Loiola XXI

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Mensaje y bendición del Papa. trad. al español

2018.12.25 Urbi et Orbi2018.12.25 Urbi et Orbi  (Vatican Media)

Urbi et Orbi. El Papa: “Navidad es fraternidad entre personas de toda nación y cultura”

Este 25 de diciembre, en su tradicional Mensaje navideño y Bendición “Urbi et Orbi”, el Papa Francisco pidió: “Que en esta Navidad redescubramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y vinculan a todos los pueblos”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Que el Niño pequeño y con frío que contemplamos hoy en el pesebre proteja a todos los niños de la tierra y a toda persona frágil, indefensa y descartada. Que todos podamos recibir paz y consuelo por el nacimiento del Salvador y, sintiéndonos amados por el único Padre celestial, reencontrarnos y vivir como hermanos”, lo dijo el Papa Francisco en su Mensaje Navideño, pronunciado este martes 25 de diciembre, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, desde donde impartió su bendición “a la ciudad y al mundo”, en la Solemnidad de la Navidad de Jesús.

Gozoso anuncio de Belén

Dirigiéndose a los fieles de Roma, a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, y a todas las personas de todas las partes del mundo que siguieron a través de los medios de comunicación este mensaje, el Santo Padre les renovó el gozoso anuncio de Belén: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

“Como los pastores, que fueron los primeros en llegar a la gruta, contemplamos asombrados la señal que Dios nos ha dado: «Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12)”

Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos

Pero, ¿qué nos dice este Niño, que nos ha nacido de la Virgen María? ¿Cuál es el mensaje universal de la Navidad? Nos dice que Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos. “Esta verdad – precisó el Pontífice – está en la base de la visión cristiana de la humanidad. Sin la fraternidad que Jesucristo nos ha dado, nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu”.

Fraternidad entre personas de toda nación y cultura

Por eso, mi deseo de feliz Navidad, indicó el Papa Francisco,  es un deseo de fraternidad. Fraternidad entre personas de toda nación y cultura. Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro. Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan.

Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad.

Nuestras diferencias son una riqueza

Entonces, nuestras diferencias, enfatiza el Papa Francisco, no son un daño o un peligro, son una riqueza. Como para un artista que quiere hacer un mosaico: es mejor tener a disposición teselas de muchos colores, antes que de pocos. La experiencia de la familia nos lo enseña: siendo hermanos y hermanas, somos distintos unos de otros, y no siempre estamos de acuerdo, pero hay un vínculo indisoluble que nos une, y el amor de los padres nos ayuda a querernos. Lo mismo vale para la familia humana, pero aquí Dios es el “padre”, el fundamento y la fuerza de nuestra fraternidad.

Los diferentes rostros de la fraternidad

Que en esta Navidad redescubramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y vinculan a todos los pueblos. Que haga posible que israelíes y palestinos retomen el diálogo y emprendan un camino de paz que ponga fin a un conflicto que ―desde hace más de setenta años― lacera la Tierra elegida por el Señor para mostrar su rostro de amor.

La amada y martirizada Siria

Que el Niño Jesús permita a la amada y martirizada Siria que vuelva a encontrar la fraternidad después de largos años de guerra. Que la Comunidad internacional se esfuerce firmemente por hallar una solución política que deje de lado las divisiones y los intereses creados para que el pueblo sirio, especialmente quienes tuvieron que dejar las propias tierras y buscar refugio en otro lugar, pueda volver a vivir en paz en su patria.

África y Yemen

Pienso en Yemen, con la esperanza de que la tregua alcanzada por mediación de la Comunidad internacional pueda aliviar finalmente a tantos niños y a las poblaciones, exhaustos por la guerra y el hambre.

Pienso también en África, donde millones de personas están refugiadas o desplazadas y necesitan asistencia humanitaria y seguridad alimentaria. Que el divino Niño, Rey de la paz, acalle las armas y haga surgir un nuevo amanecer de fraternidad en todo el continente, y bendiga los esfuerzos de quienes se comprometen por promover caminos de reconciliación a nivel político y social.

La Península coreana

Que la Navidad fortalezca los vínculos fraternos que unen la Península coreana y permita que se continúe el camino de acercamiento puesto en marcha, y que se alcancen soluciones compartidas que aseguren a todos el desarrollo y el bienestar.

