Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

El mensaje de la Epifanía en nuestro tiempo. según el Papa Francisco

El Papa contra la seducción del poder y la fama en la Iglesia

En la fiesta de la Epifanía, Francisco recuerda el ejemplo de los tres reyes magos y urge a los líderes europeos a abrir los puertos a dos barcos que llevan varios días intentando desembarcar migrantes rescatados de la muerte en el mar
AFP

El Papa contra la seducción del poder y la fama en la Iglesia

CONDIVIDI
SCOPRI TOP NEWS
Pubblicato il 06/01/2019
Ultima modifica il 06/01/2019 alle ore 18:20
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Cuántas veces hemos seguido los seductores resplandores del poder y de la fama, convencidos de prestar un buen servicio al evangelio”. Es la constatación, en forma de advertencia, del Papa. En la fiesta de la epifanía, Francisco celebró la misa en la Basílica de San Pedro y rechazó las veces que los miembros de la Iglesia han querido “brillar con luz propia”. “Así, hemos vuelto el foco hacia la parte equivocada”, precisó. Y luego, tras bendecir a una multitud en la plaza vaticana, alzo la voz por los migrantes que llevan varios días a bordo de dos barcos que los rescataron de la muerte en el Mar Mediterráneo, pero ningún país los quiere recibir.

Epifanía es la “manifestación del señor”, explicó Jorge Mario Bergoglio, durante la homilía de la misa, que celebró con cardenales, arzobispos, obispos, diplomáticos, invitados especiales y miles de feligreses. Explicó que esta fiesta demuestra que Jesús se mostró a todo el mundo, sin importar nación, lengua y pueblo.

No obstante, siguió, la sorpresa deriva de cómo se manifestó Dios. La forma. No lo hizo ocupando el centro de la escena. No se mostró a los grandes líderes de su época, ni a personajes políticos como el rey Herodes. No nació en el palacio real de Jerusalén, sino en una humilde morada de Belén.

“Asistimos a la misma paradoja en Navidad, cuando el evangelio nos hablaba del censo de toda la tierra en tiempos del emperador Augusto y del gobernador Quirino. Pero ninguno de los poderosos de entonces se dio cuenta de que el rey de la historia nacía en ese momento. E incluso, cuando Jesús se manifiesta públicamente a los treinta años, precedido por Juan el Bautista, el evangelio ofrece otra solemne presentación del contexto, enumerando a todos los ‘grandes’ de entonces, poder secular y espiritual: el emperador Tiberio, Poncio Pilato, Herodes, Filipo, Lisanio, los sumos sacerdotes Anás y Caifás. Y concluye: ‘Vino la palabra de Dios sobre Juan en el desierto’. Por tanto, no sobre alguno de los grandes, sino sobre un hombre que se había retirado en el desierto”, explicó.

Todos aquellos nombres importantes, señaló el Papa, podrían hacer caer en la tentación de pensar que el foco de luz se debe poner sobre ellos. O pensar que hubiese sido mejor si la estrella de Jesús se hubiese posado en Roma, sobre el monte Palatino, para que Augusto convirtiese inmediatamente en cristiano a todo el imperio. “Pero la luz de Dios no va a aquellos que brillan con luz propia. Dios se propone, no se impone; ilumina, pero no deslumbra”, aclaró.

Reconoció que es siempre grande la tentación de confundir la luz de Dios con las luces del mundo y entonces reflexionó sobre cuántas veces los cristianos han seguido los seductores resplandores del poder y de la fama, convencidos de prestar un buen servicio al evangelio.

“Pero así hemos vuelto el foco de luz hacia la parte equivocada, porque Dios no está allí. Su luz tenue brilla en el amor humilde. Cuántas veces, incluso como Iglesia, hemos intentado brillar con luz propia. Pero nosotros no somos el sol de la humanidad. Somos la luna que, a pesar de sus sombras, refleja la luz verdadera, el señor”, continuó.

De esta manera, Jorge Mario Bergoglio puso el acento sobre las contradicciones en la historia de Jesús, nacido en una pequeña aldea a los márgenes del imperio, despojado de toda riqueza y comodidad, pero que pronto se manifiesta con gran poder a todos los pueblos de la tierra, representados en los Magos de Oriente.

