Loiola XXI

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Derechos humanos. Una reflexión de Cristianisme i justicia.

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Derechos humanos. Análisis.

Irrenunciables éticos de los derechos de la persona

IRRENUNCIABLES ÉTICOS DE LOS DERECHOS DE LA PERSONA

Grupo de economía de CJ. 1.- Un largo proceso social y cultural ha llegado a formular unos derechos de toda persona humana. Este proceso ha pasado por muchas etapas, luchas y aciertos hasta que ha sido aceptado por la mayor parte de la humanidad como un principio básico de justicia y buena convivencia. Una de las principales bases de los derechos humanos radica en la llamada dignidad de todo ser humano por el simple hecho de serlo.

2.- Desde la Doctrina Social de la Iglesia el reconocimiento de la dignidad de la persona humana se fundamenta en la Biblia y en la tradición de las iglesias que consideran al ser humano como hijo e hija de Dios, que en su revelación ha comunicado su amor creativo y el destino de personas y pueblos en armonía con la naturaleza hacia una plenitud en Cristo Jesús.

3.- Desde este fundamento de la dignidad de toda persona humana se deducen unos grandes principios por los que se reconoce que todo ser humano ha de poder cubrir sus necesidades materiales como son el derecho a la vida, a la alimentación, sanidad, habitabilidad, trabajo, etc., de forma que se armonice en un marco legal que una, libertad y orden jurídico.

4.- Reconociendo la dignidad espiritual del ser humano se reconocen unos derechos a la libertad religiosa, a la opinión, a participar democráticamente en la sociedad, a las libertades sociales, políticas, culturales y económicas y a todo lo que ayude al mejoramiento del bien común.

5.- Estos derechos materiales, sociales y espirituales no son concesiones de las estructuras de poder sino que son patrimonio de todas las personas. Pertenecen a ellas, por su misma dignidad, sin diferencias de género, religión y cultura, en el marco de una legislación que los garantice, los proteja y los desarrolle en un ordenamiento democráticamente elaborado y gestionado.

6.- La doctrina social de la Iglesia siempre ha manifestado que a estos derechos se corresponden unos deberes. Estos deberes son muchas veces del sujeto mismo del derecho y otras veces la corresponsabilidad será de otros o de la misma sociedad. No hay derechos sin deberes y responsabilidades.

7.- Hay una cierta jerarquización de los derechos humanos. No todos tienen la misma importancia. En una visión sintética pensamos que aquellos que son más cercanos al hecho mismo de la vida, sin los cuales esta se hace imposible o muy costosa de mantenerse, deben subordinarse a otros que pertenecen al bienestar, acumulación y enriquecimiento por mucha legalidad que puedan tener.

8.- Siempre habrá que atender en el derecho la letra y el espíritu. Un aferramiento a la pura letra puede crear notable injusticia y absoluta carencia de equidad. La letra es necesaria porque concreta, ordena y marca la praxis de lo que llamamos espíritu, que representa el conjunto de valores que se han escrito. La sola letra mata y el espíritu vivifica y renueva.


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Paraísos fiscales. Comentario de Cristianisme i justicia.

#ParadisePapers: ¿Por qué no somos capaces de acabar con los paraísos fiscales?

#PARADISEPAPERS: ¿POR QUÉ NO SOMOS CAPACES DE ACABAR CON LOS PARAÍSOS FISCALES?

Xavier Casanovas. Esta es la pregunta que mucha gente se hace esta semana después de la publicación de los #ParadisePapers, la nueva filtración de documentos provenientes de paraísos fiscales con nombres de personalidades y empresas que utilizaban la empresa AppleBuy situada en las Bermudas para ocultar patrimonio.

Ciertamente parece inverosímil que encadenando escándalos como el #SwissLeaks, #LuxLeaks#PanamaPapers, etc. sigamos hablando de la existencia de paraísos fiscales, de la falta de regulación de estos a nivel internacional, y de la falta de cooperación política para hacer frente a una realidad que se calcula que esconde más de 6 billones de dólares y que implica una sangría de 90.000 millones de dólares anuales en las arcas de los países en vías de desarrollo.

