Loiola XXI

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Mensaje de Navidad desde Belén

Anuncio de los pastores, Sano di Pietro, 1450-1455 ca.Anuncio de los pastores, Sano di Pietro, 1450-1455 ca.  (Musei Vaticani)

Custodio de Tierra Santa: “No tengan miedo porque les traigo una buena noticia”

El mensaje de Navidad del Custodio de Tierra Santa, P. Francesco Patton OFM nos ubica en el lugar exacto donde Dios quiso mostrarse al mundo y desde allí, cercano, nos dirige su palabra.

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

Los primeros en recibir el anuncio

Dios nos muestra el lugar desde dónde nos habla, nos dice quiénes son sus interlocutores y el ambiente que se produce como fruto del encuentro.

“Estamos en Belén, en el Campo de los Pastores, el lugar donde, en la noche en la que nació el Niño Jesús, los pastores velaban y cuidaban a su rebaño. El Evangelio Lucas nos explica que, cuando María dio a luz a Jesús, fueron precisamente estos pastores los primeros en recibir el anuncio de su nacimiento”.

Un Dios que cercano no produce miedo

“Un ángel se les acercó, una gran luz los envolvió y ellos se asustaron. Pero el mensajero de Dios los tranquiliza: “No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal, encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc. 2,10-12).

El Niño Dios ilumina las oscuridades del mundo

El P. Francesco prosigue afirmando que la vida de los pastores fue iluminada por al nacimiento del niño Dios, el Salvador. Igual que los pastores “¡Cuántas personas, todavía hoy, viven envueltas en tinieblas como los pastores que velaban en este campo hace dos mil años!” Así, fija su mirada en países cercanos que sufren grandes catástrofes humanitarias a causa de las guerras:

“Nuestros hermanos y hermanas en Siria y Yemen, como en muchos otros países del mundo, viven desde hace muchos años en las tinieblas de conflictos sangrientos, que convierten a millones de personas en desplazadas, en refugiados desarraigados de su propia familia y de su cultura, expulsados de su propia patria y, a menudo, incapaces de encontrar acogida en una nueva tierra”.

Estas tinieblas son diversas: “Muchos de nuestros hermanos en humanidad viven en tinieblas causadas por las crisis económicas y ecológicas, que doblegan a poblaciones enteras y, a menudo, les obliga a emigrar”; “otras tinieblas a veces son fruto de haber sufrido violencia; … Tinieblas que se transforman pronto en rechazo al hermano o hermana, a su derecho a existir.

Ser luz en el mundo de hoy

Termina su mensaje invitando a toda la humanidad y en particular a los que tienen responsabilidades con la sociedad a ser luz en un mundo necesitado de ella:

“Que Él ilumine la conciencia de aquellos que gobiernan las naciones y la economía y les ayude a descubrir que gobernar es cuidar a los más pequeños, a los más frágiles, a los que no tienen protección.

Que el Niño de Belén ilumine la acción de quienes hacen cultura y comunicación para que difundan el mensaje del bien.

Feliz Navidad desde el Campo de los Pastores junto a Belén.

Feliz Navidad desde el lugar del primer anuncio del nacimiento del Salvador.

Feliz Navidad desde el lugar en el que los ángeles cantaron: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Él ama”.

Feliz Navidad a cada uno de vosotros y vosotras, a vuestras familias y comunidades”


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Una navidad sin tener en cuenta a los pobres? Reflexión del Papa

“No será Navidad si nos llenamos de regalos sin ayudar a los pobres”

El Papa en la Audiencia invitó a los fieles a tomarse un poco de tiempo para contemplar en silencio la escena del pesebre, para «abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas»
AFP

La Audiencia del Papa

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Pubblicato il 19/12/2018
Ultima modifica il 19/12/2018 alle ore 14:20
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«No será Navidad si buscamos los resplandores brillantes del mundo, si nos llenamos de regalos, almuerzos y cenas pero no ayudamos por lo menos a un pobre, que se asemeja a Dios, porque en Navidad Dios vino pobre». En la Audiencia general antes de la Navidad, el Papa recordó que «desgraciadamente» podemos equivocarnos de fiesta, «preferir a las novedades del Cielo las acostumbradas cosas de la tierra», correr «como nunca durante el año», haciendo lo opuesto de lo que quería Jesús: la Navidad, por el contrario, es «preferir la voz silenciosa de Dios a los ruidos del consumismo», dijo Francisco, que invitó a los fieles a tomarse un poco de tiempo para contemplar en silencio la escena del pesebre, para «abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir a un cambio de vida inesperado».

