Loiola XXI

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La visita del Papa Francisco al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau

El silencio de Francisco por las víctimas de la Shoah

El momento más conmovedor del viaje del Papa a Polonia; la firma en el libro de visitas: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!»
AP

Papa Francisco en Auschwitz

29/07/2016
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A AUSCHWITZ-BIRKENAU

Es el día del silencio y de a oración. Papa Francisco procede lentamente, solo, atravesando el famoso arco con la frase: «El trabajo libera». Reza mudo en la plaza de la Llamada, el famoso sitio en donde eran asesinados los prisioneros, en donde san Maximiliano Kolbe ofreció su vida por la de otro prisionero, un gesto de amor en el lugar de la barbarie y de la pérdida de la humanidad.

 

Bergoglio, tercer Pontífice que entra a Auschwitz II – Birkenau, los campos de concentración en donde fueron exterminados más de un millón de hebreos, decidió no pronunciar ningún discurso. Porque el silencio es la forma más elevada de respeto por las víctimas. Lo que Francisco tenía que decir sobre la horrible tragedia de la Shoah lo dijo en el Yad Vasehm, en Jerusalén, durante el dialogo con su amigo rabino Abraham Skorka: «La Shoah es un genocidio como los demás genocidios del siglo XX, pero tiene una particularidad. No quiero decir que sea de primera importancia, mientras lo demás serían de segunda importancia, sino que hay una particularidad, una construcción idólatra contra el pueblo hebreo. La raza pura y el ser superior son los ídolos sobre cuya base se creó el nazismo. No es solo un problema geopolítico, sino que también existe una cuestión religiosa y cultural. Y cada hebreo que era asesinado era una bofetada al Dios vivo en nombre de los ídolos».

 

 

 

Papa Francisco en Auschwitz

 

 

En el sitio de la masacre, cada palabra habría sido inútil, demasiado poco. El Papa fue recibido discretamente por la Primera ministra Beata María Szydlo y por las autoridades. Papa Francisco también firmó el libro de visitas del campo de concentración, y dejó este mensaje escrito en español: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!».

 

 

La firma del Papa en el libro de visitas de Auschwitz.

 

Dentro del bloque 11 se reunió personalmente con doce personas que sobrevivieron a la barbarie. Una de ellas prefiere permanecer en el anonimato. El último de ellos le entregó una vela con la que Francisco encendió una lámpara, como regalo al campo, justamente frente al muro de las ejecuciones. La lámpara, con un escudo en plata dorada, se encuentra en una base de madera de nogal y se inspira en la valla metálica del campo de concentración, que sufrió la erosión del tiempo y del clima, como representación del poder que llega a teorizar la supremacía sobre el hombre y sobre la naturaleza. Entre estos escombros renacen la flora y la fauna, como indicando el rescate de la historia humana fecundada por la Pascua de Cristo. De ahí el ideal Corazón de Jesús, sobre el que arde el fuego de la caridad que impulsa al testimonio cristiano en el mundo. Tres de los supervivientes tienen más de cien años. En el Yad Vashem, Francisco besó las manos de los supervivientes; ahora aquí en Auschwitz, dentro del Bloque 11, los abrazó uno por uno, después de haberles estrechado la mano. Hay algunos que le muestran fotos y le piden un autógrafo. Otros le besan la mano.

 

La segunda etapa dentro de Auschwitz es la visita y la oración en la celda en la que murió el padre Kolbe, franciscano polaco. En la celda del hambre, iluminada por una pequeña luz gracias a una pequeña ventana, Francisco se sentó solo, en la penumbra. Y rezó en silencio. En los muros hay cosas escritas y el dibujo de una cruz. El padre Kolbe le dijo al médico que le inyectaba el ácido fénico para acelerar la muerte: «Usted no ha entendido nada de la vida. El odio no sirve para nada, solo el amor crea».

 

Después Francisco se dirigió a Birkenau, el verdadero lugar-símbolo de la Shoah. Entró por la entrada principal y siguió su recorrido a bordo de un cochecito eléctrico paralelamente a las vías del tren, ese camino de hierro que llevaba a la muerte. Frente al monumento a las víctimas de las Naciones lo estaban esperando alrededor de mil huéspedes. El Papa observó las lápidas conmemorativas en diferentes lenguas de las víctimas. El Papa depositó una gran veladora y algunos papeles en una de las lápidas y permaneció varios instantes en oración silenciosa. La única voz que se elevaba fue la del rabino jefe de Polonia, Michael Schudrich, que canta en hebreo el salmo 130, «De profundis». El texto también fue leído en polaco por un párroco.

