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El encuentro de S.Juan Pablo II con Pinochet. Qué sucedió?

Un Papa vuelve a la Moneda después del “balconazo” de Pinochet

Durante la visita de Juan Pablo II, hace 31 años, el dictador chileno con una estrategia consiguió fotografiarse en el balcón al lado del Pontífice que no quería

Juan Pablo II y el dictador Augusto Pinochet en la conocida y polémica foto conocida como el “balconazo”

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Pubblicato il 15/01/2018
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A SANTIAGO DE CHILE

La mañana del martes 16 de enero, dentro de pocas horas, el Papa Francisco cruzará las puertas del Palacio presidencial de la Moneda de Santiago de Chile. Lugar de la muerte del presidente Salvador Allende, convertido después en residencia del dictador Augusto Pinochet. Será la primera vez que un Papa entra en ese edificio tras el famoso y discutido episodio del “balconazo” de hace 31 años, cuando con una estrategia Pinochet consiguió – fuera del protocolo y del programa acordado – asomarse al balcón junto a Juan Pablo II.

 

Desde su llegada al aeropuerto de Santiago, el 1 de abril de 1987, en presencia del dictador, el Papa Wojtyla habló de la “inalienable dignidad del ser humano”. Y pocas horas después, a los pies de un gran monumento mariano, dijo que bendecía especialmente a las “poblaciones marginadas” y a “aquellos que han sufrido las consecuencias de la violencia”. La diplomacia vaticana había acordado tres encuentros con Pinochet, que temía la visita del Pontífice polaco por las posibles reacciones populares contra la dictadura: la bienvenida en el aeropuerto, el encuentro oficial en la Moneda, el saludo a su salida del país. Pinochet, que habría querido estar mucho más presente al lado del Papa acompañándolo a todos los eventos presentes en la agenda, intentó impedir –en vano– que éste encontrara a los exponentes políticos de la oposición y estudió el modo de obtener una extraordinaria “photo opportunity”.

 

El organizador de los viajes papales era en esa época el jesuita padre Roberto Tucci, que después fue cardenal. La visita de cortesía al jefe del Estado chileno estaba prevista a las 9 de la mañana del 2 de abril y el protocolo preveía una breve reunión privada, seguida por un saludo a los familiares del dictador. El régimen había secretamente ideado un guión diferente. Antes del amanecer, cerca de 7.000 simpatizantes de Pinochet fueron llevados a la plaza ante el Palacio de la Moneda, y comenzaron a gritar que querían ver al Papa. El programa, que debía durar menos de media hora, se alargó de tal modo que las voces crecieron al grito de: “¡Juan Pablo II te quiere todo el mundo!”. Al final del encuentro con Pinochet, hicieron salir al Papa Wojtyla por una puerta diferente respecto a la que había sido acordada con los organizadores vaticanos de tal modo que se encontró ante una espesa cortina negra. El dictador se giró al Papa diciéndole: “Santidad, fuera la gente quiere saludarle y verle. Esperan su bendición”.

 

En aquel preciso instante los agregados militares hicieron correr la cortina y abrieron la ventana del balcón central del palacio presidencial, que se asomaba sobre la plaza en fiesta. Juan Pablo se quedó mudó al sentirse traicionado pero obviamente se asomó a saludar a la gente que lo aclamaba. El evento es conocido como el “balconazo”. En el momento de los saludos Wojtyla heló con la mirada al dictador contando enfurecido a sus colaboradores lo que había pasado.

 

“Pinochet le hizo asomarse con él al balcón del palacio presidencial contra su voluntad –ha contado el padre Tucci -. Nos tomo el pelo a todos. Los colaboradores fuimos acomodados en un pequeño salón en espera de la reunión privada. Según los acuerdos – que había cerrado bajo una precisa disposición del Papa – Juan Pablo II y el presidente no se habrían asomado a saludar a la multitud. Wojtyla era muy crítico con el dictador chileno y no quería aparecer a su lado. Yo controlaba siempre la única puerta que unía el pequeño salón donde estábamos los colaboradores, con la habitación donde estaban el Papa y Pinochet. Pero con un movimiento estudiado le hicieron salir por otra puerta. Pasaron por delante de una gran cortina oscura cerrada –nos contó luego el Papa enfadado – y Pinochet hizo que Juan Pablo II se parara allí, como si tuviera que enseñarle algo. La cortina se abrió de golpe y el Pontífice se encontró ante el balcón abierto sobre una plaza llena de gente. No pudo retirarse pero recuerdo que cuando se despidió de Pinochet lo heló con la mirada”.


