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El Papa pone el ejemplo del Beato Solano al servicio de los pobres y los enfermos

El Papa recuerda a nuevo beato por su “incansable servicio a los pobres”

P. Francisco Solano Casey / Crédito: The Michigan Catholic

P. Francisco Solano Casey / Crédito: The Michigan Catholic

VATICANO, 19 Nov. 17 / 06:14 am (ACI).- Luego del rezo del ángelus, el Papa Francisco recordó la beatificación en los Estados Unidos, concretamente en la ciudad de Detroit, de Francisco Solano, Fraile Menor Capuchino.

“Humilde y fiel discípulo de Cristo, se distinguió por un incansable servicio a los pobres”. “Que su testimonio ayude a sacerdotes, religiosos y laicos a vivir con alegría el lazo de unión entre el anuncio del Evangelio y el amor a los pobres”.

Nacido como Bernard Francis Casey el 25 de noviembre de 1870, el P. Solano fue el sexto de 16 hijos de los inmigrantes irlandeses Bernard James Casey y Ellen Elizabeth Murphy.

Se inscribió en el St. Francis High School Seminary cerca de Milwaukee en 1891, pero debido a las limitaciones académicas se le aconsejó que considerara unirse a una orden religiosa en su lugar.

Después de reflexionar ante una estatua de la Virgen María, sintió el impulso de “ir a Detroit”. Atendió ese consejo y se unió a la orden de los capuchinos en 1897, recibiendo el nombre religioso de Solano.

Aunque continuó luchando contra su bajo nivel académico, el P. Solano fue ordenado en 1904 como sacerdote “simplex”, es decir, que el Arzobispo no le concedió facultades para oír confesiones y predicar.

Después de servir por 20 años en los conventos e iglesias de Nueva York, el P. Solano fue transferido de nuevo a Detroit en 1924, donde comenzó a trabajar como portero del monasterio de San Buenaventura.

Fue allí que el fraile cimentó su reputación de santidad y compasión: atendía a los enfermos y se hizo conocido para su consejo sabio y la preocupación genuina para los que lo buscaron.

También ayudó a establecer una cocina capuchina en 1929 para alimentar a los hambrientos durante la Gran Depresión, una obra que continúa hoy en Detroit.

Al momento de su muerte el 31 de julio de 1957, la devoción al P. Solano creció hasta el punto de que más de 8.000 personas asistieron a su funeral.

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Homilía del Papa en la Primera jornada mundial de los pobres.

“Los pobres son nuestro pasaporte al paraíso”

En la misa de la primera Jornada Mundial de los Pobres, Francisco advirtió sobre el «gran pecado de la indiferencia; es deber evangélico cuidar a los que sufren»; el Pontífice reza por la tripulación del submarino argentino “Ara de San Juan”
ANSA

La Misa en esta primera Jornada Mundial de los Pobres

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Pubblicato il 19/11/2017
Ultima modifica il 19/11/2017 alle ore 12:56
GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«En el pobre, Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y, sediento, nos pide amor»; «la omisión es también el mayor pecado contra los pobres —afirmó Francisco. Aquí adopta un nombre preciso: indiferencia». Y añadió: «todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la vida y una vida sin fin. Por eso hoy también tendemos la mano hacia Él para recibir sus dones», porque «para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y “el que acumula tesoro para sí” no se hace “rico para con Dios”». Y es por este motivo que «nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás». En la homilía de la misa celebrada en ocasión de la primera Jornada Mundial de los Pobres, el Papa reflexionó sobre las Sagradas Escrituras para lanzar un llamado a los fieles que llegaron de todo el mundo a la Plaza San Pedro: «No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales». Y advirtió que «no hacer nada malo no es suficiente, porque Dios no es un revisor que busca billetes sin timbrar, es un Padre que sale a buscar hijos para confiarles sus bienes y sus proyectos». Y es triste «cuando el Padre del amor no recibe una respuesta de amor generosa de parte de sus hijos, que se limitan a respetar las reglas, a cumplir los mandamientos, como si fueran asalariados en la casa del Padre». En su meditación, el Papa advirtió sobre la tentación de considerarse ajenos al prójimo en dificultades pensando «No es algo que me concierne, no es mi problema, es culpa de la sociedad». Una actitud que consiste en «mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta», y también «indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien». Pero, precisó el Papa, «Dios no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien». Por ello se preguntó: «¿cómo podemos complacer al Señor de forma concreta?». «Cuando se quiere agradar a una persona querida, haciéndole un regalo, por ejemplo, es necesario antes de nada conocer sus gustos, para evitar que el don agrade más al que lo hace que al que lo recibe —afirmó. Cuando queremos ofrecer algo al Señor, encontramos sus gustos en el Evangelio».

