Loiola XXI

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El dramático encuentro entre Paulo VI y Mons. Lefebvre

He aquí el acta secreta del encuentro entre Pablo VI y Lefebvre

En el libro del padre Sapienza se encuentra la transcripción de la conversación del 11 de septiembre de 1976 entre el obispo tradicionalista y Montini. Documento útil para comprender ciertas dinámicas internas en la Iglesia de hoy

El arzobispo francés Marcel Lefebvre

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Pubblicato il 16/05/2018
Ultima modifica il 16/05/2018 alle ore 21:05
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Tal vez haya habido algo poco apropiado en mis palabras, en mis escritos; pero no he querido referirme a su persona, nunca he tenido esa intención… Yo no puedo comprender por qué de repente se me condene porque formo a sacerdotes en la obediencia de la santa tradición de la santa Iglesia». «No es cierto. Se le dijo y escribió muchas veces que usted se equivocaba y por qué se equivocaba. Usted no ha querido escuchar nunca… Usted lo ha dicho y lo ha escrito. Sería un Papa modernista. Aplicando un Concilio Ecuménico, yo habría traicionado a la Iglesia. Usted comprenderá que, si así fuese, tendría que renunciar; e invitarle a usted a ocupar mi sitio para dirigir a la Iglesia».

 

Se trata de un dramático documento, un mecanoscrito en lengua italiana con algunas partes en francés. El Papa Montini recibió el 11 de septiembre de 1976 en Castel Gandolfo al arzobispo francés Marcel Lefebvre, jefe de la Fraternidad San Pío X y gran crítico del Concilio. El redactor del acta fue, por voluntad del mismo Pablo VI, el Sustituto de la Secretaría de Estado, Giovanni Benelli (que pocos meses después fue promovido a arzobispo de Florencia y creado cardenal). Participó también en el encuentro su secretario particular, Pasquale Macchi. Benelli fue, pues, un asistente excepcional: diez años antes había sido pro-nuncio en Senegal, en donde fue obispo misionero el prelado francés. La transcripción de ese encuentro (entre el Papa que condujo el Concilio hacia su conclusión y que promulgó la reforma litúrgica, y el obispo rebelde que desafiaba la autoridad del Pontífice) ahora es publicada en el libro “La barca de Pablo”, escrito por el regente de la Casa Pontificia Leonardo Sapienza.

 

Antes de indicar cuáles son las partes más importantes de esta conversación, es importante recordar que Giovanni Battista Montini y Marcel Lefebvre se conocían desde hacía tiempo. En los archivos de la diócesis de Milán hay una carta dirigida por el prelado francés al entonces arzobispo ambrosiano sobre los problemas misioneros del episcopado africano. Montini respondió diciéndose complacido «por la acción apostólica» de Lefebvre. Además, tanto el cardenal Montini como Lefebvre habían participaro en las sesines de trabajo de la Comisión central preparatoria del Concilio. Durante el Vaticano II, Lefebvre fue uno de los protagonistas de la minoría conservadora que se formó alrededor del “coetus internationalis patrum”. Estaba en primera línea en la lucha contra la colegialidad, pidió la condena del comunismo y una lucha feroz contra la libertad religiosa, derecho que el Concilio habría garantizado con la declaración “Dignitatis humanae”. Pero hay que recordar que el arzobispo francés firmó tanto la Constitución conciliar sobre la liturgia como la misma declaración sobre la libertad religiosa. También hay que recordar que Lefebvre celebró la misa de 1965 con las primeras reformas experimentales introducidas por el “consilium” guiado por el cardenal Giacomo Lercaro y por el entonces padre Annibale Bugnini.

 

Después de haber dejado el puesto de superior de su congregación, Lefebvre fundó en 1970 la Fraternidad sacerdotal San Pío X, con un seminario propio en Ecône, en la diócesis suiza de Friburgo y con el reconocimiento del obispo diocesano, François Charrière. La Fraternidad se niega a celebrar según el nuevo misal romano, y en 1974 el arzobispo indica que las novedades introducidas por el Convilio Vaticano II son «novedades destructoras de la Iglesia». Pierre Mamie, el obispo que sucedió a Charrière, de acuerdo con la Conferencia Episcopal helvética y con el Vaticano, retira el reconocimiento canónico al seminario de Ecône y pide su clausura.

