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El Papa en el ayuntamiento de Roma

El Papa en el Campidoglio: que el esplendor no se degrade y que Roma sea maestra de acogida

Francisco visita la sede del Ayuntamiento de la capital italiana: «La ciudad es un organismo delicado que necesita cuidado humilde y asiduo, además de valor creativo». Virginia Raggi anuncia la creación de una beca de estudios dedicada a la Laudato si’

El Papa Francisco y la alcaldesa Virginia Raggi

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Pubblicato il 26/03/2019
Ultima modifica il 26/03/2019 alle ore 17:17
DOMENICO AGASSO JR – SALVATORE CERNUZIO
ROMA

«¡No se teman la bondad ni la caridad! Ellas son creativas y generan una sociedad pacífica, capaz de multiplicar sus fuerzas, de afrontar los problemas con seriedad y menos ansiedad, con mayor dignidad y respeto por cada uno y de abrirse a nuevas oportunidades de desarrollo». En un Campidoglio todavía sacudido por arrestos, investigaciones y escándalos de corrupción de los últimos días, la atmósfera es serena mientras el Papa Francisco pronuncia su discurso ante la Administración de la capital italiana.

«La “Ciudad eterna” es como un enorme cofre de tesoros espirituales, histórico-artísticos e institucionales, y al mismo tiempo es el lugar habitado por cerca de tres millones de personas que aquí trabajan, estudian, rezan, se encuentran y llevan adelante su historia personal y familiar, y que en su conjunto son el honor y el esfuerzo de todo administrador, de todo aquel que trabaje por el bien común de la ciudad», dice el Papa. «Es un organismo delicado, que necesita cuidados humildes y asiduos, además de valor creativo para mantenerse ordenado y vivible, para que tanto esplendor no se degrade y al cúmulo de las glorias pasadas se pueda sumar la contribución de las nuevas generaciones, su específico genio, sus iniciativas, sus buenos proyectos».

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Los aplausos son espontáneos mientras habla el Papa y, en el Aula Giulio Cesare se escuchan en varias ocasiones los bostezos y los grititos de los niños presentes, hijos y nietos de los empleados. Varios niños también están fuera del aula, en la zona de Sixto IV, esperando desde las 8 de la mañana la llegada del Pontífice argentino, cuarto Papa que visita la colina Capitolina en donde nació la ciudad eterna. Francisco llegó en coche hacia las 10.15, con unos 15 minutos de antelación respecto al programa, a pesar de haber visitado la Pontificia Universidad Lateranense, visita no programada, para dirigir sorpresivamente una de las meditaciones de Cuaresma.

Entre la música de los Fieles de Vitorchiano, las banderas al aire y un enorme arreglo de flores con el lema de su Pontificado (“Miserando atque eligendo”), el Papa, bajo una inesperada lluvia primaveril, fue acogido, en compañía del cardenal vicario Angelo De Donatis, fue recibido por la alcaldesa Virginia Raggi, visiblemente emocionada. Lo acompaña después hacia la Sala del Reloj del Palacio Senatorio para que salude a sus familiares. Al entrar el estudio de la alcaldesa, Bergoglio se asomó por unos instantes desde el balcón para admirar el sugerente panorama de la zona de los Foros Imperiales. Intercambia algunas palabras con la primera ciudadana.

La conversación privada se lleva a cabo pocos instantes después. Tras ella sigue el encuentro con el vice-alcalde Luca Bergamo, con los presidentes de los grupos de consejeros y con los dirigentes Capitolinos, a quienes Bergoglio entrega una copia del libro “Replantear el futuro de las relaciones” con sus discursos sobre Europa. El Papa después se traslada a la Sala de las Banderas para saludar a los Asesores capitolinos y a los presidentes de los Municipios y firmar el Libro de Oro Capitolino.

Hombro a hombro, Raggi y Bergoglio entran al Aula Giulio Cesare, tradicional lugar de reunión del consejo del ayuntamiento. Sentado en un sillón de terciopelo rojo, el Papa, con la junta casi completa, escucha el saludo de la alcaldesa, quien insiste en el compromiso para que Roma sea «cada vez más una metrópoli plural y abierta». Después toma él la palabra y, de inmediato, tutea a los que gobiernan la ciudad de la que es obispo y pastor.

