Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Caribe y Latinoamérica: las mujeres padecen mayor pobreza y obesidad que los hombres.

Las mujeres latinoamericanas y caribeñas padecen mayor pobreza y obesidad que los hombres

Las mujeres latinoamericanas padecen desproporcionadamente más pobreza que los hombres. Foto de archivo: PNUD/Elizabeth Yarce

07 de marzo, 2017 — La obesidad impacta de manera desproporcionada a las mujeres latinoamericanas y caribeñas, afectando al 26,8% de ellas, frente al 18,5% de los hombres, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Los factores detrás de ese fenómeno son múltiples, señala un informe regional de la FAO sobre seguridad alimentaria que destaca entre ellos la pobreza y la falta de acceso a los recursos productivos.

Otras causas son la falta de servicios de salud integrales, un acceso limitado a la educación nutricional y una carga excesiva de trabajo, en especial en el caso de las mujeres rurales, apunta el estudio.

Pese a que la pobreza general de la región ha disminuido, entre las mujeres ha aumentado y en la actualidad hay 121 mujeres indigentes por cada 100 hombres en la misma situación.

De acuerdo con los datos de la ONU, el 40% de las mujeres mayores de 15 años en América Latina carece de ingresos propios aunque trabaja diariamente de forma no remunerada. Además, las mujeres rurales sólo poseen una fracción dela tierra, los créditos, los insumos productivos y la educación.

La FAO recordó que la Agenda 2030 busca la igualdad y el empoderamiento de las mujeres como parte de la solución a los grandes problemas de desarrollo que enfrenta el mundo, ya que son una piedra angular de la economía rural y la seguridad alimentaria.

La agencia de la ONU considera que si se potencia el papel de las mujeres rurales y se invierte en actividades que aumenten su productividad, se puede disminuir de forma significativa el hambre y la malnutrición.


Deja un comentario

Jesuitas latinoamericanos contra política Trump sobre migrantes.

Jesuitas de México, Canadá y Estados Unidos denuncian órdenes para incrementar detenciones y deportaciones

Publicada en 2 · feb · 2017

Share3

 

Ante los recientes acontecimientos relacionados con las nuevas medidas migratorias, implementadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús y la Conferencia de Provinciales de América Latina y El Caribe (CPAL) nos unimos a la preocupación expresada por nuestros hermanos en la provincia jesuita de Estados Unidos y Canadá.

La Compañía de Jesús en América Latina y El Caribe tiene como prioridad la “cercanía y compromiso con quienes viven en las fronteras de la exclusión. Antender preferencialmente a migrantes, indígenas, víctimas de la violencia y otras poblaciones vulnerables, mediante la presencia cercana, la reflexión y la incidencia”.

Aquí la traducción del comunicado:

“El presidente Donald Trump firmó dos órdenes ejecutivas que impactarán a los migrantes, tanto en Estados Unidos (EU), como aquellos que llegan a la frontera sur en busca de refugio, escapando de la violencia que viven en sus países.

Los jesuitas de Canadá y EU estamos profundamente preocupados por las acciones de la nueva administración (de Donald Trump) que incrementarán dramáticamente las detenciones y deportaciones, además de que separará todavía más a Estados Unidos de sus vecinos y de que descalifica el juicio de las autoridades locales cuando se trata de proteger a sus propias comunidades.

De manera creciente, los migrantes llegan a Estados Unidos escapando de la violencia y la inseguridad. Nuestra fe nos llama a atenderlos para entender su situación y para ofrecer protección. Nuestros compañeros en la Iniciativa Kino para la Frontera (KBI, por sus siglas en inglés) acompañan regularmente a las personas y sus familias a quienes se les ha negado un debido proceso y la protección que se merecen.

Hacemos eco de la profunda preocupación de KBI sobre el posible agravamiento de la situación de vulnerabilidad de las personas y sus familias que huyen de la violencia, debido a las acciones del presidente Trump.

La detención de personas que vienen a Estados Unidos en busca de seguridad, quienes tienen derecho a una consideración justa de sus casos bajo normas internacionales y leyes estadounidenses, es deshumanizante  y no refleja el compromiso de nuestra fe católica en la defensa de los derechos humanos.

