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La fundación Juan Pablo II y su labor en el Sahel (Africa)

FILES-NIGERIA-SAHEL-AGRICULTURE-DROUGHT-UNRESTÁrea desértica del Sahel  (AFP or licensors)

Reunión en Dakar de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel

En un Comunicado de prensa del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral se informa que del 18 al 22 de febrero se celebra en Dakar, Senegal, la reunión anual del Consejo de Administración de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel, que este año celebra su 35º aniversario

Ciudad del Vaticano

Desde 1984, por voluntad de San Juan Pablo II, la Fundación ha sido confiada al Consejo Pontificio Cor Unum, cuyas competencias han sido absorbidas por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en cuyo Consejo de Administración participa el Prefecto del Dicasterio, el Cardenal Peter Turkson.

Durante la reunión, también se pedirá al Consejo de Administración que examine los proyectos que estén a la espera de financiación. Se han presentado un total de 125 proyectos para 2018.

Los miembros del Consejo de Administración son: Monseñor Lucas Kalfa Sanou, Obispo de Banfora, Burkina Faso, Presidente; Monseñor Paul Abel Mamba, Obispo de Ziguinchor, Senegal, Vicepresidente; Monseñor Martin Albert Happe, Obispo de Nouakchott, Mauritania, Tesorero; Monseñor Ambroise Ouédraogo, Obispo de Maradi, Níger; Monseñor Ildo Augusto dos Santos Lopes Fortes, Obispo de Mindelo, Cabo Verde; Monseñor Martin Waïngue Bani, Obispo de Doba, Chad; Monseñor Gabriel Mendy, Obispo de Banjul, Gambia; Monseñor José Câmnate na Bissign, Obispo de Bissau, Guinea Bissau y Monseñor Augustin Traoré, Obispo de Segou, Mali.

La zona del Sahel es una de las más pobres del mundo, afectada por frecuentes crisis climáticas y alimentarias y, en los últimos años, se ha convertido en uno de los principales campos de entrenamiento de grupos terroristas.

Según la última actualización del Índice de Desarrollo Humano 2018, entre los últimos veinte países de la clasificación diecinueve pertenecen a África y, de ellos, seis están situados en la zona comprendida entre el Océano Atlántico y el Mar Rojo, al sur del desierto del Sahara.

En nombre del Santo Padre, y con la colaboración de la Iglesia y de las comunidades locales, la Fundación lleva a cabo proyectos contra la desertificación en el sector medioambiental, en la gestión y desarrollo de la agricultura y la ganadería, en las plantas de bombeo de agua, en la mejora del acceso al agua potable para todos y en las energías renovables. También forma a personal técnico especializado que puede servir a su país.

Con el tiempo, la Fundación también se ha convertido en un instrumento de diálogo interreligioso. En efecto, la mayoría de los beneficiarios pertenecen a la religión musulmana. Y en el último año, por primera vez, se presentaron proyectos sobre el tema de la migración, con el fin de ofrecer, especialmente a los jóvenes, alternativas concretas centradas en la formación y en la generación de fuentes de ingresos.

Asimismo cabe destacar que todas las actividades se llevan a cabo en favor del desarrollo humano integral de las comunidades de los países miembros de la propia Fundación (Burkina Faso, Cabo Verde, Gambia, Guinea Bissau, Malí, Mauritania, Níger, Senegal y Chad. Y entre los principales partidarios y colaboradores en la implementación de la ayuda se encuentran, en particular, la Conferencia Episcopal Italiana, la Conferencia Episcopal Alemana y la Arquidiócesis de Múnich.


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En recuerdo del discurso de Juan Pâblo II contra la mafia en Sicilia.

ES
Juan Pablo II Agrigento visita aniversario Evangelio malJuan Pablo II en Agrigento 

El Papa a los obispos sicilianos: combatir la trama del mal con el Evangelio

Mensaje del Papa Francisco a los obispos de Sicilia por el 25° aniversario de la visita y del discurso de San Juan Pablo II en Agrigento

Ciudad del Vaticano

El Santo Padre Francisco ha enviado un Mensaje, firmado por el Card. Secretario de Estado vaticano Pietro Parolin, al Card. Francesco Montenegro, arzobispo de Agrigento, en ocasión del 25° aniversario de la visita de San Juan Pablo II a esta ciudad siciliana, ocurrida el 9 de mayo de 1983 y de su llamamiento contra la mafia.

En el mensaje, en forma de carta, Francisco recuerda “la profética invectiva contra la mafia” de San Juan Pablo II  y  su “llamamiento a los mafiosos a convertirse” al final de la misa por él presidida en el Valle de los Templos. Dirigiendo su “saludo fraterno a los pastores y a los fieles de esta Iglesia particular y de toda la Sicilia reunidos en oración y reflexión”,  el Santo Padre los alienta a “caminar unidos siguiendo el camino trazado por el beato don Pino Puglisi y por quienes, como él, han dado testimonio de que las tramas del mal se combaten con la práctica cotidiana, mansa y valiente del Evangelio, especialmente en el trabajo educativo en medio a los chicos y a los jóvenes”.

