Loiola XXI

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Dignidad del menor en el mundo digital. Conclusiones del Congreso Mundial en Roma.

Presentada al Papa la Declaración de Roma del Congreso mundial «Dignidad del menor en el mundo digital»

 

 

Papa Francisco: “Del modo en el que son tratados los niños se puede juzgar a la sociedad”  Es el título del Documento final del primer Congreso mundial para tutelar la dignidad de los menores también en lo que respecta a las tecnologías digitales.

La histórica Declaración de Roma le fue presentada al Papa Francisco por el Rector de la Gregoriana, el P.  Nuno da Silva Gonçalves,  «en nombre de millones de jóvenes de todo el mundo, que deben ser mayormente informados y protegidos de los riesgos de abuso sexual y de otras formas de abuso en internet».

«Todo niño tiene derecho a la dignidad y a la seguridad», empieza afirmando la Declaración, para luego advertir que «sin embargo, millones de niños sufren abusos y explotación en todo el mundo» y que «la tecnología, que ha cambiado nuestras vidas de muchas formas positivas, también se está utilizando cada vez más en la explotación de niños».

Dado que «hoy día los niños tienen literalmente en las palmas de sus manos contenidos cada vez más extremos y deshumanizantes» el mismo documento pone en guardia contra «la proliferación de las redes sociales, que ha producido un incremento extraordinario de las comunicaciones, también ha derivado en ciberacoso, acoso y sextorsión».  Por lo que «hay una gran cantidad de imágenes de abuso sexual de niños y jóvenes en internet, y el número no deja de crecer. La pornografía en línea está teniendo un impacto sobre las mentes moldeables de los más jóvenes».

En el Congreso participaron expertos de alto nivel de diversas áreas, de la política, de las religiones, de empresas tecnológicas, de cuerpos de seguridad, de múltiples organizaciones, así como de universidades.

La declaración final, lanza un llamado a los representantes del mundo entero, responsables de la dignidad del menor en el mundo digital:

En primer lugar, las autoridades mundiales son llamadas a emprender campañas globales de sensibilización, para educar e informar a la población del mundo sobre la gravedad y la extensión del abuso y de la explotación de los niños de todo el mundo, y se les impulsa a pedir intervenciones por parte de los líderes nacionales.

En segundo lugar, se llama a las autoridades de las grandes religiones del mundo, para que informen y movilicen a los  miembros de cada fe religiosa a unirse en un movimiento global a fin de proteger a los niños del mundo.

A los parlamentos del mundo se pide, en el punto tres, que mejoren la legislación para una protección más eficaz de los menores y que llamen a rendir cuentas de sus crímenes a aquellos que se hacen responsables del abuso y de la explotación de los niños.

A los líderes de las empresas tecnológicas se les llama a comprometerse en el desarrollo y la implementación de nuevos instrumentos y tecnologías, finalizados a contrastar la proliferación de imágenes de abuso sexual en Internet,  y a impedir la redistribución de imágenes de menores identificados como víctimas.

El punto cinco llama a los ministerios mundiales de sanidad pública y a los líderes de las organizaciones no gubernamentales, a acrecentar las acciones para salvar a las víctimas menores de edad, y a mejorar los programas de atención para las víctimas de abuso y de explotación sexual.

Mientras que los organismos gubernamentales, la sociedad civil y las fuerzas del orden son llamados a trabajar para mejorar el reconocimiento y la identificación de las víctimas, y a asegurar su ayuda al enorme número de víctimas de abuso y de explotación sexual de menores, que aún están escondidos.

Puntualmente se pide en el punto siete a las fuerzas del orden que acrecienten la cooperación local y global a fin de mejorar el intercambio de informaciones en ámbito investigativo y que aumenten los esfuerzos de colaboración en relación a los crímenes contra los menores que atraviesan los confines nacionales.

Que se incremente la capacitación de los profesionales de la salud para identificar los indicadores de abuso y de explotación sexual: es lo que se pide a las instituciones médicas del mundo a fin de mejorar las modalidades de señalación y de tratamiento.

A las instituciones privadas y gubernamentales, se les llama, en el punto nueve, a aumentar recursos para profesionales de ámbito psiquiátrico y expertos de otras formas de cuidado, de modo de incrementar los servicios de atención y rehabilitación de los niños que han sido abusados y explotados.

Asimismo se realiza un llamado a las autoridades con responsabilidad en el ámbito de la sanidad pública para que promuevan la investigación sobre el impacto que la exposición a la explícita y extrema pornografía online ejerce en la salud de los niños y adolescentes.

Por otra parte se llama a los líderes de los gobiernos de todo el mundo, a los cuerpos legislativos, industrias privadas e instituciones religiosas a promover y realizar técnicas para impedir a los niños y jóvenes tener acceso a contenidos de internet a los cuales debe poder acceder sólo el público adulto.

Finalmente en los puntos doce y trece se llama a los gobiernos, a las industrias privadas y a las instituciones religiosas a emprender campañas globales de sensibilización dirigidas, en primer lugar, a los niños y jóvenes, de modo de formarles y proveerles de los instrumentos necesarios para un uso seguro y responsable de internet y para evitar que se dañe a muchos de sus coetáneos. Y en segundo lugar, a los ciudadanos de cada país, de modo de crear conciencia y atención en relación al abuso y la explotación sexual de los menores, alentándolos asimismo a señalar casos de abuso y de explotación a las autoridades competentes, si los ven, si tienen conocimiento o sospecha de que estén sucediendo.

(GM – CDM)

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Un sacerdote con material pedopornográfico.

