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Venezuela: la posible mediación de Italia y el Vaticano en el caso Maduro.

Caso Maduro, la mediación del gobierno italiano y del Vaticano

El objetivo es contribuir para reabrir el diálogo entre las partes. La prioridad es la ayuda humanitaria

Venezuela, la mediación del gobierno italiano y del Vaticano

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Pubblicato il 16/04/2019
Ultima modifica il 16/04/2019 alle ore 12:57
DOMENICO AGASSO JR
CIUDAD DEL VATICANO

Italia entra a la crisis venezolana con una misión del consejero diplomático del presidente del Consejo Piero Benassi, en compañía del nuncio apostólico Aldo Giordano. El objetivo es ayudar para que se retome el diálogo entre las partes y convertir a Roma en el lugar adecuado para una posible intermediación. La Santa Sede desde hace tiempo se declaró «dispuesta y deseosa de hacerlo que sea posible por el bien y la serenidad» de Venezuela, pero solamente «si existen las premisas para jugar un papel que ayude a alcanzar el objetivo deseado».

Inizia la giornata con la Cucina de La Stampa, la newsletter di Maurizio Molinari

La prudencia vaticana

En un principio, la prudencia de la diplomacia vaticana se reforzó debido a la «particularidad complejidad de la situación de Caracas», explican en el Vaticano. Ahora la postura vaticana corresponde a la del episcopado venezolano, que desde siempre ha estado manifestándose en las calles en contra del gobierno de Maduro. En cierto sentido, el Papa Francisco encomendó a los obispos venezolanos definir la política que poner en práctica, mientras el Vaticano continuaba a seguir de cerca la situación. El Pontífice envió a Maduro una dura carta, desde el saludo inicial: «Excelentísimo Señor», y no «presidente». La línea la está indicando el cardenal Baltazar Porras, arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas. Otra figura de referencia es el nuncio Giordano. La mayor preocupación es la ayuda humanitaria a la población, «el punto fundamental para la Iglesia en este momento», afirman en el Vaticano. También hay gran atención por la emergencia humanitaria en la Presidencia del Consejo italiano y en el ministro del Exterior, que ha enviado a Venezuela medicinas y otros bienes de primera necesidad.

Otro de los puntos en los que convergen las políticas del gobierno italiano y de los obispos es la intención de ayudar para que cese la violencia. La Conferencia Episcopal, particularmente, condenó «los excesos por parte de las fuerzas de seguridad», precisando que «siempre hay que evitar que se degenere en la violencia». Los prelados buscan el diálogo, pero se necesitan condiciones básicas para entablarlo y no parecen estar al alcance de la mano: por ejemplo, los obispos han subrayado que no se puede pedir la paz «con un lenguaje incendiario», clara referencia a la retórica de Maduro.

Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano “La Stampa”


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Venezuela: carta de un obispo al presidente Maduro

Obispo Mario Moronta en Carta a Maduro: escuche el clamor del Pueblo

“Muchas familias no comen lo necesario para poder alimentarse”

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Una carta abierta abierta y pública, el reclamo de un pastor, una voz clamorosa que se alza en la zona fronteriza con Cúcuta, fruto de un encuentro y cercanía constante con el pueblo que sufre en Venezuela, también en la frontera y fuera del país: es la de Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal y Primer Vicepresidente de la CEV dirigiéndose a Nicolás Maduro, este lunes 18 de febrero.

Muchas familias no comen lo necesario para poder alimentarse

“No es ningún secreto que hoy atravesamos la más grave crisis política, económica, social y moral que azota al país. Negarlo es querer tapar el sol con un dedo o demostrar que se está encerrado en una cúpula de cristal. Sé que le disgusta a Usted y sus seguidores que se le hable de ‘crisis o emergencia humanitaria’ Pero ¿cómo caracterizar la situación que golpea a la inmensa mayoría de nuestros hermanos?”. Con la pregunta expuesta, el Obispo Moronta dirigió al líder político una invitación a una reflexión, afirmando que en esta situación no es posible “negar el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos”, pues “hay hambre” y “muchas familias no comen lo necesario para poder alimentarse”.