«Dentro de seis días será Navidad, los árboles, los adornos y las luces por todas partes recuerdan que también este año será una fiesta. La máquina publicitaria invita a intercambiar regalos siempre nuevos para sorprenderse. Pero, me pregunto: ¿es esta la fiesta que agrada a Dios? ¿Cuál Navidad querría Él, cuáles regalos y cuáles sorpresas?», dijo Jorge Mario Bergoglio al comenzar la Audiencia en el Aula Pablo VI. La primera Navidad estuvo «llena de sorpresas», subrayó el Pontífice, recordando a María que, virgen como era, descubrió que habría sido madre; a José, «llamado a ser padre de un hijo sin generarlo» y, «sorpresa más grande», Dios es un niño pequeño, «la Palabra Divina es un infante, que literalmente significa “incapaz de hablar”». Es decir, la «Navidad trae cambios de vida inesperados. Y, si nosotros queremos vivir la Navidad, debemos abrir el corazón a estar dispuestos a las sorpresas, es decir a un cambio de vida inesperado», dijo el Papa.

«Navidad es celebrar lo inédito de Dios o, mejor, a un Dios inédito, que invierte nuestras lógicas y nuestras expectaciones», prosiguió Francisco. «Hacer Navidad, entonces, es acoger en la tierra las sorpresas del Cielo. No se puede vivir “tierra tierra”, cuando el Cielo ha traído sus novedades al mundo. Navidad inaugura una nueva época, en la que la vida no se programa, sino se da: en la que no se vive solo para sí, con base en los propios gustos, sino para Dios, porque de la Navidad Dios es el Dios-con-nosotros, que vive con nosotros, que camina con nosotros. Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad. La Navidad de Jesús no ofrece tranquilizantes tibiezas de chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia. Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el escándalo, de la oración sobre “mi tiempo”, de Dios sobre mi “yo”». Hacer Navidad significa actuar como Jesús, «que vino por nosotros, necesitados, y para descender hacia los que nos necesitan», hacer como María, «confiar, dóciles a Dios, incluso sin entender»; actuar como José, «levantarse para realizar lo que Dios quiere», aunque no se acomode a nuestros planes.

Navidad es «preferir la voz silenciosa de Dios a los ruidos del consumismo», dijo el Papa, subrayando que «si sabemos estar en silencio ante el pesebre, Navidad también será una sorpresa para nosotros, no algo ya visto. Estar en silencio frente al pesebre. Esta es la invitación para la Navidad: tómate un poco de tiempo, ve delante del pesebre y quédate en silencio y sentirás, verás la sorpresa».

Pero, reconoció el Papa, desgraciadamente podemos equivocarnos de fiesta, prosiguió el Pontífice argentino, «y preferir a las novedades del Cielo las acostumbradas cosas de la tierra. Si Navidad solo es una bella fiesta tradicional, en la que en el centro estamos nosotros y no Él, será una ocasión perdida. ¡Por favor, no mundanicemos la Navidad! No dejemos a un lado al festejado, como entonces, cuando “vino entre los suyos y no lo acogieron”».