También nos unimos a la KBI en la preocupación respecto a que incrementar rápidamente la seguridad fronteriza sin suficiente entrenamiento o responsabilidad de los funcionarios, no significa una mejora de la seguridad. Como lo expresamos en nuestro reporte de 2015, Nuestros Valores en la Líneas (Our Values on the Line), más de uno de cada tres migrantes deportados reportaron maltrato o abuso por parte de agentes de la Patrulla Fronteriza. El drástico incremento de contrataciones sin un apropiado proceso de selección y entrenamiento ha contribuido a este factor.

La documentación continua, hecha por la KBI, de abusos contra los migrantes, muestra una sistemática falta de respeto a los derechos de los mismos.

Estamos muy desanimados por los planes del presidente Trump que buscan incrementar las detenciones y deportaciones, también porque buscan imponer en los planes locales para la aplicación de las leyes, la responsabilidad de participar en estos procesos dañinos y de penalizar a las autoridades que no lo hagan. En las comunidades que servimos alrededor de Estados Unidos, hemos sido testigos de la manera en que los centros de detención y deportación minan la confianza, siembran el miedo y separan familias. Nosotros apostamos por la dignidad de cada persona, por la unidad familiar y por la participación completa de todos en nuestras comunidades.

En palabras del Papa Francisco: “Toda actividad política debe de servir y promover el bien de la persona humana y estar basada en el respeto de la dignidad de ellas y de ellos”.

Dichas órdenes ejecutivas (de Trump), lejos de promover el bien y respetar la dignidad, infligen daños y una mayor división. Hoy reafirmamos nuestra solidaridad con nuestras hermanas y hermanos migrantes. Hacemos un llamado a todas las personas de fe a que se unan para levantar nuestras voces y exigir a las autoridades gubernamentales a actuar conscientemente.”

 

La Provincia Centroamericana también se sumó a la preocupación y rechazo a la nuevas medidas migratorias anunciadas por el Presidente de Estados Unidos. Para leer el comunicado, haz click aquí.


Deja un comentario

Vigencia hoy de la teología de la liberación en Latinoamérica.

Vigencia de la Teología de la Liberación

hqdefault

Jorge Costadoat, SJ.-

“La teología de la liberación fue una cosa positiva en América Latina”, afirma el Papa. Responde así a la pregunta del periodista de El País dada en una larga entrevista recién este domingo.

La frase ha debido estremecer a los sectores católicos conservadores iberoamericanos. Dirán que esta es la prueba que faltaba para confirmar que Francisco es comunista.Pero el mismo Papa aclara que la que fue condenada fue la versión de la teología de la liberación que utilizó el marxismo como método de análisis de la realidad. En otras palabras, que no toda la teología de la liberación ha sido marxista. Pero, ¿cuál no lo ha sido?

Si hubo una teología de la liberación marxista, terminado el marxismo, ha perdido toda relevancia. Si hubo una teología de la liberación que no fue marxista, ¿qué queda de ella? El periodista y Francisco dan por acabas ambas. “Fue cosa positiva”, afirma el Papa.

¿”Fue”? ¿Es? ¿Ha quedado algo de ella?

Si la teología de la liberación terminó, felices estarán los sectores católicos responsables en gran medida de la miseria latinoamericana de los años sesenta y de la irreductible desigualdad del tercer milenio. El fracaso de esta teología ha podido satisfacer, además, a obispos como López-Trujillo, Medina y Sodano, entre otros, sus enemigos jurados. Pero la “Iglesia de los pobres” de América Latina habrá perdido su lanza intelectual. Quedará en pie, eso sí, la versión eclesiástica de la Iglesia, la versión que no calienta a nadie.

Sostengo, por mi parte, que la teología de la liberación no ha muerto y, por ende, la Iglesia latinoamericana sí tiene futuro.

Distingo dos aspectos metodológicos de esta teología que difícilmente pueden ser cuestionados. Esta teología postula que el “lugar hermenéutico” para reflexionar sobre la fe en Jesucristo incide decisivamente en la manera de comprenderla y de vivirla. No es lo mismo el “dónde”. No puede ser igual la teología de los africanos, de los asiáticos, de los brasileros o de los centroamericanos.

Las iglesias se localizan en la historia y culturas determinadas. Ninguna, ni siquiera la iglesia de Roma, tampoco el Papa, puede decir, bajo todos los respectos y en todas las situaciones, “tengo la única interpretación” del Evangelio. Pero hay otro asunto metodológico -discutido entre los autores- mucho más relevante. Este consiste en postular que aquel “lugar hermenéutico” puede ser también un “lugar teológico”.