Hay guerra económica, pero es contra el pueblo

A la vez que pasa lista a las numerosas dificultades del pueblo, como la pobreza crítica, los altísimos índices de desnutrición, la salud “desguarnecida” en todos los sentidos, Monseñor Moronta en un llamado directo a la persona de Maduro – la carta en efecto es pública pero dirigida explícitamente a él – alude a la referencia continua de este último a la “guerra económica” como “causa de los problemas del país”, constatando que, de hecho, “es verdad, existe una ‘guerra económica’”, pero ésta no es “contra el Gobierno ni las instituciones del Estado, sino contra el pueblo”; y menciona aquella de la corrupción “que ha enriquecido a muchos que se denominan dirigentes y servidores de la nación”, o como la del saqueo del arco minero que, “amén de destruir la ‘Casa común de la Creación’, ha permitido que no pocos se llenen de las ganancias de la minería ilegal.

Contrabando de combustible escandaloso

Mons. Moronta señala la situación en la región tachirense, en donde los vehículos necesitan hasta 48 horas para llenar su tanque, y habla del “escandaloso contrabando de combustible”, – que en el país cuesta menos de un centavo de dólar, ndr.– .  Se trata de un hecho que el obispo denuncia como “irreversible”, “porque quienes tienen la misión de velar por la protección del pueblo o se hacen de la vista gorda o, sencillamente, tienen parte en el negocio”.

SEBIN no persiga a quienes piensan diferente, trabaje para objetivos válidos

Refiriéndose a la presencia de grupos irregulares en el país, a los “negociados de muchos dirigentes y autoridades, así como de civiles, en torno a lo que es el contrabando de gasolina y otros insumos necesarios”, como también a “los responsables y miembros de las mafias que trafican con personas y llevan a muchos jóvenes y adolescentes venezolanos a la prostitución en otros países, como si se tratara de una mercancía apetitosa”, indica que “sería bueno que el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), en vez de andar persiguiendo a quienes piensan diferente al Gobierno, se dedicaran a hacer labores de auténtica inteligencia”.

“La gente del pueblo está cansada, porque sigue siendo menospreciada. Hay represión de diverso tipo. Aunque no guste, la inmensa mayoría del pueblo, sufre una crisis de carácter humanitario. Se lo puedo atestiguar”, afirma. “No soy de los que está encerrado en oficinas, sino que camino por las comunidades, me encuentro con todos sin distinción” […] “No hay que tenerle miedo al pueblo si de verdad uno forma parte de él”, asegura.

Para que el diálogo sea verdadero hay que escuchar de verdad 

Al hablar del diálogo pedido por Maduro, Monseñor Moronta señala que el mismo “requiere del encuentro, del reconocimiento del otro y de la corresponsabilidad en los acuerdos y soluciones que se presenten”, y le recuerda:

“Usted ha acudido nuevamente al Papa para que se garantice el diálogo. Además de no haberse cumplido con anteriores acuerdos, según lo indicaba el Cardenal Pietro Parolin en la misiva del  2 de diciembre del 2016, no vemos disposición para el auténtico diálogo. Y no me refiero al del entablado o al que se quiere volver intentar, con las élites políticas del oficialismo y de la oposición. Hace muchos años hay un protagonista necesario del diálogo que ha quedado por fuera. Para que haya diálogo verdadero, hay que escuchar de verdad, con sinceridad, al mismo pueblo. Y eso ni se ha dado ni parece darse”.

Permita ingreso de ayudas humanitarias

Seguidamente menciona pedidos del pueblo que han encontrado “oídos sordos”; y reclama:

“El pueblo le pide que escuche el clamor que proviene de sus sufrimientos”; “atrévase a escuchar a ese pueblo que quiere ser tratado con dignidad y justicia, pero en paz y sin revanchismos”. “Pedir y recibir la ayuda de ese tipo (humanitaria ndr.) no es ninguna traición a la patria, sino un deber moral a favor de la dignidad de las personas que no tienen medicamentos, alimentos y otros insumos necesarios”.

Venezuela está siendo expoliada de sus bienes naturales

Con el corazón en los “numerosos hermanos” que deben emigrar para tratar de conseguir una mejor calidad de vida o para sostener a sus familias, resalta que Venezuela es una nación rica y “puede ser capaz de crear condiciones de vida que permitan a los ciudadanos ser gente honesta, progresista y constructora de futuro”, pero “está siendo expoliada por quienes explotan irracional e inhumanamente las minas y otros rubros de la economía del país”.