Tres razones por las que creo que, a pesar de la evidencia y el rechazo social que generan, todavía no somos capaces de acabar con los paraísos fiscales:

1.- Empresas contra países. Como explicaba en el último cuaderno de Cristianismo y Justicia, la globalización ha sido un descalabro que necesita ser gobernado democráticamente. Esto es ciertamente difícil en un contexto en el cual resulta que de las 100 primeras entidades económicas del mundo, solo 31 son países, y 69 son empresas. Como muestra, Amazon tiene una cifra de negocio equivalente al presupuesto de un país como Portugal. Así pues esta es una lucha de poder entre intereses empresariales claramente alineados y convergentes contra intereses democráticos cada vez más divergentes, y de momento van ganando los primeros.

2.- Las élites contra el resto. También sabemos que la utilización de los paraísos tiene lugar, sobre todo, entre las élites económicas. Las últimas filtraciones nos han dado evidencia de que el fraude fiscal llega casi al 30% si ponemos el foco en el 0,01% más rico de la población:


3.- Los intereses particulares contra el bien común. Parece que todo esto debería acabar en un gran pacto global entre países que aislara de una vez por todas este tipo de prácticas. Pero podemos ver cómo los intereses diplomáticos y políticos se imponen en este tipo de negociaciones. Vemos el caso de España, donde cinco países con jurisdicciones opacas de los analizados en los #ParadisePapers no están considerados actualmente paraísos fiscales: Trinidad y Tobago, Aruba, Bahamas, Barbados y Malta. Hacienda retiró una quincena de ellos en 2015. Entre estos ya no se incluye Panamá, que salió de la lista de paraísos fiscales españoles en 2010. Zapatero lo retiró por la presión de constructoras como Sacyr o FCC con el fin de ganar concursos para la ampliación del Canal.

En fin, parafraseando a Marx podemos decir con claridad que los intereses dominantes responden a los intereses de la clase dominante. Ahora bien, la buena noticia es que mientras gobernantes y entes públicos van muy lentos en aplicar una agenda contraria a los paraísos fiscales -hace años que se habla de una lista negra europea de paraísos fiscales, que teóricamente debería ser publicada a finales de 2017 pero que a medida que avanza se va empequeñeciendo más y más-, este tipo de escándalos disparan al corazón de aquello que los paraísos fiscales buscan por encima de todo, la opacidad. Por cada paraíso destapado, un país cae de la lista de posibles escondites. Pasó con Suiza, con Panamá, y es muy probable que pase ahora con las Bermudas. No tengáis duda de que vendrán muchos más.


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La mujer y la iglesia. Comentario.


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Nuevo comportamiento con la alimentación.

Siete maneras de desperdiciar alimentos

SIETE MANERAS DE DESPERDICIAR ALIMENTOS

José Eizaguirre. Según la FAO, “Hasta un tercio de todos los alimentos se estropea o se desperdicia antes de ser consumido por las personas. Es un exceso en una época en la que casi mil millones de personas pasan hambre, y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos utilizados en la producción de esos alimentos”. Un exceso y un escándalo denunciados, entre otros, por el papa Francisco: «Sabemos que se desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen, y “el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre”» (LS 50).

La FAO se refiere al desperdicio de alimentos que se producen y no se consumen, en particular:

  1. Alimentos que se producen y no se comercializan por estar presuntamente defectuosos (por ejemplo, fruta o verdura con alguna imperfección).
  2. Alimentos que se comercializan, no llegan a venderse (por estar próxima su fecha de caducidad, por constituir restos de existencias o por otros motivos comerciales), y son tirados a la basura.
  3. Alimentos que se venden y, por una mala gestión doméstica o de hostelería, no llegan a consumirse.

Pero estas tres maneras de desperdiciar alimentos deben completarse con otras cuatro menos conocidas:

  1. La propia manera de producir los alimentos en algunos casos es muy derrochadora. Por ejemplo, hacen falta diez kilos de pienso para producir un kilo de carne de ternera “industrial” (la que procede de animales estabulados, alimentados con pienso y sacrificados según un calendario programado). Piensos elaborados con cereales (fundamentalmente maíz y trigo) y soja, que son alimentos aptos para el consumo humano. Y sabemos que hay más alimento en diez kilos de cereales y soja que en un kilo de ternera. Cultivar soja y cereales, utilizando agua, fertilizantes, pesticidas y maquinaria agrícola movida por gasóleo, para destinarlos no a consumo humano sino a la fabricación de carne, con la importante pérdida de nutrientes que ese proceso supone, no solo es una ofensa a las personas que pasan hambre sino también es una manera muy derrochadora de producir alimentos.
  2. A esto habría que añadir que muchos procesos industriales producen alimentos de mala calidad. Volviendo al ejemplo, cultivar cereales, con toda la “mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos utilizados” y luego refinarlos, quitándoles el salvado del grano, es una desgraciada manera de producir alimentos incompletos, que alimentan menos que si se mantuvieran en su integridad. Efectivamente, los cereales integrales contienen minerales y vitaminas que no aportan los cereales refinados. Tanto esfuerzo y recursos para producir ese tipo de alimentos deliberadamente empobrecidos es otra manera, triste y escandalosa, de desperdicio derrochador.
  3. Por otra parte, recordemos que no nos alimenta lo que comemos sino lo que nuestro cuerpo asimila. Por eso, todo lo que hagamos por aprovechar al máximo los nutrientes que ingerimos contribuirá a evitar desperdiciarlos. Y esto empezando por una buena masticación, pues la saliva aporta enzimas que favorecen la asimilación de los nutrientes en el resto del aparato digestivo. Comer despacio y masticando bien, posibilitando una buena digestión de los alimentos, no solo supone indudables beneficios para la propia salud sino que se reviste de una dimensión ética y solidaria. En un mundo en el que casi mil millones de personas pasan hambre, ingerir alimentos y no asimilar parte de sus nutrientes por una mala masticación, supone un desperdicio de nutrientes que tiene también su dimensión ética, pues “el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre”. Por eso, masticar bien es una cuestión de justicia.
  4. Y finalmente, algo que resulta obvio: comer de más es otra triste manera de desperdiciar alimentos. Una forma de dieta en la que de manera habitual (no me refiero a ocasiones o celebraciones puntuales) comemos más de lo que realmente necesitamos, con las complicaciones y riesgos para la salud que ello entraña, no solo es una falta de cuidado hacia nuestro propio cuerpo sino una falta de consideración hacia las personas que no pueden comer lo suficiente.

Ante estas siete maneras de desperdiciar alimentos, ¿qué podemos hacer? Lo primero, ser conscientes y ponernos en camino de conversión. Y, si es nuestro caso, convertir algunas pautas de pensamiento y comportamiento:

  1. Cambiar nuestra rigurosa mentalidad ante los alimentos “imperfectos”. La fruta y la verdura con imperfecciones es tan nutritiva (y a veces más sabrosa) que esa otra impecable de presentación, que parece salida de una fábrica más que de un huerto. Si podemos, apuntarnos a algún grupo de consumo que distribuya verdura y fruta de productores cercanos y ecológicos.
  2. Ser conscientes de la dimensión política del derroche alimentario. Los criterios de fechas de consumo preferente y fechas de caducidad, así como las normativas que obligan a tirar alimentos en buen estado responden a políticas concretas establecidas por programas políticos elegidos por los ciudadanos (en Francia se ha prohibido por ley desperdiciar la comida sobrante de los supermercados). Es interesante y motivador conocer las actividades de la organización Feeding ZGZ, que lleva años combatiendo con creatividad el desperdicio de alimentos.
  3. Ser cuidadosos en casa en la gestión de la comida, para no tener que tirar nada. Comprar lo justo, planificar, congelar, compartir… ¡Todo menos desperdiciar comida!
  4. Comer menos carne y, sobre todo, evitar la carne de producción industrial, sobre todo la de ternera. Comer carne una o dos veces a la semana es suficiente para una alimentación equilibrada.
  5. Renunciar a los alimentos que nutren poco o nada (por ejemplo, las bebidas gaseosas). En particular, evitar los cereales refinados (pan, pasta, arroz) e irnos cambiando a los cereales integrales.
  6. Comer despacio, masticando bien, disfrutando de lo que comemos, siendo conscientes y agradecidos. «Estamos hablando de una actitud del corazón, que vive todo con serena atención (…) Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce a aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados» (LS 226-227).
  7. Y si comemos despacio, masticando bien, disfrutando con el sabor de cada bocado y aprovechando al máximo sus nutrientes, nos daremos cuenta de que nos saciamos antes, comeremos lo que nuestro cuerpo necesita, dejaremos de sentirnos pesados después de las comidas y, tal vez, nos sentiremos personas más conscientes, agradecidas y solidarias.


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La lucha contra el terrorismo no justifica la violación de derechos humanos.

