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Francia: polémica en torno a una cruz

                                          Polonia y Hungría reaccionan ante la cristianofobia en Francia

Martes 14 Nov 2017 | 09:53 am

París (Francia) (AICA):

Tras la noticia de la orden gubernamental de Francia de retirar la cruz que corona un monumento católico dedicado a San Juan Pablo II, la primera ministra de Polonia, Beata Szydlo, ofreció trasladar el monumento a suelo polaco. La posible demolición fue criticada también de manera enérgica por el gobierno de Hungría.

El 25 de octubre pasado el Consejo de Estado de Francia, la última instancia de la jurisdicción administrativa del país, confirmó que se debe retirar la cruz que está sobre un monumento dedicado a San Juan Pablo II, reafirmando así el fallo en primera instancia que exige el retiro de la cruz del monumento en la localidad de Ploërmel, departamento de Morbihan, en el noroeste de Francia.

Según señala el diario Le Monde, la decisión del Consejo se basa en la ley de 1905 referida a la separación de la Iglesia y el Estado. El fallo indica que la cruz viola esta norma.

En un comunicado, el Consejo de Estado señaló, sobre la obra del artista ruso Zourab Tsereteli colocada en 2006, que “ya que la cruz constituye un signo o un emblema religioso en el sentido del artículo 28 de la ley del 9 de diciembre de 1905 y que su instalación por la comuna no se adapta a ninguna de las excepciones establecidas por dicho artículo, su presencia en un espacio público es contraria a esta ley”.

La polémica por la cruz que acompaña la imagen de San Juan Pablo II comenzó en 2010, con un reclamo de la agrupación trotskista Federación Morbihanesa de Libre Pensamiento. Tras una larga batalla legal, en abril de 2015 una corte exigió al alcalde de Ploërmel que retirara la cruz en un plazo de seis meses.

Si bien este grupo trotskista considera a Juan Pablo II como un personaje histórico y político, pidieron eliminar la cruz y el arco que rodea la estatua argumentando que son símbolos religiosos ostentosos. Los miembros del tribunal aprobaron la supresión de la cruz y, de no hacerlo en el plazo de seis meses, será retirada toda la imagen.

Esa decisión fue desestimada por un tribunal administrativo de Nantes en diciembre de 2015, pero ahora fue anulada por el fallo del Consejo de Estado.

En declaraciones a la agencia France Presse, el alcalde de Ploërmel, Patrick Le Diffon, dijo que podría llevar el caso ante la Corte Europea de Derechos Humanos.

“La estatua forma parte desde hace doce años del paisaje de Ploërmel, no daña en nada a los habitantes. Al contrario, es algo turístico para la comunidad”, dijo el alcalde.

La comunidad de Ploërmel tiene ahora un plazo de seis meses para proceder al retiro de la cruz.

El director de “El Observatorio de la Cristianofobia”, Daniel Hamiche, declaró que la decisión del Consejo de Estado “es particularmente peligrosa, porque pone en peligro la existencia de miles de cruces que han sido, a lo largo de los siglos, erigidas en el espacio público”. En su opinión, resaltó, “es posible que hagamos una presentación ante las instituciones judiciales de la Unión Europea”.

La primera ministra polaca busca rescatar la cruz del monumento
La cruz del monumento a San Juan Pablo II en Ploërmel, Francia, podría salvarse, incluso cuando una polémica sentencia del Consejo de Estado de Francia ordenó su demolición en un plazo de seis meses aduciendo que viola la ley de separación entre la Iglesia y el Estado.

El 7 de noviembre, tras conocer la noticia de la orden judicial francesa, la primera ministra de Polonia, Beata Szydlo, ofreció trasladar el monumento a suelo polaco, para salvarlo de “la dictadura de lo políticamente correcto” y la “secularización del Estado”.

La primera ministra polaca destacó que San Juan Pablo II, “nuestro gran compatriota, un gran europeo, es un símbolo de la Europa cristiana unida” y afirmó que “la dictadura de lo políticamente correcto, de la secularización del Estado, aporta valores extraños a nuestra cultura y conduce a aterrorizar la vida cotidiana de los europeos”.

La descripción del papa Wojtyla se hace eco de la reciente propuesta de declarar al pontífice polaco Patrono de Europa a causa de su protagonismo y excepcional conocimiento de las necesidades del continente desde la perspectiva de la fe.

