Loiola XXI

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Paraísos fiscales. Comentario de Cristianisme i justicia.

#ParadisePapers: ¿Por qué no somos capaces de acabar con los paraísos fiscales?

#PARADISEPAPERS: ¿POR QUÉ NO SOMOS CAPACES DE ACABAR CON LOS PARAÍSOS FISCALES?

Xavier Casanovas. Esta es la pregunta que mucha gente se hace esta semana después de la publicación de los #ParadisePapers, la nueva filtración de documentos provenientes de paraísos fiscales con nombres de personalidades y empresas que utilizaban la empresa AppleBuy situada en las Bermudas para ocultar patrimonio.

Ciertamente parece inverosímil que encadenando escándalos como el #SwissLeaks, #LuxLeaks#PanamaPapers, etc. sigamos hablando de la existencia de paraísos fiscales, de la falta de regulación de estos a nivel internacional, y de la falta de cooperación política para hacer frente a una realidad que se calcula que esconde más de 6 billones de dólares y que implica una sangría de 90.000 millones de dólares anuales en las arcas de los países en vías de desarrollo.

Tres razones por las que creo que, a pesar de la evidencia y el rechazo social que generan, todavía no somos capaces de acabar con los paraísos fiscales:

1.- Empresas contra países. Como explicaba en el último cuaderno de Cristianismo y Justicia, la globalización ha sido un descalabro que necesita ser gobernado democráticamente. Esto es ciertamente difícil en un contexto en el cual resulta que de las 100 primeras entidades económicas del mundo, solo 31 son países, y 69 son empresas. Como muestra, Amazon tiene una cifra de negocio equivalente al presupuesto de un país como Portugal. Así pues esta es una lucha de poder entre intereses empresariales claramente alineados y convergentes contra intereses democráticos cada vez más divergentes, y de momento van ganando los primeros.

2.- Las élites contra el resto. También sabemos que la utilización de los paraísos tiene lugar, sobre todo, entre las élites económicas. Las últimas filtraciones nos han dado evidencia de que el fraude fiscal llega casi al 30% si ponemos el foco en el 0,01% más rico de la población:


3.- Los intereses particulares contra el bien común. Parece que todo esto debería acabar en un gran pacto global entre países que aislara de una vez por todas este tipo de prácticas. Pero podemos ver cómo los intereses diplomáticos y políticos se imponen en este tipo de negociaciones. Vemos el caso de España, donde cinco países con jurisdicciones opacas de los analizados en los #ParadisePapers no están considerados actualmente paraísos fiscales: Trinidad y Tobago, Aruba, Bahamas, Barbados y Malta. Hacienda retiró una quincena de ellos en 2015. Entre estos ya no se incluye Panamá, que salió de la lista de paraísos fiscales españoles en 2010. Zapatero lo retiró por la presión de constructoras como Sacyr o FCC con el fin de ganar concursos para la ampliación del Canal.

En fin, parafraseando a Marx podemos decir con claridad que los intereses dominantes responden a los intereses de la clase dominante. Ahora bien, la buena noticia es que mientras gobernantes y entes públicos van muy lentos en aplicar una agenda contraria a los paraísos fiscales -hace años que se habla de una lista negra europea de paraísos fiscales, que teóricamente debería ser publicada a finales de 2017 pero que a medida que avanza se va empequeñeciendo más y más-, este tipo de escándalos disparan al corazón de aquello que los paraísos fiscales buscan por encima de todo, la opacidad. Por cada paraíso destapado, un país cae de la lista de posibles escondites. Pasó con Suiza, con Panamá, y es muy probable que pase ahora con las Bermudas. No tengáis duda de que vendrán muchos más.

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La mujer y la iglesia. Comentario.


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Nuevo comportamiento con la alimentación.

Siete maneras de desperdiciar alimentos

SIETE MANERAS DE DESPERDICIAR ALIMENTOS

José Eizaguirre. Según la FAO, “Hasta un tercio de todos los alimentos se estropea o se desperdicia antes de ser consumido por las personas. Es un exceso en una época en la que casi mil millones de personas pasan hambre, y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos utilizados en la producción de esos alimentos”. Un exceso y un escándalo denunciados, entre otros, por el papa Francisco: «Sabemos que se desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen, y “el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre”» (LS 50).