 

 

Salmo 130, “De Profundis”

 

 

Estaban esperando a Papa Francisco 25 «Justos entre las Naciones», no hebreos que en la hora más oscura, poniendo en peligro la propia vida y la de sus seres queridos, salvaron las vidas de los perseguidos. Como sucedió con la familia Ulma, exterminada por los nazis por haber acogido y ocultado a 8 hebreos en una fábrica. Entre los justos también estaba una monja, Janina Kierstan, madre general de las Hermanas Franciscanas de la Familia, la orden que salvó a unos 500 niños hebreos.

 

El sacrificio del padre Kolbe, el de los Ulma y la valentía de los «Justos entre las Naciones» representan un signo de esperanza, una luz débil pero al mismo tiempo poderosa en medio de la oscuridad de la humanidad.


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Francisco será el tercer Papa que visita Auschwitz-Birkenau.

Tres Papas en Auschwitz y Birkenau

Francisco es el tercero que visita los campos de concentración polacos, después de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Tres Pontífices, tres biografías. Tres caminos pastorales y tres estilos en el ejercicio del ministerio episcopal. Sin embargo, expresan el mismo gesto de dolor en el lugar en donde el ser humano conoció su maldad más oscura
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Tres Papas en Auschwitz y Birkenau

21/07/2016
LUIS BADILLA – FRANCESCO GAGLIANO
CIUDAD DEL VATICANO

La visita peregrinaje de Papa Francisco a Auschwitz – Birkenau, prevista el viernes 29 de julio por la mañana, ha suscitado (como había que esperarse) mucho interés en la prensa a pocas horas de su anuncio oficial. El Santo Padre se dirigirá en peregrinaje de oración, en silencio, a este sagrario del dolor 37 años después de la primera visita de un Papa (Juan Pablo II, el 7 de junio de 1979) y 10 años después de la segunda visita de un Pontífice, la de Benedicto XVI (el 28 de mayo de 2006). Tres Papas, tres biografías, tres caminos pastorales y tres estilos en el ejercicio del ministerio episcopal; sin embargo, el mismo gesto de dolor, de consternación y de absoluta cercanía no solo a un pueblo (el pueblo hebraico) que fue exterminado, sino una reflexión en el lugar en donde el hombre tocó su miseria y la maldad más horrible, en donde la aniquilación del «otro» (hebreo, adversario político, homosexual o gitano) fue ejecutada con lucidez y frialdad metódicas.Juan Pablo II

San Juan Pablo II, Papa polaco, celebró la Eucaristía y pronunció una conmovedora homilía en Auschwitz – Birkenau. Comenzó con estas palabras: « Un lugar que fue construido sobre la crueldad. Conduce a él una puerta, que todavía existe, sobre la cual se puso una inscripción “Arbeit macht frei”, que suena a mofa, porque su contenido se contradecía radicalmente con lo que ocurría dentro». Después, Karol Wojtyla observó con fuerza: «¿Puede todavía extrañarse alguien de que el Papa, nacido y educado en esta tierra; el Papa que ha ido a la Sede de San Pedro desde la diócesis en cuyo territorio se halla el campo de Auschwitz, haya comenzado su primera Encíclica con las palabras Redemptor hominis y que la haya dedicado en conjunto a la causa del hombre, a la dignidad del hombre, a las amenazas contra él y, en fin, a sus derechos? ¡Derechos inalienables que tan fácilmente pueden ser pisoteados y aniquilados por… el ser humano! Es suficiente revestir al hombre de un uniforme diverso, armarlo con instrumentos de violencia, basta imponerle la ideología en la que los derechos del hombre quedan sometidos a las exigencias del sistema… completamente sometidos, de modo que, de hecho, dejan de existir».

Benedicto XVI

En 2006, Papa Benedicto XVI, Papa alemán, prefirió, en lugar de la Santa Misa, un momento de oración y después pronunció uno de sus discursos más fuertes y conmovedores. « El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo polaco», dijo Joseph Ratzinger. Y después añadió: «Yo estoy hoy aquí como hijo del pueblo alemán, y precisamente por esto debo y puedo decir como él:  No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio. Sí, no podía por menos de venir aquí». Después añadió: «Nosotros no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia. En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su destrucción. No; en definitiva, debemos seguir elevando, con humildad pero con perseverancia, ese grito a Dios:  “Levántate. No te olvides de tu criatura, el hombre”. Y el grito que elevamos a Dios debe ser, a la vez, un grito que penetre nuestro mismo corazón, para que se despierte en nosotros la presencia escondida de Dios, para que el poder que Dios ha depositado en nuestro corazón no quede cubierto y ahogado en nosotros por el fango del egoísmo, del miedo a los hombres, de la indiferencia y del oportunismo».