El Papa conclye su mensaje invocando la intercesión de María Santísima y asegurando “un especial recuerdo en la oración para las Iglesias de Sicilia” y finalmente de corazón envía  “a los hermanos obispos, a los sacerdotes y al entero pueblo de Dios” su bendición apostólica.

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Interesantes revelaciones de un exmayordomo de los últimos Papas

El mayordomo de tres Papas cuenta “un ‘milagro’ de Wojtyla”

El ayudante de cámara Angelo Gugel revela la oración de intercesión de san Juan Pablo II que ayudó a que naciera su cuarta hija. Y habla de aquel exorcismo en la Plaza San Pedro

El ayudante de cámara Angelo Gugel (izq.), durante una excursión con Juan Pablo II en los últimos años del Pontificado

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Pubblicato il 23/04/2018
Ultima modifica il 23/04/2018 alle ore 13:48
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Angelo Gugel, que está cerca de sus 83 años, comienza a contar algunos episodios de su larga vida al lado de los Papas. El discreto y reservado “ayudante de cámara”, que fue gendarme pontificio al final del Pontificado de Pío XII, trabajó en el Gobernatorado durante el Pontificado de Pablo VI y en 1978, sorpresivamente, comenzó a ser el “mayordomo” de Juan Pablo II. Desde entonces no ha abandonado el aposento pontificio, pues ha ofrecido sus servicios sin interrupción al Papa Luciani, a su sucesor Karol Wojtyla (durante 27 años), y, a pesar de haber alcanzado la edad para jubilarse, durante los primeros meses del Pontificado de Benedicto XVI. Su sucesor como mayordomo en la casa del Papa fue Paolo Gabriele, protagonista del primer caso “vatileaks”. Durante esos meses difíciles, muchos en el Vaticano habrían querido contar nuevamente con el estilo impecable de Gugel, que ahora concedió una larga entrevista al periódico italiano “Corriere della Sera”, en la que narra algunos episodios de su vida al lado de los Papas, empezando por una gracia que recibió gracias a la intercesión de Juan Pablo II, a quien Gugel sostuvo en el vehículo ese 13 de mayo de 1981 por la tarde, cuando los disparos de Alí Agca casi acabaron con la vida del Pontífice polaco.

 

El “milagro” recibido por Gugel tiene que ver con su esposa, Maria Luisa Dell’Arche, con la que se casó en 1964. «Nuestra primogénita nació muerta», cuenta el ayudante de cámara, por lo que prometieron ponerle «como segundo nombre María a todos los hijos que la Virgen nos concediera. Llegaron tres: Raffaella, Flaviana y Guido. La cuarta se llama Carla Luciana Maria, en honor de Karol y del Papa Luciani. Nació en 1980, por intercesión de Wojtyla». Durante este último embarazo, explica Gugel, «surgieron gravísimos problemas en el útero. Los ginecólogos del Hospital Gemelli, Bompiani, Forleo y Villani, excluían que pudiera proseguir el embarazo. Un día Juan Pablo II me dijo: “Hoy celebré la misa por su esposa”. El 9 de abril Maria Luisa fue conducida al quirófano para una cesárea. Al salir, el doctor Villani comentó: “Alguien debe haber rezado mucho”. En el acta de nacimiento escribió: “7.15 hrs.”, el instante en el que la misa matutina del Papa se levaba a cabo en el Sanctus. Durante el desayuno, sor Tobiana Sobotka, superiora de las religiosas que trabajaban en el Palacio Apostólico, informó al Pontífice que había nacido Carla Luciana Maria. “Deo gratias”, exclamó Wojtyla. Y el 27 de abril él quiso bautizarla en la capilla privada».

 

Gugel también recordó cómo fue elegido como “mayordomo” del Papa Luciani. «Había sido mi obispo en Vittorio Veneto. Conocía a mi mamá y a mi esposa. Había ordenado a mi cuñado don Mario Dall’Arhce. Durante el Concilio, fui su chofer en Roma y una vez fue a cenar a nuestra casa. Me despedí de él en la vigilia del Cónclave. Él bromeó: “¿Espera que me salve el alma?”». Pero Gugel no se imaginaba que el Patriarca de Venecia habría salido vestido de blanco de aquel Cónclave del verano de 1978. «Tan es así que el 26 de agosto (el día en el que fue elegido Juan Pablo I, ndr.) alcancé a mi familia que estaba de vacaciones en Miane. El 3 de septiembre las monjas del asilo recibieron una llamada de Camillo Cibin, el jefe de la Gendarmería: “Díganle a Gugel que vuelva inmediatamente a Roma con un traje negro”. Corrí a comprármelo en Farra di Solgio y me precipité al Vaticano. El Papa Luciani me recibió de esta manera: “Usted está a mi servicio. Si yo falleciese, usted volvería a ocupar el mismo puesto que tenía antes”».