La amada Ucrania

Que el Señor que nace dé consuelo a la amada Ucrania, ansiosa por reconquistar una paz duradera que tarda en llegar. Solo con la paz, respetuosa de los derechos de toda nación, el país puede recuperarse de los sufrimientos padecidos y reestablecer condiciones dignas para los propios ciudadanos. Me siento cercano a las comunidades cristianas de esa región, y pido que se puedan tejer relaciones de fraternidad y amistad.

Centro América y Venezuela

Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población.

Que delante del Niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país.

Las comunidades minoritarias

Deseo recordar a los pueblos que sufren las colonizaciones ideológicas, culturales y económicas viendo lacerada su libertad y su identidad, y que sufren por el hambre y la falta de servicios educativos y sanitarios.

Dirijo un recuerdo particular a nuestros hermanos y hermanas que celebran la Natividad del Señor en contextos difíciles, por no decir hostiles, especialmente allí donde la comunidad cristiana es una minoría, a menudo vulnerable o no considerada. Que el Señor les conceda ―a ellos y a todas las comunidades minoritarias― vivir en paz y que vean reconocidos sus propios derechos, sobre todo a la libertad religiosa.


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Nochebuena: homilía del Papa la noche del 24 de diciembre

El Papa Francisco celebra la Santa Misa de la Noche de Navidad en la Basílica de San Pedro El Papa Francisco celebra la Santa Misa de la Noche de Navidad en la Basílica de San Pedro  (Vatican Media)

Homilía del Papa en Nochebuena: Del pesebre al cenáculo Dios se dona a nosotros

«El cuerpecito del Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: no devorar y acaparar, sino compartir y dar. Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento. Nutriéndonos de él, Pan de Vida, podemos renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia». Homilía del Papa en la Noche de Navidad

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

El canto de la Calenda resonó fuerte en la Basílica de San Pedro: fue el canto del Anuncio gozoso del nacimiento de nuestro Salvador, el pregón de Navidad, la buena noticia de Dios que asume la realidad de nuestra carne. La homilía del Papa en la Santa Misa de Nochebuena, comenzó situándose en la “subida” de María y José hacia Belén. Esta noche – dijo el Papa – también nosotros subimos a Belén para descubrir el misterio de la Navidad.

El Romano Pontífice desarrolló su homilía en torno al lugar que vio nacer a Jesús en nuestro mundo, dividiéndola en dos partes: en la primera de ellas habló del significado del nombre Belén, es decir, la “casa del Pan”, mientras que en la segunda habló de Belén como “ciudad de David”.

Belén, la “casa del pan”

«En esta ‘casa’ – dijo – el Señor convoca hoy a la humanidad. Él sabe que necesitamos alimentarnos para vivir. Pero sabe también que los alimentos del mundo no sacian el corazón».

Francisco señaló que en la “casa del pan”, Dios nace en un pesebre, y esto es como si nos dijera: “Aquí estoy para ustedes, como su alimento”. Jesucristo “no toma, sino que ofrece el alimento”, explicó. No da “algo”, sino que “se da a sí mismo”. Según el Sucesor de Pedro, este lugar es “el punto de inflexión” que cambia “el curso de la historia”.

El cuerpecito del Niño de Belén, un modelo de vida nuevo

En Belén Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento: “Él sabe que necesitamos alimentarnos todos los días”, dijo el Papa Francisco, precisando que en ello descubrimos que Dios “no es alguien que toma la vida, sino Aquel que da la vida”:

«Al hombre, acostumbrado desde los orígenes a tomar y comer, Jesús le dice: ‘Tomad, comed: esto es mi cuerpo’ . El cuerpecito del Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: no devorar y acaparar, sino compartir y dar. Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento. Nutriéndonos de él, Pan de Vida, podemos renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia».

Amor, caridad y sencillez alimentan la vida

«Desde la ‘casa del pan’, – prosiguió el Papa – Jesús lleva de nuevo al hombre a casa, para que se convierta en un familiar de su Dios y en un hermano de su prójimo. Ante el pesebre, comprendemos que lo que alimenta la vida no son los bienes, sino el amor; no es la voracidad, sino la caridad; no es la abundancia ostentosa, sino la sencillez que se ha de preservar».