En estos días, pues, se corre «acaso como nunca durante el año. Pero, así se hace lo opuesto de lo que Jesús quiere». Por lo que solamente será Navidad «si encontramos la luz en la pobre gruta de Belén. No será Navidad si buscamos los resplandores brillantes del mundo, si nos llenamos de regalos, almuerzos y cenas pero no ayudamos por lo menos a un pobre, que se asemeja a Dios», dijo Francisco, que concluyó la catequesis de la Audiencia deseando a todos los presentes «una Navidad rica de sorpresas, ¡pero de las sorpresas de Jesús! Podrán parecer sorpresas incómodas, pero son los gustos de Dios». Si los hacemos nuestros, «nos haremos a nosotros mismos una espléndida sorpresa»


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Catequesis del Papa como preparación a la Navidad

2018.12.19 Udienza Generale2018.12.19 Udienza Generale  (Vatican Media )

Catequesis del Papa: no mundanizar la Navidad, celebrar a Dios

En la catequesis del miércoles que precede la Navidad, el Papa Francisco meditó sobre el Nacimiento de Jesús. Y subrayó que “Navidad significa acoger en la tierra las sorpresas del Cielo y celebrar a un Dios que revoluciona nuestras lógicas humanas”. Navidad – dijo el Pontífice – es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la sencillez sobre la abundancia, del silencio sobre el escándalo

Griselda Mutual –Ciudad del Vaticano

A distancia de seis días de la Navidad del Señor, el Papa Francisco meditó, precisamente, sobre cuál es la Navidad que habría querido Jesús: “La máquina publicitaria invita a intercambiarse los regalos siempre nuevos para sorprenderse. Pero, ¿es ésta la fiesta que le gusta a Dios? ¿Qué Navidad querría Él? ¿Cuáles regalos y cuáles sorpresas?”, preguntó.

En el Aula Pablo VI del Vaticano, en donde Francisco impartió su catequesis, se escuchó primero el pasaje del Evangelio de San Juan, capítulo 1 versículos del 9 al 12, que habla de la llegada de Jesús al mundo.

“El Evangelio – dijo el Papa en nuestro idioma – nos habla de las sorpresas y cambios de vida que trajo consigo aquella primera Navidad de la historia. Cómo la llegada de Dios cambió de manera radical los planes de María y José. Y la sorpresa más grande llega en la noche de Navidad, cuando el Altísimo aparece como un niño pequeño, reconocido solo por unos sencillos pastores”.

En la primera Navidad descubrimos los gustos de Dios

Ahondando sobre ello, en su catequesis en italiano el Papa invitó a mirar la primera Navidad de la historia para descubrir los gustos de Dios:

“Se comienza con María, que era la esposa prometida a José: llega el Ángel y le cambia la vida. De virgen será madre. Se prosigue con José, llamado a ser padre de un hijo sin generarlo. Un hijo que – giro inesperado – llega en el momento menos indicado, es decir, cuando María y José eran esposos prometidos y según la Ley no podían vivir juntos. Ante el escándalo, el sentido común de la época invitaba a José a repudiar a María y a salvar su buen nombre, pero él, aun teniendo derecho a hacerlo, sorprendió: para no dañar a María, pensó despedirla en secreto, a costa de perder su reputación. Luego otra sorpresa: Dios en un sueño cambia sus planes y le pide que se lleve a María con él. Nacido Jesús, cuando tenía sus proyectos para la familia, todavía en un sueño se le dice que se levante y se vaya a Egipto. En resumen, la Navidad trae cambios de vida inesperados. Y si queremos vivir la Navidad tenemos que abrir el corazón y estar abiertos a la sorpresa, es decir, a un cambio de vida inesperado”.

Navidad es celebrar un Dios inédito

El Papa subrayó cómo, cuando el Salvador llegó, no estaban presentes las autoridades del tiempo o los embajadores, sino los sencillos pastores, quienes sorprendidos por los ángeles mientras trabajaban de noche, se dirigen allí de inmediato. “¿Quién se lo habría esperado?”, dijo el Papa. “Navidad- explicó – es celebrar lo inédito de Dios, o mejor dicho, es celebrar un Dios inédito, que revierte nuestras lógicas y expectativas”.

“Navidad significa acoger en la tierra las sorpresas del Cielo y celebrar a un Dios que revoluciona nuestras lógicas humanas. Vivir la Navidad es entender que la vida no se programa sino que se da, que no podemos vivir para nosotros mismos sino para Dios, que descendió hasta nosotros para ayudarnos”.

Navidad inaugura una época nueva

Navidad – dijo aún el Pontífice – es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la sencillez sobre la abundancia, del silencio sobre el escándalo. Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios a los ruidos del consumismo. Navidad es hacer como Jesús, que vino al mundo por nosotros, necesitados, y descender hacia quien necesita de nosotros.

No mundanicemos la Navidad

Por todo esto, el Santo Padre invitó una vez más a “estar en silencio delante del pesebre”  para “sentir” y “ver” la sorpresa de Dios. E insistió:

“Procuremos no mundanizar la Navidad, ni convertirla en una bonita fiesta tradicional pero centrada en nosotros y no en Jesús. Celebraremos la Navidad si sabemos dedicar tiempo al silencio, como hizo José; si le decimos a Dios ‘aquí estoy’, como María; si salimos de nosotros mismos para ir al encuentro de Jesús, como los pastores; si no nos dejamos cegar por el brillo de luces artificiales, de regalos y comidas, y en cambio ayudamos a alguien que pasa necesidad, porque Dios se hizo pobre en Navidad”.

Sintamos y veamos las sorpresas de Dios

Y porque, como dijo el Papa, “cada uno de nosotros tiene escondido en el corazón la capacidad de sorprenderse”,  la invitación de Francisco es la de dejarse “sorprender” por Jesús en esta Navidad:

“Le pedimos a la Virgen María que nos ayude a contemplar en silencio el misterio del Nacimiento de su Hijo, para que hagamos realidad en nuestras vidas su ejemplo de humildad, pobreza y amor. Les deseo una feliz Navidad”, concluyó.

Escuche y comparta el servicio con la catequesis del Papa

 


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Audiencia general del Papa el 27 de diciembre.

Audiencia general del Papa FranciscoAudiencia general del Papa Francisco  (Vatican Media)

Papa: paz y amor del Niño Dios al mundo de hoy y feliz 2018

El Papa Francisco reiteró su invitación a contemplar el maravilloso misterio de Jesús, don de Dios para toda la humanidad, en su primera audiencia general, después de la celebración de la Natividad del Señor, y última del 2017

Cecilia de Malak – Ciudad del Vaticano

Deseando a los peregrinos de tantas partes del mundo que «el Señor nos acompañe a llevar su paz y su amor a los hombres y mujeres de nuestro tiempo», el Papa hizo hincapié en que «sin Jesús no hay Navidad».

La luz del Salvador recién nacido ilumine con su paz el nuevo año

“ Deseo ofrecer a todos mis mejores deseos de un Feliz Año Nuevo, lleno de las bendiciones del Niño Dios ”

Dijo también el Santo Padre y con sus felicitaciones navideñas, su exhortación a atesorar y testimoniar con nuestra vida la ternura divina:

«¡Queridos amigos, que en este tiempo de Navidad, pueda nacer Jesús también en vuestras vidas y, a través de vosotros, ser don de salvación para los más  pequeños y para los excluidos!

Les deseo que custodien la alegría de ese tiempo de Navidad, encontrando en la oración al Príncipe de la Paz, que desea hacerse cercano a todos»

Gracias por vuestras oraciones

Reiterando la exhortación de su catequesis central, en su bienvenida a los peregrinos de Polonia, el Obispo de Roma agradeció también los parabienes que le llegaron de ese país y de todo el mundo así como las oraciones por sus intenciones:

«Queridos hermanos y hermanas

En estos días abramos la mente y el corazón para acoger el don del amor de Dios que es Jesús, su Hijo nacido de la Virgen María.

Si lo acogemos en nuestra vida de cada día, también nosotros podemos llegar a ser un don para los demás.

Agradezco mucho las felicitaciones navideñas que llegan de Polonia y de todo el mundo y, sobre todo, las oraciones según mis intenciones».