 

Gugel recuerda: «el primer domingo, después del Ángelus, le dije: “Santo Padre, ¿ha visto cuánta gente había en la Plaza San Pedro”. Y respondió: “Vienen porque el Papa es nuevo”. Pronunciaba discursos improvisando: “Es muy difícil hablar y escribir de manera simple”, me revelo». El fiel ayudante de cámara, que por la noche volvía a dormir con su familia, fuera del Vaticano, cuenta cómo se despidió del Papa el día que este falleció. Después de haberle servido la cena, «se despidió de mí a las 20.30: “Buenas noches, Angelo, nos vemos mañana”. Llegué al día siguiente después de las siete. Yacía en la cama. Me prostré para besarle las manos. El cuerpo todavía estaba tibio». Pero Gugel se dice triste al escuchar cuando se habla de complots y de homicidio: «Es una estupidez. Un día antes de su muerte, el Papa no se sentía bien. Yo mismo le llevé una pastilla antes de que se acostara. Comió muy poco en la cena. Recuerdo que habló en la mesa con sus secretarios sobre el “Preparación a la muerte”, el libro de San Alfonso María de Ligorio».

 

Inmediatamente después de la elección de Juan Pablo II, Gugel fue llamado nuevamente para servir al Papa.

 

Dos días después de la elección «el Sustituto de la Secretaría de Estado, Giuseppe Caprio, llamó a las 11.30 al Gobernatorado diciendo: “Que se presente el señor Gugel en el aposento privado del Papa, tal y como esté vestido”. Subí al último piso del Palacio Apostólico. Me temblaban las piernas. Solo había prelados polacos, yo era el único que hablaba italiano». Y precisamente esta característica transformó al mayordomo en ayudante de dicción para los primeros discursos papales. «Me quedé como estatua cuando, el 22 de octubre de 1978 por la mañana, antes de dirigirse a la Plaza San Pedro para el inicio solemne del Pontificado, el Santo padre me llamó a su estudio y me leyó la homilía que habría pronunciado poco después: “¡No tengan miedo! ¡Abran, es más abran de par en par las puertas a Cristo! ¡No tengan miedo! ¡Cristo sabe qué hay dentro del hombre, sólo Él lo sabe!”. Me pidió que le indicara cuándo pronunciaba mal y, con el lápiz, se apuntó dónde debía pronunciar los acentos. Dos meses después, al reunirse con mis ex colegas de la Gendarmería, salió con una frase que me dejó de piedra: “Si me equivoco con el acento de alguna palabra, el 50 por ciento es culpa de Angelo”, y me sonrió».

 

Gugel también describió su experiencia personal sobre el exorcismo que celebró Juan Pablo II durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro: «Yo también estaba. Una chica blasfemaba y babeaba. Su voz era cavernosa. Un obispo se escapó por el miedo. El Santo Padre rezaba en latín, sin descomponerse. Al final le tocó la cabeza e inmediatamente el rostro de la endemoniada se relajó en una expresión de paz. Lo vi cumplir un rito análogo en un saloncito del Aula Nervi, también después de una audiencia».

 

Con respecto a las veces en las que el Papa Wojtyla salía de incógnito, Gugel revela: «digamos que no todas acababan en los periódicos. El Santo Padre adoraba las montañas de Abruzzo. Cuando Sandro Petrini, en 1984, se unió a nosotros para una excursión en el Adamello, durante el vuelo a Villafranca, en el Trentino, descubrimos que tenía miedo del helicóptero. En el refugio, los comensales insistían en que el presidente pronunciara el nombre del plato que nos habían preparado: “machaca-curas”. No hubo manera; es más, se irritó. No le quería faltar el respeto al Papa». El fiel mayordomo también indica que nunca escuchó, en 27 años, que Juan Pablo II «pidiera algo» en la mesa, porque «comía lo que encontraba». Y confirmó que al Papa le encantaba ponerle parmesano a la ensalada.

 

 

El momento que quedó impreso con mayor fuerza en su memoria fue el de la muerte de san Juan Pablo II. «El 2 de abril de 2005 toda mi familia fue admitida para que se despidiera de Karol Wojtyla, que estaba muriendo. La última que llegó fue Carla Luciana Maria. Apenas entró a la habitación, el Papa se despertó del torpor, abrió los ojos y le sonrió. Como para decirle: “Te reconozco, sé quién eres”».