 

Entonces el Pontífice invocó al Señor, «que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos», para que «nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos». Después de la lectura del Evangelio, Jorge Mario Bergoglio subrayó que «tenemos la alegría de partir el pan de la Palabra, y dentro de poco de partir y recibir el Pan Eucarístico, que son alimento para el camino de la vida. Todos lo necesitamos, ninguno está excluido». Y es por ello que debemos «la mano hacia Él para recibir sus dones», exhortó. Precisamente los dones son el argumento de la parábola del Evangelio: nos dice que nosotros somos «destinatarios de los talentos de Dios, “cada cual según su capacidad”». Y, recomendó el Papa, «en primer lugar, debemos reconocer que tenemos talentos, somos “talentosos” a los ojos de Dios. Por eso nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás. Hemos sido elegidos y bendecidos por Dios, que desea colmarnos de sus dones, mucho más de lo que un papá o una mamá quieren para sus hijos». Y Dios, «para el que ningún hijo puede ser descartado, confía a cada uno una misión». Según Jorge Mario Bergoglio, Dios, «como Padre amoroso y exigente que es, nos hace ser responsables». De hecho, «en la parábola vemos que cada siervo recibe unos talentos para que los multiplique». Pero «mientras los dos primeros realizan la misión, el tercero no hace fructificar los talentos; restituye sólo lo que había recibido». Y dice: «“Tuve miedo —dice—, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo”. Este siervo recibe como respuesta palabras duras: “Siervo malo y perezoso”».El Pontífice se preguntó qué es lo que no le ha gustado al Señor: «para decirlo con una palabra que tal vez ya no se usa mucho y, sin embargo, es muy actual, diría: la omisión. Lo que hizo mal fue no haber hecho el bien. Muchas veces nosotros estamos también convencidos de no haber hecho nada malo y así nos contentamos, presumiendo de ser buenos y justos».

 

Pero de esta manera «corremos el riesgo de comportarnos como el siervo malvado: tampoco él hizo nada malo, no destruyó el talento, sino que lo guardó bien bajo tierra». Efectivamente, recordó el Papa, «el siervo malvado, a pesar del talento recibido del Señor, el cual ama compartir y multiplicar los dones, lo ha custodiado celosamente, se ha conformado con preservarlo. Pero quien se preocupa sólo de conservar, de mantener los tesoros del pasado, no es fiel a Dios. En cambio, la parábola dice que quien añade nuevos talentos, ese es verdaderamente “fiel”, porque tiene la misma mentalidad de Dios y no permanece inmóvil: arriesga por amor, se juega la vida por los demás, no acepta el dejarlo todo como está. Sólo una cosa deja de lado: su propio beneficio. Esta es la única omisión justa».

 

Francisco citó nuevamente el pasaje evangélico del día, en el que Jesús dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis». Y explicó: «estos hermanos más pequeños, sus predilectos, son el hambriento y el enfermo, el forastero y el encarcelado, el pobre y el abandonado, el que sufre sin ayuda y el necesitado descartado», en sus rostros «podemos imaginar impreso su rostro; sobre sus labios, incluso si están cerrados por el dolor, sus palabras: “Esto es mi cuerpo”». Por ello, «cuando vencemos la indiferencia y en el nombre de Jesús nos prodigamos por sus hermanos más pequeños, somos sus amigos buenos y fieles, con los que Él ama estar». Y «Dios lo aprecia mucho, aprecia la actitud que hemos escuchado en la primera Lectura, la de la “mujer fuerte” que “abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre”». Esta es «la verdadera fortaleza: no los puños cerrados y los brazos cruzados, sino las manos laboriosas y tendidas hacia los pobres, hacia la carne herida del Señor».

