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De nuevo en el Vaticano el caso Orlandi.

El caso Orlandi y la investigación del padre Lombardi

En febrero de 2012 “Chi l’ha visto?” dio a conocer algunos pasajes de un apunte interno del director de la Sala de prensa vaticana. En las semanas que siguieron llevó a cabo una pequeña “pesquisa” sobre el caso y su resultado fue publicado el 14 de abril de ese año

San Pedro (foto: Chris Helgren – Reuters)

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Pubblicato il 27/09/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El 22 de febrero de 2012, con la presencia de Pietro Orlandi (hermano de Emanuela) en el estudio, el programa televisivo italiano “Chi l’ha visto?” resumía en un reportaje el contenido de uno de los apuntes que el padre Federico Lombardi, entonces director de la Sala de Prensa vaticana, envió a uno de sus superiores o, como sea, a alguien de peso. Se trata de una nota reservada, en la que el jesuita responsable de los medios de comunicación vaticanos sintetiza datos ciertos y cuestiones abiertas sobre el caso del secuestro de la joven Emanuela. Ese texto fue escrito pocas semanas antes, el 9 de enero. Estaban comenzando los “Vatileaks”, la primera gran fuga de documentos reservados (del escritorio del Papa) fotocopiados por el mayordomo y ayudante de cámara Paolo Gabriele que, después de la publicación del libro “Su Santidad” de Gianluigi Nuzzi, fue arrestado.

Ese 22 de febrero el libro de Nuzzi todavía no había sido publicado y entre los documentos que comenzaban a filtrarse a algunos periódicos, la nota de Lombardi no estaba. No es difícil pensar que ese documento, un texto enviado por correo electrónico por el vocero vaticano a Georg Gänswein, el secretario particular de Benedicto XVI, haya sido entregado a Pietro Orlandi por el mismo Paolo Gabriele, puesto que se conocían y frecuentaban. El texto completo del documento nunca ha sido publicado.

 

Al leerlo íntegramente se comprende que no era un informe sobre el secuestro, sino la reseña de un libro, la lectura guiada y aderezada con varias consideraciones de un texto que acababa de ser publicado (firmado por Pietro Orlandi y un periodista italiano del diario “Il Corriere della Sera”). De hecho, era suficiente ver el título del documento para comprender su naturaleza: «Sobre el libro de Fabrizio Peronaci y Pietro Orlandi: “Mi hermana Emanuela” (Apunte P.Lombardi, 27.12.2011, actualizado el 9.1.2012)».

 

Lombardi informó a su interlocutor, el secretario del Pontífice, sobre el contenido del volumen, que le parece «bastante confiable en las informaciones que da sobre hechos y documentos». Recuerda también las diferentes pistas citadas e el libro y observa: «Efectivamente se percibe que la tragedia de la familia no es solo la de una hija desaparecida, sino también la de la tortura prolungada de mensajes, reivindicaciones, informaciones contradictorias, que siempre mantienen las dudas y vuelven a despertar la cuestión hasta nuestros días con presuntos nuevos elementos (como las declaraciones bastante recientes de Sabrina Minardi, amante del “boss” de la Banda della Magliana, Renatino De Pedis)». Se refiere a la última investigación basada en las declaraciones de la «arrepentida» Minardi, que después concluyó sin ninguna novedad.

 

«Pietro Orlandi –escribe Lombardi– parece una persona que efectivamente busca la verdad, manifiesta la capacidad de rechazar algunas hipótesis que le parecen completamente infundadas. Positivos, en este sentido, son su no dar crédito a las acusaciones infamantes contra Marcinkus (bello también el testimonio de su mamá a favor de Marcinkus), o la presentación cordial que hace de Luigi Mennini».

El vocero vaticano también considera que es «excesiva la seguridad con la que se identifica la sigla “Phoenix” con los servicios secretos italianos», uno de los elementos de novedad del libro que analiza los diferentes despistes en el todavía oscuro y misterioso caso. Se definen como «infundadas y fantásticas» las afirmaciones sobre «el coronel Esterman, sus contactos con la Stasi y los demás servicios de inteligencia, y su intención de huir de Roma». Después se concentra en la actitud de Pietro Orlandi, quien «considera como verdadero que la hermana haya sido secuestrada porque era ciudadana vaticana, en conexión con el atentado a JPII (Juan Pablo II, ndr.), y a quien le gustaría que este hecho fuera reconocido y declarado públicamente. Sobre esta conexión parecería que se habrían expresado –acreditándola– también JPII y el card. Casaroli (esto es posible, pero esto lo dice P.Orlandi y yo no tengo la certeza absoluta, al no tratarse de declaraciones públicas documentadas)… Efectivamente, los mensajes que pedían un intercambio Agca – Emanuela fueron muchos e insistentes».

 

Lombardi habla del «interés» y del «compromiso», «muy grandes», del Papa Wojtyla, y después se refiere a algunas de las afirmaciones de Pietro Orlandi con respecto a que su familia no hubiera recibido avisos sobre el riesgo de los secuestros por parte de las autoridades vaticanas (después de una indicación de los servicios franceses, el Vaticano advirtió a las familias del ayudante de cámara Angelo Gugele y del jefe de los gendarmes Camilo Cibin, que también tenían hijas). El hermano de Emanuela, recuerda Lombardi en su apunte, «también considera que el Vaticano no informó lo suficiente a su familia (por ejemplo de los contactos que tuvo con los secuestradores, mediante una línea telefónica reservada) y que no colaboró lo necesario con los investigadores italianos (así como sostienen los investigadores italianos, como Malerba y, sobre todo, el juez Priore: porque algunos prelados se rechazaron a testificar)».

 

De esta «falta de colaboración y transparencia» citada en el libro, nace la idea de una «pista interna» que «habría sido encubierta por el Vaticano mismo y que podría llevar a los verdaderos (o a algunos verdaderos) mandantes del plan del atentado en contra del Papa y del consecuente secuestro de Emanuela. Los hechos de informaciones y circunstancias inquietantes, “inexplicables” sin “topos” y espías internos, confirmarían esta pista y su encubrimiento. (Nota: de algunas de estas circunstancias me parece efectivamente que circularon rumores que, por lo que me resulta, nunca fueron verdaderamente desmentidos)».

 

«De cualquier manera –escribe el padre Lombardi en su nota dirigida al secretario del Pontífice–, en el libro de Orlandi –Peronaci se pueden reconocer algunos claros indicios sobre el compromiso vaticano para tratar de colaborar en la solución del secuestro (la línea telefónica directa para los contactos con los secuestradores: la cita con el juez Sica para el contacto con los secuestradores, aunque haya fracasado, el contacto de monseñor Stanislao con los carabineros para desenmascarar el fraude del turco Sufurler…). En cambio, no se ven verdaderas pruebas de querer ocultar algo. Por ejemplo, la interceptación de una llamada telefónica de Bonarelli (gendarme vaticano que debía ser escuchado por los magistrados en relación con el caso de Mirella Gregori, otra chica que desapareció algunas semanas antes que Emanuela, ndr.), no me parece que demuestra demasiado, cuando no una bastante y normal invitación a la prudencia (por parte de Cibin, creo) en la deposición que deberá hacer. O bien, el comportamiento de monseñor Stanislao» con quienes querían aprovecharse de la situación y crear un fraude, gracias al cual «se llegó rápidamente» a desenmascararlos, «y sería exagerado hablar de una “negociación”» a espaldas de la familia Orlandi.

 

«Sin embargo, hay –reconoce Lombardi– algunos aspectos de comportamiento humano y cristiano probablemente criticables o imprudentes, que han contribuido a la actitud negativa de Pietro». El portavoz cita tres ejemplos: la «reacción irritada de Castillo Lara (cardenal, ndr.) a la primera entrevista de Pietro Orlandi». La «entrevista de Oddi (otro cardenal, ndr.) sobre hipótesis nada honrosas para Emanuela» (se refiere a que el purpurado afirmó haber escuchado que Emanuela había vuelto al Vaticano en coche, acreditando la pista de un escándalo de naturaleza sexual o de trata de blancas). Y también «la ausencia de autoridades vaticanas en el funeral de Ercole Orlandi (por lo menos es lo que se afirma en el libro)».