Al respecto, el pontífice aclaró que la luz de Dios llega a quien la acoge y resplandece ante quien está dispuesto a recibirla. Para recibirla, agregó, es necesario levantarse, sobreponerse al sedentarismo y disponerse a caminar; no quedarse parados, como los escribas consultados por Herodes, que sabían bien dónde había nacido el Mesías pero no se movieron. Además, estableció, para “vestir el traje de Dios” es necesario despojarse antes de los vestidos pomposos, para no ser como Herodes, que a la luz divina prefirió las luces terrenas del éxito y del poder.

Los Reyes Magos, afirmó el Papa, siguieron la estrella y decidieron tomar un camino distinto al de Herodes, el sendero del amor humilde. “Un camino alternativo al mundo, como el que han recorrido todos los que en Navidad están con Jesús: María y José, los pastores. Ellos, como los magos, han dejado sus casas y se han convertido en peregrinos por los caminos de Dios. Porque solo quien deja los propios afectos mundanos para ponerse en camino encuentra el misterio de Dios”, subrayó.

Todo esto vale en la actualidad, añadió. Porque no basta saber dónde nació Jesús y conocer la historia, hay que imitar a los magos, quienes no discutieron, no se quedaron mirando, no se empecinaron en sus planes sino que se mostraron disponibles a tomar otros caminos y se pusieron en marcha. Ellos fueron a dar, no a recibir.

Por eso Francisco preguntó a los presentes si, para Navidad, llevaron regalos a Jesús o intercambiaron regalos sólo entre ellos. Y explicó que si no le obsequiaron nada eso se podía remediar, con los mismos obsequios de los magos: oro, incienso y mirra, adorar a Dios sin autosuficiencia, “quemar un poco de tiempo, gastarlo por el señor” y curar a los necesitados.

“El señor agradece que nos hagamos cargo de los cuerpos probados por el sufrimiento, de su carne más débil, del que se ha quedado atrás, de quien solo puede recibir sin dar nada material a cambio. La gratuidad, la misericordia hacia el que no puede restituir es preciosa a los ojos de Dios”, estableció.

“La gratuidad es preciosa a los ojos de Dios. En este tiempo de Navidad que llega a su fin, no perdamos la ocasión de hacer un hermoso regalo a nuestro Rey, que vino por nosotros, no sobre los fastuosos escenarios del mundo, sino sobre la luminosa pobreza de Belén. Si lo hacemos así, su luz brillará sobre nosotros”, ponderó.

Al final de la celebración eucarística, mediodía de este domingo, el Papa se asomó a la ventana de su estudio privado en el Palacio Apostólico del Vaticano para dirigir su bendición con el Angelus ante unas 60 mil personas, entre las cuales se encontraban los tres Reyes Magos, parte de un desfile folclórico procedente de la región italiana de Abruzzo.

Al momento de los saludos, en italiano, alzó la voz por los migrantes salvados en el mar que, desde hace días, giran a bordo de barco que no encuentran puertos donde atracar. “Desde hace muchos días 49 personas salvadas en el Mar Mediterráneo están a bordo de dos barcos de organizaciones no gubernamentales en busca de un puerto seguro donde desembarcar. Dirijo un intenso llamado a los líderes europeos para que demuestren concreta solidaridad hacia estas personas”, clamó.

Anuncios


Deja un comentario

Epifanía. Misa y homilía del Papa

Papa en la Misa de Epifanía: Jesús es la luz verdadera que brilla en la humildad

En su homilía el Santo Padre recordó que la Navidad tiene un sentido auténtico cuando, al igual que los Reyes Magos, salimos a buscar a Jesús, “la verdadera luz del mundo”.

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

El domingo 6 de enero, Fiesta de la Epifanía, “la manifestación del Señor a todas las naciones”; el Papa Francisco presidió la Santa Misa a las 10 de la mañana en la Basílica de San Pedro, a la que asistieron miles de fieles y peregrinos.

Los Reyes Magos en busca de la Estrella

“De esta manera se revela la hermosa realidad de la venida de Dios para todos: cada nación, lengua y población es acogida y amada por Él. El símbolo de esto es la luz, que alcanza e ilumina todo”, explicó el Pontífice en su homilía haciendo especial hincapié en la figura de lostres Reyes magos de Oriente, quienes en una actitud abierta a las sorpresas de Dios, salieron a buscar al Mesías siguiendo la luz de la estrella: “Lo encontraron, pero no donde ellos pensaban. No en el palacio real de Jerusalén, sino en una humilde morada en Belén”.