La FAO se refiere al desperdicio de alimentos que se producen y no se consumen, en particular:

  1. Alimentos que se producen y no se comercializan por estar presuntamente defectuosos (por ejemplo, fruta o verdura con alguna imperfección).
  2. Alimentos que se comercializan, no llegan a venderse (por estar próxima su fecha de caducidad, por constituir restos de existencias o por otros motivos comerciales), y son tirados a la basura.
  3. Alimentos que se venden y, por una mala gestión doméstica o de hostelería, no llegan a consumirse.

Pero estas tres maneras de desperdiciar alimentos deben completarse con otras cuatro menos conocidas:

  1. La propia manera de producir los alimentos en algunos casos es muy derrochadora. Por ejemplo, hacen falta diez kilos de pienso para producir un kilo de carne de ternera “industrial” (la que procede de animales estabulados, alimentados con pienso y sacrificados según un calendario programado). Piensos elaborados con cereales (fundamentalmente maíz y trigo) y soja, que son alimentos aptos para el consumo humano. Y sabemos que hay más alimento en diez kilos de cereales y soja que en un kilo de ternera. Cultivar soja y cereales, utilizando agua, fertilizantes, pesticidas y maquinaria agrícola movida por gasóleo, para destinarlos no a consumo humano sino a la fabricación de carne, con la importante pérdida de nutrientes que ese proceso supone, no solo es una ofensa a las personas que pasan hambre sino también es una manera muy derrochadora de producir alimentos.
  2. A esto habría que añadir que muchos procesos industriales producen alimentos de mala calidad. Volviendo al ejemplo, cultivar cereales, con toda la “mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos utilizados” y luego refinarlos, quitándoles el salvado del grano, es una desgraciada manera de producir alimentos incompletos, que alimentan menos que si se mantuvieran en su integridad. Efectivamente, los cereales integrales contienen minerales y vitaminas que no aportan los cereales refinados. Tanto esfuerzo y recursos para producir ese tipo de alimentos deliberadamente empobrecidos es otra manera, triste y escandalosa, de desperdicio derrochador.
  3. Por otra parte, recordemos que no nos alimenta lo que comemos sino lo que nuestro cuerpo asimila. Por eso, todo lo que hagamos por aprovechar al máximo los nutrientes que ingerimos contribuirá a evitar desperdiciarlos. Y esto empezando por una buena masticación, pues la saliva aporta enzimas que favorecen la asimilación de los nutrientes en el resto del aparato digestivo. Comer despacio y masticando bien, posibilitando una buena digestión de los alimentos, no solo supone indudables beneficios para la propia salud sino que se reviste de una dimensión ética y solidaria. En un mundo en el que casi mil millones de personas pasan hambre, ingerir alimentos y no asimilar parte de sus nutrientes por una mala masticación, supone un desperdicio de nutrientes que tiene también su dimensión ética, pues “el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre”. Por eso, masticar bien es una cuestión de justicia.
  4. Y finalmente, algo que resulta obvio: comer de más es otra triste manera de desperdiciar alimentos. Una forma de dieta en la que de manera habitual (no me refiero a ocasiones o celebraciones puntuales) comemos más de lo que realmente necesitamos, con las complicaciones y riesgos para la salud que ello entraña, no solo es una falta de cuidado hacia nuestro propio cuerpo sino una falta de consideración hacia las personas que no pueden comer lo suficiente.

