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Congoleños en fuga del País. Exodo masivo

Más de 22.000 refugiados congoleños cruzan a Uganda en una semana por el lago Albert

ACNUR/MIchel Sibiloni
Refugiados congoleños en el centro de emergencia del ACNUR en Sebagoro, Uganda, el 11 de febrero de 2018.

13 Febrero 2018

Se trata de una ruta peligrosa, ya que la travesía comporta normalmente un viaje de 10 horas y se lleva a cabo en canoas o barcos pesqueros hacinados y en condiciones deficientes, lo que ha provocado ya varias muertes. 

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNURlamentó este martes el fallecimiento de cuatro refugiados congoleños que murieron ahogados en el lago Albert al volcar su embarcación cuando se dirigían a Uganda el pasado 11 de febrero.

También se han registrado otros incidentes de embarcaciones que van a la deriva debido a fallos del motor o la falta de combustible, lo que provocó operaciones de rescate por parte de las autoridades ugandesas.

ACNUR advirtió que un número cada vez mayor de refugiados optan por escapar de la violencia en las regiones orientales de la República Democrática del Congo usando esta peligrosa ruta, situación que podría provocar un mayor número de víctimas.

Más de 22.000 congoleños cruzaron el lago Albert la semana pasada y el número de refugiados que emprendieron la travesía desde el 1 de enero asciende a unos 34.000.

Los refugiados tardan hasta diez horas en cruzar el lago Albert y usan pequeñas canoas o barcos de pesca superpoblados y en condiciones precarias.

Tareas de ACNUR en favor de los refugiados

En colaboración con las autoridades ugandesas, la Agencia de la ONU trabaja en el registro y la reubicación de los recién llegados a los campamentos. Entre las prioridades básicas pendientes se encuentran la preparación de nuevas zonas de alojamiento y medidas psicosociales que sirvan para superar las situaciones traumáticas que vivieron los refugiados durante la travesía.

Desciende el flujo de refugiados por otras rutas

Por su parte, los trayectos a través del Lago Tanganika hacia Burundi y Tanzania disminuyeron significativamente la semana pasada.

Los avances del ejército contra los grupos armados dentro de la República Democrática del Congo, así como la disminución del número de embarcaciones pesqueras y canoas, pueden haber contribuido a la caída de recién llegados. Sin embargo,  la Agencia de la ONU advirtió que los flujos migratorios pueden recuperarse pronto, dada la naturaleza impredecible e inestable del conflicto.

Solicitud de apoyo para los refugiados congoleños

Durante el año pasado, unos 120.000 congoleños huyeron a países vecinos, junto al más de medio millón de refugiados que ya se encontraban en el exilio.

El ACNUR prevé que estos desplazamientos aumentarán durante 2018 por lo que pidió a los donantes internacionales que aumenten su apoyo. A día de hoy, sólo se ha financiado el 1% de los 368 millones de dólares que  ha solicitado para asistir a los refugiados en la República Democrática del Congo.


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El gran ejemplo de Uganda en su generosa acogida a los refugidos.

El país que mejor trata a los refugiados está en África

Sursudaneses en el distrito de Impevi, en Uganda. Foto: ONU / Mark Garten

31 de enero, 2018 — Mientras las naciones más ricas del mundo debaten sobre política migratoria, Uganda se ha convertido en uno de los países del mundo que más refugiados acoge. A Uganda llegan, cada día, 500 personas, huyendo de la guerra y la persecución en países vecinos.

El Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi, se encuentra de visita en el país y desde allí ha alabado la política de “fronteras abiertas”.

Uganda receives about 500 South Sudanese+Congolese refugees every day. It hosts 1.4m refugees. And its refugee policies are among the most progressive in the world.

“Uganda”, dijo, “tiene una de las políticas de refugiados más progresistas y abiertas de África, si no del mundo”.

El país alberga casi un millón y medio de refugiados. La mayoría han huido del conflicto en Sudán del Sur, pero también llegan desde la República Democrática del Congo y Burundi. Es la mayor población de refugiados de África y la mitad de ellos son niños. En algunos distritos, los refugiados suponen el 50 por ciento de la población.

“Casi 500 personas llegan cada día a Uganda. Se les permite entrar y reciben protección, pueden moverse libremente, trabajar, acceder a servicios básicos; las fronteras están abiertas”, detalló Grandi.

La mayoría de los refugiados en Uganda no viven en campamentos. Las familias reciben terrenos donde pueden vivir y cultivar. El Gobierno ha reservado miles de hectáreas de tierra para personas refugiadas. La mayoría viven a lo largo de 21 asentamientos en Nilo Occidental, en el centro Oeste y Suroeste del país.

Grandi también advirtió de que las comunidades de acogida necesitan apoyo.  “No podemos poner a prueba la paciencia de la gente. Tenemos que asegurarnos de que las comunidades locales también se benefician de la presencia de refugiados”, dijo. Para que la convivencia sea lo más harmoniosa posible, ACNUR apoya al gobierno en la construcción de infraestructuras como clínicas y pozos de agua. ACNUR pedirá más fondos para esta política conocida como el Marco de Respuesta Integral para los Refugiados.