 

En su conjunto, escribe el padre Lombardi, «me parece evidente que la hipótesis de una “pista interna” vaticana de autores intelectuales eclesiásticos de alto nivel del atentado del Papa o del secuestro es una infamia increíble, a la que no hay que dar la más mínima credibilidad». Sin embargo, el portavoz añade una lista de «puntos sobre los que no es fácil dar hoy una respuesta definitiva ni documentable».

 

«Por ejemplo:

– El hecho que hubiera habido una advertencia sobre el peligro de secuestros (por parte de los servicios franceses) y que se hubieran tomado medidas de prevención (Gugel, Cibin…).

– Si la no colaboración con las autoridades italianas (por lo menos en algunas de las formas requeridas – rogatorias, desposición de Bonarelli) es una normal y justificada afirmación de soberanía vaticana o si efectivamente se mantuvieron reservadas algunas circunstancias que habrían podido ayudar a aclarar algo.

– La cuestión de la ayuda económica a Solidarnosc. No creo que haya sido aclarado nunca verdaderamente (para el público exterior no), y vuelve a complicar también esta cuestión (por lo menos según la hipótesis del juez Priore sobre la responsabilidad de la Banda della Magliana en el secuestro).

– Las circunstancias “inexplicables” que hacen pensar en informantes dentro del Vaticano».

 

Lombardi cita al final las «presuntas interrogantes relacionadas con la tumba del “boss” de la Banda della Magliana, “Renatino”, en Sant’Apollinare, y, como me parece que por parte de la Iglesia el cardenal Vicario haya declarado la disponibilidad a dejar abrir tal tumba, no comprendo por qué esto no se ha dado todavía» (también esta verificación no habría producido ning’un resultado poco tiempo después).

 

El mensaje de Lombardi a monseñor Gänswein termina con una pregunta: «¿Tiene sentido profundizar todavía la cuestión con algún testigo autorizado que ocupaba en esa época algún cargo de responsabilidad y que sea capaz de dar una información o una opinión informada para un juicio más seguro y adecuado sobre el caso?». No contamos con una respuesta, escrita o verbal. Pero, teniendo en cuenta lo que sucedió posteriormente, podría ser que el secretario de Benedicto XVI, después de haber presumiblemente informado al Papa, hubiera respondido afirmativamente, autorizando nuevas investigaciones por parte del vocero vaticano. No hay que olvidar que casi todos los que en 1983 ocupaban cargos de responsabilidad en el Vaticano ya no están vivos y se percibe que ni el padre Lombardi ni sus interlocutores conocen informaciones decisivas.

 

El resultado de esta personal “investigación” fue el comunicado que firmó el padre Federico Lombardi, y que sigue siendo en la actualidad el documento oficial más largo, articulado, puntual, confiable y actualizado sobre el caso Orlandi. La estatura moral y la preparación del entonces vocero vaticano están fuera de discusión: lo que escribió en la nota difundida el 14 de abril de 2012 fue fruto de su investigación personal y de los diálogos que tuvo con quienes pudieran tener algún conocimiento sobre los hechos.

 

«Puesto que ha pasado un tiempo considerable desde los hechos en cuestión (el secuestro fue el 22 de junio de 1983, hace casi 30 años) y puesto que buena parte de las personas entonces en cargos de responsabilidad han desaparecido, no es naturalmente posible pensar en un nuevo análisis detallado de los eventos. A pesar de ello, es posible, gracias a algunos testimonios particularmente confiables y a una relectura de la documentación disponible, verificar en sustancia con cuáles criterios y actitudes procedieron los responsables vaticanos para afrontar esa situación». Se comprende que entre los testimonios «particularmente confiables» esta el del cardenal Giovanni Battista Re.

 

Para responder a las preguntas sobre el compromiso de las autoridades vaticanas de la época para «afrontar verdaderamente la situación», sobre su colaboración con las autoridades italianas y si existen «elementos nuevos, no revelados pero conocidos por alguien en el Vaticano, que pudieran ser útiles para conocer la verdad», Lombardi recuerda principalmente el compromiso personal de Juan Pablo II y sus ocho llamados por la liberación de Emanuela, su visita a la familia de la chica y el puesto de trabajo garantizado a su hermano en el IOR. «A este compromiso personal del Papa es natural que correspondiera el compromiso de sus colaboradores».

 

«El cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado y, por lo tanto primer colaborador del Papa –escribe Lombardi– siguió personalmente el caso, tanto que, como se sabe, se puso a disposición para los contactos con los secuestradores mediante una línea telefónica particular. Como demostró en el pasado y sigue haciéndolo el cardenal Giovanni Battista Re (entonces asesor de la Secretaría de Estado y hoy principal y más confiable testimonio de esa época), no solo la Secretaría de Estado misma, sino también el Gobernatorado estuvieron comprometidos haciendo lo posible para afrontar la dolorosa situación con la necesaria colaboración con las autoridades italianas investigadoras, a las que tocaban la competencia y la responsabilidad de las investigaciones, puesto que el secuestro se verificó en Italia».

 

Para demostrar esta «plena disponibilidad a la colaboración», la nota cita, por ejemplo, la posibilidad que tuvieron los investigadores, «y sobre todo el SISDE (Servicio para la Información y la Seguridad Democrática)», para acceder «a la central telefónica del Vaticano para escuchar posibles llamadas de los secuestradores, y también después en algunas ocasiones autoridades vaticanas recurrieron a la colaboración con autoridades italianas para desenmascarar formas de fraudes por parte de presuntos informantes».

 

«Corresponde, entonces,a la pura verdad –continúa la nota—cuanto se afirmó con nota verbal de la Secretaría de Estado N. 187.168, del 4 de marzo de 1987, en respuesta a una llamada vaticana a la primera petición formal de información presentada por la magistratura italiana investigadora en la fecha del 13 de noviembre de 1986, cuando se dice que “las noticias relacionadas con el caso […] fueron transmitidas en su momento al PM doctor Sica”. Como todas las cartas e indicaciones que llegaron al Vaticano fueron enviadas rápidamente al Doctor Domenico Sica y al Inspectorado de P.S. en el Vaticano, se presume que se encuentren custodiadas en las competentes oficinas judiciales italianas».

 

El padre Federico Lombardi añadió: «También en la segunda fase de la investigación (años después) las tres rogatorias enviadas a las autoridades vaticanas por los investigadores italianos (una en 1994 y dos en 1995) encontraron respuesta (notas verbales de la Secretaría de Estado N. 346.491, del 3 de mayo 1994; N. 369.354, del 27 de abril de 1995; N. 372.117, del 21 de junio de 1995). Como pidieron los investigadores, el Sr. Ercole Orlandi (papá de Emanuela), el Com. Camillo Cibin (entonces Comandante de la vigilancia vaticana), el Card. Agostino Casaroli (que fue Secretario de Estado), S.E. Mons. Eduardo Martínez Somalo (que fue Sustituto de la Secretaría de Estado), Mons. Giovanni Battista Re (entonces asesor de la Secretaría de Estado), S.E. Mons. Dino Monduzzi (entonces Prefecto de la Casa Pontificia), Mons. Claudio Maria Celli (que fue Subsecretario de la Sección para las relaciones con los Estados de la secretaría de Estado), entregaron a los jueces del Tribunal Vaticano sus deposiciones sobre las preguntas hechas por los investigadores y la documentación fue enviada, mediante la embajada de Italia ante la Santa Sede, a las autoridades que la pedían. Los fascículos relativos existen todavía y siguen estando a disposición de los investigadores».