 

Con Benedicto XVI Gugel permaneció como ayudante de cámara durante otros nueve meses, y después, de tanto en tanto, lo llamaban nuevamente. «Ya había cumplido 70 años. En el Vaticano es la edad de la jubilación. Me llamaban de nuevo en ocasiones particulares. Estuve con el Santo Padre en Castel Gandolfo durante todo el mes de agosto de 2010. Al final, le dije que había sentido como en familia. Respondió: “¡Pero si usted siempre está en familia!”». Sobre su sucesor como mayordomo, Paolo Garbiele, protagonista del primer caso “vatileaks” y quien fotocopió y filtró una enorme cantidad de documentos del escritorio del Papa, Gugel dice: «Me lo esperaba. Me habían pedido que lo entrenara. Pero no me parecía interesado en aprender».

 

Al final, el fiel y reservado mayordomo papal cuenta que ha vuelto a visitar al Papa Ratzinger: «Lo he encontrado muy lúcido. Solamente tiene problemas con las piernas. Se ve obligado a celebrar la misa sentado».


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Fundación Juan Pablo II para el Sahel. Reunión en Dakar

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Dakar, sede de la reunión anual de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel

Comunicado del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral: Reunión del Consejo de Administración de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel.

Ciudad del Vaticano

Del 19 al 23 de febrero,  se celebra en Dakar, Senegal, la reunión anual del Consejo de Administración de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel, que fue confiada por San Juan Pablo II desde su nacimiento en 1984 al Consejo Pontificio Cor Unum y ahora es competencia del Dicasterio para el Servicio Integral del Desarrollo Humano. En la reunión tomará parte el Subsecretario del Dicasterio, Mons. Segundo Tejado Muñoz  y durante la misma se examinarán los proyectos a la espera de financiamiento. Los aprobados en 2017 fueron 127, con una asignación total de 2,3 millones de dólares aproximadamente. Hasta 2016, los proyectos financiados ascendieron a más de 3.200, por un total de 38 millones de dólares aproximadamente.

Los miembros del Consejo de Administración son: Mons. Lucas Kalfa Sanou, Obispo de Banfora (Burkina Faso), Presidente; Mons. Paul Abel Mamba, Obispo de Ziguinchor (Senegal), Vicepresidente; Mons. Martin Albert Happe, M.Afr., Obispo de Nouakchott (Mauritania), Tesorero; Mons. Ambroise Ouedraogo, Obispo de Maradi (Níger); Mons. Furtado Arlingo Gomes, Obispo de Santiago de Cabo Verde (Cabo Verde); Mons. Edmond Djitangar, Arzobispo de N’Djamena (Chad); Mons. Gabriel Mendy, Obispo de Banjul (Gambia); Mons. José Câmnate na Bissign, Obispo de Bissau (Guinea Bissau); Mons. Augustin Traoré, Obispo de Segou (Mali).

Proyectos contra la desertificación

Con la cooperación, en particular, de la Conferencia Episcopal italiana, de la Conferencia Episcopal Alemana y de la Iglesia local, la Fundación lleva a cabo, en nombre del Santo Padre, proyectos contra la desertificación, para la gestión y el desarrollo de las unidades agrícolas, las instalaciones de bombeo de agua, la mejora del agua potable y la energía renovable, a favor de las comunidades de los países miembros (Burkina Faso, Cabo Verde, Chad, Gambia, Guinea Bissau, Mali, Mauritania, Níger y Senegal). También se ocupa de la capacitación de personal técnico especializado, que pueda ponerse al servicio de su país. Asimismo, a lo largo de los años, la Fundación también ha fomentado el diálogo interreligioso: la mayoría de los beneficiarios, de hecho, son de religión musulmana.

Según el Human Development Index, que mide el índice de desarrollo humano para cada país, entre los 20 últimos de la lista, 19 pertenecen a África y, de ellos, 7 están ubicados en el área del Sahel. La situación se ve agravada por las crisis alimentarias, el agotamiento de los recursos naturales, especialmente hídricos, y la violencia perpetrada contra la población de la zona donde se hayan grupos extremistas.

Fundación Juan Pablo II para el Sahel


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Acusaciones de católicos a los Papas.

De Pablo VI a Juan Pablo II, las acusaciones de “herejía y escándalo”

En 1983, el Abad Georges de Nantes entregó en el Vaticano un libro entero de acusaciones contra Juan Pablo II por supuesta herejía. Unos 10 años antes, Pablo VI había recibido señalamientos similares y, según pretendidas “investigaciones periodísticas” Juan XXIII era supuestamente parte de la masonería

El cardenal Joseph Ratzinger con el Papa Pablo VI

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Pubblicato il 27/09/2017
Ultima modifica il 27/09/2017 alle ore 15:37
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Pablo VI recibió 487 acusaciones de “herejía, cisma y escándalo”. Más tarde, Juan Pablo II se hizo acreedor de los mismos señalamientos. Quien lo beatificó, Benedicto XVI, fue censurado por “engañar y perpetrar una farsa”. Mucho antes Juan XXIII resultó ser “miembro de la masonería”, según pretendidas “investigaciones periodísticas”. Ahora que un grupo de intelectuales culpa a Francisco de propalar herejías, resulta útil recordar que muchos Papas anteriores fueron denunciados como “falsos profetas, traidores a la doctrina” e, incluso, de personificar “al anticristo”.