 

La Santa Sede trata de dialogar con Lefebvre: el Papa instituye una comisión para escuchar las instancias del prelado, conformada por los cardenales Garrone, prefecto de la Educación Católica, John Joseph Wright, prefecto del clero, y Arturo Tabera Araoz, prefecto de los religiosos. En 1975, Roma invita a Lefebvre a cerrar el seminario de Ecône y a no preoceder con nuevas ordenaciones sacerdotales. En tres ocasiones Pablo VI escribió al arzobispo y envió prelados de confianza a visitar la sede de los tradicionalistas. Pero después del enésimo “No”, Lefebvre fue suspendido “a divinis”, es decir de los derechos y deberes que derivan del sacerdocio y del episcopado. Ya no podía celebrar, pero, a pesar de ello, en agosto de ese año, preside la misa ante diez mil fieles y cuatrocientos periodistas, obteniendo una enorme resonancia mediática. En septiembre de 1967 Lefebvre fue recibido por el Papa Montini para una audiencia en Castel Gandolfo.

 

El encuentro, se lee en el acta ahora publicada, duró poco más de media hora, de las 10.27 a las 11.05. La transcripción mecanoscrita llena ocho páginas. «Su Santidad ha encargado al Sustituto que haga constar en acta Su conversación con Monse. Lefebvre: si, durante el coloquio, hubiere considerado oportuna su intervención, le habría hecho un gesto». Pero no parece que haya intervenido Benelli. A pesar de la presencia de dos testigos, el Sustituto y el secretario Macchi, el diálogo siempre se desarrolla entre el Papa y Lefebvre, alternando entre el francés y el italiano.

 

«Espero encontrarme frente a un hermano, un hijo, un amigo. Desgraciadamente, la posición que usted ha tomado es la de un antipapa –comienza Pablo VI. ¿Qué quiere que diga? Usted no ha consentido ninguna medida en sus palabras, en sus actos, en su comportamiento. No se ha negado a venir a verme. Y a mí me gustaría poder resolver un caso tan penoso. Escucharé; y le invitaré a reflexionar. Sé que soy un hombre pobre. Pero aquí no es la persona la que está en juego: es el Papa. Y usted ha juzgado al Papa como infiel a la Fe de la que es supremo garante. Tal vez sea esta la primera vez en la historia que sucede. Usted ha dicho al mundo entero que el Papa no tiene fe, que no cree, que es modernista, y cosas así. Debo, sí, ser humilde. Pero usted se encuentra en una posición terrible. Lleva a cabo actos, ante el mundo, de extrema gravedad».

 

Lefebvre se defiende diciendo que no era su intención atacar la persona del Papa y admite: «Tal vez haya habido algo poco apropiado en mis palabras, en mis escritos». Y añade que no es el único, pues son él están «obispos, sacerdotes, numerosos fieles». Afirma que «la situación en la Iglesia después del Concilio» es «tal que nosotros ya no sabemos qué hacer. Con todos estos cambios o corremos el peligro de perder la fe o damos la impresión de desobedecer. Yo quisiera ponerme de rodillas y aceptar todo; pero no puedo ir contra mi conciencia. No soy yo quien ha creado un movimiento», sino los fieles «que no aceptan esta situación. Yo no soy el jefe de los tradicionalistas… Yo me comporto exactamente como me comportaba antes del Concilio. Yo no puedo comprender cómo, de repente, se me condene porque formo a sacerdotes en la obediencia de la santa tradición de la santa Iglesia».

