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La parroquia y el Papa Bergoglio

Cinco años de Pontificado

La parroquia “hospital de campaña” de Bergoglio en las villas miseria de Buenos Aires

Jorge Mario Bergoglio

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Pubblicato il 10/03/2018
Ultima modifica il 10/03/2018 alle ore 12:37
ALVER METALLI Y VÍCTOR EDUARDO LAPEGNA *

¿Qué es la parroquia para Bergoglio? ¿Qué imagen tiene de este núcleo tradicional donde se concreta la presencia del catolicismo en el territorio de un país, una ciudad o una localidad de la periferia? ¿Cuál es el objetivo, o los objetivos, que una parroquia debe proponerse y perseguir según el Papa actual? Y para él, ¿dónde muestra el contenido de estos interrogantes una tendencial forma de realización?

Éste es el tema que, entre otras características del pontificado que llega a su quinto año, nos proponemos profundizar en los artículos que iremos presentando. El primero de ellos recorre las referencias de Bergoglio a la parroquia durante sus años como arzobispo de Buenos Aires y luego como Pontífice.

 

***

 

Digamos en primer lugar que las parroquias que se encuentran en las villas miseria de la capital argentina, donde Bergoglio ejerció una responsabilidad directa como obispo auxiliar primero y como arzobispo después, contienen la semilla dinámica de una respuesta a la idea de parroquia villera que él promueve y busca como Papa. En estos cinco años de pontificado, Francisco ha propuesto reiteradamente, y ha ido precisando en innumerables oportunidades, lo que él entiende por parroquia, poniendo de manifiesto la importancia que le atribuye en la visión de conjunto de su magisterio.

 

Para comprenderlo, es indispensable conocer el ámbito urbanístico y social en el que se movió Bergoglio durante sus años en Argentina.

 

En el perímetro urbano de Buenos Aires – una ciudad que tiene cerca de tres millones de habitantes, en su mayoría católicos[i] – hay 186 parroquias, con otras tantas iglesias; a éstas se suman 102 capillas, lo que significa un promedio de 16.500 personas por cada edificio de culto.

 

Esto implica un número potencial de fieles que los sacerdotes en actividad – 817 entre diocesanos y religiosos[ii] – difícilmente podrían abarcar, ni siquiera para responder a los requerimientos mínimos de tipo sacramental y litúrgico.

 

Una observación que hizo Bergoglio en 2010 y repitió en varias oportunidades siendo Papa, muestra hasta qué punto Bergoglio era consciente del problema: «Hace poco le señalaba a un periodista italiano que nuestros sociólogos de la religión nos informan que la zona de influencia de una parroquia es de seiscientos metros a la redonda. En Buenos Aires la distancia entre una parroquia y otra es, ordinariamente, de alrededor de dos mil metros[iii]». No se trata de una mera referencia académica, no para Bergoglio, que de allí deduce la necesidad de salir, de ir en busca de la gente, de llegar tan lejos como se encuentra y convocarla a ese particular tipo de sociabilidad que es la Iglesia. El concepto de “Iglesia en salida”, tan repetido por el Papa Francisco desde el momento que se asomó vestido de blanco al balcón de San Pedro, lo expresaba Bergoglio con una imagen eficaz, tomada de un sacerdote amigo, en una de las raras entrevistas que concedió durante sus años como arzobispo de la capital argentina. «Una vez me decía un sacerdote muy sabio», cuenta en la entrevista a Rubín-Ambrogetti con una chispa de ironía, «que estamos frente a una situación totalmente opuesta a la que plantea la parábola del Buen Pastor, que tenía noventa y nueve ovejas en el corral y fue a buscar la única que se perdió: tenemos una en el corral y noventa y nueve que no vamos a buscar». La conclusión se resumía en estos términos: «Creo sinceramente que la opción básica de la Iglesia, en la actualidad, no es disminuir o quitar prescripciones, o hacer más fácil esto o aquello, sino salir a la calle a buscar a la gente, a conocer a las personas por su nombre»[iv].