Del pesebre al cenáculo Dios se dona a nosotros

Como el Señor “sabe que necesitamos alimentarnos todos los días”, se ha ofrecido a nosotros “todos” los días de su vida, “desde el pesebre de Belén al Cenáculo de Jerusalén”:

«Todavía hoy, en el altar, se hace pan partido para nosotros: llama a nuestra puerta para entrar y cenar con nosotros. En Navidad recibimos en la tierra a Jesús, Pan del cielo: es un alimento que no caduca nunca, sino que nos permite saborear ya desde ahora la vida eterna».

La vida de Dios corre en las venas de la humanidad

El Santo Padre recordó que en Belén descubrimos que “la vida de Dios corre por las venas de la humanidad” y, “si la acogemos, la historia cambia a partir de cada uno de nosotros”. Esto porque “cuando Jesús cambia el corazón, el centro de la vida ya no es mi ‘yo’, hambriento y egoísta, sino Él, que nace y vive por amor”.

¿Cuál es mi alimento? ¿Necesito tantas cosas?

En este día en que muchos cristianos hacen un “balance” interior del año que está por terminar, el día en que conmemoramos y celebramos el nacimiento de nuestro Salvador, el Romano Pontífice invitó a hacernos algunas preguntas, guiándonos ante la imagen del pesebre, para reflexionar:

«Al estar llamados esta noche a subir a Belén, casa del pan, preguntémonos: ¿Cuál es el alimento de mi vida, del que no puedo prescindir?, ¿es el Señor o es otro?»

«Después, entrando en la gruta, individuando en la tierna pobreza del Niño una nueva fragancia de vida, la de la sencillez, preguntémonos: ¿Necesito verdaderamente tantas cosas, tantas recetas complicadas para vivir? ¿Soy capaz de prescindir de tantos complementos superfluos, para elegir una vida más sencilla? En Belén, junto a Jesús, vemos gente que ha caminado, como María, José y los pastores. Jesús es el Pan del camino».

¿Parto mi pan con quien no tiene?

A Jesús, siguió diciendo el Papa, “no le gustan las digestiones pesadas, largas y sedentarias, sino que nos pide levantarnos rápidamente de la mesa para servir, como panes partidos por los demás”.  Por ese motivo preguntó aún:

“En Navidad, ¿parto mi pan con el que no lo tiene?»

Belén, la ciudad de David

En la segunda parte de la homilía el Santo Padre se centró en la figura de David, joven pastor elegido por Dios para ser pastor y guía de su pueblo, y recordó que “en Navidad, en la ciudad de David, los que acogen a Jesús son precisamente los pastores”.

Nuestro Pastor todo lo vence

Francisco recordó que los pastores en aquella noche “se llenaron de gran temor”, pero allí estaba el ángel, que les dijo «No temáis»:

«Resuena muchas veces en el Evangelio este no temáis: parece el estribillo de Dios que busca al hombre. Porque el hombre, desde los orígenes, también a causa del pecado, tiene miedo de Dios: ‘me dio miedo […] y me escondí’, dice Adán después del pecado. Belén es el remedio al miedo, porque a pesar del ‘no’ del hombre, allí Dios dice siempre ‘sí’: será para siempre Dios con nosotros. Y para que su presencia no inspire miedo, se hace un niño tierno. No temáis: no se lo dice a los santos, sino a los pastores, gente sencilla que en aquel tiempo no se distinguía precisamente por la finura y la devoción. El Hijo de David nace entre pastores para decirnos que nadie estará jamás solo; tenemos un Pastor que vence nuestros miedos y nos ama a todos, sin excepción».

Los pastores vigilan la venida del señor y actúan

Haciendo una aproximación entre los pastores y nosotros, es decir, con los pastores del hoy que vamos al encuentro de Jesús, Francisco recordó el modo en que los pastores de entonces van a su encuentro, es decir, para señalarnos cuál debe ser nuestra actitud hoy. Pero el Papa también puso en guardia sobre la inactividad en la que se puede caer si lo esperamos en el sofá:

«Los pastores de Belén nos dicen también cómo ir al encuentro del Señor. Ellos velan por la noche: no duermen, sino que hacen lo que Jesús tantas veces nos pedirá: velar. Permanecen vigilantes, esperan despiertos en la oscuridad, y Dios ‘los envolvió de claridad’. Esto vale también para nosotros. Nuestra vida puede ser una espera, que también en las noches de los problemas se confía al Señor y lo desea; entonces recibirá su luz. Pero también puede ser una pretensión, en la que cuentan solo las propias fuerzas y los propios medios; sin embargo, en este caso el corazón permanece cerrado a la luz de Dios. Al Señor le gusta que lo esperen y no es posible esperarlo en el sofá, durmiendo. De hecho, los pastores se mueven: ‘fueron corriendo’, dice el texto. No se quedan quietos como quien cree que ha llegado a la meta y no necesita nada, sino que van, dejan el rebaño sin custodia, se arriesgan por Dios. Y después de haber visto a Jesús, aunque no eran expertos en el hablar, salen a anunciarlo, tanto que «todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores».

