 2007. «Puedo asegurar que esto sucedió en diciembre de 2007. El entonces nuncio en Estados Unidos, Pietro Sambi, trasmitió al cardenal McCarrick esta disposición que le había comunicado desde Roma el entonces Prefecto de la Congregación para los Obispos, el cardenal Giovanni Battista Re».

 

Hay que fijarse bien en las fechas: nos encontramos a finales de 2007, dos años y medio después de la elección de Benedicto XVI. En ese momento, dando crédito a las reconstrucciones del “comunicado” del ex nuncio, llegó al Vaticano un año antes un mensaje sobre las acusaciones del ex sacerdote Gregory Littleton, enviado a la Secretaría de Estado por el nuncio Sambi. Si la fuente estadounidense consultada por Vatican Insider, que tuvo conocimiento directo de los hechos, mismos que recuerda exactamente, debemos suponer que la petición-recomendación del Papa Ratzinger fue transmitida por primera vez a McCarrick después del caso Littleton, pero antes de la publicación en línea del“Statement for Pope Benedict XVI about the pattern of sexual abuse crisis in the United States” de Richard Sipe, en el que se citan también los comportamientos inadecuados y los abusos de McCarrick con los seminaristas, fechado el 23 de abril de 2008.

 

En 2007 McCarrick llevaba viviendo más de un año en el seminario Redemptoris Mater de Washington, cuyo referente era el Camino neocatecumenal pero que pertenecía a la diócesis. Se mudó en julio de 2006, un mes después de que concluyeran las obras para construir este enorme complejo, más parecido a un campus universitario que a un instituto diocesano, construido por voluntad del mismo purpurado. Desde el proyecto inicial del Redemptoris Mater, que se encuentra en una propiedad que primero pertenecía a la orden de los Hermanos de las Escuelas cristianas (Lasallistas), se había pensado en un ala reservada exclusivamente al cardenal. Una zona separada del resto del seminario, accesible solamente mediante un código electrónico personal. Es decir, McCarrick no vivía la vida del seminario, ni tenía contactos con los seminaristas.

 

Vale la pena recordar, además, en otro aspecto sobre el que se ha hablado muy poco en estos últimos días: no parecen existir denuncias formales o señalaciones informales, rumores o sospechas (por lo menos según lo que hasta ahora se sabe) que demuestren o dejen pensar en comportamientos inadecuados por parte de McCarrick durante su episcopado en Washington y en los años que siguieron a su retiro. Parece ser que los seminaristas no señalaron ni abusos ni molestias o comportamientos inapropiados. Esto no es ninguna sorpresa: es muy probable que el entonces nuevo arzobispo de Washington, que fue creado cardenal inmediatamente después, se diera cuenta de la enorme visibilidad de su nuevo puesto, así como de la cercanía con el poder político y con la Casa Blanca. Es decir, se sabía bajo observación. Por lo demás, como demuestra un artículo de “The Washington Post”, el cardenal molestador era considerado en ese entonces como un campeón de la “tolerancia cero” en contra de la pederastia. Los testimonios que hasta ahora se han reunido sobre el comportamiento de McCarrick después de haber dejado de estar a la cabeza de la diócesis, demuestran solamente que el cardenal era una presencia estorbosa, difícil.

 

Volvamos a la indicación del nuncio, que fue transmitida oralmente a McCarrick a finales de 2007. Una indicación que se puede vincular directamente con la voluntad de Benedicto XVI, quien la habría transmitido probablemente al Secretario de Estado bertone o directamente al Prefecto de los Obispos, el cardenal Re. Si el Papa Ratzinger decidió comunicar a McCarrick esta petición, significa que se había enterado de las acusaciones en contra del cardenal, pero prefirió una forma de reacción “blanda”, debido a la edad del ex arzobispo de Washington, que ya era emérito. Además, las denuncias e indicaciones re referían al pasado y no había ninguna denuncia por pederastia. Benedicto, pues, elige esta vía suave y no demasiado restrictiva para McCarrick porque «no quería un escándalo público», según indicó el National Catholic Register citando una fuente cercana al Papa emérito.

 

Por lo demás, se podría deducir que Benedicto fue advertido sobre los problemas del cardenal pues en 2006 aceptó la renuncia del cardenal arzobispo cuando cumplió la edad canónica para la jubilación. Un año antes había cumplido 75 años, pero estaba en buenas condiciones de salud y se creía que habría permanecido por lo menos otro año en su puesto. En 2007 Viganò, que entonces era Delegado para las Representaciones Pontificias, no recibió ningún apunte ni ninguna indicación (de lo contrario, lo habría indicado en su “comunicado”, y no se habría referido a una presunta fecha posterior), por lo que se confirma el carácter reservado, confidencial y personal de la recomendación de Benedicto XVI.

 

¿Qué sucedió entonces? Pasan varios meses antes de que el cardenal decida abandonar la estructura del seminario. Tantos que el mismo Sambi le habría pedido ayuda a algunos de sus colaboradores para convencer a McCarrick de que se fuera y de que se retirara en oración. El nuncio, con las personas a las que se había dirigido, no se habría referido explícitamente a abusos contra seminaristas, pero de todas maneras se habría referido a «graves acusaciones». Solamente después del verano de 2008, el cardenal comenzó la mudanza a la parroquia de St. Thomas. Cuando, dentro y fuera del seminario Redemptoris Mater, preguntaban por qué se había mudado McCarrick, respondía simplemente: «Roma me pidió que dejara el seminario», sin ofrecer más detalles.

 

No hay que olvidar, además, otro particular. La visita de Benedicto XVI a Estados Unidos, en abril de 2008 (cuando visitó las ciudades de Washington y Nueva York). Durante el encuentro con los obispos del país, en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington el 16 de abril, McCarrick se encontraba en primera fila entre los cardenales.