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Chile: cuarenta años del golpe de Pinochet

Chile (10-09-13)

 Cuarenta años después del golpe de Pinochet, la impunidad debe terminar

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Chilenos contra Pinochet con el signo de ‘Verdad y Justicia’. observados por oficiales de policía, en la embajada española en Santiago de Chile © APGraphics

Miles de activistas han firmado una petición en la que la organización pide a las autoridades chilenas que eliminen todas las barreras que protegen a los perpetradores de violaciones de derechos humanos en el país.

“No es de recibo que 40 años después del golpe militar continúen existiendo dificultades para la búsqueda de justicia, verdad y reparación en Chile. La Ley de Amnistía sigue protegiendo a los violadores con inmunidad procesal, continúa habiendo largos retrasos en las actuaciones judiciales y las condenas no reflejan la gravedad de los crímenes cometidos”, ha dicho Guadalupe Marengo, directora adjunta del Programa Regional para América de Amnistía Internacional.

Decenas de miles de personas fueron detenidas, torturadas, asesinadas o sometidas a desaparición. Según cifras oficiales, el número de personas desaparecidas o asesinadas en Chile entre 1973 y 1990 superó las 3.000, y cerca de 40.000 personas sobrevivieron al encarcelamiento por motivos políticos o la tortura.

El Decreto Ley de Amnistía, aprobado en 1978, exime de responsabilidad penal a todas las personas que cometieron violaciones de derechos humanos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. 

Si bien algunas sentencias judiciales han eludido la aplicación de esta ley de amnistía, el hecho de que siga existiendo es incompatible con las obligaciones internacionales de Chile en materia de derechos humanos.

“Las autoridades chilenas deben abordar el legado de abusos graves y generalizados perpetrados en el pasado, abolir de inmediato la ley de amnistía, cuya mera existencia es una afrenta para las miles de víctimas del régimen de Pinochet y para sus familiares, y garantizar que todas las violaciones de derechos humanos se ven en tribunales ordinarios”, ha dicho Ana Piquer, directora de Amnistía Internacional Chile.

Hasta la fecha, al menos 262 personas han sido condenadas por violaciones de derechos humanos, y hay abiertos más de 1.100 procedimientos judiciales.

“Gracias a la lucha incansable de muchas de las víctimas y de sus familiares, así como de unos cuantos valientes fiscales y jueces, algunos de los responsables de estos crímenes han comparecido ante la justicia. Ya es hora de que las autoridades introduzcan todas las reformas necesarias para garantizar que jamás vuelvan a suceder violaciones de tal gravedad”, ha dicho Guadalupe Marengo.

Información general
El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas armadas dirigidas por el general Augusto Pinochet arrebataron el poder al gobierno salido de las urnas del presidente Salvador Allende en Chile, en un sangriento golpe militar.

En los últimos años, los tribunales no han aplicado la ley de amnistía. Sin embargo, el hecho de que esta ley siga existiendo en la legislación nacional es incompatible con las obligaciones de derechos humanos de Chile.

En 1991, el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig) documentó 2.296 casos de personas que habían sido objeto de homicidio político, de los cuales casi un millar eran casos de desaparición forzada. En 2004 y 2005, el informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura  (Comisión Valech) halló que 28.459 personas habían sido detenidas por motivos políticos y que la mayoría de ellas habían sido torturadas. La Comisión se reabrió en 2010 para evaluar más casos de desaparición forzada, homicidio político, encarcelamiento por motivos políticos y tortura.

El total de personas reconocidas oficialmente en Chile como desaparecidas o asesinadas entre 1973 y 1990 es de 3.216, y el de personas que sobrevivieron al encarcelamiento por motivos políticos o tortura, de 38.254.

En los últimos años ha habido ciertos avances, pues varios procedimientos judiciales de crímenes perpetrados en el pasado se han transferido de los tribunales militares a los civiles a fin de garantizar mayor independencia e imparcialidad. Sin embargo, las violaciones de derechos humanos cometidas por el ejército y las fuerzas de seguridad siguen bajo la jurisdicción militar.

Durante los últimos meses Amnistía Internacional ha recogido más de 25.000 firmas. 
Amnistía Internacional insta a las autoridades chilenas a abolir el Decreto Ley de Amnistía de 1978 y cualquier otra medida que otorgue amnistía a perpetradores de violaciones de derechos humanos; reformar el Código de Justicia Militar para garantizar que los abusos contra los derechos humanos perpetrados por personal del ejército y de las fuerzas de seguridad en Chile son investigados y juzgados por tribunales civiles; apoyar y reforzar las iniciativas encaminadas a conservar la memoria histórica de las graves violaciones de derechos humanos, y poner los derechos humanos en lugar preferente en todas las políticas y programas. La petición seguirá abierta hasta el fin de septiembre.