Correr el riesgo por Jesús es un acto de amor

«Esperar despiertos, ir, arriesgar, comunicar la belleza: son gestos de amor. El buen Pastor, que en Navidad viene para dar la vida a las ovejas, en Pascua le preguntará a Pedro, y en él a todos nosotros, la cuestión final: ‘¿Me amas?’ (Jn 21,15). De la respuesta dependerá el futuro del rebaño. Esta noche estamos llamados a responder, a decirle también nosotros: ‘Te amo’. La respuesta de cada uno es esencial para todo el rebaño».

Será Navidad cuando podré decirte….

La exhortación final del Papa en esta Navidad 2018 fue de ir hacia Belén como lo hicieron los pastores. Y aunque el camino, “también hoy, es en subida”, se debe “superar la cima del egoísmo”:

«Es necesario no resbalar en los barrancos de la mundanidad y del consumismo», dijo. Y concluyó:

«Quiero llegar a Belén, Señor, porque es allí donde me esperas. Y darme cuenta de que tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida. Necesito la fragancia tierna de tu amor para ser, yo también, pan partido para el mundo. Tómame sobre tus hombros, buen Pastor: si me amas, yo también podré amar y tomar de la mano a los hermanos. Entonces será Navidad, cuando podré decirte: ‘Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo’».

En el final de la celebración, como todos los años, el Santo Padre Francisco llevó la imagen del Niño Jesús hacia el pesebre situado en el interior de la Basílica Vaticana.


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La Navidad del Papa en el 2018

El Papa Francisco: “Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad”

En el día en que la Iglesia espera vigilante el nacimiento del Emanuel, venido al mundo por nuestra salvación, el Papa Francisco celebrará esta noche en la Basílica de San Pedro, la Santa Misa de Navidad que será transmitida en mundo visión.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad. La Navidad de Jesús no ofrece el calor seguro de la chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia”, con estas palabras el Papa Francisco invitaba a los fieles y peregrinos presentes en la Audiencia General de este 19 de diciembre, a prepararse para la Navidad. En esa ocasión, el Pontífice recordó que, “la Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el alboroto, de la oración sobre ‘mi tiempo’, de Dios sobre mi yo”.

24 de diciembre

El lunes 24 de diciembre, Solemnidad de la Natividad del Señor, el Santo Padre Francisco celebrará la Misa del Gallo, en la Basílica Vaticana a las 21.30 horas. La celebración Eucarística será precedida por el canto de la Kalenda, el canto del Anuncio de Navidad.

25 de diciembre

El Martes 25 de diciembre, Solemnidad de la Natividad del Señor, el Papa dirigirá su Mensaje Natalicio al mundo e impartirá la bendición “Urbi et Orbi”, desde el Balcón Central de la Basílica Vaticana a las 12 del mediodía.

Celebraciones de fin e inicio de año

El Lunes 31 de Diciembre de 2018, el Santo Padre celebrará en la Basílica Vaticana a las 17.00 horas, las Primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, seguidas por la exposición del Santísimo Sacramento, el canto tradicional del himno “Te Deum”, en la conclusión del año civil y la Bendición Eucarística.

El Martes 1° de enero de 2019, Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, el Papa Francisco celebrará en la Basílica Vaticana a las 10 de la mañana, la Santa Misa de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, en la octava Navidad, recordando la LII Jornada Mundial de la Paz cuyo tema es: “La buena política está al servicio de la paz”.

Finalmente, el Domingo 6 de enero, el Obispo de Roma celebrará en la Basílica Vaticana a las 10 de la mañana, la Santa Misa en la Solemnidad de la Epifanía del Señor.