Ante estas siete maneras de desperdiciar alimentos, ¿qué podemos hacer? Lo primero, ser conscientes y ponernos en camino de conversión. Y, si es nuestro caso, convertir algunas pautas de pensamiento y comportamiento:

  1. Cambiar nuestra rigurosa mentalidad ante los alimentos “imperfectos”. La fruta y la verdura con imperfecciones es tan nutritiva (y a veces más sabrosa) que esa otra impecable de presentación, que parece salida de una fábrica más que de un huerto. Si podemos, apuntarnos a algún grupo de consumo que distribuya verdura y fruta de productores cercanos y ecológicos.
  2. Ser conscientes de la dimensión política del derroche alimentario. Los criterios de fechas de consumo preferente y fechas de caducidad, así como las normativas que obligan a tirar alimentos en buen estado responden a políticas concretas establecidas por programas políticos elegidos por los ciudadanos (en Francia se ha prohibido por ley desperdiciar la comida sobrante de los supermercados). Es interesante y motivador conocer las actividades de la organización Feeding ZGZ, que lleva años combatiendo con creatividad el desperdicio de alimentos.
  3. Ser cuidadosos en casa en la gestión de la comida, para no tener que tirar nada. Comprar lo justo, planificar, congelar, compartir… ¡Todo menos desperdiciar comida!
  4. Comer menos carne y, sobre todo, evitar la carne de producción industrial, sobre todo la de ternera. Comer carne una o dos veces a la semana es suficiente para una alimentación equilibrada.
  5. Renunciar a los alimentos que nutren poco o nada (por ejemplo, las bebidas gaseosas). En particular, evitar los cereales refinados (pan, pasta, arroz) e irnos cambiando a los cereales integrales.
  6. Comer despacio, masticando bien, disfrutando de lo que comemos, siendo conscientes y agradecidos. «Estamos hablando de una actitud del corazón, que vive todo con serena atención (…) Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce a aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados» (LS 226-227).
  7. Y si comemos despacio, masticando bien, disfrutando con el sabor de cada bocado y aprovechando al máximo sus nutrientes, nos daremos cuenta de que nos saciamos antes, comeremos lo que nuestro cuerpo necesita, dejaremos de sentirnos pesados después de las comidas y, tal vez, nos sentiremos personas más conscientes, agradecidas y solidarias.


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La lucha contra el terrorismo no justifica la violación de derechos humanos.

No se puede luchar contra el terrorismo sin respetar los derechos humanos

NO SE PUEDE LUCHAR CONTRA EL TERRORISMO SIN RESPETAR LOS DERECHOS HUMANOS

Albert Caramés. Cuando ya ha pasado un mes de los ataques en Barcelona y Cambrils, tiempo prudencial para tomar cierta perspectiva, nos damos cuenta de cómo nuestros gobiernos han buscado una solución a extremismos violentos a través de un conjunto de medidas antiterroristas basadas exclusivamente en la acción policial y militar, así como en la limitación de nuestros derechos y libertades. En nombre de la lucha contra el terrorismo, hemos observado un uso extensivo del poder policial y la adopción de un arsenal legal represivo responsable de violaciones de derechos humanos en toda la Mediterránea. Por todo ello, el Observatorio para la Prevención del Extremismo Violento (OPEV)* ha presentado en el Día Internacional por la Paz un análisis comparado (“Sin derechos no hay seguridad”) del impacto en materia de derechos humanos de la legislación antiterrorista en el Mediterráneo.

La vaguedad en las definiciones de terrorismo y de acto terrorista incorporadas a las legislaciones nacionales, primer motivo de denuncia de dicho estudio, lleva a la persecución indeterminada de individuos y colectivos, además de la criminalización arbitraria de actividades percibidas como una amenaza para la seguridad del estado. Ello lleva a un abuso indiscriminado, arbitrario y sujeto a intereses y subjetividades de las posibilidades del término, así como a la adopción de políticas que vulneran los derechos humanos.

En consecuencia, los derechos civiles y políticos (libertad de expresión, asociación, opinión, participación y reunión) quedan fuertemente dañados y ponen en entredicho la legitimidad del contrato social entre gobernantes y ciudadanía. Los casos de torturas y tratos inhumanos, crueles y degradantes constituyen una constante de denuncia durante todo el informe. Estas violaciones perpetradas se dan, además, en un clima de impunidad, donde la denegación del derecho de reparación y la falta de investigación y persecución de los culpables constituye una constante en la región.