 

Pablo VI interviene para desmentir: «No es cierto. Se le dijo y escribió muchas veces que usted se equivocaba y por qué se equivocaba. Usted no ha querido escuchar nunca. Continúe con su exposición». Lefebvre retoma la palabra: «Muchos sacerdotes y muchos fieles piensan que es difícil aceptar las tendencias que se hicieron día después [sic! Así aparece en la transcripción, ndr.] del Concilio Ecuménico Vaticano II, sobre la liturgia, sobre la libertad religiosa, sobre la formación de los sacerdotes, sobre las relaciones de la Iglesia con los Estados católicos, sobre las relaciones de la Iglesia con los protestantes. Y, repito, no soy yo el que lo piensa. Hay mucha gente que piensa de esta manera. Gente que se aferra a mí y me empuja, a menudo contra mi voluntad, a no abandonarla… En Lille, por ejemplo, no fui yo el que quiso esa manifestación…». Usted lo ha dicho y lo ha escrito. Sería un Papa modernista. Aplicando un Concilio Ecuménico, yo habría traicionado a la Iglesia. Usted comprenderá que, si así fuese, tendría que renunciar; e invitarle a usted a ocupar mi sitio para dirigir a la Iglesia».

 

«Pero, ¿qué está diciendo?», interrumpe el Papa Montini. «No soy yo… es la televisión», balbucea Lefebvre para defenderse. «Pero la televisión –replica Pablo VI, que se demuestra bien informado sobre todo– transmitió lo que usted dijo. Fue usted el que habló, y de manera durísima, contra el Papa». El arzobispo francés insiste culpando a los periodistas: «Usted lo sabe, a menudo son los periodistas los que obligan a hablar… Y yo tengo derecho de defenderme. Los cardenales que me han juzgado en Roma me han calumniado: y creo que tengo el derecho de decir que son calumnias… Ya no sé qué hacer. Trato de formar sacerdotes según la fe y en la fe. Cuando veo los demás Seminarios sufro terriblemente: situaciones inimaginables. Y luego: los religiosos que llevan el hábito son condenados o despreciados por los obispos: los que son apreciados, en cambio, son los que viven una vida secularizada, los que se comportan como la gente del mundo».

 

El Papa Montini observa: «Pero nosotros no aprobamos estos comportamientos. Todos los días trabajamos con gran esfuerzo y con igual tenacidad para eliminar ciertos abusos, no conformes a la ley vigente de la Iglesia, que es la del Concilio y de la Tradición. Si usted se hubiera esforzado por ver, comprender lo que hago y digo todos los días, para asegurar la fidelidad de la Iglesia al ayer y la correspondencia al hoy y al mañana, no habría llegado este punto doloroso en el que se encuentra. Somos los primeros en deplorar los excesos. Somos los primeros y los más preocupados para encontrar un remedio. Pero este remedio no se puede encontrar en un desafío a la autoridad de la Iglesia. Se lo he escrito en repetidas ocasiones. Usted no ha tenido en cuenta mis palabras».

 

Lefebvre responde afirmando querer hablar de la libertad religiosa, porque «lo que se lee en el documento conciliar va en contra de lo que han dicho sus Predecesores». El Papa dice que no son argumentos que se discutan durante una audiencia, «pero –asegura– tomo nota de su perplejidad: es su actitud contra el Concilio…». «No estoy en contra del Concilio –interrumpe Lefebvre–, sino solamente en contra de algunos de sus textos». «Si no está en contra del Concilio –responde Pablo VI– debe sumarse a él, a todos sus documentos». El arzobispo francés replica: «Hay que elegir entre lo que ha dicho el Concilio y lo que han dicho sus Predecesores».

 

Después Lefebvre dirige al Papa una petición: «¿No sería posible prescribir que los obispos aprueben, en las iglesias, una capilla en la que la gente pueda rezar como antes del Concilio? Ahora se le permite todo a todos: ¿por qué no permitirnos algo también a nosotros?» Responde Pablo VI: «Somos una comunidad. No podemos permitir autonomías de comportamiento a las diferentes partes». Lefebvre argumenta: «El Concilio admite la pluralidad. Pedimos que tal principio también se aplique a nosotros. Si Su Santidad lo hiciese, se resolvería todo. Habría un aumento de las vocaciones. Los aspirantes al sacerdocio quieren ser formados en la piedad verdadera. Su Santidad tiene la solución del problema en las manos…». Después el arzobispo tradicionalista francés se dice dispuesto a que alguien de la Congregación para los Religiosos «vigile mi Seminario», se dice listo para dejar de dar conferencias y a quedarse en su Seminario «sin salir».

