Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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España. Ante la crisis de “Podemos”. La opinión de Gonz. Faus

Meditación sobre Podemos

MEDITACIÓN SOBRE PODEMOS

J. I. González Faus. “Aprended flores de mí, lo que va de ayer a hoy”, poetizaba don Luis de Góngora. Y hoy podemos parodiarle: aprended políticos, que ya vemos lo que va del 15M a Podemos.

Fui de los que, en los días del 15M se patearon la plaza del Cataluña y otras calles barcelonesas, tratando de ver, escuchar, olfatear, conversar… De aquella mezcla de decepción, ilusión, hartura, responsabilidad, juventud, ingenuidad e indignación, salías con la pregunta ilusionada de si podría estar gestándose algo nuevo. Pero me acordaba de una “Carta a los cristianos por el socialismo”, escrita 40 años antes, donde citaba a san Pablo: “llevad a cabo vuestra liberación con temor y temblor”[i].

Más tarde, hacia junio del 2016, escribí una carta a Pablo Iglesias con tonos de advertencia (que no sé si andará metida por algún blog). Hoy soy de los que se preguntan cómo ha podido ser que aquella masa compacta, tan segura de “poder” se haya convertido tan pronto en una arena de impotencias. Cómo aquella ilusión que floreció con 200.000 militantes y cinco millones de votos en unos dos años, se ve otra vez herida.

Los hechos y los días fueron mostrando que eso de “la casta”, por mucha verdad que fuera y por muy bien que sonase, no era debido a la mala “pasta” de los políticos habidos hasta el momento. Es más bien una tentación ínsita en nuestra pasta humana y en la misma actividad pública (política o eclesiástica) de la que ellos no se dieron cuenta hasta acabar cayendo de bruces en ella y perder novedad.

No quiero emitir juicios críticos personales, ni inflamar heridas. Puedo reconocer que mi sensibilidad ha estado siempre más cercana a Errejón que a Pablo Iglesias. Pero sé que aquí pueden faltarme datos para un juicio definitivo. Lo que sí hay que pedir hoy es que no se expliquen las crisis echando las culpas solo a los otros, y que se dé entrada a esa autocrítica tan indispensable en toda actividad humana.

Pero, aun sin señalar a nadie, temo que el vedetismo, y cierta vanidad mesiánica sean los que han disuelto aquella promesa primera. En vez de vanidad mesiánica podría haber hablado de “tejerismo”: la mentalidad de “esto lo arreglo yo”. Tejero a golpe de pistola. Otros a golpe de televisión. Algo hemos ganado, sin duda. Pero insuficiente.

Qué contraste entre esa mentalidad mesiánica (o “tejera”) y el discurso de Tierno Galván cuando nuestras primeras elecciones: “El PSP [la formación de Tierno] no puede prometer nada porque las cosas están muy difíciles, pero se compromete a luchar todo lo que pueda por arreglar algo” (cito de memoria). ¡Qué bonito comprobar que aquel que no se atrevía a prometer nada, fue uno de los mejores alcaldes de nuestra democracia!

En fin, deseo con toda el alma que a ese aborto del 15M se le encuentre alguna incubadora que le salve la vida. Lo deseo por los jóvenes más que por mí. Por eso, me permito advertir que la izquierda solo podrá ser auténtica si se nutre de una espiritualidad muy seria y profunda. A las derechas ya les basta su manipulación de la religión en provecho propio (como acusó Marx, mostró luego con textos el cardenal De Lubac y hoy ha puesto en práctica Bolsonaro). Pero la izquierda necesita más.

No quiero decir con esto que la izquierda haya de ser cristiana: no estoy queriendo hacer apologética. Hablo solo de espiritualidad seria. Porque temas como la igualdad, la fraternidad, la acogida, el respeto…, son demasiado espirituales (y demasiado odiados) como para que creamos que podremos conseguirlos mejorando el PIB. Pues este sistema inicuo solo sabe hacer crecer el PIB, haciendo que crezca también el PID (Porcentaje Interior de Desigualdad).

En fin, ojalá de esta decepción de hoy brote una lección aprendida para el mañana, y no un nuevo desengaño histórico. Así sea.


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Ante la Navidad de 2017 por el P. González Faus, S.J. Reflexión.


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Todos somos vulnerables: Reflexión del jesuita Gonz. Faus

Todos somos…

TODOS SOMOS…

J. I. González Faus. Más allá del todos somos Barcelona o todos somos Manchester que, por desgracia, son más líricos que otra cosa, hay algunos rasgos que sí nos son comunes a todos. Al menos dos.