Si nos fijamos en cómo se ha visto afectada la región mediterránea veremos cómo, empezando por el norte de África, países que fueron testigos de la llamada “Primavera árabe” con esperanzas de cambio y democratización desde hace unos años, experimentan actualmente una inversión absoluta de los términos bajo los que plantearon las expectativas de revolución popular. En Oriente Medio, en países como Irak y Siria siguen inmersos en un conflicto armado. Tanto la actuación de grupos terroristas o del DAESH como los bombardeos de la coalición internacional (liderada por EE.UU.) han acabado con la vida de cientos de civiles, a ello hay que añadir detenciones arbitrarias por parte de los cuerpos de seguridad.

En Europa, las principales puertas de entrada de solicitantes de asilo y migrantes hacia Europa, Grecia e Italia, vulneran de forma masiva la legislación internacional en materia de derechos humanos, aplicando medidas hiperrestrictivas en las políticas migratorias o practicando devoluciones “en caliente”. Por otro lado, países como España han aprobado legislaciones que Amnistía Internacional ha calificado de “orwellianas”, sin tener que ampliar lo que se entiende al respecto. Todo el entramado legislativo que el Gobierno aprobó en 2015 (incluyendo una ley de seguridad nacional y otra de seguridad ciudadana), se ha convertido en objeto de serias preocupaciones, ya que vulnera el derecho a la protesta, vulnerando asimismo el derecho a la libertad de expresión, manifestación y reunión pacífica.

Para delimitar los vacíos morales que contribuyen a toda radicalización violenta, resulta indispensable que los estados respeten el estado de derecho y apliquen condiciones para la justicia social y la buena gobernanza. La protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales, en cumplimiento de la legalidad internacional, debe ser una premisa esencial en toda estrategia contra el terrorismo, coherente con la construcción de sociedades abiertas y plurales, inclusivas y socialmente cohesionadas, que promuevan alternativas efectivas a toda forma de extremismo violento. En definitiva, hay que buscar una aproximación integral y preventiva a las causas y factores subyacentes que conducen a la propagación de toda forma de extremismo violento.

* El Observatorio para la Prevención del Extremismo Violento (OPEV) es una plataforma de más de 170 organizaciones de la sociedad civil euromediterránea adheridas a un Plan de Acción de la sociedad civil para la prevención de todas las formas de extremismo violento (Para más información: http://www.opev.org)


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Cuatro años de pontificado. Análisis.


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La misericordia. Verdadero significado

La misericordia

victims-69535_960_720Voces. Rodolfo Cardenal. [Noticias UCA] Hay quienes invocan la misericordia como subterfugio para justificar la impunidad. Pero esos tales tienen un concepto equivocado de la misericordia. La misericordia no es permisiva. Eso sería banalizarla. Y eso es, precisamente, lo que hacen los oficiales militares salvadoreños señalados por crímenes de lesa humanidad al reclamar el perdón cristiano. Quizás porque sospechan que la ley de amnistía que los protege puede desaparecer por una sentencia judicial. El perdón que reclaman es un perdón sin la verdad que aporta la justicia. Pero el perdón sin verdad no sana. Tampoco la amnistía reconcilia. Por eso, El Salvador aún tiene abiertas aquellas antiguas heridas que, en la actualidad, sangran literalmente.

La misericordia acerca el corazón a la miseria del otro, en este caso, a las decenas de miles de víctimas humilladas por incontables violaciones a su dignidad humana y derechos. Por lo tanto, no desconoce esta realidad, sino que se acerca a ella respetuoso y asombrado ante el horror causado por la maldad humana. Misericordia es poner el corazón en la miseria. Por eso, el misericordioso lo pone ahí donde esa miseria se ha materializado en extremos inenarrables. Así, los señalados por violaciones a los derechos humanos encontrarán misericordia cuando de manera avergonzada y arrepentida pongan su corazón en esa realidad execrable que ellos mismos han producido.