Permita elecciones libres

“Debe escuchar al pueblo que está pidiéndole un cambio de orientación política. Le está pidiendo que se dé la posibilidad de una nueva dirección, ¿Por qué no se arriesga a convocar a unas elecciones libres, con un nuevo CNE (constituido por representantes de todos los partidos políticos y por instituciones nacionales que tienen que ver con la academia, la economía, los obreros) y con la posibilidad de otros candidatos? Abra la puerta y póngase a un lado. La inmensa mayoría de los venezolanos está pidiendo que ya no siga al frente del Poder Ejecutivo. Es bueno recordar, al haber celebrado este 15 de febrero pasado 200 años del Congreso de Angostura, lo dicho por  Simón Bolívar en su discurso: “El sistema de gobierno más perfecto es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”, expresa.

No asustar al pueblo, evitar derramamiento de sangre

En la extensa carta el obispo de San Cristóbal cuestiona además algunas medidas tomadas por el gobierno de Maduro, como los piquetes militares para impedir la entrada de ayuda humanitaria, y cuestiona: “¿Es que acaso esos militares no son pueblo? Ellos están para defender a los hombres y mujeres de Venezuela y no para reprimirlos. ¿Sus asesores e informantes no le han dicho que la gente está resteada? Evite el derramamiento de sangre; deje a un lado la persecución a los disidentes; escuche y sienta el padecimiento de un pueblo que quiere libertad y justicia, pero con dignidad y sin opresión”.

Sí a la independencia y autonomía, no a las ideologías que destruyen la grandeza de la sociedad

Ya casi en la conclusión de la misiva el prelado recuerda las diversas referencias de Maduro a las influencias del “imperio”, y especifica: “Soy de los que creo que debemos reafirmar continuamente nuestra independencia y autonomía. Pero eso es válido también para aquellos países que quieren imponer en Venezuela una ideología que rompe con la integración latinoamericana, desvaloriza a la persona humana y destruye la grandeza de una sociedad”.

«Dé el paso»

Por último, la solicitud del Obispo de San Cristóbal a Nicolás Maduro es a que cuando los allegados de este último manifiesten sus desacuerdos con lo que ha dicho “ni ofendan ni descalifiquen”. Haciendo presente que esta carta es de su propia responsabilidad, pide “que no se tomen represalias, ni persecuciones, ni nada que atente contra la seguridad física, psíquica e integral de mi familia, de mis amigos allegados, de los sacerdotes ni de las comunidades que sirvo como pastor de la Iglesia”, y ofrece una oración para que el Dios de la Vida “le dé la sabiduría y la luz del Espíritu para que tome la decisión más conveniente para Usted y para todo el pueblo venezolano”. “Ya se lo hemos señalado. Dé el paso”, concluyó.

Escuche la Carta completa en la voz del Obispo Mario Moronta

 


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Venezuela; cómo fue y cómo sería ahora la intervención del Vaticano en la crisis

Cardenal Porras: Ni con Maduro, ni con Guaidó, con el pueblo venezolano

El cardenal arzobispo de Caracas comenta la respuesta del Papa Francisco a la solicitud de Nicolás Maduro de intervención para facilitar un diálogo en Venezuela y aclara: El rol de la Iglesia no es el de mediación, sino el de impulsar la unidad entre todos

Manifestaciones en las calles de Caracas

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Pubblicato il 14/02/2019
Ultima modifica il 14/02/2019 alle ore 10:53
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

La Iglesia no está ni con Maduro, ni con Guaidó. “Nosotros estamos con el pueblo de Venezuela”. Lo aclara el cardenal Baltazar Porras Cardozo. El arzobispo de Caracas comentó así la respuesta del Papa a la solicitud de Nicolás Maduro para un involucramiento del Vaticano en un pretendido diálogo con la oposición. Francisco le reprochó al mandatario su nula voluntad de avanzar en las conversaciones ya impulsadas, con su aval, a finales de 2016. “No nos sorprende en absoluto, esa ha sido la postura del Vaticano y el Papa desde sus inicios”, apuntó el purpurado.

Con una catarata de mensajes en el perfil oficial de la vicaría para los Medios de Comunicación de la Arquidiócesis de Caracas (@ArquiCaracas) en la red social Twitter, Porras ofreció una reconstrucción de hechos que aclara definitivamente cuál ha sido el rol de la Santa Sede, por un lado, y de los obispos, por el otro, en la extenuante crisis política, económica y social venezolana.