 

¿Qué sucedió entre finales de 2007 y el 27 de julio de 2011, fecha de la muerte del nuncio Sambi? En su “comunicado” Viganò escribió que «el Papa Benedicto infligió a McCarrick las sanciones canónicas mencionadas y ellas fueron comunicadas por el Nuncio Apostólico en Estados unidos Pietro Sambi, monseñor Jean-François Lantheaume, entonces primer Consejero de la Nunciatura en Washington y Chargé d’Affaires a.i. desués de la muerte inesperada del Nuncio Sambi en Baltimore, me refirió, cuando llegué a Washington (y él está listo para testificar), sobre una conversación borrascosa, de más de una hora, del Nuncio Sambi con el Card. McCarrick, convocado a la nunciatura: “la voz del nuncio –me dijo Mons. Lantheaume – se sentía desde el corredor”». Estas palabras de Viganò demuestran que las intervenciones de Sambi sobre McCarrick fueron más de una y en diferentes periodos. Hay que recordar, efectivamente, que monseñor Lantheaume –que ahora ha dejado el servicio diplomático de la Santa Sede– llegó a la nunciatura de Washington después de mediados de 2010 (de hecho aparece por primera vez en servicio en Washington en el Anuario Pontificio de 2011). De acuerdo con lo que afirma la nueva fuente estadounidense, debemos suponer que los encuentros entre Sambi y McCarrick fueron más de uno y que el nuncio perdió en cierto momento los estribos ante la falta de obediencia del cardenal, que no tenía ninguna intención de cambiar de vida frente a la que evidentemente era solamente una petición del Pontífice y no una orden tajante. Y mucho menos una sanción canónica real.

 

No hay que olvidar que desde la primera comunicación a finales de 2007, hasta el final del Pontificado de Ratzinger, pasaron cinco años. Años durante los que McCarrick siguió viajando y participando en eventos públicos, viajando a Roma, encontrándose con el mismo Benedicto XVI. Se confirma también que, mientras Sambi parecía insistir e incluso alzar la voz ante el cardenal, en el periodo que Viganò pasó como nuncio en Estados Unidos durante el Pontificado de Francisco (de noviembre de 2011 a febrero de 2013), como refiere en el “comunicado”, habló solamente una vez con McCarrick para insistir nuevamente en las recomendaciones de Benedicto XVI. No parece haber insistido, sino todo lo contrario. Elogió públicamente a McCarrick, como sucedió en mayo de 2012. Es decir, Viganò parecía tener una actitud más positiva ante el purpurado molestador de la que tenía Sambi.

 

 

Al final, teniendo en cuenta el contexto general de la operación político mediática que comenzó el día en el que Francisco estaba celebrando la Misa final del Encuentro Mundial de las Familias en Dublín, diferentes personas que apoyan a Viganò tienden a insistir poco en su clamoroso gesto de pedir la renuncia del Papa Francisco. Petición que demuestra que quienes la crearon y concibieron, que quienes la han suscrito y han apoyado públicamente, tienen una concepción singular de la naturaleza de la iglesia, reducida casi a una corporación, con un administrador delegado sometido al voto de confianza de los accionistas.

 

Es interesante observar que precisamente en este punto, desde el frente conservador estadounidense, se ha elevado la voz de un ideólogo con gran influencia en la era Trump y de la soberanía, Steve Bannon, que no siente gran simpatía por el Papa Francisco. Bannon dijo a la Reuters: «la cuestión no podría ser más seria. No puede haber “informes”, cartas y acusaciones. El Papa, mediante una cadena ininterrumpida, es el Vicario de Cristo en la tierra. No puedes simplemente sentarte ahí y decirle: “Creo que tendrías que renunciar”». Palabras católicas, que no han resonado en las declaraciones de los obispos estadounidenses que intervinieron inmediatamente después de la publicación del “comunicado” de Viganò para apoyar la credibilidad del ex nuncio.


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Análisis exhaustivo del informe de Viganó. Cronología. Autor: Andrea Tornielli

Los recuerdos (imprecisos) del ex nuncio que pide la cabeza del Papa

Nuevos desmentidos a la versión de Viganò, que quiere la renuncia de Francisco, el Papa que castigó al cardenal McCarrick. Cronología razonada de los eventos, con base en las noticias hasta ahora afloradas

Carlo Maria Viganò

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Pubblicato il 04/09/2018
Ultima modifica il 04/09/2018 alle ore 11:27
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

San Juan Pablo II murió en abril de 2005 y ya no puede hablar. El Papa emérito Benedicto, explican sus colaboradores, no pretende decir nada al respecto. El Papa Francisco, hasta ahora, no ha respondido al comunicado e invitó a los periodistas a que leyeran lo que escribió el ex nuncio Carlo Maria Viganò en su “j’accuse” que trata de involucrar a nada menos que tres Pontífices en el caso del cardenal molestador serial de seminaristas (y después se habría descubierto que era también pederasta) Theodore McCarrick. He aquí una cronología razonada sobre las noticias que han surgido hasta ahora, aderezada con las primeras y autorizadas desmentidas que ha recibido Viganò, mediante declaraciones de testigos y pruebas documentales.

1994

 

Un sacerdote (presumiblemente Gregory Littleton) escribió al obispo de Metuchen, Edward Thomas Hughes, para hablar sobre el abuso sexual y psicológico al que le sometía el obispo Theodore Edgar McCarrick (que nació en 1930, fue ordenado sacerdote en Nueva York en 1958, consagrado obispo auxiliar de Nueva York en 1977, transferido a Metuchen en 1981 y después promovido a Newark en 1986). Afirmó que McCarrick le habría provocado tantos traumas que él mismo habría llegado a molestar a dos chicos de 15 años. El sacerdote fue destituido y reducido al estado laico diez años más tarde, cuando entraron en vigor las nuevas reglas anti-pederastia, con base en las admisiones que había hecho en aquella carta.

 

21 de noviembre de 2000

 

Juan Pablo II nombró a Theodore McCarrick arzobispo de Washington. El nuncio en Estados Unidos era entonces Gabriel Montalvo, el prefecto de la Congregación de los Obispos (que acababa de tomar posesión poco antes) era Giovanni Battista Re. Según una de las hipótesis de Viganò, un papel importante en el nombramiento de McCarrick lo habría jugado el cardenal Secretario de Estado Angelo Sodano. Viganò afirma que Re se habría opuesto, pues el nombre de McCarrick se encontraba en el décimo cuarto lugar de la lista de los candidatos. Viganò, en su “comunicado”, no cita en ningún momento el nombre del secretario particular de Juan Pablo II, el obispo Stanislaw Dziwisz, muy cercano a Re. Dziwisz era, efectivamente, una de las personas con mayor influencia en el entorno del Papa Wojtyla. Según lo narrado por Viganò, surge un retrato desolador y ofensivo sobre el Pontífice que ha sido proclamado santo. El ex nuncio recuerda que Juan Pablo II estaba ya «muy enfermo», dando a entender: estaba tan enfermo que ya no era capaz de ocuparse de los nombramientos, ni siquiera de los más importantes, ni siquiera de los que conducían (en esa época) a la segura atribución de la púrpura cardenalicia y, por lo tanto, a la participación en un futuro Cónclave.