El Alto Comisionado conversó con algunas de las personas que han encontrado un nuevo hogar. “Estamos confundidos, porque allí no hay paz. Nos iríamos a casa si hay paz”, dijo Sarah Utua, una mujer de 24 años que caminó durante seis semanas con sus padres y dos hijos para huir de los combates cerca de su hogar. “La gente quiere volver a casa. Pido una vez más a los líderes de Sudán del Sur, ‘por favor hagan las paces’”, dijo Grandi que se emocionó con la historia de un hombre que ha tenido que refugiarse en Uganda en cuatro ocasiones durante su vida.

Yousto and I are the same age. But he is a refugee in Uganda for the fourth time. Yet, he still smiles and says he wants to return to South Sudan, once again, when peace comes. Respect!

“Quiero regresar y asegurarme de que mis huesos reposan allí. Esta es la cuarta vez que soy un refugiado. Uganda ha sido buena conmigo, pero yo quiero regresar”, explicó Lasuba Yousto.


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Nuevas actividades del LRA o ejército de resistencia del Señor

Terminar con Kony

 

Por Chema Caballero

 

En las vísperas de la última cumbre de la Unión Africana (UA), celebrada en Adís Abeba, Etiopía, del 22 al 31 de enero, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, pidió una reunión de los líderes regionales para coordinar operaciones militares que terminasen con lo que queda del una vez poderoso Ejercito de Resistencia del Señor (LRA), liderado por Joseph Kony.

Después de un periodo en el que prácticamente no se tenían noticias de actividades del grupo, en junio de 2016 se experimentó un fuerte incremento de las operaciones del LRA en la República Centroafricana (RCA), donde según el informe del Representante Especial y Director de la Oficina de Naciones Unidas para África Central (UNOCA), Abdoulaye Bathily, para el Consejo de Seguridad de la ONU, el grupo terrorista estaría actuando en nuevas áreas y llevando a cabo secuestros masivos de niñas y niños para ser utilizados como soldados.

De la lectura de este documento se aprende que aunque el LRA no esté en el momento más álgido de su actividad, las operaciones del grupo han ido en aumento desde principios de 2016, especialmente en la zona sureste de la RCA.

Paralelamente, la ONG Invisible Children informaba de que los secuestros de personas también se estaban produciendo en la República Democrática de Congo (RDC). Datos similares se encuentran en los informes de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA).

Toda esta información pueden haber llevado a la desesperación a los líderes regionales que, a pesar del fuerte esfuerzo que están haciendo para terminar con Kony y el LRA en sus respectivos países, no consiguen lanzar la acción definitiva que ponga fin a las actividades de estos. Mientras, la población civil sigue siendo la víctima principal de las fechorías de este grupo.

Haciéndose eco de esta frustración, expresada principalmente por el presidente Museveni,  el Comisario de la Unión Africana para la Paz y la Seguridad, Smail Chergui, ha afirmado que la situación humanitaria en las zonas donde opera el LRA ha empeorado a pesar de los esfuerzos hechos para eliminar a este grupo. También ha declarado que el LRA estaría reducido a entre 150 y 200 hombres, incluyendo a los familiares que acompañan a los combatientes. Los guerrilleros serían unos 120 y se mueven entre la RDC, RCA, Sudán y Sudán del Sur. Pero su centro principal estaría en la selva de Garamba, en la RDC, donde cazan animales para vender el marfil y asaltan a mineros para robarles el oro y otros minerales, con lo que consiguen financiarse. Impidiendo así, que las comunidades de la zona puedan llevar a cabo su actividades diarias.

Por ejemplo, se acusa a este grupo de estar detrás del desplazamiento forzoso de muchas personas desde Sudán del Sur a Uganda, debido a los ataques sufridos, causando una seria crisis humanitaria.

De confirmarse estas informaciones, el LRA, que una vez tuvo en vilo a los ejércitos de la zona se habría visto reducido a un grupo de bandoleros.

La reunión solicitada por Museveni  finalmente tuvo lugar el día 27 de enero, y además de él participaron el presidente de la RCA, Faustin-Archange Touadéra, el de Sudán del Sur, Salva Kiir, y ministros de la RDC y Sudán, junto a representantes de Naciones Unidas, la Unión Europea, los Estados Unidos y la Unión Africana. En ella, el presidente ugandés invitó a todos los involucrados en la lucha contra el LRA a comprometerse y permitir que los ejércitos de los distintos países colaboren y elaboren conjuntamente un plan para eliminar los restos del grupo y poner fin al sufrimientos de la población civil.

Esta iniciativa no es nueva. En 2008-2009 ya hubo una operación conjunta de las fuerzas armadas de Uganda, RDC y Sudán del Sur, conocida como Operation Lightning Thunder, o la ofensiva de Garamba, para terminar con el LRA. El operativo contó con asistencia financiera y logística (teléfonos satélites, combustible e información) facilitada por los Estados Unidos, específicamente para esta misión, al ejército ugandés.

A principios de 2009, el LRA parecía acabado, se habían cortado sus suministros de comida y había comenzado su desbandada hacia la RCA, donde las fuerzas armadas de este país les esperaban.

En marzo del mismo año, sin previo aviso, Uganda terminó de forma repentina su participación en la operación. Se esperaba que al menos las tropas congoleñas asumiesen entonces el liderazgo de la operación. Pero estas, pobremente organizadas y entrenadas, no consiguieron terminar con los rebeldes que se dividieron en pequeños grupos y atacaron a las poblaciones de la zona. Nadie pudo explicar la retirada repentina de Uganda.