 

Lombardi revela que «en la época del secuestro de Emanuela, las autoridades vaticanas, en espíritu de verdadera colaboración, concedieron a los investigadores italianos y al SISDE la autorización para tener bajo vigilancia el teléfono vaticano de la familia Orlandi y para acceder libremente al Vaticano para ir a la vivienda de los mismos Orlandi, sin ninguna intermediación de funcionarios vaticanos». El vocero concluye: «No es, pues, fundado acusar al Vaticano de haber rechazado colaborar con las autoridades italianas encargadas de las investigaciones.

 

¿Por qué, entonces, los magistrados italianos titulares de las diferentes investigaciones sobre el caso no ocultaron nunca que consideraban poco suficiente la colaboración de las autoridades vaticanas? Lo que es cierto es que influyó en este juicio que el Vaticano hubiera respondido a las rogatorias internacionales enviando las preguntas por escrito a los testigos para después transmitir las respuestas a los magistrados italianos, sin que tuvieran la posibilidad para interrogar directamente a los protagonistas.

 

«Que en las deposiciones en cuestión no estuviera presente un magistrado italiano, sino que se pidiera a la parte italiana que formulara con precisión las preguntas que hacer –observa Lombardi en el comunicado– forma parte de la praxis ordinaria internacional en la cooperación judicial y no debe, pues, sorprender, ni mucho menos crear sospechas (véase el art. 4 de la Convención Europea de asistencia judicial en materia penal, del 20 de abril de 1959». Verdadero y jurídicamente incontestable. Pero no se pueden comparar respuestas por escrito con un coloquio personal. Las reacciones de los magistrados son, pues, completamente comprensibles.

 

«La sustancia de la cuestión –afirma Lombardi– es que, desgraciadamente no se tuvo en el Vaticano ningún elemento útil concreto para la solución del caso que ofrecer a los investigadores. En ese momento, las autoridades vaticanas, con base en los mensajes recibidos que se referían a Alí Agca (que, como periodo, coincidieron prácticamente con la instructoria sobre el atentado al Papa), compartieron la opinión difundida de que el secuestro fuera utilizado por una oscura organización criminal para enviar mensajes y presionar en relación con el encarcelamiento y los interrogatorios al atentador del Papa».

 

«No se tuvo –añadió el vocero vaticano– ningún motivo para pensar en otras posibles razones para el secuestro. La atribución de conocimiento de secretos relacionados con el secuestro mismo por parte de personas pertenecientes a las instituciones vaticanas, sin indicar ningún nombre, no corresponde, pues, a ninguna información confiable ni fundada: a veces parece casi una coartada frente a la desilusión y a la frustración por no haber logrado encontrar la verdad».

 

La nota de Lombardi concluye afirmando «con decisión» estos puntos: «Todas las autoridades vaticanas colaboraron con compromiso y transparencia con las autoridades italianas para afrontar la situación del secuestro en la primera fase y, después, también en las investigaciones posteriores». Además, «no resulta que se haya ocultado nada, ni que existan en el Vaticano “secretos” sobre el tema. Seguir afirmándolo es completamente injustificado, incluso porque, se insiste una vez más, todo el material hallado en el Vaticano fue entregado, en su momento, al P.M. investigador y a las autoridades de Policía; además, el SISDE, la Cuestura de Roma y los Carabineros tuvieron acceso directo a la familia Orlandi y a la documentación útil para las investigaciones».

 

En resumen, el padre Lombardi, después de haber escuchado nuevamente a los testigos que seguían con vida, aseguró que no hay secretos que revelar ni inconfesables «pistas internas». Poco más de una semana antes de que se difundiera la nota de Lombardi, en la Basílica de San Pedro el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, utilizó palabras muy fuertes en la homilía del Viernes Santo, y que se podían aplicar al caso Orlandi: «¡Cuántos delitos atroces que han quedado, en los últimos tiempos, sin culpable; cuántos casos sin resolver! No se lleven con ustedes el secreto a la tumba». Según lo que afirma la articulada declaración vaticana que hizo Lombardi, no habría habido nunca secretos en el Vaticano en relación con el caso Orlandi.

 

Este documento, que debe ser leído teniendo en cuenta la nota interna que envió Lombardi a Gänswein, parecería querer cerrar definitivamente un caso de secuestro y desaparición que se verificó fuera de las murallas de la Ciudad del Vaticano, pero que involucró a una ciudadana vaticana, hija de un empleado del pequeño Estado.

 

¿Qué aporta al caso el nuevo documento, claramente falso y probablemente escrito para pasar como tal, publicado en el libro de Emiliano Fittipaldi titulado “Impostores”? Lo que da valor a ese texto (escrito por una mente refinada y hábil) es que se encontraba en el archivo que monseñor Lucio Vallejo Balda hizo durante el periodo en el que fue Secreario de la COSEA, la Comisión encargada de vigilar la situación económico-administrativa de los dicasterios y de las oficinas vaticanas, y de proponer reformas. Formaba parte de esa comisión Francesca Immacolata Chaouqui, quien se refirió por primera vez al documento (un presunto informe de gastos que la Santa Sede habría hecho para mantener a Emanuela Orlandi oculta en el extranjero), en un libro publicado en febrero de 2017. Y, como Vallejo Balda, quien habló sobre el documento con varias personas, parecía creer en su contenido.

 

¿Es posible que ese texto contenga pedazos de informaciones verdaderas, es decir, por ejemplo, notas de los gastos para investigar sobre el caso Orlandi? Es difícil decirlo, puesto que faltan documentos y testimonios atendibles al respecto. Lo que es cierto es que nos encontramos a la vigilia de un nuevo “Vatileaks”, con la publicación de nuevos documentos reservados (probablemente en parte provenientes todavía del archivo de monseñor Vallejo Balda). Y también el caso de Emanuela Orlandi, que desapareció una tarde de junio en el centro de Roma, sobre cuyo destino no se ha sabido nada, acaba en este revoltijo de venenos, mensajes cruzados y chantajes.


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Los premios Ratzinger 2017.

El compositor Arvo Pärt entre los ganadores del premio Ratzinger

El presidente de la Fundación dedicada al Papa emérito, Lombardi, presentó a los premiados de este 2017: un sacerdote y un teólogo protestante además del compositor ortodoxo

Arvo Pärt

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Pubblicato il 26/09/2017
Ultima modifica il 26/09/2017 alle ore 19:45
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

El gran compositor estonio Arvo Pärt, ortodoxo, es uno de los tres vencedores del premio Ratzinger de este 2017, además de un teólogo católico, el sacerdote Karl-Heinz Menke, y del teólogo protestante, Theodor Dieter. Lo anunció hoy, 26 de septiembre de 2017, en la Sala de Prensa vaticana el padre Federico Lombardi, que es ahora presidente de la Fundación vaticana Joseph Ratzinger – Benedicto XVI. El jesuita subrayó el aspecto ecuménico de una iniciativa que premia a tres representantes de las tres confesiones cristianas.

 

«El aprecio de Joseph Ratzinger Benedicto XVI por el arte y la música y la inspiración altamente religiosa del arte musical de Pärt han justificado la atribución del Premio incluso fuera del ámbito más estrictamente teológico», dijo el ex vocero de la Santa Sede, que también hizo notar cómo se está extendiendo «el ámbito de las actividades de los premiados, que ahora incluyen también las artes: en este caso, la música de profunda inspiración religiosa».

 

Original de Estonia, Arvo Pärt, de 82 años, en 2011 recibió el doctorado «honoris causa» en música sacra del Pontificio Instituto de Música Sacra, además de haber sido nombrado por Benedicto XVI como uno de los miembros del Pontificio Consejo de la Cultura. Su última composición, de 2008, ha sido la sinfonía número 4 «Los Ángeles», encargo de la Los Ángeles Philharmonic Orchestrae y dedicada al magnate ruso Mijail Jodorkovskij. «Pärt – dijo durante la conferencia de prensa el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura y miembro de la Fundación Ratzinger— es el más grande compositor de música contemporánea vivo, con una producción inmensa y extraordinariamente elevada, capaz de conjugar la gran herencia del pasado, incluso del canto gregoriano, con la nueva gramática musical de hoy. Es una bellísima decisión, la de la comisión, que indicará una nueva vía para la teología y para la música».