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Mensaje de Navidad desde Belén

Anuncio de los pastores, Sano di Pietro, 1450-1455 ca.Anuncio de los pastores, Sano di Pietro, 1450-1455 ca.  (Musei Vaticani)

Custodio de Tierra Santa: “No tengan miedo porque les traigo una buena noticia”

El mensaje de Navidad del Custodio de Tierra Santa, P. Francesco Patton OFM nos ubica en el lugar exacto donde Dios quiso mostrarse al mundo y desde allí, cercano, nos dirige su palabra.

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

Los primeros en recibir el anuncio

Dios nos muestra el lugar desde dónde nos habla, nos dice quiénes son sus interlocutores y el ambiente que se produce como fruto del encuentro.

“Estamos en Belén, en el Campo de los Pastores, el lugar donde, en la noche en la que nació el Niño Jesús, los pastores velaban y cuidaban a su rebaño. El Evangelio Lucas nos explica que, cuando María dio a luz a Jesús, fueron precisamente estos pastores los primeros en recibir el anuncio de su nacimiento”.

Un Dios que cercano no produce miedo

“Un ángel se les acercó, una gran luz los envolvió y ellos se asustaron. Pero el mensajero de Dios los tranquiliza: “No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal, encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc. 2,10-12).

El Niño Dios ilumina las oscuridades del mundo

El P. Francesco prosigue afirmando que la vida de los pastores fue iluminada por al nacimiento del niño Dios, el Salvador. Igual que los pastores “¡Cuántas personas, todavía hoy, viven envueltas en tinieblas como los pastores que velaban en este campo hace dos mil años!” Así, fija su mirada en países cercanos que sufren grandes catástrofes humanitarias a causa de las guerras:

“Nuestros hermanos y hermanas en Siria y Yemen, como en muchos otros países del mundo, viven desde hace muchos años en las tinieblas de conflictos sangrientos, que convierten a millones de personas en desplazadas, en refugiados desarraigados de su propia familia y de su cultura, expulsados de su propia patria y, a menudo, incapaces de encontrar acogida en una nueva tierra”.

Estas tinieblas son diversas: “Muchos de nuestros hermanos en humanidad viven en tinieblas causadas por las crisis económicas y ecológicas, que doblegan a poblaciones enteras y, a menudo, les obliga a emigrar”; “otras tinieblas a veces son fruto de haber sufrido violencia; … Tinieblas que se transforman pronto en rechazo al hermano o hermana, a su derecho a existir.

Ser luz en el mundo de hoy

Termina su mensaje invitando a toda la humanidad y en particular a los que tienen responsabilidades con la sociedad a ser luz en un mundo necesitado de ella:

“Que Él ilumine la conciencia de aquellos que gobiernan las naciones y la economía y les ayude a descubrir que gobernar es cuidar a los más pequeños, a los más frágiles, a los que no tienen protección.

Que el Niño de Belén ilumine la acción de quienes hacen cultura y comunicación para que difundan el mensaje del bien.

Feliz Navidad desde el Campo de los Pastores junto a Belén.

Feliz Navidad desde el lugar del primer anuncio del nacimiento del Salvador.

Feliz Navidad desde el lugar en el que los ángeles cantaron: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Él ama”.

Feliz Navidad a cada uno de vosotros y vosotras, a vuestras familias y comunidades”


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Una navidad sin tener en cuenta a los pobres? Reflexión del Papa

“No será Navidad si nos llenamos de regalos sin ayudar a los pobres”

El Papa en la Audiencia invitó a los fieles a tomarse un poco de tiempo para contemplar en silencio la escena del pesebre, para «abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas»
AFP

La Audiencia del Papa

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Pubblicato il 19/12/2018
Ultima modifica il 19/12/2018 alle ore 14:20
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«No será Navidad si buscamos los resplandores brillantes del mundo, si nos llenamos de regalos, almuerzos y cenas pero no ayudamos por lo menos a un pobre, que se asemeja a Dios, porque en Navidad Dios vino pobre». En la Audiencia general antes de la Navidad, el Papa recordó que «desgraciadamente» podemos equivocarnos de fiesta, «preferir a las novedades del Cielo las acostumbradas cosas de la tierra», correr «como nunca durante el año», haciendo lo opuesto de lo que quería Jesús: la Navidad, por el contrario, es «preferir la voz silenciosa de Dios a los ruidos del consumismo», dijo Francisco, que invitó a los fieles a tomarse un poco de tiempo para contemplar en silencio la escena del pesebre, para «abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir a un cambio de vida inesperado».