 

La atención que Bergoglio presta a las parroquias de Buenos Aires en sus años argentinos la encontramos amplificada cuando es elegido Papa de la Iglesia universal. La reflexión del Papa Francisco al respecto se mueve en la tensión entre dos polos, el de una comprobada insuficiencia misionera y el valor que atribuye a la parroquia como tal.

 

En la primera exhortación apostólica, la Evangelii Gaudium, escrita junto con Benedicto XVI, Francisco muestra que no se resigna a aceptar que la parroquia sea «una estructura caduca». Citando la exhortación apostólica de Wojtyla Christifideles laici, confirma que ella «seguirá siendo la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas» (CL 26) La parroquia de Bergoglio remite, como se puede ver, a la idea de morada doméstica, donde los habitantes encuentran atención y acogida en las diferentes circunstancias de mayor o menor necesidad material. «El lugar donde los ministerios y carismas de todos los fieles laicos, esenciales para la vida de la Iglesia, pueden ser valorizados. Ella no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio, una comunidad de personas que cumplen un cierto número de funciones sociales. Es, sobre todo, la familia de Dios, fraternidad que tiene una sola alma, una casa de familia, fraterna y acogedora; es la comunidad de los fieles».

 

Para Bergoglio, la parroquia es el núcleo primordial de la estructura de la Iglesia, cuyo valor perdura hasta nuestros días y no ha sido superado por otras formas de presencia territorial que se propongan evangelizar las ciudades de los hombres. En ella, como veremos más adelante, incluso los movimientos eclesiales que nacieron después del Concilio, así como las asociaciones más tradicionales y aún las prelaturas, encuentran su razón de ser y el espacio para su misión en los ambientes más secularizados a los cuales los orientan sus respectivos carismas.

 

En la misma exhortación post sinodal citada por el Papa argentino, Juan Pablo II introduce la etimología de la palabra “parroquia” que Bergoglio asume literalmente y propone en una catequesis impartida a los alumnos de un colegio secundario de Buenos Aires, señalando la derivación griega de “parroquia”, cuya terminación alude a la “oika”, la “casa”[v]. En esa clave, la parroquia adquiere el carácter de una comunidad de fieles que no solo camina en un espacio geográfico determinado, sino también en un contexto humano concreto, con características específicas según el lugar y el tiempo.

 

Con tales premisas magistrales no sorprende que el 27 de julio de 2016, cuando dialoga con los obispos polacos en la catedral del Cracovia, Bergoglio haga un verdadero elogio de la parroquia, volviendo a proponerla como el lugar más favorable para que florezca la obra apostólica confiada a la Iglesia: la celebración de los sacramentos, la lectura del Evangelio, la catequesis, el oratorio, la caridad y las obras para los pobres y los necesitados; en fin, el ámbito territorial donde puede tener lugar el “cuerpo a cuerpo” de la vida con la propuesta redentora de la Iglesia de Dios.

 

Un precedente relativamente cercano en el tiempo nos lleva a la V Conferencia general del episcopado latinoamericano en Aparecida, que inauguró Benedicto XVI el 13 de mayo de 2007 y concluyó Bergoglio una semana después, completando la redacción del documento final[vi]. El texto dedica a la parroquia varias proposiciones de inspiración “bergogliana”: “células viva de la Iglesia (170)”, “lugar privilegiado donde la mayoría de los fieles tiene una experiencia concreta de Cristo y de la comunión eclesial (170)”, “red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión (172)”, “comunidad de comunidades” (99). Hasta definir el objetivo último de una parroquia: “Cada parroquia debe llegar a concretar en signos solidarios su compromiso social en los diversos ambientes en que ella se mueve, con toda la imaginación de la caridad (176)”.

 

HOSPITAL DE CAMPAÑA

Para introducir en una exploración más profunda de la parroquia según Bergoglio y de la “villera” en particular, como la traducción que mejor la ejemplifica, resulta de gran utilidad una de las primeras entrevistas del pontificado, que el Papa Francisco concedió solo cuatro meses después de ser elegido. Allí Bergoglio-Papa usó una expresión que dio la vuelta al mundo.