Los poderosos no se dieron cuenta

Igualmente, el Santo Padre señaló que la misma paradoja surgió en Navidad, cuando el Evangelio hablaba del censo de toda la tierra en tiempos del emperador Augusto y del gobernador Cirenio (cf. Lc 2,2): “ninguno de los poderosos de la época se dio cuenta de que el Rey de la historia había nacido en su momento”.

Dios ilumina, no deslumbra

La explicación está en que la luz de Dios no va a aquellos que brillan con luz propia. “Dios se propone, no se impone, ilumina, pero no deslumbra”- dijo Francisco- aseverando que siempre hay una gran tentación de confundir la luz de Dios con las luces del mundo.

La Iglesia no es sol, sino luna

“Cuántas veces hemos perseguido los destellos seductores del poder y del protagonismo, convencidos de que estamos haciendo un buen servicio al Evangelio, pero en realidad encendimos las luces en el lado equivocado, porque Dios no estaba allí”, aseguró el Papa; recordando que Jesús es la verdadera estrella del mundo que brilla en humilde amor; y que sólo Él está al centro.

“Cuántas veces, pues, como Iglesia, hemos intentado brillar con nuestra propia luz. Pero no somos el sol de la humanidad. Somos la luna que, a pesar de sus sombras, refleja la luz verdadera, el Señor: Él es la luz del mundo (cf. Jn 9, 5). Él, no nosotros”, afirmó.

Buscar un camino alternativo al mundo

Y en referencia a la conclusión del Evangelio que relata como los Magos de Oriente, habiendo encontrado a Jesús, “regresaron a su país por otro camino”. (Mt 2,12); Francisco subraya que se trata de buscar “un camino alternativo al mundo, como el que siguen los que se quedan con Jesús en Navidad: María y José, los pastoresy no la vía de los poderosos, como los escribas consultados por Herodes que sabiendo dónde había nacido Jesús no se movieron”.

Imitemos a los Reyes Magos

“No basta con saber dónde nació Jesús, como los escribas, si no llegamos a ese lugar. No basta saber que Jesús nació, como Herodes, si no lo encontramos. Cuando su dónde se convierte en nuestro dónde, su cuándo en nuestro cuándo, su persona en nuestra vida, entonces las profecías se cumplen en nosotros. Entonces Jesús nace dentro de mí y se convierte en un Dios vivo para mí. Hoy estamos invitados a imitar a los Reyes Magos. No discuten, sino que caminan; no se quedan a mirar, sino que entran en la casa de Jesús; no se ponen en el centro, sino que se inclinan ante Él, que es el centro; no se fijan en sus propios planes, sino que están dispuestos a tomar otros caminos”, concluyó el Pontífice.

Misa de la Epifanía de Nuestro Señor

 

06 enero 2019, 10:16


Deja un comentario

Enero 6, epifanía o Reyes Magos. Homilía de J.A, Jáuregui S.J.

 

 

Hoy celebra la Iglesia la festividad de la Epifanía del Señor, en términos paulinos: la fiesta de la gran revelación del misterio escondido desde todos los siglos en el profundo arcano del proyecto salvador de Dios. El mysterion del que habla san Pablo en Rom (11,25) y en la carta a los Efesios. Esa obra increíble que menciona Pablo en Hch 13,41 citando al profeta Habacuc 1,5.(“Ved, despreciadores, sorprendeos y desapareced, porque yo voy a realizar una obra en vuestros días, una obra que no la creeríais si alguno os la contara”).   Ese misterio profundo, esa obra increíble no es otra cosa que la Iglesia. Celebramos hoy, pues, la obra por excelencia de Jesucristo que es la Iglesia universal establecida por todos los pueblos de la tierra.

Las lecturas de hoy  relatan la parábola descrita desde la cautividad de Babilonia (s. VI a.C.) hasta el tiempo de la realización del proyecto salvador de Dios en la Iglesia cristiana, en ese laós ex ethnon (= pueblo extraído de todas las naciones) que desborda inmensamente la prerrogativa de un pueblo que llegó a creerse el pueblo de Dios por excelencia con exclusión de las naciones. En la primera lectura Isaías describe desde el destierro en el siglo VI a.C. el sueño de la vuelta de los desterrados de Israel en términos de una peregrinación centripetal de todas las naciones hacia Jerusalén. Allí tendrá lugar un juicio en el que comparecerán todas las naciones y en el que Israel habrá de desempeñar el papel importante de testigo. Las naciones reconocerán que el Dios de Israel es el único Dios verdadero. Si Jeremías había descrito poco antes su propio destierro en clave de anti-éxodo a Egipto, Isaías, a la luz de la portentosa hazaña del éxodo de Egipto hasta llevar al pueblo a la tierra prometida, describe la vuelta de Babilonia como una réplica del éxodo de los israelitas de Egipto.