1.- En este octubre se cumplen los 500 años del nacimiento de la “reforma” de Lutero. Por suerte, hoy andamos más por caminos de reencuentro que de pelea, como muestra el excelente documento preparado conjuntamente por católicos y protestantes para este año 2017, titulado “Del conflicto a la reconciliación”. Pero, a pesar de todo, la historia es maestra de la vida; y una auténtica reconciliación implica, como reclamamos en otros campos, no olvidar la historia.

Para ello puede ayudar mucho elcCuaderno publicado por Cristianisme i Justícia para estas fechas (nº 204) cuyo autor es Jaume Botey, y que se titula: “A 500 años de la reforma protestante”. Con la ventaja de su brevedad, es modelo de información y de objetividad. Aunque ya es casi un dogma que “la historia nunca es objetiva”, este cuaderno se acerca ejemplarmente a ese ideal inalcanzable.

Y la conclusión que puede brotar de él cabe en una célebre frase de san Pablo: “todos somos pecadores”. Hoy es casi imposible hacerse cargo del significado demoledor de esas tres palabras, dirigidas a una comunidad marcada por una de las mayores diferencias (y enemistades) que se han dado en la historia humana: la antigua división entre judíos y paganos. Se ha acabado ese abismo que suele consagrar sin retorno posible todas las divisiones entre los seres humanos: que “nosotros somos los buenos y ellos los malos” (entérese, Mister Trump).

¿Qué se sigue de ahí? Pues que el punto de partida de toda relación entre comunidades no es que hay un “eje del mal” y un partido del bien; unos degenerados y otros reformadores. Eso podrá ser verdad en casos de dimensiones reducidas y podrá ser denunciado por algún profeta particular, que pagará un precio bien alto por esa denuncia. Pero no es ése el punto de partida de toda relación entre comunidades, sino este otro: “todos son pecadores y necesitan igualmente de la bondad de Dios”(Rom, 3,23). Ese punto de partida es la única manera de que no se estropeen todas las reformas y todas las revoluciones, y acaben así volviéndose fariseas (recuérdalo, Pablo Iglesias). Por esta razón chocó Jesús con el mayor intento de reforma del judaísmo que se daba en su época: el fariseísmo. Y, desde Jesús ha cambiado el significado de esa palabra pasando, de una expresión de dignidad respetable, a una acusación de hipocresía. Quizás por eso, en el documento antes citado, ambas iglesias, católica y protestante, terminan pidiéndose perdón muy sinceramente.

2.- Debo añadir que no sólo nos une a todos los humanos la pecaminosidad. En los dos últimos días del pasado junio, el centro Cristianisme i Justícia celebró un pequeño congreso de amplitud estatal sobre “la gran prueba” que nos aguarda en este siglo en la lucha por la justicia y a favor de los desheredados de la historia que son los preferidos de Dios. Quiero recoger de aquellos dos días la frase de una feminista de Zaragoza, Carmen Magallón, que hizo una apología del cuidado, como el gran olvido y el gran ausente de nuestra civilización capitalista-patriarcal. Y terminó repitiéndonos esta otra verdad tan sencilla: “todos somos vulnerables”.

Todos somos vulnerables y necesitamos la ayuda del otro y de la otra. No simplemente en la infancia y en la ancianidad (en las cuales sólo sobrevivimos gracias a los demás), sino también en la dimensión más seria de nuestras vidas: allí donde “el sistema que mata” (Francisco) trata de convencernos de que el dinero y el consumo nos hacen invulnerables; y nos inyecta así otra vulnerabilidad mayor, que ya no afecta a las dimensiones físicas de nuestras vidas, sino a nuestro mismo nivel de humanidad. Por eso podemos parodiar a Jesús afirmando que “es imposible proteger la vulnerabilidad de los ricos”, precisamente en aquello que afecta a su calidad humana, como no sea ayudándoles a que dejen de serlo: “pon todo lo que tienes al servicio de los pobres”; y “devuelvo el cuádruplo a todos los que he defraudado” (cf. Mc 10, 21-23; Lc 19,8)

Todos somos pecadores, todos somos vulnerables, por más que tengamos asombrosas posibilidades de bondad y de fortaleza física (que también las tenemos). Todos necesitamos perdón y todos necesitamos cuidado. Lo cual genera, paradójicamente, una de nuestras mayores posibilidades: todos podemos acogernos. La acogida: ese valor tan precioso, tan profundamente humano, y hoy tan puesto entre paréntesis (cuando no negado), por ese individualismo consumista que pretendemos que nos defina. La acogida nos devuelve humanidad cuando la recibimos y despliega esa humanidad recibida cuando la ejercemos nosotros.