El presidente de RCA recordó la operación y dijo que fue a partir de ella cuando el LRA se dividió en pequeños grupos que han estado desde entonces, más o menos, activos en RCA, RDC, Sudán del Sur y Sudán. También recordó a los allí reunidos que el actual embargo de armas que pesa sobre su país hace imposible que su ejército luche de forma efectiva contra ellos.

Los otros asistentes tampoco fueron muy claros sobre su posición respecto al asunto. Se concluyó que el ministro de la RDC hablase con el presidente Kabila para explorar las posibilidades de una colaboración de las fuerzas de los países de la región en la selva de Garamba.

Por su parte Museveni ha pedido a la comunidad internacional que apoye esta fuerza internacional que busca terminar con el grupo terrorista. En particular ha pedido helicópteros, traslados aéreos, apoyo logístico e infraestructura.

A pesar de la actual debilidad del LRA que ya no se atreve a atacar tropas, como solía hacer en el pasado, y se conforma con molestar a la población civil, y del interés mostrado por el presidente de Uganda, de la reunión no parece haber salido un claro compromiso de lucha contra el grupo terrorista.

A pesar de que la mayoría de los informes apunten a que en Garamba sigue estando la fuerza del LRA, no está tan claro. Algunos analistas apuntan a que el grupo está dividido en pequeños grupúsculos sin comunicación entre ellos, diseminados por Darfur, en Sudán, RDC y RCA. Se piensa que Joseph Kony, enfermo o deprimido, estaría refugiado en la zona de Darfur y que ya no controlaría el grupo. Muchos de los antiguos seguidores del líder guerrilleros habrían desertado, la mayoría de los comandantes rebeldes cercanos a Kony habrían muerto o se habrían rendido a la justicia, como es el caso de Dominic Ongwen, y los pocos fieles al antiguo líder habrían abandonado el proyecto inicial del grupo -derrotar al Gobierno ugandés y establecer una república basada en los diez mandamientos de la Biblia- concentrando sus esfuerzos en seguir vivos a costa de acosar a civiles residentes en las zonas cercanas a sus campamentos.

La verdadera pregunta que hay que hacerse en este momento es cuál es el auténtico interés de Uganda, y en especial de su presidente, por terminar ahora con el LRA si cuando tuvo la oportunidad en 2009 no quiso hacerlo.

No ha quedado claro. Es quizás esta ambigüedad la que ha impedido que los otros países de la zona no se hayan comprometido abiertamente con la propuesta de Museveni.


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El sistema BIA de escuelas privadas en Africa.

africaNegocios con las necesidades de los más pobres

  • Chema Caballero    Por Chema Caballero

 

Uganda ha ordenado el cierre de 63 escuelas primarias y guarderías operadas por Bridge International Academies (BIA), una controvertida cadena de colegios con fines lucrativos que ofrece educación estandarizada, basada en unos programas fijados en unas tabletas con acceso a internet que los profesores tienen que seguir al pie de la letra, en países en desarrollo.

Esta noticia no tendría una gran importancia para nosotros si no fuera porque esta compañía está implementándose poco a poco en diversos países africanos.Justo hace un mes, veíamos que Liberia había firmado un acuerdo con BIA por el que, durante el curso que está a punto de comenzar, esta gestionará 50 escuelas públicas en lo que es el primer paso hacia la privatización de la enseñanza en el país. El proyecto contempla que para 2020, el total de las escuelas primarias liberianas estén en manos de compañías privadas, siendo BIA la favorita para quedarse con la inmensa mayoría de ellas.

Según anuncia en su propia página, la compañía estadounidense tiene en la actualidad 100.000 alumnos en sus más de 400 escuelas, la mayoría de las cuales están en Kenia y Uganda. Pero su intención es llegar a los 10 millones de estudiantes en una docena de países en África y Asia para 2025 trabajando, principalmente, con familias de bajos ingresos. Siempre según la información que la compañía ofrece en su página, entre sus inversores se encuentran Bill Gates, Mark Zuckerburg, el Banco Mundial y los gobiernos de Estado Unidos y Reino Unido.

Bridge International Academies usa un modelo de escuelas low-cost que no necesita profesores formados ya que todo el material necesario está en las tabletas que utilizan los alumnos y basta con seguir, palabra por palabra, lo allí establecido. Las tabletas también sirven para controlar al profesorado y su actuación y rendimiento. Además, la compañía tiene su propio plan de estudios, que es distinto al que se suele seguir en los países en los que opera, y que está orientado más a recortar gastos que a proporcionar a los alumnos un entorno apropiado para el aprendizaje.

El pasado 17 de agosto, durante una comparecencia en el Parlamento, la Ministra de Educación ugandesa (y esposa del presidente de Uganda), Janet Museveni, confirmaba los rumores de que la inspección llevada a cabo en las escuelas de BIA revelaba graves carencias en las infraestructuras, la higiene y el saneamiento, lo que, según afirmó la ministra, “pone en peligro la vida y seguridad de los alumnos”. También anunció que solo una de las escuelas había llevado a cabo todos los trámites burocráticos necesarios para su aprobación por el gobierno.

Resulta muy curioso que los programas de Bridge International Academies hayan sido loados, en diversas ocasiones, como una solución audaz para llevar la educación a los niños y las niñas más pobres de África y Asia, por ejemplo por periódicos tan prestigiosos como el británico The Independent.