Además, confirmó algunos detalles clave para comprender la evolución diplomática de los últimos años. Ante todo, precisó que el Papa ha seguido, desde el principio y “muy preocupado”, la situación del país y que el Vaticano “siempre ha estado dispuesto a ayudar”. Como lo hizo en 2016, cuando se involucró en el primer intento de diálogo tras la petición expresa del gobierno y de la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (Mud).

No obstante, el cardenal fue muy claro al recordar que aquello “fue un fracaso” y eso hizo sentir a los enviados del Papa “que habían sido burlados”, porque nunca existieron ni condiciones específicas, ni una agenda clara para las conversaciones. Como lo delineó el mismo Jorge Mario Bergoglio, en su respuesta a Maduro del 7 de febrero último; la Santa Sede se sintió usada, pese a las promesas avanzadas incluso por escrito.

Aquel episodio permitió al régimen madurista ganar tiempo pero, al mismo tiempo, quemó prácticamente la única carta posible para lograr una salida institucional y pacífica a la crisis. Los reiterados intentos infructuosos por sentar en la misma mesa a oficialistas y opositores, realizados por el delegado vaticano Claudio Maria Celli durante al menos dos meses, irritaron en Roma. La proverbial paciencia de la diplomacia pontificia llegó a su límite el 1 de diciembre de 2016.

Ese día, el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin escribió una inusual carta dirigida a los representantes del gobierno venezolano. Inusual por el duro tono de la misma. La situación lo ameritaba: por esos días, mientras los representantes de Maduro hablaban con la Santa Sede de paz y serenidad, otros personajes ligados al oficialismo pronunciaban encendidas declaraciones públicas en sentido contrario. Por eso, el mismo Papa llegó a advertir: “las palabras parecían deslegitimar los buenos propósitos que habían sido puestos por escrito”.

Faltaban cinco días para el 6 de diciembre de 2016, cuando estaba agendada una nueva ronda de conversaciones. Ya habían pasado dos meses del anuncio del diálogo y el gobierno no ofrecía gesto alguno de buena voluntad. De ahí que, en su carta, Parolin haya sido muy explícito a la hora de pedir avances para volver a la mesa, estableciendo incluso cuatro puntos muy concretos: Medidas urgentes contra la crisis alimentaria y de medicinas, liberación de presos políticos, restituir sus poderes a la Asamblea Nacional y un calendario para elecciones democráticas.

Aquella carta jamás tuvo respuesta, como lo reveló ahora el cardenal Porras. La historia posterior es por todos conocida: Maduro reprimió con sangre las protestas populares, impulsó el establecimiento de una nueva Asamblea Constituyente y se reeligió.

Con esos antecedentes, resultaba inviable que el Papa se involucrara una vez más en un diálogo sin agenda, rumbo y medidas concretas. El Vaticano corrió el riesgo una vez y resultó burlado, muy ingenuo creer en su vocación de reincidencia.

En sus mensajes de Twitter, el cardenal de Caracas precisó varias cosas más. Primero sostuvo que, en Venezuela, se ha creado una “imagen distorsionada” de Francisco, por culpa de la “manipulación” o las “lecturas” de sus palabras. Así, hizo referencia a la estrategia del oficialismo de presentar algunas frases del pontífice como avales al régimen. Por eso, instó: “No nos quedemos solamente con alguna frase que nos pueda parecer que no satisface las aspiraciones”.

Al mismo tiempo, fue muy enfático al sostener que los obispos venezolanos están en “comunicación permanente” con el Vaticano. “No estamos nosotros por un lado y el Papa por otro. El Papa, como lo ha ratificado en la visita ad limina que tuvimos en septiembre, no sólo está contento, si no que lo que nosotros hemos hecho es avalado y seguido por el Vaticano”, apuntó.

De esta manera, volvió a rechazar las consideraciones interesadas de quienes pretenden sembrar cortocircuitos inexistentes entre la Conferencia Episcopal Venezolana y la Santa Sede, como si las posiciones críticas de la primera no coincidieran con los pensamientos de la segunda.

“Una de las características reales del Papa Francisco es la descentralización de la Iglesia, no todo lo soluciona la cabeza, para eso están los episcopados de cada uno de los países para que afronten estas situaciones”, insistió Baltazar Porras.