Pecadores, vulnerables, acogidos y acogedores. Todos. Buen programa para mejorar un poco nuestra sociedad, depredadora de la tierra y suicida de sí misma.


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Terrorismo: editorial de González Faus.


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Una economía que mata. Por González Faus.

  • José I. González Faus, sj.: “Nuestra economía mata,
    porque está fundada en el robo con guante blanco, en
    la mentira bien vestida”
    “Lo más negativo de nuestra política es la hipocresía de la derecha y el simplismo
    de la izquierda”
    José Ignacio González Faus, sj., 02 de abril de 2017 a las 08:32
    Si el prestamista gana sólo por prestar, eso es claramente usura. La filosofía griega, el
    islam y el primer cristianismo son muy duros con la usura. Aristóteles la compara al
    proxenetismo
    el capitalismo salvaje
    (José Ignacio González Faus, sj.).- Etimológicamente, el interés designa algo que está
    entre la realidad y yo (inter-esse): así me vincula y me pone en relación con las cosas.
    Pero la palabra degenera cuando su significado principal pasa a ser el de “beneficio
    económico”: de modo que lo único que me pone en contacto con la realidad es la
    posibilidad de lucro.
    Eso explica por qué Francisco sostiene que nuestra economía “mata”. He leído
    artículos que, queriendo defender la enseñanza social de este papa, parecen tropezar
    cuando afrontan esa frase tan dura: quizá Francisco sólo quería decir que mata cuando la
    gestionamos mal, etc.
    Pues no: nuestra economía mata porque está fundada en el robo con guante blanco,
    en la mentira bien vestida, en la explotación y en la falta de respeto.
    Veamos:
    1. Fundamental en nuestro sistema es el crédito y el interés. Pero éste último se ha
    convertido hoy en usura pura y dura: de ser compensación razonable por una pérdida o
    un riesgo, ha pasado a ser un lucro gratuito. Si el prestamista gana sólo por prestar, eso
    es claramente usura. La filosofía griega, el islam y el primer cristianismo son muy duros
    con la usura. Aristóteles la compara al proxenetismo: aprovechar la necesidad del otro
    para el enriquecimiento propio. Y escribe que es “la más aborrecible de todas las formas
    de obtener dinero, porque en ella la ganancia procede del dinero mismo y no de los
    objetos naturales”. Si hoy eso nos parece anormal, debe ser por aquello de que “nuestro
    mundo ha perdido el sentido del pecado”. Pero aplicando esa frase donde debe ser
    aplicada…
    2. Ese atraco del interés se apoya además, como ya sugería Aristóteles, en la mentira de
    que el dinero es fecundo por sí mismo. Pero el dinero sólo puede ser oportunidad,
    nunca causa de riqueza. Su presunta fecundidad se apoya además en otra ficción: el
    dinero que me presta el Banco no es tal: el Banco me da un dinero que no tiene (pues en
    cada momento los Bancos están prestando mucho más dinero del que tienen y es falsa la
    idea de que el Banco presta con los depósitos de los ciudadanos). El Banco lo que hace
    es darme una especie de aval o de ficción, poniendo en mi cuenta unas cifras con las que
    1
  • yo podré empezar a invertir. Y por ese dinero que no me ha dado, el Banco me cobrará
    unos intereses grandes mientras que, por el dinero que yo le he depositado, me dará un
    interés mínimo, ridículo (que luego además recupera en comisiones por sacar de un
    cajero etc.)
    Buen ejemplo lingüístico: en griego, tiktô significa engendrar, de ahí viene vg. tokós
    (padre, engendrador); y en griego moderno el interés se llama toketós (= engendrado).
    El dinero queda así, como una especie de semilla: un germen vital que, con sólo caer en
    buena tierra, ya fructifica.
    3.- Esa fábula del dinero, falso y fecundo a la vez, tiene que acabar fallando, sea
    porque a uno no le salen los negocios o porque lo dilapida. Así se producen las crisis
    que por eso, según Piketty y otros economistas, son intrínsecas a nuestro mercado y más
    cuanto más perfecto mercado sea. En las crisis, la reacción lógica es ir a sacar el dinero
    de los Bancos, pero resulta que éstos ya no lo tienen. Con lo que el estado habrá de
    sostenerlos (¡con dinero de los ciudadanos!) para evitar que se pierdan los depósitos de
    la gente. Así se acuñó la más criminal de las defensas: el “too big to fail” (“demasiado
    grande para dejarlo caer”). Como si dijera: no podemos tocar a los Bancos porque tienen
    armamento atómico…
    Y claro: si el Banco siempre está seguro y el ciudadano nunca lo está, esa es una
    economía que mata. Si, cuando se derrumba esa fábula del dinero fecundo por sí mismo,
    lo pagan los otros, no el Banco que se aprovechaba de ella, entonces esa economía tiene
    que matar como el arsénico, por más que nos digan que es “arsénico por compasión”.
    4.- Finalmente, en una sociedad donde todo es mercantil y donde cada cual aspira a
    tragarse al otro buscando el máximo interés, la única manera de crear empleo es no
    pagarlo, o darle una calderilla de hambre. Marx todavía hablaba de pagar “lo justo
    para que pueda reponer su fuerza de trabajo”; hoy ni eso: porque si no repone sus
    fuerzas siempre hay una multitud esperando poder ocupar su puesto. ¿Cómo no va a
    matar esa economía?
    Ya hace tiempo fue acuñada la expresión “capitalismo de casino”. Quiere decir que
    nuestro sistema económico es como uno de esos juegos de cartas donde uno puede
    apostar fuerte con poco juego; pero asusta a los demás y, a lo mejor, gana. La única
    diferencia con los casinos reales es que, cuando en nuestro capitalismo falla la treta y el
    jugador pierde la partida, no pierde él el dinero que apostó: ese dinero lo perderá el
    croupier, o el repartidor por las cartas que dio, o el portero por haberle dejado entrar…
    Ladrona, mentirosa, explotadora e impune. Y gracias a eso eficaz. Dígame Ud si esa
    economía no ha de matar. Por eso creo que lo más negativo de nuestra política es la
    hipocresía de la derecha y el simplismo de la izquierda. Pero éste queda para otro día