 

Theodor Dieter, de 66 años, es un teólogo luterano alemán. Es profesor desde 1994 y desde 1997 director del Instituto para la Investigación Ecuménica de Estrasburgo; está fuertemente comprometido en el diálogo ecuménico y tuvo un papel de enorme importancia en la redacción y aprobación de la «Declaración conjunta sobre la doctrina de las justificaciones» del 31 de octubre de 1999.

 

Karl-Heinz Menke, teólogo y sacerdote católico alemán, es profesor emérito de Dogmática y Propedéutica en la Facultad Teológica de la Universidad de Bonn, además de diferentes miembros de comisiones de la Conferencia Episcopal de Alemania. Cuenta con varias publicaciones teológicas y se distingue por ser un profundo conocedor del pensamiento de Joseph Ratzinger, a quien ha dedicado vario estudios.

 

Después de haber recordado las actividades de la fundación durante el año pasado, entre las que estuvieron las iniciativas por los 90 años de Joseph Ratzinger, Federico Lombardi anunció «un otoño lleno de iniciativas». Antes que nada, la creación de un nuevo premio, titulado «Razón abierta», «inspirado —explicó el jesuita— en una idea central del pensamiento de Ratzinger. Insistió la necesidad de tener una visión amplia y abierta de la razón y de su ejercicio en la búsqueda de la verdad y de la respuesta a las preguntas fundamentales sobre la humanidad y sobre su destino. Esta idea es fundamental para el diálogo entre la Iglesia y la cultura moderna, y entre las ciencias y la filosofía y la teología, y, por lo tanto también una idea fundamental para la manera de concebir la universalidad y su función». Los argumentos de los 367 trabajos que llegaron al Vaticano estaban divididos en las Ciencias jurídicas, económicas y sociales, las Ciencias de la comunicación, las Ciencias físicas, biológicas, ambientales, bomédicas y de la salud, la Ingeniería y la Arquitectura, Ciencias humanísticas, Filosofía y Teología. La iniciativa, concebida con la colaboración de la Universidad Francisco de Vitoria, concluirá con la entrega de los premios (los ganadores son Darcia Narvaez, Claudia Vanney, Juan Franck, Michael Schuck, Nancy Tuchman, Michael Garanzini y Sarolta Laura Baritz) mañana por la tarde en la Academia de Ciencias. Además, a caballo entre noviembre y diciembre, se llevará a cabo el VII Congreso Internacional de estudio, que ha sido organizado este año junto con la Universidad Católica de Costa Rica, de San José, y estará «dedicado al tema tan actual de la encíclica “Laudato si’”, teniendo presente la continuidad del magisterio del Papa Francisco con el de Benedicto XVI, también en este campo específico». Para concluir, la ceremonia de entrega del triple premio Ratzinger será el día 18 de noviembre, un día después de que acabe «un gran congreso en la Universidad Gregoriana sobre San Bonaventura —recordó Lombardi—, en el que, naturalmente, se recordará también la famosa disertación del joven profesor Ratzinger precisamente sobre Bonaventura, que ahora está publicada en la “Opera omnia”. Esperemos que —concluyó el jesuita— como el año pasado, pueda ser el mismo Papa Francisco quien entregue los premios».


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La opinión de Federico Lombardi sobre Joaquín Navarro Valls

Lombardi: Navarro-Valls, maestro de la comunicación al servicio de la Iglesia

 

Falleció este 5 de julio Joaquín Navarro-Valls, por más de 20 años portavoz del Papa Juan Pablo II y también de Benedicto XVI, en los primeros 15 meses de pontificado. Sobre la figura del histórico Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede,  fallecido a la edad de 80 años, se detiene el padre Federico Lombardi, hoy presidente de la Fundación Ratzinger-Benedicto XVI, llamado a sucederlo en el 2006 a la guía de la Oficina de Prensa vaticana:

“Conocí personalmente al Dr. Navarro-Valls cuando vine a trabajar en el Vaticano como Director de Programación de Radio Vaticana al inicio de 1991. Desde entonces, comencé a seguir regularmente la actividad de la Oficina de Prensa como fuente imprescindible de información y a participar en diversos viajes de Juan Pablo II, integrándome en aquella original comunidad que es el “séquito papal”, del cual obviamente Navarro era un componente estable e importante, pero también agradable, amigable y cordial.

Naturalmente ya lo conocía por fama como brillante y competente ‘portavoz’ del Papa. Aunque esta no era la dicción oficial de su trabajo – que sería más bien “Director de la Oficina de Prensa” – es necesario decir que en su caso era una denominación completamente apropiada.

De hecho Navarro, como nos explicó varias veces, desde el comienzo fue muy claro con quien lo había llamado al nuevo servicio en el Vaticano, haciendo entender que retenía absolutamente necesario poder tener – y tener efectivamente – una relación directa con el Papa, para poder conocer con seguridad y claridad su pensamiento y su línea, y poderse presentar al mundo de la prensa y de la opinión pública como intérprete acreditado de tal pensamiento y no sólo por conocimiento indirecto.

No cabe duda que en todo el larguísimo servicio que él desarrolló durante el pontificado de Juan Pablo II, desde 1984 hasta la muerte en el 2005, haya estado efectivamente muy cerca del Papa, tanto que fue considerado una de las figuras importantes de aquel pontificado extraordinario, no sólo por su evidente visibilidad pública, sino también por su papel de intervención y de consejo. Ciertamente Juan Pablo II tuvo gran confianza en él y consideró mucho su servicio.

No por nada él fue también incluido como miembro efectivo de varias delegaciones de la Santa Sede en Conferencias mundiales de las Naciones Unidas de particular resonancia donde, gracias a su experiencia y capacidad comunicativa, desarrolló efectivamente un papel de relevancia primaria. Así, también tuvo varias veces un papel ‘diplomático’, por ejemplo, en la preparación o en el desarrollo de viajes de importancia histórica, como aquel del card. Casaroli en Rusia en el 1988 o el de Juan Pablo II a Cuba.

Su inteligencia, elegancia y capacidad de relaciones eran eminentes. A ello se agregaban un óptimo conocimiento de las lenguas y una verdadera genialidad en el presentar noticias y contenidos informativos de manera brillante, atractiva y concisa. Todas dotes que hacían de él un personaje ideal como punto de referencia vaticano para los agentes de la información internacional, pero también para las relaciones – públicas, pero no sólo – con muchas personalidades de gran relevancia e influencia en el mundo de las comunicaciones, de la política, de los negocios.

La elección del Dr. Navarro como Director de la Oficina de Prensa por parte de Juan Pablo II fue indudablemente una elección muy acertada. A diferencia de sus predecesores en aquella tarea, se trataba de un laico – y ya esto era, en cierto sentido, un mensaje – y de un laico profesionalmente competente y apreciado por los colegas periodistas: ya había sido Presidente de la Asociación Prensa extranjera de Roma. Al mismo tiempo, como numerario del Opus Dei, era una persona sobre cuya dedicación y amor fiel a la Iglesia y al Papa se podía verdaderamente contar, por la disponibilidad efectiva ya sea de tiempo que de corazón.

La duración excepcional del servicio del Dr. Navarro como Director de la Oficina de Prensa vaticana, su autoridad, la eficiencia y la cualidad universalmente reconocida de su trabajo, nos hacen pensar espontáneamente en su dirección como en una época que permanecerá probablemente única en la historia de la Oficina de Prensa y de las comunicaciones vaticanas. Ciertamente, la dimensión de la comunicación y de las públicas relaciones en el inmenso pontificado de Juan Pablo II no puede ser de ninguna manera comprendida prescindiendo de la obra y de la personalidad del Dr. Navarro. Ha sido un servicio a la Iglesia de un valor incalculable.