 

Al Papa Wojtyla en 2000 todavía le quedaban cinco años de vida. En ese mismo año, además de presidir decenas de celebraciones del Jubileo, visitó Egipto, Tierra Santa (Jordania, Israel, los Territorios sometidos a la Autoridad Palestina) y Fátima. Pocos meses antes de McCarrick, en febrero de 2000, el Papa Wojtyla había nombrado al nuevo arzobispo de Westminster, Cormac Murphy-O’Connor. Después, en junio de 2000 nombró a Edward Michael Egan como arzobispo de Nueva York. A principios del año siguiente, como veremos, Juan Pablo II creó 44 cardenales en un único Consistorio. Después de McCarrick en Washington habría nombrado (por citar algunos ejemplos y limitándonos solamente a algunas de las sedes metropolitanas) a Angelo Scola como Patriarca de Venecia (enero de 2002); a Philippe Barbarin como arzobispo de Lyon (julio de 2002); a Péter Erdö como arzobispo de Esztergom-Budapest (diciembre de 2002); a Tarcisio Bertone en Génova (diciembre de 2002); a Diarmuid Martin como arzobispo coadjutor de Dublín (mayo de 2003): a Gaudencio Rosales como arzobispo de Manila (diciembre de 2003); a Lluís Martínez Sistach como arzobispo de Barcelona (junio de 2004)… Karol Wojtyla, a pesar del lento avance de la enfermedad que habría ido reduciendo cada vez más sus capacidades motrices, era un Pontífice que seguía viajando y gobernando a la Iglesia. Quien haya seguido la información vaticana sabe que presentar en el año 2000 al Papa polaco como un hombre incapaz de razonar es una falsedad.

 

22 de noviembre de 2000

 

El fraile dominico Boniface Ramsey escribió una carta al nuncio Montalvo en la que se refirió a rumores sobre comportamientos inadecuados por parte de McCarrick con algunos seminaristas. Afirmó que conocía a algunos de estos seminaristas y sacerdotes. Ramsey llamó por teléfono a Montalvo para anunciarle la llegada de la carta, pero, después de haber conversado con un amigo, volvió a llamarle por teléfono para decirle que se había arrepentido. Durante esta segunda conversación (como dijo el mismo Ramsey al “National Catholic Register”) el nuncio lo convenció de que enviara la carta. El documento probablemente no pasó por la oficina del Delegado para las representaciones diplomáticas, Carlo Maria Viganó. Según lo que se lee en su comunicado, Viganò se enteró de esta primera carta con las acusaciones en 2006, cuando le habría hablado sobre ella el entonces nuevo nuncio en Estados Unidos Pietro Sambi. E insiste en culpar solamente al cardenal Sodano, que ha habría recibido en noviembre de 2000, sin, además ofrecer ni pruebas ni indicios: «la oficina de la que entonces me ocupaba no tuvo conocimiento de ninguna medida en la Santa Sede después de aquella denuncia del Nuncio Montalvo, a finales de 2000, cuando el Secretario de Estado era el Card. Angelo Sodano».

 

Enero-febrero de 2001

 

Theodore McCarrick toma posesión como arzobispo de Washington. El 21 de febrero del mismo año recibe la púrpura de manos de Juan Pablo II, en el Consistorio más concurrido de la historia de la Iglesia: 44 nuevos cardenales. Entre ellos había muchos latinoamericanos y estaba el mismo Jorge Mario Bergoglio.

 

2004-2005

 

Según lo que afirmó la vocera de la diócesis de Metuchen, Erin Friedlander, en 2004 llegó a la diócesis la primera denuncia contra McCarrick. Después llegarían otras dos, y todas se referían a hechos cometidos en las décadas anteriores. La arquidiócesis de Newark y las diócesis de Metuchen y Trenton pagaron una indemnización a Robert Ciolek, molestado por McCarrick, pero también se incluye la indemnización por los abusos que Ciolek sufrió por parte de un maestro mientras era un estudiante en un liceo católico. Según la vocera de la diócesis de Metuchen, la indemnización fue indicada a la nunciatura.

 

Abril de 2005

 

McCarrick participa en las congregaciones de los cardenales antes del Cónclave y después en el Cónclave que el 19 de abril de ese mismo año eligió como Pontífice al cardenal Joseph Ratzinger.

 

7 de julio de 2005

 

McCarrick cumplió 75 años y, como tienen que hacer todos los obispos, envió su renuncia a la Santa Sede.

 

16 de mayo de 2006

 

Benedicto XVI aceptó la renuncia de McCarrick, ocho meses después del plazo canónico: no se trata de un periodo largo (los arzobispos metropolitanos que son cardenales, si gozan de buena salud, permanecen por lo menos un año, pero a menudo se quedan dos más después de haber cumplido los 75 años de edad); tampoco es un periodo tan breve como para imaginarse que Roma quería mandar una señal punitiva al arzobispo de Washinton. En lugar de McCarrick, el Papa Raztinger nombró a Donald Wuerl. La jubilación de McCarrick se dio después de la primera petición de indemnización que recibió la diócesis de Newark.

 

Junio de 2006

 

El ex sacerdote Gregory Littleton (su nombre completo nunca antes había sido divulgado: fue Viganò quien lo reveló por primera vez) denunció a la diócesis de Metuchen los abusos que sufrió por parte de McCarrick cuando este último era el obispo en esa sede. Recibió una indemnización de 100 mil dólares. También en este caso, como se trataba de un obispo (que después se habría convertido en cardenal), la diócesis informó a la nunciatura apostólica en Estados Unidos. La vocera de la diócesis de Metuchen afirma en la actualidad que la señalación fue comunicada.

