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Análisis y comentario al documento del Papa sobre la protección de menores. Texto de Vatican Insider

El Papa establece normas anti-abusos para el Estado vaticano y la Curia

Es obligatorio denunciar a públicos oficiales, se extiende la prescripción, equiparación entre menores y adultos vulnerables, destitución para culpables. Hay también una específica ley penal para el Estado pontificio y para los nuncios

La basílica de San Pedro

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Pubblicato il 29/03/2019
Ultima modifica il 29/03/2019 alle ore 15:39
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Es obligatorio denunciar a todos los públicos oficiales, so pena de sanción para quien no lo haga, se extiende la prescripción a veinte años a partir de adultez, se equiparan con los menores de edad «los adultos vulnerables», vigilancia sobre los nuevos contratos, asistencia para las víctimas y destitución de los culpables. El Papa Francisco establece nuevas normas penales anti-abusos sexuales para el Estado de la Ciudad del Vaticano y la Curia romana, incluidos los nuncios apostólicos.

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Francisco firmó no solo un nuevo “motu proprio” «sobre la protección de los menores y de los adultos vulneables» aplicable en el Estado de la Ciudad del Vaticano y para la Curia Romana, sino también una nueva ley (la número CCXCVII) para el Estado Pontificio y las consecuentes líneas guía, parecidas a las líneas guía que adopta cada una de las Conferencias Episcopales nacionales, pero dedicadas a la vida de los fieles del Vicariato de la Ciudad del Vaticano. El Vaticano aún no contaba con una normativa penal específica en materia de abusos sexuales; mientras tanto la Congregación para la Doctrina de la Fe se ha encargado de revisar que se apliquen las normas canónicas válidas para toda la Iglesia, incluso dentro del Vaticano. En 2013 el Papa Francisco promulgó nuevas normas penales sobre una serie de cuestiones, entre las que estaba la pederastia, pero no exclusiva ni detalladamente. Ahora llegan normas anti-abusos especificas.

«La tutela de los menores y de las personas vulnerables forma parte integral del mensaje evangélico que la Iglesia y todos sus miembros están llamados a difundir en el mundo», escribe el Papa en el “motu proprio”. «Cristo mismo, de hecho, nos ha encomendado el cuidado y la protección de los más pequeños e indefensos: “Quien acoja a un solo niño como este en mi nombre, me acoge a mí”. Todos tenemos, por lo tanto, el deber de acoger con generosidad a los menores y las personas vulnerables y de crear para ellas un ambiente seguro, teniendo particular atención en sus intereses. Esto exige una conversión continua y profunda, en la cual la santidad personal y el empeño moral puedan concurrir en la promoción de la credibilidad del anuncio evangélico y en la renovación de la misión educativa de la Iglesia». Como consecuencia, el Papa quiere reforzar aún más las normas institucionales «para prevenir y contrarrestar los abusos contra menores y contra personas vulnerables» tanto en la Curia romana como en el Estado de la Ciudad del Vaticano.

La nueva ley, de doce artículos, fue firmada el pasado 26 de marzo y entrará en vigor a partir del próximo primero de junio. Se basa en la normativa vigente, además de la Convención de la ONU sobre los derechos de la infancia (1989), para sancionar los «delitos en contra de los menores», definidos en la ley que promulgó el Papa en 2013 (venta de menores, violencia sexual contra menores, actos sexuales con menores, prostitución infantil, pedopornografía, posesión de material pedopornográfico) y equipara con los menores a la «persona vulnerable», que es definida con mayor precisión: «Es vulnerable toda persona en estado de enfermedad, de deficiencia física o psíquica, o de privación de la libertad personal que, de hecho, incluso ocasionalmente, limite su capacidad de comprender o querer y, como sea, de resistir a la ofensa».