 

En los pobres «se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobre». En ellos, pues, «en su debilidad, hay una “fuerza salvadora”. Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son “nuestro pasaporte para el paraíso”». Y «para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales». Francisco insistió en ello, porque «nos hará bien» recordarlo.

 

De hecho, concluyó, «acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo». Y esto es lo único que «dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece». Hoy, exhortó, «podemos preguntarnos: “¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?”. Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da».

 

Al final de la Misa, el Papa recitó el Ángelus y rezó incluso «por la tripulación del submarino militar argentino con el que se ha perdido contacto». Además, insistió el Papa, «quiero hoy recordar de manera particular a las poblaciones que viven una dolorosa pobreza a causa de la guerra y de los conflictos. Por eso renuevo a la comunidad internacional un apremiante llamamiento a comprometer todo esfuerzo posible para favorecer la paz, en particular en Oriente Medio. Dirijo un pensamiento especial al querido pueblo libanés y rezo por la estabilidad del País, para que pueda continuar siendo un “mensaje” de respeto y convivencia para toda la Región y para el mundo entero».

 

Dios, aseguró el Pontífice, nos estima enormemente, y esta conciencia «nos ayuda a ser personas responsables en cada una de nuestras acciones». Esto nos debe «infundir valor, mientras el miedo inmoviliza siempre y a menudo nos lleva a tomas decisiones equivocadas. El miedo desanima tomar decisiones, induce a refugiarse en soluciones seguras y garantizadas, y así no se acaba haciendo nada bueno». Y «para salir adelante en la vida y crecer en el camino de la vida, hay que tener confianza, no debemos pensar que Dios es un patrón malo, duro y severo que quiere castigarnos. Si dentro de nosotros existe esta imagen equivocada de Dios, entonces nuestra vida no podrá ser fecunda, porque viviremos con el miedo y esto no nos llevará a nada constructivo».

 

Dios, subrayó Jorge Mario Bergoglio, «no es un patrón severo e intolerante, sino un padre lleno de amor y ternura, de bondad». Por ello, «podemos y debemos tener una inmensa confianza en Él. Jesús nos muestra la generosidad y la premura del Padre en muchos modos: con su palabra, con sus gestos, con su acogida hacia todos, especialmente hacia los pecadores, los pequeños y los pobres». De hecho, «sus advertencias indican su interés por que no desperdiciemos inútilmente nuestra vida». Y «la parábola de los talentos nos llama a una responsabilidad personal y a una fidelidad que se convierte también en la capacidad de volvernos a poner constantemente en camino por nuevas vías, sin enterrar el talento, es decir los dones que Dios nos ha encomendado, y de los que nos pedirá cuentas». Y después pidió que la Virgen Santa «interceda por nosotros, para que permanezcamos fieles a la voluntad de Dios haciendo que den frutos los talentos con los que nos ha dotado, así seremos iguales a los demás y, en el último día, seremos acogidos por el Señor, que nos invitará a participar de su alegría».

 

Después de haber recitado la oración mariana, el Papa recordó que «hoy recurre también el Día mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico, instituida por la ONU. Aliento a las instituciones públicas en el compromiso de la prevención, y exhorto a los automovilistas a la prudencia y al respeto de las reglas, como primera forma de tutela de sí mismos y de los demás».