Francisco

Dentro de pocos días será la visita de Papa Francisco y se llevará a cabo con modalidades diferentes de las que tuvieron las dos visitas anteriores. No habrá ninguna homilía ni un discurso. El Santo Padre, que inicialmente había pensado en una alocución, aclaró recientemente, respondiendo a una pregunta que le hizo el padre Federico Lombardi durante la conferencia de prensa que ofreció en el vuelo de Armenia a Roma (el pasado 26 de junio): «Yo quisiera ir a aquel sitio de horror sin discursos, sin gente, solo los pocos necesarios… ¡Pero los periodistas seguro que estarán! Pero sin saludar a este y a este… No, no. Solo, entrar, rezar… Y que el Señor me dé la gracia de llorar».

De esta manera, Papa Francisco cerrará una especie de catequesis Pontificia sobre el Holocausto: oración, reflexión y silencio en los lugares, no los únicos, que se han convertido en el simbolo de una de las páginas más negras de la humanidad, del arbitrio y del poder de muerte absoluto del hombre sobre el hombre. No fue casual que el el Yad Vashen, el 26 de mayo de 2014, el Santo Padre dijera: «En este lugar, memorial de la Shoah, escuchamos resonar esta pregunta de Dios; ‘¿Adán, dónde estás?’. En esta pregunta está todo el dolor del Padre que ha perdido al hijo. El padre conocía el peligro de la libertad; sabía que el hijo habría podido perderse… ¡pero tal vez ni siquiera el Padre podía imaginar tal caída, tal abismo! Ese grito: ‘¿Dónde estás?’, aquí, frente a la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…».

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Karol Wojtyla: «Auschwitz es un testimonio de la guerra» (1979)

«Auschwitz es una cuenta con la conciencia de la humanidad mediante estas lápidas que dan testimonio de las víctimas que habían perdido las naciones. Auschwitz es un lugar que no basta solo visitarlo. Durante la visita hay que pensar con temor dónde están las fronteras del odio. Auschwitz es un testimonio de la guerra. La guerra lleva consigo un desmedido crecimiento del odio, de la destrucción, de la crueldad. Y si no se puede negar que manifiesta también nuevas posibilidades de la valentía humana, del heroísmo, del patriotismo, queda sin embargo el hecho de que en ella prevalece la cuenta de las pérdidas. Prevalece tanto más, cuanto más la guerra se convierte en el juego de la bien calculada técnica de la destrucción. De la guerra son responsables no sólo los que la causan directamente, sino también aquellos que no hacen todo lo posible por impedirla.

Por esto, séame permitido repetir en este lugar las palabras que Pablo VI pronunció ante la Organización de las Naciones Unidas: “Basta recordar que la sangre de millones de hombres, que inauditos e innumerables sufrimientos, inútiles matanzas y espantosas ruinas, sancionan el pacto que os une con un juramento que debe cambiar la historia futura del mundo: No más la guerra, no más la guerra. Es la paz, solo la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad” (AAS 57, 1965, p. 881).

Mas si esta gran llamada de Auschwitz, el grito del hombre aquí martirizado, ha de dar frutos para Europa (y también para el mundo), es necesario sacar todas las consecuencias de la Declaración de los Derechos Humanos, como exhortaba a hacerlo Juan XXIII en la Encíclica Pacem in terris. En ella, en efecto, leemos: ‘La Declaración reconoce solemnemente a todos los hombres sin excepción la dignidad de la persona humana y se afirman todos los derechos que todo hombre tiene a buscar libremente la verdad, respetar las normas morales, cumplir los deberes de la justicia, exigir condiciones de vida dignas del hombre; estos derechos son universales, inviolables e inmutables’ (Juan XXIII, Pacem in terris IV; AAS 55, 1963, pp. 295-296).

Y yo volvería todavía a la sabiduría del viejo maestro Pawe? W?odkowic, rector de la Universidad Jagellónica en el siglo XV. Afirmaba él que era necesario garantizar los siguientes derechos de las naciones: a la existencia, a la libertad, a la independencia, a la propia cultura, al desarrollo digno. Escribe W?odkowic: “Donde el poder actúa más que el amor, allí se buscan los intereses propios y no los de Jesucristo, y por eso es más fácil alejarse de la norma de la ley divina (…). Sin embargo, todas las leyes condenan a los que invaden a cuantos quieren vivir en paz: tanto la ley natural que dice: ‘lo que quieras para ti hazlo al otro’, como también la ley divina que condena todo robo mediante la prohibición ‘no robarás’, y toda violencia mediante el mandamiento ‘no matarás’” (Pawe? W?odkowic, Saevientibus [1415], Tract. II, Salutio quest. IV; cf. L. Ehrlich, Pisma Wybrane Paw?a W?odkowica, Varsovia 1968, t. 1. pp. 61, 58-59).