 

En el coloquio de seis horas que tuvo lugar los días 19, 23 y 29 de agosto de 2014, Francisco trazó un identikit inédito de sí mismo, refiriéndose incluso a sus preferencias artísticas. En las respuestas el Papa analiza el rol de la Iglesia en la actualidad y señala las que según su manera de ver deben ser las prioridades de la acción pastoral. En un momento de la entrevista, retomando la pregunta del entrevistador habla de la Iglesia como un hospital de campaña después de una batalla. La respuesta que dio en esa oportunidad al director de «Civiltà Cattolica», el jesuita Antonio Spadaro, merece ser citada de manera completa. «Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad». Y aquí introduce la feliz expresión: «Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido grave si tiene alto el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental»[vii].

 

La expresión “hospital de campaña” vuelve en septiembre de 2014 en un contexto diferente, un congreso internacional sobre uno de los principales documentos del Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, la cuarta constitución apostólica promulgada por el Papa Pablo VI. En esa oportunidad el Papa Bergoglio advirtió a los presentes que no llenaran la Iglesia de reglas que alejan a la gente. «Tendremos todo claro, todo ordenado, pero el pueblo creyente y en búsqueda continuará a tener hambre y sed de Dios», y la humanidad herida y sufriente buscará alivio en otra parte. Entonces vuelve a proponer la imagen de una Iglesia hospital de campaña que se hace cercana y próxima a la gente[viii].

 

En un importante discurso al clero de la diócesis de Roma, reunido al comienzo de la cuaresma en 2014, el Papa se refirió de nuevo a la Iglesia como hospital de campaña, asociándola esta vez a la vocación sacerdotal propia del auditorio que lo escuchaba. Recordó a los presentes que el sacerdote está llamado «a tener un corazón que se conmueve» porque «los sacerdotes “fríos”, los “de laboratorio”, todo limpio, todo prolijo, no ayudan a la Iglesia» y allí propone una vez más la idea de Iglesia como “hospital de campaña”[ix].

La misma expresión se vuelve a encontrar en la carta de agradecimiento que el Papa Francisco envió el 1 de junio de 2016 a sor Dorina Tadiello, superiora provincial en Italia de las Misioneras combonianas y autora del libro Matteo Lukwiya, el médico que murió de ébola en Uganda en el año 2000: «Sean el hospital de campaña más cercano para los abandonados de nuestro tiempo»[x].

 

También aparece en un discurso improvisado a los representantes del Movimiento de Focolares – una realidad de origen extra parroquial – que en ese caso utiliza para señalar una característica de la institucionalidad de la Iglesia fundada en Cristo. Si la Iglesia «es un hospital de campaña» – dijo ante 500 participantes de la Asamblea general del Movimiento fundado por Chiara Lubich – «no tenemos derecho a reflexiones bizantinas» porque «lo primero es curar las heridas, no medir el colesterol»[xi]. Para el Papa, precisamente esa cualidad de la Iglesia de ser «un hospital de campaña que cura las heridas del corazón, abre las puertas y libera», que afirma «que Dios es bueno, que Dios perdona todo, que Dios es padre, que Dios es tierno, que Dios nos espera siempre…» es lo que distingue una realidad eclesial de una ONG, «poderosa pero no evangélica, porque le falta ese espíritu, esa pobreza, esa fuerza para curar».

 

¿De dónde viene esa expresión “hospital de campaña”, tan característica del pontificado de Bergoglio? ¿Cuál es su origen?

 

Después de pasar por el cedazo todos los textos del futuro Pontífice, parece inevitable llegar a la conclusión de que Francisco acuñó la frase después de ser elegido Papa. En las homilías u ocasiones públicas en las que habló Bergoglio anteriormente, como auxiliar o como arzobispo, no hay rastros. La formulación lexical que dio en la entrevista a La Civiltá Cattolica, por lo tanto, se puede considerar – salvo desmentidas de una investigación más minuciosa – como una primicia del pontificado.