Pero también es verdad que sindicatos de profesores en los países afectados y otras instituciones han acusado a BIA de contratar a maestros no cualificados, a los que se les obliga a recitar cada página del programa según aparece en las tabletas, sin lugar a la iniciativa personal, y que reciben salarios mínimos (justo alegando la falta de cualificación). También han lanzado acusaciones sobre el uso de instalaciones de mala calidad para mantener los bajos costes de la educación low cost. Otros también critican que la compañía promueve la privatización y externalización de la educación. En línea con esto, el año pasado más de 100 organizaciones de Kenia y Uganda firmaron una declaración criticando el apoyo del Banco Mundial a Bridge International.

La respuesta de BIA ha sido de manual. En un comunicado, publicado nada más hacerse públicos los rumores sobre los malos resultados de las inspecciones llevadas a cabo en sus escuelas, declaró sentirse consternada por “la amenaza de forzar a a 12.000 alumnos a quedarse sin escuela y a 800 ugandeses sin trabajo”. Al mismo tiempo, anunciaba que estaba esperando a que se le permitiese revisar los informes de la inspección de los que hablaba la ministra Museveni.

Esta anunció que las escuelas serán cerradas al final del curso académico, en septiembre, y permanecerán cerradas hasta que cumplan con los requisitos demandados por su Ministerio.

Lo preocupante de esta noticia es que pone de relieve que el modelo de privatización que se está imponiendo en África, como todo negocio privado, busca los beneficios económicos y no el bien de los alumnos y las alumnas. Se juega con una necesidad básica de gran parte de la población más pobre del planeta.

Estamos ante un plan impulsado por los poderes económicos internacionales, liderados por el Banco Mundial y sus instituciones. Organismos contra los que es muy difícil luchar y que están empeñados en convertir en negocio cualquier servicio público. Esto pone de relieve el hecho, que llevamos tiempo denunciando en estas páginas, de que la educación se ha convertido en la última gran oportunidad para que el sector privado pueda producir dinero para sí mismo.

A medida que suben las tasas de escolarización en el continente africano, más apetecible se vuelve y más posibilidades de negocio se ven en este sector. En las últimas décadas muchos países africanos han logrado la plena escolarización de su población a nivel de educación primaria. Las cifras no son tan buenas en niveles secundarios o terciarios. Por eso, las empresas privadas se centran en este segmento de la educación y, por el momento, dejan de lado los otros.

Aquí también entra en juego la incapacidad de muchos países africanos para garantizar una plaza en la educación pública a todos los menores en edad escolar, dejando a la iniciativa privada llenar este vacío. Tampoco estos gobiernos están haciendo esfuerzos suficientes para que las enseñanzas recibidas por las alumnas y los alumnos sea de calidad.

Aunque las familias del continente parecen tener cada vez más claro que es necesario invertir en la educación de sus hijas e hijos, los gobiernos no están destinando recursos suficientes a este fin, por lo que a esas le resulta muy difícil cumplir con esta aspiración.

La falta de inversión en educación por parte de muchos de los gobiernos africanos es la que propicia la entrada de las empresas privadas en el sector que, como en el caso de BIA, están destinadas a los segmentos de población más pobres del país. Por una tasa de seis euros al mes se da la apariencia de estar consiguiendo una educación de calidad, cuando en realidad se recorta en la cualificación de los profesores y en las instalaciones, como ha puesto de relieve la inspección llevada a cabo por el Ministerio de Educación de Uganda, para conseguir ganancias, que, al fin de cuentas, es lo único que interesa a estas empresas.

En Uganda por el momento se han parado a estas empresas, aunque tendremos que estar pendientes de cómo evoluciona el caso, porque es fácil que se arregle “de forma privada” (con algún intercambio de dinero y algunas vagas promesas de mejoras). Pero con ello no se acaba el problema. Estos negocios crecen rápidamente en el continente sin encontrar, aparentemente, ningún obstáculo y con el beneplácito de los gobiernos, como vimos en el caso de Liberia, e impulsados por las instituciones internacionales.


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Profunda crisis en Uganda

Uganda: ¿una “democracia militarizada”?

Ha pasado casi un mes desde que se celebraron las elecciones presidenciales en Uganda; la situación de tensión política sigue flagelando el país. Varios partidos de la oposición han rechazado los resultados de las elecciones y han iniciado un proceso judicial para anularlos. Las organizaciones para la defensa de los derechos humanos y los observadores internacionales han denunciado numerosas irregularidades durante el proceso electoral. Y Yoweri Museveni, el presidente desde hace 30 años, continúa desestimando todas las acusaciones. A pesar del descontento de muchos ugandeses, todavía no se han producido protestas importantes; tienen miedo de las posibles represalias del Gobierno.

 

Por Pablo Moraga desde Kampala, Uganda.

 

El 18 de febrero se celebraron las elecciones presidenciales en Uganda. Yoweri Museveni ―el presidente del país desde hace 30 años― volvió a ganar, en esta ocasión con el 60,62 por ciento de los votos. Kizza Besigye, su rival más popular, obtuvo el 35,61 por ciento de los votos.