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Vaticano: el almuerzo del Papa con 1.500 pobres

Francisco abre el Vaticano y comparte la mesa con mil 500 pobres

El Papa invita a mil 500 personas necesitadas para un almuerzo con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres. “No sólo es darles de comer, es comer con ellos”
AP

El almuerzo del Papa

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Pubblicato il 19/11/2017
Ultima modifica il 19/11/2017 alle ore 13:38
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Un Vaticano de puertas abiertas. Para los pobres, los desposeídos y los más necesitados. No sólo de Roma, sino también de otros países europeos. Mil 500 de ellos compartieron hoy el almuerzo con el Papa en el Aula Pablo VI, el más grande auditorio de la Santa Sede. Degustaron albóndigas y polenta. Pero, sobre todo, disfrutaron de la compañía de Francisco. Porque, como dijo uno de los organizadores de la manifestación, “no se trata sólo de darles de comer… sino de comer con ellos”.

 

Tras celebrar la misa, para más de cuatro mil personas en la Basílica de San Pedro, y de bendecir a una multitud con la oración mariana del Angelus, el pontífice se dirigió hasta la sala donde ya lo esperaban los comensales. Distribuidos en decenas de mesas redondas, cual banquete nupcial. En medio, una gran mesa rectangular esperaba al Papa.

 

A su ingreso, los presentes aplaudieron entusiastas. Entre selfies espontáneos, abrazos y saludos emocionados, Jorge Mario Bergoglio llegó a su lugar. Desde allí dirigió unas palabras improvisadas. Tomó el micrófono, saludó a todos y les agradeció su presencia.

 

“Vamos a compartir el almuerzo deseándonos lo mejor los unos a los otros. Ahora vamos a rezar a Dios para que bendiga esta comida y aquellos que la han preparado, bendiga todos nosotros, nuestros corazones, nuestras familias, nuestros deseos, nuestras vidas. Que nos de salud y fuerza. Amén”, dijo, hablando en italiano.

 

Luego, antes de sentarse, envió una bendición a todos los otros pobres que fueron recibidos, también este domingo, en comedores esparcidos por la capital italiana. “Roma está llena hoy. Un saludo especial y un aplauso a ellos”, pidió el Papa. Inmediatamente ocupó su lugar y comenzó a departir con quienes estaban a su lado.

 

Entonces comenzó el desfile de platillos de comida típica italiana. Unos 40 diáconos de la diócesis de Roma y 150 voluntarios de las parroquias de la ciudad sirvieron ñoquis sardos con tomate, aceitunas y queso, albóndigas con verduras, polenta y brócolis, de postre tiramisú, agua, refresco de naranja y café. Todo parte de un menú ofrecido por el restaurante “Al Pioppeto”.

 

Entre los invitados no sólo destacaron italianos sino también personas procedentes de País, Lyon, Nantes, Varsovia, Cracovia, Bruselas y otras localidades europeas. El momento fue amenizado por la banda de la Gendarmería Vaticana y el coro “Las dulces notas”, compuesto por niños de 5 a 14 años.

 

“Francisco habla mucho que hay que tocar la carne de Cristo. No es solamente darles de comer sino comer con ellos, es decir responder a la necesidad de compañía que también tienen. No es solamente el pan material sino también el pan espiritual. El Papa insiste que los pobres deben ser los primeros destinatarios de la evangelización, tenemos también que ofrecerles el evangelio”, explicó Alejandro Díaz, oficial del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, el organismo del Vaticano responsable de organizar la comida.

 

En entrevista con el Vatican Insider destacó que, con el almuerzo, el líder católico busca dejar en claro que el centro del mensaje cristiano es “estar pendiente del hermano” y “del que tiene más necesidad”. Señaló que, también, busca visibilizar las “muchísimas iniciativas de voluntariado y acción social que hay en todo el mundo” y sacar a la luz la labor de las personas que, en el silencio, se ocupan de ayudar a los pobres.

 

Destacó que, a la Jornada Mundial de los Pobres (creada por Francisco y que toda la Iglesia celebra este domingo) se han sumado “con entusiasmo” obispos y fieles en diversos países organizando iniciativas similares.

 

“Son muchas familias que han decidido acoger este llamado del santo padre y ayudar, invitando a algún pobre a almorzar, teniendo alguna acción de caridad para con el prójimo. Todo el magisterio, la vida del Papa Francisco cada día es una pequeña sacudida que nos invita a vivir radicalmente el evangelio de Jesús”, apuntó.