«Dentro de seis días será Navidad, los árboles, los adornos y las luces por todas partes recuerdan que también este año será una fiesta. La máquina publicitaria invita a intercambiar regalos siempre nuevos para sorprenderse. Pero, me pregunto: ¿es esta la fiesta que agrada a Dios? ¿Cuál Navidad querría Él, cuáles regalos y cuáles sorpresas?», dijo Jorge Mario Bergoglio al comenzar la Audiencia en el Aula Pablo VI. La primera Navidad estuvo «llena de sorpresas», subrayó el Pontífice, recordando a María que, virgen como era, descubrió que habría sido madre; a José, «llamado a ser padre de un hijo sin generarlo» y, «sorpresa más grande», Dios es un niño pequeño, «la Palabra Divina es un infante, que literalmente significa “incapaz de hablar”». Es decir, la «Navidad trae cambios de vida inesperados. Y, si nosotros queremos vivir la Navidad, debemos abrir el corazón a estar dispuestos a las sorpresas, es decir a un cambio de vida inesperado», dijo el Papa.

«Navidad es celebrar lo inédito de Dios o, mejor, a un Dios inédito, que invierte nuestras lógicas y nuestras expectaciones», prosiguió Francisco. «Hacer Navidad, entonces, es acoger en la tierra las sorpresas del Cielo. No se puede vivir “tierra tierra”, cuando el Cielo ha traído sus novedades al mundo. Navidad inaugura una nueva época, en la que la vida no se programa, sino se da: en la que no se vive solo para sí, con base en los propios gustos, sino para Dios, porque de la Navidad Dios es el Dios-con-nosotros, que vive con nosotros, que camina con nosotros. Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad. La Navidad de Jesús no ofrece tranquilizantes tibiezas de chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia. Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el escándalo, de la oración sobre “mi tiempo”, de Dios sobre mi “yo”». Hacer Navidad significa actuar como Jesús, «que vino por nosotros, necesitados, y para descender hacia los que nos necesitan», hacer como María, «confiar, dóciles a Dios, incluso sin entender»; actuar como José, «levantarse para realizar lo que Dios quiere», aunque no se acomode a nuestros planes.

Navidad es «preferir la voz silenciosa de Dios a los ruidos del consumismo», dijo el Papa, subrayando que «si sabemos estar en silencio ante el pesebre, Navidad también será una sorpresa para nosotros, no algo ya visto. Estar en silencio frente al pesebre. Esta es la invitación para la Navidad: tómate un poco de tiempo, ve delante del pesebre y quédate en silencio y sentirás, verás la sorpresa».

Pero, reconoció el Papa, desgraciadamente podemos equivocarnos de fiesta, prosiguió el Pontífice argentino, «y preferir a las novedades del Cielo las acostumbradas cosas de la tierra. Si Navidad solo es una bella fiesta tradicional, en la que en el centro estamos nosotros y no Él, será una ocasión perdida. ¡Por favor, no mundanicemos la Navidad! No dejemos a un lado al festejado, como entonces, cuando “vino entre los suyos y no lo acogieron”».

En estos días, pues, se corre «acaso como nunca durante el año. Pero, así se hace lo opuesto de lo que Jesús quiere». Por lo que solamente será Navidad «si encontramos la luz en la pobre gruta de Belén. No será Navidad si buscamos los resplandores brillantes del mundo, si nos llenamos de regalos, almuerzos y cenas pero no ayudamos por lo menos a un pobre, que se asemeja a Dios», dijo Francisco, que concluyó la catequesis de la Audiencia deseando a todos los presentes «una Navidad rica de sorpresas, ¡pero de las sorpresas de Jesús! Podrán parecer sorpresas incómodas, pero son los gustos de Dios». Si los hacemos nuestros, «nos haremos a nosotros mismos una espléndida sorpresa»


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Catequesis del Papa como preparación a la Navidad

2018.12.19 Udienza Generale2018.12.19 Udienza Generale  (Vatican Media )

Catequesis del Papa: no mundanizar la Navidad, celebrar a Dios

En la catequesis del miércoles que precede la Navidad, el Papa Francisco meditó sobre el Nacimiento de Jesús. Y subrayó que “Navidad significa acoger en la tierra las sorpresas del Cielo y celebrar a un Dios que revoluciona nuestras lógicas humanas”. Navidad – dijo el Pontífice – es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la sencillez sobre la abundancia, del silencio sobre el escándalo