Las organizaciones para la defensa de los derechos humanos, los observadores internacionales, varios diplomáticos extranjeros en Uganda y los partidos de la oposición han denunciado numerosas irregularidades durante todo el proceso electoral: se encontraron papeletas manipuladas, votos comprados, la entrega del material electoral con varias horas de retraso en los lugares donde la oposición es más popular, un ambiente de intimidación para los miembros y los votantes de la oposición…

Kizza Besigye dijo que éstas han sido las “elecciones más fraudulentas” de la historia de Uganda. “Los resultados electorales han sido manipulados y el Gobierno está haciendo todo lo posible para silenciarme. Es el momento de hacer valer nuestros derechos y luchar”, escribió. De esta forma animaba a sus seguidores a acompañarlo durante una caminata hacia la sede de la Comisión Electoral el 22 de febrero; la policía lo detuvo y, desde entonces, permanece bajo arresto domiciliario. “Hasta que Besigye no retire sus declaraciones de desafío y de incitación a la violencia, la policía continuará regulando y vigilando de cerca sus movimientos para que no represente un peligro para la paz pública y la seguridad nacional”, explicó en una nota de prensa Kale Kayihura, el Inspector General de la Policía. La comunidad internacional y las organizaciones para la defensa de los derechos humanos han condenado su detención.

Amama Mbabazi ―el líder del partido de la oposición GoForward, antiguo primer ministro y ex secretario general del partido de Museveni― ha presentado una querella judicial para anular los resultados electorales. Según Mbabazi y sus abogados, “la Comisión Electoral ha falsificado los resultados de una forma deplorable”. Tanto Besigye como Mbabazi afirman que, en realidad, Mueveni no ha ganado estas elecciones. Está previsto que el Tribunal Supremo de Uganda dictamine una sentencia definitiva en menos de un mes.

 

 

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La policía vigila a los seguidores de Yoweri Museveni durante el último mitin de su campaña electoral, en Kampala / Pablo Moraga

 

 

Cuando se anunciaron los resultados electorales no hubo celebraciones espontáneas. Las carreteras de Kampala, la capital de Uganda, permanecieron vacías durante varias horas y muy pocos se atrevieron a abrir sus tiendas. El Gobierno había bloqueado sin avisar las redes de cobertura de internet para móviles. Los militares y la policía patrullaban todas las calles, a pie o con vehículos; se desplegaron más de 150.000 agentes de seguridad por todo el país.

“La campaña electoral de Museveni ha estado centrada en provocar el terror en el corazón de las personas”, explicó la periodista Grace Natabaalo. “[Museveni] insiste en que, si votas a la oposición, va a pasar algo malo. Que sólo él puede garantizar nuestra seguridad. Así que muchos ugandeses tienen miedo por las elecciones”. El Gobierno ha dicho en varias ocasiones que actuará con rotundidad si se ejecutan manifestaciones para protestar contra los resultados electorales. El 22 de febrero, Yoweri Museveni aseguró que se utilizarán “métodos duros y métodos blandos” para acabar con “todos aquellos que intenten desestabilizar la paz en Uganda”. Kizza Besigye continúa bajo arresto domiciliario y sus seguidores parecen hacer oídos sordos a los mensajes de su partido en las redes sociales. “Claro que estoy enfadado ―dijo Charles, 26 años, un vendedor de ropa de segunda mano―, pero tengo que trabajar y conseguir dinero para mis hijos y para mi mujer. Si me pongo a protestar, no hay dinero, y además tengo muy claro que el ejército podría matarme”.

Durante este año, la policía de Uganda ha detenido a 27 periodistas; y al menos 36 recibieron amenazas y agresiones. La mayoría fueron puestos en libertad sin cargos al poco tiempo. La policía los acusó de “incitar a la violencia” y “obstruir a los agentes de seguridad y desobedecer sus órdenes”. “Nuestro único delito fue tener el valor para contar las historias tal y como son”, respondió la periodista Remmy Bahati. Bahati fue detenida en los alrededores de la casa de Besigye mientras emitía para la NBS, una cadena de televisión local: los telespectadores pudieron ver en directo cómo su arresto fue totalmente ilícito. “Parece que las autoridades no quieren que la gente sepa qué ocurrió durante las elecciones”, dijo Diana Nandunu, del grupo Human Rights Network for Journalists – Uganda. “Probablemente la policía continuará deteniendo y golpeando a los periodistas porque no quieren que la verdad salga a la luz”, dijo el periodista Charles Odongtho.

Human Right Watch denunció los acosos que han recibido los periodistas ugandeses lejos de la capital y otras ciudades grandes ―sobre todo los trabajadores de las radios que emiten en idiomas locales― durante la campaña electoral. De acuerdo con HRW, estos periodistas recibieron amenazas, sobornos y algunos fueron despedidos después de entrevistar a miembros de la oposición o emitir comentarios críticos hacia el partido de Museveni.

Hasta ahora Yoweri Museveni ha rechazado todas las críticas. “Los candidatos de la oposición no son más que unos demagogos mentirosos, siempre hablando y hablando”, dijo. También ha desestimado las advertencias y las sugerencias de la comunidad internacional. “No necesito lecciones de nadie”, dijo.

“No creo que la oposición haya ganado estas elecciones. Pero tampoco creo que Museveni consiguiera más del sesenta por ciento de los votos”, dijo Charles Odongtho. Yoweri Museveni todavía cuenta con el apoyo de los votantes en las zonas rurales ―donde viven más del 84 por ciento de los ugandeses―; sus seguidores ven en él una figura paterna: “Es el único presidente de la historia de Uganda que ha conseguido traernos la paz”, aseguró Cristina, una mujer de Kilembe, un pueblo con unos pocos centenares de habitantes en el suroeste de Uganda.

