Loiola XXI

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Hace 500 años, el inicio de la reforma protestante de Lutero.

En los 500 años de la Reforma Protestante. Historia y desafíos

EN LOS 500 AÑOS DE LA REFORMA PROTESTANTE. HISTORIA Y DESAFÍOS

Juan Pablo Espinosa Arce. El 31 de octubre de 1517 el monje católico Martín Lutero perteneciente a la Orden de San Agustín y natural de Alemania, dio inicio a un gran movimiento de reforma al interior de la Iglesia Católica. Es el comienzo de lo que se conoce como la Reforma Protestante. Lutero expuso 91 tesis en las cuales denunciaba la usura del catolicismo romano, sobre todo la acción del papa León X al cobrar indulgencias (perdón de los pecados) para solventar los gastos de la construcción de la Basílica de San Pedro. Diversas causas se pueden identificar en este movimiento de división de la cristiandad europea del siglo XVI. Algunas de ellas son: lo político, sobre todo los intereses nacionales de Inglaterra y Alemania, países que veían en el papado un poder político demasiado grande. También encontramos causas económicas, sobre todo la venta de las indulgencias y de los altos cargos eclesiásticos en Roma. Existen también causas sociales, en específico el tema del mayorazgo, en donde tener una familia con un miembro sacerdote daba cierto estatus a dicho grupo familiar. Finalmente, las causas culturales, dominadas sobre todo por la difusión del humanismo, la imprenta, los nuevos descubrimientos geográficos y la Ilustración, procesos que fueron despertando el espíritu crítico hacia algunas prácticas de la Iglesia Católica.

León X excomulgó a Lutero el año 1521, siendo este último protegido por varios príncipes alemanes, sobre todo Federico de Sajonia. Desde su excomunión hasta 1529, Lutero comenzó la traducción de la Biblia al alemán. Este proceso de traducción fue clave, y favoreció el surgimiento de la imprenta. Lutero pudo así difundir el texto bíblico entre los alemanes y estos pudieron optar a la lectura de las Escrituras.

Algunas cuestiones teológicas del protestantismo

El protestantismo posee algunas doctrinas teológicas claves, las cuales son conocidas como las “solas”. Ellas son:

1) Sola Scriptura: la Biblia es Palabra de Dios y por ende debe ser creído todo lo que hay contenido en ella. Este principio niega la Tradición de la Iglesia, que para el catolicismo es también fuente de Revelación por cuanto Dios habla también en la Tradición; y también es una negación al Magisterio, a la palabra oficial del Papa y los Obispos. Y en segundo lugar, que cada uno interpreta el texto bíblico en virtud del llamado “principio de libre examen”.

2) Sola fides: afirma que el perdón de Dios para los pecadores es sólo motivado por la fe excluyendo las obras. Al afirmar el protestantismo que toda la humanidad se haya bajo el signo del pecado, las obras realizadas por los seres humanos están manchadas por el pecado y por ende no ayudan en la salvación.

3) Sola gratia: la salvación es un favor inmerecido que el pecador no puede conseguir por sus propios méritos.

4) Solo Christo: afirma que sólo Cristo es el mediador entre Dios y los hombres y que sólo Él nos alcanza la salvación.

5) Soli Deo gloria: señala que toda gloria es únicamente para gloria de Dios.

La teología sobre la Iglesia del protestantismo marca la invisibilidad de la comunidad creyente. No hay en la comprensión protestante una visibilidad histórica de la Iglesia, y por tanto tampoco un sacerdocio ministerial con un Pontífice a la cabeza. Se marca el sacerdocio común de los fieles adquirido en el bautismo. En cuanto a los sacramentos, los únicos dos sacramentos que considera el protestantismo son el bautismo, el cual se realiza para el perdón de los pecados, y la Santa Cena o Eucaristía que, a diferencia del catolicismo, no reconoce la presencia real del Señor luego de la celebración. Es más un recuerdo que un memorial que se prolonga.

Volver a la unidad perdida: el ecumenismo

Muchos años de división han provocado más malestar y conflicto que unidad. Fue en los albores del siglo XX cuando comenzaron con fuerza los trabajos ecuménicos que nacen, ante todo, de la fuerza del Espíritu de Dios. Así, y durante el Concilio Vaticano II (1962-1965) que provocó un proceso de diálogo de la Iglesia Católica con las tradiciones protestantes y con el mundo en general, fue promulgado el Decreto “Unitatis Redintegratio” – UR (21/11/1964) sobre el ecumenismo.

El ecumenismo, sostiene el Decreto, “es cosa de toda la Iglesia, tanto de los fieles como de los pastores, y afecta a cada uno según su propia capacidad, ya sea en la vida cristiana diaria, ya en las investigaciones teológicas e históricas” (UR 5). UR además coloca acentos en la necesidad de una constante renovación de la Iglesia, no de la doctrina y de su sustancia, sino que de la forma de anunciarla. La renovación y la reforma tiene “extraordinaria importancia ecuménica” (UR 6). Es por ello que el Concilio recuerda los avances en los trabajos de liturgia, estudios bíblicos y teológicos, prácticas de oración conjunta y de trabajo social en defensa de los Derechos Humanos. Todos estos elementos, sostiene el Decreto, “han de considerarse como otras tatas garantías y augurios que presagian felizmente los progresos futuros del ecumenismo” (UR 6). Así como hay una reforma a nivel macro, también es necesaria “la conversión del corazón” (UR 7).

