Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Llamamiento de Caritas a los líderes europeos a favor de Europa

Cáritas. 10 de marzo de 2017.- Cáritas Europa y un amplio grupo de organizaciones europeas han remitido una carta conjunta a los jefes de Estado y de Gobierno que participan en las sesiones del Consejo Europeo que tiene lugar en Malta, en la que instan a defender “los derechos y valores que han constituido los principios fundadores de la Unión Europea durante más de 60 años” y a “evitar que las preocupaciones legítimas que puedan surgir de la gestión de la inmigración sean tergiversadas y utilizadas para hacer descarrilar el proyecto europeo”.

Entre las organizaciones firmantes están Save the Children, Oxfam, World Vision, Care, Concord, Servicio Jesuita a Refugiados y diversas organizaciones nacionales de Francia, Holanda, Irlanda, Suecia, Austria, Luxemburgo, Serbia, Reino Unido, Noruega, Malta, Bélgica y Grecia.

Este es el texto íntegro de la carta remitida a los líderes de la Unión Europea:

 

Estimados Jefes de Estado y de Gobierno,

Somos organizaciones de la sociedad civil apoyadas, colectivamente, por decenas de miles de personas en toda Europa, que trabajamos con los más desfavorecidos para aliviar la pobreza, proporcionar asistencia y defender los derechos de las personas.

Ante el populismo xenofóbico en alza en toda Europa y en el mundo, queremos hacer un llamamiento a los dirigentes para que defiendan los derechos y valores que han constituido los principios fundadores de la Unión Europea durante más de 60 años. Juntos, tenemos que evitar que las preocupaciones legítimas que puedan surgir de la gestión de la inmigración sean tergiversadas y utilizadas para hacer descarrilar el proyecto europeo.

Somos testigos a diario de la solidaridad de muchos hacia las personas que están huyendo de guerras brutales, persecución, violaciones de derechos humanos, inestabilidad y pobreza extrema. Estamos viendo cómo, en toda Europa y en el mundo, la gente da la bienvenida a refugiados e inmigrantes en sus comunidades, abriendo la puerta de sus casas y donando dinero, bienes materiales y tiempo para ayudar. Sólo esta semana, muchos de ellos han viajado a Bruselas para pedirles que cumplan con sus compromisos de reubicar a los solicitantes de asilo que se encuentran en Grecia, y de “Traerlos Aquí”. También oímos a gente expresando sus preocupaciones con respecto al futuro, pidiendo a sus gobiernos que muestren su liderazgo y respondan a la llegada de un número cada vez mayor de personas.

Estamos orgullosos del compromiso europeo con la ley internacional y los derechos humanos, y confiamos en ustedes para fomentar y promover este compromiso en sus propios países y en el extranjero. Sin embargo, cuando un gran número de personas necesitadas llegaron durante el verano de 2015, Europa no fue capaz de responder con humanidad, dignidad y solidaridad. A día de hoy, las naciones europeas no están dispuestas a responder de acuerdo a sus obligaciones bajo las leyes internacionales y europeas, respondiendo, al contrario, con políticas que mantienen a estas personas lejos y fuera de la vista.

Les hemos escuchado repetir, una y otra vez, su compromiso con los valores europeos – el respeto por la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el estado de derecho y los derechos humanos—. Pero esperamos ver todo eso reflejado también en sus acciones. Demasiados líderes han estado preocupados en parar a las personas antes de que consiguieran llegar a Europa, corriendo el riesgo de reducir el acceso a la protección que muchos de ellos necesitan.

Ustedes tienen la responsabilidad de gestionar la inmigración de una manera más justa y que aborde las preocupaciones legítimas de los ciudadanos. De una manera que esté basada en principios y hechos, y no en la retórica populista. Demostrar su fuerza no significa rechazar a aquellos que más lo necesitan. Demostrar su fuerza está en avanzar por una vía que defienda sus propios valores.