Personalmente he estado siempre agradecido al Dr. Navarro por la cortesía y la atención en el curso de los quince años en los que hemos colaborado – diría siempre bien, serenamente y amigablemente – con funciones diversas en el campo de las comunicaciones vaticanas. Lo he considerado siempre un maestro en el modo de desarrollar su servicio y nunca me hubiera imaginado que habría sido llamado para sucederlo. Era evidente que, bajo muchos puntos de vista, era para mí completamente inimitable: no podía imitarlo y no debía ni siquiera probar. En el contexto de un pontificado diverso, traté entonces de interpretar y desarrollar la tarea que me asignaron como mejor sabía, pero conservando, por lo que me era posible, su valiosa herencia. Navarro permaneció siempre un amigo para mí, un ejemplo de vida espiritual discreta, verdadera y profunda, plenamente integrada con su trabajo, un modelo de dedicación al servicio del Papa y de la Iglesia, un maestro de la comunicación, aunque para mí – como ya dije, pero repito con gusto  –  inimitable”.

Lombardi: Navarro-Valls, maestro de la comunicación al servicio de la Iglesia 2   4   Imprimir 2017-07-06 Radio Vaticana Falleció este 5 de julio Joaquín Navarro-Valls, por más de 20 años portavoz del Papa Juan Pablo II y también de Benedicto XVI, en los primeros 15 meses de pontificado. Sobre la figura del histórico Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede,  fallecido a la edad de 80 años, se detiene el padre Federico Lombardi, hoy presidente de la Fundación Ratzinger-Benedicto XVI, llamado a sucederlo en el 2006 a la guía de la Oficina de Prensa vaticana: “Conocí personalmente al Dr. Navarro-Valls cuando vine a trabajar en el Vaticano como Director de Programación de Radio Vaticana al inicio de 1991. Desde entonces, comencé a seguir regularmente la actividad de la Oficina de Prensa como fuente imprescindible de información y a participar en diversos viajes de Juan Pablo II, integrándome en aquella original comunidad que es el “séquito papal”, del cual obviamente Navarro era un componente estable e importante, pero también agradable, amigable y cordial. Naturalmente ya lo conocía por fama como brillante y competente ‘portavoz’ del Papa. Aunque esta no era la dicción oficial de su trabajo – que sería más bien “Director de la Oficina de Prensa” – es necesario decir que en su caso era una denominación completamente apropiada. De hecho Navarro, como nos explicó varias veces, desde el comienzo fue muy claro con quien lo había llamado al nuevo servicio en el Vaticano, haciendo entender que retenía absolutamente necesario poder tener – y tener efectivamente – una relación directa con el Papa, para poder conocer con seguridad y claridad su pensamiento y su línea, y poderse presentar al mundo de la prensa y de la opinión pública como intérprete acreditado de tal pensamiento y no sólo por conocimiento indirecto. No cabe duda que en todo el larguísimo servicio que él desarrolló durante el pontificado de Juan Pablo II, desde 1984 hasta la muerte en el 2005, haya estado efectivamente muy cerca del Papa, tanto que fue considerado una de las figuras importantes de aquel pontificado extraordinario, no sólo por su evidente visibilidad pública, sino también por su papel de intervención y de consejo. Ciertamente Juan Pablo II tuvo gran confianza en él y consideró mucho su servicio. No por nada él fue también incluido como miembro efectivo de varias delegaciones de la Santa Sede en Conferencias mundiales de las Naciones Unidas de particular resonancia donde, gracias a su experiencia y capacidad comunicativa, desarrolló efectivamente un papel de relevancia primaria. Así, también tuvo varias veces un papel ‘diplomático’, por ejemplo, en la preparación o en el desarrollo de viajes de importancia histórica, como aquel del card. Casaroli en Rusia en el 1988 o el de Juan Pablo II a Cuba. Su inteligencia, elegancia y capacidad de relaciones eran eminentes. A ello se agregaban un óptimo conocimiento de las lenguas y una verdadera genialidad en el presentar noticias y contenidos informativos de manera brillante, atractiva y concisa. Todas dotes que hacían de él un personaje ideal como punto de referencia vaticano para los agentes de la información internacional, pero también para las relaciones – públicas, pero no sólo – con muchas personalidades de gran relevancia e influencia en el mundo de las comunicaciones, de la política, de los negocios. La elección del Dr. Navarro como Director de la Oficina de Prensa por parte de Juan Pablo II fue indudablemente una elección muy acertada. A diferencia de sus predecesores en aquella tarea, se trataba de un laico – y ya esto era, en cierto sentido, un mensaje – y de un laico profesionalmente competente y apreciado por los colegas periodistas: ya había sido Presidente de la Asociación Prensa extranjera de Roma. Al mismo tiempo, como numerario del Opus Dei, era una persona sobre cuya dedicación y amor fiel a la Iglesia y al Papa se podía verdaderamente contar, por la disponibilidad efectiva ya sea de tiempo que de corazón. La duración excepcional del servicio del Dr. Navarro como Director de la Oficina de Prensa vaticana, su autoridad, la eficiencia y la cualidad universalmente reconocida de su trabajo, nos hacen pensar espontáneamente en su dirección como en una época que permanecerá probablemente única en la historia de la Oficina de Prensa y de las comunicaciones vaticanas. Ciertamente, la dimensión de la comunicación y de las públicas relaciones en el inmenso pontificado de Juan Pablo II no puede ser de ninguna manera comprendida prescindiendo de la obra y de la personalidad del Dr. Navarro. Ha sido un servicio a la Iglesia de un valor incalculable. Personalmente he estado siempre agradecido al Dr. Navarro por la cortesía y la atención en el curso de los quince años en los que hemos colaborado – diría siempre bien, serenamente y amigablemente – con funciones diversas en el campo de las comunicaciones vaticanas. Lo he considerado siempre un maestro en el modo de desarrollar su servicio y nunca me hubiera imaginado que habría sido llamado para sucederlo. Era evidente que, bajo muchos puntos de vista, era para mí completamente inimitable: no podía imitarlo y no debía ni siquiera probar. En el contexto de un pontificado diverso, traté entonces de interpretar y desarrollar la tarea que me asignaron como mejor sabía, pero conservando, por lo que me era posible, su valiosa herencia. Navarro permaneció siempre un amigo para mí, un ejemplo de vida espiritual discreta, verdadera y profunda, plenamente integrada con su trabajo, un modelo de dedicación al servicio del Papa y de la Iglesia, un maestro de la comunicación, aunque para mí – como ya dije, pero repito con gusto  –  inimitable”.


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Hace cuatro años la dimisión de Benedicto XVI. Su situación actual según Lombardi

El Papa emérito reza por la Iglesia y por su Sucesor

2017-02-11 Radio Vaticana

(RV).-  El lunes 11 de febrero de 2013 Benedicto XVI renunciaba al ministerio petrino. Un gesto inédito que  – a distancia de cuatro años –  se comprende cada vez más profundamente, también gracias a la extraordinaria relación de hermandad entre Francisco y el Papa emérito. Nuestro colega Alessandro Gisotti entrevistó al Padre Federico Lombardi, Presidente de la Fundación vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, quien nos ofrece una reflexión sobre el testimonio que esta importante figura de la Iglesia está ofreciendo en estos años de retiro y oración:

“La manera en la que Benedicto XVI ha vivido y vive estos años corresponde a aquello que nos había dicho, ósea en oración, en retiro, desde un punto de vista espiritual y con extrema discreción, su servicio de acompañamiento a la vida de la Iglesia y de solidaridad también, con su sucesor. Esto es lo que está ocurriendo en total serenidad”.

El Padre Lombardi, que ha tenido últimamente la posibilidad de visitar a Benedicto XVI, nos cuenta cómo lo ha encontrado:

“Si, en los últimos meses he tenido algunas ocasiones. Espero continuar teniéndolas, más aun habiendo recibido la responsabilidad de la Fundación Ratzinger, seguramente habrán más motivos para visitarlo. Lo he hallado muy bien desde el punto de vista de la lucidez, de la presencia espiritual, mental, por lo que da verdadero gusto estar con él.  Naturalmente el tiempo pasa y las fuerzas disminuyen. Mientras aquellas mentales y espirituales son perfectas, las fuerzas físicas van debilitándose un poco. Sin embargo Benedicto XVI es una persona que no tiene enfermedades particulares, por lo tanto se ve la fragilidad que aumenta con la edad, pero sigue en pie, puede caminar. Es una persona anciana un poco más frágil con el pasar del tiempo, pero que está perfectamente presente y a la cual es muy agradable encontrarlo”.