El evangelio de san Mateo presenta como un fenómeno de dimensiones cósmicas la realización histórica de esa gran promesa de Isaías. Una estrella conduce a unos magos de Oriente hasta el lugar donde se encuentra el recién nacido Rey de Israel.          Se han llevado a cabo muchos estudios acerca del género literario de esta descripción, mezcla de elementos midráshicos con otros de intencionada verosimilitud histórica. San Mateo quiso indudablemente presentar por encima de todo en una fascinante prolepsis la realidad viviente de su propia Iglesia que era, en la fe de aquellos cristianos, la realización de la profecía de Isaías. Los magos de Oriente, que obviamente eran gentiles, peregrinan a Jerusalén para reconocer con sus regalos la realeza de Jesús y la manifestación escatológica de la salvación de Dios en este Niño recién nacido. Estos magos cumplen anticipadamente lo que Jesús profetizará con ocasión de la fe del centurión pagano en el cap. 8º de Mt: “Y os aseguro que vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas de fuera”. Con esta dualidad antagónica entre el pueblo que no acepta y el no-pueblo que recibe al Mesías-Jesús con alegría presenta san Mateo de modo simbólico y anticipado el gran misterio de la revelación de la salvación de Dios a todas las naciones cumplida en el nacimiento de Jesucristo. El evangelista anticipa así lo que Jesús resucitado mandará a sus discípulos al final del Evangelio: “Id y haced discípulos de todos los pueblos”.En la narración de esta secuencia Mateo está influenciado por la evolución que había tenido lugar en el último tercio del siglo I y por la historia de su propia comunidad eclesial. Aunque la proclamación del evangelio se había hecho en primer lugar a los judíos, la mayor parte del pueblo judío había rechazado a Jesús como Mesías. Mientras los cristianos eran perseguidos, azotados en las sinagogas y relegados a los tribunales paganos para dar testimonio de Jesús, los gentiles acudían en masa a las comunidades cristianas. Los magos de Oriente, sabios y doctos entre los gentiles, reciben la proclamación de Jesús como Mesías  a través de un fenómeno cósmico. Pero, aunque se dieron prisa en ir a Jerusalén a rendir homenaje, la revelación completa acerca del Mesías la reciben a través de la fuente de la revelación que son las Escrituras. Y ahí se  cumple la paradoja: los judíos que tienen las Escrituras y pueden leer en ellas lo que han dicho los profetas, no se molestan en ir a Belén a adorar al rey recién nacido. En la doble  reacción ante esta proclamación por la estrella y las Escrituras, los sabios gentiles aceptan y rinden homenaje, mientras que el que gobierna en Jerusalén y todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo no creen. Al contrario, conspiran contra el rey de los judíos e intentan matarlo.

San Mateo plasmó en esta descripción una anticipación de la pasión de Jesús. En el juicio y crucifixión de Jesús, el gobernador de Jerusalén y todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo estaban confabulados contra Jesús. Sobre ese modelo están calcados los personajes del relato evangélico de hoy: el rey de Jerusalén todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo. En la pasión todo el pueblo aceptó la responsabilidad de la sangre de Jesús. Aquí Jerusalén entera se une al miedo de las autoridades ante el nacimiento del Mesías. Finalmente los magos buscan al rey de los judíos. Fue curiosamente la acusación colocada en la cabecera de la cruz de Jesús: “El rey de los judíos”.La segunda lectura recoge un fragmento de la carta de san Pablo a los Efesios que es la reflexión más profunda y sistemática de este proyecto salvador de Dios realizado en el misterio por antonomasia que es la Iglesia de Jesucristo. Ese misterio al que alude sin entenderlo san Pablo en la carta a los romanos y le hace exclamar: “¡Oh, profundidad de riqueza y de sabiduría y de conocimiento de Dios! ¿Qué insondables son sus juicios y que irrastreables sus caminos!”(Rom 11,33).


Deja un comentario

Fiesta de la Epifanía: homilía de J.A. Jáuregui S.J.



Fiesta de la epifanía.