 

Dicembre 2006

 

Viganò, en ese momento todavía era Delegado para las representaciones diplomáticas en la Secretaría de Estado, escribe un apunte con base en la Memoria de la acusación de Littleton enviada a la Secretaría de Estado por el nuncio Pietro Sambi. Viganò recibió el documento de la diócesis de Metuchen el 6 de diciembre de 2006. Al transmitir la información, Sambi explicó que Littleton «ya había enviado esta Memoria suya a una veintena de personas, entre las que hay autoridades judiciales civiles y eclesiásticas, de policía y abogados, desde junio de 2006», y que era muy probable que la noticia fuera publicada dentro de poco. Por lo que solicitó «una intervención veloz de la Santa Sede». Según lo narrado por Viganò, ese mismo 6 de diciembre transmite el apunte a sus superiores, el cardenal Tarcisio Bertone y el Sustituto Leonardo Sandri, pero no recibió indicaciones sobre lo que debía hacer. Viganò en su “comunicado” con el que pide la renuncia del Papa no se refiere a noticias sobre el pago de indemnizaciones para las víctimas de McCarrick.

 

23 de abril de 2008

 

Fue publicado en línea el “Statement for Pope Benedict XVI about the pattern of sexual abuse crisis in the United States” de Richard Sipe, en el que se trata el argumento de los comportamientos inadecuados y de los abusos de McCarrick con los seminaristas. El 24 de abril el documento es enviado al cardenal William Levada (entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nombrado por Benedicto XVI como su sucesor a la cabeza del ex Santo Oficio). Levada envía el “statement” de Sipe al cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, y el 24 de mayo llega al escritorio del delegado Viganò, quien redacta un nuevo apunte y lo entrega el 25 de mayo al nuevo Sustituto de la Secretaría de Estado, Fernando Filoni.

 

Noviembre-diciembre de 2008

 

El nuncio en Estados Unidos, Pietro Sambi, comunica al cardenal McCarrick (con bastante brusquedad, según un testigo) que el Papa lo invita a abandonar el seminario neocatecumenal Redemptoris Mater en donde vivía y a reducir su vida pública. Sobre la naturaleza y el alcance de estas presuntas “sanciones” o recomendaciones, la versión de Viganò es diferente de la que ofrece uno de los cercanos colaboradores del Papa Ratzinger. Ese mismo colaborador, anónimamente, dijo al National Catholic Register: «Se trataba de una petición privada», sin decreto por escrito; se invitaba al cardenal «a mantener un perfil bajo». Según lo que escribe el periodista del NCR Edward Pentin, la fuente ratzingeriana habría comentado (con respecto al secreto y a la poca severidad de la sanción): «A veces es mejor dejar que siga durmiendo lo que duerme».

 

La fecha solamente es presumible y se puede llegar a ella gracias a un episodio citado por la Catholic News Agenci: a finales de 2008 McCarrick se preparó para dejar el seminario Redemptoris Mater de Washington y a principios de 2009 se muda a la canonjía de la parroquia de St. Thomas the Apostle, en el centro de la capital federal. Nadie se enteró de las llamadas “sanciones”. En cambio, Viganó las describe de esta manera: «Supe con certeza, mediante el Card. Giovanni Battista Re, entonces prefecto de la Congregación para los Obispos, que el valiente y merecedor “statement” de Richard Sipe había tenido el resultado esperado. El Papa Benedicto XVI conminó al Card. McCarrick sanciones semejantes a las que ahora le inflige el Papa Francisco: el cardenal debía dejar el seminario en el que vivía, se le prohibía celebrar en público, que participara en reuniones públicas, que dictara conferencias y que viajara, con la obligación de dedicarse a una vida de oración y de penitencia».

 

Las presuntas “sanciones” o, mejor, la recomendación privada, no fue comunicada al delegado Viganò. Benedicto XVI habló al respecto, presumiblemente, con Bertone o con el prefecto de la Congregación para los Obispos Giovanni Battista Re. No hay que excluir que la comunicación al nuncio Sambi haya sido solamente verbal y que se haya verificado durante uno de los viajes del mismo diplomático vaticano a Roma. La Catholic News Agency confirmó que la conversación entre Sambi y McCarrick puede situarse en este periodo: «Dos fuentes presentes en el encuentro de 2008 entre McCarrick y Sambi declararon a la CNA que el nuncio ordenó en ese momento que McCarrick abandonara el seminario. Según lo referido por estas dos fuentes, Sambi le dijo a McCarrick que su traslado era una instrucción directa del Papa Benedicto XVI». Hay que notar la diferencia sustancial que existe entre esta y la versión del “comunicado” de Viganò: la instrucción papal se referiría solo a que dejara el seminario, no a que abandonara la vida pública y viviera retirado. Los hechos hasta ahora documentales confirman y corroboran lo que ha indicado esa fuente cercana al Papa Ratzinger y plantean algunas dudas notables sobre las palabras de Viganò en relación a la naturaleza y el peso de las presuntas “sanciones” en contra del anciano cardenal.

 

McCarrick, efectivamente, no cambió su estilo de vida y no se retiró a una vida de penitencia. Lo que sí hizo fue cambiar su residencia. Ahora bien, si la del Papa Ratzinger era una “orden” (incluso secreta), no obedeció. Si se trataba de una recomendación (incluso secreta), no la siguió. Lo único que hizo fue dejar el seminario. La existencia de esta “recomendación” o “instrucción” secreta del Pontífice deja claro que Benedicto XVI había sido informado por Bertone sobre las denuncias en contra de McCarrick.

 

16 de julio de 2009

 

Carlo Maria Viganò es nombrado por Benedicto XVI secretario de la Gobernación de la Ciudad del Vaticano.

 

2009-2010

 

Según Viganò, sin precisar la fecha, las presuntas “sanciones” del Papa Benedicto para McCarrick habrían sido comunicadas al interesado entre 2009 y 2010, «con increíble retraso». En realidad, considerando el cambio de residencia del purpurado (único acto documentable que es posible relacionar con las “recomendaciones” del Pontífice), todo parece haber sucedido un año antes. A menos que no se piense que hubo dos jalones de orejas por parte de Sambi: el primero en 2008, con la invitación a que abandonara el seminario; el segundo (entre 2009 y 2010) para inducirlo a una vida retirada. Hipotética “sanción” que (de existir) fue olímpicamente ignorada por el interesado.

 

27 de julio de 2011

 

Falleció el nuncio apostólico en Estados Unidos, Pietro Sambi.