A saber, que Dios puede “hablar” en los acontecimientos históricos que atañen a una iglesia en particular. No es lo mismo que la revelación contenida en las Escrituras ilumine la realidad actual de una iglesia determinada a que Dios “diga” algo a ella en el presente. La teología de la liberación sostiene que Dios hoy repudia la violencia de las maras y el femicidio, dos signos de los tiempos tremendos del continente. En Chile podría decir “acojan a los inmigrantes”.

Pues, además del método -que siempre debe ser revisado-, mientras haya esclavitudes y dependencias de unos seres humanos por otros o de sistemas impersonales de opresión, como el neoliberismo y la robotización que está acelerando la exclusión de las personas, la teología de la liberación será indispensable. Esta teología acude a socorrer a las víctimas de un “pecado social”. Mientras este siga destruyendo al ser humano, los teólogos de la liberación tendrán trabajo.

El cristianismo en América Latina está en juego. El catolicismo, en particular, hace agua. En Chile los católicos disminuyen un punto porcentual cada año. ¿Podría la teología de la liberación frenar estas tendencias? Este no es el asunto. Lo único central es el Evangelio. Esta es la apuesta de la única teología auténticamente latinoamericana.

Es más, si lo propio de los adultos es pensar con autonomía, una Iglesia latinoamericana dependiente intelectualmente de Roma es una iglesia infantil. Si sigue operando con teología europea, no tiene futuro. La falta de reflexión sobre la experiencia situada personal y colectivamente de Dios no debe considerarse una posibilidad. Es una condición sin la cual se atenta contra el credo de la misma Iglesia, el cual exige articular fe y razón.

¿Cómo se ve el futuro? Sin teología de la liberación, muy oscuro. Si esta no es enseñada en las facultades y los seminarios latinoamericanos, si en estos no hay autonomía y libertad para pensar, si los seminaristas continúan siendo formados para servir las necesidades misioneras de la Iglesia europea, ¿qué se puede esperar?

Celebro la postura de Francisco. Ojalá no me equivoque con mi propia opinión.

Jorge Costadoat, SJ  –  Teólogo


Deja un comentario

El Papa y los presos latinoamericanos.

MILAGROS LATINOAMERICANOS DE FRANCISCO. El llamamiento para un gesto de clemencia en favor de los presos tuvo respuesta en Cuba, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, Venezuela y El Salvador

Se preparan para salir

Se preparan para salir

Los últimos en recuperar la libertad serán 528 detenidos en las cárceles de El Salvador. Los primeros fueron 787 cubanos indultados por Raúl Castro en noviembre de 2016, que se sumaron a los 3.522 liberados para celebrar la visita papal a la Isla en septiembre de 2015. Antes de la ronda de liberaciones en América Central habían recuperado la libertad 557 detenidos recluidos en las cárceles del Nicaragua sandinista, entre ellos 52 mujeres madres de familia. El anuncio de las liberaciones en el país del beato monseñor Romero fue dado por el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública a través de la Dirección General de Centros Penales especificando que se había dispuesto el indulto como respuesta al llamado del Papa en el año de la Misericordia “a un acto del clemencia en favor de los presos que se consideren idóneos para beneficiarse de esa medida”. Los “idóneos” salvadoreños seleccionados por las autoridades del país son “detenidos ancianos, enfermos terminales y jóvenes pertenecientes a las pandillas”, especificó el Ministerio de Justicia, anunciando que además otros 103 presos pasarán al régimen de libertad condicional.

El indulto más esperado, “signo de buena voluntad” que pidió la oposición, fue concedido por el venezolano Maduro y consistió en la liberación de cinco prisioneros políticos, entre ellos el líder del partido Unidad Democrática Carlos Melo, que se dispuso poco antes del tercer -y fracasado- encuentro de negociación entre el gobierno y la oposición en el mes de diciembre.