En el libro “Últimas conversaciones”, Benedicto XVI afirma que poner en el centro el tema de Dios y la fe en primer plano, ha sido la orientación fundamental de su Pontificado. De ahí la pregunta al Padre Lombardi acerca de cuál es, a su juicio, el testimonio más fuerte que el Papa emérito está ofreciendo:

“Diría que el hecho de vivir este tiempo en la oración está en perfecta coherencia con lo afirmado anteriormente, es decir, Dios en el centro, la fe como sentido de nuestra vida y, la cosa que encuentro también muy bella – y que también resulta en este libro de las “Últimas conversaciones”,  es este sentido de la proximidad del encuentro con Dios, el hecho de vivir la edad de la ancianidad como un tiempo de preparación y de familiarización – diría – con el Señor que se prepara a encontrar. Esto me parece un hermoso testimonio. Creo que, verdaderamente, es muy lindo tener al Papa emérito que reza por la Iglesia, por su Sucesor. Es una presencia que sentimos. Sabemos que él está y si bien no lo vemos con frecuencia, cuando lo vemos estamos todos muy contentos, porque lo queremos. Por tanto, lo sentimos como una presencia que nos acompaña, que nos consuela y nos tranquiliza”.

Teniendo en cuenta que el Padre Federico Lombardi conoce bien al Papa Francisco y a Benedicto XVI, la última pregunta se refiere a lo que lo sorprende de la relación entre ambos, algo que también es inédito en la historia de la Iglesia:

“Es verdad, es inédito, pero se lo vive con extrema serenidad y normalidad, porque la motivación y el modo en que esto se ha producido, ha sido sumamente lineal, claro y sereno. Todos recordamos, evidentemente, el último encuentro del Papa Benedicto con los Cardenales que estaban llegando a Roma para prepararse para el Cónclave, en el que él, aun no sabiendo aún a quién se refería, prometía su obediencia, su respeto por quien habría sido su Sucesor. El Cardenal Bergoglio estaba presente y naturalmente todos recordamos este momento. Después se ha realizado lo que había dicho el Papa Benedicto, en su discreta y serena cercanía espiritual a su Sucesor que – ciertamente – también siente – como nos ha dicho en diversas ocasiones – el apoyo de esta presencia y de esta oración y que cultiva esta relación, a veces con visitas, otras con llamadas telefónicas; ciertamente con muchos signos de familiaridad, de respeto y de expectativa del apoyo espiritual. Por tanto sí, estamos viviendo esta realidad inédita, pero es hermosa, es consoladora; diría que todas las veces que vemos imágenes del Papa Francisco y de su Predecesor juntos, es una gran alegría para todos y es un bello ejemplo de unión en la Iglesia, en la variedad de las condiciones”.


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Lombardi autor de un libro sobre los Vatileaks2

Vatileaks; Lombardi: nos interesa la verdad, no la imagen

A partir de hoy estará disponible en las librerías italianas «Vatileaks 2 – El Vaticano ante la justicia de los hombres», del ex vocero de la Santa Sede: «No me sorprendería que sucediera de nuevo»
ANSA

El proceso vaticano “Vatileaks”

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Pubblicato il 02/02/2017
Ultima modifica il 02/02/2017 alle ore 18:58
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«No faltaron personas que creían que el proceso no se iba a hacer para evitar que se dañara la imagen. Yo, acaso porque soy un poco viejo y un poco duro, tengo una línea completamente diferente sobre este caso». El Padre Federico Lombardi, que hasta hace pocos meses fue el director de la Sala de Prensa vaticana, siguió paso a paso el proceso sobre la fuga de documentos reservados de la Santa Sede, el conocido caso Vatileaks 2, que comenzó en el tribunal del Estado vaticano el 24 de noviembre de 2015 y concluyó el 7 de julio del año pasado, con las condenas de los dos principales imputados, monseñor Lucio Ángel Vallejo Balda y Francesca Immacolata Chaouqui, que en esa época eran miembros de la comisión que creó Papa Francisco para instruir la reforma financiera vaticana, y con la absoluciónn de los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi, autores de los dos libros que publicaron los documentos en cuestión («Vía Crucis» y «Avaricia»).

 

Concluida la historia, que, según el jesuita, podría incluso repetirse, y publicadas las motivaciones de la sentencia, Lombardi dio a la prensa el libro «Vatileaks 2 – El Vaticano ante la justicia de los hombres» (editado en Italia por Rizzoli), en colaboración con el periodista Massimiliano Menichetti, para «dar a conocer el adecuado funcionamiento de la justicia en el Vaticano, realidad poco conocida, y ofrecer una documentación sobre cómo fue afrontado durante el proceso el tema de la libertad de prensa y el involucramiento de los dos periodistas». Pero también para ofrecer a la opinión pública, y a las actas de la historia, los pasos que se han dado en estos años en el Vaticano en cuanto a transparencia.

 

«No faltaron personas que creían que el proceso no se iba a hacer para evitar que se dañara la imagen», dijo Lombardi en una conferencia de prensa que se llevó a cabo en la Sala de Prensa extranjera. El mismo jesuita escribió hace algunos meses un artículo publicado por «La Civiltà Cattolica» que era una crónica del proceso y al mismo tiempo un análisis sobre su significado para el Vaticano. «Yo, acaso porque soy un poco viejo y un poco duro, tengo una línea completamente diferente sobre este caso, así como la tengo en relación con otros casos, por ejemplo los abusos (sexuales de miembros del clero, ndr.): no creo de ninguna manera que la preocupación imperante tenga que ser la de la imagen; por el contrario, creo que la preocupación principal es la verdad. El esfuerzo de llegar a la verdad, para llegar a la sustancia de las cosas y después tomar una postura frente a ella. Estoy convencido de que al final las personas inteligentes y honestas reconocerán que la imagen es mejor si se actúa así».

 

Según Lombardi, quien cuando era el vocero vaticano siguió el primer proceso «Vatileaks» en la última etapa del Pontificado de Benedicto XVI, «era correcto hacer este proceso: había una ley», promulgada por Papa Francisco justamente después del primer caso «Vatileaks», «había una evidente falta que debía ser afrontara a la luz de la ley y encontrar una respuesta a aquella situación. Esta —subrayó Lombardi— también es, creo, la línea que siguió Papa Benedicto frente al caso de los abusos». En el Vaticano, pues, durante estos años, «se han dado pasos en la línea de la verdad, de la transparencia, frente a cierto espíritu de mundanidad»:

 

En relación con el futuro, «decir “no volverá a suceder” es una profecía que no me permito hacer. Lo espero, me disgustaría que sucediera, pero no me sorprendería que sucediera de nuevo», dijo Lombardi, quien también subrayó que, como demuestra la última fuga de documentos (originada en el seno de una comisión encargada por el Papa argentino para la reforma de las estructuras económicas y financieras del Vaticano, «el peligro más fuerte es que cuando hay tensiones y discusiones fuertes surja en los protagonistas la tentación de influir en los eventos con discreciones o documentos enviados a la prensa, lo saben mejor que yo, y saben mejor que yo también cómo aprovecharse de una situación de este tipo, porque a veces ustedes los periodistas acuden a las personas que hablan más fácilmente o que se encuentran, justamente, en una situación de tensión para provocarlas y obtener información». Una cuestión que «plantea, más allá del aspecto jurídico, una cuestión moral», es decir de deontología profesional de los periodistas.