 

 

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La policía acordonó los alrededores de la comisaría de Naggalama e impidió el acceso a los periodistas; Kizza Besigye, el candidato para la presidencia de Uganda más popular de la oposición, permanecía detenido en su interior / Pablo Moraga

 

 

Yoweri Museveni llegó al poder mediante un golpe de estado en el año 1986. Los ugandeses y la comunidad internacional lo recibieron con optimismo. Museveni prometió poner fin a la violencia que habían perpetrado los gobiernos anteriores; aseguró a los ciudadanos “un futuro pacífico, democrático, libre de corrupción y con todos los servicios básicos y oportunidades económicas”. En los últimos años Uganda se ha convertido en una de las economías africanas más fuertes. A pesar de que el porcentaje de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza ha disminuido notablementedel 56,4 por ciento en 1992/93 al 19,7 por ciento en 2012/13, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, algunos economistas han advertido que la desigualdad es cada vez mayor, más del 60 por ciento de la población urbana vive en slums, la tasa de desempleo juvenil es una de las más elevadas de África y, en las regiones del norte de Uganda, el 74 por ciento de las familias tienen dificultades para conseguir alimentos suficientes.

“No creo que el silencio de los ugandeses sea un signo de apatía o de resignación. Hay algo siniestro en todo esto. La paz que tenemos es muy dudosa. Podría pasar cualquier cosa”, dijo el abogado Busingye Kabumba durante una reunión del African Centre for Media Excellence (ACME) en Kampala. En algunas zonas rurales ―como en Mbale o en Bundibugyo― han surgido varios brotes de violencia presuntamente relacionados con los resultados electorales. Los asaltantes quemaron cabañas e hirieron y mataron a varias personas con palos y machetes. En Bundibugyo más de 10.000 personas abandonaron sus hogares y se refugiaron en iglesias y en escuelas. No se conocen demasiados detalles sobre lo ocurrido; los medios de comunicación ugandeses han publicado cifras de muertos y heridos diferentes y la policía no ha divulgado los resultados de sus investigaciones. “¿Cómo podríamos llamar a este sistema? ¿Una democracia militarizada? Es una mezcla extraña de democracia y dictadura. Encuentro demasiadas contradicciones”, dijo Kabumba. “¿Por cuánto tiempo el Gobierno podrá mantener esta situación…?”.


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Uganda: Museveni de nuevo presidente.

Elecciones en Uganda: Yoweri Museveni vuelve a ganar las elecciones

Por Pablo Moraga

Después de 30 años en el poder, Yoweri Museveni vuelve a ganar las elecciones en Uganda. Los observadores internacionales, la oposición y las organizaciones para la defensa de los derechos humanos han denunciado irregularidades durante el proceso electoral. Kizza Besigye, uno de los candidatos para la presidencia más populares, ha rechazado los resultados: “denunciaremos esta estafa electoral negando nuestra colaboración y nuestro reconocimiento del régimen”, dice. Las calles de Kampala permanecieron vacías durante varias horas; muchos ciudadanos tienen miedo de nuevos disturbios.

KAMPALA, Uganda – Hace días que los servicios de limpieza no funcionan; esta mañana, la basura se acumulaba en las aceras del centro de Kampala, la capital y la ciudad más poblada de Uganda. La mayoría de las tiendas estaban cerradas. Sólo quedaban unos pocos vendedores callejeros que extendían sobre el suelo sus productos: sandalias, trapos, cebollas, tomates, mangos… Muchas personas habían huido a sus pueblos o permanecían encerradas en sus hogares: todos temían nuevos disturbios. La policía y los militares continuaban patrullando las calles a pie o con vehículos. Un helicóptero sobrevolaba la capital a una altura muy baja. Las redes de cobertura de internet para móviles seguían bloqueadas. “Estamos oyendo continuamente las sirenas de los coches de los policías, y a veces los vemos cruzando las calles a toda prisa, pero no sabemos adónde se dirigen”, dijo Brenda, una estudiante de 20 años, desde su casa en el norte de Kampala, donde permanecía junto a sus familiares.

Kizza Besigye, uno de los candidatos para la presidencia de Uganda más populares, permanecía retenido por la policía dentro de su casa. La policía también había bloqueado las carreteras cercanas e impedía el acceso a los ciudadanos, a los periodistas y a los abogados. Besigye ha sido arrestado en cuatro ocasiones a lo largo de esta semana. Durante los días anteriores, sus seguidores organizaron numerosas protestas por todo el país y las fuerzas de seguridad respondieron disparando gases lacrimógenos, cañones de agua y pelotas de goma. El pasado lunes, al menos una persona murió durante los disturbios en Kampala, la capital del país. En Kasese, una ciudad en el sureste de Uganda, la policía disparó contra los manifestantes con munición real.

Al mismo tiempo, la Misión de Observadores de la Unión Europea comenzaba una rueda de prensa en el hotel Sheraton de Kampala. El jefe de la misión, Eduard Kukan, condenó el arresto de Besigye y su equipo: “la irrupción de la policía en la sede del FDC [el Forum for Democratic Change, el partido liderado por Besigye] y el uso arbitrario de su fuerza son inaceptables”, dijo. “El partido en el poder, el National Resistance Movement, ha creado un ambiente de intimidación para los candidatos de la oposición y sus seguidores”, añadió. “Hemos observado intimidaciones, acosos y arrestos contra los partidarios de la oposición en más de 20 distritos. […] El Gobierno no ha implementado las recomendaciones que sugerimos tras las elecciones de 2011”. Al terminar, Kukan recomendó al Gobierno, a los partidos de la oposición y a los ciudadanos “un diálogo pacífico” para llegar a acuerdos.