 

Pablo VI le recuerda a Lefebvre que el obispo Adam (Nestor Adam, obispo de Sión, ndr.) «vino para hablarme en nombre de la Conferencia Episcopal Suiza, para decirme que ya no podía tolerar su actividad… ¿Qué debo hacer? Trate de volver al orden. ¿Cómo pueden considerarse en comunión con Nosotros, cuando toma posiciones contra la Iglesia?». «Nunca ha sido mi intención…», se defiende Lefebvre. Pero el Papa Montini replica: «Usted lo ha dicho y lo ha escrito. Que sería un Papa modernista. Que aplicando un Concilio Ecuménico, yo habría traicionado a la Iglesia. Usted comprenderá que, si así fuese, tendría que renunciar; e invitarle a usted a ocupar mi sitio para dirigir a la Iglesia». Y Lefebvre responde: «La crisis de la Iglesia existe». Pablo VI: «Sufrimos por ello profundamente. Usted ha contribuido para empeorarla, con su solemne desobediencia, con su desafío abierto contra el Papa».

 

Lefebvre replica: «No se me juzga como se debería». Montini responde: «El Derecho Canónico le juzga. ¿Se ha dado cuenta del escándalo y del daño que ha provocado en la Iglesia? ¿Está consciente de ello? ¿Le gustaría ir así ante Dios?Haga un diagnóstico de la situación, un examen de conciencia y luego pregúntese, ante Dios: ¿qué debo hacer?».

 

El arzobispo propone: «A mí me parece que abriendo un poco el abanico de las posibilidades de hacer hoy lo que se hacía en el pasado, todo se ajustaría. Esta sería la solución inmediata. Como he dicho, yo no soy el jefe de ningún movimiento. Estoy listo a permanecer encerrado para siempre en mi Seminario. La gente entra en contacto con mis sacerdotes y queda edificada. Son jóvenes que tienen el sentido de la Iglesia: son respetados en la calle, en el metro, por todas partes. Los demás sacerdotes ya no llevan el hábito talar, ya no confiesan, ya no rezan. Y la gente ha elegido: estos son los sacerdotes que queremos». (Los sacerdotes formados por monseñor Lefebvre, anota quien está escribiendo el acta.)

 

Entonces Lefebvre le pregunta al Papa si está al corriente de que hay «por lo menos catorce cánones que se utilizan en Francia para la oración Eucarística». Pablo VI responde: «No solo catorce, sino cientos… Hay abusos; pero es grande el bien que ha traído el Concilio. No quiero justificar todo; como he dicho, estoy tratando de corregir en donde sea necesario. Pero es un deber, al mismo tiempo, reconocer que hay signos, gracias al Concilio, de vigorosa recuperación espiritual entre los jóvenes, un aumento del sentido de responsabilidad entre los fieles, los sacerdotes y los obispos».

 

El arzobispo responde: «No digo que todo sea negativo. Yo quisiera colaborar en la edificación de la Iglesia». Y afirma Montini: «Pero no es así, lo que es seguro es que usted concurre en la edificación de la Iglesia. Pero, ¿está usted consciente de lo que hace? ¿Está consciente de que va directamente contra la Iglesia, contra el Papa, contra el Concilio Ecuménico? ¿Cómo puede adjudicarse el derecho de juzgar un Concilio? Un Concilio, después de todo, cuyas actas, en gran medida, fueron firmadas también por usted. Recemos y reflexionemos, subordinando todo a Cristo y a su Iglesia. También yo reflexionaré. Acepto con humildad sus reproches. Yo estoy al final de mi vida. Su severidad es para mí una ocasión de reflexión. Consultaré también mis oficinas, como, por ejemplo, la S.C. para los obispos, etc. Estoy seguro de que usted también reflexionará. Usted sabe que le estimo, que he reconocido sus beneméritos, que nos hemos encontrado de acuerdo, en el Concilio, sobre muchos problemas…». «Es cierto», reconoce Lefebvre.