 

Parece que la historia se repite, con relativas diferencias. El pasado fin de semana, una carta de 27 páginas captó la atención de la prensa internacional. Se trata de la “Correctio Filialis De Haeresibus Propagatis”. Una “corrección filial” que indica siete supuestas herejías en las cuales habría incurrido Jorge Mario Bergoglio en sus casi cinco años de pontificado. Aunque los firmantes, primero 40 y después 62 y ahora 147, aseguraron que “no osan juzgar el grado de conciencia con el cual el Papa ha propagado las herejías”, insistieron, “respetuosamente”, en que las condene.

 

Por más clamorosa que parezca, esta iniciativa tiene muchos antecedentes. En febrero de 2011, la revista “Il Est Ressuscitè!” (“¡Él resucitó!”) en su número 102 dedicó un incendiario artículo a la inminente beatificación de Juan Pablo II que tituló: “Apoteosis del anticristo”. En él, recordó que el Abad Georges de Nantes (1942-2010) denunció a Karol Wojtyla, cuando todavía estaba vivo, por “herejía, cisma y escándalo”. Los motivos de sus afirmaciones fueron recogidos en un “Libro de acusaciones” entregado en el Vaticano el 13 de mayo de 1983.

 

 

 

 

“Obviamente, si lo denunciado por el Abad de Nantes fuese objetivamente falso, no legítimo o indefendible, la beatificación de Juan Pablo II, anunciada para el 1 de mayo de 2011, pondría indirectamente fin a la disputa. Pero en la actual catastrófica situación de la Iglesia, en la cual hechos y estadísticas confirman cada día las previsiones y los análisis presentados a Roma en 1983 como consecuencia de los errores doctrinales reclamados a Juan Pablo II por el Abad de Nantes, no es posible considerar la mencionada beatificación en otro modo sino como un abuso de poder, un golpe de fuerza mediático y un hecho de crónica monstruoso”, siguió la nota firmada por Fray Bruno de Jesús.

 

Aquellas originales afirmaciones del Abad, fundador del movimiento francés “La Contrarreforma católica”, fueron recuperadas por los Pequeños Frailes y las Pequeñas Hermanas del Sagrado Corazón en una memoria enviada al postulador de la causa de canonización de Juan Pablo II el 6 de agosto de 2005. Ni uno, ni el otro documento recibieron respuesta. Por eso el artículo exigió: “¡Si estamos en el error, esperamos una respuesta clarificadora!”.

 

A Wojtyla se le reclamó –entre otras cosas- el “difundir una fe en el hombre hasta sustituir a Jesucristo”, una “reivindicación propia del anticristo”, y su participación en el encuentro interreligioso universal de oración, ayuno y marcha silenciosa por la paz mundial, organizado por el movimiento católico Comunidad de San Egidio el 27 de octubre de 1986 en Asís.

 

En esa ocasión, el Papa y los líderes de las más importantes religiones rezaron juntos en la plaza central de la ciudad. Eso no gustó al entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, quien protagonizó una vistosa ausencia. Empero, eso no impidió que 25 años después, esta vez como Papa Benedicto, viajase a Asís a conmemorar el aniversario de ese encuentro. Pero en esta ocasión los rezos se hicieron en lugares separados. Ese detalle lo respetó Francisco en 2016, cuando también asistió a la jornada por la paz. Las oraciones en espacios diversos.

 

El Abad Georges de Nantes ya tenía experiencia en el acusar a los Papas de herejía. En 1973 lo había hecho con Pablo VI. El 10 de abril de ese año, acompañado por 60 delegados de la Liga de la Contrarreforma Católica, se presentó en la Santa Sede con su primer “Liber Acussationis”, un compilado de 487 correcciones al pontífice. Pero la policía italiana le impidió la entrega física del texto, cuyo objetivo era el inicio formal un proceso contra el vicario de Cristo en los tribunales eclesiásticos.

“A nuestro Santo Padre el Papa Pablo VI por la gracia de Dios y la ley de la Iglesia, juez soberano de todos los fieles de Cristo, denuncia por herejía, cisma y escándalo con respecto a nuestro hermano en la fe el Papa Pablo VI”, podía leerse en la portada del panfleto, en cuya última frase el clérigo se despedía como “vuestro muy humilde servidor e hijo”.

 

En ese libro, Giovanni Battista Montini era declarado culpable de poner “a la humanidad en lugar de la Iglesia”, de la “desaparición del magisterio eclesiástico”, de la “devaluación de la religión” y era señalado como “el gran corruptor de la Iglesia del siglo XX”.