 

Un eco posterior se encuentra en un documento de los sacerdotes de las villas miseria del 11 de mayo de 2016, escrito en ocasión del 42º aniversario de la muerte de su precursor, el padre Carlos Mugica. Los sacerdotes afirman que son “continuadores del equipo de Carlos Mugica” y en el sexto de los diez puntos del manifiesto redactado para dicho aniversario los firmantes declaran que “Entendemos nuestras parroquias como hospitales de campaña” y quieren ser “comunidades que se organizan en torno a la misericordia”[xii].

 

SACERDOTE EN UN “HOSPITAL DE CAMPAÑA”

 

Gustavo Carrara es uno de los curas villeros que más visitaba Bergoglio cuando era párroco en la villa de emergencia 11-14, una zona de la Capital denominada Bajo Flores. Bergoglio lo ordenó sacerdote en 1998 y él mismo, siendo Papa, lo elevó al rango de Obispo auxiliar de Buenos Aires casi veinte años después: el primer obispo villero en la historia de los sucesores de Carlos Mugica. Carrara cura las “heridas” más básicas de sus parroquianos, una cualidad que Bergoglio siempre ha valorado.

 

La parroquia de Carrara, Santa María Madre del Pueblo, se encuentra cerca del estadio “Pedro Bidegain” del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, el equipo del corazón del joven Bergoglio. El origen de la villa miseria de la que proviene la mayor parte de la población de la parroquia es la fusión de tres zonas marginales: Bajo Flores, 9 de Julio y 25 de Mayo, a las que después se asignaron los burocráticos números 1, 11 y 14. Originalmente surgieron en tierras bajas que se inundaban – y se siguen inundando – con facilidad, a donde llegaban los camiones para descargar basura y escombros.

 

Como sucedió con la mayoría de las aglomeraciones urbanas que crecieron con la inmigración desde las provincias del interior hacia la Capital, estos asentamientos se expandieron durante la crisis económica argentina y mundial de 1930, que obligó también a paraguayos, bolivianos y peruanos a cruzar la frontera. Es la villa miseria más grande de Buenos Aires, con una población de 30.000 habitantes, compuesta sobre todo por cartoneros (gente que recoge papel y cartón en las calles), obreros de la construcción no especializados, mujeres de servicio doméstico, enfermeros, desocupados y pequeños comerciantes de barrio. Algunos viven allí desde hace más de veinte años y todavía llevan grabado en la memoria el año que marca un antes y un después: 1976. Fue cuando los camiones trasladaron a la mayoría de los ocupantes hacia el Gran Buenos Aires, los bulldozer demolieron todo y llegó la noche y el miedo. Por eso los actuales habitantes hablan de una “primera villa” y una “segunda villa” que nació después de 1984, cuando la gente volvió al lugar del que había sido expulsada.

 

Gustavo Carrara, con estudios de teología y 20 años en las villas, cuenta que Bergoglio siempre fue un aliado: «Se alegraba de que en algunas situaciones, como las parroquias de las villas, la Iglesia fuera lo que hoy llama “hospital de campaña”, donde se ocupaban de la fragilidad del pueblo. Recuerdo que hablaba de un obispo que para él era un ejemplo, santo Toribio de Mongrovejo, que pasaba poco tiempo en su sede arzobispal de Lima y desarrolló la mayor parte de su ministerio episcopal recorriendo a lo largo y a lo ancho la extensísima diócesis que tenía a su cargo». Durante los 25 años (1581-1606) que fue arzobispo de Lima, santo Toribio de Mongrovejo realizó tres visitas completas a su extensísima diócesis, recorriendo a pie o a lomo de mula más de 20.000 kilómetros y asumiendo la responsabilidad de 930.000 fieles[xiii].