Más allá de las clarificaciones de situación, el cardenal también estableció varios puntos de fondo ante la realidad del país. Urgió a encontrar una solución pacífica a la crisis, afirmó que “el poder legítimo y elegido por el pueblo es claramente la Asamblea Nacional”, pero advirtió que no es responsabilidad de la Iglesia fungir de árbitro entre Maduro y Guaidó.

“Cuando decimos que no estamos ni con uno ni con otro no significa que nos estemos lavando las manos sino que nuestra función primordial, como creyentes y como pastores, es buscar la unidad. Aquí no se trata de quitar a uno para poner a otro, se trata de unir porque tan venezolanos somos unos como los otros. Los que están al frente necesitan escuchar la voz del pueblo venezolano”, escribió.

Reconoció que existe una expectativa desproporcionada ante la ayuda humanitaria que puede ingresar al país, cuando este apoyo llegará a una parte muy pequeña de la población: a los más vulnerables, bien sea a los niños, a los ancianos a quienes sufren alguna enfermedad. No obstante, constató que la solicitud de ayuda pone en evidencia las necesidades que existen en el país.

“Tenemos años en una caída libre que requiere que pensemos todos en la dignidad de la vida de los venezolanos, sin distinción. Nuestro papel no es el de mediación. Estamos con la gente; en estos días hemos visto tanto a obispos como sacerdotes; les hemos pedido que acompañen a sus comunidades”, ponderó.


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La Santa Sede y sus precedentes relaciones con el presidente venezolano Maduro. Vatican Insider

Francisco a Maduro: No a “cualquier diálogo”

Según el diario italiano “Il Corriere della Sera” el Papa ha escrito al presidente venezolano y le ha reclamado que, ya en 2016, su gobierno no cumplió los acuerdos establecidos para salir de la crisis política en el país sudamericano

Nicolas Maduro y el Papa Francisco

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Pubblicato il 13/02/2019
Ultima modifica il 13/02/2019 alle ore 17:11
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“No cualquier diálogo, sino el que se entabla cuando las diferentes partes en conflicto ponen el bien común por encima de cualquier otro interés y trabajan por la unidad y la paz”. Con esas palabras, el Papa le contestó al presidente venezolano. Pocos días atrás, Nicolás Maduro había pedido la mediación pontificia para lograr una salida a la crisis que asola a su país. Francisco le respondió recordándole que ya en el 2016 el Vaticano intentó mediar, pero que su gobierno jamás cumplió los acuerdos establecidos.

Una carta de poco más de dos páginas, escrita en español y con, al calce, la diminuta firma del líder católico. Fechada el 7 de febrero; dirigida al “excelentísimo señor” y no al presidente, como indicaría el protocolo. Un texto que aleja dudas y aclara el verdadero pensamiento del Papa con respecto al rol de la Santa Sede en la crisis venezolana.

Ante todo, el escrito repasó las iniciativas que, en el pasado, involucraron al Vaticano y a los obispos de ese país en un intento por “encontrar una salida”. “Por desgracia, todas se interrumpieron porque lo que había sido acordado en las reuniones no fue seguido por gestos concretos para realizar los acuerdos”, indicó Francisco. Y agregó que “las palabras parecían deslegitimar los buenos propósitos que habían sido puestos por escrito”.

Más adelante hizo referencia a la voluntad de la Santa Sede de ser “garante, por petición de las partes”, de la mediación impulsada a finales de 2016. Según el Papa, aquel fue un esfuerzo por encontrar una salida “modo pacífico e institucional”.

Esa iniciativa no terminó bien, por la voluntad manifiesta de los enviados del gobierno de no dar pasos adelante. Por eso el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, escribió una carta al gobierno fechada el 1 de diciembre de aquel año. Una misiva dura en los términos, que reclamó el estancamiento en el diálogo y estableció una serie de condiciones para volver a la mesa.

Ahora, en su carta, el Papa evocó aquel documento y subrayó que, en él, “la Santa Sede indicó claramente cuáles eran los presupuestos para que el diálogo fuese posible”. Insistió que se trata de “una serie de peticiones que consideraba indispensables para que el diálogo se desarrollase en manera fructífera y eficaz”. Y precisó que esas solicitudes, y “otras que desde entonces se sumaron como consecuencia de la evolución de la situación”, son más que nunca necesarias. Y pidió explícitamente que “se evite cualquier forma de esparcimiento de sangre”.