 

Yendo más atrás en el tiempo, también Juan XXIII se granjeó señalamientos disparatados. En 1983, el libro “Introducción a la Francmasonería” de Jaime Ayala Ponce, publicado en México, aseguraba que, siendo nuncio apostólico en Turquía, Ángelo Roncalli había sido reclutado en una logia. Una afirmación basada en otro texto, de Pier Carpi, titulado “Las profecías del Papa Juan XXIII”. Aunque Ayala Ponce atribuyó a Carpi una “investigación seria”, en realidad se trataba de una obra periodísticamente débil, una novela fantasiosa sin la menor prueba documental.

 

Las sucesivas acusaciones de herejía contra los pontífices parecen tener muchos aspectos en común. Quienes las formulan sostienen hacerlo siempre “por el bien de la Iglesia”, aclaran que su objetivo no es poner en duda al papado, sino las acciones de quien ejercita ese ministerio y dicen sentirse “en la obligación moral” de corregir al líder católico.

 

Entre los tiempos del Abad de Nantes, un sacerdote sedevacantista suspendido “ad divinis”, y la actualidad se registran algunas diferencias. Hoy es el tiempo del internet y la comunicación, donde la disidencia puede convertirse rápidamente en noticia planetaria y captar mucho mayor atención que en el pasado. Algo que seguramente está ocurriendo con la “corrección filial”.

 

Pero un aspecto resulta sugestivo, en este caso los señalamientos contra Francisco no provienen solamente de sectores “sedevacantistas”. Ahora, las acusaciones surgen de grupos y personalidades dentro de la misma Iglesia católica, que crecieron bajo el pontificado de Juan Pablo II, que sostuvieron a Benedicto XVI y que ahora demuestran una evidente incapacidad para asimilar el renovado curso impreso a la barca de Pedro por su legítimo timonel, el Papa Francisco.


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Las críticas a los Papas ayer y hoy.

El documento en contra de las “herejías” del Papa también le tocó a Wojtyla

Desde el frente «sedevacantista» le atribuyeron 101. Las críticas contra Juan Pablo II fueron mucho más numerosas y difundidas, por parte de teólogos que criticaban el «centralismo romano». El cardenal Müller fue sujeto a exámenes de doctrina por los algunos blogueros

Juan Pablo II con el cardenal Jorge Mario Bergoglio

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Pubblicato il 26/09/2017
Ultima modifica il 26/09/2017 alle ore 10:33
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

La velocidad de la red y de las redes sociales que se convierten en repetidoras contribuyen a agigantar lo que está sucediendo (por ejemplo en el caso de la llamada «corrección filial» al Papa Francisco), como si nunca antes hubiera pasado algo semejante. Una mirada a la historia reciente de la Iglesia nos hace comprender que no es así, además de ayudar a reportar a su justa dimensión el documento firmado por 79 estudiosos, investigadores, periodistas y blogueros en el que se sostiene que el Papa Francisco ha propagado y «proposiciones herejes». Los autores del texto, firmado también por el ex presidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi, indican 7 «herejías» en realidad nunca escritas o pronunciadas por el Pontífice, sino «deducidas» por ellos mismos de su magisterio o de sus discursos. Se trata, muy probablemente, de un primer paso hacia esa «corrección formal» a la que se ha referido con frecuencia el cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, uno de los cuatro firmantes de las «dudas» sobre «Amoris laetitia» que fueron presentadas a Bergoglio.

 

Dar un paso hacia atrás ayuda a comprender el alcance real del documento que se está discutiendo en estos días.  Juan Pablo II, por sus afirmaciones en línea con el Concilio Ecuménico Vaticano II (verdadero blanco de muchos críticos) en los ámbitos del ecumenismo, de la libertad religiosa y del diálogo con las demás religiones, fue atacado repetidamente durante su vida. Y también después de su muerte algunas personas del área más extrema del tradicionalismo, representada por el «sedevacantismo» (es decir quienes consideran que no hay un verdadero Papa en la cátedra de Pedro desde Pío XII), llegaron a atribuirle 101 «herejías». Para criticarlo utilizaban citas extraídas de los documentos de los Papas del pasado.

 

Tienen que ver con algunas afirmaciones del Papa Wojtyla sobre el ecumenismo, es decir sobre los hermanos separados, que son, precisamente, llamados hermanos y ya no «hijos del diablo», sobre la posibilidad de definir a los «cristianos» incluso a los no católicos, sobre la salvación posible más allá de las fronteras visibles de la Iglesia, sobre la salvación de los niños muertos sin el bautismo, sobre la posibilidad del martirio cristiano fuera de la Iglesia católica, sobre la definición de los hebreos como «nuestros hermanos», sobre la libertad de conciencia como derecho humano, sobre el derecho a la libertad de profesar la propia fe incluso para los no católicos… Todo ello aderezado con notas en las que se indicaba dónde y cuándo el Papa Juan Pablo II había hecho ciertas afirmaciones, y dónde y cuándo afirmaban lo contrario los Papas del pasado.