Hoy celebra la Iglesia la festividad de la Epifanía del Señor, en términos paulinos: la fiesta de la gran revelación del misterio escondido desde todos los siglos en el profundo arcano del proyecto salvador de Dios. El mysterion del que habla san Pablo en Rom (11,25) y en la carta a los Efesios. Esa obra increíble que menciona Pablo en Hch 13,41 citando al profeta Habacuc 1,5.(“Ved, despreciadores, sorprendeos y desapareced, porque yo voy a realizar una obra en vuestros días, una obra que no la creeríais si alguno os la contara”).

Las lecturas de hoy  relatan la parábola descrita desde la cautividad de Babilonia (s. VI a.C.) hasta el tiempo de la realización del proyecto salvador de Dios en la Iglesia cristiana, en ese laós ex ethnon (= pueblo extraído de todas las naciones) que desborda inmensamente la prerrogativa de un pueblo que llegó a creerse el pueblo de Dios por excelencia con exclusión de las naciones.

En la primera lectura Isaías describe desde el destierro en el siglo VI a.C. el sueño de la vuelta de los desterrados de Israel en términos de una peregrinación centripetal de todas las naciones hacia Jerusalén. Allí tendrá lugar un juicio en el que comparecerán todas las naciones y en el que Israel habrá de desempeñar el papel importante de testigo. Las naciones reconocerán que el Dios de Israel es el único Dios verdadero. Si Jeremías había descrito poco antes su propio destierro en clave de anti-éxodo a Egipto, Isaías, a la luz de la portentosa hazaña del éxodo de Egipto hasta llevar al pueblo a la tierra prometida, describe la vuelta de Babilonia como una réplica del éxodo de los israelitas de Egipto.

El evangelio de san Mateo presenta como un fenómeno de dimensiones cósmicas la realización histórica de esa gran promesa de Isaías. Una estrella conduce a unos magos de Oriente hasta el lugar donde se encuentra el recién nacido Rey de Israel.

Se han llevado a cabo muchos estudios acerca del género literario de esta descripción, mezcla de elementos midráshicos con otros de intencionada verosimilitud histórica. San Mateo quiso indudablemente presentar por encima de todo en una fascinante prolepsis la realidad viviente de su propia Iglesia que era, en la fe de aquellos cristianos, la realización de la profecía de Isaías. Los magos de Oriente, que obviamente eran gentiles, peregrinan a Jerusalén para reconocer con sus regalos la realeza de Jesús y la manifestación escatológica de la salvación de Dios en este Niño recién nacido. Estos magos cumplen anticipadamente lo que Jesús profetizará con ocasión de la fe del centurión pagano en el cap. 8º de Mt: “Y os aseguro que vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas de fuera”.

Con esta dualidad antagónica entre el pueblo que no acepta y el no-pueblo que recibe al Mesías-Jesús con alegría presenta san Mateo de modo simbólico y anticipado el gran misterio de la revelación de la salvación de Dios a todas las naciones cumplida en el nacimiento de Jesucristo. El evangelista anticipa así lo que Jesús resucitado mandará a sus discípulos al final del Evangelio: “Id y haced discípulos de todos los pueblos”.

En la narración de esta secuencia Mateo está influenciado por la evolución que había tenido lugar en el último tercio del siglo I y por la historia de su propia comunidad eclesial. Aunque la proclamación del evangelio se había hecho en primer lugar a los judíos, la mayor parte del pueblo judío había rechazado a Jesús como Mesías. Mientras los cristianos eran perseguidos, azotados en las sinagogas y relegados a los tribunales paganos para dar testimonio de Jesús, los gentiles acudían en masa a las comunidades cristianas. Los magos de Oriente, sabios y doctos entre los gentiles, reciben la proclamación de Jesús como Mesías  a través de un fenómeno cósmico. Pero, aunque se dieron prisa en ir a Jerusalén a rendir homenaje, la revelación completa acerca del Mesías la reciben a través de la fuente de la revelación que son las Escrituras. Y ahí se  cumple la paradoja: los judíos que tienen las Escrituras y pueden leer en ellas lo que han dicho los profetas, no quieren adorar al rey recién nacido. En la doble  reacción ante esta proclamación por la estrella y las Escrituras, los sabios gentiles aceptan y rinden homenaje, mientras que el que gobierna en Jerusalén y todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo no creen. Al contrario, conspiran contra el rey de los judíos e intentan matarlo.