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Las migraciones en Europa. Comentario de Gonz. Faus, jesuita.

Migraciones

Macedonian police officers control departure of the migrants in the train heeding to the Serbian borderJ. I. González Faus. [La Vanguardia] Quien mal anda, mal acaba. Quien siembra vientos recoge tempestades… Multitud de refranes recogen esta sabiduría elemental, olvidada por nosotros: las cosas hechas inicuamente, pueden aportar ventajas a corto plazo, pero suelen traer calamidades a largo. Desde la monarquía bíblica hasta la drogodependencia encontramos esa misma lección: Israel rechazó la voluntad divina de ser un pueblo sencillo e igualitario sin rey; en poco tiempo creció hasta convertirse en un pequeño imperio pero, a la larga, acabó en manos de monarcas corruptos, se escindió como nación y terminó exiliado fuera de su tierra. El pueblo del Antiguo Testamento, desde su mentalidad primitiva, leía esos desastres como “castigos de Dios”, lo que le servía para intentar arrepentirse. Nosotros, que nos creemos más ilustrados, rechazamos con razón eso de los castigos de Dios, pero hemos olvidado que con frecuencia hay una némesis inmanente en la misma naturaleza de las cosas.

Y así nos va: porque algo de lo anterior está ocurriendo en nuestro mundo desarrollado, con el fenómeno migratorio. Se ha convertido en problema insoluble: porque ni nosotros podemos dar acogida simultánea a millones de inmigrantes, ni ellos pueden dejar de emigrar dado lo que son sus condiciones de vida y lo que son las nuestras. Pero, si miramos atrás, deberemos reconocer que se ha llegado a este callejón sin salida porquenuestro desarrollo fue, en buena parte, a costa de ellos. Sin el oro de América, sin el tráfico de esclavos, sin los imperios coloniales, sin el reparto de África entre los europeos a lo largo del siglo XIX… sin tantas necesidades humanas convertidas en ocasión de enriquecimiento y no de ayuda, no tendríamos hoy ese desarrollo del que tanto presumimos, y que justificamos apelando a nuestra superioridad y a su pereza.