A ellos el Papa Francisco recuerda la «peculiar identidad histórica, cultural e institucional de Roma», que también establece que «la Administración capitolina sea capaz de gobernar esta compleja realidad con instrumentos normativos apropiados y una congruente dotación de recursos». «Mucho más decisivo, sin embargo, es que Roma se mantenga a la altura de sus tareas y de su historia, que sepa también en las circunstancias mutadas del presente ser faro de civilización y maestra de acogida, que no pierda la sabiduría que se manifiesta en la capacidad de integrar y hacer que cada uno se sienta plenamente implicado en un destino común».

Precisamente la acogida es uno de los rasgos característicos del alma de Roma que, a lo largo de sus casi 2.800 años de historia, «ha sabido acoger e integrar a diferentes poblaciones y personas provenientes de todo el mundo, pertenecientes a las más variadas categorías sociales y económicas, sin anular sus legítimas diferencias, sin humillar ni aplastar sus respectivas características e identidades». Es más, Roma a prestado a cada una el «humus» para que surgiera «lo mejor de cada una y dar forma –en el recíproco diálogo– a nuevas identidades».

El Papa define la Capital italiana como «polo de atracción» para muchos estudiantes, turistas, peregrinos, prófugos y migrantes provenientes de todas las regiones de Italia y de muchos países del mundo. Bisagra, insiste Bergoglio, «entre el norte continental y el mundo mediterráneo, entre la civilización latina y la civilización germánica, entre las prerrogativas y las potestades reservadas a los poderes civil y las del poder espiritual».

Roma es, efectivamente, el centro del catolicismo, tierra de mártires, empezando por los apóstoles Pedro y Pablo, y meta de cristianos que, recuerda el Papa, «han contribuido a dar a la Urbe un nuevo rostro, que, incluso en la madeja de las alternas vicisitudes históricas, con sus dramas, luces y sombras, resplandece todavía hoy por la riqueza de los monumentos, de las obras de arte, de las iglesias y de los palacios», todo ello dispuesto de manera inimitable en las siete colinas, encabezadas precisamente por la Capitolina.

Todo este bagaje histórico y cultural «obliga al poder temporal y al poder espiritual a dialogar constantemente, a colaborar establemente en el recíproco respeto; y exige también ser creativos, tanto en el entretejer cotidiano de buenas relaciones, como al afrontar los numerosos problemas que la gestión de una herencia tan inmensa lleva necesariamente consigo», subraya el Pontífice.

También recuerda que el Congreso de hace 45 años, que pasó a la historia como el “Congreso sobre los males de Roma”, permitió «afrontar con mayor conciencia las reales condiciones de las periferias urbanas, a las que habían llegado masas de inmigrantes provenientes de otras partes de Italia». Ahora como entonces, las mismas periferias han visto la llegada desde muchos países de «numerosos migrantes que huye de las guerras y de la miseria, quienes tratan de reconstruir su existencia en condiciones de seguridad y de vida digna».

«Roma, ciudad hospitalaria, está llamada a afrontar este desafío histórico siguiendo el surco de su noble historia; está llamada a usar sus energías para acoger e integrar, para transformar las tensiones y problemas en oportunidades de encuentro y de crecimiento», recomienda el Papa. Que también exhorta a no olvidar «los recursos de creatividad y de caridad necesarios para superar los miedos que pueden bloquear las iniciativas y los posibles recorridos» que podrían «hacer que florecer la ciudad, fraternizar y crear ocasiones de desarrollo, tanto cívico y cultural como económico y social».

Para concluir, el Obispo de Roma asegura la ayuda de la Iglesia a la Ciudad y a todos sus habitantes, mediante, principalmente, la red de parroquias, escuelas e instituciones caritativas, y el «amplio y encomiable compromiso» de la red de voluntariado. «La Santa Sede –afirma el Papa– desea colaborar cada vez más y mejor por el bien de la ciudad, al servicio de todos, especialmente de los más pobres y desfavorecidos, para la cultura del encuentro y para una ecología integral».