 

2011

 

McCarrick, según lo que afirma la Catholic News Agency, dejó la canonjía de la parroquia en donde había vivido durante dos años y decidió mudarse a una casa al lado del seminario del Instituto del Verbo Encarnado. Allí contaba regularmente con la ayuda de jóvenes sacerdotes, en un primer momento, y después sería asistido por seminaristas. Nadie saca a relucir las quejas por comportamientos incorrectos o por molestias. Pero se trataba de una presencia que estorbaba, porque, según algunos testimonios, McCarrick exigía un trato especial para su alojamiento, además de convertir a los seminaristas en sus choferes para sus desplazamientos.

 

6 de octubre de 2011

 

El presunto “sancionado” McCarricl viajó a Roma para participar en la ordenación de los nuevos diáconos del North american College, celebración presidida por el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal estadounidense William Levada, estrecho colaborador del Papa Ratzinger.

 

19 de octubre de 2011

 

Carlo Maria Viganò fue nombrado por Benedicto XVI nuncio apostólico en Estados Unidos y alejado del Vaticano. Meses antes, el arzobispo se había opuesto al cardenal Bertone por cuestiones internas en la Gobernación de la Ciudad del Vaticano y por haber acusado de malas gestiones financieras e incluso de inmoralidades a algunos prelados.

 

Octubre de 2011

 

Viganò escribió en su “comunicado” que, antes de partir hacia Washington, el cardenal Marc Ouellet (entonces prefecto de la Congregación para los Obispos) le indicó verbalmente algunas noticias sobre las «disposiciones del Papa Benedicto» en contra de McCarrick. Recordemos que según Viganò estas disposiciones preveían que el cardenal abusador de seminaristas se retirara a una vida de oración y penitencia. «Por mi parte, insistí al respecto con el Card. McCarrik en mi primer encuentro con él en la nunciatura –afirmó el ex nuncio en su “comunicado”. El cardenal, farfullando de manera incomprensible, admitió que había cometido el error de haber dormido en el mismo lecho con algunos seminaristas en su casa del mar, pero me lo dijo como si no tuviera ninguna importancia».

 

16 de enero de 2012

 

Incluso después de haber recibido una nueva comunicación sobre las recomendaciones papales por parte de Viganò, McCarrick demostró que no le importaban. El cardenal participó, de hecho, en la audiencia para la “visita ad limina” de los obispos estadounidenses. En esa ocasión saludó dos veces personalmente a Benedicto XVI.

 

Enero-octubre de 2012

 

El 27 de enero, el periódico italiano “Il Fatto Quitidiano” publicó una carta reservada de Viganò a Bertone, con la que el prelado describía un complot en su contra para dañar su reputación. Así comenzó el primer caso de los “vatileaks”. Las cartas de Viganò, además de los documentos que robó el ayudante de cámara, Paolo Gabriele, del escritorio de Ratzinger, fueron la base para un programa televisivo del periodista Gianluigi Nuzzi, quien también publicó un libro en el que Viganò y su trabajo en la Gobernación vaticana aparecen copiosamente.

 

16 de abril de 2012

 

McCarrick (que según el “comunicado” de Viganò en este periodo estaría sometido a las presuntas “sanciones” de Benedicto XVI) volvió a Roma por segunda ocasión, para participar en una audiencia concedida por el Pontífice a la Papal Foundation. Es una fundación en la que McCarrick está involucrado personalmente desde hace muchos años, y que ha depositado grandes sumas de dinero para la caridad del Papa. Ese día era el cumpleaños de Benedicto XVI, y se le ofrece un pastel. Es la segunda ocasión, en pocos meses, en la que se encuentran cara a cara Ratzinger y el arzobispo emérito de Washington “sancionado”. No resulta que Viganò reciba instrucciones de recordarle nuevamente las “sanciones” del Pontífice a McCarrick.

 

2 de mayo de 2012

 

Carlo Maria Viganò participó, en un lujoso hotel de Manhattan, en Nueva York, en la premiación de los “embajadores de las Misiones Pontificias”. Fue una cena de gala en la que uno de los protagonistas fue precisamente el presunto “sancionado” McCarrick. Viganò lo saludó con afecto diciendo estas palabras: «Usted es tan amado por todos nosotros».

 

 

28 de febrero de 2013

 

McCarrick volvió al Vaticano, para participar en la última audiencia del Papa que acababa de renunciar. Benedicto XVI saludó uno por uno a todos los cardenales que estaban presentes. El encuentro fue cordial, como con los demás participantes.

 

3 de marzo de 2013

 

El cardenal arzobispo de Edimburgo, Keith O’Brien, anunció que no habría participado en el próximo Cónclave y admitió las acusaciones en su contra afirmando: «mi conducta sexual está por debajo de los estándares». También él fue acusado de haber molestado a un seminarista. El 18 de febrero anterior Benedicto XVI aceptó su renuncia a la cabeza de la diócesis, a pesar de que todavía le faltaran 27 días para cumplir 75 años. (El 20 de marzo de 2015 se anunció que el Papa Francisco había aceptado la renuncia de O’Brien a los derechos y prerrogativas del cardenalato, a pesar de mantener su título honorario de cardenal).

 

Marzo de 2013

 

Se llevaron a cabo las congregaciones antes del Cónclave. McCarrick, cuya lista de denuncias es mucho más voluminosa con respecto a la que existía contra O’Brien, participó en ellas. Pero, como ya tenía más de ochenta años, no participó en la votación del Cónclave que eligió el 13 de marzo por la noche al cardenal Jorge Mario Bergoglio. Cuando se dio el cambio de guardia entre Benedicto XVI y Francisco seguramente no se hizo ninguna referencia al caso de McCarrick. Y tampoco durante las primeras audiencias con el prefecto de la Congregación para los Obispos. Lo que sí es seguro es que el nuncio Viganò no recibió instrucciones sobre las presuntas “sanciones” establecidas por Benedicto XVI y que nunca fueron respetadas. Nadie en Roma lo invitó a reiterarlas. Nadie en Roma le comunicó tampoco que habían dejado de existir. Para todos los demás, simplemente, esas indicaciones papales nunca habían existido, puesto que McCarrick había seguido con su vida de antes.