 

«Usted comprenderá –concluye Pablo VI– que no puedo permitir, incluso por razones que llamaría “personales”, que usted se vuelva culpable de un cisma. Haga una declaración pública, con la que se retiren sus recientes declaraciones y sus recientes comportamientos, de los cuales todos tienen noticia como actos no para edificar la Iglesia, sino para dividirla y hacerle daño. Desde que usted se encontró con los tres cardenales romanos, ha habido una ruptura. Debemos volver a encontrar la unión en la oración y en la reflexión». El Sustituto Benelli concluye la transcripción de la conversación con esta anotación: «El Santo Padre después ha invitado a Mons. Lefebvre a recitar con Él el “Pater Noster”, el “Ave María”, el “Veni Sancte Spiritus”».

 

Como se sabe, las esperanzas y las peticiones del Papa Montini cayeron en saco roto. Aunque el cisma lefebvriano se habría verificado más de diez años después, durante el Pontificado de Juan Pablo II, cuando Lefebvre ya cerca de la muerte decidió ordenar nuevos obispos sin el mandato del Papa. Monseñor John Magee, segundo secretario de Pablo VI, recordó que Montini, después de aquella audiencia «esperaba que el arzobispo (Lefebvre, ndr.) hubiera decidido cambiar su manera de conducir los ataques contra la Iglesia y contra la enseñanza del Concilio, pero todo fue inútil. Desde ese momento, Pablo VI comenzó a ayunar. Recuerdo bien que no quería comer carne, quería reducir la cantidad de comida que tomada, aunque ya comiera demasiado poco. Decía que tenía que hacer penitencia, para ofrecerle al Señor, en nombre de la Iglesia, la justa reparación por todo lo que estaba sucediendo».


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Los lefebvrianos y la Congregación de la doctrina de la fe.

Los lefebvrianos se interrogan sobre la salida del cardenal Müller

Después de que una carta del ex Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe había sido interpretada por la Fraternidad como un paso hacia atrás en el diálogo con Roma

El cardenal Müller

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Pubblicato il 14/07/2017
Ultima modifica il 14/07/2017 alle ore 19:13
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Los lefebvrianos se interrogan sobre la decisión del Papa de no confirmar en su puesto al cardenal Gerhard Ludwig Müller como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Subrayan además que el purpurado alemán les había enviado recientemente una carta que parecía congelar el diálogo con la Santa Sede, y afirman que ahora esperan «los hechos» que podrá traer la nueva etapa.

 

Un artículo titulado “La carta del cardenal Müller y la falta de confirmación a la cabeza de la CDF”, publicado en estos días por el sitio de la fraternidad sacerdotal San Pío X, recuerda que el pasado 26 de junio el superior de los lefevbrianos, monseñor Bernard Fellay, recibió una carta (firmada el 6 de junio y para la cual el purpurado alemán precisaba contar con el previo visto bueno papal) en la que Müller «enunciaba las condiciones necesarias a una declaración doctrina, preliminar indispensable para cualquier reconocimiento canónico» de la Fraternidad. Entre tales condiciones, recuerda indica el artículo, estaban: la adhesión a la nueva fórmula de la “Professio fidei” de 1988, y no la de 1962, la aceptación explícita de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de las enseñanzas post-conciliares, reconociendo no solo su validez, sino «la legitimidad» del rito introducido con los libros litúrgicos promulgados después del Concilio.

 

Pocos días después de haber recibido la carta, el 30 de junio, Fellay la envió a todos los sacerdotes de la Fraternidad, con este comentario: «Nos encontramos en una situación parecida a la de 2012. Mientras monseñor Pozzo, Secretario de la comisión Ecclesia Dei, en marzo de este año tenía un lenguaje completamente diferente sobre los criterios de catolicidad que debían ser más o menos exigidos». Recordando los diferentes pasajes del diálogo de los últimos meses entre Roma y Econe, cuartel general de los lefebvrianos, el artículo indica que en el pasado monseñor Fellay había «subrayado una contradicción entre las afirmaciones del cardenal Müller y las de monseñor Pozzo». En cuanto al Papa, se recuerda que al volver de Fátima Francisco afirmó: «La “feria cuarta” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, su sesión (la llaman “feria cuarta” porque se hace los miércoles), ha estudiado un documento, y el documento todavía no me ha llegado». Por lo tanto, aclara el artículo, «una vez más es necesaria una declaración doctrinal, preliminarmente a cualquier reconocimiento canónico. Pero, ¿cuál debe ser el contenido exacto de esta declaración? ¿El que impone el cardenal Müller o el que propone monseñor Pozzo?».