Al final, después de la bendición y de encomendar a la ciudad a su patrona, la “Salus Populi Romani”, Raggi anunció la creación de una beca de estudios dedicada a la “Laudato si’”, la encíclica “verde” del Papa Francisco. Después se lleva a cabo el intercambio de los regalos: por parte del Papa, un mosaico que reproduce el Coliseo y las medallas del Pontificado. Llueve todavía cuando el Papa se asoma a la Logia del Palacio Senatorio, en donde están reunidos algunos ciudadanos bajo paraguas de colores. «Queridos romanos, ¡buenos días! Como su obispo, normalmente los encuentro en San Pedro, en San Juan o en las parroquias… Hoy me ha sido posible dirigirles la palabra y el saludo desde el Campidoglio, cuna de esta ciudad y corazón latiente de su vida administrativa y civil. ¡Gracias de su presencia y gracias por el afecto que tienen por el Sucesor de Pedro!».

El Pontífice recuerda también a los que «no comparten nuestra fe: para todos es mi cercanía espiritual, mi aliento a ser cada día “artesanos” de fraternidad y de solidaridad». «Como tanta gente en todo el mundo, también ustedes, ciudadanos de Roma, están preocupados por el bienestar y la educación de sus hijos, les importa el futuro del planeta y el tipo de mundo que dejaremos a las futuras generaciones», añade. «Pero hoy, y cada día, quisiera pedirle a cada uno de ustedes, según las propias capacidades, que se cuiden los unos a los otros, que estén cerca los unos de los otros, que se respeten recíprocamente. Así encarnarán en ustedes mismos los valores más bellos de esta Ciudad: una comunidad unida, que vive en armonía, que actúa no solo por la justicia, sino en un espíritu de justicia»


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Director de L’Osservatore romano sobre la visita del Papa a Panamá. Impresiones

Andrea MondaAndrea Monda 

Impresiones de Andrea Monda sobre la Conferencia de Prensa en el avión

“Viaje para confirmar la fe y descubrir nuevos sentimientos” son algunas de las impresiones de Andrea Monda, Director de Osservatore Romano, quien participó en la Conferencia de Prensa del Papa Francisco con los periodistas en el vuelo de regreso de Panamá.

De Andrea Monda – Ciudad del Vaticano

Hablando de la misión, el Papa Francisco abrió la rueda de prensa en el vuelo que lo lleva a casa después de los cinco días de la JMJ en Panamá, habla de la misión que fue el último tema (mejor: la belleza de tener una misión) por él abordado en el encuentro final con los jóvenes voluntarios en el Estadio Rommell Fernández: “Mi misión en una Jornada de la Juventud es la misión de Pedro, es decir, confirmar en la fe y esto no con mandatos “fríos” o preceptivos, sino dejándome tocar el corazón y respondiendo a lo que le sucede. Yo lo vivo de esa manera, me cuesta pensar que alguien pueda hacer una misión sólo con su cabeza. Para realizar una misión se necesita sentir, y cuando sientes te sacude. Te sacude la vida, te sacuden los problemas.

En el aeropuerto estaba despidiendo al Presidente y trajeron a un niño de color, amable y muy joven, y me han dicho: “Mire, este niño estaba cruzando la frontera de Colombia, su madre está muerta, se ha quedado solo. Tiene cinco años. Viene de África, pero todavía no sabemos de qué país porque no habla inglés, ni portugués, ni francés. Solamente habla el idioma de su tribu. Lo hemos adoptado un poco nosotros”. El drama de un niño abandonado por la vida, porque su madre ha muerto y un policía lo ha entregado a las autoridades para que se hagan cargo. Esto te afecta, y entonces la misión comienza a tomar color, te hace decir algo, te hace acariciar. La misión siempre te involucra. Al menos a  mí me involucra. No puedo hacer balance de la misión. Yo con todo esto voy ante el Señor para orar, a veces me duermo ante el Señor, pero trayendo todas estas cosas que he vivido en la misión y le pido que Él confirme la fe a través de mí. Así es como trato de vivir la misión del Papa y cómo la vivo”.

A aquellos que le preguntan si la JMJ ha cumplido con sus expectativas, el Papa responde rápidamente: “Sí, el termómetro es el cansancio y yo estoy destrozado”.