La misericordia es intrínsecamente dolorosa. El corazón sufre cuando se acerca a la miseria del otro y también cuando se acerca a la ruindad moral, porque el amor intenta triunfar sobre la indignación. Cuando el corazón se acerca a las víctimas se aflige y también lo hace cuando se aproxima a la perversidad del victimario. En ambos casos, se esfuerza para que el amor triunfe y así pueda abrirse el horizonte para la reconciliación de víctimas y victimarios. La reconciliación auténtica pasa por la verdad sobre las víctimas y por la superación de la vileza del victimario. El misericordioso sabe que la víctima vale más que esa miseria, que la mantiene encadenada en la humillación, el olvido y la injusticia. Asimismo, sabe que el victimario vale más que la miseria que lo mantiene en la oscuridad. Pero la misericordia es imposible cuando se niega empecinadamente la maldad causada por acciones intrínsecamente perversas. Más allá de eso, el misericordioso sabe que en este mundo histórica y socialmente pervertido, casi todo pecador es además una víctima. Y conoce suficientemente su propia miseria para comprender la del otro.

Ahora bien, los seres humanos no podemos ser auténticamente misericordiosos, porque no somos capaces de vivir simultáneamente el amor y la ira que provoca la indignación ante la víctima y la ruindad del victimario. Solo Dios es misericordioso. En Él, el amor triunfa sobre su ira. En eso consiste su dolor. Nosotros en cambio nos quedamos con que Dios es amor y eliminamos su ira, con lo cual nos hacemos un dios a la medida, una simple proyección de nuestros deseos infantiles. O bien nos quedamos solo con la ira y nos hacemos un dios del miedo, que desfigura toda religiosidad humana y que está presente en la actualidad en muchos de los que se consideran muy cristianos y muy católicos.

La misericordia es intrínseca y dinámicamente igualitaria. La carta de Pablo a los romanos concreta ese igualitarismo al declarar que todos somos pecadores y necesitados de la bondad de Dios, y que todos hemos sido agraciados y, por lo tanto, podemos acceder a esa bondad. La misericordia solo se da desde el reconocimiento de la propia maldad y perversión, y desde la aceptación de la bondad divina. Por eso, la misericordia no puede regalarse. Tampoco se puede ejercer de manera complaciente para sentirnos superiores a los demás. Excepto la crítica que brota de la indignación por el dolor causado a los demás, la otra, la más general, nace del orgullo de quien busca sentirse superior y ocultar su propia debilidad.

Todos los seres humanos estamos llamados a poner el corazón en la miseria humana, para lo cual hemos de aproximarnos a ella. Luego, hemos de dejar que nos impacte e indignarnos por lo que tiene de vileza e injusticia, y, movidos por la indignación, hacer realidad la justicia. Pero en un segundo momento, el amor debe imponerse sobre la indignación misma, el resentimiento y todo deseo de venganza. Entonces, la misericordia nos volverá un poco más humanos al desarrollar aquello que tenemos de divinos.

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Un cambio en nuestro estilo de vida? Comentario muy recomenable

Transformemos el mundo desde el afecto y la ternura I: la cuestión ecológica

environmentalism-224634_640Cristianisme i Justícia. Mirando el mundo tal y como está no hay duda de que necesita una revolución. Necesita una revolución ecológica, política, social y económica, pero fundamentalmente necesita una revolución del afecto y la ternura. No nos podemos permitir ni un minuto más amar y amarnos tan poco y tan mal. Nuestro cuerpo, nuestra psicología y nuestro corazón ya no resisten más odio, desesperanza y egoísmo. No podemos con más desconfianza, más miedo y más indiferencia. Estamos hechos para el amor.

Somos seres limitados. Vivimos en un cuerpo con necesidades concretas e ineludibles que van cambiando a lo largo de la vida. Nuestra psicología se rompe cuando traspasamos sus límites. No podemos vivir ignorando la realidad de nuestra fragilidad y finitud. No podemos eludir nuestra necesidad de los demás, porque no podemos vivir sin amor ni reconocimiento.  Nos necesitamos los unos a los otros, para sentir el calor de la estima y la amistad, para consolarnos de nuestra contingencia, para acompañarnos en nuestra soledad esencial. Nos necesitamos para sentirnos vivos, nos necesitamos para estar vivos.