San Mateo plasmó en esta descripción una anticipación de la pasión de Jesús. En el juicio y crucifixión de Jesús, el gobernador de Jerusalén y todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo estaban confabulados contra Jesús. Sobre ese modelo están calcados los personajes del relato evangélico de hoy: el rey de Jerusalén todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo. En la pasión todo el pueblo aceptó la responsabilidad de la sangre de Jesús. Aquí Jerusalén entera se une al miedo de las autoridades ante el nacimiento del Mesías. Finalmente los magos buscan al rey de los judíos. Fue curiosamente la acusación colocada en la cabecera de la cruz de Jesús: “El rey de los judíos”.

         La segunda lectura recoge un fragmento de la carta de san Pablo a los Efesios que es la reflexión más profunda y sistemática de este proyecto salvador de Dios realizado en el misterio por antonomasia que es la Iglesia de Jesucristo. Ese misterio al que alude sin entenderlo san Pablo en la carta a los romanos y le hace exclamar: “¡Oh, profundidad de riqueza y de sabiduría y de conocimiento de Dios! ¿Qué insondables son sus juicios y que irrastreables sus caminos!”(Rom 11,33).


Deja un comentario

Regalo del Papa en la epifanía.

Epifanía; los “Íconos de la Misericordia” distribuidos por los “sin techo”

Un librito será regalado al final de la oración del Ángelus: lo entregarán pobres y refugiados a los fieles y peregrinos
LAPRESSE

Fieles en la Plaza San Pedro

Pubblicato il 06/01/2017
Ultima modifica il 06/01/2017 alle ore 11:06
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO
Un pequeño nuevo regalo para los fieles hoy, 6 de enero de 2017, por la mañana, participan en el Ángelus en la Plaza San Pedro, en el día de la Epifanía. Se trata del pequeño volumen titulado «Íconos de Misericordia».«La pequeña obra de bolsillo, que será distribuido gratuitamente como regalo de Papa Francisco —se lee en el comunicado de la Limosnería apostólica guiada por el obispo Konrad Krajewski— pretende seguir ofreciendo, como uno de los pequeños frutos del Jubileo Extraordinario, concluido hace poco, algunos puntos de reflexión y de oración sobre la misericordia infinita de Dios. La figura de Jesús misericordioso es presentada en estas pocas páginas mediante seis episodios evangélicos que cuentan la experiencia de otras tantas personas transformadas por su amor: la pecadora, Zaqueo, Mateo el publicano, la samaritana, el buen ladrón, el apóstol Pedro. Seis íconos, justamente, de misericordia».

Francisco presentará y enseñará el librito desde la ventana del Palacio Apostólico y, al concluir la oración mariana, «nuevamente los pobres, los sin techo y los prófugos, además de muchos religiosos y voluntarios, regalarán los 50.000 libritos a las personas que estén presentes en la Plaza». Al final de la distribución el Papa ofrecerá un «tentempié» a los encargados de ella, que serán más de 300.


Deja un comentario

La epifanía hoy, en palabras del Papa.

“No nos dejemos cegar por el dinero: sigamos la luz de Jesús”

Durante el Ángelus, Francisco felicitó al Oriente cristiano, que mañana celebra la Navidad, y animó a los jóvenes misioneros
AFP