El Papa está cansado, se ve, pero no se detiene, enfrenta el último esfuerzo de la Conferencia de Prensa sonriendo, respondiendo con el corazón abierto a las preguntas más “astutas” y los periodistas aprecian la conversación con un aplauso final espontáneo y cálido.

Muchas preguntas, muchos temas tratados: desde la educación sexual hasta el celibato de los sacerdotes, desde el abandono de la Iglesia por parte de los jóvenes, desde el aborto hasta el tema de los abusos, desde la crisis de Venezuela hasta el tema de los migrantes. Grandes temas, desafiantes a los que el Papa no escapa incluso cuando, como en el caso del celibato sacerdotal, después de haber expuesto su convicción personal, responde que en un tema tan complejo todavía es necesario pensar y sobre todo orar (“sobre esto he rezado aún lo suficiente”), porque la suya no es la opinión de un experto que quizás tenga la solución para cada problema, pero es la palabra de un hombre de fe.

Hombre de fe, hombre de paz: así es como lo llama un gran cartel que lo ha acompañado a través de las calles de Panamá: “La comunidad islámica da la bienvenida al Papa Francisco, un hombre de fe”. Un saludo que parece ser un renacimiento y un adiós al próximo viaje, el próximo domingo, a los Emiratos Árabes Unidos, un evento con un significado histórico que ve por primera vez a un sucesor de Pedro en la península arábica. Es hermoso y reconfortante descubrir por los organizadores que la comunidad islámica no se detuvo en el saludo sino que, junto a la comunidad judía, ha predispuesto la acogida en sus hogares de cientos de jóvenes que llegaron a Panamá para la JMJ.

Cinco días que han dado gran alegría al Papa que al final de la conferencia vuelve a hablar de Panamá con palabras firmes y sinceras: “Me gustaría decir una cosa sobre Panamá: he sentido un sentimiento nuevo, me ha venido esta palabra: Panamá es una nación noble. He encontrado nobleza. Y luego me gustaría decir otra cosa que dije cuando regresé de Colombia: algo que nosotros en Europa no vemos y que he visto aquí en Panamá. Levantan a sus hijos y te dicen: esta es mi victoria, este es mi orgullo, este es mi futuro. En el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa, especialmente en Italia, esto debe hacernos pensar. ¿Cuál es nuestro orgullo? ¿El turismo, las vacaciones, la villa, el perro o el hijo?.


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Grave crisis de Venezuela. Comentario de L’Osservatore romano

Venezuela
Pastorale della speranza 
L’Osservatore Romano

(Marco Bellizi) Di fronte al Venezuela non si può essere semplici spettatori. Non lo possono essere i venezuelani, perché la crisi è ormai così diffusa da non risparmiare nessuna classe sociale. Ma non lo può essere neanche chi, fuori da quei confini, pensa di essere al riparo da un’emergenza che si sta invece estendendo in tutta l’area circostante. A maggior ragione non lo può essere chi, oltre alle preoccupazioni legate alla geopolitica, riesce a sentire come proprie le sofferenze di milioni di persone che negli ultimi anni sono state costrette ad abbandonare le loro case perché affamate, senza cure, senza medicine.
Negli ultimi cinque anni sono stati più di tre milioni i venezuelani obbligati a emigrare. Si sono diretti in Colombia, in Brasile, in Perú, in Cile ingrossando le fila di un esercito di disperati che bussa alle porte di paesi con risorse limitate e con difficoltà endemiche che rischiano di trasformarsi in una bomba sociale se la pressione migratoria venezuelana non si fermasse. A partire dal 2000 in Venezuela hanno chiuso oltre mille imprese, non si producono più molti beni di base, la moneta non circola e l’inflazione cresce del 6 per cento ogni giorno, facendo aumentare continuamente i prezzi. La denutrizione infantile sta assumendo, per i bambini da 0 a 5 anni, proporzioni drammatiche. Sono riapparse malattie che erano scomparse, come la malaria o la tubercolosi, oltre alla generale mancanza di cure mediche e medicinali. Le cronache quotidiane riferiscono con sempre maggiore frequenza di morti dovute alla mancanza della più semplice assistenza sanitaria.