Y no sólo se trata aquí de la ley, sino también y sobre todo del amor. Ese amor del prójimo en el cual se manifiesta y se traduce el amor de Dios que Cristo ha proclamado como su mandamiento. Y que es también el mandamiento que cada hombre lleva escrito en su corazón, esculpido por el Creador mismo. Ese mandamiento se concreta también en el respeto del otro, de su personalidad, de su conciencia; se concreta en el diálogo con el otro, en saber buscar y reconocer todo lo que puede haber de bueno y de positivo también en quien tiene ideas diversas de las nuestras, e incluso en quien, en su buena fe – yerra….

Jamás una nación puede desarrollarse a costa de otra, a precio de servidumbre del otro, a precio de conquista, de ultraje, de explotación y de muerte».

Joseph Ratzinger: «¿Por qué, Señor, permaneciste callado?» (2006)  

«Tomar la palabra en este lugar de horror, de acumulación de crímenes contra Dios y contra el hombre que no tiene parangón en la historia, es casi imposible; y es particularmente difícil y deprimente para un cristiano, para un Papa que proviene de Alemania. En un lugar como este se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios:  ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto? Con esta actitud de silencio nos inclinamos profundamente en nuestro interior ante las innumerables personas que aquí sufrieron y murieron. Sin embargo, este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante.

Hace veintisiete años, el 7 de junio de 1979, se encontraba aquí el Papa Juan Pablo II; y en esa ocasión dijo:  “Vengo aquí hoy como peregrino. Se sabe que he estado aquí muchas veces… ¡Cuántas veces! Y muchas veces he bajado a la celda de la muerte de Maximiliano Kolbe y me he parado ante el muro del exterminio y he pasado entre las escorias de los hornos crematorios de Birkenau. No podía menos de venir aquí como Papa” (Homilía en el campo de concentración de Auschwitz, n. 2:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 17 de junio de 1979, p. 13).

El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo que, juntamente con el pueblo judío, tuvo que sufrir más en este lugar y, en general, a lo largo de la guerra:  “Son seis millones de polacos los que perdieron la vida durante la segunda guerra mundial:  la quinta parte de la nación”, recordó entonces el Papa (ib.). Luego aquí hizo el solemne llamamiento al respeto de los derechos del hombre y de las naciones, que anteriormente habían hecho al mundo sus predecesores Juan XXIII y Pablo VI, y añadió:  “Pronuncia estas palabras (…) el hijo de la nación que en su historia remota y más reciente ha sufrido de parte de los demás múltiples tribulaciones. Y no lo dice para acusar, sino para recordar. Habla en nombre de todas las naciones, cuyos derechos son violados y olvidados” (ib., n. 3).

El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo polaco. Yo estoy hoy aquí como hijo del pueblo alemán, y precisamente por esto debo y puedo decir como él:  No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio.

Sí, no podía por menos de venir aquí. El 7 de junio de 1979 yo me encontraba aquí, como arzobispo de Munich-Freising, entre los numerosos obispos que acompañaban al Papa, que lo escuchaban y oraban juntamente con él. En 1980 volví una vez más a este lugar de horror con una delegación de obispos alemanes, turbado a causa del mal y agradecido por el hecho de que sobre estas tinieblas había surgido la estrella de la reconciliación.

Esta es también la finalidad por la que me encuentro hoy aquí:  para implorar la gracia de la reconciliación; ante todo, a Dios, el único que puede abrir y purificar nuestro corazón; luego, a los hombres que aquí sufrieron; y, por último, la gracia de la reconciliación para todos los que, en este momento de nuestra historia, sufren de modo nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio.

¡Cuántas preguntas se nos imponen en este lugar! Siempre surge de nuevo la pregunta:  ¿Dónde estaba Dios en esos días? ¿Por qué permaneció callado? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción, este triunfo del mal?

Nos vienen a la mente las palabras del salmo 44, la lamentación del Israel doliente:  “Tú nos arrojaste a un lugar de chacales y nos cubriste de tinieblas. (…) Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y nuestra opresión?

Nuestro aliento se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo. Levántate a socorrernos, redímenos por tu misericordia” (Sal 44, 20. 23-27). Este grito de angustia que el Israel doliente eleva a Dios en tiempos de suma angustia es a la vez el grito de ayuda de todos los que a lo largo de la historia —ayer, hoy y mañana— han sufrido por amor a Dios, por amor a la verdad y al bien; y hay muchos también hoy».

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La lección de Auschwitz a los 70 años.

Ban advierte que a 70 años de la liberación de Auschwitz aún existen odios contra minorías

27 de enero, 2015 — Un día como hoy hace 70 años, las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau; sin embargo, la humanidad está a prueba todavía ya que las minorías a menudo siguen afrontando odios en todo el mundo.

Así lo advirtió el Secretario General de la ONU en su mensaje con motivo del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Ban Ki-moon urgió a renovar los esfuerzos por erradicar los odios y ataques a las comunidades vulnerables que siguen muriendo o viviendo con miedo a los ataques que sufren.

Ban recordó que en Auschwitz más de un millón de personas murieron de manera brutal y sistemática. La mayor parte de las víctimas eran judíos, pero también había disidentes políticos, prisioneros de guerra soviéticos, gitanos, homosexuales y discapacitados.

Sin precedentes en la historia, la masacre fue motivada por la perversa ideología racista nazi, que intentó encontrar y matar a todos los judíos y a otros grupos a los que consideraban inferiores, apuntó.

“La humanidad se unió para superar la amenaza nazi. Hoy, estamos de nuevo a prueba. Las minorías en todo el mundo afrontan odios y las tensiones sectarias y otras formas de intolerencia van en aumento…La gente debe unirese para detener los ciclos de discordia y construir un mundo de inclusión y respeto mutuo”, subrayó Ban.

Finalmente, el Secretario General reiteró el compromiso de la ONU de proteger a los vulnerables y promover las garantías fundamentales, la libertad y la dignidad de todas las personas, como lo mandan la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.


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UNESCO: el recuerdo de Auschwitz.

La UNESCO conmemora el 70º aniversario de la liberación del campo de Auschwitz-Birkenau

© Mémorial de la ShoahVue contemporaine du site d’Auschwitz-Birkenau

Las conmemoraciones del Día Internacional dedicado a la memoria de las víctimas del Holocausto (27 de enero) estarán marcadas por el 70º aniversario de la liberación del campo alemán nazi de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. Liberado el 27 de enero de 1945, está inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Para conmemorar esa fecha, la UNESCO, en colaboración con el museo francés Memorial de la Shoah y la emisora de radio France Culture, organiza el 27 de enero (14h30, Sala II) una mesa redonda titulada “Cultura, memoria y transmisión”, que examinará los desafíos que plantea la transmisión de la historia y la memoria del genocidio más de tres generaciones después de los hechos. Raphaël Esrail, presidente de la Unión de deportados de Auschwitz (Francia) y Michael Newman, director de la Asociación de refugiados judíos del Reino Unido, participarán en la mesa redonda, al igual que los escritores Jean-Claude Grumberg (Francia), Daniel Mendelsohn (Estados Unidos) y Uri Orlev (Israel). Sandrine Treiner, directora adjunta de France Culture, será la moderadora.

De las 15h30 a las 16h15 en la UNESCO se transmitirá en directo desde el museo de Estado de Auschwitz-Birkenau la ceremonia oficial del 70º aniversario de la liberación del campo.

A las 19h30 (Sala I), comenzará una ceremonia dedicada a la memoria de las víctimas del Holocausto que contará con la participación de la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova; del presidente del Memorial de la Shoah, Eric de Rothschild; del ministro francés del Interior, Bernard Cazeneuve, de la subsecretaria de Estado del ministerio de Relaciones Exteriores de Polonia, Henryka Mościcka-Dendys, y del embajador delegado permanente de Israel en la UNESCO, Carmel Shama Hacohen.

La velada incluirá el testimonio de Uri Orlev, superviviente del gueto de Varsovia y del campo de Bergen-Belsen, la proyección de la película Éclats de mémoire, realizada por Alain Fleischer a partir de testimonios de supervivientes y la lectura, a cargo de la artista Ysé Tran, de fragmentos de un manuscrito de Zalmen Lewental, del Sonderkommando de Auschwitz-Birkenau. El pianista ruso Serguei Markarov, Artista de la UNESCO para la paz, y los solistas de la Maîtrise de Caen aportarán la nota musical a la ceremonia.