No se puede luchar contra el terrorismo sin respetar los derechos humanos

NO SE PUEDE LUCHAR CONTRA EL TERRORISMO SIN RESPETAR LOS DERECHOS HUMANOS

Albert Caramés. Cuando ya ha pasado un mes de los ataques en Barcelona y Cambrils, tiempo prudencial para tomar cierta perspectiva, nos damos cuenta de cómo nuestros gobiernos han buscado una solución a extremismos violentos a través de un conjunto de medidas antiterroristas basadas exclusivamente en la acción policial y militar, así como en la limitación de nuestros derechos y libertades. En nombre de la lucha contra el terrorismo, hemos observado un uso extensivo del poder policial y la adopción de un arsenal legal represivo responsable de violaciones de derechos humanos en toda la Mediterránea. Por todo ello, el Observatorio para la Prevención del Extremismo Violento (OPEV)* ha presentado en el Día Internacional por la Paz un análisis comparado (“Sin derechos no hay seguridad”) del impacto en materia de derechos humanos de la legislación antiterrorista en el Mediterráneo.

La vaguedad en las definiciones de terrorismo y de acto terrorista incorporadas a las legislaciones nacionales, primer motivo de denuncia de dicho estudio, lleva a la persecución indeterminada de individuos y colectivos, además de la criminalización arbitraria de actividades percibidas como una amenaza para la seguridad del estado. Ello lleva a un abuso indiscriminado, arbitrario y sujeto a intereses y subjetividades de las posibilidades del término, así como a la adopción de políticas que vulneran los derechos humanos.

En consecuencia, los derechos civiles y políticos (libertad de expresión, asociación, opinión, participación y reunión) quedan fuertemente dañados y ponen en entredicho la legitimidad del contrato social entre gobernantes y ciudadanía. Los casos de torturas y tratos inhumanos, crueles y degradantes constituyen una constante de denuncia durante todo el informe. Estas violaciones perpetradas se dan, además, en un clima de impunidad, donde la denegación del derecho de reparación y la falta de investigación y persecución de los culpables constituye una constante en la región.

Si nos fijamos en cómo se ha visto afectada la región mediterránea veremos cómo, empezando por el norte de África, países que fueron testigos de la llamada “Primavera árabe” con esperanzas de cambio y democratización desde hace unos años, experimentan actualmente una inversión absoluta de los términos bajo los que plantearon las expectativas de revolución popular. En Oriente Medio, en países como Irak y Siria siguen inmersos en un conflicto armado. Tanto la actuación de grupos terroristas o del DAESH como los bombardeos de la coalición internacional (liderada por EE.UU.) han acabado con la vida de cientos de civiles, a ello hay que añadir detenciones arbitrarias por parte de los cuerpos de seguridad.

En Europa, las principales puertas de entrada de solicitantes de asilo y migrantes hacia Europa, Grecia e Italia, vulneran de forma masiva la legislación internacional en materia de derechos humanos, aplicando medidas hiperrestrictivas en las políticas migratorias o practicando devoluciones “en caliente”. Por otro lado, países como España han aprobado legislaciones que Amnistía Internacional ha calificado de “orwellianas”, sin tener que ampliar lo que se entiende al respecto. Todo el entramado legislativo que el Gobierno aprobó en 2015 (incluyendo una ley de seguridad nacional y otra de seguridad ciudadana), se ha convertido en objeto de serias preocupaciones, ya que vulnera el derecho a la protesta, vulnerando asimismo el derecho a la libertad de expresión, manifestación y reunión pacífica.

Para delimitar los vacíos morales que contribuyen a toda radicalización violenta, resulta indispensable que los estados respeten el estado de derecho y apliquen condiciones para la justicia social y la buena gobernanza. La protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales, en cumplimiento de la legalidad internacional, debe ser una premisa esencial en toda estrategia contra el terrorismo, coherente con la construcción de sociedades abiertas y plurales, inclusivas y socialmente cohesionadas, que promuevan alternativas efectivas a toda forma de extremismo violento. En definitiva, hay que buscar una aproximación integral y preventiva a las causas y factores subyacentes que conducen a la propagación de toda forma de extremismo violento.

* El Observatorio para la Prevención del Extremismo Violento (OPEV) es una plataforma de más de 170 organizaciones de la sociedad civil euromediterránea adheridas a un Plan de Acción de la sociedad civil para la prevención de todas las formas de extremismo violento (Para más información: http://www.opev.org)


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Cuatro años de pontificado. Análisis.