L’attenzione internazionale, di fronte a questa crisi, non è sufficientemente alta. Eppure, l’inviato delle Nazioni Unite per la crisi migratoria del Venezuela, il guatemalteco Eduardo Stein, nei giorni scorsi, ha disegnato il quadro senza mezzi termini definendolo «un terremoto umanitario». E ha paventato un ulteriore aumento delle fughe di massa dal paese, ipotizzando la cifra di circa 5,5 milioni di venezuelani che entro la fine dell’anno potrebbero aver varcato la frontiera. Di questi, gran parte sono giovani, le forze migliori. La Colombia, nei giorni scorsi, si è rivolta all’Organizzazione degli stati americani lamentando che l’emergenza sta estendendo i suoi effetti a tutti i paesi dell’area. Il fatto è che le considerazioni di natura politica e diplomatica, le strategie geopolitiche, se non qualche complicità, rendono la comunità internazionale inerme. Del Venezuela, sui grandi mezzi di informazione, si sente parlare molto poco. Ed è oggettivo che oggi, la Chiesa può essere uno dei pochi riferimenti rimasti a chi non si rassegna al naufragio. Non è certo un caso l’attenzione riservata dal Papa a questo paese nel suo messaggio di Natale. Il Santo Padre conosce bene quale sforzo la Chiesa locale debba produrre nell’esclusivo interesse della popolazione. Un impegno non ideologico. Piuttosto un investimento sulla speranza. «Noi venezuelani non possiamo essere semplici spettatori di quello che succede nel paese, poiché siamo cittadini e, come tali, attori sociali di prim’ordine», hanno spiegato i vescovi aprendo i lavori della loro assemblea plenaria in corso in questi giorni. L’elenco delle tante mancanze della politica nazionale non deve essere strumento di denigrazione né frutto di preconcetti ideologici: è un appello alla mobilitazione. Come cittadini, spiegano i presuli, «tocca a noi assumere le responsabilità che ci competono per migliorare l’attuale situazione e recuperare il paese, con i suoi valori e le sue potenzialità». Un compito, aggiungono, che richiede la «creatività e la mobilitazione» di tutti i settori sociali. Con obbiettivi concreti: in primo luogo «continuare ad aiutare le persone a sopravvivere, sia i più deboli e i meno protetti all’interno del paese, sia coloro che sono emigrati, cercando lavoro e migliori condizioni di vita, rifugio e asilo». In secondo luogo «continuare a operare in difesa e per la promozione dei diritti umani». Infine, «sviluppare programmi di formazione e organizzazione che permettano il recupero delle istituzioni democratiche e la ricostruzione del paese in modo pacifico». Tutto ciò al di fuori della contrapposizione politica o ideologica e all’interno di un discorso di buon senso, di una prospettiva positiva e costruttiva: di una pastorale della speranza.
L’Osservatore Romano, 10-11 gennaio 2019


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Declaraciones de Andrea Monda, nuevo director de L’Osservatore romano

 Profesor Andrea Monda 

Monda: “El Osservatore Romano portará la voz y la verdad de la Iglesia”

“El cristiano debe estar al mismo tiempo cerca de los hombres, pero también debe tener la distancia correcta, esa extrañeza que le permite entender, juzgar, afectar sin enredarse en la lógica de una crónica que a menudo se ve pero no ve, se interpreta sin saberlo primero”, así lo dice el nuevo director del diario oficial del Vaticano.

José Villanueva – Ciudad del Vaticano

El 20 de diciembre, el nuevo director de L’Osservatore Romano Andrea Monda ha publicado su primer editorial.

Al comenzar su publicación, el jurisconsulto y experto en temas de estudios religiosos, resalta la misión que el diario oficial del Vaticano tiene en llevar la voz del Papa y de la Iglesia a todos los lectores: “mirar e interpretar lo que sucede en el mundo a la luz del Evangelio; ¿ser la primera y más clara fuente para alimentar la búsqueda de la verdad?”, señala Monda.