Dios nos abraza y ama con hechos y no sólo con palabras

El saludo cordial del Papa Francisco a los peregrinos de lengua árabe, en particular a los provenientes de Siria, Irak, Tierra Santa y Oriente Medio:

«El nacimiento de Jesús es el cumplimiento de las promesas divinas. Dios nos ama no sólo con palabras, su amor no se queda sólo en el envío de profetas, mensajeros y textos, sino que lo lleva a abrazar nuestra debilidad y nuestra condición humana para volvernos a elevar a la dignidad filial perdida.

La encarnación de Dios es la prueba cierta de la autenticidad de su amor, el que ama verdaderamente empatiza con el ser amado».

Con sus mejores deseos navideños, las palabras de aliento y bendición del Papa a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Queridos jóvenes sepan ser firmes en la fe, mirando al Niño divino, que en el misterio de la Navidad se ofrece como don para toda la humanidad. Queridos enfermos, les deseo que perciban, en la vívida luz de Belén, el sentido de vuestro sufrimiento. Ya los recién casados los exhorto a que, en la construcción de su familia, mantengan constante el amor y la dedición, más allá de todo sacrificio».


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La felicitación de Papa Francisco a Benedicto XVI

Visita del Papa Francisco al Papa Emérito Benedicto XVI en el Monasterio Mater Ecclesiae. Foto de archivoVisita del Papa Francisco al Papa Emérito Benedicto XVI en el Monasterio Mater Ecclesiae. Foto de archivo  (Ossevatore Romano)

El Papa Francisco se encontró con Benedicto XVI para los saludos navideños

El 21 de diciembre, Francisco fue a ver a Benedicto XVI para desearle Feliz Navidad

El pasado jueves 21 de diciembre, como todos los años, el Papa Francisco se dirigió al monasterio “Mater Ecclesiae”, en el Vaticano, para ofrecer sus deseos de Santa Navidad al Papa Emérito Benedicto. La oficina de prensa de la Santa Sede anunció que la reunión duró aproximadamente media hora.

Hace poco más de un mes, el  18 de noviembre, el Papa Francisco rindió homenaje a Benedicto XVI con motivo del Premio Ratzinger, recordando que “su oración y su presencia discreta y alentadora nos acompañan en nuestro camino común”. “Su trabajo y su magisterio – subrayó Francisco- siguen siendo un legado vivo y precioso para la Iglesia y para nuestro servicio”. Y agregó: “Joseph Ratzinger sigue siendo un maestro y un interlocutor amistoso para todos aquellos que ejercen el don de la razón para responder a la vocación humana de la búsqueda de la verdad”.


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Comentario al mensaje papal del 25 de diciembre.

De Venezuela a Jerusalén, el clamor del Papa por la paz en el mundo

En su bendición de Navidad, Francisco pidió reconocer al niño de Belén en los rostros de todos los pequeños para quienes hoy “no hay sitio en la posada”, como le ocurrió a Jesús”
REUTERS

La bendición “Urbi et Orbi” del Papa Francisco

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Pubblicato il 25/12/2017
Ultima modifica il 25/12/2017 alle ore 12:25
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Un mundo “azotado por vientos de guerra” y por un “modelo de desarrollo ya caduco sigue provocando degradación humana, social y ambiental”. Francisco saludó la Navidad repasando los principales conflictos del planeta. De Jerusalén y a Venezuela. De Siria a Iraq. Clamó paz para varios países de África, para la península coreana y para Ucrania. Alzó la voz por los niños de infancia robada, trabajadores a temprana edad y soldados. Por las víctimas de trata de personas. Y exhortó: “Que nuestros corazones no estén cerrados como las casas de Belén”.

 

En un soleado mediodía romano, el Papa se asomó al balcón central de la Basílica de San Pedro y, desde allí, saludó a una multitud congregada en la plaza vaticana. Tras oír los himnos de Italia y la Santa Sede, recordó que los primeros en ver la “gloria del salvador”, después de José y María, fueron los pastores de Belén. “Hombres humildes pero vigilantes” que “son un ejemplo para los creyentes de todos los tiempos”. Sostuvo que la Navidad invita a reconocer a ese niño Dios en todos los niños, especialmente aquellos para quienes “no hay sitio en la posada”.

