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Mons. Viganó y sus declaraciones. Examen crítico de Vatican Insider

El ex nuncio en Estados Unidos, Viganò: “El Papa debe renunciar”

El diplomático vaticano ha publicado un documento sobre el caso del cardenal homosexual McCarrick, con acusaciones contra la cúpula vaticana de los últimos 20 años

Monseñor Carlo Maria Viganò

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Pubblicato il 26/08/2018
Ultima modifica il 26/08/2018 alle ore 12:47
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DUBLÍN

 

 

Las autoridades de la Santa Sede sabían, desde 2000, que existían acusaciones en contra del arzobispo Theodore McCarrick, que fue nombrado a finales de ese mismo año arzobispo de Washington y a quien Juan Pablo II creó cardenal un año más tarde. Se sabía que el religioso invitaba a sus seminaristas a dormir con él en su casa cerca del mar. Es lo que se lee en un documento de 11 páginas firmado por Carlo Maria Viganò, ex Secretario del Gobernatorado y ex nuncio apostólico en Estados Unidos, que fue alejado del Vaticano y enviado a la sede diplomática de Washington en 2011.

 

El texto de Viganò está lleno de fechas y circunstancias. Se dirige claramente contra el Papa Francisco, cuya renuncia pide el ex nuncio porque, en su opinión, habría cancelado sanciones existentes contra McCarrick después del Cónclave de 2013. El documento vuelve a proponer, citando rumores e información que ya habían circulado por lo menos durante los últimos dos meses en la galaxia mediática antipapal y tradicionalista de Estados Unidos y Europa, tratando de atribuir al actual Pontífice todas las responsabilidades.

 

Viganò afirma que las denuncias de 2000, con testimonios por escrito contra McCarrick (acusado de molestar a seminaristas y jóvenes sacerdotes adultos) fueron regularmente enviadas por los nuncios apostólicos que fueron pasando por la sede de Washington: monseñor Gabriel Montalvo y, después, monseñor Pietro Sambi. Estos informes no habrían recibido ninguna respuesta.

 

Viganò culpa de todo al entonces Secretario de Estado Angelo Sodano (pero también al Sustituto Leonardo Sandri, actual cardenal Prefecto para las Iglesias Orientales), pues habrían encubierto a McCarrick. ¿Y Juan Pablo II, que en 2000 aprobó el nombramiento en Washington e incluyó al polémico arzobispo un año más tarde en el Colegio cardenalicio? Escribe Viganò: «¿Fueron obra de Sodano el nombramiento en Washington y la creación cardenalicia, cuando Juan Pablo II estaba ya muy enfermo? No podemos saberlo. Pero es lícito pensarlo, aunque no creo que haya sido el único responsable. McCarrick iba frecuentemente a Roma y se había creado amistades por todas partes, en todos los niveles de la Curia».

 

Un segundo round de acusaciones contra McCarrick es de 2006. El mismo Viganò escribe que preparó dos apuntes detallados contra el cardenal y que los envió a sus superiores (en ese momento el cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone, acusado de haber ayudado a demasiados homosexuales para que obtuvieran puestos de responsabilidad en la Curia y en la Iglesia). También tardó en llegar la respuesta a esos apuntes, aunque Viganò afirma que en 2009 o en 2010 Benedicto XVI decidió imponer sanciones McCarrick, que ya había renunciado, para que dejara de vivir en el seminario, dejara de celebrar o aparecer en público y para que dejara de viajar. McCarrick no tomó en serio estas sanciones, sanciones secretas. Es suficiente navegar en internet pocos minutos para darse cuenta de que, incluso después de las presuntas sanciones del Papa Ratzinger, el cardenal estadounidense siguió celebrando en público y dictando conferencias.

 

El último capítulo: en junio de 2013 Viganò, durante una audiencia privada, habría respondido a una pregunta del Papa Francisco sobre McCarrick, indicando que existía un informe contra el cardenal lleno de acusaciones en la Congregación para los Obispos. Viganò no afirma haber entregado, ni ese día ni en el futuro, documentos o denuncias contra McCarrick al nuevo Papa. Pero esas pocas palabras durante la audiencia privada le parecen suficientes para afirmar que Francisco no se habría comportado correctamente, sino que habría ayudado de alguna manera al anciano cardenal, que se habría convertido, según afirma el ex nuncio sin ofrecer detalles ni referirse a hechos precisos, en un consejero del nuevo Papa para los nombramientos episcopales estadounidenses. No hay que olvidar que McCarrick ya no tenía encargos desde 2006, era un cardenal arzobispo emérito.

 

Más allá de los detalles de un texto que evidentemente forma parte de las personales batallas eclesiales de un religioso que nunca pudo digerir su alejamiento del Vaticano por decisión de Benedicto XVI, y del uso instrumental que aprovechan las huestes anti-Francisco y sus adelantados en la Iglesia (tanto en la política internacional como en los medios de comunicación), hay que aclarar algunos hechos.