Salir al encuentro

De igual manera, el flamante director aprovecho la oportunidad para brindar un reconocimiento al trabajo de su predecesor Giovanni Maria Vian, quien estuvo al mando de L’Osservatore Romano por cerca de once años; a quien también aprovechó para hacer una mención al Sumo Pontífice, por el encargo de dirigir dicha gaceta.

“Sintiendo sobre mis hombros todo el peso de la responsabilidad que me confió el Santo Padre, no puedo dejar de hacer esta pregunta decisiva. Y no puedo encontrar una respuesta más simple y verdadera que la que sigue al seguir el modelo indicado por Jesús en los Evangelios, como en el pasaje de los discípulos de Emaús. Aquí, donde el Papa Francisco nos recuerda que Jesús se convierte en un compañero en la calle y entra en las conversaciones de los hombres, dándole una nueva dirección y un nuevo impulso vital”.

Informarse de la realidad

Prosiguiendo con la comparación del pasaje Jesús y los discípulos de Emaús, en la cual el maestro sale al encuentro, justamente es allí donde los medios de comunicación, cumplen su rol en acercar al cristiano con el resto de los hombres, de la realidad lo cual le permita estar al tanto del contexto real y poder entender, juzgar con su propia lógica.

“El L’Osservatore Romano debe caminar al lado de cada hombre y al mismo tiempo evitar que el “extraño” pellizque para que no pueda decir una palabra fuerte, sorprendente e inquietante, capaz de romper esa familiaridad que ya no respeta la maravilla de la realidad, reduciéndola a la banalidad y la discreción. Solo de esta manera, se puede dar valor al corazón, dar esperanza a un alma desanimada”, resalta el director de L’Osservatore Romano.

Portador de la llama humana

Según Monda, aluce que la sociedad se va sesgando por la banalización y la indiferencia está siendo absorbido por la humanidad en la gente, pero ante todo la Iglesia estará allí portando siempre el mensaje de la verdad del Evangelio

“A esta humanidad decepcionada y afligida vendría, a través de este diario, la voz de la Iglesia, solo ella tan extraña como para poder sacudir las conciencias y encender los corazones de un mundo que arriesga el gran frío de la apatía, la desilusión y el individualismo miope. Una voz que no desciende desde lo alto, sino que fluye desde las entrañas, movida por el amor, la única verdadera y luminosa novedad que renace cada día, tal vez escondida como en Belén en alguna cueva oscura del dramático y maravilloso mundo de los hombres”, finaliza.


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Montserrat Caballé según L’Osservatore romano

È morta Montserrat Caballé

Spesso le grandi carriere liriche nascono da una indisposizione di qualcun altro. È accaduto anche a Montserrat Caballé, grande soprano spagnolo morta all’età di 85 anni all’alba del 6 ottobre a Barcellona. La fortuna di quella che è stata definita l’ultima diva della lirica, “la superba”, che primeggiava in fama con Maria Callas, “la divina”, e con Joan Sutherland, “la stupenda”, era iniziata nel 1965, quando sostituì l’indisposta Marilyn Horne, in una Lucrezia Borgia di Gaetano Donizetti al Metropolitan di New York. Non sorprende, a posteriori, il trionfo decretato dal pubblico che si rese conto di avere assistito a un evento storico. La stessa Horne telefonò in piena notte a Caballé appena tornata in albergo per dirle che era felice di non aver potuto cantare e di avere ascoltato di nascosto la sua interpretazione. Montserrat non parlava bene l’inglese al tempo, non capì esattamente e se lo fece ripetere in italiano, la lingua franca dei cantanti d’opera. Le porte dei teatri si aprirono e negli anni settanta arrivò tutto, il debutto alla Scala, alla Royal Opera House, e ovunque ci fosse un grande direttore a chiamarla. Inutile fare l’elenco dei luoghi, è stata una stella mondiale, per tutti e di tutti. Il suo repertorio contava più di ottanta personaggi e spaziava dal barocco a Verdi, da Wagner a Puccini, da Bellini e Richard Strauss. Affianco a lei Plácido Domingo disse di «avere scoperto un nuovo mondo», José Carreras rimase incantato, Luciano Pavarotti la protesse come una figlia. Purezza della voce, controllo dell’emissione, delicati filati, duttilità, timbro inconfondibile, indimenticabile per tutti gli anni ottanta. Nel decennio successivo, come i tre grandi con cui aveva condiviso trionfi, si spostò anche su repertori di più facile presa e dalle minor pretese vocali. Basta andare su Google per verificare che “la superba” è immortalata nella memoria collettiva per un duetto con Freddie Mercury che diventò l’inno dei Giochi olimpici del 1992. Certo chi ha classe nobilita tutto, ma per esempio quella Bohème del 1976 al Metropolitan con Pavarotti e James Levine sul podio renderebbe più onore a uno dei più grandi talenti vocali del Novecento. Non che le due cose siano in contrapposizione, ma se almeno qualche grande interpretazione della Caballé apparisse non al primo posto ma almeno nella prima pagina della ricerca su internet, chi ancora non lo sa potrebbe scoprire cosa abbia significato essere “la superba”.