 

El padre Lombardi no dijo nada sobre el libro que justamente uno de los imputados del proceso «Vatileaks 2», Francesca Immacolata Chaouqui, publicará en los próximos días y que, según la autora, tendrá documentos inéditos: «Estamos contentos de hacer hoy la presentación y no hablamos de hipótesis de futuro. No me dan ganas, para nada, de hablar de un libro que ni he leído ni conozco». A los que le preguntaron, durante la conferencia de prensa, si el caso de la fuga de documentos se debía a un complot, el padre Lombardi respondió que «hay un aspecto humano» relevante, pero, refiriéndose a los imputados condenados, añadió: «no quiero psicoanalizar a estos dos personajes, que quiero bien, con los que he tenido una relación, digamos, profesional», pero, insistió, sintió «un poco de compasión, porque fue un caso doloroso para todos».

 

El padre Lombardi no respondió a otras cuestiones vaticanas, y a quienes le pedían algún comentario sobre el caso de la Orden de Malta, se limitó a responder: «Una de las ventajas de haber concluido mi trabajo es la de ya no tener que ocuparme de estas cosas».


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Agradecimiento al exsuperior general de los jesuitas.

Agradecimiento al Padre Nicolás

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Palabras del P. Lombardi, en nombre de toda la Congregación General

Querido Padre Adolfo: Se me ha encargado que le dirija, en nombre de la Congregación y en cierto sentido de toda la Compañía de Jesús, unas palabras de agradecimiento, con ocasión de la conclusión de su servicio como Prepósito General, una vez aceptada su renuncia.

Es una tarea que la Compañía le había confiado hace ocho años, el 19 de enero de 2008, en esta misma Aula, con una elección por amplísima mayoría, de la que todos los participantes en la Congregación General 35 nos sentíamos felices, confiando plenamente en que poniendo en sus manos la dirección de nuestra Compañía hacíamos la elección justa.

Hoy, poniendo la mirada en estos años en los que ha sido nuestro Padre General, damos gracias al Señor por todos los bienes que se han seguido de ello, para nosotros, para la Compañía de Jesús extendida por el mundo, para la Iglesia y para todas las personas a las que se dirige nuestro servicio.

Gracias por su estilo personal. Todos los que le han conocido y encontrado hablan de su cordialidad, espontaneidad y simplicidad de trato; de su accesibilidad, de su relación amable con todos, sean personas simples o de alto rango. Quienes han convivido con usted en la Curia durante años han quedado impresionados por su mirada siempre sonriente, su buen humor; no recuerdan haberle visto nunca con una expresión sombría, adusta, tiesa, y mucho menos airada.

Su participación cordial en los encuentros que ha tenido con las comunidades le han granjeado el afecto y confianza, apertura y seguridad de nuestros hermanos del mundo entero, que se han sentido animados en su tarea apostólica. Se le ha visto como un Superior lleno de simpatía y se le ha sentido cercano y fraterno. Diría que se le ha querido.

Gracias por su capacidad para inspirar nuestra vida religiosa y nuestro compromiso en la misión.

Nos ha recordado continuamente la perspectiva universal de nuestra misión, más allá de los confines restringidos de las regiones, naciones o Provincias; y nos ha invitado a la hondura espiritual, a evitar los riesgos de la mediocridad y de la superficialidad. “Universalidad” y “hondura” son dos palabras que hemos oído pronunciar de sus mismos labios y que no olvidaremos. Nos ha exhortado a no ser jesuitas “distraídos”, sino más bien a “sentir y gustar las cosas internamente” y a dirigirnos al núcleo de los problemas, de los desafíos apostólicos de nuestro tiempo, usando la inteligencia, el estudio y el corazón para mirar el mundo con los ojos de Dios, para saber compartir las alegrías y tristezas, los interrogantes de nuestros hermanos y hermanas, para acompañarlos a la hora de buscar y encontrar los signos de la presencia y de la voluntad de Dios, y las mociones del Espíritu bajo la corteza superficial, de la figura exterior de este mundo globalizado y frenético, caracterizado por la nueva cultura digital.

Nos ha dado ejemplo de una sabiduría serena, que se expresaba en homilías ricas en imágenes y reflexiones profundas, en invitaciones a la coherencia de nuestra vida religiosa, a la concreción de una conversión cotidiana. Homilías que nacían de su rica experiencia espiritual y de su vida apostólica, en la que sentíamos no pocas veces el eco de la misión en los amplios horizontes de Asia.

Estas dotes de su persona y de su modo de ser no pretenden, sin embargo, dejar en segundo plano el hecho de que ha puesto mucho empeño en la acción de gobierno para responder a las expectativas que había manifestado la Compañía en la Congregación General 35. En estos años, bajo su dirección e impulso, se ha producido un gran trabajo de reestructuración de Provincias en diversas partes del mundo; los Superiores Mayores también han sido invitados a mirar hacia el futuro y a discernir sobre el número puede que demasiado grande de obras y ministerios presentes en las zonas de su competencia; las Conferencias de Provinciales y sus Presidentes se han visto animados a la tarea d responder a los desafíos que iban más allá de los confines provinciales o regionales.

La Curia general ha sido una cantera de experimentación muy dinámica y creativa de nuevos modos de servir a la Compañía universal. Usted no ha tenido un estilo de gobierno individualista y centralista, sino que ha sido capaz de dejarse ayudar, de implicar a sus colaboradores más directos en un trabajo común y corresponsable, de equipo. Ha hecho uso frecuente y eficaz de grupos de trabajo y comisiones para afrontar problemas complejos, para la constitución, reorganización o promoción de los Secretariados, como los de ecumenismo y diálogo interreligioso, educación secundaria y superior…

También se han reorganizado el Archivo y el Instituto Histórico. Se han reestructurado los lugares de trabajo, dejándolos más acogedores y funcionales. Los edificios de la Curia y de la Via dei Penitenzieri se han renovado completamente y, en fin, también el Aula en la que nos encontramos corona dignamente todo este trabajo realizado gracias a su equipo de gobierno.

Nos ha recordado que el apostolado intelectual debe seguir siendo una de las características del servicio de la Compañía a la Iglesia y al mundo, y ha animado eficazmente el compromiso de toda nuestra Orden para sostener las instituciones y misiones que la Santa Sede le ha confiado en Roma para el bien de la Iglesia universal.

Ha promovido entre nosotros lo que podría definirse como una “cultura de la responsabilidad”. En la lengua inglesa gusta mucho la palabra “accountability”: rendir cuentas, responder de las tareas confiadas y la confianza depositada. Lo que vale para todas nuestras responsabilidades, tanto apostólicas como de gobierno.

En particular, ha logrado que la Compañía haya alcanzado una buena capacidad de afrontar los casos graves en los que haya sido o vaya a ser necesario intervenir, por ejemplo, en el campo de los abusos a menores, en el que también nosotros, como toda la comunidad de la Iglesia, hemos tenido que emprender un camino doloroso de respuesta por los crímenes cometidos, de conversión y de purificación. Todavía queda trecho por recorrer hasta llegar a ser verdaderos protagonistas de la prevención y de la protección de los menores, aunque se ha hecho mucho.

Igualmente hay otros aspectos importantes de su dirección de la Compañía que no queremos olvidar.

Se ha esforzado mucho y ha viajado mucho, en primer lugar, para conocer la Compañía universal, particularmente las zonas que había conocido menos antes de su elección; para acercarse y hacerse presente, animar, participar, conocer más hondamente. Ha escrito muchas cartas, pronunciado muchos discursos y mantenido muchas conversaciones, ha participado en innumerables coloquios con escucha disponible y atenta. En las numerosísimas Provincias visitadas -casi todas- y en los encuentros en los que ha participado siempre se le ha acogido con alegría y gratitud, como fuente de inspiración y orientación, ora por los jesuitas, ora por nuestros colaboradores y amigos. No ha ahorrado esfuerzos en el servicio a la Compañía universal, sino que se ha entregado con generosidad y alegría. No se pertenecía a sí mismo, sino al Señor y a su Compañía: en concreto -en los últimos ocho años- a nosotros. Todos le estamos agradecidos.

