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Cómo escuchar la palabra de Dios en la misa. Papa Francisco.

“En la misa se escucha la Palabra de Dios, no pláticas o periódicos”

En la Audiencia, el Papa se concentró sobre la liturgia de la Palabra: entra por las orejas, pasa por el corazón y acaba en las manos y en las obras buenas. «Se necesitan buenos lectores, no los que leen “ñe, ñe, ñe”»
ANSA

Francisco saludando durante la audiencia

Pubblicato il 31/01/2018
Ultima modifica il 31/01/2018 alle ore 23:03
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

En la misa, «en los textos bíblicos, Dios mismo habla con nosotros», por lo que durante la Lectura de las Sagradas Escrituras no hay que «hacer chismes» o «pensar en otras cosas», mucho menos se puede sustituir la Biblia con otro material, como por ejemplo «artículos de periódicos». Lo dijo el Papa Francisco durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro, insistiendo en la necesidad de tener lectores preparados («No los que leen “ñe, ñe, ñe…” y no se entiende nada») y, en relación con los fieles, en la importancia de escuchar con atención y «con el corazón» (aunque «algunas veces tal vez no entendamos bien porque hay lecturas un poco difíciles»), porque «la Palabra de Dios recorre un camino dentro de nosotros»: entra por las orejas, pasa por el corazón y acaba, mediante las manos, en las «buenas obras».

 

Prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicado al redescubrimiento del significado de la Misa, el Papa (después de algunas audiencias dedicadas a los ritos de introducción de la celebración eucarística) reflexionó hoy sobre la liturgia de la Palabra, «que es una parte constitutiva porque nos reunimos precisamente para escuchar lo que Dios ha hecho y pretende seguir haciendo por nosotros. Es una experiencia que se da “en vivo” y no de oídas, porque –recordó Jorge Mario Bergoglio citando el orden general del misal romano y la constitución apostólica “Sacrosanctum Concilium”– “cuando en la Iglesia se lee la Sagrada Escritura, Dios mismo habla a su pueblo y Cristo, presente en su Palabra, anuncia el Evangelio”».

 

«Cuántas veces –prosiguió el Papa–, mientras se lee la Palabra de Dios se comenta: “Mira a ese”. ¿No es cierto? ¿Hay que hacer comentarios mientras se lee la Palabra de Dios? ¡No! Porque si tú platicas con la gente, no escuchas la Palabra de Dios. Cuando se lee la Palabra de Dios en la Biblia, la Primera Lectura, la Segunda Lectura, debemos escuchar, abrir el corazón: es Dios mismo quien nos habla, y no hay que pensar en otras cosas o hablar de otras cosas».«Es muy importante escuchar», continuó el Papa, «algunas veces tal vez no entendemos bien, porque hay lecturas un poco difíciles, pero Dios nos habla lo mismo», y nosotros «debemos estar en silencio y escuchar la Palabra de Dios. En la Misa, cuando comiencen las lecturas, escuchemos la Palabra de Dios. ¡Necesitamos escucharlo! Es una cuestión de vida, efectivamente, como bien recuerda la incisiva expresión de que “no solo de pan vive el hombre, sino de cada palabra que salga de la boca de Dios”. En este sentido, hablamos de la Liturgia de la Palabra como de la “mesa” que el Señor prepara para alimentar nuestra vida espiritual».

 

Después de haber resaltado particularmente la riqueza de las Lecturas bíblicas y del Salmo responsorial, «se comprende –prosiguió Bergoglio– por qué algunas decisiones subjetivas, como la omisión de lecturas o su sustitución con textos no bíblicos, están prohibidas: pero, he escuchado que alguno lee el periódico, porque es la noticia del día. ¡No! La Palabra de Dios es la Palabra de Dios, el periódico podemos leerlo después, pero allí se lee la Palabra de Dios. Sustituir la Palabra con otras cosas empobrece y compromete el diálogo entre Dios y su pueblo en oración. Al contrario, la dignidad del ambón y el uso del Leccionario, la disponibilidad de buenos lectores y salmistas… pero hay que buscar buenos lectores, ¿eh?, de esos que sepan leer y no los que leen “ñe, ñe, ñe…” y no se entiende nada –dijo el Papa suscitando carcajadas entre los fieles–; buenos lectores a los que hay que preparar y hacer pruebas para leer bien». Y también es necesario «un clima de silencio receptivo, favorecen la experiencia del diálogo celebrativo entre Dios y la comunidad creyente».

 

«¿Cómo podremos afrontar nuestra peregrinación terrena – se preguntó el Pontífice – sin estar alimentados por la Palabra de Dios que resuena en la liturgia?». En la liturgia de la Palabra «las páginas de la Biblia dejan de ser un texto escrito para ser palabra viva de Dios. Él mismo nos habla y nosotros lo escuchamos poniendo en práctica lo que nos dice». Claro, «no es suficiente oír con las orejas, sin acoger en el corazón la semilla de la divina palabra, permitiendo que traiga frutos».

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