 

Carrara cita una respuesta de Bergoglio que considera representativa de su concepto de parroquia en la villa como hospital de campaña. «Recuerdo cuando nos propusimos empezar a trabajar con los chicos de la calle que se drogaban. Era el mes de septiembre de 2010. Estábamos buscando un lugar en el barrio Charrúa donde pudiéramos concentrar diversas actividades y empezar a construir la casa de acogida para ellos. Por eso, cuando caminábamos por la villa prestábamos atención a los inmuebles que podían servirnos, y un día notamos una fábrica de productos electrónicos – se llamaba “Plaquetodo” – que habían puesto en venta. Acordamos un encuentro con el propietario, le expliqué lo que queríamos hacer y que la construcción nos parecía apropiada para nuestro propósito. Él escuchó atentamente, se interesó en el proyecto y después nos dijo cuánto pedía. Me pareció inaccesible, pero para no cerrar las puertas en ese momento, le pedí tiempo y le dije que en diciembre le daría una respuesta. Al día siguiente llamé a monseñor Bergoglio. Le conté sobre la fábrica, le dije que me parecía apropiada, que podíamos trasladar allí algunos talleres y que la planta baja podía servir para empezar a trabajar con los chicos de la calle de los que habíamos hablado. Esa misma semana me llamó para decirme que había encontrado el dinero para comprar el inmueble»[xiv].

 

El 27 de marzo Bergoglio inauguró el nuevo edificio donde hoy se dictan cursos de electricidad, soldadura, carpintería, costura y diseño, y se reciben y albergan toxicodependientes que quieren dejar el consumo de drogas. «Aquí pueden aprender un oficio, dejar la droga y construir su vida sobre una roca firme», dijo Bergoglio durante la inauguración. «Porque de la droga se puede salir y la fuerza y la dignidad para salir, la da el trabajo».

 

Ofrecer ayuda para salir de la trampa de la droga y actuar en la prevención son los dos ejes del trabajo de Carrara. «Para nosotros prevención es que la gente tenga oportunidades concretas para vivir bien. Por eso apuntamos a los centros para la primera infancia, las guarderías para niños, las escuelas primarias y secundarias, los clubes de barrio y todo lo que puede formar líderes positivos. Si vivís en la calle y te abordan adultos con propuestas negativas, alguien tiene que abordarte con una propuesta positiva factible y cercana. Bergoglio nos alentaba a recuperar el control del patio, así como en el fútbol es fundamental no perder el control del centro de la cancha»[xv].

 

 

*Colaboración de Andrea Bonzo

Traducción del italiano de Inés Giménez Pecci

 

Notas:

 

[i] El último censo nacional realizado en 2010 calcula para Buenos Aires una población de 3.063.728 residentes (2017) con una proyección para 2018 de apenas cinco mil “bonaerenses” más (3.068.043), y para 2020 siete mil más (3.075.167), lo que permite hablar de una población fundamentalmente estable, con una diferencia entre mortalidad y nacimientos, emigración e inmigración tendiente al equilibrio. Con el cinturón que la rodea, lo que se denomina Gran Buenos Aires, el número de habitantes del casco urbano de la metrópolis argentina se duplica.

 

[ii] Fuente AICA Agencia Informativa Católica Argentina.

 

[iii] El Papa Francisco: Conversaciones con Jorge Bergoglio. Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti. Ediciones B. Barcelona 2013. También en El Jesuita. La historia de Francisco, el Papa argentino, Vergara, Buenos Aires 2013, p 76.

 

[iv] Ibíd. El Papa Francisco: Conversaciones con Jorge Bergoglio, pag.75.

 

[v] Jorge Mario Bergoglio: «Paroika significa etimológicamente “el tiempo de estadía o residencia”. El verbo paroikein significa: “habitar cerca de, junto a, al lado de, estar provisoriamente, estar de paso, peregrinar”. Paroikaos es “el extranjero domiciliado”. Muchos autores cristianos utilizan el verbo parokein para dar la idea de una presencia pasajera de los cristianos en el mundo».

 

[vi] V Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe, Documento conclusivo, Aparecida, 13-31 de mayo de 2007.

 

[vii] Antonio Spadaro, Entrevista al Papa Francisco. La Civiltà Cattolica, Año 164 nº 3918, Roma 19 de septiembre de 2013, p. 449-477.

 

[viii] Encuentro Internacional “El proyecto pastoral de Evangelii Gaudium”, Roma, 19 de septiembre de 2014.