Es necesario pedir continuamente la asistencia del Espíritu Santo que crea y renueva todas las cosas (Cf. Sal 103), que viene y va de lugares distintos (Cf. Jn 3), de manera que nuestro corazón se convierta a la unidad querida por Dios e implorada por Jesucristo (Cf. Jn 17,21). En sintonía con el Evangelio, el Concilio pide perdón por las faltas de unidad con las siguientes palabras: “humildemente, por tanto, pedimos perdón a Dios y a los hermanos separados, así como nosotros perdonamos a quienes nos hayan ofendido” (UR 7). Con ello, el don del perdón es condición sin la cual no hay verdadero ecumenismo.

Un tercer elemento de la reforma como exigencia del Concilio es el “conocimiento mutuo de los hermanos” (UR 9). Es necesario instaurar prácticas de reconocimiento, que no es solo un mero conocer intelectual, sino que es necesario conocer existencialmente, hacerse parte del mundo del otro, asumir la otredad como oportunidad de crecimiento y no como amenaza. Esto implica la superación de los fundamentalismos e imprime el trabajo de diálogo y de cooperación mutua.

Luego de estas indicaciones, el Concilio promueve algunas prácticas ecuménicas, entre las que destacan: la oración común, la formación teológica y el trabajo conjunto en lo social. Brevemente veremos cada una de ellas. La primera de las prácticas es la oración unánime (UR 8). Y es una de las formas más esenciales del movimiento ecuménico. En palabras del Decreto, “esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones públicas y privadas por la unidad de los cristianos han de considerarse como alma de todo el movimiento ecuménico y con toda verdad pueden llamarse ecumenismo espiritual” (UR 8).

La segunda práctica del ecumenismo es la formación ecuménica, sobre todo la teológica. Sostiene el Decreto: “es necesario que las instituciones teológicas y las demás disciplinas, especialmente las históricas, se enseñen también bajo el aspecto ecuménico, para que respondan con mayor exactitud a la realidad” (UR 10). Finalmente, el Concilio insta al trabajo común entre los cristianos, sobre todo a las acciones misioneras, de manera que el ecumenismo asuma los problemas concretos de esos territorios de misión.

Al finalizar, quedarnos con las palabras del papa Francisco en su encuentro en la Catedral Luterana de Lund en Suecia el 31 de Octubre del 2016: “Católicos y luteranos hemos empezado a caminar juntos por el camino de la reconciliación. Tenemos una nueva oportunidad para acoger un camino común. Pidamos al Señor que su Palabra nos mantenga unidos, porque ella es fuente de alimento y vida; sin su inspiración no podemos hacer nada”. Quiera Dios que los trabajos ecuménicos en nuestra Diócesis de Rancagua puedan continuar avanzando y afianzándose. 500 años nos deben invitar a mirar nuestra historia común y desde el Espíritu de Dios trabajar juntos por el Reino y su justicia.

Reforma


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El Papa a un congreso católico-protestante sobre Lutero.

El Papa al congreso sobre Lutero: “Mirar la historia sin rencores”

Francisco alienta un estudio “libre de prejuicios y polémicas ideológicas” sobre la figura del teólogo alemán, 500 años después del inicio de la reforma protestante

El Papa

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Pubblicato il 31/03/2017
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Un estudio “atento y riguroso”, “libre de prejuicios y polémicas ideológicas”. Tomar distancia de los “errores, exageraciones y fracasos, reconociendo los pecados que llevaron a la división”. Solo así se podrá asumir aquellos elementos “positivos y legítimos” de la reforma protestante. Son palabas de Francisco a los participantes de un congreso inédito sobre la figura de Martín Lutero. El Papa instó a mirar la historia con ojos distintos, cinco siglos después de las famosas tesis del teólogo alemán que desencadenaron la ruptura con Roma.

 

“Lutero 500 años después. Una relectura de la reforma luterana en su contexto histórico y eclesial”. Ese fue el título del encuentro convocado por el Pontificio Comité de Ciencias Históricas y que abordó, con aportaciones de católicos y luteranos, todo el entorno que influyó en la reforma.

 

Originalmente no estaba prevista una audiencia con el Papa, pero a último momento Bergoglio quiso intervenir. Saludando a los asistentes confesó sentir “gratitud a Dios” y “cierto estupor” por la reunión, considerando que “mucho tiempo atrás habría sido totalmente impensable”.

 

Destacó que abordar la figura de Lutero, católicos y protestantes juntos, por iniciativa de un organismo de la Santa Sede, es “como tocar con las manos los frutos de la acción del espíritu santo”, que “supera toda barrera y transforma los conflictos en ocasión de crecimiento en la comunión”.