Esa justificación puede tener algo de verdad: en ningún sitio está dicho que el ladrón, además de ladrón, no pueda ser audaz e inteligente: sólo en las películas del Oeste el bueno es siempre el que dispara más rápido. No obstante, esas buenas cualidades nuestras no lo explican todo: Inglaterra tranquilizó su conciencia creando una commonwealth que, en realidad, era una britishwealth; España justificó el expolio de media América como una “noble gesta evangelizadora” (sin reconocer que los verdaderos evangelizadores fueron el grupo de obispos y religiosos seguidores de Las Casas y enemigos de la conquista); Estados Unidos se anexionó medio México porque era intolerable que tierras tan ricas estuvieran en manos de los perezosos mexicanos. Y hoy ¿no convendría cambiar el anagrama de la Unión Europea (UE) por un DE? Aludiríamos así tanto a la actual Dictadura Europea como a Deutschland. Ya dijo un ­maestro de Schaüble (A. Rustow) que “la igualdad es un ideal falso y erróneo; y la fraternidad, parcial e insuficiente porque ignora la relación de superioridad entre padres e hijos”. Eso permite tildar de perezosos e irresponsables a los griegos, ignorando que “los griegos trabajan un 50% más que los holandeses y un 40% más que los alemanes” (Ha-Joon Chang), y que más irresponsable que endeudarse temerariamente es prestar a quienes sabes seguro que no podrán devolver. Y la guinda en este pastel de mugre primermundista: Gran Bretaña, tras negarse a colaborar con la UE para ayudar a Italia en su problema migratorio, pide ayuda a Bélgica cuando se ha visto con un problema similar…

“Dios ama al inmigrante dándole sustento y vestido” (Deut 10,18), dice la Biblia. Si fuéramos mínimamente coherentes, el Occidente llamado cristiano debería organizar una larga liturgia penitencial con un firme propósito de enmienda que no consistiera sólo en repar­tirse cuotas de inmigrantes, sino en inversiones en los lugares de origen, que cubrieran gastos para subsistir, creando trabajo y desarrollo, pero sin aportarnos beneficios. Y aun esto, sólo sería solución a medio y largo plazo.

El problema se agrava porque buena parte de la inmigración que nos suplica desesperadamente ya no emigra por razones económicas sino por razones políticas que son, en parte, resultados de nuestras desastrosas políticas en Oriente Medio (¿recuerdan a Jeb Bush prometiéndole a España “beneficios incalculables” si apoyaba el terrorismo norteamericano en Iraq?). Con ello el problema, además de económico, se convierte para nosotros en identitario: porque tememos no poder asimilar de golpe tantas gentes y tan diversas. Entonces, la derecha se convierte a la justicia social para los de dentro, como modo de enfrentarlos con los de fuera. Al “nos quitan puestos de trabajo” se suma el “no nos dejan ser nosotros”. Y dinero e identidad son las dos mayores fuentes de ceguera y violencia.

Parece pues que aquellos polvos nos han traído estos lodos. Ahora sólo tenemos dos caminos: seguir enlodándonos hasta inspirar repugnancia, o darnos una buena ducha de esa austeridad que tanto hemos impuesto a los más pobres. Si no, siguen valiendo de nosotros estas palabras que se escribieron de la oscura edad media: “Tal vez los bárbaros imperen siempre. Acaso la codicia supere siempre a la prudencia en los consejos de los poderosos. Es posible que el miedo domine siempre sobre la compasión en la mente de un hombre con una espada en la mano…”(Ken Follett, Los pilares de la tierra).

Macedonian police officers control departure of the migrants in the train heeding to the Serbian border

Imagen extraída de: El Mundo


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Reflexión de Gonz. Faus sobre las nuevas huelgas.

Huelgas de consumo

336776_229298057141168_100001829264060_475851_1254799279_oJ. I. González Faus. [La Vanguardia] La huelga es un derecho inalienable de los grupos maltratados. Puede ser casi el último recurso defensivo antes de la violencia, y el único capaz de evitarla. Es un recurso que sólo funciona con solidaridad y sacrificio. Por eso es muy importante que la huelga procure hacer daño sólo a quien debe hacerlo: al  explotador y no al pobre vecino que casualmente “pasaba por ahí”. Si la huelga hace más daño al usuario que al empresario, acabará generando antipatías hacia los maltratados. Cosa que resulta fatal en la lucha por una sociedad más justa.