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L’ Osservatore Romano: la renuncia de Benedicto XVI

 

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          La renuncia de Benedicto XVI. Editorial de L’ Osservatore Romano

Es un acontecimiento sin precedentes, y consecuentemente ha dado enseguida la vuelta al mundo: se trata de la renuncia de Benedicto xvi al papado. Como el propio Pontífice ha anunciado con sencilla solemnidad a un grupo de cardenales, desde la tarde del 28 de febrero la sede episcopal de Roma estará vacante e inmediatamentee después se convocará el cónclave para elegir al sucesor del apóstol Pedro. Así se especifica en el breve texto que el Papa ha redactado directamente en latín y que ha leído en consistorio.

La decisión del Pontífice se tomó hace muchos meses, tras el viaje a México y Cuba, y con una reserva que nadie pudo romper, después de “haber examinado ante Dios reiteradamente” la propia conciencia (conscientia mea iterum atque iterum coram Deo explorata), a causa de la avanzada edad. Benedicto xvi ha explicado, con la claridad propia de él, que ya no tiene fuerzas “para ejercer adecuadamente” la enorme tarea que se pide a quien es elegido “para gobernar la barca de Pedro y anunciar el Evangelio”.

Por esto, y sólo por esto, el Romano Pontífice, “muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad” (bene conscius ponderis huius actus plena libertate) renuncia al ministerio de obispo de Roma que le fue encomendado el 19 de abril de 2005. Y las palabras que Benedicto XVI ha elegido indican de modo transparente el respeto de las condiciones previstas por el derecho canónico para la dimisión de un encargo sin igual en el mundo dado su peso real y la importancia espiritual.

Es de sobra sabido que el cardenal Ratzinger no buscó de modo alguno la elección al pontificado, una de las más rápidas de la historia, y que la aceptó con la sencillez propia de quien verdaderamente confía su vida a Dios. Por ello Benedicto xvi nunca se ha sentido solo, en una relación auténtica y cotidiana con quien amorosamente gobierna la vida de cada ser humano y en la realidad de la comunión de los santos, sostenido por el amor y por el trabajo (amore et labore) de los colaboradores, y apoyado por la oración y por la simpatía de muchísimas personas, creyentes y no creyentes.

En esta luz hay que leer también la renuncia al pontificado, libre y sobre todo confiada en la providencia de Dios. Benedicto xvi sabe bien que el servicio papal, “por su naturaleza espiritual”, debe ser llevado a cabo también “sufriendo y rezando”, pero subraya que “en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe”, para un Papa “es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu”, vigor que en él naturalmente va disminuyendo.

En las palabras dirigidas a los cardenales, primero sorprendidos y después conmovidos, y con su decisión sin precedentes históricos comparables, Benedicto XVI demuestra una lucidez y una humildad que es ante todo, como explicó una vez, adhesión a la realidad, a la tierra (humus). Así, al no sentirse ya capaz de “ejercer bien” el ministerio que se le ha encomendado, ha anunciado su renuncia. Con una decisión humana y espiritualmente ejemplar, en la madurez plena de un pontificado que, desde su inicio y durante casi ocho años, día tras día, no ha dejado de sorprender y dejará una huella profunda en la historia. Esa historia que el Papa lee con confianza en el signo del futuro de Dios.

g.m.v.