 

“Vemos a Jesús en los niños de Oriente Medio, que siguen sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos. En este día de fiesta, invoquemos al señor pidiendo la paz para Jerusalén y para toda la Tierra Santa; recemos para que entre las partes implicadas prevalezca la voluntad de reanudar el diálogo y se pueda finalmente alcanzar una solución negociada, que permita la coexistencia pacífica de dos Estados dentro de unas fronteras acordadas entre ellos y reconocidas a nivel internacional”, dijo, hablando en italiano.

 

Instó a sostener el esfuerzo de todos aquellos miembros de la comunidad internacional que, movidos por la buena voluntad, desean ayudar a esa “tierra martirizada” a encontrar, a pesar de los graves obstáculos, la armonía, la justicia y la seguridad que anhelan desde hace tanto tiempo.

 

Imploró por los niños sirios, marcados aún por la guerra que ha ensangrentado ese país en estos años y deseó que esa “amada” nación pueda finalmente volver a encontrar el respeto por la dignidad de cada persona, mediante el compromiso unánime de reconstruir el tejido social con independencia de la etnia o religión a la que se pertenezca.

 

“Vemos a Jesús en los niños de Iraq, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años, y en los niños de Yemen, donde existe un conflicto en gran parte olvidado, con graves consecuencias humanitarias para la población que padece el hambre y la propagación de enfermedades”, siguió.

 

Llamó a ver a Jesús en los niños de África, especialmente en los que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria; así como en todos los pequeños de aquellas zonas del mundo donde la paz y la seguridad se ven amenazadas por el peligro de las tensiones y de los nuevos conflictos.

 

Pidió rezar para que en la península coreana se superen los antagonismos y aumente la confianza mutua por el bien de todo el mundo. Y confió a Venezuela al niño Jesús, para que allí se pueda retomar un diálogo sereno entre los diversos componentes sociales “por el bien de todo el querido pueblo venezolano”. Aseguró ver a Jesús en los niños que, junto con sus familias, sufren la violencia del conflicto en Ucrania, y sus “graves repercusiones humanitarias”, y invocó a Dios para que “conceda la paz a ese querido país”.

 

Más adelante se refirió a los infantes cuyos padres no tienen trabajo y, con gran esfuerzo, intentan ofrecer a sus hijos un futuro seguro y pacífico. Denunció a aquellos cuya “infancia fue robada”, porque han sido obligados a trabajar desde una edad temprana o alistados como soldados mercenarios sin escrúpulos.

 

“Vemos a Jesús en tantos niños obligados a abandonar sus países, a viajar solos en condiciones inhumanas, siendo fácil presa para los traficantes de personas. En sus ojos vemos el drama de tantos emigrantes forzosos que arriesgan incluso sus vidas para emprender viajes agotadores que muchas veces terminan en una tragedia”, aseguró.

 

Recordó su reciente viaje a Myanmar y Bangladesh, deseando que la comunidad internacional no deje de trabajar para que se tutele adecuadamente la dignidad de las minorías que habitan en esa región. Porque “Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido y la dificultad de no tener un lugar donde reclinar la cabeza”, urgió a que los corazones de todos no estén cerrados como las casas de Belén.

 

“Como la Virgen María y san José, y los pastores de Belén, acojamos en el niño Jesús el amor de Dios hecho hombre por nosotros, y esforcémonos, con su gracia, para hacer que nuestro mundo sea más humano, más digno de los niños de hoy y de mañana”, añadió.

 

Tras su discurso, el Papa rezó con la multitud la oración mariana del Angelus y ofreció su bendición “urbi et orbi” (a la ciudad y al mundo) con indulgencia plenaria válida también para todos aquellos que la siguieron a través de la radio, la televisión y los diversos medios. Luego dirigió su “cordial felicitación” a quienes llegaron hasta la plaza de todas partes del mundo. Y concluyó: “Que el nacimiento de Cristo salvador renueve los corazones, suscite el deseo de construir un futuro más fraterno y solidario, y traiga a todos alegría y esperanza. ¡Feliz Navidad”.