El término de prescripción «es de veinte años y comienza, en caso de ofensa a un menor, desde el cumplimiento de su décimo octavo año de edad». La ley establece que «salvo el sigilo sacramental» de la confesión, «el público oficial, que en el ejercicio de sus funciones tenga noticia o fundados motivos para considerar que un menor es víctima» del delito «debe presentar la denuncia sin retraso», y «el público oficial que omite o indebidamente retrasa la denuncia indicada en el come anterior es castigado con una multa de entre mil y cinco mil euros». En cambio, «si el hecho es cometido por un agente u oficial de policía judicial, la pena es la reclusión hasta seis meses»; salvo el sigilo confesional, pues, se puede «presentar denuncia en daño de una persona, incluso completamente ajena a los hechos, que esté enterada de comportamientos que dañen a un menor». En el caso de que el acusado sea un sacerdote o un religioso, el Promotor de Justicia informará a su superior «para la adopción de las medidas previstas por el derecho canónico». La ley establece detalladamente también los derechos de la persona ofendida, incluidos los derechos a la privacidad, además de los particularidades sobre las audiciones de los menores durante los procesos; norma el desarrollo de las investigaciones, estableciendo la posibilidad de nombrar a un encargado especial en el caso de que los abogados que representen al menor incurran en el conflicto de interés; y establece cómo debe ser el proceder de los juicios. La ley indica que el presidente del Gobernatorado vaticano dispone líneas guía para la tutela de los menores y que la Dirección de Sanidad e Higiene dispone un «servicio de acompañamiento para las víctimas de abusos», que ofrece a la víctima escucha, asistencia médica, psicológica y jurídica (no se establece nada sobre indemnizaciones). La ley concluye con algunos artículos que norman la información y la formación necesaria para quienes trabajan en el Vaticano y el reclutamiento de personal idóneo para interactuar con menores.

En las «líneas guía para la protección de los menores y de las personas vulnerables para el Vicariato de la Ciudad del Vaticano», el Papa traduce en indicaciones prácticas y detalladas las normas para «los fieles residentes en el Estado, además de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo», no solo relación con los abusos sexuales, sino, en general, para la tutela de los menores bajo todos los aspectos. Entre todos los temas que afronta destacan la prohibición de castigos corporales, la prohibición de pedir a un menor que «mantenga un secreto», la necesidad un adulto en compañía de un menor esté «siempre visible a los demás», los casos de acoso entre menores y los peligros de las redes sociales.

Es significativa la introducción de «un referente para la tutela de los menores, que coordina y verifica la actuación» de las líneas guía, nombrado por el Vicario general (que en la actualidad es el cardenal Angelo Comastri), quien, cuando «la noticia del delito no sea manifiestamente infundada», la «señala al Promotor de Justicia en el Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano y aleja al presunto autor de los hechos de las actividades pastorales del Vicariato».

Siempre hay que garantizar la «presunción de inocencia» y, si los delitos pueden ser reiterados, se prevé la aplicación de medidas cautelares. Si las acusaciones son infundadas, serán archivadas, pero conservadas. Para concluir, «quien sea declarado culpable» de haber cometido un delito «será destituido de sus encargos; se le ofrecerá, como sea, un apoyo adecuado para la rehabilitación psicológica y espiritual», así como en relación con la «reinserción social».