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Chile: a los 40 años del golpe de Estado

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 Obispos de Chile abogan por reconciliación a 40 años del golpe de estado

SANTIAGO, 09 Sep. 13 / 12:03 pm (ACI/EWTN Noticias).- “Como Pastores de la Iglesia queremos recordar esta fecha desde una mirada a la dignidad de la persona humana”, afirmó Mons. Ricardo Ezzati, presidente de la Conferencia Episcopal chilena (CECH), al dar a conocer hoy el mensaje del Comité Permanente del Episcopado con relación a los 40 años del golpe de Estado en el que se derrocó al Presidente Salvador Allende, ocurrido el 11 de septiembre de 1973.

En una conferencia de prensa en la sede de la CECH, se dio lectura al documento titulado “40 años después del Golpe de Estado: Tareas pendientes”, en el que los obispos afirman que las heridas que dejó ese “momento doloroso de la historia chilena” aún “no han terminado de cicatrizar”, y remarcan que la verdad, justicia y reconciliación, es el camino para una verdadera convivencia. “Más que nunca, seguimos creyendo en esta vía, a pesar de las dificultades que se le oponen”, señalan.

Asimismo, en medio del debate que se ha generado por el rol que cumplieron diversos actores antes y después del Golpe de Estado, el documento menciona que, “en el actual contexto pre-electoral, lamentablemente parecieran más fuertes las recriminaciones y acusaciones que la necesaria autocrítica y gestos de encuentro que el país agradece y valora”.

“La reconciliación no se impone por decreto sino que brota de un corazón misericordioso. Es nuestra convicción que pequeños gestos personales e institucionales pueden ser vitales para ayudar a sanar heridas y contribuir a una verdadera reconciliación”, indican los obispos.

La Conferencia Episcopal destaca también el rol clave que jugó la Iglesia Católica en defensa de los derechos humanos durante el régimen militar y subrayó que “nada justifica los atropellos a la dignidad de las personas cometidos a partir del 11 de septiembre de 1973”.

Finalmente, la CECH alude a un llamado del Papa Francisco y recuerda que “no es la cultura de la confrontación, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino esta: la cultura del encuentro, la cultura del diálogo; este es el único camino para la paz”.

El documento es firmado por Mons. Ricardo Ezzati, presidente de la Conferencia Episcopal; Mons. Alejandro Goic, vicepresidente; Mons. Gonzalo Duarte, Obispo de Valparaíso; Mons. Horacio Valenzuela, Obispo de Talca; y Mons. Ignacio Ducasse, Obispo de Valdivia.

Obispos de Chile abogan por reconciliación a 40 años del golpe de estado

SANTIAGO, 09 Sep. 13 / 12:03 pm (ACI/EWTN Noticias).- “Como Pastores de la Iglesia queremos recordar esta fecha desde una mirada a la dignidad de la persona humana”, afirmó Mons. Ricardo Ezzati, presidente de la Conferencia Episcopal chilena (CECH), al dar a conocer hoy el mensaje del Comité Permanente del Episcopado con relación a los 40 años del golpe de Estado en el que se derrocó al Presidente Salvador Allende, ocurrido el 11 de septiembre de 1973.

En una conferencia de prensa en la sede de la CECH, se dio lectura al documento titulado “40 años después del Golpe de Estado: Tareas pendientes”, en el que los obispos afirman que las heridas que dejó ese “momento doloroso de la historia chilena” aún “no han terminado de cicatrizar”, y remarcan que la verdad, justicia y reconciliación, es el camino para una verdadera convivencia. “Más que nunca, seguimos creyendo en esta vía, a pesar de las dificultades que se le oponen”, señalan.

Asimismo, en medio del debate que se ha generado por el rol que cumplieron diversos actores antes y después del Golpe de Estado, el documento menciona que, “en el actual contexto pre-electoral, lamentablemente parecieran más fuertes las recriminaciones y acusaciones que la necesaria autocrítica y gestos de encuentro que el país agradece y valora”.

“La reconciliación no se impone por decreto sino que brota de un corazón misericordioso. Es nuestra convicción que pequeños gestos personales e institucionales pueden ser vitales para ayudar a sanar heridas y contribuir a una verdadera reconciliación”, indican los obispos.

La Conferencia Episcopal destaca también el rol clave que jugó la Iglesia Católica en defensa de los derechos humanos durante el régimen militar y subrayó que “nada justifica los atropellos a la dignidad de las personas cometidos a partir del 11 de septiembre de 1973”.

Finalmente, la CECH alude a un llamado del Papa Francisco y recuerda que “no es la cultura de la confrontación, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino esta: la cultura del encuentro, la cultura del diálogo; este es el único camino para la paz”.

El documento es firmado por Mons. Ricardo Ezzati, presidente de la Conferencia Episcopal; Mons. Alejandro Goic, vicepresidente; Mons. Gonzalo Duarte, Obispo de Valparaíso; Mons. Horacio Valenzuela, Obispo de Talca; y Mons. Ignacio Ducasse, Obispo de Valdivia.