No hay afecto sin el otro a quien amar. El afecto se expresa con palabras, gestos, actitudes y hechos. El afecto coge a toda la persona, transforma la cabeza, el corazón y los sentidos. En el abrazo, nos abrazan; en la mirada a los ojos, nos miran; en la cordialidad, el corazón se calienta; en la caricia, nuestra piel se siente reconfortada…No hay riqueza que compre el afecto o que destierre el odio, ni hay dinero que construya la esperanza y la confianza. Es tarea de cada uno de nosotros en la desnudez de nuestra humanidad y es tarea de toda la comunidad humana, confiando, eso sí, en que en el corazón de cada hombre y cada mujer Dios ha sembrado ya la simiente del Amor. Sin afecto y ternura, sin dedicar tiempo y energía a cuidarnos, estamos externalizando costes. Lo pagan nuestro cuerpo y nuestra psicología, lo pagan los más vulnerables y los excluidos de este mundo, lo paga la naturaleza, lo pagan las mujeres, lo pagan los niños y las niñas, las relaciones de vecindad, la familia, los amigos. En la vida concreta y limitada que nos ha sido dada, hay que dejar de hacer algunas cosas, liberar tiempo y energía, para poder amar y cuidar con afecto y con ternura.

En un mundo hostil a la Vida y a la humanidad, que nos endurece el corazón y nos desintegra, reivindicamos la revolución del afecto y la ternura. Afecto y ternura por decisión, porqué sí, como tarea en la cual entrenarse y dedicar tiempo y esfuerzo, como punto de partida, como lentes con las que mirar el mundo y las personas, como filtro para juzga e instrumento para actual. Es desde aquí, desde donde acabando ya el año 2015 queremos poner el foco sobre cinco realidades que necesitan ser transformadas o acogidas:

La cuestión ecológica

La crisis ecológica lo cambia todo. Los síntomas de agotamiento que sufre la tierra (escasez de agua potable, pérdida de biodiversidad, pérdida de tierras de cultivo…) y los signos de alerta que constantemente da aquí y allá (desertificación, contaminación de ríos y mares…), son preocupantes. Creer que la tecnología y la ciencia arreglarán el problema ecológico en el futuro es una falacia que nos anestesia y nos desresponsabiliza.  Nos jugamos la vida en ello, la presente y la futura.

Ya sufrimos los efectos: enfermamos y tenemos peor calidad de vida. Pero lo que aquí es una afectación que puede pasar desapercibida, en otros lugares, sobre todo en los países del Sur, es cuestión de vida o muerte. Hay lugares en los que el cambio climático y la acción irresponsable del ser humano sobre la tierra, matan. El abuso y su efecto no coinciden en el espacio y en el tiempo. Por ello tenemos que superar la “miopía espacial” y la “miopía temporal”, y cambiar la mirada utilitarista y fragmentada de la realidad por una mirada sapiencial y holística.

La deuda ecológica de los países ricos, que llevamos explotando la naturaleza hace más años y con más intensidad, es una realidad que nos obliga a asumir el liderazgo del compromiso y la responsabilidad.

La revolución ecológica comienza por nosotros mismos. La conversión a la sobriedad compartida no solo permitirá que viviendo nosotros con menos, otros puedan vivir, sino que se revelará como factor de liberación para nosotros mismos. Tenemos que redescubrir la dimensión profética de los pequeños gestos cotidianos para mostrar que otras maneras de vivir son posibles. Así se va creando una cultura compartida de respeto a todo lo que nos rodea (consumo, hábitos, redes comunitarias…). Nos tenemos que dar cuenta de que nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza no es diferente de nuestra manera de relacionarnos entre nosotros. Las relaciones humanas interpersonales, las relaciones de género, las relaciones entre las culturas, los pueblos, los Estados, pueden ser de dominio, de explotación, de falta de escucha… o al contrario.

La casa común necesita afecto y ternura, necesita cuidados urgentes y esto se tiene que traducir en una nueva manera de vivir, consumir y pensar el mundo y las relaciones, y también en nuevas formas de participación social y acción política.