El objetivo de este conjunto de nuevas normas, explica el Papa en el “motu proprio”, es que se mantenga «una comunidad respetuosa y consciente de los derechos y de las necesidades de los menores y de las personas vulnerables, además de atenta a la prevención de todo tipo de violencia o abuso físico o psíquico, de abandono, de negligencia, de maltrato o de explotación que puedan suceder tanto en las relaciones interpersonales como en estructuras o lugares comunes»; se pretende con estas normas que «madure en todos –subraya Jorge Mario Bergoglio– la conciencia del de señalar los abusos a las Autoridades competentes y de cooperar con ellas en las actividades de prevención y de contraste y contraste; que se persiga eficazmente a norma de ley todo abuso o maltrato contra menores o contra personas vulnerables; que se reconozca a quienes afirman haber sido víctimas de explotación, de abuso sexual o de maltrato, además de a sus familiares, el derecho de ser acogidos, escuchados y acompañados; que se ofrezca a las víctimas y a sus familias un cuidado pastoral apropiado, además de un adecuado apoyo espiritual, médico psicológico y legal; que se garantice a los imputados el derecho a un proceso equitativo e imparcial, en el respeto de la presunción de inocencia, además de los principios de legalidad y de proporcionalidad entre el delito y la pena que se destituya de sus encargos al condenado por haber abusado de un menor o de una persona vulnerable y, al mismo tiempo, que se le ofrezca un apoyo adecuado para la rehabilitación psicológica y espiritual, incluso con vistas a su reinserción social; que se haga todo lo posible para limpiar el nombre de quien haya sido acusado injustamente; que se ofrezca – concluye el Pontífice – una formación adecuada para la tutela delos menores y de las personas vulnerables».


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El encuentro en febrero de los presidentes de las conferencias episcopales sobre la protección a los menores-

VERSO L’INCONTRO DEI VESCOVI SULLA PROTEZIONE DEI MINORI

Quaderno 4044

pag. 532 – 548

Anno 2018

Volume IV

15 dicembre 2018

ABSTRACT – La preparazione dell’Incontro dei Presidenti delle Conferenze episcopali, indetto dal Papa per la fine di febbraio del 2019 sul tema della protezione dei minori, è ormai in corso. Si tratta certamente di un incontro inedito, ma chiaramente in­serito nella prospettiva della «sinodalità», tanto cara a papa Francesco e centrale nel suo disegno di riforma della Chiesa. I partecipanti all’incontro sono convocati dunque proprio come responsabili del popolo di Dio in cammino nel suo insieme e non solo come rappresentanti e responsabili del clero e dei religiosi.

Certamente si tratta di un’occasione per ricostruire l’emergere del problema degli abusi (sessuali, di potere e di coscienza) negli ultimi vent’anni in diverse parti del mondo e per registrare le lezioni che se ne devono trarre. Si possono sommariamente ricordare i casi degli Stati Uniti, della Germania, dell’Irlanda, dell’Australia e del Cile, e le vicende di Maciel e Karadima.

Parallelamente, è importante evidenziare il cammino che è già stato fatto per fronteggiare il problema nel corso dei due ultimi pontificati, con il rinnovamento delle normative canoniche, la formulazione di Linee guida da parte delle Conferenze episcopali, le iniziative di formazione e di altro genere, fino alle recenti Lettere di papa Francesco.

Il prossimo incontro di febbraio non parte dunque dal «punto zero», ma è certamente un evento inedito che si propone di dare una forte spinta per nuovi urgenti passi in avanti. Come si è visto, le lezioni e le esperienze acquisite sono molte, ma sono molte anche le questioni aperte.

Ad esempio, se in diversi Paesi si è fatto molto, ottenendo una riduzione so­stanziale dei casi di abuso e avviando programmi efficaci di preven­zione e di formazione, bisogna riconoscere che in molti altri Paesi si è fatto poco, se non quasi nulla. Talvolta ci si continua a illudere che si tratti di un problema principalmente «occidentale», oppure «americano» o «anglofono», e con incredibile ingenuità si pensa che nel proprio Paese esso sia marginale.

Parlare degli abusi sessuali da parte dei membri del clero è un tema doloroso e spiacevole. A volte, anche in ambienti di Chiesa si sente dire che è ora di cambiare argomento, che non è giusto dare troppo peso a questo tema, perché se ne resta oppressi e la questione viene ingigantita. Ma questa è una strada sbagliata. Se la questione non viene affrontata fino in fondo nei suoi diver­si aspetti, la Chiesa continuerà a trovarsi davanti a una crisi dopo l’altra, la credibilità sua e di tutti i suoi sacerdoti ne resterà ferita gravemente, e soprattutto ne soffrirà la sostanza della sua missione di annuncio evangelico e di lavoro educativo per l’infanzia e per la gioventù, che è stato da secoli uno degli aspetti più belli e preziosi del suo servizio per l’umanità.

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PREPARING FOR THE MEETING OF BISHOPS ON THE PROTECTION OF MINORS

Preparations are underway for the Meeting of Presidents of Episcopal Conferences on the subject of safeguarding children. Convoked by the pope, it will take place at the end of February 2019. This article presents a brief overview of the emergence of the necessity to protect minors over the last 20 years in diverse parts of the world and underlines the lessons that must be drawn. It recalls what has happened in the United States, Germany, Ireland, Australia and Chile, and the cases of Maciel and Karadima. It shows how much has been done to confront the problem during the last two pontificates, with the renewal of canonical norms, the formulation of Guidelines by the Episcopal Conferences, formation projects and other initiatives, and also the recent Letters by Pope Francis. Finally it enumerates a series of key issues the Meeting will have to confront.


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Comisión pontificia para la protección de menores. Nombrados sus miembros.

El Papa promueve la protección de los menores.El Papa promueve la protección de los menores. 

El Papa nombra a los miembros de la Comisión para la Protección de Menores

El Santo Padre nombra nueve miembros nuevos y reafirma a siete como integrantes de esta Comisión. El Cardenal O’Malley continúa como presidente

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco ha confirmado al Cardenal Seán O’Malley como Presidente de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores (CPPM) y ha nombrado en este órgano consultivo a dieciséis miembros, nueve de los cuales son nuevos.

Los nuevos Comisarios son: el Profesor Benyam Dawit Mezmur (Etiopía); la Hermana Arina Gonsalves, RJM (India); On. Neville Owen (Australia); Sra. Sinalelea Fe’ao (Tonga); Prof. Myriam Wijlens (Países Bajos); Prof. Ernesto Caffo (Italia); Hna. Jane Bertelsen, FMDM (Reino Unido); Sra. Teresa Kettelkamp (Estados Unidos); Sr. Nelson Giovanelli Rosendo dos Santos (Brasil).

Los siete miembros reconfirmados son: Dr. Gabriel Dy-Liacco (Filipinas); S.E. Mons. Luis Manuel Alí Herrera (Colombia); P. Hans Zollner, SJ (Alemania); Prof. Hanna Suchocka (Polonia); Hna. Kayula Lesa, RSC (Zambia); Hna. Hermenegild Makoro, CPS (Sudáfrica); Mons. Robert Oliver (Estados Unidos).

Nombramientos del Papa

La Iglesia necesita escuchar la voz de las personas que han sido abusadas

Al respecto el Cardenal O’Malley ha declarado:”Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, ha mostrado mucha consideración y oración al nombrar a estos miembros. Los comisarios recién nombrados añadirán una perspectiva global a la protección de los menores y adultos vulnerables. El Santo Padre ha asegurado la continuidad del trabajo de nuestra Comisión, que consiste en ayudar a las Iglesias locales de todo el mundo en sus esfuerzos por proteger a todos los niños, jóvenes y adultos vulnerables de posibles daños.”

El Pontífice ha elegido a estos ocho hombres y ocho mujeres en el campo multidisciplinario de los expertos internacionales en la protección de menores y adultos vulnerables contra el delito de abuso sexual. Representantes de diversos nuevos países ofrecerán su sabiduría y experiencia a la Comisión, reflejando el abrazo global de la Iglesia y el desafío de crear estructuras de protección en diferentes contextos culturales.