 

Sin embargo, el mismo Viganò escribió en su “comunicado”: «Era, pues, evidente que, a partir de la elección del Papa Francisco McCarrick, ya libre de cualquier constricción, se sintió libre de viajar constantemente, de dictar conferencias y conceder entrevistas». Una afirmación que ha sido desmentida por los documentos audiovisuales y decenas de artículos. Tanto que indujo al mismo ex nuncio a retroceder y a desmentirse reconociendo, en una entrevista con el sitio ultraconservador “LifeSite News”, que, efectivamente, McCarrick nunca obedeció a las indicaciones de Benedicto XVI. Para justificar su actitud de aprecio y amistad pública con el cardenal molestador, Viganò esgrimió comprensibles razones diplomáticas: como las instrucciones papales eran secretas, no podía jalarle las orejas en público al anciano purpurado, quien, además, ya estaba jubilado. Viganò también justificó de la misma manera las múltiples audiencias de McCarrick con el Papa después de que este último hubiera decidido las presuntas “sanciones”, recordando el conocido carácter “manso” de Benedicto XVI. Pero esto demuestra la falsedad de la presentación de un McCarrick sancionado y retirado en oración que se habría sentido “libre” después de la elección del Papa Francisco. No, McCarrick se sintió siempre libre. Y las presuntas “sanciones”, según la fuente cercana a Benedicto XVI citada por el periodista del National Catholic Register, Edward Pentin, solamente eran una «petición privada», sin ningún decreto por escrito. Es decir, una invitación. Una invitación ignorada.

 

10 de mayo de 2013

 

Viganò participó junto con McCarrick en una misa solemne y en una cena de beneficencia organizada por la Universidad Católica de Washington. En la foto obligada al final de la misa, el nuncio se encuentra sentado precisamente al lado de McCarrick.

 

 

21 de junio de 2013

 

Al final de la audiencia del Papa Francisco con los nuncios apostólicos, Carlo Maria Viganò tuvo la posibilidad de saludar por primera vez, por algunos instantes, al nuevo Papa. He aquí la descripción de ese momento que aparece en su “comunicado”: «Cuando fue mi turno, apenas tuve el tiempo para decirle “Soy el nuncio en Estados Unidos” antes de que, sin preámbulo, me dirigieran con tono de reproche estas palabras: “Los obispos en los Estados Unidos no deben ser ideologizados! ¡Deben ser pastores!”. Naturalmente yo no estaba en condiciones de pedir explicaciones sobre el significado de sus palabras ni por la manera agresiva con la que me había apostrofado». También esta afirmación del nuncio ha sido desmentida por los hechos (más bien por las imágenes). Pareció inmediatamente muy raro que en el primer saludo con el nuevo Papa este se pudiera a apostrofarlo públicamente con maneras agresivas. Sobre todo tratándose de un prelado al que no conocía personalmente. El video del Centro Televisivo Vaticano demuestra que Viganò recuerda con alguna ofuscación los hechos que sucedieron hace algunos años. El Papa lo recibe sonriendo, con gentileza, y al enterarse de que es el nuncio en Estados Unidos, no le impreca «sin ningún preámbulo, con tono de reproche», sino le agradece amablemente por su trabajo. Inmediatamente después, la cara del Pontífice se pone un poco más seria (como sucede cuando desea comunicar un mensaje que considera importante, como bien saben los que por su trabajo ven las transmisiones de este tipo de audiencias) y comienza, tranquilamente, con voz calmada y sin tonos agresivos, a decir: «En los Estados Unidos…». Inmediatamente se interrumpe: la televisión vaticana no divulga las palabras que se dicen en ocasiones como estas. Pero es evidente que el Papa no se mostró agresivo, no atacó ni le reprochó nada a Viganò.

 

23 de junio de 2013

 

Viganò obruvo una audiencia privada de alrededor de 40 minutos con el nuevo Papa. El ex nuncio no dijo que fue él quien sacó a relucir (demostrando finamente esa preocupación que nunca hasta entonces se había manifestado) el caso de McCarrick. Fue Francisco quien le hizo una pregunta sobre el ex arzobispo de Washington. Sobre lo sucedido, podemos solamente confiar en los recuerdos de Viganò, que le habría dicho al Pontífice: «Santo Padre, no sé si usted conozca al card. McCarrick, pero si le pregunta a la Congregación para los Obispos hay un “dossier” así de grande sobre él. Ha corrompido a generaciones de seminaristas y de sacerdotes y el Papa Benedicto le impuso que se retirara a una vida de oración y de penitencia». El nuncio no aportó documentos, no entregó ningún apunte al nuevo Papa. No fue el primero que habló sobre McCarrick, ya jubilado desde hacía años. Se limitó a informar que había un “dossier” sobre él en la Congregación de los Obispos y que el Papa Raztinger le habría «impuesto» una vida de oración y de penitencia. Sobre la existencia de esta presunta “imposición” es más que lícito dudar, puesto que Viganó no afirmó haber añadido nada más sobre la desobediencia de McCarrick o sobre la falta de insistencia por parte de Benedicto XVI para que le obedeciera.

 

Francisco no dijo nada, pero tampoco decidió modificar eventuales decisiones “secretas” de su predecesor, sobre las cuales hasta aquel momento nadie le había hablado. Y tampoco le dijo al nuncio que pretendía quitarle formalmente esas presuntas “imposiciones”. Según Viganò, durante la audiencia, Francisco le pidió un cambio de dirección con respecto a los últimos nombramientos episcopales: había que designar (y esta era la cosa importante) a obispos pastores, no a “guerreros culturales” de derecha y politizados. El ex nuncio afirmó sin ninguna prueba que esta idea se la habría sugerido el mismo McCarrick al Pontífice. En realidad Bergoglio pensaba así desde hacía mucho tiempo. Viganò recibió un nuevo y bien documentado desmentido al respecto por parte del ex embajador estadounidense ante la Santa Sede, Miguel Díaz, nombrado en mayo de 2009. Díaz, en una declaración escrita y firmada se dijo sorprendido al leer las afirmaciones de Viganò sobre las palabras que Francisco dijo en relación con los obispos estadounidenses: «Porque inmediatamente me acordé de que en mi primer encuentro con el nuncio Sambi en su residencia en Washington (nos encontramos todavía en el Pontificado de Benedicto XVI, ndr.)» dijo que «necesitamos obispos estadounidenses que sean menos políticos y más pastorales, no guerreros culturales». Entonces, ya desde el Pontificado del Papa Raztinger la indicación que había recibiso el nuncio apostólico en Estados Unidos fue la de nombrar a obispos pastores.