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Jornada mundial de los pobres el 19 nov. domingo Celebración en Roma.

Jornada mundial de los pobres; 1500 de ellos almorzarán con el Papa en el Vaticano

Organizado por el Dicasterio para la Nueva Evangelización, participarán en el evento , el próximo 19 de noviembre, 4 mil necesitados en la Basílica de San Pedro, durante la misa oficiada por Francisco

Jornada mundial de los pobres; 1500 de ellos almorzarán con el Papa en el Vaticano

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Pubblicato il 14/11/2017
Ultima modifica il 14/11/2017 alle ore 12:49
REDACCIÓN
ROMA

Los últimos, los débiles, los hombres y las mujeres cuya dignidad es pisoteada día a día. Por ellos se celebrará la primera Jornada Mundial de los Pobres en el Vaticano, el próximo 19 de noviembre. Un evento que ha querido con fuerza el mismo Papa Francisco desde que concluyó el Jubileo de la Misericordia, y que será organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Participarán 4 mil pobres y necesitados, y todos ellos estarán presentes en la misa del Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, a las 10 de la mañana.

 

Irán acompañados por el personal de las asociaciones de voluntariado de Roma, del Lacio y de diferentes diócesis del mundo (como París, Lyon, Nantes, Angers, Beauvais, Varsovia, Cracovia, Solsona, Malinas-Bruselas y Luxemburgo).

 

Al concluir la misa con el Papa, 1500 pobres serán recibidos en el Aula Pablo VI en donde participarán en un almuerzo festivo con el Papa Bergoglio. Amenizarán el encuentro la Banda de la Gendarmería Vaticana y el coro “Le Dolci Note”, compuesto por niños de entre 5 y 14 años. Las otras 2500 personas almorzarán en diferentes comedores, seminarios y colegios católicos de Roma (el Pontificio Colegio de Norte América, el Colegio Apostólico Leoniano, los Comedores del Círculo San Pedro, el Comedor Caritas de Roma, la Comunità di Sant’Egidio, el Pontificio Seminario Romano Menor, el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum).

Los pobres serán servidos por 40 diáconos de la diócesis de Roma y por 150 voluntarios de las parroquias de otras diócesis.

 

El dicasterio para la Nueva Evangelización, informa un comunicado, se dirigió a algunas asociaciones de voluntariado, como la Caritas, la Comunità di Sant’Egidio, la Orden de Malta, Nuevos Horizontes, la Comunidad Juan XXIII, la Asociación Hermano 2016, las Obras Antonianas de Roma, la Acli, los Grupos Vincentinos de Voluntariado. Y también estarán involucradas las realidades que trabajan cotidianamente con personas marginadas y con las parroquias, con el objetivo de que la mayor parte de los necesitados pudieran participar en esta Jornada. Todos estos institutos han ofrecido un apoyo generoso para la organización del evento.

Entre las iniciativas de preparación para el evento hay que destacar el Presidio Sanitario Solidario, activo (desde el lunes 13 hasta el domingo 19 de noviembre, de 9 a 16 hrs.) en la Plaza San Pío XII. En este espacio se ofrecerán gratuitamente consultas y análisis médicos a quienes las soliciten.

 

El sábado 18 de noviembre, a las 20 hrs., en la Basílica de San Lorenzo extra Muros, se llevará a cabo una vigilia de oración por el mundo del voluntariado que cada día, anónimamente y en el silencio, ofrecen alivio y alegría a muchos pobres.

 

También se imprimirá un pequeño volumen pastoral, “No amamos las palabras sino los hechos”, que será traducido a 6 lenguas y será publicado por la Editorial San Pablo. Tanto en Italia como en el resto del mundo, las diócesis y parroquias han acogido con entusiasmo la invitación del Papa Francisco, por lo que se llevarán a cabo muchas iniciativas a favor de las personas menos favorecidas.