 

Después de estas preguntas, la nota de los lefebvrianos prosigue recordando que «lo que fue una verdadera sorpresa fue la no confirmación del cardenal Müller en su encargo», el pasado 2 de julio. Para los lefebvrianos, sobre las hipótesis de las « razones de la partida del cardenal Müller, se puede constatar que el Papa no consideró necesario mantenerlo en su sitio para llevar a cabo la decisión de hacer que la Fraternidad sacerdotal San Pío X volviera a la declaración doctrinal de 2012. Después de esta constatación en el orden del truísmo, se pueden plantear algunas cuestiones: al manifestar abiertamente un punto de vista divergente con respecto al de su superior jerárquico, en relación con los “criterios de catolicidad”, ¿monseñor Pozzo actuaba “motu proprio” o sabía contar con un apoyo más alto que el cardenal Müller? ¿Cuál es su futuro en la comisión Ecclesia Dei? ¿Cuál será el papel de monseñor Ladaria (el nuevo prefecto de la Fe, ndr.), jesuita español con una personalidad mucho menos inquieta que la del cardenal alemán? Más propenso a la obediencia propia de la Compañía de Jesús, definiéndose como “conservador moderado, ¿tendrá una influencia moderadamente conservadora a la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe? Frente a estas preguntas –concluye la nota de la Fraternidad San Pío X–, los oráculos harán sus predicciones. Por nuestra parte, nos conformamos con esperar los hechos y ver sus efectos».


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Los sacerdotes lefebrvianos y el sacramento del matrimonio. Comentario

La convalidación del Papa para los matrimonios celebrados por lefebvrianos

El paso de Francisco: con una carta firmada por el cardenal Müller y monseñor Pozzo, autoriza a los obispos ha reconocer las bodas celebradas por los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X

La convalidación del Papa para los matrimonios celebrados por lefebvrianos

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Pubblicato il 04/04/2017
Ultima modifica il 04/04/2017 alle ore 18:30
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Después de la concesión de la facultad para confesar lícitamente que Francisco extendió más allá del Jubileo de la Misericordia a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, Roma da un nuevo paso para tratar de acercarse a los lefebvrianos. Con una carta aprobada por el Papa se autoriza a los obispos de las diócesis en las que está presente la Fraternidad a delegar a un sacerdote para que presencie el momento del consenso en el rito del matrimonio de los fieles lefebvrianos. Si es necesario, el obispo también podrá delegar directamente al sacerdote de la Fraternidad que celebra la boda.

 

«No obstante – se puede leer en la carta – que la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente ilegítima– el Santo Padre, a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad, según las siguientes indicaciones. Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad».

 

«Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes – afirma la carta – el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado».

 

«Este Dicasterio – el documento concluye – confía en Su colaboración con la convicción de que con estas indicaciones no sólo se podrán remover los escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX y la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio, sino que al mismo tiempo, se avanzará hacia la plena regularización institucional».

 

La «Carta de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei sobre la licencia para celebrar los matrimonios de los fieles de la Fraternidad San Pío X», dada a conocer este 4 de abril de 2017, lleva las firmas del cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, y del Secretario de la Comisión Ecclesia Dei, el arzobispo Guido Pozzo. La misiva fue aprobada por Francisco. Se trata de un documento que, siguiendo las huellas de la decisión sobre las confesiones, tiene en cuenta las exigencias de los fieles y resuelve el problema que ha existido hasta ahora sobre los matrimonios celebrados por los sacerdotes de la Fraternidad.

 

Para que un matrimonio sea válido y lícito, no es suficiente la ordenación del ministro que asiste al rito (cuyos celebrantes son los esposos), se necesita también la jurisdicción. Para que el consenso que pronuncian los esposos frente al ministro asistente este último debe haber recibido la autorización del obispo o, con mayor frecuencia, del párroco del lugar en el que se celebra el matrimonio. Ni siquiera un cardenal o un nuncio apostólico pueden bendecir el matrimonio de una pareja de esposos sin esta autorización. Es famoso el caso del nuncio apostólico Federico Tedeschini (que después fue creado cardenal por Pío XI), quien durante los años veinte bendijo en España muchos matrimoniossin haber recibido la autorización ni del obispo ni del párroco. Todos esos matrimonios fueron declarados nulos por la Sacra Rota por defecto de forma canónica.