Asimismo, si la UE y sus Estados miembros quieren seguir siendo vistos como actores internacionales creíbles no pueden seguir cerrando sus fronteras a los inmigrantes y refugiados, abandonando a miles de personas en condiciones inhumanas en las islas griegas o en zonas de conflicto y fuera de control como Libia, mientras países como Turquía, Jordania y Líbano siguen recibiendo millones de refugiados. Este tipo de decisiones tienen consecuencias de vida o muerte, y si continúan bajando el listón, otros países en todo el mundo seguirán su ejemplo.

En vez de contrarrestar el auge del populismo xenófobo, la respuesta de Europa ha sido demasiadas veces la de copiar sus recetas. Pero un enfoque basado en la disuasión y el cierre de fronteras no puede prevalecer sobre una política efectiva de largo plazo. Esperamos que actúen como estadistas, que se alcen en favor de la humanidad y la dignidad, y que aborden las inquietudes de la gente en vez de alimentarlas. Esperamos políticas de inmigración que sean sostenibles a largo plazo y capaces de garantizar el respeto de los derechos de las personas en lugar de ponerlas en peligro. Esto incluiría crear rutas más seguras y regulares hacia Europa, como los visados humanitarios y otros visados, aumentar el número de plazas de reasentamiento y mejorar el acceso a programas de reunificación familiar, así como mejorar la movilidad de los trabajadores, de todos los niveles de cualificación. Las preocupaciones globales como los conflictos y la inestabilidad, la pobreza, la desigualdad y el cambio climático deben seguir siendo una prioridad en la agenda europea.

Tanto ustedes como sus gobiernos deben valorar los efectos de sus políticas sobre los derechos humanos y las condiciones de vida de mujeres, hombres y niños migrantes, así como el sólido compromiso de Europa por la defensa de estos derechos y la mejora de las vidas de las personas.

Cuando están a punto de cumplirse los 60 años de la Unión Europea, les pedimos que muestren solidaridad, respeto por la humanidad y la dignidad de las personas, además de responsabilidad. Les pedimos que demuestren ser los verdaderos líderes e inspiradores que necesitamos para el futuro. Nuestro compromiso con los valores fundamentales de la Unión Europea no puede titubear ahora. Sólo una Europa que realmente defienda sus valores puede convertirse en un líder fuerte y creíble en un mundo sacudido por un creciente populismo y los llamados “hechos alternativos”.

La historia de Europa está llena de personas que han sido forzadas a huir de sus casas por la guerra y la persecución. El trabajo que han hecho las naciones europeas para desarrollar y proteger los derechos de las personas durante los últimos 70 años no puede perderse. Sólo una Europa que defiende los derechos de todas las personas, sin excepción, es una Europa que puede estar orgullosa de sí misma.

Anuncios


Deja un comentario

Populismos, por Gonz. Faus

Populismos

POPULISMOS

J. I. González Faus. “Oscura e incierta”, como el reinado de Witiza de nuestra infancia, se ha vuelto esa palabra, desde que la sociedad y los políticos se acostumbraron a discutir no con argumentos sino con sambenitos y etiquetas.

Si hubiera que seguir la regla del castellano de que el sufijo “ismo” indica muchas veces un abuso o exageración del sustantivo que lo lleva (y digo muchas veces, no siempre, para que la buena amiga Tere Forcades no levante la mano con la palabra “feminismo”), tendríamos que traducir nuestro vocablo como “abuso de lo popular”. Resultaría entonces que el partido más populista es el PP que es quien más lanza esa acusación a los demás: porque se califica de popular aquel partido que es precisamente el más antipopular. Aunque puede que no sea así sino simplemente que el PP considera que todos aquellos a quienes maltrata y excluye sumergiéndolos en la desigualdad más injusta, no son pueblo. Y no lo son porque, sencillamente, no existen: ya dijo la ministra de trabajo que en España “¡no hay nadie!” que cobre por debajo de nuestro miserable salario mínimo. Probablemente tampoco hay jóvenes que se hayan visto obligados a emigrar para poder vivir… De ser así, no habría en el PP un abuso de la palabra “pueblo”, sino una reducción de su significado. Es decir: pueblo son solamente “ellos”, los bienestantes y, en este sentido, son con pleno derecho partido “popular”.