El sacerdote bajo sospechas de pedo-pornografía y algunas cuestiones abiertas

El caso del cura que el Estado de la Ciudad del Vaticano llamó inmediatamente de Washington: perspectivas «mundanas» y la nostalgia de una mirada cristiana

La sede de la nunciatura en Washington

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Pubblicato il 16/09/2017
Ultima modifica il 16/09/2017 alle ore 16:17
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El triste caso del sacerdote en servicio dentro de la nunciatura apostólica de Washington, que fue llamado a toda prisa al Vaticano para ser interrogado por la acusación de posesión de material pedo-pornográfico, deja algunas cuestiones sin respuesta, y no son nada fáciles de afrontar.

 

Antes que nada, es útil recordar que se trata de un «indagado», no de un «condenado» y, por lo tanto, sus responsabilidades deben ser demostradas. En segundo lugar, según admitieron las fuentes del Departamento de Estado, se sospecha que el sacerdote en cuestión posea, pero no que «produzca o difunda, pornografía infantil». Hay que aclarar inmediatamente para no provocar equivocaciones: la pederastia y todo lo que hay alrededor pertenecen a la categoría de los delitos y de los pecados más oscuros y reprobables, porque los que sufren los abusos son niños que quedarán arruinados de por vida.

 

Pero, también en este caso, hay niveles de responsabilidad diferentes: una cosa son los abusos contra los menores y la producción de material pedo-pornográfico, y otra es poseer este material. Esto es un delito, tanto en los Estados Unidos como en el Vaticano. Y con más graves consecuencias, desde el punto de vista moral, cuando quien posee ese material es un sacerdote, sobre todo si cuenta con la inmunidad diplomática porque trabaja en una de las nunciaturas más importantes del mundo.

 

El comunicado que divulgó ayer, viernes 15 de septiembre de 2017, la Sala de prensa vaticana llegó anticipando la difusión de la noticia. Es probable que en este caso, más allá de la prontitud de reflejos a la hora de trasferir al Vaticano al cura y abrir una investigación, se haya preferido actuar de inmediato desde el punto de vista de la comunicación para marcar el ritmo, y no seguir, de la divulgación de la noticia. Anunciando en un comunicado oficial que se trataba de un sacerdote con inmunidad diplomática en servicio en la nunciatura de Washington, era inevitable que en pocas horas su nombre fuera identificado y divulgado por los medios de comunicación, puesto que los sacerdotes secretarios en servicio son solo tres.

 

Entonces, hay que reconocer que en este caso la Santa Sede se actuó con rapidez en todos los frentes, evitando cualquier confusión, como, por ejemplo, sucedió con el caso del nuncio Józef Wesołowski (quien, y no está de más recordarlo, fue acusado de abusos y no solo no de poseer material pedo-pornográfico). Y, si no consideró oportuno responder afirmativamente a la petición del Departamento de Estado estadounidense, que exigía cancelar la inmunidad diplomática del sospechoso, el Vaticano demostró no querer transigir sobre este tipo de delitos ni querer, de alguna manera, «encubrir» para defender el buen nombre de la institución, como sucedía en un pasado no muy lejano.

 

Sin embargo, quedan abiertas algunas cuestiones, que difícilmente serán discutidas, sobre todo si se considera que se hizo todo lo necesario para aplicar las normas, las reglas, los códigos y los reglamentos de emergencia para combatir el fenómeno de la pederastia en cualquiera de sus manifestaciones. Si, efectivamente, el indagado resulta culpable y, por lo tanto, condenado según las nuevas normas que introdujeron Benedicto XVI y Francisco, se podrá afirmar que la Iglesia se dotó finalmente de medidas eficientes para combatir la pederastia en su interior. Pero esto dejará, una vez más, sin solución la pregunta ¿cómo es posible que esto haya sucedido nuevamente? Es decir, las cuestiones de la formación y de los problemas sobre la identidad sexual, de la calidad de las relaciones interpersonales, de las amistades, de la capacidad de identificar las señales de disgusto y de verdadera enfermedad, de la excepcional copertura que representan los viajes, de la inmunidad diplomática percibida como impunidad para cuantos tengan estos tipos de problemas y de los criterios con los que son elegidas las personas que entrarán al servicio diplomático.

 

Es decir, la reacción «mundana», aunque sea muy correcta desde el punto de vista formal, es la del aislamiento de la «oveja negra», cuya foto será recortada y eliminada del álbum de familia. Pero sin que esto cale más hondo. Resulta aún más iluminador y congruente, desde todos los puntos de vista, la reacción que en su momento tuvo Benedicto XVI frente al escándalo internacional por los casos de pederastia cometidos por exponentes del clero. El Papa Ratzinger, que también actuó con firmeza en el ámbito de las normas con leyes de emergencia, quiso presentar una imagen de Iglesia penitencial: en lugar de invocar complots y ataques exteriores, y en lugar de refugiarse en el funcionalismo y en las «best practices» como si se tratara de una empresa (ejemplo de esa que el Papa Francisco llama, citando a Lubac, «mundanidad espiritual», todavía muy de moda en el Vaticano), se hizo cargo pidiendo perdón por los pecados de sus miembros y por la herida que este pecado provocaba.

 

Esa preciosa y actual enseñanza del Papa emérito fue indigesta para muchos autoproclamados «ratzingerianos». Porque era un testimonio ajeno a cualquier triunfalismo y reivindicación, y porque presentaba el rostro más auténtico de una Iglesia humilde, llena de pecado, necesitada de volver a aprender cotidianamente a recibir todo de su Señor y no de sus propias fuerzas, inteligencias o habilidades administrativas.