El Ángelus de Papa Francisco

157
0
Pubblicato il 06/01/2017
Ultima modifica il 06/01/2017 alle ore 13:03
GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO
«Que nuestra estrella no sean las luces enceguecedoras del dinero y del éxito —recomendó el Papa. En donde está Dios hay alegría, valentía, la luz de Jesús sabe vencer las tinieblas más oscuras». Después de la celebración de la Epifanía en la basílica vaticana, Francisco se asomó desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos que estaban reunidos en la Plaza San Pedro. «La vida cristiana es camino de búsqueda, evitando insidias, y no basta saber que Dios nació, si no se hace la Natividad en el corazón», advirtió. «Celebramos hoy la Epifanía del Señor, es decir la manifestación de Jesús, que resplandece como luz para todas las gentes —afirmó Jorge Mario Bergoglio antes de la oración mariana. Símbolo de esta luz que resplandece en el mundo y quiere iluminar la vida de cada uno es la estrella, que guió a los Magos a Belén. Ellos, dice el Evangelio, vieron “surgir su estrella”, y decidieron seguirla: decidieron dejarse guiar por la estrella de Jesús». Y, añadió Francisco, «también en nuestra vida hay diferentes estrellas, luces que brillan y orientan. Somos nosotros los que debemos decidir cuáles seguir: hay luces intermitentes, que van y vienen, como las pequeñas satisfacciones de la vida: aunque sean buenas no son suficientes, porque duran poco y no dejan la paz que buscamos».También existen, continuó, «las luces enceguecedoras del dinero y del éxito, que prometen todo e inmediatamente: son seductoras, pero con su fuerza ciegan y hacen pasar de los sueños de gloria a la oscuridad más densa». Los Magos, por el contrario, «invitan a seguir una luz estable y gentil, que no se apaga, porque no es de este mundo: proviene del cielo y resplandece en el corazón». De hecho, «esta luz verdadera es la luz del Señor, o mejor, es el Señor. Él es nuestra luz: una luz que no deslumbra, sino que acompaña y que da una alegría única: esta luz es para todos y llama a cada uno». Por ello, precisó el Pontífice, «podemos sentir que se dirige a nosotros la invitación de hoy del profeta Isaías: “Levántate, revístete de luz”, y, al inicio de cada día, podemos acoger esta invitación: levántate y revístete de luz, sigue hoy, de entre todas las estrellas del mundo, la estrella luminosa de Jesús». Así, «siguiéndola, tendremos la alegría, como le sucedió a los Magos, quienes “al ver la estrella, sintieron una alegría enorme”, porque en donde está Dios hay alegría». Y «quien ha encontrado a Jesús ha experimentado el milagro de la luz que disuelve las tinieblas, y conoce esta luz que ilumina y aclara».

Por ello, subrayó el Papa, «quisiera, con mucho respeto, invitar a todos a no tener miedo de esta luz y a abrirse al Señor». Sobre todo, «quisiera decirles a los que han perdido la fuerza para buscar, a los que, superados por las oscuridades de la vida, han apagado el deseo: ¡ánimo, la luz de Jesús sabe vencer sobre las tinieblas más oscuras!”. Pero, ¿cómo encontrar esta luz divina? —se preguntó Francisco. Sigamos el ejemplo de los Magos, a los que el Evangelio describe siempre en movimiento. Quien quiere la luz, de hecho, sale de sí y busca: no se queda encerrado, detenido viendo qué sucede alrededor, sino que pone en juego la propia vida». Por ello, «la vida cristiana es un camino continuo, hecho de esperanza y de búsqueda, un camino que, como el de los Magos, prosigue incluso cuando la estrella desaparece momentáneamente de la vista».

En este camino «hay también insidias que deben ser evitadas: los chismes superficiales y mundanos, que frenan el paso; los caprichos paralizadores del egoísmo, los huecos del pesimismo, que atrapa a la esperanza». Y «estos obstáculos bloquearon a los escribas, de los que habla el Evangelio de hoy, ellos sabían donde estaba la luz, pero no se movieron, su conocimiento fue vano: no basta saber que Dios ha nacido, si no se hace con Él la Natividad en el corazón». En cambio, «los Magos lo hicieron: encontraron al Niño “se postraron y lo adoraron”. No solo lo vieron, no dijeron una oración de circunstancia, sino que adoraron». Es decir, puntualizó Francisco, «entraron en una comunión personal de amor con Jesús». Después «le regalaron oro, incienso y mirra, es decir sus bienes más preciosos. Aprendamos de los Magos a no dedicar a Jesús solo retazos de tempo y algún pensamiento de vez en cuando, de lo contrario no tendremos su luz». Y, «como los Magos, pongámonos en camino, revistámonos de luz, siguiendo la estrella de Jesús, y adoremos al Señor con todo nuestro ser».

Una catequesis que resume el sentido de la fiesta de hoy. «La Epifanía es la Jornada de la Infancia misionera», recordó el Papa, que indicó a los jóvenes como modelo «los niños y chicos que en muchas partes del mundo se comprometen para llevar el Evangelio y ayudar a sus coetáneos en dificultades». A ellos dirigió nuevamente su aliento, después de que durante el Te Deum de fin de año hubiera llamado la atención sobre las nuevas generaciones.

Después de la oración mariana, el Pontífice recordó que «las comunidades eclesiales del oriente, que siguen el calendario juliano, celebrarán mañana la Santa Natividad: en espíritu de alegre fraternidad, deseo que el nuevo nacimiento del Señor Jesús los colme de luz y de paz».