Por boca del Nuncio apostólico en Nicaragua Fortunatus Nwachukwu se sabe que los delitos atribuidos a los indultados por el gobierno de Daniel Ortega tienen que ver con la droga, tanto por consumo como por la introducción en centros penitenciarios, y también otros delitos comunes. Se sabe asimismo que la decisión estuvo acompañada por el anuncio de que se reactivarán las granjas agrícolas con régimen de semilibertad que incluyen escuelas primarias, medias y superiores para la instrucción de los condenados que sean admitidos a este régimen. En El Salvador la situación carcelaria de los 19 centros penales del país es de grave superpoblación, con 34.700 internos, según fuentes del Ministerio de Justicia actualizadas a junio de 2016, hacinados en estructuras inadecuadas para contenerlos. Sin duda la función de las liberaciones concedidas por pedido del Papa no es aliviar una situación donde la criminalidad y el delito registran los índices más altos del contienente, pero fueron bien recibidas por las asociaciones de defensa de derechos humanos que desde hace mucho tiempo denuncian que la situación carcelaria del pequeño país centroamericano es insostenible. La “misericordia gubernamental”, como ha sido llamada, se aplicará también a los Centros Intermedios de El Salvador, donde se encuentran detenidos miembros de las temibles pandillas pertenecientes a las maras Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18. El Ministerio de Justicia informó que se están estudiando cerca de treinta casos y los interesados podrían salir de las cárceles.

En Bolivia, Evo Morales acordó el indulto a 1.800 de los 15.000 detenidos con prisión preventiva o penas menores. También en este caso los “idóneos para beneficiarse con esa medida”, como dice la carta que Francisco envió a los Presidentes y Jefes de Estado de América Latina, serán los condenados con penas inferiores a cinco años, delincuentes no reincidentes, detenidos con menos de 28 años, madres jefe de familia con hijos que viven en la cárcel, detenidos con enfermedades terminales, mujeres embarazadas y condenados con discapacidades físicas.

Paraguay es el primer país de América del Sud que respondió al pedido del Papa hasta el momento. El indulto dispuesto por el presidente Horacio Cartés beneficia a 16 personas, de las cuales 10 son mujeres detenidas en las cárceles del Buen Pastor, Juana María de Lara y la cárcel regional de la ciudad de Encarnación. El Ministro de Justicia anunció también una inversión de 80 millones de dólares en infraestructura carcelaria para mejorar las condiciones de vida de los detenidos. La población carcelaria del Paraguay es de 13.071 personas, aunque los establecimientos tienen capacidad para alojar 6.643 detenidos. Durante el viaje que realizó en julio de 2015 el Papa Francisco cambió el programa establecido y visitó la cárcel femenina del Buen Pastor, donde escuchó un coro de mujeres reclusas.


Deja un comentario

Emigración africana a Latinoamérica.

africaLa ruta latinoamericana

 Por P. Francisco Carrera

Desde hace unos años, América Latina está recibiendo un callado y lento, pero constante, flujo de emigrantes africanos. Miles de eritreos, etíopes, somalíes, nigerianos, ghaneses, o senegaleses se ven obligados a abandonar sus países para escapar de situaciones de conflicto, represión y pobreza.

Hasta hace poco, los destinos más buscados eran Europa, Estados Unidos y Canadá. Pero el endurecimiento de las políticas migratorias de los dos primeros, y las restricciones a las solicitudes de refugiados del último han hecho que los emigrantes forzados dirijan cada vez más su mirada hacia Latinoamérica, bien como destino definitivo o como punto de apoyo para dar el salto a la “tierra prometida”, en el norte del continente. La mayoría de ellos llegan en avión, pero los que no pueden costearse el pasaje se embarcan como polizones en buques de carga que parten de puertos africanos rumbo a las costas sudamericanas.

La opción latinoamericana para la migración africana –y también asiática– está siendo fomentada por la legislación favorable a refugiados e inmigrantes en algunos países de la región, especialmente Brasil y Ecuador. En este último no solicitan visa de entrada a los africanos desde 2008. Brasil ha legalizado la estancia de más de 40.000 migrantes procedentes de África, y Argentina ha hecho lo propio con otros 3.000 en los últimos años.

Sin embargo, la gran mayoría de los llegados mantiene su objetivo de llegar a Estados Unidos y Canadá. Partiendo de Brasil y Ecuador, recorren miles de kilómetros en autobús, en botes o simplemente a pie. Muchas veces conducidos por redes internacionales de tráfico de personas, cruzan clandestinamente las fronteras de países como Perú y Colombia, para adentrarse en Centroamérica y de allí saltar a México. Esas mismas redes se encargan de transportarlos hasta Tijuana, Ciudad Juárez u otras ciudades fronterizas con Estados Unidos. Se calcula que este periplo cuesta entre 5.000 y 10.000 dólares por persona, según la región de origen del migrante.