 

Evidentemente la cuestión del excesivo colateralismo del episcopado estadounidense con ciertas posiciones políticas y con ciertos intereses unilaterales en relación con algunas cuestiones éticas era percibida como problemática desde finales del Pintificado ratzingeriano.

 

10 de octubre de 2013

 

Carlo Maria Viganò obtiene una segunda audiencia con el Papa Francisco. El ex nuncio no escribió casi nada sobre este segundo encuentro en su comunicado. Lo único que afirmó fue que uno de los argumentos fue el cardenal Donald Wuerl, nombrado en 2006 por Benedicto XVI como arzobispo de Washington. Viganò no dijo que había alertado nuevamente al Pontífice sobre el caso McCarrick.

 

Abril de 2014

 

Después un nuevo viaje internacional de McCarrick, Viganò afirmó en su “comunicado” que escribió al Secretario de Estado Pietro Parolin para perguntar si las presuntas “sanciones” del Papa Benedicto todavía eran válidas. El ex nuncio afirmó que no recibió respuesta.

 

22-28 de septiembre de 2015

 

El Papa viajó a Estados Unidos. Visitó las ciudades de Washington, Nueva York y Filadelfia. Durante su estancia en Washingtn permaneció en la nunciatura apostólica dirigida pro Viganó. En la capital federal estadounidense Francisco visitó la Casa de las Pequeñas Hermanas de los Pobres, conocidas en Estados Unidos por haber emprendido una acción legal en contra del “Obamacare” del presidente Barack Obama, la reforma sanitaria que las obliga a garantizar servicios que van en contra de las enseñanzas de la moral católica. Fue un gesto de atención y cercanía por quienes se baten por el derecho a la libertad de conciencia. Las Pequeñas Hermanas de los Pobres y sus batallas son bastante conocidas. Pero no se han transformado en un símbolo público y no participan en comicios. Pero Viganò le pidió a Francisco que se reuniera en privado también con Kim Davis, responsable del registro civil de Ashland, en Kentucky, que acabó en la cárcel por haberse negado a otorgar el permiso para los matrimonios entre personas del mismo sexo y por haber impedido que sus empleados lo hicieran. Davis, que pertenece a la congregación evangélica de la “Piedra Dura”, se ha convertido en un símbolo político y ha marchado al lado de diferentes candidatos republicanos. Tanto el presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, Joseph Kurtz, como el cardenal arzobispo de Washington no estaban de acuerdo con esta iniciativa. Pero el nuncio procede y se la presenta a los colaboradores del Papa. Francisco saludó a Kim Davis y la noticia sobre el encuentro fue divulgada por los medios de comunicación, provocando las acostumbradas polarizaciones políticas.

 

9 de octubre de 2015

 

Nueva audiencia privada de Viganò con el Papa Francisco. El nuncio (en un nuevo comunicado difundido mediante algunos periodistas amigos suyos) afirmó que fue llamado urgentemente a Roma después de las polémicas políticas en Estados Unidos por la audiencia Kim Davis. Pero dijo que durante el encuentro Bergoglio se habría limitado a agradecerle por la organización de la visita papal. Y confirmó que el Pontífice habría recibido toda la información sobre la persona con la que se habría encontrado. También en este detalle Viganò ha sido desmentido por dos testigos: el padre Thomas Rosica y el padre Federico Lombardi, que en ese momento era todavía el director de la Sala de Prensa vaticana. Ambos han dejado al descubierto por escrito en estos días otro de los huecos de memoria en las reconstrucciones del ex nuncio, pues afirmaron que un día después de la audiencia papal, Viganó se encontró con ellos en su departamento en el Vaticano. Y declaró, en esa ocasión: «El Papa me dijo: “Tú no me informaste que la Davis había tenido cuatro maridos…”». Dando a entender una evidente carencia de información sobre el caso y el disgusto por no haber sido oportunamente informado por su nuncio apostólico. Viganò no ha dicho si durante sus múltiples encuentros con el Papa durante el viaje a Estados Unidos o durante la audiencia del 9 de octubre siguiente hablaron sobre el caso McCarrick. Todo parece indicar que no lo hicieron, porque si lo hubieran hecho el ex nuncio se habría referido a ello en el “comunicado” (a menos que no se piense en una estrategia de indiscreciones con el gotero).

 

12 de abril de 2016

 

El Papa aceptó la renuncia de Viganò como nuncio en Estados Unidos. Había cumplido 2 meses antes la edad canónica de los 75 años (aunque los nuncios puedan retirarse al haber cumplido los 70).

 

2017

 

Durante los primeros meses del año, McCarrick dejó la casa al lado del seminario del Verbo Encarnado, según la arquidiócesis por problemas de salud, para mudarse a una casa de reposo de la que se ocupan algunas religiosas.

 

20 de junio de 2018

 

Son publicados tres comunicados en Estados Unidos El primero lleva la firma del cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, quien informó sobre una denuncia de pederastia en contra de McCarrick, cuando este era un sacerdote de la ciudad. «Esta ha sido la primera indicación de una violación de la Carta para la protección de los niños y de los jóvenes que se haya hecho en contra de él y de la que la arquidiócesis esté al corriente». Según el protocolo público vigente, «los resultados de la investigación han sido entregados al Arcidiocesan Review Board, un grupo de profesionistas entre los que hay juristas, expertos de las fuerzas del orden, padres de familia, psicólogos, un sacerdote y una religiosa. El comité de revisión ha considerado las afirmaciones creíbles y fundadas». Al mismo tiempo, el cardenal Tobin, arzobispo de Newark, declaró: «Esta arquidiócesis y la diócesis de Metuchen han recibido tres acusaciones de mala conducta sexual con adultos hace décadas; dos de estas acusaciones condujeron a indemnizaciones». El mismo McCarrick publicó un comunicado en el que afirmó no acordarse de haber abusado de un menor. El cardenal quedó suspendido de cualquier ministerio público.