Hasta ahí las frases de la misiva de Francisco que se filtraron a la prensa, la mañana de este jueves 13 de febrero a través del diario italiano Il Corriere della Sera. Interpelada sobre su veracidad, la Sala de Prensa del Vaticano prefirió no hacer comentarios respecto de una “carta privada” que se publicó en un medio. No obstante, los matices lo son todo. En político y en diplomacia.

Ni los portavoces papales, ni los voceros de Maduro desmintieron el escrito. Por otra parte, confirmarla de manera oficial hubiese resultado inconveniente, desde el punto de vista diplomático y protocolar. Sea como sea, su contenido resulta aleccionador y ofrece importantes claves para comprender el papel de la Santa Sede en todo este problema.

En primer término, de manera sobria y sin estridencias, el Papa le reclama a Maduro su falta de palabra en el anterior proceso de mediación. Todo se remonta a septiembre de 2016, cuando un grupo de ex presidentes (entre ellos el español José Luis Rodríguez Zapatero) hicieron llegar al pontífice una propuesta concreta de intervención, para un diálogo entre el gobierno y la oposición. Francisco se mostró disponible y así lo expresó en cartas dirigidas a Maduro y a la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (Mud).

Eran semanas de febriles contactos en un proceso que se presentaba prometedor, tras semanas de manifestaciones multitudinarias por las calles de las principales ciudades del país.

En ese contexto, Jorge Mario Bergoglio aceptó recibir en audiencia al presidente venezolano, quien había solicitado ver al líder católico como gesto de buena voluntad. Pero en el Vaticano tomaron recaudos. El encuentro se dio por la tarde-noche, en una salita del Aula Pablo VI y no se distribuyó foto oficial. La sala de prensa de la Santa Sede calificó a la reunión de “privada” y la enmarcó en la “preocupante situación de crisis política, social y económica que atraviesa el país”.

Ese evidente bajo tono de la diplomacia papal no impidió que Maduro y sus colaboradores usaran mediáticamente la cita, presentándola como un aval al régimen y publicando fotos de una anterior audiencia para sostener sus dichos. Ese mismo día, en Caracas, la comitiva de ex presidentes anunciaba formalmente el inicio del diálogo entre el gobierno y la oposición. Lo hizo durante una conferencia de prensa, en la cual participó el entonces nuncio apostólico en Argentina.

Emil Paul Tscherrig asistió en representación de Claudio Maria Celli, diplomático vaticano de amplia experiencia y delegado oficial elegido por el Papa para el proceso. Él no pudo viajar a Caracas ese día por el cumpleaños número 90 del cardenal Achille Silvestrini, su gran mentor.

La ronda de conversaciones inició el 30 de octubre de 2016 en la Isla Margarita, pero el proceso realmente nunca despegó. Celli pasó dos meses tratando de sentar a ambas partes a la misma mesa pero jamás lo logró. Una situación que causó gran malestar en Roma, donde los diplomáticos vaticanos intentaban, por todos los medios, mantener en pie una situación de altísima fragilidad. El Papa había puesto su esperanza en el diálogo, sin importar las consecuencias ni reparar en las críticas, pero había sido usado.

En esos términos se gestó la famosa carta de Parolin del 1 de diciembre. Un mensaje extenso y firme en su tono, que buscó dejar en claro los contornos de la participación vaticana en todo el proceso. Esa carta resulta fundamental, porque el Vaticano siempre la consideró (y aún la considera) vigente.

En ella y entre otras cosas, el purpurado recordó que la Santa Sede estaba consciente “de los no pocos ni leves riesgos a los que tendría que hacer frente” al entrar en el diálogo “con la única finalidad de promover el bien de todos”. E insistió en que su rol no era de “mediación” sino de “facilitación” o “acompañamiento”.

Pero, lo más importante, Parolin demandó, “respetuosamente pero con firmeza” el cumplimiento de cuatro condiciones básicas para seguir adelante con el proceso iniciado y que debía continuar con reuniones el siguiente 6 de diciembre. Resumió las exigencias en cuatro puntos muy concretos: Implementación de medidas urgentes para aliviar la grave crisis de abastecimiento de comida y medicinas, establecimiento de un calendario para elecciones libres y democráticas, restituir los poderes quitados a la Asamblea Nacional y liberación de presos políticos.