 

Pero no hay que olvidar que el caso apenas citado se refiere a fracciones extremistas marginales, que en la actualidad se dan a conocer explotando las potencialidades de internet, pero que no tienen consistencia real entre el pueblo cristiano. Muy diferentes (tanto por su seriedad como por sus proporciones) fueron las críticas y las peticiones que hicieron llegar a san Juan Pablo II los teólogos que estaban en contra del llamado «centralismo romano». Una crítica al Pontífice polaco y también a su Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Joseph Ratzinger. Estamos hablando de la famosa Declaración de Colonia, que hasta hace algunos años era presentada como un «ataque contra el magisterio» por parte de quienes hoy se comportan de la misma manera porque el magisterio no dice exactamente lo que ellos piensan.

 

En 1989, promovida inicialmente por los teólogos de Tubinga Norbert Greinacher y Dietmar Mieth y por un primer grupo de disidentes, la «carta abierta» fue suscrita por 162 profesores de teología católica de lengua alemana. Después la firmaron inmediatamente en Holanda 17.000 laicos y eclesiásticos y, en la entonces República Federal Alemana, 16.000 párrocos y laicos, además de un centenar de grupos católicos. Otras declaraciones parecidas surgieron en Bélgica, Francia, España, Italia, Brasil y Estados Unidos. El motivo que desencadenó la declaración fue la sucesión del obispo de Colonia y que se pusieran en discusión las prerrogativas tradicionalmente concedidas al capítulo en muchas diócesis alemanas en relación con la indicación de las ternas de los candidatos.

 

Se criticaban, pues, el «centralismo romano» y la falta de escucha por parte de la Santa Sede a las instancias e indicaciones de las Iglesias locales. Se decía que la negación de la autorización eclesiástica para la enseñanza a «teólogos y teólogas cualificados» era «un grave peligro y atentado a la libertad de investigación». En el documento se utilizaban los mismos argumentos de quienes ahora critican a Francisco, invitando a los «obispos a acordarse del ejemplo de Pablo, que permaneció en comunión con Pedro a pesar de “resistírsele en la cara”, en relación con la cuestión de la misión entre los paganos».

 

El 15 de mayo de 1989 también en Italia, es decir la nación que es considerada la más católica de Europa y en la que vive el Papa, que también es su primado, 63 teólogos publicaron en la revista «Il Regno» un documento crítico titulado «Carta a los Cristianos – Hoy en la Iglesia», expresando su disgusto «por determinadas actitudes de la autoridad central de la Iglesia en el ámbito de la enseñanza, en el de la disciplina y en el de ámbito institucional», para manifestar «la impresión de que la Iglesia católica ha sido sacudida por fuertes impulsos regresivos». Lo firmaron muchos profesores importantes de varias facultades teológicas y diferentes universidades italianas.

 

Volviendo a las críticas que provienen del frente «tradicionalista» o conservador, no hay que olvidar los ataques, a veces feroces, en contra de Benedicto XVI por algunos de sus discursos en los que afrontaba el tema del ecumenismo o por la decisión de participar en el encuentro interreligioso de Asís. Tampoco hay que olvidar que muchos criticaron muy duramente al cardenal Gerhard Ludwig Müller pocas semanas antes de que fuera nombrado Prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, en 2012. Una operación de alto nivel, con apoyos dentro de la Curia romana, para sacar a la luz algunas de sus afirmaciones consideradas «heterodoxas» y para tratar de frenar su nombramiento.

 

La traducción a diferentes lenguas de los pasajes «dudosos» de sus obras fue enviada anónimamente por correo electrónico a varios periodistas con la esperanza de que se transformaran en los inquisidores de Müller. Y los textos fueron difundidos en sitios y blogs cercanos al llamado mundo tradicionista y lefebvriano. El futuro Prefecto, en su momento, escribió que la doctrina sobre la virginidad de María «no se relaciona tanto con específicas propiedades fisiológicas del proceso natural del nacimiento», que «el cuerpo y la sangre de Cristo no indican elementos materiales de la persona humana de Jesús durante su vida o de su corporeidad transfigurada» y que gracias al Bautismo «nosotros, como católicos y cristianos evangélicos, estamos ya unidos incluso en eso que llamamos la Iglesia visible».

 

En ese momento, para defender a Müller, salió al ruedo Nicola Bux, que era el asesor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con una entrevista a Vatican Insider en la que dijo: «El desarrollo doctrinal se enriquece con el debate: quien tiene más argumentos convence. En las acusaciones contra monseñor Müller se extrapola todo del contexto: así es fácil condenar a quien sea. Un verdadero católico debe confiar en la autoridad del Papa, siempre».