Una vez más, fueron los pobres, los sin techo y los prófugos, en compañía de muchos voluntarios y religiosos, los que regalaron hoy 50 mil libritos con las páginas del Evangelio sobre la Misericordia. «Hablando de dones —dijo el Papa— pensé hacerles un regalo, aunque me falten los camellos: el librito “Íconos de misericordia”». Papa Francisco anunció con estas palabras la distribución de los 50 mil libritos entre los fieles y peregrinos que estaban presentes en la Plaza San Pedro. «El don de Jesús —explicó— es la misericordia del Padre y, para recordar este don de Dios, les haré este don que les distribuirán pobres, sin techo, prófugos y muchos voluntarios a quienes saludo cordialmente y agradezco verdaderamente desde el corazón». «Les deseo —concluyó— un año de justicia, de perdón, de serenidad, pero sobre todo un año de misericordia. Les ayudará leer este libro. Es de bolsillo y pueden llevarlo con ustedes. Por favor, no se olviden de hacerme el don de su oración».


Deja un comentario

El Papa en la fiesta de los Reyes Magos.

«Sigamos la luz que Dios nos da», invitación del Papa Francisco en la Solemnidad de la Epifanía del Señor

2016-01-06 Radio Vaticana

(RV).-  «Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel». Lo dijo el Papa Francisco este miércoles 6 de enero, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, presidiendo la Santa Misa en la Basílica Vaticana.

Reflexionando sobre las palabras que el profeta Isaías dirigió a la ciudad santa de Jerusalén, « ¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1), una invitación a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz de Jesús que ilumina nuestras vidas, el Papa señaló que la Iglesia no puede pretender brillar con luz propia porque “Cristo es la luz verdadera que brilla” y “en la medida en que la Iglesia está unida a él” y “se deja iluminar por él”, ilumina “la vida de las personas y de los pueblos”.

De este modo los Magos que aparecen en el Evangelio representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios: “delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura”, dijo, y “la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno”. Entre las muchas estrellas del cielo, los Magos siguieron una “distinta, nueva, mucho más brillante para ellos”, y  esto “encierra una enseñanza para nosotros”. También hoy muchas personas, como los Magos, viven con el “corazón inquieto”, “haciéndose preguntas a las que no encuentran respuestas seguras”, “reconozcamos que la verdadera sabiduría” se esconde en el rostro de Cristo, y que “en la sencillez de Belén”, “encuentra su síntesis la vida de la Iglesia”.

(GM – RV)

Voz y texto completo de la Homilía del Papa Francisco:

Las palabras que el profeta Isaías dirige a la ciudad santa de Jerusalén nos invitan levantarnos, a salir; a salir de nuestras clausuras, a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz que ilumina nuestras vidas: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1). «Tu luz» es la gloria del Señor. La Iglesia no puede pretender brillar con luz propia, no puede. San Ambrosio nos lo recuerda con una hermosa expresión, aplicando a la Iglesia la imagen de la luna, y dice así: «La Iglesia es verdaderamente como la luna: […] no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”» (Hexameron, IV, 8, 32). Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos. Por eso, los santos Padres veían a la Iglesia como el «mysterium lunae».

Necesitamos de esta luz que viene de lo alto para responder con coherencia a la vocación que hemos recibido. Anunciar el Evangelio de Cristo no es una opción más entre otras posibles, ni tampoco una profesión. Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer proselitismo; para la Iglesia, ser misionera equivale a manifestar su propia naturaleza: es decir, dejarse iluminar por Dios y reflejar su luz. Éste es su servicio. No hay otro camino. La misión es su vocación: hacer resplandecer la luz de Cristo es su servicio. Muchas personas esperan de nosotros este compromiso misionero, en este sentido, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre.

Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno.  Éste es el servicio de la Iglesia, con la luz que refleja: hacer emerger el anhelo de Dios que cada uno lleva en sí mismo. Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras; es la inquietud del Espíritu Santo que se mueve en los corazones. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén.

¡Cuántas estrellas hay en el cielo! Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran libro del cielo buscando una respuesta a sus preguntas  – tenían el corazón inquieto – y, al final, la luz apareció. Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz; – es la voz del Espíritu Santo, que trabaja en todas las personas – y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.

Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. ¡Sigamos la luz que Dios nos da, pequeñita! El himno del breviario nos dice poéticamente que los Magos “lumen requirunt lumine”, aquella pequeña luz. La luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. La verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas en el mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz.