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Son más de 5.000 las vírgenens consagradas hoy en el mundo. Documento pontificio.

Vírgenes consagradas; el Vaticano identifica un fenómeno en aumento

Mientras una comisión estudia la cuestión de las diaconesas, el Papa aprueba una Instrucción sobre esta forma de consagración alternativa a la vida en el convento

Vírgenes consagradas; el Vaticano identifica un fenómeno en aumento

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Pubblicato il 04/07/2018
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Mientras una Comisión de estudio sobre el diaconato femenino le presentará dentro de poco las propias conclusiones, el Papa Francisco aprobó el pasado 8 de junio la instrucción de la Congregación vaticana para los religiosos, “Ecclesiae Sponsae Imago”, que identifica «un verdadero florecimiento» de las vírgenes consagradas («más de cinco mil» en todos los continentes «y en continuo aumento») para orientar y promover esta «orden» de mujeres que eligen esta peculiar manera de consagración alternativa a la vida comunitaria en el convento.

 

«Como indican algunos pasajes del Nuevo testamento y los escritos de los primeros siglos cristianos, esta forma de vida evangélica apareció espontáneamente en las diferentes regiones en las que se desarrollaban las comunidades eclesiales, situándose entre las diferentes formas de vida ascética que, en el contexto de la sociedad pagana, constituían un signo evidente de la novedad del cristianismo y de su capacidad para responder a las más profundas preguntas sobre el sentido de la existencia humana», se lee en la introducción del nuevo documento de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. «Con un proceso análogo al que tuvo que ver con la viudez de mujeres que elegían la continencia “en honor de la carne del Señor”, la virginidad consagrada femenina asumió progresivamente las características de un estado de vida reconocido públicamente por la Iglesia», prosiguió el documento que, en una nota a pie, recuerda que «en las Constituciones Apostólicas de la segunda mitad del siglo IV las vírgenes aparecen, al lado de las viudas y de las diaconesas, como un elemento institucional de la comunidad cristiana».

 

Las vírgenes consagradas «están presentes en todos los continentes, en numerosas diócesis, y ofrecen el propio testimonio de vida en cada ámbito de la sociedad y de la Iglesia», escribió en una presentación el Prefecto del Dicasterio vaticano, el cardenal brasileño Joao Braz de Aviz. «En 2016, durante el Año de la Vida Consagrada una estadística aproximada por defecto estimaba la presencia de más de cinco mil vírgenes consagradas en el mundo, en continuo aumento». La instrucción sobre el “Ordo virginum” («el primer documento de la Sede Apostólica que profundiza la fisionomía y la disciplina de esta forma de vida») pretende «responder a las peticiones que numerosos obispos y vírgenes consagradas en estos años han presentado a la Congregación para la Vida Consagrada sobre la vocación y el testimonio del “Ordo virginum”, su presencia en la Iglesia y universal, y (en particular) sobre la formación y el discernimiento vocacional». “Ecclesiae Sponsae Imago” quiere ayudar a descubrir la belleza de esta vocación, y contribuir a mostrar

«la belleza del Señor que transfigura la vida de tantas mujeres que cotidianamente hacen experiencia de ella».

En un “excursus” histórico, el Secretario de la Congregación vaticana responsable de la vida religiosa, el arzobispo español José Rodríguez Carballo, subrayó que al inicio «junto con las demás formas de vida ascética, la elección de la virginidad floreció espontáneamente en todas las regiones en las cuales el cristianismo se difundía, asumiendo las características de un estado de vida públicamente reconocido en la Iglesia como “Ordo virginum”, con expresión análoga a las utilizadas para indicar otros “Ordines” (“Ordo episcoporum”, “Ordo presbyterorum”, “Ordo diaconorum”, “Ordo viduarum”)». Desde el siglo IV, «las vírgenes consagradas permanecían en el proprio ambiente familiar y social, y participaban activamente en la vida de la comunidad cristiana reunida al rededor del obispo».

 

Después, «durante la Edad Media, con la afirmación dela vida monástica y por complejas razones históricas y culturales, las vírgenes consagradas se reunieron progresivamente en los monasterios y en la legislación canónica el estado de vida consagrada femenina se identificó con la vida contemplativa claustral», hasta tal punto que generalmente «la pertenencia a la comunidad monástica hizo que faltara el arraigo en la comunidad cristiana, característico de la edad primitiva y patrística, con su directa referencia a la autoridad episcopal». Y «salvo rarísimas excepciones, esta situación perduró hasta el Concilio Vaticano II. El impulso de renovación eclesial que precedió al Concilio –prosiguió Carballo– suscitó un nuevo interés también en relación con el rito de la “consecratio virginum” y sentó los presupuestos para su revisión», después dispuesta por la “Sacrosanctum Concilium”. El Papa Pablo VI, para concluir, estableció que se volviera a adoptar el antiguo “Ordo virginum”, promulgando el 31 de mayo de 1970 el nuevo “Ordo Consecrationis Virginum”, «en el que se preveía la posibilidad de consagrar también a las mujeres que permanecen en el proprio ordinario contexto de vida, según las modalidades del antiguo “Ordo virginum”», innovación que después llegó a establecerse al canon 604 del Código de Derecho Canónico.

 

Desde que se volvió a proponer esta nueva forma de vida consagrada en la Iglesia, «se ha vivido un verdadero florecimiento del “Ordo virginum”», dice la instrucción, «cuya vitalidad se manifiesta en la pluriforme riqueza de carismas personales puestos al servicio de la edificación de la Iglesia y de la renovación de la sociedad según el espíritu del Evangelio. El fenómeno parece de gran relevancia, no solo por el número de las mujeres involucradas, sino también por su difusión en todos los continentes, en muchísimos países y diócesis, en áreas geográficas y contextos culturales tan diferentes».

 

La instrucción tiene tres partes: después de ilustrar la «vocación al testimonio» del “Ordo virginum”, profundiza su «arraigo diocesano» y, para concluir, reflexiona sobre el discernimiento vocacional y la formación permanente para las vírgenes consagradas. Entre los temas que se afrontan están la necesidad de verificar la «madurez humana» de las candidatas, que presupone, explica la instrucción, «un conocimiento realista de sí misma y una serena y objetiva conciencia de los propios talentos y de los propios límites, unidas a una clara capacidad de autodeterminación y a una adecuada y suficiente actitud a la asunción de responsabilidad»; «la capacidad de instaurar relaciones saludables, serenas y oblativas con hombres y mujeres, unida a una recta comprensión del valor del matrimonio y de la maternidad»; la «capacidad de integrar la sexualidad en la identidad personal y de orientar las energías afectivas para expresar la propia feminidad en una vida casta que se abra a una más amplia fecundidad espiritual»; «la capacidad laboral y profesional con la que proveer al propio sustento dignamente»; «una comprobada actitud para reelaborar sufrimientos y frustraciones, como también para dar y recibir el perdón, como pasos posibles hacia una plenitud de humanidad»; «la fidelidad a la palabra dada y a los empeños precisos»; «un uso responsable de los bienes, de los medios de comunicación social y del tiempo libre».

 

La instrucción vaticana ha atesorado «la experiencia de estas décadas» y representa un «documento de orientación y promoción», explicó Carballo, para todas estas mujeres que «manteniendo una mirada contemplativa de la realidad, son partícipes de las alegrías y esperanzas, de las tristezas y de las angustias de los hombres del propio tiempo, especialmente de los más pobres, y contribuyen en la renovación de la cultura según el espíritu del Evangelio». En este resurgimiento del “Ordo virginum”, el obispo Carballo atisba un «dato significativo, no solo para la comprensión y la valoración de la presencia de las mujeres en el pueblo de Dios, sino también y más radicalmente en relación con la profundización de la conciencia que la Iglesia tiene de sí misma como Esposa de Cristo, pueblo de Dios que en la historia camina hacia el cumplimiento escatológico». El cardenal Braz de Aviz, por su parte, subrayó y anticipó el deseo de «organizar y ver llegar a Roma a las vírgenes consagradas de todo el mundo para un nuevo encuentro internacional en 2020, para celebrar con Pedro el 50 aniversario del rito».

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