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Novedades en el Instituto sobre el matrimonio y la familia. Comentario

El Papa reforma el Instituto sobre el matrimonio y la familia que quiso Wojtyla

Con un “Motu proprio” Francisco creó el nuevo «Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II», extendiendo el espectro de sus competencias y actividades, siguiendo las huellas de su predecesor y con la mirada puesta en la «Amoris laetitia»

El Papa reforma el Instituto sobre el matrimonio y la familia que quiso Wojtyla

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Pubblicato il 19/09/2017
Ultima modifica il 19/09/2017 alle ore 14:18
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco, con una carta apostólica en forma de «Motu proprio» que lleva la fecha del 8 de septiembre de 2017 (y publicada hoy, 19 de septiembre), redundó el Instituto de estudios sobre el matrimonio y la familia que quiso Juan Pablo II, extendiendo su campo de acción. El documento, titulado «Summa familiae cura», recuerda que el Papa Wojtyla, después del Sínodo de los obispos de 1980 y de la exhortación «Familiaris consortio» de 1981, dio una forma estable al Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, que llevaba a cabo sus actividades en la Universidad Lateranense.

 

Ahora, después de otros dos Sínodos, de 2014 y 2015, dedicados a la familia, y después de la publicación de la exhortación «Amoris laetitia», la Iglesia ha llegado a «una renovada conciencia del Evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a ofrecer respuestas».

 

«La centralidad de la familia en los procesos de “conversión pastoral” de nuestras comunidades y de “transformación misionera de la Iglesia” —escribió Francisco— exige que, incluso a nivel de formación académica, en la reflexión sobre el matrimonio y sobre la familia nunca falten la perspectiva pastoral ni la atención a las heridas de la humanidad».

 

El Papa Bergoglio insistió en que el «bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia», y que es «saludable prestar atención a la realidad concreta» de la familia, debido al «cambio antropológico-cultural, que influye hoy a todos los aspectos de la vida y exige un enfoque analítico y diversificado» y «no nos permite limitarnos a prácticas de la pastoral y de la misión que reflejen formas y modelos del pasado».

 

«En el límpido propósito de permanecer fieles a la enseñanza de Cristo —escribió Francisco—, debemos, pues, ver, con el intelecto de amor y con sabio realismo, a la realidad de la familia, hoy, en toda su complejidad, en sus claroscuros. Por estas razones he considerado oportuno dar una nueva configuración jurídica al Instituto Juan Pablo II, para que la clarividente intuición de san Juan Pablo II, que fuertemente deseó esta institución académica, hoy pueda ser reconocida y apreciada mejor en su fecundidad y actualidad».

 

El nuevo Instituto teológico para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia, dedicado a Juan Pablo II, ampliará el campo de sus acciones y estudios, «tanto en orden a las nuevas dimensiones de la tarea pastoral y de la misión eclesial, como en referencia a los desarrollos de las ciencias humanas y de la cultura antropológica en un campo tan fundamental para la cultura de la vida».

 

El Papa Bergoglio precisó que el nuevo instituto deberá tener en cuenta la inspiración original con la que nació el anterior, «contribuyendo eficazmente a que corresponda plenamente a las exigencias actuales de la misión pastoral de la Iglesia». En los breves artículos, a los que seguirán nuevos estatutos, se subraya la «especial relación del nuevo Instituto Teológico con el ministerio y el magisterio de la Santa Sede», que será enriquecido con la «privilegiada relación» que establecerá con la Congregación para la Educación Católica, con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y con la Pontificia Academia para la Vida. Se precisa que el Instituto Teológico tendrá «la facultad de conferir “iure proprio” a sus estudiantes los siguientes grados académicos: el Doctorado en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; la Licenciatura en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; el Diploma en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia».

 

«Con esta decisión —explicó a Vatican Insider el arzobispo Vincenzo Paglia, Gran Canciller del Instituto—, el Papa extiende la perspectiva: de una concentrada solo en la teología moral y sacramental, a una bíblica, dogmática e histórica, que tiene en cuenta los desafíos contemporáneos. Francisco ha comprendido muy bien el papel histórico de la familia, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Y la familia no es un ideal abstracto, sino una realidad mayoritaria de la sociedad, que debe volver a descubrir su vocación en la historia».

 

La referencia a la continuidad con el Instituto anterior, «en sí misma cierra el camino —explicó Paglia— a una interpretación que pretenda atribuir a este autorizado acto de refundación un distanciarse de la inspiración de Juan Pablo II». El arzobispo hizo notar, para concluir, que el Papa ha indicado que las personas que componen el actual instituto sean «protagonistas del cambio y de la reestructuración que serán necesarios para conseguir los objetivos del nuevo sujeto», y que, por lo tanto, cuentan con la confianza del Pontífice.