 

28 de julio de 2018

 

El Papa Francisco aceptó la renuncia de McCarrick al Colegio Cardenalicio y le ordenó una vida de penitencia y oración. El arzobispo emérito de Washington, a partir de entonces, dejó de ser cardenal.

 

«El Papa Francisco –se lee en el comunicado– ha aceptado las dimisión de cardenal y ha dispuesto su suspensión del ejercicio de cualquier ministerio público, además de la obligación de permanecer en una casa que le será indicada, para una vida de oración y de penitencia, hasta que las acusaciones que se dirigen en su contra sean aclaradas por el proceso canónico regular».

 

Junio-agosto de 2018

 

El ex nuncio Viganò se puso en contacto con el vaticanista del telediario italiano Tg1 Aldo Maria Valli (fue él mismo quien lo reveló) y con el vaticanista Marco Tosatti. Este último afirmó haber colaborado en la redacción y en la edición del “comunicado” de Viganò. También reivindicó un papel en esta operación Timothy Busch, abogado conservador y uno de los administradores del Eternal Word Television Network (EWTN), que recibió el comunicado de Viganò. Busch dijo al “New York Times” que «los responsables de la publicación le habían asegurado personalmente: “El Papa emérito Benedicto XVI ha confirmado lo escrito por el arzobispo Viganò». Noticia que fue desmentida por el secretario particular de Ratzinger, el arzobispo Georg Gänswein, quien la definió como una «falsa noticia» («¡fake news!»).

 

26 de agosto de 2018

 

Fue publicado al unísono por una red de medios de comunicación estadounidenses e italianos el “comunicado” de Viganò, un documento de 11 cuartillas que acusa a Francisco de haber encubierto al abusador McCarrick. Viganò involucró a todo el entorno más cercano del Papa Juan Pablo II (menos a su secretario Stanislao Dziwisz), pero, como hemos visto, ha tratado de “salvar” a Wojtyla al describirlo como un viejo incapaz de razonar. Culpó de todo a Sodano. Involucró también a los más estrechos colaboradores de Benedicto XVI, tratando de “salvar” a Ratzinger porque, al enterarse del caso, habría castigado a McCarrick con retraso y blandamente por culpa de Bertone. Como se ha documentado abundantemente, Viganò, probablemente exagera el alcance de estas presuntas “medidas punitivas” de Benedicto, mismas que nunca nadie exigió respetar, ni siquiera el nuncio apostólico en Estados Unidos, es decir el mismo Viganò. Al final el ex nuncio acusó a todos los colaboradores de Francisco: el actual Pontífice. El único Papa que ha sancionado duramente a McCarrick y que parece ser el único objetivo del clamoroso “comunicado”. En el texto de Viganò aparecen en total 38 nombres de obispos, arzobispos y cardenales. Solamente uno de ellos (el actual secretario de la Congregación para los Obispos) obtuvo el nombramiento episcopal durante el Pontificado del Papa Francisco. Todos los demás se convirtieron en obispos durante los Pontificados de Pablo VI (3 de ellos), Juan Pablo II y Benedicto XVI. Esto significa que las investigaciones sobre el candidato y sobre el necesario proceso para el primer nombramiento como obispo se llevaron a cabo casi por completo durante los Pontificados de Wojtyla y Ratzinger. Además, la mayor parte de los cardenales citados por Viganò (16 en total) recibieron la púrpura de manos de Wojtyla o de Ratzinger. También los tres cardenales que contra los que se dirige el “comunicado” del ex nuncio, culpables de ser un poco menos conservadores con respecto a sus predecesores (Kevin Farrell, cardenal prefecto del Dicasterio para los Laicos y la Familia; Blaise Cupich, cardenal arzobispo de Chicago; y William Tobin, cardenal arzobispo de Newark) fueron nombrados obispos o arzobispos con bulas firmadas por san Juan Pablo II o Benedicto XVI. Durante la conferencia de prensa a bordo del avión que lo llevaba de regreso desde Dublín hasta Roma, el Papa Francisco dijo a los periodistas: «Creo que el texto de Viganò habla por sí mismo, y ustedes tienen la madurez profesional para sacar conclusiones».

 

26-28 de agosto de 2018

 

Algunos obispos estadounidenses (24 en total), empezando por el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, publicaron inmediatamente declaraciones (en algunos casos incluso dieron disposiciones para que se leyeran en las Iglesias) para manifestar su solidaridad a Viganò, presentándolo como una fuente confiable y creíble de información. Pidieron que se investigara sobre las afirmaciones del “comunicado” y no se expresaron sobre la clamorosa petición de que renuncie el Papa Francisco.

 

Primero de septiembre de 2018

 

Benjamin Harnwell, ex político inglés y presidente del consejo de fundación del “Dingitatis Humanae Institute”, defendió al cardenal Renato Raffaele Martino, acusado por Viganò de formar parte de la «corriente filo-homosexual favorable a desfigurar la doctrina católica sobre la homosexualidad». Declaraciones absurdas, según Harnwell, para un cardenal como Martino que representa «uno de los indiscutibles titanes “pro-life” de la Iglesia católica del último cuarto de siglo». Harnwell pidió disculpas públicas por parte de Viganò por la acusación que, «hasta que no se presenten pruebas contrarias» debe ser considerada como «una mancha en contra de un inocente de 85 años».

 

3 de septiembre de 2018

 

Durante la homilía matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, Francisco afirmó que frente a los que «crean solamente escándalo» y «división» la única respuesta posible es el silencio y la oración.

 

El padre Federico Lombardi, que fue portavoz vaticano, dijo en una entrevista con Tv2000 que la homilía del Papa es «una reflexión que relacionamos espontáneamente a la situación de hoy en la que tenemos una oleada de acusaciones extremadamente agresivas que mezclan algunos elementos de verdad con tantos elementos de falsedad que confunden y, sobre todo, tienden a crear una situación de división en la Iglesia». «Frente a esta situación –añadió Lombardi–, el Papa insiste en su intensión de no responder directamente a estas acusaciones y de no dejarse involucrar en un espiral terrible de disputas, contradicciones violentas que no pueden sino provocar más divisiones y un profundo mal en la Iglesia. El Papa elige imitar la actitud de Jesús, que se pone en un nivel superior de paciencia, de humildad, y que no se deja involucrar en el nivel extremadamente bajo y malo de las acusaciones y contra-acusaciones».