A las cuatro de la tarde, Badru Kiggundu, el jefe de la Comisión Electoral de Uganda, anunció a los medios de comunicación los resultados oficiales de las elecciones: Yoweri Museveni volvió a ganar con el 60,7 por ciento de los votos; Besigye recibió el 35,37 por ciento de los votos; Amama Mbabazi, tan sólo el 1,43 por ciento. Inmediatamente después, Besigye rechazó estos resultados mediante un comunicado de prensa y pidió el apoyo de la comunidad internacional y del pueblo de Uganda. “Permaneced en alerta ―escribió―. La lucha será larga y dura, pero, al final, ganaremos si somos pacientes y firmes. El régimen no podrá sobrevivir sin nuestra cooperación. Denunciaremos esta estafa electoral negando nuestra colaboración y nuestro reconocimiento del régimen”.

Altos cargos del Ejército y varios miembros del National Resistance Movement, así como propio Museveni, advertieron a los ciudadanos durante la campaña electoral que las fuerzas de seguridad actuarán con rotundidad si durante las próximas semanas se ejecutan manifestaciones para protestar contra los resultados electorales.

Durante al menos dos horas, las calles de Kampala permanecieron prácticamente vacías. Apenas si circulaban personas; tan sólo la policía y los militares patrullaban las calles. Pero a partir de las seis de la tarde, los bodaboda ―moto-taxis― y los taxis ―furgonetas de tránsito de pasajeros― comenzaron a inundar lentamente Namirembe Road y otras calles del centro. “Sí, claro que tengo un poco de miedo, pero qué voy a hacer, tengo que trabajar”, dijo Vincent mientras esperaba a algún cliente recostado sobre su motocicleta. Esther, una vendedora callejera con 40 años, parecía contenta: ella había votado a Museveni. “No tengo miedo. Sólo los delincuentes deberían tener miedo”, dijo. Después, siguió colocando sus tomates y sus cebollas en el suelo, sobre un trozo de tela muy sucio. Como siempre. Como todos los días.

Yoweri Museveni y su ejército de resistencia accedieron al poder mediante un golpe de estado en 1986. Los ugandeses y la comunidad internacional los recibieron con optimismo; Museveni dijo que lucharía para conseguir “restablecer un régimen democrático, una constitución y la reconstrucción económica del país, así como servicios básicos y oportunidades para todos los ciudadanos”. Sin embargo, los partidos políticos de la oposición no pudieron presentar sus candidaturas en las elecciones nacionales hasta el año 2006. 30 años después, Museveni continúa siendo el presidente de Uganda. Las organizaciones para la defensa de los derechos humanos y los partidos de la oposición han denunciando numerosas irregularidades durante estas elecciones.


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Uganda: cómo se ha votado?

Elecciones en Uganda: los ciudadanos tienen miedo

Por Pablo Moraga, desde Kampala

 

Ayer se celebraron las elecciones presidenciales en Uganda. Yoweri Museveni, después de 30 años en el poder, nunca había tenido unos rivales tan fuertes, pero todas las encuestas indican que volverá a ganar Los resultados se publicarán a lo largo del sábado. Según datos provisionales, por el momento Museveni gana con más del 60 por ciento de los votos, aunque todavía falta por escrutar la mayoría de las comisarías. Hace tan sólo tres días murió una persona y hubo decenas de heridos durante unas protestas de apoyo a uno de los candidatos presidenciales de la oposición; la policía respondió disparando gases lacrimógenos, balas de goma y cañones de agua. Los ugandeses esperan fuertes disturbios durante los próximos días.

Jackson tiene 23 años y vive en la casa de su madre y sus siete hermanos en Kosovo, un barrio pequeño y pobre en las afueras de Kampala, la capital de Uganda. Se ha levantado temprano, a las seis de la mañana, como todos los días. Ahora prepara tortas de harina de trigo ―chapatis―; más tarde intentará venderlas en un costado de la carretera.

―¿Quién crees que ganará las próximas elecciones?

―Museveni ―responde Jackson.

―¿Te gusta Museveni?

―No.

―¿Entonces por qué dices que Museveni va a ganar?

―Porque es así: va a ganar…

Es cerca del mediodía, y en la carretera polvorienta, sin asfaltar, apenas pasan unos pocos vehículos. El sol está caliente y hace días que no llueve; las motocicletas y los coches levantan nubes de arena color naranja.

―¿Vas a votar?