Con ocasión de la Congregación de Procuradores, por primera vez en África, en Nairobi, en 2012, se ha esforzado mucho, con su amplia relación sobre el estado de la Compañía, en ofrecernos una lectura objetiva y honda de los aspectos positivos, así como de los negativos, de nuestra situación, para hacer nuestro debido examen de conciencia. No hemos olvidado su aguda descripción de los tres tipos de jesuita: los que están plenamente disponibles para la misión, los que, aun trabajando bien, no son libres como requiere el magis ignaciano, y los que, lamentablemente, sufren “graves carencias de libertad”. Aquella relación es todavía un documento precioso y nos ha ayudado a prepararnos para esta Congregación General que alcanza ahora su fase decisiva.

No queremos olvidar la inteligencia con la que ha sabido aprovechar la ocasión del segundo centenario de la restauración de la Compañía, en 2014, para reavivar en nosotros el sentido de nuestra extraordinaria historia y la responsabilidad que de ella deriva, la conciencia y la autocomprensión común de nuestra identidad y misión.

Pero también se ha apreciado su guía alentadora e inspiradora más allá de la Compañía de Jesús. Durante algún tiempo ha sido Vicepresidente y luego Presidente de la Unión de Superiores Generales. La vida religiosa masculina e incluso la femenina han apreciado y disfrutado su servicio. Como nos han recordado muchas veces los Papas, no podemos darnos cuenta cumplida de que la Compañía siempre ha desempeñado un papel y ha tenido una responsabilidad para la vida religiosa apostólica en la Iglesia. Usted ha representado y encarnado dicha responsabilidad. Y no es casualidad que los Superiores Generales le hayan elegido para representarles con ocasión de los Sínodos de estos años. En dichas ocasiones, sus intervenciones se señalaron por la libertad de espíritu, originalidad, coraje y amplitud de miras, manifestando su vasta experiencia, conocimiento de diversas culturas y situaciones en la vida de la Iglesia, la necesidad de una renovación de la teología de la misión. Teníamos razones para pensar que usted incluso había desempeñado algún papel a la hora de animar al Papa Francisco a renovar el método del Sínodo, y no por nada, en los dos Sínodos dedicados a la familia, le llamó a tomar parte activa en la Comisión que trabajó para llegar, con gran esfuerzo de síntesis, a la redacción de la relación final.

El General nos guía, pero también nos representa en las relaciones con las otras instancias de la Iglesia y de su gobierno universal. Se ha esforzado mucho, en primera persona, para garantizar relaciones buenas y constructivas con los diversos Dicasterios de la Curia Romana, visitando regularmente a sus más altos responsables. Y los jesuitas se han sentido en buenas manos cuando usted se ha hecho cargo de sus problemas, así como sabemos que ha sabido asumir con claridad y decisión su posición y defensa cuando era justo y necesario. Se han sentido guiados con tranquila seguridad en un servicio nada servil, con el espíritu de un leal y adulto sentire cum Ecclesia, según el deseo de San Ignacio y las características de nuestra Compañía.

Por fin, usted ha sido el primer General en encontrarse en el caso -para casi todos nosotros verdaderamente inesperado y difícilmente imaginable- de asistir a la elección de un Papa jesuita; un jesuita que antes de ser Obispo y Cardenal había sido Provincial y había participado, en esta Aula, en dos Congregaciones Generales, y que ahora vemos asomarse al balcón de San Pedro vestido de blanco. Una situación históricamente inédita sobre cuyas implicaciones tendremos ocasión de reflexionar en el curso de esta Congregación. Pero ahora le estamos dando las gracias a usted. Y le damos muchísimas gracias porque ha sabido, por su parte, establecer desde el inicio, con el Papa Francisco, una relación de comunicación directa y cordial, de la que pronto la Compañía ha experimentado los beneficios. Lo ha hecho con la simplicidad y discreción que le caracterizan, y que han evitado a la Compañía y a todos nosotros cualquier posible situación embarazosa por la novedad de la situación. La Compañía de Jesús ha seguido poniéndose, como siempre, a la plena disposición del Papa para las misiones, y a la vez ha sentido -por muchos aspectos- con él aquella sintonía espiritual que  desciende naturalmente de la común identidad y espiritualidad religiosa, y que a su vez ha favorecido ulteriormente en nosotros el afecto y el deseo de servir al Vicario de Cristo en su servicio a la Iglesia y a la humanidad.

Vivir la misión en una Iglesia y con una Iglesia “en salida”, llamada a anunciar a Jesús y a servir en las fronteras y periferias, sintiéndose en camino con el pueblo de Dios, en solidaridad con los pobres y con todos los que sufren, buscando y reconociendo a Dios presente y operante en todas las cosas hasta los confines del mundo y en la profundidad de la historia. Evangelii gaudium, la alegría de anunciar el Evangelio, que es la misión de la Iglesia, y de la Compañía en la Iglesia y en el mundo.

Querido Padre Adolfo: usted ha experimentado en su vida esta alegría a la que nos invita nuestro hermano Vicario de Cristo. De ello da testimonio su sabiduría serena.

Gracias por habernos guiado y acompañado hasta este día y en este espíritu como Cuerpo de la Compañía de Jesús. Gracias y buen camino. Que el Señor siga acompañándole siempre. También le acompañará nuestra oración.

Congregación General 36  –  ROMA.

Lunes, 3 de octubre de 2016


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Agradecimiento de los vaticanistas al P. Lombardi

Los periodistas agradecen al padre Lombardi por su servicio

Una Misa y un encuentro entrañable entre colegas después de 10 años en la Sala de Prensa vaticana; el ex-director: «Termina el servicio, pero no la amistad ni la cercanía»
LAPRESSE

El padre Federico Lombardi

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15/09/2016
REDACCIÓN
TURÍN
Hoy, 15 de septiembre, se celebró una misa matutina en la Pontificia parroquia de Santa Ana, en el Vaticano, para despedir al padre Federico Lombardi, que hasta el pasado 31 de julio era el director de la Sala de Prensa vaticana y se reunió con sus ex-empleados, con algunos periodistas acreditados y con ex-colaboradores. «Esta es la manera más bella para festejar: encontrarse juntos para rezar, en el momento más importante, la Misa». El padre Lombardi resumió de esta manera sus sentimientos en la homilía de la celebración de agradecimiento por su servicio en la Sala de Prensa vaticana, según informó la Radio Vaticana.

Presidió la misa el arzobispo Paul Tighe, Secretario adjunto del dicasterio cultural vaticano. Los concelebrantes fueron monseñor Lucio Ruíz, Secretario de la Secretaría para la Comunicación, y el padre Antonio Spadaro, director de «La Civiltà Cattolica».

Al comentar el Evangelio de hoy, el padre Lombardi reveló que la imagen del Corazón de Jesús traspasado que nos da la vida es la que más quiere, «porque es el signo de un servicio total para los demás». Después, incitó a todos a rezar al Señor y a la Virgen, que se quedó bajo la Cruz, para que les acompañen en su vida y en su trabajo. Por su parte, al final de la misa, el padre Spadaro pronunció un saludo y un agradecimiento para el ex-director de la Sala de Prensa y de la Radio Vaticana, recordando tres puntos que caracterizan al padre Lombardi: «el cuidado por las personas, la especialidad, la flexibilidad ante todos los desafíos que tuvo que afrontar».

Después de la celebración, los «compañeros de trabajo» durante tantos años del padre Lombardi se despidieron de él en un momento familiar en la Sala de Prensa. Entre los presentes estaba el nuevo director de la Sala de Prensa, Greg Burke, y de su vice directora, Paloma G. Ovejero.

En nombre de todos Cindy Wooden, del Catholic News Service, pronunció un discurso en el que agradeció al jesuita por la paciencia y la disponibilidad que siempre ha demostrado, incluso en los momentos más difíciles y delicados. Palabras que el padre Federico Lombardi acogió con gratitud y renovando su afecto por la comunidad de los «vaticanistas». «Que sigan trabajando bien —dijo el jesuita—, gracias por toda esta gentileza y por este deseo de decírmelo con mucha sencillez y de manera directa. Seguimos siendo amigos y estando cerca. ¡Gracias por todo!».