Este año, las conmemoraciones incluyen también un concierto de la Orquesta sinfónica de Jerusalén, dirigida por Frédéric Chaslin (26 de enero, 19h00, Sala I), las exposiciones La Shoah por balas, 10 años de investigación, por Yahad – In Unum (26 de enero al 10 de febrero, Hall Ségur), Auschwitz-Birkenau 1940-1945, campo de concentración y centro para matar, por el Memorial de la Shoah (26 de enero al 6 de febrero de 2015, Sala de pasos perdidos) y 1945: la liberación de los campos nazis, por el Memorial de la Shoah y la UNESCO (Verjas alrededor de la Sede de la UNESCO, del 19 de enero al 6 de febrero de 2015).

El Día Internacional dedicado a la memoria de las víctimas del Holocausto se creó en 2005 a raíz de la resolución 60/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que alentaba a los Estados Miembros a elaborar “programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro”.

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Liberación de Auschwitz hace 70 años.

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NOTA: Tenemos fotos para ilustrar este reportaje. Puedes descargártelas, vía We Transfer, hasta el 2 de febrero, en este enlace: http://we.tl/nrnQsis72i o solicitarles a opencomunica@hotmail.com

 

Auschwitz, visita al horror que no debe repetirse
Ahora se cumplen 70 años de la liberación del mayor campo de exterminio

Enrique Sancho

En estos días (concretamente el 27 de enero) se cumplen 70 años de la liberación del mayor campo de exterminio creado por los nazis. Un horroroso lugar que, sin embargo, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Representantes de más de 40 países y supervivientes celebran el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz. En España, el Rey asiste en el Senado el Acto de Estado por el Día Oficial de la Memoria del Holocausto

En uno de los viejos barracones de prisioneros de Auschwitz, el mayor de los campos de exterminio construido por los nazis, convertido hoy en museo impresionante, se puede leer la conocida frase: “Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”, original de George de Santayana, aunque repetida por muchos. Puede que esta frase resuma perfectamente el por qué se conserva casi intacto un lugar que fue escenario de tanto sufrimiento y cómo se decidió que este terrible espacio fuera declarado Patrimonio la Humanidad por la Unesco.

Otra frase, ésta en alemán, “Arbeit macht frei” (El trabajo te hace libre), grabada en un arco metálico a la entrada del campo de concentración, exhibe, ya desde el comienzo, el cinismo y la mentira que presidía en aquel momento. La tercera frase que viene a la memoria para recordar Auschwitz no está escrita en ningún pared. Aparece en la puerta del Infierno y es leída por Dante en compañía de Virgilio, en la Divina Comedia: “Abandonad toda esperanza”. Esa es la frase que debería presidir la puerta de Auschwitz.

El paseo por el campo –hoy centro de peregrinación más que atracción turística y visitado por un millón y medio de personas al año–, como el que Dante hace a través del infierno, se va haciendo cada vez más intenso hasta llegar al máximo horror. En los primeros de los antiguos barracones de presos convertidos en museo, se muestran fotografías de los presos y mapas que ilustran cómo se llevó a cabo la elección y construcción del campo y su situación “privilegiada” en el centro de la Europa dominada por los nazis. Luego vienen las vitrinas con algunos restos encontrados en el campo tras la liberación por el ejército soviético: toneladas de cabello humano que se utilizaban para hacer mantas, miles de gafas y prótesis dentales, cientos de maletas, zapatos y ropa. Hay incluso vitrinas con ropa, juguetes, chupetes y otros accesorios para los bebés…

El final de visita es el llamado “Bloque de la Muerte”, que conserva intactas las celdas de castigo, donde apenas se cabía de pie y la habitación de los “Juicios”, el lugar donde las ejecuciones eran “ejemplares”, los crematorios y la cámara gas. Un espectáculo del horror y la degradación humana.

Pero entre tanta tristeza y dolor, hay historias que levantan el ánimo. En una situación extrema como la que se vivió en Auschwitz (el nombre de la ciudad polaca es en realidad Oswiecim), hubo muchas manifestaciones y heroísmo; incluso de santidad. La mayoría de ellas, sin embargo, se mantienen en el anonimato. Pero una de las historias que sí se conocen es la del sacerdote franciscano polaco Maksymilian Kolbe. Durante uno de los muchos castigos indiscriminados llevados a cabo por los nazis, fueron seleccionados varios presos al azar para ser ejecutados. Uno de los elegidos fue un compañero de Kolbe, quien sabía que tenía varios hijos. El sacerdote franciscano se ofreció voluntariamente para morir en su lugar. Sus carceleros lo condenaron a una de las peores agonías: morir de hambre. Como al cabo de más de una semana aún no había muerto, se le dio una inyección venenosa en el corazón. En el Pabellón de la Muerte se puede ver la celda en la que fue encarcelado. Su compatriota, el Papa Juan Pablo II canonizó a Maksymilian hace años. El hombre al que salvó de la muerte fue un testigo clave en su proceso de canonización.