El tránsito por América Latina, que suele durar entre dos y tres meses, está lleno de peligros y muchos de esos viajeros han perdido la vida en el intento, especialmente al cruzar las selvas centroamericanas y ser abandonados en ellas por sus guías o coyotes. Recientemente, Mons. Hugo Alberto Torres, obispo de Apartadó, y el clero de esa diócesis colombiana han condenando la situación “inhumana e intolerable” que están sufriendo unos 120 emigrantes –algunos africanos– bloqueados en la zona por el cierre de la frontera por parte de Panamá.

A pesar de esos peligros, el número de emigrantes africanos que llega a las puertas de la “tierra prometida” no deja de aumentar. Así lo demuestran las cifras del Instituto Nacional de Migración de México: mientras que en 2013 las autoridades de ese país detuvieron a 545 africanos en situación irregular, dos años después la cifra aumentó a 2.045. Con seguridad, los que han conseguido entrar en Estados Unidos superan en mucho al de los detenidos, cosa que anima a otros africanos a ponerse en camino.


Deja un comentario

América Latina podría erradicar el hambre para 2025

América Latina podría erradicar el hambre para 2025, afirman FAO y OCDE

Los sistemas públicos de abastecimiento y comercialización son fundamentales para que exista una oferta estable de alimentos. Foto: FIDA /Santiago Albert Pons

06 de julio, 2016 — La región de América Latina y el Caribe podría erradicar el hambre para 2025, afirmaron la FAO y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en un informe conjunto sobre las perspectivas agrícolas en los próximos diez años.

Según el estudio, la región avanza hacia la autosuficiencia de todos los productos agrícolas.

Si las política actuales se mantienen y el crecimiento de la productividad agrícola continua su tendencia, la cantidad de personas subalimentadas en el mundo debería caer de 11% a 8% y en la región la cifra disminuiría a menos de 5% de la población, apunta el informe.

Esas proyecciones coinciden con el objetivo de acabar con el hambre para 2025 expresado por los países latinoamericanos.

“Esta región fue la primera en comprometerse no sólo a disminuir sino erradicar totalmente el hambre”, recordó el representante regional de la FAO, Raúl Benítez.

Agregó que América Latina no sólo se ha vuelto una potencia agrícola, sino que los países han creado una serie de políticas públicas innovadoras enfocadas en quienes sufren hambre.

El informe destaca que al colocar el foco en las poblaciones más vulnerables, América Latina y el Caribe ha logrado sacar a más de 31 millones de personas del hambre en las últimas décadas, reduciendo el porcentaje actual de subalimentación regional a sólo 5,5%.


Deja un comentario

El Papa: Iglesia y laicado en Latinoamérica.

america latina

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo. Carta del Papa al Presidente de la CAL

(RV).- Los laicos, son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo, a los que los pastores están llamados a servir y no a servirse de ellos, recuerda el Papa Francisco, que envió una Carta al  Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, sobre la importancia del compromiso de los laicos en la vida pública.

En el documento – firmado el 19 de marzo de 2016, Solemnidad de San José, en el cuarto año de su pontificado –  el Santo Padre recuerda el encuentro que mantuvo (4 de marzo de 2016)  con los participantes en la Asamblea Plenaria de la CAL, sobre el tema: «Indispensable compromiso de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos».

Recogiendo lo compartido espontáneamente y prosiguiendo su reflexión, con el anhelo de que «el espíritu de discernimiento y reflexión ‘no caigan en saco roto’» y «nos ayude y siga estimulando a servir al Santo Pueblo fiel de Dios», el Obispo de Roma hace hincapié en  que el «Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados amirar, proteger, acompañar, sostener y servir».

«Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios», escribe el Papa Francisco, evocando en su densa reflexión el magisterio del Concilio Vaticano II y al Beato Pablo VI. Y pone en guardia contra el clericalismo, animando la piedad popular y la pastoral popular y señalando asimismo que, ante los desafíos que la vida contemporánea presenta, los pastores deben estimular la inculturación, alentando a la gente a vivir, anunciar y celebrar su fe «en el aquí y ahora de la historia».

«Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados», madres, abuelas, padres…, recuerda luego, una vez más el Sucesor de Pedro, que antes de concluir su carta recuerda también su oración en México, ante la Madre de Dios y la oportunidad de estar a solas y de dejarse mirar por Ella.

(CdM – RV)

Texto completo de la Carta del Papa Francisco

A Su Eminencia Cardenal

Marc Armand Ouellet, P.S.S.

Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

Eminencia:

Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos.

Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión “no caiga en saco roto”; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.

Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos. Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.

Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: “es la hora de los laicos” pero pareciera que el reloj se ha parado.

Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagradas como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción.

A su vez, debo sumar otro elemento que considero fruto de una mala vivencia de la eclesiología planteada por el Vaticano II. No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar – y a las que les pido una especial atención – el clericalismo. Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente. El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados.

Hay un fenómeno muy interesante que se ha producido en nuestra América Latina y me animo a decir, creo que es de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo: me refiero a la pastoral popular. Ha sido de los pocos espacios donde el pueblo (incluyendo a sus pastores) y el Espíritu Santo se han podido encontrar sin el clericalismo que busca controlar y frenar la unción de Dios sobre los suyos. Sabemos que la pastoral popular como bien lo ha escrito Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, pero prosigue, cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente “piedad popular”, es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad … Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. (EN 48) El Papa Pablo usa una expresión que considero es clave, la fe de nuestro pueblo, sus orientaciones, búsquedas, deseo, anhelos, cuando se logran escuchar y orientar nos terminan manifestando una genuina presencia del Espíritu. Confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su “olfato”, confiemos que el Espíritu Santo actúa en y con ellos, y que este Espíritu no es solo “propiedad” de la jerarquía eclesial.

He tomado este ejemplo de la pastoral popular como clave hermenéutica que nos puede ayudar a comprender mejor la acción que se genera cuando el Santo Pueblo fiel de Dios reza y actúa. Una acción que no queda ligada a la esfera íntima de la persona sino por el contrario se transforma en cultura; una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. (EG 68)

Entonces desde aquí podemos preguntarnos, ¿qué significa que los laicos estén trabajando en la vida pública?

Hoy en día muchas de nuestras ciudades se han convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente esperanza. Ahí encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas luchas, con sus familias, intentando no solo sobrevivir, sino que en medio de las contradicciones e injusticias, buscan al Señor y quieren testimoniar lo. ¿Qué significa para nosotros pastores que los laicos estén trabajando en la vida pública? Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular todo los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más pobres. Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, soñando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos. Necesitamos reconocer la ciudad –y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente– desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas… Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero. (EG 71) No es nunca el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos cómo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. Cómo hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones.

Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública. Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe. ¡Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás! Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas –especialmente–para los habitantes urbanos. (EG 73) Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como diría San Ignacio, “según los lugares, tiempos y personas”. Es decir, no uniformizando. No se pueden dar directivas generales para una organización del pueblo de Dios al interno de su vida pública. La inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde está y con quién está. La inculturación es aprender a descubrir cómo una determinada porción del pueblo de hoy, en el aquí y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe. Con la idiosincrasia particular y de acuerdo a los problemas que tiene que enfrentar, así como todos los motivos que tiene para celebrar. La inculturación es un trabajo de artesanos y no una fábrica de producción en serie de procesos que se dedicarían a “fabricar mundos o espacios cristianos”.

Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados. La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares. Fue en el silencio de la vida familiar, donde la mayoría de nosotros aprendió a rezar, a amar, a vivir la fe. Fue al in terno de una vida familiar, que después tomó forma de parroquia, colegio, comunidades que la fe fue llegando a nuestra vida y haciéndose carne. Ha sido también esa fe sencilla la que muchas veces nos ha acompañado en los distintos avatares del camino. Perder la memoria es desarraigarnos de donde venimos y por lo tanto, nos sabremos tampoco a donde vamos. Esto es clave, cuando desarraigamos a un laico de su fe, de la de sus orígenes; cuando lo desarraigamos del Santo Pueblo fiel de Dios, lo desarraigamos de su identidad bautismal y así le privamos la gracia del Espíritu Santo. Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos.

Nuestro rol, nuestra alegría, la alegría del pastor está precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos.

En mi reciente viaje a la tierra de México tuve la oportunidad de estar a solas con la Madre, dejándome mirar por ella. En ese espacio de oración pude presentarle también mi corazón de hijo. En ese momento estuvieron también ustedes con sus comunidades. En ese momento de oración, le pedí a María que no dejara de sostener, como lo hizo con la primera comunidad, la fe de nuestro pueblo. Que la Virgen Santa interceda por ustedes, los cuide y acompañe siempre,

Vaticano, 19 de marzo de 2016