Pero eso que lo discutan entre ellos. Buscando nosotros por otros campos semánticos, encontraremos una definición del populismo que es la que más me ha gustado y que procede de John Julis (en The populist Explosion): “un sistema de detección precoz de problemas importantes que los principales partidos minimizaron o ignoraron”. Se trata de la detección, no de la solución propuesta a esos problemas: por eso puede haber populismos de izquierdas y de derechas. Por eso molesta tanto esa palabra a los partidos clásicos: porque pone de relieve sus olvidos o sus injusticias.

Lo ocurrido en Estados Unidos puede servir de ejemplo. Las clases medias de ese país han disminuido y se han empobrecido llamativamente en los últimos años. Tanto Sanders como Trump detectaron ese problema al que ni los partidos ni los medios de comunicación, que son sus acólitos, habían querido prestar atención. Sanders levantó esa bandera proponiendo subidas de impuestos que acabaran con los privilegios reaganianos, y un estado mucho más social en salud, educación etc. Trump apelaba a ese mismo problema como arma electoral pero, para arreglarlo, prometió cosas muy distintas: como acabar con las deslocalizaciones de empresas que (aun funcionando suficientemente bien en USA) deciden irse a Bangladesh para ser “más competitivas”, y acabar con los flujos de inmigrantes que son, en buena parte, consecuencia de la forma como el “primer mundo” ha venido tratando al “tercero” desde tiempo inmemorial…

Así se comprende que muchos que votaban por Sanders en las primarias demócratas, acabaran luego votando por Trump en las elecciones generales. Se comprende también por qué muchos analistas decían que Sanders hubiese derrotado a Trump con más facilidad que Hillary Clinton.

Es decir: la tibieza social de nuestras izquierdas, más consonantes con lo que un día llamé “izquierda-Voltaire”, que con los acordes de una izquierda a lo Marx, esa tibieza, orquestada por unos medios de comunicación supuestamente progresistas, ha acabado generando una búsqueda de revoluciones sociales, unas veces particularistas y egoístas (caso Le Pen o Hungría), y otras veces más universalistas.

Desde mi más tierna infancia he ido acostumbrándome a que es mucho mejor refutar a quien tiene razones, colocándole etiquetas o palabras malsonantes, que respondiéndole con otras razones. Cuando yo era chaval, poner a algo o a alguien el sambenito de “protestante” era como colocarle un esparadrapo en la boca para que no pudiera hablar. Luego resultó que el concilio Vaticano II aceptó muchas de esas propuestas supuestamente protestantes, creando en muchos católicos tranquilos el escándalo y la necesidad de “reinterpretar” -es decir: desnatar- al Concilio. Más tarde, cualquier demanda seria de justicia social, estaba excomulgada de antemano por el sambenito de “comunismo”; olvidando que Marx, por mucho que se equivocara en las soluciones, tenía plena razón en sus análisis. Incluso, en algunas izquierdas eclesiales se esgrime a veces la palabra “preconciliar” para desautorizar algunas demandas que no les gustan, en lugar de pararse a examinarlas seriamente.

Ese modo de proceder ha ganado hoy frecuencia e intensidad porque, como bien acuñó un pensador inglés (Ralph Keyes), ya no estamos en la época de la modernidad ni de la postmodernidad sino en la época de la “postverdad”. Hasta el Oxford Dictionary ha aceptado ya esa palabra. La cual significa que las cosas ya no se razonan ni se deciden con argumentos, sino con sentimientos. Y los sentimientos son inapelables.

Por eso cabría terminar esta reflexión parodiando una frase muy conocida del obispo Helder Camara: “vosotros habláis mucho contra el populismo. Pero he de deciros una cosa: la causa del populismo sois vosotros”.

“Ves per on!”, que diría la Trinca.