Aunque no hay cifras oficiales, se cree que en Auschwitz, murieron en cinco años entre un millón y medio y tres millones de personas; en algunos días se batía el triste récord de 5.000 ejecuciones. Los primeros en llegar al campo fueron los prisioneros políticos del ejército polaco, pero no tardaron en seguirles miembros de la resistencia, intelectuales, homosexuales, gitanos y judíos.

Y, muy cerca, Cracovia

Auschwitz merece en sí mismo una visita, pero, claro, estando a pocos kilómetros de Cracovia, seguramente la más bella ciudad polaca, es imprescindible disfrutar de la que tiene el merecido título de Capital Cultural de Polonia. La capital de la región de Malopolska (Pequeña Polonia), es una ciudad dinámica y universal. Casi 800.000 habitantes viven en la antigua capital de Polonia, cuna y panteón de reyes, ciudad del Papa y de la bohemia. Fue elegida capital cultural en el año 2000 y desde siempre ha sido la sede de la cultura polaca y punto de encuentro cultural entre la Europa oriental y la occidental.

Cuenta con una de las universidades más antiguas de Europa, la Universidad Jagiellonski de 1364, escuela de ilustres personajes como Copérnico, el mítico doctor Fausto y el joven Karol Wojtyla. Sus cien mil estudiantes aportan una identidad científica y juvenil a Cracovia, y la convierten en un escenario intercultural del que son buena muestra la treintena de museos y los numerosos teatros y clubs de jazz de la ciudad. Destacan el Museo Nacional, que junto con el de Varsovia, reúne la mayor riqueza del país.

A diferencia de otras ciudades polacas, Cracovia, quedó intacta durante la Segunda Guerra Mundial, porque allí estaba el cuartel general nazi y nos les dio tiempo a destruirla como hicieron con otras ciudades del país. Toda ella es un gran monumento y aún conserva la antigua estructura urbana que se trazó hace siglos. Su impresionante casco antiguo, Patrimonio de la Humanidad, atesora numerosos monumentos históricos, decenas de museos y más de 30 iglesias y sinagogas, ya que en Cracovia han convivido ortodoxos, católicos, luteranos y judíos.

Una curiosidad que el visitante no puede perder es cómo cada hora en punto y desde el siglo XIII, suena la misma melodía de una trompeta, la hejnat mariacki, desde lo alto de la iglesia de Santa María, en la espectacular Plaza del Mercado (Rynek Glowny). Cuenta la leyenda que una flecha atravesó la garganta del vigía que alertaba a la población de los ataques tártaros cuando estaba en mitad del toque. Siglos después, la ciudad sigue rindiendo homenaje cada hora a aquel vigía y la melodía queda interumpida.

La plaza es un interesante conjunto arquitectónico de fachadas neoclásicas, portadas renacentistas y patios porticados del siglo XIV y XV. Destaca la Torre del Ayuntamiento, antigua prisión, hoy un animado café donde disfrutar de un hidromiel, licor tradicional; en el lado opuesto de la plaza se ubica la iglesia de San Adalberto, cuyo sótano alberga el Museo de Historia de la Plaza del Mercado; diversos palacios como el de Potocki, históricas casas y el monumento a Adam Mickiewicz, el poeta polaco romántico más relevante.

La Colina Wawel, representa otro lugar de especial interés por los numerosos edificios, entre los que destacan la catedral y el castillo cargado de muestras artísticas. El imponente reflejo del conjunto sobre las aguas del Vístula es una de las imágenes más representativas de Polonia. La capital del país hasta el siglo XVII cuenta con numerosas murallas y edificios medievales que alimentan las leyendas de la cultura polaca y obras maestras como los Soportales de Sukiennice, la iglesia de los Padres Franciscanos y el antiguo barrio judío de Kazimierz, que conserva bellas sinagogas, un viejo cementerio y decenas de iglesias.

Queda mucho por ver en Cracovia. Sí hay que hacer, al menos, una breve mención al barrio de Kazimierz, antigua ciudad independiente, e integrada en Cracovia desde 1801. Aquí comenzó a formarse una pujante comunidad hebrea a partir de finales del siglo XV. Judíos procedentes de Bohemia, Moravia, Alemania, Italia y España se fueron congregando en sucesivas oleadas en distintos lugares de Polonia. El país fue denominado “Tierra sin hogueras” y en él encontraron refugio no sólo los judíos, también católicos, protestantes, ortodoxos y cristianos. La comunidad judía en Cracovia siempre fue importante.