 

El primero tiene que ver con el nombramiento de McCarrick en Washington y, sobre todo, con su posterior inclusión en el Colegio cardenalicio. En 2000 el Papa Juan Pablo II no estaba viviendo sus últimos días (falleció cinco años más tarde), y decir que estaba cansado, enfermo o que era incapaz de tomar decisiones sería poco apropiado. Hay que suponer que el cardenal Sodano ocultó informaciones fundamentales al Pontífice. Noticias que llegaban del nuncio apostólico en Washington, que, además, podía ponerse en contacto directo con el Papa. El cardenal Giovanni Battista Re (que según Viganò se opuso por escrito al nombramiento de McCarrick apenas nombrado Prefecto de la Congregación para los Obispos) era una persona cercana al Papa y también al poderoso secretario de Wojtyla, monseñor Stanislaw Dziwisz. ¿Por qué nadie le dijo al Pontífice que existían acusaciones contra el candidato al arzobispado de Washington? ¿Por qué nadie frenó su posterior creación cardenalicia?

 

El segundo hecho se refiere al lapso que va de 2006 a 2013. Viganò asegura que existen sanciones secretas contra McCarrick (impuestas por Benedicto XVI) y ataca al sucesor de McCarrick en Washington, Donald Wuerl, porque habría fingido no saber nada. Estas sanciones obligaban al cardenal molestador de seminaristas adultos y de jóvenes sacerdotes a vivir retirado en oración y penitencia, sin aparecer o celebrar en público. ¿Por qué, a pesar de estas sanciones, McCarrick no obedeció y siguió haciendo lo que hacía antes como cardenal jubilado, celebrando misas y dictando conferencias? ¿Por qué nadie pidió que se respetaran las órdenes papales y por qué nadie avisó al Pontífice sobre esta grave desobediencia? ¿Por qué el Papa Ratzinger eligió mantener en secreto estas sanciones (siempre y cuando las afirmaciones de Viganò sean verdaderas) sin darlas nunca a conocer?

 

Un tercer hecho. Cuando este año se supo de una denuncia concreta en contra de McCarrick por haber acusado de un menor (episodio de su periodo como sacerdote en Nueva York), el Papa Francisco le impuso vivir retirado y le quitó la púrpura cardenalicia: la primera y verdadera sanción radical contra el ex arzobispo, que no tiene precedentes en la historia reciente de la Iglesia. Hasta 2018, es decir hasta que se abrió una investigación formal canónica contra McCarrick, las acusaciones se referían a relaciones homosexuales con personas adultas. Y sigue pendiente otra pregunta: ¿por qué Viganò no dio a conocer estas informaciones hasta ahora, si es verdad que estaba tan convencido de que se trataba de una prioridad para la Iglesia? ¿Por qué, como nuncio apostólico en Estados Unidos, no escribió al nuevo Papa invitándolo a aplicar medidas en contra de McCarrick, con la finalidad de que finalmente las sanciones secretas de Benedicto fueran aplicadas (cosa que, evidentemente, no sucedió antes)?

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Chile: protestas contra la visita del Papa

Protestas contra el Papa en Chile, ocupada la nunciatura

El grupo activista Andha Chile: “Demasiado dinero gastado para la visita mientras en el país hay miseria y asesinatos”. Durante la noche han sido lanzado artefactos explosivos contra cuatro Iglesias. Bachelet: “Acoger al Pontífice con respeto”

Protestas contra el Papa en Chile, ocupada la nunciatura

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Pubblicato il 12/01/2018
Ultima modifica il 12/01/2018 alle ore 20:27
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Los carteles de “Bienvenido” han dejado sitio a los manifestantes que han ocupado la nunciatura y lanzado bombas artesanales contra las iglesias de Santiago de Chile, donde en estas últimas horas, a dos días de distancia de la llegada del Papa Francisco, han estallado violentas protestas contra la visita del Pontífice. Las últimas noticias de la prensa chilena aseguran que la nunciatura apostólica de la capital –que será la residencia del Papa en los tres días que durará su viaje, del 15 al 18 de enero– ha sido ocupada durante media hora (y más tarde liberada por la policía) por un grupo de manifestantes reunidos bajo la asociación del pueblo Andha Chile, encabezada por la ex candidata presidencial Roxana Miranda. Un gesto que se produce tras los ataques ocurridos anoche a cuatro parroquias de distintas partes de la ciudad.

 

Detrás de la revuelta de este grupo –una organización popular formada también por algunos desempleados y sin hogar– no existen razones políticas ni religiosas “más bien los millones que están gastando” para la acogida del Papa, explica Roxana Miranda en su perfil de Twitter, anunciando el inicio de una “agenda de lucha”. Se habla de cerca de 10 millones de pesos empleados para la visita del Papa, el 70% de los cuales han sido puestos a disposición por el Estado, y el 30% corren a cargo de la Iglesia.