Pero esta última condición se ha vuelto muy difícil en sociedades modernas que viven más de los servicios que de la productividad industrial, y donde la producción está en manos de mafias multinacionales que residen muy lejos o que han podido imponer condiciones antisociales para invertir en un país. En estas condiciones, la huelga sólo podrá ser auténtica y eficaz si cuenta con el apoyo solidario de aquellos que no son directamente afectados por ella, pero son conscientes de que toda injusticia triunfante acaba deteriorando la sociedad en que vivimos. De este modo recuperaríamos la condición de ciudadanos que el sistema nos va quitando, reduciéndonos a meros consumidores. Por eso creo que hoy nos vemos todos llamados a unas huelgas solidarias de consumo que, además, pueden ser el único modo de evitar nuestra complicidad con un sistema inhumano. Un sistema que, en este momento, hace daño a otros, pero cualquier día podrá hacérnoslo a nosotros.

Los ejemplos son fáciles: hace algunos años, el conocimiento de las condiciones laborales de los pobres niños que fabrican nuestro calzado deportivo, provocó un descenso mundial de ventas que obligo a Nike a cambiar esas condiciones. El problema es que eso puede ser sólo una retirada momentánea para luego volver a las prácticas antiguas, cuando llegue la noche del olvido. Durante este año hemos asistido en España a una huelga de trabajadores de Coca-Cola por unos ERES que al final fueron declarados ilegales; pese a la escasa información que dieron de ella los medios, hubo un descenso del consumo de Coca-Cola en nuestro país que, de haber sido más total, habría obligado a la empresa a rectificar antes. Las condiciones laborales de muchas empresas hispanas en Asia (desde Zara al Corte Inglés) constituyen para toda la ciudadanía un imperativo de boicotear sus productos aunque nos exija un pequeño sacrifico adicional. Para no hablar de la absurda huelga al cava catalán en el resto de España, que no se debía a ningún imperativo de justicia sino a estúpidos orgullos nacionales supuestamente heridos; la cito no por su ejemplaridad sino porque su eficacia ilustra lo que pretendo decir.

Aún cabría añadir otras huelgas de consumo como respuesta a la falta de ética en la publicidad.Por ejemplo: boicot cuando la publicidad apele a nuestros más bajos instintos o, al revés, evoque los más altos valores para inducirnos a consumos vulgares (no quiero dejar de aludir al comentario irónico aparecido en El Periódico el pasado 3 de abril, a propósito de una propaganda sobre “Barcelona World”: “¡creí que se trataba de la Fundación Vicente Ferrer!”…). Boicot cuando nos engañen en los precios o nos digan sólo “precios increíbles”, pero sin concretar nada más, como si se tratara de la confesión de Jordi Pujol. Boicot cuando una publicidad se disfrace taimadamente de noticia o de diálogo con el informador… En esos casos y otros similares, la reacción ciudadana debería ser anotar aquel producto para dejar de comprarlo.

Es ya viejo el refrán: “donde no hay publicidad resplandece la verdad”, que no deberíamos olvidar sino más bien completar con este otro: “donde hay publicidad, decrece la calidad”. Incluso debemos soñar con que, igual que hemos conseguido que los productos que nos venden lleven una lista de sus ingredientes,consigamos un día que informen verazmente sobre el salario y las condiciones laborales de los trabajadores que los producen. Aquí sí que valdría aquello de “yes we can” si en ese “we” nos decidimos a entrar todos o casi todos nosotros.

Esas huelgas solidarias de consumo pueden llegar a tener un rendimiento muy superior al pequeño sacrificio que nos exijan. El lema de la semana contra el hambre en el pasado octubre (“una sola familia humana: alimentos para todos”) no será posible sin esas huelgas: porque semejante lema no cabe en la lógica de nuestro sistema (ni siquiera en esa formulación mínima que, al hablar de alimentos, prescinde de las diferencias cualitativas entre ellos, sin importarle que unos coman el pan solo y otros lo coman con jamón ibérico o con queso francés o embutido catalán)…

Pero esas huelgas no surgirán espontáneamente: requerirán tiempo, información y hasta algún trabajo desinteresado de coordinación. Han ido cuajando a otros niveles (como la recogida de firmas por internet). Y si cuajasen aquí ayudarían a convencernos del enorme poder que tenemos si vamos todos juntos: aquí sí que valdría aquello de “el pueblo unido jamás será vencido”.

Y además nos harían sentirnos mejor: porque hoy que tanto se habla de la felicidad, habría que añadir que el camino hacia ella no es el del consumo innecesario, que sólo aporta un bienestar animal momentáneo, sino el camino de sentirnos de veras personas.

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