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Dic. 25: mensaje de Navidad del Papa al mundo entero.

Papa Francisc Bendición Urbi et Orbi Mensaje NavidadEl Papa Francisco dirige su bendición Urbi et Orbi desde el Balcón central de la Basilica de San Pedro  (@Vatican Media)

Papa, Mensaje Navideño: construir un mundo más humano para los niños de hoy y mañana

En la solemnidad de la Navidad, desde el Balcón central de la Basilica de San Pedro, el Santo Padre dirigió su tradicional Mensaje a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro y a quienes escuchan a través de la radio y la televisión, impartiendo la bendición Urbi et Orbi

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“Que nuestros corazones no estén cerrados como las casas de Belén”: fue la exhortación del Papa Francisco en su Mensaje de Navidad dirigido a la ciudad de Roma y al mundo recordando que “Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido y la dificultad de no tener un lugar donde reclinar la cabeza” .

Desde el balcón central de la Basilica Vaticana, Francisco se dirigió a  los numerosos peregrinos reunidos en una soleada plaza de San Pedro recordando que los primeros que vieron la “humilde gloria del Salvador”, después de María y José, fueron “los pastores de Belén” y recalcó que ellos “no se escandalizaron de su pobreza” sino que como María, confiaron en la palabra de Dios y contemplaron su gloria con mirada sencilla”.

Con esta premisa y ante un mundo azotado por vientos de guerra y degradación humana, el Papa aseveró que “la Navidad invita a recordar la señal del Niño” y a reconocerlo “en los rostros de los niños, especialmente de aquellos para los que como Jesús no hay sitio en la posada”.

El pensamiento del Papa fue entonces a los niños de Oriente Medio, que siguen sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos.

“ En este día de fiesta, invoquemos al Señor pidiendo la paz para Jerusalén y para toda la Tierra Santa; recemos para que entre las partes implicadas prevalezca la voluntad de reanudar el diálogo y se pueda finalmente alcanzar una solución negociada, que permita la coexistencia pacífica de dos Estados dentro de unas fronteras acordadas entre ellos y reconocidas a nivel internacional”

El Santo Padre pidió también para que el Señor sostenga “el esfuerzo de todos aquellos miembros de la Comunidad internacional que, movidos de buena voluntad, desean ayudar a esa tierra martirizada a encontrar, a pesar de los graves obstáculos, la armonía, la justicia y la seguridad que anhelan desde hace tanto tiempo”.

“Vemos a Jesús en los rostros de los niños sirios marcados aún por la guerra” – subrayó el Papa –  “en los niños de Irak, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años”; “en los niños de Yemen, donde existe un conflicto olvidado” ; en los niños de África, “especialmente en los que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria”.

En el pensamiento del Pontífice también la península coreana por la que invitó a rezar para que se superen los antagonismos; y  Venezuela, confiada al Niño Jesús “para que se pueda retomar un dialogo sereno entre los diversos compontes sociales”. Y también los niños que sufren la violencia del conflicto en Ucrania o los niños cuyos padres no tienen trabajo  o que están obligados a trabajar desde una edad temprana. “Vemos a Jesús en tantos niños obligados a abandonar sus países” – insistió el Papa – en cuyos ojos vemos el drama de tantos “emigrantes forzosos”. Sin olvidar a los niños encontrados en su último viaje a Myanmar y Bangladesh: “espero que la comunidad internacional – afirmó – no deje de trabajar para que se tutele adecuadamente la dignidad de las minorías que habitan en la Región”.

Acojamos en el Niño Jesús el amor de Dios hecho hombre por nosotros – pidió finalmente el Obispo de Roma – y esforcémonos, con su gracia, para hacer que nuestro mundo sea más humano, más digno para los niños de hoy y de mañana.