También Hungría criticó la orden de derribar la cruz
La ordenanza que califica la presencia de una cruz en la parte superior del monumento como violatoria del orden legal francés y ordena su demolición mereció también un fuerte rechazo expresado por el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó. “Esta increíble renuncia de sí mismo, dirigida a disolver el cristianismo, es contraria a los intereses de Europa”, denunció el funcionario. La eliminación de los símbolos cristianos fue cuestionada por el diplomático, ya que constituye en su opinión “una medida para aniquilar la civilización y cultura del continente”.

Por su parte Jozsef Michl, el alcalde de Tata, una ciudad al noroeste de Budapest (Hungría), en respuesta a la medida tomada por el Tribunal de Rennes, propuso llevarse el monumento a su ciudad. “Si Francia, el país de la libertad, no quiere la estatua, nosotros estaremos muy contentos de tenerla aquí, en nuestra ciudad”, declaró a la prensa francesa. “Es indignante que esto suceda en el siglo XXI, como si no hubiera un problema con las raíces cristianas de Europa”, añadió.

“¡No toquen a mi Papa!” Franceses defienden a Juan Pablo II
En respuesta a la orden del Tribunal Administrativo de Rennes que manda retirar la cruz de la estatua del Pontífice en la plaza Juan Pablo II en Ploërmel, un grupo de ciudadanos inició una campaña para reunir firmas con el fin de defender la imagen.

La estatua fue erigida en 2006 en Ploërmel por mandato del entonces alcalde, Paul Anselin. El escultor ruso Zourab Tsereteli es el autor de la figura de bronce de Juan Pablo II que mide ocho metros de alto y tiene un arco en cuya parte superior se colocó una cruz.

El alcalde de Ploërmel, Patrick Le Diffon, señaló al diario francés, Breizh-info, que la cruz es parte del trabajo del escultor y que el escultor, apelando a la ley de propiedad intelectual, se opondría a cualquier cambio porque considera al arco y la estatua como un conjunto. “¡Si la cruz no puede separarse de la estatua, todo el monumento será movido!”, manifestó.

Tanto el alcalde actual como el antiguo alcalde están en contra de la orden emitida por el tribunal. “¡Tenemos ante nuestros ojos a laicistas retrasados! La estatua de Juan Pablo II es un homenaje a quien derrotó al comunismo, es un gigante de la historia. En lugar de atacarnos, estas personas deben ser más tolerantes y abiertas. Hay muchas cruces en los monumentos de guerra por toda Francia y nadie piensa en eliminarlas!”, comento el ex alcalde Pablo Anselin.

Por su parte, Le Diffon también expresó su deseo de no rendirse ante la orden de la corte: Juan Pablo II, afirma, “no solo era un hombre de la Iglesia sino también un hombre de Estado a quien se le concedió el honor de estar en la plaza pública”.

Tras la canonización del Papa peregrino, el consejo municipal decidió rebautizar la plaza de Juan Pablo II como la plaza de San Juan Pablo II.

En opinión de algunos ciudadanos locales, el retiro de la cruz alimentaría la cristianofobia que se vive en Francia con la profanación reciente de tumbas en Castres, el robo de hostias consagradas en Ars y los intentos de atentado a iglesias en París.

La plataforma ciudadana que inició la campaña de recolección de firmas titulada “No toquen a mi Papa” (Touche pas à mon pape!), busca formar una cadena humana para defender este patrimonio. “¡Si hoy el gobierno elimina la estatua de un Papa mañana el gobierno querrá destruir las cruces!”, señalan. “Es nuestro deber preservar su memoria. No solo de nuestro pasado sino también hay que proteger nuestro futuro, en vista de tantas persecuciones que hay en el planeta contra la religión católica”, indican.

La cruz reúne a los hombres y no los divide
Monseñor Raymond Centène, obispo de Vannes, la diócesis donde se encuentra el monumento, dijo al diario “Famille Chrétienne” que este caso evidencia “la gran preocupación sobre la identidad y la afiliación religiosa” de Francia.

“Muchos franceses se sienten amenazados en su identidad, es por eso que este asunto se ha convertido en un símbolo que agita las redes sociales. Lo más doloroso es que la misión de la cruz es reunir a los hombres, como dicen las escrituras, no dividirlos”.

“Jesús dio su vida para reunir a los hijos de Dios dispersos. La cruz es un signo de identidad cultural tanto como un signo de unidad”, expresó monseñor Centène.

“Ya sea que los librepensadores lo quieran o no, el cristianismo es parte de nuestra identidad europea. El cristianismo es más que una religión, es constitutivo de nuestro ser, nuestra forma de vivir y nuestra forma de entender los problemas de la convivencia”, agregó.+

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