Griselda Mutual –Ciudad del Vaticano

A distancia de seis días de la Navidad del Señor, el Papa Francisco meditó, precisamente, sobre cuál es la Navidad que habría querido Jesús: “La máquina publicitaria invita a intercambiarse los regalos siempre nuevos para sorprenderse. Pero, ¿es ésta la fiesta que le gusta a Dios? ¿Qué Navidad querría Él? ¿Cuáles regalos y cuáles sorpresas?”, preguntó.

En el Aula Pablo VI del Vaticano, en donde Francisco impartió su catequesis, se escuchó primero el pasaje del Evangelio de San Juan, capítulo 1 versículos del 9 al 12, que habla de la llegada de Jesús al mundo.

“El Evangelio – dijo el Papa en nuestro idioma – nos habla de las sorpresas y cambios de vida que trajo consigo aquella primera Navidad de la historia. Cómo la llegada de Dios cambió de manera radical los planes de María y José. Y la sorpresa más grande llega en la noche de Navidad, cuando el Altísimo aparece como un niño pequeño, reconocido solo por unos sencillos pastores”.

En la primera Navidad descubrimos los gustos de Dios

Ahondando sobre ello, en su catequesis en italiano el Papa invitó a mirar la primera Navidad de la historia para descubrir los gustos de Dios:

“Se comienza con María, que era la esposa prometida a José: llega el Ángel y le cambia la vida. De virgen será madre. Se prosigue con José, llamado a ser padre de un hijo sin generarlo. Un hijo que – giro inesperado – llega en el momento menos indicado, es decir, cuando María y José eran esposos prometidos y según la Ley no podían vivir juntos. Ante el escándalo, el sentido común de la época invitaba a José a repudiar a María y a salvar su buen nombre, pero él, aun teniendo derecho a hacerlo, sorprendió: para no dañar a María, pensó despedirla en secreto, a costa de perder su reputación. Luego otra sorpresa: Dios en un sueño cambia sus planes y le pide que se lleve a María con él. Nacido Jesús, cuando tenía sus proyectos para la familia, todavía en un sueño se le dice que se levante y se vaya a Egipto. En resumen, la Navidad trae cambios de vida inesperados. Y si queremos vivir la Navidad tenemos que abrir el corazón y estar abiertos a la sorpresa, es decir, a un cambio de vida inesperado”.

Navidad es celebrar un Dios inédito

El Papa subrayó cómo, cuando el Salvador llegó, no estaban presentes las autoridades del tiempo o los embajadores, sino los sencillos pastores, quienes sorprendidos por los ángeles mientras trabajaban de noche, se dirigen allí de inmediato. “¿Quién se lo habría esperado?”, dijo el Papa. “Navidad- explicó – es celebrar lo inédito de Dios, o mejor dicho, es celebrar un Dios inédito, que revierte nuestras lógicas y expectativas”.

“Navidad significa acoger en la tierra las sorpresas del Cielo y celebrar a un Dios que revoluciona nuestras lógicas humanas. Vivir la Navidad es entender que la vida no se programa sino que se da, que no podemos vivir para nosotros mismos sino para Dios, que descendió hasta nosotros para ayudarnos”.

Navidad inaugura una época nueva

Navidad – dijo aún el Pontífice – es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la sencillez sobre la abundancia, del silencio sobre el escándalo. Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios a los ruidos del consumismo. Navidad es hacer como Jesús, que vino al mundo por nosotros, necesitados, y descender hacia quien necesita de nosotros.

No mundanicemos la Navidad

Por todo esto, el Santo Padre invitó una vez más a “estar en silencio delante del pesebre”  para “sentir” y “ver” la sorpresa de Dios. E insistió:

“Procuremos no mundanizar la Navidad, ni convertirla en una bonita fiesta tradicional pero centrada en nosotros y no en Jesús. Celebraremos la Navidad si sabemos dedicar tiempo al silencio, como hizo José; si le decimos a Dios ‘aquí estoy’, como María; si salimos de nosotros mismos para ir al encuentro de Jesús, como los pastores; si no nos dejamos cegar por el brillo de luces artificiales, de regalos y comidas, y en cambio ayudamos a alguien que pasa necesidad, porque Dios se hizo pobre en Navidad”.