Aunque durante la Segunda Guerra Mundial, Kazimierz fue convertido en ghetto y finalmente sus casi 70.000 habitantes fueron deportados al campo de concentración de Plaszow o exterminados, el barrio, a diferencia del de Varsovia, apenas sufrió daños. Hoy pueden contemplarse numerosas sinagogas, plazas y mercados que conservan su ambiente original. También hay un espectacular cementerio hebraico, con bellos sepulcros renacentistas. En Kazimierz se rodó buena parte de la película de Steven Spielberg, “La lista de Schindler”.

Información práctica. El buscador Jetcost (www.jetcost.es) ha encontrado vuelos a Cracovia desde Madrid y otras ciudades, con una escala, a partir de 125 euros por trayecto. Una combinación muy atractiva es la que propone la compañía Wizz Air (www.wizzair.com/es) desde Barcelona a Katowice (a pocos kilómetros de Cracovia) en vuelo directo a partir de 60 euros. Información turística sobre Cracovia y Auschwitz, Oficina Nacional de Turismo de Polonia, tel. 91 541 48 08 www.polonia.travel


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Víctimas del holocausto: día conmemorativo anual.

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Mensaje del Secretario General con ocasión del Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto

27 de enero de 2014

Cada año, en el aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, conmemoramos a las víctimas del Holocausto. Recordamos el sufrimiento de millones de inocentes y ponemos de relieve los peligros del antisemitismo y el odio de cualquier tipo.

Este año centramos nuestras actividades en los viajes a través del Holocausto, lo que me hace recordar un viaje que yo mismo hice recientemente.

El pasado noviembre, atravesé la infame puerta coronada por el «arbeit macht frei» de Auschwitz-Birkenau. Nunca olvidaré esa visita.

Contemplé los horrorosos restos de la maquinaria del genocidio, así como imágenes conmovedoras de la vida de los judíos europeos en la década de 1930 (bodas, comidas familiares, rituales, escenas simples de la vida diaria) extinguidas todas ellas mediante un asesinato sistemático sin parangón en la historia humana.

Vi los barracones donde judíos, romaníes, sinti, homosexuales, disidentes, prisioneros de guerra y personas con discapacidad pasaron sus últimos días en las condiciones más atroces.

Las Naciones Unidas se fundaron para impedir que horrores de ese tipo volvieran a suceder. Sin embargo, tragedias como las de Camboya, Rwanda o Srebrenica demuestran que el veneno del genocidio sigue activo.

Debemos permanecer en todo momento vigilantes frente a la intransigencia, las ideologías extremistas, las tensiones comunitarias y la discriminación de las minorías. Y debemos enseñar bien a nuestros hijos. El Programa de divulgación sobre el Holocausto y las Naciones Unidas ha elaborado material educativo eficaz y establecido asociaciones sólidas que permiten impartir esas lecciones a estudiantes de todo el mundo.

De pie, junto al crematorio de Auschwitz, sentí una honda tristeza por todo lo que había sucedido allí. Pero también me sentí inspirado por quienes liberaron los campos de la muerte en beneficio de toda la humanidad. Unamos hoy nuestras fuerzas en un viaje compartido hacia un mundo de igualdad y dignidad para todos.

 


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El Secretario general ONU en Auschwitz

Ban rinde tributo a víctimas del nazismo en Auschwitz

 18 de noviembre, 2013 — El Secretario General de la ONU visitó este lunes el campo de concentración de Auschwitz en Polonia, donde un millón de judíos europeos fueron exterminados por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Acompañado por el sobreviviente del campo de exterminio, Marion Turski, Ban Ki-moon rindió tributo a las víctimas y resaltó que no hay preparación previa posible ante la visita a este epicentro del mal donde el asesinato sistemático, único en la historia de la humanidad, alcanzó su clímax.

El Titular de Naciones Unidas destacó la importancia de no olvidar las lecciones aprendidas del Holocausto. “Debemos mantenernos en guardia. Debemos hacer más, mucho más para promover la igualdad y las libertades fundamentales”, dijo.

Añadió que aún ocurren casos de antisemitismo y la discriminación de minorías como los migrantes, los gitanos o musulmanes, entre otros. 

Recordó que cada año el 27 de enero la ONU observa el día Internacional de conmemoración de las víctimas del Holocausto, que recuerda la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el ejército soviético.

Ban arribó a Polonia este lunes para una visita de tres días para asistir a la conferencia sobre el clima que la ONU celebra en Varsovia y reunirse con altos dignatarios polacos.