“ Representantes de diversos nuevos países ofrecerán su sabiduría y experiencia a la Comisión. Hay víctimas de abuso entre los miembros anunciados ”

“Hay víctimas/supervivientes del abuso sexual clerical entre los miembros anunciados. Desde que se fundó la Comisión, personas que han sufrido abusos y padres de víctimas/supervivientes han estado entre sus miembros. Como siempre ha sido práctica de esta Comisión, la CPPM apoya el derecho de toda persona que haya sufrido abusos a revelar o no revelar públicamente sus experiencias. Los miembros nombrados hoy han decidido no hacerlo públicamente, sino sólo dentro de la Comisión. La CPPM cree firmemente que su privacidad es un valor que debe respetarse” afirmó el purpurado.

El Mayor desafío: Crear una cultura de protección 

Esta comisión fue instituida el 22 de marzo de 2014 por el Papa Francisco quien le encomendó “la tarea específica de proponer las iniciativas más oportunas de cara a la protección de los menores y de los adultos vulnerables, así como realizar todo lo posible para asegurar que crímenes como los ya sucedidos, no se vuelvan a repetir jamás en la Iglesia”.

Tal y como se lee en el quirógrafo del Santo Padre para la institución de esta Comisión, “la tutela efectiva de los menores (Minorum tutela actuosa) y el compromiso de garantizar su desarrollo humano y espiritual conforme a la dignidad de la persona humana son parte integrante del mensaje evangélico que la Iglesia y todos sus miembros están llamados a difundir en el mundo.

Dolorosos hechos han impuesto un profundo examen de conciencia por parte de la Iglesia y, juntamente con la petición de perdón a las víctimas y a la sociedad por el mal causado, han conducido a iniciar con firmeza iniciativas de varios tipos con la intención de reparar el daño, hacer justicia y prevenir, con todos los medios posibles que se repitan episodios similares en el futuro”.

“ Dolorosos hechos han impuesto un profundo examen de conciencia por parte de la Iglesia ”

La inculturación de la prevención y protección contra el abuso en la vida y en la acción de las Iglesias locales sigue siendo el objetivo futuro del CPPM y su mayor desafío; ya que durante los últimos cuatro años ha trabajado con casi 200 diócesis y comunidades religiosas alrededor del mundo para concientizar y educar a la gente sobre la necesidad de proteger a los menores en nuestros hogares, parroquias, escuelas, hospitales y otras instituciones.


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Expertos sobre abusos de menores titulados en la Univ. Gregoriana

Universidad Gregoriana promueve la protección de menores frente al abuso

Entrevista a Teresa de Jesús Ferrero, una de los 18 egresados del Diploma en Protección de Menores impulsado por esta institución universitaria

Ciudad del Vaticano

La mañana del viernes 9 de febrero tuvo lugar la graduación de los 18 egresados de la tercera edición del Diploma en Protección de Menores del Centre for Child Protection, promovido por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma; así como la presentación del trabajo final de los participantes.

Se trata del tercer grupo de estudiantes internacionales que finaliza un programa semestralofrecido por esta institución académica anualmente desde 2016, con el fin de formar a expertos en prevención de abuso sexual de menores y que parte de la la base de que las víctimas son lo primero.

El Diploma otorga a los egresados conocimientos y competencias para regresar a sus países de origen y contribuir de forma sustancial en la protección de niños y jóvenes de las Iglesias a nivel local; lo que constituye un componente clave de la estrategia formativa del Centre for Child Protection que busca fomentar y mejorar la prevención del abuso sexual infantil.

Nuestra colega Mireia Bonilla, entrevistó a Teresa de Jesús Ferrero; una de los estudiantes que culminaron este ciclo fomativo: española oriunda de Valladolid que lleva 13 años trabajando en Mozambique para la Diócesis de Pemba.

Teresa comparte con nosotros en el video, los conocimientos que ha adquirido durante estos meses de formación para que como sociedad podamos contribuir en la prevención de los abusos a menores que afectan a millones de víctimas en todo el mundo.

Escuche la entrevista a Teresa de Jesús Ferrero