Sintamos y veamos las sorpresas de Dios

Y porque, como dijo el Papa, “cada uno de nosotros tiene escondido en el corazón la capacidad de sorprenderse”,  la invitación de Francisco es la de dejarse “sorprender” por Jesús en esta Navidad:

“Le pedimos a la Virgen María que nos ayude a contemplar en silencio el misterio del Nacimiento de su Hijo, para que hagamos realidad en nuestras vidas su ejemplo de humildad, pobreza y amor. Les deseo una feliz Navidad”, concluyó.

Escuche y comparta el servicio con la catequesis del Papa

 


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Cómo vivir el adviento y la navidad. Palabras del Papa

“Preparemos la Navidad con fe, defendiéndola de mundanalidad y superstición”

En Santa Marta, el Papa Francisco invitó a no vivir «paganamente»el tiempo de Adviento

La misa en Sata Marta

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Pubblicato il 10/12/2018
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Señor, ayuda a mi poca fe. Defiende mi fe de la mundanalidad, de las supersticiones, de las cosas que no son fe. Defiéndela de reducirla a teorías, ya sea teologizando o moralizando … no. Fe en ti, Señor». Es la oración que formuló el Papa en esta segunda semana de Adviento y que recomendó a los fieles para una seria preparación para la Navidad. Durante la misa matutina en la casa Santa Marta, el Papa Francisco insistió una vez más en vivir este evento central para la vida cristiana, el nacimiento de Cristo, con «verdadera fe» y no «mundana o paganamente».

Claro, el Papa admitió en su homilía de hoy, según indicó el sitio Vatican News, que «no es fácil mantener la fe, no es fácil defender la fe: no es fácil». Es una «gracia» que hay que pedir y un don que hay que recibir: « Hoy hemos pedido esta gracia: en esta segunda semana de Adviento, preparémonos con la fe para celebrar la Navidad —exhortó Francisco. Es cierto que la Navidad – como todos sabemos – muchas veces se celebra no con tanta fe, también se celebra de manera mundana o pagana; pero el Señor nos pide que lo hagamos con fe y nosotros, esta semana, debemos pedirle esta gracia: poder celebrarlo con fe».

Comentado el pasaje del Evangelio de Lucas de hoy, que narra la curación de un paralítico y que sirve, Francisco dijo que era una «inspiración» para reafirmar que la fe infunde valor y que es la manera de tocar el corazón de Jesús. «Pedimos fe en el misterio de Dios hecho hombre. La fe también hoy, en el Evangelio, muestra cómo toca el corazón del Señor. El Señor a menudo vuelve a la catequesis sobre la fe, insiste. “Viendo su fe”, dice el Evangelio. Jesús vio esa fe (porque se necesita coraje para hacer un agujero en el techo y dejar caer una camilla con el enfermo allí… se necesita coraje ). Ese coraje, ¡esta gente tenían fe! Ellos sabían que si el enfermo llegaba delante a Jesús, sería sanado».

Francisco recordó que «Jesús admira la fe en las personas» como en el caso del centurión que pide la curación de su siervo; de la mujer siro-fenicia que intercede por la hija poseída por el demonio o incluso de la dama que, solo tocando el dobladillo del manto de Jesús, se cura de la pérdida de sangre que la afligió. Pero «Jesús – agrega el Papa – reprocha a las personas de poca fe» como Pedro, que duda. Por el contrario, «con la fe todo es posible».

Emblemático para el Papa es el pasaje de la curación del ciego en el capítulo IX de Juan; su acto de fe delante a Jesús a quien reconoce como el Mesías. Un pasaje que el Pontífice recordó para exhortar «a confiar nuestra fe a Dios», defendiéndola de las tentaciones del mundo.

«Nos hará bien hoy, e incluso mañana, durante la semana —recomendó—, tomar este capítulo IX de Juan y leer esta hermosa historia del niño ciego de nacimiento. Y terminar desde nuestro corazón con el acto de fe: “Creo, Señor. Ayuda a mi poca fe. Defiende mi fe de la mundanalidad, de las supersticiones, de las cosas que no son fe. Defiéndela de reducirla a teorías, ya sea teologizando o moralizando … no. Fe en ti, Señor”».