―No, no puedo. Me voy a quedar aquí, trabajando. Es que no tengo dinero para viajar a mi pueblo…

Otros ugandeses han decidido quedarse en casa durante todo el día. Tienen miedo por los posibles disturbios. Momo ―22 años― no irá a votar, y tampoco abrirá la peluquería donde trabaja: “puede ser demasiado peligroso”, dice. Varias personas ―como Linda, 27 años, una profesora de infantil― admitieron que han estado almacenando alimentos en sus casas durante las últimas semanas, y los barrios más caros de Kampala están prácticamente vacíos: muchos han huido a otros países. Altos cargos del Ejército y varios miembros del Gobierno, así como el propio Yoweri Museveni, el presidente del país, han advertido a los ciudadanos que las fuerzas de seguridad actuarán con rotundidad si se ejecutan manifestaciones para protestar contra los resultados electorales. El lunes, al menos una persona murió y hubo decenas de heridos durante una protesta de apoyo al candidato presidencial Kizza Besigye, que permanecía retenido por la policía dentro de su vehículo; la policía respondió disparando con gases lacrimógenos, pelotas de goma y cañones de agua.

 

 

Propaganda del National Resistance Movement, el partido liderado por Yoweri Museveni / Foto: Pablo Moraga
Propaganda del National Resistance Movement, el partido liderado por Yoweri Museveni / Foto: Pablo Moraga

 

 

“La campaña electoral de Museveni ha estado enfocada para provocar el terror en el corazón de las personas. Hace unos días, Museveni dijo que votar a la oposición es como suicidarse. Insiste en que, si votas a la oposición, va a pasar algo malo. Que sólo él puede garantizar nuestra seguridad. Así que muchos ugandeses tienen miedo de las elecciones”, dice la periodista local Grace Natabaalo. “Además, se ha extendido la opinión de que votar es una pérdida de tiempo. Piensan que Museveni va a ganar hagan lo que hagan. Los ugandeses ya no creen en el proceso electoral”.

La Comisión Electoral de Uganda esperaba cerrar las urnas a las cuatro de la tarde. Sin embargo, el material electoral llegó con varias horas de retraso en numerosos puntos y algunas comisarías permanecieron abiertas hasta las siete. Estos retrasos provocaron aglomeraciones y varias protestas. La policía ha lanzando gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes y ha anulado los votos en esos lugares.

El Gobierno ha desplegado más de 150.000 agentes de seguridad por todo el país y ha bloqueado sin previo aviso las redes de internet para móviles. Yoweri Museveni dijo a los medios de comunicación que decidieron bloquear las redes de cobertura para internet por motivos de seguridad. “Hay algunas personas que utilizan mal estos medios y dicen mentiras. Si quieren derechos, tendrán que utilizarlos correctamente”, dijo. Según Amnistía Internacional, el bloqueo es “una violación evidente de los derechos fundamentales de los ugandeses para expresarse con libertad y buscar y recibir información”. El Consejo para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas también ha condenado el bloqueo.

El ejecutivo también ha reunido a más de 11 millones de ciudadanos ―Crime Preventers― entrenados por la policía para informar a las autoridades de posibles delitos. De acuerdo con varias organizaciones para la defensa de los derechos humanos, “hay pruebas suficientes para afirmar que es un grupo dirigido, sobre todo, para intimidar a los votantes y reducir el apoyo a los partidos de la oposición”. El Gobierno ha rechazado estas acusaciones y, a su vez, ha denunciado la creación de otros grupos por parte de la oposición, como el grupo Power 10, de Kizza Besigye.

Ayer al anochecer, la policía volvió a detener a Kizza Besigye. Besigye y su equipo pretendían acceder a una casa en Naguru, en Kampala; tenían sospechas de que la policía y el ejército estaban manipulando las papeletas en su interior. Más tarde fue puesto en libertad sin cargos. La policía no ha iniciado ninguna investigación para comprobar si los rumores de la manipulación de las papeletas son ciertos.

Las urnas deberían haber estado abiertas desde las siete de la mañana. Sin embargo, de acuerdo con Citizens Election Observers Network – Uganda (CEON-U), el 41 por ciento de los centros de todo el país abrieron después de las ocho. En Kampala y en los alrededores, el material electoral llegó a las comisarías con varias horas de retraso. En una comisaría de Ggaba, en Kampala, cientos de personas esperaron durante siete horas la apertura de las urnas. Solamente llegaron las papeletas para elegir a los miembros del parlamento; los votantes comenzaron a manifestarse y a lanzar las urnas y la policía disparó gases lacrimógenos. El director del Commonwealth Observer Group, Olusegun Obasanjo, dijo a AFP que “los retrasos de tres, cuatro, cinco y hasta seis horas, son absolutamente inexcusables y no inspiran confianza en el proceso electoral”.

Yoweri Museveni y su ejército de resistencia accedieron al poder mediante un golpe de estado en 1986 y prometieron poner fin a los desórdenes y las matanzas que habían perpetrado los dirigentes anteriores. Los ugandeses y la comunidad internacional los recibieron con optimismo; Museveni dijo que lucharía para conseguir “restablecer un régimen democrático, una constitución y la reconstrucción económica del país, así como servicios básicos y oportunidades para todos los ciudadanos”.

Los partidos políticos de la oposición no pudieron presentar sus candidaturas en las elecciones nacionales hasta el año 2006 y, 30 años después, Museveni continúa siendo el presidente de Uganda. Las organizaciones para la defensa de los derechos humanos y los partidos de la oposición denunciaron numerosas irregularidades durante las elecciones de 2006 y 2011.

A pesar de la popularidad de algunos de sus oponentes ―con Kizza Besigye a la cabeza―, todas las encuestas señalan que Museveni volverá a ganar las elecciones. Besigye y otros candidatos para la presidencia han anunciado que organizarán protestas si se descubren nuevas irregularidades durante el proceso electoral.