No resulta casual que el Papa insista ahora, en su respuesta a Maduro, en las mismas peticiones de hace dos años atrás. La posición del Vaticano no ha cambiado desde entonces, y difícilmente cambiará. Pero, en el caso Venezuela, Francisco tiene una preocupación fundamental: Evitar más violencia y sangre. Para lograrlo deberá mantenerse en una posición por encima de las partes. Lo hará hasta el final, incluso a costa de críticas e insultos.


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El Vaticano confirma que el presidente Maduro le ha escrito al Papa

Foto de archivoFoto de archivo  (AFP or licensors)

Card. Parolin: Maduro ha escrito al Papa por el diálogo en Venezuela

El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede confirma la carta de Maduro enviada al Papa

El Director ad interim de la Oficina de Prensa del Vaticano, Alessandro Gisotti, confirma desde Abu Dabi lo que informó el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin sobre la carta del Nicolás Maduro. Este último, en una entrevista con una emisora italiana, informó que había enviado una misiva al Papa Francisco para favorecer la reconciliación en Venezuela. Un hecho expuesto al Cardenal Parolin por los periodistas presentes en Abu Dabi y confirmado por el mismo Cardenal.


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Venezuela: la toma de posesión de Maduro para un nuevo mandato como presidente

Venezuela, el 2019 del “inmaduro” Maduro más aislado que nunca

El presidente venezolano ha iniciado el nuevo mandato entre fuertes rupturas internas e internacionales. También la Iglesia reclama un cambio urgente, negociado y pacífico

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro

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Pubblicato il 11/01/2019
Ultima modifica il 11/01/2019 alle ore 18:19
ALVER METALLI
CARACAS

El actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha asumido el nuevo mandato presidencial que lo mantendrá en el poder hasta el 2025, al menos en teoría. Lo ha hecho el día después de la declaración de 13 países latinoamericanos que no reconocerán su gobierno, con la única excepción del México de Manuel López Obrador, que no ha firmado la declaración de repulsa de sus homólogos, no en señal de apoyo al gobernante venezolano sino como obsequio a una neutralidad que no es propensa a una ruptura de las relaciones diplomáticas.

El segundo sexenio de Maduro inicia con el mayor aislamiento jamás registrado por su gobierno y precisamente por parte de esa América Latina continental –Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Colombia y Ecuador– a la cual Venezuela ha intentado integrarse con el cambio de ruta de Chávez en la colocación geopolítica internacional del país, tradicionalmente dirigida a los países del Caribe.

El mismo día en que Maduro juraba su cargo ante el Tribunal Supremo de Justicia y no ante el Parlamento, como marca la Constitución, todos los obispos de Venezuela se reunieron en una Asamblea plenaria, la número 111 desde que fuera convocada por primera vez en el lejano 1974. Que las dos ceremonias, la laica y la eclesiástica, estuvieran estrechamente relacionadas no había duda. Y así fue.

Ya el día anterior a la sesión eclesial, en una nota publicada en el sitio de la Conferencia episcopal, los obispos recordaron la visita ad limina realizada al Vaticano en el mes de septiembre de 2018 y el encuentro colegial con el Papa. De aquel momento citaban significativamente las palabras de reconocimiento pronunciadas por Francisco sobre el carácter popular de su representación: “Se que estáis cerca de vuestro pueblo y os pido que no os canséis nunca de esa cercanía. Gracias por la resistencia”.

El inicio “formal”, por decirlo de alguna manera, de la resistencia de la Iglesia venezolana al régimen comienza en octubre de 2007, con Hugo Chávez como presidente, cuando el episcopado calificó por primera vez como “moralmente inaceptable” –prestar atención a la expresión, que vuelve a repetirse ahora exactamente igual– la propuesta de reforma constitucional del gobierno bolivariano que configuraba un “estado socialista”. Diez años después, en enero de 2017, los mismos obispos reunidos en asamblea identificaron “la causa fundamental” de la crisis en la que había precipitado el país “en la voluntad del gobierno de imponer el sistema totalitario llamado socialismo del siglo XXI”. Un modelo socialista que el 5 de mayo del mismo año apostrofaron como “militarista, policial, violento y represor”.

Más cerca aún, a inicios de 2018, los obispos condenaron la suspensión del referéndum que debía revocar (o no) el mandato de Maduro y la simultanea creación de una Asamblea nacional constituyente definida como “una usurpación del pueblo en su poder original”, por tanto “inconstitucional e ilegítimo en su origen y en su desarrollo”. Respecto a las elecciones de mayo que fueron ganadas por Maduro, denunciaron “la ilegitimidad, la improvisación y los graves vicios de forma”, viendo en la “alta tensión” registrada “un mensaje silencioso” de rechazo del sistema vigente.