 

Una afrenta, según los manifestantes, cuyo lema es “el dinero de los impuestos se lo lleva Francisco”. “Aquí en Chile” –se lee en el perfil de Andha Chile– hay miseria, pedofilia, asesinatos y nadie hace nada, pero se gastan millones para un personaje religioso”. Siempre a través de Twitter, Miranda ha publicado un vídeo en el que se ve a oficiales de las fuerzas de seguridad chilenas entrar en la sede de la nunciatura, a pesar de que los manifestantes intentaron impedir el acceso. Treinta minutos más tarde, un nuevo mensaje informó que los autores de las protestas y la ocupación se encuentran en una oficina de los carabineros chilenos en el distrito de Providencia.

 

Las fuerzas de seguridad han frustrado un cuarto ataque organizado en el santuario de Cristo Pobre, situado cerca de la estación de metro Quinta Normal, donde se había llenado un contenedor con combustible. En cambio, otras tres iglesias han sido dañadas gravemente, especialmente en sus puertas y fachadas. Como la de Santa Isabel de Hungría, en la zona de la estación central, donde los manifestantes arrojaron un trapo impregnado de combustible a la entrada y prendieron fuego, causando un incendio que más tarde fue apagado por los bomberos. Un sacerdote, residente en la casa pastoral, el padre Fernando Ibáñez, ha dicho a una radio local que unas horas antes algunos jóvenes habían pasado frente a la iglesia gritando insultos. Poco después, dijo, “he oído un perro ladrar y desde mi ventana he visto la luz de una llama, me he levantado y he llamado al párroco, el padre Cristian, mientras los vecinos gritaban, nos llamaban”, de tal forma que “he cogido un extintor y he empezado a apagar el fuego”.

 

En esos mismos momentos, en la capilla del Cristo Vencedor, algunos desconocidos hicieron explotar una bomba que provocó daños leves, y en Recoleta fue atacada la capilla del Emmanuel sobre las tres de la madrugada (hora local) con un dispositivo que, explotando, ha arrancado una puerta y roto algunas ventanas. Lo denuncia la policía que explica que ha encontrado “objetos que se han archivado para enviarlos a la fiscalía”. Sobre el lugar del ataque llegó a primera hora de la mañana el ministro de Interior chileno, Mahmud Aleuy, quien denunció el uso de la violencia en un país caracterizado por la libertad de opinión y anunció que el gobierno demandará a todos los responsables.

 

Por su parte la “presidenta” saliente de Chile, Michelle Bachelet, ha condenado duramente las protestas: “Lo que ha pasado es muy extraño porque no es algo que se pueda atribuir a un grupo específico”, ha dicho. Más tarde ha confirmado que, en vista de la llegada del Papa Francisco, el gobierno chileno ha hecho todo lo que estaba en su mano para ayudar en la organización del viaje apostólico. En especial, los esfuerzos del ejecutivo se han concentrado en la seguridad, el apoyo para facilitar el acceso a los lugares de los eventos así como al movimiento de los feligreses. Bachelet ha pedido acoger al Papa “en un clima de respeto” y “vivir esta visita en un clima de solidaridad y de alegría entre nosotros”.

 

No es la primera vez que las Iglesias en Chile son asaltadas o quemadas: se calcula que cerca de 36 lugares de culto, incluidas pequeñas capillas, han sido atacadas a lo largo de los últimos 25 años. Hasta ahora no había habido reivindicaciones oficiales de los cuatro ataques de esta noche pero parece que éstos tienen la firma de los representantes de los Mapuches, minoría –una de las más numerosas de toda América Latina, donde los grupos étnicos están poco a poco desapareciendo (actualmente son más de un millón y medio sobre 15 millones de habitantes, es decir, cerca del 10% de la población)– que desde hace años pide al gobierno el reconocimiento de sus derechos y de un Estado binacional además de la restitución de las tierras sustraídas a lo largo de cinco siglos que ahora están en manos de multinacionales o propietarios extranjeros.

 

No especialmente hostiles a la ya frágil Iglesia chilena -que, es más, se ha declarado a menudo a su favor– los Mapuches han elegido en cualquier caso la vía de la violencia para dar visibilidad internacional a su protesta, especialmente en estos días en los que, con el Papa, los ojos del mundo están puestos en Chile. Lo observan distintos analistas que explican como la misma decisión de la nunciatura es una hábil maniobra para amplificar el movimiento de oposición que desde hace distintas semanas ha ido expandiéndose en diversas ciudades chilenas y que ahora está viviendo un “salto importante” asumiendo los rasgos de un proyecto político con su propio sistema ideológico.

 

También el padre Felipe Herrera, portavoz de la Comisión nacional de la visita de Francisco en Chile, ha hablado de “actos de vandalismo llevados a cabo para llamar la atención”; no existe “ningún ataque de terrorismo”, ha asegurado el sacerdote, más bien manifestaciones de “un descontento social altísimo”. En cualquier caso “estamos acostumbrados”, dice Herrera, “y la gente está esperando con alegría al Papa”. “La Iglesia local no está preocupada por el éxito de la visita del Papa en Chile. Lo que queremos es dar un mensaje de calma, de tranquilidad”.