 

Sin la autorización del ordinario diocesano o del párroco del lugar, el matrimonio es nulo por defecto de forma canónica, aunque la nulidad deba ser demostrada en una sede judicial. Esto, obviamente, no quiere decir que todos los matrimonios celebrados hasta ahora por los fieles de la Fraternidad sean nulos: siempre ha existido la posibilidad de pedir una autorización o una «sanatio» (una sanatoria «ex post») después del matrimonio. Pero ahora esta dificultad ya no existirá, puesto que, gracias a la carta publicada hoy, se supera cualquier duda jurídica: cualquier obispo diocesano está autorizado, expresamente, por voluntad del Papa a conceder la autorización y, por lo tanto, permitir que los matrimonios celebrados por los sacerdotes lefebvrianos también sean válidos y lícitos.

 

En el rito preconciliar, según el misal de 1962 promulgado por Juan XXIII (que es el que utiliza la Fraternidad San Pío X), el sacramento del matrimonio es celebrado antes de la misa. Es decir que no está incorporado en la celebración eucarística como sucede normalmente en el rito de la forma post-conciliar, aunque exista la posibilidad de celebrarlo fuera de la misa. El obispo ahora cuenta con la autorización para nombrar a un sacerdote como su delegado para recibir el consenso de los esposos cuando el matrimonio sea celebrado por un sacerdote de la Fraternidad y puede decidir delegar directamente al sacerdote lefebvriano. Después de la publicación del documento de hoy, el obispo ya no puede aducir como motivación para negar el consenso ni la autorización el hecho de que los sacerdotes de la Fraternidad no cuenten con un estatus jurídico en la Iglesia católica.

 

El gesto de Francisco, pues, representa un paso más de atención y benevolencia para con la Fraternidad, con la esperanza, declarada en el texto de la carta, de que se pueda llegar dentro de poco a la plena reconciliación. Como se sabe, la Santa Sede le propuso hace algunos meses al superior de la San Pío X, el obispo Bernard Fellay, una nueva versión de la declaración doctrinal que deben firmar, y que se concentra prácticamente en la «Professio fidei», la profesión de fe católica. Cuando la Fraternidad la haya aceptado, se afinará en breve tiempo la concesión del estatus jurídico para los obispos y sacerdotes lefebvrianos. La fórmula elegida desde hace tiempo es la de la prelatura personal, que depende directamente de la Santa Sede.


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Nuevas concesiones a los sacerdotes Lefebvristas.

El Papa Francisco autoriza a sacerdotes de la Fraternidad San Pío X a confesar y celebrar matrimonios

El Santo Padre Francisco aprobó, el pasado 24 de marzo, la Carta de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei dirigida a los Prelados de las Conferencias Episcopales interesadas acerca de la licencia para la celebración de los matrimonios de los fieles de la Fraternidad San Pío X.

En la misiva, firmada por el cardenal Gerhard Card. Müller, Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y por el Secretario, Mons. Guido Pozzo, arzobispo titular de Bagnoregio, se hace referencia a las iniciativas que se están llevando a cabo para conseguir la plena comunión con la Iglesia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En este marco, se lee en la carta, “el Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes del mencionado Instituto las facultades para confesar válidamente”.

Siguiendo la misma línea pastoral y con el objetivo de “tranquilizar la conciencia de los fieles, no obstante  – precisa el documento –  la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente  ilegítima, el Santo Padre a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad”, siguiendo algunas indicaciones específicas.

(MCM-RV)

A continuación el texto completo de la Carta:

Eminencia:

Excelencia Rev.ma:

Como Ud. sabe, desde hace algún tiempo se están realizando encuentros e iniciativas para conseguir la plena comunión con la Iglesia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En concreto, recientemente el Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes del mencionado Instituto las facultades para confesar válidamente (cf. Carta Apostólica Misericordia et misera, n. 12), asegurando la posibilidad de que la absolución sacramental de los pecados por ellos administrada sea recibida válida y lícitamente.