 

[ix]Encuentro con el clero de la diócesis de Roma, Aula Pablo VI, 6 de febrero de 2014.

 

[x] Dorina Tadiello, Matthew Lukwiya, un medico martire di ebola, Editrice Missionaria Italiana, Verona, 2015.

 

[xi] Discurso improvisado durante la audiencia a los 500 participantes de la Asamblea general del Movimiento de Focolares, Ciudad del Vaticano, 14 de junio de 2017.

 

[xii] 42º Aniversario del martirio del padre Carlos Mugica, Identidad y compromiso como curas villeros de Capital Federal y Gran Buenos Aires, 11 de mayo de 2016

 

[xiii] Aciprensa.com/wiki/Santo_Toribio_de_Mogrovejo_(II)

 

[xiv] Declaraciones del 8 de enero de 2016.

 

[xv] Ibíd. Declaraciones…

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Visita del Papa a una parroquia en Roma.

Parroquia San Gelasio l PapaParroquia San Gelasio l Papa  (Vatican Media)

El Papa visita la Comunidad de la Parroquia San Gelasio en Roma

Visita pastoral del Santo Padre a la parroquia romana San Gelasio I Papa en Ponte Mammolo y encuentro con los jóvenes, enfermos y pobres de la comunidad

Mireia Bonilla, Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En la tarde del segundo Domingo de Cuaresma, el Santo Padre se dirigió hasta la parroquia San Gelasio I Papa, situada en una de las siete colinas de Roma, donde le esperaba una gran comunidad. Tras su llegada primeramente al campo deportivo, alrededor de las 15:45 (hora local de Roma), Francisco se encontró con los niños de la catequesis y los jóvenes del oratorio, sus respectivas familias y los catequistas.

Jesús nunca nos abandona

“¿Me dejo llevar de la mano por Jesús?” Preguntó el Papa a los niños y jóvenes de la Parroquia, que lo esperaban bajo la lluvia.  “Así, como este día, es la vida”, les dijo: “Hay tiempos bellos y feos. Y, ¿qué tiene que hacer un cristiano? Ir hacia adelante, en los tiempos bellos y feos, ¡ir hacia adelante! Jesús nos guía”.

De esta premisa partió el Papa para proponer a los presentes responder a su pregunta “¿Me dejo llevar de la mano por Jesús?”,animándolos a responder cada uno en silencio, y recordándoles luego que Jesús, si nos equivocamos, “se entristece, pero nunca nos abandona”.

Ustedes son brazos. Hablen con los jóvenes, y recen por el Papa

Posteriormente el Papa ingresó en una de las salas de la parroquia donde saludó a los enfermos y ancianos que lo estaban esperando, a los pobres y los operadores del centro de Cáritas que les asisten, así como a los voluntarios del Banco farmacéutico y alimentario.

“Quisiera agradecer lo que hacen por el mundo y por la Iglesia”. “‘¿Qué hago por la Iglesia?’, pueden preguntarse”. “Con este testimonio suyo, con su fe, con su querer bien a la gente, con sus buenos deseos, es como conservar el fuego: ustedes son los brazos del mundo, bajo las cenizas. Brazos de fe, brazos de esperanza”.

A llevar adelante ese ‘fuego escondido’ que es ‘el fuego de la vida’, les exhortó seguidamente el Pontífice, pidiéndoles luego que no olviden que ellos son los brazos del mundo, los brazos de la Iglesia, para llevar el mundo adelante”.

“Y hablen con los jóvenes – añadió – necesitan vuestra experiencia, el fuego escondido que está en vuestros brazos”. “No lo olviden: soy brazos de Jesús, de la historia, del mundo y de la Iglesia”. “Y recen por mi que lo necesito”.

Para concluir la visita pastoral, la celebración de la Santa Misa en la Parroquia que está a cargo de los sacerdotes de la familia eclesial Misión Iglesia Mundo, en el barrio Ponte Mammolo de Roma.

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El Papa visita la Comunidad de la Parroquia San Gelasio I, Papa, en Roma