El mes de julio del mismo año, los obispos escribieron que el país estaba viviendo “un régimen de hecho, sin respeto de las garantías previstas por la Constitución y de los más altos principios de la dignidad del pueblo”. Y llegamos a los días actuales.

En la asamblea episcopal que se cerró prácticamente a la vez que se produjo la asunción de Maduro, el presidente José Luis Azuaje Ayala, arzobispo de Maracaibo, trazó un balance dramático de 2018 con una inflación que galopa sin frenos, salarios pulverizados, servicios públicos que funcionan mal, muertes violentas que aumentaron a niveles récord y el 80% de los productos básicos que escasean o han desaparecido del mercado. La producción del petróleo cayó a los niveles más bajos de los últimos años y tres millones de venezolanos se han visto obligados a emigrar para mendigar un futuro fuera de su país de origen.

Sobre la cuestión de la legitimidad o ilegitimidad del nuevo sexenio de Maduro, las palabras del presidente de los obispos han distinguido con precisión entre la legitimidad constitucional –“sobre la cual, la historia cuando llegue el momento dará su veredicto”– y la “ilegitimidad moral” como a partir de ahora podrá ser definido el nuevo periodo. La amplia y detallada introducción del trabajo del presidente fue debatida y dio lugar a una exhortación final a la gente, que resume la opinión de la Iglesia de Venezuela. En un punto del texto se vuelve a hablar de “dignidad humana violada”, de “bien común desatendido”, de “verdad manipulada”, de “ilegitimidad en origen” del gobierno de Maduro por el hecho de que la convocatoria electoral del 20 de mayo sobre la que se funda el mandato fue ilegítima, “así como la misma Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo”.

El documento final de los obispos de Venezuela cita inesperadamente el pasaje de una homilía de 1979 de monseñor Romero, proclamado Santo por el Papa Francisco el 18 de octubre de 2018, donde el obispo mártir explica el origen del conflicto en la ilegitimidad de un sistema político: “Si hay un conflicto entre el gobierno y la Iglesia, no es porque la Iglesia es un adversario, sino porque el conflicto está ya establecido entre el gobierno y el pueblo, y la Iglesia defiende el pueblo”.

La toma de posesión de Maduro y el summit concomitante de los obispos venezolanos han estado acompañadas por una declaración de 20 ex presidentes que han criticado al Papa y su actitud

persistente a favor del diálogo. El texto de los ex presidentes incitó a los comentaristas a marcar la distancia entre los obispos venezolanos y Francisco, este último, en su opinión, demasiado benevolente y propenso a la negociación mientras que los primeros renuncian a recurrir a la negociación como solución a un conflicto. Es un comentario apresurado que no tiene en cuenta el texto final del trabajo de la Conferencia Episcopal Venezolana, que aún no se ha completado.

En la exhortación final de poco más de dos páginas dividida en nueve puntos, los obispos de Venezuela citan tres veces al actual Papa y todas ellas para contradecir las oposiciones a sus puntos de vista. “Como dijo el Papa Francisco, es necesario buscar juntos caminos de ‘concordia’ y entendimiento, de unión del pueblo venezolano, de respuestas a los múltiples problemas y de defensa de los derechos humanos que nos permitirán superar la crisis y servir a los más pobres”. Para terminar con un agradecimiento explícito por la “constante cercanía y preocupación” del Papa hacia Venezuela y una cita extraída del Mensaje del 7 de enero al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede: “Deseo para la querida Venezuela que se encuentren formas institucionales y pacíficas para resolver la crisis política, social y económica, formas que ayuden especialmente a los afectados por las tensiones de estos años y ofrezcan al pueblo venezolano un horizonte de esperanza y paz”.

Palabras que hacen pensar más en una diferenciación de papeles entre el Papa y los obispos de Venezuela, declinada en diferentes momentos en los veinte años de Chávez-Maduro, que en una distancia de puntos de vista. Mientras tanto, se acerca otra cita en la que hablaremos sobre Venezuela, el encuentro con el Papa en Panamá en la reunión ya programada con los obispos de América Central el jueves 24 de enero.