En la misma línea pastoral, que pretende tranquilizar la conciencia de los fieles –no obstante, que la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente  ilegítima– el Santo Padre, a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad, según las siguientes indicaciones.

Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad. Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes, el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado.

Este Dicasterio confía en Su colaboración con la convicción de que con estas indicaciones no sólo se podrán remover los escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX y la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio, sino que al mismo tiempo, se avanzará hacia la plena regularización institucional.

El Sumo Pontífice Francisco, el 24 de marzo de 2017, en la audiencia concedida al Cardinal Presidente, ha aprobado la presente Carta y ha ordenado su publicación.

Dada en Roma, en la Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de marzo de 2017.

Gerhard Card. Müller


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Los lefebvrianos contrarios al diálogo con el Islam

08/23/2013

Lefebvrianos en contra del Papa que dialoga con el Islam

LefebvrianosLEFEBVRIANOS

En un texto difundido por la casa generalicia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se insiste en el rechazo del Concilio que abrió la vía hacia el diálogo con las demás religiones

ALESSANDRO SPECIALE (De Vatican Insider)
CIUDAD DEL VATICANO

Los seguidores de monseñor Lefebvre no acogieron positivamente el mensaje, firmado en primera persona por Papa Francisco, enviado a los musulmanes de todo el mundo en ocasión de la fiesta que marca el final del Ramadán.

  Nada nuevo bajo el sol. La casa generalicia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X difundió un texto el pasado 20 de agosto en el que se condena el gesto de Francisco. Desde hace casi 50 años, los lefebvrianos se niegan a aceptar las innovaciones del Concilio Vaticano II, incluido el diálogo con las demás religiones y la libertad de consciencia. 

Al respecto, desde Econe (cuartel general lefebvriano), salieron estridentes anatemas en contra de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, incluso cuando este último trataba de llegar a una reconciliación con el grupo tradicionalista.  

Sin embargo, lo que sorprende es que la crítica de los lefebvrianos llega a poco tiempo del nombramiento de monseñor Guido Pozzo como Secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, una decisión que ha sido interpretada como el intento por parte del nuevo Pontífice de poner de nuevo en marcha el hasta ahora inútil proceso de diálogo con el grupo tradicionalista.

 Según los lefebvrianos, en el mensaje a los musulmanes Francisco se mostró confuso, paradójico, en ruptura con la tradición y a favor del olvido de los cristianos asesinados en las tierras en las que el Islam es la religión preponderante.

 Según el grupo tradicionalista, de hecho, es «paradójico» y fruto de una «confusión» el hecho de hablar, como hace el mensaje papal, de «respeto por la religión de los demás…. sin aludir al contenido de sus convicciones religiosas». «El respeto que se debe a las personas –escribieron desde Econe– no implica el respeto por su religión cuando se opone a la verdad revelada por el Dios trinitario, como en el caso del Islam».

 Y añadieron: «Así como el celo del médico por la salud del enfermo equivale a su celo de combatir la enfermedad de quien sufre, de la misma manera el amor del pecador es proporcional al odio por el pecado del que se le quiere librar».

 Los lefebrvianos compararon la actitud de Papa Francisco con la del santo del que tomó el nombre, que, según una de las narraciones de su encuentro con el sultán durante la Quinta Cruzada (un episodio histórico con contornos y contenidos muy discutidos) habría propuesto como única posibilidad para la paz entre los cristianos y los musulmanes la conversión de los últimos. 

Por otra parte, el grupo tradicionalista subrayó que la postura de Papa Bergoglio está en sintonía con todo lo que dice la declaración conciliar “Nostra Aetate”, que invita a dejar a un lado siglos de odio y guerras entre las religiones para la construcción común de la paz y la justicia. «¿Es entonces necesario –se preguntan los lefebvrianos– añadir a la persecución sangrienta de la que [los cristianos] son víctimas hoy […] el olvido del testimonio que ofrecen con sus vidas?». 

Antes de la casa generalicia de los tradicionalistas, la provincia francesa de la Fraternidad ya había criticado a Francisco por su mensaje a los musulmanes, con un comunicado firmado por el superior, el abad Régis de Cacqueray.