Loiola XXI

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Ser humildes y no juzgar a los demás. Palabras del Papa

“Nunca hay que juzgar a los demás. Pidamos la gracia de la vergüenza”

El Papa en Santa Marta invitó a no convertirse en jueces de los hermanos, sino a pedir saberse reconocer pecadores necesitados de misericordia

El Papa Francisco

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Pubblicato il 26/02/2018
Ultima modifica il 26/02/2018 alle ore 12:59
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

La vergüenza por los propios pecados es una gracia que hay que pedir a Dios. Porque quien se avergüenza no se erige en juez de los demás y está consciente de la propia pequeñez y poquedad. No se enorgullece y no juzga a los hermanos. El Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina de Santa Marta, concelebrada con los cardenales del C9 que le ayudan en la reforma de la Curia y en el gobierno de la Iglesia universal, comentó el pasaje evangélico de Lucas (6, 36-38) en el que aparecen estas palabras de Jesús: «Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».

El Papa Bergoglio, indicó Vatican News, recordó que nosotros a menudo juzgamos a los demás. Y creemos que no lo hacemos. Cada uno de nosotros puede pensar: «Pero, yo nunca juzgo, no voy de juez», observó Francisco. «¡Cuántas veces –añadió Francisco– el argumento de nuestras conversaciones es juzgar a los demás!», diciendo «esto no va». «Pero, ¿quién te hizo juez a ti?», se preguntó el Pontífice. «Juzgar a los demás es una cosa fea, porque el único juez es el Señor».

 

«En las reuniones que nosotros tenemos, un almuerzo, sea lo que sea –comentó Francisco– pensemos que dure dos horas: de esas dos horas, ¿cuántos minutos se gastaron para juzgar a los demás? Este es el “no”. Y, ¿cuál es el “sí”? Sean misericordiosos Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso. Aún más: sean generosos. Den y se les dará. La abundancia de la generosidad del Señor, cuando nosotros estemos llenos de la abundancia de nuestra misericordia al no juzgar».

 

El Evangelio invita a ser misericordiosos con los demás porque de la misma manera el Señor lo será con nosotros. Para ser misericordiosos hay que haber sido «misericordiados» y reconocerse necesitados de misericordia. «Y nosotros sabemos que la justicia de Dios es misericordia. Pero hay que decirlo: “A Ti te conviene la justicia; a nosotros, la vergüenza”. Y cuando se encuentran la justicia de Dios y nuestra vergüenza, allí está el perdón. ¿Creo que he pecado contra el Señor? ¿Creo que el Señor es justo? ¿Creo que es misericordioso? ¿Me avergüenzo frente a Dios de ser pecador? Así de simple: a Ti la justicia, a mí la vergüenza. Y pedir la gracia de la vergüenza».

 

La vergüenza, sentir vergüenza por las propias faltas, es pues una verdadera gracia, porque nos hace pequeños, nos hace pedir el perdón, nos hace objeto de misericordia infinita. El Papa en la homilía recordó que en su lengua materna los que hacen el mal son definidos como “desvergonzados”, e insistió en su invitación de pedir la gracia: «que nunca me falte la vergüenza frente a Dios. Es una gran gracia, la vergüenza. Así recordamos: la actitud hacia el prójimo, recordar que con la medida con la que yo juzgo seré juzgado; no debo juzgar. La actitud frente a Dios, este diálogo esencial: “A Ti la justicia, a mí la vergüenza”».

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El Papa: importancia de la fe y la humildad

El Papa: para parecerse a Jesús hay que aceptar las humillaciones

Francisco en Santa Marta: esta es la verdadera humildad, dote fundamental para un cristiano

El Papa: para parecerse a Jesús hay que aceptar las humillaciones

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Pubblicato il 05/12/2017
Ultima modifica il 05/12/2017 alle ore 11:20
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

La humildad para un cristiano es fundamental, indispensable. El Papa Francisco lo recordó durante la homilía de la misa matutina de hoy, 5 de diciembre de 2017, en la capilla de la Casa Santa Marta.

 

El Pontífice, indicó la Radio Vaticana, basó su homilía en un pasaje del profeta Isaías e insistió que cada uno de los que creen en Cristo es como «un pequeño retoño en donde se posará el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor del Señor».

Estos son los dones «del Espíritu Santo. Desde la pequeñez del retoño hasta la plenitud del Espíritu. Esta es la promesa, este es el Reino de Dios». Y precisamente esta es «la vida del cristiano», subrayó.

 

Hay que «estar conscientes de que cada uno de nosotros es un retoño de esa raíz que debe crecer, crecer con la fuerza del Espíritu Santo, hasta la plenitud del Espíritu Santo en nosotros». El Obispo de Roma precisó que la tarea del cristiano es «simplemente cuidar el retoño que crece en nosotros, cuidar su crecimiento, cuidar el Espíritu».

 

Y, recordó, el estilo con el que debe vivir un fiel es «como el de Jesús, de humildad».

Se necesitan «fe y humildad para creer que este retoño, que este don tan pequeño, llegará a la plenitud de los dones del Espíritu Santo. Se necesita humildad para creer que el Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, como dice el Evangelio de hoy, ha ocultado estas cosas a los sabios, a los doctos y las ha revelado a los pequeños». La humildad es «ser pequeño, como el retoño, pequeño que crece cada día, pequeño que necesita al Espíritu Santo para poder seguir adelante, hacia la plenitud de la propia vida».

 

Hay quienes creen que «ser humilde es ser educado, cortés, cerrar los ojos en la oración»; pero no es así. «¿Cómo puedo saber si soy humilde?», se preguntó el Papa. «Hay un signo –explicó–, el único: aceptar las humillaciones». La humildad sin humillaciones, efectivamente, «no es humildad. Humilde es ese hombre, esa mujer, que es capaz de soportar las humillaciones como las soportó Jesús, el humillado, el gran humillado».

 

Francisco puso como ejemplo las vidas de muchos santos «que no solo aceptaron las humillaciones, sino que las pidieron» para parecerse al Hijo de Dios.

 

El Papa Bergoglio concluyó su homilía con una invocación: «Que el Señor nos dé esta gracia de cuidar lo pequeño hacia la plenitud del Espíritu, no olvidar la raíz y aceptar las humillaciones».