 

Aseguró que los estudios serios sobre ese personaje y la crítica que lanzó contra la Iglesia de su tiempo y el papado, contribuyen a superar el clima de mutua desconfianza y rivalidad que “por demasiado tiempo” caracterizó por años las relaciones entre los católicos y los protestantes. Aunque reconoció que todos están muy conscientes que “el pasado no puede ser cambiado”.

 

“Hoy, tras 50 años de diálogo ecuménico entre católicos y protestantes, es posible cumplir una purificación de la memoria, que no consiste en realizar la imposible corrección de lo ocurrido 500 años atrás, más bien relatar esta historia de modo distinto, sin más huellas de aquel rencor por las heridas sufridas que deforman la visión que tenemos los unos de los otros”, estableció.

 

“Hoy, como cristianos, estamos todos llamados a liberarnos de prejuicios hacia la fe que los otros profesan, con un acento y un lenguaje diverso, a intercambiarnos mutuamente el perdón por las culpas cometidas por nuestros padres e invocar juntos de Dios el don de la reconciliación y la unidad”, añadió.

 

Este viernes se llevaron a cabo las sesiones conclusivas del congreso, que inició el miércoles 29. No todas las conferencias se centraron en la persona del fraile agustino. También se abordó el concepto de “reforma católica”, así como las historias de otros obispos reformadores y de la reforma en las órdenes religiosas. Hubo espacio, también, para analizar el equilibrio de fuerzas políticas en la Europa de la época.

 

“Hay que preguntarse cuáles son los elementos no teológicos que llevaron a la ruptura, entre ellos los políticos. No olvidemos que en Alemania había tensiones entre los príncipes españoles y los emperadores”, explicó Bernard Ardura, presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas.

 

“Ciertas relecturas permiten descubrir que existieron malos entendidos. Con palabras distintas formas tenemos la misma fe, aunque después permanecen otros aspectos como la constitución de la Iglesia, los sacramentos, que están todavía pendientes”, agregó.

 

Explicó que el objetivo del congreso es promover “una historia neutra”, “honesta” y “sostenida por los documentos”, pero aceptó que se trata de una tarea difícil.

 

Y constató: “Al inicio, él quería hacer una reforma al interno de la Iglesia. Hubo una evolución, presiones de todo tipo, que desembocaron en la ruptura. Pero es claro que, al inicio, Lutero había buscado un camino espiritual. En los siglos pasados fue percibido como la encarnación del diablo, el que rompió la comunión y otras cosas. Hoy no se trata, para nosotros, de decir que lo que hizo fue algo bueno, pero podemos explicar cómo sucedió esto”.


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Diálogo sobre Lutero entre católicos y protestantes.

Católicos y protestantes imploremos a Dios el don de la reconciliación y la unidad, aliento del Papa

(RV).- Con su cordial bienvenida a los participantes en el Encuentro «Lutero: 500 años después», organizado por el Pontificio Comité de Ciencias Históricas, el Papa Francisco destacó, en primer lugar, su alegría y gratitud a Dios, acompañada por cierto estupor, señalando que, hasta no hace mucho tiempo, «hubiera sido impensable» un encuentro así:

«Hablar de Lutero, católicos y protestantes juntos, por iniciativa de un organismo de la Santa Sede: tocamos con mano, verdaderamente los frutos de la acción del Espíritu Santo, que supera toda barrea y transforma los conflictos en oportunidades de crecimiento en la comunión».

Haciendo hincapié en que «Del conflicto a la comunión es precisamente el título del documento de la Comisión Luterano-Católico Romana sobre la Unidad», ante la conmemoración conjunta del V centenario del comienzo de la Reforma de Lutero, el Papa subrayó la importancia de enfocar juntos esos cinco siglos:

«Profundizar seriamente sobre la figura de Lutero y su crítica contra la Iglesia de su tiempo y el papado contribuye ciertamente a superar ese clima de mutua desconfianza y rivalidad, que caracterizó, durante demasiado tiempo en el pasado, las relaciones entre católicos y protestantes. El estudio atento y riguroso, libre de prejuicios y de polémicas ideológicas, permite a las Iglesias, hoy en diálogo, discernir y asumir todo lo positivo y legítimo que hubo en la Reforma, así como distanciarse de los errores, exageraciones y fracasos, reconociendo los pecados que llevaron a la división».

Conscientes de que el pasado no se puede cambiar, afianzados en los cincuenta años de diálogo ecuménico entre católicos y protestantes, el Papa Francisco reiteró su aliento y anhelo de impulsar el diálogo y de orar por la reconciliación y la unidad:

«Hoy, como cristianos, estamos llamados todos a liberarnos de prejuicios sobre la fe que los otros profesan, con un acento y un lenguaje distintos, a intercambiarnos mutuamente el perdón, por las culpas de quienes nos han precedido,  y a invocar juntos a Dios implorando el don de la reconciliación y la unidad».