Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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El Papa en la fiesta de la divina misericordia.

La Divina Misericordia nos compromete a ser instrumentos de paz y hace visible a Jesús Resucitado, dijo el Papa en el rezo del Regina Coeli

2017-04-23 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco recordó la «bella intuición» – «inspirada por el Espíritu Santo» – de San Juan Pablo II, que, en el Jubileo del Año 2000, instituyó que la Iglesia universal dedicara el Segundo Domingo de Pascua a la Divina Misericordia.

Introduciendo el rezo del Regina Coeli, el Obispo de Roma hizo hincapié en que «Jesús Resucitado ha transmitido a su Iglesia, como primera tarea, su misma misión de llevar a todos el anuncio concreto del perdón. Este signo visible de su misericordia lleva consigo la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado con el Señor».

«La misericordia en la luz de la Pascua, se deja percibir como una verdadera forma de conocimiento del misterio que vivimos»

Destacando la importancia de experimentar la misericordia, que «abre la puerta de la mente,  para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal», el Papa señaló que «hace comprender que la violencia, el rencor, la venganza no tienen sentido alguno y que la primera víctima es la que vive con estos sentimientos, porque se priva de su propia dignidad».

En este contexto, el Santo Padre subrayó que «la misericordia abre también la puerta del corazón y permite expresar cercanía, sobre todo a cuantos están solos y marginados, porque los hace sentir hermanos e hijos de un solo Padre».

«La misericordia, en resumen, nos compromete a todos a ser instrumentos de justicia, de reconciliación y de paz», reiteró el Papa invitando a no olvidar nunca que «la misericordia es la clave en la vida de fe y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús».

Para luego invocar a María, Madre de la Misericordia, para que «nos ayude a creer y a vivir con alegría todo esto»

(CdM – RV)

Voz y texto completo de las palabras del Papa antes del rezo del Regina Coeli

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

Sabemos que cada domingo hacemos memoria de la resurrección del Señor Jesús, pero en este periodo después de la Pascua, el domingo se reviste de un significado aún más iluminante. En la tradición de la Iglesia, este domingo, el primero después de la Pascua, se denominaba ‘in albis’. ¿Qué significa esto? Esta expresión se proponía evocar el rito que cumplían cuantos habían recibido el bautismo en la Vigilia de Pascua. A cada uno de ellos se les entregaba una túnica blanca – ‘alba’ –  ‘blanca’, para indicar la nueva dignidad de los hijos de Dios. Aún hoy se sigue haciendo, a los recién nacidos se les ofrece una pequeña túnica simbólica, al tiempo que los adultos visten una verdadera, como vimos en la Vigilia Pascual. Y aquella túnica blanca, en el pasado, se llevaba puesta durante una semana, hasta este domingo y de ello deriva el nombre ‘in albis deponendis’,  que significa el domingo en el que se quita la túnica blanca. Y así,  cuando se quitaban la túnica blanca, los neófitos comenzaban una vida nueva en Cristo y en la Iglesia.

Hay otra cosa. En el Jubileo del año 2000, San Juan Pablo II estableció que este domingo se dedicara a la Divina Misericordia. ¡Es verdad, fue una bella intuición: fue el Espíritu Santo el que lo inspiró en esto! Desde hace pocos meses hemos concluido el Jubileo extraordinario de la Misericordia y este domingo nos invita a retomar con fuerza la gracia que proviene de la misericordia de Dios. El Evangelio de hoy es la narración de la aparición de Cristo resucitado a los discípulos reunidos en el cenáculo (cfr Jn 20, 19-31). Escribe San Juan que Jesús, después de haber saludado a sus discípulos, les dijo: «Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen» ( 21- 23). He aquí el sentido de la misericordia que se presenta justo el día de la resurrección de Jesús como perdón de los pecados. Jesús Resucitado ha transmitido a su Iglesia, como primera tarea, su misma misión de llevar a todos el anuncio concreto del perdón. Ésta es la primera tarea: anunciar el perdón. Este signo visible de su misericordia lleva consigo la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado con el Señor.

La misericordia en la luz de la Pascua se deja percibir como una verdadera forma de conocimiento. Y esto es importante: la misericordia es una verdadera forma de conocimiento. Sabemos que se conoce a través de tantas formas. Se conoce a través de los sentidos, se conoce a través de la intuición, la razón y otras más. Pues bien, ¡se puede conocer también a través de la experiencia de la misericordia.  Porque la misericordia abre la puerta de la mente para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal. La misericordia nos hace comprender que la violencia, el rencor, la venganza no tienen sentido alguno y que la primera víctima es la que vive con estos sentimientos, porque se priva de su propia dignidad. La misericordia abre también la puerta del corazón y permite expresar cercanía, sobre todo a cuantos están solos y marginados, porque los hace sentir hermanos e hijos de un solo Padre. Ella favorece el reconocimiento de cuantos tienen necesidad de consolación y hace encontrar palabras adecuadas para dar conforto.

Hermanos y hermanas, la misericordia calienta el corazón y lo vuelve sensible a las necesidades de los hermanos con el compartir y la participación. La misericordia, en resumen, nos compromete a todos a ser instrumentos de justicia, de reconciliación y de paz. Nunca olvidemos que la misericordia es la clave en la vida de fe y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús.

Que María, Madre de la Misericordia, nos ayude a creer y a vivir con alegría todo esto»

(traducción del italiano: Cecilia de Malak)


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Egipto: los cristianos en espera de la visita del Papa.

“Nosotros, cristianos de Egipto, vivimos en el temor pero esperamos al Papa alegres”

El Patriarca Ibrahim Isaac Sidrak comentó la inminente llegada del Pontífice al país sacudido por los atentados: «Tendrá repercusiones positivas en toda la nación». «Después de los ataques, la presencia de los fieles en las celebraciones casi ha aumentado». «Que al Sisi esté atento a las minorías»

El Patriarca Ibrahim Isaac Sidrak

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Pubblicato il 22/04/2017
Ultima modifica il 22/04/2017 alle ore 12:06
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«El Papa de la Paz en el Egipto de la Paz». Para el Patriarca copto-católico Ibrahim Isaac Sidrak, el lema elegido para el viaje de Francisco (del 28 y 29 de abril de 2017), «no es un deseo, sino una certeza». A pesar de que el país siga bajo shock por el doble atentado del Domingo de Ramos en Tanta y Alejandría, y de que viva constantemente con el fantasma de las persecuciones contra la minoría de la comunidad cristiana; a pesar de que sea difícil hablar de paz en Egipto. Sin embargo la paz es un objetivo por el que trabajan todos en el país: cristianos, musulmanes, obispos, políticos e incluso el mismo presidente al Sisi. Y ahora también Papa Francisco, que con su llegada, esperada con «sentimientos opuestos» por la población, dará un nuevo impulso al proceso de paz, como explicó el Patriarca Sidrak a Vatican Insider.

 

¿Cómo viven los cristianos después de los últimos atentados? Hace algunos días se verificó una explosión frente al monasterio de Santa Catalina…

 

El estado de ánimo no es de los mejores, claramente; la gente está preocupada por la oleada de violencia que puntualmente se verifica antes o durante las festividades cristianas. El desánimo es natural. Pero a pesar de ello la participación en las celebraciones no ha disminuido, es más está casi aumentando, y esta es una señal muy esperanzadora. Los fieles saben encontrar en los momentos difíciles un apoyo seguro en la fe, reforzando su identidad de cristianos coptos egipcios.

 

¿Cuál es la raíz de esta violencia? ¿Hay algún nexo con la visita de Papa Francisco?

 

La raíz es, sin duda, terrorista. Son los que no quieren a Egipto y quieren hacer que caiga el Estado. Por lo demás, fueron precisamente los fundamentalistas islámicos los que reivindicaron los últimos atentados. En relación con la visita del Papa, no sabría con certeza… Por una parte, es posible; por otra, también es cierto se trata de ataques que se verifican sistemáticamente poco antes o durante las fiestas cristianas, y cuyos objetivos son todos, incluidos los musulmanes. Si hubieran querido atemorizar el ambiente para la visita papal habrían esperado el final de las celebraciones pascuales.

 

Faltan pocos días para la llegada del Papa. Usted fue quien, el pasado 6 de febrero, durante la visita «ad limina» de los obispos de Alejandría de los coptos, le entregó a la invitación formal para que visitara el país. Ahora que el viaje es inminente, ¿qué sienten? ¿Hay temores por la seguridad?

 

Tenemos sentimientos opuestos. Claro, hay una gran alegría por la gracia de recibir al Sucesor de Pedro en nuestra tierra, un evento que, sin duda, tendrá repercusiones positivas para toda la nación. Por otra parte, no podemos ocultar el temor ni el ansia porque todo proceda de la mejor manera. ¡Pero tenemos confianza! Nos estamos preparando no solo logísticamente, sino también con una intensa e incesante oración al Señor para que guíe y proteja los pasos de nuestro Pontífice.

 

Francisco estará en al Azhar con el Gran Imán al Tayyeb, el Patriarca Tawadros y Bartolomé I. ¿Qué significado tendrá este encuentro ecuménico en un momento histórico en el que Egipto (y el mundo) está afrontando las pruebas tan duras de los extremismos religiosos?

 

Un significado muy profundo. Es la vía que trazó el Concilio Vaticano II. Para ser testimonio creía de la resurrección de Cristo es indispensable caminar juntos, con el objetivo de crear la unidad entre los cristianos, y para encontrarnos con los hermanos de las demás religiones en un dialogo real y fructuoso para la construcción de la sociedad civil. Pero, paradójicamente, precisamente las pruebas y las dificultades de nuestro tiempo son un estímulo para trabajar por esta que es la misión de la Iglesia. Ya hay señales y testimonios que animan sobre la unidad entre las diferentes confesiones y tradiciones presentes en Egipto, y esto nos da esperanza y un impulso para continuar por esta dirección.

 

Hablando de unidad… ¿Qué tal van las relaciones entre los coptos-católicos y los coptos-ortodoxos? ¿Y con el Patriarca Tawadros?

 

Las relaciones entre católicos y ortodoxos están mejorando con el tiempo. Evidentemente todavía hay mucho que hacer para alcanzar la esperada unidad. Sobre todo en relación con algunas cuestiones como la participación y el reconocimiento de los sacramentos, la autoridad petrina y algunos puntos doctrinales. Por todo ello no hay una plena unidad. Pero el camino ha sido trazado con claridad, y Papa Tawadros II demuestra un sincero deseo de encuentro con los católicos. La relación con él siempre ha sido muy buena, desde el principio de mi ministerio, cuando, pro primera vez en la historia, asistió a la ceremonia de «entronación» de un Patriarca copto-católico.

 

¿Cuáles son las relaciones con el presidente al Sisi? Últimamente ha dado señales positivas para los cristianos en Egipto, como la ley sobre la construcción de Iglesias o su participación en la misa de la Navidad copta…

 

El presidente hace lo mejor que puede para estar cerca de todos los egipcios. Todos, incluidas las minorías. Hay que decir que hace cualquier esfuerzo para que crezcan nuestro país y su seguridad, y demuestra afecto por los cristianos con signos concretos de participación, particularmente en los momentos difíciles.

 

Después de los atentados en Tanta y Alejandría, al Sisi anunció la creación de un Consejo Supremo para combatir al terrorismo. ¿Cómo piensan contrarrestar los líderes religiosos la plaga del fundamentalismo?

 

Sin duda, apostamos por la educación y la formación de las nuevas generaciones, enseñándoles a ser abiertos y tolerantes hacia los que son diferentes. De cualquier manera, creo que frente al misterio del mal cualquier estrategia o iniciativa humana resulta poco eficaz y a la larga fracasa. Claro, como creyentes, «combatimos» este tipo de plagas con la oración, como Nuestro Señor que ofreció gritos y súplicas al único que puede librarnos del mal y de la muerte.

 

El Papa habla a menudo sobre el ecumenismo de la sangre. ¿Qué le parece?

 

Creo que el Papa, como siempre, tiene expresiones y palabras que explican profundamente la realidad. Es justamente lo que sucedió cuando comenzó la aventura de la Iglesia y durante el resto de su historia. No se puede prescindir del martirio, que es el testimonio más alto, si se desea la llegada del Reino de Dios, que es un reino de amor y unidad.

 

Entonces, ¿qué es lo que espera para la visita del Papa?

 

«El Papa de la Paz en el Egipto de la Paz». Puedo decir que no es un deseo, sino una certeza.


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Los hospitales de Gaza quedarán sin electricidad?

Los hospitales de Gaza, a pocos días de quedarse sin electricidad

Una mujer atiende a su hijo en un hospital de Gaza, donde fue internado por las heridas causadas por una explosión. Foto de archivo: UNICEF/Eyad El Baba

21 de abril, 2017 — La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) manifestó preocupación por el impacto que tiene en sectores vitales de Gaza el cierre de su única planta generadora de electricidad.

La central paró sus operaciones el 17 de abril último, cuando se agotaron sus reservas de combustible por falta de fondos para reponerlas.

Un comunicado de OCHA precisa que esa planta genera el 30% del suministro eléctrico en la Franja, territorio en el que viven 1.800.000 personas.

Gaza compra a Israel el 55% de su energía eléctrica y el cierre de la planta local está provocando apagones de hasta 20 horas en algunos sectores.

“Vemos con preocupación las afectaciones causadas en los servicios básicos, sobre todo a la salud, con los hospitales obligados a utilizar plantas de emergencia”, advirtió OCHA.

Según la oficina, los centros de salud solo disponen de combustible para utilizarlas hasta la próxima semana y no cuentan con recursos financieros para adquirirlo.

De no garantizarse fondos para la compra de combustible, los 14 hospitales de Gaza tendrán que cerrar parcial o totalmente, lo cual pondrá en peligro la vida de miles de seres humanos, alertó la Organización Mundial de la Salud.

También el suministro de agua potable y los servicios de sanidad están afectados por los apagones diarios, que multiplican la crisis humanitaria en un territorio palestino devastado en el verano de 2014 por 51 días de bombardeos israelíes.

La falta de fondos para la adquisición de combustible se ha producido en el contexto de una disputa entre las autoridades palestinas en Gaza y Ramallah sobre cuestiones relacionadas con una exención de impuestos para el combustible y la recaudación de ingresos procedentes de la electricidad.


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La celebración de los mártires en la iglesia de S. Bartolomé en Roma. Crónica.

El Papa: “Los campos para refugiados son campos de concentración”

Fuerte denuncia de Francisco durante la vigilia por los «nuevos mártires» en San Bartolomé: «Los acuerdos internacionales son más importantes que los derechos humanos». El recuerdo de una cristiana degollada frente al marido musulmán. Llamado por los migrantes: «Crueldad hacia ellos. Que la generosidad del Sur contagie al Norte»
REUTERS

Papa Francisco

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Pubblicato il 22/04/2017
Ultima modifica il 22/04/2017 alle ore 20:07
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Muchas son las pruebas de los justos, pero de todas los salva el Señor; Él custodia todos sus huesos, ni siquiera uno será roto». El coro entonaba las estrofas del Himno de los mártires mientras Bergoglio entraba a la Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, en donde presidió hoy, 22 de abril de 2017, por la tarde la vigilia de oración promovida por la Comunidad de Sant’Egidio por los Nuevos mártires de los siglos XX y XXI.

 

En este lugar elegido por Juan Pablo II después del Jubileo del año 2000 como memorial para los nuevos y antiguos mártires, en donde el testimonio de los cristianos asesinados «in odium fidei» durante los siglos pasados se entrelaza con la de los seguidores de Cristo perseguidos por las ideologías del siglo XX o por las recientes locuras extremistas, Papa Francisco entró como peregrino y rezó por todos los que «han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta la muerte».

 

«Algunos han sido nuestros amigos, o incluso comensales», dijo Andrea Riccardi, fundador de Sant’Egidio, en su saludo inicial, en el que recordó a algunos de ellos: don Andrea Santoro, asesinado en Turquía; Shabbaz Bhatti, asesinado en Paquistán; Christian de Chergé, masacrado en Argelia; el padre Jaques Hamel, degollado en Normandía; el obispo Enrique Angelelli, perseguido por los militares en Argentina. De estos y otros testimonios se conserva en las capillas laterales de la Basílica un objeto personal: la estola, el breviario, el pastoral, el cáliz, la bibbia: «Hemos sido sus amigos pero no nos libramos de la voluntad tenaz de salvarnos a nosotros mismos». Es más, han querido recordarnos, mediante el testimonio «usque ad sanguinis effusionem», que «como cristianos no somos vencedores por el poder, las armas, el dinero, sino habitados por la fuerza humilde de la fe y del amor». Cristianos que, al contrario del resto del mundo sacudido por la «guerra, madre de dolores y pobreza», «no roban la vida, sino la dan».

 

«El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia que la Iglesia es la Iglesia si es Iglesia de mártires», comenzó Papa Francisco en su homilía. Y, con un hijo de voz, añadió: «un ícono más en esta Iglesia». «Una una mujer. No sé su nombre, pero ella nos mira desde el Cielo. Cuando estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré a un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho”. Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración porque los campos de refugiados… muchos de ellos son campos de concentración, son abandonados ahí, a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos. Y este hombre no tenía rencor. Y él siendo musulmán llevaba adelante esta cruz sin rencor, se refugiaba en el amor de su mujer, que ha recibido la gracia del martirio».

 

El mártir es, de hecho, «un graciado», afirmó Bergoglio. «Cuantas veces, en momentos difíciles de la historia, se ha escuchado decir: “Hoy la patria necesita héroes”. Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no valentía, esto es lo que lo hace mártir». Los mártires, prosiguió el Pontífice citando los pasajes del Apocalipsis leídos en la liturgia, «han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el fin, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos dan la vida, y no recibimos la bendición de Dios por su testimonio», dijo el Papa. Y recordó también a «tantos mártires ocultos» de hoy, esos hombres y mujeres «fieles a la fuerza mansa del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día tratan de ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas».

 

Papa Bergoglio describió la «causa» de sus persecuciones: «el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”. Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo».

 

Entonces, «¿qué cosa necesita hoy la Iglesia?», se preguntó el Papa: «Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días, de la vida ordinaria llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte».

 

Todos ellos son, para el Papa, «la sangre viva de la Iglesia», los testigos «que demuestran que Jesús resucitó, que Jesús es vivo» y que «nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz».

 

Antes de la homilía del Pontífice, momento conmovedor de la celebración, ofrecieron tres testimonios el hijo de Paul Schneider, pastor de la Iglesia reformada, asesinado en el campo de exterminio de Buchenwald en 1939: «Mi padre fue elegido para ofrecer testimonio del Evangelio y esto me consuela», dijo. Después habló Roselyne Hamel, hermana del padre Jacques, el párroco de Rouen degollado por dos fundamentalistas en julio del año pasado durante la misa. Mi hermano «nunca quiso estar en el centro, sino que ofreció un testimonio al mundo entero cuya extensión la podemos medir todavía. Con su muerte se convirtió en un hermano universal», afirmó la mujer. Al final, un amigo de William Quijano, asesinado por las Maras de El Salvador, que trataba de «romper las cadenas de la violencia», a través de la educación y la formación de los niños, con la certeza de que «un país sin escuelas y maestros es un país sin futuro».


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Homilía del Papa en el acto de veneración de los mártires antiguos y modernos.

El Papa reza por los Nuevos Mártires, “ellos son la sangre viva de la Iglesia”

2017-04-22 Radio Vaticana

(RV).- “La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad. Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Liturgia de la Palabra que presidió en la Basílica romana de San Bartolomé, con la Comunidad de San Egidio, el cuarto sábado de abril.

En la Celebración de la Memoria de los Testigos de la fe de los siglos XX y XXI, el Santo Padre dijo que, “hemos llegado hasta esta Basílica de San Bartolomé como peregrinos, aquí donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las desequilibradas ideologías de siglo pasado, y asesinados sólo porque eran discípulos de Jesús”.

“El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes – señaló el Pontífice – nos confirma en la conciencia que la Iglesia es una Iglesia de mártires. Ellos han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos donan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio”. Y existen también, tantos mártires escondidos, dijo el Papa, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

“Jesús – afirmó el Papa Francisco – nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo”. Y el origen del odio, dijo el Papa, esta en el príncipe de este mundo, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Por ello, recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar, puntualizó el Santo Padre, es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las Comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. Y entonces podemos orar así, dijo el Papa: “Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero”.

Audio y Texto completo de la homilía del Papa Francisco

Hemos venido como peregrinos a esta Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las desequilibradas ideologías de siglo pasado, y asesinados sólo porque eran discípulos de Jesús.

El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia que la Iglesia es una Iglesia de mártires. Y los mártires son aquellos que, como nos lo ha recordado el Libro del Apocalipsis, «vienen de la gran tribulación y han lavado sus vestiduras, haciéndolas cándidas en la sangre del Cordero» (7,17). Ellos han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos donan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio. Y existen también tantos mártires escondidos, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

Si miramos bien, la causa de toda persecución es el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”.

Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Cuantas veces, en momentos difíciles de la historia, se ha escuchado decir: “Hoy la patria necesita héroes”. Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no valentía, ésto es lo que lo hace mártir.

Hoy, del mismo modo, nos podemos preguntar: “¿Qué cosa necesita hoy la Iglesia?” Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días, de la vida ordinaria llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte. Todos ellos son la sangre viva de la Iglesia. Son los testimonios que llevan adelante la Iglesia; aquellos que atestiguan que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo, y lo testifican con la coherencia de vida y con la fuerza del Espíritu Santo que han recibido como don.

Yo querría hoy añadir un ícono más en esta Iglesia: una mujer. No sé su nombre, pero ella nos mira desde el Cielo. Cuando estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré a un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho”.

Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huír de ese campo de concentración porque los campos de refugiados… muchos de ellos son campos de concentración, son abandonados ahí, a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos. Y este hombre no tenía rencor. Y él siendo musulmán llevaba adelante esta cruz sin rencor, se refugiaba en el amor de su mujer, que ha recibido la gracia del martirio.

Recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las Comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad. Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz. Y entonces podemos orar así: «Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu Iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero. A ti Señor la Gloria y a nosotros la vergüenza».

(Traducción del Italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)


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El Papa venera a los mártires de los tiempos modernos

Oración del Papa por los «Nuevos Mártires»

(RV).- Con su alegría al recibir al Papa Francisco, la Comunidad de San Egidio presenta el programa de la visita y de la Oración del Santo Padre – el 22 de abril a las cinco de la tarde – en Basílica romana de San Bartolomé, encomendada a la misma Comunidad, y dedicada, desde 1999, a la memoria de los «Nuevos Mártires», por voluntad de Juan Pablo II.

En la Liturgia de la Palabra, intervendrán también parientes y amigos de tres de los numerosos testigos de la fe, cuya memoria se conserva en la iglesia de la Isla Tiberina:

Karl Schneider, hijo de Paul, Pastor de la Iglesia Reformada, asesinado en 1939 en el campo de Buchenwald porque había definido los objetivos del nazismo, entonces en el poder, como «inconciliables con las palabras de la Biblia»

Roselyne, hermana del P. Jacques Hamel, asesinado en Rouen, en Francia, el 26 de julio de 2016, cuando acaba de celebrar la Santa Misa

Francisco Hernández Guevara, amigo de William Quijano, un joven de San Egidio en El Salvador, asesinado en septiembre de 2009, porque con las «Escuelas de la Paz» de la misma Comunidad, ofrecía a los adolescentes en el barrio en el que vivía una alternativa a las «maras», pandillas de jóvenes que siembran terror en ese país de América Central.

El Papa Francisco, después de su homilía, rendirá homenaje a las seis capillas laterales de la basílica que conservan las reliquias de los mártires de Europa, África, América y Asia, del comunismo y del nazismo.

En el curso de la Liturgia, se encenderán algunas velas para acompañar cada oración que se pronunciará en memoria de los testigos de la fe del siglo XX hasta nuestros días. Desde los armenios y los otros cristianos de las Iglesias víctimas de masacres perpetradas durante la Primera Guerra Mundial, a los mártires de la paz y del diálogo, como los monjes trapenses de Nuestra Señora del Atlas en Argelia y don Andrea Santoro en Turquía. También de quien ha sido asesinado por la mafia, como Don Pino Puglisi, en Italia, y los numerosos misioneros que, en tantas partes del mundo, han entregado su vida por el Evangelio.

Un recuerdo que abrazará todos los continentes, uniendo nombres más conocidos como el del Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, a otros menos conocidos.

Se rezará también por los Obispos Mar Gregorios Ihrahim y Paul Yazigi, así como por el P. Paolo Dall’Oglio, secuestrados desde hace tanto tiempo en Siria, de los cuales no se tiene noticia alguna.

Al finalizar la oración, el Papa Francisco encontrará, en los locales cercanos a la basílica, a un grupo de refugiados llegados a Italia gracias a corredores humanitarios, así como a algunas mujeres víctimas de la trata y a algunos menores no acompañados.

(CdM – RV)

(from Vatican Radio)


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Lo dijo Arrupe hablando de la Pascua.

 

 Pedro Arrupe y el secreto de la Pascua

Felices-Pascuas (1)

Jesús ha gastado cada minuto de su vida en un continuo acto de servicio. Ese es el secreto de su triunfo. De su muerte va a brotar en seguida la resurrección. De la entrega total brota el optimismo cristiano.

Hoy mucha gente vive triste, angustiada por la crisis internacional, por los problemas que azotan a la sociedad, a la Iglesia, a los individuos. Es cierto que debemos poner toda la carne en el asador para solucionarlos, casi como si sólo dependieran de nuestras fuerzas y nuestro interés. Pero luego ¿por qué estar tristes? Un hombre de fe que vive su disponibilidad, su diaria entrega a los hermanos, tiene dentro de sí el secreto de la Pascua.

¿Cuál es el secreto del optimismo? Creo que simplemente un problema de fe. Yo creo en Dios. Yo creo en Cristo. ¿No basta esto para tener un gran optimismo? ¿Qué me puede pasar que me quite la alegría de estar salvado por Jesús y de entregar mi pequeña existencia al servicio de los demás?

Creo que este fue el secreto de los santos, el mismo secreto que resucitó a Jesús: vivir nuestra entrega diaria, sin miedo, con un corazón confiado y humilde, pero dando de verdad lo que tenemos a nuestros hermanos. Así, detrás de todo, incluso de los acontecimientos contemporáneos que nos inquietan, estará brillando la luz de la esperanza.

Pedro Arrupe, S.J.  /  “Las siete palabras del Cristo viviente”.  Marzo – 1977

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